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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[SINTOMAS PSICOLÓGICOS, CLIMA EMOCIONAL, CULTURA Y FACTORES PSICOSOCIALES EN EL MEDIO PENITENCIARIO]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia Departamento de Psicología ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El objetivo de este trabajo fue conocer los niveles de sintomatología emocional -ansiedad, depresión y estrés post-traumático-, de clima emocional y de cultura carcelaria, y sus relaciones con eventos traumáticos, estresores cotidianos, el apoyo social, el locus de control y los estilos de afrontamiento en una muestra de 416 personas (21,6% mujeres) internadas en cinco establecimientos penitenciarios de Bogotá, Colombia. Los resultados mostraron una adecuada fiabilidad interna y validez concurrente de los instrumentos empleados, y se encontró que un mayor nivel de malestar emocional se asoció con una evaluación más negativa del clima emocional, un mayor locus externo, una percepción más elevada de no poder disfrutar de las cosas, una menor edad y un menor tiempo pasado en prisión, con más eventos traumáticos vividos o conocidos y una mayor negación como estilo de afrontamiento.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right">ART&Iacute;CULOS</p>     <p align="center"><font size="4"><b>SINTOMAS PSICOL&Oacute;GICOS, CLIMA EMOCIONAL, CULTURA Y FACTORES PSICOSOCIALES    EN EL MEDIO PENITENCIARIO</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>PSYCHOLOGICAL SYMPTOMS, EMOTIONAL CLIMATE, CULTURE, AND PSYCHOSOCIAL FACTORS    IN PRISONS</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b>JOSÉ IGNACIO RUIZ<sup>1</sup></b>    <br>   Universidad Nacional de Colombia</p>     <p><sup>1</sup>Correspondencia: JOSÉ IGNACIO RUIZ, Departamento de Psicología,    Universidad Nacional de Colombia. Ciudad Universitaria, Bogotá - Colombia. Correo    electrónico: <a href="mailto:jiruizp@unal.edu.co">jiruizp@unal.edu.co.</a></p> <hr size="1">     <p><b>ABSTRACT</b></p> The aim of this paper was to know the levels of emotional disturbance –anxiety,  depression and post-traumatic disorder symptoms-, emotional climate and culture  in several inmate samples. Also, relationships between these indicators with social  support, external locus, coping, climate, and traumatic/daily events were studied.  The sample was composed by 416 inmates (21.6% women), from five prisons of Bogotá,  Colombia. Results showed high internal fiability of scales and concurrent validity  between variables. Higher emotional disturbance was associated with more negative  emotional climate evaluation, more external locus, lower age and imprisonment  stage, more traumatic events, and higher negation coping.      <p><b>Key Words:</b> prison, coping, social support, emotional climate, stressors,    emotional disturbance. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RESUMEN</b></p>     <p> El objetivo de este trabajo fue conocer los niveles de sintomatología emocional    –ansiedad, depresión y estrés post-traumático-, de clima emocional y de cultura    carcelaria, y sus relaciones con eventos traumáticos, estresores cotidianos,    el apoyo social, el locus de control y los estilos de afrontamiento en una muestra    de 416 personas (21,6% mujeres) internadas en cinco establecimientos penitenciarios    de Bogotá, Colombia. Los resultados mostraron una adecuada fiabilidad interna    y validez concurrente de los instrumentos empleados, y se encontró que un mayor    nivel de malestar emocional se asoció con una evaluación más negativa del clima    emocional, un mayor locus externo, una percepción más elevada de no poder disfrutar    de las cosas, una menor edad y un menor tiempo pasado en prisión, con más eventos    traumáticos vividos o conocidos y una mayor negación como estilo de afrontamiento.      <p><b>Palabras clave:</b> prisión, afrontamiento, apoyo social, clima emocional,    estresores, malestar emocional </p> <hr size="1">     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>En primer lugar, el internamiento en prisi&oacute;n suele ser    considerado como uno de los sucesos m&aacute;s traum&aacute;ticos que puede    experimentar una persona (Holmes &amp; Rahe, 1967; Vald&eacute;s &amp; Florez,    1985), al reunir varios de los rasgos atribuidos a un evento traum&aacute;tico,    como son la ruptura con el ritmo y estilo de vida habitual de la persona, el    alejamiento de la red social, afectando a las ruti-nas sociales, laborales,    y de ocio, y la inserci&oacute;n en un medio que adolece de muchas privaciones    Por otro lado, el ingreso en prisi&oacute;n puede actuar como el inicio de una    cadena de estresores dificultades con la pareja, disminuci&oacute;n de ingresos    familiares, comunicar a los hijos la situaci&oacute;n del encierro del familiar,    etc.- (Mellizo &amp; Moreno, 2006), y favo-rece el locus de control externo    por la sumisi&oacute;n al r&eacute;gimen del centro -horarios, contadas-    y a las normas del grupo de internos, y por la falta de privacidad e intimidad    (Garc&iacute;a-Bor&eacute;s, 1998; Goffman, 1984; P&aacute;ez, 1980; Valverde,    1991). Todo ello permite analizar la experiencia del encarcelamiento desde una    perspectiva psicosocial (Zamble &amp; Porporino, 1990; Guti&eacute;rrez, 1997;    Mart&iacute;nez-Taboada &amp; Arnoso, 1999), desde a) los efectos psicol&oacute;gicos    -cognici&oacute;n, emociones, sexualidad- del encarcelamiento, b)    el clima social en prisi&oacute;n, o c) la cultura formal e informal de este    tipo de establecimientos.</p>     <p>A nivel cognitivo, la vida prolongada en prisi&oacute;n tiende    a empobrecer psicol&oacute;gicamente y desocializar a las personas detenidas.    Bele&ntilde;a y Baguena (1992) encontraron que un grupo de mujeres reclusas    puntu&oacute; m&aacute;s bajo en indicadores de habilidades interpersonales    en una segunda medici&oacute;n a lo largo del tiempo, mientras que otro grupo    de mujeres que particip&oacute; en un programa de entrenamiento mantuvo su desempe&ntilde;o    en dichas habilidades en mismo intervalo de tiempo. </p>     <p>A nivel emocional, en la literatura se pueden identificar tres    modelos que intentan explicar los correlatos afectivos del encarcelamiento a    lo largo de la estancia en prisi&oacute;n. Una perspectiva lineal es la de Harding    y Zimmerman (1989) quienes encuentran que con el paso del tiempo tienden a remitir    los niveles de ansiedad y estr&eacute;s de los detenidos desde unos niveles    altos en el momento del ingreso en prisi&oacute;n. Este tipo de resultado es    congruente con los estudios sobre el suicidio en prisi&oacute;n, que se&ntilde;alan    las primeras semanas de detenci&oacute;n como las de mayor riesgo para que se    produzca ese evento (Archel &amp; Rauvant, 1989; Harding, 1984; N&uacute;&ntilde;ez,    1997; Rager &amp; B&eacute;n&egrave;zech, 1987). Por su parte, Zamble y Porporino    (1990) encuentran que el nivel de ansiedad a lo largo del encarcelamiento se    ajusta a una V, con los m&aacute;ximos picos al inicio y al final del internamiento.    Para estos autores, el momento de preparaci&oacute;n a la libertad tambi&eacute;n    es dif&iacute;cil para muchas personas, ya que supone volver a buscar su lugar    en la sociedad, reencontrarse con personas y ambientes que han cambiado mientras    el tiempo se estancaba en la rutina y monoton&iacute;a del patio y de la celda.    As&iacute;, no es infrecuente escuchar en prisi&oacute;n historias de sujetos    que volvieron a delinquir para poder regresar a la c&aacute;rcel. Un tercer    modelo es el de Paulus y Dzindolet (1993), quienes postulan un modelo de condiciones    estables y cambiantes que explicar&iacute;a como diferentes componentes del    el estado de &aacute;nimo evolucionan de forma particular a lo largo del encarcelamiento.    As&iacute;, los s&iacute;ntomas depresivos, asociados a la p&eacute;rdida de    contacto con la red social, tienden a remitir, mientras que los niveles de ansiedad    aumentan o disminuyen como reacci&oacute;n a sucesos que exigen nuevos esfuerzos    de ajuste y de adaptaci&oacute;n (por ejemplo, traslados, amenazas de motines    o peleas). Un estudio con mujeres reclusas (Montenegro, Morales, Ortiz &amp;    Quiroga, 1995) encontr&oacute; unos resultados que convergen con la propuesta    de Paulus y Dzindolet (1993). </p>     <p>Por otro lado, el clima organizacional podr&iacute;a ser una    variable relacionada con el estado de &aacute;nimo individual, tanto si se lo    toma como una dimensi&oacute;n que puede influir en otros aspectos de la organizaci&oacute;n,    como indicador de la eficacia o el impacto de acciones institucionales o como    una estrategia para saber &quot;c&oacute;mo est&aacute;n los &aacute;nimos&quot;    en una instituci&oacute;n (Sancha, 1987a), con relaci&oacute;n a aspectos como    masificaci&oacute;n (Ruiz, 2006), violencia institucional (Observatorio Internacional    de Prisiones, 1996), insalubridad, la desinformaci&oacute;n, la ausencia de    v&iacute;nculos con la comunidad, la insuficiente capacitaci&oacute;n t&eacute;cnica    del personal o la peligrosidad externa o interna (Del Ca&ntilde;o &amp; Dom&iacute;nguez,    2000), o el influjo de la cultura carcelaria (Caballero, 1986; P&eacute;rez-Guadalupe,    1994). Con frecuencia se encuentra que los internos perciben el clima institucional    de forma m&aacute;s negativa que los empleados (Del Ca&ntilde;o &amp; Dom&iacute;nguez,    2000; Houston, Gibbons &amp; Jones, 1985; Moos, 1964, en Sancha, 1987a; Ruiz    &amp; P&aacute;ez, 2002), que a m&aacute;s tiempo en prisi&oacute;n se eval&uacute;a    el clima de forma m&aacute;s negativa (Sancha, 1987b) y que los internos diferencian    el clima general del establecimiento del clima generado por actividades educativas    (Polanco, 1992). </p>     <p>Por otro lado, una baja proporci&oacute;n de funcionarios por    n&uacute;mero de internos, los empleados tienden a hacer &eacute;nfasis en la    seguridad y a no autorizar actividades - tratamiento, recreativas-que pongan    en peligro la vigilancia de los internos. En esas condiciones se favorece tambi&eacute;n    la aparici&oacute;n de subgrupos entre los presos y a que se difunda m&aacute;s    f&aacute;cilmente el c&oacute;digo del interno, tambi&eacute;n denominado cultura    carcelaria (Caballero, 1986; Clemente, 1997). Esta puede ser definida como el    conjunto de normas, valores, actitudes y conductas que tienden a darse entre    los internos, sobre todo hombres. Las normas giran en torno a no intervenir    en la vida de los dem&aacute;s internos, no ser delator, aguantar sin quejarse    las condiciones de encarcelamiento, no meterse en problemas pero s&iacute; reaccionar    valientemente ante ofensas y amenazas, desconfiar de los intentos institucionales    de resocializaci&oacute;n y asimilar la jerga carcelaria (Becerra &amp; Torres,    2005; Clemente, 1997; Cornelius, 1992; Reisig &amp; Lee, 2000). Estas normas    y valores parecen ser similares en prisiones de diferentes contextos, como EEUU    (Cornelius, 1992), Per&uacute; (P&eacute;rez-Guadalupe, 1994), Colombia (Ruiz,    1999) o Argentina (Neuman e Irurzun, 1990). Adem&aacute;s, una carrera criminal    anterior, la expectativa de una estancia prolongada en prisi&oacute;n, la falta    de v&iacute;nculos externos prosociales familiares, un tama&ntilde;o grande    del establecimiento y el hacinamiento, contribu-yen a la identificaci&oacute;n    del sujeto con esta cultura carcelaria (Caballero, 1986). </p>     <p>Todo lo expuesto hasta aqu&iacute; muestra la complejidad del    proceso de adaptaci&oacute;n a la vida en prisi&oacute;n, proceso que se manifiesta    en diversas esferas de la personalidad, las emociones y la conducta individual    y grupal, y que se ha estudiado desde &oacute;pticas te&oacute;ricas diversas    y excluyentes entre s&iacute;. Por ejemplo, los estudios que se centran en los    aspectos individuales de la vida en prisi&oacute;n, o sobre el clima organizacional    o sobre la cultura carcelaria desconocen los hallazgos de los dem&aacute;s enfoques,    con lo cual se carece de una comprensi&oacute;n integral, en lugar de fragmentada    e incompleta del proceso de adaptaci&oacute;n a la prisi&oacute;n. El objetivo    del presente trabajo es precisamente llenar ese vac&iacute;o y apuntar a una    integraci&oacute;n de esas diferentes perspectivas, partiendo de que entender    el impacto del encarcelamiento constituye un elemento clave para hacer m&aacute;s    certeras las intervenciones en los contextos carcelarios. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>METODOLOG&Iacute;A</b> </p>     <p><i>Participantes </i>    <br>   La muestra la componen 416 sujetos internos en cinco centros penales de Bogot&aacute;,    Colombia: C&aacute;rcel Modelo, Penitenciaria Central La Picota, Reclusi&oacute;n    de Mujeres El Buen Pastor, C&aacute;rcel Distrital y C&aacute;rcel para Polic&iacute;as    de Facatativa. Los sujetos participaron voluntariamente en el estudio, sin recibir    compensaci&oacute;n alguna por ello. En todas las instituciones se procur&oacute;    recoger datos de los internos de todos los patios de cada instituci&oacute;n.    En la <a href="#t1">tabla 1</a> se indica la poblaci&oacute;n de internos que albergaba cada instituci&oacute;n    en las semanas de aplicaci&oacute;n de la encuesta, y el tama&ntilde;o de la    muestra que se recogi&oacute;. </p>     <p>De acuerdo con la relaci&oacute;n entre tama&ntilde;o de la    poblaci&oacute;n, margen de confianza y margen de error (Cea &amp; Vall&eacute;s,    1990), excepto en la c&aacute;rcel de Facatativa, el tama&ntilde;o de la muestra    es el adecuado para un nivel de confianza del 95,5% y un margen de error de    &plusmn; 10%. </p>     <p>    <center><a name="t1"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a08t1.gif"></a></center></p>     <p><b>INSTRUMENTOS</b> </p>     <p><i>Escala clima emocional </i>para entornos penitenciarios (Ruiz, 1999).    El enunciado de la escala pregunta a los sujetos en que grado sus compa&ntilde;eros    sienten las siguientes emociones: esperanza, enojo, solidaridad, tristeza, confianza    en la instituci&oacute;n, miedo, alegr&iacute;a, inseguridad, tranquilidad,    y soledad (a=,81). Sumando las emociones positivas se obtiene un puntaje en    clima positivo, sumando las emociones negativas se obtiene un puntaje en clima    negativo, y la resta entre los anteriores arroja un puntaje en balance de clima,    que puede oscilar entre +3 y -3 (a mayor puntaje, evaluaci&oacute;n del clima    emocional m&aacute;s positiva).</p>     <p><i>Escala de apoyo social subjetivo de Vaux </i>(1982): eval&uacute;a en    que medida el sujeto est&aacute; satisfecho con el apoyo que recibe de familiares,    amigos y otros significativos. Consta de 9 &iacute;tems con formato de respuesta    entre 1 (totalmente en desacuerdo) a 4 (totalmente de acuerdo). Se calcul&oacute;    una puntuaci&oacute;n global de la escala sumando las puntuaciones de los sujetos    en cada &iacute;tem, y dividiendo el resultado entre el n&uacute;mero de &iacute;tems,    excluyenado el &iacute;tem 6, por su baja correlaci&oacute;n &iacute;tem-escala    (r=,04). la fiabilidad interna de la escala fue de a=,80). </p>     <p><i>Escala de Estilos de Afrontamiento</i> (Lazarus &amp; Folkman, 1984).    Mide la forma en que las personas afrontan sus problemas habitualmente. Consta    de 15 &iacute;tems, en formato Likert, desde 1 (nunca) a 4 (muchas veces) referidas    a la frecuencia con que el sujeto emplea la estrategia de afrontamiento que    enuncia cada &iacute;tem. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Del an&aacute;lisis factorial de la escala se obtuvieron cuatro    dimensiones que reflejan cuatro estilos de afrontamiento: 1) b&uacute;squeda    de apoyo social (autovalor: 2,57, % varianza explicada: 17,16%), con &iacute;tems    como &#39;Trato de obtener apoyo de mis amigos y gente pr&oacute;xima. Busco    comprensi&oacute;n de los dem&aacute;s&quot;, 2) afrontamiento activo (autovalor:    2,52, %varianza explicada: 16,82%), con &iacute;tems como &quot;Concentro mis    esfuerzos para hacer algo con el f&iacute;n de resolver la situaci&oacute;n&quot;,    3) afrontamiento evitativo (autovalor: 1,79, %varianza explicada: 11,94%), que    incluye &iacute;tems como &quot;Tomo alcohol y/o drogas para olvidar los problemas    y pensar menos en ellos&quot;, y 4) recurso a la oraci&oacute;n (factor mono&iacute;tem),    con un autovalor de 1,37,&iquest; y %varianza explicada de 9,15%. </p>     <p><i>Indicador de Locus de Control </i>(P&aacute;ez, 1986) consta de 3 &iacute;tems    en formato Likert con cuatro opciones de respuesta, desde Nunca (1) a Siempre    (4). El indicador se obtiene de la sumatoria de los &iacute;tems y a mayor puntuaci&oacute;n    mayor locus de control interno. La fiabilidad interna de este indicador es a=,82.    El primer &iacute;tem de esta escala era &quot;Logro mis objetivos con mi esfuerzo&quot;.  </p>     <p><i>Lista de Eventos Traum&aacute;ticos</i> (adaptada de Holmes &amp; Rahes,    1967): consta de de 21 &iacute;tems de formato de respuesta dicot&oacute;mica    (Si ocurri&oacute;, No ocurri&oacute;). Se a&ntilde;adi&oacute; algunos eventos    de victimizaci&oacute;n al interior y al exterior de la prisi&oacute;n: v&iacute;ctimizaci&oacute;n    por robo, por extorsi&oacute;n, por agresi&oacute;n sexual, de amenazas, ha    conocido muertes violentas en prisi&oacute;n, golpes, enfrentamientos armados    en prisi&oacute;n. Los sucesos deb&iacute;an haber ocurrido en los doce meses    anteriores a la encuesta. </p>     <p><i>Escala de Estr&eacute;s posttraum&aacute;tico </i>(adapta-da de Echebur&uacute;a    &amp; Corral, 1998) consta de 15 &iacute;tems dicot&oacute;micos (Si/No) referidos    a s&iacute;ntomas de estr&eacute;s post-traum&aacute;tico (APA, 1998) padecidos    en los &uacute;ltimos seis meses, en relaci&oacute;n a un evento de car&aacute;cter    traum&aacute;tico experimentado por el sujeto. De esta escala se extraen tres    puntuaciones, sumando los respectivos &iacute;tems, correspondientes a cada    unas de las dimensiones del estr&eacute;s post-traum&aacute;tico: reexperimentaci&oacute;n    (puntuaci&oacute;n posible entre 0 y 5), evitaci&oacute;n (puntuaci&oacute;n    posible entre 0 y 7) y aumento de la activaci&oacute;n (puntuaci&oacute;n posible    entre 0 y 3). A mayor puntuaci&oacute;n, el sujeto experimenta m&aacute;s los    s&iacute;ntomas de cada dimensi&oacute;n. Los coeficientes de fiabilidad interna    obtenidos para cada dimensi&oacute;n fueron a= ,77, ,76 y ,68. </p>     <p><i>Cultura carcelaria:</i> se analiz&oacute; mediante el programa SPADT 1.5,    las palabras obtenidas a preguntas abiertas sobre las normas de convivencia    y liderazgo en el patio. Se identificaron dos dimensiones. A la primera se le    denomin&oacute; &quot;C&oacute;digo del interno&quot;, con palabras como &quot;armas&quot;,    &quot;maldad&quot;, &quot;matan&quot;, &quot;mandar&quot;, &quot;caciques&quot;,    &quot;poder&quot;, &quot;dinero&quot;&#8230;y a la segunda dimensi&oacute;n    se le denomin&oacute; &quot;Evitaci&oacute;n cultural&quot;, y abarcaba palabras    como &quot;evitar&quot;, &quot;no deuda&quot;, &quot;alejarse&quot;, &quot;no    meterse en problemas&quot;, &quot;callar&quot;, &quot;no delatar&quot;,    etc. Se calcul&oacute; los puntajes en cada dimensi&oacute;n establecimiento.    A mayor puntaje m&aacute;s presencia de estos aspectos por establecimiento.  </p>     <p>Riesgo de suicidio (internos): Construido a partir de las respuestas    a tres &iacute;tems dicot&oacute;micos: haber tenido fantas&iacute;as de suicidarse,    haberse autolesionado en el pasado y haber intentado suicidarse. La puntuaci&oacute;n    en este indicador pod&iacute;a oscilar entre 0 y 3 (a mayor puntaje, mayor riesgo    de suicidio (a= ,56). </p>     <p><i>Escala de Estresores Cotidianos (internos):</i> Se pregunt&oacute; a los    sujetos, cuanto les costaba aguantar 11 aspectos de la vida en prisi&oacute;n    (separaci&oacute;n de la familia, necesidades sexuales, falta de libertad, etc.).    Sumando las puntuaciones en cada &iacute;tem se obtiene una puntuaci&oacute;n    de ajuste a estresores cotidianos de la prisi&oacute;n (a mayor puntaje, mayor    esfuerzo en adaptarse a la vida en prisi&oacute;n, a= ,79). Esta escala est&aacute;    basada en los estresares carcelarios identificados en Paulus y Dzindolet (1993)    y Leivobich y Lores (1994). </p>     <p>Adem&aacute;s se recogi&oacute; informaci&oacute;n sobre la    edad, el sexo, el tiempo que llevaba en prisi&oacute;n, la situaci&oacute;n    penitenciaria prisi&oacute;n provisional vs. Condenado, y la existencia de encarcelamientos    anteriores. Por otro lado, la recolecci&oacute;n de datos, entre abril y mayo    del 2000, cont&oacute; con la autorizaci&oacute;n previa de las autoridades    de cada establecimiento. </p>     <p><b>RESULTADOS</b></p>     <p><i>Descripci&oacute;n de la muestra </i>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   La media de edad de los sujetos fue de 30.11 a&ntilde;os (DT=8.04) con la moda    en los 32 a&ntilde;os, el 21,6% de la muestra eran mujeres, 80 de ellas pertenecientes    a la Reclusi&oacute;n de Mujeres y otras 10 del pabell&oacute;n de mujeres de    la C&aacute;rcel Distrital. La mayor&iacute;a de los entrevistados (50,6%) indica-ron    vivir en uni&oacute;n libre, seguidos de los solteros (25,2% de la muestra),    de los casados (13,7%), divorciados (8,3%) y viudos, con 9 casos (2,2%). La    mayor&iacute;a de los sujetos tiene 1 o 2 hijos (51,4%), seguidos de los que    tienen 3 o 4 (23,7%), de los que no tienen ninguno (17% de los sujetos) y de    los que tienen 5 o m&aacute;s (7,9%). En cuanto al nivel educativo, 17 sujetos    (4,1%), indicaron no haber finalizado la primaria, 176 (42,6%) la hab&iacute;an    completado, 174 terminaron la secundaria (42,1%), 21 (5,1%) hab&iacute;an cursa-do    estudios de t&eacute;cnicos o de tecnolog&iacute;as, 17 (4,1%) terminaron la  universidad y 8 sujetos hab&iacute;an realizado otro tipo de estudio.</p>     <p>La mayor&iacute;a ten&iacute;a familiares en Bogot&aacute; (67,6%,), siendo    menor la proporci&oacute;n de sujetos con familia en Bogot&aacute; entre los    internos de la C&aacute;rcel de Polic&iacute;as (56,7%) y de la Picota (54%),    ya que estas personas proceden de diversas regiones del pa&iacute;s [Chi2 (4)=14,98,    p &lt;,01]. </p>     <p>En cuanto a la identificaci&oacute;n religiosa, los sujetos    se distribuyen casi en 50% entre los que pertenecen (46,9%) o no (50,5%) a alg&uacute;n    grupo religioso, entre los que destacan los cat&oacute;licos (126 sujetos),    evangelistas (50) y otros (13). </p>     <p>Por centros, los internos de la C&aacute;rcel de Polic&iacute;as    se diferenciaban de los del resto de la muestra en el nivel educativo y el estado    civil: hab&iacute;a una mayor proporci&oacute;n de sujetos con formaci&oacute;n    t&eacute;cnica y universitaria [21 y 3 casos respectivamente, Chi2 (20)=46,104,    p &lt;,001], y tambi&eacute;n era mayor la proporci&oacute;n de casados (40%),    y menor la de uni&oacute;n libre (33,3%), [Chi2 (16)=30,22, p &lt;,05]. </p>     <p>Por otra parte, las mujeres indicaron tener a su cargo m&aacute;s    hijos que los hombres, sobre todo en los rangos de 3 o 4 hijos (31,3% de las    mujeres frente al 21,6% de los hombres), y 5 o m&aacute;s hijos (14,5% de las    mujeres, 6,1% de los hombres). En cambio, entre los varones era mayor la proporci&oacute;n    de sujetos sin ning&uacute;n hijo (mujeres, 12,0%; hombres, 18,4%) o con 1 &oacute;    2 hijos (mujeres, 42,2%; hombres, 53,9%). </p>     <p>Con relaci&oacute;n a aspectos jur&iacute;dicos, se encontr&oacute;    que para la mayor&iacute;a de los sujetos, la actual era su primera experiencia    de encarcelamiento (74%), la edad de la primera experiencia de ingreso se sit&uacute;a    entre los 18 y 26 a&ntilde;os (53%), y son el homicidio (31,5%) y alguna forma    de hurto (31%) los delitos m&aacute;s frecuentes. En la categor&iacute;a de    &#39;Otros delitos&#39; se incluyen la rebeli&oacute;n (4 casos), la extorsi&oacute;n    (8 casos), el porte ilegal de armas (4 casos), falsificaci&oacute;n de documentos    o moneda (4 sujetos), o las lesiones personales (8 casos). El 61,8% de los entrevistados    estaban cumpliendo condena, y algo m&aacute;s de la mitad (236 sujetos) participaban    en alg&uacute;n tipo de educaci&oacute;n formal proporcionada por el establecimiento.  </p>     <p><i>Indicadores de cultura carcelaria </i>    <br>   Como se indic&oacute; en el apartado de instrumentos, la cultura carcelaria    se explor&oacute; mediante una serie de preguntas abiertas sobre normas de la    instituci&oacute;n y de los grupos de internos (ver anexo 6 de instrumentos).    Mediante el programa SPADT se extrajo una lista de 71 palabras con un umbral    de frecuencia de ocho o m&aacute;s. Esta lista de palabras se muestra en la    <a href="#t2">tabla 2 </a>y se someti&oacute; a un an&aacute;lisis de correspondencias m&uacute;ltiples    cuyos dos primeros ejesexplicaron alrededordel 70% de la varianza, y que permitieron    identificar cinco agrupamientos de palabras. </p>     <p>    <center><a name="t2"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a08t2.gif"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para cada sujeto se calcul&oacute; una puntuaci&oacute;n en    cada palabra, donde 0 era que no la us&oacute;, de acuerdo a los datos arrojados    por el programa SPADT y m&aacute;s de 0 indicaba el n&uacute;mero de veces que    el sujeto emple&oacute; la palabra en el conjunto de las 13 preguntas que fueron    analizadas (sobre la lista final de 68 palabras). Esta puntuaci&oacute;n no    se calcul&oacute; para los sujetos de la Picota, al no contestar esta parte    del instrumento. De esta forma, cada sujeto de los centros Modelo, Distrital,    Reclusi&oacute;n de Mujeres ten&iacute;a una puntuaci&oacute;n en una base de    datos de SPSS en cada una de las 68 palabras y en cada una de las cinco dimensiones    culturales que resultaron de los agrupamientos. </p>     <p>Estas dimensiones son:     <br>   -Funciones de los parches: recoge palabras como &#39;ideas&#39;, &#39;compartir&#39;,    &#39;apoyo&#39;, &#39;adrogarnos&#39;, &#39;amistad&#39;, &#39;distraer&#39;    y &#39;ha-blar&#39;, que fueron contestadas en las preguntas sobre ventajas    de pertenecer a un parche y funciones de los parches. El t&eacute;rmino parche    designa aqu&iacute; un grupo de j&oacute;venes en prisi&oacute;n que comparten    valores delictivos, y se unen para realizar actividades conjuntas de pasar el    tiempo y proporcionarse mutuamente seguridad y protecci&oacute;n.</p>     <p>Normas de cooperaci&oacute;n en el parche: formada por palabras    como &#39;disciplina&#39;, &#39;colaborar&#39;, &#39;honesto&#39;,    &#39;ser unido&#39;, &#39;responsabilidad&#39;, &#39;sinceridad&#39;,    &#39;compa&ntilde;erismo&#39; y &#39;criterio&#39;. Estas son cualidades    que se espera que tenga el aspirante a entrar en el parche. Por ejemplo disciplina    se asocia con tener autocontrol y dominio, cualidades necesarias para cometer    delitos de cierta importancia. Colaborar, ser unido, compa&ntilde;erismo recalcan    la necesidad de ligarse al grupo y actuar cuando &eacute;ste lo demande. Honesto    y sinceridad realzan la lealtad al grupo, al parche, mientras que tener criterio    se refiere a saber estar, saber comportarse en cada situaci&oacute;n como haga    falta, no huyendo sino que actuando activamente en las situaciones tensas o    de enfrentamientos. </p>     <p>Dialogar: hace referencia a expresiones como &#39;acuerdo&#39;,    &#39;dialogan&#39; y &#39;di&aacute;logo&#39;, que son respuestas que    algunos dan a la pregunta de c&oacute;mo se toman las decisiones en el patio.  </p>     <p>C&oacute;digo carcelario: esta dimensi&oacute;n re&uacute;ne    algunas caracter&iacute;sticas que la literatura ha identificado como propias    de la cultura carcelaria en oposici&oacute;n a la cultura oficial de la instituci&oacute;n.    Se sumaron para estas dimensi&oacute;n las frecuencias en palabras como &#39;armas&#39;,    &#39;maldad&#39;, &#39;cuidarse&#39;, &#39;matan&#39;, &#39;cacique&#39;,    &#39;mandar&#39;, &#39;poder&#39;,&#39;dinero&#39;, &#39;duro&#39;.</p>     <p>Evitaci&oacute;n: se re&uacute;nen aqu&iacute; aquellas palabras    que indican conductas de evitaci&oacute;n adaptativa para la supervivencia en    la c&aacute;rcel, de acuerdo al principio se&ntilde;alado m&aacute;s arriba    de &#39;no ver, no oir&#39;. As&iacute;, forman parte de esta dimensi&oacute;n,    palabras como &#39;evitar&#39;, &#39;no-deuda&#39; (no endeudarse con    otro interno), &#39;alejarse&#39; (cuando se tiene problemas con otros internos),    &#39;no meterse en problemas&#39;,&#39;aislarse&#39; (pedir cambio de    patio o traslado a celda de seguridad cuando se sabe que otro interno quiere    agredirle a uno), &#39;no ser sapo&#39; y &#39;callar&#39;. </p>     <p>En cuanto a los indicadores de cultura carcelaria se multiplic&oacute; por    100 la media de cada dimensi&oacute;n en cada centro y se asign&oacute; esas    puntuaciones a los individuos de cada centro como indicadores colectivos de    cultura carcelaria (<a href="#t3">tabla 3</a>). </p>     <p>    <center><a name="t3"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a08t3.gif"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, cada sujeto ten&iacute;a dos puntuaciones en cada    una de las dimensiones de la cultura carcelaria: la de las palabras que emiti&oacute;    (nivel individual) y la media de su centro (nivel colectivo). La tabla 3 muestra    que se mencionan m&aacute;s funciones de los parches en las c&aacute;rceles    Distrital y Modelo, y menos en la de Polic&iacute;as, en consonancia con la    afirmaci&oacute;n generalizada de &eacute;stos de que los parches son propios    de la delincuencia com&uacute;n, en especial de la peque&ntilde;a delincuencia.    Tambi&eacute;n se mencionan m&aacute;s funciones de los parches entre los internos    de la c&aacute;rcel Distrital y (tendencialmente) de la Modelo que entre las    mujeres reclusas, mostrando que este fen&oacute;meno grupal, desde el punto    de vista del lenguaje concierne m&aacute;s a la delincuencia masculina que a    la femenina. Tambi&eacute;n, en cuanto a las normas de los parches, son m&aacute;s    mencionadas por los sujetos de la C&aacute;rcel Distrital que entre los de la    Reclusi&oacute;n y la Modelo, quiz&aacute; porque los parches se asocian a la    peque&ntilde;a delincuencia (hurtos, robos) y al consumo de droga (basuco, marihuana)    predominante en la c&aacute;rcel Distrital y no a la delincuencia m&aacute;s    violenta (homicidio, secuestro, robos violentos) m&aacute;s frecuente en la    poblaci&oacute;n de la c&aacute;rcel Modelo. Por otro lado, no existe diferencias    en esta dimensi&oacute;n entre los internos polic&iacute;as y la muestra de    la Distrital lo que sugiere que los primeros si bien no reconocen entre ellos    la existencia de parches saben qu&eacute; son &eacute;stos y qu&eacute; normas    tienen. A partir de estos resultados se analizaron las relaciones entre estas    dimensiones de cultura carcelaria y otras variables de dos maneras: a nivel    individual (unidad de an&aacute;lisis es el individuo) y a nivel colectivo (unidad    de an&aacute;lisis el establecimiento, tomando las medias que se encontr&oacute;    en cada centros en las dimensiones de cultura carcelaria). </p>     <p><i>Indicador de sintomatolog&iacute;a psicol&oacute;gica </i>    <br>   Se elabor&oacute; un indicador global de sintomatolog&iacute;a psicol&oacute;gica    a partir de un an&aacute;lisis factorial de componentes principales llevado    a cabo con las dimensiones de estr&eacute;s posttraum&aacute;tico, el de ansiedad-estado    y el de depresi&oacute;n, cuyas correlaciones bivariadas de Pearson mostraron    un nivel de significatividad de p &lt;,001 para todas las correlaciones. El    factor obtenido tuvo un autovalor de 2,83 y explicaba el 56,72% de la asociaci&oacute;n    entre los componentes. El peso factorial de todos ellos fue bastante alto:,    0,813 para evitaci&oacute;n del PTSD; 0,876 para aumento de la activaci&oacute;n;    0,751 para depresi&oacute;n; 0,709 para ansiedad y 0,701, para reexperimentaci&oacute;n.    Una mayor puntuaci&oacute;n en este indicador indica mayor sintomatolog&iacute;a    emocional. </p>     <p><i>Variables relacionadas con la sintomatolog&iacute;a psicol&oacute;gica,    el clima emocional y la cultura carcelaria </i>    <br>   A nivel de correlaciones de Pearson (ver <a href="#t4">tabla 4</a>) se encontr&oacute; que una    mayor sintomatolog&iacute;a emocional (indicador de salud mental) se relacion&oacute;    con una peor evaluaci&oacute;n del clima emocional, con menor apoyo percibido,    con niveles m&aacute;s altos de locus externo, afrontamiento evitativo, riesgo    de suicidio, esfuerzo de ajuste a la vida en prisi&oacute;n (estresores cotidianos),    con m&aacute;s eventos traum&aacute;ticos, menor edad, con ser mujer, con mayor    tiempo pasado en prisi&oacute;n y con una mayor percepci&oacute;n de que los    padres se peleaban entre s&iacute; y de que no se preocupaban por la familia.    Por su parte, una evaluaci&oacute;n m&aacute;s positiva del clima emocional    se asoci&oacute; con un mayor apoyo percibido, con menos afrontamiento evitativo,    riesgo de suicidio, estresores cotidianos y traum&aacute;ticos, menos castigos    f&iacute;sicos sufridos de peque&ntilde;o, menos peleas percibidas entre los    padres y mayor percepci&oacute;n de que los padres cuidaban a la familia. Adem&aacute;s,    las mujeres y los sujetos que iniciaron el consumo de droga a edades m&aacute;s    tempranas evaluaron peor el clima del centro. </p>     <p>En lo que se refiere a las dimensiones de cultura carcelaria,    tanto a nivel individual como colectivo, una mayor menci&oacute;n de normas    de los parches se asoci&oacute; con menor nivel de sintomatolog&iacute;a emocional.    Ello podr&iacute;a ser debido a que conocer normas de los parches implica pertenecer    a alguno de ellos. Esta pertenencia conllevar&iacute;a los beneficios del apoyo    social, que a su vez, tiene un papel protector de la salud mental (Barr&oacute;n,    1996). Es decir, los sujetos que no mencionan normas de los parches, no pertenecen    a alguno y por ello son m&aacute;s vulnerables al estr&eacute;s psicosocial    de la vida en prisi&oacute;n. A nivel colectivo, el indicador de salud mental    se relaciona inversamente tambi&eacute;n con una menor presencia de la dimensi&oacute;n    funcional de los parches y del di&aacute;logo. Por su parte, un peor clima emocional    muestra relaciones significativas y a nivel individual s&oacute;lo con una mayor    presencia del c&oacute;digo del interno. En cambio, a nivel colectivo, un peor    clima emocional se asocia con menos normas en los parches, mayor presencia del    c&oacute;digo del interno y, sobre todo, con una mayor presencia de la cultura    de evitaci&oacute;n.</p>     <p>    <center><a name="t4"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a08t4.gif"></a></center></p>     <p>A continuaci&oacute;n se llev&oacute; a cabo an&aacute;lisis    de regresi&oacute;n m&uacute;ltiple paso a paso tomando como variables dependientes    el indicador de salud mental y el de balance de clima, en cada caso, y como    independientes aquellas variables con una correlaci&oacute;n de Pearson de significancia    igual o menor a p &lt;.01 (excepto la edad). Se realizaron dos an&aacute;lisis,    incluyendo o no las dimensiones culturales. Los resultados se muestran en la    <a href="#t5">tabla 5</a>. Para el indicador de salud mental se incluy&oacute; el puntaje de nivel    individual en &quot;normas de los parches&quot;, para el balance de clima    se incluy&oacute; la cultura de evitaci&oacute;n, las normas de los parches    y el c&oacute;digo del interno a nivel colectivo. </p>     <p>En los an&aacute;lisis relativos al balance de clima como variable    dependiente, se sustituy&oacute; el indicador de sintomatolog&iacute;a emocional    por un puntaje en PTSD, lo cual permiti&oacute; que quedaran en la ecuaci&oacute;n    de regresi&oacute;n un mayor n&uacute;mero de variables explicativas, proporcionando    as&iacute; un resultado m&aacute;s parsimonioso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="t5"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a08t5.gif"></a></center></p>     <p>Respecto a la sintomatolog&iacute;a emocional, el conjunto    de variables independientes explican entre el 41% y el 55% de la varianza, mostrando    que una mayor sintomatolog&iacute;a se asocia con un mayor afrontamiento evitativo,    una evaluaci&oacute;n m&aacute;s negativa del clima emocional, una menor edad,    m&aacute;s presencia de eventos traum&aacute;ticos y de estresores cotidianos,    un menor apoyo subjetivo y un menor tiempo pasado en prisi&oacute;n. Al introducir    la dimensi&oacute;n de &quot;normas de los parches&quot;, el afrontamiento    evitativo, el tiempo en prisi&oacute;n y la edad desaparecen como variables    explicativas y aparece el sexo (mayor sintomatolog&iacute;a emocional en mujeres).</p>     <p>Con relaci&oacute;n al clima emocional, es explicado por la    sintomatolog&iacute;a de estr&eacute;s posttraum&aacute;tico (a mayor sintomatolog&iacute;a,    peor evaluaci&oacute;n del clima) y por la situaci&oacute;n jur&iacute;dica    (los condenados perciben un mejor clima). Sin introducir las dimensiones culturales,    un mejor clima se encuentra explicado por un mayor tiempo pasado en prisi&oacute;n,    mayor apoyo percibido y menor n&uacute;mero de eventos traum&aacute;ticos. Cuando    se introducen las dimensiones culturales (a nivel colectivo), el efecto de los    eventos traum&aacute;ticos, del apoyo social y del tiempo en prisi&oacute;n    desaparece y se muestran los de los estresores cotidianos, el sexo (mejor clima    percibido por hombres) y el de la cultura de evitar. La varianza explicada del    balance del clima emocional en ambos an&aacute;lisis, es del 22%.</p>     <p><b>DISCUSI&Oacute;N</b></p>     <p>   Los datos recogidos en esta investigaci&oacute;n muestran que dentro de los    diferentes modelos sobre la relaci&oacute;n entre estado de &aacute;nimo y permanencia    en prisi&oacute;n, se obtiene evidencia en los resultados del modelo lineal    decreciente, es decir, menores niveles de sintomatolog&iacute;a emocional en    sujetos que llevan m&aacute;s tiempo en prisi&oacute;n. Ello, no obstante, no    invalida la propuesta de Paulus y Dzindolet (1993) ya que el interno, a lo largo    de su paso en prisi&oacute;n est&aacute; expuesto a la ocurrencia de eventos    que pueden incidir en sus emociones, como recibir la sentencia de una condena    larga, avisos de enfermedades o fallecimiento de seres queridos, o eventos violentos    en prisi&oacute;n. Por ejemplo, de los 416 sujetos de la muestra, el 67% hab&iacute;a    sido testigo o le hab&iacute;an contado sobre muertes en prisi&oacute;n; el    53% hab&iacute;a vivido o le hab&iacute;an contado sobre motines y el 62% hab&iacute;a    sido golpeado o hab&iacute;a visto golpear a otros. Los eventos traum&aacute;ticos    y los estresores cotidianos van a afectar al estado de &aacute;nimo de los/as    internos/as tanto directamente como indirectamente, a trav&eacute;s del clima    emocional, que es influido por ellos y que, a su vez, es una de las variables    m&aacute;s importantes relacionadas con la sintomatolog&iacute;a emocional.</p>     <p>Con relaci&oacute;n al estado de &aacute;nimo y a la evaluaci&oacute;n    del clima emocional, se confirma el papel amortiguador del apoyo social percibido,    ya que se encontr&oacute; que un mayor apoyo percibido se asoci&oacute; con    menor sintomatolog&iacute;a emocional y con una evaluaci&oacute;n del clima    emocional m&aacute;s positiva. Aunque aqu&iacute; se midi&oacute; fundamentalmente    el apoyo de la familia y los amigos (&iacute;tems de la escala de Vaux) el apoyo    que puede prestar el personal penitenciario no es desde&ntilde;able, ya que    un mayor contacto con profesionales (psic&oacute;logos, m&eacute;dicos, trabajadores    sociales, educadores, por ejemplo) se asocia con una mejor evaluaci&oacute;n    del clima emocional (Ruiz, 2007; Ruiz, 1999) y un mayor contacto con la familia    a trav&eacute;s de visitas se asocia a una menor probabilidad de fuga durante    permisos de salida (T&aacute;mara, 2005). Otra investigaci&oacute;n tambi&eacute;n    encontr&oacute; que un mayor apoyo de la familia se relaciona con menores niveles    de ansiedad en prisi&oacute;n (Becerra &amp; Torres, 2005).</p>     <p>Con respecto al afrontamiento, el marco de la prisi&oacute;n    a menudo limita a los sujetos las posibilidades de manejar sus dificultades.    En esta investigaci&oacute;n, aunque las medias del afrontamiento activo y de    la b&uacute;squeda de apoyo fueron superiores a la del afrontamiento evitativo,    s&oacute;lo &eacute;ste se relacion&oacute; significativamente con la sintomatolog&iacute;a    emocional. Es decir, no se encontr&oacute; la relaci&oacute;n informada en la    literatura (P&aacute;ez, Basabe &amp; Valdoseda, 1993) de que un mayor afrontamiento    activo se relaciona con un mejor estado de &aacute;nimo. En este sentido, a    menudo las limitaciones de recursos humanos y materiales restringen en prisi&oacute;n    las posibilidades de encontrar apoyo para desahogarse emocionalmente, para recibir    apoyo informacional o para encontrar actividades realmente productivas o formativas    en las que ocupar el tiempo. La ausencia de higiene, alimentaci&oacute;n, atenci&oacute;n    m&eacute;dica y de actividades laborales adecuadas est&aacute;n presentes en    muchos lugares del mundo (Observatorio Internacional de Prisiones, 1996).</p>     <p>En tercer lugar, la cultura carcelaria, o m&aacute;s precisamente    algunas de sus formas, aparece relacionada tanto con la sintomatolog&iacute;a    emocional como con el clima institucional, en este caso, en un nivel colectivo    de an&aacute;lisis. Los datos encontrados en este investigaci&oacute;n muestran    que las din&aacute;micas culturales entre los internos van m&aacute;s all&aacute;    de la visi&oacute;n reduccionista y pesimista que plantea la literatura sobre    el c&oacute;digo carcelario, ya que con relaci&oacute;n a la sintomatolog&iacute;a    emocional, dimensiones como la de &quot;normas de los parches&quot; indicar&iacute;an    que como muchos otros grupos, la participaci&oacute;n en un parche, conocer    sus normas, llevar&iacute;a a percibir m&aacute;s estabilidad, control y apoyo    en el entorno y ello a su vez disminuir&iacute;a los niveles de ansiedad relacionados    con el encierro. Sin embargo, como Kessler, Richard y Camille ya lo se&ntilde;alaban    (1985), la relaci&oacute;n entre apoyo social o participaci&oacute;n en grupos    y estr&eacute;s sea bidireccional: si bien es cierto que los sujetos que cuentan    con mayor apoyo muestran menor niveles de estr&eacute;s, tambi&eacute;n puede    plantearse un papel moderador de la personalidad en esa relaci&oacute;n: a mayores    niveles de estr&eacute;s m&aacute;s dificultad en encontrar soporte social.</p>     <p>Por otro lado, los resultados en las dimensiones de esta cultura    carcelaria, muestran tambi&eacute;n que el clima emocional y la cultura de violencia/evitaci&oacute;n    est&aacute;n muy relacionados (por ejemplo, a mayor cultura evitativa, peor    clima), pero al mismo tiempo, se hall&oacute; diferencias entre centros que    indican que la violencia cultural en prisi&oacute;n no es un mal irresolubre,    aunque tampoco sea f&aacute;cil su erradicaci&oacute;n. As&iacute; el c&oacute;digo    del interno y la cultura de evitaci&oacute;n eran particularmente bajas en los    polic&iacute;as encarcelados y en el centro para mujeres. Las diferencias de    g&eacute;nero deben ser tomadas en cuenta en la investigaci&oacute;n e intervenci&oacute;n    en contextos carcelarios, ya que la sintomatolog&iacute;a emocional era m&aacute;s    alta en las mujeres, a pesar de no darse entre ellas los mismos niveles de la    cultura carcelaria que en otros establecimientos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; mismo, el incremento del contacto entre los profesionales    del tratamiento y de vigilancia entrenados adecuadamente al respecto, junto    a los esfuerzos por aumentar el n&uacute;mero y cobertura de los programas educativos,    psicol&oacute;gicos, laborales y religiosos puede mejorar el clima de la instituci&oacute;n    y ello, como ya se indic&oacute;, ayudar&iacute;a a decrementar la cultura de    evitaci&oacute;n y de violencia, facilitando la gesti&oacute;n de estos establecimientos,    adem&aacute;s de contribuir a aliviar la sintomatolog&iacute;a emocional de    una poblaci&oacute;n, la reclusa, que tarde o temprano volver&aacute; a medio    abierto y desde donde llega a menudo con problemas emocionales que pueden ser    agravados por el esfuerzo de ajuste a la vida en prisi&oacute;n (Grayson &amp;    Taylor, 2000). As&iacute; mismo, se puede vincular a las familias de los internos    como estrategia para resistir la influencia del c&oacute;digo del interno (Caballero,    1986) y reducir el malestar emocional de los reclusos, aunque ello presente    dificultades como la distancia de la familia respecto al establecimiento, o    el impacto econ&oacute;mico y social que el impacto del encierro de un familiar    puede conllevar para el resto de la familia (Moreno &amp; Mellizo, 2006).</p>     <p>Para finalizar, consideramos que los resultados hallados proporcionan    argumentos para tener en cuenta las tres perspectivas en el desarrollo de pol&iacute;ticas    penitenciarias y, concretamente, de intervenci&oacute;n con los reclusos. Incluso,    los grupos informales de internos pueden actuar como soporte social adecuado    para sus miembros. Por ejemplo, la participaci&oacute;n de internos es un componente    esencial de algunos programas de prevenci&oacute;n del suicidio (Garc&iacute;a-Mariju&aacute;n,    1997). Aun queda conocer las particulares necesidades y perfiles psicosociales    de grupos espec&iacute;ficos de internos -mujeres, j&oacute;venes, enfermos,    adultos mayores-, as&iacute; como desarrollar estudios longitudinales    que incluyan seguimientos postexcarcelaci&oacute;n de los sujetos. Todo ello    podr&iacute;a ayudar a mejorar la situaci&oacute;n de las personas recluidas    en establecimientos de la regi&oacute;n latinoamericana.</p>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>American Psychiatric Association (1998) Manual Diagnóstico    de Desórdenes Mentales. Madrid: Masson.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-0534200700030000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Archel, E. & Rauvant, J. F. (1989). Le suicide en milieu pénitentiaire:    le corps en jeu. Psychologie Medicale, 21 (4), 483-485.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-0534200700030000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barrón, A. (1996). Apoyo social: aspectos teóricos y aplicaciones.    Madrid: Siglo XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-0534200700030000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Becerra, S. M. & Torres, J. G. (2005). Relación entre variables    pre-encarcelamiento y la prisionización: un estudio longitudinal y comparativo    en la carcel distrital de varones y anexo de mujeres. Bogotá: Universidad Nacional    de Colombia (trabajo de grado).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-0534200700030000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Beleña, M. & Baguena, M. (1992). Habilidades interpersonales:    efectos de un programa de tratamiento en mujeres delincuentes internas. Análisis    y Modificación de Conducta, 61: 751-772.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-0534200700030000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Caballero, M. A. & Ramos, L. L. (1997). Impacto psicológico    en víctimas de robo a casa habitación. I Congreso Regional de Psicología para    Profesionales en América, México; 27 julio-2 de agosto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-0534200700030000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cea, M. A. & Valles, M. S. (1990) La encuesta psicosocial (2).    En M. Clemente (Ed.) Psicología social: métodos y técnicas de investigación.    Madrid: Eudema, 279-301.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-0534200700030000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clemente, M. (1997). La organización social informal en la    prisión. En M. Clemente & J. Nuñez (Eds.), Psicología Jurídica Penitenciaria.    Madrid: Fundación Universidad-Empresa. 321-356.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-0534200700030000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cornelius, F. F. (1992). Understanding prison culture is the    key to inmate management. Corrections Today, 138; 173-176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-0534200700030000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Del Caño, M. & Domínguez, J.M. (2000). Percepción del clima    social en centros penitenciarios. Revista de Psicología Penitenciaria, 248,    45-68.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-0534200700030000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Echeburúa, E. & Corral, P. (1998) Manual de Violencia Familiar.    Madrid: Siglo XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-0534200700030000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>García-Borés, J. M. (1998) La cárcel. En A. Aguirre & A. Rodríguez    (Eds.) Patios abiertos y patios cerrados: psicología cultural de las instituciones.    México: Alfaomega. 93-117.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-0534200700030000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>García-Marijuán, J. A. (1997) Programas de prevención de suicidios    en prisión. En M. Clemente & J. Nuñez (Eds.), Psicología Jurídica Penitenciaria    Vol II. Madrid: Fundación Universidad Empresa.199-213.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-0534200700030000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Goffman, E. (1984). Internados. Buenos Aires: Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-0534200700030000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grayson, M. & Taylor, L. (2000). Prison psychosis. Social Justice,    27, 13-50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-0534200700030000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gutiérrez, C. (1997). El ingreso del interno en prisión y su    clasificación penitenciaria. En M. Clemente & J. Nuñez (Eds.), Psicología Jurídica    Penitenciaria. Madrid: Fundación Universidad-Empresa. 221-244.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-0534200700030000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Harding, T. W. (1984). Dépression en milieu carcéral. Psychologie    Medicale, 16 (5), 835-839.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-0534200700030000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Harding, T. W., Zimmermann, E. (1989). Psychiatric symptoms,    cognitive stress and vulnerability factors. A Study in a remand prison. Journal    of Psychiatry, 155, 36-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-0534200700030000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Holmes, T. H. & Rahe, R. H. (1967). The social adjustment rating    scale. Journal of Psychosomatic Research, 11, 213-218.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-0534200700030000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Houston, J. G., Gibbons, D. C., Jones, J. F. (1988). Physical    environment and jail social climate. Crime & Delinquency, 34, (4), 449- 466.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-0534200700030000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kessler, R. C.; Richard, H. P. & Camille, B. W. (1985). Social    factors in psychopathology: stress, social support, and coping processes. Annual    Review of Psychology, 36, 531-572.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-0534200700030000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lazarus, R. S., Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and    coping. New York: Springer Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-0534200700030000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Leivobich, N. & Lores, M. R. (1994). Stress in prison: A daily    hassles and uplifts scale. XVth International Conference of the Stress and Anxiety    Research Society, Madrid; 14-16 julio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-0534200700030000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Martínez-Taboada, C. & Arnoso, A. (1999). Contención psicosocial    en el ingreso en prisión por primera vez: variables protectoras y de afrontamiento.    Anuario de Psicología Jurídica, (9), 145-172.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0534200700030000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Montenegro, O., Morales, L. A., Ortiz, M. E. & Quiroga, H.    (1995) Efectos del tiempo de detención sobre los factores emocionales, las quejas    de salud y los comportamientos y cogniciones asociadas con la prisionización    de las mujeres que ingresan a la Reclusión Nacional. Tesis de grado. Bogotá:    Facultad de Psicología. Universidad Católica de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-0534200700030000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Moreno, C.A., Mellizo, L.F. (2006). Familias de internos e    internas de cárceles: Una revisión de la literatura. III Congreso Latinoamericano    Virtual de Psicología Jurídica y Forenses. Abril 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-0534200700030000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Neuman, E. & Irurzun, V. (1990). La sociedad carcelaria. Buenos    Aires: De Palma.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-0534200700030000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Núñez, J. (1997). El tratamiento penitenciario y otras funciones    del psicólogo. En M. Clemente & J. Núñez (Eds.), Psicología Jurídica Penintenciaria    Vol I. Madrid: Fundación Universidad Empresa. 59-91.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-0534200700030000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Observatorio Internacional de Prisiones (1996). Informe 1996.    Saint-Just la Pendue: Chirat.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-0534200700030000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Páez, D. (1980). La carrera moral del prisionero político.    En A. A. V. V. (Ed.), Así buscamos rehacemos: Represión, Exilio, Trabajo Psicosocial.    (pp. 49-78) COLAT & CELADEC.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-0534200700030000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Páez, D. (1986). Salud Mental y Factores Psicosociales. Madrid:    Fundamentos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-0534200700030000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p> P&aacute;ez, D., Basabe, N. &amp; Valdoseda, M. (1993). Memoria afectiva, salud, formas de afrontamiento y soporte social. ,&nbsp;Salud, expresi&oacute;n y represi&oacute;n social de las emociones. Valencia: Promolibro. 339-377. </p>     <!-- ref --><p>Páez, D., Basabe, N. & Valdoseda, M. (1993). Memoria afectiva,    salud, formas de afrontamiento y soporte social. En D. Páez (Ed.), Salud, expresión    y represión social de las emociones. Valencia: Promolibro. 339-377.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-0534200700030000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Paulus, P. B. & Dzindolet, M. T. (1993). Reactions of male    and female inmates to prison confinement. Criminal Justice and Behavior, 20    (2), 149-166.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-0534200700030000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pérez-Guadalupe, J. L. (1994). Faites y atorrantes. Una etnografía    del penal de Lurigancho. Lima: Centro de Investigaciones Teológicas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-0534200700030000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Polanco, L. (1992). El clima social y educativo en las prisiones    españolas. Anuario de Psicología Jurídica, (2),109-117.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-0534200700030000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rager, P. & Bénèzech, M. (1987). Enquête sur les comportements    mettant en jeu le pronostic vital chez les jeunes délinquants récidivistes.    Psychologie Medicale, 19 (5), 617-618.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-0534200700030000800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Reisig, M. D. & Lee, Y. H. (2000). Prisonization in the Republic    of Korea. 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