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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CONDUCTA VERBAL DE B. F. SKINNER: 1957-2007]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[En la celebración de los 50 años de la publicación del libro Conducta Verbal de Skinner, se analizan los principales contenidos de esta obra en la que el autor aborda los fenómenos del lenguaje desde la perspectiva del condicionamiento operante. Se discuten algunas de las razones por las cuales el análisis skinneriano del lenguaje ha sido descuidado entre analistas del comportamiento y entre otros estudiosos de los fenómenos lingüísticos. Se mencionan la crítica de Chomsky, la dificultad de desarrollar un programa empírico de investigación y las dificultades conceptuales que implica la interpretación de la conducta verbal como una clase especial de conducta operante. El análisis de Skinner de la conducta verbal se constituye en una base fundamental para analizar los fenómenos lingüísticos desde una perspectiva funcional y no mentalista. Las propuestas recientes en el Análisis de la Conducta como la Teoría de los Marcos Relacionales (Hayes y cols, 2001), o el análisis del lenguaje desde una perspectiva interconductista (Ribes, 1990, 1999) fueron hechas teniendo como punto de referencia la propuesta skinneriana.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right">EL MUNDO DE LA PSICOLOG&Iacute;A</p>     <p align="center"><font size="4"><b>CONDUCTA VERBAL DE B. F. SKINNER: 1957-2007</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>SKINNER'S VERBAL BEHAVIOR: 1957 -2007</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b>TELMO E. PEÑA-CORREAL<sup>1</sup>    <br>   y    <br>   BEATRIZ H. ROBAYO-CASTRO</b>    <br>   Universidad Nacional de Colombia</p>     <p><sup>1</sup> Correspondencia: TELMO EDUARDO PE&Ntilde;A-CORREAL. Departamento de Psicolog&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia. Ciudad Universitaria. Bogot&aacute;, Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:tepenac@unal.edu.co">tepenac@unal.edu.co</a>.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p> On the 50th anniversary of the publication of Skinner´s Verbal Behavior, we analyse  the main contents of this book in which language phenomena are presented from  an operant conditioning viewpoint. Some of the reasons why the Skinnerian analysis  of language has been neglected among behavior analysts and other scholars of linguistic  phenomena are discussed. They include Chomsky´s criticism of Verbal Behavior,  difficulties to develop an empirical research program based on Skinnerian categories  of verbal behavior, and conceptual difficulties implied in the interpretation  of verbal behavior as a special class of operant behavior. The Skinnerian analysis  of verbal behaviour is a fundamental background to analyse linguistic phenomena  from a non mentalistic and functional perspective. Recent Behavior Analysis proposals  such as Relational Frames Theory (Hayes y cols, 2001), or the analysis of language  from a interbehavioral framework (Ribes, 1990, 1999) use Skinner’s proposal as  the reference point.      <p><b>Key Words:</b> B.F. Skinner, Verbal behavior. </p>     <p><b>RESUMEN</b></p> En la celebración de los 50 años de la publicación del libro Conducta Verbal de  Skinner, se analizan los principales contenidos de esta obra en la que el autor  aborda los fenómenos del lenguaje desde la perspectiva del condicionamiento operante.  Se discuten algunas de las razones por las cuales el análisis skinneriano del  lenguaje ha sido descuidado entre analistas del comportamiento y entre otros estudiosos  de los fenómenos lingüísticos. Se mencionan la crítica de Chomsky, la dificultad  de desarrollar un programa empírico de investigación y las dificultades conceptuales  que implica la interpretación de la conducta verbal como una clase especial de  conducta operante. El análisis de Skinner de la conducta verbal se constituye  en una base fundamental para analizar los fenómenos lingüísticos desde una perspectiva  funcional y no mentalista. Las propuestas recientes en el Análisis de la Conducta  como la Teoría de los Marcos Relacionales (Hayes y cols, 2001), o el análisis  del lenguaje desde una perspectiva interconductista (Ribes, 1990, 1999) fueron  hechas teniendo como punto de referencia la propuesta skinneriana.      <p><b>Palabras clave:</b> B.F. Skinner, conducta verbal. </p> <hr size="1">     <p>Probablemente, uno de los libros menos le&iacute;dos de B. F.    Skinner es Conducta Verbal (1957), obra que est&aacute; cumpliendo 50 a&ntilde;os    de haberse publicado por primera vez. Una de las razones que usualmente se esgrime    para este desconocimiento, es la severa cr&iacute;tica que hizo Chomsky en su    art&iacute;culo titulado Una revisi&oacute;n de Conducta Verbal de B. F. Skinner    (1959), y que probablemente es m&aacute;s conocido por la comunidad acad&eacute;mica    que el libro original de Skinner. En dicha cr&iacute;tica, Chomsky intenta mostrar    las deficiencias conceptuales y l&oacute;gicas que tiene el libro con el fin    de arg&uuml;ir que la estrategia conductista para tratar el lenguaje es completamente    equivocada y err&oacute;nea. Aquellos que no conocen los conceptos fundamentales    propuestos por Skinner como elementos de una ciencia de la conducta se convencieron    de que los planteamientos de Skinner no s&oacute;lo eran fallidos para tratar    con la conducta verbal, sino con la conducta humana en general.</p>     <p>Aunque parezca ir&oacute;nico, tampoco este libro de Skinner es    muy conocido, ni trabajado, por la misma comunidad conductista. Sin duda, una    de las razones para este desconocimiento es la dificultad para generar un programa    emp&iacute;rico de investigaci&oacute;n a partir de los planteamientos de Conducta    Verbal, situaci&oacute;n probablemente ocasionada por el sesgo de los analistas    experimentales del comportamiento de preferir sujetos animales como sujetos    experimentales, as&iacute; como un paradigma experimental (la operante libre)    que no se ajusta al estudio de la conducta verbal.</p>     <p>Varios intentos se han hecho para intentar aclarar el pensamiento    de Skinner y rebatir las cr&iacute;ticas que ha recibido (McCorquodale, 1970;    Segal, 1983), las cuales, aunque han sido acogidas de forma positiva por la    comunidad de los analistas del comportamiento, poco han sido conocidas por la    comunidad psicol&oacute;gica en general. No obstante, en las &uacute;ltimas    dos d&eacute;cadas (Hayes &amp; Hayes, 1989; Hayes, Zettle &amp; Rosenfarb,    1989) ha habido entre los analistas del comportamiento un creciente inter&eacute;s    por el estudio de la conducta verbal como variable independiente (uno de los    factores que controla la conducta humana) (ver Catania, Shimoff &amp; Matthews,    1989) y como variable dependiente (como un tipo de conducta particular). En    especial, un t&oacute;pico que parece haber centrado el inter&eacute;s de algunos    investigadores es el an&aacute;lisis de la conducta del escucha, aspecto que,    seg&uacute;n algunos (Hayes &amp; Hayes, 1989; Ribes, 1999), constituye una    de las debilidades del libro de Skinner, a pesar de que &eacute;l mismo (Skinner,    1989) intent&oacute; subrayar su importancia en el an&aacute;lisis del episodio    verbal. Desarrollos te&oacute;ricos y emp&iacute;ricos como la equivalencia    de est&iacute;mulos (Sidman, 1994) y la teor&iacute;a de los marcos relacionales    (Hayes, 1994) han intentado construir aproximaciones conductistas que tienen    como punto de referencia el an&aacute;lisis conceptual sobre la conducta verbal    que hizo originalmente Skinner. Incluso en el campo aplicado, (Hayes, Kohlenberg    &amp; Melancon, 1989; Poppen, 1989) se han desarrollado algunas categor&iacute;as    conceptuales para referirse a la conducta del escucha (que, en el contexto cl&iacute;nico    puede ser el consultante) y que son correlativas con algunas de las categor&iacute;as    formuladas por Skinner para referirse a la conducta del hablante.</p>     <p>Ribes (1982, 1999), por su parte, ha hecho un an&aacute;lisis    cr&iacute;tico de la obra de Skinner se&ntilde;alando, desde el conductismo    mismo, los alcances y limitaciones de Conducta Verbal. Su an&aacute;lisis reconoce    el esfuerzo de Skinner por realizar un an&aacute;lisis funcional de los fen&oacute;menos    del lenguaje desde una perspectiva radical en el conductismo, pero critica la    dependencia de la propuesta de Skinner de los supuestos mecanicistas del condicionamiento    dentro del cual est&aacute; conceptualizada la conducta verbal como un tipo    particular de conducta operante. No obstante, todo el an&aacute;lisis del lenguaje    propuesto por Ribes (1990, 1999) sigue teniendo como tel&oacute;n de fondo la    obra de Skinner.</p>     <p>Es por esto que vale la pena hacer, con ocasi&oacute;n del quincuag&eacute;simo    aniversario de la primera edici&oacute;n de Conducta Verbal, una revisi&oacute;n    de los principales planteamientos que Skinner hace en ese libro:</p>     <p>Skinner parte del supuesto de que buena parte del repertorio conductual    de la especie humana es operante, es decir, es conducta controlada por los efectos    que &eacute;sta tiene en el ambiente al ser emitida y de las relaciones funcionales    que tales efectos implican. A partir de este supuesto, Skinner se&ntilde;ala    que es posible reconocer, en general, dos tipos de conducta operante. La primera,    com&uacute;n entre las especies, es el tipo de conducta que tiene efectos directos    sobre el ambiente, que modifica un estado de cosas determinado o se relaciona    con consecuencias particulares mediante el contacto f&iacute;sico o mec&aacute;nico    con estas. Tal es el caso de la paloma que picotea sobre una tecla para tener    acceso a la bandeja de comida o el del hombre que extiende su brazo, agarra    un vaso de agua y lo lleva hasta su boca para calmar su sed. Ambos ejemplos    describen situaciones donde la conducta es efectiva por s&iacute; misma.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La segunda es otro tipo de operante, propio de nuestra especie    y que se caracteriza justamente por ser conducta cuyos efectos son mediados    por la conducta de otro individuo. Esta conducta es conducta que si bien no    afecta directamente el &quot;mundo f&iacute;sico&quot;, tiene la potencialidad    de hacerlo a trav&eacute;s de la conducta de otras personas. En este caso, el    que alguien diga &quot;me alcanzas un pan&quot; no tiene el efecto de traer    el pan, a menos que otro que escuche tal cosa, lo haga. Al &quot;comportamiento    que es efectivo o reforzado por la mediaci&oacute;n de otras personas&quot;    (p. 2) fue al que Skinner denomin&oacute; &quot;conducta verbal&quot;, conducta    a la que dedic&oacute; 23 a&ntilde;os de exploraci&oacute;n y an&aacute;lisis    que le condujeron a la publicaci&oacute;n de Conducta Verbal, libro cuyo principal    objetivo fue mostrar, m&aacute;s all&aacute; de una extrapolaci&oacute;n de    los principios del an&aacute;lisis operante a la conducta humana de naturaleza    verbal, la posibilidad de un an&aacute;lisis de los fen&oacute;menos del lenguaje    como conducta que puede explicarse en t&eacute;rminos de las relaciones funcionales    o &quot;causales&quot; que la gobiernan, an&aacute;lisis imprescindible para    Skinner, quien entendi&oacute; por fin &uacute;ltimo de la ciencia psicol&oacute;gica    la predicci&oacute;n y el control de la conducta de los organismos, incluyendo    la conducta verbal.</p>     <p>El libro se divide en 19 cap&iacute;tulos distribuidos en cinco    unidades, en las que Skinner trata de describir qu&eacute; tipo de condiciones    son importantes para la ocurrencia de la conducta verbal, cu&aacute;l es su    topograf&iacute;a y de qu&eacute; tipo de variables es funci&oacute;n como conducta.    En la primera unidad, Un programa, adem&aacute;s de definir la conducta verbal    como aquella que es mediada en sus consecuencias y de se&ntilde;alar lo conveniente    que resulta el uso de dichos t&eacute;rminos en contraposici&oacute;n a los    habituales (&quot;habla&quot;, &quot;lenguaje&quot;, &quot;lengua&quot;,    &quot;ling&uuml;&iacute;stico&quot;), Skinner dedica un apartado a la cr&iacute;tica    de los tratamientos tradicionales de la conducta verbal, entre los que cuentan    las formulaciones derivadas de disciplinas como la ling&uuml;&iacute;stica,    la gram&aacute;tica, la filosof&iacute;a y la l&oacute;gica. Skinner afirma    que resulta inconveniente para cualquier disciplina que intente una explicaci&oacute;n    de los eventos de naturaleza verbal, que base sus an&aacute;lisis s&oacute;lo    en las propiedades estructurales y formales o morfol&oacute;gicas de tal tipo    de eventos. Lograr una explicaci&oacute;n satisfactoria en el acontecer cient&iacute;fico    implica el tratamiento de las causas de la conducta que, para Skinner, no hacen    parte de una dimensi&oacute;n o de un nivel de observaci&oacute;n ajeno o distinto    al nivel en el que ocurre tal clase de comportamiento, sino que yacen en las    relaciones sistem&aacute;ticas entre la conducta y los eventos estimulativos    del ambiente. Agrega el autor que un an&aacute;lisis completo de la conducta    verbal, propia s&oacute;lo del hablante y no del escucha (cuya conducta, como    escucha, ser&iacute;a indistinguible de otra operante), implica la descripci&oacute;n    y explicaci&oacute;n del episodio verbal completo, es decir, de las relaciones    entre las conductas del hablante y del escucha y de las propiedades del medio    que contribuyen al mantenimiento de la conducta de cada uno. Siendo pues la    conducta verbal la variable dependiente, termina Skinner esta unidad definiendo    la clase operante como unidad de an&aacute;lisis de la conducta verbal y haciendo    un sumario de las propiedades de este tipo de comportamiento (energ&iacute;a,    fuerza, velocidad, frecuencia y probabilidad de respuesta) y de las variables    independientes con las que se relaciona.</p>     <p>En la segunda unidad, Variables de Control, Skinner inicia la    exposici&oacute;n de una taxonom&iacute;a de la conducta verbal, en la que el    criterio principal de clasificaci&oacute;n de las operantes verbales es la naturaleza    de las variables antecedentes que la controlan. Los mandos son la primera clase    de conducta verbal a la que Skinner se refiere. Un mando es &quot;una operante    verbal en la que la respuesta es reforzada por una consecuencia caracter&iacute;stica    y, por tanto, est&aacute; bajo el control funcional de las condiciones relevantes    de deprivaci&oacute;n o de estimulaci&oacute;n aversiva&quot; (Skinner, 1957,    p. 35-36). Con el mando, un hablante, controlado por un estado motivacional    antecedente, especifica las consecuencias de reforzamiento que la conducta del    escucha ha de hacer efectivas. En el caso del mando &quot;tr&aacute;igame agua&quot;,    la expresi&oacute;n se&ntilde;ala o explicita el tipo de consecuencia que ha    de ser mediada por el escucha, a saber, el agua. Skinner agrega que existen    diferentes modalidades de mandos seg&uacute;n las propiedades de la conducta    del oyente (solicitudes, &oacute;rdenes, s&uacute;plicas, preguntas, advertencias,    permisos, ofertas y llamadas) y habla de otros casos especiales del mando, tales    como el mando extenso y el mando m&aacute;gico. El autor pasa luego a hablar    del tipo de conducta verbal que est&aacute; bajo el control de est&iacute;mulos    verbales, grupo al que pertenecen las ecoicas, que son respuestas verbales a    est&iacute;mulos verbales vocales en las que el reforzamiento depende de una    correspondencia morfol&oacute;gica entre la pauta de sonidos de la respuesta    y la de los est&iacute;mulos que la controlan (decir agua al escuchar agua),    la conducta textual, aquella en la que una conducta verbal vocal est&aacute;    bajo el control de est&iacute;mulos verbales no auditivos y cuyo reforzamiento    depende, al igual que en la conducta ecoica, de una correspondencia formal entre    la respuesta y el est&iacute;mulo antecedente (decir agua al leer la palabra    agua), y las intraverbales, que son respuestas verbales controladas por est&iacute;mulos    verbales antecedentes en las que la igualaci&oacute;n por correspondencia formal    exacta, entre un est&iacute;mulo verbal y la respuesta del hablante, est&aacute;    ausente, como en el caso de la respuesta cuatro al est&iacute;mulo verbal dos    m&aacute;s dos o la respuesta Bogot&aacute; al est&iacute;mulo verbal Capital    de Colombia. El tacto, el siguiente tipo de conducta verbal en ser abordado,    es definido por Skinner como &quot;una operante verbal en la que una respuesta    de forma determinada se evoca por un objeto o evento particular&quot; (p. 81-82)    de naturaleza no verbal. Se analizan en este cap&iacute;tulo el tacto extenso    y el tacto abstracto, y se pone de presente el hecho de que es el tacto, quiz&aacute;s,    la m&aacute;s importante de las operantes verbales en raz&oacute;n de que abarca    el aspecto sem&aacute;ntico del lenguaje. Los tactos son respuestas verbales    que dependen en principio de la relaci&oacute;n convencional que guarda una    comunidad verbal con un estado de cosas en el mundo. El control discriminativo    que ejerce dicho estado de cosas sobre la conducta de tactar, es un tipo de    control que ha sido establecido por una comunidad reforzante y que no ser&iacute;a    posible sin la existencia de dicha comunidad. En ese sentido, es la correspondencia    con las pr&aacute;cticas de una comunidad verbal particular la que marca el    criterio de reforzamiento de este tipo de conducta. Podr&iacute;a decirse que    los tactos son la forma en la que Skinner abord&oacute; el problema del significado    partiendo de su an&aacute;lisis funcional.</p>     <p>Skinner dedica el sexto cap&iacute;tulo de su libro a los efectos    que ciertas condiciones de refuerzo tienen sobre el control de est&iacute;mulos    bajo el cual la conducta verbal suele ser emitida. Partiendo de su definici&oacute;n    de conducta verbal como un tipo especial de conducta operante, Skinner se&ntilde;ala    el hecho de que la relaci&oacute;n entre la conducta verbal y sus consecuencias,    sean reforzadoras o no, pronto se convierte en una variable capaz de modificar    el control discriminativo que otras variables tienen sobre tal tipo de conducta,    alterando a su vez la fuerza con la que esta se emite. Tal efecto sobre el control    de est&iacute;mulos depender&aacute; de las formas o las propiedades del reforzamiento    con que la comunidad verbal responde a la conducta de un hablante, entre las    cuales Skinner cita la clase de reforzamiento (generalizado o no), la cantidad    de reforzamiento y los efectos en la conducta del oyente (modificaciones en    su estado emocional, sus acciones y la fuerza de sus acciones).</p>     <p>En esta unidad tambi&eacute;n se analiza el papel de la audiencia,    definida por Skinner como &quot;un est&iacute;mulo discriminativo en cuya presencia    la conducta verbal se refuerza de manera caracter&iacute;stica y en presencia    de la cual, entonces, es caracter&iacute;sticamente fuerte&quot; (p. 172).    En tanto que condici&oacute;n para el refuerzo, la audiencia act&uacute;a como    un evento seleccionador de las propiedades de la conducta del hablante que ser&aacute;n    reforzadas por el oyente, a la vez que inhibe ciertos tipos de conducta, como    es el caso de las audiencias negativas. Cabe aclarar que audiencia y oyente    no son elementos equivalentes: mientras la audiencia antecede, en tanto que    discriminativo, a la emisi&oacute;n de la conducta verbal, la conducta del oyente    sucede a la conducta del hablante dada su funci&oacute;n de mediador del reforzamiento.    Tal distinci&oacute;n es necesaria, puesto que audiencia y oyente, a&uacute;n    cuando puedan ser la misma persona, tienen funciones distintas: como est&iacute;mulo    discriminativo, es decir, como audiencia; y en cuanto conducta, como mediadora    de las contingencias de la conducta del hablante.</p>     <p>Termina Skinner esta unidad con una reflexi&oacute;n en la que    reitera la conveniencia de una taxonom&iacute;a de la conducta verbal basada    en sus relaciones funcionales m&aacute;s que en su morfolog&iacute;a, y del    valor &quot;operativo&quot;, dados los objetivos de control y predicci&oacute;n    de la conducta, que la operante verbal tiene, en tanto que funci&oacute;n de    eventos en el ambiente, como unidad de an&aacute;lisis en el estudio de este    tipo de comportamiento, en contraposici&oacute;n al uso tradicional de la palabra    como unidad fundamental y definitoria del lenguaje. Skinner hace en este cap&iacute;tulo    un &quot;refinamiento&quot; de su definici&oacute;n de conducta verbal, restringi&eacute;ndola    a los casos en los que las respuestas del escucha a la conducta emitida por    un hablante han sido necesariamente entrenadas por la comunidad verbal con el    fin de reforzar la conducta de ese hablante. La restricci&oacute;n apunta a    diferenciar el tipo de conducta que evidentemente no es verbal pero que tambi&eacute;n    puede ser mediada en sus consecuencias y que constituye buena parte del repertorio    de la conducta social no s&oacute;lo de nuestra especie sino de otras especies    gregarias. En este sentido, se puede decir que es con esta redefinici&oacute;n    que Skinner diferencia a la conducta verbal de otros tipos de conducta social.</p>     <p>En la tercera unidad del libro, Variables M&uacute;ltiples, Skinner    atiende principalmente al hecho de que una explicaci&oacute;n de la conducta    verbal necesariamente debe tener en cuenta que, en tanto que variable dependiente,    la conducta verbal generalmente es funci&oacute;n de m&aacute;s de una variable,    es decir, que est&aacute; bajo el control de un conjunto de eventos que puede    variar y que modifica o determina su fuerza de emisi&oacute;n. Este efecto de    &quot;control m&uacute;ltiple&quot; tiene propiedades o consecuencias combinatorias    tales como el fortalecimiento de la conducta en relaci&oacute;n con la sumatoria    de las fuerzas correspondientes a las fuentes que la controlan, o la fusi&oacute;n    de diferentes relaciones funcionales que se vuelven funci&oacute;n de una nueva    conducta en una situaci&oacute;n particular, como en el caso de las combinaciones    de respuestas fragmentarias (respuestas que est&aacute;n compuestas de fragmentos    de otras repuestas verbales).</p>     <p>Skinner dedica La manipulaci&oacute;n de la conducta verbal, la    cuarta unidad de su libro, al papel del hablante como &quot;modulador, productor    y selector&quot; de su propia conducta verbal. Empieza con la definici&oacute;n    de las autocl&iacute;ticas, que son operantes verbales que controlan otras operantes    verbales: &quot;es conducta que se evoca o act&uacute;a sobre otra conducta    del hablante&quot; (p. 313). Este tipo de conducta consiste en la manipulaci&oacute;n    que el hablante hace de su propia conducta verbal (ejemplos de autocl&iacute;ticos    son respuestas como s&iacute;, en, hasta, como, alguno y todos los signos de    puntuaci&oacute;n con los que se nos ense&ntilde;a a hablar, escribir y leer),    y es con esta definici&oacute;n que Skinner intenta abordar asuntos como la    organizaci&oacute;n u orden que se observa en muestras de conducta verbal peque&ntilde;as    y grandes (que usualmente ha sido el inter&eacute;s de las disciplinas centradas    en el estudio de la gram&aacute;tica); en otras palabras, con los autocl&iacute;ticos    Skinner aborda el problema del hablante como el &quot;compositor&quot; de    lo que dice, sin tener que acudir al &quot;Yo&quot; como un agente controlador    de conducta: por el contrario, lo que Skinner plantea es que hay conducta que    controla otra conducta en funci&oacute;n de las consecuencias obtenidas del    medio social. Con el objeto de dar cuenta de la conducta de compocomponer del    hablante, Skinner expone una taxonom&iacute;a de autocl&iacute;ticos (descriptivos,    relacionales, calificativos, cuantificadores), cuya clasificaci&oacute;n depende    del efecto que tienen sobre la conducta del oyente en relaci&oacute;n con el    estado de cosas que &eacute;ste ha de modificar para reforzar la conducta del    hablante.</p>     <p>Al formular una explicaci&oacute;n de la producci&oacute;n de    la conducta verbal desde una perspectiva funcional con la exposici&oacute;n    de los autocl&iacute;ticos, Skinner muestra algunas de las inconveniencias que,    en el contexto de una ciencia de la conducta, tienen las teor&iacute;as que    dan cuenta del car&aacute;cter organizativo e intencional que se infiere del    modo en el que un hablante se expresa, acudiendo a la existencia de un agente    interno o de un proceso mental antecedente como variable causal de la conducta    verbal. Hablar de un agente interno controlador resulta problem&aacute;tico    desde el punto de vista del control y predicci&oacute;n de la conducta, merced    a su inaccesibilidad en t&eacute;rminos de un an&aacute;lisis funcional. Por    otro lado, Skinner se&ntilde;ala que es necesario tener en cuenta que la conducta    verbal se emite para tener un efecto directo sobre un escucha que haga efectivas    las consecuencias reforzantes, y que es ese efecto sobre el escucha una de las    variables moduladoras determinantes tanto de la funci&oacute;n como de la morfolog&iacute;a    de la conducta que emite un hablante, cosa que, para Skinner, los an&aacute;lisis    tradicionales suelen soslayar en buena medida. En este contexto, hablar de la    gram&aacute;tica y la sintaxis como procesos verbales autocl&iacute;ticos es    hablar de procesos que no ocurren en ausencia de otra conducta verbal (la conducta    del hablante que se modula) ni en ausencia de un oyente. La funci&oacute;n de    los autocl&iacute;ticos es facilitar, alterar o aclarar el efecto de la conducta    verbal sobre la conducta del oyente en funci&oacute;n de su papel como mediador    de consecuencias en un momento determinado.</p>     <p>La &uacute;ltima unidad del libro, Producci&oacute;n de la conducta    verbal, Skinner la dedica a las consecuencias o fen&oacute;menos implicados    por la conducta autocl&iacute;tica en relaci&oacute;n con sus efectos sobre    la conducta de un oyente. El primer fen&oacute;meno asociado al comportamiento    autocl&iacute;tico que Skinner explica es la conducta de Autocorreci&oacute;n,    el proceso en el que un hablante rechaza o aprueba su propia conducta verbal    en relaci&oacute;n con sus efectos sobre el propio hablante o un futuro escucha    (Skinner, 1957). Para Skinner la correcci&oacute;n de la propia conducta verbal    es algo que puede explicarse en t&eacute;rminos de la historia verbal de un    hablante cuya conducta ha sido previamente reforzada o castigada dependiendo    de ciertos criterios de la comunidad verbal. Un hablante suele rechazar o descartar    su propia conducta verbal dependiendo de si &eacute;sta ha mostrado tener o    no efectos aversivos sobre el oyente en el pasado, efectos que terminan por    convertirse en est&iacute;mulos condicionados de los que el hablante escapa    o evita por medio de su conducta de correcci&oacute;n. Con la l&oacute;gica    del reforzamiento, proporcionado por el oyente o por el propio hablante, explica    Skinner aquellas respuestas que sobreviven a la prueba, usualmente subvocal,    del hablante y terminan siendo emitidas. En estas secciones Skinner tambi&eacute;n    aborda los efectos de audiencias especiales (el caso del lector) en este proceso,    algunas distorsiones o defectos de la conducta de corregir (no poder responder    a la propia conducta verbal antes que el oyente, no responder a las variables    de control, etc.) y algunas t&eacute;cnicas de autofortalecimiento de la conducta    verbal que el hablante suele emplear para &quot;incrementar la disponibilidad    del comportamiento que ya existe con m&aacute;s fuerza&quot; (p. 403). Estas    t&eacute;cnicas son los procedimientos que los hablantes usan para ampliar la    conducta que se va a componer y corregir hasta que su fuerza sea suficiente    como para ser emitida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Skinner dedica el pen&uacute;ltimo cap&iacute;tulo de su libro    a la conducta verbal l&oacute;gica y cient&iacute;fica, conducta que ha sido    moldeada en el contexto de una comunidad verbal &quot;cuyo inter&eacute;s fundamental    es la conducta verbal que contribuye a la acci&oacute;n exitosa&quot; (p. 418),    es decir, conducta que es alentada por un control de est&iacute;mulos exacto,    control que evita la participaci&oacute;n de variables irrelevantes (por ejemplo,    el uso de met&aacute;foras y otras figuras literarias comunes en la conducta    verbal ordinaria) y que se describe al oyente con los autocl&iacute;ticos apropiados    para que &eacute;l mismo pueda &quot;representar&quot;, como hablante, la    naturaleza del control de su conducta. La ciencia es, para Skinner, un ejemplo    del alcance que el control y la predicci&oacute;n de la conducta, verbal y no    verbal, permite a nuestra especie en t&eacute;rminos de su dominio sobre el    ambiente: el &eacute;xito de la comunidad cient&iacute;fica en el control de    la conducta de los cient&iacute;ficos se traduce en el &eacute;xito de nuestra    especie en el control y predicci&oacute;n de una amplia gama de fen&oacute;menos    que son el objeto de sus ocupaciones y que contribuyen a facilitar nuestro devenir    adaptativo al incrementar nuestro poder mediante la extensi&oacute;n de nuestras    capacidades. Sin embargo, algo que usualmente pasa desapercibido en el planteamiento    de Skinner sobre el conocimiento cient&iacute;fico y que tiene implicaciones    epistemol&oacute;gicas, es que para &eacute;l la verdad no consiste en una correspondencia    entre lo que se dice y &quot;el mundo&quot;, sino en una relaci&oacute;n entre    cierto estado de cosas en el mundo, lo que se dice y unos criterios establecidos    en la comunidad verbal. Esto quiere decir que para Skinner el conocimiento mismo    es una actividad que no depende exclusivamente del individuo, sino que implica    la relaci&oacute;n de ese individuo con el mundo que intenta conocer y una comunidad    verbal que define c&oacute;mo ha de responderse a ese mundo.</p>     <p>La unidad termina con la definici&oacute;n que Skinner hace del    pensamiento como un tipo especial de conducta: &quot;el pensamiento no es un    proceso misterioso responsable de la conducta, sino que es la conducta misma,    en toda la complejidad de sus relaciones de control, en t&eacute;rminos tanto    del hombre que se comporta, como del ambiente en el cual vive&quot; (p. 449).    Para Skinner, el hombre que piensa, en cuanto objeto de una ciencia de la conducta,    es un hombre que se comporta en relaci&oacute;n con la conducta verbal y no    verbal propia o de otros, siempre en relaci&oacute;n con unas condiciones de    ambiente determinadas. Desde el punto de vista skinneriano lo que define al    pensamiento no son caracter&iacute;sticas como el ser conducta cubierta o descubierta    (en otras palabras, ser un evento privado), o el tratarse de conducta verbal    o no verbal, propiedades que el tratamiento tradicional del pensamiento ha clasificado    como definitorias. Lo que define al pensamiento en Skinner es la conducta que    tiene lugar dentro de relaciones funcionales entre los hombres y sus ambientes;    los organismos, humanos o no, siempre se comportan en relaci&oacute;n con algo,    y es un tipo especial de esa gama de relaciones la que Skinner llama &quot;pensamiento&quot;.</p>     <p>Skinner termina su libro con dos ep&iacute;logos en los que su    principal inter&eacute;s es se&ntilde;alar el car&aacute;cter verbal de su propia    conducta al componer su Conducta Verbal, al proponer un programa de investigaci&oacute;n    de los fen&oacute;menos asociados al lenguaje y el pensamiento bajo la perspectiva    de una ciencia de la conducta centrada en el an&aacute;lisis funcional de las    relaciones de los organismos con sus ambientes, y al mostrar que, como &eacute;l    mismo dice, &quot;es en t&eacute;rminos de estas variables, de las contingencias    dispuestas por la comunidad verbal [y en general, por el ambiente], que la conducta    verbal puede ser definida y analizada&quot; (p. 452).</p>     <p>Como puede verse en esta revisi&oacute;n general del libro de    Skinner, se trata de un formidable esfuerzo de interpretaci&oacute;n de algunos    de los problemas centrales que enfrentamos los psic&oacute;logos al intentar    explicar la conducta humana. Se trata de una obra realmente inspiradora y pionera    en el tratamiento te&oacute;rico de problemas como el hablar, el componer, el    conocer y el pensar, con una perspectiva conductual y funcional.A juzgar por    muchos de sus cr&iacute;ticos, sus planteamientos presentan debilidades tanto    desde el punto de vista l&oacute;gico, como conceptual y emp&iacute;rico. Sin    embargo, los que nos interesamos en el estudio de la conducta humana compleja    no podemos hacer cosa diferente a tomar Conducta Verbal como un referente necesario    para el desarrollo de planteamientos te&oacute;ricos alternativos, y para la    realizaci&oacute;n de programas de investigaci&oacute;n emp&iacute;rica sobre    problemas relativos al lenguaje como condici&oacute;n de la conducta humana,    lenguaje como conducta humana, lenguaje como constructor de cultura e historia,    de la relaci&oacute;n entre lenguaje y pensamiento y, en fin, de la relaci&oacute;n    entre el lenguaje de otros y la conducta de un individuo y viceversa.</p>     <p>A juicio nuestro, un psic&oacute;logo que intente,desde la psicolog&iacute;a,    abordar los problemas centrales del lenguaje, no puede pasar por alto Conducta    Verbal de Skinner. Su aporte sigue vigente no porque sus planteamientos est&eacute;n    libres de cr&iacute;tica, sino porque ense&ntilde;&oacute; un camino para abordar    de manera distinta los problemas de la conducta humana compleja. Su conceptualizaci&oacute;n    de la conducta verbal como un tipo especial de conducta operante, as&iacute;    como la taxonom&iacute;a de tipos de conducta verbal derivada de esa l&oacute;gica    podr&iacute;an ser superados, pero lo que a&uacute;n permanece es la propuesta    de Skinner de abordar este tipo de problemas con una perspectiva funcional,    sin hacer transacciones con las explicaciones mentalistas que siguen siendo    dominantes en la psicolog&iacute;a y la ling&uuml;&iacute;stica.</p> </font>     <p><font size="2" face="verdana"><b>REFERENCIAS</b></font></p> <font face="verdana" size="2">    <!-- ref --><p>Catania, A. C., Shimoff, E. & Matthews, B. A. (1989). An experimental    analysis of rule-governed behavior. En S. C. Hayes (Ed.), Rule-governed behavior:    Cognition, contingencies, and instructional control (pp. 119-150). New York:    Plenum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0120-0534200700030001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chomsky, N. (1959). A Review of B. F. Skinner’s Verbal Behavior.    Language, 35, (1), 26-58.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0120-0534200700030001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hayes, S. C. (1994). Relational frame theory. En S. C. Hayes,    L. J. Hayes, M. Sato y K. Ono (Eds.), Behavior analysis of language and cognition    (pp. 929). Reno, NV: Context Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S0120-0534200700030001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hayes, S. C. & Hayes, L. (1989). On the verbal action of the listener    as a basis of rule-governance. En S. C. Hayes (Ed.), Rule governed behavior:    Cognition, contingencies, and instructional control (pp. 153-190). New York:    Plenum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S0120-0534200700030001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hayes, S. C., Gifford, E. V. & Barnes – Holmes, D. (2001). Thinking,    problem - solving, and pragmatic verbal analysis. En S. C. Hayes, D. Barnes-Holmes    & B. Roche (Eds.), Relational frame theory: A post-skinnerian account of human    language and cognition, (pp. 21-49). Nueva York: Kluwer/Plenum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0120-0534200700030001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hayes, S., Kohlenberg, B. S. & Melancon, S. M. (1989). Avoiding    and altering Rule-control as a strategy of clinical intervention. En S. C. Hayes    (Ed.), Rule governed behavior: Cognition, contingencies, and instructional control    (pp. 191-220). New York: Plenum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S0120-0534200700030001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hayes, S., Zettle, R. & Rosenfarb, I. (1989). On functional units    of rule-following. En S. C. Hayes (Ed.), Rule governed behavior: Cognition,    contingencies, and instructional control (pp. 191-220). New York: Plenum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0120-0534200700030001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>McCorquodale, K. (1970). On Chomsky´s review of Skinner´s verbal    behavior. Journal of Experimental Analysis of Behavior, 13, 83-99.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S0120-0534200700030001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Poppen, R. L. (1989). Some clinical implications of Rule-Governed    Behavior. En S. C. Hayes (Ed.), Rule governed behavior: Cognition, contingencies,    and instructional control (pp. 191-220). New York: Plenum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-0534200700030001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ribes, E. (1982). El Conductismo. Reflexiones Críticas. Barcelona:    Fontanella.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0120-0534200700030001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ribes, E. (1990). Psicología General. México: Trillas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-0534200700030001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ribes, E. (1999). Teoría del condicionamiento y lenguaje: Un análisis    histórico y conceptual. México: Taurus-UdeG.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0120-0534200700030001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Segal, E. (1983). Hacia una psicología coherente del lenguaje.    En W. K. Honig, & J. E. R. Staddon, (Eds.), Manual de conducta operante. México:    Trillas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0120-0534200700030001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sidman, M. (1994). Equivalence relations and behavior: A research    story. Boston: Authors Cooperative, Inc.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0120-0534200700030001400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Skinner, B. F. (1957). Verbal behavior. New York: Appleton Century    Crofts.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-0534200700030001400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Skinner, B. F. (1989). The behavior of the listener. En S. C.    Hayes (Ed.), Rule governed behavior: Cognition, contingencies, and instructional    control (pp. 85-96). New York: Plenum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0120-0534200700030001400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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