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<journal-title><![CDATA[Revista Latinoamericana de Psicología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Fundación Universitaria Konrad Lorenz]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[AFRONTAMIENTO FAMILIAR EN SITUACIONES DE SECUESTRO EXTORSIVO ECONÓMICO]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[COPING MECHANISMS IN FAMILIES' VICTIMS OF ECONOMIC EXTORTIVE KIDNAPPING]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Este artículo reporta los resultados del análisis cualitativo sobre los mecanismos familiares de afrontamiento en familias víctimas de secuestro extorsivo económico (SEE). Se entrevistaron 18 familias viviendo el cautiverio de un miembro adulto y 54 entre los 2 y 15 meses posteriores a la liberación. Mediante el CAPS -DX se evaluó la presencia de trastorno de estrés postraumático (TEPT) en cada miembro adulto de la familia. Se describen los diferentes mecanismos empleados por las familias para manejar el cautiverio y el período posterior a la liberación, indicando aquellos favorecieron la adaptación en términos de ausencia de TEPT en alguno de los miembros de la familia.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="right"><b>ARTICULOS</b></p>     <p><b>    <center><font size="4">AFRONTAMIENTO FAMILIAR EN SITUACIONES DE SECUESTRO EXTORSIVO ECON&Oacute;MICO<sup>1</sup></font></center></b></p>     <p><b>    <center><font size="3">COPING MECHANISMS IN FAMILIES' VICTIMS OF ECONOMIC EXTORTIVE KIDNAPPING</font></center></b></p>     <p>    <center><b>CARMEN ELVIRA NAVIA<sup>2</sup> </b>    <br>   Universidad Nacional de Colombia</center></p>     <p><sup>1</sup> Este art&iacute;culo hace parte de un estudio cuantitativo y cualitativo    sobre los efectos psicol&oacute;gicos y familiares del secuestro extorsivo en    Colombia, financiado por Colciencias y la Fundaci&oacute;n Pa&iacute;s Libre.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <sup>2</sup> Correspondencia: CARMEN ELVIRA NAVIA. Calle 88 No. 22-42, Bogot&aacute;,    Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:carmen_e_navia@yahoo.com.">carmen_e_navia@yahoo.com.</a>  </p> <hr>     <p>ABSTRACT</p>       <p>This article reports the qualitative analysis on the coping mechanisms in families&#8217;    victims of economic extortive kidnapping. Eighteen families having one of their    relatives in captivity and 54 who had their relative released 2 to 15 months    prior to the study were interviewed. Each adult family member was evaluated    for posttraumatic stress disorder (PTSD) through the CAPS &#8211;DX. Coping    mechanisms reported by families during the captivity of a family member and    after the release are described in detail and those that promoted adaptation    in terms of absence of PTSD in any family member were identified.</p>      <p>Key words: Kidnapping, family trauma, family coping</p>     <p>RESUMEN</p>       <p>Este art&iacute;culo reporta los resultados del an&aacute;lisis cualitativo    sobre los mecanismos familiares de afrontamiento en familias v&iacute;ctimas    de secuestro extorsivo econ&oacute;mico (SEE). Se entrevistaron 18 familias    viviendo el cautiverio de un miembro adulto y 54 entre los 2 y 15 meses posteriores    a la liberaci&oacute;n. Mediante el CAPS &#8211;DX se evalu&oacute; la presencia    de trastorno de estr&eacute;s postraum&aacute;tico (TEPT) en cada miembro adulto    de la familia. Se describen los diferentes mecanismos empleados por las familias    para manejar el cautiverio y el per&iacute;odo posterior a la liberaci&oacute;n,    indicando aquellos favorecieron la adaptaci&oacute;n en t&eacute;rminos de ausencia    de TEPT en alguno de los miembros de la familia.</p>     <p>Palabras clave: Secuestro,    trauma familiar, afrontamiento familiar.</p> <hr>     <p>INTRODUCCI&Oacute;N     <br> </p>     <p>Hace solo veinte a&ntilde;os, cuando la American Psychiatric Association introdujo    el Trastorno de Estr&eacute;s Post-traum&aacute;tico (TEPT) dentro del manual    oficial de diagn&oacute;stico de enfermedades mentales (DSM III), se reconoci&oacute;    expl&iacute;citamente la naturaleza potencialmente destructiva de una gran cantidad    de eventos violentos a los que esta expuesta la poblaci&oacute;n general, y    que no hab&iacute;an sido considerados como causas de des&oacute;rdenes psicol&oacute;gicos    (Van Der Kolk, Weisaeth &amp; Van der Hart, 1996). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El secuestro extorsivo econ&oacute;mico (SEE) es una de las muchas expresiones    de la violencia socio-pol&iacute;tica que afecta a Colombia y otros pa&iacute;ses    alrededor del mundo. En Colombia, ha sido impuesto primordialmente por la guerrilla    como medio para obtener beneficios econ&oacute;micos a trav&eacute;s del pago    de rescates (Pa&iacute;s Libre, 1995) y, de acuerdo con Trujillo y Badel (1998),    representa el 22% de los ingresos de la guerrilla colombiana. Entre 1996 y 2003    se reportaron 13.616 secuestros extorsivos en Colombia; es decir, un promedio    de 1.702 por a&ntilde;o y un crecimiento anual promedio de 15,8%. La mayor&iacute;a    de las v&iacute;ctimas fueron hombres entre 24&#8211; 55 a&ntilde;os; 66,2%    trabajadores independientes, 21,8% empleados, 4,3% amas de casa y 7,7% ni&ntilde;os    (Pinto, Altamar, Lahuerta, Cepeda, &amp; Mera, 2004). </p>     <p> Si bien partir del a&ntilde;o 2000 comienza a observarse una tendencia decreciente    en el n&uacute;mero de SEE, 275 en el 2006 y 217 en el 2007 (Fondelibertad,    2007), Colombia ocupa a&uacute;n uno de los primeros lugares en Am&eacute;rica    Latina (Lopera, 2004). Sin embargo, lo m&aacute;s impactante del secuestro no    reside en sus estad&iacute;sticas. Un secuestro es m&aacute;s que las cifras    de los organismos de seguridad, m&aacute;s que el sistema de financiaci&oacute;n    de la guerrilla, el narcotr&aacute;fico y la delincuencia com&uacute;n. Es el    tormento que padecen la familia y el secuestrado, las amenazas, las negociaciones    para la liberaci&oacute;n y en ocasiones, la muerte. El secuestro no es s&oacute;lo    la p&eacute;rdida del derecho fundamental a la libertad, produce inmensos da&ntilde;os    en el proceso vital de las v&iacute;ctimas que lo padecen, ocasiona una grave    conmoci&oacute;n que genera alteraciones fisiol&oacute;gicas y psicol&oacute;gicas    (Arias &amp; Sep&uacute;lveda 1993; Meluk &amp; Trujillo, 1993; Navia &amp;    Ossa, 2003) y modifica el funcionamiento familiar y laboral (Molina, Agudelo,    De los Rios, Builes, Arroyave, L&oacute;pez, &amp; cols., 2003), dejando una    huella de dolor y desconfianza (Navia &amp; Ossa, 2007) </p>     <p> El SEE, objetivo de este estudio, presenta algunas caracter&iacute;sticas    particulares que hacen de &eacute;ste un evento traum&aacute;tico diferente    a cualquier otro tipo de experiencias traum&aacute;ticas (guerras, campos de    prisi&oacute;n, cr&iacute;menes, violaciones, accidentes, etc.) que se han estudiado    con amplitud, y de los que se encuentra informaci&oacute;n en la literatura    cient&iacute;fica. En el SEE se le pone precio a la vida, el secuestrado no    es canjeado por libertades pol&iacute;ticas o por otras razones, sino por dinero,    y por lo general, su supervivencia depende de la negociaci&oacute;n que haga    la familia. El trauma inicia con el cautiverio, per&iacute;odo de tiempo que    puede durar d&iacute;as o a&ntilde;os, durante el cual las familias y el individuo    secuestrado son expuestos a un trauma cr&oacute;nico (Herman, 1992). Meluk (1998)    describe el cautiverio como una &#8220;muerte suspendida&#8221;, un tiempo en    el que las familias no saben si el o la secuestrada ha sido asesinada o si est&aacute;    viva y ser&aacute; liberada. Esta condici&oacute;n es denominada por Boss (1999)    como &#8220;p&eacute;rdida ambigua&#8221;, la persona est&aacute; ausente pero    sigue psicol&oacute;gicamente presente para la familia, quien no puede hacer    el duelo pues desconoce si su ser querido regresar&aacute; o estar&aacute; muerto.    La liberaci&oacute;n marca el final de este per&iacute;odo de incertidumbre    y el comienzo de la adaptaci&oacute;n post trauma durante la cual las familias    deber&aacute;n enfrentar las consecuencias del secuestro. </p>     <p>El SEE es un buen ejemplo de lo que Figley (1989) ha denominado &#8220;trauma    familiar simult&aacute;neo&#8221;. Al mismo tiempo, aunque de forma diferente,    el secuestrado y su familia son expuestos a la experiencia traum&aacute;tica.    Mientras que la persona secuestrada es privada de su libertad y sometida al    manejo arbitrario de sus captores, la familia tambi&eacute;n est&aacute; virtualmente    cautiva (Navia &amp; Ossa, 2001). Debe permanecer atenta a las llamadas de los    secuestradores, negociar el pago del rescate y encarar las continuas amenazas    y la manipulaci&oacute;n de quienes retienen al ser querido. </p>     <p> Joseph, Williams y Yule (1997) plantean que la adaptaci&oacute;n postrauma    es el resultado de la interacci&oacute;n de m&uacute;ltiples variables, entre    ellas, la apreciaci&oacute;n y valoraci&oacute;n que se haga del suceso y el    afrontamiento. De acuerdo con McCubbin, Thompson y McCubbin (1996), el afrontamiento    familiar y las estrategias de soluci&oacute;n de problemas pueden ayudar a las    familias a manejar y superar un trauma, como puede ser el secuestro. Aunque    tradicionalmente el afrontamiento ha sido conceptualizado a nivel individual,    estos autores consideran que puede darse a nivel familiar y definen el afrontamiento    familiar como &#8220;los esfuerzos espec&iacute;ficos (encubiertos o evidentes)    por medio de los cuales los miembros familiares, y la familia, funcionando como    un todo, intentan reducir o manejar las demandas sobre el sistema familiar o    incorporar recursos para sobrellevar la situaci&oacute;n&#8221; (p. 49). </p>     <p> El afrontamiento puede ser visto como un estilo personal para hacer frente    a distintas situaciones estresantes o como un proceso; es decir, respuestas    espec&iacute;ficas que var&iacute;an en funci&oacute;n de las demandas de la    situaci&oacute;n y de la relaci&oacute;n persona &#8211; ambiente (Lazarus &amp;    Folkman, 1984). El modelo de proceso propuesto por Lazarus y Folkman diferencia    el resultado de la funci&oacute;n y plantea dos funciones primordiales del afrontamiento,    una orientada a la emoci&oacute;n y otra al problema. Uno u otro mecanismo se    emplear&aacute;n dependiendo de la evaluaci&oacute;n que haga el individuo de    las posibilidades de cambiar la situaci&oacute;n; cuando la evaluaci&oacute;n    indica que la situaci&oacute;n se puede modificar predomina el afrontamiento    orientado al problema mientras que el orientado a la emoci&oacute;n prevalece    cuando la evaluaci&oacute;n indica que es imposible alterarla. Por &uacute;ltimo,    estos dos tipos de afrontamiento interact&uacute;an favoreci&eacute;ndose o    interfiri&eacute;ndose mutuamente. </p>     <p> La clasificaci&oacute;n bidimensional propuesta por Lazarus y Folkman ha sido    cuestionada por los an&aacute;lisis factoriales y Moos, Cronkite, Billings y    Finney (1986, citado por Sand&iacute;n, 1995) plantean un modelo m&aacute;s    complejo que diferencia entre estrategias cognitivas y comportamentales y toma    en cuenta tanto el m&eacute;todo (activo o evitaci&oacute;n) como la funci&oacute;n    (problema o emoci&oacute;n). Al igual que en el afrontamiento individual, el    familiar implica esfuerzos comportamentales o cognitivos orientados a manejar    la situaci&oacute;n estresante o la tensi&oacute;n generada por ella (McCubbin,    Thompson &amp; McCubbin, 1996). </p>     <p> Aunque a&uacute;n no se ha estudiado el papel de los recursos y mecanismos    de afrontamiento familiar en la superaci&oacute;n y manejo del trauma del secuestro,    la investigaci&oacute;n sobre el afrontamiento individual en situaciones de    trauma ha mostrado que las estrategias de soluci&oacute;n de problemas, que    hacen &eacute;nfasis en lo positivo y encuentran significado al evento traum&aacute;tico,    est&aacute;n asociadas con la ausencia de estr&eacute;s postraum&aacute;tico    (Charlton &amp; Thomson, 1996), ansiedad y otros desordenes psiqui&aacute;tricos    (Mikuliencer &amp; Florian, 1996). Por el contrario, la evitaci&oacute;n por    parte de las v&iacute;ctimas de trauma ha sido relacionada con altos niveles    de angustia psicol&oacute;gica (Charlton &amp; Thompson, 1996) y de estr&eacute;s    postraum&aacute;tico (Biro, Zdenka, &amp; Gvrilov, 1997; Sutker Davis, Uddo    &amp; Ditta, 1995). Al hacer una revisi&oacute;n de los modelos de reajuste    de combatientes veteranos de Vietnam que no buscaron tratamiento porque sintieron    que ten&iacute;an un adecuado ajuste vital, Wolfe, Keane, Kaloupek, Mora y Wine    (1993, citados por Sutker &amp; cols., 1995) encontraron que los veteranos que    acudieron a la exteriorizaci&oacute;n de la experiencia, las ilusiones y la    evitaci&oacute;n extrema como estrategias de afrontamiento, fueron m&aacute;s    sintom&aacute;ticos que quienes emplearon formas m&aacute;s activas de afrontamiento.    Fairbank, Hansen y Fitterling (1991) tambi&eacute;n mostraron que antiguos prisioneros    de la guerra con TEPT reportaron menos control sobre memorias traum&aacute;ticas    y un mayor uso de aislamiento, ilusiones, culpabilizaci&oacute;n y b&uacute;squeda    de soporte social, para afrontar sus recuerdos sobre la experiencia traum&aacute;tica.    En un estudio longitudinal con veteranos de la guerra del Golfo, Benotsch, Brailey,    Vasterling, Uddo, Constans y Sutker (2000) encontraron una interacci&oacute;n    entre la efectividad de los mecanismos de afrontamiento y la presencia de s&iacute;ntomas    de TEPT. A medida que pasaba el tiempo y las personas agotaban los recursos    personales de manejo, aumentaba el empleo de la evitaci&oacute;n y se presentaban    m&aacute;s s&iacute;ntomas de TEPT. Por &uacute;ltimo, una cantidad considerable    de evidencia ha mostrado tambi&eacute;n que el soporte social puede ayudar a    la gente a manejar situaciones estresantes. El apoyo social significativo se    ha asociado con una mejor adaptaci&oacute;n en veteranos de combate, v&iacute;ctimas    de violaci&oacute;n y v&iacute;ctimas de desastres civiles (Joseph, Williams    &amp; Yule, 1997). </p>     <p>Los resultados presentados en este art&iacute;culo hacen parte de un esfuerzo    por explorar las estrategias que emplean las familias y los ex secuestrados    para afrontar y manejar la tensi&oacute;n generada por el cautiverio, as&iacute;    como los efectos del trauma en el per&iacute;odo posterior a la liberaci&oacute;n.    En primer lugar, se buscaba identificar y describir los mecanismos espec&iacute;ficos    empleados por las familias; en segundo lugar, determinar si exist&iacute;an    diferencias en las tendencias de los mecanismos de afrontamiento empleados por    las familias que viven el cautiverio de uno de sus miembros y las que est&aacute;n    en el primer a&ntilde;o despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n; por &uacute;ltimo,    determinar si se observaban diferencias en las tendencias entre familias que    presentan dificultades en la adaptaci&oacute;n y aquellas que no, tanto durante    el cautiverio de uno de sus seres queridos como despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   M&Eacute;TODO </p>     <p><i>Participantes </i></p>     <p>De los datos disponibles en la Fundaci&oacute;n Pa&iacute;s libre se escogieron    192 familias que cumpl&iacute;an con los criterios de la investigaci&oacute;n:    ser v&iacute;ctimas de SEE, tener un miembro adulto secuestrado o haber experimentado    su liberaci&oacute;n al menos 15 meses antes del estudio. Se pudo establecer    contacto con 137 de las 192 familias disponibles (71,35%); 82 (59,85%) de ellas    aceptaron participar y firmaron la carta de consentimiento, 55 no pudieron reunirse    para realizar la entrevista familiar (23,35%), 45 (16,8 %) se rehusaron a participar    y 10 fueron excluidas debido a que no se ten&iacute;an datos completos. La muestra    final estuvo compuesta por 72 familias, 18 viviendo el cautiverio de uno de    sus miembros y 54 en el per&iacute;odo posterior a la liberaci&oacute;n (18    entre 2 y 4 meses posteriores a la liberaci&oacute;n, 18 entre 5 y 8 meses y    18 entre 9 y 15 meses). </p>     <p> Participaron 246 personas, 55 v&iacute;ctimas directas del secuestro y 191    miembros familiares. La mayor&iacute;a de los secuestros fueron realizados por    la guerrilla (91,8%), el 4,1% por autores desconocidos, el 2,7% por la delincuencia    com&uacute;n y el 1,4% por guerrilla y delincuencia com&uacute;n. La duraci&oacute;n    promedio de cautiverio fue de 112,7 d&iacute;as (rango = 1 a 435 d&iacute;as,    moda = 12) y todos y todas las cautivas regresaron vivas, la mayor&iacute;a    despu&eacute;s del pago del rescate por parte de la familia. </p>     <p>De los 55 secuestrados, 14% eran mujeres y 86% hombres y la edad promedio 42,6    a&ntilde;os (rango = 18 a 74). El 83,9% de los familiares eran miembros de la    familia nuclear, el 15,1 % de la familia extensa y el 1% personas externas,    parejas o prometidos del miembro secuestrado. Participaron en promedio tres    miembros por familia en cada entrevista (rango = 2 &#8211; 6); 63,4% fueron    mujeres y 36,6% hombres, con una edad promedio para el grupo de 33,7 a&ntilde;os    (rango = 6 a 72). Las familias viv&iacute;an en diferentes regiones de Colombia    y la mayor&iacute;a pertenec&iacute;a a estratos socioecon&oacute;micos altos    aunque tambi&eacute;n participaron de estratos medios y bajos. </p>     <p> <i>Instrumentos </i></p>     <p> Los datos familiares se recogieron mediante una entrevista semi estructurada    que inclu&iacute;a como temas la experiencia de las familias durante el cautiverio    y despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n, cambios en el sistema familiar, atribuciones    de causalidad hechas con respecto al secuestro, mecanismos de afrontamiento    empleados por la familia durante el cautiverio y despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n,    cambios en las creencias sobre la posibilidad de controlar lo que nos sucede    y la confianza en los dem&aacute;s, sensaci&oacute;n de vulnerabilidad frente    al secuestro y valores. Las entrevistas fueron realizadas por los investigadores    o alguno de los asistentes previa-mente entrenados, todos ellos psic&oacute;logos    graduados. Se condujeron siguiendo el mismo formato aunque los entrevistadores    ten&iacute;an la posibilidad de explorar cualquier tema adicional que surgiera    durante ellas. Duraron aproximadamente 2 &frac12; horas cada una, todas fueron    grabadas y transcritas, identificando a cada familia con un c&oacute;digo para    proteger su identidad y garantizar la confidencialidad de los participantes.    Las preguntas se dirig&iacute;an a la familia en general, de manera que cualquiera    pod&iacute;a contestar; sin embargo, aquellos participantes que no hab&iacute;an    dado su opini&oacute;n espont&aacute;neamente fueron interrogados directamente.  </p>     <p> Para evaluar los efectos psicol&oacute;gicos del secuestro a nivel individual    se emple&oacute; el CAPSDX, una entrevista estructurada que eval&uacute;a los    s&iacute;ntomas de estr&eacute;s post traum&aacute;tico de acuerdo con los par&aacute;metros    establecidos por el DSM-IV. Las correlaciones entre evaluadores para los puntajes    totales en esta entrevista variaron entre r = 0,95 y r = 0,99. </p>     <p> <i>Procedimiento </i></p>     <p> Inicialmente se estableci&oacute; contacto, telef&oacute;nico o por correo,    con aquellas familias disponibles en la base de datos y que cumpl&iacute;an    con los criterios establecidos para el estudio. Con aquellas que accedieron    a participar y firmaron el consentimiento escrito, se program&oacute; una entre-vista    familiar conjunta y la aplicaci&oacute;n individual del CAPS-DX. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Para el an&aacute;lisis de las entrevistas se siguieron los tres pasos propuestos    por Miles y Huberman (1994): reducci&oacute;n de los datos, organizaci&oacute;n    de los mismos, elaboraci&oacute;n y verificaci&oacute;n de conclusiones. Para    el presente trabajo, se entendi&oacute; por afrontamiento familiar aquellos    esfuerzos, cognitivos o conductuales, realizados por la familia y sus miembros    para manejar las demandas externas e internas impuestas por la situaci&oacute;n    de secuestro, tanto durante el cautiverio como despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n.    Con base en la clasificaci&oacute;n de los afrontamientos propuesta por Moos,    Cronkite, Billings y Finney (Sand&iacute;n, 1995), las respuestas de las familias    a la pregunta sobre &#8220;c&oacute;mo hab&iacute;an manejado las presiones    y la situaci&oacute;n durante el cautiverio, o despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n&#8221;,    se clasificaron inicialmente en dos grandes categor&iacute;as: afrontamiento    cognitivo y afrontamiento conductual, las que a su vez fueron subdivididas en    orientadas al manejo y evitativas. El afrontamiento cognitivo orientado al manejo    fue entendido como todas aquellas estrategias encaminadas a crear, moldear y    evaluar los significados y formas de interpretaci&oacute;n de la situaci&oacute;n    para hacerla m&aacute;s manejable, constructiva y aceptable (McCubbin, Thompson    &amp; McCubbin, 1996); el cognitivo evitativo, como las estrategias encaminadas    a evitar pensar en la situaci&oacute;n. Por afrontamiento conductual orientado    al manejo se entendi&oacute; todas aquellas acciones realizadas para manejar    la situaci&oacute;n o la tensi&oacute;n emocional y los evitativos, como comportamientos    orientados a distanciar a la familia de la situaci&oacute;n. Adem&aacute;s de    las cuatro categor&iacute;as anteriores, a lo largo del an&aacute;lisis surgieron    tres adicionales que fueron mencionadas con frecuencia por las familias: a)    b&uacute;squeda de apoyo emocional, entendido como el soporte recibido por parte    de la familia misma, los amigos, otras v&iacute;ctimas de secuestro o profesionales;    b) apoyo espiritual, entendido como acudir a un ser superior o a la oraci&oacute;n    como fuente de ayuda y soporte; c) bloqueo de sentimientos. </p>     <p>El an&aacute;lisis se inici&oacute; con la codificaci&oacute;n de las respuestas    usando las categor&iacute;as establecidas inicialmente, con la posibilidad de    incluir otras adicionales que fueran surgiendo a lo largo del an&aacute;lisis.    Posteriormente, los datos codificados fueron integrados en matrices de caso    en las que se incluy&oacute; una columna para la categor&iacute;a anal&iacute;tica,    otra para la trascripci&oacute;n de las respuestas dadas por la familia y una    tercera para el c&oacute;digo del rol ocupado por el miembro familiar (madre,    padre, hermano, etc.) que daba la respuesta, resaltando en color aquel que correspond&iacute;a    al secuestrado(a). Con base en estas matrices se inici&oacute; la b&uacute;squeda    de patrones y tendencias; cada una de las dos investigadoras analiz&oacute;    las matrices individuales, luego discutieron las tendencias identificadas y    por mutuo acuerdo establecieron los patrones que ser&iacute;an empleados para    construir la matriz de variables (Miles &amp; Huberman, 1994). A continuaci&oacute;n,    cada matriz individual fue revisada de nuevo y se registraron los datos en dos    meta-matrices orientadas por variables: una para las familias viviendo el cautiverio    y otra para aquellas despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n. En estas meta-matrices    se consignaron los c&oacute;digos de las familias que hab&iacute;an respondido    en cada una de las categor&iacute;as, as&iacute; como respuestas ilustrativas    y con base en ella se calcularon porcentajes para cada tendencia teniendo en    cuenta las respuestas en las que la mayor&iacute;a de los miembros estuvieron    de acuerdo. </p>     <p>RESULTADOS </p>     <p><i>Mecanismos de afrontamiento durante el cautiverio y despu&eacute;s de la    liberaci&oacute;n </i> </p>     <p> Como lo ilustra la <a href="#t1">tabla 1</a>, mientras que despu&eacute;s    de la liberaci&oacute;n fueron pocas las familias que reportaron acudir a lo    espiritual como estrategia para manejar la situaci&oacute;n, durante el cautiverio    la totalidad de los participantes indic&oacute; que el apoyo espiritual fue    lo que les permiti&oacute; sentir fortaleza y guardar la esperanza. Dentro de    esta categor&iacute;a se identificaron dos tendencias: el apoyo y la b&uacute;squeda    de soluciones a trav&eacute;s de un ser omnipotente. En su esfuerzo por manejar    la incertidumbre y la desesperanza, las familias acud&iacute;an a un ser superior    que les brindara fortaleza y les permitiera renunciar al esfuerzo de darle una    explicaci&oacute;n racional al por qu&eacute; estaban viviendo el secuestro:    &#8220;Yo he sentido tristeza y he sentido nostalgia porque soy ser humano...    pero en el momento en que me viene esa tristeza de pronto lloro, pero despu&eacute;s    me levanto y digo: &#8216;Dios pero si t&uacute; est&aacute;s conmigo y t&uacute;    has dicho que donde quiera que est&eacute;s, est&aacute;s conmigo, entonces    dame la fuerza y la paz&#8217;&#8221; (Familia 11). En otros casos, los menos    frecuentes, la impotencia experimentada llev&oacute; a sus miembros a apelar    a un ser superior para que solucionara el problema e hiciera el milagro de devolverles    a su familiar: &#8220;Yo le ped&iacute; mucho a Dios que por favor... yo le    rogaba, yo le dec&iacute;a &#8216;&iquest;Dios m&iacute;o que quieres que yo    haga? Voy a cambiar, voy a hacer esto, voy a cambiar esta forma de ser, voy    a tratar de hacer las paces, pero &iexcl;tr&aacute;emelo por favor! &#8230;&#8221;    (Familia 44). Seg&uacute;n reportaron, durante el cautiverio las familias se    re&uacute;nen con frecuencia para orar y encuentran en este ritual un espacio    de uni&oacute;n, apoyo y sosiego. </p>     <p> Dentro de los mecanismos cognitivos orientados al manejo se identificaron    cuatro tendencias: pensar la situaci&oacute;n como algo manejable, mirar lo    positivo de la experiencia, pensar en un futuro positivo, disminuir los aspectos    negativos. Durante el cautiverio las familias reportaron con mayor frecuencia    pensar la situaci&oacute;n como algo manejable y pensar en un futuro permiti&oacute;    sentir que ten&iacute;an cierto control sobre la positivo, mientras que las    familias que estaban situaci&oacute;n: &#8220;Yo siempre tuve las esperanzas    de en el per&iacute;odo posterior a la liberaci&oacute;n reporta-que mi pap&aacute;    regresaba porque alguna persona ron emplear con mayor frecuencia mirar lo en    la familia nos cre&oacute; conciencia de que el positivo y disminuir los aspectos    negativos secuestro es un negocio y la idea no es retenerlo (Tabla 1). Para    algunas familias, pensar el a uno para matarlo, sino para quitar dinero&#8221;    secuestro como un negocio o transacci&oacute;n les (Familia 34).</p>     <p>        <center>     <a name="t1"><img src="img/revistas/rlps/v40n1/1a05t1.gif"></a>    </center> </p>     <p>Como lo ilustran las siguientes respuestas, pensar que el secuestro tendr&aacute;    un desenlace positivo, bien porque los captores no van a maltratar al secuestrado    y lo liberar&aacute;n o porque &eacute;ste tiene la fortaleza para sobrellevar    el secuestro, permiti&oacute; a las familias mantener viva la esperanza del    regreso del familiar: &#8220;So&ntilde;ar con el futuro nos ha ayudado a mantener    la esperanza. Es un futuro so&ntilde;ado, una ilusi&oacute;n, una felicidad    muy grande que puede llegar a pasar cuando &eacute;l vuelva&#8221; (Familia    42); &#8220;Tenemos confianza en que el pap&aacute; est&aacute; siendo una persona    fuerte y yo tengo la plena seguridad que eso es lo que est&aacute; pasando;    o sea, yo tengo la plena seguridad que &eacute;l est&aacute; siendo fuerte por    los ni&ntilde;itos, por m&iacute;&#8221; (Familia 31). </p>     <p> Despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n la forma m&aacute;s frecuente de afrontamiento    cognitivo centrado en el manejo fue disminuir los aspectos negativos de la experiencia    (29,62%), bien sea compar&aacute;ndose con personas en una situaci&oacute;n    menos favorable o considerando que las condiciones habr&iacute;an podido ser    peores, situaci&oacute;n que justificaron en el hecho de tener al secuestrado    de nuevo en casa y en la naturaleza favorable de las condiciones de cautiverio:    &#8220;Hay gente que est&aacute; en peores circunstancias que las de nosotros    y entonces uno se siente como agradecido con el destino que le toc&oacute; a    uno, un secuestro largo y todas esas cosas, pero al fin y al cabo, sin mayores    eventos, pues as&iacute; horrorosos&#8221; (Familia 20). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otro lado, como lo ilustra la siguiente respuesta, otras familias tendieron    a connotar constructivamente la experiencia d&aacute;ndole o bien un sentido    espiritual, o uno positivo, al considerar que lo malo algo bueno trae, pues    fortalece o brinda nuevas perspectivas: &#8220;Voltear la forma de ver... yo    me siento como orgulloso de haber tenido esa experiencia tan interesante y sobre    todo... gracias a Dios que fue muy corto y que me trataron muy bien... yo no    tuve nunca absolutamente ning&uacute;n problema... de todas maneras hoy me siento    feliz y realmente considero que es una experiencia muy positiva la que me toc&oacute;    vivir&#8221; (Familia 14). Por ultimo, algunas pocas familias (12,96%) neutralizaron    la experiencia y la redefinieron como otro suceso m&aacute;s en la vida: &#8220;aceptar    que es una realidad que nos puede pasar&#8230; y si uno lo acepta sufre menos;    si no, sufre el doble&#8221; (Familia 14). </p>     <p> En cuanto a los mecanismos conductuales centrados en el manejo, es decir,    las acciones encaminadas a reducir o eliminar el n&uacute;mero y la intensidad    de las demandas creadas por el estresor, se encontraron dos tendencias: 1) acciones    de soluci&oacute;n o comportamientos orientados a alterar la situaci&oacute;n,    2) manejo de la tensi&oacute;n o estrategias enfocadas a manejar el estado emocional.    Las familias viviendo el cautiverio de uno de sus miembros reportaron con mayor    frecuencia el uso de ambas estrategias, en especial aquellas orientadas a manejar    la tensi&oacute;n emocional. Igualmente, se encontraron diferencias en el tipo    de acciones que las familias de cada uno de los dos grupos emplearon para manejar    su situaci&oacute;n. Durante el cautiverio las acciones se orientaron al logro    de la liberaci&oacute;n, mediante denuncias, cartas, preparar y realizar cuidadosamente    las conversaciones sobre la negociaci&oacute;n del rescate: &#8220;Sentirse    haciendo algo por el secuestro. Eso tambi&eacute;n fue algo valioso, trataba    de mirar a qui&eacute;n se le pod&iacute;a escribir una carta; o sea, ir a las    reuniones, hablar con el gerente, mirar el peri&oacute;dico, ir a la emisora&#8221;    (Familia 2). Adem&aacute;s, la familia buscaba informaci&oacute;n sobre el secuestro    en organismos dedicados a la asistencia de las v&iacute;ctimas de este delito    y a trav&eacute;s del intercambio con ex-secuestrados. </p>     <p> Aparte de las acciones para manejar el secuestro, las familias tambi&eacute;n    realizaron actividades que les ayudaron a controlar la tensi&oacute;n tales    como la oraci&oacute;n, ejercicios de relajaci&oacute;n, el deporte y comunicarse    con el cautivo por medio de mensajes a trav&eacute;s de programas de radio.    Adem&aacute;s, utilizaron la catarsis para desahogarse y expresar la rabia y    el dolor que estaban sintiendo: &#8220;Llorar es una forma de tu exteriorizar    y de botar lo que tu tienes adentro; porque si t&uacute; lo guardas puedes,    puedes afectarte, pienso yo; afectar tu estado an&iacute;mico&#8230; y la salud&#8230;&#8221;    (Familia 33). </p>     <p> Despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n las estrategias conductuales que se    reportaron con mayor frecuencia fueron las acciones orientadas a disminuir el    riesgo; es decir, estrategias encaminadas a manejar la sensaci&oacute;n de vulnerabilidad    y la angustia que genera la posibilidad de ser secuestrados otra vez. Algunas    familias optaron por salir de la zona de peligro y trasladarse a un lugar m&aacute;s    seguro, en otra regi&oacute;n del pa&iacute;s o en el exterior. Otras decidieron    bajar el perfil econ&oacute;mico y mantenerse an&oacute;nimas para evitar ser    identificadas como personas con capacidad de pago por un secuestro: &#8220;Uno    dice: &#8220;vamos a quitarnos un mont&oacute;n de espejos que tenemos y que    est&aacute;n atrayendo la luz de todo el mundo&#8230; quit&eacute;monos estos    espejos y listo&#8221;. Entonces por eso habl&aacute;bamos que cambiar el carro    ya quita posibilidades&#8230; Para ir a secuestrar a alguien que va en un carro    de un mill&oacute;n&#8230; es mejor secuestrar al de 50&#8221; (Familia 48).    Por &uacute;ltimo, muchas familias tomaron medidas de seguridad tales como alternar    rutas, cambiar rutinas constantemente, contratar escoltas, armarse y tener planes    de contingencia en caso de ocurrir de nuevo el secuestro. </p>     <p>En las estrategias cognitivas evitativas se incluyeron aquellos mecanismos    utilizados por las familias para alejar sus pensamientos sobre lo que les estaba    ocurriendo. Para manejar la tensi&oacute;n emocional, los dos grupos de familias    reportaron evadir el tema o los recuerdos; sin embargo, las familias despu&eacute;s    de la liberaci&oacute;n lo hicieron con menor frecuencia que aquellas que viv&iacute;an    el cautiverio de uno de sus miembros. Mientras que ninguna de las familias del    grupo posterior a la liberaci&oacute;n mencion&oacute; evitar los pensamientos    negativos, el 27,77% de las familias viviendo el cautiverio de uno de sus miembros    lo hizo. Despu&eacute;s del secuestro las familias optaron por no recordar temas    relacionados con el evento o centraron su atenci&oacute;n en una meta que las    distrajera, como pensar en los hijos o la posibilidad de un traslado. </p>     <p> Continuar con la rutina fue la estrategia conductual de evitaci&oacute;n con    mayor frecuencia reportada por los dos grupos de familias. Las ocupaciones cotidianas    los distra&iacute;an y as&iacute; evitaban pensar sistem&aacute;ticamente tanto    en lo que pasaba durante el cautiverio como en la experiencia traum&aacute;tica    de la que fueron v&iacute;ctimas. Sin embargo, la actividad constante tambi&eacute;n    fue empleada como coraza que los proteg&iacute;a de sus sentimientos: </p>     <p> &#8220;<font size="2">Usted se mete a su trabajo y el trabajo lo ocupa, lo    ocupa mentalmente y lo ocupa en tiempo, y lo ocupa intelectualmente y eso le    ayuda a superarse. Yo pienso que eso fue lo que yo hice; o sea, a m&iacute;    me soltaron un s&aacute;bado y el lunes estaba en mi oficina. Con el mismo horario,    la misma cosa realmente, la misma intensidad. Yo creo que eso me ayud&oacute;    porque los problemas del trabajo, la cosa del trabajo, entonces uno no piensa    en las cosas malucas sino en las cosas que tiene en el trabajo&#8230;</font>&#8221;    (Familia 20). </p>     <p> Despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n algunas familias tomaron unas vacaciones    para alejarse del contexto en el que vivieron el secuestro y de las personas    curiosas que los acosaban para conocer los detalles acerca de lo ocurrido. </p>     <p> Una estrategia de evitaci&oacute;n que fue reportada con alguna frecuencia,    aunque menor que las anteriores, fue la denominada bloqueo de sentimientos.    Por considerar que no pod&iacute;a ser tratada como estrictamente conductual    o cognitiva se estableci&oacute; como subcategor&iacute;a aparte de las dos    anteriores. Para demostrar fortaleza y no dejarse llevar por la desesperaci&oacute;n,    algunas familias bloquearon los sentimientos de rabia y tristeza, mecanismo    que fue reportado con similar frecuencia por las familias durante el cautiverio    y despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n (16,66 % y 11,11 % respectivamente)    y con menor frecuencia que los anteriores mecanismos evitativos.</p>     <p> Por &uacute;ltimo, al igual que el apoyo espiritual, el apoyo emocional fue    uno de los medios de afrontamiento m&aacute;s frecuentemente reportados por    las familias, tanto durante el cautiverio (100%) como despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n    (66,66%). La familia fue la primera y m&aacute;s frecuente fuente de apoyo (72,22%    lo reportaron durante el cautiverio y 51,85% despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n)    y en orden descendente siguieron el apoyo brindado por profesionales (38,88%    durante el cautiverio y 14,81% despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n), amigos    (16,66% durante el cautiverio y 9,25% despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n)    y ex secuestrados (16,66% durante el cautiverio y 14,81% despu&eacute;s de la    liberaci&oacute;n). El secuestro moviliza a las personas alrededor de la familia    y genera respuestas de solidaridad que le dan a la familia la sensaci&oacute;n    de estar acompa&ntilde;ada y apoyada en el proceso. &#8220;Hubo mucha uni&oacute;n,    hubo mucha solidaridad... pero incre&iacute;ble... yo abr&iacute; esta puerta    de la casa... y yo encontraba en la puerta casetes, novenas, veladoras, libros    de meditaci&oacute;n, de auto-ayuda... &#8216;escuche este casete que la va    a relajar, ponga esta veladora, haga esta novena a este santo...&#8217;&#8221;    (Familia 71). De igual manera, seg&uacute;n reportaron las familias, las instrucciones    e informaci&oacute;n proporcionadas por los profesionales les permitieron calmar    la ansiedad y darle un manejo a la situaci&oacute;n: &#8220;Entonces la psic&oacute;loga    me dio unas pautas para que le explicara yo todo, porque yo quer&iacute;a dec&iacute;rselo.    Entonces ella me dijo todo lo que ten&iacute;a que hacer y as&iacute; lo hice.    Y mira, desde ese d&iacute;a la nena cambi&oacute;, ya est&aacute; m&aacute;s    tranquila. Extra&ntilde;ando igual a su pap&aacute;&#8230;lo nombra mucho, pero    est&aacute; tranquila...&#8221; (Familia 31). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Mecanismos de afrontamiento y adaptaci&oacute;n </i></p>     <p>Con el prop&oacute;sito de determinar si las estrategias de afrontamiento empleadas    por las familias podr&iacute;an facilitar la adaptaci&oacute;n, se compararon    las familias en las que ninguno de sus miembros ten&iacute;a &iacute;ndices    de TEPT con aquellas en las que al menos uno de sus miembros lo presentaba,    tanto durante el cautiverio como despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n. </p>     <p> Durante el cautiverio los datos indicaron que las familias cuyos miembros    no presentaron TEPT tendieron a usar con mayor frecuencia mecanismos cognitivos    centrados en el manejo (v&eacute;ase Tabla 2). El mecanismo en el cual se encontr&oacute;    una mayor diferencia fue en el de &#8220;pensar la situaci&oacute;n como algo    manejable&#8221;; mientras que solo 10% de las familias con alg&uacute;n miembro    con TEPT report&oacute; haberlo empleado, el 62.5% de las familias sin miembros    con TEPT lo hizo. En cuanto a los mecanismos conductuales los datos indicaron    que las familias en las que no se present&oacute; TEPT centraron sus esfuerzos    en acciones de soluci&oacute;n y buscaron ocuparse en la rutina mientras que    aquellas en las que se evidenci&oacute; TEPT reportaron con m&aacute;s frecuencia    la tendencia a aislarse y el empleo de mecanismos centrados en manejar la tensi&oacute;n    (v&eacute;ase <a href="#t2">tabla 2</a>). </p>     <p>        <center>     <a name="t2"><img src="img/revistas/rlps/v40n1/1a05t2.gif"></a>    </center> </p>     <p>Despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n las familias sin TEPT en alguno de sus    miembros reportaron con mayor frecuencia mecanismos cognitivos de afrontamiento    centrados en el manejo y menos afrontamientos cognitivo evitativos. Aunque no    se evidenciaron mayores diferencias entre el grupo de familias que presentaron    TEPT en alguno de sus miembros y aquellas en las que no, s&iacute; resulta interesante    observar que las familias con TEPT tendieron a disminuir los aspectos negativos    y a evitar los recuerdos con mayor frecuencia que las que no presentaron TEPT    (Tabla 2). Al igual que durante el cautiverio, las familias que no presentaron    TEPT en alguno de sus miembros reportaron con mayor frecuencia emplear acciones    de soluci&oacute;n; es decir, acciones encaminadas a ganar seguridad, mientras    que las familias con alg&uacute;n miembro con TEPT reportaron con mayor frecuencia    estrategias orientadas a manejar la tensi&oacute;n. De igual forma, los datos    indicaron que las familias sin presencia de TEPT reportaron con mayor frecuencia    la tendencia a ocuparse con la rutina; por el contrario, aislarse y bloquear    los sentimientos fue m&aacute;s frecuente en familias con presencia de TEPT.    En cuanto al apoyo espiritual y emocional, las frecuencias no mostraron diferencias    entre los grupos, ni durante el cautiverio ni luego de la liberaci&oacute;n.  </p>     <p> DISCUSI&Oacute;N     <br>   A diferencia de lo que ocurre despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n, durante    el cautiverio las familias reportaron con mucha mayor frecuencia el empleo de    diversos mecanismos de afrontamiento, centrados tanto en la evitaci&oacute;n    como en el manejo del problema y de la emoci&oacute;n. La diversidad de afrontamientos    indica que, como lo plantean Lazarus y Folkman (1984), no hay un estilo de afrontamiento    sino que se emplean diferentes estrategias dependiendo de las demandas que surgen    a lo largo del proceso. Seg&uacute;n los relatos de los participantes, el cautiverio    es un per&iacute;odo en el que la familia es sometida a diversas situaciones    estresantes &#8211;el secuestro, las promesas de liberaci&oacute;n que renuevan    la esperanza, las diversas amenazas y demandas hechas por los captores durante    la negociaci&oacute;n-, que algunas veces exigen de ella emplear estrategias    orientadas a manejar la tensi&oacute;n y en otras ocasiones, al manejo del problema.    No obstante, el estudio no permite determinar las circunstancias espec&iacute;ficas    en las que se emplearon unos y otros. Despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n,    las familias deben asimilar lo sucedido y afrontar las consecuencias que les    deja el secuestro; sin embargo, para ellas la liberaci&oacute;n es como una    resurrecci&oacute;n que marca el final del sufrimiento (Navia &amp; Ossa, 2000)    y tal vez debido a ello, las frecuencias de los diversos mecanismos de afrontamiento    fueron mucho menores que las reportadas por aquellas que viv&iacute;an el cautiverio.  </p>     <p> Las diferencias observadas en el tipo de estrategias cognitivas y conductuales    que emplearon las familias de los dos grupos, y que parecen estar relacionadas    con la naturaleza de las situaciones estresantes que enfrentan las familias    durante los dos per&iacute;odos, confirma, una vez m&aacute;s, la naturaleza    procesal del afrontamiento. En un tiempo caracterizado por la incertidumbre,    como lo es el cautiverio de uno de los miembros de la familia, pensar en un    futuro positivo, en que su ser querido ser&iacute;a devuelto y soportar&iacute;a    las vejaciones del cautiverio, permiti&oacute; a las familias mantener la esperanza    y crear una noci&oacute;n de futuro. De igual manera, buscaron ganar control    inform&aacute;ndose sobre lo que podr&iacute;an esperar a lo largo del cautiverio    de su familiar pues, como lo muestra el siguiente relato, la informaci&oacute;n    les proporcionaba una visi&oacute;n realista sobre la situaci&oacute;n y les    permit&iacute;a hacer algunas predicciones:</p>     <p> &#8220;<font size="2">Tambi&eacute;n ten&iacute;amos mucha esperanza en el    tiempo de liberaci&oacute;n... yo me puse a averiguar con personas de la zona    y coincidencialmente todos los secuestros de ese a&ntilde;o, todos los que pude    averiguar, m&aacute;ximo hab&iacute;an durado mes y medio&#8230; entonces tambi&eacute;n    hab&iacute;a una esperanza en ese sentido. Los secuestros de la zona, por estad&iacute;sticas,    eran cortos y respetaban al vida de las personas&#8230;habl&eacute; con un secuestrado    amigo de mi pap&aacute;, un ex-secuestrado que me dio mucho apoyo cuando dijo    &#8220;que pasaron mucho fr&iacute;o y&#8230;la comida era muy maluca y cosas    as&iacute;, pero que los trataban bien&#8221;; eso tambi&eacute;n me dio una    esperanza de que la vida iba a ser respetada</font>&#8221; (familia 41). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n desaparece la necesidad de mantener    la esperanza y la informaci&oacute;n se vuelve irrelevante, de all&iacute; que    la tendencia a nivel cognitivo fue eliminar la carga negativa del trauma y redefinir    la situaci&oacute;n buscando los aspectos positivos o convenientes de la misma.    De igual manera, a nivel conductual el afrontamiento se orient&oacute; a manejar    uno de los estresores m&aacute;s prominentes del per&iacute;odo postrauma: la    sensaci&oacute;n de vulnerabilidad. Como lo se&ntilde;ala Janoff-Bulman (1992),    los esquemas cognitivos de las personas traumatizadas enfatizan la aleatoriedad    y la malevolencia del mundo y esto resulta a&uacute;n m&aacute;s evidente en    un contexto donde el conflicto armado hace parte del diario vivir y el SEE se    ha convertido en una de las principales fuentes de financiaci&oacute;n de los    grupos insurgentes. Como lo ilustra la siguiente afirmaci&oacute;n de una de    las familias, las v&iacute;ctimas de SEE se sienten desprotegidas, abandonadas    por un estado al que perciben como incapaz de protegerlos y con la clara conciencia    de poder volver a ser v&iacute;ctimas de un delito ante el cual, antes se sent&iacute;an    invulnerables: &#8220;Entonces como estamos en un pa&iacute;s en el que uno    puede esperar cualquier cosa, en que nos puedan volver a secuestrar, tenemos    miedo. O sea, si uno viera que ya no hubiera m&aacute;s secuestros, uno dir&iacute;a:    &#8220;bueno ya se acabo&#8221;. Pero es que cuando a uno ya le toc&oacute;    su parte, pues uno piensa que tiene que estar pendiente.&#8221; </p>     <p> En cuanto a la adaptaci&oacute;n, los datos indicaron que el afrontamiento    centrado en el manejo del problema parece favorecerla, tanto durante el cautiverio    de un miembro familiar como despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n. Al igual    que lo encontrado por Molina, Agudelo, De los Rios, Builes, Arroyave, L&oacute;pez,    y cols. (2003), ver la situaci&oacute;n como algo manejable, llevar a cabo diferentes    acciones para lograr la liberaci&oacute;n y comprender que en un SEE la familia    negocia por la vida de su familiar, le da a la familia cierto control y manejo.    Luego de la liberaci&oacute;n, fueron las acciones orientadas al manejo de la    sensaci&oacute;n de desprotecci&oacute;n y vulnerabilidad lo que favoreci&oacute;    la adaptaci&oacute;n posttrauma. </p>     <p> Como lo han mostrado estudios previos a nivel individual (Charlton &amp; Thomson,    1996; Mikulincer &amp; Florian, 1996), los resultados tambi&eacute;n indicaron    que hacer &eacute;nfasis en lo positivo y darle un sentido a la experiencia,    favoreci&oacute; la adaptaci&oacute;n post trauma. Las familias sin miembros    con TEPT miraron el secuestro vivido como una experiencia constructiva de la    que pod&iacute;an aprender. </p>     <p> Al igual que en otras investigaciones que han encontrado que la evitaci&oacute;n    favorece la presencia de TEPT (Biro, Zdenka, &amp; Gvrilov, 1997; Fairbank,    Hansen &amp; Fitterling, 1991), los datos indicaron que tanto durante el cautiverio    como despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n, aislarse y bloquear la expresi&oacute;n    de sentimientos puede estar asociado con dificultades en la adaptaci&oacute;n.    Sin embargo, otras formas de evitaci&oacute;n parecen estar asociadas con la    menor presencia de TEPT, en especial, ocuparse con la rutina. Como lo afirmaron    las familias, mantener la rutina les ayud&oacute; a distraerse para no pensar    constantemente en lo que les estaban padeciendo ni en lo que podr&iacute;a estar    sufriendo el cautivo y les ayud&oacute; a soportar la espera. Despu&eacute;s    de la liberaci&oacute;n, reasumir la rutina les permiti&oacute; volver a ganar    control sobre sus vidas y a dejar la experiencia atr&aacute;s. </p>     <p>Los resultados de esta primera aproximaci&oacute;n descriptiva sobre la forma    como las familias afrontan un evento traum&aacute;tico como el SEE, indican    que la ayuda para las familias v&iacute;ctimas de SEE debe tomar en cuenta las    caracter&iacute;sticas de los diferentes estresores a los que son expuestas,    tanto durante la victimizaci&oacute;n como despu&eacute;s del trauma. Es importante    ayudarlas a enfocar sus esfuerzos en manejar la situaci&oacute;n, aunque de    manera diferente durante el cautiverio y despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n.    En el primer caso, resulta &uacute;til ayudarles a caer en cuenta que el SEE    es una transacci&oacute;n en la que el captor necesita del secuestrado y de    la familia para lograr su fin. Si bien pagar el rescate no garantiza que su    ser querido ser&aacute; devuelto, ver el secuestro como una transacci&oacute;n    les permite afrontar la situaci&oacute;n de impotencia y realizar una serie    de acciones encaminadas a manejar la negociaci&oacute;n. De igual forma, resulta    &uacute;til darles informaci&oacute;n con respecto a aspectos tales como, porcentajes    y probabilidades de liberaci&oacute;n, tendencias de comportamiento de los captores,    estrategias de manejo de la relaci&oacute;n con el captor y t&aacute;cticas    para una adecuada negociaci&oacute;n. La informaci&oacute;n y las estrategias    de manejo les permiten a las familias ganar cierto tipo de control y disminuir    la sensaci&oacute;n de incertidumbre, fuente primordial de tensi&oacute;n durante    este per&iacute;odo. Despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n, la ayuda deber&iacute;a    centrarse en trabajar con las familias para darle un sentido a lo sucedido,    redefinir la experiencia en t&eacute;rminos constructivos y dise&ntilde;ar estrategias    que les permitan sentirse seguras para asumir de nuevo su vida y rutinas diarias.</p>     <p>Dado que se trabaj&oacute; solo con familias expuestas a SEE y aquellas cuyo    familiar hab&iacute;a sido liberado con vida, los resultados presentados representan    solo una parte de los diferentes tipos de v&iacute;ctimas de secuestro. Ser&iacute;a    importante determinar si estos datos se replican en otras formas de secuestro,    tales como el pol&iacute;tico, en el que la familia no tiene un rol negociador,    o en    <br>   casos en los que el secuestrado no es liberado vivo. Otra de las limitaciones    de este estudio es que se pregunt&oacute; por el afrontamiento en t&eacute;rminos    generales, sin explorar el manejo de cada una de las situaciones estresantes    que caracterizan    <br>   el cautiverio y el per&iacute;odo posterior a la liberaci&oacute;n; por lo tanto,    los resultados no permiten esclarecer el proceso de afrontamiento en funci&oacute;n    de los diferentes estresores enfrentados a lo largo de los dos periodos. Futuras    investigaciones    <br>   podr&iacute;an explorar este proceso as&iacute; como realizar un estudio longitudinal    que permita determinar si en situaciones de exposici&oacute;n    <br>   prologada al trauma, como lo es el cautiverio, los afrontamientos se agotan    y aparecen los s&iacute;ntomas de estr&eacute;s traum&aacute;tico.</p>     ]]></body>
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New York: Basic Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-0534200800010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Janoff-Bulman, R. (1992). Shattered assumptions: Towards a new psychology    of trauma. New York: The Free Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-0534200800010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Joseph, S., Williams, R. &amp; Yule, W. (1997). Understanding post - traumatic    stress. A psychosocial perspective on PTSD and treatment. 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Londres: Sage Publications. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-0534200800010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Mikulincer, M. &amp; Florian, V. (1996). Coping and adaptation to trauma and    loss. In M. Zeidner &amp; N.S. Endler (Eds.), Handbook of coping: Theory, research,    and applications (pp.554-572). New York: John Wiley &amp; Sons. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-0534200800010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Molina, B., Agudelo, M. E., De los Rios, A., Builes. M. V., Arroyave, R.,    L&oacute;pez, O. 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Bogot&aacute;:    Fundaci&oacute;n Pa&iacute;s Libre y Colciencias. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-0534200800010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Navia, C. E. &amp; Ossa, M. (2001). El secuestro, un trauma psico-social.    Revista de Estudios Sociales, 9, 67-63. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-0534200800010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Navia, C.E. &amp; Ossa, M. (2003). Family functioning, coping, and psychological    adjustment in victims and their families following kidnapping. 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