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<journal-title><![CDATA[Revista Latinoamericana de Psicología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Fundación Universitaria Konrad Lorenz]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA CONSTRUCCIÓN PSICOSOCIAL DE LA IDENTIDAD Y DEL SELF]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[PSYCHOSOCIAL CONSTRUCTION OF IDENTITY AND SELF]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Pedagógica Nacional  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El propósito de este artículo es el de desarrollar los conceptos de identidad y self desde el punto de vista de las transacciones entre los individuos y sus ambientes psicológicos y sociales, al igual que desde la cultura y las disciplinas científicas, en particular la psicología. Se discute que la identidad y el self no son atributos inherentes al sujeto sino construidos socialmente a través de elementos culturales como el lenguaje, las disciplinas científicas y diversos discursos ideológicos. Como conceptos la identidad y el self se extienden hacia el ambiente físico y social. Al ponerse el énfasis en las transacciones individuo-ambiente se propone estudiar estos conceptos tradicionalmente filosóficos desde una perspectiva empírica. El artículo finalmente cuestiona la posibilidad de un self auténtico.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana">      <p align="CENTER">    <br>   <font size="4"><b>LA CONSTRUCCI&Oacute;N PSICOSOCIAL DE LA IDENTIDAD Y DEL SELF</b></font></p>     <p align="CENTER"><font size="3"><b>PSYCHOSOCIAL CONSTRUCTION OF IDENTITY    AND SELF</b></font></p>     <p align="CENTER"><b>PABLO P&Aacute;RAMO</b><sup><a href="#p1">1</a></sup>        <br>   Universidad Pedag&oacute;gica Nacional, Colombia </p>     <p align="LEFT"> <sup><a name="p1">1</a></sup>Correspondencia: PABLO P&Aacute;RAMO. Universidad Pedag&oacute;gica    Nacional, Bogot&aacute;, Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:pdeparamo@gmail.com.">pdeparamo@gmail.com.</a></p> <hr size="1">     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>The aim of this article is to develop the concepts of &quot;identity&quot;    and &quot;self&quot; from the transactions between individuals and his/her    psychological, social environments, and also from culture and scientific disciplines,    particularly psychology. It is argued that identity and self are not inherent    to the subject but socially constructed by cultural elements such as language,    scientific disciplines and other kind of ideological discourses. As concepts,    identity and self are extended from the individual to the physical and social    environment. Putting the emphasis on    <br>   the individual-environment transactions it is proposed to study these traditional    philosophical concepts from an empirical perspective. The paper questions the    possibility of an authentic self.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Key words: self-concept, self perception, self-monitoring.</p>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El prop&oacute;sito de este art&iacute;culo es el de desarrollar los conceptos    de identidad y self desde el punto de vista de las transacciones entre los individuos    y sus ambientes psicol&oacute;gicos y sociales, al igual que desde la cultura    y las disciplinas cient&iacute;ficas, en particular la psicolog&iacute;a. Se    discute que la identidad y el self no son atributos inherentes al sujeto sino    construidos socialmente a trav&eacute;s de elementos culturales como el lenguaje,    las disciplinas cient&iacute;ficas y diversos discursos ideol&oacute;gicos.    Como conceptos la identidad y el self se extienden hacia el ambiente f&iacute;sico    y social. Al ponerse el &eacute;nfasis en las transacciones individuo-ambiente    se propone estudiar estos conceptos tradicionalmente filos&oacute;ficos desde    una perspectiva emp&iacute;rica. El art&iacute;culo finalmente cuestiona la    posibilidad de un self aut&eacute;ntico.</p>     <p>Palabras clave: auto concepto, auto-percepci&oacute;n, auto-observaci&oacute;n.</p> <hr size="1">     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N </b></p>     <p>La noci&oacute;n de identidad y self hacen parte de aquellos conceptos que    bordean los l&iacute;mites entre filosof&iacute;a y ciencia y sobre los cuales    se hacen preguntas de car&aacute;cter filos&oacute;fico no ajenas a los intereses    de diversas disciplinas cient&iacute;ficas, para las cuales su definici&oacute;n    resulta de vital importancia en la elaboraci&oacute;n de sus teor&iacute;as.    As&iacute;, para las posturas epistemol&oacute;gicas del construccionismo social    o el feminismo lo mismo que para la pedagog&iacute;a, la antropolog&iacute;a    y las distintas corrientes de la psicolog&iacute;a, el tratar de entender lo    que somos y la manera como nos reconocemos, ha recobrado un nuevo &iacute;mpetu    dentro de los debates actuales sobre el sujeto. A diferencia de la tradici&oacute;n    en varias disciplinas que tratan por separado la identidad y el self, el prop&oacute;sito    de este art&iacute;culo es desarrollar estos conceptos de manera interrelacionada    a partir de la construcci&oacute;n que se hace en las transacciones entre el    individuo con su ambiente psicosocial, mediada por los conceptos, teor&iacute;as    y discursos que se construyen sobre los individuos desde distintas disciplinas,    en particular la psicolog&iacute;a.     <br> </p>     <p>Al abordar las nociones de identidad y de self es necesario reconocer que muchos    conceptos que tienen que ver con la psicolog&iacute;a comenzaron a estudiarse    mucho antes que apareciera la disciplina tal y como es conocida actualmente.    Por eso es importante reconocer la diferencia que establece Richards (1996)    entre psicolog&iacute;a con &quot;P&quot; may&uacute;scula y con &quot;p&quot;    min&uacute;scula, siendo la primera la que se refiere a la historia de la disciplina    y la segunda la que estudia el comportamiento, la vida diaria y sus problemas.    Esta distinci&oacute;n difiere de la que hiciera Ebbinghauss seg&uacute;n Danziger    (1990), entre el estudio cient&iacute;fico de los conceptos psicol&oacute;gicos    y los anteriores a los que &eacute;l denomina de tradici&oacute;n no-cient&iacute;fica    o especulativos. Para Ebbinghauss lo que cambia hist&oacute;ricamente no son    los fen&oacute;menos psicol&oacute;gicos en s&iacute; mismos sino nuestra forma    de estudiarlos y de pensar sobre ellos ya que los fen&oacute;menos se dan por    hechos. Como ocurre con los objetos estudiados por la ciencia f&iacute;sica,    los objetos estudiados por la ciencia psicol&oacute;gica no son considerados    desde la forma como han sido elaborados a lo largo de la historia &#8211; son    considerados, dentro de la perspectiva de Ebbinghauss, como objetos naturales    y no como objetos constituidos hist&oacute;ricamente. </p>     <p>Por el contrario, en la posici&oacute;n de Richards (1996) la distinci&oacute;n    entre psicolog&iacute;a con may&uacute;scula y psicolog&iacute;a escrita con    min&uacute;scula implica que los fen&oacute;menos estudiados no son objetos    naturales sino elaboraciones sociales construidas hist&oacute;ricamente. La    historia de la psicolog&iacute;a con &quot;p&quot; min&uacute;scula no es    la historia de la manera como fueron siendo elaborados los conceptos que dieron    lugar a las posteriores formulaciones cient&iacute;ficas, sino la del surgimiento    de esos objetos discursivos, que dan lugar a los objetos de estudio que hoy    aborda la psicolog&iacute;a. En el caso del self importa pensarlo, dice Richards,    como un objeto hist&oacute;rico m&aacute;s que como un fen&oacute;meno natural.    Si les asign&aacute;ramos solamente un estatus natural implicar&iacute;a que    tanto la identidad como el self siempre han permanecido igual y que han sido    construidos sin tener en cuenta c&oacute;mo pensamos o hablamos de ellos. Esto    por supuesto es equivocado si aceptamos el argumento de Danziger (1990); las    caracter&iacute;sticas de lo que entendemos por identidad o por self no son    independientes de las formas cambiantes de describirlos y relacionarlos a lo    largo de la historia. Al ver la identidad y el self como objetos de conocimiento,    las distintas disciplinas cient&iacute;ficas est&aacute;n asumiendo que pueden    conocerse emp&iacute;ricamente como lo ser&iacute;an muchos otros objetos de    estudio. As&iacute; se podr&iacute;a observar, describir y estudiar como cualquier    otro objeto natural. La identidad o el self dentro de estas posturas existir&iacute;an    como fen&oacute;menos, independientemente de los m&eacute;todos de los que nos    valgamos para observarlos y del lenguaje que usemos para describirlos. De aqu&iacute;    la importancia de no dar por hecho su existencia como fen&oacute;menos naturales,    sino de identificar en parte su proceso de elaboraci&oacute;n a partir de las    teor&iacute;as y los discursos. Sin dejar de reconocer en lo que sigue que igualmente    se trata de la elaboraci&oacute;n de un discurso sobre estas entidades, el &eacute;nfasis    se pondr&aacute; en la manera como ambos conceptos son construidos por mecanismos    similares a partir de las influencias psicol&oacute;gicas y dem&aacute;s discursos    de las disciplinas, como una maneras de hacerlos susceptibles de un an&aacute;lisis    emp&iacute;rico. </p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <b>LA IDENTIDAD</b></p>     <p>Por identidad se entiende las caracter&iacute;sticas que posee un individuo,    mediante las cuales es conocido. Sin desconocer los aspectos biol&oacute;gicos    que la conforman, buena parte de la identidad personal la formamos a partir    de las interacciones sociales que comienzan con la familia, en la escuela y    con la gente que se conoce a lo largo de la vida. La identidad as&iacute; construida    va a influir en la manera como actuamos en el mundo. </p>     <p>El concepto de identidad se diferencia del de personalidad o viene a sustituirlo,    precisamente en el &eacute;nfasis que se otorga en la situaci&oacute;n social,    la interacci&oacute;n con otros y la influencia de las instituciones en la construcci&oacute;n    de tal identidad. La noci&oacute;n de personalidad, de gran tradici&oacute;n    psicol&oacute;gica, enfatiza en las expresiones internas del individuo, que    lo hacen comportarse de una manera estable una vez integrada durante la infancia,    a lo largo del tiempo o de la vida de la persona y que a la vez lo hace reconocible    por parte de los dem&aacute;s. As&iacute;, unos individuos son de personalidad    extrovertida o introvertida, tipo A o B; estas son caracter&iacute;sticas que    se mantienen estables durante toda la vida del individuo. Se podr&iacute;a afirmar    que esta idea de la personalidad como una entidad o propiedad interna del individuo    es esencialista como afirma Burr (1995), en el sentido de que constituyen parte    de la esencia del sujeto, de su naturaleza y que se refleja en su manera de    actuar. Por el contrario, las teor&iacute;as del aprendizaje social enfatizan    en la situaci&oacute;n en la que se encuentra el individuo para presentar una    conducta, m&aacute;s que en la idea de una entidad como la personalidad. Por    consiguiente las personas act&uacute;an de manera diferente en cada situaci&oacute;n.    El aparente patr&oacute;n en la forma en que las personas se comportan no es    atribuido a la personalidad, sino al hecho de que en el pasado esa forma de    actuar ha resultado exitosa para el individuo. En una direcci&oacute;n similar,    la sociolog&iacute;a adopta el t&eacute;rmino de rol social para referirse a    aquellas formas de actuar que parecen seguir igualmente un patr&oacute;n, pero    que pueden mejor atribuirse a las situaciones que regulan el comportamiento.    As&iacute;, la mujer adopta el rol de ama de casa en su hogar o el de oficinista    en su lugar de trabajo, etc.</p>     <p>Esta multiplicidad de formas de actuar es desde la perspectiva de la relaci&oacute;n    con los otros, un producto de los encuentros y relaciones sociales, de la construcci&oacute;n    social, lo que implica seg&uacute;n Burr (1995), que nuestras identidades son    construidas y no descubiertas, volviendo as&iacute; al planteamiento del construccionismo    en oposici&oacute;n al naturalismo, expuesto en la secci&oacute;n anterior.    Al enfatizar en la interacci&oacute;n con los otros se evita la connotaci&oacute;n    esencialista del concepto de personalidad y se enfatiza en el car&aacute;cter    social de dicha construcci&oacute;n. De esta manera, se reconoce el papel que    tienen los prop&oacute;sitos de quien caracteriza al sujeto. Las caracterizaciones    por sexo, preferencias sexuales, de salud o de clase, se ven de esta manera    fundamentadas en elaboraciones sociales m&aacute;s que en caracter&iacute;sticas    esenciales o naturales de la persona. </p>     <p><i>La extensi&oacute;n del cuerpo: la identidad social </i></p>     <p>As&iacute; como he sostenido la idea de que la identidad es producto en gran    medida de la interacci&oacute;n social, tambi&eacute;n es posible suponer que    estas influencias sociales y culturales pueden dar lugar a identidades colectivas    derivadas de las contingencias que nos llevan a identificarnos como pertenecientes    o afiliados a un entorno social significativo como la familia, la religi&oacute;n,    la escuela, etc. (Turner, 1990). Nuestra identidad queda ligada as&iacute;,    por medio de las instituciones sociales, a los dem&aacute;s. La identidad social    se refiere entonces a aquella parte de un individuo que se deriva de la afiliaci&oacute;n    que hacen de los individuos, las instituciones sociales a grupos sociales, conjuntamente    con el significado valorativo y emocional asociado a esta pertenencia. </p>     <p><i>La extensi&oacute;n del cuerpo: la identidad espacial </i></p>     <p>Las relaciones con el espacio hacen igualmente parte de nuestra identidad y    por eso hacemos de nuestras posesiones una extensi&oacute;n de nuestro cuerpo    (P&aacute;ramo 2007; Sack, 1997). Personalizamos el espacio colocando objetos    para darle nuestro sello personal, nuestra casa refleja en la decoraci&oacute;n    parte de nosotros mismos. Nuestros bienes se constituyen en parte de nuestra    identidad y reflejan buena parte de lo que somos y de la manera como somos reconocidos.    Su posesi&oacute;n nos resulta costosa, pero la sociedad se encarga de reconocer    este esfuerzo; nos da reconocimiento ante los dem&aacute;s aparte de los beneficios    o necesidades que nos satisface, por ello buscamos su protecci&oacute;n. Las    personas que por asuntos de la guerra y dem&aacute;s formas de violencia se    tienen que desplazar de sus lugares, cargan consigo objetos con los que se sienten    identificados. Defendemos nuestros bienes de diversas maneras y nuestro espacio    con mecanismos de territorialidad; ponemos objetos a nuestro alrededor para    demarcar o ejercer control sobre el espacio. Hall (1973) nos mostr&oacute; que,    al menos en la cultura occidental, tendemos a relacionarnos con los dem&aacute;s    estableciendo distancias espaciales con los dem&aacute;s a nivel de distancias    personal, social y p&uacute;blica. De igual forma, estos elementos f&iacute;sicos    son reconocidos como parte de nuestra identidad: la casa, el carro, el espacio    personal, etc. </p>     <p>Otra manera de ver el papel que juega el espacio en la formaci&oacute;n de    nuestras identidades es en la identificaci&oacute;n de roles que asumimos en    los espacios p&uacute;blicos. Para Goffman (1971) las personas est&aacute;n    envueltas permanentemente en diferentes dramas, en los cuales cambian sus roles    y actuaciones de acuerdo a la situaci&oacute;n, lo cual contribuye a ejercer    control sobre el auto concepto que resulta de las observaciones que hacen los    dem&aacute;s. Al desenvolvernos en los lugares p&uacute;blicos desempe&ntilde;amos    distintas actuaciones que vienen a estar mediadas por las propiedades f&iacute;sicas    y sociales de cada lugar. Eventualmente, la adopci&oacute;n de estos roles pueden    convertirse en una segunda naturaleza y ser parte integrante de nuestra identidad,    aunque estemos cambiando siempre de situaci&oacute;n. Goffman considera que    actuamos en un escenario externo o regi&oacute;n anterior que hace parte del    individuo, escenario que consiste de un dise&ntilde;o f&iacute;sico decorado    que contextualiza la actuaci&oacute;n ante una audiencia; una apariencia consistente    del vestuario, las expresiones faciales, la raza, edad, etc.; y finalmente,    una actuaci&oacute;n o expresi&oacute;n. Este escenario social puede llegar    a institucionalizarse con expectativas estereotipadas haciendo que se convierta    en una representaci&oacute;n colectiva y en una realidad emp&iacute;rica. Tal    ser&iacute;a el caso de los roles que asumimos en los distintos ambientes por    los que circulamos diariamente: la oficina, el hogar, los restaurantes, y dem&aacute;s    lugares tanto privados como p&uacute;blicos. </p>     <p>Al adoptar un rol social, el individuo asume una fachada particular en la cual    debe desempe&ntilde;arse en consecuencia. Por consiguiente la vida en p&uacute;blico    estar&iacute;a mediada por los lugares en los que hay de cierta manera guiones    que debemos ejecutar. De aqu&iacute; la importancia de la identidad de lugar    y urbana como componentes de la identidad individual comparable a la de g&eacute;nero,    pol&iacute;tica o &eacute;tnica. La persona como residente de una ciudad particular    adquiere unas caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas y sociales asociadas    al lugar. As&iacute; construimos nuestra identidad en relaci&oacute;n con otros    y la situamos en lugares como el barrio o la ciudad. Por consiguiente, la construcci&oacute;n    de esta identidad urbana o barrial resulta de las interacciones que los miembros    de un territorio local tienen con los de fuera y que sirven para definir a la    comunidad (Pol &amp;Varela, 1994). No solamente nos construimos en relaci&oacute;n    con los otros sino con los diferentes lugares que definen y estructuran la vida    diaria (P&aacute;ramo, 2007; Proshansky, 1978). De esta manera las relaciones    espaciales se constituyen en otro tipo de categor&iacute;a social que definen    la identidad de los individuos producto de las interacciones sociales y de las    imposiciones que hace la sociedad a trav&eacute;s de sus instituciones y las    normas que regulan el comportamiento de los individuos en el espacio. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>El lenguaje en la configuraci&oacute;n de la identidad </i></p>     <p>Los textos sobre psicolog&iacute;a del aprendizaje nos han ense&ntilde;ado    que existen diferentes mecanismos por los cuales aprendemos y dirigimos nuestras    acciones. Se han se&ntilde;alado las implicaciones para el aprendizaje, la salud,    la manera de relacionamos con los dem&aacute;s y alcanzar metas personales a    partir de mecanismos que conllevan asociaciones entre est&iacute;mulos, el aprendizaje    por observaci&oacute;n, y la acci&oacute;n por consecuencias, como mecanismos    que influyen en la manera como actuamos. Es importante explorar ahora la manera    como quiz&aacute;s los humanos podemos adquirir la mayor parte de la informaci&oacute;n    sobre nuestras relaciones con el entorno y que nos permiten construir nuestra    identidad: el lenguaje. </p>     <p>La invenci&oacute;n del lenguaje y la escritura permiti&oacute; la creaci&oacute;n    de c&oacute;digos a trav&eacute;s de letras y n&uacute;meros que nos permitieron    hablar de lo que hac&iacute;amos sin que los eventos fueran experimen tados    simult&aacute;neamente, transmitir dicha informaci&oacute;n a otros y evaluar    nuestra propia conducta a partir de estos c&oacute;digos simb&oacute;licos.    Las instrucciones que damos a otros o las que nos repetimos nosotros mismos    para enfrentar las condiciones ambientales parecen seguir reglas o gu&iacute;as    codificadas en la forma de instigaciones a hacer algo, instrucciones o sugerencias    que indican la manera como debemos enfrentar una determinada situaci&oacute;n    de manera eficiente, y no necesariamente a trav&eacute;s del ensayo y error,    estrategia que nos har&iacute;a poco eficientes en la consecuci&oacute;n de    nuestras metas. En otras palabras, gracias al lenguaje podemos orientar nuestro    propio comportamiento e influenciar el de los dem&aacute;s. De este modo, gran    parte de nuestro comportamiento est&aacute; influenciado por reglas expl&iacute;citas    como las que nos han ense&ntilde;ado en la escuela o en el hogar y que aunque    no las verbalizamos, inciden en el control de nuestro comportamiento, o son    t&aacute;citas como es el caso de la publicidad en donde se usa la transmisi&oacute;n    de reglas de forma sutil. </p>     <p>Tanto psic&oacute;logos como soci&oacute;logos estamos de acuerdo en que nuestra    identidad (la manera como somos reconocidos por los dem&aacute;s) es el resultado    de la interacci&oacute;n que tenemos con los dem&aacute;s. Y es gracias al lenguaje    precisamente, que comenzamos a construir socialmente la identidad del individuo.    El lenguaje nos hace personas; a trav&eacute;s del lenguaje creamos las condiciones    para identificar a las personas, y como veremos a continuaci&oacute;n, para    reconocerse a s&iacute; mismas a partir de lo que los dem&aacute;s dicen de    ellas y de la diferenciaci&oacute;n respecto de los dem&aacute;s. </p>     <p>Resumiendo, la identidad es una trama construida por diferentes fibras como    la raza, edad, clase social, estado de salud f&iacute;sica o mental, orientaci&oacute;n    sexual, g&eacute;nero, nivel educativo, etc., las que en su conjunto constituyen    la identidad. Cada una de estas fibras corresponde a un discurso presente en    la cultura y lo que somos resulta del entramado de todos estos discursos para    cada individuo, los cuales trabajan permanentemente construyendo nuestras identidades.    Lo que significa que nuestras identidades no son fijas, no est&aacute;n determinadas    por nuestra naturaleza, ni son producto de la accidentalidad. Por el contrario,    parecen resultar de los discursos ideol&oacute;gicos e igualmente de los que    van construyendo las disciplinas cient&iacute;ficas. </p>     <p><i>EL SELF </i></p>     <p>Una vez analizado el concepto de identidad y su construcci&oacute;n a trav&eacute;s    del lenguaje y los discursos que contribuyen a nuestra identificaci&oacute;n,    pasar&eacute; a mostrar de qu&eacute; manera estos mismos mecanismos psicosociales    nos hacen conscientes de nuestras identidades a partir del self. Al igual que    con el concepto de identidad, tratar&eacute; de extender la visi&oacute;n tradicional    del self como algo interno o como experiencia netamente subjetiva encerrada    en el cuerpo, a algo que est&aacute; en las transacciones entre nuestras identidades    y las contingencias impuestas por la sociedad, el lenguaje y los discursos;    por consiguiente, algo susceptible de estudiarse emp&iacute;ricamente. </p>     <p>La visi&oacute;n emp&iacute;rica sobre el self surge de la necesidad de romper    con una visi&oacute;n inmaterial para la explicaci&oacute;n de los fen&oacute;menos;    de la categor&iacute;a de alma se pasa a la de self. Texto obligado para rastrear    la influencia del empirismo brit&aacute;nico en la construcci&oacute;n del self    es el de Charles Taylor (1998). Seg&uacute;n Taylor, es John Locke (1632-1704)    quien asume la individualidad humana como un fen&oacute;meno natural observable.    Para llegar a ello se formula la pregunta: &iquest;C&oacute;mo s&eacute; que    soy la misma persona que era el a&ntilde;o pasado? Pregunta por cierto novedosa,    afirma Danziger (1990), ya que en la post-revolucionaria Inglaterra las identidades    sociales conferidas por nacimiento como la clase social, el parentesco y la    ocupaci&oacute;n ya no eran inmutables. Los individuos pod&iacute;an separarse    de sus identidades sociales e incluso de su religi&oacute;n, ya que ni la identidad    social por descendencia, ni la inmortalidad del alma, suministraban una garant&iacute;a    de permanencia y estabilidad. La identidad personal ten&iacute;a que llegar    tambi&eacute;n a cuestionarse. &iquest;Por qu&eacute; no? </p>     <p>La soluci&oacute;n de Locke al problema, seg&uacute;n Taylor, consisti&oacute;    en la continuidad de la conciencia del self. Esta conciencia acompa&ntilde;a    todas nuestras experiencias al igual que una sombra. Locke inventa la noci&oacute;n    de conciencia para decir que en el mundo, uno no simplemente vive o act&uacute;a;    se es conciente de uno mismo viviendo y actuando. De esta manera se establece    la tradici&oacute;n empirista que separa la persona y sus actos por un lado,    y la experiencia por el otro. La consecuencia para la psicolog&iacute;a es la    objetivaci&oacute;n del self, de tal manera que ahora &eacute;ste pudiera ser    observado, analizado y conocido como cualquier otro fen&oacute;meno natural.  </p>     <p>As&iacute;, el concepto comenz&oacute; a utilizarse en esta disciplina para    describir un fen&oacute;meno observable que defin&iacute;a la unidad del individuo    o su identidad. Esta observaci&oacute;n era, sin embargo, privada e introspectiva;    el self era una posesi&oacute;n privada que cada individuo descubr&iacute;a    en s&iacute; mismo, lo que significaba que pod&iacute;a convertirse en un objeto    de inter&eacute;s y por tanto de conocimiento. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde entonces el concepto de self ha sido central al desarrollo de la psicolog&iacute;a.    No obstante, los usos que se han hecho de este concepto var&iacute;an dependiendo    de las escuelas te&oacute;ricas, los campos de estudio y de aplicaci&oacute;n    en esta disciplina. La discusi&oacute;n sobre la noci&oacute;n de sujeto en    la psicolog&iacute;a comienza con la confrontaci&oacute;n entre escuelas, las    cuales al tratar de explicar el self, ponen su &eacute;nfasis ya sea en la vida    ps&iacute;quica interior, en las estructuras cognoscitivas o en la interacci&oacute;n    con el ambiente; esto da lugar a que se asuma el self como un ente aut&oacute;nomo,    motor de nuestras acciones, o como resultado de nuestras interacciones con el    ambiente.     <br>   As&iacute;, una definici&oacute;n puede ser la que se ofrece desde el psicoan&aacute;lisis    o desde la postura comportamental, aunque igualmente puede encontrarse definiciones    en la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica y del desarrollo. Una de las m&aacute;s    conocidas explicaciones del self desde una teor&iacute;a se encuentra por ejemplo    en el psicoan&aacute;lisis, la cual divide el As&iacute;, una definici&oacute;n    puede ser la que se ofrece desde el psicoan&aacute;lisis o desde la postura    comportamental, aunque igualmente puede encontrarse definiciones en la psicolog&iacute;a    cl&iacute;nica y del desarrollo. Una de las m&aacute;s conocidas explicaciones    del self desde una teor&iacute;a se encuentra por ejemplo en el psicoan&aacute;lisis,    la cual divide el self en un proceso que involucra tres partes: el yo, el ello    y el super yo, donde este &uacute;ltimo se encarga de regular los anteriores,    teor&iacute;a de tipo escencialista en la medida en que asume estas entidades    como inherentes a la persona. O la perspectiva de los analistas del comportamiento,    seg&uacute;n la cual el self es una conducta resultado de mecanismos de aprendizaje    social que generan auto-observaci&oacute;n y en &uacute;ltimas un auto concepto.  </p>     <p><i>La construcci&oacute;n social del auto concepto </i></p>     <p>Ante la necesidad de mostrar la posibilidad de estudiar el self de una manera    cient&iacute;fica, &eacute;ste se asume como algo que hacen los individuos,    intento que se ve reflejado en el &eacute;nfasis por relacionar su conformaci&oacute;n    en las influencias ambientales, ll&aacute;mese contingencias sociales o mecanismos    educativos. Para Skinner (1989) por ejemplo, no es necesaria la noci&oacute;n    de un agente como iniciador de la conducta; por el contrario, asume que el comportamiento    es el resultado de la interacci&oacute;n transactiva de variables gen&eacute;ticas    y ambientales que dan lugar a un organismo, un individuo y un self producto    de contingencias que conllevan la auto observaci&oacute;n. El organismo es producto    de la experiencia filogen&eacute;tica conseguida a trav&eacute;s del proceso    de variaci&oacute;n y selecci&oacute;n; el individuo es el resultado de esta    configuraci&oacute;n gen&eacute;tica en interacci&oacute;n rec&iacute;proca    con las experiencias ambientales del pasado y el presente particulares para    cada uno. El self es el resultado de la influencia de contingencias ambientales    que generan auto-observaci&oacute;n y por consiguiente un auto concepto; para    el caso de los humanos estas contingencias las genera la cultura sobre el individuo.    Hay que hacer notar la similitud en la argumentaci&oacute;n con la tesis del    construccionismo social. Bajo la premisa de que para comprender y explicar un    fen&oacute;meno &eacute;ste debe poderse reproducir o modificar, surge el inter&eacute;s    por identificar las condiciones de interacci&oacute;n con el ambiente que permitan    reproducir la auto observaci&oacute;n. </p>     <p><i>El valor adaptativo del self </i></p>     <p>Para mostrar el principio de la continuidad filogen&eacute;tica entre las especies    y poder explicar el fen&oacute;meno a partir de variables o contingencias ambientales,    la investigaci&oacute;n psicol&oacute;gica ha explorado la posibilidad de un    auto concepto en animales (delfines, orangutanes y chimpanc&eacute;s). Si se    expone a un perro, por ejemplo ante un espejo, lo m&aacute;s probable que ocurra    es que le ladre e incluso trate de agredir la imagen reflejada como si fuera    otro de sus cong&eacute;neres. Lo mismo ocurre con los peces Betta Splenders    machos, los cuales atacan su propia imagen consider&aacute;ndola otro macho    que invade su territorio. No ocurre as&iacute; con chimpanc&eacute;s, orangutanes    y elefantes; la investigaci&oacute;n experimental muestra que son capaces de    reconocerse a s&iacute; mismos. Al coloc&aacute;rseles algo en las espaldas    que no pueden ver y les molesta, van hacia un espejo que se ha colocado en el    recinto experimental para ubicar el est&iacute;mulo molesto y retirarlo de su    cuerpo. En uno de los cursos que hicieron parte de mi formaci&oacute;n en Nueva    York asist&iacute; a la primicia de Diana Reiss en las que nos comunicaba sus    &uacute;ltimos hallazgos sobre la demostraci&oacute;n de que los delfines del    acuario de la ciudad hab&iacute;an pasado la prueba del espejo que permit&iacute;a    afirmar que los delfines eran capaces de reconocerse a s&iacute; mismos y por    consiguiente de tener un auto concepto. La profesora hab&iacute;a marcado delfines    de pico de botella con tinta y luego los hab&iacute;a expuesto a un espejo.    Despu&eacute;s de varias repeticiones, les puso tinta negra indeleble temporalmente    sobre partes del cuerpo, que los delfines s&oacute;lo pod&iacute;an ver en un    espejo. En cada uno de los ensayos los delfines fueron al espejo a examinar    las &aacute;reas que la investigadora hab&iacute;a marcado. Concluye Reiss que    sus hallazgos suministran evidencia que los dos delfines del estudio utilizaron    el espejo para investigar las partes que fueron marcadas, lo que demuestra que    los delfines al igual que orangutanes, chimpanc&eacute;s y elefantes tienen    una noci&oacute;n de s&iacute; mismos como individuos diferentes, habilidades    que s&oacute;lo se asociaban con los grandes monos y con los humanos. Tambi&eacute;n    se han encontrado resultados similares en palomas. Se han hecho arreglos experimentales    para averiguar su capacidad para identificar si los reforzadores que les son    entregados han dependido de sus picotazos o del azar, confirmando que son capaces    de evidenciar que su conducta es la que produce los resultados. Adem&aacute;s    se les ha colocado marcas en el pecho; los animales van a una zona de la caja    experimental para ubicar el lugar donde se las ha colocado el objeto. Los estudios    han sido m&aacute;s criticados en la medida en que los animales son entrenados    para realizar la tarea. Por otra parte, el que algunos animales no pasen la    prueba puede obedecer a que su relaci&oacute;n con el entorno no depende principalmente    de la visi&oacute;n, como es el caso de los perros, sino de otros mecanismos    sensoriales, lo que har&iacute;a dif&iacute;cil que se reconocieran a s&iacute;    mismos. Una revisi&oacute;n completa de estas investigaciones se encuentra en    el trabajo de P&eacute;rez-Acosta, Benjumea y Navarro (2001). </p>     <p>A pesar de las cr&iacute;ticas, los estudios muestran evidencia de que el asunto    del reconocimiento del sujeto sobre s&iacute; mismo no es una propiedad exclusiva    de los humanos y, por consiguiente, har&iacute;a parte de nuestro acervo filogen&eacute;tico.    &iquest;Pero, c&oacute;mo evolucion&oacute; y qu&eacute; papel adaptativo puede    tener este auto reconocimiento? Pudo tener sus inicios en las sensaciones, en    la capacidad de sentir gracias al sistema nervioso, lo que facilit&oacute; alertar    el sistema de acci&oacute;n para las reacciones del cuerpo a los inputs sensoriales    y de esta forma integrarse a los mecanismos de adaptaci&oacute;n del comportamiento.    El sentir a partir de un est&iacute;mulo doloroso llev&oacute; al retiro de    la situaci&oacute;n, y en un organismo m&aacute;s complejo, el reconocimiento    de la parte del cuerpo afectada facilit&oacute; la lamida de la herida y su    sanaci&oacute;n, en &uacute;ltimas facilitando la eficacia reproductiva en la    medida en que estas conductas contribuyeron a la supervivencia del organismo.    &iquest;Pero, c&oacute;mo trabaja el cerebro para crear la experiencia subjetiva    de la mente, el self reflexivo, los pensamientos privados que nos hacen lo que    somos? Hay una brecha todav&iacute;a para lograr explicar la integra ci&oacute;n    entre lo biol&oacute;gico y lo social en t&eacute;rminos de un proceso evolutivo.    Seguramente existen estructuras cerebrales que integran emociones, sentimientos,    ideas, intenciones con diversas formas de actuar; por ahora ser&aacute; suficiente    su explicaci&oacute;n en t&eacute;rminos de las interacciones con el ambiente    social. </p>     <p>El auto concepto en los humanos resulta de una influencia marcada por la cultura,    la que da lugar a un popurr&iacute; de creencias organizadas sobre uno mismo,    las cuales seg&uacute;n Rentsch y Heffner (1994) resultan de la combinaci&oacute;n    de nuestra historia personal, las caracter&iacute;sticas descritas o roles impuestos    (soy hombre, tengo un nombre, soy colombiano, soy profesor), los intereses y    actividades (me interesa la psicolog&iacute;a, me gustan los animales), los    aspectos existenciales (soy una persona &uacute;nica), la autodeterminaci&oacute;n    (soy agn&oacute;stico, puedo lograr mis metas), las creencias interiorizadas    (estoy a favor de la democracia), la diferencia social (provengo de una familia    de clase media, soy heterosexual, soy un ser humano). Sumadas a estas creencias    est&aacute; el reconocimiento como miembro de una cultura que comparte tradiciones,    una religi&oacute;n, valores como la democracia y la autonom&iacute;a, formas    particulares de relacionarnos, de hablar, de enfrentar los problemas; creencias    que resultan de las reglas que crea la cultura y que reproduce a trav&eacute;s    del fomento de la auto-observaci&oacute;n para formar el auto concepto en sus    miembros. </p>     <p>De esta manera, es posible afirmar que mientras la sociedad occidental se caracteriza    por el individualismo, la autonom&iacute;a e incluso por la formaci&oacute;n    del auto concepto en los miembros que la integran, (se enfatiza en el pronombre    &quot;yo&quot; y en la mirada sobre nuestras actuaciones individuales y los    sentimientos), las culturas no occidentales son sociocentristas; se enfatiza    en los elementos compartidos con otros, la persona no es orientada a metas individuales    sino comunitarias. En consecuencia, es posible hablar para estas culturas de    un self compartido en lugar de unos self individuales o auto conceptos. </p>     <p>As&iacute; como tenemos varias identidades tambi&eacute;n es posible afirmar    que tenemos varios auto conceptos. Al igual que con la identidad, no es posible    hablar del self como si fuera algo estable e invariable, es posible advertir    que podemos y debemos cambiar a lo largo del tiempo. Tenemos varios auto conceptos    en la medida que estamos expuestos a distintos est&aacute;ndares evaluativos    en diferentes situaciones sociales. No somos la misma persona de hace diez a&ntilde;os    ni seremos los mismos en cinco a&ntilde;os. Nuestro auto concepto est&aacute;    expuesto al cambio, a nuevas experiencias. La imagen de un futuro self o auto    concepto, como lo se&ntilde;alan Carver, Reynolds y Scheier (1994) afecta la    motivaci&oacute;n personal, como cuando tomamos la decisi&oacute;n de dejar    de fumar o de ponernos a dieta. Sin embargo, la gente solo percibe el self en    el presente y tambi&eacute;n generamos crisis cuando comparamos nuestro self    con lo que queremos ser o con lo que los dem&aacute;s quieren que seamos. Los    posibles auto conceptos se refieren entonces a los distintos est&aacute;ndares    evaluativos, las representaciones sobre lo que llegaremos a ser o sobre lo que    deber&iacute;amos llegar a ser en un futuro. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>El self y los otros: la adquisici&oacute;n del self y el papel del lenguaje    en su construcci&oacute;n </i></p>     <p>El individuo va formando su auto concepto a partir del proceso de diferenciar    su propia conducta en la misma forma como reconoce la conducta de otros. Cuando    estos procesos de observaci&oacute;n toman la forma de reglas verbales, las    personas llegan a describir su propio comportamiento. M&aacute;s adelante aprenden    a reportar sus propias disposiciones, sentimientos, pensamientos y otro tipo    de eventos privados. Estas reglas junto con el uso del &quot;yo soy, mi, m&iacute;o,    etc&quot;., establecen gradualmente el auto concepto. </p>     <p>El lenguaje establece las situaciones para que se de esta conducta de auto    observaci&oacute;n: &quot;mira lo que acabas de hacer&quot;, &quot;dime qu&eacute;    hiciste hoy&quot;, &quot;&iquest;ya hiciste tu tarea?&quot;, &iquest;c&oacute;mo    est&aacute;s?, seguida de consecuencias: &quot;tu eres una persona responsable&quot;,&quot;me    gusta lo cari&ntilde;oso que eres&quot;, &quot;no riegues la comida&quot;,    &quot;mira tus manos: est&aacute;n sucias, l&aacute;vatelas&quot;. Las personas    aprenden as&iacute; a autoobservarse y describir su propio comportamiento, a    reconocer su cuerpo a partir de las consecuencias ligadas a estas auto-observaciones    y de las reglas que derivan de estas experiencias. Estas reglas establecen la    conducta deseada, que en este caso implica una auto observaci&oacute;n. La construcci&oacute;n    del self, entonces, es resultado de la manera como la persona aprende a reconocer    y describir el cuerpo o las caracter&iacute;sticas comportamentales del otro,    y las propias: &quot;soy m&aacute;s delgado que...&quot; y, &quot;soy m&aacute;s    buena persona que...&quot;. El cuerpo es entonces el resultado de esta    construcci&oacute;n verbal. As&iacute;, cuando la persona aprende a describir    su cuerpo y su propia conducta, y a autoobservarse de la misma manera como describe    el cuerpo y la conducta de otros, la persona empieza a desarrollar su auto concepto.    Miguel hizo hoy todas sus tareas y pint&oacute; una casa. Pronto el ni&ntilde;o    aprende a sustituir la referencia a s&iacute; mismo en tercera persona y a describir    lo que hace....&quot;el ni&ntilde;o pint&oacute; una casita&quot; por &quot;pint&eacute;    una casita&quot;. De describir la conducta de otros... &quot;mami me llev&oacute;    al parque&quot;, empieza a decir &quot;fui al parque&quot;. </p>     <p>Progresivamente el individuo aprende a hacer observaciones m&aacute;s complejas    de su propio comportamiento dependiendo de los modelos que observe, las reglas    que siga al hacer dichas observaciones y de las consecuencias ligadas a dichas    autoobservaciones. Cuando el individuo aprende a hacer descripciones de su propia    conducta incluyendo intereses y motivaciones, decimos que la persona tiene un    auto concepto. Al igual que como ocurre en la formaci&oacute;n de la identidad,    los individuos son orientados a pensarse a s&iacute; mismos como pertenecientes    a un grupo y a un lugar (&iquest;de d&oacute;nde eres?), en donde el escenario    f&iacute;sico como en el caso de la ciudad, el barrio o un lugar particular    juegan un papel importante en la medida en que este entorno hace parte de lo    que nos define ante otros y se constituye en parte integral del reconocimiento    que hacemos de nosotros mismos. La manera como se forma ese self social y de    lugar se hace evidente cuando el individuo se identifica pri mero como perteneciente    a un grupo y luego se reconoce a s&iacute; mismo como perteneciente a ese grupo    y a ese lugar, cuando establece un contraste con respecto a la gente que no    vive en la comunidad (Lalli, 1992). </p>     <p><i>El papel de la disciplina psicol&oacute;gica en la construcci&oacute;n    del auto concepto </i></p>     <p>Si asumimos entonces que la identidad de cada individuo es construida a partir    de la interacci&oacute;n con los otros y que el self es la concepci&oacute;n    que tenemos sobre nosotros como individuos o como pertenecientes a un grupo,    ser&aacute; entonces importante identificar de qu&eacute; manera la cultura,    las instituciones, los otros, los medios, influyen en esa construcci&oacute;n    de la identidad y en la formaci&oacute;n del auto concepto. Ya hice menci&oacute;n    al papel que juega la familia en la construcci&oacute;n de nuestra identidad    al crear situaciones para reforzar nuestro comportamiento de auto observaci&oacute;n    e indicar a otros lo que hacemos. Pero no solamente la familia contribuye a    crear nuestra identidad. Otras autoridades y profesiones sociales juegan un    papel importante en la construcci&oacute;n de la idea de lo que somos. Como    afirma Rose (1998) las autoridades religiosas, m&eacute;dicas, pol&iacute;ticas,    militares, en diferentes periodos hist&oacute;ricos y diferentes escenarios    sociales han instruido, advertido, moralizado y legislado en relaci&oacute;n    con los procedimientos que moldean la vida de los ciudadanos y sus identidades    en cuanto a su forma de comportarse, de comer, vestir, hablar y pensar, con    el fin de conseguir ya sea la virtud, la felicidad, el orden, la salvaci&oacute;n    o lo que creemos es la verdad. </p>     <p>De forma similar, las disciplinas cient&iacute;ficas han ejercido su influencia    en la idea que formamos de nosotros mismos. La psicolog&iacute;a a este respecto,    seg&uacute;n Rose, ha hecho su aporte con la construcci&oacute;n de categor&iacute;as    e instrumentos que miden conceptos creados para definir nuestra identidad, tales    como el ser inteligente (el empleo de los test es una manera de establecer diferencias    entre los individuos), tener un tipo particular de personalidad, ser sano o    enfermo mental, lo mismo que al definir c&oacute;mo deben ser nuestros encuentros    con otros, actuar de forma asertiva o t&iacute;mida, etc. Con las t&eacute;cnicas    derivadas de la teor&iacute;a psicol&oacute;gica se busca ense&ntilde;ar a prevenir    la enfermedad mental, a los individuos a ser asertivos, inteligentes e incluso    a moldear sus cuerpos. Estos conceptos nos dan nuestra identidad hoy d&iacute;a    y son los que utilizamos como par&aacute;metros para evaluarnos a nosotros mismos    y a los dem&aacute;s, contribuyendo a moldear nuestro auto concepto y muchas    veces nuestra autoestima. </p>     <p><b>CONCLUSI&Oacute;N </b></p>     <p>En este art&iacute;culo he tratado de mostrar que la(s) identidad(es) del sujeto    y el auto concepto que formamos de esas identidades est&aacute;n estrechamente    relacionados y se construyen social y psicol&oacute;gicamente a partir de relaciones    con otros, que nos llevan a la auto observaci&oacute;n. Estas relaciones a su    vez nos muestran qu&eacute; observar del otro y es en esa medida en que el otro    contribuye a la construcci&oacute;n de nuestra identidad. El conocimiento que    tenemos de nosotros mismos es el resultado de las demandas que hace la cultura    por observar a trav&eacute;s de las categor&iacute;as verbales empleadas para    ello, lo que se quiere que se observe de nosotros mismos. El auto concepto y    la identidad son adquiridas a partir de las interacciones sociales, a trav&eacute;s    de la familia, el lenguaje y dem&aacute;s contingencias ambientales, a lo largo    de toda la vida en la interacci&oacute;n con otros, pero con un mayor impacto    en los primeros a&ntilde;os de vida del individuo. El &eacute;nfasis lo he puesto    en las transacciones con el otro, a partir de las reglas que generan la auto    observaci&oacute;n y que se siguen para formar el auto concepto. Por lo anterior    es que se puede afirmar que el self es una construcci&oacute;n psicosocial.  </p>     <p>La cultura a trav&eacute;s de las instituciones, las disciplinas cient&iacute;ficas    y la psicolog&iacute;a en sus modos particulares de explicar el comportamiento,    sus conceptos de lo que es verdad, y con las categorizaciones que ha creado    dentro de sus discursos, han ejercido un papel importante en la creaci&oacute;n    de nuestra identidad actual como sujetos. Al aceptar esto como plausible psicol&oacute;gica    y sociol&oacute;gicamente, deberemos identificar las reglas expl&iacute;citas    e impl&iacute;citas en las distintas narrativas, sobre c&oacute;mo se construyen    estas identidades, darlas a conocer y por consiguiente darle el poder a la gente    para transformarlas o para crear nuevas identidades. Como podemos ver, los dem&aacute;s    juegan un papel importante en la construcci&oacute;n de nuestra identidad, al    referir a otros lo que hacemos y esto pareciera ser m&aacute;s propio en unas    culturas que en otras. La cultura occidental muestra un mayor inter&eacute;s    en la auto observaci&oacute;n y en la emocionalidad para de esa manera facilitar    que los individuos se controlen a s&iacute; mismos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adicionalmente, conceptos tales como personalidad, eficacia, competencias,    raza, g&eacute;nero posici&oacute;n pol&iacute;tica y otras en las que las distintas    disciplinas y en particular la psicolog&iacute;a han jugado un papel importante    son la fuente para la creaci&oacute;n de nuestras identidades y de nuestros    auto conceptos. La formaci&oacute;n del concepto que tenemos de nosotros mismos    como sujetos resulta de este tipo de categor&iacute;as y discursos, lo que permite    que hagamos valoraciones sobre nuestro propio comportamiento, a&uacute;n en    situaciones en que nadie nos observa. </p>     <p>Tambi&eacute;n se puede concluir que la identidad y el self no son atributos    o experiencias netamente subjetivas atrapadas en el cuerpo. Nuestra identidad    se extiende a los objetos, a los lugares y a las personas. Al colocarse el &eacute;nfasis    en las transacciones con el otro, la sociedad, las disciplinas cient&iacute;ficas    y la cultura en la construcci&oacute;n de nuestras identidades y en el concepto    que formamos de nosotros mismos, se abren mayores posibilidades para tratar    estos conceptos, conjuntamente, desde la mirada de la investigaci&oacute;n.    La sociolog&iacute;a evaluando las influencias de las instituciones sociales    en la conformaci&oacute;n de nuestras identidades, la psicolog&iacute;a identificando    el tipo de contingencias con el ambiente que generan auto observaci&oacute;n    o la antropolog&iacute;a haciendo estudios comparados sobre los distintos tipos    de self, ofrecen la oportunidad de estudiar emp&iacute;ricamente la conformaci&oacute;n    de nuestras identidades y auto conceptos. </p>     <p>La pregunta que queda es la de si hay espacio para el self aut&oacute;nomo;    siempre estar&iacute;amos actuando o desempe&ntilde;ando diferentes roles en    diferentes dramas y la manera de entender nuestra propia identidad ser&iacute;a    resultante de la forma como otras personas nos entienden. No tenemos una &uacute;nica    identidad ni un solo self; estamos fragmentados por el entre juego de varias    identidades que son reales y muchas veces no son consistentes entre s&iacute;.    Pero, &iquest;hay lugar para un self aut&eacute;ntico? Parafraseando a mi profesor    David Canter de la Universidad de Liverpool, &iquest;Es posible preguntarnos    si hay un espacio para un verdadero self? &iquest;Qui&eacute;nes somos cuando    estamos solos con nosotros mismos? Cuando no estamos con otros para quienes    somos el esposo, el profesor, el cliente, el experto en algo, &iquest;qui&eacute;nes    somos exactamente? Tenemos un verdadero self? (Canter, 1994). &iquest;O somos    m&aacute;s bien, como lo acabo de exponer anteriormente, el resultado de la    mezcla de todos estos roles producto del auto concepto que se ha encargado de    formarnos la cultura? &iquest;Hay alguno de estos auto conceptos que se destaque    sobre los dem&aacute;s? El self realmente privado, el qui&eacute;n es usted    para usted, &iquest;es el dominante? &iquest;El ser por ejemplo un acad&eacute;mico?    &iquest;Hay otros roles ocultos en los que usted se ve a s&iacute; mismo, de    los que ni siquiera las personas cercanas a usted son concientes? Es f&aacute;cil    suponer que si tenemos self p&uacute;blicos tambi&eacute;n podemos tenerlos    privados. Algunas veces nuestros self ocultos pueden ser muy diferentes de los    que conocen los dem&aacute;s. &iquest;Con cu&aacute;l se siente usted mejor?  </p>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>Burr, V (1995). An introduction to Social Constructionism. New York: Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-0534200800030001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Canter, D (1994). Criminal Shadows. London: Harper Collins Publishers.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-0534200800030001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Carver, C.S., Reynolds, S.L., &amp; Scheier, F.M. (1994). The possible selves    of optimists and pessimists. Journal of Research in Personality, 28, 133-141.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-0534200800030001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Danziger, K. (1990). Constructing the subject: Historical origins of psychological    research. Cambridge: Cambridge University Press. Goffman, E. (1971). Relaciones    en p&uacute;blico. Madrid: Alianza editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-0534200800030001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-0534200800030001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hall, E (1973). La dimensi&oacute;n oculta: Enfoque antropol&oacute;gico del    uso del espacio. Madrid. Instituto de Estudios de Administraci&oacute;n Local.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-0534200800030001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Klein, S.B., Loftus, J., &amp; Burton, H.A. (1989). Trait judgments about the    self: Evidence from the encoding specificity paradigm. Personality and Social    Psychology, 63, 739-753.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-0534200800030001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lalli, M. (1992). Urban-related identity: Theory, measurement, and empirical    findings. 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Autoconciencia    animal: Estudios sobre la autodiscriminaci&oacute;n condicional en varias especies.    Revista Latinoamericana de Psicolog&iacute;a, 33, 311-327.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-0534200800030001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pol, E. &amp; Varela, S. (1994). El concepto de identidad social urbana: una    aproximaci&oacute;n entre la psicolog&iacute;a social y la psicolog&iacute;a    ambiental. 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Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-0534200800030001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sack, R.D. (1997). Homo geographicus. Baltimore: The Johns Hopkins University    Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-0534200800030001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Skinner, B.F. (1989). The initiating self. En B.F. Skinner: Recent Issues in    the Analysis of Behavior. 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Madrid: Morata&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-0534200800030001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Recepci&oacute;n:</b> Febrero de 2008    <br>   <b>Aceptaci&oacute;n final:</b> Septiembre de 2008</p> </font>         ]]></body><back>
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