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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ESTUDIOS SOBRE LOCALIZACIÓN AUDITIVA EN ETAPAS TEMPRANAS DEL DESARROLLO INFANTIL]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The capacity to perceive if the sound that listening comes from the left or right, above or down, behind or ahead and what so close or far is the sonorous source is of capital importance both for animals and human beings. Systematic research about developmental aspects involved in this ability begins in the 80's. The aim of this paper is to review the experimental research about the ability to localize direct and reflected sound in neonates and infants. The main explicative hypotheses about the developmental changes observed in auditory localization and the topics that still challenge experts are discussed.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>ESTUDIOS SOBRE LOCALIZACI&Oacute;N AUDITIVA EN ETAPAS TEMPRANAS DEL DESARROLLO INFANTIL</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>STUDIES  ABOUT AUDITORY LOCALIZATION IN EARLY STAGES OF THE CHILD DEVELOPMENT</b></font></p>     <p><b>Mercedes  Ximena Hug</b><br/>   Universidad  Tecnol&oacute;gica Nacional, Facultad Regional C&oacute;rdoba, Argentina</p>     <p><b>Claudia  Arias</b><br/>   Universidad  Nacional de C&oacute;rdoba, Argentina<br/> </p>     <p>Correspondencia: Mercedes  Ximena Hug, CINTRA, Mtro. L&oacute;pez esq. Cruz Roja Argentina, CP: 5016, C&oacute;rdoba,  Rep&uacute;blica Argentina. E-mail: <a href="mailto:mhug@scdt.frc.utn.edu.ar">mhug@scdt.frc.utn.edu.ar</a></p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>La capacidad para percibir si el  sonido que se escucha proviene desde la izquierda o derecha, arriba o abajo,  detr&aacute;s o adelante y qu&eacute; tan cerca o lejos se encuentra la fuente sonora es de  importancia capital tanto para animales como para seres humanos. La  investigaci&oacute;n sistem&aacute;tica sobre los aspectos evolutivos involucrados en el  desarrollo de esta habilidad comenz&oacute; reci&eacute;n en la d&eacute;cada del 80. El prop&oacute;sito  de este trabajo es realizar una revisi&oacute;n de las principales investigaciones  sobre el desarrollo de la habilidad para localizar sonidos directos y  reflejados en neonatos y ni&ntilde;os peque&ntilde;os. Se discuten las principales hip&oacute;tesis  explicativas de los cambios evolutivos observados en esta habilidad y los  t&oacute;picos que a&uacute;n desaf&iacute;an a los expertos. </p>     <p><b><i>Palabras clave:</i></b><i> percepci&oacute;n auditiva,  estimulaci&oacute;n auditiva, audici&oacute;n espacial, localizaci&oacute;n sonora, desarrollo del  ni&ntilde;o</i></p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>The capacity to perceive if the sound that listening comes from the left  or right, above or down, behind or ahead and what so close or far is the  sonorous source is of capital importance both for animals and human beings. Systematic  research about developmental aspects involved in this ability begins in the  80Â´s. The aim of this paper is to review the experimental research about the  ability to localize direct and reflected sound in neonates and infants. The  main explicative hypotheses about the developmental changes observed in auditory  localization and the topics that still challenge experts are discussed.</p>     <p><b><i>Key words:</i></b><i> auditive perception, auditive stimulation, spatial audition, sound localization, child development.</i></p> <hr size="1">     <p>Todos los  organismos que poseen sistema auditivo pueden localizar sonidos en el espacio,  habilidad de vital importancia para la supervivencia y comunicaci&oacute;n con el  medio. Localizar un sonido implica determinar si el sonido que se escucha  proviene desde la izquierda o derecha, arriba o abajo, detr&aacute;s o adelante y qu&eacute; tan  cerca o lejos se encuentra la fuente sonora del participante. Mientras que la  percepci&oacute;n visual se restringe a una ventana frontal, el ser humano es capaz de  localizar e identificar sonidos en cualquier posici&oacute;n con bastante precisi&oacute;n y  velocidad. Perrott, Saberi, Brown y Strybel (1990) subrayan que el sistema  auditivo es altamente eficiente para responder de manera inmediata a la  informaci&oacute;n espacial, permitiendo que la persona se oriente de manera de poder  procesar visualmente los est&iacute;mulos relevantes.</p>     <p>Hist&oacute;ricamente,  la investigaci&oacute;n sobre localizaci&oacute;n auditiva en humanos ha sido relegada a un  segundo lugar despu&eacute;s de la percepci&oacute;n visual. Adem&aacute;s, los estudios que indagan  espec&iacute;ficamente sobre aspectos evolutivos de la localizaci&oacute;n de sonidos son muy  escasos. Sin embargo, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se ha producido un renovado  inter&eacute;s por este campo de conocimiento. Es importante se&ntilde;alar que el estudio  cient&iacute;fico del desarrollo ontogen&eacute;tico de la audici&oacute;n fue posible gracias a  desarrollos tecnol&oacute;gicos, avances en el conocimiento sobre la neurofisiolog&iacute;a  del sistema auditivo y la utilizaci&oacute;n de diversas variables de respuesta  infantil como medida v&aacute;lida del funcionamiento auditivo (Aslin, Pisoni &  Jusczyk, 1983, citados por Munar, Rosell&oacute;, Mas, Morente & Quetgles, 2002).</p>     <p>Se denomina  fuente sonora a todo cuerpo que produce est&iacute;mulos sonoros (ANSI, 1999). Los  sonidos directos son sonidos producidos por fuentes primarias y llegan a los  o&iacute;dos directamente desde &eacute;sta. Los sonidos reflejados son generados por fuentes  secundarias y alcanzan los o&iacute;dos una vez que se han reflejado en las  superficies del entorno,  como paredes y objetos.</p>     <p>En este  art&iacute;culo se realiza una revisi&oacute;n de los principales estudios sobre el  desarrollo de la localizaci&oacute;n de sonidos directos y reflejados en infantes  durante los primeros meses de vida. Seguidamente se presentan los principales  aspectos te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos implicados en el estudio de la localizaci&oacute;n  de sonidos directos. Luego se comentan las investigaciones que fueron pioneras  al sentar las bases para el abordaje experimental de la problem&aacute;tica y se  detallan experimentos en los que se analiz&oacute; la habilidad de neonatos y ni&ntilde;os  peque&ntilde;os para localizar sonidos directos. Posteriormente se presentan aspectos  te&oacute;ricos y antecedentes del estudio de un fen&oacute;meno de fusi&oacute;n auditiva  involucrado en la localizaci&oacute;n de sonidos reflejados: el efecto precedente.  Finalmente, se discuten las principales hip&oacute;tesis explicativas del mejoramiento  en el rendimiento que se observa con la edad y los principales t&oacute;picos que  desaf&iacute;an a los expertos en la actualidad.</p>     <p><b>Localizaci&oacute;n de sonidos directos</b></p>     <p><i>Aspectos te&oacute;ricos relevantes</i></p>     <p>La audici&oacute;n  espacial es el campo tem&aacute;tico que estudia la manera como un organismo usa la  informaci&oacute;n auditiva para percibir caracter&iacute;sticas de las fuentes sonoras  presentes en el entorno: qu&eacute; evento est&aacute; produciendo el sonido, de d&oacute;nde  proviene, a qu&eacute; distancia y en qu&eacute; direcci&oacute;n se encuentra la fuente que lo  origina (Clifton, 1992).</p>     <p>La  localizaci&oacute;n sonora se refiere a la percepci&oacute;n de la posici&oacute;n de una fuente  sonora en el plano horizontal o azimut (izquierda-derecha), en el vertical o  elevaci&oacute;n (arriba-abajo)  y a la percepci&oacute;n de la distancia relativa entre participante y fuente  (Blauert, 1997). El hombre es muy buen localizador en el plano horizontal,  menos eficiente en  el plano vertical y menos a&uacute;n en relaci&oacute;n a sus juicios sobre distancia (Moore,  1995).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se denomina  plano medio horizontal al que pasa por los o&iacute;dos y divide imaginariamente al  cuerpo humano en dos mitades, superior e inferior. El plano vertical lo divide  en derecha e izquierda; el plano vertical medio sagital, donde no existen  diferencias binaurales, lo separa en dos mitades iguales. El plano frontal es  el que pasa por los o&iacute;dos a 90&ordm; del plano medio horizontal y divide al cuerpo  en adelante y detr&aacute;s. Estos planos definen en el espacio los hemicampos derecho  (simbolizado con +), izquierdo (simbolizado con-), superior (simbolizado con +)  e inferior (simbolizado con-).</p>     <p align="center"><a href="img/revistas/rlps/v41n2/1a05f1.gif" target="_blank">FIGURA 1</a></p>     <p>La  experimentaci&oacute;n realizada en adultos, tanto en campo libre como con  auriculares, ha permitido identificar las principales claves que intervienen  cuando una persona localiza  sonidos. Los indicios binaurales (en ambos o&iacute;dos) son: la diferencia interaural  de tiempo con que un sonido llega a los dos o&iacute;dos, ITD (por sus siglas en  ingl&eacute;s, <i>Interaural Time Difference</i>); la diferencia interaural en el nivel sonoro,  ILD (por sus siglas en ingl&eacute;s, <i>Interaural Level  Difference</i>) y el efecto de filtraje causado por la interacci&oacute;n  del sonido con los pliegues del pabell&oacute;n de la oreja, cabeza, torso y hombros.  La ITD ocurre cuando los sonidos no proceden del plano vertical medio sagital,  por lo que llegan a un o&iacute;do antes que al otro (mayor tiempo al o&iacute;do m&aacute;s lejano a la fuente),  mientras que la ILD se refiere a las variaciones de intensidad con que el  sonido llega a cada o&iacute;do. Ocurre que la cabeza produce una sombra ac&uacute;stica en  el o&iacute;do m&aacute;s alejado de la fuente, disminuyendo con ello su intensidad. Depende  de la frecuencia, pues adem&aacute;s la cabeza se comporta como una barrera ac&uacute;stica  al dejar pasar las  bajas frecuencias y reflejar las altas frecuencias.</p>     <p>La posici&oacute;n  percibida de la fuente sonora en el plano horizontal depende tanto del valor de  ITD como de ILD. En el plano vertical medio sagital, donde como se recordar&aacute; no  existen diferencias interaurales, la posici&oacute;n percibida de la fuente depende  del efecto de filtraje mencionado. La percepci&oacute;n de la distancia se ve  afectada, en cambio, por una constelaci&oacute;n de indicios de intensidad,  reverberaci&oacute;n y contenido espectral del objeto sonoro. Los principales indicios  monoaurales (un s&oacute;lo o&iacute;do) son las caracter&iacute;sticas espectrales del est&iacute;mulo  sonoro en cada o&iacute;do (Blauert, 1997). Otros factores como la experiencia, el  aprendizaje, claves visuales y propioceptivas influyen tambi&eacute;n en la percepci&oacute;n  del espacio auditivo (Blauert, 1997;  Grantham, 1995).</p>     <p>En los  experimentos de localizaci&oacute;n sonora los est&iacute;mulos se presentan ya sea en campo  libre, es decir utilizando un conjunto de parlantes, o a trav&eacute;s de auriculares.  Esta &uacute;ltima condici&oacute;n, que tiene la ventaja de que puede ejercerse un mayor  control de los par&aacute;metros ac&uacute;sticos que inciden en la respuesta, se denomina  lateralizaci&oacute;n o &laquo;localizaci&oacute;n dentro de la cabeza&raquo; porque, cuando no se  utilizan principios de realidad virtual, la persona tiene la impresi&oacute;n de que  el sonido proviene desde alg&uacute;n lugar dentro de la cabeza.</p>     <p>La medida de  rendimiento de los ni&ntilde;os peque&ntilde;os en los estudios en campo libre es, en  general, el giro de cabeza, ya sea en relaci&oacute;n a la direcci&oacute;n izquierda o derecha  de la respuesta de giro o a la precisi&oacute;n en grados -error promedio- con que el  infante enfrenta la fuente sonora. Esta &uacute;ltima variable es la diferencia entre  la posici&oacute;n real de la fuente  sonora y la posici&oacute;n percibida. Otra respuesta que ha comenzado a utilizarse y  que se explica m&aacute;s adelante es la conducta de asir objetos sonoros.</p>     <p align="center"><a name="f2"><img src="img/revistas/rlps/v41n2/1a05f2.gif"></a>   </center> </p>     <p><i><b>Estudios en reci&eacute;n nacidos</b></i></p>     <p>El aparato  auditivo es funcional entre el sexto y s&eacute;ptimo mes de gestaci&oacute;n, lo cual le  permite al beb&eacute; percibir sonidos antes del nacimiento (Boothroyd, 1997; Graven & Browne,  2008). El estudio experimental sobre la localizaci&oacute;n auditiva en ni&ntilde;os peque&ntilde;os  se inici&oacute; hace poco m&aacute;s de dos d&eacute;cadas. En ese momento, las evaluaciones  cl&iacute;nicas realizadas con escalas de desarrollo como la de Brazelton (1973),  indicaban que el sonido de un sonajero era capaz de provocar la respuesta de  orientaci&oacute;n de la cabeza en neonatos. En la d&eacute;cada del 70 algunos autores  comenzaron a interesarse por este campo de estudio utilizando distintos tipos  de est&iacute;mulos y procedimientos con resultados diversos. Wertheimer ya hab&iacute;a  publicado en 1961 un art&iacute;culo acerca de la capacidad de un reci&eacute;n nacido para  orientarse visualmente en la direcci&oacute;n de una fuente sonora. En 1976, Mendelson  y Haith observaron que los neonatos giraban la cabeza en la direcci&oacute;n de la voz  humana. En 1977 Butterworth y Castillo mostraron que reci&eacute;n nacidos de entre 1  y 3 d&iacute;as de edad mov&iacute;an sus ojos en la direcci&oacute;n en la que se les presentaba un  sonido. En el mismo a&ntilde;o McGurk, Turnure y Creighton observaron que los neonatos  segu&iacute;an con los ojos el movimiento de  est&iacute;mulos auditivo-visuales pero fallaban en esta tarea si se les presentaban  est&iacute;mulos s&oacute;lo auditivos.</p>     <p>Fueron Muir y  Field en el a&ntilde;o 1979 los primeros en demostrar que bajo ciertas condiciones  experimentales los reci&eacute;n nacidos giran su cabeza en la direcci&oacute;n de una fuente sonora  colocada a 90&ordm; en el plano horizontal. Realizaron dos experimentos: en el  primero utilizaron como est&iacute;mulo el sonido real de un sonajero sacudido  r&iacute;tmicamente durante 20 segundos, en el segundo presentaron el mismo objeto  sonoro grabado y reproducido a trav&eacute;s de parlantes. Los resultados mostraron  que los infantes giraron su cabeza hacia la fuente sonora en el 87% y 74% de  los ensayos, respectivamente. En la mayor&iacute;a de los beb&eacute;s se observ&oacute; el  siguiente patr&oacute;n de movimiento: al comienzo del ensayo manten&iacute;an su ojos  abiertos, luego los cerraban mientras giraban lentamente la cabeza y los  volv&iacute;an a abrir al detenerse, como si quisieran &quot;inspeccionar visualmente&quot; la  fuente sonora (Muir & Field, 1979).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Clarkson,  Clifton y Morrongiello (1985) y posteriormente Clarkson, Clifton, Swain y  Perris (1989) estudiaron el efecto del tipo de est&iacute;mulo sonoro sobre la  respuesta de orientaci&oacute;n de la cabeza de reci&eacute;n nacidos. Observaron que s&oacute;lo  los sonidos con una duraci&oacute;n de 1 segundo o m&aacute;s provocaron la respuesta de  giro. Tambi&eacute;n fueron efectivos est&iacute;mulos de corta duraci&oacute;n repetidos  r&aacute;pidamente (2 o m&aacute;s por segundo).</p>     <p>En 1985, Muir  evalu&oacute; la respuesta de localizaci&oacute;n de reci&eacute;n nacidos a sonidos provenientes de  parlantes ubicados en semic&iacute;rculo enfrente del ni&ntilde;o. Los resultados obtenidos por  el autor mostraron que, aunque los neonatos no lograban localizar la posici&oacute;n  exacta de la fuente sonora, el giro de cabeza vari&oacute; en concordancia con la  posici&oacute;n angular del parlante, esto es, a mayor posici&oacute;n angular se observ&oacute; una  mayor amplitud del giro de la cabeza.</p>     <p>M&aacute;s adelante  Morrongiello, Fenwick, Hillier y Chance (1994) analizaron la respuesta de  neonatos a cambios repentinos en la posici&oacute;n de una fuente sonora. La prueba comenzaba  present&aacute;ndoles sonidos que inicialmente proven&iacute;an de un parlante determinado.  Una vez que el ni&ntilde;o comenzaba a girar su cabeza, el sonido inicial cesaba y era  transmitido aleatoriamente por cualquier otro parlante. Los resultados  obtenidos mostraron que el error promedio que cometieron los neonatos fue de  26&ordm;; valor mucho mayor, como era de esperar, que el error de 16&ordm; que comenten  en promedio los beb&eacute;s de 6 meses (Morrongiello & Roca, 1987a). Se observ&oacute;  adem&aacute;s, que los reci&eacute;n nacidos ya pueden corregir el rumbo del movimiento de su  cabeza en base a nueva informaci&oacute;n provista por el cambio de posici&oacute;n del  evento auditivo.Estos  resultados sugieren que en etapas muy tempranas del desarrollo, los ni&ntilde;os  poseen cierta capacidad de localizar sonidos no s&oacute;lo en hemicampos opuestos (izquierda -  derecha) sino tambi&eacute;n dentro de un mismo hemicampo, lo cual es m&aacute;s dif&iacute;cil. Los  autores postulan que al momento de nacer los seres humanos disponen de un <i>sistema de seguimiento auditivo innato</i> que  facilitar&iacute;a la exploraci&oacute;n visual de los eventos sonoros relevantes del  ambiente (Morrongiello <i>et al.</i>, 1994).</p>     <p><i><b>Localizaci&oacute;n de sonidos directos  en los cinco primeros meses de vida</b></i></p>     <p>Estudios  realizados con infantes de entre 1 y 4 meses de edad mostraron que durante este  per&iacute;odo ocurre un cambio importante en la naturaleza de la respuesta de  orientaci&oacute;n sonora. Muir, Abraham, Forbes y Harris realizaron en 1979, un  estudio longitudinal de localizaci&oacute;n con infantes desde el nacimiento hasta los  4 meses de edad. Utilizaron el procedimiento de Muir y Field (1979) descrito  anteriormente, en el que presentan una fuente sonora colocada a 90&ordm; en el plano  horizontal, empleando est&iacute;mulos  sonoros significativos para el ni&ntilde;o como la voz materna. Los resultados  mostraron que durante el segundo y tercer mes de vida los infantes disminuyeron  la respuesta de giro de la cabeza hacia la fuente sonora, para reestablecerse  hacia los 4 meses. Field, Muir, Pilon, Sinclair y Dodwell (1980) implementaron  otro estudio longitudinal desde el nacimiento hasta los 3 meses y obtuvieron  resultados similares, aunque el reestablecimiento de la respuesta de giro se  produjo a los 3 meses.</p>     <p>Muir, Clifton  y Clarkson (1989) determinaron que durante los primeros meses de vida la  respuesta de localizaci&oacute;n sonora mediante el giro de cabeza, sigue una funci&oacute;n  en forma de U: aparece a minutos de nacer, casi desaparece como respuesta  confiable y v&aacute;lida entre el primer y segundo mes, reaparece y se incrementa  hacia los 3-4 meses de edad. A los 5 meses este comportamiento es  cualitativamente muy diferente de la respuesta del reci&eacute;n nacido: es m&aacute;s  r&aacute;pida, la latencia de 7 segundos disminuye a 2 &oacute; 3  segundos; es mucho m&aacute;s exacta: el error disminuye de 15&ordm; a casi 0&ordm; y est&aacute;  acompa&ntilde;ada de b&uacute;squeda visual.</p>     <p>Los autores  postularon que los cambios observados no podr&iacute;an atribuirse s&oacute;lo a aspectos  vinculados con la maduraci&oacute;n del control motor de los m&uacute;sculos del cuello y la cabeza  sino que se deber&iacute;an tambi&eacute;n a la maduraci&oacute;n del sistema auditivo central. En  otras palabras, mientras que en los reci&eacute;n nacidos la consistencia de esta  respuesta se asemeja a otras conductas neonatales de tipo reflejo mediadas  subcorticalmente -por lo que van desapareciendo a medida que se incrementa la  edad- en los infantes m&aacute;s grandes, el giro de la cabeza es un comportamiento de  tipo voluntario y por ello est&aacute; mediado corticalmente. Otra hip&oacute;tesis (Muir,  Humphrey & Humphrey, 1994) vincula la funci&oacute;n en U con el desarrollo de la  agudeza visual. Sostiene que en el nacimiento, los campos perceptuales visual y  auditivo son muy  diferentes: mientras que el campo visual es pobre y est&aacute; limitado a la regi&oacute;n  comprendida entre (&plusmn; 30&ordm;), aproximadamente, el beb&eacute; puede localizar fuentes  sonoras ubicadas  enfrente y en posiciones laterales (&plusmn; 90&ordm;). En los primeros meses de vida, el  campo visual se expande r&aacute;pidamente hasta alcanzar hacia los 4 meses de edad, valores  cercanos al de los adultos (aproximadamente &plusmn; 180&ordm;). Durante el segundo y  tercer mes de vida los infantes restringir&iacute;an el giro de cabeza s&oacute;lo para  est&iacute;mulos auditivos que  est&eacute;n dentro de su campo visual. Cuando finaliza la funci&oacute;n en U se habr&iacute;a  conformado un marco de referencia espacial audiovisual integrado.</p>     <p>Se han  analizado, adem&aacute;s, aspectos evolutivos vinculados a la precisi&oacute;n en la  localizaci&oacute;n. En la regi&oacute;n frontal comprendida entre (&plusmn; 30&ordm;), los adultos  pueden discriminar  cambios angulares tan peque&ntilde;os de 1&ordm; &oacute; 2&ordm;. Morrongiello, Fenwick y Chance  (1990) realizaron un estudio con ni&ntilde;os de 2, 3, 4, 5 y 6 meses en el que se aplic&oacute; la  t&eacute;cnica de estimaci&oacute;n de umbral del m&iacute;nimo &aacute;ngulo audible (MAA), que permite  obtener la m&iacute;nima diferencia angular que puede ser discriminada por el participante.  Esta t&eacute;cnica consiste en presentarle al ni&ntilde;o est&iacute;mulos sonoros desde el frente  que repentinamente cambian su posici&oacute;n hacia la izquierda o la derecha. Estas diferencias  se van haciendo cada vez m&aacute;s peque&ntilde;as hasta que el ni&ntilde;o no responde. Las respuestas  correctas, es decir, si gira su cabeza u ojos hacia el hemicampo correcto, son retroalimentadas  con un reforzador viso-auditivo consistente en un juguete con sonido. En este  estudio, la t&eacute;cnica del MAA se aplic&oacute; en combinaci&oacute;n con el Procedimiento Basado en el Observador, quien debe decidir en  cada ensayo si hubo o no un cambio en los est&iacute;mulos sonoros teniendo como &uacute;nica  referencia la observaci&oacute;n de cualquier comportamiento del infante como un cambio  en la expresividad facial o en el nivel de actividad o la ausencia de alguna de  ellas. Los resultados mostraron que la habilidad para percibir cambios en la  posici&oacute;n de fuentes  sonoras dentro de un hemicampo mejora durante los 6 primeros meses de vida: a  los 2 meses el MAA fue de 26.5&ordm;; a los 3 meses de 24&ordm;; a los 4 meses de 22.5&ordm;;  a los 5 meses de 20&ordm; y a los 6 meses de 17&ordm;. Adem&aacute;s, en coincidencia con la  funci&oacute;n en U, todas las respuestas de orientaci&oacute;n (giro de cabeza, movimiento  de los ojos) fueron bajas  entre los 2 y los 4 meses: ocurrieron en el 30% a 40% de los ensayos. Otras  respuestas registradas como el alerta, disminuci&oacute;n de la succi&oacute;n y disminuci&oacute;n de los  movimientos corporales tuvieron una incidencia a&uacute;n menor: en el 9% a 16% de los  ensayos (Morrongiello <i>et al.</i>, 1990).</p>     <p>Por otra  parte, cabe destacar que en esta etapa evolutiva se han realizado muy pocos  estudios de lateralizaci&oacute;n, que como se mencion&oacute;, implican el uso de  auriculares. En 1980, Bundy realiz&oacute; un estudio de lateralizaci&oacute;n auditiva en el  que analiz&oacute; el efecto de la manipulaci&oacute;n de diferencias interaurales de tiempo  e intensidad (ITD e ILD, respectivamente) sobre la respuesta de localizaci&oacute;n de  beb&eacute;s de 2 y 4 meses. Se presentaron dos tipos de ensayos, en algunos se  variaban los valores de ITD y en otros, los de ILD, de modo que algunos  est&iacute;mulos sonaban en el auricular izquierdo y otros en el derecho. Los ni&ntilde;os  enfrentaban un panel donde se ubicaban dos figuras atractivas, una a cada lado.  Una vez que se atra&iacute;a la atenci&oacute;n del ni&ntilde;o hacia el frente, se le presentaban  est&iacute;mulos sonoros que proven&iacute;an aleatoriamente de la izquierda o derecha y que  luego cambiaban repentinamente hacia el lado contrario para continuar  emiti&eacute;ndose de este lado. La respuesta evaluada fue el giro de los ojos, medido  como la direcci&oacute;n de la mirada en el momento del cambio, y el tiempo total de  fijaci&oacute;n visual. Los resultados mostraron que los ni&ntilde;os no giraron sus ojos en  la direcci&oacute;n correcta en el momento del cambio. Sin embargo, s&iacute; hubo  diferencias en el tiempo de fijaci&oacute;n visual: independientemente de la edad  miraron durante m&aacute;s tiempo el est&iacute;mulo visual ubicado del mismo lado que el  est&iacute;mulo auditivo cuando la clave que se modificaba era la ITD, mientras que  s&oacute;lo los m&aacute;s grandes lo hac&iacute;an cuando la clave era la ILD. El autor concluy&oacute;  que la ITD tiene mayor relevancia para localizar sonidos en per&iacute;odos tempranos  del desarrollo.</p>     <p>Ashmead,  Davis, Whalen y Odom (1991) investigaron el papel de la clave ITD en una tarea  de lateralizaci&oacute;n sonora en infantes de 4, 5 y 6 meses. Los resultados  obtenidos tampoco mostraron diferencias en funci&oacute;n de la edad: desde los 4  meses de edad los infantes percibieron diferencias de ITD en el rango de 50 a  75 Î¼s (en adultos estos valores llegan a 10 Î¼s). Los autores indicaron que en  etapas tempranas -aunque el rendimiento no es tan bueno como el de los adultos-  el sistema auditivo tendr&iacute;a disponible un mecanismo muy preciso para procesar  las ITD, m&aacute;s preciso a&uacute;n que para procesar los cambios angulares en campo  libre.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Respecto del  peso de la clave de ILD, Ashmead, Grantham, Murphy y Tharpe (1993) encontraron  que a los 5 y 6 meses de edad, el umbral para detectar un cambio en los valores  de ILD es de 6.6 dB. Este valor es mucho mayor al de los adultos, que oscila  entre 0.5 y 1 dB. Por ello los autores concluyen que en este per&iacute;odo de edad  los valores de ILD no son los indicios de mayor peso para la localizaci&oacute;n.</p>     <p>Es importante  destacar que en los primeros a&ntilde;os de vida ocurren continuos cambios  morfol&oacute;gicos, como el crecimiento de la cabeza y el cuerpo, que modifican las  claves binaurales de tiempo e intensidad. A mayor di&aacute;metro cef&aacute;lico mayor es la  distancia anat&oacute;mica entre ambos o&iacute;dos, por lo que para la misma posici&oacute;n de una  fuente sonora le corresponde un mayor valor de ITD. En los reci&eacute;n nacidos la  distancia interaural promedia los 8.4 cm, con lo cual una diferencia de tiempo  de 400 Î¼s con que arriba el sonido a ambos o&iacute;dos se corresponde con una fuente  ubicada a 90&ordm;. A los 5 meses, la distancia entre ambos o&iacute;dos alcanza los 9.8 cm  y el valor de ITD para el mismo &aacute;ngulo ser&aacute; de 500 Î¼s. En un adulto estos  valores alcanzan los 13.5 cm y 700 Î¼s, respectivamente (Clifton, Gwiazda,  Bauer, Clarkson & Held, 1988). Estas correspondencias implican que,  respecto a los adultos, los infantes peque&ntilde;os percibir&aacute;n valores de ITD que  ir&aacute;n cambiando r&aacute;pidamente durante los primeros meses de vida, lo que har&iacute;a m&aacute;s  dif&iacute;cil la localizaci&oacute;n auditiva para los beb&eacute;s.</p>     <p><i><b>Localizaci&oacute;n de sonidos directos  desde los seis a dieciocho meses</b></i></p>     <p>A partir de  los 6 meses en adelante la habilidad para localizar sonidos directos se vuelve  cada vez m&aacute;s precisa. Morrongiello y Rocca (1987a) analizaron el rendimiento de ni&ntilde;os de  6, 9, 12, 15 y 18 meses de edad en una prueba de localizaci&oacute;n sonora en el  plano horizontal. Les presentaron est&iacute;mulos sonoros desde un dispositivo  semicircular enfrente del ni&ntilde;o con parlantes ubicados en distintos &aacute;ngulos  (18&ordm;, 36&ordm;, 54&ordm;, 72&ordm;, 90&ordm;) y midieron su rendimiento con la respuesta de giro de  cabeza. Los infantes  recibieron est&iacute;mulos s&oacute;lo-auditivos y auditivovisuales. Los ensayos  s&oacute;lo-auditivos consist&iacute;an en una sucesi&oacute;n de clics, que son est&iacute;mulos muy breves. En los ensayos  auditivo-visuales durante la presentaci&oacute;n de los clics se activaba  simult&aacute;neamente un est&iacute;mulo luminoso en la posici&oacute;n del parlante activo. Los  resultados de los ensayos s&oacute;lo-auditivos revelaron diferencias en el  rendimiento seg&uacute;n la edad: el error promedio de los beb&eacute;s de 6 meses para todos  los parlantes fue de 17&ordm; mientras que el error promedio de los ni&ntilde;os de 18  meses fue de entre 6&ordm; y 7&ordm;. En los ensayos auditivo-visuales todos los infantes  rotaron su cabeza con un error promedio de entre 4&ordm; a 5&ordm; y no se encontraron  diferencias en funci&oacute;n de la edad. O sea que, cuando dispon&iacute;an de claves  visuales y auditivas, todos los beb&eacute;s fueron capaces de girar su cabeza con  precisi&oacute;n, cualquiera fuera la posici&oacute;n del parlante. Los autores subrayaron la  importancia de estudiar en profundidad la relaci&oacute;n entre el desarrollo de la  visi&oacute;n y la localizaci&oacute;n auditiva en per&iacute;odos tempranos y sugirieron para ello  la realizaci&oacute;n de estudios comparativos en ni&ntilde;os con ceguera cong&eacute;nita.</p>     <p>Por otra parte,  una serie de estudios que se describen a continuaci&oacute;n, realizados con la  t&eacute;cnica del MAA en beb&eacute;s de 6 a 18 meses, tambi&eacute;n reportaron un mejor  rendimiento en funci&oacute;n de la edad.</p>     <p>Ashmead,  Clifton y Perris en 1987 midieron el MAA en el plano horizontal en infantes de  6 a 7 meses de edad. Encontraron que a esta edad los ni&ntilde;os s&oacute;lo discriminan desplazamientos  angulares mayores a 19&ordm;, poco m&aacute;s que el umbral de 17&ordm; obtenido por  Morrongiello <i>et al.</i> (1990).</p>     <p>En un estudio  longitudinal, Morrongielo (1988) evalu&oacute; a ni&ntilde;os de 6, 9, 12, 15 y 18 meses con  esta t&eacute;cnica. Sus resultados mostraron que a los 6 meses el umbral fue de 12&ordm;, a los  12 meses de 8&ordm; y a los 18 meses de 4&ordm;. En un trabajo posterior, Morrongiello y  Rocca (1990) presentaron a infantes de 6, 12 y 18 meses una tarea m&aacute;s compleja.  Aplicaron la t&eacute;cnica del MAA presentando est&iacute;mulos desde un parlante de  referencia ubicado en una posici&oacute;n lateral (60&ordm; de azimut). Para las personas  adultas es m&aacute;s dif&iacute;cil discriminar cambios angulares peque&ntilde;os en la zona lateral  que enfrente: para discriminar un cambio en la posici&oacute;n de fuentes ubicadas  inicialmente a 60&ordm; de azimut se requiere de una variaci&oacute;n angular del orden de  los 4&ordm; a 6&ordm;, mientras que, como se mencion&oacute; anteriormente, el umbral para  fuentes ubicadas enfrente del participante es s&oacute;lo de 1&ordm; a 2&ordm;. En concordancia  con la dificultad mostrada por los adultos, los beb&eacute;s obtuvieron valores de MAA  m&aacute;s altos que los reportados por Morrongielo (1988) para est&iacute;mulos presentados  inicialmente desde la l&iacute;nea media: el MAA a los 6 meses fue de 17&ordm;, a los 12  meses fue de 14&ordm; y a los 18 meses, de 10&ordm;. Como puede observarse, en este caso  tambi&eacute;n se encontr&oacute; que los umbrales mejoraron con la edad.</p>     <p>Respecto a la  localizaci&oacute;n en el plano vertical, algunos de los primeros datos evolutivos  reportados indicaban que beb&eacute;s de 7 meses era capaces de localizar una fuente  sonora en el plano vertical inferior. Las fuentes que est&aacute;n en el plano  vertical superior se localizar&iacute;an a los 13 &oacute; 16 meses y a partir de los 21 a 24  meses, los ni&ntilde;os podr&iacute;an localizar una fuente sonora ubicada en cualquier lugar  del espacio auditivo (Northern & Downs, 1981).</p>     <p>Morrongiello  y Rocca (1987b) aplicaron la t&eacute;cnica de estimaci&oacute;n del MAA para analizar la  precisi&oacute;n en la localizaci&oacute;n en el plano horizontal y vertical en infantes de  6, 9, 12, 15 y 18 meses de edad. Sus resultados mostraron que la localizaci&oacute;n  fue peor en el plano vertical que en el horizontal para todas las edades.  Adem&aacute;s, en el plano horizontal  las respuestas fueron m&aacute;s r&aacute;pidas, precisas y consistentes que en el vertical.  El rendimiento mejor&oacute; con la edad en todas las condiciones: el MAA promedio en  el plano vertical fue a los 6 meses de 15&ordm;, a los 9 meses de 12&ordm;, a los 12  meses de 10&ordm;, a los 15 meses de 8&ordm; y a los 18 meses alcanz&oacute; valores similares a  los adultos (4&ordm;).</p>     <p>Morrongiello  (1987) analiz&oacute; las respuestas de ni&ntilde;os de 6, 9, 12, 15 y 18 meses en el plano  vertical medio sagital con la t&eacute;cnica del MAA. Como se recordar&aacute;, en este plano  las claves de localizaci&oacute;n dependen del efecto de filtraje causado por la  interacci&oacute;n del sonido con los pliegues del pabell&oacute;n de la oreja, cabeza, torso  y hombros. Se utilizaron  tres tipos de se&ntilde;ales con distintas frecuencias: est&iacute;mulos con frecuencias  menores a los 4 kHz, est&iacute;mulos con frecuencias de entre 4 y 8 kHz y est&iacute;mulos  con frecuencias  entre los 8 y 12 kHz. Los resultados mostraron un mejor rendimiento para  se&ntilde;ales de altas frecuencias en todas las edades. Adem&aacute;s, se observ&oacute; un  mejoramiento sistem&aacute;tico en funci&oacute;n de la edad en el caso de los est&iacute;mulos con  frecuencias m&aacute;s altas: a los 6 meses el valor de MAA fue de 16&ordm;, a los 9 meses  de 12&ordm;, a los 12 meses de 12&ordm;, a los 15 meses de 8&ordm; y a los 18 meses de 4&ordm;.  Cabe se&ntilde;alar que ning&uacute;n infante pudo localizar sonidos con frecuencias  inferiores a los 4 kHz, posiblemente debido a que en este per&iacute;odo del  desarrollo, el pabell&oacute;n auditivo es muy peque&ntilde;o  en relaci&oacute;n al tama&ntilde;o de las ondas de baja frecuencia y por ello no se produce  una interacci&oacute;n significativa entre el est&iacute;mulo y los pliegues del pabell&oacute;n de  la oreja.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i><b>Percepci&oacute;n de distancia</b></i></p>     <p>Como se  describi&oacute; anteriormente, la percepci&oacute;n de la distancia a la que se encuentra la  fuente sonora se ve afectada por un conjunto de indicios de intensidad,  reverberaci&oacute;n y contenido espectral del objeto sonoro (Blauert, 1997). Por  ejemplo, la investigaci&oacute;n en adultos mostr&oacute; que una fuente sonora tiende a  percibirse como m&aacute;s cercana si se aumenta la intensidad del sonido que &eacute;sta  emite (Mershon & King, 1975).</p>     <p>La respuesta  de orientaci&oacute;n de la cabeza no es adecuada para evaluar distancia en infantes,  porque indica principalmente la direcci&oacute;n percibida en la que se encuentra el  sonido. En la &uacute;ltima d&eacute;cada, la habilidad para percibir la distancia auditiva  en ni&ntilde;os peque&ntilde;os ha comenzado a estudiarse utilizando como variable de respuesta la  conducta de asir objetos sonoros. Para ello se desarroll&oacute; una t&eacute;cnica  consistente en presentarles a ni&ntilde;os de pocos meses de edad un objeto sonoro en  diferentes posiciones y distancias en una sala de pruebas a oscuras y registrar  su respuesta con video filmadora infrarroja. As&iacute;, sin claves visuales  disponibles, los infantes responden s&oacute;lo en base a las claves auditivas y a la  retroalimentaci&oacute;n propioceptiva  derivada del movimiento de su cuerpo.</p>     <p>En 1991,  Clifton, Perris y Bullinger realizaron dos estudios con infantes de entre 6 y 7  meses para determinar si percib&iacute;an la distancia a la que se les presentaba un  objeto sonoro en la  oscuridad. En el primer estudio, presentaron un juguete sonoro a la izquierda o  la derecha en dos condiciones: al alcance del ni&ntilde;o (15 cm) o a distancia lejana  (60 cm). Se intercalaron algunos ensayos en condici&oacute;n de luz a distancia  cercana, para recordarle al ni&ntilde;o la tarea. Los resultados mostraron que los  infantes realizaron m&aacute;s intentos de asir el juguete sonoro cuando &eacute;ste se  encontraba a una distancia pr&oacute;xima respecto a cuando se encontraba lejos. En un  segundo estudio se conserv&oacute; el mismo dise&ntilde;o salvo que los juguetes fueron  presentados enfrente del ni&ntilde;o en los  ensayos en la luz y desplazados a la derecha o izquierda en la oscuridad, para  controlar el efecto de la vista previa del juguete. El resultado fue similar al  del primer  estudio: en los ensayos en la oscuridad, los infantes intentaron asir s&oacute;lo los  juguetes que estaban pr&oacute;ximos.</p>     <p>Posteriormente  Litovsky y Clifton (1992) realizaron un estudio con adultos y beb&eacute;s de 6 meses  de edad para investigar si los participantes discriminaban la distancia a la que se les  presentaban est&iacute;mulos sonoros bas&aacute;ndose s&oacute;lo en claves de intensidad. Para  ello, presentaron a los participantes objetos sonoros en la oscuridad a  distancias cercana (15  cm) y lejana (100 cm). En algunos ensayos, la distancia y las claves de  intensidad variaban de manera consistente con lo que sucede en la realidad  (fuentes sonoras m&aacute;s  cerca suenan m&aacute;s intensas) y en otros estas variaciones eran inconsistentes  (m&aacute;s cerca, m&aacute;s d&eacute;biles). En contraposici&oacute;n a lo esperado, los resultados  mostraron que los ni&ntilde;os tuvieron un mejor rendimiento que los adultos en el  sentido que no fueron enga&ntilde;ados con la manipulaci&oacute;n experimental: los infantes  s&oacute;lo intentaron  asir objetos que realmente estaban m&aacute;s cerca sin importar si sonaban m&aacute;s  fuertes o m&aacute;s d&eacute;biles. As&iacute;, concluyeron que los infantes no juzgaron la  distancia de los objetos  sonoros de la misma manera que los adultos sino que, cuando las claves de  intensidad no eran consistentes, parec&iacute;an basarse en otro tipo de claves, como por ejemplo,  las claves espectrales. Es interesante notar que adultos entrenados tambi&eacute;n  pueden lograr este rendimiento (Ashmead, LeRoy & Odom, 1990, citado por Litovsky  & Clifton, 1992).</p>     <p>Por otra  parte, Morrongiello, Hewitt y Gotowiec (1991) tambi&eacute;n analizaron la incidencia  de las claves de intensidad en la habilidad de infantes de 6 y 12 meses para  percibir la distancia en la que se encontraba una fuente sonora. En este caso,  evaluaron a los infantes en una sala iluminada y la respuesta que midieron fue  el condicionamiento del giro de la cabeza. Los autores presentaron, en primer  lugar, un est&iacute;mulo inicial emitido desde un  parlante de referencia colocado a 90&ordm; a la derecha a 110 cm del infante. Los  otros parlantes se ubicaron adelante o detr&aacute;s del de referencia. Luego del  est&iacute;mulo inicial los  sonidos se emit&iacute;an aleatoriamente desde parlantes m&aacute;s cerca o m&aacute;s lejos del  ni&ntilde;o o, por el contrario, se cambiaba la intensidad del est&iacute;mulo sin variar su  posici&oacute;n real, simulando que la fuente estaba m&aacute;s cerca o m&aacute;s lejos. Los ni&ntilde;os  fueron condicionados para girar su cabeza s&oacute;lo si percib&iacute;an alg&uacute;n cambio en la  estimulaci&oacute;n sonora. En coincidencia con el estudio descrito anteriormente, los  resultados mostraron que los infantes tuvieron un mejor rendimiento cuando hubo  un cambio real en la distancia de la fuente y no cuando &eacute;ste era simulado. No  se observaron diferencias en funci&oacute;n de la edad. Tambi&eacute;n se encontr&oacute; que los  ni&ntilde;os discriminaron mejor la distancia si los sonidos se escuchaban m&aacute;s cerca.  Esta habilidad es ecol&oacute;gicamente  relevante y tambi&eacute;n se observa en adultos (Morrongiello <i>et al.</i>, 1991).</p>     <p><i><b>Localizaci&oacute;n de sonidos  reflejados: el efecto precedente</b></i></p>     <p><i>Aspectos te&oacute;ricos  relevantes. </i>Los seres humanos pasan la mayor parte del  tiempo en ambientes cerrados, donde el sonido se propaga en m&uacute;ltiples  direcciones y sufre cambios  f&iacute;sicos de importancia al reflejarse en las superficies cercanas como paredes,  techos y objetos. El sistema auditivo se enfrenta as&iacute; con una batahola de informaci&oacute;n  sonora y debe ser capaz de resolver la competencia perceptual que se produce  entre el sonido original o directo y sus reflexiones. Es &uacute;til recordar que la fuente que  genera el sonido original o directo se denomina fuente primaria, por ejemplo un  perro que ladra, y la que genera la reflexi&oacute;n, fuente secundaria. En general,  la reflexi&oacute;n es una copia coherente, retardada y atenuada del sonido original  que no se escucha como evento separado. El t&eacute;rmino eco se utiliza cuando la  reflexi&oacute;n se percibe como un evento sonoro independiente, es decir, separada  del sonido directo.</p>     <p>Una  estrategia inconsciente utilizada por el individuo para enfrentar la  informaci&oacute;n conflictiva de los ambientes cerrados, es el efecto precedente. Ha  sido definido como el fen&oacute;meno de audici&oacute;n espacial que ocurre cuando dos  sonidos similares se presentan desde diferentes lugares separados por un breve  retardo de tiempo (Arias & Ramos, 2003; Litovsky, Colburn, Yost &  Guzman, 1999). Hist&oacute;ricamente se lo refiere como un  fen&oacute;meno de fusi&oacute;n y dominancia del sonido que llega primero (l&iacute;der) y se lo describe como  un mecanismo supresor de ecos (sonido retardado). Este mecanismo le ayudar&iacute;a al  individuo a localizar con precisi&oacute;n la fuente sonora primaria, que es la que  tiene mayor significaci&oacute;n vital, pues le atribuye un fuerte pesaje al sonido  directo y reduce la influencia de la informaci&oacute;n direccional de los sonidos  retardados. En otras  palabras, el eco provoca un conflicto, que generalmente se resuelve a favor de  la informaci&oacute;n que llega primero. No obstante, la informaci&oacute;n contenida en el sonido  retardado se preserva, modificando la percepci&oacute;n y posici&oacute;n aparente del l&iacute;der  (Clifton, Freyman, Litovsky & McCall, 1994). Lo mencionado se comprueba adem&aacute;s en  situaciones reales, donde las reflexiones de un recinto, a pesar de no  escucharse como eventos separados, influyen sobre varios par&aacute;metros de la  imagen fusionada, tales como sonoridad, espacialidad y altura tonal. Estos  cambios perceptuales a su vez, tambi&eacute;n dependen entre otras variables, del tipo  de est&iacute;mulo, nivel sonoro y direcci&oacute;n de las fuentes sonoras.</p>     <p>Tres  preceptos est&aacute;n involucrados en el efecto precedente: fusi&oacute;n, dominancia en la  localizaci&oacute;n y supresi&oacute;n de la discriminaci&oacute;n del sonido retardado (Arias &  Ramos, 2003; Litovsky & Shinn-Cunningham, 2001). El primero se refiere a la  fusi&oacute;n de los dos sonidos (l&iacute;der y retardado) en una sola y coherente imagen  auditiva, lo cual resulta &uacute;til para evitar im&aacute;genes sonoras m&uacute;ltiples que  puedan dificultar la localizaci&oacute;n auditiva de la fuente primaria, que como se  mencion&oacute; es la que tiene mayor relevancia. Se denomina umbral del eco al valor  en milisegundos a partir del cual el sonido l&iacute;der y retardado se escuchan como  dos eventos separados. Este retardo var&iacute;a en funci&oacute;n del t&iacute;po de est&iacute;mulo  empleado, para las personas adultas alcanza los 35 ms en el caso de est&iacute;mulos  verbales y los 5 a 10 ms en el caso de los clics (Freyman, Clifton & Litovsky, 1991).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El segundo  precepto de dominancia en la localizaci&oacute;n se refiere al procesamiento de la  informaci&oacute;n direccional, esto es, d&oacute;nde se localiza la imagen auditiva y cu&aacute;nto  la posici&oacute;n del sonido l&iacute;der domina esta percepci&oacute;n.</p>     <p>El tercer  precepto se refiere a la habilidad del participante para discriminar cambios  angulares en la posici&oacute;n del sonido retardado, que no se percibe como un evento  separado.</p>     <p>Estudios  realizados en adultos y ni&ntilde;os indican que los cambios en la posici&oacute;n del sonido  retardado son mucho m&aacute;s dif&iacute;ciles de discriminar que los cambios en el sonido  l&iacute;der (Litovsky, 1997; Litovsky & Macmillan, 1994; Litovsky &  Shinn-Cunningham, 2001). La dificultad para extraer informaci&oacute;n direccional del  sonido retardado se deber&iacute;a al  mecanismo supresivo mencionado anteriormente, que es fuerte para retardos que  est&aacute;n por debajo del umbral del eco y se vuelve menos efectivo a medida que el  retardo aumenta.</p>     <p>Trabajos  recientes realizados con adultos indican que el efecto precedente tiene  componentes din&aacute;micos que ponen en evidencia activos procesos cognitivos (Clifton <i>et al.</i>, 1994; Freyman <i>et al.</i>, 1991; Freyman & Keen, 2006). Si se presenta un &uacute;nico par de sonidos -  por ejemplo un clic y su reflexi&oacute;n simulada  retardada en 8 ms- el participante escuchar&aacute; dos eventos separados. Sin  embargo, cuando se presenta el mismo par de sonidos en la forma de trenes de  pares de sonidos (cuatro pares por segundo, por ejemplo), el participante  escuchar&aacute; dos eventos separados pero s&oacute;lo durante los  primeros cuatro a ocho pares despu&eacute;s de lo cual el eco se hace inaudible como  evento separado, es decir, se produce la fusi&oacute;n. En otras palabras, el umbral del  eco se incrementa durante el curso de una secuencia de sonidos id&eacute;nticamente  presentados (Freyman <i>et al.</i>, 1991). Este fen&oacute;meno  se denomina mecanismo de  incremento gradual en la supresi&oacute;n del eco (build up of  echo supression). Cuando ocurren cambios repentinos en la  configuraci&oacute;n del est&iacute;mulo o cuando aparece informaci&oacute;n nueva este mecanismo  din&aacute;mico se libera, proceso que se denomina rompimiento de los fen&oacute;menos de precedencia  o liberaci&oacute;n de la supresi&oacute;n (breakdown of precedence phenomena o release from  suppression; Clifton, 1987).</p>     <p>En la mayor&iacute;a  de los estudios sobre efecto precedente, se utiliza el est&iacute;mulo l&iacute;der-  retardado o un par de clics, que simulan un sonido original y su reflexi&oacute;n.  Aunque difiere en varios sentidos de la realidad, se sostiene que estas  configuraciones optimizadas, que minimizan la complejidad de los est&iacute;mulos,  aunque no sean reales, son esenciales como un primer paso para comprender los  procesos auditivos b&aacute;sicos del  efecto precedente.</p>     <p><i><b>Principales estudios evolutivos</b></i></p>     <p>Las primeras  investigaciones realizadas sobre el desarrollo de la habilidad para percibir  sonidos bajo condici&oacute;n de precedencia se realizaron con reci&eacute;n nacidos e  indagaron el aspecto de dominancia en la localizaci&oacute;n. En general, empleaban  dos parlantes ubicados a 90&ordm; a la izquierda y derecha del ni&ntilde;o. Como est&iacute;mulo  sonoro se utilizaba el sonido grabado de un sonajero, trenes de clics o la  grabaci&oacute;n de una voz significativa para el ni&ntilde;o. Se les presentaba a los  infantes dos condiciones experimentales: a) sin efecto precedente (s&oacute;lo sonido  directo); b) con efecto precedente (sonido l&iacute;der y retardado separados por un  breve retardo de tiempo). La condici&oacute;n sin efecto precedente se incluye como  control.</p>     <p>Los  resultados obtenidos fueron negativos: los neonatos no giraron cuando se les  presentaron pares de sonidos configurados bajo precedencia pero s&iacute; lo hicieron en la  condici&oacute;n control (Clifton, Morriongello, Kulig & Dowd, 1981; Morrongiello,  Clifton & Kulig, 1982; Muir <i>et al.</i>, 1989).</p>     <p>En la  b&uacute;squeda de un est&iacute;mulo m&aacute;s adecuado para los ni&ntilde;os peque&ntilde;os, Clifton,  Morrongiello y Dowd (1984) realizaron una prueba con infantes de 2 meses en el  cual utilizaron la  voz grabada de mujer que pronunciaba una frase significativa para el ni&ntilde;o  (&quot;Hola beb&eacute;&quot; &quot;&iquest;C&oacute;mo est&aacute;s?&quot; &quot;&iexcl;Ac&aacute; est&aacute;!&quot;). Sin embargo, los resultados mostraron que  el porcentaje de giros de cabeza hacia la voz grabada super&oacute; el nivel de azar  s&oacute;lo en la condici&oacute;n control.</p>     <p align="center"><a href="img/revistas/rlps/v41n2/1a05f3.gif" target="_blank">FIGURA 3</a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Clifton <i>et al.</i> (1984) tambi&eacute;n evaluaron a beb&eacute;s de entre 2 y 6 meses.  Utilizaron como est&iacute;mulos trenes de clics configurados bajo condici&oacute;n de precedencia con un retardo de 8  ms entre el sonido l&iacute;der y retardado, o trenes de un s&oacute;lo clic (condici&oacute;n control). Los resultados mostraron que el  porcentaje de respuestas de los ni&ntilde;os de 2 meses  fue muy bajo tanto para los sonidos configurados bajo efecto precedente como  para la condici&oacute;n control, en coincidencia con la disminuci&oacute;n de respuestas  observada durante la funci&oacute;n en U mencionada anteriormente. A los 6 meses los  infantes ya respondieron a ambos tipos de estimulaci&oacute;n.</p>     <p>Posteriormente,  Muir <i>et al.</i> (1989) realizaron un  estudio longitudinal de caracter&iacute;sticas similares a los anteriores con infantes  de 3 d&iacute;as a 7 meses de edad utilizando como est&iacute;mulo el sonido del sonajero  grabado. Observaron que los infantes de 2, 3 y 4 meses giraron su cabeza hacia  el sonido directo en el 55%, 78% y 92% de los ensayos,  respectivamente, mientras que bajo condici&oacute;n de precedencia, lo hicieron en el  38%, 65% y 76% de los ensayos. Los autores postularon que las primeras  respuestas confiables y v&aacute;lidas hacia este tipo de estimulaci&oacute;n ocurren a los 4  meses, cuando finaliza la funci&oacute;n en U mencionada anteriormente.</p>     <p>Un estudio  posterior realizado por otro equipo de investigaci&oacute;n compar&oacute; la respuesta de:  a) un grupo de infantes a t&eacute;rmino de 7 meses de edad, b) un grupo de infantes a  t&eacute;rmino de 10 meses de edad, c) un grupo de beb&eacute;s prematuros de 10 meses de  edad cronol&oacute;gica y 7 meses de edad corregida (Burnham, Taplin, Henderson-  Smarta, Earnshaw-Brown & O&#39;Grady, 1993). Los resultados obtenidos mostraron  que los umbrales para los ni&ntilde;os prematuros fueron similares a los de los ni&ntilde;os  a t&eacute;rmino de 7 meses, es decir, correspondieron a su edad corregida y no a la  cronol&oacute;gica. Los autores concluyeron que los cambios que presenta este fen&oacute;meno  perceptual durante los primeros meses de vida no dependen del aprendizaje sino  de la edad madurativa considerada desde el momento de la concepci&oacute;n.</p>     <p>Finalmente, Litovsky  (1997) indag&oacute; aspectos evolutivos vinculados a la dominancia en la localizaci&oacute;n  y la supresi&oacute;n de la discriminaci&oacute;n del sonido retardado con la t&eacute;cnica de  estimaci&oacute;n del MAA mencionada anteriormente, que permite obtener la m&iacute;nima  diferencia angular que puede ser discriminada por el participante. La autora  evalu&oacute; los umbrales alcanzados por infantes de 18 meses, ni&ntilde;os de 5 a&ntilde;os y  adultos en tres condiciones experimentales: a) sin efecto precedente (condici&oacute;n  control), b) con efecto precedente -discriminaci&oacute;n de cambios en la posici&oacute;n  del sonido l&iacute;der, c) con efecto precedente  -discriminaci&oacute;n de cambios en la posici&oacute;n del sonido retardado. Como est&iacute;mulos  sonoros se utilizaron bursts (descargas) de ruido,  es decir, una secuencia de trenes de pulsos de ruido blanco. En la condici&oacute;n  control, los primeros 4 burst de ruido fueron  presentados desde la l&iacute;nea media, seguidos por 11 burst de ruido presentados desde el  parlante de la derecha o de la izquierda. En ambas condiciones con efecto  precedente (dos fuentes sonoras), los ensayos tambi&eacute;n comenzaban con 4 burst de ruido de una sola fuente desde la l&iacute;nea media. En  los 11 burst de ruido que segu&iacute;an,  hab&iacute;a 2 muestras de ruido por burst (par l&iacute;der-retardado), con el comienzo de una muestra retardada en 5 ms en  relaci&oacute;n al comienzo de la otra. En la condici&oacute;n de precedencia -  discriminaci&oacute;n del l&iacute;der, la fuente l&iacute;der proven&iacute;a de la derecha o de la  izquierda y la fuente retardada proven&iacute;a de la l&iacute;nea media. En la otra  condici&oacute;n de precedencia - discriminaci&oacute;n de la retardada, ocurr&iacute;a lo opuesto,  o sea que la fuente retardada proven&iacute;a de la derecha o de la izquierda mientras  que la fuente l&iacute;der proven&iacute;a de  la l&iacute;nea media.</p>     <p>Los  resultados obtenidos en este estudio mostraron que en la condici&oacute;n control, los  umbrales de MAA fueron de 0.78&ordm; para adultos, 1.55&ordm; para ni&ntilde;os de 5 a&ntilde;os y  5.65&ordm; para los  beb&eacute;s de 18 meses. Para la condici&oacute;n de discriminaci&oacute;n del l&iacute;der se obtuvieron  1.15&ordm;, 4.4&ordm; y 23.05&ordm;, respectivamente. Para la condici&oacute;n de discriminaci&oacute;n del  sonido retardado los valores de MAA alcanzaron los 1.71&ordm;, 27.5&ordm; y 64.58&ordm;. Como  puede observarse, en todas las edades fue m&aacute;s f&aacute;cil localizar sonidos directos  que reflejados.  La condici&oacute;n de discriminaci&oacute;n del l&iacute;der fue m&aacute;s dif&iacute;cil que la de una sola  fuente, sugiriendo que la presencia del sonido retardado en la l&iacute;nea media  afecta la localizaci&oacute;n.  A su vez, la condici&oacute;n de discriminaci&oacute;n de la retardada fue m&aacute;s dif&iacute;cil que la  condici&oacute;n l&iacute;der. Es decir, los cambios de posici&oacute;n angular del sonido retardado fueron m&aacute;s  dif&iacute;ciles de percibir que los cambios en el sonido l&iacute;der. Respecto a la edad,  en las tres condiciones experimentales los infantes de 18 meses presentaron un rendimiento  significativamente m&aacute;s bajo que los ni&ntilde;os de 5 a&ntilde;os y los adultos. Bajo  condici&oacute;n de discriminaci&oacute;n de la retardada se observ&oacute; que las diferencias en  funci&oacute;n de la edad fueron m&aacute;s notorias en detrimento de los ni&ntilde;os de menor edad  (Litovsky, 1997).</p>     <p>Por otra  parte, Morrongiello, Kulig y Clifton (1984) realizaron un estudio de fusi&oacute;n con  adultos, ni&ntilde;os de 5 a&ntilde;os y beb&eacute;s de 6 meses de edad. Para ello ubicaron dos  parlantes a 90&ordm;, uno a la izquierda y otro a la derecha del participante. En el  caso de los adultos y los ni&ntilde;os emplearon dos tipos de est&iacute;mulos configurados  bajo efecto precedente, clics y el sonido de un  sonajero grabado. El umbral del eco se determin&oacute; variando el tiempo de retardo  entre el sonido l&iacute;der y retardado en un rango entre 2 ms y 24 ms para los clics y entre 25 ms y 50 ms en el caso del sonido del  sonajero. La tarea consist&iacute;a en informar de manera verbal la direcci&oacute;n de la  cual proven&iacute;an los sonidos en  cada caso. En el caso de los beb&eacute;s se utiliz&oacute; un procedimiento de  condicionamiento del giro de cabeza. Para ello emplearon sonidos tipo clic con un retardo variable entre sonido l&iacute;der y retardado  en un rango de 12 ms a 42 ms.</p>     <p>Los  resultados mostraron diferencias en funci&oacute;n de la edad para los est&iacute;mulos tipo  clic: los infantes de 6 meses obtuvieron un umbral promedio de 25 ms, valor que  fue aproximadamente  el doble con referencia al obtenido por los ni&ntilde;os de 5 a&ntilde;os (12 ms) siendo  similar al de los adultos. Cuando se utilizaron sonidos naturales como el del sonajero, el  umbral de los ni&ntilde;os de 5 a&ntilde;os alcanz&oacute; los 30 ms, mientras que el de los adultos  fue un poco m&aacute;s bajo de 25 ms.</p>     <p>En un estudio  posterior, Litovsky, Godar y Yu (2004) analizaron la relaci&oacute;n entre dominancia  y fusi&oacute;n en ni&ntilde;os de 4 a 5 a&ntilde;os de edad. Los autores se preguntaron por la  respuesta de los ni&ntilde;os para retardos mayores al umbral del eco, es decir, la  dominancia del l&iacute;der cuando se escuchan dos sonidos separados. Para ello se  coloc&oacute; a cada participante frente a un semic&iacute;rculo conteniendo 7 parlantes  ubicados en el plano horizontal. Los est&iacute;mulos sonoros fueron bursts de ruido con un retardo variable entre sonido l&iacute;der y  retardado de 5 ms a 100 ms. Los ni&ntilde;os resolvieron una tarea de  fusi&oacute;n (deb&iacute;an se&ntilde;alar verbalmente si escuchaban uno o dos sonidos) y otra de  localizaci&oacute;n (deb&iacute;an se&ntilde;alar de qu&eacute; lugar proven&iacute;an los sonidos). Los resultados  mostraron que el umbral del eco vari&oacute; entre 15 ms a 35 ms. Por debajo del  umbral del eco, los ni&ntilde;os localizaban los est&iacute;mulos en la posici&oacute;n del sonido  l&iacute;der. Por encima  del umbral, el rendimiento en la localizaci&oacute;n del sonido retardado fue pobre,  indicando que a esta edad la dominancia del l&iacute;der persiste a&uacute;n para retardos  que est&aacute;n por encima del umbral del eco, a&uacute;n para retardos de hasta 100 ms. Es  decir, el sonido l&iacute;der, que como se recordar&aacute; es el que tiene mayor  significaci&oacute;n vital, sigue dominando la posici&oacute;n percibida a pesar de que se escuchan  dos sonidos separados.</p>     <p>Finalmente,  un estudio realizado con ni&ntilde;os con alguna patolog&iacute;a sensorial o neurol&oacute;gica  indica que la percepci&oacute;n de sonidos reflejados puede afectarse bajo numerosas  circunstancias. Hochster y Kelly (1981) evaluaron a ni&ntilde;os de 6 a 16  a&ntilde;os en una tarea de localizaci&oacute;n de sonidos configurados bajo efecto  precedente. Analizaron el rendimiento de tres grupos: a) ni&ntilde;os con audici&oacute;n  normal, b) ni&ntilde;os con  epilepsia del l&oacute;bulo temporal sin otra patolog&iacute;a asociada, c) ni&ntilde;os con p&eacute;rdida  auditiva de un s&oacute;lo o&iacute;do. Los est&iacute;mulos consistieron en trenes de clics con un retardo variable entre l&iacute;der y retardado de 1,  4, 8 y 16 ms. Los autores encontraron que los ni&ntilde;os con discapacidad auditiva  presentaron un rendimiento inferior al de los de audici&oacute;n normal tanto para la  condici&oacute;n control como para la de precedencia. Los ni&ntilde;os con epilepsia pudieron  localizar sonidos directos pero no los configurados bajo efecto precedente.  Cabe destacar que el l&oacute;bulo temporal es una porci&oacute;n de la corteza cerebral que  desempe&ntilde;a un papel importante en la recepci&oacute;n y procesamiento de la informaci&oacute;n  auditiva. Estos resultados indican que esta estructura cortical estar&iacute;a involucrada  en el procesamiento de los sonidos bajo condici&oacute;n de precedencia.</p>     <p><b>Discusi&oacute;n</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La investigaci&oacute;n  sistem&aacute;tica sobre el desarrollo de la habilidad para localizar fuentes sonoras  comenz&oacute; reci&eacute;n en la d&eacute;cada del 80. La evidencia experimental obtenida ha permitido  establecer que a pocos minutos de nacer el beb&eacute; es capaz de orientar su cabeza  hacia los sonidos. La respuesta a esta edad es lenta, poco precisa y no est&aacute; acompa&ntilde;ada  por b&uacute;squeda visual. Si bien se asemeja a un patr&oacute;n motor innato relativamente  fijo, existe evidencia de que los neonatos tienen cierta capacidad para  modificar la respuesta de giro cuando cambia la posici&oacute;n de la fuente sonora.</p>     <p>Durante los  primeros meses de vida la respuesta de giro de cabeza sigue una funci&oacute;n en  forma de U: aparece en el nacimiento, casi desaparece como respuesta confiable y v&aacute;lida,  entre el primer y segundo mes, posteriormente reaparece para incrementarse  hacia los 3 &oacute; 4 meses de edad. A los 4 &oacute; 5 meses la respuesta de orientaci&oacute;n de  la cabeza es r&aacute;pida, mucho m&aacute;s precisa y est&aacute; acompa&ntilde;ada de b&uacute;squeda visual. A  esta edad, la sensibilidad a las diferencias binaurales est&aacute; bien desarrollada  y los estudios realizados  con la t&eacute;cnica del MAA indican que los infantes de 6 meses tienen habilidad  para percibir ciertos cambios angulares en la posici&oacute;n de fuentes sonoras en el  plano horizontal y  vertical. Entre los 6 y 18 meses esta habilidad mejora significativamente.  Litovsky (1997) indica que despu&eacute;s de los 18 meses el rendimiento en pruebas de localizaci&oacute;n  de sonidos directos en el plano horizontal contin&uacute;a mejorando y a los 5 a&ntilde;os  los ni&ntilde;os obtienen umbrales similares a los de los adultos.</p>     <p>En cuanto a  la percepci&oacute;n de distancia, los estudios a&uacute;n muy incipientes, indican que a los  5 &oacute; 6 meses los infantes tienen capacidad para discriminar cambios en la  distancia a la que se encuentra un objeto sonoro. Aunque no se conoce el peso  relativo de las claves involucradas, hay evidencia de que los beb&eacute;s no son  enga&ntilde;ados, como los adultos, cuando se manipulan inconsistentemente las claves  binaurales de intensidad en relaci&oacute;n a la distancia (sonidos de mayor  intensidad suenan como provenientes de fuentes  m&aacute;s lejanas, en lugar de la asociaci&oacute;n que se produce entre sonidos m&aacute;s d&eacute;biles  y fuentes sonoras lejanas y viceversa).</p>     <p>En relaci&oacute;n a  la localizaci&oacute;n de sonidos reflejados, la evidencia experimental indica que las  primeras respuestas a est&iacute;mulos configurados bajo condici&oacute;n de efecto precedente se  observan cerca de los 4 y 5 meses, poco despu&eacute;s de la reaparici&oacute;n de la  respuesta de giro de cabeza hacia sonidos directos. Esta habilidad mejora con  la edad: a los 18 meses el rendimiento es inferior en comparaci&oacute;n con el de los  ni&ntilde;os de 5 a&ntilde;os y a su vez, &eacute;ste a&uacute;n no alcanza el nivel de rendimiento del  adulto, lo que sugiere que esta habilidad contin&uacute;a mejorando a&uacute;n despu&eacute;s de  dicha edad. Tanto a los ni&ntilde;os peque&ntilde;os, como a los adultos, les resulta m&aacute;s  dif&iacute;cil percibir cambios angulares en la posici&oacute;n del sonido retardado que en  la posici&oacute;n del l&iacute;der, posiblemente debido al fuerte pesaje otorgado al sonido  directo que reduce la influencia de la informaci&oacute;n direccional de los sonidos retardados.</p>     <p>&iquest;Cu&aacute;les son  los factores que explicar&iacute;an este mejoramiento observado durante los primeros  meses de vida? Se han agrupado las principales hip&oacute;tesis que intentan dar  respuesta a este interrogante en las siguientes tres categor&iacute;as: relativas a la  maduraci&oacute;n del sistema auditivo, senso-perceptuales y vinculadas al aprendizaje  y la memoria.</p>     <p><i><b>Hip&oacute;tesis relativas a la  maduraci&oacute;n del sistema auditivo</b></i></p>     <p>Hacen  referencia a la importancia de los cambios madurativos que ocurren en las  estructuras auditivas centrales durante los primeros meses de vida. Estudios  realizados con animales muestran que la discriminaci&oacute;n de la direcci&oacute;n  izquierda o derecha de la que proviene un sonido, se produce a nivel  subcortical mientras que la determinaci&oacute;n  de la posici&oacute;n de una fuente sonora en el espacio se produce a nivel cortical  (Heffner, 1978; Thompson & Masterton, 1978). En el nacimiento, las  estructuras encargadas de codificar las claves binaurales involucradas en la  percepci&oacute;n de la direcci&oacute;n del sonido, situadas en el complejo olivar superior,  est&aacute;n m&aacute;s maduras que las estructuras auditivas centrales (Hecox, 1975), que  contin&uacute;an madurando hasta los 12 a&ntilde;os de edad (Moore & Guan, 2001). Cabe  destacar adem&aacute;s que la mielinizaci&oacute;n del nervio auditivo y el tallo cerebral se  completa a los 6 meses  mientras que la de las conexiones entre tallo y corteza contin&uacute;a hasta los 5  a&ntilde;os (Boothroyd, 1997).</p>     <p>Por otro  lado, la evidencia indica que hacia los 3 &oacute; 4 meses de edad la regulaci&oacute;n de la  respuesta de localizaci&oacute;n sonora pasa de un nivel subcortical a estar regulada  por la corteza  auditiva (Clifton <i>et al.</i>, 1984; Field <i>et al.</i>, 1980; Muir <i>et al.</i>, 1979; Muir <i>et al.</i>, 1989).</p>     <p>En relaci&oacute;n  con la localizaci&oacute;n de sonidos configurados bajo condici&oacute;n de efecto  precedente, la principal hip&oacute;tesis explicativa que se postula, tambi&eacute;n atribuye  un rol central a la maduraci&oacute;n de las estructuras auditivas corticales.  Estudios realizados con animales aportan evidencia a favor de esta hip&oacute;tesis.  Ashmead, Clifton y Reese (1986) realizaron una investigaci&oacute;n longitudinal con  perros de 4 a 39 d&iacute;as de edad a los que les  presentaron a trav&eacute;s de parlantes, sonidos grabados de ladridos de perros  adultos y cachorros configurados bajo efecto precedente. Los resultados  mostraron que los cachorros  localizaron sonidos directos a los 16 d&iacute;as pero no pudieron localizar  consistentemente est&iacute;mulos de precedencia en el per&iacute;odo de edad evaluado. Los  autores atribuyeron este resultado a la maduraci&oacute;n de la corteza auditiva que  ocurre durante las primeras semanas de vida de los cachorros.</p>     <p>En humanos el  estudio de Hochster y Kelly (1981) realizado con ni&ntilde;os con epilepsia en el  l&oacute;bulo temporal, indica que un trastorno en el funcionamiento de esta zona de  la corteza afecta la localizaci&oacute;n de sonidos bajo condici&oacute;n de precedencia pero  no influye en la localizaci&oacute;n de sonidos directos. Por su parte, Burnham <i>et al.</i> (1993) mostraron que el rendimiento de ni&ntilde;os  prematuros de 10 meses de edad cron&oacute;logica y 7 meses de edad corregida, es  similar al que obtiene el grupo de ni&ntilde;os a t&eacute;rmino apareados seg&uacute;n edad  corregida. Tambi&eacute;n estos autores postulan que la maduraci&oacute;n de la corteza  auditiva es la causa de la aparici&oacute;n de la habilidad para percibir sonidos bajo  precedencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque la  maduraci&oacute;n de la corteza auditiva es una condici&oacute;n necesaria para que comience  a operar el efecto precedente cabe preguntarse qu&eacute; otros factores siguen incidiendo en  la mejora que se observa en el rendimiento durante los primeros a&ntilde;os de vida.  Estudios realizados con adultos indican que el entrenamiento favorece el rendimiento  en pruebas de lateralizaci&oacute;n con est&iacute;mulos configurados bajo efecto precedente  (Arias, 2008; Saberi & Antonio, 2003; Saberi & Perrott, 1990). No se  han encontrado  estudios realizados en ni&ntilde;os sobre el efecto del aprendizaje en la localizaci&oacute;n  de este tipo de est&iacute;mulos.</p>     <p><i><b>Hip&oacute;tesis senso-perceptuales</b></i></p>     <p>En los beb&eacute;s,  la distancia anat&oacute;mica entre ambos o&iacute;dos es peque&ntilde;a y aumenta progresivamente  con el r&aacute;pido crecimiento de la cabeza. Consecuentemente, tambi&eacute;n cambian las  claves binaurales, ya que dependen tanto de la posici&oacute;n de la fuente sonora  como de la distancia anat&oacute;mica mencionada, lo que har&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil la localizaci&oacute;n  auditiva para los ni&ntilde;os peque&ntilde;os.</p>     <p>Estudios  realizados con animales han comenzado a aportar evidencia sobre la importancia  del crecimiento de la cabeza y del pabell&oacute;n auditivo en la audici&oacute;n espacial  (Campbell <i>et al.</i>, 2008; Tollin, 2004).  Si bien este aspecto ha sido muy poco estudiado en humanos, Ashmead <i>et al.</i> (1987) postulan que es poco probable que los  aspectos sensoriales sean los de mayor peso en la explicaci&oacute;n del mejoramiento  en el rendimiento que se observa con la edad.</p>     <p><i><b>Hip&oacute;tesis relacionadas al  aprendizaje y la memoria</b></i></p>     <p>Este conjunto  de hip&oacute;tesis sostiene que el progreso observado podr&iacute;a reflejar un proceso de  aprendizaje durante el cual claves espec&iacute;ficas se asocian a determinadas posiciones de  fuentes sonoras en el espacio. Las mejoras observadas con la edad se deber&iacute;an a  un proceso continuo de integraci&oacute;n, calibraci&oacute;n y recalibraci&oacute;n multimodal  entre la experiencia auditiva, visual, t&aacute;ctil y propioceptiva (Ashmead <i>et al.</i>, 1991; Clifton <i>et al.</i>, 1988; Morrongielo & Gotowiec, 1990). En esta direcci&oacute;n, Aytekin, Moss  y Simon (2008)  proponen que la experiencia de las consecuencias sensoriales de las propias  conductas motoras es crucial para aprender a localizar fuentes sonoras.</p>     <p>Otro aspecto  que ha sido escasamente estudiado en infantes es el rol de la memoria en la  localizaci&oacute;n auditiva. En situaciones cotidianas, las respuestas de orientaci&oacute;n hacia sonidos  breves ocurren cuando los est&iacute;mulos auditivos ya no est&aacute;n presentes. Bajo estas  condiciones se requiere que las claves auditivas relevantes se almacenen en la memoria  a corto plazo, llamada memoria de trabajo, que es un sistema de almacenamiento  temporal en el cerebro que mantiene informaci&oacute;n disponible para guiar el  comportamiento. Estudios recientes realizados con adultos han comenzado a  aportar evidencia sobre su importancia en la localizaci&oacute;n auditiva (Arnott,  Grady, Hevenor,  Graham & Alain, 2005; Grady, Yu & Alain, 2008; Lewald & Ehrenstein,  2001) especialmente en tareas m&aacute;s dif&iacute;ciles, por ejemplo cuando se debe  discriminar dos sonidos  muy pr&oacute;ximos (Merat & Groeger, 2003).</p>     <p>En s&iacute;ntesis,  la evidencia obtenida hasta el momento sugiere que el desarrollo de la localizaci&oacute;n  auditiva -que implica una compleja interacci&oacute;n del ni&ntilde;o con el ambientees el resultado  de la interrelaci&oacute;n entre aspectos fisiol&oacute;gicos, motores, sensoriales y  percepto-cognitivos.</p>     <p>Algunos de  los interrogantes a&uacute;n no resueltos en este f&eacute;rtil campo del conocimiento son:  &iquest;Cu&aacute;l es el peso relativo de los distintos factores que inciden en el  mejoramiento observado en  la localizaci&oacute;n auditiva durante los primeros a&ntilde;os de vida?, &iquest;Cu&aacute;l es el  mecanismo que permite integrar las distintas claves motoras y sensoriales y los  aspectos cognitivos para lograr la percepci&oacute;n de la posici&oacute;n de un objeto  sonoro en el espacio?, &iquest;Qu&eacute; aspectos cognitivos est&aacute;n implicados en la  respuesta de los ni&ntilde;os peque&ntilde;os ante los sonidos reflejados?</p>     <p>Las  aproximaciones ecol&oacute;gicas en el estudio de la audici&oacute;n, que aportan nuevos  dise&ntilde;os y herramientas metodol&oacute;gicas, consideran a la percepci&oacute;n, acci&oacute;n y cognici&oacute;n  como una unidad y llaman la atenci&oacute;n sobre los procesos de exploraci&oacute;n activa e  intermodal directamente relacionados con las fuentes de estimulaci&oacute;n del ambiente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>ANSI (1999). Acoustical terminology. New York, EE.UU.: American National Standard  Institute.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-0534200900020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arias, C.  (2008). Ecolocaci&oacute;n humana y efecto precedente. Tesis doctoral no publicada, Universidad Nacional de C&oacute;rdoba, C&oacute;rdoba,  Argentina.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-0534200900020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arias, C.  & Ramos, O. (2003). Audici&oacute;n espacial en ambientes reverberantes: aspectos  te&oacute;ricos relevantes. Revista Interamericana de Psicologia/ Interamerican  Journal of Psychology, 37(2), 373-382. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-0534200900020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arnott, S. R., Grady, C. L., Hevenor, S. J.,  Graham, S. & Alain, C. (2005). The functional organization of auditory  working memory as revealed by fMRI. Journal of Cognitive Neuroscience, 17(5), 819-831.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-0534200900020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ashmead, D. H., Clifton, R. K. & Perris, E.  E. (1987). Precision in auditory localization in human infants. Developmental Psychology, 23, 641-647.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-0534200900020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ashmead, D. H., Clifton, R. K. & Reese, E.  P. (1986). Development of auditory localization in dogs: Single source and precedence effect sounds. Developmental Psychobiology,  19, 91-103.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0534200900020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ashmead, D. H., Davis, D. L., Whalen, T. &  Odom, R. D. (1991). Sound localization and sensitivity to interaural time  differences in human infants. Child Development, 62(6), 1211-1226.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-0534200900020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ashmead, D. H., Grantham, D. W., Murphy, W.  & Tharpe, A. M. (1993). Human infants&#39; sensitivity to interaural level  differences. Journal of the  Acoustical Society of America, 93, 2360 (A).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-0534200900020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Aytekin, M., Moss, C. F. & Simon, J. Z.  (2008). A sensorimotor approach to sound localization. Neural Computation, 20(3), 603-635.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-0534200900020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Blauert, J. (1997). Spatial hearing: The psychophysics of human sound  localization (Revised Edition).  Cambridge, MA, EE.UU.: MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-0534200900020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Boothroyd, A. (1997). Auditory development of  the hearing child. Scandinavian Audiology, 26(46), 9-16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-0534200900020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brazelton, T. (1973). Neonatal Behavioral Assessment Scale. London: Spastics  International Medical Publications.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-0534200900020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bundy, R. (1980). Discrimination of sound  localization cues in young infants. Child Development, 51(1), 292- 294.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-0534200900020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Burnham, D., Taplin, J., Henderson-Smarta, D.,  Earnshaw- Brown, L. & O&#39;Grady, B. (1993). Maturation of precedence-effect  thresholds: Full-term and preterm infants. Infant Behavior and Development, 16(2), 213-232.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-0534200900020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Butterworth, G. & Castillo, M., (1976).  Coordination of auditory and visual space in newborn human infants. Perception, 5(2), 155-160.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-0534200900020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Campbell, R. A., King, A. J., Nodal, F. R.,  Schnupp, J. W., Carlile, S. & Doubell, T. P. (2008). Virtual adult ears  reveal the roles of acoustical factors and experience in auditory space map  development. The Journal of  Neuroscience, 5, 28(45), 11557-11570.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-0534200900020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clarkson, M. G., Clifton, R. K. &  Morrongiello, B. (1985). The effects of sound duration on newborns&#39; head orientation.  Journal of Experimental Child  Psychology, 39(1), 20-36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-0534200900020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clarkson, M. G., Clifton, R. K., Swain, I. &  Perris, E. E. (1989). Stimulus duration and repetition rate influence newborns&#39;  head orientation toward sound. Developmental Psychobiology, 22, 683-705.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-0534200900020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clifton, R. K. (1987). Breakdown of echo  suppression in the precedence effect. Journal of the Acoustical Society of America, 8(2), 1834-1835.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-0534200900020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clifton, R. K. (1992). The development of  spatial hearing in human infants. En L. A. Werner and E. W Rubel (Eds.), Developmental psychoacoustics (pp. 135-157). Washington:  American Psychological Association.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-0534200900020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clifton, R. K., Freyman, R. L., Litovsky, R. Y.  & McCall, D. (1994) Listeners&#39; expectations about echoes can raise or lower  echo threshold. Journal of the Acoustical Society of America, 95(3), 1525-1533.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-0534200900020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clifton, R. K., Gwiazda, J., Bauer, J., Clarkson,  M. & Held, R. (1988). Growth in head size during infancy: implications for  sound localization. Developmental Psychology, 24(4), 477-483.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-0534200900020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clifton, R. K., Morrongiello, B. & Dowd, J.  (1984). A developmental look at an auditory illusion: the precedence effect. Developmental Psychobiology,  17(5), 519-536.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-0534200900020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clifton, R. K., Morrongiello, B., Kulig, J.  & Dowd, J. (1981). Newborns&#39; orientation toward sound: possible implications  for cortical development. Child Development, 52(3), 833-838.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-0534200900020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Clifton, R. K., Perris, E. & Bullinger, A.  (1991). Infants&#39; Perception of Auditory Space. Developmental Psychology, 27(2), 187-197.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-0534200900020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Field, J., Muir, D., Pilon, R., Sinclair, M.  & Dodwell, P. (1980). Infants&#39; orientation to lateral sounds from birth to  three months. Child Development, 51, 295- 298.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-0534200900020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Freyman, R. L., Clifton, R. K. & Litovsky,  R. (1991). Dynamic processes in the precedence effect. Journal of the Acoustical  Society of America, 90(2 Pt. 1), 874- 884.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-0534200900020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Freyman, R. L. & Keen, R. (2006)  Constructing and disrupting listeners&#39; models of auditory space. Journal of Acoustical Society  of America, 120(6), 3957- 3965.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-0534200900020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grady, C. L., Yu, H. & Alain, C. (2008).  Age-related differences in brain activity underlying working memory for spatial  and nonspatial auditory information. Cerebral Cortex, 18(1), 189-199.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-0534200900020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grantham, W. D. (1995). Spatial hearing and  related phenomena. En B. C. J. Moore  (Ed), Hearing. San Diego, CA: Academic  Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-0534200900020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Graven, S. N. & Browne, J. V. (2008).  Auditory Development in the Fetus and Infant. Newborn and Infant Nursing Reviews, 8(4), 187-193.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-0534200900020000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hecox, K. (1975). Electrophysiological  correlates of human auditory development. En L. Cohen & P. Salapatek  (Eds.), Infant perception:  form sensation to cognition Vol. 2, 151-191. New York, EE.UU.: Academic  Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-0534200900020000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Heffner, H. (1978). Effect of auditory cortex  ablation on localization and discrimination of brief sounds. Journal of Neurophysiology, 41, 963-976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-0534200900020000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hochster, M. & Kelly, B. (1981). The  precedence effect and sound localization by children with temporal lobe  epilepsy. Neuropsychologia, 19, 49-55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-0534200900020000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lewald, J. & Ehrenstein, W. H. (2001).  Spatial coordinates of human auditory working memory. Cognitive Brain Research, 12, 153-159.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-0534200900020000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Litovsky, R. Y. (1997). Developmental changes in  the precedence effect: estimates of minimum audible angle. Journal of the Acoustical  Society of America, 102(3), 1739-1745.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-0534200900020000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Litovsky, R. Y. & Clifton, R. (1992). Use of  soundpressure level in auditory distance discrimination by 6 month old infant  and adults. Journal of the Acoustical Society of America, 92(2), 794-802.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-0534200900020000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Litovsky, R. Y., Colburn, H., Yost, W. &  Guzman, S. (1999). The precedence effect. Journal of the Acoustical Society of America, 106(4), 1633-1654.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-0534200900020000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Litovsky, R.  Y., Godar, S. & Yu, G. (2004). Localization suppression and fusion measure of the precedence effect in  young children. Journal of the Acoustical Society of America, 115(5), 2535.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-0534200900020000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Litovsky, R. Y. & Macmillan, N. A. (1994)  Sound localization precision under conditions of the precedence effect: Effects  of azimuth and standard stimuli. Journal of the Acoustical Society of America, 96(2), 752-758.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-0534200900020000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Litovsky, R. Y. & Shinn-Cunningham B. G.  (2001) Investigation of the relationship among three common measures of  precedence: Fusion, localization dominance, and discrimination suppression. Journal of the Acoustical  Society of America, <br/>   109(1), 346-358.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-0534200900020000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>McGurk, H., Turnure, C. & Creighton, S.  (1977). Auditory-visual coordination in neonates. Child Development, 48, 138-143.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-0534200900020000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mendelson, M. & Haith, M. (1976). The  relation between audition and vision in the human newborn. Monographs of the Society for  Research in Child Development, 41, 167.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-0534200900020000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Merat, N. & Groeger, J. A. (2003). Working  memory and auditory localization: demand for central resources impairs  performance. Quarterly Journal of Experimental Psychology, 56(3), 531-549.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-0534200900020000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mershon, D. H. & King, L. E. (1975).  Intensity and reverberation as factors in the auditory perception of egocentric  distance. Perception &  Psychophysics. 18, 409-415.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-0534200900020000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Moore, B. C. J. (1995). Hearing. Handbook of perception and cognition (Second edition). San Diego, CA, EE.UU.: Academic Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-0534200900020000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Moore, J. K. & Guan, Y. L. (2001).  Cytoarchitectural and axonal maturation in human auditory cortex. Journal of the Association for  Research in Otolaryngology, 2, 297-311.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-0534200900020000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B. (1987). Infants&#39; localization  of sounds in the median sagittal plane: effects of signal frequency. Journal of the Acoustical  Society of America, 82(3), 900- 904.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-0534200900020000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B. (1988). Infants&#39; Localization  of sounds along the horizontal axis: estimates of MAA. Developmental Psychology, 24, 8-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-0534200900020000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B., Clifton, R. K. & Kulig, J.  (1982). Newborn cardiac and behavioral orienting responses to sound under  varying precedence effect conditions. Infant behavior and development, 5, 249-259.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-0534200900020000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B., Fenwick, K. & Chance, G.  (1990). Sound localization acuity in very young infants: an observer-based  testing procedure. Developmental Psychology, 26(1), 75-84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-0534200900020000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B., Fenwick, K., Hillier, L. &  Chance, G. (1994). Sound localization in newborn human infants. Developmental Psychobiology, 27(8), 519-538.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-0534200900020000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongielo, B. & Gotowiec, A. (1990).  Recent advances in the behavioral study of infant audition: The development of  sound localization skills. Journal of Speech, Language, Pathology,  and Audiology, 14, 51-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-0534200900020000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B., Hewitt, K. & Gotowiec, A.  (1991). Infants&#39; discrimination of relative distance in the auditory modality:  approaching versus receding sound sources. Infant Behavior and Development, 14, 187-208.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-0534200900020000500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B., Kulig, J. & Clifton, R. K.  (1984). Developmental changes in auditory temporal perception. Child Development, 55(2), 461-471.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-0534200900020000500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B. & Rocca, P. T. (1987a).  Infants&#39; localization of sounds in the horizontal plane: effects of auditory  and visual cues. Child Development, 58(4), 918-927.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-0534200900020000500056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B. & Rocca, P. T. (1987b).  Infants&#39; localization of sounds in the median vertical plane: estimates of  minimum audible angle. Child Development, 43(2),<br/>   181-193.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-0534200900020000500057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrongiello, B. & Rocca, P. T. (1990).  Infants&#39; localization of sounds within hemifields: Estimates of minimum audible  angle. Child Development,  61(4), 1258-1270.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-0534200900020000500058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Muir, D. (1985). The development of infants&#39;  auditory spatial sensitivity. En S.E. Trehub & B.A. Schneider (Eds.), Auditory Development in  infancy (pp. 51-83). New  York, EE.UU.: Plenum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-0534200900020000500059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Muir, D., Abraham, W., Forbes, B. & Harris,  L. (1979). The ontogenesis of an Auditory localization response from birth to  four months of age. Canadian Journal of Psychology, 33(4), 320.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-0534200900020000500060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Muir, D., Clifton, R. K. & Clarkson, M.  (1989). The development of a human auditory localization response: a U-Shaped  function. Canadian Journal of Psychology, 43 (2), 199-216.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-0534200900020000500061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Muir, D. & Field, J. (1979). Newborn infants  orient to sounds. Child Development, 50, 431-436.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-0534200900020000500062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Muir, D., Humphrey, D. & Humphrey, G.  (1994). Patterns and space perception in young infants. Spatial Vision, 8, 141-165. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-0534200900020000500063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Munar, E.,  Rosell&oacute;, J., Mas, C., Morente, P. & Quetgles, M. (2002). El desarrollo de  la audici&oacute;n humana, Psicothema, 14(2), 247-254.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-0534200900020000500064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Northern, J.  & Downs, M. (1981). La Audici&oacute;n en los ni&ntilde;os. Barcelona, Espa&ntilde;a: Salvat Editores. Perrott, D.R., Saberi, K; Brown, K. &  Strybel, T. Z. (1990) Auditory psychomotor coordination and visual search performance. Perceptions and Psychophysics,  48, 214-226.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-0534200900020000500065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-0534200900020000500066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Saberi, K.  & Antonio, J. V. (2003). Precedence-effect thresholds for a population of untrained listeners as a  function of stimulus intensity and interclick interval. Journal of the Acoustical  Society of America, 114(1), 420-429. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-0534200900020000500067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Saberi, K.  & Perrott, D. R. (1990). Lateralization thresholds obtained under conditions in which the precedence  effect is assumed to operate. Journal of the Acoustical Society of  America, 87(4), 1732-1737.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-0534200900020000500068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Thompson, G. & Masterton, R. (1978). Brain  stem auditory pathways involved in reflexive head orientation to sound. Journal of neurophysiology, 41, 1183-1202.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-0534200900020000500069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tollin, D. T. (2004). Development of the sound  localization cues in cats. Journal of the Acoustical Society of America, 115 (5), 2535 (A).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-0534200900020000500070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wertheimer, M. (1961). Psychomotor coordination  of auditory and visual space at birth. 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