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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Testeando el modelo disociacional de las experiencias alucinatorias en individuos saludables: relación con la personalidad esquizotípica y la propensidad a la fantasía]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Recent studies on hallucinatory experiences suggest that a range of hallucinatory experiences may occur outside the clinical practice, and do not lead to psychosis. In fact, the severity of mental disturbances seems to follow a continuum where one may regard psychosis in a human being as a distribution of symptoms, which constitute a terrein much more apt for psychological than psychopathological study. Here, we formulate a hypothesis where on the continuum hallucinatory experiences may occur, in a non-clinical population. Probably, dissociative experiences and other related constructs, schizotypy, and dream experiences, constitute a common domain. The objective of the present study was to determine whether high scores on proneness to unusual perceptual experiences among healthy individuals are directly and positively correlated with high scores on intensity of imagery, schizotypical tendencies, absorption, dissociation, and fantasy proneness. The sample included university students (N= 655) of both sexes, 161 males and 494 females. (Average age = 25.57). The students completed six scales, five of which referred to perceptual experiences and one measure of personality risk indications, the Schizotypical Personality Questionnaire (SPQ). The results supported the idea that there is a correlation between having hallucinatory experiences and schizotypical personality in the general population. The results indicated that the Cognitive-perceptual factor was the best discriminator for the modality visual hallucination [F (1/149) = 17.83; p <.001, one-tailed], auditory [F (2/148) = 23.82; p <.001, one-tailed] and tactil [F (1/149) = 11.73; p = .001, onetailed] between hallucinators and non-hallucinators. However, although the levels of schizotypy were high, they are not necessarily pathological; actually, these kind of experiences in their nature are completely different from those in pathological disturbances and they are not associated with any loss of contact with reality.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>Testeando el modelo disociacional de las experiencias alucinatorias en individuos saludables: relaci&oacute;n con la personalidad esquizot&iacute;pica y la propensidad a la fantas&iacute;a</b> </font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Testing the model of dissociation for hallucinatory experiences in healthy individuals: Relation to schizotypical personality and fantasy proneness</b></font></p>      <br>     <p><b>Alejandro Parra</b>    <br>   Universidad Abierta Interamericana, Argentina    <br>   <i>Correspondencia</i>: Alejandro Parra, Facultad de Psicolog&iacute;a, Universidad Abierta    <br>   Interamericana. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:rapp@fibertel.com.ar">rapp@fibertel.com.ar</a></p>      <p>Recibido: Enero 2008    <br> Aceptado: Febrero 2009</p>   <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>Recientes estudios sobre la experiencia alucinatoria sugieren que un rango de experiencias alucinatorias pueden ocurrir por fuera de un cuadro cl&iacute;nico, y no son conducentes a un estado psic&oacute;tico. De hecho, parece existir un continuo de severidad en los trastornos mentales donde se puede plantear que la psicosis existe en la condici&oacute;n humana como una <i>distribuci&oacute;n</i> de s&iacute;ntomas, lo cual es un terreno mucho m&aacute;s funcional para la investigaci&oacute;n psicol&oacute;gica que psicopatol&oacute;gica. Aqu&iacute; se formula la hip&oacute;tesis del continuo donde la experiencia alucinatoria puede ocurrir en individuos no cl&iacute;nicos. Probablemente las experiencias disociativas y otros constructos relacionados, la esquizotipia y las experiencias on&iacute;ricas definen un dominio com&uacute;n. El objetivo de este estudio es determinar si puntuaciones altas de propensidad a experiencias perceptuales inusuales en individuos saludables est&aacute;n directamente y positivamente correlacionadas con puntajes altos en intensidad de la imaginer&iacute;a, la tendencia a la esquizotipia, absorci&oacute;n, disociaci&oacute;n y propensidad a la fantas&iacute;a. Lamuestra comprende estudiantes universitarios (<i>N</i> = 655) de ambos sexos, 161 varones y 494 mujeres (media edad = 25.57). Los estudiantes completaron seis escalas, cinco de &eacute;stas de experiencias perceptuales, y una medida de rasgos de personalidad, el <i>Cuestionario de personalidad esquizot&iacute;pica</i> (SPQ). Los resultados sostienen la idea de que existe una relaci&oacute;n entre la experiencia alucinatoria y la personalidad esquizot&iacute;pica en la poblaci&oacute;n en general. Los resultados indicaron que el factor cognitivo-perceptual era el mejor discriminador para la modalidad alucinatoria visual &#91;<i>F</i> (1/149) = 17.83; <i>p</i> &lt; .001, a una cola&#93;, auditiva &#91;<i>F</i> (2/148) = 23.82; <i>p</i> &lt;.001, a una cola&#93; y t&aacute;ctil &#91;<i>F</i> (1/149) = 11.73; <i>p</i> = .001, a una cola&#93; entre alucinadores y no alucinadores. Sin embargo, aunque los niveles de esquizotipia son altos, no se los considera esencialmente patol&oacute;gicos; de hecho, las experiencias de este tipo son completamente diferentes en su naturaleza a la de los trastornos patol&oacute;gicos y no est&aacute;n acompa&ntilde;adas por ninguna p&eacute;rdida de contacto con la realidad.</p>      <p><i><b>Palabras clave:</b> imaginaci&oacute;n, absorci&oacute;n, disociaci&oacute;n, neuroticismo, psicoticismo</i>.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p>Recent studies on hallucinatory experiences suggest that a range of hallucinatory experiences may occur outside the clinical practice, and do not lead to psychosis. In fact, the severity of mental disturbances seems to follow a continuum where one may regard psychosis in a human being as a distribution of symptoms, which constitute a terrein much more apt for psychological than psychopathological study. Here, we formulate a hypothesis where on the continuum hallucinatory experiences may occur, in a non-clinical population. Probably, dissociative experiences and other related constructs, schizotypy, and dream experiences, constitute a common domain. The objective of the present study was to determine whether high scores on proneness to unusual perceptual experiences among healthy individuals are directly and positively correlated with high scores on intensity of imagery, schizotypical tendencies, absorption, dissociation, and fantasy proneness. The sample included university students (N= 655) of both sexes, 161 males and 494 females. (Average age = 25.57). The students completed six scales, five of which referred to perceptual experiences and one measure of personality risk indications, the Schizotypical Personality Questionnaire (SPQ). The results supported the idea that there is a correlation between having hallucinatory experiences and schizotypical personality in the general population. The results indicated that the Cognitive-perceptual factor was the best discriminator for the modality visual hallucination &#91;<i>F</i> (1/149) = 17.83; <i>p</i> &lt;.001, one-tailed&#93;, auditory &#91;<i>F</i> (2/148) = 23.82; <i>p</i> &lt;.001, one-tailed&#93; and tactil &#91;<i>F</i> (1/149) = 11.73; <i>p</i> = .001, onetailed&#93; between hallucinators and non-hallucinators. However, although the levels of schizotypy were high, they are not necessarily pathological; actually, these kind of experiences in their nature are completely different from those in pathological disturbances and they are not associated with any loss of contact with reality.</p>      <p><i><b>Keywords:</b> imagination, absorption, dissociation, neuroticism, psicoticism.</i></p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>Recientes estudios sobre la experiencia alucinatoria de individuos normales (no cl&iacute;nicos) defienden el modelo psicol&oacute;gico de la <i>hip&oacute;tesis del continuo</i> de las experiencias alucinatorias, seg&uacute;n el cual las alucinaciones deben ser entendidas como resultado de un proceso mental normal (Laroi, 2006; Laroi, Marcezewski; & Van der Linden, 2004; Laroi & Van der Linden, 2005; Tien, 1991; Waters, Badcock & Maybery, 2003). Esto sugiere que un rango de experiencias alucinatorias pueden ocurrir por fuera de un cuadro cl&iacute;nico, y no son conducentes a un estado psic&oacute;tico. Por ejemplo, Launay y Slade (1981) entrevistaron a cerca de 300 individuos y construyeron un instrumento que conten&iacute;a 12 afirmaciones sobre vividez del pensamiento, sue&ntilde;os diurnos y alucinaciones visuales y verbales (Bentall, 1990, 2003; Waters <i>et al.</i>, 2003). Posey y Losch (1983) encuestaron a 375 estudiantes utilizando un cuestionario que conten&iacute;a descripciones de experiencias verbales, donde el 71% indic&oacute; haber experimentado tales experiencias. Barret y Etheridge (1992, 1994) encontraron que el 45% de su muestra hab&iacute;a tenido una alucinaci&oacute;n verbal al menos una vez al d&iacute;a en un mes. Wilson y Barber (1981, 1983) descubrieron que las fantas&iacute;as ten&iacute;an propiedades alucinatorias (Lynn & Rhue, 1988) y que la fantas&iacute;a y la absorci&oacute;n est&aacute;n altamente correlacionadas (Glicksohn, Salinger & Roychman, 1992; Rader & Tellegen, 1987) involucrando a la imaginer&iacute;a mental y las creencias (Alvarado, 1992; Glickson, 1990). Para resolver este problema, por ejemplo, la &uacute;ltima edici&oacute;n del DSM (APA, 1994/2002) define a la alucinaci&oacute;n como &laquo;una percepci&oacute;n sensorial que tiene el sentido de realidad de una verdadera percepci&oacute;n, pero que ocurre sin la estimulaci&oacute;n externa de un &oacute;rgano sensorial espec&iacute;fico&raquo; (p. 767) y a la ilusi&oacute;n como &laquo;una falsa creencia basada en una inferencia incorrecta de una realidad externa&raquo; (p. 765). </p>      <p>Sin embargo, esta definici&oacute;n ha venido cambiando desde hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os. Al respecto, es importante destacar tambi&eacute;n el punto de vista cognitivo defendido por Slade y Bentall (Slade & Bentall, 1988), quienes formulan la siguiente definici&oacute;n: &laquo;la alucinaci&oacute;n es una experiencia similar a la percepci&oacute;n que ocurre en ausencia de un est&iacute;mulo apropiado, tiene toda la fuerza e impacto de la correspondiente percepci&oacute;n real y no es susceptible de ser dirigida ni controlada voluntariamente por quien la experimenta&raquo; (p. 23). El segundo aspecto de la definici&oacute;n es la fuerza o impacto de la experiencia, que sirve como criterio para diferenciar las alucinaciones de las pseudoalucinaciones. En la alucinaci&oacute;n existe la convicci&oacute;n de que el fen&oacute;meno tiene su origen fuera de uno mismo, esto es, que se produce en el mundo real. El tercer aspecto es la ausencia de control por parte del individuo, que intenta distinguir entre las alucinaciones y otras clases de im&aacute;genes mentales v&iacute;vidas, a diferencia de lo que ocurre con la imaginaci&oacute;n. Finalmente, en las alucinaciones existe una imposibilidad, o por lo menos una dificultad, de alterar o disminuir la experiencia por deseo expreso de la persona.</p>      <p>Existen investigaciones que han intentado analizar las diferencias entre los sujetos que experimentan alucinaciones y los que podr&iacute;amos denominar &quot;imaginadores&quot; normales. Los estudios m&aacute;s recientes sobre la incidencia de las alucinaciones en poblaci&oacute;n no cl&iacute;nica han sido llevados a cabo por Barrett (1993) y Barrett y Etheridge (1992, 1994), quienes encontraron que casi la mitad de su muestra ten&iacute;a experiencias alucinatorias al menos una vez al mes. Barrett y Etheridge (1994) relacionaron las alucinaciones con distintos tipos de personalidades disfuncionales y sus resultados mostraron que los &quot;alucinadores&quot; difer&iacute;an de los &quot;noalucinadores&quot; en la dimensi&oacute;n emocional y la social, aunque no encontraron relaci&oacute;n entre las experiencias alucinatorias y una patolog&iacute;a subyacente (David, 2004; Bocker, Hijman, Kahn, & De Haan, 2000).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aqu&iacute; se formula la hip&oacute;tesis del continuo donde la experiencia alucinatoria puede ocurrir en individuos no cl&iacute;nicos. A diferencia de la psicosis como una entidad dicot&oacute;mica en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, existe un continuo de severidad en los trastornos mentales donde se puede plantear que la psicosis existe en la condici&oacute;n humana como una <i>distribuci&oacute;n</i> de s&iacute;ntomas. Por ejemplo, la esquizotipia puede ser vista como un rasgo cuantitativo en lugar de cualitativo, que va de la normalidad o la excentricidad -en un extremo- a la psicosis severa -en otro-. Tomando este t&eacute;rmino, algunos investigadores han sugerido el constructo de &quot;esquizotipia feliz&quot; o &quot;esquizotipia sana&quot;, con manifestaciones propias de psicosis pero sin contenido o consecuencia patol&oacute;gica ni disfuncional (Bentall, Claridge, & Slade, 1989; Claridge, 1995, 1997). Para llegar a convertirse en un trastorno ser&aacute; preciso que el resto de los factores de esquizotipia se combinen de modo tal que den lugar al perfil esquizot&iacute;pico de &quot;vulnerabilidad a la esquizofrenia&quot;.</p>      <p>La idea que sugiere que los s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos var&iacute;an a lo largo de dimensiones cuantitativas, es un terreno mucho m&aacute;s funcional para la investigaci&oacute;n psicol&oacute;gica que psicopatol&oacute;gica (Romme & Escher, 2005). Muchos individuos son bastante enf&aacute;ticos respecto a cu&aacute;n convincentes son sus alucinaciones, y pueden mantener una posici&oacute;n cr&iacute;tica por encima de la evidencia de sus sentidos. Uno de los principales cuestionarios de alucinaciones, como el LSHS, mide la experiencia alucinatoria como una estructura multifactorial que explora cuantitativamente varias experiencias perceptuales an&oacute;malas y otras manifestaciones psic&oacute;ticas.</p>      <p>Por ejemplo, ciertos eventos en la vida -como la p&eacute;rdida de un ser querido- est&aacute;n asociados a la presencia de alucinaciones e ilusiones posduelo. La sensaci&oacute;n de presencia del difunto es una experiencia alucinatoria bastante com&uacute;n, sean visuales, auditivas, o sensaci&oacute;n de ser &quot;tocado&quot;, incluso a&ntilde;os despu&eacute;s de la p&eacute;rdida. Esta situaci&oacute;n de sufrimiento son experiencias de &quot;di&aacute;logo&quot; con el difunto. Tales experiencias parecen ser razonables porque la mayor&iacute;a de las personas las experimenta bajo situaciones de duelo normal, particularmente a causa del car&aacute;cter favorable y el efecto beneficioso de la experiencia (Miller, O&#39;Connor & DiPasquale, 1993). Las experiencias de este tipo son completamente diferentes en su naturaleza a las de los trastornos patol&oacute;gicos y no est&aacute;n acompa&ntilde;adas por alg&uacute;n s&iacute;ntoma asociado a la p&eacute;rdida de contacto con la realidad (Knudson & Coyle, 1999). Por lo tanto, las alucinaciones estar&iacute;an reforzadas por el alivio que suponen determinadas experiencias adversas (Laying & Andronis, 1984; Rojcewicz & Rojcewicz, 1997).</p>      <p>Otro tipo de experiencia es sentir v&iacute;vidamente que uno no est&aacute; solo a pesar del conocimiento certero de que no hay realmente nadie cerca. Esta es una experiencia alucinatoria bastante frecuente y se la conoce como <i>alucinaci&oacute;n asensorial</i>, la cual puede ir de una vaga y casi injustificada certeza a una certeza absoluta. Se la puede experimentar como una sensaci&oacute;n de presencia, por ejemplo, al caminar solo en una calle oscura, o a trav&eacute;s de un bosque silencioso, o incluso estando en casa solo.</p>      <p>La sensaci&oacute;n de presencia consiste en un sentimiento instant&aacute;neo, el discernimiento inefable de que &quot;all&iacute; hay algo&quot;. La sensaci&oacute;n de presencia es una concomitante com&uacute;n a la par&aacute;lisis del sue&ntilde;o, particularmente asociada a las alucinaciones visuales, auditivas y t&aacute;ctiles, experiencia de par&aacute;lisis de sue&ntilde;o, ataques de <i>incubos</i> (demonios), o percepci&oacute;n de estar siendo pose&iacute;do (Cheyne, Rueffer & Newby-Clark, 1999; Hufford, 1982; Ohayon, Priest, Caulet & Guilleminault, 1996; Ness, 1978; Spanos, McNulty, Dubreuil, Pires & Burgess, 1995).</p>      <p>Tampoco es raro experimentar visiones v&iacute;vidas, breves, o encontrarse por momentos incapaz de moverse o hablar en ese estado. Estas alucinaciones comienzan poco despu&eacute;s de que una persona concilia el sue&ntilde;o (experiencia hipnag&oacute;gica) o al despertar (experiencia hipnop&oacute;mpica). Los sonidos alucinados se perciben como externos al individuo, a diferencia de ocurrir &quot;en la cabeza&quot; -como ocurre en las psicosis-,por ejemplo, zumbidos, ruidos, rumores, campanadas, rugidos, chillidos, rechinadas, o silbidos, a veces muy fuertes y mec&aacute;nicos (American Sleep Disorders Association, 1990; Mavromatis, 1987; Nielsen, 1992).</p>      <p>Los estudios de los mecanismos cognitivos de las experiencias alucinatorias en poblaci&oacute;n normal revelan informaci&oacute;n valiosa sobre los posibles mecanismos subyacentes en las alucinaciones y los trastornos mentales (Aleman, Nieuwenstein; Buker & De Haan, 2000). Algunas teor&iacute;as indican que las alucinaciones son el resultado de una confusi&oacute;n interna de experiencias con eventos generados externamente (Bentall, 1990; Frith, 1992; Hoffman, 1986; Slade & Bentall, 1988). Se cree que tales confusiones se pueden generar en fallas del monitoreo de realidad -el modo de establecer un juicio correcto- (Ditman & Kuperberg, 2005) o del proceso de discriminar los recuerdos de informaci&oacute;n interna de los recuerdos que provienen del mundo exterior (Bentall, 1990; Morrison & Haddock, 1997).</p>      <p>Es posible que individuos con altos indicadores de propensidad a la fantas&iacute;a, disociaci&oacute;n y tendencia a la esquizotipia puedan traspasar relativamente sin esfuerzo el muy permeable &quot;l&iacute;mite&quot; entre el sue&ntilde;o y el despertar. Probablemente las experiencias disociativas y otros constructos relacionados, la esquizotipia y las experiencias on&iacute;ricas, definen un dominio com&uacute;n. Hay investigadores -que parten de diversos modelos te&oacute;ricos- que sugieren haber diferencias individuales para la facilidad con que una persona puede atravesar diferentes estados de consciencia (Hartmann, 1991; McCreery, 1997; Thalbourne & Houran, 2000). Hartmann (1991), por ejemplo, observ&oacute; que quienes tienden a recordar sue&ntilde;os m&aacute;s frecuentemente, o tienen sue&ntilde;os m&aacute;s v&iacute;vidos, tambi&eacute;n tienen &quot;l&iacute;mites finos&quot; que permiten el pasaje entre estados de consciencia que corresponden a la realidad consciente, de vigilia, y los estados que corresponden a la fantas&iacute;a. De manera similiar, Thalbourne y Houran (2000, p. 853) sugieren que la propensidad a la esquizotipia, a la fantas&iacute;a, la absorci&oacute;n, la creatividad y las experiencias paranormales, son todas manifestaciones del amplio rasgo de la transliminalidad, definida como la &laquo;tendencia de la imaginer&iacute;a, la ideaci&oacute;n, el afecto y la percepci&oacute;n, u otras caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas, a cruzar el umbral dentro y fuera de la consciencia&raquo;.</p>      <p>El objetivo de este estudio es determinar si puntuaciones altas de propensidad a la alucinaci&oacute;n en individuos saludables est&aacute; correlacionadas con un aumento en la intensidad de la imaginer&iacute;a, la tendencia a la esquizotipia, absorci&oacute;n, disociaci&oacute;n y propensidad a la fantas&iacute;a.</p>      <p>Se ponen a prueba tres hip&oacute;tesis: que puntuaciones altas en la modalidad auditiva, visual, gustativa, t&aacute;ctil, olfativa, hipnag&oacute;gico/hipnop&oacute;mpica, y el puntaje total de alucinaci&oacute;n, estar&aacute;n correlacionadas con puntuaciones altas en (1) intensidad de la imaginer&iacute;a, (2) propensidad a la esquizotipia (cognitivo-perceptual, interpersonal y desorganizada), y (3) absorci&oacute;n, disociaci&oacute;n, y propensidad a la fantas&iacute;a.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>M&eacute;todo</b></font></p>      <p><b><i>Participantes</i></b></p>      <p>La muestra comprende estudiantes universitarios (<i>N</i>= 655) de ambos sexos, 161 varones (24%) y 494 mujeres (76%), cuyo rango etario es de 17 a 57 a&ntilde;os (media = 25.57; <i>SD</i> = 7.23; media varones = 26.07; <i>SD</i> = 6.59; media mujeres = 25.39, <i>SD</i> = 7.42), e incluy&oacute; a estudiantes de primero a quinto a&ntilde;o de las carreras de psicolog&iacute;a de la Facultad de Psicolog&iacute;a de la Universidad Abierta Interamericana, residentes en la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires y Gran Buenos Aires. Se administr&oacute; en las aulas de las sedes Centro, Almagro y Campus Sur (Lomas de Zamora) y el segundo a&ntilde;o en la Universidad del Salvador (USAL). La diferencia en la proporci&oacute;n de la muestra se debe a que en la Facultad de Psicolog&iacute;a el porcentaje mayor de estudiantes es femenino. Se aplic&oacute; una t&eacute;cnica de muestreo no probabil&iacute;stica.</p>      <p><i><b>Instrumentos</b></i> </p>      <p>Los estudiantes completaron seis escalas, cinco de &eacute;stas de experiencias perceptuales: la <i>Escala de Imaginer&iacute;a</i> (QMI) (Sheehan, 1967; Richardson, 1990; alfa de Cronbach= .77), un inventario de 35 &iacute;tems que mide la intensidad de la imaginer&iacute;a en una escala Likert 1-7, siendo 1 alta imaginer&iacute;a y 7 baja imaginer&iacute;a, en siete modalidades sensoriales (s&oacute;lo dos se usaron: visual, por ej. &quot;El sol poni&eacute;ndose en el horizonte&quot;, y cin&eacute;tica, por ej. &quot;Alcanzar un estante alto&quot;); el <i>Cuestionario de Alucinaciones</i> (CEA) (Parra, Adr&oacute;ver & Gonz&aacute;lez, 2006; alfa de Cronbach = .93), que mide la propensidad a alucinar en seis modalidades sensoriales de 38 &iacute;tems con una escala Likert 0-5, siendo 1 rara vez a 5 frecuentemente (s&oacute;lo dos se usaron: visual, por ej. &quot;He visto sombras, o figuras humanas o nohumanas cerca de mi cama, las he visto claramente y veo lo que hacen&quot;, y t&aacute;ctiles, por ej. &quot;He tenido la experiencia de sentir una palmada en mi hombro, o cualquier otra sensaci&oacute;n v&iacute;vida de contacto fisico de otra persona detr&aacute;s m&iacute;o, pero cuando me doy vuelta no veo a nadie&quot;); la <i>Escala de Experiencias Disociativas (DES)</i> (Bernstein & Putman, 1993; alfa de Cronbach = .91), una escala trifactorial de 28 &iacute;tems en una escala Likert 0-10 que mide una variedad de tendencias disociativas: amnesia, despersonalizaci&oacute;n y desrealizaci&oacute;n (por ej. &quot;Algunas personas tienen la experiencia de conducir o estar viajando en un coche, colectivo, o subterr&aacute;neo y de repente se dan cuenta de que no recuerdan lo que pas&oacute; durante todo o parte del viaje&quot;); y el <i>Cuestionario de Experiencias Creativas</i> (CEQ) (Merckelbach, Horselenberg & Muris, 2001; alfa de Cronbach = .89) una escala de 25 &iacute;tems de respuesta verdadero/falso que mide la propensidad a la fantas&iacute;a, especialmente la tendencia a fantasear en la ni&ntilde;ez (e.g., &quot;Cuando veo escenas de violencia por televisi&oacute;n me siento tan involucrado en &eacute;stas que me provoca mucha inquietud&quot;), y la <i>Escala de Absorci&oacute;n de Tellegen (TAS)</i> (Tellegen & Atkinson, 1974; alfa de Cronbach = .91), que mide en 34 &iacute;tems de respuesta verdadero/falso la frecuencia con que una persona se involucra en actividades que exigen atenci&oacute;n y concentraci&oacute;n (e.g. &quot;Cuando escucho m&uacute;sica de &oacute;rgano u otra m&uacute;sica imponente a veces siento como si me estuvieran levantando en el aire&quot;).</p>      <p>Se emple&oacute; tambi&eacute;n una medida de rasgos de personalidad: el <i>Cuestionario de Personalidad Esquizot&iacute;pica</i> (SPQ) (Raine, 1991; Raine, 1992, Raine & Baker, 1992; Raine & Benishay, 1995; alfa de Cronbach = .91), una escala trifactorial de 74 &iacute;tems de respuesta dicot&oacute;mica s&iacute;/ no que mide estilos de pensamiento esquizot&iacute;picos: factor cognitivo-perceptual (e.g. &quot;&iquest;Alguna vez ha visto cosas que para los dem&aacute;s son invisibles?&quot; o &quot;&iquest;Son sus pensamientos a veces tan fuertes que usted casi podr&iacute;a escucharlos?&quot;), interpersonal (e.g. &quot;Tengo poco inter&eacute;s en conocer a otras personas&quot; o &quot;Soy muy pobre al expresar mis verdaderos sentimientos por el modo en el que hablo y miro&quot;), y desorganizado (e.g. &quot;Otras personas me ven como desatento o exc&eacute;ntrico&quot; o &quot;A veces utilizo palabras de un modo inusual&quot;). En general, un valor alfa de Cronbach de .60 es una medida aceptable de confiabilidad (Grady & Wallston, 1988). Las medidas de alfa corresponden a la versi&oacute;n en espa&ntilde;ol, de cada escala.</p>      <p><i><b>Procedimiento</b></i></p>      <p>El set de tests autoadministrables fue entregado en un sobre A4 a cada estudiante, en forma contrabalanceada, durante una clase de la cursada te&oacute;rica. El tiempo promedio para completar todos los cuestionarios fue de 50 minutos. Los estudiantes recibieron una vaga informaci&oacute;n del objeto de estudio y se los invit&oacute; a participar voluntaria y an&oacute;nimamente, completando los tests, en una &uacute;nica sesi&oacute;n, en d&iacute;as y horarios previamente pactados con los docentes. El orden de administraci&oacute;n de ambas pruebas fue contrabalanceado y los cuestionarios de alucinaciones se presentaron bajo el pseudo t&iacute;tulo de <i>Cuestionario de Experiencias Psicol&oacute;gicas</i>, con lo cual se evit&oacute; sesgar las respuestas. Los an&aacute;lisis fueron procesados mediante el SPSS 11.5 (en espa&ntilde;ol).</p>      <p><font size="3"><b>Resultados</b></font></p>      <p><i><b>Intensidad de la Imaginer&iacute;a</b></i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La hip&oacute;tesis 1 suger&iacute;a que quienes puntuaban alto en la modalidad sensorial de alucinaci&oacute;n puntuar&iacute;an positivamente alto en la intensidad de la imaginer&iacute;a empleando un an&aacute;lisis de correlaci&oacute;n (<i>r</i> de Pearson) que corresponde a cada modalidad sensorial de la <i>Escala de Imaginer&iacute;a V&iacute;vida</i>. Esta hip&oacute;tesis no fue confirmada para ninguna de las modalidades de alucinaci&oacute;n (<a href="#tab3">tabla 3</a>).</p>       <p>    <center><a name="tab1"><img src="img/revistas/rlps/v41n3/v41n3a12t1.jpg"></center></p>      <p>    <center><a name="tab2"><img src="img/revistas/rlps/v41n3/v41n3a12t2.jpg"></center></p>      <p>    <center><a name="tab3"><img src="img/revistas/rlps/v41n3/v41n3a12t3.jpg"></center></p>      <p><i><b>Propensidad a la esquizotipia</b></i></p>      <p>La hip&oacute;tesis 2 suger&iacute;a que quienes puntuaban alto en la modalidad sensorial de alucinaci&oacute;n puntuar&iacute;an positivamente alto en esquizotipia empleando un an&aacute;lisis de correlaci&oacute;n (<i>r</i> de Pearson) que corresponde a los tres subfactores del SPQ. Esta hip&oacute;tesis fue confirmada para casi todas las subescalas del SPQ. El factor cognitivo-perceptual correlaciona m&aacute;s fuertemente con todas las modalidades sensoriales de alucinaci&oacute;n, particularmente con las modalidades auditiva (<i>r</i> = .51), t&aacute;ctil (<i>r</i> = .47), HG/ HP (<i>r</i> = .44), y visual (<i>r</i> = .43). Tambi&eacute;n se encuentra una correlaci&oacute;n entre la propensidad a alucinar en general con el puntaje total de esquizotipia (<i>r</i> = .44) (<a href="#tab3">tabla 3</a>).</p>      <p><i><b>Absorci&oacute;n, disociaci&oacute;n y propensidad a la fantas&iacute;a</b></i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La hip&oacute;tesis 3 suger&iacute;a que quienes puntuaban alto en la modalidad sensorial de alucinaci&oacute;n puntuar&iacute;an positivamente alto en absorci&oacute;n, disociaci&oacute;n y propensidad a la fantas&iacute;a, empleando un an&aacute;lisis de correlaci&oacute;n (<i>r</i> de Pearson). Esta hip&oacute;tesis fue confirmada para absorci&oacute;n (<i>r</i> = .61), disociaci&oacute;n (<i>r</i> = .60), propensidad a la fantas&iacute;a (<i>r</i> = .54), con el puntaje total de alucinaci&oacute;n. Es particularmente relevante que las modalidades auditiva y la hipnag&oacute;gico/hipnop&oacute;mpica, respectivamente, punt&uacute;an significativamente m&aacute;s alto que el resto de ellas (<a href="#tab3">tabla 3</a> ).</p>      <p>Con el objeto de explorar diferencias por g&eacute;nero, se dividi&oacute; la muestra en dos grupos: varones/mujeres, y se examin&oacute; el n&uacute;mero de participantes con y sin experiencia alucinatoria (visual, auditiva y t&aacute;ctil). Los an&aacute;lisis no dieron resultados significativos para hombres y mujeres, ni entre alucinadores o no alucinadores de cada modalidad sensorial en forma separada (<a href="#tab1">Tablas 1</a> y <a href="#tab2">2</a>).</p>      <p>Tambi&eacute;n se llev&oacute; a cabo un an&aacute;lisis de regresi&oacute;n lineal con el fin de buscar el principal predictor para cada tipo de alucinaci&oacute;n y determinar qu&eacute; modalidades sensoriales correlacionaban con las variables analizadas. Despu&eacute;s de verificar los requerimientos de la t&eacute;cnica, un test estad&iacute;stico (regresi&oacute;n lineal por pasos sucesivos) se encontr&oacute; que el factor cognitivo-perceptual era el mejor discriminador para la modalidad alucinatoria visual &#91;<i>F</i> (1/149) = 17.83; <i>p</i> &lt; .001, a una cola&#93;, auditiva &#91;<i>F</i> (2/148) = 23.82; <i>p</i> &lt;.001, a una cola&#93; y t&aacute;ctil &#91;<i>F</i> (1/149) = 11.73; <i>p</i> = .001, a una cola&#93;. El resto de las variables no discrimin&oacute; entre ambos grupos (alucinadores y noalucinadores) (<a href="#t3">tabla 3</a> ).</p>      <p><font size="3"><b>Discusi&oacute;n</b></font></p>      <p>Este estudio es una investigaci&oacute;n correlacional de las experiencias alucinatorias en poblaci&oacute;n saludable (estudiantes universitarios) para determinar en qu&eacute; medida estas experiencias se presentan en individuos sanos y de buen nivel cultural. Los resultados mostraron que quienes puntuaron alto en propensidad a alucinar indicaron mayor nivel de esquizotipia, principalmente el factor cognitivo-perceptual con las modalidades auditiva, visual y t&aacute;ctil. Tambi&eacute;n se encuentra una correlaci&oacute;n entre la propensidad a alucinar en general con el puntaje total de esquizotipia. Igualmente se observ&oacute; alta tendencia en absorci&oacute;n, disociaci&oacute;n y propensidad a la fantas&iacute;a. La hip&oacute;tesis de que la intensidad de la imaginer&iacute;a es mayor en los alucinadores, no fue confirmada en este estudio.</p>      <p>Algunos &iacute;tems inclu&iacute;an experiencias alucinatorias claramente patol&oacute;gicas (e.g. &quot;He o&iacute;do mis propios pensamientos en voz alta... los oigo como desde fuera de mi cabeza, a pesar de que estoy seguro de no haber hablado en voz alta&quot;), y otras inclu&iacute;an experiencias menos disfuncionales (e.g. &quot;Cuando estoy completamente solo en casa, oigo una voz que me llama por mi nombre, una sola vez&quot;). En ambos casos, el porcentaje de experiencias m&aacute;s disfuncionales era bastante menor que las &quot;normales&quot;. Los resultados de un estudio previo mostraron (Parra <i>et al.</i>, 2006) que entre el 16 y el 24% de los estudiantes indicaba haber tenido una experiencia alucinatoria; que la modalidad t&aacute;ctil era la modalidad sensorial m&aacute;s com&uacute;n (25%), seguida por la auditiva (&quot;o&iacute;r voces&quot; 20%) y la visual (16%); que el 5% las experimentaba al menos dos veces por mes; y que tanto hombres como mujeres alucinaban de igual modo, si bien la poblaci&oacute;n femenina era dos veces superior a la masculina. Por otra parte, la modalidad hipnag&oacute;gica (e.g. &quot;S&oacute;lo cuando me estoy durmiendo o estoy despertando del sue&ntilde;o, he visto sombras, o figuras humanas o no humanas cerca de mi cama, las he visto claramente y veo lo que hacen&quot;) tambi&eacute;n revel&oacute; un indicador elevado (22%).</p>      <p>Las personas que tienden a alucinar probablemente sean productores de im&aacute;genes intensas, pero estas son m&aacute;s <i>idiosincr&aacute;ticas</i>, aunque las im&aacute;genes m&aacute;s desviadas quiz&aacute; no sean similares a la percepci&oacute;n normal. Pese a no encontrarse una relaci&oacute;n entre intensidad de la imaginer&iacute;a y propensidad a alucinar, la diferencia fenomenol&oacute;gica en el contenido de las im&aacute;genes mentales quiz&aacute; explique la dificultad para evaluar una relaci&oacute;n entre la intensidad de la imaginer&iacute;a y la predisposici&oacute;n a alucinar (Gauntlett-Gilbert & Kuipers, 2003). Se puede argumentar tambi&eacute;n que no es la intensidad de la imaginer&iacute;a lo importante, sino c&oacute;mo una persona califica una experiencia interna que se presenta externamente, para luego transformarse en una experiencia alucinatoria.</p>      <p>Respecto a la hip&oacute;tesis de la personalidad esquizot&iacute;pica, estos resultados sostienen la idea de que existe una relaci&oacute;n entre la experiencia alucinatoria y la personalidad esquizot&iacute;pica en la poblaci&oacute;n en general. En este caso, un factor cognitivo-perceptual est&aacute; relacionado con la propensidad a alucinar en general, particularmente la visual, auditiva, t&aacute;ctil e hipnag&oacute;gico/hipnop&oacute;mpica. El factor cognitivo-perceptual, que proviene de las subescalas de experiencias perceptuales inusuales, pensamiento m&aacute;gico, ideaci&oacute;n paranoica, e ideas de referencia, quiz&aacute; sea an&aacute;logo a los s&iacute;ntomas positivos (ilusiones y alucinaciones) en la esquizofrenia (Arndt, Alliger & Andreasen, 1991). El factor de desorganizaci&oacute;n, asociado a pensamientos y conductas extravangantes, parece corresponder a una tendencia a alucinar o -al menos- a interpretar de manera disfuncional ciertas percepciones an&oacute;malas. El factor interpersonal quiz&aacute; sea an&aacute;logo a la mayor&iacute;a de los s&iacute;ntomas negativos de los pacientes esquizofr&eacute;nicos como la ansiedad social, pero &eacute;ste no afect&oacute; significativamente la propensidad a alucinar.</p>      <p>Una evidencia indirecta acerca de una v&iacute;a de interacci&oacute;n entre la esquizotipia y las experiencias alucinatorias proviene de los estudios que han encontrado una coincidencia entre la propensi&oacute;n a la fantas&iacute;a y la disociaci&oacute;n (Merckelbach <i>et al.</i>, 2001). La correlaci&oacute;n entre la propensidad a la fantas&iacute;a, la esquizotipia y las experiencias alucinatorias sostiene que existe un com&uacute;n denominador caracterizado por experiencias cognitivas y perceptuales inusuales. Sin embargo, aunque los niveles de esquizotipia involucran un elevado riesgo de brote psic&oacute;tico, no se los considera esencialmente patol&oacute;gicos. De hecho, la conexi&oacute;n entre esquizotipia y creatividad sugiere que puede haber ciertas ventajas biol&oacute;gicas en la esquizotipia. De hecho, Claridge (1995, p. 123) sostiene que &laquo;la esquizofrenia es el costo que paga la especie humana por la capacidad de adaptaci&oacute;n y flexibilidad&raquo;.</p>      <p>Dada las caracter&iacute;sticas de la muestra y la consistencia de este estudio con respecto a la absorci&oacute;n, la disociaci&oacute;n, y la propensidad a la fantas&iacute;a, se hall&oacute; una interesante validaci&oacute;n de las experiencias alucinatorias y correlaciones fuertes en estas tres variables. En efecto, algunos especialistas coinciden en que las experiencias disociativas operan en un continuo en cuyo extremo est&aacute;n los estados disociativos normales y en el otro, estados patol&oacute;gicos como la amnesia disociativa y la despersonalizaci&oacute;n (Ross, 1989). Algunos investigadores han tratado de determinar cu&aacute;l es la naturaleza de la disociaci&oacute;n en individuos normales. Muchos estudios han descubierto que algunos individuos en una poblaci&oacute;n &quot;normal&quot; por lo general tienen puntajes m&aacute;s altos en el factor absorci&oacute;n/imaginaci&oacute;n del DES, y algo menos en despersonalizaci&oacute;n/desrealizaci&oacute;n y amnesia (ver Carlson & Arsmstrong, 1994). En otras palabras, muchas personas normales pueden experimentar situaciones en las cuales su conciencia parece dividirse; donde existe un procesamiento de percepciones, pensamientos, sentimientos y acciones sin representaci&oacute;n consciente.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la categor&iacute;a de disociaci&oacute;n &quot;normal&quot; incluimos las experiencias fuera del cuerpo, el automatismo en la vida cotidiana y la absorci&oacute;n hipn&oacute;tica y cognitiva (Carde&ntilde;a, 1994; Putnam, 1997). De hecho, algunos antrop&oacute;logos y psic&oacute;logos interculturales ahora creen que una gran variedad de experiencias, como el trance en un contexto religioso y la posesi&oacute;n, son fen&oacute;menos disociativos culturalmente normales (Bourguignon, 1976; Castillo, 1997; Golub, 1995). Por ejemplo, en algunas culturas las experiencias disociativas que ocurren durante las pr&aacute;cticas de mediumnidad no deterioran ni perjudican al m&eacute;dium sino que son vistas como un don o un talento preciado (Krippner, 1989). En otros contextos, sin embargo, experiencias como la &quot;posesi&oacute;n&quot; son vistas como un problema que puede producir miedo intenso y angustia (Gaw, Ding, Levine & Gaw, 1998; Lewis-Fern&aacute;ndez, 1994). Para entender cu&aacute;ndo las experiencias disociativas son normales o patol&oacute;gicas, es crucial comprender su construcci&oacute;n social y la pluralidad de significados que se les otorga (ver Mart&iacute;nez Taboas, 1991, 1999).</p>      <p>Los fen&oacute;menos disociativos son de inter&eacute;s te&oacute;rico para muchos cient&iacute;ficos cognitivos porque parecen ampliar el estudio de procesos complejos no conscientes (Bower & Sivers, 1998; Bowers & Meichenbaum, 1984) o para explicar los fen&oacute;menos hipn&oacute;ticos (Hilgard, 1986). Tales procesos de ning&uacute;n modo implican procesos patol&oacute;gicos; por el contrario, se puede extender esta teor&iacute;a a otros constructos que parecen ser fenomenol&oacute;gicamente similares a la disociaci&oacute;n, como la hipnotizabilidad, la absorci&oacute;n, la propensidad a la fantas&iacute;a, y apertura a la experiencia. Un ejemplo de ello es la absorci&oacute;n psicol&oacute;gica, donde a trav&eacute;s de una variedad de situaciones, una persona demuestra gran facilidad para entrar en estados que se caracterizan por una marcada reestructuraci&oacute;n cognitiva y una apertura a experimentar alteraciones emocionales y cognitivas (Putnam & Carlson, 1998; Tellegen & Atkinson, 1974).</p>      <p>Individuos que tienden a la absorci&oacute;n han tenido alguna experiencia traum&aacute;tica en la infancia debido a una sensibilidad que intensifica sus experiencias, como las alucinaciones (Lynn & Rhue, 1988; Glicksohn <i>et al.</i>, 1992). De hecho, Tellegen define a la absorci&oacute;n como un rasgo de la personalidad que permite que un individuo se implique en una variedad de experiencias mediante la imaginaci&oacute;n (Tellegen, 1982). Como sugieren Berenbaum, Kerns y Raghavan (2000, p. 39): &laquo;Individuos con niveles elevados de absorci&oacute;n... est&aacute;n en riesgo de tener experiencias an&oacute;malas debido a que quiz&aacute;s traten de tenerlas intencionalmente, o quiz&aacute;s est&eacute;n m&aacute;s dispuestos a explorar aspectos de sus mundos fenomenol&oacute;gicos que otras personas no pueden explorar&raquo;.</p>      <p>La experiencia alucinatoria podr&iacute;a ser solidaria para distintas reacciones, por ejemplo, aliviar la tensi&oacute;n de una decisi&oacute;n o un recuerdo, para que el individuo se sienta m&aacute;s valioso, para tomar decisiones, para servir de &quot;compa&ntilde;&iacute;a&quot; al sentimiento de soledad, para mitigar el sentimiento de p&eacute;rdida (duelo) o fracaso (Knudson & Coyle, 1999). Por lo tanto, esto apunta a una conexi&oacute;n entre la ansiedad y la experiencia alucinatoria que podr&iacute;a ser visto como &quot;estadios intermedios&quot; de un continuo de normalidad-psicosis (Van Os, <i>et al.</i>, 1999; Van Os,Hanssen, Bijl & Vollebergh, 2001).</p>      <p>Finalmente, utilizar a la poblaci&oacute;n no hospitalizada nos permite determinar cu&aacute;ntos individuos con s&iacute;ntomas de psicosis y alucinaciones est&aacute;n viviendo en la sociedad y son, al menos, socialmente funcionales. En consecuencia, es posible que la psicosis exista como un continuo de experiencias, con una distribuci&oacute;n en la poblaci&oacute;n general. Sus implicaciones para el diagn&oacute;stico, etiolog&iacute;a y tratamiento de los estados psic&oacute;ticos asociados a la necesidad de una atenci&oacute;n especializada sugieren que se puede recomendar la incorporaci&oacute;n de una noci&oacute;n de continuo de s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos en la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica. De hecho, &iquest;es necesaria una nueva palabra para suplir a &quot;alucinaci&oacute;n&quot;? A causa de la clara connotaci&oacute;n patol&oacute;gica de la experiencia, Stevenson (1983) propone el concepto de &quot;idiofan&iacute;a&quot; para describir experiencias no patol&oacute;gicas que guardan en privado individuos saludables, o que no influyen en su conducta manifiesta. Las experiencias de este tipo son completamente diferentes en su naturaleza a la de los trastornos patol&oacute;gicos y no est&aacute;n acompa&ntilde;adas por p&eacute;rdida de contacto con la realidad.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>Aleman, A., Nieuwenstein, M. R., Boecker, K. B. E. & de Haan, E. H. F. (1999a). Hallucinatory experiences in normal subjects: Factor structure of the Launay-Slade Hallucination Scale. <i>Nederlans Tijdschrift voor de Psychologie enhaar Grensgebieden, 54</i>, 241-246.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-0534200900030001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>American Psychiatric Association (1994/2002). <i>Diagnostic and statistical manual of mental disorders</i>, Fourth edition. Washington, D. C: Author.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-0534200900030001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>American Sleep Disorders Association (1990). <i>International classification of sleep disorders: Diagnostic and coding manual (ICSD)</i>. Rochester, MN: American Sleep Disorders Association.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-0534200900030001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barrett, T. R. & Etheridge, J. B. (1992). Verbal hallucinations in normals, 1: People who hear &quot;voices&quot;. <i>Applied Cognitive Psychology, 6</i>, 379-387.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-0534200900030001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barrett, T. R. & Etheridge, J. B. (1994). Verbal hallucinations in normals, 3: Dysfunctional personality correlates. <i>Personality and Individual Differences, 16</i>, 57-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-0534200900030001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barrett, T. R. (1993). Verbal hallucinations in normals, 2: Self-reported imagery vividness. <i>Personality and Individual Differences, 15</i>, 61-67.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-0534200900030001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barrett, T. R. & Etheridge, J. B. (1994). Verbal hallucinations in normals III: Dysfunctional personality correlates. <i>Personality and Individual Differences, 16</i>, 57-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-0534200900030001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bentall, R. P. (1990). The illusion of reality: A review and integration of psychological research on hallucinations. <i>Psychological Bulletin, 107</i>, 82-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-0534200900030001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bentall, R. P. (2003). <i>Madness explained: Psychosis and human nature</i>. New York, NY: Peguin Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-0534200900030001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Berenbaum, H., Kerns, J. & Raghavan, C. (2000). Anomalous experiences, peculiarity, and psychopathology. En E. Carde&ntilde;a, S. J. Lynn, & S. Krippner (Eds.), <i>Varieties of anomalous experience: Examining the scientific evidence</i> (pp. 25-46). Washington, DC: American Psychological Association.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-0534200900030001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bernstein, E. M. & Putnam, F. W. (1986). Development, reliability, and validity of a dissociation scale. <i>Journal of Nervous and Mental Disease, 174</i>, 727-735.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-0534200900030001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bocker, K. B. E., Hijman, R., Kahn, R.S. & De Haan, E. H. F. (2000). Perception, mental imagery and reality discrimination in hallucinating and non-hallucinating schizophrenic patients. <i>British Journal Clinical Psychology, 39</i>, 397-406.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-0534200900030001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bourguignon, E. (1976). <i>Possession</i>. San Francisco: Chandler & Sharp Publishers. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-0534200900030001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bower, G. H. & Sivers, H. (1998). Cognitive impact of traumatic events. <i>Development and Psychopathology, 10</i>, 625653.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-0534200900030001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bowers, K. S. & Meichenbaum, D. (Eds.). (1984). <i>The unconscious reconsidered</i>. New York: Wiley. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-0534200900030001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Carde&ntilde;a, E. (1994). The domain of dissociation. En S. J. Lynn & J. W Rhue (Eds.), <i>Dissociation: Clinical and theoretical perspectives</i> (pp. 15-31). New York: Guilford.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-0534200900030001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Castillo, R. J. (1997). Dissociation. En W. S. Tseng & J. Streltzer (Eds.), <i>Culture psychopathology</i> (pp. 101-123). New York: Brunner/Mazel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-0534200900030001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cheyne, J. A., Newby-Clark, I. R. & Rueffer, S. D. (1999). Sleep paralysis and associated hypnagogics and hypnopompic experiences. <i>Journal of Sleep Research, 8</i>, 313-317.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-0534200900030001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Claridge, G. S. (1995). <i>The origins of mental illness</i>. Cambridge, MA: Malor Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-0534200900030001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>David, A. S. (2004). The cognitive neuropsychiatry of auditory verbal hallucinations: An overview. <i>Cognitive Neuropsychiatry, 9</i>, 107-123.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-0534200900030001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ditman, T. & Kuperberg, G. R. (2005). A source-monitoring account of auditory verbal hallucinations in patients with schizophrenia. <i>Harvard Review of Psychiatry, 13</i>, 280-299.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-0534200900030001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Frith, C. D. (1992). <i>The cognitive neuropsychology of schizophrenia</i>. Hove: LEA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-0534200900030001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gauntlett-Gilbert, J. & Kuipers, E.(2003). Phenomenology of visual hallucinations in psychiatric conditions. <i>Journal of Nervous and Mental Disease, 191</i>, 203-205.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-0534200900030001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaw, A. C., Ding, Q. & Levine, R. L. (1998). The clinical characteristics of possession disorder among 20 Chinese patients in the Hebei Province of China. <i>Psychiatric Services 49</i>, 360-365.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-0534200900030001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Glicksohn, J. (1990). Belief in the paranormal and subjective paranormal experience. <i>Personality and Individual Differences, 11</i>, 675-683.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-0534200900030001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Glicksohn, J., Salinger, O. & Roychman, A. (1992). An exploratory study of syncreric experience: Eidetics, synaesthesia and absorption. <i>Perception, 21</i>, 637-642.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-0534200900030001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Golub, D. (1995). Cultural variations in multiple personality disorder. En L. Cohen, J. Berzoff & M. Ellin (Eds.), <i>Dissociative identity disorder</i> (pp. 285-327). Northvale, NJ: Aronson.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-0534200900030001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hilgard, E. R. (1986). <i>Divided consciousness</i>. New York, NY: Wiley. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-0534200900030001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grady, K. E. & Wallston, B.S. (1988). <i>Research in health care setting</i>. Newbury Park: Sage.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-0534200900030001200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hartmann, E. (1991). <i>Boundaries of the mind: A new psychology of personality</i>. New York, NY: Basic Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-0534200900030001200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hoffman, R. E. (1986). Verbal hallucinations and language production processes in schizophrenia. <i>Behavioral and Brain Sciences, 9</i>, 503-548.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-0534200900030001200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hufford, D. J. (1982). <i>The terror that comes in the night: An experzence-centered study of supernatural assault traditions</i>. Philadelphia: University of Pennsylvania Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-0534200900030001200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Johns, L.C. & McGuire, P.K. (1999). Verbal self-monitoring and auditory hallucinations in schizophrenia. <i>Lancet, 353</i>, 469-470.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-0534200900030001200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Johns, L. C., Rossell, S. & Frith, C. (2001). Verbal self-monitoring and auditory verbal hallucinations in patients with schizophrenia. <i>Psychological Medicine, 31</i>, 705-715.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-0534200900030001200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Knudson, B. & Coyle, A. (1999). Coping strategies for auditory hallucinations: A review. <i>Counselling Psychology Quarterly, 12</i>, 25-38.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-0534200900030001200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Krippner, S. (1989). A call to heal: Entry patterns in Brazilian mediumship. En C. A. Ward (Ed.), <i>Altered states of consciousness and mental health: A crosscultural perspective</i> (pp. 186-206). Newbury Park: Sage. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-0534200900030001200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lar&oslash;i F. (2006). The phenomenological diversity of hallucinations: Some theoretical and clinical implications. <i>Psychologica Belgica, 46</i>, 163-183.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-0534200900030001200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lar&oslash;i, F., Van der Linden, M. & Marczewski, P. (2004) The effects of emotional salience, cognitive effort and meta-cognitive beliefs on a reality monitoring task in hallucination-prone subjects. <i>British Journal Clinical Psychology, 43</i>, 221-33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-0534200900030001200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lar&oslash;i, F., Marcezewski, P. & Van der Linden, M. (2004). Further evidence of the multidimensionality of hallucinatory predisposition: Factor structure of a modified version of the LSHS in a normal sample. <i>European Psychiatry, 19</i>, 15-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-0534200900030001200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lar&oslash;i, F., & Van der Linden, M. (2005). Non-clinical participants reports of hallucinatory experiences. <i>Canadian Journal of Behavioral Science, 37</i>, 33-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-0534200900030001200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Launay, G. & Slade, P. D. (1981). The measurement of hallucinatory predisposition in male and female prisoners. <i>Personality and Individual Differences, 2</i>, 221-234.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0534200900030001200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Laying, T.V. & Andronis, T. (1984). Toward a functional analysis of delusional speech and hallucinatory behavior. <i>The Behavior Analyst, 7</i>, 139-156.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-0534200900030001200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lewis-Fern&aacute;ndez, R. (1994). Culture and dissociation: A comparison of ataque de nervios among Puerto Ricans and possession syndrome in India. En D. Spiegel (Ed.), <i>Dissociation: Culture, mind, and body</i> (pp. 123-167). 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Multiple personality disorder as seen from a social constructionist standpoint. <i>Dissociation, 4</i>, 129-133.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-0534200900030001200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mart&iacute;nez-Taboas, A. (1999). A case of spirit possession and glossolalia. <i>Culture, Medicine and Psychiatry, 23</i>, 333-348.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-0534200900030001200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mavromatis, A. (1987). <i>Hypnagogia: The unique state of consciousness between wakefulness and sleep</i>. London: Routledge & Kegan Paul.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-0534200900030001200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>McCreery, C. (1997). Hallucinations and arousability: Pointers to a theory of psychosis. En G. Claridge (Ed.), <i>Schyzotypy: Implications for illness and health</i> (pp. 251-273). New York: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-0534200900030001200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Merckelbach, H., Horselenberg, R. & Muris, P. (2001). The Creative Experiences Questionnaire (CEQ): A brief self report measure of fantasy proneness. <i>Personality and Individual Differences, 31</i>, 987 995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-0534200900030001200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Miller, L. J., O&#39;Connor, E. & DePasquale, B. A. (1993). Patients&#39;attitudes toward hallucinations. <i>American Journal of Psychiatry, 150</i>, 584-588.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-0534200900030001200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morrison, A. P. & Haddock, G. (1997a). Cognitive factors in source monitoring and auditory hallucinations. <i>Psychological Medicine, 27</i>, 669-679.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-0534200900030001200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ness, R. C. (1978). The Old Hag phenomenon as sleep paralysis: A biocultural interpretation. <i>Culture, Medicine and Psychiatry, 2</i>, 15-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-0534200900030001200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nielsen, T. A. (1992). A self-observational study of spontaneous hypnagogic imagery using the upright napping procedure. <i>Imagination, Cognition and Personality, 11</i>, 353-366.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-0534200900030001200053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ohayon, M. M., Priest, R. G., Caulet, M. & Guilleminault, C. (1996). Hypnagogic and hypnopompic hallucinations: Pathological phenomena? <i>British Journal of Psychiatry, 169</i>, 459-467.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-0534200900030001200054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Parra, A., Adr&oacute;ver, F. & Gonz&aacute;lez, G. (2006). Estudio exploratorio de la experiencia alucinatoria: comparaci&oacute;n entre poblaci&oacute;n cl&iacute;nica y no cl&iacute;nica. En A. Trimboli, J. C. Fantin, S. Raggi y P. Fridman (Eds.), <i>Encrucijadas actuales en salud mental: Primer Congreso Argentino de Salud Mental</i> (pp. 258-267). Buenos Aires: Akadia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-0534200900030001200055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Posey, T. B. & Losch, M. E. (1983). Auditory hallucinations of hearing voices in 375 normal subjects. <i>Imagination, Cognition and Personality, 3</i>, 99-113.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-0534200900030001200056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Putnam, E. W. (1997). <i>Dissociation in cbildren and adolescents</i>. New York: Guilford. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-0534200900030001200057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Putnam, E. W. & Carlson, E. B. (1998). Hypnosis, dissociation, and trauma: Myths, metaphors, and mechanisms. En J. D. Bremner & C. R. Marmar (Eds.), <i>Trauma, memory and dissociation</i> (pp. 27-56). Washington, DC: American Psychiatric Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-0534200900030001200058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rader, C. M. & Tellegen, A. (1987). An investigation of synesthesia. <i>Journal of Personality and Social Psychology, 52</i>, 981-987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-0534200900030001200059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Raine, A. (1991). The SPQ: A scale for the assessment of schizotypy personality based on DSM-III-R criteria. <i>Schizophrenia Bulletin, 17</i>, 555-564.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-0534200900030001200060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Raine, A. (1992). Sex differences in schizotypal personality in a non-clinical population. <i>Journal of Abnormal Psychology, 101</i>, 361-364.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-0534200900030001200061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Raine, A. & Baker, L. (1992) <i>The Schizotypal Personality Questionnaire: Genetics, Psychophysiology. Neuropsychology and Gender Differences</i>. Western Psychological Association, Portland, Oregon, abril 30-mayo 3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-0534200900030001200062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Raine, A. & Benishay, D. (1995). The SPQ-B: A brief screening instrument for schizotypal personality disorder. <i>Journal of Personality Disorders, 9</i>, 346-355.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-0534200900030001200063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Richardson, A. (1969). <i>Mental imagery</i>. New York, NY: Springer. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-0534200900030001200064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rojcewicz, S. & Rojcewicz, R. (1997). The &quot;human&quot; voices in hallucinations. <i>Journal of Phenomenological Psychology, 28</i>, 1-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-0534200900030001200065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Romme, M. & Escher, S. (2005). <i>Dando sentido a las voces. Gu&iacute;a para los profesionales de la salud mental que trabajan con personas que escuchan voces</i>. Madrid: Paradox.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-0534200900030001200066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ross, C. A. (1989). <i>Multiple personality disorder: Diagnosis, clinical features, and treatment</i>. New York: Wiley. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-0534200900030001200067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sheehan, P. W. (1967). A shortened forms of Betts&#39; Questionnaire upon Mental Imagery. <i>Journal of Clinical Psychology, 23</i>, 386-389.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-0534200900030001200068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Spanos, N. P., McNulty, S. A., Dubreuil, S. C., Pires, M. & Burgess, M. F. (1995). The frequency and correlates of sleep paralysis in a university sample. <i>Journal of Research in Personality, 29</i>, 285-305.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-0534200900030001200069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stevenson, I. (1983). Do we need a new word to supplement &quot;hallucinations&quot;? <i>American Journal of Psychiatry, 140</i>, 1609-1611.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-0534200900030001200070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tellegen, A. & Atkinson, G. (1974). Openness to absorbing and self-altering experiences (&#39;absorption&#39;), a trait related to hypnotic susceptibility. <i>Journal of Abnormal Psychology, 83</i>, 268-277.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-0534200900030001200071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Thalbourne, M. A., & Houran, J. (2000). Transliminality, the mental experience inventory, and toletance of ambiguity. <i>Personality and Individual Differences, 28</i>, 853-863.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-0534200900030001200072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tien, A. Y. (1991). Distributions of hallucinations in the population. <i>Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 26</i>, 287-292.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-0534200900030001200073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Van Os, J., Verdoux, H., Maurice-Tison, S., Gay, B., Liraund, F., Salamon, R. & Bourgeois, M. (1999). Self-reported psychosis-like symptoms and the continuum of psychosis. <i>Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 34</i>, 459-463.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-0534200900030001200074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Van Os, J., Hanssen, M., Bijl, R. V. & Vollebergh, W. (2001). Prevalence of psychotic disorder and Community level of psychotic symptoms: an urban-rural comparison. <i>Archives of General Psychiatry, 58</i>, 663-668.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-0534200900030001200075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Waters, F. A., Badcock, J. C., & Maybery, M. T. (2003). Revision of the factor structure of the Launay-Slade Hallucinations Scale (LSHS-R). <i>Personality Individual Differences, 35</i>, 1351-1357.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-0534200900030001200076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wilson, S. C. & Barber, T. X. (1981). Vivid fantasy and hallucinatory abilities in the life histories of excellent hypnotic subjects (&quot;somnambules&quot;): Preliminary report with female subjects. En E. Klinger (Ed.), <i>Imagery: Concepts, results, and applications</i>, Vol. 2. (pp. 133-149). New York: Plenum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-0534200900030001200077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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