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<journal-title><![CDATA[Revista Latinoamericana de Psicología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Fundación Universitaria Konrad Lorenz]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Comportamiento sustentable y educación ambiental: una visión desde las prácticas culturales]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Sustainable behavior and environmental education: a view from cultural practices]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Konrad Lorenz - Institución Universitaria Maestría en Psicología del Consumidor ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the problem of the EE (environmental education) for sustainable behavior development from the framework of cultural practices. From this perspective, are considered the factors contributing to infrastructure development and environmental issues related to the structural aspects of culture that act determining the context to interaction of individuals with their environment. It specifically examines the case of Colombia in terms of metacontingencias and macrocontingencias configuration for sustainable behavior, and finally, the EE is conceptualized as a process that occurs in different social spaces beyond the schools.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p>    <center><font size=4 face="verdana"><b>Comportamiento sustentable y educaci&oacute;n ambiental: una visi&oacute;n desde las pr&aacute;cticas culturales</b></font></center></p>      <p>    <center><font size=3 face="verdana"><b>Sustainable behavior and environmental education: a view from cultural practices</b></font></center></p>      <p>    <center><b>Marithza Sandoval Escobar</b>    <br> Maestr&iacute;a en Psicolog&iacute;a del Consumidor - Konrad Lorenz Fundaci&oacute;n Universitaria</center></p>     <br>      <p><i>Nota de Autor: </i>Marithza Sandoval Escobar. Correo Electr&oacute;nico: marithza. <a href="mailto:marithza.sandoval@konradlorenz.edu.co">marithza.sandoval@konradlorenz.edu.co</a>. Directora de la Maestr&iacute;a en Psicolog&iacute;a del Consumidor. Konrad Lorenz - Instituci&oacute;n Universitaria. Tel&eacute;fono: 3472311 Ext 133. Bogot&aacute; (Colombia).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Proyecto de Investigaci&oacute;n financiado por el Departamento Administrativo de Ciencia y Tecnolog&iacute;a e Innovaci&oacute;n COLCIENCIAS y la Fundaci&oacute;n Universitaria Konrad Lorenz. C&oacute;digo 1224-521-29204.</p>      <p>Recibido: Enero 23 de 2012, Revisado: Febrero 23 de 2012, Aceptado: Febrero 27 de 2012</p>  <hr>      <p><font size=3><b>Resumen</b></font></p>      <p>El presente art&iacute;culo analiza el problema de la EA (educaci&oacute;n ambiental) para el desarrollo de comportamientos sustentables desde el marco de las pr&aacute;cticas culturales. Desde esta perspectiva, se analizan los factores infraestructurales que contribuyen al desarrollo de las problem&aacute;ticas ambientales y se relacionan con los aspectos estructurales de la cultura que act&uacute;an determinando el contexto en el que ocurre la interacci&oacute;n de los individuos con su entorno ambiental. Se analiza espec&iacute;ficamente el caso colombiano en cuanto a la configuraci&oacute;n de macrocontingencias y metacontingencias para el comportamiento sustentable, y finalmente, se conceptualiza la EA como un proceso que ocurre en diferentes espacios sociales m&aacute;s all&aacute; de las Instituciones Escolares.</p>      <p><b>Palabras clave</b>: <i>comportamiento sustentable, EA (educaci&oacute;n ambiental), pr&aacute;cticas culturales, metacontingencias, macrocontingencias.</i></p>  <hr>      <p><font size=3><b>Abstract</b></font></p>      <p>This article analyzes the problem of the EE (environmental education) for sustainable behavior development from the framework of cultural practices. From this perspective, are considered the factors contributing to infrastructure development and environmental issues related to the structural aspects of culture that act determining the context to interaction of individuals with their environment. It specifically examines the case of Colombia in terms of metacontingencias and macrocontingencias configuration for sustainable behavior, and finally, the EE is conceptualized as a process that occurs in different social spaces beyond the schools.</p>      <p><b>Keywords</b>: <i>sustainable behavior, EE (environmental education), cultural practices, meta contingences, macro contingences.</i></p>  <hr>      <p>El tema ambiental ocupa un lugar controversial en la investigaci&oacute;n social, debido a que involucra la participaci&oacute;n de diversos actores, quienes en el mismo escenario desarrollan una serie de acciones en ocasiones sin&eacute;rgicas, en otras contradictorias. Al respecto, los cient&iacute;ficos sociales han desarrollado diferentes aproximaciones conceptuales para abordar el tema del comportamiento sustentable, reconoci&eacute;ndose la importancia de la conducta individual y colectiva en los resultados ambientales (Cruz, 2005). Uno de los dominios de inter&eacute;s en el que concurren m&uacute;ltiples acercamientos es el el campo de la sustentabilidad, y los comportamientos que la promueven. La conducta sustentable se define como el conjunto de acciones efectivas cuyo fin es asegurar los recursos naturales y socioculturales que garantizan el bienestar presente y futuro de la humanidad (Corral-Verdugo, 2010; Corral- Verdugo &amp; Pinheiro, 2004).</p>      <p>Existen muchas aproximaciones te&oacute;ricas que explican la conducta sustentable, algunas centradas en variables psicol&oacute;gicas individuales (Ajzen, 1991; Ajzen, Brown &amp; Carvahal, 2004; Aragon&eacute;s &amp; Am&eacute;rigo, 1991-2000; Canter, 1987) y otras en aspectos socioculturales (Barr, 2007; Giddens, 2004). En ambos casos, los abordajes se caracterizan por un cuerpo de investigaci&oacute;n y conceptualizaci&oacute;n en ciernes, para su consolidaci&oacute;n es fundamental asumir que la modificaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas en relaci&oacute;n con la sustentabilidad debe involucrar acciones de tipo global y colectivo, as&iacute; como el dise&ntilde;o de contextos individuales de aprendizaje.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los diferentes estudios y estad&iacute;sticas han demostrado que sumado a la normatividad que regula el aprovechamiento del ambiente y su efectiva aplicaci&oacute;n, es la educaci&oacute;n general de los ciudadanos, tanto en espacios formales como informales, la que determina las interacciones con los recursos naturales. De tal manera, se encuentran mejores indicadores asociados con el cuidado y aprovechamiento del ambiente en aquellos pa&iacute;ses cuyos indicadores en educaci&oacute;n y cultura ciudadana son altos (Brandt, 2002; Lheman &amp; Geller, 2004).</p>      <p>Es por esto que se han realizado esfuerzos globales por promover la educaci&oacute;n ambiental como eje del desarrollo sostenible del mundo, debido a que es fundamental el establecimiento de comportamientos sustentables en las poblaciones, para lograr un impacto r&aacute;pido y sostenido en las acciones que emprenden las naciones desde su marco pol&iacute;tico, legal y econ&oacute;mico. Es claro que el escenario ideal consiste en acciones conjuntas a diferentes niveles, pero en cualquier caso, la educaci&oacute;n de las personas debe incidir en un cambio gradual de algunos de los indicadores asociados al ambiente y afectar de manera permanente las acciones gubernamentales respecto del mismo. El presente art&iacute;culo discute una aproximaci&oacute;n que permite conceptualizar la conducta sustentable colectiva en t&eacute;rminos de las pr&aacute;cticas culturales y analiza aquellos elementos relacionados con la educaci&oacute;n ambiental (EA), que en conjunto, demuestran la importancia del an&aacute;lisis del sistema social para explicar el comportamiento sustentable de los individuos y permiten desarrollar intervenciones m&aacute;s robustas con base en la consideraci&oacute;n de las pr&aacute;cticas culturales.</p>      <p><font size=3><b>Una visi&oacute;n del problema ambiental desde las pr&aacute;cticas culturales</b></font></p>      <p>Lograr un abordaje intersectorial y por niveles, que conceptualice el comportamiento sustentable de toda la sociedad como el resultado del intercambio entre los aspectos macroambientales y microambientales en que participan los individuos, parece una tarea tit&aacute;nica, pero actualmente la mayor&iacute;a de abordajes reconocen que el comportamiento humano ocurre como parte de la din&aacute;mica propia de los contextos sociales. As&iacute; mismo, existen convergencias en la suposici&oacute;n de que dichos contextos han sido construidos simb&oacute;licamente en el transcurso de la existencia de las sociedades y que tanto el an&aacute;lisis, como la intervenci&oacute;n de las problem&aacute;ticas, debe asumirse desde una visi&oacute;n de sistemas en sus aspectos funcionales y estructurales.</p>      <p>Si bien otros abordajes reconocidos desde esta perspectiva, se han centrado en el an&aacute;lisis del discurso ambiental y sus caracter&iacute;sticas, mostrando los principios que gu&iacute;an las pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas educativas ambientales, as&iacute; como los intereses econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que las sustentan (Dryseck, 1999, 2006; Sauv&eacute;, 2004), no dan cuenta de las condiciones que facilitan o impiden el comportamiento sustentable y por ende, resulta dif&iacute;cil desarrollar programas de intervenci&oacute;n a gran escala con base &uacute;nicamente en el an&aacute;lisis del discurso.</p>      <p>Si bien los contextos pueden ser verbales y definidos convencionalmente, y su apropiaci&oacute;n ontogen&eacute;tica sucede como parte de la experiencia cultural con los objetos, las actividades y las personas, otorg&aacute;ndole su valoraci&oacute;n diferencial y su naturaleza contextual, las experiencias suceden dentro y con las instituciones sociales, y tales interacciones le dan un sentido y variabilidad particular al comportamiento individual. Es la naturaleza convencional de las instituciones y de las pr&aacute;cticas sociales lo que determina el comportamiento colectivo. Por esto, la comprensi&oacute;n de la conducta individual requiere un an&aacute;lisis del contexto institucional en el que ocurre y del dise&ntilde;o cultural subyacente, y requiere un estudio de las pr&aacute;cticas culturales para identificar las funciones involucradas en dicho dise&ntilde;o.</p>      <p>En el caso de los fen&oacute;menos sociales, diferentes trabajos se desarrollan con una visi&oacute;n similar. Algunos desde la sociolog&iacute;a funcionalista o estructuralista (Bourdieu, 2007; Rico, 2004), y otros se encuentran en el campo de la psicolog&iacute;a. En este campo sobresale el modelo de Bronfenbrenner (1977, 1987) originalmente aplicado para describir las influencias sociales sobre el desarrollo humano. El autor parte de la idea de que los ambientes sociales reales son la principal fuente de influencia sobre el comportamiento humano, y que esos entornos a su vez poseen una gran cantidad de relaciones, las cuales explican la estructura que poseen los contextos inmediatos que afectan directamente a las personas de una sociedad.</p>      <p>Este modelo, aunque no est&eacute; expresado en un lenguaje culturalista, representa una forma de analizar las pr&aacute;cticas culturales, debido a que tambi&eacute;n se parte del supuesto que el desarrollo humano involucra la adaptaci&oacute;n a la sociedad, requiri&eacute;ndose de unas capacidades biol&oacute;gicas, un proceso de aprendizaje y la actividad entrelazada con otros miembros de la cultura para la consecuci&oacute;n de fines individuales y la preservaci&oacute;n de los recursos. Se deriva de este supuesto que la permanencia de una sociedad tiene que ver con el equilibrio entre el aprovechamiento de los recursos y la disponibilidad de los mismos, lo que involucra un conjunto de transformaciones t&eacute;cnicas y sociales que caracterizan la historia de las culturas a trav&eacute;s del tiempo (Kottak, 2007).</p>      <p>Desde la visi&oacute;n de pr&aacute;cticas culturales, el comportamiento sustentable se encuentra inmerso en la interacci&oacute;n de los diferentes actores sociales y su resultado final es la supervivencia de la cultura. Glenn (1986, 1988, 1989), denomina a estas unidades complejas "contingencias entrelazadas" o "pr&aacute;cticas culturales", y afirma que su caracter&iacute;stica distintiva es la de involucrar resultados que van m&aacute;s all&aacute; de las consecuencias del comportamiento individual. La unidad del an&aacute;lisis cultural involucra las pr&aacute;cticas culturales y sus resultados; se denomina a estas unidades "metacontingencias" y como en el caso de la conducta individual est&aacute;n determinadas por sus consecuencias en un nivel de selecci&oacute;n denominado "cultural" (Glenn, 1988, 1989). El an&aacute;lisis de las pr&aacute;cticas culturales puede dar cuenta de fen&oacute;menos sociales mayores, as&iacute; como de las din&aacute;micas de interacci&oacute;n al interior de organizaciones (Glenn &amp; Malott, 2004). Como los ecologistas, los analistas del comportamiento requieren ordenar las interdependencias complejas entre los sistemas organizacionales y sus contingencias entrelazadas.</p>      <p>La consideraci&oacute;n de contingencias especiales y de metacontingencias tiene sus or&iacute;genes en el materialismo cultural, enfoque que analiza las sociedades por niveles y fundamenta el comportamiento humano tanto individual como colectivo, en los modos de producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de dicha sociedad. El modo de producci&oacute;n moldea la infraestructura o base econ&oacute;mica (unidad de fuerzas productivas y relaciones de producci&oacute;n). Los modos de producci&oacute;n se han transformado hist&oacute;ricamente, en el capitalismo globalizado actual, se requiere de un conjunto de relaciones sociales espec&iacute;ficas para mantener su accionar y espectro de control sobre los recursos y por ende, define tambi&eacute;n un modo de explotaci&oacute;n del ambiente y un conjunto de fines sociales relacionados con dicha explotaci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es necesario anotar que el concepto de metacontingencia presenta algunos puntos controversiales al aplicarse al caso del comportamiento sustentable. Uno de los m&aacute;s importantes se relaciona con los resultados del entrelazamiento de la conducta de los individuos del grupo social. En el caso particular, la contaminaci&oacute;n, la deforestaci&oacute;n, la sobrexplotaci&oacute;n del ambiente, el desgaste de la capa de ozono, entre otros, dependen en una m&iacute;nima parte del comportamiento individual o de grupos particulares, debido a que los resultados suceden en el nivel global y afectan diferentes culturas, muchas veces de forma independiente a su comportamiento sustentable colectivo. As&iacute;, los resultados en el caso anterior no est&aacute;n vinculados con una patr&oacute;n de comportamiento espec&iacute;fico de los miembros de dicha cultura, porque los efectos suceden en otra latitud geogr&aacute;fica.</p>      <p>Por esto es necesario, como plantea Ulman (2006), hablar de macrocontingencias, las cuales permiten abordar las acciones conjuntas de diferentes individuos que se encuentran bajo el control de una contingencia com&uacute;n. Esta contingencia es de tipo institucional y rige a gran escala, desbordando en ocasiones los l&iacute;mites de los sectores o inclusive las naciones. Dichas macrocontingencias est&aacute;n determinadas a su vez por el nivel infraestructural, suceden a gran escala y afectan el comportamiento de grandes agregados de individuos en diferentes contextos, en lo que Glenn (2004) ha denominado macroconductas y sus resultados acumulados.</p>      <p>Es claro que de manera global los resultados ambientales se pueden relacionar con macrocontingencias que tienen su origen en la infraestructura econ&oacute;mica social. En esta, el objetivo es el aprovechamiento rentable de los recursos naturales y la apropiaci&oacute;n de los mismos por parte de ciertos sectores sociales, propietarios de los medios de producci&oacute;n. Tambi&eacute;n implica una expropiaci&oacute;n intr&iacute;nseca del ambiente, a trav&eacute;s de mecanismos de conservaci&oacute;n, privatizaci&oacute;n y concesi&oacute;n de los recursos naturales. Esto se evidencia a partir de la evoluci&oacute;n del PIB (Producto Interno Bruto) en los &uacute;ltimos 60 a&ntilde;os, con incrementos sostenidos en los pa&iacute;ses desarrollados, que no necesariamente mitigan la desigualdad y la pobreza, como tampoco se vinculan con la sustentabilidad, debido a que los aumentos reflejan la sobrexplotaci&oacute;n de los recursos naturales y la degradaci&oacute;n del ambiente que ha sido necesaria para exceder los l&iacute;mites de producci&oacute;n.</p>      <p>Este fen&oacute;meno no ha sido regulado por los organismos mundiales encargados de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica, debido a los intereses de los grupos econ&oacute;micos globales que realizan la explotaci&oacute;n del ambiente y que inciden de diversas formas en la gesti&oacute;n del FMI (Fondo Monetario Internacional) y del BM (Banco Mundial) (Ortiz, 2002; Stiglitz, 2002).</p>      <p>Por su parte, la estructura tiene que ver con la organizaci&oacute;n a nivel pol&iacute;tico, las pr&aacute;cticas familiares, las formas de socializaci&oacute;n, los patrones de comportamiento propios de las diferentes clases sociales, el rol sexual, las pr&aacute;cticas educativas y la organizaci&oacute;n militar, propias de la cultura. En este nivel, se involucran un conjunto de relaciones y ciertas topograf&iacute;as de control a trav&eacute;s de los procesos de socializaci&oacute;n. En otras palabras, tambi&eacute;n en el nivel estructural se presentan contingencias, pero cambia la escala de disponibilidad de las mismas para las diferentes culturas y para los grupos espec&iacute;ficos de una cultura dada. A trav&eacute;s de la familia, la escuela, las se&ntilde;ales e informaci&oacute;n en los espacios p&uacute;blicos, las autoridades locales, etc., los miembros de la cultura aprenden los distintos patrones de interacci&oacute;n con el medio ambiente natural y construido, las formas de preservaci&oacute;n y explotaci&oacute;n, as&iacute; como el conjunto de creencias y conocimientos respecto de los recursos naturales. Los medios de comunicaci&oacute;n informan y persuaden respecto de determinados patrones de interacci&oacute;n.</p>      <p>Tambi&eacute;n la estructura determina las reglas o leyes de la cultura para explotar el ambiente y el sistema de sanciones. Debe se&ntilde;alarse que en el nivel estructural esta normatividad ambiental puede ser o no consistente con la legislaci&oacute;n para la educaci&oacute;n, la familia y los sectores econ&oacute;micos de una sociedad. Es en este nivel donde se pueden relacionar resultados espec&iacute;ficos de una pr&aacute;ctica con la forma como se entrelaza el comportamiento de los miembros de la cultura. Este es el nivel de las metacontingencias (Glenn, 2004). No obstante, debe aclararse que estas no surgen de manera espont&aacute;nea, sino que tienen una trazabilidad de la cultura y han sido seleccionadas a trav&eacute;s de su historia.</p>      <p>Finalmente, las pr&aacute;cticas superaestructurales emergen de las dos anteriores y son descritas por los individuos que participan de &eacute;stas; la ciencia, la literatura, las formas de arte, la l&uacute;dica y los rituales forman parte de la superestructura. Desde esta visi&oacute;n, la cultura surge de la relaci&oacute;n biun&iacute;voca entre el hombre y la naturaleza; los hombres entonces se reproducen a s&iacute; mismos como individuos sociales a trav&eacute;s de las formas sociales que asumen sus producciones materiales. Las dem&aacute;s estructuras se subsumen en la forma como los hombres se interrelacionan para la reproducci&oacute;n de la existencia material. Las fuerzas y relaciones de producci&oacute;n, as&iacute; como el modo en que est&aacute;n organizadas socialmente en diferentes &eacute;pocas hist&oacute;ricas espec&iacute;ficas, determinan todas las dem&aacute;s formas m&aacute;s elaboradas de la estructura social: divisi&oacute;n del trabajo, distinciones entre tipos de sociedad, nuevos modos de aplicar la destreza y el conocimiento humano a la modificaci&oacute;n de las circunstancias materiales, las formas de asociaci&oacute;n, los tipos de familia y estado, las creencias ideas y construcciones te&oacute;ricas de los hombres, as&iacute; como los tipos de conciencia social que corresponden a aquellos. Este es el sentido de un an&aacute;lisis de la cultura desde una visi&oacute;n materialista (Hall, 1998; Harris, 1979).</p>      <p>En un sentido estricto, la infraestructura determina el tipo de interacci&oacute;n que poseen los individuos con su entorno, la forma en que se realiza la explotaci&oacute;n del medio ambiente y las pr&aacute;cticas relacionadas con la supervivencia de la sociedad. De tal forma, el materialismo cultural sostiene un determinismo infraestructural que implica un principio de selecci&oacute;n cultural; las condiciones infraestructurales son las que explican la selecci&oacute;n de las pr&aacute;cticas y cualquier cambio que suceda en la infraestructura por alguna condici&oacute;n f&iacute;sica o ambiental, tambi&eacute;n conduce a cambios en la estructura y la superestructura (Hall, 1998).</p>      <p>En este punto, probablemente es d&oacute;nde se encuentran mayores discrepancias con el an&aacute;lisis de la conducta, debido a que &eacute;ste &uacute;ltimo plantea que los cambios que suceden en el nivel estructural pueden derivarse en nuevas pr&aacute;cticas en el nivel superestructural. As&iacute;, desde la visi&oacute;n del an&aacute;lisis del comportamiento, las pr&aacute;cticas culturales est&aacute;n determinadas por el complejo de estructura-superestructura y son interdependientes, no obstante, no se pueden asumir como determinadas &uacute;nicamente por el nivel econ&oacute;mico, sino como resultantes de la interrelaci&oacute;n entre todos los niveles. Esta interrelaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas y relaciones de la formaci&oacute;n social tienen como mediador principal al lenguaje, construido social y convencionalmente.</p>      <p>As&iacute;, las pr&aacute;cticas culturales representan la ideolog&iacute;a que caracteriza las superestructuras de una sociedad, ajustadas al sistema productivo, pero no reducidas a este (Glenn, 2004). De hecho, desde la d&eacute;cada de 1960 se han publicado numerosos libros relacionados con las preocupaciones ambientales y se han generado diversos esfuerzos de cooperaci&oacute;n internacional para modificar las estrategias productivas, as&iacute; como las pol&iacute;ticas y legislaci&oacute;n en materia econ&oacute;mica - ambiental (Agenda 21, Naciones Unidas, 1992; Comisi&oacute;n sobre el Desarrollo Sostenible - Naciones Unidas, Protecci&oacute;n Atmosf&eacute;rica, 1996; Ehrlich &amp; Ehrlich, 2004; Flavin, 2002; Naciones Unidas, Asamblea General de las Naciones Unidas - Decenio de las Naciones Unidas de la Educaci&oacute;n para el Desarrollo Sostenible, 2005).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tambi&eacute;n se ha reconocido globalmente que desde el siglo XX la producci&oacute;n industrial ha cambiado diametralmente las culturas, modificando las formas de explotaci&oacute;n de los recursos, as&iacute; como el &aacute;mbito de explotaci&oacute;n - producci&oacute;n, gener&aacute;ndose ecodegradaci&oacute;n y destrucci&oacute;n de los ecosistemas. De una perspectiva de alcance local, con controles de naturaleza regional, se ha pasado a una visi&oacute;n global, con controles mundiales a trav&eacute;s de complejos sistemas econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos, as&iacute; como de las din&aacute;micas del mercado (Ortiz, 2002).</p>      <p>A partir de la conferencia de R&iacute;o en 1992, se plante&oacute; la necesidad de encaminar esfuerzos en globales para generar una sostenibilidad en la explotaci&oacute;n de los recursos naturales, a partir de diferentes estrategias de planificaci&oacute;n con miras a lograr un <i>desarrollo sostenible</i>. Aun en ese entonces el concepto fue polis&eacute;mico y se asumi&oacute; de manera distinta en los pa&iacute;ses (Mac&iacute;as, 1998) e implic&oacute; un conjunto de medidas globales para la conservaci&oacute;n y la utilizaci&oacute;n sostenible, entre las que se encuentran la elaboraci&oacute;n de planes o programas nacionales para la conservaci&oacute;n y la utilizaci&oacute;n sostenible de la diversidad biol&oacute;gica, as&iacute; como la integraci&oacute;n de la conservaci&oacute;n y la diversidad biol&oacute;gica con los planes, programas y pol&iacute;ticas sectoriales e intersectoriales.</p>      <p>Adicionalmente, el convenio posee una serie de directrices para la identificaci&oacute;n, conservaci&oacute;n y seguimiento de especies y ecosistemas, aspectos de investigaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n, y la educaci&oacute;n ambiental como eje del desarrollo sostenible. La agenda tambi&eacute;n estableci&oacute; que el desarrollo y el medio ambiente requieren de recursos financieros nuevos y adicionales hacia los pa&iacute;ses en desarrollo, con el fin de sufragar los gastos que implica el manejo de los problemas del medio ambiente mundial. Algunas de las medidas de cooperaci&oacute;n incluyen un sistema de comercio multilateral, sistemas de producci&oacute;n acordes con los requerimientos para el cuidado del ambiente, participaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a en la toma de decisiones, integraci&oacute;n de esfuerzos pol&iacute;ticos para una aplicaci&oacute;n equitativa de la legislaci&oacute;n ambiental internacional y una definici&oacute;n general de los patrones insostenibles de consumo (Agenda 21, Naciones Unidas, 1992).</p>      <p>Despu&eacute;s de tres d&eacute;cadas, se puede afirmar que no existe una definici&oacute;n unificada acerca de la sostenibilidad; cada pa&iacute;s ha adaptado el t&eacute;rmino a sus realidades pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, por lo cual puede afirmarse que la sustentabilidad ha tomado caracter&iacute;sticas culturales espec&iacute;ficas, por lo que el concepto posee diferentes significados, vinculaciones te&oacute;ricas y marcos de aplicaci&oacute;n geogr&aacute;fica distintos. Los tratados internacionales proponen una serie de pr&aacute;cticas de cooperaci&oacute;n a simple vista bien concebidas y que se pueden conceptualizar como contingencias entrelazadas, no obstante, las interacciones definidas dentro de las metacontingencias no est&aacute;n logrando los indicadores deseados.</p>      <p>As&iacute; como sucede en el mundo, en Colombia el concepto de desarrollo sostenible se ha manejado a trav&eacute;s de diferentes pol&iacute;ticas, consignadas en diversos tipos de documentos: (a) de comando y control (normas de emisi&oacute;n y normas tecnol&oacute;gicas), (b) instrumentos econ&oacute;micos o de mercado (cargos econ&oacute;micos por malas pr&aacute;cticas e incentivos a las adecuadas, etc.), y (c) provisi&oacute;n directa del gobierno (limpieza, manejo de residuos y desarrollo tecnol&oacute;gico, etc.).</p >      <p>Pese a ello, los resultados ambientales no son los esperados, aunque las directrices de la Agenda 21, la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 y el sistema legal regulatorio que se requiere para su cumplimiento, est&aacute;n en l&iacute;nea con la regulaci&oacute;n de muchos pa&iacute;ses firmantes del tratado de Rio (Mac&iacute;as, 1998; S&aacute;nchez, 2002). Esto se materializ&oacute; en la Ley 99 de 1993, que involucr&oacute; a la sociedad civil y al sector privado en la soluci&oacute;n de los problemas ambientales, y defini&oacute; el desarrollo sostenible como el conducente a un crecimiento econ&oacute;mico, sin agotar los recursos naturales renovables, ni deteriorar el medio ambiente, para que las generaciones futuras pudieran mantener la explotaci&oacute;n del mismo. Dicha Ley represent&oacute; un cambio dr&aacute;stico de un modelo proteccionista vigente desde la segunda mitad del siglo XX, hacia un modelo alineado con la visi&oacute;n de desarrollo sostenible.</p>      <p>Se define a partir de la Ley 99 la legislaci&oacute;n ambiental colombiana, la cual se materializa en el R&eacute;gimen Sancionatorio Ambiental (Bra&ntilde;ez, 2001). Este incluye medidas que pueden ser sancionatorias o preventivas. En el primer caso se consideran dos clases de acciones: las de legitimaci&oacute;n pasiva y las de legitimaci&oacute;n activa. En ambos casos se trata de exigir la reparaci&oacute;n de los da&ntilde;os ambientales al infractor de las normas sobre protecci&oacute;n ambiental o sobre manejo y aprovechamiento de recursos naturales renovables, independientemente de que se desarrollen las acciones civiles y penales a que haya lugar. La legitimaci&oacute;n pasiva la tiene todo ciudadano colombiano, o persona jur&iacute;dica p&uacute;blica o privada que desarrolle o ejecute un proyecto, obra o actividad, que de acuerdo con la ley y los reglamentos pueda producir deterioro grave a los recursos naturales renovables o al medio ambiente, introduciendo modificaciones considerables o notorias al paisaje.</p>      <p>La legitimaci&oacute;n activa implica la facultad de las autoridades ambientales de exigir responsabilidad al infractor por acci&oacute;n o por omisi&oacute;n de las normas sobre protecci&oacute;n ambiental o sobre manejo y aprovechamiento de recursos naturales renovables, causantes de da&ntilde;o ambiental, sin perjuicio de las acciones civiles y penales que se puedan derivar de la infracci&oacute;n. Tambi&eacute;n existen medidas preventivas: amonestaci&oacute;n verbal o escrita, decomiso preventivo de individuos o espec&iacute;menes de fauna, flora o de productos e implementos; la suspensi&oacute;n de obra o actividad que potencialmente implique peligro ambiental; el requerimiento de los estudios y evaluaciones para establecer la naturaleza y caracter&iacute;sticas de los da&ntilde;os, efectos e impactos ambientales, as&iacute; como las medidas necesarias para mitigarlas o compensarlas (Garc&iacute;a, 2003)</p>      <p>En cuanto a las sanciones, se contemplan multas diarias hasta por una suma equivalente a 300 salarios m&iacute;nimos mensuales; suspensi&oacute;n del registro o de la licencia, la concesi&oacute;n, permiso o autorizaci&oacute;n; cierre temporal o definitivo del establecimiento, edificaci&oacute;n o servicio respectivo y revocatoria o caducidad del permiso o concesi&oacute;n; demolici&oacute;n de obra, a costa del infractor; decomiso definitivo de individuos o espec&iacute;menes de fauna, flora o de productos o implementos utilizados para cometer la infracci&oacute;n. Los encargados de administrar estas sanciones son las autoridades ambientales, quienes deber&aacute;n demostrar que los individuos o personas jur&iacute;dicas han sobrepasado los niveles permitidos de contaminaci&oacute;n o de aprovechamiento de recursos. El control ambiental ha cambiado con el tiempo debido a que en el pasado las fuentes de contaminaci&oacute;n, por ejemplo, eran muy f&aacute;ciles de detectar, pero posteriormente las causas fueron difusas y m&uacute;ltiples, por lo que aplicar los instrumentos de regulaci&oacute;n no es sencillo.</p>      <p>Actualmente la gesti&oacute;n ambiental se articula a trav&eacute;s del SINA (Sistema Nacional Ambiental), que en s&iacute; mismo define una serie de interacciones entre programas, instituciones y grupos sociales, alrededor del conjunto de normas, actividades y recursos especificados por la Constituci&oacute;n y expresados en la Ley 99 de 1993. Es en los municipios donde se hace operativo el SINA a trav&eacute;s de los planes b&aacute;sicos y el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), el cual involucra una distribuci&oacute;n del suelo y un conjunto de herramientas de planificaci&oacute;n que articulan el crecimiento y desarrollo, con las actividades econ&oacute;micas y sociales de las ciudadanos. En los municipios existen agendas ambientales que pretenden mejorar la gesti&oacute;n ambiental y sus resultados. Estas agendas pueden ser monitoreadas a trav&eacute;s de las veedur&iacute;as ciudadanas, los observatorios, las ONG (Organizaciones No Gubernamentales), y los sistemas de informaci&oacute;n propios de las organizaciones p&uacute;blicas (SIG). Si bien la normatividad relacionada con la gesti&oacute;n ambiental define lo que hacen las entidades del SINA y los resultados esperados, no se definen los criterios de comportamiento a lograrse por los ciudadanos en las regiones del pa&iacute;s, la correspondencia con las problem&aacute;ticas ambientales de los departamentos y la participaci&oacute;n de la educaci&oacute;n ambiental.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La situaci&oacute;n de desarticulaci&oacute;n ante problem&aacute;ticas ambientales regionales y requerimientos de comportamiento individual se empeoran merced a la crisis de corrupci&oacute;n por la que ha atravesado el pa&iacute;s durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, donde una regla frecuente es la evasi&oacute;n de sanciones y la cooptaci&oacute;n en diferentes esferas de la contrataci&oacute;n, fungiendo como metacontingencia alternativa y competidora. As&iacute; mismo, existen otras contingencias entrelazadas que son competitivas con la aplicaci&oacute;n de la legislaci&oacute;n ambiental, producto del crecimiento para suplir las demandas del mercado interno con d&eacute;biles entidades reguladoras, la presencia de monopolios y oligopolios, as&iacute; como consumos con elevados costos ambientales. Los centros de la producci&oacute;n interesados en abastecer al mercado interno se ubican en centros urbanos y no cerca de grandes r&iacute;os y puertos, como ocurre en el mundo (S&aacute;nchez, 2002). Tambi&eacute;n la privatizaci&oacute;n en el caso de los servicios p&uacute;blicos implica un choque entre el objetivo de regular el consumo y el inter&eacute;s para aumentar el consumo y mejorar la rentabilidad, por lo que los resultados en este campo se alejan de la sustentabilidad (Paez &amp; Silva, 2010).</p>      <p>Por otra parte, contin&uacute;a el libre acceso a los recursos naturales, la falta de incentivos para las pr&aacute;cticas sostenibles, la ausencia de penalizaci&oacute;n de actividades productivas que degradan el ambiente sin aplicaci&oacute;n del r&eacute;gimen sancionatorio ambiental y la falta de inversi&oacute;n en programas de recuperaci&oacute;n de los recursos no renovables. Es claro que los instrumentos econ&oacute;micos propios del mercado no han funcionado, el comportamiento de los actores econ&oacute;micos para que muestren acciones amigables con el medio ambiente no ha cambiado sustancialmente, y tampoco la orientaci&oacute;n de dichos actores a la generaci&oacute;n de recursos para la gesti&oacute;n ambiental. Como Stiglitz (1988) indica, las relaciones econ&oacute;micas est&aacute;n incrustadas en la organizaci&oacute;n social y no surgen espont&aacute;neamente, de tal manera, el desarrollo econ&oacute;mico requiere no solo cambios de tipo econ&oacute;mico, sino tambi&eacute;n transformaciones de socioculturales que involucran en s&iacute; mismas el intercambio econ&oacute;mico.</p>       <p><font size=3><b>Pr&aacute;cticas culturales en relaci&oacute;n con la educaci&oacute;n ambiental</b></font></p>      <p><b>Aspectos Estructurales y Supraestructurales. </b>Los problemas ambientales en Colombia se relacionan con factores en diferentes niveles, donde se entrecruzan las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas, la normatividad vigente, los intereses privados y la debilidad del estado para impedir metacontingencias contrarias a la legislaci&oacute;n ambiental. En un escenario como este, la educaci&oacute;n ambiental toma una importancia fundamental para contrarrestar la ausencia de un sistema regulatorio que asegure el logro de objetivos ambientales deseables.</p>      <p>Asociadas con las pol&iacute;ticas mundiales y regionales sobre la explotaci&oacute;n ambiental en los diferentes sectores, las pol&iacute;ticas educativas ambientales en Colombia se han derivado claramente de los esfuerzos por lograr acuerdos globales respecto de c&oacute;mo debe enfocarse la formaci&oacute;n de los ciudadanos para explotar, conservar y mejorar el medio ambiente del mundo. En el a&ntilde;o 2002, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclam&oacute; el decenio de las Naciones Unidas de la educaci&oacute;n para el desarrollo sostenible y se solicit&oacute; a la UNESCO la elaboraci&oacute;n de un Plan que tomara como eje a la educaci&oacute;n para el logro del desarrollo sostenible. En el 2003, la Conferencia de Ministros de Medio Ambiente respald&oacute; esta propuesta y acogi&oacute; las directrices trazadas en dicho Plan (2005-2014). El documento propone impulsar una educaci&oacute;n solidaria para el logro de una percepci&oacute;n e interacci&oacute;n adecuada acerca del estado del planeta, donde las personas adquieran compromisos y actitudes responsables con su entorno (Guti&eacute;rrez, Benayas &amp; Calvo, 2006).</p>      <p>Se estableci&oacute; que este cambio s&oacute;lo ser&iacute;a posible a trav&eacute;s de la transformaci&oacute;n de los instrumentos pol&iacute;ticos, de los patrones de participaci&oacute;n social, de los estilos de vida y actitudes de los ciudadanos. Fue claro entonces que el reto central de la Educaci&oacute;n Ambiental para el Desarrollo Sostenible (EADS) y para la investigaci&oacute;n educativa en temas ambientales era el asumir marcos de seguimiento de los avances y resultados de las acciones a corto, medio y largo plazo. Estas acciones no deb&iacute;an restringirse al &aacute;mbito escolar, debido a que el concepto de sostenibilidad exig&iacute;a una visi&oacute;n desde la sociedad y desde diferentes contextos disciplinares, sociopol&iacute;ticos, empresariales, asociativos y no gubernamentales de cada naci&oacute;n. Del mismo modo, se especific&oacute; que la EA deb&iacute;a centrarse en la comunidad y las personas, con una intencionalidad clara hacia el logro de cambios econ&oacute;micos, sociales, pol&iacute;ticos y culturales que permitieran la sostenibilidad (&Aacute;lvarez &amp; Vega, 2009).</p>      <p>En Colombia, la EADS ha tenido una r&aacute;pida incursi&oacute;n en los diferentes niveles educativos, en el a&ntilde;o 2002 se aprob&oacute; la Pol&iacute;tica Nacional para la Educaci&oacute;n Ambiental (PNEA), en la cual se establecen un conjunto de instrumentos fundamentales para el fortalecimiento de los procesos educativos y de formaci&oacute;n ambiental (formal y no formal), en un plano intersectorial, donde los programas, proyectos y actividades educativo-ambientales son el eje integrador. La PNEA crea dos clases de instrumentos para coordinar la educaci&oacute;n ambiental y hacerla contextual. El primero de ellos son los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE) en las instituciones educativas, en los cuales se desarrollan tem&aacute;ticas ambientales espec&iacute;ficas con el &aacute;nimo de crear una cultura ecol&oacute;gica. El segundo son los PROCEDAS (Proyectos Ciudadanos de Educaci&oacute;n Ambiental) dirigidos a la consolidaci&oacute;n de un comportamiento sustentable de la ciudadan&iacute;a, en el plano de la educaci&oacute;n no formal. A trav&eacute;s de estos instrumentos se fijan criterios para la promoci&oacute;n de la Educaci&oacute;n Ambiental no formal e informal y se establecen los mecanismos de coordinaci&oacute;n entre el Ministerio de Educaci&oacute;n Nacional y el Ministerio del Medio Ambiente para todo lo relacionado con el proceso de institucionalizaci&oacute;n de la Educaci&oacute;n Ambiental.</p>      <p>Adem&aacute;s de los instrumentos mencionados previamente, la PNEA (Pol&iacute;tica Nacional de Educaci&oacute;n Ambiental) posee algunas caracter&iacute;sticas que determinan lineamientos para la EDS, estas son: (a) un an&aacute;lisis del desarrollo tecnol&oacute;gico en las distintas sociedades y de su impacto en el entorno, (b) la suposici&oacute;n de la vulnerabilidad del medio natural y necesidad de protegerlo, (c) el an&aacute;lisis de la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de la incidencia de los conflictos sociales sobre las interacciones sociedad-naturaleza, (d) la participaci&oacute;n en la toma de decisiones sobre los problemas ambientales, (e) las estrategias de gesti&oacute;n y de alfabetizaci&oacute;n pol&iacute;tico-ambiental, (f) las acciones para favorecer el futuro del ambiente para las nuevas generaciones, (g) el cuestionamiento del consumo y su responsabilidad, (h) la participaci&oacute;n de estudiantes, docentes e instituciones educativas en la soluci&oacute;n de los problemas ambientales, e (i) la participaci&oacute;n de la sociedad en general en el desarrollo sostenible.</p>      <p>Se observa entonces una marcada influencia del concepto de <i>desarrollo sostenible </i>en la pol&iacute;tica marco colombiana, as&iacute; como una concepci&oacute;n de la EA por niveles de an&aacute;lisis. La PNEA comprende una serie de acciones que engloban la relaci&oacute;n del individuo y su ambiente m&aacute;s all&aacute; de las &aacute;reas protegidas, las cuencas fluviales y los recursos pesqueros. En consonancia con la visi&oacute;n de los pa&iacute;ses desarrollados, sus directrices involucran el comportamiento de los ciudadanos tambi&eacute;n en entorno urbano y son consistentes con una visi&oacute;n de las ciudades como espacios educativos, donde cotidianamente existen diversas oportunidades para la formaci&oacute;n de ciudadanos en diferentes &aacute;reas, entre otras en la valoraci&oacute;n e interacci&oacute;n con el ambiente (P&aacute;ramo, 2007, 2010a, 2010b; Uzell, 2009).</p>      <p>Se han desarrollado algunos estudios para establecer el grado de cumplimiento de las directrices de la PNEA, evaluando si la pol&iacute;tica ha cumplido con sus objetivos en todos los niveles y si la formaci&oacute;n de los ciudadanos colombianos respecto de la protecci&oacute;n, uso adecuado y respeto por el ambiente es coherente con los esfuerzos derivados de la PNEA. Dentro de los que se resaltan entre otros los de Torres (1998, 2002), &Aacute;ngel- Maya (2000) y Noguera (2002). Estos autores han se&ntilde;alado algunas incongruencias entre lo expresado en la PNEA y las pr&aacute;cticas educativas reales en todos los niveles, debido a que muchos de los aspectos de la pol&iacute;tica van m&aacute;s all&aacute; de la esfera individual y no est&aacute;n al alcance de los agentes educativos en el microambiente. As&iacute; mismo, se observa un marcado &eacute;nfasis en el an&aacute;lisis de la educaci&oacute;n primaria y secundaria, minimizando el papel de las universidades, los gobiernos locales y los medios de comunicaci&oacute;n en la formaci&oacute;n de ciudadanos con un comportamiento pro-social y pro-ambiental acorde con las pretensiones de la PNEA. Este &uacute;ltimo punto es cr&iacute;tico, debido a que la formaci&oacute;n de los ciudadanos es un proceso continuo, el cual es responsabilidad de diferentes instituciones, sectores y agentes; no termina con la adolescencia y menos con la inserci&oacute;n en el mundo laboral (Garc&iacute;a, 2009).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n Rico (2004), la EA todav&iacute;a est&aacute; centrada en el curr&iacute;culo, sin incluir una comprensi&oacute;n de sus objetivos, contenidos, y de las consideraciones tecnol&oacute;gicas, econ&oacute;micas, urbanas, pol&iacute;ticas o ecol&oacute;gicas, que rodean el fen&oacute;meno educativo. Pretender conceptualizar las pr&aacute;cticas educativas ambientales como pr&aacute;cticas culturales requiere asumir que los aspectos econ&oacute;micos asociados con la explotaci&oacute;n del ambiente resultan fundamentales para comprender las finalidades de dicha explotaci&oacute;n, e influyen en las diferentes instituciones de maneras diversas. As&iacute;, la EA se relaciona con los diferentes instrumentos econ&oacute;micos que impulsan y regulan en determinada direcci&oacute;n los procesos productivos y tecnol&oacute;gicos, as&iacute; como la formaci&oacute;n de los ciudadanos. Por esto, la visi&oacute;n centrada en el curr&iacute;culo resulta idealista y alejada de la realidad, en la medida que la ciudadan&iacute;a se enfrenta a retos ambientales en su cotidianidad, los cuales se alejan de una concepci&oacute;n puramente ecol&oacute;gica y en muchos casos no existen consecuencias claras para los comportamientos sustentables en espacios privados y p&uacute;blicos.</p>       <p>A&uacute;n m&aacute;s grave que esto es que las principales afectaciones ambientales del pa&iacute;s se relacionen con las actividades productivas mayores, donde los ciudadanos tienen poca incidencia y d&oacute;nde la explotaci&oacute;n de los recursos naturales, como se explic&oacute; en la secci&oacute;n anterior, carece de una aplicaci&oacute;n consistente del r&eacute;gimen ambiental colombiano y dista mucho del enfoque de RSE (responsabilidad social empresarial) que se ha intentado implantar en el mundo.</p>      <p>Quiz&aacute; el punto donde m&aacute;s claramente se definen contingencias entrelazadas para la EA entre el sector educativo y el sector productivo es en los procesos de investigaci&oacute;n que se adscriben a la educaci&oacute;n terciaria dentro del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2010-2014 de Colombia. En dicho plan y las reformas consecuentes, se establece la importancia de las Universidades como articuladoras de la producci&oacute;n investigativa, tecnol&oacute;gica y de conocimiento en tem&aacute;ticas ambientales. No obstante, no se especifica qu&eacute; topograf&iacute;a asume la educaci&oacute;n ambiental en las Universidades y c&oacute;mo los Proyectos Educativos Institucionales (PEI) de las mismas deber&aacute;n integrarse a este importante elemento. Tampoco se relacionan o diferencian los modelos planteados en el PND respecto de capital humano y productivo con el tema de educaci&oacute;n ambiental, lo que si ha sucedido en otros pa&iacute;ses (Blaze &amp; Wals, 2004).</p>      <p>Espec&iacute;ficamente en el sector de educaci&oacute;n terciaria, se evidencian desconexiones entre las pol&iacute;ticas educativas y las pr&aacute;cticas ambientales en diferentes niveles, as&iacute; como m&uacute;ltiples enfoques epistemol&oacute;gicos, te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos (Leff, 2007). Seg&uacute;n Duque (2007) y Aguirre (2007) aunque han crecido las publicaciones, documentos y pol&iacute;ticas relacionadas con temas ambientales en el sector educativo, todav&iacute;a contin&uacute;an los debates acerca de la definici&oacute;n de temas b&aacute;sicos, los enfoques conceptuales y metodol&oacute;gicos alrededor de la formaci&oacute;n y la investigaci&oacute;n en aspectos ambientales, as&iacute; como las prescripciones derivadas (Del Campo &amp; V&aacute;squez, 2007; S&aacute;enz, 2007).</p>      <p>En Colombia y el mundo, podr&iacute;amos cuestionar s&iacute; las pol&iacute;ticas y programas disponibles realmente promueven cambios efectivos en las actitudes y acciones sociales, industriales e institucionales. Como Garc&iacute;a (2009) indica, para responder a dichos cuestionamientos se debe realizar una reflexi&oacute;n acerca de la manera como se deben modificar los modelos de intercambio econ&oacute;mico para promover pr&aacute;cticas responsables, pero en cualquier caso, no existe una respuesta unidimensional para dicho cambio, como tampoco se pueden identificar l&iacute;neas de intervenci&oacute;n efectivas a partir de esfuerzos aislados que pretenden cambiar las acciones p&uacute;blicas o el conocimiento ambiental. Se requiere intervenir en los distintos sectores y en diferentes niveles, como tambi&eacute;n se deben desarrollar estudios profundos acerca de las concepciones asociadas al ambiente, la normatividad y los programas vigentes.</p>      <p>En la misma direcci&oacute;n de los planteamientos de Vega y &Aacute;lvarez (2005), se pude afirmar que la educaci&oacute;n ambiental EA no puede por s&iacute; sola reemplazar la responsabilidad pol&iacute;tica ni al conocimiento cient&iacute;fico-tecnol&oacute;gico, pero potencialmente crea las condiciones culturales apropiadas para que las problem&aacute;ticas ambientales sean concebidas y tratadas de otra forma por la ciudadan&iacute;a en todos los niveles, debido a que las personas llegan a definir, situar y reconocer tanto los problemas, como sus consecuencias (Andrade &amp; Ortiz, 2006).</p>      <p><b>Interacciones propias de la pr&aacute;ctica cultural. </b>Como se ha planteado previamente, los resultados de la EA son un producto de la interacci&oacute;n entre los elementos mayores de la cultura donde sobresalen las pol&iacute;ticas, las entidades gubernamentales que las ejecutan y regulan, las din&aacute;micas econ&oacute;micas presentes en los diferentes sectores, con los sistemas sociales particulares relacionados con los grupos, entidades y contextos presentes en el entorno inmediato del individuo, interacci&oacute;n que modifica la direcci&oacute;n, topograf&iacute;a y funci&oacute;n del comportamiento sustentable de las personas. En este sentido, los contextos en los cuales se desarrolla la conducta individual son compartidos convencionalmente con otros miembros de la cultura y se entrelazan para lograr resultados favorables al ambiente. Dichos contextos se configuran hist&oacute;ricamente y ocurren como parte de un nivel de selecci&oacute;n primariamente infraestructural, pero se admite la posibilidad de que se generen cambios graduales en virtud de las din&aacute;micas que ocurren en un nivel estructural y asociadas a la educaci&oacute;n de los miembros de la cultura, entre otros.</p>      <p>Pensar el comportamiento sustentable como algo distinto a las actitudes proambientales, permite establecer claramente el tipo de acciones que son deseables en t&eacute;rminos del ambiente, del consumo y del intercambio verbal, m&aacute;s all&aacute; del terreno de las intenciones. Por otra parte, ubicarlo como parte de la EA del pa&iacute;s, posibilita un an&aacute;lisis de su interrelaci&oacute;n con diversas instituciones sociales, entre ellas, la instituci&oacute;n escolar. El an&aacute;lisis de la pr&aacute;ctica cultural, entonces, responde al interrogante de si la modificaci&oacute;n de las actitudes es suficiente para provocar un cambio permanente en el tipo de interacciones que los individuos mantienen con su ambiente, en lo que se ha denominado comportamiento sustentable. Esto en virtud de los bajos resultados que han arrojado los programas de EA, especialmente en Latinoam&eacute;rica (Cartay, 2004).</p>      <p>El comportamiento sustentable parece compartir las mismas caracter&iacute;sticas de cualquier otro comportamiento y estar determinado por el mismo conjunto de factores psicosociales, culturales y econ&oacute;micos. &iquest;Por qu&eacute; entonces resulta tan dif&iacute;cil su modificaci&oacute;n a trav&eacute;s de la EA? Por una parte, el comportamiento est&aacute; determinado por variables cuya probabilidad de control por la EA es baja. Aspectos tales como la cultura, la historia de aprendizaje, los modelos paternos y las condiciones de vida de la mayor&iacute;a de personas en Latinoam&eacute;rica, crean un conjunto de barreras a los programas educativos. Por otra parte, la mayor&iacute;a de programas se basan en la idea que la conducta sustentable es una clase de comportamiento racional, que se genera en oposici&oacute;n al comportamiento irracional que se relaciona con el detrimento de los recursos naturales (Wagner, 1997).</p>      <p>Como un resultado, la mayor&iacute;a de curr&iacute;culos escolares han incorporado la educaci&oacute;n ambiental, con la idea que el desarrollo de conocimientos y actitudes pro-ambientales permitir&aacute;n formar ciudadanos preocupados por el impacto que tiene su comportamiento en el ambiente, no obstante, la evidencia ha mostrado que no existe una relaci&oacute;n directa entre el conocimiento, las actitudes y el comportamiento pro-ambiental o sustentable. En otras palabras, la valoraci&oacute;n abstracta de las intenciones respecto del cuidado del ambiente no siempre correlaciona con la conducta efectiva (Carre&ntilde;o &amp; Sandoval, 2011; Casta&ntilde;edo, 1995; Cort&eacute;s, 2010; P&aacute;ramo &amp; G&oacute;mez, 1997). Es necesario entonces extender la definici&oacute;n de la EA no solamente a la adquisici&oacute;n de los conocimientos y actitudes necesarios para la conservaci&oacute;n del ambiente, sino al desarrollo de patrones de comportamiento acordes con los objetivos asociados con la protecci&oacute;n y cuidado del mismo, pero no con el supuesto que los procesos cognitivos y afectivos del comportamiento generan cambios en las conductas directamente relacionadas con el cuidado del ambiente, puesto que estos procesos tambi&eacute;n son una clase de comportamiento que en ocasiones forma parte del mismo campo funcional al que se denomina comportamiento sustentable.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Finalmente, analizar la EA como una pr&aacute;ctica cultural es un precurrente necesario para construir los espacios urbanos y rurales como espacios de aprendizaje y socializaci&oacute;n, lo que requiere dos elementos. El primero de ellos es el an&aacute;lisis de los requerimientos para dise&ntilde;ar una cultura ciudadana, y el segundo, la identificaci&oacute;n de las condiciones necesarias para que los comportamientos se mantengan a trav&eacute;s del tiempo. En otras palabras, el dise&ntilde;o cultural requiere un an&aacute;lisis de las pr&aacute;cticas culturales, sus componentes, sus din&aacute;micas y de los factores de selecci&oacute;n que las mantienen, as&iacute; como los que habr&aacute;n de mantener las pr&aacute;cticas sustitutivas que se pretendan establecer.</p>      <p>En el caso particular de la EA y del comportamiento sustentable, la visi&oacute;n de pr&aacute;cticas culturales supera el an&aacute;lisis psicol&oacute;gico individual propiamente dicho, debido a que los resultados ambientales de toda una sociedad no dependen estrictamente del comportamiento sustentable individual, sino del entrelazamiento de contingencias en diferentes niveles: instituciones, sectores y grupos, las cuales en conjunto determinan los resultados e indicadores. Es el cambio de las pr&aacute;cticas colectivas y el deterioro ambiental que afecta la vida de toda la poblaci&oacute;n (incluyendo a los propietarios de los diferentes sectores econ&oacute;micos) lo que incide realmente en dichos resultados. No obstante, esta visi&oacute;n no ri&ntilde;e con un an&aacute;lisis del comportamiento individual, en la medida que la convencionalidad propia de la cultura involucra de manera similar a sus miembros, as&iacute; como el dise&ntilde;o cultural asociado con la infraestructura productiva. De otra parte, comprender el fen&oacute;meno tanto en la colectividad, como en la esfera individual posibilita intervenciones en diferentes niveles de an&aacute;lisis de la EA y puede conllevar al desarrollo de patrones de participaci&oacute;n ciudadana que en el contexto de un estado democr&aacute;tico moderno incida significativamente en la legislaci&oacute;n y su aplicaci&oacute;n consistente.</p>      <p>Desde las pr&aacute;cticas culturales, la EA comprende una serie de macrocontingencias inmersas en la legislaci&oacute;n ambiental, la estructura de los sectores econ&oacute;micos del pa&iacute;s y los mecanismos de regulaci&oacute;n asociados con la cooperaci&oacute;n internacional en temas ambientales, algunos de estos mecanismos son de tipo pol&iacute;tico y otros involucran regulaciones propias del mercado global (ver a Ulman, 2004, para una definici&oacute;n de macrocontingencia). En el caso colombiano, se puede identificar una inconsistencia entre las macrocontingencias propias de la legislaci&oacute;n ambiental y las de los sectores productivos, en virtud de la infraestructura econ&oacute;mica. As&iacute; mismo, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas han resultado inefectivas para tratar con los temas de corrupci&oacute;n a trav&eacute;s de la cooptaci&oacute;n y desv&iacute;o de los recursos p&uacute;blicos, no solamente en el manejo del ambiente. La maquinaria pol&iacute;tica y las din&aacute;micas internas de los partidos generan macrocontingencias de refuerzo para la corrupci&oacute;n a gran escala y para la degradaci&oacute;n ecol&oacute;gica.</p>      <p>En el nivel microambiental de las instituciones,las pol&iacute;ticas vigentes en Colombia respecto de temas ambientales y educativos, no han sido efectivas para integrar la EA a los requerimientos de una producci&oacute;n sostenible. Las metacontingencias existentes se vinculan con resultados de eficiencia y no de eficacia en las tem&aacute;ticas ambientales. Se esperan m&aacute;s programas de educaci&oacute;n superior en tem&aacute;ticas ambientales, m&aacute;s proyectos de investigaci&oacute;n y publicaciones, mayor cantidad de programas PRAE y PROCEDAS, as&iacute; como m&aacute;s espacios pedag&oacute;gicos escolares para el desarrollo de una conciencia ecol&oacute;gica. Se supone que estos esfuerzos incidir&aacute;n en los resultados ambientales en las diferentes regiones del pa&iacute;s. No obstante, no existen metacontingencias expl&iacute;citas que entrelacen los patrones de interacci&oacute;n familiar, los medios de comunicaci&oacute;n, los espacios p&uacute;blicos y las dem&aacute;s organizaciones sociales en el nivel microambiental para el logro de resultados ambientales espec&iacute;ficos. Se concibe entonces la EA como un fen&oacute;meno que sucede en la Instituci&oacute;n Escolar.</p>      <p>Respecto de los contextos individuales, los niveles anteriores interaccionan para producir escenarios de aprendizaje, en muchas ocasiones contrapuestos al logro de la sustentabilidad. Con base en el an&aacute;lisis de las pr&aacute;cticas de Mattaini (1996, 2011), las pr&aacute;cticas son un escenario donde se interrelacionan una serie de factores antecedentes y consecuentes, que crean un campo de elementos que correlacionan con la presencia de ciertos tipos de actividades dentro de los espacios individuales y colectivos. Estos campos est&aacute;n dise&ntilde;ados de acuerdo con las reglas de la cultura y determinan algunas ocasiones en las cuales ciertos eventos ser&aacute;n efectivos, mientras que otros no. De la misma manera, estos campos de interacci&oacute;n involucran una serie de consecuencias sociales y naturales para las interacciones con el ambiente a nivel pr&oacute;ximo y distal, las cuales ocurren como parte de unas condiciones f&iacute;sicas y sociales del contexto que probabilizan unos patrones de comportamiento m&aacute;s que otros. Estos son los elementos que componen el campo del comportamiento sustentable e involucra los resultados pr&oacute;ximos y distales en relaci&oacute;n con el medio ambiente.</p>      <p>Aplicado esto a la EA, es claro en Colombia que en el nivel individual no existe un sistema claro de reglas debido a la debilidad de la legislaci&oacute;n tanto para productores como para consumidores, que los c&oacute;digos de polic&iacute;a especifican solamente un rango limitado de conductas anti-ambientales y que las contravenciones implican consecuencias no efectivas en la disminuci&oacute;n del comportamiento para los agentes implicados en el deterioro ambiental. El sistema de conocimientos ambientales y de reglas de conducta sustentable se suministra primariamente en la escuela, no en espacios de socializaci&oacute;n dentro de la familia o la comunidad, lo que impide la transferencia de los aprendizajes y la emergencia de comportamientos sustentables novedosos. De manera consistente, las ocasiones poseen una se&ntilde;al&eacute;tica desajustada a los patrones culturales de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n y est&aacute;n desarticuladas con las reglas formales e informales que son socializadas a trav&eacute;s de la instituci&oacute;n escolar y en la familia. En consecuencia, se ense&ntilde;a una EA dentro del contexto escolar y otra en los espacios p&uacute;blicos o privados. Debido a que la pr&aacute;ctica se ha mantenido en el tiempo, los padres, maestros, vecinos y compa&ntilde;eros, comparten un sistema de reglas donde es com&uacute;nmente aceptado el no reciclaje de las basuras, el vertimiento en lugares prohibidos, el desperdicio del agua y la electricidad, la violaci&oacute;n de normas de contaminaci&oacute;n visual y auditiva, as&iacute; como la explotaci&oacute;n eco degradante de los recursos naturales en diferentes sectores. Intervenir sobre dichas problem&aacute;ticas de acuerdo al planteamiento que he realizado en este documento, implica una visi&oacute;n de la EA que trasciende esta esfera individual y psicol&oacute;gica propiamente dicha, como tambi&eacute;n la dimensi&oacute;n pedag&oacute;gica con la que se ha tratado tradicionalmente, debido a que el ajuste de las reglas, las ocasiones, las consecuencias para el comportamiento sustentable y el desarrollo de modelos de conducta pro-ambiental, es un asunto de pol&iacute;tica p&uacute;blica en diferentes sectores, no solo en el educativo.</p>      <p><font size=3><b>Conclusiones</b></font></p>      <p>Se ha mostrado en el art&iacute;culo que en nuestro pa&iacute;s existen un conjunto de condiciones que desfavorecen el logro de resultados ambientales alineados con el concepto de desarrollo sustentable. Aunque se cuenta con una legislaci&oacute;n concebida para lograr una regulaci&oacute;n en la explotaci&oacute;n del medio ambiente que en el &aacute;mbito de las reglas sociales posee todos los elementos requeridos para controlar el uso adecuado de los recursos, ha demostrado su inefectividad tanto para el control de comportamientos anti-ambientales, como para el logro de los indicadores de sustentabilidad.</p>      <p>Se relacion&oacute; este fen&oacute;meno con el antagonismo evidente entre la misma y la infraestructura econ&oacute;mica de nuestro pa&iacute;s y del mundo globalizado, lo que explica los problemas de entrelazamiento en el nivel de las macrocontingencias y las metacontingencias. As&iacute; mismo, la permisividad para los comportamientos de cooptaci&oacute;n, contravenci&oacute;n y otros delitos contra los dineros p&uacute;blicos, producto de metacontingencias presentes en el pa&iacute;s, impiden la aplicaci&oacute;n de las contingencias culturales requeridas para obtener los resultados ambientales necesarios para la sustentabilidad. Debido a que estos resultados no se ubican en el corto plazo, ni son experimentados por toda la poblaci&oacute;n, es dif&iacute;cil lograr cambios en los niveles macroambientales o microambientales sin una legislaci&oacute;n consistente y lo suficientemente estricta, con entrelazamiento apropiados a nivel institucional. Debido a este problema de contacto entre la ciudadan&iacute;a en general (incluyendo los productores y el gobierno) y los resultados ambientales, la EA se convierte en una piedra angular de la sustentabilidad. As&iacute;, es posible que las intervenciones en un nivel microambiental puedan lograr desarrollar el conjunto de conocimientos y pr&aacute;cticas requeridos no para cambiar directamente los indicadores de manejo responsable del ambiente, dado que la contribuci&oacute;n mayor corresponde al sector productivo, sino para fomentar procesos de participaci&oacute;n ciudadana acordes con los objetivos ambientales.</p>      <p>Analizar el comportamiento desde la visi&oacute;n de las pr&aacute;cticas culturales permite comprender como los escenarios individuales de EA dependen directamente de estas condiciones y el establecimiento de patrones de conducta ciudadana sustentable acordes con los resultados ambientales deseables se deben ligar al conjunto de acciones que se desarrollan en los escenarios cotidianos de la ciudad, los espacios p&uacute;blicos, la educaci&oacute;n familiar y los medios de comunicaci&oacute;n. En otras palabras, no basta con el planteamiento de PRAE o de PROCEDA, estos proyectos deben concebirse en el marco de las metacontingencias e involucrarse en los programas de cultura ciudadana en diferentes escenarios.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Glenn y Malott (2006) desarrollan una propuesta para intervenir en las pr&aacute;cticas culturales que toma algunos elementos como base para definir el tipo de modificaciones que ser&aacute;n consideradas dentro de la intervenci&oacute;n y que se convertir&aacute;n en indicadores de la educaci&oacute;n ambiental de una cultura. Estos elementos incluyen el n&uacute;mero de personas que contribuyen al producto de inter&eacute;s, la variedad de topograf&iacute;as de respuestas que ayudan a generar el resultado, el foco de intervenci&oacute;n para el cambio y la selecci&oacute;n de contingencias involucradas para lograr dicho cambio. Estos elementos sirven como base para escoger los ajustes tanto cuando el locus es la conducta individual, como cuando el objetivo es una pr&aacute;ctica colectiva. En cuanto al tipo de productos esperados, las autoras proponen que se diferencien los productos agregados de los que no lo son.</p>      <p>En el caso de las pr&aacute;cticas pro-ambientales, los productos son agregados porque el resultado ambiental est&aacute; relacionado con el entrelazamiento de los comportamientos de diferentes miembros de la sociedad, consumidores y proveedores. No obstante, existen otros productos agregados que se constituyen de la suma de muchos comportamientos individuales. Tal es el caso del reciclaje y los resultados en la composici&oacute;n y organizaci&oacute;n de los desechos s&oacute;lidos urbanos, por ejemplo. En el punto de contingencias culturales propiamente dichas versus contingencias conductuales, es claro que el trabajar con la conducta individual de muchas personas no necesariamente afecta la pr&aacute;ctica cultural. En determinados espacios f&iacute;sicos, como por ejemplo los parques, existe se&ntilde;al &eacute;tica que informa acerca de las prohibiciones para el uso del ambiente; es posible que tales se&ntilde;ales controlen la interacci&oacute;n de los individuos con esos aspectos del entorno f&iacute;sico. No obstante, lograr que todas las personas sigan las reglas no necesariamente implica que se ha modificado una pr&aacute;ctica cultural, debido a que el cambio en los resultados no obedece al entrelazamiento en el comportamiento de diferentes miembros de la cultura.</p>      <p>En cuanto a la variabilidad, es claro que las intervenciones en las Instituciones Educativas, as&iacute; como en los espacios p&uacute;blicos y privados, deben partir de una definici&oacute;n del tipo de repertorios que se requieren de los ciudadanos del pa&iacute;s respecto del tema ambiental; reciclaje, conservaci&oacute;n, conocimiento ambiental, estilo de vida proambiental, ahorro de servicios p&uacute;blicos, compras responsables y ecol&oacute;gicas, son algunos de los posibles comportamientos sustentables que ser&aacute;n el blanco en esos espacios educativos formales e informales.</p>      <p>Finalmente, se requiere combinar las estrategias anteriores con un programa intensivo de contingencias programadas a nivel individual, de metacontingencias y de macrocontingencias. Dicho programa considerar&aacute; los elementos descritos previamente, pero se integrar&aacute; por niveles para el logro del repertorio requerido de comportamientos sustentables. Esto implica una revisi&oacute;n de la normatividad, los instrumentos legales de regulaci&oacute;n ambiental, como tambi&eacute;n los instrumentos econ&oacute;micos. Al mismo tiempo, la programaci&oacute;n de contingencias definir&aacute; de manera concreta aquellos indicadores que se especificar&aacute;n como parte de los resultados del comportamiento entrelazado de los individuos de la cultura y se involucrar&aacute;n como parte del Plan de Desarrollo de los municipios y ciudades capitales del pa&iacute;s, de manera que la EA no sea un esfuerzo aislado e ideal que sucede dentro del aula de clase, sino la manera como una sociedad planea su desarrollo sustentable a partir del comportamiento de la ciudadan&iacute;a.</p>      <p>Para esto, la psicolog&iacute;a deber&aacute; enfatizar en el comportamiento sustentable efectivo y menos en las actitudes &uacute;nicamente. Como Lehman y Geller (2004) indican, deben realizarse tanto investigaciones como intervenciones con suficiente validez externa, debido a que la ret&oacute;rica no se relaciona con los resultados ambientales. La informaci&oacute;n y la educaci&oacute;n, son apenas una parte de las intervenciones posibles, que deber&aacute;n ser complementadas con el compromiso, modelamiento, instigaci&oacute;n y dise&ntilde;o ambiental de los espacios urbanos. Esto es porque en ausencia de un sistema de contingencias efectivo en diferentes niveles del orden social, el aprendizaje de los ciudadanos puede modificar diametralmente la interacci&oacute;n con el ambiente y de manera viral, contribuir al logro de objetivos ambientales sustentables.</p>  <hr>      <p><font size=3><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>Agenda 21 (1992) Naciones Unidas, Divisi&oacute;n de Desarrollo Sostenible. Recuperado el 3 de Diciembre de 2010. En: <a href="http://www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/" target="_blank">http://www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-0534201200010001700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Aguirre, D. (2007) Educaci&oacute;n Superior Colombiana y Medio Ambiente. En: O. Saenz (Compilador) <i>Ciencias Ambientales </i>(pp. 85-99) RCFA. Bogot&aacute;: Digipress Impresiones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-0534201200010001700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ajzen, I. (1991) The theory of planned behavior. <i>Organizational Behavior and Human Decision Processes</i>, <i>50</i>, 179-211.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-0534201200010001700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ajzen, I., Brown, T. &amp; Carvahal, F. (2004) Explaining the discrepancy between intentions and actions: the case of hypothetical bias in contingent valuation. <i>Personality and Social Psychology Bulletin</i>, <i>30</i>, 1108-1121.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-0534201200010001700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&Aacute;lvarez, P. &amp; Vega, P. (2009a) Una propuesta educativa para la sostenibilidad. En: R. Garc&iacute;a &amp; P. Vega (Eds.) <i>Sostenibilidad, Valores y Discurso Ambiental </i>(87-95), Madrid: Ediciones Pir&aacute;mide.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-0534201200010001700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&Aacute;lvarez, P. &amp; Vega, P. (2009b) Actitudes ambientales y conductas sostenibles. Implicaciones para la educaci&oacute;n ambiental. <i>Revista de Psicodid&aacute;ctica, 14</i>(2)<i>, 245-260.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-0534201200010001700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Andrade, B. &amp; Ortiz, B. (2006) Semi&oacute;tica ambiental y gesti&oacute;n comunitaria. <i>Horizontes Antropol&oacute;gicos</i>, <i>12</i>(25), 257-269.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-0534201200010001700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&Aacute;ngel Maya, A. (2000) <i>La aventura de los s&iacute;mbolos. Una visi&oacute;n ambiental de la historia del pensamiento, </i>Bogot&aacute;: Ecofondo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-0534201200010001700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Aragon&eacute;s, J. I. &amp; Am&eacute;rigo, M. (1991). Un estudio emp&iacute;rico sobre las actitudes ambientales. <i>Revista de Psicolog&iacute;a Social</i>, <i>6</i>(2), 223-240.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-0534201200010001700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Asamblea General - Naciones Unidas. (2005) Resoluci&oacute;n aprobada por la Asamblea General. Decenio de las Naciones Unidas de la Educaci&oacute;n para el Desarrollo Sostenible. Recuperado: Diciembre 3 de 2010. En: <a href="http://daccess-dds-y.un.org/doc/UNDOC/GEN/N04/490/51/PDF/N0449051.pdf?OpenElement" target="_blank">http://daccess-dds-y.un.org/doc/UNDOC/GEN/N04/490/51/PDF/N0449051.pdf?OpenElement</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-0534201200010001700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barr, S. (2007) Factors influencing environmental attitudes and behaviors. <i>Environmental &amp; Behavior</i>, <i>39, </i>435-473.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-0534201200010001700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Berenguer, J., Corraliza, J., Mart&iacute;n, R. &amp; Ocesa, L. (2001). Preocupaci&oacute;n ecol&oacute;gica y acciones ambientales: un proceso interactivo. <i>Estudios de Psicolog&iacute;a, 22, </i>37-52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-0534201200010001700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Blaze, P. &amp; Wals, A. (2004). <i>Higher education and the challenge of sustainability: problematics, promise and practice. </i>Netherlands: Kluwer Academic Publishers.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-0534201200010001700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brand, (2002) Conciencia y comportamiento medioambientales: estilos de vida m&aacute;s "verdes". En: Redclift y Woodgate (Eds.). <i>Sociolog&iacute;a del medio ambiente: una perpectiva internacional </i>(pp. 205-222). Madrid: Mc Graw-Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-0534201200010001700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bra&ntilde;ez, R. (2001) Informe sobre el Desarrollo del Derecho Ambiental Latinoamericano. PNUD: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, oficina Regional para Am&eacute;rica Latina y el Caribe. Publications by Year.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-0534201200010001700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bourdieu, P. (2007) <i>El Sentido Pr&aacute;ctico. </i>M&eacute;xico: Siglo XXI Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-0534201200010001700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bronfenbrenner, U. (1977) Toward an experimental ecology of human development. <i>American Psychologist, 32, </i>513-530.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-0534201200010001700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bronfenbrenner, U. (1987) <i>La ecolog&iacute;a del desarrollo humano. </i>Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-0534201200010001700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Canter, D (1987). <i>Psicolog&iacute;a del Lugar. Un an&aacute;lisis del espacio que vivimos. </i>M&eacute;xico: Concepto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-0534201200010001700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Carre&ntilde;o, L. &amp; Sandoval, M. (2011) <i>Relaci&oacute;n entre las actitudes pro-ambientales y el consumo de servicios p&uacute;blicos (agua y energ&iacute;a el&eacute;ctrica) en estratos 2 y 5 de la ciudad de Bogot&aacute;. </i>Tesis de Grado. Maestr&iacute;a en Psicolog&iacute;a del Consumidor. Bogot&aacute;: Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-0534201200010001700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cartay, B. (2004) Consideraciones en torno a los conceptos de calidad de vida y calidad ambiental. <i>Fermentum, 14(41) </i>491-502.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0534201200010001700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Casta&ntilde;edo, C. (1995) Escala para la evaluaci&oacute;n de actitudes pro-ambientales (EAPA) en estudiantes universitarios. <i>Revista Complutense de Educaci&oacute;n, 6(2), </i>253-278.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-0534201200010001700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Comisi&oacute;n sobre el Desarrollo Sostenible (1996) Naciones Unidas, Protecci&oacute;n de la Atm&oacute;sfera. Informe del Secretario General. Recuperado 12 de Junio de 2011. En: <a href="http://daccess-dds//ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N96/030/59/PDF/N9603059.pdf?OpenElement" target="_blank">http://daccess-dds//ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N96/030/59/PDF/N9603059.pdf?OpenElement</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-0534201200010001700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corral - Verdugo, V. (1997) Un an&aacute;lisis cr&iacute;tico del concepto "actitudes" parte 1: postulados y m&eacute;todos de estudio. <i>Revista Mexicana de An&aacute;lisis de la Conducta, 23, </i>215-235.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-0534201200010001700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corral-Verdugo, V. (2010) <i>Psicolog&iacute;a de la Sustentabilidad</i>: <i>un an&aacute;lisis de lo que nos hace pro ecol&oacute;gicos y pro sociales</i>. M&eacute;xico:Trillas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-0534201200010001700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corral-Verdugo, V. &amp; Pinheiro, J. (2004). Aproximaciones al estudio de la conducta sustentable. <i>Medio Ambiente y Comportamiento Humano</i>, <i>5</i>, 1-26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-0534201200010001700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cort&eacute;s, O. (2011) <i>Actitudes proambientales y el consumo sustentable de los servicios p&uacute;blicos domiciliarios de agua y energ&iacute;a el&eacute;ctrica en la ciudad de Barranquilla</i>. Tesis de Grado. Maestr&iacute;a en Psicolog&iacute;a, Universidad del Norte. Barranquilla (Colombia).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-0534201200010001700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cruz, L. (2005) Los estudios psicol&oacute;gicos de la sustentabilidad. <i>Mneme: Revista de Humanidades</i>, <i>6 </i>(13), 1-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-0534201200010001700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Del Campo, A. &amp; V&aacute;squez, F. (2007) La investigaci&oacute;n en ciencias ambientales en la Rep&uacute;blica de Colombia. En: O. Saenz (Compilador) <i>Ciencias Ambientales</i> (pp. 141-158). RCFA. Bogot&aacute;: Digipress Impresiones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-0534201200010001700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dryzek, J. (1997) <i>The Politics of the Earth: environmental discourses</i>. N.Y.: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-0534201200010001700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dryzek, J. (2006) <i>Deliberative global politics: discourse and democracy in a divided world. </i>Cambridge: Polity Press - Carnegie Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-0534201200010001700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Duque, D. (2007) Educaci&oacute;n Superior Colombiana y Ambiente. En: O. Saenz (Compilador) <i>Ciencias Ambientales</i> (pp. 79-83) RCFA. Bogot&aacute;: Digipress Impresiones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-0534201200010001700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ehrlich, P. &amp; Ehrlich, A. (2004) <i>One with Niniveh. Politics, Consumption and the Human Future</i>. Washington: Shearwater Books.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-0534201200010001700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Flavin, C. (2002) Preface. En L. Starke (Ed.), <i>State of the World 2002. A World watch Institute Report on the Progress toward a Sustainable Society. </i>N.Y: Norton.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-0534201200010001700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garcia, L. (2003) Teor&iacute;a del desarrollo sostenible y Legislaci&oacute;n ambiental colombiana: Una reflexi&oacute;n, cultural, <i>Revista de Derecho</i>, <i>28, </i>198-215.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-0534201200010001700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garc&iacute;a, R. (2009) Sostenibilidad, Valores y Cultura Ambiental. En: R. Garc&iacute;a &amp; P. Vega (Eds.) <i>Sostenibilidad, Valores y Discurso Ambiental </i>(33-55), Madrid: Ediciones Pir&aacute;mide.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-0534201200010001700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Giddens, A. (2004) <i>Consecuencias de la modernidad </i>(3&ordf; Ed.). Madrid: Editorial Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-0534201200010001700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Glenn, S. (1986) Metacontingencies in Walden Two. <i>Behavior Analysis and Social Action</i>, <i>6</i>, 2-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-0534201200010001700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Glenn, S. S. (1988). Contingencies and metacontingencies: Toward a synthesis of behavior analysis and cultural materialism. <i>Journal of Applied Behavior Analysis</i>, <i>11</i>, 161-179.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-0534201200010001700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Glenn, S. (1989) Verbal behavior and cultural practices. <i>Behavior Analysis and Social Action</i>, 7, 10-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-0534201200010001700040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Glenn, S. (2004) Individual Behavior, Culture, and Social Change. <i>The Behavior Analyst</i>, 27(2), 133-151.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-0534201200010001700041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Glenn, S. &amp; Malott, M. (2004) Complexity and Selection: Implications for Organizational Change. <i>Behavior and Social Issues</i>, <i>13</i>, 89-106.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-0534201200010001700042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Glenn, S. &amp; Malott, M. (2006) Targets of intervention in cultural and behavioral change. <i>Behavior and Social Issues</i>, <i>15</i>, 31-56.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-0534201200010001700043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, J., Benayas, J. &amp; Calvo, S. (2006) Educaci&oacute;n para el desarrollo sostenible: evaluaci&oacute;n de retos y oportunidades del decenio 2005-2014. <i>Revista Iberoamericana de Educaci&oacute;n, 40</i>, 25-69.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-0534201200010001700044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hall, S. (1998) Significaci&oacute;n, representaci&oacute;n, ideolog&iacute;a: Althusser y los debates post-estructuralistas. En: J. Curran, D. Morley &amp; V. Walkerdine (Eds) <i>Estudios Culturales y Comunicaci&oacute;n </i>(pp. 27-62). Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-0534201200010001700045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Harris, M. (1979) <i>Cultural Materialism: The Struggle for a Science of Culture</i>. N.Y.: Random House Eds.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-0534201200010001700046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kottak, P. (2007) <i>Antropolog&iacute;a Cultural</i>. (5&ordf; Edici&oacute;n). Madrid: McGraw Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-0534201200010001700047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Leff, E. (2007) La Complejidad Ambiental: Del logos cient&iacute;fico al di&aacute;logo de saberes. En: O. Saenz (Compilador) <i>Ciencias Ambientales </i>(pp. 44-52). RCFA. Bogot&aacute;: Digipress Impresiones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-0534201200010001700048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lehman, P. &amp; Geller, E. (2004). Behavior analysis and environmental protection: accomplishments and potential for more. <i>Behavior and Social Issues</i>, <i>13 </i>(<i>1</i>), 13-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-0534201200010001700049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mac&iacute;as, L. (1998) <i>Introducci&oacute;n al derecho ambiental</i>. Bogot&aacute;: Editorial Legis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-0534201200010001700050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mattaini, M. (1996) Envisioning cultural practices. <i>The Behavior Analyst</i>, <i>19</i>(2), 257-272.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-0534201200010001700051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mattaini, M. (2011) Editorial: behavior analysis, sustainability, resilience, and adaptation<b>. </b><i>Behavior and Social Issues, 20, </i>1-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-0534201200010001700052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Noguera, P. (2002) Complejidad, rizoma y magma: tres elementos claves en la construcci&oacute;n de modelos de investigaci&oacute;n ambiental rururbano agraria. <i>Revista Gesti&oacute;n y Ambiente</i>, <i>5</i>(1), 11-23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-0534201200010001700053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Noguera, P. (2007) Emergencia de una episteme-&eacute;tico-est&eacute;tica-pol&iacute;tica que constituye un nuevo concepto de ciencia desde el pensamiento ambiental complejo. En: O. S&aacute;enz (Compilador) <i>Ciencias Ambientales </i>(pp. 53-69). RCFA. Bogot&aacute;: Digipress Impresiones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-0534201200010001700054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>P&aacute;ez, P. &amp; Silva, J. (2010) Las teor&iacute;as de la regulaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos. <i>Administraci&oacute;n y Desarrollo</i>, 52 (<i>38</i>), 39-56.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-0534201200010001700055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>P&aacute;ramo, P. &amp; G&oacute;mez, F. (1997) Actitudes hacia el medio ambiente: su medici&oacute;n a partir de las teor&iacute;as de facetas. <i>Revista Latinoamericana de Psicolog&iacute;a</i>, <i>29</i>(2), 243-266.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-0534201200010001700056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>P&aacute;ramo, P. (2007). <i>El significado de los lugares p&uacute;blicos para la gente de Bogot&aacute;</i>. Bogot&aacute;: Ediciones Universidad Pedag&oacute;gica Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-0534201200010001700057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>P&aacute;ramo, P. (2010a) Aprendizaje Situado: creaci&oacute;n y modificaci&oacute;n de pr&aacute;cticas sociales en el espacio p&uacute;blico urbano. <i>Psicologia e Sociedade</i>, <i>22</i>(1), 130-138.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-0534201200010001700058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>P&aacute;ramo. P. (2010b). Pedagog&iacute;a Urbana: elementos para su delimitaci&oacute;n como campo de conocimiento. <i>Revista Colombiana de Educaci&oacute;n</i>, 57, 16-47.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-0534201200010001700059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ortiz, C. (2002) Stiglitz vs. El consenso de Washington. <i>Revista Sociedad y Econom&iacute;a</i>, <i>3(3)</i>, 201-214.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-0534201200010001700060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rico, A. (2004) An&aacute;lisis socioling&uuml;&iacute;stico del discurso ambiental sobre la Amazon&iacute;a. <i>Gesti&oacute;n y Ambiente</i>, <i>7</i>(2), 5-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-0534201200010001700061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>S&aacute;enz, O. (2007) Las ciencias ambientales en el sistema nacional de ciencia y tecnolog&iacute;a 1970-2005. En: O. Saenz (Compilador) <i>Ciencias Ambientales</i> (pp. 123-140). RCFA. Bogot&aacute;: Digipress Impresiones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-0534201200010001700062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>S&aacute;nchez, G. (2002) Desarrollo y Medio Ambiente: una mirada a Colombia. <i>Econom&iacute;a y Desarrollo, </i>1 (1), 1-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-0534201200010001700063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sauv&eacute;, L. (2004) Una cartograf&iacute;a de corrientes en educaci&oacute;n ambiental. En: M. Sato (Ed) <i>A pesquisa em educa&ccedil;&atilde;o ambiental: cartografias de uma identidade narrativa em forma&ccedil;&atilde;o</i>. Porto Alegre: Artmed.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-0534201200010001700064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sauv&eacute;, L. (2004) Perspectivas curriculares para la formaci&oacute;n de formadores en educaci&oacute;n ambiental. <i>I Foro Nacional sobre la Incorporaci&oacute;n de la Perspectiva Ambiental en la Formaci&oacute;n T&eacute;cnica y Profesional</i>, Universidad Aut&oacute;noma de San Luis de Potos&iacute; (M&eacute;xico) del 9 al 13 de Junio de 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-0534201200010001700065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stiglitz, J. (1988) <i>La econom&iacute;a del sector p&uacute;blico. </i>2&ordf; Edici&oacute;n, Barcelona: Antoni Bosch Editor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-0534201200010001700066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stiglitz, J. (2002) <i>El Malestar en la Globalizaci&oacute;n</i>, Bogot&aacute;: Alfaguara.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-0534201200010001700067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Torres, M. (1998) La Educaci&oacute;n Ambiental: una estrategia flexible, un proceso y unos prop&oacute;sitos en permanente construcci&oacute;n: La experiencia de Colombia, <i>Revista Iberoamericana de Educaci&oacute;n</i>, <i>16</i>, 23-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-0534201200010001700068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ulman, J. (2004) Institutions and macrocontingencies: comments on Glenn and Malott's "Complexity and Selection". <i>Behavior and Social Issues, 13, </i>147-151.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-0534201200010001700069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ulman, J. (2006) Macrocontingencies and institutions: a behaviorological analysis. <i>Behavior and Social Issues, 15, </i>95-100.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-0534201200010001700070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Uzell, D. (2009) Comentarios cr&iacute;ticos para tiempos cr&iacute;ticos: cuestionando la contribuci&oacute;n de la psicolog&iacute;a a una sociedad sostenible. En: R. Garc&iacute;a &amp; P. Vega (Eds.) <i>Sostenibilidad, Valores y Discurso Ambiental </i>(149-164), Madrid: Ediciones Pir&aacute;mide.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-0534201200010001700071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vega, P. &amp; &Aacute;lvarez, P. (2005) Planteamiento de un marco te&oacute;rico de la Educaci&oacute;n Ambiental para un desarrollo sostenible. <i>Revista Electr&oacute;nica de Ense&ntilde;anza de las Ciencias</i>, <i>4</i>(1), 1-16. Recuperado el 13 de Julio del 2010. En: <a href="http://www.saum.uvigo.es/reec/volumenes/volumen4/ART4_Vol4_N1.pdf" target="_blank">http://www.saum.uvigo.es/reec/volumenes/volumen4/ART4_Vol4_N1.pdf</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-0534201200010001700072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wagner, S. (1997) <i>Understanding Green Consumer Behavior: A Qualitative Cognitive Approach</i>. UK: Routledge<b>.</b>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-0534201200010001700073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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