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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Importancia del manejo de hongos micorrizógenos en el establecimiento de árboles en sistemas silvopastoriles]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Importance of mycorrhizae fungi handling in the trees establishment in silvopastoral systems]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Silvopastoral systems have been reported as an effective alternative to tropical livestock. However, it&rsquo;s implementation by farmers has not been according to the investigation. One cause of the slow implementation is the large period that one plot can not be used after plantation. That situation has suggested the use of some alternatives as microorganisms that permit to stimulate the trees growing. This document it is a review of the function, importance, kinds and effects of mycorrhizal fungi in forage trees. It permits to consider that in Colombia the mycorrhizal fungi have a big potential to lead solutions of several agricultural problems. Besides, it is important to increase the investigation about the native mycorrhizae use and to get specific strains in order to increase the growing and productivity of agrosystems.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <P    ><b>Importancia del manejo de hongos micorriz&oacute;genos en el establecimiento de &aacute;rboles en sistemas silvopastoriles</b></P >     <P    >&nbsp;</P >     <P >Mauricio Molina L<Sup><I>1</I></Sup>, Zoot, Esp; Liliana Mahecha L<Sup><I>2</I></Sup>, Zoot, MSc; Marisol Medina S<Sup><I>2</I></Sup>, I.A., MSc.<I><sup>12</sup></I></P >     <P >Aspirante Maestr&iacute;a en Ciencias Animales Universidad de Antioquia, Secretar&iacute;a de Agricultura y Desarrollo Rural de Antioquia, Docentes    <BR> Universidad de Antioquia. Facultad de Ciencias Agrarias.</P >     <P ><a href="mailto:maumolina243@yahoo.es">maumolina243@yahoo.es</a></P >     <P >(Recibido: 2 marzo, 2004; aceptado: 13 junio, 2005)    <BR> </P > <I>Resumen </I>    <P   ><I>Los sistemas silvopastoriles han sido reportados como una alternativa viable para la ganader&iacute;a tropical. Sin embargo, su aceptaci&oacute;n e implementaci&oacute;n por parte de los productores no ha sido consecuente con el desarrollo investigativo. Una de las principales causas de la lenta implementaci&oacute;n, es el largo per&iacute;odo en que deben permanecer en descanso los potreros luego de la siembra de los &aacute;rboles. Esta situaci&oacute;n ha generado el planteamiento de estrategias tales como el uso de microorganismos que permitan estimular el crecimiento de los &aacute;rboles. En este art&iacute;culo se hace una revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica sobre el funcionamiento, importancia, tipos y efectos del uso de micorrizas en el establecimiento de &aacute;rboles. La revisi&oacute;n permite demostrar que en Colombia las micorrizas tienen gran potencial para contribuir a una producci&oacute;n sostenible. Sin embargo, se resalta la importancia de profundizar en la investigaci&oacute;n sobre el uso de micorrizas nativas o del sitio, lo que implica conocer m&aacute;s sobre la relaci&oacute;n hongo-planta, buscando aislar cepas espec&iacute;ficas que permitan potencializar el crecimiento y productividad de los &aacute;rboles en determinados agroecosistemas, y evaluar las interacciones que se generan. </I></P >    <P   >Palabras clave:<I> ganader&iacute;a, micorrizas, microorganismos, sostenibilidad, suelo. </I></P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   >&nbsp;</P >     <P   ><b>Introducci&oacute;n </b></P >     <P   >Entre las principales causas atribuibles a la baja Los suelos de estos sistemas se caracterizan por productividad y p&eacute;rdida de la biodiversidad en los tener un pH bajo, alto contenido de aluminio y sistemas de producci&oacute;n bovina en los tr&oacute;picos se manganeso, bajos en bases y alta capacidad de encuentra la degradaci&oacute;n de las pasturas, relacionada retenci&oacute;n de f&oacute;sforo. Por lo tanto, los rendimientos no con la destrucci&oacute;n de los bosques y de las selvas son buenos, lo que se traduce en baja producci&oacute;n donde tropicales, mediante la tumba y la quema, para dar en la mayor&iacute;a de los casos se llega a la insostenibilidad paso a las praderas de gram&iacute;neas dirigidas a la y se afecta la competitividad (15, 40, 50). producci&oacute;n de bovinos. Adem&aacute;s, est&aacute; asociada en la incorporaci&oacute;n de suelos con menor fertilidad, en los La problem&aacute;tica anterior indica que se requiere que se plantan especies no adaptadas, gener&aacute;ndose establecer sistemas de producci&oacute;n sostenibles y as&iacute; mayor proporci&oacute;n de pasturas degradadas y poco adaptables a nuestras regiones, entre los que se productivas; estas condiciones hacen ineficientes los encuentran los sistemas silvopastoriles, los cuales actuales sistemas de producci&oacute;n animal y afectan representan una alternativa viable para la ganader&iacute;a negativamente el medio ambiente (30). bovina. En estos sistemas se han encontrado m&uacute;ltiples beneficios reportados a trav&eacute;s de diversas investigaciones (27, 38, 47). No obstante, su adopci&oacute;n e implementaci&oacute;n por parte de los productores a&uacute;n es muy lenta, relacion&aacute;ndose en gran parte, con los largos per&iacute;odos de tiempo que el productor debe dejar sin utilizar los potreros luego de la siembra de los &aacute;rboles y los arbustos. El productor generalmente debe esperar entre ocho meses y un a&ntilde;o como m&iacute;nimo, seg&uacute;n la especie y el uso al que se va a destinar (ramoneo, sombra, maderable, otros), si se introducen antes los animales; cuando a&uacute;n los &aacute;rboles no est&aacute;n debidamente anclados con sus ra&iacute;ces y no han alcanzado la vigorosidad y altura suficiente que impida el da&ntilde;o por los animales, su sobrevivencia se ver&aacute; comprometida y con &eacute;sto, el &eacute;xito del sistema. </P >    <P    >La situaci&oacute;n es a&uacute;n m&aacute;s cr&iacute;tica en sistemas ganaderos de tr&oacute;pico alto, en los cuales el tama&ntilde;o de los predios es peque&ntilde;o, dificult&aacute;ndose la destinaci&oacute;n de &aacute;reas para establecimiento de &aacute;rboles, lo que conlleva a un aislamiento del &aacute;rea por un largo periodo de tiempo, el cual va desde el momento de siembra hasta el inicio de pastoreo por parte del animal, mientras los &aacute;rboles crecen. Adem&aacute;s, en estas zonas ubicadas a m&aacute;s de 1800 m.s.n.m, la luminosidad disminuye (46), la tasa de crecimiento de los &aacute;rboles es menor comparada la de los &aacute;rboles que se establecen en zonas de tr&oacute;pico medio y bajo, y por lo tanto, se retarda a&uacute;n m&aacute;s el uso de los sistemas silvopastoriles. Lo anterior ocasiona que el ganadero no implemente el sistema, debido a que este no puede esperar largos per&iacute;odos de tiempo, por las exigencias productivas que exigen los predios de las estas zonas tr&oacute;pico alto. </P >     <P    >Esta situaci&oacute;n ha generado el planteamiento de estrategias que permitan reducir el per&iacute;odo de espera, tales como: uso de especies de r&aacute;pido crecimiento y desarrollo, aislamiento de los &aacute;rboles con cercas fijas o cerca el&eacute;ctrica, fumigaci&oacute;n con esti&eacute;rcol bovino, y uso de microorganismos para estimular su crecimiento. Esta &uacute;ltima opci&oacute;n ha tomado gran auge en los &uacute;ltimos a&ntilde;os porque adem&aacute;s de ser una opci&oacute;n ecol&oacute;gica, puede ser utilizada de forma integral en la soluci&oacute;n del problema. Al respecto, Pate (39) considera, que el uso adecuado de los microorganismos del suelo, permite lograr una agricultura sostenible que resulta pr&aacute;ctica y econ&oacute;mica para cada unidad agr&iacute;cola y tambi&eacute;n favorece el reciclaje de nutrientes para mejorar la fertilidad del suelo; por lo tanto, se convierte en alternativa para contribuir al establecimiento de sistemas de producci&oacute;n sostenibles, competitivos y rentables. </P >     <P    >Entre los microorganismos de mayor uso se destacan los hongos micorriz&oacute;genos. Estos organismos pueden ser aislados, seleccionados, multiplicados e incorporados al suelo o a las plantas en forma de in&oacute;culos. El proceso de inoculaci&oacute;n es complejo. Implica dise&ntilde;ar m&eacute;todos de aislamiento, selecci&oacute;n, multiplicaci&oacute;n e incorporaci&oacute;n adecuados para cada especie o efecto deseado y por otra parte, es necesario determinar las condiciones y t&eacute;cnicas culturales que permitan la manifestaci&oacute;n &oacute;ptima de los efectos. Esta complejidad hace que su efecto no sea predecible bajo todas las condiciones ni para todas las especies. Por lo tanto, es importante incentivar la investigaci&oacute;n al respecto, as&iacute; como profundizar en el conocimiento de sus principios de funcionamiento y de los resultados encontrados con su uso. </P >    <P    >Con base en lo anterior, se plante&oacute; la necesidad de realizar una revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica sobre la definici&oacute;n, funcionamiento, importancia, tipos y efectos del uso de micorrizas en &aacute;rboles que pueda ser utilizada como base te&oacute;rica para el inicio de un trabajo de investigaci&oacute;n mediante el cual se haga evaluaci&oacute;n del efecto de la inoculaci&oacute;n con micorrizas, en el crecimiento y el desarrollo de &aacute;rboles en sistemas silvopastoriles de tr&oacute;pico alto. </P >     <P    >&nbsp;</P > <b>Definici&oacute;n, funcionamiento e importancia de las micorrizas </b>     <P    >Varios autores coinciden en definir a las micorrizas (mikes=hongo, rhiza=ra&iacute;z) como asociaciones mutualistas entre un hongo y las ra&iacute;ces de la planta, en la que ambos miembros de la asociaci&oacute;n se benefician y participan activamente en el transporte y absorci&oacute;n de nutrientes, influyendo tanto en la estructura como en la estabilidad de las comunidades vegetales (5, 28, 32). En la asociaci&oacute;n mutualista que se establece con la micorriza, el hongo coloniza biotr&oacute;ficamente la corteza de la ra&iacute;z, sin causar da&ntilde;o a la planta, llegando a ser, fisiol&oacute;gica y morfol&oacute;gicamente, parte integrante de dicho &oacute;rgano. A su vez, la planta hospedera proporciona al hongo simbionte (heter&oacute;trofo), compuestos carbonados procedentes de la fotos&iacute;ntesis, y un h&aacute;bitat ecol&oacute;gico protegido. </P >    <P    >Se sabe que las micorrizas juegan papel muy importante en el desarrollo de las plantas y en el ciclado de nutrientes en el ecosistema. Se encuentran pr&aacute;cticamente en todos los suelos y climas de la tierra y s&oacute;lo en unas pocas familias bot&aacute;nicas hay especies que no forman micorrizas. Los ejemplos m&aacute;s significativos de familias con especies no micorrizables son las cruc&iacute;feras, quenopodi&aacute;ceas y ciper&aacute;ceas (1, 3, 11).  Al respecto, Infante (23), estima que aproximadamente el 85-95% de las especies vegetales conocidas viven en simbiosis con una gran cantidad de hongos del suelo. </P >    ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >Estas formas simbi&oacute;ticas se inician con la activaci&oacute;n del micelio del hongo procedente de la germinaci&oacute;n de las esporas, dando comienzo a la formaci&oacute;n de la micorriza, lo que genera los prop&aacute;galos para lograr en forma natural perpetuar y propagar la especie. Cuando las esporas germinan, desarrollan unos filamentos conocidos como hifas, que por proliferaci&oacute;n dan lugar al micelio del hongo que se extiende en el suelo seg&uacute;n su potencial saprof&iacute;tico; el micelio es el encargado de llevar a cabo la infecci&oacute;n de la ra&iacute;z, que se produce por una identificaci&oacute;n mutua, en primera instancia, entre la planta y el hongo en la riz&oacute;sfera en regiones pr&oacute;ximas a las ra&iacute;ces; este reconocimiento es mediado por sustancias exudadas por la ra&iacute;z, que provocan el crecimiento del micelio y un <I>biotropismo</I> positivo del mismo hacia la ra&iacute;z. Luego se produce el contacto intercelular al formarse una estructura llamada apresorio; posteriormente se producen cambios morfol&oacute;gicos y estructurales, tanto en los tejidos colonizados por el hongo, como en la organizaci&oacute;n de la pared celular del simbionte f&uacute;ngico. El proceso contin&uacute;a con la integraci&oacute;n fisiol&oacute;gica de ambos simbiontes, y por &uacute;ltimo, se presenta una alteraci&oacute;n de las actividades enzim&aacute;ticas, para integrar los procesos metab&oacute;licos (3, 32). </P >     <P    >Se reporta que el micelio activado coloniza los tejidos de la ra&iacute;z y las c&eacute;lulas corticales de la misma, donde en algunas micorrizas el hongo forma ramificaciones intracelulares llamadas arb&uacute;sculos, que sirven para llevar a cabo el intercambio de metabolitos entre el hongo y la planta (28). Las hifas del hongo crecen extensivamente desde la ra&iacute;z hacia el suelo, donde desarrollan una red tridimensional de micelio especializado en colonizar y explorar muy eficazmente los microh&aacute;bitats del mismo, para captar elementos minerales y agua. Las hifas externas del hongo act&uacute;an realmente como &laquo;puentes&raquo;, que superan la zona de &laquo;agotamiento&raquo; en nutrientes que rodea la ra&iacute;z y llega a distancias de varios cent&iacute;metros de la superficie de la misma. Se considera que la funci&oacute;n del micelio externo es particularmente cr&iacute;tica para la captaci&oacute;n de nutrientes poco m&oacute;viles, como son f&oacute;sforo, nitr&oacute;geno y algunos micronutrientes (28). </P >     <P    >El t&eacute;rmino micorriza fue propuesto por primera vez en 1885, por Albert Bernard Frank, quien descubri&oacute; la asociaci&oacute;n regular de tejidos fungosos (manto) con el tejido radical de los &aacute;rboles (47). Sin embargo, los descubrimientos f&oacute;siles, en los que se han encontrado micorrizas llamadas <I>f&oacute;siles endomicorrizales</I>, hacen pensar que este tipo de asociaciones han podido ser cruciales para permitir la colonizaci&oacute;n terrestre de las plantas y que por lo tanto su existencia data de mucho tiempo atr&aacute;s (32, 48). No obstante, s&oacute;lo a partir de 1950, que se inicia a nivel mundial la investigaci&oacute;n b&aacute;sica sobre su uso, profundiz&aacute;ndose en el tema desde el a&ntilde;o 1970. Investigaciones realizadas (3,4,43), han logrado demostrar que las micorrizas son capaces de beneficiar al 95% de todas las especies existentes y que su aplicaci&oacute;n produce mejoras significativas para el crecimiento de &aacute;rboles nativos, frutales, caf&eacute;, banano, cultivos agr&iacute;colas, hortalizas, ornamentales, ca&ntilde;a, palma africana, pastos para pastoreo y de corte. A pesar de esto, Raddattz (47) es de la opini&oacute;n que en Latinoam&eacute;rica, y en Colombia, han sido subutilizadas, debido a que se ha limitado su aplicaci&oacute;n a s&oacute;lo cuatro cultivos: pastos, yuca, fr&iacute;jol y arroz, en los cuales las micorrizas no destacan su total potencialidad. </P >     <P    >&nbsp;</P > <b>Principios fisiol&oacute;gicos de los beneficios de las micorrizas a las plantas asociadas </b>     <P    >Entre los beneficios que producen las micorrizas en las plantas asociadas, se pueden destacar los siguientes: facilitan su nutrici&oacute;n, crecimiento y desarrollo; mejoran su tolerancia frente al estr&eacute;s h&iacute;drico y a los agentes pat&oacute;genos; facilitan su adaptaci&oacute;n a suelos salinos y contribuyen con la disminuci&oacute;n de la erosi&oacute;n en las &aacute;reas aleda&ntilde;as (28, 47, 49). Estos beneficios son la base fundamental que le permite a la planta mayor adaptaci&oacute;n al medio, mayor competitividad con las plantas acompa&ntilde;antes no micorrizadas y mayor productividad. </P >    <P    >Para mayor entendimiento de los beneficios de las micorrizas a continuaci&oacute;n se explican cada uno de ellos: </P >    <P    ><I>Facilitan la nutrici&oacute;n, crecimiento y desarrollo </I></P >    <P    >Bolan (5) y Fitter (18) consideran que el beneficio de las micorrizas se traduce en mayor crecimiento y desarrollo de las plantas en beneficio de la adaptaci&oacute;n y eficiencia de &eacute;stas al facilitar una mayor absorci&oacute;n de nutrientes minerales del suelo (nutrici&oacute;n). Este beneficio se basa en que las plantas requieren de diferentes iones de minerales para un &oacute;ptimo crecimiento y desarrollo. Las micorrizas pueden ayudar a las plantas a incrementar esta captaci&oacute;n, tanto de forma directa como indirecta. De forma directa, las micorrizas aumentan en las ra&iacute;ces la toma de nutrientes minerales y agua del suelo debido a que poseen micelio externo que explora gran volumen de suelo que no est&aacute; micorrizado (28, 47, 49). En este proceso  se acepta que el papel clave de las micorrizas radica en que las hifas del hongo extienden el campo de absorci&oacute;n de la ra&iacute;z m&aacute;s all&aacute; de la zona normal de agotamiento radicular (en 1-5 mm), y permiten a la ra&iacute;z incrementar su superficie de absorci&oacute;n y explorar un volumen de suelo mayor del que lo hacen las ra&iacute;ces no micorrizadas, concretamente hasta 7 cm de la superficie radicular. Adem&aacute;s, se ha logrado poner de manifiesto que las ra&iacute;ces micorrizadas absorben m&aacute;s eficazmente los fosfatos que las no micorrizadas y han calculado que en un cent&iacute;metro de ra&iacute;z micorrizada posee unos 80 cm de hifas externas. Sin embargo, Miyasaka (32) en estudios realizados concluy&oacute;, que la absorci&oacute;n m&aacute;s eficiente por las ra&iacute;ces micorrizadas se debe fundamentalmente a una aceleraci&oacute;n de la disociaci&oacute;n del fosfato insoluble. De igual forma, Maldonado (28), considera que las micorrizas permiten lograr una mayor absorci&oacute;n de nutrientes en la soluci&oacute;n del suelo, en especial de elementos pocos m&oacute;viles, fundamentalmente el f&oacute;sforo y otros como zinc, azufre, calcio, molibdeno, boro. Miyasaka (32) y Velasco <I>et al</I> (50), igualmente destacan que el papel de las micorrizas es ayudar a las plantas a incrementar la eficiencia de la utilizaci&oacute;n del f&oacute;sforo. As&iacute; mismo, Raddattz (41), Londo&ntilde;o (26) y Pate (39) reportan que en la asociaci&oacute;n, el hongo recibe de la planta productos fotosint&eacute;ticos (fotosintatos), los cuales son adquiridos por el hongo en un porcentaje de 1 a 12% de todos los fotosintatos asimilados por la planta, los que a su vez son intercambiados en las c&eacute;lulas del par&eacute;nquima de la ra&iacute;z por mol&eacute;culas que contienen f&oacute;sforo, nitr&oacute;geno, potasio, magnesio, zinc, azufre, calcio, entre otros. Miyasaka (32) presenta par&aacute;metros como la longitud, el di&aacute;metro, el &aacute;rea de superficie y la densidad de vellosidades de la ra&iacute;z, importantes para aumentar los nutrientes tomados por la planta. Consecuentemente, cambios que traen las micorrizas en la morfolog&iacute;a de la ra&iacute;z como la ramificaci&oacute;n y elongaci&oacute;n, podr&iacute;an constituir un mecanismo adicional para la absorci&oacute;n de f&oacute;sforo. Sin embargo, el mecanismo por el cual las micorrizas modifican la morfolog&iacute;a de la ra&iacute;z a&uacute;n no es claro (39). </P >    <P    >Estos reportes muestran c&oacute;mo el f&oacute;sforo se convierte en un elemento fundamental en los beneficios de las micorrizas. Esto es debido a que el micelio de los hongos endomicorr&iacute;zicos puede crecer m&aacute;s all&aacute; de la zona de crecimiento radical de la planta que permite incrementar el volumen de suelo de donde la planta absorbe el f&oacute;sforo. La zona de crecimiento radical es una zona en donde los iones se agotan r&aacute;pidamente y en donde debido a la tasa de difusi&oacute;n tan baja de f&oacute;sforo, en condiciones normales, no alcanza a ser aprovisionada en forma adecuada (50). La transferencia de f&oacute;sforo inorg&aacute;nico entre el hongo micorr&iacute;cico y la ra&iacute;z hu&eacute;sped se produce en tres etapas: transporte activo dentro del hongo y el exterior de la ra&iacute;z, transporte pasivo del hongo en la interfase ra&iacute;zhongo y transporte activo dentro de la ra&iacute;z (5,19). </P >    <P    >Los beneficios de los hongos micorr&iacute;cicos en la captaci&oacute;n de f&oacute;sforo del suelo tiene especial importancia si se tiene en cuenta que el f&oacute;sforo es esencial para el crecimiento de las plantas y que es absorbido casi enteramente en forma inorg&aacute;nica. No existe otro nutriente que pueda sustituirlo y aunque de los elementos primarios es el requerido en menor cantidad, su disponibilidad en la mayor parte de los suelos agr&iacute;colas del tr&oacute;pico es limitada (14). El f&oacute;sforo es constituyente de &aacute;cidos nucleicos, fosfol&iacute;pidos, vitaminas, es indispensable en procesos donde hay transporte, almacenamiento y transformaci&oacute;n de energ&iacute;a; act&uacute;a tambi&eacute;n en la fotos&iacute;ntesis, respiraci&oacute;n, divisi&oacute;n y elongaci&oacute;n celular. Otras de sus funciones son estimular la formaci&oacute;n temprana y el crecimiento de las ra&iacute;ces, intervenir en la formaci&oacute;n de los &oacute;rganos de reproducci&oacute;n de las plantas, la formaci&oacute;n de semillas y acelera la maduraci&oacute;n de los frutos en los cuales generalmente se almacena en altas concentraciones (14,47). La falta de f&oacute;sforo en una planta retarda el crecimiento de la parte a&eacute;rea y reduce el de las ra&iacute;ces y trae como consecuencia baja producci&oacute;n del cultivo (14, 32, 47). En los tr&oacute;picos, la producci&oacute;n es seriamente limitada por la deficiencia en los suelos, f&oacute;sforo como tambi&eacute;n de nitrogeno y de agua (4). </P >    ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >Adem&aacute;s de las explicaciones dadas sobre por qu&eacute; los hongos micorr&iacute;cicos facilitan de forma directa la mayor captaci&oacute;n de nutrientes por parte de la planta y repercuten en su crecimiento y desarrollo, Ingham (22) considera que se debe a cierto tipo de hongos micorr&iacute;cicos que colonizan c&eacute;lulas por fuera de las ra&iacute;ces y extienden largos hilos o hifas, formando un eslab&oacute;n entre el suelo y la ra&iacute;z. </P >    <P    >En cuanto al efecto indirecto de las micorrizas, ha sido relacionado con la facilitaci&oacute;n del proceso de absorci&oacute;n normal por parte de la planta, al mejorar el reciclaje de nutrientes (22). Maldonado (32) plantea otro efecto indirecto como es el aumento en la eficiencia de otros microorganismos que tienden a asociarse con las micorrizas, tales como <I>Rizhobium, Azospirillum, Azotobacter</I>, que a su vez incrementan la captaci&oacute;n de nutrientes para las plantas (32). Fitter (18), encontr&oacute; que las micorrizas interact&uacute;an con otros organismos del suelo y estas interacciones pueden inhibir (crean competencia entre ellos) o estimular (forman asociaciones mutualistas). Sin embargo, en muchos casos no ha sido posible definir completamente dichas interacciones. Entre los organismos mencionados pueden estar hongos pat&oacute;genos (a nivel del micelio interno), protozoarios, nem&aacute;todos y artr&oacute;podos. </P >    <P    >Adem&aacute;s de las explicaciones mencionadas, Alarc&oacute;n y Ferrera (2), reportan informes de otros autores que indican que el beneficio no s&oacute;lo se debe al establecimiento de los hongos en el sistema radical, sino que tambi&eacute;n intervienen diversos factores ed&aacute;ficos y ambientales e incluso de manejo de los agroecosistemas, que interact&uacute;an potencializando la capacidad del hongo para compensar o superar las funciones de la ra&iacute;z en la absorci&oacute;n de nutrimentos y agua. </P >    <P    >Igualmente, Raddattz (41), reporta la producci&oacute;n de hormonas estimulantes para el crecimiento y desarrollo de las plantas, aunque Miyasaka (32) manifiesta que resulta extremadamente dif&iacute;cil diferenciar los efectos producidos por las hormonas del hongo, de los producidos por hormonas vegetales y de los producidos indirectamente por el estado nutricional de las plantas como consecuencia de la micorrizaci&oacute;n. </P >    <P    ><I>Mejoran la tolerancia al estr&eacute;s h&iacute;drico</I></P >     <P    > Una de las mayores bondades que tienen las micorrizas es su capacidad de absorci&oacute;n de agua y por lo tanto, permiten mayor resistencia de la planta a la sequ&iacute;a (14,41). Esta resistencia es debida al incremento de la conductividad h&iacute;drica de la planta o a la disminuci&oacute;n de la resistencia al flujo de agua a trav&eacute;s de ella. Tambi&eacute;n ha sido relacionado con la mayor absorci&oacute;n a trav&eacute;s de la extensa red de hifas externas del hongo, extendidas m&aacute;s all&aacute; de la zona a la cual tiene acceso directo el sistema radical (3). De igual forma, se  ha encontrado que en suelos arenosos, con poca capacidad de retenci&oacute;n de agua, la presencia de micorrizas ha ocasionado retenci&oacute;n de agua cinco veces mayor que en ausencia de micorrizas en los mismos (26,41). </P >     <P    ><I>Mejoran la tolerancia frente a pat&oacute;genos </I></P >    <P    >Varios autores concuerdan en que las micorrizas pueden contribuir a la salud de la planta y a su productividad al aumentar el desarrollo de tolerancia a enfermedades y par&aacute;sitos (28,29,32). Las ectomorrizas protegen la ra&iacute;z ya que reciclan los carbohidratos, amino&aacute;cidos y otros compuestos producidos por las ra&iacute;ces, capaces de atraer agentes pat&oacute;genos. Adem&aacute;s proveen una barrera f&iacute;sica a pat&oacute;genos debido a la formaci&oacute;n del manto, en el cual las hifas individuales o cordones de hifas crecen hacia afuera, introduci&eacute;ndose en el suelo, y hacia adentro, intercal&aacute;ndose entre las c&eacute;lulas del c&oacute;rtex de la ra&iacute;z a trav&eacute;s de la l&aacute;mina media, formando un entramado denominado <I>red de Harting. </I>En esta red el micelio deja de estar tabicado, es xenobi&oacute;tico, lo que se interpreta como ventaja para acelerar los procesos de intercambio. La red de Harting puede sintetizar compuestos como el diatretinenitrilo, con efecto de tipo antibi&oacute;tico. As&iacute; mismo, Raddattz (41) reporta tolerancia contra ataques de nem&aacute;todos. </P >    <P    >Khanizadeh (25) y Fitter (18) encontraron mejor control de enfermedades y la disminuci&oacute;n en gasto de insecticidas y funguicidas, con el uso de plantas micorrizadas. </P >    <P    >En investigaciones realizadas, Ingham (22) encontr&oacute; que la mezcla de bacterias del genero <I>Rhizobium </I>con micorrizas, dan mayor vigor a la planta , lo cual la hace m&aacute;s resistente al ataque de pat&oacute;genos, porque las micorrizas forman una barrera f&iacute;sica impenetrable en la superficie de las ra&iacute;ces, variando en grosor y densidad. Adem&aacute;s se encontr&oacute; que especies de micorrizas parasitan a otros hongos como es el caso del <I>Trichoderma</I> y lo destruyen. Sin embargo existen interacciones donde las micorrizas pueden sobrecolonizar la planta y convertirse en par&aacute;sitos (18). </P >    ]]></body>
<body><![CDATA[<P    ><I>Facilitan la adaptaci&oacute;n a suelos salinos </I></P >    <P    >La salinidad es un factor limitante de la producci&oacute;n agr&iacute;cola, los estudios sobre micorrizas y tolerancia de las plantas a este estr&eacute;s es relativamente reciente. Resultados reportados por Barea (3), demuestran el efecto inducido por la micorrizaci&oacute;n en la disminuci&oacute;n de la deficiencia nutritiva provocada por antagonismos i&oacute;nicos, efecto secundario del estr&eacute;s salino, lo que permite crecimiento mayor de las plantas micorrizadas. Concretamente, las micorrizas mejoran diversos procesos fisiol&oacute;gicos (incremento del ritmo de intercambio de CO<Sub>2</Sub>, transpiraci&oacute;n, cambios en la conductancia estom&aacute;tica, eficacia en el uso de agua), aparte del derivado de la captaci&oacute;n de nutrientes. Adicionalmente, Corredor (3) y Barea (14), sugieren otros mecanismos para justificar el papel de las micorrizas en relaci&oacute;n con la tolerancia a salinidad, tales como la inducci&oacute;n de cambios hormonales o la mejora en la capacidad de agua. </P >    <P    ><I>Contribuyen con la disminuci&oacute;n de la erosi&oacute;n en las &aacute;reas aleda&ntilde;as </I></P >     <P    >Se sabe que tanto el medio agr&iacute;cola como los ecosistemas naturales pueden ser afectados por procesos de degradaci&oacute;n de diversa &iacute;ndole, en cuanto a su origen y naturaleza, que inciden en la productividad y calidad de las cosechas y/o en la estabilidad, diversidad y productividad de los ecosistemas. La utilizaci&oacute;n de micorrizas no s&oacute;lo ha facilitado mejor revegetalizaci&oacute;n en condiciones particulares, como pueden ser la recuperaci&oacute;n de suelos degradados por la miner&iacute;a y la introducci&oacute;n de especies ex&oacute;ticas en distintas partes del mundo, sino tambi&eacute;n ha mejorado la repoblaci&oacute;n de especies vegetales en suelos forestales (3). Lo anterior es confirmado por Londo&ntilde;o (26) y Rodr&iacute;guez (44), quienes manifiestan que cuando se aplican hongos ed&aacute;ficos, la p&eacute;rdida por lixiviaci&oacute;n, fijaci&oacute;n y erosi&oacute;n se disminuye, dado que la red de hifas captura y trasloca elementos nutritivos hacia la planta desde sitios no explorados por la ra&iacute;z; as&iacute; en los sistemas selv&aacute;ticos de los tr&oacute;picos h&uacute;medos, el reciclaje de nutrientes de la materia org&aacute;nica descompuesta hacia la planta, la hacen los hongos, principalmente por los sistemas micorr&iacute;cicos. </P >     <P    >&nbsp;</P > <b>Tipos de micorrizas </b>     <P    >Las micorrizas han sido agrupadas, con base en la anatom&iacute;a de las plantas colonizadoras en: ectomicorrizas, endomicorrizas y un grupo intermedio denominado ectoendomicorrizas (2, 46, 47). </P >    <P    ><I>Ectomicorrizas o micorrizas ectotr&oacute;ficas </I></P >     <P    >En estas micorrizas las hifas del hongo envuelven los segmentos de ra&iacute;ces colonizadas y se entretejen alrededor de ellas formando una estructura anat&oacute;mica denominada manto, caracter&iacute;stica de esta simbiosis; a partir del manto, se desprenden hifas que colonizan el medio y cordones hifales denominados rizomorfos, los cuales pueden dar origen a cuerpos fruct&iacute;feros ep&iacute;geos o hip&oacute;geos. En general, en la literatura revisada los hongos asociados pertenecen a las subdivisiones <I>Basidiomycotina</I> y <I>Ascomycotina </I>(9, 47, 48). </P >     <P    >Las ectomicorrizas son relativamente poco frecuentes: entre un 3 y un 5 % de las plantas terrestres establecen este tipo de simbiosis. Su mutualismo se ha reportado especialmente con plantas de importancia forestal, como los pinos, robles, abedules, encinas, sauces, tilos o nogales (22,46). </P >    <P    ><I>Endomicorrizas o micorrizas endotr&oacute;ficas </I></P >    ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >Se caracterizan por la penetraci&oacute;n del hongo inter e intracelularmente, la ausencia de manto y las acentuadas modificaciones anat&oacute;micas en las ra&iacute;ces no visibles a simple vista (48). </P >    <P    >Dentro de las endomicorrizas se distinguen varios tipos: </P >    <P    >1. Micorrizas Arbusculares (MA) </P >    <P    >Deben su nombre a las estructuras que producen; son organismos que se asocian con las especies vegetales en el &aacute;rea de vegetaci&oacute;n nativa y cultivos comerciales (7). </P >    <P    >En las arbusculares se encuentran asociados hongos de la clase <I>Zygomycetes</I>, orden <I>Glomales y Endogonales</I> (46, 48, 49). De acuerdo a S&aacute;nchez <I>et al</I> (47), en los tr&oacute;picos las endomicorrizas arbusculares son diez veces m&aacute;s abundantes que las ectomicorrizas y en la mayor&iacute;a de las especies vegetales donde se reportan, se establece que m&aacute;s del 90% de las especies existentes en el planeta est&aacute;n micorrizadas cuando crecen en condiciones naturales. El 97% de las faner&oacute;gamas, incluidas casi todas las especies de inter&eacute;s agron&oacute;mico, pastoril y selv&aacute;tico, presentan este tipo de asociaciones (12,46,49). </P >    <P    >Varios autores reportan que las endomicorrizas predominan en las plantas herb&aacute;ceas, muchas de ellas de inter&eacute;s agr&iacute;cola, como trigo, ma&iacute;z, legumbres, verduras, entre otras, en algunas le&ntilde;osas, como naranjos, manzanos, cerezos, ciruelos, plataneras y &aacute;rboles m&aacute;s comunes (12,48,52). </P >     <P    >S&oacute;lo se ha reportado ausencia en familias como <I>Aizoceae, Amaranthaceae, Fumariaceae, Pinaceae, Caryophyllaceae, Caparceae, Cruciferae, Chenopodiaceae, Commelinaceae, Cyperaceae, Juncaceae, Nyctaginaceae, Phytolaccaceae, Portulaceae, Proteaceae, Resitonaceae, Urticaceae, Zypophyllaceae</I> y <I>Betulaceae</I> (32). Sin embargo, varios autores reportan especies de micorrizas en el &aacute;rbol aliso, el cual pertenece a la familia de las <I>Betulaceae</I> (46, 47, 49). </P >     <P    >2.Micorrizas Eric&aacute;ceas</P >     <P    >Son del grupo de hongos <I>ascomycetos,</I> afectan a las plantas del orden Ericales, que son plantas le&ntilde;osas arbustivas que viven en suelos &aacute;cidos y pobres en nutrientes; tambi&eacute;n afectan a plantas del orden <I>Monotropaceae </I>(49). </P >     <P    >3. Micorrizas Orchidaceas</P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >Est&aacute;n formadas principalmente por el hongo <I>Rhizoctonia solani </I>y afectan a las plantas de la familia <I>Orchidiaceae (</I>22,48,49). </P >    <P    ><I>Ecto-endomicorrizas </I></P >    <P    >Generalmente presentan las caracter&iacute;sticas de ectomicorrizas, con la diferencia que hay penetraci&oacute;n intracelular.  Algunos autores las localizan como endomicorrizas, mientras que otros, bas&aacute;ndose en la cercan&iacute;a filogen&eacute;tica de los hongos asociados con los Asco y Basidiomycotina, las ubican como ectomicorrizas. Estas se encuentran en algunos subgrupos de Pinaceae y de Ericales, como los g&eacute;neros <I>Arbutus </I>(46,48,49). </P >    <P    >En muchas regiones geogr&aacute;ficas del mundo y del pa&iacute;s, todav&iacute;a los hongos micorriz&oacute;genos no han sido caracterizados, por lo cual es posible que se puedan descubrir nuevas especies en los h&aacute;bitat. Adem&aacute;s, se debe establecer la evoluci&oacute;n de las micorrizas con respecto a la correlaci&oacute;n entre la planta hu&eacute;sped y el hongo simbionte. </P >     <P    >Se debe tener en cuenta hoy en d&iacute;a las ventajas que nos ofrece la biotecnolog&iacute;a, la diversidad de hongos MA no ha sido investigada intensivamente a pesar de que se ha encontrado que la presencia de micorrizas presenta una relaci&oacute;n directa con la diversidad flor&iacute;stica y los ciclos de carbono y f&oacute;sforo en comunidades naturales. Esta situaci&oacute;n se explica por la dificultad que implica la identificaci&oacute;n de hongos MA. Aunque la morfolog&iacute;a de las esporas ha sido usada con prop&oacute;sitos de identificaci&oacute;n, esta debe ser realizada a partir de cultivos puros (a partir de una sola espora), proceso que es lento e impredecible debido a que es posible que las esporas extra&iacute;das no sean viables (14). </P >    <P    >Por estas razones, los m&eacute;todos moleculares pueden ser &uacute;tiles en la identificaci&oacute;n de especies. La reacci&oacute;n en cadena de la polimerasa (PCR) permite amplificar DNA de una sola espora, y las t&eacute;cnicas basadas en PCR han sido utilizadas para amplificar DNA a partir de hongos MA e identificar materiales colectados incluso a nivel de especie. Los requerimientos de cualquier m&eacute;todo molecular aplicado a la investigaci&oacute;n de la diversidad y ecolog&iacute;a de hongos MA, tienen que ver con la reproducibilidad usando DNA de una sola espora de hongo MA, que sean r&aacute;pidos, f&aacute;ciles y econ&oacute;micos para permitir el trabajo de muchas muestras (15). </P >     <P    >&nbsp;</P > <b>Resultados encontrados con el uso de micorrizas en &aacute;rboles </b>     <P    >Estudios realizados por Vilar <I>et al </I>(51), referentes a valores de colonizaci&oacute;n o infestaci&oacute;n de micorrizas, indican que son componentes importantes para desarrollar modelos de agricultura sostenible y en especial en sistemas donde existe elevada fertilizaci&oacute;n de f&oacute;sforo proveniente de fertilizantes solubles en suelos de bajo pH. Estos resultados concuerdan con los reportados por Colozzi (13), quien evalu&oacute; el efecto de intercalar leguminosas en verano para abono verde, en la aparici&oacute;n de micorrizas en caf&eacute; y encontr&oacute; incremento en la diversidad de especies de micorrizas, lo que a su vez estuvo relacionado con el incremento en la producci&oacute;n y la sostenibilidad del sistema de producci&oacute;n de caf&eacute;. </P >    <P    >Ingham (22), reporta efectos ben&eacute;ficos en el establecimiento de plantaciones de Pino en Puerto Rico. En este pa&iacute;s, el establecimiento de pinos por muchos a&ntilde;os, fue una actividad dif&iacute;cil, debido a que los pinos no son nativos y la micorriza para esta especie en condiciones naturales se encontraba ausente en el suelo. Sin embargo, una vez inoculadas las plantas, estas sobrevivieron despu&eacute;s de un a&ntilde;o de establecidas mientras que las no inoculadas murieron. </P >     <P    >As&iacute; mismo, Barrera <I>et al</I> ( 4 ), evaluaron el efecto de la aplicaci&oacute;n de micorrizas y de in&oacute;culos en el desarrollo de pl&aacute;ntulas de Chachafruto, <I>Eryhrina edulis, </I>en etapa de vivero en cuanto a: tipo de micorriza y sustrato utilizado, la altura de la planta, el porcentaje de infecci&oacute;n de ra&iacute;ces por la micorriza, el peso seco de la parte a&eacute;rea de la planta y el peso de la ra&iacute;z de la pl&aacute;ntula. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >En todos los tratamientos, a&uacute;n en el testigo (suelo cafetero) y en los que no se aplic&oacute; directamente in&oacute;culo, al momento de la evaluaci&oacute;n estaban presentes g&eacute;neros de micorrizas incluidos en la<a href="#t1"> tabla 1</a>, indicando &eacute;sto, su alta presencia en los suelos donde se realiz&oacute; la investigaci&oacute;n, mostrando su importante influencia en el desarrollo de las plantas. Adem&aacute;s, se observ&oacute; en relaci&oacute;n con la altura, que los valores para todos los tratamientos no tuvieron variaci&oacute;n significativa con respecto al testigo (suelo cafetero) (<a href="#f1">ve&aacute;se Figura 1</a>) </P >     <P ><img src="/img/revistas/rccp/v18n2/v18n2a07t01.jpg"><a name="t1" id="t1"></a></P >     <P ><img src="/img/revistas/rccp/v18n2/v18n2a07f01.jpg"><a name="f1"></a></P >     <P    >Por otro lado, Infante (23), cuantific&oacute; los niveles de infecci&oacute;n micorr&iacute;cica e identific&oacute; las especies de hongos micorr&iacute;cicos m&aacute;s frecuentes asociadas con &aacute;rboles de pijuayo (<I>Bactris gasipaes</I> H.B.K., especie potencial para utilizar en sistemas silvopastoriles) en sistemas de producci&oacute;n de cultivos arb&oacute;reos en multiestrato y en monocultivo, en suelos ultisoles en Yurimaguas, Per&uacute;. </P >     <P    >El nivel de infecci&oacute;n micorr&iacute;cica fue de 46% en suelos de textura areno franca y 80% en textura franco-arenosa. Esta diferencia por la textura de estos suelos pueden estar correlacionadas con la disponibilidad de f&oacute;sforo en las parcelas (10.8 ppm en la areno-franca contra 4.8 ppm en la franco-arenosa), en el que es mayor en el suelo franco-arenoso por contener mayor cantidad de arcilla; las mismas tendencias con respecto a textura del suelo se observaron en parcelas de pijuayo en monocultivo, sin embargo, los niveles de infecci&oacute;n micorr&iacute;cica fueron m&aacute;s bajos. </P >     <P    >La diversidad de especies de hongos micorr&iacute;cicos fue diferente en los dos sistemas, la que puede estar influenciada por su composici&oacute;n flor&iacute;stica, las especies del g&eacute;nero <I>Glomus</I> predominan en pijuayo. En este trabajo se demostr&oacute; el efecto ben&eacute;fico de la inoculaci&oacute;n con micorrizas en el crecimiento y en el contenido de nutrimentos en pl&aacute;ntulas de pijuayo (<a href="#t2">ve&aacute;nse Tablas 2</a> y <a href="#t3">3</a>). </P >     <P    ><img src="/img/revistas/rccp/v18n2/v18n2a07t02.jpg"><a name="t2"></a></P >     <P    ><img src="/img/revistas/rccp/v18n2/v18n2a07t03.jpg"><a name="t3"></a></P >     <P    >En otras investigaciones, Ram&iacute;rez <I>et al </I>(42) evaluaron los efectos de <I>Glomus fistulosum, Pseudomonas</I> fluorescentes y fosfato, sobre el crecimiento y la absorci&oacute;n de f&oacute;sforo por <I>Leucaena leucocephala </I>sembrada en un suelo andisol. La inoculaci&oacute;n con <I>G. fistulosum </I>increment&oacute; el crecimiento de las plantas y la absorci&oacute;n de f&oacute;sforo. Los efectos fueron mayores cuando se aplicaron conjuntamente <I>Pseudomonas</I> y <I>G. fistulosum</I>. La absorci&oacute;n de f&oacute;sforo estuvo significativamente correlacionada con la longitud de ra&iacute;ces, que a su vez fue significativamente afectada por la inoculaci&oacute;n con <I>G.</I><I> fistulosum. </I>En ausencia de <I>G. fistulosum </I>la aplicaci&oacute;n de f&oacute;sforo no increment&oacute; significativamente su absorci&oacute;n por las plantas. En contraste, cuando este hongo micorr&iacute;cico fue inoculado, hubo aumento significativo en la cantidad de f&oacute;sforo absorbido, siendo este incremento mayor con contenido de 30 mg de f&oacute;sforo por kg que con 15 mg de f&oacute;sforo por kg. </P >     <P    >De igual manera, Velasco <I>et al</I> ( 50 ), investigaron el mejoramiento del suelo por A<I>cacia mangium</I> en un sistema silvopastoril con <I>Brachiaria humidicola, </I>donde encontraron una relaci&oacute;n directa entre el contenido de f&oacute;sforo ed&aacute;fico y la poblaci&oacute;n de hongos endomicorr&iacute;cicos; el n&uacute;mero de esporas bajo la copa fue mayor que fuera de ella, aunque no existen diferencias estad&iacute;sticas. Cuando la humedad en el suelo bajo el efecto de los &aacute;rboles fue mayor, se favoreci&oacute; la poblaci&oacute;n de hongos micorriz&oacute;genos. Durante los meses h&uacute;medos (junio y julio) la poblaci&oacute;n de hongos endomicorr&iacute;cicos en el sistema de alta densidad super&oacute; al de baja densidad en 79 %. (<a href="#f2">v&eacute;ase Figura 2</a>). </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P    ><img src="/img/revistas/rccp/v18n2/v18n2a07f02.jpg"><a name="f2"></a></P >     <P    >Con el fin de investigar la actividad de las micorrizas en condiciones de vivero, Reyes (43 ), evalu&oacute; el efecto de <I>Glomus </I>spp., bacterias, vermicomposta y un testigo en el desarrollo de pl&aacute;ntulas de aguacate. Los sustratos fueron una mezcla de suelo agr&iacute;cola y de arena de r&iacute;o (1:1 v/v) y uno referencia que era un suelo forestal; la evaluaci&oacute;n del efecto se hizo a los 200 d&iacute;as despu&eacute;s del transplante. La altura y di&aacute;metro del tallo se favorecieron con los tratamientos de vermicomposta y la micorriza <I>Glomus</I>. La vermicomposta y la multicepa <I>Glomus </I>spp., promovieron mayor n&uacute;mero de hojas, mayor superficie de &aacute;rea foliar y peso seco de la parte a&eacute;rea con respecto al testigo. El resto de los tratamientos superaron o al menos igualaron la respuesta de las plantas que se desarrollaron en el tratamiento testigo, sin inoculaci&oacute;n microbiana ni aplicaci&oacute;n de materia org&aacute;nica (<a href="#t4">v&eacute;ase Tabla 4</a>). En el caso de la fotos&iacute;ntesis, se observ&oacute; mayor actividad en los tratamientos que tuvieron la presencia de la micorriza y la bacteria, y la m&aacute;s baja en los tratamientos testigo y de referencia. La colonizaci&oacute;n de la ra&iacute;z por estos microorganismos probablemente aument&oacute; la actividad fotosint&eacute;tica de las plantas, debido a que pudo existir demanda extra de fotosintatos por parte de ellos. </P >     <P    >La altura de la planta fue favorecida con la vermicomposta, as&iacute; como la inoculaci&oacute;n de hongos micorr&iacute;cicos en sus diferentes combinaciones, observ&aacute;ndose diferencias con respecto al testigo y tratamiento-sustrato de referencia. Se observa que la bacteria sola o en combinaci&oacute;n con la micorriza o vermicomposta no favorecen el desarrollo de la altura. La vermicomposta y la micorriza actuando en forma aislada tuvieron un efecto mayor en la promoci&oacute;n de altura. En varias investigaciones se ha demostrado la eficiencia de los hongos micorr&iacute;cicos del g&eacute;nero <I>Glomus </I>en promover el desarrollo de pl&aacute;ntulas. </P >    <P    ><img src="/img/revistas/rccp/v18n2/v18n2a07t04.jpg"><a name="t4"></a></P >     <P    >Con respecto a la fertilizaci&oacute;n con f&oacute;sforo, Rodr&iacute;guez <I>et al</I> (44) y Ram&iacute;rez <I>et al </I>(42), encontraron efecto positivo en la actividad de la micorriza y en el crecimiento de las plantas. Estos autores encontraron respuesta de la Leucaena a la inoculaci&oacute;n micorrizal, a&uacute;n con niveles altos de f&oacute;sforo en la soluci&oacute;n del suelo. </P >    <P    >A pesar de los reportes del efecto positivo del f&oacute;sforo en la actividad de las micorrizas, algunos autores indican un efecto contradictorio. Rodr&iacute;guez (42) reporta que la micorrizaci&oacute;n es generalmente inhibida en suelos con un alto contenido en f&oacute;sforo. </P >     <P    >&nbsp;</P > <b>Manejo de la micorrizaci&oacute;n controlada y factores que la afectan </b>     <P    >La primera etapa en un programa de inoculaci&oacute;n de MA o ectomicorrizas para usar en agricultura o silvicultura depende de la inoculaci&oacute;n m&aacute;s apropiada. En este sentido, la principal opci&oacute;n es el manejo de las poblaciones nativas (17). </P >    <P    >Para la obtenci&oacute;n de los MA a utilizar, se han desarrollado diversas metodolog&iacute;as tendientes al entendimiento de la ecolog&iacute;a y funcionamiento de esta asociaci&oacute;n simbi&oacute;tica, incluye el aislamiento de esporas a partir de suelo, la tinci&oacute;n diferencial de ra&iacute;ces para evidenciar la colonizaci&oacute;n y metodolog&iacute;as moleculares para la identificaci&oacute;n y taxonom&iacute;a (1, 14). </P >    <P    >La micorrizaci&oacute;n controlada en viveros es una operaci&oacute;n hoy en d&iacute;a necesaria para obtener buenos resultados, y para que un programa sea eficaz se necesita utilizar hongos que sean competitivos tanto en vivero, como en el campo. Se ha demostrado la efectividad de la inoculaci&oacute;n con micorrizas en numerosos cultivos y regiones (3, 48). </P >    ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >El factor a tener en cuenta es definir las cepas micorr&iacute;cicas nativas para las inoculaciones de cada especie o cepa, donde se tiene limitaciones ecol&oacute;gicas en las que el comportamiento es el m&aacute;s efectivo, en t&eacute;rminos de crecimiento de su hospedante. Si esto no se tiene en cuenta es posible que el hongo inoculado en el vivero sea desplazado en el campo por otros hongos m&aacute;s adaptados al medio (11). </P >    <P    >Para una buena evaluaci&oacute;n, es b&aacute;sico realizar un muestreo que sea representativo. El mismo debe hacerse a una profundidad entre 0 y 20 cm en forma de &laquo;X&raquo; o &laquo;W&raquo;. Las muestras tomadas en los diferentes puntos de muestreo seleccionados se deben mezclar y homogenizar completamente y pasadas por un tamiz de 2mm (15). CORPOICA, en la metodolog&iacute;a empleada para el estudio de MA, recomienda que la muestra debe secarse a temperatura ambiente hasta obtener el m&iacute;nimo de humedad, donde posteriormente se toman entre 10 y 100 gr de suelo, seg&uacute;n las necesidades de lo que se quiere conocer y se realiza el aislamiento de las esporas presentes siguiendo la metodolog&iacute;a de tamizaje y centrifugaci&oacute;n en gradiente de sacarosa (15). </P >    <P    >De acuerdo a la literatura revisada, lo m&aacute;s importante en el m&eacute;todo seleccionado, es estandarizar el procedimiento a las condiciones ambientales donde se va a realizar el trabajo de investigaci&oacute;n. </P >    <P    >Adem&aacute;s como en nuestro medio limitante las estructuras que son transitorias y algunos tejidos presentan dificultades (clareo y tinci&oacute;n), as&iacute; la posibilidad para identificar taxon&oacute;micamente es limitada (15). </P >    <P    >El potencial de uso de las micorrizas ha sido relacionado principalmente con cultivos que llevan fase de trasplante como pr&aacute;ctica habitual, como acontece en horticultura, fruticultura, programas de reforestaci&oacute;n, pero no se recomienda para cultivos arables debido a que los hongos micorriz&oacute;genos, no pueden completar su ciclo de vida salvo asociados con la planta con la que forman una mezcla de estructuras del hongo con el substrato de crecimiento y restos de ra&iacute;ces, esto hace que los in&oacute;culos est&eacute;n muy asociados al suelo y tengan una participaci&oacute;n importante en el proceso (32,48). </P >     <P    >La efectividad de la inoculaci&oacute;n depender&aacute; del balance de factores ecofisiol&oacute;gicos en el sistema planta-suelo, lo cual significa que un mismo in&oacute;culo puede desencadenar efectos muy variados sobre un cultivo, dependiendo del tipo de manejo agron&oacute;mico que se realice. Por lo tanto, no se puede generalizar el efecto de un tipo de micorrizas sobre todos los &aacute;rboles ni sobre todos los ecosistemas. Sin embargo es importante determinar la aplicaci&oacute;n del in&oacute;culo el cual puede realizarse directamente sobre la planta de una forma homog&eacute;nea aprovechando el agua de riego. La &eacute;poca de tratamiento suele ser al momento de la siembra o la germinaci&oacute;n. La dosis de aplicaci&oacute;n puede variar seg&uacute;n la especie de hospedante, siendo un valor medio 10<Sup>7 </Sup>esporas por planta; de acuerdo a consulta a expertos en nuestro medio se recomienda 100 a 150 gr por &aacute;rbol con una densidad de 50 esporas/gr; se espera que los efectos de la micorrizaci&oacute;n se empiece a ver a los cinco o seis meses de la germinaci&oacute;n. </P >     <P    >Seg&uacute;n Hadte (21), para determinar la efectividad de la micorriza aplicada se debe determinar y cuantificar la colonizaci&oacute;n del hongo micorr&iacute;cico en las ra&iacute;ces y determinar las caracter&iacute;sticas del mismo, lo cual se puede visualizar bajo un estereoscopio (40x) por el m&eacute;todo de intercepto de l&iacute;neas cuadr&aacute;ticas, despu&eacute;s de que las ra&iacute;ces han sido lavadas (al eliminar los materiales nucleares y citoplasm&aacute;tico), acidificadas y tinturadas en v&iacute;as espec&iacute;ficas. </P >     <P    >&nbsp;</P > <b>Consideraciones finales </b>     <P    >De acuerdo a la informaci&oacute;n recopilada, las MA constituyen una alternativa valiosa para disminuir el tiempo de entrada de animales a pastoreo al reducir el tiempo de establecimiento de &aacute;rboles para los sistemas silvopastoriles. As&iacute; mismo, su uso implica una menor aplicaci&oacute;n de fertilizantes, riego y pesticidas, lo que permite un sistema de producci&oacute;n m&aacute;s r&aacute;pido, limpio y eficiente, que aumenta la sostenibilidad de los cultivos, convirti&eacute;ndose en una estrategia v&aacute;lida para entregar a los agricultores. En Colombia las micorrizas tienen un gran potencial para contribuir a la soluci&oacute;n de m&uacute;ltiples problemas de la agricultura, por las amplias ventajas que ofrecen para condiciones tropicales. Sin embargo, se debe tener en cuenta que existe una multitud de hongos y una din&aacute;mica natural del desarrollo de estas micorrizas. Sus efectos no son iguales en todos los &aacute;rboles ni en todas las condiciones agroclim&aacute;ticas, debido a las interacciones que se presentan y al tipo de micorriza que act&uacute;a. Es importante resaltar la necesidad de profundizar en la investigaci&oacute;n sobre el uso de micorrizas nativas o del sitio, lo que implica conocer m&aacute;s sobre la especificidad hongo-planta, buscando aislar cepas espec&iacute;ficas que permitan potencializar el crecimiento y productividad de los &aacute;rboles en determinados agroecosistemas y evaluar las interacciones que se generan. </P >    <P    >Finalmente, se debe considerar que las constituy&eacute;ndose as&iacute; en una alternativa valiosa para micorrizas pueden ser utilizadas en la agricultura solucionar problemas de micropropagaci&oacute;n, en forma de bioprotectores y biorreguladores, en aclimataci&oacute;n y nutrici&oacute;n de diferentes especies de vivero o durante el enraizamiento de vitroplantas, importancia en la agricultura. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >&nbsp;</P > <I>Summary </I>    <P   ><I>Importance of mycorrhizae fungi handling in the trees establishment in silvopastoral systems </I></P >    <P   ><I>Silvopastoral systems have been reported as an effective alternative to tropical livestock. However, it&rsquo;s implementation by farmers has not been according to the investigation. One cause of the slow implementation is the large period that one plot can not be used after plantation. That situation has suggested the use of some alternatives as microorganisms that permit to stimulate the trees growing. This document it is a review of the function, importance, kinds and effects of mycorrhizal fungi in forage trees. It permits to consider that in Colombia the mycorrhizal fungi have a big potential to lead solutions of several agricultural problems. Besides, it is important to increase the investigation about the native mycorrhizae use and to get specific strains in order to increase the growing and productivity of agrosystems. </I></P >    <P   >Key words:<I> livestock, microorganisms, mycorrhizal fungi, soil, sustainability. </I></P >     <P   >&nbsp;</P >     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>1. Abbott LK, Gazey C. An ecological view of the formation of  VA mycorrhizas. Plant and soil 1994; 159: 69 - 78.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0690200500020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. Alarc&oacute;n A, Ferrera-Cerrato R. Din&aacute;mica de colonizaci&oacute;n y    efecto de hongos endomicorr&iacute;cicos sobre el crecimiento de   Casuarina equisetifolia L. In: J. P&eacute;rez-Moreno y R. Ferrera-   Cerrato (eds.). Nuevos horizontes en agricultura:   Agroecolog&iacute;a y desarrollo sustentable. Colegio de   Postgraduados en Ciencias Agr&iacute;colas, Montecillo, M&eacute;xico. 1996; pp. 298-302&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-0690200500020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Barea JM. Las micorrizas arbusculares componente clave en   la productividad y estabilidad de agroecosistemas.   Departamento de Microbiolog&iacute;a del Suelo y Sistemas   Simbi&oacute;ticos, Estaci&oacute;n Experimental del Zaid&iacute;n, Granada,   Espa&ntilde;a, 2003, 50 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-0690200500020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Barrera N, G&oacute;mez J, Daniel E, Mej&iacute;a L. Nuevas   investigaciones para un adecuado manejo del chachafruto   Erythrina edulis especie para la alimentaci&oacute;n del hombre y   de los animales dom&eacute;sticos. VI Seminario Internacional   sobre Sistemas Agropecuarios Sostenibles. Cipav, Buga,   1.999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-0690200500020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Bolan, NS. A critical review on the role of mycorrhizal fungi   in the uptake of phosphorus by plants. Journal Plant and   soil. New Zealand 1991; Vol 134: 189 - 207.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-0690200500020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. Bolleta A, Rodr&iacute;guez C. Efecto de la inoculaci&oacute;n conjunta   bacteria-micorriza sobre los componentes del rendimiento   de trigo bajo siembra directa. Copyright INTA, Rivadavia,   Intranet Instituto Nacional de Tecnolog&iacute;a Agropecuaria   2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-0690200500020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Bonilla R, Roncallo B, Garc&iacute;a B, Jimeno J. Utilizaci&oacute;n de   hongos micorriz&oacute;genos en la producci&oacute;n agr&iacute;cola. Bolet&iacute;n de   Investigaci&oacute;n. Corpoica, Valledupar, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-0690200500020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Bonilla R, Garc&iacute;a B, Roncallo A, Jimeno J. Producci&oacute;n y   descomposici&oacute;n de hojarasca en un bosque nativo, sistema   silvopastoril y monocultivo de gram&iacute;neas en Codazzi,   Cesar. Curso Nacional de Pastos y Forrajes. Medell&iacute;n,   Octubre 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-0690200500020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Bowen GD. The ecology of ectomycorrhiza formation and   functioning. Plant and soil 1994; 159: 61 - 67.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-0690200500020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. C&aacute;rdenas G. Recovering Paradise: Making asturelands   Productive for People and Biodiversity. Naranjo L. G.   (Editors). First international workshop on Bird   Conservation in Livestock Production Systems.   American Bird Conservancy, CIPAV. Virginia, USA,   2000, 23 p&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-0690200500020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11. Carrillo R, Godoy R, Peredo H. Simbiosis micorr&iacute;cica en   comunidades boscosas del Valle Central en el sur de Chile.   Revista Bosque. Valdivia, Chile 1992; Vol. 13 (2) 57 -   67.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-0690200500020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12. Castellano M., Bougher N. Consideration of the taxonomy   and biodiversity of Australian ectomicorrhizal fungi. Plant   and soil 1994; 159: 37 - 46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-0690200500020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 13. Colozzi A, Jurandy E, Cardoso N, Gomes S. Micorrizas   arbusculares no agrossistema cafeeiro e adubacao verde com   leguminosas. 14vo Congreso Latinoamericano de la Ciencia   del Suelo. 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-0690200500020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Corredor, G. Micorrizas arbusculares: Aplicaci&oacute;n para el   manejo sostenible de los agroecosistemas. Programa Nacional De Recursos Biof&iacute;sicos, Corpoica, Bogot&aacute;, 2003, pp. 12 - 17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-0690200500020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 15. Corredor G, Ot&aacute;lvaro D, &Aacute;lvarez C. Metodolog&iacute;as empleadas   para el estudio de micorrizas arbusculares. Programa Nacional   de Recursos Biof&iacute;sicos , Corpoica, Bogot&aacute;, 2003, 45 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-0690200500020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 16. Crespo G, S Fraga. Nota t&eacute;cnica acerca del aporte de hojarasca   y nutrientes del suelo por las especies Cajanus cajan (L.)   Millsp y Albizia lebbeck (L.) Benth en sistemas   silvopastoriles. 12 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-0690200500020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 17. Dodd J.C, Thomson BD. The screening and selection of   inoculant arbuscular-mycorrhizal and ectomycorrhizal fungi.   Plant and soil 1994; 159: 149 - 158.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-0690200500020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 18. Fitter AH, Garbaye J. Interactions between mycorrhizal fungi   and other soil organisms. Plant and soil 1994; 159: 123 - 133.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-0690200500020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 19. Francis R, Read DJ. The contributions of mycorrhizal fungi   to the determination of plant community structure. Plant   and soil 1994; 159, pp. 11 - 25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-0690200500020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 20. G&oacute;mez L. Los Biofertilizantes. Revista Despertar Lechero,   COLANTA, Medell&iacute;n, 2002, Vol. 21pp. 35 - 45&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-0690200500020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Habte M, Osorio NW. Arbuscular micorrizas: producing and applyng arbuscular mycorrhizal inoculum. Collage of tropical   agriculture and human resources. University of Hawaii at Manoa, 2001, pp. 15 - 23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-0690200500020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 22. The soil food wed: tuning in to the world beneath our feet.   Revist Acres, A voice for eco-agriculture. USA 2003, Vol: 30,   Nro. 4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-0690200500020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 23. Infante JM. Las micorrizas 2003<a href="http://www.tri-ton.cl/index.php.pagina=faq" target="_blank"> http://www.tri-ton.cl/index.php.pagina=faq</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-0690200500020000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 24. Kaur B, Gupta SR, Singh G. Bioamelioration of a sodic soil   by silvopastoral systems in northwestern India. Department   of Botany, Kurukshetra University, Agroforestry systems   1999; 46: 150 - 175.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-0690200500020000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 25. Khanizadeh S, Hamel C. Effect of three vesicular-arbuscular   mycorrhizae species and phosphorus on reproductive and   vegetative growth of three strawberry cultivars. Journal of   plant nutrition, Canada, 1995; 18 (6): 1073 - 1.079.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-0690200500020000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 26. Londo&ntilde;o C, Estrada J. Evaluaci&oacute;n productiva de la micorriza   Glomus manihotis en el pasto Axonopus Scoparius.   Universidad Nacional de Colombia. Tesis, Facultad de   Ciencias Agropecuarias. Medell&iacute;n, 1991, pp. 10 - 24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-0690200500020000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 27. Mahecha L. El silvopastoreo: una alternativa de producci&oacute;n   que disminuye el impacto ambiental de la ganader&iacute;a bovina.   Revista Colombiana de Ciencias Pecuarias 2002; Vol. 16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-0690200500020000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 28. Maldonado JM, Ram&iacute;rez GA. 1997. Efecto de la inoculaci&oacute;n   con hongos micorriz&oacute;genos en alm&aacute;cigos de caf&eacute; (coffea   ar&aacute;biga) Variedad Colombia. Universidad Nacional de   Colombia. Tesis, Facultad de Ciencias Agropecuarias,   Medell&iacute;n, 1997, pp. 3 - 83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-0690200500020000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 29. Marschner H., Dell B. Nutrient uptake in mycorrhizal   symbiosis. Plant and soil 1994; 159: 89 - 102.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-0690200500020000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 30. Mateus H. Rehabilitaci&oacute;n y manejo de praderas degradadas.   Curso Nacional de Pastos y Forrajes. Medell&iacute;n, 2003; pp.   20 - 35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-0690200500020000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 31. Miller M, Mcgonigle T, Addy H. An economic approach to   evaluate the role of mycrrhizas in managed ecosystems. Plant   and soil 1994; 159: 27-35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-0690200500020000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 32. Miyasaka S, Habte M. Plant mecanisms and mycorrhizal   symbiosis to increase phosphorus uptake efficiency. Journal   Series Nro. 4468, College of tropical Agriculture and Human   resources, Hawaii, Honolulu, 2003; pp. 1101 - 1133.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-0690200500020000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 33. Morton J. Evolutionary relationships among arbuscular   mycorrhizal fungi in the endogonaceae. Mycologia, 1990; 82   (2), pp. 192 - 207.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-0690200500020000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 34. Morton J., Bentivenga S.Levels of diversity in   endomycorrhizal fungi (Glomales, Zygomycetes) and their   role in defining taxonomic and non-taxonomic groups. Plant   and soil 1994; 159: 47 - 59.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-0690200500020000700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 35. Muhammad Ibrahim. Sistemas Silvopastoriles en Am&eacute;rica   Central: Experiencias de CATIE. Costa Rica, 1999, 12 p. <a href="http://www.cipav.org.co/redagrofor/memorias99/IbrahimM.htm" target="_blank">www.cipav.org.co/redagrofor/memorias99/IbrahimM.htm</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-0690200500020000700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 36. Murgueitio E, Calle Z. Diversidad biol&oacute;gica en sistemas de   ganader&iacute;a bovina en Colombia. Fundaci&oacute;n Cipav, AA 20591,   Cali, Colombia, 2002, 35 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-0690200500020000700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 37. Murgueitio RE. Sistemas Agroforestales para la Producci&oacute;n   Ganadera en Colombia. Fundaci&oacute;n CIPAV, Cali, Colombia, 1999,   22 p. <a href="http://www.cipav.org.co/redagrofor/memorias99/Murgueit.htm" target="_blank">www.cipav.org.co/redagrofor/memorias99/Murgueit.htm</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-0690200500020000700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 38. Murgueitio RE, Molina C. El silvopastoreo una alternativa   para la ganader&iacute;a sostenible y competitiva. Experiencias El   Hatico. Conferencia lanzamiento red Antioque&ntilde;a   Agroforester&iacute;a. Medell&iacute;n, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-0690200500020000700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 39. Pate JS. The mycorrhizal association: just one of many   nutrient acquiring specializations in natural ecosystems. Plant   and soil 1994; 159, pp. 1 - 10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-0690200500020000700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 40. Powlson D, Hirsch P. Managing soil biological processes for   sustainable agriculture and environmental protection. 14vo   Congreso Latinoamericano de la Ciencia del Suelo 1997, pp.   118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-0690200500020000700040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 41. Raddattz E. Micorriza: el abono vivo Campo &amp; Agro.   Zamorano, Espa&ntilde;a, 2002, 15 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-0690200500020000700041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 42. Ram&iacute;rez A, Ot&aacute;lvaro D, &Aacute;lvarez C, et al. Efectos de   microorganismos rizosf&eacute;ricos sobre la absorci&oacute;n de fosfato y   el crecimiento de Leucaena en un andisol. Revista Suelos   Ecuatoriales 2001; Vol. 31- 2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-0690200500020000700042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 43. Reyes JC, Ferrera-Cerrato R, Alarc&oacute;n A. Endomicorriza vascular,   bacterias y vermicomposta en pl&aacute;ntulas de aguacate en vivero.   Memoria Fundaci&oacute;n Salvador S&aacute;nchez Colin CICTAMEX S.C.   Coatepec Harinas, M&eacute;xico, 1998, pp. 12 - 22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-0690200500020000700043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 44. Rodr&iacute;guez I, Crespo G, Rodr&iacute;guez C, et al. Comportamiento   de la macrofauna del suelo en pastizales con gram&iacute;neas   naturales puras o intercaladas con Leucaena leucocephala   para la ceba de toros. Revista Cubana de ciencia Agr&iacute;cola   2002; Tomo 36. Nro. 2, pp. 181 -185.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-0690200500020000700044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Rodr&iacute;guez I, Crespo G, Rodr&iacute;guez C. Biomasa y diversidad   de la macrofauna del suelo en diferentes pastizales. Revista   cubana de ciencia Agr&iacute;cola 2002; Tomo 36, Nro. 4, p 403 - 408.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-0690200500020000700045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 46. Sadanandan N, Brown A. Management of soil, Nutrients   and water in tropical plantation forests. CSIRO Canberra   Australia. ACIAR, 1997, 571 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-0690200500020000700046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 47. S&aacute;nchez de PM. Endomicorrizas en agroecosistemas   colombianos. Universidad Nacional de Colombia. Sede   Palmira, 1999, 227 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-0690200500020000700047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 48. Sempere F, Santamarina P. La Aplicaci&oacute;n de las   Micorrizas. Revista &quot;Agr&iacute;cola Vergel&quot; 2001; N&ordm; 232 de   Abril, pp. 198-201.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-0690200500020000700048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 49. Sylvia D. Fuhrmann J, Hartel P, Zuberer D. Principles and   applications of soil microbiology. Ed. Prentice Hall Inc. New   Jersey, USA, 1999, 550 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-0690200500020000700049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 50. Velasco A, Zambrano J. Mejoramiento del Suelo por Acacia   Mangium en un sistema silvopastoril con Brachiaria   Humidicola. CATIE, Costa Rica, 2000, 15 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-0690200500020000700050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 51. Vilar A, Siquiera J, Layola J, Rocha A. Micorrizas arbusculares.   Bolet&iacute;n Pesquisa, EMBRAPA, Brasil, 2000, Nro. 17, 17 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-0690200500020000700051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 52. Walker C. Systematics and taxonomy of the arbuscular   endomycorrhizal fungi (Glomales) - a possible way forward.   Agronomie 1992; 12, pp. 887 - 897&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-0690200500020000700052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 53. Young A. Agroforestry for soil management. Second edition.   CAB International, Wallingford, UK, 1997, 350 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-0690200500020000700053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>     ]]></body>
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