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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EMMANUEL LEVINAS: HUMANISMO DEL ROSTRO]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>EMMANUEL LEVINAS: HUMANISMO DEL ROSTRO</b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>EMMANUEL LEVINAS: HUMANISM OF THE FACE</b></font></center></p>     <p>    <center>Anal&iacute;a Gim&eacute;nez Giubbani<sup>*</sup></center></p>  <sup>*</sup>Licenciada en Humanidades (Opci&oacute;n Filosof&iacute;a) de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Montevideo-Uruguay.    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:agimenez1@correo.um.edu.uy">agimenez1@correo.um.edu.uy</a></p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 20 de abril de 2011 y aprobado para su publicaci&oacute;n el 9 de agosto de 2011.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este art&iacute;culo aborda la visi&oacute;n del ser humano presente en la filosof&iacute;a de Emmanuel Levinas, quien vivi&oacute; de cerca los acontecimientos hist&oacute;ricos del siglo XX en Europa y centr&oacute; su reflexi&oacute;n en la comprensi&oacute;n del ser humano. Levinas critica el humanismo occidental y propone el humanismo del otro, que se fundamenta en la responsabilidad absoluta por el otro. Este trabajo pretende examinar la tesis del fil&oacute;sofo lituano-franc&eacute;s seg&uacute;n la cual la subjetividad se construye desde la alteridad, como ser-para-el-otro, es decir que el yo adquiere su identidad desde la responsabilidad por el otro hombre. La subjetividad es sensibilidad, exposici&oacute;n a los otros, vulnerabilidad y responsabilidad en la proximidad de los otros. S&oacute;lo a partir de esta pasividad cabe pensar la subjetividad, de la cual es su principio constitutivo. Este nuevo humanismo tiene como noci&oacute;n clave el Rostro, entendido como verdadera categor&iacute;a metaf&iacute;sica.</p>     <p><b>Palabras clave: </b>Rostro, Humanismo, Pasividad, Responsabilidad, Subjetividad.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>This paper develops the view held in relation to the Human Being in Emmanuel Levina's philosophy, who lived the historic events of the 20th Century in Europe and focused his thinking on understanding the Human Being. Levinas criticises Western Humanism and instead proposes the Humanism of the Other which is founded in the absolute responsability towards the other. This paper, therefore, aims to study the idea that is held by the Lithuanian-born French philosopher in which subjectivity is built from the alterity as being-for-the-other, i. e., the self takes his identity from the responsibility towards the other human being. Subjectivity is then sensitivity, exposition to the other, vulnerability and responsibility in the proximity to the others. Just from this passivity we can think subjectivity, and therefore, the first one is seen as the constitutive principle of the second one. This new humanism finds its key concept in the Face which is understood as a true metaphysical category.</p>     <p><b>Keywords: </b>Face, Humanism, Passivity, Responsibility, Subjectivity.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>El fil&oacute;sofo lituano Emmanuel Levinas naci&oacute; en 1906 y en los a&ntilde;os veinte se traslada a Francia a estudiar filosof&iacute;a. All&iacute; adquiere su formaci&oacute;n inicial, y encuentra el camino de su pensar propio hacia la fenomenolog&iacute;a.</p>     <p>En sus primeros escritos aparecen elementos de separaci&oacute;n respecto a la filosof&iacute;a occidental, que se ir&aacute;n profundizando con el paso del tiempo. Sostiene que la filosof&iacute;a occidental es una filosof&iacute;a de la mismidad, que no deja lugar a la alteridad. Seg&uacute;n &eacute;l, la historia de la filosof&iacute;a occidental puede ser interpretada como una tentativa de s&iacute;ntesis universal, una reducci&oacute;n de todo lo que tiene sentido a una totalidad en la que la conciencia abarca al mundo, no deja ninguna cosa fuera (cf. Levinas 2000 63).</p>     <p>Ante esto, Levinas propone que el sentido est&aacute; en el cara-a-cara, en las relaciones humanas, en la &eacute;tica. La pretensi&oacute;n levinasiana es formular una nueva antropolog&iacute;a que atienda a la constituci&oacute;n de la subjetividad desde lo otro. En este intento aparece la categor&iacute;a del rostro (visage) como transversal en su pensamiento y la idea de la responsabilidad infinita y previa a la libertad, que conforman el humanismo del otro hombre.</p>      <p><font size="3"><b>El Otro como rostro: desnudez y altura</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Recientemente, el estudio del Otro ha cobrado una gran importancia en la filosof&iacute;a. Este estudio es central en el pensamiento de Levinas, y es al mismo tiempo su aportaci&oacute;n m&aacute;s original. El modo por el que se me presenta el Otro -dice Levinas- lo llamamos rostro.</p>     <p>El rostro es una categor&iacute;a metaf&iacute;sica y &eacute;tica que el autor utiliza para concebir un tipo de relaci&oacute;n con el Otro compatible con la trascendencia. El rostro es aqu&iacute; algo distinto de los rasgos caracter&iacute;sticos de una persona, que se ofrecen a la mirada. No debe entenderse en su uso habitual, sino que tiene sentido desde el punto de vista &eacute;tico. Levinas dice en &Eacute;tica e infinito (2000): " Yo me pregunto si se puede hablar de una mirada dirigida hacia el rostro, pues la mirada es conocimiento, percepci&oacute;n. Yo pienso m&aacute;s bien que el acceso al rostro es, de entrada, &eacute;tico" (71). La consideraci&oacute;n de los rasgos concretos de una persona supone dirigirse a ella como a un objeto. Por esto, dice Levinas, "la mejor manera de encontrar a otro es no darse cuenta ni del color de sus ojos" (Ib&iacute;d).</p>     <p>Este sentido &eacute;tico del rostro tiene una doble direcci&oacute;n. Por un lado, el rostro se muestra en su desnudez: hay en &eacute;l una pobreza esencial, est&aacute; siempre expuesto y amenazado. Pero al mismo tiempo ordena y dirige al sujeto el primer precepto: "no matar&aacute;s". Entonces, pese a su debilidad y a su indigencia, la aparici&oacute;n del rostro equivale, parad&oacute;jicamente, a la orden que desde su "altura" da un se&ntilde;or. A partir de aqu&iacute; deben ser entendidas, seg&uacute;n Levinas, las relaciones humanas.</p>     <p>El rostro del hombre excede toda posible descripci&oacute;n. Quien crea aproximarse a ofrecerla acumulando detalles, no estar&aacute; captando m&aacute;s que una imagen extra&ntilde;a al rostro. Percibir un rostro, para Levinas, es algo que se vive como un sobrecogimiento que no deja tiempo para mirarlo al modo como se contempla una imagen o un paisaje. Levinas insiste en el car&aacute;cter vulnerable del rostro -la parte m&aacute;s desnuda del cuerpo-, y examina c&oacute;mo esta ausencia de protecci&oacute;n se impone a quien lo mira a la vez como una invitaci&oacute;n al asesinato y como una absoluta prohibici&oacute;n de ceder a tal tentaci&oacute;n. En su vulnerabilidad, el rostro, separado de m&iacute; por la distancia invisible de la alteridad, me requiere imperativamente.</p>     <p>En la epifan&iacute;a del rostro, lo sensible a&uacute;n apresable se transforma en resistencia total a la aprehensi&oacute;n. El rostro se expresa en lo sensible pero lo desgarra. Esta mutaci&oacute;n s&oacute;lo es posible por la apertura de una dimensi&oacute;n nueva. La resistencia del rostro "no desaf&iacute;a a la debilidad de mis poderes, sino a mi poder de poder" (Levinas 2006 211). Se dirige a m&iacute; invit&aacute;ndome a una relaci&oacute;n en la que &eacute;l cuenta m&aacute;s que yo, es decir, seg&uacute;n la definici&oacute;n levinasiana de este t&eacute;rmino, que me pide que consienta a la santidad.</p>     <p>La violencia, seg&uacute;n Levinas, proviene de la negativa a pensar lo humano en t&eacute;rminos de santidad y de la dificultad de admitir que el Otro sobrepasa infinitamente mis poderes. El &uacute;nico valor absoluto para Levinas es la posibilidad humana de dar prioridad al Otro por encima del yo: ese es el ideal de la santidad.</p>     <p>Levinas describe el rostro como una vulnerabilidad y una indigencia que, en s&iacute;, sin necesidad de a&ntilde;adir palabras expl&iacute;citas, suplica al sujeto. Pero esta s&uacute;plica es ya una exigencia de respuesta, y el rostro es as&iacute; la fuente del despertar &eacute;tico.</p>     <p>La acogida del rostro conmueve las certezas que cada cual procura adquirir sobre el Otro y sobre s&iacute; mismo. Constituye para Levinas una experiencia del Infinito, e incluso, la experiencia por excelencia. El rostro es una presencia viva, habla: se presenta al significar. Lo que es absolutamente Otro no se niega solamente a la posesi&oacute;n, sino que la pone en duda y precisamente por eso puede consagrarla. La idea de rostro abre otra perspectiva al conducirnos a una noci&oacute;n de sentido independiente de la iniciativa del yo.</p>     <p>El acceso a los seres, si se refiere a la visi&oacute;n, los domina, ejerce sobre ellos un poder. En el rostro se me hace presente el otro hombre con absoluta inmediatez, en total ausencia de intermediarios: se hace patente por s&iacute; mismo. El encuentro no se anuncia, sino que ocurre, y ello incita a Levinas a describirlo como una "epifan&iacute;a" o como una "revelaci&oacute;n", que aviva el sentido de la responsabilidad infinita del yo para con el Otro.</p>      <p><font size="3"><b>La relaci&oacute;n con el Otro: asimetr&iacute;a</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a los modos de relaci&oacute;n del yo con el Otro, Levinas rechaza claramente que se trate de una relaci&oacute;n en t&eacute;rminos de reciprocidad, seg&uacute;n la tesis que sostiene Martin Buber. As&iacute; mismo, rechaza que se trate de una relaci&oacute;n cognoscitiva, o de una relaci&oacute;n entre dos t&eacute;rminos que participan de un elemento com&uacute;n (el ser).</p>     <p>Entonces, &iquest;c&oacute;mo entender positivamente esta relaci&oacute;n? Son varios los t&eacute;rminos utilizados por Levinas para describirla, pero se pueden destacar estos tres: proximidad, responsabilidad y sustituci&oacute;n.</p>     <p>La proximidad designa un tipo de relaci&oacute;n distinta del saber y de la representaci&oacute;n. Lo pr&oacute;ximo es lo que incumbe al sujeto, lo que le afecta antes que &eacute;l lo elija y frente a lo cual no puede guardar distancia. Se impone a la responsabilidad y reside en el rostro del Otro. Es el espacio intersubjetivo trazado por el yo responsable.</p>     <p>En continuidad con la proximidad est&aacute; la responsabilidad. La relaci&oacute;n con el Otro tiene en su origen una orientaci&oacute;n &eacute;tica. Antes de conocerle debo responder incluso de su propia responsabilidad.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, la sustituci&oacute;n da su sentido m&aacute;s profundo a la responsabilidad. En este planteamiento, el Otro constituye al Mismo (es decir, al yo) porque le incumbe con anterioridad a cualquier acto suyo. S&oacute;lo en la relaci&oacute;n con el Otro alcanzo yo mi sentido m&aacute;s profundo. Esto es la sustituci&oacute;n: pensar el Mismo como sustituido por el Otro.</p>     <p>El Otro, seg&uacute;n Levinas, no limita la libertad del Mismo. Al llamar a la responsabilidad la instaura y la justifica: promueve mi libertad al suscitar mi bondad. La relaci&oacute;n con el Otro es un despertar, como una obligaci&oacute;n. Lo que importa es la responsabilidad para con el Otro, como un compromiso m&aacute;s antiguo que cualquier deliberaci&oacute;n memorable y constitutiva de lo humano. Es evidente que en el hombre se da la posibilidad de no despertar al Otro, y eso es el mal.</p>     <p>La cercan&iacute;a hacia el Otro no es para conocerlo; por tanto, no es esta una relaci&oacute;n cognoscitiva, sino una relaci&oacute;n de tipo meramente &eacute;tico, en el sentido de que el Otro me afecta y me importa, por lo que me exige que me encargue de &eacute;l, incluso antes de que yo lo elija. La relaci&oacute;n del yo con el Otro tampoco es conceptualizaci&oacute;n. Esta equivale a la reducci&oacute;n del Otro al Mismo en el pensamiento de Levinas. La relaci&oacute;n no parte del sujeto hacia el Otro, decidida desde mi libertad, sino que siempre viene inicialmente hacia m&iacute;. As&iacute;, Levinas saca a la filosof&iacute;a del reducto de la subjetividad, que parte de un "yo pienso", para situarla en la pasividad. Pasividad anterior a la libertad, que no permitir&iacute;a configurar la respuesta como un "yo puedo". Ser&iacute;a la pasividad originaria del Bien que no da lugar a la elecci&oacute;n. Esto se traduce en la imposibilidad moral de exigir al Otro lo que me exijo a m&iacute;.</p>     <p>Levinas describe entonces la relaci&oacute;n con el Otro como asim&eacute;trica; &eacute;sta funciona como fundamentaci&oacute;n de toda relaci&oacute;n interpersonal. Para Levinas es muy importante caracterizar la relaci&oacute;n en t&eacute;rminos de asimetr&iacute;a, pues es as&iacute; como el Otro me interpela desde su dimensi&oacute;n de altura.</p>     <p>La asimetr&iacute;a &eacute;tica se funda en la idea de que mi inquietud por el Otro no depende de ninguna manera de su eventual preocupaci&oacute;n por m&iacute;. Si fuera as&iacute; no se concretar&iacute;a nunca y todos estar&iacute;amos a la espera del movimiento del Otro respecto de nosotros. La &eacute;tica, seg&uacute;n Levinas, me impone abandonar el terreno de la lucha por el reconocimiento. La indigencia escrita en el rostro del Otro me pone en cuesti&oacute;n, me toma como reh&eacute;n y como responsable. Levinas sostiene su tesis de la asimetr&iacute;a &eacute;tica como la &uacute;nica cosa que es capaz de introducir un poco de humanidad en el mundo. Su originalidad consiste en mostrar c&oacute;mo la &eacute;tica ratifica una vocaci&oacute;n de santidad.</p>     <p>Esta asimetr&iacute;a aparece como algo discutible y hasta contrario a la naturaleza de las cosas. La naturaleza incita a todos los vivientes a concederse a s&iacute; mismos la prioridad. Cada uno de ellos tiende espont&aacute;neamente a preservar su ser y a defenderlo del otro. As&iacute;, el ego&iacute;smo arraigar&iacute;a en la realidad ontol&oacute;gica. Luego, no hay que fundar la &eacute;tica en la ontolog&iacute;a. Por el contrario, Levinas procura pensarla como sometida a las prescripciones de un Bien que introduce al hombre en la responsabilidad por el Otro. El esfuerzo filos&oacute;fico de Levinas consiste en emancipar el encuentro humano de toda sumisi&oacute;n al ser, en pensarlo como de otro modo que ser, y en describir el advenimiento de lo humano como una interrupci&oacute;n del ser por la Bondad. Lo &eacute;tico es lo humano en cuanto humano, y la "visi&oacute;n" del rostro consiste en asumir sobre nosotros mismos el destino del Otro.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Constituci&oacute;n de la propia subjetividad desde los otros: pasividad y responsabilidad</b></font></p>     <p>La concepci&oacute;n de la subjetividad es un tema central en la obra de Levinas. El autor busca oponer a un sujeto, definido por la preocupaci&oacute;n de s&iacute; mismo, el Deseo del Otro que procede de un ser ya colmado y, en este sentido, independiente y que no desea para s&iacute;. Lo humano es vivir para el Otro. S&oacute;lo es humano el humanismo del otro hombre.</p>     <p>Este humanismo centra la dignidad del hombre en su vulnerabilidad y pasividad. Comienza afirmando el derecho del Otro y no del yo. Ante la presencia irrepresentable del Otro, el yo descubre su verdadera identidad como ser-para-otro, como apertura a la alteridad y responsabilidad sin l&iacute;mites. Se define por su capacidad de acogida y por su "heme aqu&iacute;", que no es alienaci&oacute;n. Este humanismo pone en entredicho la prioridad del Mismo y de la representaci&oacute;n, y quiere establecer la apertura y recepci&oacute;n del Otro en el Mismo como un elemento constitutivo del propio sujeto. No aceptar que el ser sea para m&iacute; es para Levinas rechazar que la humanidad del hombre resida en su posici&oacute;n de yo. El hombre por excelencia -la fuente de la humanidad- es m&aacute;s bien el Otro.</p>     <p>En tanto que receptora del mandato, la subjetividad sufre entonces una metamorfosis. Si el ser-sujeto se resum&iacute;a en la tr&iacute;ada: libertad-poder-posesi&oacute;n, la llamada del rostro introduce una revoluci&oacute;n categorial que pone fin a esa identidad ontol&oacute;gica. Lo espec&iacute;fico de un sujeto no es para Levinas su espontaneidad, el ejercicio de su libertad, su autonom&iacute;a, su capacidad para determinar por s&iacute; el uso de sus facultades: la subjetividad se deriva m&aacute;s bien de la pasividad previa a toda actividad.</p>     <p>Para Levinas, el t&eacute;rmino "sujeto" se debe entender en su sentido de participio pasivo: sujeto como sometido o dependiente de algo o de alguien. La subjetividad no es sujeto en sentido gramatical: no es el Yo que acompa&ntilde;a a todos mis actos.</p>     <p>La pasividad no consiste en el no ejercicio de la libertad, en una pasividad, por decirlo as&iacute;, voluntaria. Se trata de una pasividad previa a toda libertad. Pero, &iquest;c&oacute;mo es posible concebir una &eacute;tica previa a toda libertad? &iquest;No es cierto que s&oacute;lo debemos responder de nuestros actos o decisiones? Sin embargo, Levinas se refiere a una responsabilidad que no es derivada, sino que antecede a cualquier acto libre.</p>     <p>La relaci&oacute;n &eacute;tica acontece al nivel de la sensibilidad, no al nivel de la conciencia: el sujeto &eacute;tico es un sujeto sensible. La sensibilidad es el camino de la sujeci&oacute;n. La &eacute;tica es vivida en la sensibilidad de una exposici&oacute;n corp&oacute;rea ante el Otro: gracias a que el yo es sensible, es digno de entrar en una relaci&oacute;n &eacute;tica.</p>     <p>Una subjetividad as&iacute; entendida se distingue claramente de la conciencia, que es siempre conciencia de ser. El rostro no alude a una exigencia moral de "tener conciencia" del Otro. En lugar de apelar a una conciencia, el rostro establece entre el Mismo y el Otro la dimensi&oacute;n de la subjetividad. En De otro modo que ser o m&aacute;s all&aacute; de la esencia (2002), Levinas sostiene que: "La subjetividad est&aacute; estructurada como el otro en el Mismo, pero seg&uacute;n un modo distinto al que es propio de la conciencia; &eacute;sta es siempre correlativa a un tema, a un presente representado, a un tema que es colocado delante de m&iacute;, a un ser que es fen&oacute;meno" (74).</p>     <p>La subjetividad, como responsable, es una subjetividad que de entrada est&aacute; impuesta. De alguna manera, la heteronom&iacute;a (que no es sin embargo esclavitud) es m&aacute;s fuerte. En la pasividad, en la acogida, en la obligaci&oacute;n con respecto al Otro, &eacute;ste es siempre el primero, y por eso la cuesti&oacute;n de la soberan&iacute;a de mi conciencia no es ya la cuesti&oacute;n primera. La humanidad de la conciencia est&aacute; en su responsabilidad (cf. Levinas 1993 136-137). Esto conduce a Levinas a sostener que "el sujeto es un anfitri&oacute;n" (Levinas 2006 303), pero tambi&eacute;n un reh&eacute;n del Otro.</p>     <p>Para el autor, el fundamento &uacute;ltimo del hombre es el ser responsable y tiene que ser responsable ante un llamado; ese llamado es &eacute;tico y proviene del rostro del Otro. La libertad es originalmente dirigida por esta responsabilidad infinita. Responsabilidad por el Otro que es principio fundante y anterior a la libertad. Esta es una de las afirmaciones m&aacute;s originales de Levinas. El pasado en el que se sit&uacute;a la responsabilidad no es sincronizable: es anterior al tiempo que est&aacute; bajo el dominio de la libertad del sujeto y de su capacidad de representaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es la responsabilidad la que da sentido a un sujeto entendido como sujeto al Otro. Aqu&iacute; se entiende la expresi&oacute;n de Levinas en &Eacute;tica e infinito: " Yo hablo de la responsabilidad como la estructura esencial, primera, fundamental de la subjetividad" (79). Referirse a una subjetividad en t&eacute;rminos &eacute;ticos no es ninguna novedad. Su originalidad est&aacute; en concebir una &eacute;tica que es anterior a la constituci&oacute;n ontol&oacute;gica del sujeto.</p>     <p>La responsabilidad carga con el peso del Otro, una carga irrepresentable. M&aacute;s a&uacute;n, es inicialmente para el Otro. As&iacute; manifiesta Levinas la primac&iacute;a inexcusable de la responsabilidad del yo:</p> <ol>La relaci&oacute;n intersubjetiva es una relaci&oacute;n asim&eacute;trica. En ese sentido, yo soy responsable del otro sin esperar la rec&iacute;proca (...) La rec&iacute;proca es asunto suyo. Precisamente, en la medida en que entre el otro y yo la relaci&oacute;n no es rec&iacute;proca, yo soy sujeci&oacute;n al otro; y soy "sujeto" esencialmente en este sentido. Soy yo quien soporta todo. Conoce usted esta frase de Dostoievski: "Todos nosotros somos culpables de todo y de todos ante todos, y yo m&aacute;s que los otros". No a causa de esta o de aquella culpabilidad efectivamente m&iacute;a (...) sino porque soy responsable de/con una responsabilidad total, que responde de todos los otros y de todo en los otros, incluida su responsabilidad. El yo tiene siempre una responsabilidad de m&aacute;s que los otros (Levinas 2000 82-83).    </ol>     <p>Entonces, el encuentro con el Otro es, de entrada, una responsabilidad m&iacute;a para con &eacute;l. Ser un yo significa no poder sustraerse a la responsabilidad. La unicidad del yo es el hecho de que nadie puede responder en mi lugar. La respuesta a la llamada, la responsabilidad, le da al hombre el sentido de la libertad. Al descubrir que &eacute;l es el &uacute;nico que puede responder, el sujeto descubre su unicidad, y s&oacute;lo as&iacute; su libertad.</p>     <p>Levinas busca el pleno sentido del sujeto en su relaci&oacute;n con el Otro, relaci&oacute;n que no puede expresarse en t&eacute;rminos de ser, sino de Bondad. Y es precisamente esta Bondad, distinta o ajena al ser y a su historia, la que da a la subjetividad su significaci&oacute;n irreductible. La Bondad no se decide voluntariamente: se apodera del yo, lo expone. Yo estoy comprometido con el Bien antes de mi libertad: el Bien me ha elegido antes de que yo lo elija (cf. Levinas 2002 206). La Bondad es la piel &uacute;ltima de la subjetividad. Entonces el Bien es antes del ser. "Y es precisamente debido a que la heteronom&iacute;a va soportada por el amor, va guardada por &eacute;l, por lo que no contradice a la libertad, sino que, antes bien, la llama al m&aacute;s alto camino que pueda &eacute;sta emprender: el de una humanidad convocada a la bondad" (Chalier 1995 57).</p>      <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p>Seg&uacute;n Levinas, el "sujeto" es una categor&iacute;a que debe ser redefinida: es responsabilidad, recepci&oacute;n del mandato y alteridad. Levinas propone un nuevo humanismo: el Humanismo del otro hombre. El intento de Levinas se resuelve en pensar a partir del Otro: concebir la exterioridad como condici&oacute;n y origen de todo pensamiento. El Otro es inconmensurable, es lo absolutamente Otro, y es siempre anterior a la propia subjetividad. M&aacute;s a&uacute;n, es principio constitutivo del yo: &eacute;ste adquiere su identidad desde la responsabilidad por el Otro.</p>     <p>As&iacute; mismo, es importante destacar que el rostro es para Levinas una verdadera categor&iacute;a metaf&iacute;sica (no se refiere a las facciones de la cara de alguien). M&aacute;s a&uacute;n, es como la huella de la trascendencia que de alg&uacute;n modo se hace presente sin ser presencia (porque la presencia es el resultado de una objetivaci&oacute;n).</p>     <p>Seg&uacute;n Levinas, el Otro se impone como l&iacute;mite de mi libertad porque desborda absolutamente toda idea que pueda tenerse de &eacute;l. Pero en realidad, si el Otro desborda totalmente mi conocimiento, tampoco puede condicionarme: al contrario, el Otro es l&iacute;mite porque lo puedo conocer como lo que es. Varios aspectos problem&aacute;ticos de Levinas tienen que ver con su noci&oacute;n de conocimiento, como en este caso.</p>     <p>En cuanto a la relaci&oacute;n con el Otro, el tema de la asimetr&iacute;a &eacute;tica es fundamental en Levinas. &Eacute;l sostiene que estoy obligado a ponerme a disposici&oacute;n del Otro sin considerar a la vez que el Otro tambi&eacute;n est&aacute; obligado. Pero no es preciso llevar tan lejos la asimetr&iacute;a de la relaci&oacute;n &eacute;tica. Es a ra&iacute;z de que piensa la &eacute;tica como la totalidad de "la vida verdadera" que Levinas piensa de este modo. Adem&aacute;s, el hecho de que no tenga que esperar reciprocidad para actuar moralmente no implica que no pueda exigir del Otro la misma actitud hacia m&iacute;. Hablar de "imposibilidad moral" es excesivo. &iquest;Por qu&eacute; no admitir que la responsabilidad es mutua? &iquest;Por qu&eacute; pensar que la desigualdad &eacute;tica me impone a m&iacute; m&aacute;s responsabilidad que al Otro?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a que el yo no se define por s&iacute; mismo, sino a partir de su infinita responsabilidad para con el Otro, se puede considerar que s&iacute; somos responsables de la vida ajena, pero no de la propia responsabilidad del Otro. Del mismo modo, seg&uacute;n los t&eacute;rminos hiperb&oacute;licos en los que Levinas la presenta, puede decirse que esa responsabilidad se convierte en una especie de condena.</p>     <p>Sin negar que es necesario educar en la responsabilidad de las personas, cabe plantearse si lo que Levinas demanda no es excesivo, si el yo no es algo m&aacute;s que dicha responsabilidad. Ciertamente no es posible que el yo llegue a ser quien es sin los otros, pero en las obras tard&iacute;as de Levinas el yo queda subyugado por el Otro, y as&iacute;, en definitiva, despojado de identidad. Ser yo es ser culpable, pero &iquest;originariamente es &eacute;se el sentido del yo? &iquest;No queda despojado de su identidad y de su responsabilidad?</p>     <p>Por otro lado, podr&iacute;a decirse que la aut&eacute;ntica libertad se logra en la medida en que uno va siendo capaz de querer bien el bien. Las personas somos capaces de benevolencia desinteresada; el aporte de Levinas es fundamental en este sentido. Del mismo modo, la dimensi&oacute;n trascendente de la libertad que este planteamiento pone de manifiesto, est&aacute; en la apertura a la alteridad, cuya importancia radica en no quedarse encerrado en s&iacute; mismo. La configuraci&oacute;n del propio ser (identidad) se forja en las relaciones con los dem&aacute;s, pero la apertura a los dem&aacute;s se da desde la interioridad de un ser que se posee a s&iacute; mismo y que decide por s&iacute;. Est&aacute; claro que el Otro es un l&iacute;mite para mi libertad, yo no soy libre absolutamente, y los dem&aacute;s son oportunidad y, al mismo tiempo, l&iacute;mite de mi libertad.</p>     <p>Aunque Levinas advierte que su prop&oacute;sito no consiste en desarrollar un sistema &eacute;tico, sino en establecer su fundamento, y aunque la profundidad de su pensamiento &eacute;tico sea uno de sus m&eacute;ritos, cabe preguntarse si es posible estructurar la vida personal y social sobre un planteamiento tan radical.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Chalier, Catherine. Levinas. La utop&iacute;a de lo humano. Barcelona: Riopiedras, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-1263201100020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Levinas, Emmanuel. Entre nosotros. Ensayos para pensar en otro. Valencia: Pre-Textos, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-1263201100020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . &Eacute;tica e infinito. Madrid: Machado Libros, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-1263201100020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . De otro modo que ser, o m&aacute;s all&aacute; de la esencia. Madrid: Editora Nacional, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-1263201100020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . Humanismo del otro hombre. M&eacute;xico: Siglo XXI, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-1263201100020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . Totalidad e infinito. Salamanca: S&iacute;gueme, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-1263201100020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Urabayen, Julia. "La posici&oacute;n en la existencia y la evasi&oacute;n del ser: Las primeras reflexiones filos&oacute;ficas de Emmanuel Levinas". Anuario Filos&oacute;fico. XXXVI. 3 (2003): 743-774.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-1263201100020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . "El humanismo del otro en E. Levinas: El fil&oacute;sofo a la b&uacute;squeda del sentido de lo humano". 1&ordf; Jornadas de la AEP: Itinerarios del personalismo. UCM, 26-27 de noviembre de 2004. Versi&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="http://www.personalismo.org/recursos/articulos/" target="_blank">http://www.personalismo.org/recursos/articulos/</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-1263201100020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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