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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL HOMBRE ÉTICO EN SPINOZA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Spinoza's philosophy was exposed in his most significant text Ethica Ordine Geometrico Demonstrata (The Ethics) published in 1677, the same year in which the author passed away. There is no other aim in this book than to guide the man of our days to the understanding of himself through the comprehension of the affections. That is the reason why the following reflection is directed by Spinoza's sentence: "It is not about eliminating the affections but to direct them to the right path". The analysis will be divided in four stages: firstly, the importance of the ethics in Spinoza's philosophy; secondly, the role of the affections; thirdly, the necessity of achieving an understanding of them; and finally, the freedom founded in the ethics. The paper concludes by presenting a position that avoids determinism.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>EL HOMBRE &Eacute;TICO EN SPINOZA</b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>SPINOZA'S ETHICAL MAN</b></font></center></p>     <p>    <center>Luis Javier Agudelo Palacio<sup>*</sup></center></p>  <sup>*</sup>Licenciado   en   Filosof&iacute;a y Letras   por la  Universidad  Pontificia Bolivariana, Medell&iacute;n-Colombia. Docente de la Facultad de Comunicaci&oacute;n Social de la UPB. Docente del Colegio San Jos&eacute; de las Vegas en las &aacute;reas de Filosof&iacute;a y &Eacute;tica. Candidato a la Maestr&iacute;a en Filosof&iacute;a en la misma universidad.    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ljagudelo01@gmail.com">ljagudelo01@gmail.com</a></p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 15 de junio de 2011 y aprobado para su publicaci&oacute;n el 9 de agosto de 2011.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La filosof&iacute;a de Spinoza fue expuesta en su obra m&aacute;s representativa &Eacute;tica: Demostrada seg&uacute;n el orden geom&eacute;trico, la cual fue publicada en 1677, el mismo a&ntilde;o de su muerte. Esta no tiene otro objetivo que orientar al hombre de hoy en la comprensi&oacute;n de s&iacute; mismo a trav&eacute;s de la comprensi&oacute;n de los afectos. Es por ello que esta reflexi&oacute;n se orienta a partir de lo que propone Spinoza: "No se trata de eliminar los afectos sino m&aacute;s bien de orientarlos por el buen camino". Este an&aacute;lisis se llevar&aacute; a cabo en cuatro momentos: en primer lugar, la importancia de la &eacute;tica en Spinoza; en segundo lugar, el papel de los afectos; en tercer lugar, la necesidad de llegar a una comprensi&oacute;n de los afectos; y por &uacute;ltimo, la libertad fundamentada en la &eacute;tica, para terminar mostrando una posici&oacute;n que esquiva el determinismo.</p>     <p><b>Palabras clave: </b>Afectos, Causa, Conatus, Libertad, Determinismo.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>Spinoza's philosophy was exposed in his most significant text Ethica Ordine Geometrico Demonstrata (The Ethics) published in 1677, the same year in which the author passed away. There is no other aim in this book than to guide the man of our days to the understanding of himself through the comprehension of the affections. That is the reason why the following reflection is directed by Spinoza's sentence: "It is not about eliminating the affections but to direct them to the right path". The analysis will be divided in four stages: firstly, the importance of the ethics in Spinoza's philosophy; secondly, the role of the affections; thirdly, the necessity of achieving an understanding of them; and finally, the freedom founded in the ethics. The paper concludes by presenting a position that avoids determinism.</p>     <p><b>Keywords: </b>Affections, Cause, Conatus, Freedom, Determinism.</p>  <hr>      <p align="right"><i>Nosotros podemos contener la potestad de querer    <br> y de juzgar dentro de los l&iacute;mites del entendimiento.    <br> Spinoza 1988 184.</i></p>     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>Para hablar del hombre &eacute;tico en Spinoza es importante considerar de entrada que &eacute;ste, por su condici&oacute;n &eacute;tica, vive dentro de un proyecto orientado por la libertad, asunto en el que todos los seres humanos nos hemos involucrado por nuestra condici&oacute;n de seres activos. Esto en tanto que la &eacute;tica es aquella que se ocupa no de la prescripci&oacute;n de normas o de aquello que debemos hacer, sino m&aacute;s bien de aquello que queremos hacer, es decir, la &eacute;tica como aquella ciencia que se encarga de la toma de decisiones la cual hace posible la acci&oacute;n humana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, todos los seres humanos nos vemos a diario en la tarea de tener que elegir. Si reflexionamos un poco sobre este asunto, notamos que la decisi&oacute;n como principio &eacute;tico ejerce gran poder sobre nosotros por cuanto nos va definiendo, del mismo modo que se define una partida de ajedrez por sus movimientos: tomamos decisiones muy buenas o a veces decisiones no tan buenas, pero a fin de cuentas tenemos que decidir. Con base en esto podemos preguntarnos: &iquest;podr&aacute; el hombre liberarse alguna vez de este embrollo? Si respondemos que no, dicha respuesta no parece alentarnos mucho, puesto que la deliberaci&oacute;n es una necesidad de todo ser humano dotado de raz&oacute;n. En su ensayo &iquest;Qu&eacute; es la ilustraci&oacute;n? Kant (2006) afirma que la causa de la minor&iacute;a de edad no radica en una carencia del entendimiento, sino en una falta de decisi&oacute;n y arrojo para servirse del propio entendimiento sin la direcci&oacute;n del alg&uacute;n otro (25); esta era la condici&oacute;n que formulaba el fil&oacute;sofo de K&ouml;nigsberg para la realizaci&oacute;n de su proyecto de la ilustraci&oacute;n. Con el asunto de la decisi&oacute;n se muestra el objetivo de la &eacute;tica. Aunque Kant es un pensador posterior a Spinoza, tuvo como a priori la decisi&oacute;n al inclinarse a pensar en un proyecto del hombre libre.</p>     <p>Del mismo modo, nos proponemos desarrollar a continuaci&oacute;n una perspectiva del hombre &eacute;tico en Spinoza, aquel hombre a quien desde su condici&oacute;n -digamos metaf&iacute;sica- no le es posible ser libre puesto que esta categor&iacute;a pertenece s&oacute;lo a Dios o la Naturaleza. Afirma el holand&eacute;s: "Dios obra en virtud de las solas leyes de su naturaleza, y no forzado por nadie (...) Todas las cosas son en Dios; por lo cual, nada puede haber fuera de &eacute;l que lo determine o fuerce a obrar" (Spinoza 2001 68). Y sin embargo, el hombre desde el juego de la &eacute;tica, desde el ejercicio de la decisi&oacute;n, hace posible la libertad, esto teniendo en cuenta su conatus, su deseo o esfuerzo por perseverar en su ser y sus afectos. Por tanto, el fin primordial de la &Eacute;tica ser&aacute; poner como objeto de estudio las pasiones humanas, como si se tratase de l&iacute;neas, superficies y cuerpos en la geometr&iacute;a (Id. 8). De ah&iacute; la aplicaci&oacute;n del m&eacute;todo geom&eacute;trico tal y como lo hizo el gran ge&oacute;metra Euclides en sus Elementos.</p>     <p>En la &Eacute;tica Spinoza pone, pues, de manifiesto como problema central la libertad humana, la cual -como lo demuestran sus tratados y numerosos estudios en torno a este problema- consiste en el gobierno de los afectos, tarea que, como evidenciaremos m&aacute;s adelante, s&oacute;lo es posible desde el uso adecuado de la raz&oacute;n. La perspectiva que se pretende desarrollar aqu&iacute; del hombre &eacute;tico consta de cuatro momentos. El primero consiste en explicar la importancia de la &eacute;tica en Spinoza como saber que reflexiona sobre nuestra existencia. El segundo tiene como pretensi&oacute;n mostrar el papel de los afectos en la &eacute;tica de Spinoza. El tercero tratar&aacute; sobre la necesidad de llegar a una comprensi&oacute;n de los afectos, y el &uacute;ltimo apartado, terminar&aacute; hablando de la libertad fundamentada en la &eacute;tica.</p>      <p><font size="3"><b>La importancia de la &eacute;tica en Spinoza</b></font></p>     <p>Como lo ha dicho Jos&eacute; Luis Aranguren (1990 2), la &eacute;tica trata esencialmente de nosotros: la moral como una auto-narraci&oacute;n e interpretaci&oacute;n del texto vivo en que consistimos. Aclaramos aqu&iacute; que Aranguren se vale del concepto de moral como si se tratara del concepto de &eacute;tica. Ahora bien, con esto sustentamos la importancia de la &eacute;tica, porque &eacute;sta como ciencia trata sobre lo m&aacute;s importante, nosotros mismos, los protagonistas de la acci&oacute;n, quienes consistimos, quienes la practicamos. Del mismo modo apuntamos hacia el concepto de &eacute;tica que propone Wittgenstein (1995): "La &eacute;tica es la investigaci&oacute;n sobre lo valioso o lo que realmente importa (...) La &eacute;tica es la investigaci&oacute;n acerca del significado de la vida, o de aquello que hace que la vida merezca vivirse, o de la manera correcta de vivir" (34-35). Aqu&iacute; la &eacute;tica no s&oacute;lo es importante porque trata del sujeto como tal y de sus decisiones, sino porque tambi&eacute;n es quien nos orienta a vivir rectamente, a vivir con sentido, con dignidad, a vivir libres y conscientes de lo que hacemos.</p>     <p>Spinoza comparte la misma preocupaci&oacute;n cuando se pone a la tarea de escribir la &Eacute;tica, la cual nace de la inspiraci&oacute;n de pensar matem&aacute;ticamente sobre eso de lo que indiscutiblemente estamos compuestos y que en nuestra actualidad tal vez repudiamos: los afectos. Ta l como se los expone en el Libro III de la &Eacute;tica, los afectos hacen que pasemos de una menor a una mayor perfecci&oacute;n y viceversa, y nacen de la interacci&oacute;n de tres afectos fundamentales: la alegr&iacute;a, la tristeza y el deseo. "De donde decimos que (...) el deseo de cada individuo difiere del deseo de otro cuanto difiere la naturaleza o esencia del uno de la esencia del otro. La alegr&iacute;a y la tristeza, por su parte son pasiones que aumentan o disminuyen, favorecen o reprimen la potencia de cada cual, o sea, el esfuerzo por perseverar en su ser" (Spinoza 2001 257). Estos hacen que experimentemos distintos movimientos del &aacute;nimo y de manera particular, ya que la alegr&iacute;a y la tristeza es el deseo mismo o el apetito en cuanto aumentado o disminuido, favorecido o reprimido por causas exteriores; es decir, es la naturaleza misma de cada uno (Id. 257-258). De ah&iacute; se explica que unas veces nos sintamos alegres o menos alegres (tristes), amando el mundo o disgustados con &eacute;l. Pero esto lo dejaremos para m&aacute;s adelante cuando hagamos alusi&oacute;n al papel de los afectos. Lo que se pretende mostrar aqu&iacute; es que la &eacute;tica, y sobre todo en Spinoza, es un asunto de suma importancia, dado que es algo que s&oacute;lo le compete al sujeto en cuanto que es un ser dotado de raz&oacute;n, que delibera sobre lo conveniente y no conveniente. Spinoza sigue siendo todav&iacute;a un narrador de nuestro tiempo, ya que nos muestra puntos de vista que hacen posible la libertad, y &eacute;sta es la &eacute;tica, ciencia que piensa sobre nuestros actos y hace que dotemos de sentido nuestra existencia.</p>     <p>No es gratuito que ante el desconocimiento e incomprensi&oacute;n de nosotros mismos aparezca la &eacute;tica como fen&oacute;meno de la reflexi&oacute;n, como terapia y como remedio para tratar la infelicidad, la angustia, la depresi&oacute;n, entre otros. Cuando aparece este tipo de s&iacute;ntomas comenzamos a darle importancia a la vida, comenzamos a practicar el bios ethik&oacute;s, pensamos en lo que hemos de hacer y en lo que vamos haciendo de nuestra vida, comenzamos a pensar en nosotros como lo m&aacute;s valioso o lo m&aacute;s importante. Es ah&iacute; cuando empezamos a incluir la &eacute;tica como algo significativo, como parte de nuestra vida, cuando nos damos a la reflexi&oacute;n. La &eacute;tica de Spinoza puede considerase como el remedio para todo este tipo de dolencias, pues como dice Vidal Pe&ntilde;a en su Introducci&oacute;n: "La &Eacute;tica ser&iacute;a eminentemente terap&eacute;utica: una verdadera consolatio philosophiae. Quiz&aacute; &eacute;sta haya sido la actitud m&aacute;s difundida a lo largo de los siglos hacia la obra, y el motivo principal de su &eacute;xito duradero; esa dureza de pensamiento ser&iacute;a aut&eacute;ntico consuelo filos&oacute;fico" (Spinoza 2001 21-22).</p>     <p>Ante estos problemas analiza Spinoza "Los hombres ignoran las causas de sus apetitos (...) son conscientes de sus acciones y apetitos, pero inconscientes de las causas que los determinan a apetecer algo" (Spinoza 2001 285). Es de este modo como no podemos ser due&ntilde;os de nuestras acciones, puesto que en la mayor&iacute;a de los casos actuamos sin conocimiento de causa, es decir, no somos conscientes y en consecuencia padecemos: "Dado que hacemos muchas cosas de las que despu&eacute;s nos arrepentimos (...) y que cuando hay en nosotros conflicto entre afectos contrarios, reconocemos lo que es mejor y hacemos lo que es peor" (Id. 199). Todo esto se ha presentado por nuestro deseo de ocuparnos de las cosas del mundo exterior y no de nosotros mismos. Actuamos sin consciencia de lo que hacemos; por eso "el ni&ntilde;o cree que apetece libremente la leche, el muchacho irritado, que quiere libremente la venganza, y el t&iacute;mido, la fuga. Tambi&eacute;n el ebrio cree decir por libre decreto del alma lo que, ya sobrio, quisiera haber callado (Id. 199). As&iacute; mismo, por este mismo estilo actuamos y nos arrepentimos, crey&eacute;ndonos libres de nuestras decisiones y apetitos. La respuesta a todo lo que hacemos son el mayor o el poco beneficio que sacamos de todo ello. Por eso Spinoza se interesa por la &eacute;tica, con el fin de aumentar nuestra potencia de actuar, y as&iacute; perfeccionar en cuanto nos sea posible nuestra naturaleza humana. Por tanto, es indispensable recordar que Spinoza concentra su &eacute;tica del hombre libre en cinco partes: Parte I: De Dios, donde muestra que metaf&iacute;sicamente el hombre no es libre sino Dios, puesto que &eacute;ste es causa libre, se concibe por s&iacute; y no es determinado por nadie a obrar, y que s&oacute;lo act&uacute;a en virtud de su sola naturaleza; Parte II: De la naturaleza y origen del alma, donde se propone explicar sobre las cosas que han debido seguirse necesariamente de la esencia de Dios, del conocimiento del alma y de su suprema felicidad; Parte III: Del origen y naturaleza de los afectos, donde describe la naturaleza de los afectos y de qu&eacute; manera determinan al hombre para la acci&oacute;n en tanto que es cuerpo afectante o en tanto que es cuerpo afectado; Parte IV: De la servidumbre humana o la fuerza de los afectos, donde muestra la impotencia del hombre para moderar y reprimir los afectos y la fuerza que estos tienen sobre nosotros en tanto que somos sujetos pasivos; y la Parte V: Del poder del entendimiento o de la libertad humana, la cual trata sobre la manera de alcanzar la libertad, es decir, del camino para llegar a ella, y sobre el poder de la raz&oacute;n, mostrando qu&eacute; puede ella en contra de los afectos y qu&eacute; es la felicidad.</p>      <p><font size="3"><b>El papel de los afectos</b></font></p>     <p>Es importante resaltar que la parte de la &Eacute;tica que trata de los afectos (affectus) es tal vez el punto cumbre de la filosof&iacute;a de Spinoza, dado que despliega su doctrina de los afectos en las partes tercera, cuarta y quinta de la &Eacute;tica. Despu&eacute;s de una exposici&oacute;n descriptiva de aquellos en la parte tercera, trata de los medios para ordenarlos en la parte cuarta y quinta. En la parte cuarta, como hicimos menci&oacute;n al final del primer momento, hace una presentaci&oacute;n de los afectos considerados como fuente de esclavitud y del poder que estos tienen sobre nosotros; y por &uacute;ltimo, en la parte quinta, saca a relucir la potencia que tiene nuestro entendimiento, nuestra raz&oacute;n, mostrando qu&eacute; puede contra los afectos y el modo como podemos hallar el estado del hombre libre, poniendo al servicio el uso adecuado de la raz&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, para dar comienzo a esta reflexi&oacute;n sobre el papel de los afectos en la &Eacute;tica, perm&iacute;tasenos sacar de primera mano la definici&oacute;n de afecto. Dice Spinoza (2001):</p> <ol>Por afectos entiendo las afecciones del cuerpo, por las cuales aumenta o disminuye, es favorecida o es perjudicada, la potencia de obrar de ese mismo cuerpo, y entiendo, al mismo tiempo, las ideas de esas afecciones (...) As&iacute; pues, si podemos ser causa adecuada de alguna de esas afecciones, entonces entiendo por "afecto" una acci&oacute;n; en los otros casos, una pasi&oacute;n (193).    </ol>     <p>Spinoza habla inicialmente en plural de afectos, para dar raz&oacute;n de ellos de dos modos: el primero como acci&oacute;n, causa adecuada, eficiente, en la cual nosotros actuamos, es decir, somos due&ntilde;os de esa acci&oacute;n, y el otro, en el caso contrario cuando somos causa inadecuada, parcial, es decir, cuando somos accidente. Sustenta Spinoza:</p> <ol>Digo que obramos, cuando ocurre algo, en nosotros o fuera de nosotros, de lo cual somos causa adecuada; es decir, cuando de nuestra naturaleza se sigue algo, en nosotros o fuera de nosotros, que puede entenderse clara y distintamente en virtud de ella sola. Y, por el contrario, digo que padecemos, cuando en nosotros ocurre algo, o de nuestra naturaleza se sigue algo, de lo que no somos sino causa parcial (Ib&iacute;d.).    </ol>     <p>Es as&iacute; como interpretaremos el papel de los afectos en la &Eacute;tica con relaci&oacute;n al hombre y al problema de la libertad: el hombre como sujeto activo, que obra, que act&uacute;a, que interviene en los afectos, que es causa adecuada o eficiente, y que es consciente de sus voliciones; y el hombre como sujeto pasivo, que padece, que es sometido al imperio de los afectos, que es causa inadecuada o parcial y que no posee consciencia de sus apetitos.</p>     <p>Por consiguiente, en lo que respecta al campo de la &eacute;tica, como individuos nos podemos definir de dos formas, al modo como nos define Spinoza: como causa adecuada, como sujeto que obra, o como usualmente nos definimos a nosotros mismos, como sujetos libres, que tomamos decisiones, que conocemos las razones de lo que hacemos y que por tanto nos esforzamos por aumentar nuestra potencia de actuar; y la otra forma ser&iacute;a como causa parcial, como sujeto que padece o sujeto expuesto a lo accidental y que decide poco sobre su vida, como dice Kant, porque le ha asignado esta tarea a otros.</p>     <p>Nuestro prop&oacute;sito con respecto al papel de los afectos es mostrar c&oacute;mo se define o c&oacute;mo se quiere definir el hombre desde los afectos, puesto que, como dijimos al principio, el hombre no es libre -puesto que s&oacute;lo a Dios se le puede atribuir esta categor&iacute;a-, pero se hace libre por medio del juego de la &eacute;tica. Esto se puede sintetizar de esta manera: el hombre no nace libre, se hace libre.</p>     <p>Por tanto, podemos decir que esta libertad se da en el hombre mismo, se da en su conatus, definido como "aquello en que cada cosa se esfuerza, cuanto est&aacute; a su alcance, por perseverar en su ser" (Spinoza 2001 203). Esta ley es la que hace que nos encontremos en aumento o disminuci&oacute;n de nuestra potencia de actuar, de ser libres. N&oacute;tese adem&aacute;s que es por este mismo principio que nos definimos en tanto que es nuestra esencia, nuestra naturaleza que se expresa en lo que estamos siendo. Enti&eacute;ndase por conatus tambi&eacute;n tendencia, la cual permite formar nuestros afectos; de ah&iacute; que unos tiendan a aprobar algo como bueno y otros como malo. Esto se da por el esfuerzo mismo o tendencia, es decir, por el modo como el alma se esfuerza en ser afectado, lo cual se deriva de las ideas claras y distintas o de ideas confusas. Dice Spinoza:</p> <ol>El alma, ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya en cuanto las tiene confusas, se esfuerza por perseverar en su ser con una duraci&oacute;n indefinida, y es consciente de ese esfuerzo mismo (...) La esencia del alma est&aacute; constituida por ideas adecuadas e inadecuadas (como lo explica la proposici&oacute;n III: las acciones del alma brotan s&oacute;lo de las ideas adecuadas; las pasiones dependen s&oacute;lo de las inadecuadas) (...) Este esfuerzo cuando se refiere al alma sola, se llama voluntad, pero cuando se refiere a la vez al alma y al cuerpo, se llama apetito, por ende, &eacute;ste no es otra cosa que la esencia misma del hombre, de cuya naturaleza se siguen necesariamente aquellas cosas que sirven para su conservaci&oacute;n, cosas que, por tanto, el hombre est&aacute; determinado a realizar (Id. 205).    </ol>     <p>Aclara nuestro autor que no hay diferencia entre apetito y deseo, dado que &eacute;ste se refiere generalmente a los hombres en cuanto que son conscientes de su apetito; por eso define: "el deseo es el apetito acompa&ntilde;ado de la consciencia de s&iacute; mismo. As&iacute; pues, queda claro en virtud de todo esto que nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos apetecemos y deseamos" (Id. 206). Por consiguiente, podemos decir que nuestro conatus se porta de manera tautol&oacute;gica, ya que obramos o padecemos de acuerdo a como somos afectados, y estas afecciones s&oacute;lo se dan de agentes externos, llamados tambi&eacute;n cuerpos afectantes, y son s&oacute;lo &eacute;stos los que posibilitan los movimientos del &aacute;nimo, nuestros afectos, los cuales expresan nuestro conatus, expresan c&oacute;mo vivimos, c&oacute;mo actuamos, c&oacute;mo pensamos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por eso postulamos desde el inicio que los afectos son la parte medular de la filosof&iacute;a de Spinoza y tambi&eacute;n de nuestra vida, puesto que &eacute;stos registran c&oacute;mo vivimos y qu&eacute; vamos haciendo de nuestra vida tal y como funciona un term&oacute;metro: los afectos miden la temperatura del esfuerzo, de las ganas de vivir, de nuestra tendencia a estar bien, a actuar en virtud y en consciencia de s&iacute; mismos como hombres libres.</p>     <p><font size="3"><b>La necesidad de llegar a una comprensi&oacute;n de los afectos</b></font></p>     <p align="right"><i>La mayor parte de los que han escrito acerca de los afectos y la    <br> conducta humana, parecen tratar no de cosas naturales que siguen    <br> las leyes ordinarias de la naturaleza, sino de cosas que est&aacute;n fuera    <br> de &eacute;sta. M&aacute;s a&uacute;n: parece que conciben al hombre, dentro de la    <br> naturaleza, como un imperio dentro de otro imperio. Pues creen que    <br> el hombre perturba, m&aacute;s bien que sigue el orden de la naturaleza,    <br> que tiene una absoluta potencia sobre sus acciones y que s&oacute;lo es    <br> determinado por s&iacute; mismo.</i>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Spinoza 2001 191.</p>     <p>Con base en lo que nos relata este fragmento del prefacio a la parte tercera de la &Eacute;tica, damos comienzo a nuestra reflexi&oacute;n, la cual trata sobre la necesidad de llegar a una comprensi&oacute;n de los afectos. &Eacute;sta no tratar&aacute; sobre un an&aacute;lisis meticuloso de cada afecto expuesto en la obra de nuestro autor, sino m&aacute;s bien de acatar la recomendaci&oacute;n que &eacute;l mismo nos hace seg&uacute;n la cual "los afectos es mejor ordenarlos o guiarlos por buen camino que reprimirlos" (Hubbeling 1981 82), lo cual nos remite a pensar en una anal&iacute;tica de las pasiones, ejercicio que pone al hombre en disposici&oacute;n de comprenderse a s&iacute; mismo como sujeto libre o esclavo de todo aquello que le afecta.</p>     <p>Situ&aacute;ndonos en lo que enuncia el mentado prefacio acerca de que se ha concebido al hombre como alguien que tiene una absoluta potencia sobre sus acciones y que es determinado por s&iacute; mismo, Spinoza considera esto como un absurdo en tanto que, si esto fuera posible, no habr&iacute;a necesidad de pensar en un proyecto fundamentado en la libertad. No obstante, como hemos dicho, pretendemos abordar esta reflexi&oacute;n como una anal&iacute;tica de las pasiones, la cual es la parte m&aacute;s relevante de la &Eacute;tica, entendida &eacute;sta como una obra in-moral: no una teor&iacute;a de los deberes, sino m&aacute;s bien una teor&iacute;a de las acciones y pasiones alegres, las cuales aumentan nuestra potencia de actuar, yendo en detrimento de las tristezas que destruyen nuestra potencia, mutilan e impiden que seamos protagonistas de nuestras acciones.</p>     <p>Dice Kaminsky (1998): "La &eacute;tica de Spinoza es una anal&iacute;tica de las pasiones intensas y sus derivados (...) Esta anal&iacute;tica es la deducci&oacute;n necesaria de su filosof&iacute;a pura y condici&oacute;n de posibilidad de su filosof&iacute;a pr&aacute;ctica (26). Como hemos dicho ya, la libertad es un asunto de Dios, puesto que &eacute;ste es considerado como potencia infinita, que obra en virtud de s&iacute; mismo y que no es determinado por nadie a actuar, que no toma decisiones, que no elige, sino que todo cuanto existe y sucede pertenece a su sola naturaleza, que no obra con ning&uacute;n fin, entre otras propiedades que se le atribuyen a la substancia, de las cuales ya hemos hecho menci&oacute;n. Con esto comprendemos en qu&eacute; consiste la filosof&iacute;a pura de Spinoza o metaf&iacute;sica ontol&oacute;gica. Cuando hablamos de la anal&iacute;tica de las pasiones o sobre la necesidad de comprender los afectos, apuntamos en cambio al proyecto de filosof&iacute;a pr&aacute;ctica spinoziana, a su &eacute;tica, proyecto donde se propone, como dice Deleuze (2001), hacer una desvalorizaci&oacute;n de todas las pasiones tristes en beneficio de la alegr&iacute;a.</p>     <p>Spinoza denuncia sin cansancio en toda su obra tres figuras ejemplares distintas: el hombre de pasiones tristes, el que se sirve de estas pasiones tristes, que las necesita para asentar su poder, y el hombre a quien entristece la condici&oacute;n humana, las pasiones del hombre en general. Estas figuras son el esclavo, el tirano y el sacerdote (Deleuze 36). Aqu&iacute; tomamos como punto cardinal la tristeza como concepto antag&oacute;nico de la alegr&iacute;a, evidenciando que a partir de &eacute;sta se desencadenan todas nuestras pasiones tristes, las cuales impiden que hagamos una pr&aacute;ctica libre de la acci&oacute;n. Spinoza nos muestra que la naturaleza de la tristeza se constituye por ser un estado de confusi&oacute;n del &aacute;nimo, es decir, una idea inadecuada o mutilada, carente de verdad, la cual hace despertar en nosotros el miedo, la superstici&oacute;n. De &eacute;sta es que se sirve el sacerdote: "El gran secreto del r&eacute;gimen mon&aacute;rquico, su inter&eacute;s profundo, consiste en enga&ntilde;ar a los hombres disfrazando con el nombre de religi&oacute;n el temor con el que se les quiere meter en cintura, de modo que luchen por su servidumbre como si se tratase de su salvaci&oacute;n (Spinoza 1994 64). Continuando con nuestra anal&iacute;tica de las pasiones, el tirano necesita para triunfar la tristeza del esp&iacute;ritu, de igual modo que los &aacute;nimos tristes necesitan a un tirano para propagarse y satisfacerse: "(...) lo que los une de cualquier forma es el odio a la vida, el resentimiento contra la vida. La &Eacute;tica dibuja el retrato del hombre del resentimiento, para quien toda felicidad es una ofensa y que hace de la miseria o la impotencia su &uacute;nica pasi&oacute;n" (Deleuze 36). Esto se hace presente en nuestra cultura y tal vez en grandes cantidades; por ejemplo, en la m&uacute;sica (sin pretender generalizar) se canta a la tristeza, al desamor, a la envidia, a la tragedia, a la soledad, la cual se complementa con quien la escucha; del mismo modo este efecto se da tambi&eacute;n en el cine, en la literatura, en la convivencia con nuestra familia, con nuestros compa&ntilde;eros del diario vivir y a veces con nuestros amigos. La pasi&oacute;n triste habita en nosotros como una sombra. Donde vayamos siempre nos encontramos con ella. La pregunta fundamental a este an&aacute;lisis ser&iacute;a: &iquest;c&oacute;mo podemos servirnos de las pasiones tristes en pro de nuestra alegr&iacute;a y as&iacute; respirar el aire de la libertad?</p>     <p>La respuesta a este interrogante implica preguntarnos c&oacute;mo formar ideas adecuadas, ya que, como hemos dicho anteriormente, la tristeza est&aacute; constituida por ideas inadecuadas que confunden nuestro estado de &aacute;nimo, lo cual hace que experimentemos el temor, la superstici&oacute;n, entre otras. Ahora bien, servirnos de las pasiones tristes no basta, se necesita transformarlas en ideas adecuadas para evitar que, como en el caso de la tristeza, sigan confundiendo nuestro estado de &aacute;nimo. Por eso decimos que:</p> <ol>(...) la idea adecuada se explica por nuestra potencia de comprensi&oacute;n, no tenemos una idea adecuada sin que nosotros mismos seamos la causa adecuada de los sentimientos que se desprenden de ella, que, desde ese momento, son activos. Por el contrario, mientras tenemos ideas inadecuadas, somos causa inadecuada de nuestros sentimientos, que entonces son pasiones (Deleuze 98).    </ol>     <p>Como lo expresa el texto anterior, en nosotros est&aacute; el ser activos o pasivos, el ser causa adecuada o inadecuada, es decir, que todo esto se da gracias a nuestro poder comprensivo, a nuestra potencia de entender todo aquello que nos sucede, ya que es por nuestro poder de afecci&oacute;n que definimos las cosas como buenas o malas. Para complementar esta idea nos valemos de un pasaje de la Correspondencia de Spinoza (1988) que recoge las cartas a sus amigos y opositores:</p> <ol>(...) supone, en primera instancia, que una piedra recibe un impulso por una causa externa debido a la cual se mueve y luego concibe que, mientras la piedra se encuentre en movimiento, piensa y cree que tal movimiento es causado por s&iacute; misma y que es ella la que se esfuerza por realizar dicha acci&oacute;n, lo cual ocurre en virtud a que la piedra no es consciente de la causa externa que la determin&oacute; a moverse (337).    </ol>     <p>Esto nos muestra que nuestros juicios sobre las cosas son de acuerdo al modo como hemos sido afectados por ellas, ll&aacute;mense cuerpos exteriores, los cuales nos determinan a obrar de cierta y determinada manera. Por lo general, nos esforzamos en encontrar culpables de todo lo que nos pasa, desconociendo que todo lo que nos sucede se da en virtud de la misma naturaleza que se desenvuelve de manera necesaria e inmanente. Somos muy dados a tomar las cosas de manera personal. Si nos cae una piedra encima, buscamos al responsable como causa eficiente de este acto; caso distinto, por ejemplo, si alguien nos insulta: lo culpamos de esa situaci&oacute;n, sin reflexionar que nosotros somos los causantes de nuestras acciones y que el otro lo que hace es reaccionar ante los hechos. En cuanto al asunto de la piedra, se lo dejamos a la necesidad, ya que es la naturaleza misma quien ha determinado su ca&iacute;da. Hay cosas que no podemos explicar s&oacute;lo por nuestra intuici&oacute;n, sino que necesitamos de la raz&oacute;n o de la investigaci&oacute;n para encontrar su sentido.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Del mismo modo pasa cuando estamos tristes y alguien se vale de nuestra tristeza para oprimirnos o para que nos dejemos oprimir. Frente a la pregunta: &iquest;c&oacute;mo podemos servirnos de las pasiones tristes en beneficio de nuestra alegr&iacute;a y as&iacute; encaminarnos a un proyecto del hombre libre?, somos nosotros quienes tenemos el poder de comprender y de cambiar el concepto que tenemos de las cosas. De acuerdo a nuestro esfuerzo por comprender es que hacemos posible que este concepto que nos forjamos de las cosas sea positivo o menos positivo sobre nosotros.</p>      <p><font size="3"><b>La libertad fundamentada en la &eacute;tica</b></font></p>     <p>Como bien sabemos, la libertad se ha entendido en su sentido m&aacute;s coloquial como una condici&oacute;n o facultad de los individuos de actuar como quieran (cf. RAE 2007 423). Al plantearnos la pregunta por la libertad como eje central de esta reflexi&oacute;n ser&iacute;a v&aacute;lido enfocarla en dos sentidos. El primero: &iquest;por qu&eacute; se habla de una libertad fundamentada en la &eacute;tica? Este enfoque tiene como pretensi&oacute;n mostrar el oficio de la &eacute;tica en el plano reflexivo de la libertad. El segundo: &iquest;es posible hablar de una &eacute;tica en Spinoza cuando hay de por medio un determinismo? El objetivo principal de este enfoque es resaltar la posibilidad de una &eacute;tica en nuestro autor en medio del determinismo.</p>     <p>Antes de dar respuesta a estas preguntas es importante considerar que la &Eacute;tica de Spinoza es ante todo la descripci&oacute;n del ethos propio del hombre, es decir, del modo como &eacute;ste se comporta y como se va apropiando de su vida. Es por ello que damos comienzo a esta reflexi&oacute;n con la pregunta: &iquest;por qu&eacute; se habla de una libertad fundamentada en la &eacute;tica? Para ello tomamos la definici&oacute;n con la que Savater da a conocer qu&eacute; debe entenderse por &eacute;tica: "Llamo &eacute;tica a la convicci&oacute;n revolucionaria y a la vez tradicionalmente humana de que no todo vale por igual, de que hay razones para preferir un tipo de actuaci&oacute;n a otros" (Savater 1995 10). Dicho concepto converge al concepto coloquial de libertad, sobre todo cuando se hace referencia a la facultad que tienen los individuos de actuar como quieran, y a lo que debe entenderse por &eacute;tica cuando nos dicen de unas razones que hay que tener para preferir un tipo de actuaci&oacute;n a otros, lo cual muestra que estos dos conceptos se encuentran de alguna manera emparentados en tanto que ambos hacen referencia a un querer ser.</p>     <p>No obstante, es permitido afirmar que no es posible hablar de una libertad si no se habla a la vez de un fundamento &eacute;tico. Esto en tanto que la pregunta central de la &eacute;tica no es "qu&eacute; debo hacer", ni tampoco "qu&eacute; puedo hacer", sino "&iquest;qu&eacute; quiero hacer?". &Eacute;sta es su preocupaci&oacute;n, pues es aqu&iacute; donde se hace presente el ethos, la forma como adquirimos un car&aacute;cter, el modo como van encaminadas nuestras decisiones que, como ya se ha dicho, son quienes van definiendo nuestro estilo de vida.</p>     <p>Ahora bien, para hablar sobre una libertad fundamentada en la &eacute;tica desde la perspectiva de Spinoza, es necesario que nos refiramos a ella como un prop&oacute;sito, ya que la libertad es el esfuerzo mismo del hombre por afirmar su existencia, es decir, el esfuerzo del hombre por perseverar en su ser. &iquest;Por qu&eacute; hablamos de la libertad como un prop&oacute;sito? Los primeros indicios para responder a esta pregunta los suministra Spinoza en el "Prefacio" al Libro V de la &Eacute;tica cuando afirma: "Paso por fin a esta &uacute;ltima parte de la &eacute;tica, que trata de la manera de alcanzar la libertad, es decir, del camino para llegar a ella" (383). Con base en esto es v&aacute;lido afirmar que la &Eacute;tica de Spinoza es un intento por comprender, por racionalizar el destino moral (la realidad) del hombre, pero sobre todo un esfuerzo por penetrar en la condici&oacute;n humana mostrando la forma como el hombre se puede comprender a s&iacute; mismo. Es por eso que la &Eacute;tica no nos habla de una libertad en s&iacute;, sino de un camino para llegar a ella, porque precisamente de eso trata la &eacute;tica: no solamente de lo importante, de lo valioso para nosotros, sino de reflexionar la acci&oacute;n humana erigiendo como tarea fundamental un grado de conciencia para hacernos hombres libres. De ah&iacute; la importancia de hablar de la &eacute;tica como un fundamento de la libertad, pues es &eacute;sta quien nos adjudica el compromiso de alcanzar dicho prop&oacute;sito.</p>     <p>La &Eacute;tica de Spinoza ha sido se&ntilde;alada en muchas ocasiones como una &eacute;tica determinista, en tanto que describe al hombre como alguien que es determinado a obrar de cierta manera en virtud de unas causas, a obrar de acuerdo a unos principios que rigen su naturaleza, es decir, un hombre que act&uacute;a en raz&oacute;n de Dios o de su misma necesidad. &iquest;Es posible hablar de una &eacute;tica cuando hay de por medio un determinismo? &iquest;No es contradictorio al mismo tiempo hablar de una &eacute;tica si a la vez es determinista? &iquest;No se hablar&iacute;a m&aacute;s bien de moral, puesto que es a &eacute;sta que le corresponde imponer, prescribir normas, decretar qu&eacute; se debe o qu&eacute; se puede hacer, o en otras palabras, determinar el comportamiento mismo?</p>     <p>Como puede evidenciarse al abordar la &Eacute;tica de Spinoza, &eacute;sta muestra las propiedades de natura naturans (naturaleza naturante o creadora) y natura naturata (naturaleza naturada o creada), donde la primera corresponde a Dios o a la Substancia y la segunda a los modos en que la primera se expresa. A este concepto de naturaleza pertenece en particular el hombre. Spinoza nos muestra el lugar que le corresponde ocupar al hombre dentro de la naturaleza. En s&iacute;ntesis, el ser humano es uno con la naturaleza desde el momento en que se reconoce en ella. Por tanto, para sustentar esta idea del determinismo en la &Eacute;tica de Spinoza es claro que, a partir de esta concepci&oacute;n, no tenemos un libre albedr&iacute;o ni somos causa de nuestras propias acciones, ya que somos determinados a comportarnos de acuerdo a las solas leyes de la naturaleza.</p>     <p>Pero volviendo a la pregunta: &iquest;es posible hablar de una &eacute;tica en Spinoza cu&aacute;ndo hay de por medio un determinismo?, insistiendo en esta cuesti&oacute;n dice Juliana Gonz&aacute;lez (2007): "El hecho mismo de que haya diferencia o contraste entre buenas y malas pasiones (alegr&iacute;a-tristeza) es testimonio evidente de la condici&oacute;n &eacute;tica del hombre" (105). Otras evidencias como el simple hecho de que en la &Eacute;tica de Spinoza se encuentren nociones como las de afecto, pasiones, acciones, contingencia, esfuerzo (conatus), dominio de los afectos, entre otras, ya nos dan luces de un determinismo que no es absoluto, y por lo tanto, se empieza a ocultar la visi&oacute;n del mundo desde la necesidad como lo expone el orden geom&eacute;trico de la obra.</p>     <p>Se piensa que Spinoza de alguna manera interviene en el proceso de racionalizar la acci&oacute;n humana desde la geometr&iacute;a para mostrar en su obra la perfecci&oacute;n y la necesidad con que Dios existe en nosotros, y que de esa misma forma plantea conceptos como el de contingencia para dar a entender con ello que no todo se mueve desde la necesidad, sino para orientar la posibilidad de la &eacute;tica y de la libertad. Como es claro, Spinoza sigue mostrando elementos que hacen posible percibir este determinismo, no s&oacute;lo cuando dice que mostrar&aacute; la potencia del alma, es decir, de la raz&oacute;n, ense&ntilde;&aacute;ndonos cu&aacute;nto imperio tiene sobre los afectos, sino tambi&eacute;n advirtiendo que este imperio no es absoluto, pues aqu&iacute; nos muestra la doble v&iacute;a que se da entre el gobierno que tienen los afectos sobre nosotros y la forma como nosotros podemos gobernarlos, poniendo como antesala el ejercicio de la raz&oacute;n, porque la raz&oacute;n es quien puede darnos el poder de ser libres, pues es ella la que nos hace consciente de nuestros afectos:</p> <ol>A todas las acciones a que somos determinados por un afecto que es una pasi&oacute;n, podemos ser determinados, sin &eacute;l, por raz&oacute;n. Demostraci&oacute;n: Obrar seg&uacute;n la raz&oacute;n no es otra cosa que hacer aquellas cosas que se siguen de la necesidad de nuestra naturaleza, considerada en s&iacute; sola. Ahora bien, la tristeza es mala en la medida en que disminuye o reprime esa potencia de obrar; no podemos, por consiguiente, ser determinados por este afecto a acci&oacute;n alguna que no pudi&eacute;ramos realizar si la raz&oacute;n nos guiase (Spinoza 2001 351).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>Como vemos aqu&iacute;, en medio del determinismo dado por afectos llamados pasiones, podemos ser gobernados. Pero cuando en &eacute;ste hay intervenci&oacute;n de la raz&oacute;n, inmediatamente desaparece en &eacute;l la noci&oacute;n de pasi&oacute;n y, por tanto, ya no nos determina, ya no nos hace padecer, sino que actuamos de manera libre guiados por la raz&oacute;n. Como ya se dijo, un afecto-pasi&oacute;n es una idea inadecuada que no aporta ning&uacute;n conocimiento verdadero e impide que obremos libremente. Para hacer m&aacute;s claro esto, Spinoza muestra que pasamos de un determinismo a un plano del hombre libre: "Un afecto que es una pasi&oacute;n deja de ser pasi&oacute;n tan pronto como nos formamos de &eacute;l una idea clara y distinta" (Id. 389). El contenido de esta proposici&oacute;n es la base de la salvaci&oacute;n humana de toda servidumbre, pues muestra la posibilidad de una &eacute;tica en medio del determinismo, resaltando adem&aacute;s que poseer ese conocimiento, formarnos una idea clara y distinta de ese afecto-pasi&oacute;n, no implica un exterminio de los afectos, sino la utilizaci&oacute;n racional de los mismos, ya que se trata de que el afecto mismo impulse una conducta racional.</p>     <p>Es de este modo como queda resuelto el problema de c&oacute;mo hacer posible una libertad fundamentada en la &eacute;tica y c&oacute;mo se nos posibilita adem&aacute;s hablar de una &eacute;tica en medio del determinismo. Concluyamos con una parte del escolio a la proposici&oacute;n I V, del Libro V de la &Eacute;tica:</p> <ol>Cada cual tiene el poder -si no absoluto, al menos parcial- de conocerse a s&iacute; mismo y conocer sus afectos clara y distintamente, y, por consiguiente, de conseguir padecer menos por causa de ellos (...) No hay un remedio para los afectos, dependiente de nuestro poder, mejor que &eacute;ste, a saber: el que consiste en el verdadero conocimiento de ellos, supuesto que el alma no tiene otra potencia que la de pensar y formar ideas adecuadas (390-391).    </ol>  <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Aranguren, Jos&eacute; Luis. &Eacute;tica. Barcelona: Altaya, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-1263201100020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Deleuze, Gilles. Spinoza: Filosof&iacute;a pr&aacute;ctica. Barcelona: Tusquets, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-1263201100020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, Juliana. &Eacute;tica y libertad. M&eacute;xico: F.C.E., 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-1263201100020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hubbeling, Hubertus Gezinus. Spinoza. Barcelona: Herder, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-1263201100020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kaminsky, Gregorio. Spinoza: La pol&iacute;tica de las pasiones. Barcelona: Gedisa, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-1263201100020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kant, Immanuel. "&iquest;Qu&eacute; es la Ilustraci&oacute;n?" Filosof&iacute;a de la historia. M&eacute;xico: F.C.E., 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-1263201100020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>RAE (Real Academia Espa&ntilde;ola). Diccionario. Madrid: Santillana, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-1263201100020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Savater, Fernando. Invitaci&oacute;n a la &eacute;tica. Barcelona: Anagrama, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-1263201100020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Spinoza, Baruch. Correspondencia. Madrid: Alianza, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-1263201100020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . &Eacute;tica. Demostrada seg&uacute;n el orden geom&eacute;trico. Madrid: Alianza, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-1263201100020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . Tratado teol&oacute;gico- pol&iacute;tico. Barcelona: Altaya, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-1263201100020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Wittgenstein, Ludwig. Conferencia sobre &eacute;tica. Barcelona: Paid&oacute;s, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-1263201100020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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