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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[BOLÍVAR EN LA POÉTICA QUE PIENSA LA REALIDAD]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[BOLIVAR IN THE POETICS THAT THINK REALITY]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The following paper raises the philosophical question for the poetic support of Simón Bolivar's literary piece: My Delirium on Chimborazo. From the poem follows the link between the thinking with the axiological and the political, and thence, to the universals of justice, freedom and dignity as authentic expressions of the beauty, and therefore, the aesthetic of nature and the grammar of language. The historic and evolutive structure is analysed. Such structure allows the human being to cross his thinking configuration in a perfect equivalence with his linguistic nature. Considering the biographical task of each subject, the linguistic nature allows the human being to be reconciled with an aesthetic understanding of nature.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">       <p>    <center><font size="4"><b>BOL&Iacute;VAR EN LA PO&Eacute;TICA QUE PIENSA LA REALIDAD</b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>BOLIVAR IN THE POETICS THAT THINK REALITY</b></font></center></p>     <p>    <center>Claudia Arcila Rojas<sup>*</sup></center></p>  <sup>*</sup>Especialista en Investigaci&oacute;n Docente Universitaria por la Fundaci&oacute;n Universitaria Luis Amig&oacute;, Medell&iacute;n, Colombia. Investigadora Universidad de Antioquia, Medell&iacute;n. Miembro del Grupo de Investigaci&oacute;n "Somos Palabra" de la Universidad de Antioquia, y del GRILEC de la Universidad de San Buenaventura. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:corpecom@gmail.com">corpecom@gmail.com</a>.</p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 29 de junio de 2011 y aprobado para su publicaci&oacute;n el 9 de agosto de 2011.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     <p>Este texto pregunta filos&oacute;ficamente por el sustento po&eacute;tico de la pieza literaria de Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Mi delirio sobre El Chimborazo. De la lectura del poema se desprende la vinculaci&oacute;n de lo pensante con lo axiol&oacute;gico y lo pol&iacute;tico, y desde all&iacute;, con los universales de justicia, libertad y dignidad como aut&eacute;nticas expresiones de lo bello, y por ende, de lo est&eacute;tico de la naturaleza y de la gram&aacute;tica del lenguaje. Se analizan as&iacute; los andamios hist&oacute;ricos y evolutivos que le permiten al hombre atravesar los niveles de su configuraci&oacute;n pensante en una equivalencia perfecta con su naturaleza ling&uuml;&iacute;stica, la cual, desde el desempe&ntilde;o biogr&aacute;fico de cada sujeto, permite reconciliarse con una comprensi&oacute;n est&eacute;tica de la naturaleza.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b>Poes&iacute;a, Est&eacute;tica, Gram&aacute;tica, Geograf&iacute;a, Belleza.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>The following paper raises the philosophical question for the poetic support of Sim&oacute;n Bolivar's literary piece: My Delirium on Chimborazo. From the poem follows the link between the thinking with the axiological and the political, and thence, to the universals of justice, freedom and dignity as authentic expressions of the beauty, and therefore, the aesthetic of nature and the grammar of language. The historic and evolutive structure is analysed. Such structure allows the human being to cross his thinking configuration in a perfect equivalence with his linguistic nature. Considering the biographical task of each subject, the linguistic nature allows the human being to be reconciled with an aesthetic understanding of nature.</p>     <p><b>Keywords: </b>Poetry, Aesthetics, Grammar, Geography, Beauty.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>Concebida la experiencia de la palabra como una posibilidad que abre espacios y tiempo de la significaci&oacute;n, tiende a pens&aacute;rsela como un mundo confluido y constituido por signos combin&aacute;ndose y alter&aacute;ndose hacia el prop&oacute;sito de la simbolizaci&oacute;n. Sin embargo, no hay tal independencia territorial cuando se alude al vasto y complejo dinamismo ling&uuml;&iacute;stico.</p>     <p>En aras de comprender el lugar y los momentos del lenguaje, podr&iacute;a aplicarse la analog&iacute;a de correspondencia entre lo ling&uuml;&iacute;stico y lo humano, como la correspondencia entre el agua y la vida, puesto que ambos son elementos y complementos de la misma esencia.</p>     <p>Vivir est&aacute; vinculado con el desarrollo de condiciones biol&oacute;gicas y ambientales que permitan situaciones de adaptaci&oacute;n y construcci&oacute;n de nuevos escenarios. As&iacute; mismo, pensar es establecer vecindad con las formas que el lenguaje tiene para trazar y posibilitar relaciones cognitivas.</p>     <p>De esta manera, para la esencia de las palabras se rompen las consideraciones fronterizas desde las cuales irrumpe el sentido de las inc&oacute;gnitas insondables. Antes bien, las palabras habitan tanto las rutas de lo conocido como lo desconocido, desde los despliegues de la descripci&oacute;n y de la especulaci&oacute;n; las palabras se incrustan en los contornos de los objetos y sospechan sus intersticios ontol&oacute;gicos, desde los cuales lo palpable y lo intuible se enlazan en la predicaci&oacute;n para connotar lo complejo. Lo complejo es lo humano y sus indescifrables signos, sus intraducibles actuaciones. El Libertador se debati&oacute; y expres&oacute; entre estas circunstancias, avanz&oacute; en su biograf&iacute;a pensando la realidad que ondea entre lo natural e hist&oacute;rico y haci&eacute;ndola significado est&eacute;tico en el componer de la palabra.</p>     <p>Lo ignominioso y lo honesto se mezclan en la nominaci&oacute;n de Bol&iacute;var, sin reservar el contenido po&eacute;tico que caracteriz&oacute; sus intervenciones. Al descompensarse su &aacute;nimo con las exaltaciones que ultrajaron los anhelos de unidad y justicia, se engrandece su palabra y esp&iacute;ritu de hombre comprometido. Bol&iacute;var afirma: "la traici&oacute;n es demasiado vil para que entre en el coraz&oacute;n de un grande hombre (...) Yo ya he ahogado en el lago del olvido todo lo pasado" (ctd en Cacciatore &amp; Scocozza 332), aludiendo al soterramiento de una pasi&oacute;n con el aumento de lo virtuoso, pero sin desconocerle a lo inadmisible su carga de da&ntilde;o y entorpecimiento en las campa&ntilde;as de honorables e impostergables prop&oacute;sitos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Son palabras de mel&oacute;dicos sentimientos, con hondura humanista y expectativa de guerrero, de un hombre &iacute;ntegro capaz de pensar la naturaleza en lo humano, haci&eacute;ndola parte del car&aacute;cter axiol&oacute;gico que prefiere la amistad a la gloria, sin sentirse extra&ntilde;o en tierras que reclaman los votos de la libertad y la justicia: "Si aqu&iacute; no podemos hacer nada por el bien com&uacute;n, el mundo es grande y nosotros tan peque&ntilde;os que cabremos en cualquier parte (...) La amistad es preferible a la gloria" (Id. 339).</p>     <p>En este acumulado art&iacute;stico la memoria graba los aprendizajes que se resisten al olvido, las herencias que se niegan a la traici&oacute;n y las im&aacute;genes que emulan la identidad de un pasado de proezas y dignidad donde el hombre se esforz&oacute; y construy&oacute; su origen, donde trabaj&oacute; para trascender la barbarie y el instinto; por ello el Libertador eleva su llamado a la actuaci&oacute;n en conformidad con leyes que restablezcan el orden, la dignidad y el humanismo:</p> <ol>&iexcl;Legisladores! Ardua y grande es la obra que la voluntad nacional os ha cometido. Salvaos del compromiso en que os han colocado nuestros conciudadanos salvando a Colombia. Arrojad vuestras miradas penetrantes en el rec&oacute;ndito coraz&oacute;n de vuestros constituyentes: all&iacute; leer&eacute;is la prolongada angustia que los agoniza; ellos suspiran por seguridad y reposo. Un gobierno firme, poderoso y justo es el grito de la patria. Miradla de pie sobre las ruinas del desierto que ha dejado el despotismo, p&aacute;lida de espanto, llorando quinientos mil h&eacute;roes muertos por ella, cuya sangre sembrada en los campos hac&iacute;a nacer sus derechos. S&iacute;, legisladores, muertos y vivos, sepulcros y ruinas, os piden garant&iacute;as. Y yo que sentado ahora sobre el hogar de un simple ciudadano, y mezclado entre la multitud, recobro mi voz y mi derecho, yo que soy el &uacute;ltimo que reclamo el fin de la sociedad, yo que he consagrado un culto religioso a la patria y a la libertad, no debo callarme en momento tan solemne. Dadnos un gobierno en que la ley sea obedecida, el magistrado respetado y el pueblo libre: un gobierno que impida la transgresi&oacute;n de la voluntad general y los mandamientos del pueblo. Considerad, legisladores, que la energ&iacute;a en la fuerza p&uacute;blica es la salvaguardia de la flaqueza individual, la amenaza que aterra al injusto y la esperanza de la sociedad. Considerad que la corrupci&oacute;n de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. Mirad que sin fuerza no hay virtud; y sin virtud perece la rep&uacute;blica. Mirad, en fin, que la anarqu&iacute;a destruye la libertad y que la unidad conserva el orden. &iexcl;Legisladores! A nombre de Colombia os ruego con plegarias infinitas que nos deis, a imagen de la Providencia que represent&aacute;is, como &aacute;rbitros de nuestros destinos, para el pueblo, para el ej&eacute;rcito, para el juez y para el magistrado &iexcl;&iexcl;&iexcl;Leyes inexorables!!! (Id. 349-350).    </ol>     <p>Es en este sentido que la memoria humana equivale no solamente a un dep&oacute;sito de significados y valoraciones de su pasado, sino y m&aacute;s a&uacute;n a una galer&iacute;a de im&aacute;genes que permiten visualizar y recapitular &eacute;pocas y personajes en sus modos de comprensi&oacute;n y apropiaci&oacute;n de sus realidades.</p>     <p>Este es, muy seguramente, el espacio inaugural de la formalizaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, donde el hombre imit&oacute; las evidencias y din&aacute;micas de la naturaleza para aprehenderlas y aprehender mecanismos de respuesta a ese instante cronol&oacute;gico exacerbado en sospechas.</p>     <p>Por ser el sentido de la visi&oacute;n el recept&aacute;culo de mayor preponderancia en la asimilaci&oacute;n que se tiene de los est&iacute;mulos, descansan all&iacute; las referencias que de la imaginaci&oacute;n permiten un acercamiento m&aacute;s preciso e id&oacute;neo a todos aquellos eventos que fueron y se prolongaron como r&eacute;plica e indagaci&oacute;n de sus pormenores. La imagen favorece el esfuerzo de la raz&oacute;n por detenerse, pero tambi&eacute;n por superar las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas de un acontecimiento.</p>     <p>En esta perspectiva, el lenguaje apropia y dinamiza las im&aacute;genes hist&oacute;ricas, antropol&oacute;gicas y sociol&oacute;gicas para hacerlas objeto narrativo, dentro de mediaciones sem&aacute;nticas y simb&oacute;licas que le dan secuencia al hecho art&iacute;stico a trav&eacute;s de la reflexi&oacute;n est&eacute;tica, y por consiguiente, del prop&oacute;sito po&eacute;tico que indaga las fibras de la belleza.</p>     <p>Sim&oacute;n Bol&iacute;var hizo propio este recurso a&uacute;n ante los acontecimientos de dolor y pena; sus palabras fueron como plegarias concedidas por la sabidur&iacute;a del tiempo y convertidas en piezas de virtud y hero&iacute;smo:</p> <ol>&iexcl;Colombianos! Mucho hab&eacute;is sufrido, y mucho sacrificado sin provecho, por no haber acertado en el camino de la salud. Os enamorasteis de la libertad, deslumbrados por sus poderosos atractivos; pero como la libertad es tan peligrosa como la hermosura de las mujeres, a quienes todos seducen y pretenden, por amor, o vanidad, no la hab&eacute;is conservado inocente y pura como ella descendi&oacute; del cielo (Id. 368).    </ol>     <p>La aut&eacute;ntica belleza, la originaria plenitud de los sagrados derechos y hechos que comprometen lo humano con la reivindicaci&oacute;n de una historia heroica, debe sostenerse en "la virtud, la fuerza y las luces de Colombia" (Id. 369), condiciones de inequ&iacute;voca intenci&oacute;n y de semejanza con los ritmos de la naturaleza. Bol&iacute;var tuvo la agudeza para comunicar esta cercan&iacute;a retornando al esfuerzo colectivo que indaga la belleza:</p> <ol>Ardua y grande es la obra de constituir un pueblo que sale de la opresi&oacute;n por medio de la anarqu&iacute;a y de la guerra civil, sin estar preparado previamente para recibir la saludable reforma a que aspiraba. Pero las lecciones de la historia, los ejemplos del Viejo y Nuevo Mundo, la experiencia de veinte a&ntilde;os de revoluci&oacute;n, han de serviros como otros tantos fanales colocados en medio de las tinieblas de lo futuro; y yo me lisonjeo de que vuestra sabidur&iacute;a se elevar&aacute; hasta el punto de poder dominar con fortaleza las pasiones de algunos y la ignorancia de la multitud; consultando, cuanto es debido, a la raz&oacute;n ilustrada de los hombres sensatos, cuyos votos respetables son precioso auxilio para resolver las cuestiones de alta pol&iacute;tica. Por lo dem&aacute;s hallar&eacute;is tambi&eacute;n consejos importantes que seguir en la naturaleza misma de nuestro pa&iacute;s, que comprende las regiones elevadas de los Andes y las abrasadas riberas del Orinoco: examinadle en toda su extensi&oacute;n, y aprender&eacute;is en &eacute;l, de la infalible maestra de los hombres, lo que ha de dictar el congreso para la felicidad de los colombianos. Mucho os dir&aacute; nuestra historia y mucho nuestras necesidades; pero todav&iacute;a ser&aacute;n m&aacute;s persuasivos los gritos de nuestros dolores por falta de reposo y libertad segura (Id. 393).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>De cualquier modo, en el soporte de lo bello no s&oacute;lo prevalece lo arm&oacute;nico en su direcci&oacute;n de ajustada proporci&oacute;n y de nivelados detalles, constituyendo el equilibrio del todo; es adem&aacute;s la base axiol&oacute;gica la que hace de lo bello la experiencia humanamente grata en su indicaci&oacute;n de justeza y balance de fuerzas y expresiones. Lo bello entonces en la consideraci&oacute;n de lo divino y de su verdad irradiada en el devenir de la materia, exenta de la revelaci&oacute;n dogm&aacute;tica que le atribuye a lo perfecto un lugar inasible a lo humano.</p>     <p>As&iacute; pues, y por ser el lenguaje po&eacute;tico una textura de multifac&eacute;ticas y multisem&aacute;nticas narraciones, se demuele en &eacute;l el concepto de espacio como &aacute;rea de restringidos movimientos, para entenderse como un continente en unidad de rasgos y posibilidades enunciativas que no rivalizan con otras rutas discursivas que buscan asideros en tierras previamente delineadas. El suelo po&eacute;tico es origen ling&uuml;&iacute;stico poni&eacute;ndose al alcance de los preceptos est&eacute;ticos, en procura de la agrupaci&oacute;n correcta de los grafemas que le dan gram&aacute;tica y fon&eacute;tica a las palabras.</p>     <p>Es por ello que el lenguaje, como la realidad, no se agota en su exposici&oacute;n y representaci&oacute;n de objetos; est&aacute; tambi&eacute;n determinado por el movimiento incesante de sus elementos, creando y motivando nuevos actos declarativos que reflejan el acto mismo del pensar. Y al ser la realidad una fuente de renovados acontecimientos, sugerentes, igualmente de renovadas acciones pensantes, se le supone al antecedente ling&uuml;&iacute;stico una actividad remozada en sus componentes, desde la cual su continental ambiente forja las l&iacute;neas de la interrogaci&oacute;n como modalidad est&eacute;tica componiendo el acertijo de la obra, y as&iacute; mismo, los intersticios que se escapan de la inmediatez de los sentidos.</p>     <p>De este nuevo sendero ling&uuml;&iacute;stico se desprender&aacute;n otros recorridos de abundante riqueza en sus interiores, otras sendas y atajos que provocan la mirada al salto de la profundidad y la b&uacute;squeda de m&aacute;s agudos fondos detr&aacute;s de las evidencias.</p>     <p>Para el conocimiento, este suceso ling&uuml;&iacute;stico deja marcas en las disposiciones cognoscitivas, en tanto la proped&eacute;utica exclamativa es la necesidad interpretativa del s&iacute;mbolo que trasciende sus emanaciones significativas en el suceso de laboriosidad que hombre y cosa protagonizan, ya que el mundo de los objetos es en raz&oacute;n y prop&oacute;sito de la utilidad que le presentan al hombre, pues s&oacute;lo en esta cercan&iacute;a de apoyo en las condiciones que el hombre requiere para adaptarse al entorno puede la coseidad abandonar su anonimato e ingresar al cat&aacute;logo alfab&eacute;tico que le da uso en el discurso.</p>     <p>Por lo anterior, las vinculaciones que el conocimiento establece con los objetos trasegados desde el origen de la pregunta, deber&aacute;n posibilitar una apropiaci&oacute;n discursiva con tonalidades epistemol&oacute;gicas integradas en el criterio est&eacute;tico. Permitir ver y moldear lo cognoscible en la intenci&oacute;n de la comprensi&oacute;n humana y cient&iacute;fica significa borrar las fronteras de divisi&oacute;n entre las denominadas disciplinas acreditadas, ya que la ciencia en s&iacute; misma congrega la inminente preocupaci&oacute;n por conocer y comprender el universo del cual el hombre hace parte.</p>     <p>Separar los m&eacute;todos y los discursos para ubicar y definir los objetos como si fueran entes independientes unos de otros, equivale a fragmentar la utilidad e incidencia que las partes tienen en el todo. De este modo, las prescripciones te&oacute;ricas dentro de proyectos intelectuales particulares se convierten en dogmas carentes de historia y de movimiento.</p>     <p>Desde esta perspectiva, la po&eacute;tica continentaliza y contextualiza la narratividad y la subjetividad que se eleva como una voz de crisis y b&uacute;squedas, dentro de las cuales el examen cr&iacute;tico y reflexivo de las expresiones dominantes favorece la interlocuci&oacute;n y la divulgaci&oacute;n de nuevos conceptos y actos renovadores, donde el hombre interroga sus razones y las razones que determinan recorridos y hallazgos.</p>     <p>El texto territorial es as&iacute; el museo de vetustas im&aacute;genes convertidas en relatos que el mundo lanza para ser interpretados; relatos de sendas, monta&ntilde;as, r&iacute;os y selvas que mueven sus telones para denunciar sus intimidades y particularidades traducidas en evento de admiraci&oacute;n y duplicaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es el hombre quien admira y quien duplica; son sus inquietudes las que se encargan de capturar y calcar los rostros y sus difuminaciones en el espacio y el tiempo que comunican la identidad de una historia. Pero la comunicabilidad ling&uuml;&iacute;stica est&aacute; superada por la relaci&oacute;n entre dos momentos cronol&oacute;gicos que fisuran las l&iacute;neas de lo real y lo ficticio; dos momentos de la contemplaci&oacute;n donde escritura y lectura completan el juego de lo posible, y por ende, el camino de lo inesperado.</p>     <p>De tal particularidad epistemol&oacute;gica surge la acci&oacute;n del texto, es decir, el verdadero canon simb&oacute;lico que compromete al hombre con su esencia y creencia: la acci&oacute;n como hecho testimonial de una identidad narrada a trav&eacute;s de las geom&eacute;tricas medidas del lenguaje, de sus ilustraciones y configuraciones de sentido, posicionando los nombres y los adjetivos con la perfecta indicaci&oacute;n de los art&iacute;culos. La poes&iacute;a encarna as&iacute; al verbo para mover en su dial&eacute;ctica composici&oacute;n el contenido trascendente de las palabras en el lugar del cuerpo.</p>     <p>Con esta met&aacute;fora de la gram&aacute;tica, convocando la versatilidad idiom&aacute;tica, se despeja la espacialidad ling&uuml;&iacute;stica en el mundo del texto, de la geograf&iacute;a y en las posibles im&aacute;genes que &eacute;sta ofrece para inaugurar el juego de las letras, sus danzas, inconformidades, hu&iacute;das y desenfrenos en busca de los nuevos conceptos encomendados a nombrar los cambios que la grandeza espacial va propiciando.</p>     <p>Para esta connotaci&oacute;n de espacio, el pre&aacute;mbulo abarcante de la poes&iacute;a ya ha ramificado sus posibilidades de enunciaci&oacute;n en el terreno gr&aacute;fico del arte; ya se han demarcado f&iacute;sicamente los eslabones que le permiten a la historia elevarse al nivel de la mirada, que no solamente contempla, sino que tambi&eacute;n comunica sentido y avanza en la perspectiva de sus inc&oacute;gnitas.</p>     <p>Para el espacio la escritura, y para &eacute;sta el movimiento, es decir, el lugar del no lugar seguro, el desplazarse sin lamentar la seguridad de una p&aacute;gina o la significaci&oacute;n del p&aacute;rrafo en la l&oacute;gica del relato. La escritura no demanda, no tendr&iacute;a por qu&eacute; hacerlo, la certeza del episodio que transporta en la fidelidad de su instante, y no tendr&iacute;a por qu&eacute; hacerlo, ya que su esencia, como la del episodio que encarna, es el cambio de sus fibras y evidencias que ponen al espacio y a su definici&oacute;n en el centro metaf&oacute;rico del arte.</p>     <p>En este devenir de huellas y s&iacute;mbolos atravesando &eacute;pocas y comprensiones, la misma vida se instala y se desplaza en la concepci&oacute;n de ser le&iacute;da, pues una vez padecida y reflexionada, logra ser estudiada, valorada y asimilada por la incesante mirada; logra ser pensada y nombrada como una experiencia de cambios y transformaciones, de lecciones y preguntas; una experiencia donde el hombre se hace y se forma en la dureza de las contradicciones y en los ataques del horror que pulen el car&aacute;cter. Mientras hace, el hombre cambia, avanza y pondera en sus aspiraciones, se sabe hijo del tiempo y de la finita condici&oacute;n de su existencia, de la cual s&oacute;lo se conservan los recuerdos, los ejemplos y criterios que hacen una imagen digna de ser rememorada.</p>     <p>Bol&iacute;var pone los cuadros del horror como modelos que auxilian el porvenir en la resignificaci&oacute;n de sus equivocaciones, compar&aacute;ndolos con "aquellos formidables golpes que la Providencia suele darnos en el curso de la vida para nuestra correcci&oacute;n" (Id. 396); alienta a "coger dulces frutos de este &aacute;rbol de amargura o a lo menos alejarse de su sombra venenosa" (Id. 397), a fin de que la belleza vuelva a resplandecer sin el riesgo del artificio.</p>     <p>La met&aacute;fora no desborda, ni aniquila la premisa sem&aacute;ntica y la consecuencia pragm&aacute;tica; tampoco enriquece, altera o entorpece el aut&eacute;ntico c&oacute;digo de la expresi&oacute;n ni de su intenci&oacute;n. Ella simplemente trasporta, como las cig&uuml;e&ntilde;as, el figurado nacimiento de nuevas lamentaciones y cantos dispuestos a relatar otra historia. Es el libro que siempre se est&aacute; haciendo; es la obra que nunca ha de ser culminada; es el parto con su prolongado dolor; es la aurora que nunca anochece; es el espacio que se bifurca, se contrae y se extiende para no permitir la opci&oacute;n de la llegada; es el libro geogr&aacute;fico como puerta que nunca se cierra; es el c&iacute;rculo del cual nunca se sale; es el laberinto, es la casa, es el mundo de infinitas asociaciones; es el sendero que linda con todas las cosas, y por eso mismo, con el hombre y su pregunta.</p>     <p>Innegablemente, la humanidad camina y descansa en los jardines del lenguaje, a la sombra de sus expresiones de encuentro e identidad, donde se interrogan y responden a los momentos que el pensamiento ha captado con asombro. En el lenguaje, por ser &eacute;ste la sustancia vital de la materia, en su dinamismo de en&eacute;rgicas y f&uacute;tiles revelaciones, se encuentra el palpitar de las razones y los hechos desde los cuales se inician las comprensiones.</p>     <p>El lenguaje es sustancia y obra; existe como el aire o como la luz en pleno florecer de medio d&iacute;a; es elemento de preponderancia ontol&oacute;gica mostr&aacute;ndose y haci&eacute;ndose en la extensi&oacute;n del cosmos; es por tanto imagen de la cosa, aunque no la cosa misma, ya que se desempe&ntilde;a como exterioridad constante bajo m&uacute;ltiples y variadas exposiciones, donde todos los dem&aacute;s componentes de la naturaleza se contienen.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El mismo movimiento y la dial&eacute;ctica son lenguaje, porque en ellos se transmiten y se conciben las comprensiones innatas de los objetos y del ambiente en el que interact&uacute;an; son lenguaje por su carga exponencial de sentido porque, por encima de su realidad, est&aacute;n los caracteres que los hacen pensables y memorables como hechos fundantes de realidades m&aacute;s complejas; est&aacute;n adem&aacute;s sus particularidades de indiscutible impacto en las preguntas que los hacen conocimiento.</p>     <p>Movimientos de finitud donde la palabra tambi&eacute;n se desliza, recorre el cuerpo y el sentido para poetizar la vida, la naturaleza, la lucha, el esfuerzo, el abatimiento y la muerte, para hacer bellas las despedidas y eternos los recueros. Desde esta superioridad po&eacute;tica, el Libertador empe&ntilde;&oacute; su causa haci&eacute;ndola consigna y espada de su rectitud y compromiso con la patria:</p> <ol>Colombianos: Hab&eacute;is presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiran&iacute;a. He trabajado con desinter&eacute;s, abandonando mi fortuna y a&uacute;n mi tranquilidad. Me separ&eacute; del mando cuando me persuad&iacute; que desconfiabais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es m&aacute;s sagrado, mi reputaci&oacute;n y mi amor a la libertad. He sido v&iacute;ctima de mis perseguidores que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono. Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cari&ntilde;o me dice que debo hacer la manifestaci&oacute;n de mis &uacute;ltimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidaci&oacute;n de Colombia. Todos deb&eacute;is trabajar por el bien inestimable de la Uni&oacute;n: los pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarqu&iacute;a; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando su espada en defender las garant&iacute;as sociales. &iexcl;Colombianos! Mis &uacute;ltimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Uni&oacute;n, yo bajar&eacute; tranquilamente al sepulcro (Id. 412).    </ol>     <p>De esta forma, tambi&eacute;n el conocimiento es lenguaje po&eacute;tico, es voluntad y trabajo sin descanso, y por eso mismo, materialidad de permanentes oscilaciones, es decir, significaci&oacute;n expuesta a otra expresi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, otra imagen del lenguaje conserv&aacute;ndose en la est&eacute;tica dial&eacute;ctica y din&aacute;mica: en la est&eacute;tica de la vida que tiene tanto valor como la muerte.</p>     <p>Empero, ser&iacute;a un desacierto anal&iacute;tico permanecer en la idea de la est&eacute;tica como precedente de obcecaci&oacute;n sensorial, imprimiendo artificios de ligereza arm&oacute;nica sujetos a tendencias y movimientos que interpretan el mundo y sus transformaciones con consignas de atractivos mensajes.</p>     <p>Este car&aacute;cter publicitario de la est&eacute;tica, incluso, demoledor del sentido de lo bello, y por ende, peyorativo con las posibilidades de lo perfecto, corresponde al riesgo de la maleabilidad del lenguaje, pues al ser el elemento consustancial de la existencia, es y se presenta en las infinitas formas y creaciones que el hombre emplea para alentarse y distanciarse de los principios rectores de la esencia.</p>     <p>Sin embargo, al connotarse el lugar ling&uuml;&iacute;stico como lo infinito, ha de precisarse que, en la materialidad humana, su desempe&ntilde;o de palabra codificada como estructura de l&oacute;gica enunciaci&oacute;n debe ordenarse en los planos &eacute;ticos que atesoran el ser del mundo en el hombre como primer est&iacute;mulo frente al cual se reaccion&oacute;.</p>     <p>As&iacute; como el aire o el fuego, incluso la misma tierra y hasta el agua y los &aacute;tomos se mueven para hacerse y concentrarse en nuevas presentaciones, el lenguaje ocupa en la palabra su estado de m&aacute;xima perfecci&oacute;n, componi&eacute;ndose como evento de sentido, en el cual la materialidad del significante y el significado evolucionan como evento fon&eacute;tico, y en ese sentido, como advenimiento ontol&oacute;gico: la esencia torn&aacute;ndose consistencia, volvi&eacute;ndose principio y desarrollo de la realidad que, adem&aacute;s de desdoblarse en combinaci&oacute;n de particulares lenguajes, se hace expl&iacute;cita en la universalidad de la imagen entonando la verdad desde la cual es vista.</p>     <p>Este intento introductorio vale como antesala de la raz&oacute;n hist&oacute;rica y natural, desde la cual Sim&oacute;n Bol&iacute;var y El Chimborazo compusieron el di&aacute;logo de la po&eacute;tica desde la experiencia del delirio en expresi&oacute;n de la posesi&oacute;n est&eacute;tica de la naturaleza sobre la gram&aacute;tica del lenguaje. La ling&uuml;&iacute;stica de la materia posee la ling&uuml;&iacute;stica del pensamiento para enunciar la obra po&eacute;tica sobre la porci&oacute;n geogr&aacute;fica de monumental y trascendente belleza.</p>     <p>El deliro del Libertador sobre El Chimborazo constituye el sentido ontol&oacute;gico y axiol&oacute;gico del lenguaje en la composici&oacute;n po&eacute;tica que levanta la pregunta por el ser del hombre en el mundo, frente al tiempo y sus interrogantes:</p> <ol>&iquest;Por qu&eacute; te envaneces, ni&ntilde;o o viejo, hombre o h&eacute;roe? &iquest;Crees que es algo tu Universo? &iquest;Que levantaros sobre un &aacute;tomo de la creaci&oacute;n es elevaros? &iquest;Pens&aacute;is que los instantes que llam&aacute;is siglos pueden servir de medida a mis arcanos? &iquest;Imagin&aacute;is que hab&eacute;is visto la Santa Verdad? &iquest;Supon&eacute;is locamente que vuestras acciones tienen alg&uacute;n precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano (Bol&iacute;var 1978 405).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>Aunque no podr&iacute;a ser tautol&oacute;gico afirmar que tales interrogantes golpean el o&iacute;do para convertir en trabajo el eco de su significado, s&iacute; podr&iacute;a suponerse que su implicaci&oacute;n filos&oacute;fica comporta una reflexi&oacute;n urgente en este momento hist&oacute;rico de injustificada vanidad e indiferencia, en la cual parece atisbarse cierta alucinaci&oacute;n de grandeza en el endiosamiento del capital y de las comodidades que permite.</p>      <p><font size="3"><b>El delirio po&eacute;tico</b></font></p>     <p>El atrevimiento extravagantemente aprior&iacute;stico de separar un saber de su proped&eacute;utica hist&oacute;rica ha conducido a referenciar indiscriminadamente los anales del conocimiento como categor&iacute;as obsoletas y retr&oacute;gradas, que en poco o en nada contribuyen a las precisiones epistemol&oacute;gicas que le acreditan a cada discurso su idoneidad dentro del di&aacute;logo gnoseol&oacute;gico, abriendo las puertas del pasado y del porvenir de la ciencia.</p>     <p>Es una labor &eacute;tica no proscribir los precedentes de an&aacute;lisis que cargan conceptual y pragm&aacute;ticamente los predicados afirmativos o negativos alrededor de los distintos objetos de estudio que explican el desarrollo del pensamiento.</p>     <p>Sabido es de antemano, que la relaci&oacute;n del hombre con sus circunstancias va delineando un panorama de observaci&oacute;n, en el cual se circunscribe la realidad humana en su caracterizaci&oacute;n individual y colectiva, en sus b&uacute;squedas y frustraciones, donde el hecho mismo de vivir define el car&aacute;cter dial&eacute;ctico de los v&iacute;nculos construidos entre el hombre, la naturaleza y su mismo pensamiento, siendo este &uacute;ltimo el elemento diferenciador de lo humano con las dem&aacute;s formas de vida; siendo, en suma, la evidencia de la consustancialidad ling&uuml;&iacute;stica, en sus manifestaciones de movimiento, gesticulaci&oacute;n, escritura y habla.</p>     <p>El hombre en su humanizaci&oacute;n alcanza a diferenciar claramente sus condiciones solitaria y social, desde las cuales traza el nivel biogr&aacute;fico e hist&oacute;rico de su personalidad. "Pero la personalidad que finalmente emerge est&aacute; determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradici&oacute;n de esa sociedad, y por su valoraci&oacute;n de los tipos particulares de comportamiento" (Einstein 1949); es decir, el hombre est&aacute; en un quehacer permanente de su vida, desde un acumulado de im&aacute;genes y recuerdos que instalan su presente en un pasado, y por consiguiente, en una relaci&oacute;n de semejanzas y/o diferencias que plantean la sucesi&oacute;n de r&eacute;plicas o renuncias, tanto en el plano biogr&aacute;fico como hist&oacute;rico.</p>     <p>Sin embargo, esta peculiaridad cronol&oacute;gica no tendr&iacute;a incidencia en la determinaci&oacute;n humana, si no fuera por la memoria y su car&aacute;cter repercutible a nivel de sensaciones y condiciones particulares en cada ser humano; situaciones que afincan su ser social o solitario, de acuerdo con el contenido valorativo de cada imagen. Los recuerdos, aunque son vestigios del pasado, se actualizan y fundamentan nuevas decodificaciones en el ser y el hacer de cada hombre.</p>     <p>Es por ello que cobra autorizada relevancia la referencia arqueol&oacute;gica de cada saber, y m&aacute;s a&uacute;n cuando dicho saber compromete la participaci&oacute;n del hombre, no solamente en tanto que sujeto cognoscible, sino adem&aacute;s como principio de indagaci&oacute;n y elucubraci&oacute;n de razones.</p>     <p>Todo hombre intenta comprender qui&eacute;n es y sobre qu&eacute; circunstancias se confronta este interrogante; intenta darle respuesta a su biograf&iacute;a, calcando con las palabras el potencial de representaciones que habitan el imaginario de la vigilia y del sue&ntilde;o, es decir, los lenguajes de la realidad y de la on&iacute;rica, desde las disposiciones conscientes e inconscientes a partir de las cuales raz&oacute;n e instinto se juegan los dominios cognitivos en una conjugaci&oacute;n de elementos, donde muchas veces la intuici&oacute;n y el aplomo quedan medidas bajo el mismo par&aacute;metro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, en este nivel dial&eacute;ctico de conciencia e inconsciencia se desarrolla el verdadero funcionamiento y fundamento mental, a la luz de una apropiaci&oacute;n o negaci&oacute;n de est&iacute;mulos que empiezan a ser el sumario reservado del alma, y por tanto, el espacio de remembranza en el cual se inicia la interlocuci&oacute;n con ciertos episodios que sellan las formas de actuaci&oacute;n y significaci&oacute;n en la composici&oacute;n vital de los relatos y retratos definiendo una vida.</p>     <p>No es pues contrario el tratado de la actividad mental, propio de la psicolog&iacute;a, en su indagaci&oacute;n ps&iacute;quica y en la complejidad que esto comporta, al tratado del alma en su preocupaci&oacute;n por el &aacute;mbito de la vida, en un impl&iacute;cito e innegable devenir de forma y materia, cumpliendo los principios de la racionalidad y/o irracionalidad, seg&uacute;n sea la disposici&oacute;n cognitiva.</p>     <p>Pero este mismo fen&oacute;meno tiene impacto en el campo del conocimiento en general, s&oacute;lo que se torna imprescindible un an&aacute;lisis que tenga como punto de partida el hecho pensante del hombre y lo que esto significa dentro de la psique humana, en la cual necesariamente el mismo pensar pasa a ser una raz&oacute;n de contemplaci&oacute;n y discernimiento de las situaciones y eventos que la vida moviliza a trav&eacute;s de la geograf&iacute;a, la poes&iacute;a, el canto y el arte, como realizaci&oacute;n de lo bello, lo ordenado y lo arm&oacute;nico. Bol&iacute;var encontr&oacute; en esta ruta una posibilidad de cercan&iacute;a con la naturaleza y con los m&aacute;s est&eacute;ticos momentos que ella brinda para pensar tambi&eacute;n la belleza entre los hombres, sus relaciones y b&uacute;squedas.</p>     <p>El hombre es pues un texto, declarativa y dubitativamente emisor de datos, mensajero de una escritura haci&eacute;ndose s&iacute;mbolo de su personalidad e inclinaciones; una marca ling&uuml;&iacute;stica, que, desde el territorio de la memoria, permite significar y expresar ciertas comprensiones y concepciones a partir de las cuales se transportan y crean nuevas im&aacute;genes de su realidad y la realidad que lo implica. Tras esta idea, el Libertador se oblig&oacute; con la vida a pensarla como grandeza, a situarla como principio de reflexi&oacute;n y admiraci&oacute;n, en el cual cabe proyectar la historia como una continuidad de las obras de la naturaleza, y m&aacute;s a&uacute;n, de sus cambios anunciando nuevas preguntas, nuevos riesgos y nuevas proclamas.</p>     <p>Es latente que, en todo hombre, la experiencia de preguntar y preguntarse, de atreverse y responderse tiene como origen una experiencia que atrae poderosamente la atenci&oacute;n o el recuerdo de la mente afectada o estimulada por el suceso. La conciencia se detiene ante el epis&oacute;dico momento y conserva de &eacute;l cuanto le pueda llegar a ser conveniente o sugerente de un hallazgo, e incluso rememorativo de alguna imagen o sensaci&oacute;n que tuvo impacto en su pasado. De la persistencia en este encuentro, y de la intenci&oacute;n que el sujeto tenga para analizarlo, se articulan procesos de pensamiento plenamente concebidos por el entendimiento desde "un llamado que apunta a nuestra esencia" (Ib&iacute;d) ling&uuml;&iacute;stica, en su capacidad de respuesta a cada una de las circunstancias que impactan, de alguna manera, la vida.</p>     <p>Bol&iacute;var no fue ajeno a este tr&aacute;nsito. Su delirio ante El Chimborazo prueba el efecto del pensamiento sobre la palabra, haciendo canto, memoria y lamento los significados del di&aacute;logo con el tiempo, con sus indicaciones y ense&ntilde;anzas.</p>     <p>Con todo y lo anterior, el ser en las palabras o en el suceso hablante por naturaleza, pareciera a veces procurarle al hombre una lejan&iacute;a con el terreno primigenio de la enunciaci&oacute;n, reduciendo el importante suceso de la designaci&oacute;n a una entonaci&oacute;n ligera y desalojada de sentido, carente de recuerdos, de palpitaciones y a&ntilde;oranzas:</p> <ol>Es como si el habitar fuera lo que m&aacute;s f&aacute;cilmente sucumbe al peligro de hacerse com&uacute;n y ordinario. El lenguaje propiamente habitado por el hombre y sus voces habituales son sustituidos por las palabras ordinarias. Este hablar vulgar es lo que se hace corriente. Se lo encuentra por doquier, y siendo lo com&uacute;n a todos, se lo toma como &uacute;nica norma posible" (Id. 115-116).    </ol>     <p>Bajo esta disminuci&oacute;n, se ridiculiza el conocimiento y se engrandece la extravagancia y el apriorismo que se esfuerza en obtener respuestas sin preguntas y explicaciones sin asombro; simples discursos de la vanidad humana, haci&eacute;ndose y nombr&aacute;ndose en la significaci&oacute;n de sus espectros y sofismas, significaciones, por lo dem&aacute;s, despose&iacute;das de realidad, pero abundantes en alucinaciones, periodicidades y simultaneidades espaciales donde la insensatez se posa.</p>     <p>Justamente detr&aacute;s de esas simultaneidades cosmog&oacute;nicas, se adviene el reto de "la investigaci&oacute;n psicoter&aacute;pica, que en general se contenta con un material humano de nivel vulgar" (Freud 7), conforme al cual se ejercita una cercan&iacute;a con el sujeto y su palabra para poder transitar ciertas v&iacute;as de catarsis, tendientes al reconocimiento de las ligaduras causales que se dan entre las verdades y sus versiones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se da as&iacute; el llamado, como un intento de significar el suceso en la direcci&oacute;n de una voz que convoca a llegar, a hacer presencia, mediante un aliciente que pueda servir de morada. "Significar no es primigeniamente nombrar, sino que por el contrario: el nombrar, denominar es una especie de significar en el sentido primitivo de un solicitar-a-venir y un encomendar" (Heidegger 120), en el cual precisamente el entendimiento configura la total vecindad entre el concepto y el objeto, en la unidad cognitiva por excelencia: la idea, la cual connota la noci&oacute;n y el alcance del tr&aacute;mite gnoseol&oacute;gico que opera en la intimidad del pensamiento, y que ha de ser evidenciado a trav&eacute;s de la palabra.</p>     <p>Con Bol&iacute;var esta sem&aacute;ntica de la significaci&oacute;n se eleva, pues aunque su experiencia sea nominada como un delirio, &eacute;ste obedece y conduce a la expresi&oacute;n de su habitabilidad en la palabra, a su encarnaci&oacute;n de la naturaleza movi&eacute;ndose en los c&oacute;digos que la subliman para ser ejemplo del actuar de los hombres.</p>     <p>Es pues en el pensar, "como destino de nuestra esencia" (Heidegger 122), donde el relato logra ser la puesta en escena del conocimiento, pero con el precedente arqueol&oacute;gico que no lo separa de su raz&oacute;n anal&iacute;tica, y por ende, de su impacto hist&oacute;rico y biogr&aacute;fico, convocando "a estar dentro de una palabra" (Id. 117) que ha sido pensada para aclarar la significaci&oacute;n de cada evento, teniendo presente que "las leyes a que obedece el pensamiento son independientes del hombre que ejecuta en cada caso los actos de pensar" (Id. 111). No es posible el delirio del Libertador sin El Chimborazo; no fue posible su vida sin su causa, as&iacute; como no habr&iacute;a sido digna su muerte sin su sacrificio. El libertador hizo de su historia un relato que no se agota en el silencio; contin&uacute;a exhum&aacute;ndose como canto del agua y fertilidad de la tierra, como espada que vuelve a las manos del guerrero y grito que no abandona su batalla.</p>     <p>El pensamiento, en tanto ruta del conocimiento, est&aacute; pues acompa&ntilde;ado de los ecos del pasado, que no solamente muestran el objeto en su denominaci&oacute;n, sino que adem&aacute;s hacen presente el relato biogr&aacute;fico y/o hist&oacute;rico, a partir del cual el sujeto es conocido a trav&eacute;s de los hallazgos y mensajes que trae sobre s&iacute; el objeto.</p>     <p>Tiene as&iacute; un compromiso &eacute;tico, el poner frente a frente al sujeto que conoce y al objeto que es susceptible de ser conocido, desde un an&aacute;lisis de los antecedentes declarativos de cada uno, ya que no existe un presente desarraigado de su pasado, ni en el mundo de las cosas, ni en el de los hombres; unos y otros cuentan con un registro que les otorga pertenencia a una historia cient&iacute;fica y antropol&oacute;gica: la historia misma de la comunidad del conocimiento, insinuando e instaurando los di&aacute;logos donde se orquestan saberes.</p>     <p>Pero estos di&aacute;logos no son simples disertaciones de expertos. Corresponden principalmente a las fronteras de la enunciaci&oacute;n, que tienen como principio de validez su aut&eacute;ntica correspondencia con el objeto y el encadenamiento cronol&oacute;gico y espacial que le concede datos en la historia del pensamiento.</p>     <p>Los objetos no son apariciones primeras ante los sentidos de ciertas disciplinas; contienen momentos y registros que han hecho parte de la memoria de la materia en su condici&oacute;n dial&eacute;ctica, que han estado adem&aacute;s inmersos en una realidad natural, determinada por la evoluci&oacute;n, pero jam&aacute;s por la fugacidad; es decir, a cada objeto lo habita una esencia o una naturaleza que se dinamiza en sus accidentes y atributos, pero que conserva un signo, haci&eacute;ndose designio "en el cual obra una voz dirigida y con esto, por cierto, una posibilidad de denominar" (Heidegger 120).</p>     <p>La orientaci&oacute;n de este acontecer del discurso no puede deslindarse de la elocuencia y precisi&oacute;n que razona los elementos que intentan componer una visi&oacute;n en atenci&oacute;n al v&iacute;nculo tan complejo que hay entre el hombre y las representaciones de las cuales se vale para sostenerse y resistirse en un ambiente de fricciones que se impone a todo nivel.</p>     <p>La constituci&oacute;n de sujeto tiene correspondencia con la constituci&oacute;n del hombre. Ambos obedecen a una connotaci&oacute;n dial&eacute;ctica e hist&oacute;rica que comportan nuevas rutas de indagaci&oacute;n en la configuraci&oacute;n de pensamiento que define fronteras de an&aacute;lisis en la percepci&oacute;n del sujeto, dentro de un entramado de relaciones sociales de donde emergen y se instalan otras v&iacute;as de comprensi&oacute;n contorneadas por lo figurado. Por ello Bol&iacute;var no le esquiva a la compenetraci&oacute;n con su objeto po&eacute;tico, que es a su vez su objeto de conocimiento: &eacute;l lo asume como un testamento que anuncia la fortuna de la sabidur&iacute;a a los hombres y su incansable tarea de apropiar y defender la vida.</p>     <p>El hombre act&uacute;a en el trabajo y en el lenguaje, y en ellos el decir y el pensar abren el sendero del habla como forma peculiar e innata de expresividad humana cifrando la vigilia y el sue&ntilde;o, el dinamismo y la quietud, la enunciaci&oacute;n y el silencio. El habla le es natural al hombre, pertenece a su esencia biol&oacute;gica, ling&uuml;&iacute;stica y laboral, a su ser finito: es decir, el habla es tr&aacute;nsito y frontera del hombre en la realidad que lo connota como sujeto en evoluci&oacute;n, en indagaci&oacute;n y en esfuerzo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el habla est&aacute;, pues, esa fuerza diferenciadora capaz de levantar los l&iacute;mites entre la concepci&oacute;n de vida humana y vida animal; es la concentraci&oacute;n misma del instinto en el terreno de la racionalidad que permite analizar, comparar y sintetizar los distintos episodios existenciales que retan y confrontan al hombre en su d&iacute;a a d&iacute;a.</p>     <p>Es as&iacute; como el hacer del hombre en el suceder del tiempo tiene un efecto real en el suceder del espacio, una especie de marca donde precisamente el acumulado de las experiencias, vivencias y sentimientos permiten que los elementos configurativos del conocimiento est&eacute;n en una constante retroalimentaci&oacute;n entre lo social y lo cognitivo, puesto que biolog&iacute;a y cultura humana ingresan al pensamiento gracias a un tapiz ling&uuml;&iacute;stico, desde el cual las im&aacute;genes de la memoria inician el di&aacute;logo con las im&aacute;genes de la realidad.</p>     <p>Es pues en esta conjunci&oacute;n de im&aacute;genes donde se anuncia el nuevo relato del hombre: su delirio tal vez, su naufragio quiz&aacute;, su emoci&oacute;n o esperanza por encontrar, producto de la amalgama de figuras, un evento capaz de trascenderlas a ambas, pero sin renunciar a lo que cada una de ellas presenta.</p>     <p>Este es el suceder del tiempo y del espacio pensado directamente en su unidad hist&oacute;rica, pero adem&aacute;s en su propiedad dial&eacute;ctica, avanzando, pausando, retrocediendo y anticipando caracteres en asincr&oacute;nica proclama. El relato no es as&iacute; lo puramente descriptivo de una hilaridad biogr&aacute;fica o hist&oacute;rica; es tambi&eacute;n la inmanencia geogr&aacute;fica, donde lo espacial se define en surcos y degradaciones procuradas por el tiempo, pero adem&aacute;s en condiciones de esbelta apariencia que albergan en su interior el decir de la palabra desde su m&aacute;s remoto origen.</p>     <p>Es el decir ling&uuml;&iacute;stico del mito el que da asidero a la entonaci&oacute;n propia de las palabras, aunque parezca que en &eacute;l se digan las voces de entidades endiosadas como razones &uacute;nicas e inalterables del funcionamiento del universo. El mito es el advenimiento po&eacute;tico, en el cual est&aacute;n recogidas todas las im&aacute;genes del mundo para conducirse al abrazo con la vida.</p>     <p>Pero la poes&iacute;a, con el mito a cuestas y su invaluable condici&oacute;n de primera imagen cognitiva, muda las texturas de la imaginaci&oacute;n despose&iacute;da de los datos que la naturaleza brinda para ser indagada, y se repara en los tejidos de la l&oacute;gica dial&eacute;ctica para pensar "un decir y hablar primigenio del lenguaje" (Heidegger 125), donde precisamente "el pensar y la poes&iacute;a son en s&iacute; el primigenio, esencial y, por esto al mismo tiempo, &uacute;ltimo hablar que el lenguaje habla por medio del hombre" (Ib&iacute;d).</p>     <p>Su g&eacute;nesis y su clausura es entonces el presente mismo de la palabra en una fusi&oacute;n po&eacute;tica, donde nominaci&oacute;n y ente hacen presencia en el decir que piensa desde el entramado est&eacute;tico trayendo en su interior la vibraci&oacute;n de la obra. Es por ello que el delirio acontece como un frenes&iacute;, en tanto arrebatamiento divino que impone el tr&aacute;nsito por las sutilezas de una obra que encarna el imperturbable y altivo car&aacute;cter de lo bello.</p>     <p>El Libertador promulga la riqueza po&eacute;tica en la habitabilidad de un delirio que cuenta con la firmeza de un evento embanderado como suelo y techo de la grandeza anhelada para los hombres. El Chimborazo es la obra que lo arrebata en el compungido acto pensante de la realidad que ha dejado sangre, dolores, destrucciones, pero sobre la cual tambi&eacute;n se han sembrado semillas de lucha tendientes al logro de la felicidad, ap&eacute;ndice de la justicia y la dignidad que se ha recobrado.</p>     <p>Los pasos de convencimiento y lucha de Bol&iacute;var por la Am&eacute;rica abatida le sirvieron de antesala de la naturaleza como imagen sobre la cual se establece la semejanza de los hombres. Y al contemplar la naturaleza para poder decirla y asirla como modelo, se debe ir y volver al suelo de la composici&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que origina y culmina la obra del lenguaje en su materializaci&oacute;n po&eacute;tica.</p>     <p>En la poes&iacute;a se enlazan las palabras en un decir que comienza en la vida y que contin&uacute;a nombr&aacute;ndose despu&eacute;s de ella; es la uni&oacute;n sonora del drama y la esperanza en la voz divina, frente a la cual toda grandeza aminora sus atributos y ensombrece sus virtudes. La poes&iacute;a es la belleza misma enunciando lo bello; es la fertilidad est&eacute;tica jubil&aacute;ndose en el fruto art&iacute;stico; es precisamente la palabra que despunta la superflua evocaci&oacute;n de un nombre, para trascender como decir del alma, es decir, como textura que divulga recuerdo, agradecimiento y trabajo: como habla que no silencia ni lo glorioso ni lo aberrante, como habla que, en el arte po&eacute;tico, vuelve al movimiento donde tiene eco el canto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por eso la poes&iacute;a es "como un espejo viejo, como un olor de casa sola en la que los hu&eacute;spedes entran de noche perdidamente ebrios" (Neruda 38); es como un pasado donde las im&aacute;genes no logran tener la misma nitidez de su lozan&iacute;a, pero s&iacute; el olfato de la llegada atormentada al espacio de la soledad que se habita. La poes&iacute;a es como "el ruido de un d&iacute;a que arde con sacrificio" (Id. 39), que se desprende de la luz que lo anuncia para cubrirse en la noche que lo oscurece; es un temblor que acoge todo sonido y lo convierte en una voz de campana anunciando la verdad de otros templos.</p>     <p>La ceremonia de la vida es convocada, pues, por la poes&iacute;a en un elevado arpegio ling&uuml;&iacute;stico que conduce arm&oacute;nicamente los sentidos hacia la gram&aacute;tica, procur&aacute;ndole al pensamiento el justo direccionamiento de su an&aacute;lisis. El mismo movimiento refleja el car&aacute;cter po&eacute;tico de la existencia. Cuerpos y texturas comparten esta condici&oacute;n en una rigurosa, l&oacute;gica y dial&eacute;ctica indicaci&oacute;n del orden, sobre el cual se grafican, a modo de rec&iacute;procas interferencias, laceraciones, cruces y se&ntilde;ales que comprometen a nueva valoraciones.</p>     <p>Bol&iacute;var se arroj&oacute; sobre esta experiencia, erigi&eacute;ndose en la solemnidad po&eacute;tica donde la palabra se conserva en el orden de la naturaleza y camina sobre las gramaticales huellas del lenguaje para labrar la obra del pensamiento a trav&eacute;s de la mel&oacute;dica palpitaci&oacute;n del alma.</p>     <p>De ah&iacute; que la poes&iacute;a sea, adem&aacute;s, un pensar en permanente v&eacute;rtigo est&eacute;tico, que desciende a la intimidad de los eventos donde se inspira y asciende como legado art&iacute;stico de dicho encuentro. Pero no hay un l&iacute;mite en este ascenso verbal que reduzca su manifestaci&oacute;n a definici&oacute;n; su potencia cognitiva se realiza al ser trascendido lo nominal en praxis renovadora, pues el hacer po&eacute;tico comprende la vida para tallarla con el cincel que indaga lo bello.</p>     <p>Es por ello que, en el hacer del arte, resuenan los principios est&eacute;ticos de la naturaleza como ecos de unidad y composici&oacute;n equilibrada de elementos. No hay pues creaci&oacute;n en el arte que no est&eacute; antecedida por las posibilidades mismas de su realizaci&oacute;n; siempre en &eacute;l hay un fondo de verdad compaginando con la forma embellecida que convoca rutas y estados para la comprensi&oacute;n de lo bello, no s&oacute;lo como algo que se contempla, sino que tambi&eacute;n se procura.</p>     <p>Lo bello es ante la mirada dispuesta a su disfrute, pero tambi&eacute;n se ampl&iacute;a en la palabra que lo adopta y lo ha hecho pensamiento. Bol&iacute;var vio y anunci&oacute; lo bello, lo procre&oacute; en profunda ataraxia po&eacute;tica, yuxtaponiendo en la sensibilidad de su esp&iacute;ritu vida y verdad como fuentes de felicidad humana. Pero a su vez, se dej&oacute; ver y anunciar por la experiencia est&eacute;tica que contuvo en s&iacute; todo el potencial de su orden para ser metamorfoseado por el febril delirio que se conquist&oacute; en musa; &eacute;l fue el medio empleado por el lenguaje est&eacute;tico, el instrumento a trav&eacute;s del cual lo perfecto descendi&oacute; a palabra, pero a su vez, se elev&oacute; en po&eacute;tica.</p>     <p>La fecundidad de la belleza en la naturaleza, como sublime exhortaci&oacute;n de la imagen que transporta el verdadero decir de la palabra, revela, a prop&oacute;sito de Mi delirio sobre El Chimborazo, la posesi&oacute;n de lo bello en la geograf&iacute;a y su vers&aacute;til manifestaci&oacute;n est&eacute;tica obrando en la disposici&oacute;n humana que se ha comunicado con la pronunciaci&oacute;n divina expresada en las vibraciones del agua y en su caudaloso despliegue por el paisaje.</p>     <p>Es por ello que el relato que se hace poes&iacute;a frente a la manifestaci&oacute;n de la belleza geogr&aacute;fica, habita y recita el primigenio y esencial hablar po&eacute;tico. El decir de la palabra constituye as&iacute; la fuente del acto po&eacute;tico dotado del m&aacute;s puro y elocuente sentido, puesto que ha emergido de una aut&eacute;ntica complacencia ante lo bello que se exhibe sin intenci&oacute;n alguna.</p>     <p>La naturaleza es la expresi&oacute;n de tan desinteresado evento de equilibrio; ella es la confirmaci&oacute;n de un movimiento recorriendo las formas que ambientan el pre&aacute;mbulo de la materia, que la anuncian en la sublime composici&oacute;n de una totalidad sin apego en el tiempo ni en el espacio: es aparici&oacute;n desapareciendo, arruin&aacute;ndose sin nostalgia, renunciando a sus colores y texturas sin lamentar el sereno desplazamiento hacia su ruina.</p>     <p>Pero en la palabra encarnada por la fuerza y fugacidad que habit&oacute; lo bello, se eleva el decir po&eacute;tico, permitiendo "que el lenguaje diga en un momento sublime y por una sola vez algo &uacute;nico que permanece inagotable, por cuanto contin&uacute;a siendo siempre pr&iacute;stino y por eso inalcanzable para toda clase de nivelaci&oacute;n" (Heidegger 184). Aqu&iacute; el valor de la poes&iacute;a reivindica de manera directa la finitud del hombre, su fr&aacute;gil e indigente condici&oacute;n de cultivador y recolector de ilusiones, pero a su vez, su perseverante pregunta por lo bello en las columnas de lo justo, lo verdadero y lo digno.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La naturaleza parece despojarse de su inexorable atav&iacute;o de enigmas y bifurcaciones para cristalizarse en composici&oacute;n de incuestionable belleza que ha dejado atr&aacute;s los caminos de la escritura descifrando alturas y depresiones para enfrentarse a la evidencia de lo incierto en su mensaje de libertad y esperanza. En este sentido, tambi&eacute;n el hombre se despoja, abandona la br&uacute;jula para sentirse libre ante la novedad que lo acecha, que lo ha llamado y lo ha esperado para ampliar su mensaje a los mortales en un eco de verdad impulsando a renunciar al sue&ntilde;o.</p>     <p>Pero la solemnidad de la aparici&oacute;n no es solamente la del monumental aspecto de una imagen que se garantiza un lugar de permanencia en la memoria, e incluso, de r&eacute;plica en el arte; es adem&aacute;s y por encima de ello el aire de libertad que rodea con el movimiento saltando de la materia a la palabra, y de &eacute;sta al devenir "rodeado de geograf&iacute;a silenciosa" (Heidegger 17) que le habla al hombre para hacer el retrato de la vida.</p>     <p>El hecho de la vida se ampl&iacute;a y recobra sentido en la cercan&iacute;a con el mundo, en su mel&oacute;dica abstracci&oacute;n, donde formas y colores "se pegan al sonido de la palabra" (Heidegger 17) para emancipar la experiencia en poes&iacute;a desde un sobrecogimiento de admiraci&oacute;n donde la voz se hace palabra y la palabra se hace verdad.</p>     <p>As&iacute; el hombre es materia que toca el tiempo, y pensamiento que se amolda a las orlas de las palabras. Pero las palabras son lanzas que han internado la roca y estrujado la tierra: es fruto humano haci&eacute;ndose frase del mundo y de s&iacute; mismo. Las palabras son lanceros, libertadores y poetas que han desenfundado su espada para labrar un destino en analog&iacute;a con un "lugar de la naturaleza, donde la ribera abunda en rocas y grutas" (Heidegger 183), en monta&ntilde;as y cuevas, esperando decir las palabras que desnudan su belleza.</p>     <p>Pero la espada de la palabra no pretende tal desnudamiento; ella se interna y con el brillo de sus intenciones adopta la herencia del tiempo que ha cobrado cada l&iacute;nea en pulirse y narrarse como proemio de sabios c&oacute;digos descifrando el espacio. Cada l&iacute;nea geogr&aacute;fica es un s&iacute;mbolo en el cual se graban las edades de &eacute;pocas y personajes; y las l&iacute;neas unidas corresponden al texto de la naturaleza, como una historia redactada en las fricciones de t&eacute;rminos y circunstancias, donde el hombre se inscribe para autenticar su biograf&iacute;a.</p>     <p>Sim&oacute;n Bol&iacute;var se registra en la historia con un ac&aacute;pite biogr&aacute;fico de inmensa trascendencia en el devenir de la materia y del lenguaje; &eacute;l no s&oacute;lo fue el adalid de la espada en sus heroicas y memorables victorias libradas contra los enemigos de la justicia; &eacute;l no s&oacute;lo fue el int&eacute;rprete de un dolor popular que se tradujo en unidad de avanzada y en convencimiento de las reivindicaciones m&aacute;s puras; &eacute;l no s&oacute;lo fue el conductor de masas resarcidas por la esperanza e impulsadas por la libertad; &eacute;l no s&oacute;lo decidi&oacute; y actu&oacute; por la dignidad de los pueblos empobrecidos; &eacute;l no s&oacute;lo combati&oacute; como uno m&aacute;s dentro de las ilusiones patriotas, ofrendando su vida y su empe&ntilde;o por los m&aacute;s pulcros oficios que la independencia encomienda, sino que se ali&oacute; a la verdad para llevarla entre proclamas, cartas, discursos y manifiestos a todos los rincones y extensiones del continente Americano. Su palabra fue el decir po&eacute;tico que no le neg&oacute; al cuerpo capacidad de reacci&oacute;n en su expresi&oacute;n biol&oacute;gica y beligerante del movimiento que se ilumina con "la luz de la piel" (Neruda 17) y de las muy variadas texturas que se mueven en el crepitar de las vidas que la habitan.</p>     <p>El hombre habita esa luz ling&uuml;&iacute;stica que le da claridad al silencio rupestre de la caverna y a la oscuridad moral de un mundo barruntado por los accesorios del mercado, por sus encandilamientos, promesas y fracasos; un mundo donde la sombra del capital le ha impuesto prisiones a la utop&iacute;a y bozales a la poes&iacute;a.</p>     <p>Por eso la herencia bolivariana, contrario a muchos pregones que intentan sepultarlo como pensador de aut&eacute;ntica referencia para la comprensi&oacute;n del devenir latinoamericano, alcanza un inconmensurable valor para esta aciaga &eacute;poca de enajenaci&oacute;n y p&eacute;rdida de identidad, como rasgo lamentable de la resignaci&oacute;n frente a la insistencia del fraude axiol&oacute;gico en el sofisma de la paz sobre el inequitativo progreso econ&oacute;mico. El Libertador, sin que &eacute;l sea la imprenta &uacute;nica de una campa&ntilde;a independentista que a&uacute;n no se ha logrado, contin&uacute;a vigente con el filo de su espada, que es adem&aacute;s el espejo de una po&eacute;tica donde la met&aacute;fora es movimiento de signos y siglos acentuando en el lenguaje un pensar hecho recuerdo, palabra y revoluci&oacute;n; un pensar donde no solamente se justifica el instante del delirio, sino adem&aacute;s la eternidad de una lucha que no culmina mientras la fortuna de los hombres no alcance un nivel de armon&iacute;a semejante al de las riquezas de la naturaleza.</p>      <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p>Aprovechar l&oacute;gicamente la analog&iacute;a que aqu&iacute; se traza, supone entonces pensar en el tiempo de la imagen y en la po&eacute;tica que ella admite como reto para el pensamiento, y en ese sentido, como impulso para la acci&oacute;n, desde donde el trabajo vuelve a ser la fuente y el ritual de la humanidad, el origen donde la belleza expres&oacute; el equilibrio y su equivalente con la justicia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Baste pues con plantear un panorama concluyente a modo de provocaci&oacute;n de nuevas b&uacute;squedas, afirmando que la palabra es la pintura donde el silencio remueve el canto del poema para pensar el tiempo y el espacio del inicio donde "la escritura se lee bajo la especie de una cosa, de un afuera de cosa condens&aacute;ndose en tal o cual cosa, no para designarla, sino para escribirse en ella en el oleaje de las palabras errantes" (Blanchot 55) que llegan del pasado a la memoria para "ver sin las palabras mismas que significan la vista" (Ib&iacute;d), las im&aacute;genes con las cuales desde "remotos tiempos el hombre domin&oacute; todas las posibilidades art&iacute;sticas" (Koenigswald 181).</p>     <p>El asombro reaccion&oacute; en imagen, y &eacute;sta se convirti&oacute; en la respuesta que desde el trabajo "tomar&aacute; finalmente la forma personificada de la exigencia de leer y de la exigencia de escribir" (Blanchot 42). Heredada la significaci&oacute;n del s&iacute;mbolo art&iacute;stico se identific&oacute; en su obra el contenido est&eacute;tico, desde "donde la transparencia del pensamiento se hace luz por la imagen oscura que la retiene, donde la propia palabra, sufriendo una doble violencia, parece aclararse por el silencio desnudo del pensamiento, parece espesarse, llenarse de la profundidad hablante" (Id. 43).</p>     <p>En esta profundidad habl&oacute; el tiempo, y de sus huellas la historia de la palabra se reencontr&oacute; con la poes&iacute;a para pensar la realidad y hallarla en el deber de lo bello, para continuar incluso transitando los senderos que retroceden a la comprensi&oacute;n de lo primigenio, y con ello, a la explicaci&oacute;n de lo que desde all&iacute; contin&uacute;a teniendo efecto.</p>     <p>La naturaleza es as&iacute; obra en la realizaci&oacute;n continua de lo perfecto; es acontecimiento est&eacute;tico cumpli&eacute;ndose en la arm&oacute;nica referencia de su dial&eacute;ctica y de sus encumbradas escenas que no le temen al desmoronamiento de su aspecto; escenas donde el tiempo es portavoz de lo infinito y de lo divino, de lo sabio y lo verdadero. Donde el espacio mismo es oportunidad de acciones, movimientos e intenciones grabando las huellas de sus pr&oacute;ceres, v&iacute;ctimas y victimarios: huellas que pueden expresar el pasado de sus trazos, pero tambi&eacute;n el presente de quien las mira, de quien las lee, de quien las siente y las delira en su entra&ntilde;able cercan&iacute;a con la vida.</p>     <p>La mirada del Libertador sucumbe ante la naturaleza en un trastorno que expresa su profundo compromiso con la libertad y la justicia, as&iacute; como sus sentimientos sucumben ante el deshonor, la traici&oacute;n y la infamia; pero en lugar de lamentar estos males que parecieron ser la raz&oacute;n de su irreparable agon&iacute;a, los pone como modelos desde los cuales desfallece la voluntad y la templanza, haciendo de ellos andamios de reflexi&oacute;n, soportes de arbitrajes y decisiones que le impidieron posponerse en la conducci&oacute;n de la causa emancipatoria. Su cordura fue inmune a la ambici&oacute;n, y de su pensamiento y escritura la palabra fue composici&oacute;n po&eacute;tica persiguiendo y reteniendo la belleza que une los caminos del pasado y del presente con la verdad que no renuncia a ser camino e imagen renovada de la historia.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Blanchot, Maurice. La bestia de Lascaux. Madrid: Tecnos, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-1263201100020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bol&iacute;var, Sim&oacute;n. Obras completas. Compilaci&oacute;n y notas de Vicente Lecuna, con la colaboraci&oacute;n de Esther Burret de Nagariz. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n para la Investigaci&oacute;n y la Cultura, 1978.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-1263201100020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Cacciatore, Giuseppe &amp; Scocozza, Antonio. El gran majadero de Am&eacute;rica Sim&oacute;n Bol&iacute;var: Pensamiento pol&iacute;tico y constitucional. Bogot&aacute;: La citt&aacute; del sole, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-1263201100020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Einstein, Albert. "&iquest;Por qu&eacute; socialismo?" (1949). <a href="http://eumed.net/cursecon/textos/2004/einstein-socialismo.htm" target="_blank">http://eumed.net/cursecon/textos/2004/einstein-socialismo.htm</a>. Recuperado el jueves 25 de octubre de 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-1263201100020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Freud, Sigmund. Psicoan&aacute;lisis del arte. Madrid: Alianza Editorial, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-1263201100020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Heidegger, Martin. &iquest;Qu&eacute; significa pensar? Buenos Aires: Editorial Nova, 1972.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-1263201100020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Koenigswald, Gustav Heinrich Ralph Von. Los hombres prehist&oacute;ricos. Barcelona: Ediciones Omega, 1960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-1263201100020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Neruda, Pablo. Residencia en la tierra. Barcelona: Bruguera, 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-1263201100020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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