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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>CUENTOS</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>TALES</b></font></p>     <p align="center">Nilson Oliveira<sup>*</sup>    <br> Traducci&oacute;n, Carlos Enrique Restrepo</p>  <sup>*</sup>Fil&oacute;sofo y escritor por la Universidade Federal do Par&agrave;, Brasil. Editor de la Revista <i>Polichinello</i>, dedicada a temas filos&oacute;ficos y literarios. Entre sus principales publicaciones figura el libro <i>A Outra Morte de Haroldo Maranh&acirc;o e Outros Contos</i>, que gan&oacute; el premio de literatura del Instituto de Artes de Par&aacute; (2006). De este libro provienen los cuentos que presentamos a continuaci&oacute;n.    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:revista.polichinello@gmail.com">revista.polichinello@gmail.com</a>.</p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 14 de mayo de 2011 y aprobado para su publicaci&oacute;n el 9 de agosto de 2011.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>LA ESPERA</b></font></p>     <p>"No se puede hablar del desierto como de un paisaje, pues &eacute;l es, a pesar de su variedad, ausencia de paisaje. Esa ausencia le confiere su realidad. No se puede hablar del desierto como de un lugar, pues &eacute;l es tambi&eacute;n un no-lugar. El no-lugar de un lugar o el lugar de un no-lugar. No se puede decir que el desierto sea una distancia, pues &eacute;l es, al mismo tiempo, distancia real y no-distancia absoluta por causa de su ausencia de demarcaciones. Sus l&iacute;mites son los cuatro horizontes, siendo lo que los liga y lo que los separa. &Eacute;l es su propia separaci&oacute;n, donde se torna lugar abierto; apertura de lugar. No se puede pretender que el desierto sea el vac&iacute;o, la nada. Tampoco se puede pretender que sea el t&eacute;rmino, pues &eacute;l es, del mismo modo, el comienzo". As&iacute; me dice un tal Edmond Jab&egrave;s. &iquest;Por qu&eacute; me dice eso ese Jab&egrave;s? Lo dice y se marcha. Desde entonces nunca m&aacute;s lo vi. Supe que fue visto en un mercado en Marruecos en compa&ntilde;&iacute;a de un tal Abdelkebir Khatibi.</p>     <p>No puede uno volverse contra sus propios espejismos; lo s&eacute;, &iquest;pero a d&oacute;nde se puede ir con esas palabras?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una y otra vez, por sue&ntilde;o o perturbaci&oacute;n, regreso al momento en que esas palabras llegaron a mis o&iacute;dos. Yo parado en una estaci&oacute;n de autob&uacute;s y aquella figura viniendo en mi direcci&oacute;n, pasa ante m&iacute; con los ojos vueltos hacia otro lugar y calle adentro desaparece. Una mano fr&iacute;a golpea sobre mis hombros. Antes que pueda volverme en su direcci&oacute;n, alguien se pone a hablar. Oigo sin entender. La voz para. Cuando giro totalmente, el extra&ntilde;o paseante est&aacute; all&iacute;, me mira con ojos fijos, se presenta, me pide un cigarro, y antes que yo pueda decir algo me da la espalda y se marcha. Sus palabras se clavan en mis o&iacute;dos, y a cada momento se repiten. &iquest;Con qui&eacute;n puedo compartir esas palabras? Tal vez con un eremita de quien hace mucho tiempo o&iacute; hablar.</p>      <p><font size="3"><b>Un eremita en el desierto</b></font></p>     <p>El lugar en s&iacute; es dif&iacute;cil de precisar. Se sabe apenas que queda en los alrededores de un mar de agua oscura. Pocos viven all&iacute;. No se sabe por qu&eacute;, pocos viven all&iacute;. Su horizonte es inmensamente calmo, una densa niebla cubre todo, nadie en lugar ninguno. Un mar de silencios y piedras. Sus ondas van y vienen sin resonar sonido alguno. Poco se sabe de ese lugar. Mas dicen que all&iacute; habita un hombre ya en edad avanzada y que hace mucho vive all&iacute;. No hay registro de su llegada, tampoco del por qu&eacute; de su permanencia. Se sabe apenas que est&aacute; all&iacute; y que vive absorto en aquella naturaleza. Desde su llegada, el hombre fue siempre viejo. Pero su vejez, tal como una piedra, mantiene una extra&ntilde;a firmeza. Sin precauciones o cuidados se mantiene a la deriva, entregado al tiempo y a la naturaleza, esa es su vida. Enterrado en un ins&oacute;lito desierto, desde siempre es esa su vida. Su carne, ya envejecida, no toca m&aacute;s la vida. Su lengua no consigue traspasar la piel. Su voz no pasa m&aacute;s por los caminos del sonido, sino por las llagas del lenguaje. El tiempo poco puede contra eso. Pero el hombre, en silencio, espera... nada acontece. Y el hombre inerte, con los ojos vueltos hacia la nada, piensa:</p>     <p>- &iquest;Qu&eacute; puedo contra lo infinito de esa inmensidad oscura? &iquest;Qu&eacute; puedo contra esa fuerza? &iquest;Ese desierto? &iquest;Qu&eacute; puedo contra los recuerdos que me asaltan? Lo s&eacute;, nada puedo, nada puedo salvo aceptar.</p>     <p>Hombre y naturaleza se atraviesan en un inmenso blanco. Su rostro p&aacute;lido en la sombra desaparece. La noche cae y se extiende negra por el cielo. Yel viejo en piedra, echado en el suelo h&uacute;medo, permanece a la espera. El canto de un gran p&aacute;jaro rasga la negrura del cielo, y el viejo echado, en posici&oacute;n fetal, insomne espera. Su rostro parece triste. La noche se arrastra lentamente. Su cuerpo, poco a poco, va cediendo al cansancio. El viejo dormita. Toda la sal de la tierra se agita dentro de sus sue&ntilde;os. Una voz murmura en la oscuridad:</p>     <p>- Reposa en la tierra negra, &iexcl;oh! extranjero. Las manos suaves de Dios sofocan tus lamentos. Tu canto agoniza en la casa nocturna de los dolores.</p>     <p>Y el viejo asustado despierta, "tal vez s&oacute;lo sea un sue&ntilde;o", piensa. En seguida duerme de nuevo.</p>     <p>El sol lanza sus primeros rayos. El cuerpo p&aacute;lido del viejo va al momento revel&aacute;ndose.</p>      <p><font size="3"><b>A SIMPLE VISTA</b></font></p>     <p>Aqu&iacute; adentro tengo la s&uacute;bita impresi&oacute;n de que all&aacute; afuera las horas pasan. &iquest;Aqu&iacute; a&uacute;n es de noche, o ser&aacute; de d&iacute;a? No lo s&eacute; con certeza. A mi regreso siento el pasar de las cosas, mi fatiga poco puede contra eso, mi cuerpo pesa, mi cabeza pesa, por momentos intento escapar, y por algunos momentos hasta escapo. Son idas furtivas de pensamiento, mas veo todo con desconfianza, medioapartado de la cosa vista. La ciudad, las calles, algunos transe&uacute;ntes pasan en un arrastrar de cuerpos, casi nada acontece. Van y vienen, pero se mueven poco, como si la vida se estuviese resecando o desvaneciendo lentamente. No siento ning&uacute;n entusiasmo, apenas veo con una no-atenci&oacute;n, un cierto descuido por lo que veo, como si no quisiese tomar parte o tal vez ver. Mis ojos casi no ven, o mejor, no ven de las cosas m&aacute;s que sus superficies, pero no distinguiendo nada. La ciudad, las calles y los transe&uacute;ntes se suman en una sola imagen, en un solo plano, como en una inmensa tela. Eso me cansa mucho, aun as&iacute; no paro. Voy de un pensamiento a otro. Veo hasta la extenuaci&oacute;n de las fuerzas, del transitar, del pensamiento... exhausto, paro y duermo. Tras el sue&ntilde;o, ando por la casa y me cercioro de que estoy solo. Lavo el rostro, ando nuevamente y regreso a la cama. Lo mismo todos los d&iacute;as, lo mismo en la precisi&oacute;n de sus detalles. Mi modo de vida es enteramente mon&oacute;tono. Mi casa es un lugar cerrado. Nunca recibo a nadie. Las visitas son siempre insoportables. Mi existencia, mi ocupaci&oacute;n, mi d&iacute;a a d&iacute;a se repiten sin causarme da&ntilde;os.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando se vive hace mucho tiempo solo y se est&aacute; ya habituado, cuando se ejerce la soledad y se est&aacute;, a bien decir, enterrado en ella, se descubre mucho donde no hay nada.</p>     <p>Mi rutina s&oacute;lo se alterna una vez por semana, cuando viene alguien a leer para m&iacute;. Siempre la misma persona. Los libros son de su elecci&oacute;n, nunca recuerdo los t&iacute;tulos. Lee dos horas seguidas, hace una pausa y despu&eacute;s toma nota de lo que digo. Tras un libro, siento una inmensa voluntad de hablar, no tengo precisi&oacute;n de lo que digo, tampoco memoria, s&eacute; que hablo. Ella escribe y despu&eacute;s se va; nunca revela nada, no s&eacute; su nombre o su edad, s&oacute;lo reconozco su voz; a veces pienso que se asemeja a la m&iacute;a, pero no llevo eso adelante. Oigo lo que la voz dice y en seguida duermo; cuando me acuerdo ella no est&aacute; m&aacute;s, pero eso no me asusta, s&eacute; que volver&aacute;. Est&aacute; condenada a eso...</p> </font>      ]]></body>
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