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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p>    <center><b><font size="4">EDITORIAL</font></b></center></p>      <p>    <center><font size="4"><b>El giro teol&oacute;gico y el poshumanismo</b></font></center></p>      <p>Para definir un nuevo horizonte del pensar originario, para establecer posibles salidas a la tan enunciada crisis de lo humano y la cultura, es necesario convocar la tarea de repensar las viejas cuestiones metaf&iacute;sicas en una nueva forma. En la actualidad se asiste a una tarea de reflexi&oacute;n tanto en la filosof&iacute;a como en las humanidades, que convoca una nueva manera de entender el pensar sin los vestigios de la racionalidad instrumental. Es al emprender esta tarea renovadora del sentido humano que el llamado <i>giro teol&oacute;gico de la fenomenolog&iacute;a</i> aporta la relaci&oacute;n m&iacute;stica-pensamiento, pensar-acontecer, y restablece la dimensi&oacute;n originaria de lo dado. Dominique Janicaud considera que la fenomenolog&iacute;a francesa contempor&aacute;nea ha hecho un <i>giro teol&oacute;gico</i> al introducir al Dios judeocristiano en la fenomenolog&iacute;a; pero realmente se ha dado un giro hacia la raz&oacute;n m&iacute;stica redescubriendo el neoplatonismo de Dionisio Areopagita, la interioridad de San Agust&iacute;n y el pensamiento del &uacute;ltimo Heidegger.</p>      <p>Este giro no pretende una renovaci&oacute;n conceptual; m&aacute;s bien reivindica el pensar originario, actualizado hoy por la fenomenolog&iacute;a francesa, como una pretensi&oacute;n vinculante y articuladora que rechaza la fragmentaci&oacute;n a la que ha sido sometida la realidad humana con el exceso de racionalidad instrumental. Plantear una interpretaci&oacute;n del sentido humano, un humanismo desprovisto de conceptos, es una l&iacute;nea tem&aacute;tica que puede ser interpretada en la revaloraci&oacute;n del quehacer filos&oacute;fico que propone Jean-Luc Marion, y tambi&eacute;n en su manera de entender el fen&oacute;meno desde la saturaci&oacute;n, el erotismo, la donaci&oacute;n. La <i>ceguera er&oacute;tica</i> de la metaf&iacute;sica denuncia una metaf&iacute;sica radicalmente epist&eacute;mica y conceptual como muestra de la premisa cartesiana: "pensar para existir". Para aliviar dicha ceguera habr&iacute;a que sustituir unas meditaciones metaf&iacute;sicas por unas meditaciones er&oacute;ticas. Aqu&iacute; se gesta lo que puede llamarse un <i>poshumanismo</i> del amor, la necesidad de concebir la realidad humana y todo lo que adquiere sentido a su alrededor (Dios, mundo y la otredad) por el amor. En esta perspectiva, la nueva tarea del quehacer filos&oacute;fico es la actitud constituyente del pensar originario. El poshumanismo del amor es un humanismo de la otredad abierta (al otro yo, a la contemplaci&oacute;n de la trascendencia y del entorno). Cualquier remoci&oacute;n ontol&oacute;gica que se desprenda de ello debe captar la renovaci&oacute;n, debe procurar un abandono de ese idealismo metaf&iacute;sico que cautiv&oacute; -reduci&eacute;ndolo radicalmente- el sentido de humanidad.</p>      <p>Este momento hist&oacute;rico, de crisis y cat&aacute;strofe humana, parad&oacute;jicamente se presenta, pues, como una oportunidad para remover el idealismo del concepto y promover una &eacute;tica-est&eacute;tica del acontecer del otro. &iquest;Por qu&eacute; pensar que la fenomenolog&iacute;a es un camino para el descubrimiento del papel que debe desarrollar hoy la filosof&iacute;a? La importancia de la fenomenolog&iacute;a no estriba tanto en un canon doctrinal ni en algo as&iacute; como una ideolog&iacute;a, sino en el m&eacute;todo que aporta: en la oportunidad renovadora que desde sus inicios -con Husserl- propicia para repensar la filosof&iacute;a como tarea infinita de la verdad. </p>      <p><b>Luis Alberto Castrill&oacute;n L&oacute;pez</b>    <br>  Director</p>  </font>     ]]></body>
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