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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA CONCEPCIÓN DE LA MUERTE EN EPICURO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Epicurus, philosopher of the Hellenistic period of Greece, developed in his Ethic a rational view on death, criticizing therefore the irrational way in which is assumed by most of human beings. Bearing this in mind, he argues that is necessary for human beings to move away from pain through pleasure and, thus, reach happiness and the prime of life. He also suggests that fear to death should be avoided, since this would mean the loss of pleasure and the harsh decrease of options to obtain a happy life. Schopenhauer, in his Philosophical thinking, has a resemblance with the way the Greek philosopher deals with the problem of death.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">     <p>    <center><font size="4"><b>LA CONCEPCI&Oacute;N DE LA MUERTE EN EPICURO</b></font></center></p>      <p>    <center><font size="3"><b>THE CONCEPT OF DEATH IN EPICURUS</b></font></center></p>      <p>    <center>Diana Mej&iacute;a Buitrago*</center></p>      <p><sup>*</sup>Fil&oacute;sofa del Instituto de Filosof&iacute;a de la Universidad de Antioquia (Medell&iacute;n). Candidata a Mag&iacute;ster en Filosof&iacute;a por la Universidad Pontificia Bolivariana. Docente del Colegio Teresiano de Envigado en las &aacute;reas de Filosof&iacute;a y Lengua castellana.    <br>  Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:sta137@hotmail.com">sta137@hotmail.com</a></p>      <p>Art&iacute;culo recibido el 6 de febrero de 2012 y aprobado para su publicaci&oacute;n el 28 de junio de 2012.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>RESUMEN</b></font></p>      <p>Epicuro, fil&oacute;sofo perteneciente a la &eacute;poca helen&iacute;stica, present&oacute; en su &eacute;tica una visi&oacute;n racional acerca de la muerte, criticando por ello el car&aacute;cter irracional con que es vista por la mayor&iacute;a de los hombres. De este modo, el fil&oacute;sofo argumenta que es necesario que el hombre se aleje del dolor por medio del placer y as&iacute; conseguir la felicidad y la plenitud de la vida, y que igualmente debe evitar el temor a la muerte, ya que &eacute;ste implicar&iacute;a la p&eacute;rdida del placer y la inclemente disminuci&oacute;n de opciones para obtener la vida feliz. Paralelamente a Epicuro, Schopenhauer da claras muestras de semejanza con el fil&oacute;sofo griego en el tratamiento que le da al tema de la muerte en su filosof&iacute;a.       <p><b>Palabras clave:</b> muerte, sensaciones, existir, placer, vida feliz.</p>  <hr>       <p><font size="3"><b>ABSTRACT</b></font></p>      <p>Epicurus, philosopher of the Hellenistic period of Greece, developed in his Ethic a rational view on death, criticizing therefore the irrational way in which is assumed  by  most  of  human  beings. Bearing this in mind, he argues that is necessary for human beings to move away from pain through pleasure and, thus, reach happiness and the prime of life. He also suggests that fear to death should   be   avoided,   since  this   would mean the loss of pleasure and the harsh decrease of options to obtain a happy life. Schopenhauer, in his Philosophical thinking, has  a resemblance with  the way the Greek philosopher deals with the problem of death.</p>                                                                                                                                                        <p><b>Key words:</b> Death, Feelings, Existing, Pleasure, Happy Life.</p>   <hr>                                                                        <p align="right"><i>A excepci&oacute;n del hombre, ning&uacute;n ser se maravilla    <br> de su propia existencia.    <br>  Schopenhauer</i></p>      <p>En este escrito intervienen varios rasgos caracter&iacute;sticos que exaltan el sentido y el significado que posee la muerte en lo que ata&ntilde;e al sustrato vital del hombre. El miedo a la muerte es un aspecto relevante a la hora de tratar el tema. As&iacute; lo supo Epicuro, y como muestra de ello se propuso establecer las razones por las cuales resulta irracional temer a algo que no est&aacute; en el hombre en el momento en que &eacute;ste deja de experimentar sensaciones. Este ensayo tratar&aacute;, adem&aacute;s, de mostrar la visi&oacute;n epic&uacute;rea de la muerte, trazando un paralelo con la concepci&oacute;n schopenhaueriana de la misma, pues tanto Epicuro como Schopenhauer argumentan en &eacute;pocas distintas que no hay sentido alguno en el temor hacia la muerte.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al abordar el tema de la muerte surgen varias opciones o v&iacute;as a trav&eacute;s de las cuales se puede hablar de ella; sin embargo, son discordantes en el plano filos&oacute;fico, aunque algunas veces ciertos fil&oacute;sofos le den un tratamiento similar a este tema. En la antig&uuml;edad griega fue Epicuro quien se encarg&oacute; de enfrentar esta cuesti&oacute;n a partir de la supuesta irracionalidad con que es manejada por la mayor&iacute;a de los hombres, pues su condici&oacute;n humana no permite que no sientan miedo: un miedo irrefrenable por el no-ser, por el no-estar, por la ausencia de sensaci&oacute;n. Es debido a este miedo, a este temor incesante por no saber qu&eacute; pasar&aacute; despu&eacute;s, que no se puede pensar en la plenitud de la vida, en su disfrute y goce, sino que siempre est&aacute; la incertidumbre de pensar en la muerte como el aspecto perverso y mal&eacute;fico que da&ntilde;a la vida. A partir de all&iacute;, Epicuro (2007) dice:</p>  <ol>Acost&uacute;mbrate a pensar que la muerte no es nada para nosotros. Porque todo bien y todo mal residen en la sensaci&oacute;n, y la muerte es privaci&oacute;n del sentir. Por lo tanto, el recto conocimiento de que nada es para nosotros, la muerte hace dichosa la condici&oacute;n mortal de nuestra vida; no porque le a&ntilde;ada una duraci&oacute;n ilimitada, sino porque elimina el ansia de inmortalidad. Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir (125 59).    </ol>      <p>Con este fragmento describe Epicuro su concepci&oacute;n acerca de la muerte, que habla sobre la p&eacute;rdida de toda sensaci&oacute;n. Por ello y por otras razones expondr&aacute; en su carta que no hay que temer, pues si la muerte implica la ausencia de sensaci&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; temerle si al fin y al cabo ya no se sentir&aacute; nada?</p>      <p>El bien y el mal nacen de la sensaci&oacute;n, del saberse vivo, y si no hay tal sensaci&oacute;n ya no habr&aacute; dolor, por lo tanto no estar&aacute; el mal en la vida del hombre. Cuando existimos, la muerte no est&aacute; presente, y cuando ella est&aacute; presente ya no existimos; as&iacute; que, seg&uacute;n lo ense&ntilde;ado por Epicuro, no hay motivo tal para temerle a algo que no estar&aacute; presente mientras existamos en este mundo. Vi&eacute;ndolo desde esta perspectiva, parece f&aacute;cil vivir experimentando el placer sin necesidad de pensar en la muerte pr&oacute;xima, pero la sola idea de pensar en dejar de ser y abandonar el mundo terrenal, nos pone en evidencia ante la sensaci&oacute;n de un miedo interminable, quiz&aacute; hasta el momento de no llegar a sentir nada m&aacute;s. Pero realmente lo que fundamenta el temor a la muerte no es ella en s&iacute; misma, sino la expectativa que nos genera el pensar en el futuro. Para Epicuro "es necio quien dice que teme a la muerte, no porque le angustiar&aacute; al presentarse, sino porque le angustia esperarla" (125 60). Pensar en la muerte significa disminuir de alg&uacute;n modo el placer de vivir, puesto que se est&aacute; creando en el hombre una "turbaci&oacute;n", un bloqueo al no poder llegar a la realizaci&oacute;n plena de la felicidad por medio del placer. Desde el punto de vista epic&uacute;reo, una vida plena est&aacute; determinada por la relaci&oacute;n entre la ausencia de preocupaciones y la b&uacute;squeda del placer para alcanzar la felicidad.</p>      <p>En su propuesta &eacute;tica, Epicuro indica al hombre que para conseguir la felicidad debe desligarse y liberarse de los miedos que lo atan en este mundo, tales como el miedo irracional a la muerte, el dolor producido por la ausencia de placer, el temor a los dioses y el tiempo que se llevar&aacute; el placer. La teor&iacute;a epic&uacute;rea pretend&iacute;a entonces dejar el &aacute;nimo sereno, libre de cualquier prevenci&oacute;n que obstaculizase la vida feliz. Es sabido que nadie en este mundo puede sobrevivir a la muerte biol&oacute;gica; todos los hombres por su car&aacute;cter finito deben terminar en alg&uacute;n momento con el sustrato vital, pero ello no implica que se deba vivir, mientras se tenga sensaci&oacute;n, con la duda y el temor a la muerte. La vida est&aacute; en cada lugar del cuerpo y desaparecer&aacute; en la misma medida con &eacute;l.</p>      <p>La idea de apartarse del temor que proporciona el pensar en la muerte incluye estar bien tanto f&iacute;sica como mentalmente; es decir que tanto el cuerpo como el alma deben mantener una armon&iacute;a, una relaci&oacute;n que equilibre el bienestar del hombre para no pensar en la muerte y alcanzar la dicha que proporciona la salud del alma y del cuerpo. Por ello, tanto la tranquilidad del cuerpo como la del alma conducen a un estado de dicha, de satisfacci&oacute;n y felicidad producidas por el placer de saberse vivo. Seg&uacute;n Epicuro, el hombre s&oacute;lo debe preocuparse por estar bien, tranquilo y feliz, se rejuvenece a trav&eacute;s de la impavidez: mediante la sorpresa, la inquietud y el asombro. Quedarse tranquilo cuidando de s&iacute; mismo, recrea en el hombre su rejuvenecimiento en el filosofar. A este respecto dice Epicuro:</p>  <ol>No hay que simular filosofar, sino filosofar realmente. Porque no necesitamos aparentar estar sanos, sino estar sanos realmente (&hellip;) Nadie por ser joven dude en filosofar, ni por ser viejo de filosofar se hast&iacute;e. Pues nadie es joven o viejo para la salud del alma. El que dice que a&uacute;n no tiene edad de filosofar o que la edad ya le pas&oacute;, es como el que dice que a&uacute;n no ha llegado o que ya le pas&oacute; el momento oportuno para la felicidad (122 57).    </ol>      <p>Aqu&iacute; la filosof&iacute;a resalta su car&aacute;cter pr&aacute;ctico y se ejerce como terap&eacute;utica, expresando los principios necesarios para obtener una vida feliz. As&iacute; queda claro que el temor, y m&aacute;s exactamente el temor a la muerte, puede ser combatido a trav&eacute;s de la sabidur&iacute;a que nos proporciona la pr&aacute;ctica de la filosof&iacute;a.</p>      <p>Una caracter&iacute;stica fundamental que est&aacute; presente en la necesidad de combatir el temor es la imperturbabilidad, pues esta consiste en quedar libre de todas las cosas que puedan perturbar la conciencia y el buen juicio del hombre. Si somos imperturbables podremos transitar por el camino que conduce a la felicidad y hallar el destino adecuado para ello.</p>      <p>Por otro lado, en una &eacute;poca bastante posterior al epicure&iacute;smo se encuentra la filosof&iacute;a schopenhaueriana, clasificada por algunos como "filosof&iacute;a vitalista", la cual es establecida desde el punto de vista pr&aacute;ctico al igual que la filosof&iacute;a epic&uacute;rea. De manera similar a Epicuro, Schopenhauer (1998) se refiere a la concepci&oacute;n de la vida y de la muerte a partir de su propio concepto de <i>voluntad</i> cuando advierte:</p>  <ol>(&hellip;) a la voluntad de vivir le est&aacute; siempre asegurada la vida, y mientras ella aliente en nosotros, no debemos preocuparnos por nuestra existencia, ni aun ante el espect&aacute;culo de la muerte (&hellip;) Nacimiento y muerte pertenecen por el mismo t&iacute;tulo a la vida y se mantienen en equilibrio entre s&iacute; como condicionados rec&iacute;procamente o, si se nos permite esta expresi&oacute;n, como polos del fen&oacute;meno total de la vida (218).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>      <p>Tanto para Epicuro como para Schopenhauer, la muerte es tomada seg&uacute;n este pasaje como la consolidaci&oacute;n de la vida: ambas, vida y muerte, se necesitan la una a la otra para poder ser. Esto proporciona un sentido pr&aacute;ctico a la experiencia de la vida.</p>      <p>El ciclo natural de la existencia se centra en la estructura que determina el nacer, el crecer, el reproducirse y el morir. As&iacute; pues, la tragedia de la muerte se sustenta en lo que la misma naturaleza ha dejado claro desde siempre. Por ello y debido al inagotable ciclo natural, la muerte, tr&aacute;gica y arrasadora, existe necesariamente en la vida de los hombres para hacer cumplir los dict&aacute;menes de la naturaleza. Ante esta posici&oacute;n inevitable, Schopenhauer pensaba que todo cuanto existe est&aacute; desde su nacimiento condenado a la desaparici&oacute;n, y la misma naturaleza se encargar&aacute; de empujar al hombre a la muerte cuando &eacute;ste haya cumplido su misi&oacute;n que en, palabras de Schopenhauer, no es otra que conservar la especie. Respecto de esta aseveraci&oacute;n hecha por el fil&oacute;sofo alem&aacute;n, resultar&iacute;a similar la relaci&oacute;n que se presenta entre &eacute;ste y Epicuro, pues ambos argumentan que no hay por qu&eacute; temer frente a un episodio tan claro y cotidiano como lo es la muerte. Por un lado, Schopenhauer sigue el curso de la naturaleza para explicar el sentido de la muerte y declara que no debe existir temor alguno cuando esta se presente, pues la naturaleza misma as&iacute; lo ha determinado para cada uno de los habitantes del mundo. De igual manera, Epicuro hace notar que el temor a la muerte es algo infundado, y por lo dem&aacute;s, irracional puesto que cuando la muerte llega se terminan las sensaciones, as&iacute; que no hay dolor alguno que subsanar; por tanto la muerte, vista desde esta perspectiva, no existe.</p>      <p>La concepci&oacute;n que Schopenhauer tiene acerca de la muerte se remite a expresar que &eacute;sta no es m&aacute;s que "un cambio constante de materia, bajo la permanencia invariable de la forma y esto se expresa por la caducidad de los individuos y la estabilidad de la especie" (219). Al respecto relaciona de manera an&aacute;loga la generaci&oacute;n de la vida con la nutrici&oacute;n y la renovaci&oacute;n al igual que la muerte con la excreci&oacute;n, la eliminaci&oacute;n o la evaporaci&oacute;n de la materia. As&iacute; como Epicuro expone que no hay por qu&eacute; tener miedo a la muerte, ya que esta llega cuando no existimos y por lo tanto, cuando no hay dolor, Schopenhauer usando el ejemplo de la excreci&oacute;n aduce que de la misma manera en que nunca nadie siente miedo o tristeza por perder la materia excretada, asimismo deber&iacute;a ser la actitud cuando la muerte llegue a cumplir en mayor escala lo que sucede cotidianamente con la excreci&oacute;n. As&iacute; como se permanece indiferentes en el primer caso, tambi&eacute;n debe suceder lo mismo en el segundo. A tal punto que Schopenhauer muestra una comparaci&oacute;n con la muerte cuando afirma: "la muerte es un sue&ntilde;o en el cual la individualidad es olvidada" (220).</p>      <p>Aunque la filosof&iacute;a schopenhaueriana es "altamente" tr&aacute;gica y sumamente racional, y el epicure&iacute;smo, al contrario, se fundamenta en la esperanza de una vida feliz, poseen una relaci&oacute;n en sus formas de concebir la muerte de manera "sensata", pues est&aacute;n de acuerdo en decir que la muerte es un elemento m&aacute;s de la vida: "el miedo a la muerte porque &eacute;sta nos pueda arrebatar el momento presente, es tan absurdo como si temi&eacute;ramos deslizarnos hacia lo bajo del globo terrestre desde la altura en que ahora felizmente nos encontramos" (Schopenhauer 222). El problema radica en que el miedo a la muerte se&ntilde;alado por ambos fil&oacute;sofos se fundamenta m&aacute;s en la parte afectiva y moral del hombre que en su parte racional, y por lo tanto, ligada al ciclo natural tal y como es entendida la vida.</p>      <p>Al igual que Epicuro, Schopenhauer determina que la filosof&iacute;a servir&aacute; como 'terap&eacute;utica' (aunque no lo llame de ese modo) para tratar de curar los males del esp&iacute;ritu, pero sabe y por lo mismo advierte que la misma filosof&iacute;a se queda corta para solucionar lo que &eacute;l llamar&aacute; "los dolores del mundo". Por ello, y en vista de lo ya se&ntilde;alado, sugiere que hay una sola parte en la filosof&iacute;a, el arte, capaz de calmar a la voluntad de su incesante lucha por subsistir en un mundo plagado de tedio y aburrimiento. La m&uacute;sica, la m&aacute;s excelsa de todas las artes, posee el "don" de aliviar al esp&iacute;ritu de los males que le deja la voluntad de vivir. Schopenhauer opina que, a causa del placer, entr&oacute; el sufrimiento en el mundo; para &eacute;l, el deseo es el principio del placer, y por lo tanto, el principal causante de los dolores que aquejan al hombre.</p>      <p>A diferencia de Epicuro que dec&iacute;a que por medio del placer se lograba la vida feliz, Schopenhauer pensaba que el placer es el causante de todos los males y dolores del hombre, precisamente porque el deseo ha entrado en &eacute;l. Cuando el hombre desea, sufre de dos maneras: por no obtener lo que desea o por obtenerlo y volver a desear casi inmediatamente tras haber satisfecho su deseo. Por eso en su &eacute;tica, contrariamente a la &eacute;tica epic&uacute;rea, Schopenhauer propone la supresi&oacute;n de los placeres que le hacen da&ntilde;o al cuerpo y al alma y no permiten la imperturbabilidad del esp&iacute;ritu.</p>      <p>Epicuro hablaba acerca del sabio como un ser autosuficiente, que sabe dominarse a s&iacute; mismo y que por lo tanto lleva una vida feliz; pero para lograr esto debe ser prudente y saber en qu&eacute; momento se deciden ciertas cosas. Precisamente por estas caracter&iacute;sticas es que la vida del sabio no es f&aacute;cil; al contrario, implica el dominio de s&iacute;, el autocontrol y la regulaci&oacute;n de las pasiones. Esta observaci&oacute;n es paralela a la idea de Schopenhauer cuando dice que el hombre genial o el hombre de genio o el genio (fil&oacute;sofo) es el que m&aacute;s sufre a causa del placer, de las pasiones, del deseo, de su satisfacci&oacute;n e insatisfacci&oacute;n, de la irrefrenable voluntad, y por lo tanto, de la perturbabilidad que todos ellos le proveen.</p>      <p>Viendo las dos posiciones con respecto al placer, a la vida y a la muerte, se puede decir que, tanto en una &eacute;poca como en otra, la situaci&oacute;n referente al tema de la muerte no se ha modificado en gran medida. Tanto Schopenhauer como Epicuro trataban la irracionalidad del miedo y la imposibilidad de la tranquilidad y de la vida feliz mientras el hombre est&eacute; perturbado por las cosas que le hacen da&ntilde;o.</p>      <p>La posible conclusi&oacute;n a la que llega Epicuro se sustenta en lo siguiente:</p>  <ol>As&iacute; que el m&aacute;s espantoso de los males nada es para nosotros, puesto que mientras somos la muerte no est&aacute; presente, y cuando la muerte se presenta ya no existimos. En nada afecta, pues, ni a los vivos ni a los muertos, porque para aquellos no est&aacute; y &eacute;stos ya no son (&hellip;). El sabio, en cambio, ni reh&uacute;sa la vida ni teme el no vivir, porque no le abruma el vivir, ni considera que sea alg&uacute;n mal el no vivir (125 60).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>      <p>Entretanto, Schopenhauer concluye:</p>  <ol>El que abrumado por la carga de la vida y aun am&aacute;ndola y afirm&aacute;ndola, teme sus adversidades y se rebela a soportar el penoso lote de su suerte, en vano espere hallar la liberaci&oacute;n en la muerte. (&hellip;) &iexcl;Vano espejismo el que le ofrece el Orco sombr&iacute;o y helado! La tierra rueda por el espacio, pasando del d&iacute;a a la noche: el individuo muere, pero el sol brilla sin cesar y el mediod&iacute;a es eterno (223).     </ol>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>Epicuro. <i>Obras</i>. Trad. Monserrat Jufresa. Madrid: Tecnos, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-1263201200020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Schopenhauer, Arthur. <i>El mundo como voluntad y representaci&oacute;n</i>. M&eacute;xico: Porr&uacute;a, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-1263201200020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Reyes, Alfonso. <i>La filosof&iacute;a helen&iacute;stica</i>. M&eacute;xico: F.C.E., M&eacute;xico, 1959.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0120-1263201200020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>     ]]></body>
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