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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b> Alberto Ram&iacute;rez Zuluaga </b></font></p>      <p align="center"> Hna. Gloria Liliana Franco</p> <hr>      <p>La primera vez que vi a Albertico, yo ten&iacute;a 18 a&ntilde;os. Las hermanas de La Compa&ntilde;&iacute;a de Mar&iacute;a que me acompa&ntilde;aban me dijeron: &eacute;l es uno de los mejores te&oacute;logos y biblistas de Am&eacute;rica. Yo me sorprend&iacute; ante semejante afirmaci&oacute;n y s&oacute;lo con el paso de los a&ntilde;os comprend&iacute; lo que eso significaba.</p>      <p>Esa vez, hace 25 a&ntilde;os, Albertico nos iba a conducir por los caminos de <i>El Principito</i>... Ese libro que tanto amaba y que hoy, con la luz que da la muerte, descubro que lo representaba con tanta perfecci&oacute;n.</p>      <p>Por eso, mi manera de hacer el duelo o de agradecer la vida, ha sido retomar <i>El Principito</i> y, a la luz de quien escribi&oacute; para los peque&ntilde;os, releer la vida de Albertico y nuestra relaci&oacute;n con &eacute;l.</p>      <p>Quiero traer a la memoria algunas frases del libro de Saint-Exup&eacute;ry y a partir de ellas saborear la vida de Albertico.</p>      <p><b>UN HOMBRE PARA LA TRASCENDENCIA</b></p>      <p align="right"><i>Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer</i></p>      <p>...Un m&iacute;stico... Un hombre para las cosas de Dios... Un ser desvelado por lo insondable y desvivido por lo tangible. Capaz de las m&aacute;s profundas disertaciones teol&oacute;gicas, en los m&aacute;s exclusivos claustros del saber y dispuesto siempre para el coloquio fraterno, en los lugares m&aacute;s sencillos e insospechados.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Algunos domingos, despu&eacute;s de celebrar la Eucarist&iacute;a, me escap&eacute; con &eacute;l a la casa de Albita, una buena mujer que nos ayuda en los servicios generales en el Colegio La Ense&ntilde;anza. All&iacute; sabore&aacute;bamos el cari&ntilde;o de Albita, hecho comida caliente y preparada con mucho amor. All&iacute; &eacute;l derrochaba bondad y hac&iacute;a tan f&aacute;ciles las cosas del Padre, tan cercano el Rostro de Dios, tan evidente el amor hasta el extremo, que da la vida y se encarna.</p>      <p>En sus homil&iacute;as, para decirlo en palabras de <i>El Principito </i>"Cada d&iacute;a yo aprend&iacute;a algo nuevo sobre el planeta, sobre la partida y sobre el viaje". Nunca hubo una alusi&oacute;n al texto, sin referirse al contexto. Aunque era evidente la sapiencia, siempre el protagonista fue el Esp&iacute;ritu.</p>      <p>A &eacute;l le escuch&eacute; decir que ante el misterio s&oacute;lo son posibles dos actitudes: presencia y silencio.. .Pero &eacute;l nos ense&ntilde;&oacute; que tambi&eacute;n son posibles obediencia, disponibilidad, docilidad, apertura.</p>      <p>Albertico se dej&oacute; llevar. En la historia de su vida, como en toda historia humana, hubo momentos complejos, encrucijadas, tambi&eacute;n lo salpic&oacute; el sufrimiento, el dolor, la enfermedad. Pero siempre lo vimos situarse desde la fe, con plena confianza en Dios. Yo tuve siempre la sensaci&oacute;n de que la  Esperanza era la norma de su vida.</p>      <p>En un art&iacute;culo que escribi&oacute; hace poco para ayudarnos en la preparaci&oacute;n de nuestro Cap&iacute;tulo General dec&iacute;a:</p>      <blockquote>     <p>La alegr&iacute;a para recibir el evangelio y para comunicarlo tiene como fundamento la esperanza. Quien experimenta en su coraz&oacute;n la alegr&iacute;a del evangelio no puede tener, frente al futuro, una actitud diferente a la de la confianza. Es algo que tiene fundamentos teologales: es cierto que el Dios en quien creemos es el de siempre, el de todos los tiempos y por lo tanto tambi&eacute;n el de los tiempos ya cumplidos; pero tambi&eacute;n lo es que, seg&uacute;n la revelaci&oacute;n de Jes&uacute;s, nuestro Dios es en definitiva el Dios del futuro, que est&aacute; siempre por venir.</p> </blockquote>      <p>Y a ese Dios le dedic&oacute; la existencia, al anuncio de su Palabra, a la configuraci&oacute;n con su Proyecto, a la asimilaci&oacute;n de sus valores.</p>      <p><b>UN HOMBRE PLENO DE HUMANIDAD</b></p>      <p align="right"><i> Me cost&oacute; mucho tiempo comprender de  d&oacute;nde ven&iacute;a.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &iquest;T&uacute; tambi&eacute;n vienes del cielo? &iquest;De qu&eacute; planeta eres t&uacute;?</i></p>      <p>A veces ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que Albertico no era de esta tierra. Tanta bondad me parec&iacute;a que rayaba con lo divino, o tal vez con lo plenamente humano.</p>      <p>En su rostro siempre una sonrisa.. .No hubo un solo d&iacute;a en el que no se dibujar&aacute; en su rostro esa expresi&oacute;n sincera y fraterna que nos hac&iacute;a sentir frente a un <i>hermano.</i></p>      <p>Siempre misericordioso, capaz de disimular las fallas ajenas, bueno con los m&aacute;s fr&aacute;giles, cercano a los m&aacute;s d&eacute;biles. Apto para el perd&oacute;n, incansable en pedir por la paz, en creer en el ecumenismo, en acoger la diferencia, en caminar al ritmo de cada persona. Plenamente humano, capaz de disfrutar con lo simple, cari&ntilde;oso, detallista, amoroso... s&iacute; muy amoroso.</p>      <p><b>UN HOMBRE DEDICADO AL CUIDADO</b></p>      <p align="right"><i>Es una cuesti&oacute;n de disciplina, me dec&iacute;a m&aacute;s tarde el principito. Cuando por la ma&ntilde;ana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta. Hay que dedicarse regularmente a arrancar los baobabs, cuando se les distingue de los rosales, a los cuales se parecen mucho cuando son peque&ntilde;itos. Es un trabajo muy fastidioso pero muy f&aacute;cil.</i></p>      <p>Para llegar a la Capilla de Villa Lestonnac, hay que recorrer un camino sembrado de flores... Ese camino Albertico lo recorri&oacute; durante 45 a&ntilde;os. &Eacute;l fue su riguroso y asiduo jardinero. Las miraba con cari&ntilde;o, las acariciaba, despojaba a la planta de las flores secas y hacia posible la vida nueva. Daba gusto verlo...No hab&iacute;a tarea m&aacute;s noble que esa. A las flores les pasa lo mismo que a nosotros: lo extra&ntilde;an, les hace falta la mano de su jardinero.</p>     <p>Y con la misma delicadeza que se dedicaba a cuidar de nuestro jard&iacute;n, cuidaba de cada una de nosotras. Cuando estuve enferma siempre me visit&oacute;, asisti&oacute; a todos los funerales de mis t&iacute;as, siempre lleg&oacute; a mi correo un mensaje suyo el d&iacute;a de mi cumplea&ntilde;os.. .Oraba por m&iacute; y por mi misi&oacute;n y me lo hac&iacute;a saber.</p>      <p>Y eso no era una excepci&oacute;n fruto de una relaci&oacute;n exclusiva, era su manera propia de vivir, de situarse, de relacionarse. Todos los que lo rode&aacute;bamos, nos sent&iacute;amos especialmente amados por &eacute;l, cuidados, acompa&ntilde;ados.</p>      <p>Lo vi recoger a una de mis hermanas a las 5:00 de la ma&ntilde;ana para llevarla a la cl&iacute;nica en la que le har&iacute;an una cirug&iacute;a y llevarle de regalo una cobija para que no tuviera frio en la sala de espera.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo vi saludar siempre a las porteras del Colegio, con una especialidad sorprendente y sentarse junto a ellas a leer el peri&oacute;dico en un silencio sagrado y profundamente respetuoso.</p>      <p>Vi en &eacute;l tantas actitudes y delicadezas con los seres humanos que lo rodeaban, que entiendo muy bien por qu&eacute; el d&iacute;a de la canonizaci&oacute;n de la Madre Laura, mi pap&aacute; me dijo: "Mija, pero en Colombia hay dos santos". Yo le pregunt&eacute; sobre qui&eacute;n era el otro y &eacute;l, con absoluta convicci&oacute;n, me dijo: "El padre Albertico."</p>      <p><b>UN HOMBRE PARA LA AMISTAD</b></p>      <p align="right"><i>Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora.    <br>  Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezar&iacute;a a ser dichoso. Cuanto m&aacute;s avance la hora, m&aacute;s feliz me sentir&eacute;.    <br>  A las cuatro me sentir&eacute; agitado e inquieto, descubrir&eacute; as&iacute; lo que vale la felicidad. Pero si t&uacute; vienes a cualquier hora, nunca sabr&eacute; cu&aacute;ndo preparar mi coraz&oacute;n... Los ritos son necesarios.</i></p>      <p>Todos los d&iacute;as Albertico nos hac&iacute;a asistir al ritual de la amistad.</p>      <p>Recuerdo las ma&ntilde;anas de domingo en torno al desayuno y a una tertulia interminable y deliciosa con Beatriz Agudelo y Marta In&eacute;s Restrepo; las tardes o las noches en la Comunidad de Cristales, junto a su Erikita y su Marisolita, so&ntilde;ando el futuro, gestando un libro de teolog&iacute;a, hablando del <i>Giro teol&oacute;gico </i>o simplemente sonriendo con las ocurrencias de nuestras hermanas, mientras saboreaba un plato de arroz chino.</p>      <p>Y era un hombre de rituales. Nos hacen falta sus llamadas, sus mensajes, sus detalles, su palabra que en tantas ocasiones fue caricia, su silencio que siempre fue una posibilidad de ver m&aacute;s all&aacute;, de que algo resonara m&aacute;s hondo. Su sonrisa t&iacute;mida, que siempre nos revel&oacute; el rostro bondadoso de Dios.</p>      <p><b>UN HOMBRE PARA LO ESENCIAL</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><i>He aqu&iacute; mi secreto, que no puede ser m&aacute;s simple:    <br>  s&oacute;lo con el coraz&oacute;n se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.</i></p>      <p align="right"><i>-Lo esencial es invisible para los ojos    <br>  -repiti&oacute; el principito para acordarse.</i></p>      <p>El supo reconocer con claridad qu&eacute; es lo esencial y a eso le dedic&oacute; la vida.</p>      <p>Saber varios idiomas, haber estudiado en Alemania, ser solicitado en diversas Di&oacute;cesis y Universidades, no lo distrajo nunca de lo fundamental. No cay&oacute; en la tentaci&oacute;n del egocentrismo, ni de la prepotencia.</p>      <p>Se sit&uacute;o siempre en el lugar del disc&iacute;pulo, aunque para todos nosotros fue el maestro. La humildad era tan natural en &eacute;l como respirar. Ante un elogio sencillamente sonre&iacute;a y no hubo para &eacute;l mayor conquista que la del coraz&oacute;n humano.</p>      <p>Por la relaci&oacute;n si lo daba todo. Siempre fue puente.. .Lo escuch&eacute; muchas veces referirse a personas, instituciones y grupos en actitud conciliatoria, paciente, misericordiosa. Nunca como juez, siempre como padre. Nunca como due&ntilde;o, siempre como servidor.</p>      <p>Lo esencial fue sin lugar a duda, como para <i>El Principito, </i>el Cordero y su Rosa. El Dios que lo sedujo y que se le fue revelando en la Palabra y en la vida. Y cada ser humano que Dios puso en el camino de su existencia y del cual &eacute;l se ocup&oacute; con ternura.</p>      <p><b>UN HOMBRE QUE NOS SORPRENDI&Oacute;</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><i>Como el principito se dorm&iacute;a, lo tom&eacute; en mis brazos y me puse nuevamente en camino. Me sent&iacute;a emocionado llevando aquel fr&aacute;gil tesoro, y me parec&iacute;a que nada m&aacute;s fr&aacute;gil hab&iacute;a sobre la Tierra.</i></p>      <p align="right"><i>Miraba a la luz de la luna aquella frente p&aacute;lida, aquellos ojos cerrados, los cabellos agitados por el viento y me dec&iacute;a: "lo que veo es s&oacute;lo la corteza; lo m&aacute;s importante es invisible..."</i></p>      <p align="right"><i>Como sus labios entreabiertos esbozaron una sonrisa, me dije: "Lo que m&aacute;s me emociona de este principito dormido es su fidelidad a una flor, es la imagen de la rosa que resplandece en &eacute;l como la llama de una l&aacute;mpara, incluso cuando duerme... "Y lo sent&iacute; m&aacute;s fr&aacute;gil a&uacute;n. Pensaba que a las l&aacute;mparas hay que protegerlas: una racha de viento puede apagarlas...</i></p>      <p align="right"><i>Continu&eacute; caminando y al rayar el alba descubr&iacute; el pozo.</i></p>      <p>Yo no estaba en Colombia el d&iacute;a que Albertico se uni&oacute; definitivamente con el Padre. Pero mis hermanas no paran de narrar con detalles c&oacute;mo fue esa &uacute;ltima Eucarist&iacute;a en la que alcanz&oacute; la plenitud y ya no hubo necesidad de proclamar la Palabra, porque "la Palabra se hizo nuestra y acamp&oacute; entre nosotros".</p>      <p>&Eacute;l se hizo palabra definitiva, trascendente, eterna... palabra que no pasa... palabra que seguir&aacute; alimentando el caminar de nuestra Iglesia. Palabra que resonar&aacute; por siempre en nuestros o&iacute;dos como caricia divina.</p>      <p>He escuchado que el conticinio es el momento de la noche en el que todo est&aacute; en absoluto silencio. Ese silencio vital fue necesario para que resonara una palabra que no parar&aacute; de animarnos a la vida y a la esperanza.</p>      <p>Justo en ese momento, Albertico se qued&oacute; dormido, encontr&oacute; el pozo, todo en &eacute;l se hizo luz, se uni&oacute; definitivamente a su Dios para vivir por siempre e iluminarlo todo.</p>      <p><b>UN HOMBRE PARA LO ETERNO</b></p>      <p align="right"><i>Si te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido.</i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><i>La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son gu&iacute;as; para otros s&oacute;lo son peque&ntilde;as lucecitas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. T&uacute; tendr&aacute;s estrellas como nadie ha tenido...</i></p>      <p align="right"><i>-&iquest;Qu&eacute; quieres decir? -Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, ser&aacute; para ti como si todas las estrellas riesen. &iexcl;T&uacute; s&oacute;lo tendr&aacute;s estrellas que saben re&iacute;r!</i></p>      <p align="right"><i>Y ri&oacute; nuevamente.</i></p>      <p align="right"><i>-Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estar&aacute;s contento de haberme conocido".</i></p>      <p align="right"><i>Ser&aacute;s mi amigo y tendr&aacute;s ganas de re&iacute;r conmigo. Algunas veces abrir&aacute;s tu ventana s&oacute;lo por placer y tus amigos quedar&aacute;n asombrados de verte re&iacute;r mirando al cielo...</i></p>      <p>Y se ri&oacute; otra vez.</p>      <p>Hoy Albertico es m&aacute;s nuestro que nunca y el amor a &eacute;l nos debe impulsar a hacer nuestras sus banderas: la del anuncio de la Palabra; la del servicio a todo ser humano, especialmente a los m&aacute;s fr&aacute;giles; la del ecumenismo y el encuentro misericordioso con lo diverso; la de la amistad en todo tiempo; la de la esperanza y la fe en el Dios que hace posible el cielo y la tierra nueva.</p>      <p>Albertico dec&iacute;a:</p>      <p>El reto de ser fieles a los principios de nuestra fe no tiene que ver pues solamente con el recuerdo del pasado, sino adem&aacute;s con el compromiso de construir un futuro, cuya posibilidad ha puesto Dios en nuestras manos para hacerlo realidad con creatividad evang&eacute;lica. Y todo esto tiene que ver con la esperanza. El Dios en quien creemos est&aacute; delante.</p>      <p>Y yo termino diciendo, como en <i>El Principito:</i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Albertico <i>"era como un regalo para el coraz&oacute;n".</i></p>  </font>      ]]></body>
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