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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Epistemología de la nueva Doctrina Social de la Iglesia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The Christian Social Teaching is now the moral social theology of the Church. Its foundation and source are based on the conception of the man as an open being to the creative call of a Trinitarian God and not so much in a metaphysical concept of what God is, or on a certain political philosophy. The God's experience is originally on the base of any historical interpretation and of any charitable testimony of the Christians. Heidegger, St. Augustine and Saint Thomas can help us understand this new conception of the Christian Social Teaching that overcomes the problems of the classical ontotheology and sits itself as the response to a call and an original encounter.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>Epistemolog&iacute;a de la nueva Doctrina Social de la Iglesia</b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>Epistemology of the New Christian Social Teaching</b></font></center></p>      <p>    <center><i>Carlos Arboleda Mora<sup>*</sup></i></center></p>  <sup>*</sup>Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Gregoriana de Roma en 1980, Magister en Historia de la Universidad Nacional de Colombia en 1995, Doctor en Filosof&iacute;a, de la Universidad Pontificia Bolivariana en 2006. Profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana. Director del grupo de investigaci&oacute;n Religi&oacute;n y Cultura de la misma Instituci&oacute;n. Contacto: <a href="mailto:carlos.arboleda@upb.edu.co">carlos.arboleda@upb.edu.co</a></p>     <p><i>Recibido: febrero de 2011 Aceptado: mayo de 2011</i></p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>La Doctrina Social de la Iglesia es ahora la teolog&iacute;a moral social de la Iglesia. Su fundamento y fuente se basan en la concepci&oacute;n del hombre como ser abierto a la llamada creadora de un Dios trinitario y no tanto en una concepci&oacute;n metaf&iacute;sica de lo que es Dios, o a una determinada filosof&iacute;a pol&iacute;tica. La experiencia de Dios est&aacute; originariamente en la base de toda interpretaci&oacute;n hist&oacute;rica y de todo testimonio caritativo de los cristianos. Heidegger, San Agust&iacute;n y Santo Tom&aacute;s pueden ayudar a comprender esta nueva concepci&oacute;n de la Doctrina Social de la Iglesia que supera los problemas de la ontoteolog&iacute;a cl&aacute;sica y se sit&uacute;a como la respuesta a un llamado y a un encuentro originario.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> Doctrina Social de la Iglesia, experiencia y testimonio, epistemolog&iacute;a teol&oacute;gica, teolog&iacute;a moral.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p>The Christian Social Teaching is now the moral social theology of the Church. Its foundation and source are based on the conception of the man as an open being to the creative call of a Trinitarian God and not so much in a metaphysical concept of what God is, or on a certain political philosophy. The God's experience is originally on the base of any historical interpretation and of any charitable testimony of the Christians. Heidegger, St. Augustine and Saint Thomas can help us understand this new conception of the Christian Social Teaching that overcomes the problems of the classical ontotheology and sits itself as the response to a call and an original encounter.</p>     <p><b>Keywords:</b> Christian Social Teaching, experience and testimony, theological epistemology, moral theology.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es la reflexi&oacute;n de la Iglesia sobre su compromiso de amor. En dicho sentido, es esencial para la credibilidad cat&oacute;lica pues el mundo actual no se fija tanto en la belleza de las construcciones &eacute;ticas sino en su eficacia y su testimonio, no en las palabras sino en los hechos pr&aacute;cticos que encarnan esas palabras. El mensaje social del Evangelio debe considerarse como un fundamento y un est&iacute;mulo para la acci&oacute;n <i>(Centesimus Annus, </i>CA, 57) y se har&aacute; cre&iacute;ble por el testimonio de las obras antes que por su estructura conceptual.</p>     <p>La eficacia y el testimonio de la DSI se pueden medir en cuanto humanicen el mundo y den al hombre posibilidades de una vida digna y justa, cumpliendo as&iacute; la finalidad evang&eacute;lica de construcci&oacute;n del Reino de Dios ya desde este mundo. Y es, adem&aacute;s, un medio eficaz en el di&aacute;logo ecum&eacute;nico, pues el ecumenismo de las obras y el testimonio com&uacute;n de caridad pueden abrir las puertas de la unidad de la Iglesia cristiana. La DSI contribuye al di&aacute;logo ecum&eacute;nico en cuanto el ecumenismo de la pr&aacute;ctica caritativa es m&aacute;s f&aacute;cil de hacer que el de los di&aacute;logos teol&oacute;gico-dogm&aacute;ticos. La ayuda a los pobres de toda condici&oacute;n por parte de las iglesias y el fomento del desarrollo humano, son campos donde se pueden encontrar los cristianos de diversas confesiones en un testimonio com&uacute;n de caridad. En el campo de la actividad social caritativa es posible el encuentro con miembros de otras religiones o confesiones, pues la ayuda al pr&oacute;jimo o Regla &Aacute;urea es un precepto omnirreligioso anclado en lo m&aacute;s profundo de la humanidad. Tambi&eacute;n el debate acad&eacute;mico se puede enriquecer, ya que la DSI puede aportar su enorme capacidad racional tanto a las iglesias ortodoxas, que insisten m&aacute;s en la experiencia m&iacute;stica que en el testimonio social, como a las iglesias de la reforma m&aacute;s centradas en una &eacute;tica personal y en una relaci&oacute;n individual con Dios. De hecho, a principios del siglo XX comenz&oacute; a aparecer en &eacute;stas el Evangelismo Social <i>(social Gospel)</i>, para expresar el aspecto social de la fe en un mundo bastante preocupado por los efectos del capitalismo salvaje, y hoy son fuertes las actividades sociales de las iglesias reformadas.</p>     <p>Muchos cat&oacute;licos, todav&iacute;a hoy, no entienden que la misi&oacute;n social de la Iglesia es una parte esencial de la fe cat&oacute;lica. Fe y vida deben ir unidas. La raz&oacute;n m&aacute;s fundamental es que el testimonio en el mundo es el fruto de la experiencia cristiana. El hombre que ha tenido la experiencia de Dios da testimonio de esa experiencia en forma abierta, hacia afuera, en la vida personal y social, en el trabajo de cada d&iacute;a. La experiencia de Dios es una experiencia del sujeto, pero que no se queda en la privacidad de su existencia, sino que necesariamente se abre al otro y a los otros. En esta apertura se juega la credibilidad, no s&oacute;lo del cristianismo como religi&oacute;n de salvaci&oacute;n, sino la misma credibilidad de la experiencia de lo divino. La experiencia m&iacute;stica es una experiencia para ser contada no s&oacute;lo con las palabras sino con actitudes y acciones. De esa manera, el evangelio no se queda en un mensaje privado sino en un mensaje con consecuencias de humanizaci&oacute;n. El testimonio no es tarea de unos cuantos personajes exc&eacute;ntricos y especiales, sino de todo aquel que ha tenido la experiencia del amor de Dios.</p>     <p>La DSI tradicionalmente ha recibido muchas cr&iacute;ticas. Algunos opinaban que a la Iglesia no le corresponden las realidades "mundanas" pues, o desconoce las leyes de la econom&iacute;a y no puede decir una palabra v&aacute;lida en lo social, o como grupo religioso solo debe atender a los aspectos internos y trascendentes del hombre sin inmiscuirse en campos que le son ajenos. Otros cre&iacute;an que la DSI no era un modelo adecuado de teolog&iacute;a moral social, pues en cuanto <i>"doctrina" </i>era un discurso producido en un lugar distinto y distante, ahist&oacute;rico, idealista, individualista. Las cr&iacute;ticas ven&iacute;an desde diversos flancos. El liberalismo moderno, con su &eacute;nfasis en los derechos individuales y en la autonom&iacute;a del individuo, ve&iacute;a a la Iglesia como portadora de valores trasnochados, trascendentes y tradicionales que no conjugaban con la nueva forma de pensar racionalista, humanista y cient&iacute;fica. La emancipaci&oacute;n del individuo no pod&iacute;a entenderse sin la emancipaci&oacute;n de la tutela de la Iglesia y del oscurantismo de ella. La religi&oacute;n no era cient&iacute;fica y deb&iacute;a relegarse a la intimidad y, mucho menos, pod&iacute;a decir una palabra en materia econ&oacute;mica de la que no sab&iacute;a nada. La lucha por una pol&iacute;tica y una econom&iacute;a secularizadas implicaba dejar a la Iglesia de lado y conceder todo el valor a la racionalidad cient&iacute;fica. El liberalismo no ve&iacute;a camino de acercamiento con la Iglesia y viceversa. La lucha de la iglesia contra la modernidad fue bastante fuerte, como puede verse tanto en Europa como en Am&eacute;rica Latina.<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> Muy lentamente se van dando puntos de acuerdo entre la modernidad y la Iglesia: Le&oacute;n XIII en 1892 acepta la rep&uacute;blica francesa<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>, P&iacute;o XII acepta la democracia<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>, Juan XXIII reconoce los derechos humanos en su versi&oacute;n moderna <i>(Mater et Magistra </i>MM<i>, Pacem in Terris </i>PT), hasta que llega el Concilio Vaticano II donde hay una reconciliaci&oacute;n con el mundo moderno, sin aceptar plenamente la filosof&iacute;a racionalista. El liberalismo mirar&aacute;, adem&aacute;s, la posici&oacute;n cr&iacute;tica de la Iglesia frente a las injusticias sociales como una rendici&oacute;n ante el socialismo o el comunismo <i>(Rerum Novarum </i>RN 14, <i>Quadragesimo Anno </i>QA 100-109). El socialismo marxista, por su parte, entiende a la Iglesia como portadora de una mentalidad alienante que quiere mantener a los pobres y oprimidos en su situaci&oacute;n y no entiende c&oacute;mo podr&iacute;a la Iglesia ser instrumento de liberaci&oacute;n. La DSI no es sino una ense&ntilde;anza interesante, pero que no va a cambiar la situaci&oacute;n de los despose&iacute;dos pues siempre, al defender la ley natural, est&aacute; defendiendo el sistema imperante o la mejora de algunas situaciones circunstanciales, pero sin pretender cambiar el entero sistema socioecon&oacute;mico. La insistencia de la iglesia en el cambio o conversi&oacute;n interiores no es eficaz en cuanto al cambio de las estructuras sociales, pues no se va a las verdaderas causas de la opresi&oacute;n, que son las condiciones sociales de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n de las riquezas.</p>     <p>Dentro de la misma Iglesia hab&iacute;a quienes consideraban que era una posici&oacute;n ideol&oacute;gica (en el sentido de falsa imagen de la realidad o de servicio a un determinado sistema social).<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> Dentro de la Iglesia, la DSI tradicional (con base en la filosof&iacute;a neoescol&aacute;stica esencialista, en una ley natural a veces concebida en forma biologicista y mirada desde principios inmutables), presenta un pensamiento ahist&oacute;rico que la hace idealista e imposible de cumplir. Esa es la cr&iacute;tica que le hacen Metz y Guti&eacute;rrez a la DSI por no ser capaz de transformar la realidad, mantener un orden establecido y olvidar las mediaciones de las ciencias sociales.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup> La DSI, seg&uacute;n sus cr&iacute;ticos, es una concepci&oacute;n que se quiebra ante la globalidad, la multiplicidad de problemas, la tecnolog&iacute;a moderna y, sobre todo, frente a una nueva forma de hacer teolog&iacute;a que se abre camino a fines del siglo XX. Pero tambi&eacute;n es cierto que esas cr&iacute;ticas se hacen desde la concepci&oacute;n de un sujeto que se cree fuerte, el due&ntilde;o del mundo, creador de la historia, forjador del futuro. Es la herencia del yo kantiano que todo lo puede. El hombre moderno es capaz de todo y no necesita de Dios, es capaz por s&iacute; mismo de crear un nuevo mundo. No es extra&ntilde;o que en esa misma &eacute;poca, 1960 y siguientes, haya surgido la Teolog&iacute;a de la muerte de Dios. Esta teolog&iacute;a sosten&iacute;a que, despu&eacute;s de la Ilustraci&oacute;n, la idea de Dios ya no era significativa para el hombre de hoy, pues es indemostrable y un sinsentido l&oacute;gico, una ilusi&oacute;n metaf&iacute;sica y que se deb&iacute;a vivir en un mundo poscristiano y poste&iacute;sta.<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una concepci&oacute;n de la DSI, como adecuada teolog&iacute;a moral social, comienza a abrirse paso con la nueva eclesiolog&iacute;a del Concilio Vaticano II. Esta eclesiolog&iacute;a, en sus rasgos fundamentales, plantea que la Iglesia es comuni&oacute;n con la Trinidad y con los dem&aacute;s y ser trinitaria es su misma finalidad, la Iglesia es signo y salvaguarda de la dignidad humana, la Iglesia es sacramento de salvaci&oacute;n y la Iglesia construye el Reino de Dios. As&iacute;, la misi&oacute;n social es constitutiva y esencial evitando el eclesiocentrismo y buscando la construcci&oacute;n del Reino. Esta concepci&oacute;n es recogida en el Documento de Aparecida. Se puede definir la eclesiolog&iacute;a de la Conferencia de Aparecida como una eclesiolog&iacute;a de comuni&oacute;n. Es la misma concepci&oacute;n de la Iglesia que encontramos en el Concilio. La Iglesia es un Misterio de comuni&oacute;n. "Misterio" tiene aqu&iacute; una significaci&oacute;n muy importante, explicable a partir del Nuevo Testamento y de toda la tradici&oacute;n de la Iglesia: invita a pensar en la "realidad profunda" de la Iglesia. La Iglesia no puede ser concebida simplemente como una instituci&oacute;n, como una gran organizaci&oacute;n: su realidad es mucho m&aacute;s profunda. La constituye el hecho de ser comunidad, el hecho de ser comuni&oacute;n de personas. Es algo original, algo de los or&iacute;genes, puesto que &eacute;sta es la concepci&oacute;n de la Iglesia que se puede encontrar en el Nuevo Testamento, pero tambi&eacute;n algo nuevo hoy, algo que se ha redescubierto de manera especial desde el Concilio, cuando se invit&oacute; a no mirar la comunidad de la Iglesia como una simple organizaci&oacute;n, como una realidad puramente exterior, sino sobre todo como algo interior, profundo. El misterio de la Iglesia es el hecho de ser ella comuni&oacute;n de personas unidas en la fe, en la esperanza, en el amor.</p>      <p><font size="3"><b>1. Elementos constitutivos de la comunidad eclesial</b></font></p>     <p>El S&iacute;nodo de 1971<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> indica que la acci&oacute;n por la justicia y la participaci&oacute;n en la transformaci&oacute;n del mundo aparecen, enteramente, como una dimensi&oacute;n constitutiva de la predicaci&oacute;n del evangelio o, en otras palabras, de la misi&oacute;n de la Iglesia para la redenci&oacute;n del g&eacute;nero humano y su liberaci&oacute;n de toda situaci&oacute;n de opresi&oacute;n. No ha de entenderse esto como una simple manifestaci&oacute;n ret&oacute;rica, sino como expresi&oacute;n de la aut&eacute;ntica realidad de la Iglesia. Los elementos constitutivos de &eacute;sta son la fe, la liturgia y la &eacute;tica, donde la persona experimenta a Dios, lo celebra y lo vive. En otras palabras, hay Iglesia donde est&aacute; la Escritura escuchada y aceptada, la celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica del amor de Dios y la vivencia &eacute;tica o actuaci&oacute;n de la palabra en la vida. Escritura, sacramentos y &eacute;tica unidos como una sola realidad vivida. En el siguiente esquema se puede ver dicha unidad esencial de los elementos:</p>      <p>    <center><a name="t1"><img src="img/revistas/frcn/v53n156/v53n156a02t1.jpg"></a></center></p>      <p>Solo una experiencia m&iacute;stica pone en relaci&oacute;n con Dios, una relaci&oacute;n que constituye a los hombres como sujetos pasivos de la apelaci&oacute;n y los constituye como amor. Quien ha tenido esa experiencia la comunica. Es su deber imperioso ser testigo de que ha sido elegido, ha sido llamado. No por deber, ni por imposici&oacute;n, sino por su car&aacute;cter difusivo, el amor impele a la acci&oacute;n testimonial. Esta acci&oacute;n testimonial es recogida en el n&uacute;mero 14 de la Enc&iacute;clica <i>Deus Caritas Est </i>(DCE) donde, gracias al &iacute;mpetu de la experiencia, fe, liturgia y ethos, se convierten en la misma cosa: una simultaneidad de llamada, celebraci&oacute;n y respuesta.</p>     <p>"Fe, culto y ethos se compenetran rec&iacute;procamente como una sola realidad, que se configura en el encuentro con el &aacute;gape de Dios. As&iacute;, la contraposici&oacute;n usual entre culto y &eacute;tica simplemente desaparece. En el &laquo;culto&raquo; mismo, en la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica, est&aacute; incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros". (DCE 14).</p>     <p>Ya en el n&uacute;mero uno de la DCE se hab&iacute;a dicho que el inicio de todo es el acontecimiento m&iacute;stico del encuentro, la experiencia:</p> <ol>"No se comienza a ser cristiano por una decisi&oacute;n &eacute;tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci&oacute;n decisiva". (DCE 1).    </ol>      <p><font size="3"><b>2.   La definici&oacute;n de la DSI</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El concepto de lo que es la DSI ha sufrido una evoluci&oacute;n debido a los cambios hist&oacute;ricos y teol&oacute;gicos, desde las definiciones esencialistas hasta las concepciones din&aacute;micas de la actualidad.<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> El mismo t&eacute;rmino de "doctrina" es mirado con reservas, por dar la idea de una teor&iacute;a inm&oacute;vil a la que, adem&aacute;s, se le da una connotaci&oacute;n conservadora. Por eso, dice Chenu que la &uacute;nica vez que en la <i>Gaudium et spes </i>(GS) se emplea el concepto de doctrina (GS 76) es una interpolaci&oacute;n posterior y que otras veces que se emplea son traducciones de redactores poco cuidadosos.<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> Sin embargo, por la fuerza del uso tradicional, se sigue empleando dicho t&eacute;rmino, aunque con significaci&oacute;n m&aacute;s din&aacute;mica e hist&oacute;rica. El Documento de Puebla (DP) trae una definici&oacute;n muy conocida: "Conjunto de orientaciones, doctrinas y criterios de acci&oacute;n que tienen su fuente en la Sagrada Escritura, en la ense&ntilde;anza de los Padres y grandes te&oacute;logos de la Iglesia y en el magisterio, especialmente de los &uacute;ltimos papas" (DP 472).</p>     <p>Tambi&eacute;n hay conceptualizaciones que implican ya una apertura a una visi&oacute;n din&aacute;mica, que entiende la doctrina social como la explicitaci&oacute;n de las consecuencias sociales de la fe cristiana, llevada a cabo en los tiempos modernos por el magisterio eclesi&aacute;stico, o la potencialidad que tiene la fe cristiana para iluminar y transformar la realidad social de cada &eacute;poca y de cada situaci&oacute;n:</p> <ol>Es el conjunto sistem&aacute;tico de principios de reflexi&oacute;n, criterios de juicio y directrices de acci&oacute;n que el Magisterio de la Iglesia Cat&oacute;lica establece, fund&aacute;ndose en el Evangelio y en la recta raz&oacute;n, a partir del an&aacute;lisis de los problemas sociales de cada &eacute;poca, a fin de ayudar a las personas, comunidades y gobernantes a construir una sociedad m&aacute;s conforme a la manifestaci&oacute;n del Reino de Dios y, por lo tanto, m&aacute;s aut&eacute;nticamente humana.<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>    </ol>     <p>As&iacute;, la DSI ser&iacute;a el conjunto de criterios de discernimiento que est&aacute;n en la conciencia de los fieles que viven m&aacute;s intensamente su fe y su compromiso social, en una situaci&oacute;n y una &eacute;poca determinada, o el evangelio como fuente de cultura. Todav&iacute;a hoy se discute la pertinencia de llamarla doctrina o ense&ntilde;anza, pero lo importante es que se conciba como expresi&oacute;n p&uacute;blica y social de la experiencia m&iacute;stica de Dios. La enc&iacute;clica <i>Populorum Progressio </i>la concibe como el "instrumento" a trav&eacute;s del cual la Iglesia realiza su misi&oacute;n, pues la experiencia de Dios no se puede quedar en simple vivencia de un grupo o una persona. (PP 13).</p>     <p>No es una ideolog&iacute;a, ni una tercera v&iacute;a, no propugna la constituci&oacute;n de "un orden social cristiano". Procura ser dialogante y respetuosa con la secularidad y la laicidad. La DSI forma parte de la teolog&iacute;a moral social. Se vincula a toda la tarea teol&oacute;gica de la Iglesia, luego, todos hacemos DSI. Intenta formularse en un modelo "te&aacute;ndrico", en el que se vive la "interacci&oacute;n entre la experiencia de Dios y la realidad social humana". Desde la <i>Octog&eacute;sima Adveniens </i>y la <i>Sollicitudo Re&iacute; Socialis, </i>se articula en tres dimensiones: principios de reflexi&oacute;n, criterios de juicio, directrices de acci&oacute;n (OA 4; SRS 8).</p>     <p>De acuerdo con la evoluci&oacute;n que se presenta la DSI, m&aacute;s que una doctrina fija y establecida, es una reflexi&oacute;n teol&oacute;gica que se va haciendo en forma hist&oacute;rica. Parte de una experiencia de fe, pero sufre m&uacute;ltiples interpretaciones de acuerdo a los tiempos, lugares y personas, lo que hace que sea una reflexi&oacute;n flexible. Es m&aacute;s adecuado se&ntilde;alarla como ense&ntilde;anza social de la Iglesia o teolog&iacute;a moral social. S&oacute;lo por la fuerza del uso tradicional en este trabajo se sigue mencionando como Doctrina Social de la Iglesia (DSI), pero ha de entenderse como ense&ntilde;anza social o teolog&iacute;a moral social.</p>      <p><font size="3"><b>3.   Las fuentes de la Doctrina Social de la Iglesia</b></font></p>     <p>Tradicionalmente se ha dicho que las fuentes de la DSI son: la revelaci&oacute;n, la ley natural, la tradici&oacute;n y el magisterio de la Iglesia. Hoy se puede hacer una precisi&oacute;n de estas fuentes. Hay una fuente originaria y originante que es la Revelaci&oacute;n contenida en la Sagrada Escritura. Esta contiene la plena manifestaci&oacute;n de Dios a los hombres como experiencia trascendente del pueblo de Israel y del nuevo Israel que es la Iglesia. All&iacute; est&aacute; todo lo que es Dios y lo que es el hombre. Como fuente originaria y originante es absoluta y es la norma de todo el ser y acci&oacute;n de la comunidad creyente. La doctrina social de la Iglesia no encuentra en la Biblia soluciones hechas y acabadas, sino una visi&oacute;n o concepci&oacute;n del hombre, de la sociedad, de la historia humana y c&oacute;smica. No sistemas sino valores que nacen de la experiencia. De manera especial la creaci&oacute;n y el misterio de Cristo muestran el llamamiento del amor. Amados, llamados, enviados. El hombre es creado por amor a imagen de Dios: es tri-alteridad, llamado por una Trinidad, creado por el amor trinitario. A semejanza de la Trinidad: el hombre es proyecto de tri-alteridad para llegar a ser como Dios un amor trinitario. Ser abierto para ser trino.</p>     <p>Hay una discusi&oacute;n hist&oacute;rica sobre la relaci&oacute;n entre revelaci&oacute;n y ley natural. Para algunos, la revelaci&oacute;n es una cosa y la ley natural otra cosa diferente. Esto ha llevado a la separaci&oacute;n entre naturalismo y sobrenaturalismo, propio de la metaf&iacute;sica esencialista. En esta hay una consideraci&oacute;n de dos mundos separados (natural y sobrenatural), conllevando a problemas graves en la teolog&iacute;a y en la acci&oacute;n pastoral. La cr&iacute;tica realizada por la modernidad y, especialmente, por los "maestros de la sospecha" ha llevado a un repensamiento de la metaf&iacute;sica tradicional y est&aacute; dando paso a una visi&oacute;n m&aacute;s hist&oacute;rica y "eventual" de la ontolog&iacute;a humana y de la revelaci&oacute;n de Dios.<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup></p>     <p>Se va llegando a la conclusi&oacute;n de que hay que volver a rescatar la estructura ontol&oacute;gica originaria humana, que muestra al hombre como <i>"capax Dei" </i>y a Dios como revelaci&oacute;n gratuita del amor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El derecho natural o naturaleza humana, seg&uacute;n Le&oacute;n XIII y hasta Juan XXIII, es el fundamento de la DSI.<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup> La revelaci&oacute;n aparece como probatoria del derecho natural. Seg&uacute;n Camacho, "Las referencias evang&eacute;licas o espec&iacute;ficamente cristianas son en toda esa &eacute;poca escasas o secundarias, nunca constituyen el fundamento de la doctrina ni el motivo expl&iacute;cito de una toma de posici&oacute;n, todo lo m&aacute;s, sirven para confirmar verdades que ya han sido suficientemente asentadas" <sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>. Pero ya desde la &eacute;poca del Concilio empiezan a cambiar las cosas. Juan Pablo II comienza a rebajar el tono en cuanto al derecho natural y a usar m&aacute;s la revelaci&oacute;n. Para Wojtyla, la ley natural es creada por Dios, norma de una Raz&oacute;n Superior a la humana. "El primer acto legislativo ha tenido lugar al mismo tiempo que la creaci&oacute;n"<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>. El juicio de N&uuml;remberg en 1946 fue universalmente aceptado "seg&uacute;n el c&oacute;digo natural" que no fue nunca escrito<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>.</p>     <p>El recurso al derecho natural, en la DSI, ha sido cuestionado por varias razones. Una de ellas es la funci&oacute;n ideol&oacute;gica. Realmente es posible que la DSI se haya identificado con la ideolog&iacute;a. Pio XI en <i>Quadragesimo anno </i>(QA 44), rechazaba usar la DSI como defensa ideol&oacute;gica de los intereses del capital, de la burgues&iacute;a. El derecho natural se mueve en el campo de exigencias a priori, anteriores y superiores a cualquier ley positiva. La misma declaraci&oacute;n de los derechos humanos, sin confundirse con el derecho natural cl&aacute;sico, pide un orden anterior y superior al orden jur&iacute;dico positivo. No funda esencialmente los derechos humanos en la naturaleza, pero exige un nivel supranacional de raz&oacute;n. Lo que quiere decir el recurso al derecho natural es que hay exigencias de la naturaleza humana que piden ser realizadas y defendidas pues son propias del hombre. Esas exigencias son ontol&oacute;gicas y epistemol&oacute;gicas. En cuanto ontol&oacute;gicas corresponden a lo que es el hombre. En cuanto epistemol&oacute;gicas pueden ser conocidas por cualquier ser humano. Esto se expresaba, en su momento, en una filosof&iacute;a esencialista que olvidaba la historia. Hoy se piensa hist&oacute;ricamente pero la estructura ontol&oacute;gica original contin&uacute;a. Y es lo que se hace hoy con ayuda de la fenomenolog&iacute;a francesa actual.</p>     <p>Seg&uacute;n Ladri&egrave;re<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup>, la idea de naturaleza est&aacute; vinculada a las categor&iacute;as aristot&eacute;licas de forma y de causa final. Si determinamos el contenido de la forma, llegamos al conocimiento de la finalidad que anticipa el camino de realizaci&oacute;n de esa esencia o naturaleza y que marca por tanto la exigencia &eacute;tica de un "deber ser", campo de derechos y deberes en las relaciones humanas. En la Iglesia, la naturaleza humana se toma de la herencia aristot&eacute;lica y su reformulaci&oacute;n en Tom&aacute;s de Aquino. Pero debe adaptarse a problemas de hoy. Aqu&iacute; est&aacute; la ayuda de la nueva fenomenolog&iacute;a francesa, cuando repiensa la estructura ontol&oacute;gica originaria de la persona humana. Debido a las discusiones con la ley natural, entendida en forma esencialista, la enc&iacute;clica SRS no utiliza la mediaci&oacute;n ontol&oacute;gica de la "ley natural", sino la mediaci&oacute;n b&iacute;blica y personalista de la "dignidad de la persona humana" u ontolog&iacute;a de la persona como apertura al don (imagen y semejanza). Esta "nueva" ontolog&iacute;a abre el camino al amor y a la misericordia, como sensibilidad no s&oacute;lo ante el sufrimiento sino ante la totalidad del &aacute;gape entre los hombres. La misericordia es la fuente m&aacute;s profunda y la encarnaci&oacute;n m&aacute;s perfecta de la justicia y se expresa de manera plena en el perd&oacute;n. Juan Pablo II no se sit&uacute;a en la trilog&iacute;a Revelaci&oacute;n, ley natural, realidad social. Suprime la segunda y as&iacute; hace desaparecer la cl&aacute;sica confrontaci&oacute;n entre revelaci&oacute;n y ley natural, como si fueran dos &oacute;rdenes distintos.</p>     <p>Mucha de la teolog&iacute;a preconciliar hab&iacute;a aceptado el pensamiento secular moderno de separaci&oacute;n entre raz&oacute;n y fe, con un r&iacute;gido &laquo;doble orden&raquo;, propio de un cierto tomismo que ya no sigue a Santo Tom&aacute;s, pues tambi&eacute;n para &eacute;l la raz&oacute;n puede trabajar dentro de la fe. La laicizaci&oacute;n de la cultura es consecuencia de la separaci&oacute;n radical entre raz&oacute;n y fe, en la que a la raz&oacute;n le corresponde el gobierno de lo natural y la fe es relegada a lo sobrenatural. Lo sobrenatural aparece como extr&iacute;nseco al hombre, como algo impuesto desde fuera. Pero en esta perspectiva el hombre no est&aacute; hecho en s&iacute; para Dios, sino solo llamado exteriormente a la visi&oacute;n de Dios. La visi&oacute;n de Dios ser&iacute;a algo a&ntilde;adido, no propio de su condici&oacute;n ontol&oacute;gica natural. Seg&uacute;n Giuseppe Colombo, el cambio o el reconocimiento de la condici&oacute;n humana, como ontol&oacute;gicamente orientada hacia Dios, se debe a las discusiones sobre la inmanencia y el deseo natural de ver a Dios. Blondel, por ejemplo, parte de la inmanencia donde se afirma lo trascendente. A partir de &eacute;l se entiende que la naturaleza humana est&aacute; hist&oacute;ricamente inclinada a lo sobrenatural. Hay que desestimar la idea de una naturaleza pura o neutral y aceptar que la destinaci&oacute;n a lo sobrenatural es gratuita intr&iacute;nsecamente.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup> Esto da pie para decir que naturalmente el hombre est&aacute; inclinado, por gracia, hacia Dios. La ley natural ser&iacute;a su condici&oacute;n ontol&oacute;gica de estar abierto a Dios y de ah&iacute; se extraen las consecuencias teol&oacute;gicas y morales.</p>     <p>El concepto de ley natural parece desaparecer en las enc&iacute;clicas de Juan Pablo II, d&aacute;ndole as&iacute; fuerza al estatuto teol&oacute;gico de la DSI, pues se coloca la revelaci&oacute;n como fuente iluminante y la realidad como objeto iluminado. La revelaci&oacute;n es fuente para todo hombre, sea creyente o no, pues la fe es la racionalidad m&aacute;s profunda ontol&oacute;gicamente hablando. La fe no necesita apoyos racionales externos, pues en s&iacute; misma conlleva toda la racionalidad entendida en sus t&eacute;rminos m&aacute;s amplios.</p> <ol>El derecho natural ha sido considerado, durante muchos a&ntilde;os, una fuente de la doctrina social. En las enc&iacute;clicas sociales de Juan Pablo II no se trata de la ley natural. No es que el Papa no se refiera nunca a la ley natural en relaci&oacute;n con la cuesti&oacute;n social,<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup> solo que ya no es una l&iacute;nea de fuerza en su discurso. Pero &eacute;sta es una de las caracter&iacute;sticas de la doctrina social de la Iglesia: que mantiene una continuidad en aspectos fundamentales y va cambiando en sus formulaciones y planteamientos.<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>    </ol>     <p>El Papa reconoce las cr&iacute;ticas al iusnaturalismo y va encontrando, en la fenomenolog&iacute;a y en la lectura del relato de la creaci&oacute;n, una nueva forma de expresar lo propio originario del hombre. El punto de partida de la reflexi&oacute;n se sit&uacute;a en una pregunta existencial: &laquo;Qu&eacute; es el hombre, cu&aacute;l es el sentido y el fin de nuestra vida, qu&eacute; est&aacute; bien y qu&eacute; es pecado, cu&aacute;l es el origen y el fin del sufrimiento... y, finalmente, cu&aacute;l es el misterio &uacute;ltimo e inefable que envuelve nuestra existencia, de d&oacute;nde procedemos y hacia d&oacute;nde nos dirigimos&raquo; <i>(Nostra Aetate 1 b). </i>Es la pregunta fundamental de la filosof&iacute;a y el esfuerzo por dar una respuesta marca toda la historia. Encontrar lo que es el hombre es el reto del pensamiento. Encontrar la estructura ontol&oacute;gica original es el debate fundamental de toda ciencia y sabidur&iacute;a y es la b&uacute;squeda que hace todo hombre de buena voluntad. Los deseos irrefrenables de conocer, querer y hacer est&aacute;n manifestando esa b&uacute;squeda de lo originario humano y es una constante que no se puede negar. Religiones, sicolog&iacute;as, ideolog&iacute;as y cosmovisiones tratan de llegar a una respuesta. &iquest;Qu&eacute; es lo que satisface los deseos de conocer, querer y hacer el hombre? Si el hombre es una continua b&uacute;squeda, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la respuesta o el encuentro? Debe haberla pues, de lo contrario, el hombre ser&aacute; una pregunta sin respuesta, una b&uacute;squeda sin hallazgo.</p>     <p>Esta es la pregunta que se hacen los hombres y que corresponde a lo que es su vida. San Agust&iacute;n y Heidegger han ayudado a comprender la situaci&oacute;n. La vida es un continuo movimiento, una movilidad vital que se puede llamar, seg&uacute;n Heidegger, "el cuidado"<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup> o, seg&uacute;n San Agust&iacute;n, la inquietud, <i>inquietum est cor nostrum</i><sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>: </i>la "inquietud" o "cuidado" <i>(sorge) </i>como constituci&oacute;n ontol&oacute;gica fundamental de la subjetividad humana. Ser carencia y deseo, anhelo y fracaso, es la realidad del ser humano. La idea de <i>sorge, </i>cuidado, la adopta Heidegger de Agust&iacute;n: la existencia es desasosiego, angustia y b&uacute;squeda.<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> Heidegger y Agust&iacute;n ayudan a descubrir lo que es esta inquietud y cuidado, que son lo m&aacute;s primigenio de la esencia del hombre. En el primero es la b&uacute;squeda de lo propio del ser humano como lugar donde el ser se manifiesta y, en el segundo, la b&uacute;squeda de la vida feliz, la <i>vita beata. </i>"Cuando te busco a ti, Dios m&iacute;o, es la vida bienaventurada lo que busco. Que te busque yo para que viva mi alma, pues si mi cuerpo vive de mi alma, mi alma vive de ti".<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup> El hombre es un buscar que es el mismo buscar, no es buscar cosas sino buscar a Dios. El sentido fundamental de la vida es buscar el sentido que, en t&eacute;rminos teol&oacute;gicos, es Dios. Pero cualquier hombre, a&uacute;n sin fe, est&aacute; en b&uacute;squeda del sentido. Esta b&uacute;squeda o cuidado es una estructura originaria humana o totalidad estructural originaria. Esta estructura tiene tres elementos o modos: la "existenciariedad", la "facticidad" y la "ca&iacute;da". Estos elementos o modos son cooriginarios, coexistentes y autoimplicados, constituyendo el andamiaje de todo el ser humano. La existenciariedad es la realidad del hombre que est&aacute; ac&aacute; como posibilidad y como anticip&aacute;ndose a sus posibilidades.</p>     <p>Vivir en funci&oacute;n de las posibilidades es, seg&uacute;n Agust&iacute;n, vivir anticipadamente la vida futura. Heidegger lo plantea como un ejercicio en vistas de aquello hacia lo que se adelanta el esperar. Es salir de s&iacute; hacia las posibilidades del ser humano en su sentido m&aacute;s pleno. La facticidad se refiere al hecho de estar en este mundo. Encontrarse con la existencia recibida, colocados o arrojados en el mundo, situados sin haber pedido el permiso, despedidos del ser, desnudos ante la posibilidad de no ser. Arrojados con una autosensaci&oacute;n emotiva y prete&oacute;rica de que hay la posibilidad de encontrar al Ser (Heidegger), o creado con la posibilidad de volver a Dios (Agust&iacute;n). La ca&iacute;da es la preocupaci&oacute;n por las posibilidades m&aacute;s a la mano del hombre, olvidando la mayor posibilidad, la conquista de su ser propio. Es lo que Agust&iacute;n llama la <i>delectatio, </i>gozar con lo peque&ntilde;o, con lo trivial, con lo que est&aacute; al alcance de la mano, derramarse en las peque&ntilde;as cosas y clausurar el horizonte vital.</p> <ol>No es cierto, pues, que todos quieran ser dichosos, pues los que no quieren gozar de Vos, que sois la &uacute;nica vida dichosa, cierto es que no quieren la vida dichosa. &iquest;O es que todos lo quieren, mas como la carne apetece contra el esp&iacute;ritu y el esp&iacute;ritu contra la carne, de suerte que no hacen lo que quieren (Gal., 5, 17), caen sobre lo que pueden, y con ello se contentan, porque lo que no pueden, no lo quieren con tanta eficacia cuanta es menester para que puedan? Porque pregunto a todos qu&eacute; prefieren: gozar de la verdad, o de la falsedad; tan no dudan decir que prefieren gozar de la verdad, como no dudan decir que quieren ser felices. Porque la vida feliz es gozo de la verdad; pues &eacute;ste es gozo de Vos, que sois la Verdad, &iexcl;oh Dios, luz m&iacute;a, salud de mi rostro, Dios m&iacute;o! Esta vida bienaventurada todos la quieren; esta vida, que es la &uacute;nica bienaventurada, todos la apetecen; el gozo de la verdad todos lo quieren. Muchos he tratado que quer&iacute;an enga&ntilde;ar, mas ninguno que quisiera ser enga&ntilde;ado.<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup>    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La tentaci&oacute;n, tanto ontol&oacute;gica como teol&oacute;gicamente, es la tendencia a la dispersi&oacute;n y absorci&oacute;n en el mundo. Esta tentaci&oacute;n se manifiesta en tres formas:<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup> la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la ambici&oacute;n del siglo. Formas que no deben entenderse en sentido moralizante asc&eacute;tico, sino como verdaderas posibilidades de perder el camino: quedarse en las cosas y no ir a la Cosa esencial, Ser o Dios. Es perderse en los entes y no buscar al Ente por excelencia. Se pierde el hombre en los objetos y pierde la mayor posibilidad de su existenciariedad. El hombre es absorbido por el mundo circundante de cosas y de hombres. Quiere ser temido, quiere ser amado, quiere ser servido, es decir, est&aacute; perdido. El hombre ya no piensa sino que act&uacute;a como se piensa en el mundo, como se piensa en el peri&oacute;dico, como se piensa en los medios de comunicaci&oacute;n. El cuidado aut&eacute;ntico se oculta y solo se conoce lo &oacute;ntico m&aacute;s cercano, mientras lo ontol&oacute;gico m&aacute;s necesario se pasa por alto. Pero en medio de la ca&iacute;da resuena la llamada del Ser (Heidegger) o de Dios (Agust&iacute;n). Es una llamada en la profundidad de la conciencia. Llamada que puede ser el Evento o instante en que el Ser luce en el claro, evento o acontecimiento que deslumbra un instante y que ilumina al hombre. O llamada que puede ser luz interior, iluminaci&oacute;n s&uacute;bita, que llama al hombre desde su condici&oacute;n de ca&iacute;do a vivir en una luz m&aacute;s alta.</p>     <p>Estos tres modos se entrecruzan y autoimplican, de modo que el uno est&aacute; en el otro y el segundo en la primera y la tercera. Pero su verdadero y completo sentido lo da el tiempo. La temporalidad es el aceite de esos tres modos. El hombre est&aacute; anclado en el pasado, el presente y el futuro. El futuro de la posibilidad, el presente de la ca&iacute;da y el pasado de la facticidad. No como tiempos separados, como ocurre en el c&oacute;mputo moderno, sino como tres en uno, en cada momento est&aacute;n presentes el pasado, el futuro y el acontecer diario. El acaecer temporal arrastra los modos ontol&oacute;gicos de la vida f&aacute;ctica, de tal modo, que el pasado y el futuro est&aacute;n condicionando cada instante del presente. Problema de la modernidad es separar los tiempos (pasado, presente y futuro) cuando en realidad coinciden en el mismo instante. El hombre es en los tres tiempos, no en uno solo.</p>     <p>La Escritura ofrece una respuesta que incluye toda esta estructura ontol&oacute;gica original y que la completa con la efectiva posibilidad de un encuentro con el sentido que se busca. El hombre es criatura en el mundo amada por Dios. Este dato incluye toda la esencia del hombre. Es una criatura, por tanto, finita y mortal, colocada en el medio del mundo (hist&oacute;rica y situada ecol&oacute;gicamente) y amada por Dios (una persona que la ha llamado a la vida). Lanzada en el mundo como un ser donde Dios se manifiesta, de tal manera que no es <i>Dasein, </i>sino <i>Dagott </i>(Dios ah&iacute;), en el ah&iacute; del hombre se revela Dios. El hombre es el lugar donde Dios se manifiesta. En el origen del hombre hay una experiencia fundamental de llamado (del Creador a la creatura), pero llamado de amor (del amante al amado), lo que hace que haya una dependencia ontol&oacute;gica radical, pero que es dependencia de relaci&oacute;n amorosa y no de dominio. Esa creaci&oacute;n amorosa est&aacute; descrita en la Escritura como creaci&oacute;n a "imagen y semejanza". Aunque el Antiguo Testamento no desarrolla ni aprovecha mucho estos conceptos, s&iacute; son gu&iacute;a de su concepci&oacute;n antropol&oacute;gica: el hombre es una deliberaci&oacute;n de Dios (Gen 1, 26-27); el hombre domina la creaci&oacute;n (Sal 8,7); la vida del hombre es inviolable (Gen 9,6); el que derramare sangre del hombre, por el hombre su sangre ser&aacute; derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre; el hombre es inmortal (Sab 2,23). Esta concepci&oacute;n ser&aacute; recogida m&aacute;s directamente despu&eacute;s de los LXX por el Nuevo Testamento y por los Padres de la Iglesia. Por eso se podr&aacute; decir que el Hijo, hombre y Dios, es el &laquo;reflejo&raquo; del esplendor de Dios y la &laquo;imagen&raquo; perfecta de &eacute;l (Heb 1,3; 2 Cor 4,4; Col 1,15). El Nuevo Testamento recoge claramente esa concepci&oacute;n: &laquo;El hombre no debe cubrir la cabeza porque es imagen y gloria de Dios&raquo; (1 Cor 11,7). &laquo;Con la lengua alabamos al Se&ntilde;or y Padre nuestro y maldecimos a los hombres, que est&aacute;n hechos a semejanza de Dios: (Stg 3,9). Cristo es la imagen de Dios invisible (2 Cor 4,4; Col 1,15) no &uacute;nicamente por ser Dios, sino por ser la perfecta revelaci&oacute;n de lo que es el hombre. El hombre revestido de Cristo realiza su estructura ontol&oacute;gica originaria: ser conforme a la imagen de su Hijo. (Rom 8, 29).</p>     <p>Santo Tom&aacute;s lo expresa en estos t&eacute;rminos:</p> <ol>La imagen de Dios en el hombre puede considerarse de tres modos. Primero, en cuanto que el hombre posee una aptitud natural para conocer y amar a Dios, aptitud que consiste en la naturaleza de la mente, y es com&uacute;n a todos los hombres. En segundo lugar, en cuanto que el hombre conoce y ama actual o habitualmente a Dios, pero de un modo imperfecto, y &eacute;sta es la imagen procedente de la conformidad por la gracia. Finalmente, en cuanto que el hombre conoce actualmente a Dios de un modo perfecto, y es la imagen que resulta de la semejanza de la gloria.<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup>    </ol>     <p>El primer modo se da en todos los hombres, el segundo solo en los justos y el tercero, exclusivamente, en los bienaventurados. Est&aacute; indicando que la imagen es universal, ontol&oacute;gicamente se da en todo hombre y no solo en los bautizados. Imagen que es pasiva-activa. Pasiva en cuanto el hombre fue llamado a imagen y semejanza. Activa en cuanto debe perfeccionar esa imagen con el uso cuidadoso de su libertad.</p>     <p>En la misma cuesti&oacute;n 93, Santo Tom&aacute;s dice:</p> <ol>Debemos considerar ahora el fin o t&eacute;rmino de la producci&oacute;n del hombre, en cuanto que se dice hecho "a imagen y semejanza de Dios". Indica que el ser imagen de Dios es un proceso: la dignidad de ser imagen de Dios no es algo solo dado, sino tambi&eacute;n algo conquistado por la acci&oacute;n libre del hombre con el auxilio de la gracia: "Hagamos al hombre de tal manera que se d&eacute; en &eacute;l la imagen"<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup>.    </ol>     <p>El esfuerzo libre del hombre es hacerse como Cristo, modelo que realiza la plena imagen de Dios y que conduce a Dios (1 Cor 15, 25-28; Ef 1,10; Col 1,15-20; Ap 22,13). La cristificaci&oacute;n es la tarea del hombre que quiere ser plenamente hombre, ese es el fin o t&eacute;rmino de la perfecci&oacute;n. Esta idea ya estaba en el fil&oacute;sofo Plat&oacute;n:</p> <ol>Los males no habitan entre los dioses, pero est&aacute;n necesariamente ligados a la naturaleza mortal y a este mundo de aqu&iacute;. Por esa raz&oacute;n es menester huir de &eacute;l hacia all&aacute; con la mayor celeridad, y la huida consiste en hacerse uno tan semejante a la divinidad como sea posible, semejanza que se alcanza por medio de la inteligencia, con la justicia y la piedad.<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup>    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La fuga consiste en asimilarse a Dios siendo con inteligencia, justos y santos. En el caso cristiano, este esfuerzo es el de la respuesta de amor al llamado del amor. Este amor tiene una caracter&iacute;stica esencial: es trinitario. Esto garantiza que es un amor que protege la pluriunidad del g&eacute;nero humano, as&iacute; como la Trinidad es una y plural. Puesto que un Dios trinitario ha creado al hombre a su imagen (Gen 1,26-27), el hombre debe llegar a ser perfectamente trinitario al igual que &Eacute;l es perfecta Trinidad (Mt 5,48); por consiguiente, debe alcanzar la perfecci&oacute;n que es propia de Dios, asemejarse a la imagen que es propia de Dios. Esta imagen no es otra que la Trinidad.</p>     <p>En la teolog&iacute;a medieval, la doctrina de la imagen de la Trinidad en los hombres creados lleg&oacute; a ser un tema habitual. Los Padres desarrollaron la analog&iacute;a entre la imagen y semejanza y el tema plat&oacute;nico de la asimilaci&oacute;n a Dios. Dios es el modelo ejemplar del mundo, pues todo es creado por Dios para reflejar su esencia y su esencia es Trinidad. Modelo de unicidad y de multiplicidad:</p> <ol>Y no es contrario a la simplicidad divina que conozca muchas cosas. S&iacute; lo ser&iacute;a si su entendimiento estuviera formado por muchas ideas. Por eso, en la mente divina hay muchas ideas que est&aacute;n como conocidas. Esto se puede ver de la siguiente manera. &Eacute;l mismo conoce perfectamente su esencia; por lo tanto, la conoce de cualquier modo como pueda ser conocida. Puede ser conocida no solo como es en s&iacute; misma, sino en cuanto que es participable seg&uacute;n alg&uacute;n modo de semejanza por las criaturas.<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup>    </ol>     <p>De lo anterior, resulta que Dios es autor de la multiplicidad desde su unidad y que la creaci&oacute;n es un acto de amor. En todas esas cosas se encuentra un vestigio de la Trinidad pues representan, cada una a su manera, la esencia trinitaria. Existen debido al poder del Padre, a la sabidur&iacute;a del Hijo y al amor del Esp&iacute;ritu Santo. Existen, son verdaderas y son buenas. Por eso el misterio trinitario est&aacute; presente en las cosas, y &eacute;stas no solo nos llevan al conocimiento de la existencia de Dios sino tambi&eacute;n al de su esencia, si bien de modo imperfecto y anal&oacute;gico. En el hombre no solo se encuentra el vestigio de Dios Trino, sino tambi&eacute;n su imagen, pero en las dem&aacute;s criaturas tambi&eacute;n est&aacute; el vestigio de la Trinidad.</p>     <p>Pero en todas las criaturas se encuentra la representaci&oacute;n de la Trinidad a modo de vestigio, en cuanto que en cada una de ellas hay algo que es necesario reducir a las personas divinas como a su causa. Pues cada criatura subsiste en su ser y tiene la forma con la que est&aacute; determinada en una especie y tiene alguna relaci&oacute;n con algo. As&iacute; pues, cada una de ellas es una sustancia creada que representa a su causa y su principio y, de este modo, evoca la persona del Padre, que es principio sin principio. En cuanto que tiene una forma y pertenece a una especie determinada, representa a la Palabra, tal como la forma de la obra art&iacute;stica procede de la concepci&oacute;n del artista. Y en cuanto que est&aacute; ordenada, representa al Esp&iacute;ritu Santo, en cuanto que es Amor; porque la ordenaci&oacute;n del efecto a algo procede de la voluntad del creador.<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup></p>     <p>En conclusi&oacute;n de todo lo anterior se puede decir que, seg&uacute;n la Biblia, el hombre es la &uacute;nica imagen de Dios, imagen trinitaria de un Dios trinitario, aunque en la creaci&oacute;n total est&aacute; la imagen trinitaria. La plenitud de la imagen divina se da en Cristo como prototipo y arquetipo de todo hombre, en &Eacute;l se revela lo que es Dios y lo que es el hombre. En el ser del hombre est&aacute; inscrita tambi&eacute;n la semejanza, se es imagen de Dios y se debe llegar a ser como Dios. La creaci&oacute;n es un llamado para que la criatura-imagen tienda hacia su arquetipo-creador y Redentor.</p>     <p>Esta es una gran categor&iacute;a ontol&oacute;gica y teol&oacute;gica para entender lo que es el hombre, su tarea y su compromiso &eacute;tico. Permite adem&aacute;s pensar en el di&aacute;logo posible con otras religiones y filosof&iacute;as que est&eacute;n abiertas a la posibilidad de un hombre pobre que se construye con la gracia de la trascendencia.</p>     <p>Esa fuente originaria y originante se expresa, interpreta y analiza a trav&eacute;s de la tradici&oacute;n y del magisterio eclesial, en cuanto estos recopilan las respuestas que cada generaci&oacute;n de cristianos ha ido dando al llamamiento divino. Tradici&oacute;n y magisterio son la historia de la respuesta a Dios y son, por tanto, la memoria de la Iglesia. All&iacute; se encuentran los retos y desaf&iacute;os que ha tenido el pueblo cristiano y la forma como se ha respondido a lo largo de los siglos. Esta memoria es tambi&eacute;n normativa, aunque no en sentido absoluto, pues indica criterios que evitan a la comunidad actual salirse del camino se&ntilde;alado por la experiencia hist&oacute;rica de la Iglesia. El seguimiento de la memoria genera legitimidad y autenticidad, pero urge tambi&eacute;n la creatividad para nuevos tiempos y nuevos desaf&iacute;os.</p>      <p><font size="3"><b>4. M&eacute;todo de la doctrina social</b></font></p>     <p>En la evoluci&oacute;n de la DSI se puede ver un cambio en el m&eacute;todo utilizado. Se distinguen cinco momentos especiales:</p> <ol>    ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Per&iacute;odo apolog&eacute;tico y defensivo de P&iacute;o XI a Juan XXIII. La Iglesia es atacada, principalmente, por las teor&iacute;as modernas y la Ilustraci&oacute;n francesa. Su poder temporal en los estados pontificios es cuestionado. En este momento, la Iglesia se repliega sobre s&iacute; misma y se encierra en su dogm&aacute;tica. Su estrategia es doble: por una parte, recurre a una apolog&eacute;tica que trate de mostrar la verdad de sus afirmaciones y, por otra, comienza una labor social desde ella misma, con sus propios recursos. En el campo de la DSI, la Iglesia comienza una labor social amplia acompa&ntilde;ada de una reflexi&oacute;n sobre lo social que, posteriormente, se llamar&aacute; DSI.</li>     <li> Lenta apertura al mundo de P&iacute;o XII (1939) a Juan XXIII, aunque permanecen actitudes defensivas. La Iglesia se da cuenta de su papel importante en el mundo y de su valiosa colaboraci&oacute;n en temas de paz mundial y entendimiento entre los pueblos. As&iacute;, P&iacute;o XII comienza una labor magisterial ampl&iacute;sima que cubre casi todos los campos del saber. Juan XXIII trata de abrir la Iglesia al mundo y comienza un di&aacute;logo abierto, donde acepta la autonom&iacute;a del orden temporal, pero con el aporte sincero de la visi&oacute;n cristiana de las cosas. As&iacute;, con este Papa, hay una aceptaci&oacute;n de la declaraci&oacute;n de los derechos humanos, del papel de las ciencias sociales en materia de DSI y de reconocimiento de los valores de la secularidad.</li>     <li> Apertura misionera de la conciencia cristiana e inserci&oacute;n en el mundo: del Concilio Vaticano II a 1975 <i>(Evangelii Nuntiandi). </i>El Concilio Vaticano II reconoce el papel de "sacramento" de la Iglesia en el mundo y, por eso, ofrece su contribuci&oacute;n al desarrollo de la humanidad. La Iglesia inicia el di&aacute;logo con la modernidad y reconoce su papel de servidora y no de dominadora de la humanidad.</li>     <li> B&uacute;squeda de identidad: de Puebla a <i>Centesimus annus </i>(1991). Entre los desarrollos, queridos o no, del Concilio Vaticano II, estuvo la aparici&oacute;n de la pluralidad religiosa, ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica que conllev&oacute; a una relativizaci&oacute;n de la verdad. "La verdad est&aacute; en todas partes" parec&iacute;a ser el <i>slogan </i>de moda y se corri&oacute; el riesgo de secularizaci&oacute;n de la misi&oacute;n de la Iglesia, haciendo de &eacute;sta una especie de organismo o agencia internacional de desarrollo. No era mayor la diferencia entre la labor de las ONG y la de la Iglesia en el campo social, y la labor misionera se debilit&oacute;. Algunos te&oacute;logos pensaban que la misi&oacute;n evangelizadora ya era cosa del pasado y que la Iglesia simplemente deb&iacute;a preocuparse por ayudar a calmar el problema de la pobreza en el mundo. Por su parte, la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n fue cayendo en un compromiso sin experiencia de fe, lo que hizo de la labor social cristiana un simple trabajo social y pol&iacute;tico. El papel de Juan Pablo II fue hacer volver a pensar la identidad de la Iglesia. Responder a la pregunta sobre la esencia del cristianismo fue la gran preocupaci&oacute;n de este Papa. Ser cristiano implica una diferencia con las dem&aacute;s opciones religiosas o ideol&oacute;gicas, y esto se debe mostrar en el campo de la acci&oacute;n cristiana. Recuperar el orgullo de ser cristiano fue la tarea emprendida en un mundo donde no se hablaba ya de cristianismo sino de compromiso social. Recuperar la perspectiva de la fe ante una avalancha secularista y devolver a los cristianos lo espec&iacute;fico de su tarea. Pero no es la b&uacute;squeda de una identidad exclusivista o segregacionista, sino la b&uacute;squeda de una identidad que se abra a todos los hombres como propuesta y como esperanza. Es como saber qu&eacute; es lo que se tiene para saber qu&eacute; es lo que se debe ofrecer.</li>     <li> Identidad en cuanto volver a la experiencia original (Benedicto XVI). El Papa Ratzinger recoge las banderas de su predecesor yendo todav&iacute;a m&aacute;s a lo fundamental. &iquest;Cu&aacute;l es la experiencia fundamental que sirve de base a la fe cristiana y que fundamenta su compromiso caritativo? El Papa responde a esta pregunta volviendo a la experiencia original del cristianismo como experiencia m&iacute;stica de Dios, experiencia de la cual brotan los compromisos &eacute;ticos. Con una visi&oacute;n agustiniana, el Papa insiste de nuevo en la experiencia de fe como inicio, fuente y fuerza de todo el trabajo de la DSI. La experiencia original de un don entregado y recibido en libertad, es el fundamento de toda donaci&oacute;n y de toda interdonaci&oacute;n. La fe es una experiencia de donaci&oacute;n de amor y quien tiene esa experiencia la comunica. Sin esa experiencia puede haber &eacute;tica social, pero no &eacute;tica social cristiana, es decir, una &eacute;tica de interdonaci&oacute;n y de testimonio.</li>    </ol>     <p>La t&eacute;cnica pr&aacute;ctica que utiliza la DSI es el llamado C&iacute;rculo Pastoral, con las adecuadas correcciones contempor&aacute;neas. Lo que hoy se llama el C&iacute;rculo pastoral es una nueva forma del Ver-juzgar-actuar o M&eacute;todo de la revisi&oacute;n de vida, usado en Francia en la Juventud Obrera Cat&oacute;lica del P. Cardjin, en el movimiento familiar cristiano en los a&ntilde;os de 1950, usado por los "militantes" sociales y los "curas comprometidos" en Am&eacute;rica Latina. Fue refinado por Paulo Freire en los procesos de concientizaci&oacute;n de adultos<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>. Para los &uacute;ltimos a&ntilde;os se sistematiza en la obra de Joe Holland y Peter Henriot.<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup></p>     <p>En tiempos de Juan XXIII se incorpora en sus enc&iacute;clicas, pero con una visi&oacute;n m&aacute;s eclesial y cient&iacute;fica, marcando un punto de inflexi&oacute;n de la reflexi&oacute;n deductiva a la inductiva, entendi&eacute;ndolo como una lectura de las situaciones a la luz de la Palabra de Dios y evitando los an&aacute;lisis subjetivos de dichas situaciones.</p>      <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p>La experiencia de Dios es la fuente del compromiso &eacute;tico cristiano. As&iacute; lo presenta el QA: partir de la experiencia del disc&iacute;pulo y desde all&iacute; se mira la realidad. No es un ver &uacute;nicamente t&eacute;cnico sino m&iacute;stico-prof&eacute;tico dentro del logos de cada &eacute;poca. El primer paso es la experiencia de Dios como experiencia sentida por el creyente y su comunidad. A partir de esa experiencia se hace la lectura de la realidad o an&aacute;lisis social, para hacer luego la reflexi&oacute;n b&iacute;blica teol&oacute;gica que iluminar&aacute; la acci&oacute;n correspondiente. Esta reflexi&oacute;n "bas&aacute;ndose sobre principios siempre v&aacute;lidos lleva consigo juicios contingentes ya que se desarrolla en funci&oacute;n de las circunstancias cambiantes de la historia y se orienta esencialmente a la acci&oacute;n o praxis cristiana".<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup> Es tarea de las comunidades cristianas analizar con objetividad la situaci&oacute;n propia de su pa&iacute;s, esclarecerla mediante la luz de la palabra del Evangelio, deducir principios de reflexi&oacute;n, normas de juicio y directrices de acci&oacute;n seg&uacute;n las ense&ntilde;anzas sociales de la iglesia (OA 4), teniendo en cuenta que una misma fe puede llevar a compromisos diferentes. (GS 43, OA 50).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto al &aacute;mbito de la reflexi&oacute;n creyente sobre la realidad, se confirma el paso de la cuesti&oacute;n social (conflicto capital-trabajo) a las cuestiones sociales, o mejor, es lo social (realidad social) lo que se torna cuesti&oacute;n. La sociedad no es una realidad fija y las transformaciones -por causa de m&uacute;ltiples factores econ&oacute;micos-, no son puramente contingentes o funcionales. Bajo el mismo sustantivo sociedad, los adjetivos rural, industrial, posindustrial, posmoderna, global, multi&eacute;tnica, indican realidades muy distintas. La sociedad no se define de una vez por todas, no es un concepto universal, y exige comprensi&oacute;n en su devenir hist&oacute;rico. No hay, por tanto, una sola conceptualizaci&oacute;n ni una sola soluci&oacute;n. La cuesti&oacute;n social es global y singular, exige an&aacute;lisis globales y singulares y soluciones globales y singulares.</p>     <p>Se puede ver c&oacute;mo lo que s&oacute;lo era la "Cuesti&oacute;n obrera" en tiempos de Le&oacute;n XIII, se convierte en "Cuesti&oacute;n social" como se ve en la QA (1931) de P&iacute;o XI y en la Solennit&aacute; (1941) de P&iacute;o XII. Y ya se convierte en "Cuesti&oacute;n mundial" en <i>Mater et Magistra </i>MM (1961) y <i>Pacem in Terris </i>PT (1963) de Juan XXIII. Esa ampliaci&oacute;n conlleva una nueva consideraci&oacute;n del objeto, del sujeto, de los temas y de las aplicaciones de la DSI. Hay un proceso evolutivo que lleva a ampliar la cuesti&oacute;n social a cuesti&oacute;n mundial. A partir especialmente de la <i>Gaudium Spes </i>en 1965, se ve una aproximaci&oacute;n englobante. En el marco de la relaci&oacute;n Iglesia-Mundo y desde la tr&iacute;ada Persona-Sociedad-Actividad humana, resit&uacute;a la vida econ&oacute;mico-social junto a los temas de la vida familiar, cultural, pol&iacute;tica e internacional, y no como un aspecto aparte o diferente. Lo econ&oacute;mico social hace parte de la vida diaria de la gente y en gran parte es un aspecto que condiciona a los dem&aacute;s. Pero tambi&eacute;n se atienden all&iacute; algunos aspectos puntuales, como lo hace la PP (1967) al asumir el tema del desarrollo, vertebrador de la vida econ&oacute;mico-social en GS, y conferirle un realce decisivo al considerarlo como el nuevo nombre de la paz. La OA (1971) orienta la presencia y acci&oacute;n de los cristianos en el seno de las aspiraciones y corrientes ideol&oacute;gicas y ante las aportaciones de las ciencias sociales y las proyecciones ut&oacute;picas de la &eacute;poca. Trata de responder a los desaf&iacute;os que presentaban en su momento las diversas ideolog&iacute;as (marxismo, capitalismo, ideolog&iacute;a de la seguridad nacional) y asume los retos de las ciencias sociales para una mejor comprensi&oacute;n de la realidad social. El documento Justicia en el mundo (1971) fundamenta teol&oacute;gicamente y encauza pr&aacute;cticamente la acci&oacute;n en favor de la justicia, habida cuenta de las contradicciones e injusticias del momento, a la vez que apoya la voluntad de promoci&oacute;n humana y la necesidad de mediaciones que son propias de su tiempo. La <i>Laborem Exercens </i>en 1981, aborda desde las perspectivas b&iacute;blica, antropol&oacute;gica, &eacute;tica y espiritual el trabajo humano, considerado como eje de la vida econ&oacute;mico-social y de la Doctrina Social de la Iglesia, tratando de responder al marxismo que daba un gran &eacute;nfasis al trabajo como clave de la humanidad y del desarrollo. La <i>Sollicitudo Re&iacute; Socialis </i>en 1987 retoma el tema del desarrollo ya tratado en la PP y lo profundiza &eacute;tico-teol&oacute;gicamente, habida cuenta de los contrastes y tensiones Este-Oeste y Norte-Sur.</p>     <p>Pero tambi&eacute;n en este proceso evolutivo de la DSI hay algunos documentos que hacen una relectura de los documentos anteriores para hacer proyecci&oacute;n hacia el futuro. Es el caso de la CA en 1991: relee conmemorativamente la RN a un siglo de distancia, teniendo como tel&oacute;n de fondo la ca&iacute;da del socialismo real y las negativas consecuencias de una libertad apartada de la verdad, y orienta cristianamente los &aacute;mbitos econ&oacute;mico y pol&iacute;tico ante las puertas del tercer milenio. Es especialmente significativa esta enc&iacute;clica, pues hace caer en cuenta de que el derrumbe del socialismo marxista no autoriza la bondad &eacute;tica del capitalismo.</p>     <p>La Doctrina Social de la Iglesia es Teolog&iacute;a moral y su objeto es la vida social en cuanto que, por medio de ella, el hombre tiende a su fin &uacute;ltimo, que es la comuni&oacute;n con Dios Trino y con toda la Humanidad en Cristo. As&iacute; lo reconoce la SRS:</p> <ol>&laquo;Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio ense&ntilde;a acerca del hombre y su vocaci&oacute;n terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana. Por tanto, no pertenece al &aacute;mbito de la ideolog&iacute;a, sino al de la teolog&iacute;a y especialmente de la teolog&iacute;a moral.&raquo; (SRS n. 41).</p>     <p>Algunos te&oacute;logos, celosos del avance de la DSI, han querido reducirla a un simple precepto &eacute;tico desligado de la experiencia de fe y dejarla reducida a una reflexi&oacute;n regional sobre aspectos de la vida social. Contra esa posici&oacute;n previene la <i>Veritatis Splendor:</i></p>     <p>"Queriendo, no obstante, mantener la vida moral en un contexto cristiano, ha sido introducida por algunos te&oacute;logos moralistas una clara distinci&oacute;n, contraria a la doctrina cat&oacute;lica, entre un orden &eacute;tico -que tendr&iacute;a origen humano y valor solamente mundano-, y un orden de la salvaci&oacute;n, para el cual tendr&iacute;an importancia solo algunas intenciones y actitudes interiores ante Dios y el pr&oacute;jimo." (VS 37&ordf;).    </ol>     <p>La posici&oacute;n criticada por la VS, se debe a dos descuidos: uno teol&oacute;gico y otro cient&iacute;fico. El primero es el olvido de que el cristianismo supone que el compromiso nace de la experiencia y no se entiende por s&iacute; mismo separado de la fe. Sin experiencia de Dios no hay caridad. No es posible una acci&oacute;n social sin reconocer el don. &laquo;El hombre, la &uacute;nica criatura en la tierra que Dios ha amado por s&iacute; misma, no puede encontrarse plenamente a s&iacute; mismo sino en el sincero don de s&iacute;.&raquo; <i>(Gaudium et Spes </i>24), y este don lo puede hacer quien ha tenido la experiencia del amor. La perspectiva b&iacute;blica ilumina el principio ontol&oacute;gico y teol&oacute;gico que fundamenta y unifica la entera moral de la Iglesia y que consiste en la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza del Dios trinitario; la sociedad como comunidad de personas; el g&eacute;nero humano como unidad, &uacute;nica familia humana.</p>     <p>El segundo, es el olvido de que el hombre no se entiende separado de las instituciones y de la cultura. En la &eacute;poca de la formaci&oacute;n de las ciencias sociales, cada una de ellas reclam&oacute; su parcela. As&iacute;, el sujeto qued&oacute; en manos de la sicolog&iacute;a, las instituciones en manos de la sociolog&iacute;a y los valores y s&iacute;mbolos en manos de la antropolog&iacute;a cultural. Hoy, cuando se reconoce la mutua interdependencia de las tres, no es posible un an&aacute;lisis separado. Para la teolog&iacute;a moral esto es importante, pues la cl&aacute;sica divisi&oacute;n entre teolog&iacute;a moral personal, teolog&iacute;a moral sexual y matrimonial y teolog&iacute;a moral social ya no tiene raz&oacute;n de ser. La teolog&iacute;a moral incluye sujetos, instituciones y cultura. De ah&iacute; que la DSI se vaya constituyendo en la teolog&iacute;a moral de la Iglesia hoy. El aborto, el adulterio, la sexualidad no son campo reservado de la teolog&iacute;a moral personal, sino que son campos de la teolog&iacute;a moral social por sus implicaciones globales. La droga-dicci&oacute;n es un problema social y no personal. La biogen&eacute;tica es un hecho social global y no un tema de la bio&eacute;tica m&eacute;dica. El homicidio y las lesiones a otro, son hecho social y no decisi&oacute;n &uacute;nicamente de una persona individual. La raz&oacute;n est&aacute; en que el individuo act&uacute;a en medio de las vicisitudes de las instituciones sociol&oacute;gicas y de los valores y s&iacute;mbolos de una cultura en un momento dado. La decisi&oacute;n personal es esencial, pero esa decisi&oacute;n se hace en contextos amplios y con muchos condicionamientos bio-socio-culturales que hay que conocer y explicar. La soluci&oacute;n a un problema individual puede estar en la soluci&oacute;n del problema global. Por eso, los gobiernos entienden que hay situaciones personales que requieren un tratamiento social, como ser&iacute;an los casos del narcotr&aacute;fico, la violencia, el aborto, la pornograf&iacute;a, la desintegraci&oacute;n familiar, el comercio de personas, etc. El comportamiento individual es tambi&eacute;n p&uacute;blico y social, aunque algunos quisieran que lo individual fuera un campo aparte de la comunidad social. Solamente para aspectos acad&eacute;micos y pedag&oacute;gicos se pueden hacer separaciones disciplinarias en la moral cristiana.</p>     <p>La Doctrina social es teolog&iacute;a moral realizada en di&aacute;logo con la filosof&iacute;a y las ciencias sociales, y no se reduce a un comportamiento virtuoso, sino a un testimonio de la experiencia de comuni&oacute;n con Dios y con los hombres en Cristo. La vida cristiana es una experiencia (fe) de la que se da testimonio (moral) y que se configura como una fiesta en la que se anticipa la gloria del Cielo y cuyo centro es la Liturgia.</p>  <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p> <a name="num1"></a><a href="#nu1"><sup>1</sup></a> Cf. Gloria Mercedes Arango y Carlos Arboleda, "La Constituci&oacute;n de Rionegro y el Syllabus: dos s&iacute;mbolos de naci&oacute;n y dos banderas de guerra", en Carlos Arboleda, Guerra y religi&oacute;n en Colombia (Medell&iacute;n: UPB, 2006), 6-119.    <br> <a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a> Cf. Le&oacute;n XIII, Au Milieu des Sollicitudes 16-II-1892.    <br> <a name="num3"></a><a href="#nu3"><sup>3</sup></a> Cf. Pio XII, Benignitas et Humanitas. 24-XII-1944, n. 12.    <br> <a name="num4"></a><a href="#nu4"><sup>4</sup></a> Cf. Marie Dominique Chenu, Le "doctrine sociale" de l'Eglise comme ideologie (Paris: Du Cerf, 1979), 93.    <br> <a name="num5"></a><a href="#nu5"><sup>5</sup></a> Cf. Johann Baptist Metz, Teolog&iacute;a del mundo (Salamanca: S&iacute;gueme, 1971); La fe en la historia y la sociedad (Madrid: Cristiandad, 1981); Gustavo Guti&eacute;rrez, Teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n (Salamanca: S&iacute;gueme, 1977).    <br> <a name="num6"></a><a href="#nu6"><sup>6</sup></a> Cf. William Hamilton y Thomas Altizer, Teolog&iacute;a radical y muerte de Dios (Barcelona-M&eacute;xico: Grijalbo, 1967). John Robinson, Sincero para con Dios (Barcelona: Ariel, 1967). Thomas Altizer, Truth, Myth and Symbol (Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1959). Gabriel Vahanian, The death of God. The cultura of our post Christian era (Nueva York: George Braziller, 1961). Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y sumisi&oacute;n (Barcelona: Grijalbo, 1967).    <br> <a name="num7"></a><a href="#nu7"><sup>7</sup></a> Cf. S&iacute;nodo de 1971. "La justicia en el mundo", 5.    <br> <a name="num8"></a><a href="#nu8"><sup>8</sup></a> La primera vez que aparece el t&eacute;rmino de DSI es en la Carta de la Sagrada Congregaci&oacute;n del Concilio al cardenal Li&eacute;nart el 5 de junio de 1929, sobre los conflictos entre patronos y obreros en Francia. Cf. Acta Apostolicae Sedis, Vol 21 (Roma: Typis Polyglottis Vaticans, 1929, 494. Este documento expresa que la Iglesia desea la organizaci&oacute;n de sindicatos de patronos, de obreros o mixtos, regidos por los principios de la fe y moral cristianas, para que sean instrumento de paz y concordia. Pueden constituirse sindicatos puramente cat&oacute;licos o mixtos con los no creyentes, pero que ojal&aacute; realicen un trabajo com&uacute;n, unidos por los lazos de la caridad cristiana.    <br> <a name="num9"></a><a href="#nu9"><sup>9</sup></a> Luis Gonz&aacute;lez Carvajal, "Para hacer un buen uso de la Doctrina Social de la Iglesia", <i>Revista de Fomento social 43, 169 </i>(1988): 11.    <br> <a name="num10"></a><a href="#nu10"><sup>10</sup></a> Eduardo Bonn&iacute;n, <i>Naturaleza d&eacute;la doctrina social d&eacute;la Iglesia </i>(M&eacute;xico: Imdosoc, 1997), 15.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num11"></a><a href="#nu11"><sup>11</sup></a> Para toda esta discusi&oacute;n en nuestro medio, tanto en el &aacute;mbito teol&oacute;gico como filos&oacute;fico, pueden verse las obras de Jean Luc Marion y las ponencias de Carlos Enrique Restrepo Berm&uacute;dez: "La idolatr&iacute;a conceptual de la metaf&iacute;sica"; Carlos &Aacute;ngel Arboleda Mora: "Dios: &iquest;ser o don?"; Diego Alonso Marulanda D&iacute;az: "La fenomenolog&iacute;a marioniana: un aporte para el di&aacute;logo con la teolog&iacute;a revelada"; Luis Alberto Castrill&oacute;n L&oacute;pez: "Posthumanismo, un humanismo desde el amor", presentadas en el IV Simposio Internacional de Estudios Cruzados sobre la Modernidad: "Jean-Luc Marion: El Don de una Tradici&oacute;n y de un Futuro para el Pensamiento", realizado en M&eacute;xico, Universidad Aut&oacute;noma de Quer&eacute;taro, 15-19 de noviembre de 2010.    <br> <a name="num12"></a><a href="#nu12"><sup>12</sup></a> P&iacute;o XII. Mensaje del 25/9/1949. Cf. Ricardo Antoncich, <i>Las enc&iacute;clicas sociales de Juan Pablo II desde la fenomenolog&iacute;a de la persona seg&uacute;n Karol Wojtyla. </i>Tesis presentada para optar al t&iacute;tulo de Doctor en Teolog&iacute;a en la Universidad Pontificia Bolivariana, Medell&iacute;n, 2009.    <br> <a name="num13"></a><a href="#nu13"><sup>13</sup></a> Ildefonso Camacho, <i>Cien a&ntilde;os de Doctrina social de la iglesia </i>(Santander: Sal Terrae, 1991), 28.    <br> <a name="num14"></a><a href="#nu14"><sup>14</sup></a> Karol Wojtila, <i>Mi visi&oacute;n del hombre </i>(Madrid: Palabra, 2005), 58.    <br> <a name="num15"></a><a href="#nu15"><sup>15</sup></a> Cf. <i>Ib&iacute;d., </i>55-59.    <br> <a name="num16"></a><a href="#nu16"><sup>16</sup></a> Cf. Jean Ladri&eacute;re, <i>&Eacute;tica e pensamento cient&iacute;fico </i>(Sao Paulo: Letras e Letras, 1996), 54-60.    <br> <a name="num17"></a><a href="#nu17"><sup>17</sup></a> Cf. Giuseppe Colombo, <i>El problema de lo sobrenatural </i>(Barcelona: Herder, 1961), 13-14, 22-28, 36-41.    <br> <a name="num18"></a><a href="#nu18"><sup>18</sup></a> Juan Pablo II, Omelia di Giovanni Paolo II. Carpineto Romano. N. 4. <a href="http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/homilies/1991/documents/hf_jp-ii_hom_19910901_messa-carpineto-romano_it.html" target="_blank">www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/homilies/1991/documents/hf_jp-ii_hom_19910901_messa-carpineto-romano_it.html</a>.    <br> <a name="num19"></a><a href="#nu19"><sup>19</sup></a> Eusebio Basauri Cebri&aacute;n, "La doctrina social de la Iglesia: perspectivas de futuro", Scripta Theologica 25, 1, (1993): 259.    <br> <a name="num20"></a><a href="#nu20"><sup>20</sup></a> Mart&iacute;n Heidegger, <i>El ser y el tiempo </i>(M&eacute;xico: FCE, 1968), 211. &laquo;La <i>cura, </i>como totalidad estructural original, tiene un car&aacute;cter existenciario a priori respecto de todo "comportamiento" y "posici&oacute;n" f&aacute;ctica del ser-ah&iacute;&raquo;. "El sentido fundamental de la actividad f&aacute;ctica de la vida es el cuidado <i>(curare) </i>y hay que entenderlo fundamentalmente como la capacidad de desenvolverse pr&aacute;ctica y familiarmente con el mundo en tres direcciones b&aacute;sicas: el mundo subjetivo de las propia vivencias <i>(selbstwelt)</i>, el mundo social compartido con los otros <i>(mitwelt) </i>y el mundo circundante de las cosas <i>(umwelt). </i>Mart&iacute;n Heidegger, <i>interpretaciones fenomenol&oacute;gicas sobre Arist&oacute;teles. informe de la situaci&oacute;n hermen&eacute;utica </i>(Madrid: Trotta, 2002), 35.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num21"></a><a href="#nu21"><sup>21</sup></a> Cf. San Agust&iacute;n, <i>Confesiones </i>I, 1. <a href="http://www.agustinus.it/latino/confessioni/index.htm" target="_blank">www.agustinus.it/latino/confessioni/index.htm</a>.    <br> <a name="num22"></a><a href="#nu22"><sup>22</sup></a> Mart&iacute;n Heidegger, <i>Estudios sobre la m&iacute;stica medieval, </i>(M&eacute;xico: FCE, 1997), 60.    <br> <a name="num23"></a><a href="#nu23"><sup>23</sup></a> San Agust&iacute;n, <i>op. cit, </i>X, 20, 29.    <br> <a name="num24"></a><a href="#nu24"><sup>24</sup></a> <i>Ih&iacute;d., </i>X, 23, 33.    <br> <a name="num25"></a><a href="#nu25"><sup>25</sup></a> <i>C&iacute;. Ih&iacute;d., </i>30. 41.    <br> <a name="num26"></a><a href="#nu26"><sup>26</sup></a> Tom&aacute;s de Aquino, <i>Summa Theologiae. </i><a href="http://www.corpusthomisticum.org/sth1001.html" target="_blank">www.corpusthomisticum.org/sth1001.html</a>, I, q. 93, a. 4, c.    <br> <a name="num27"></a><a href="#nu27"><sup>27</sup></a> <i>Ib&iacute;d., </i>I, q. 93, a. 5, ad. 4.    <br> <a name="num28"></a><a href="#nu28"><sup>28</sup></a> Plat&oacute;n, "Teeteto" en <i>Di&aacute;logos de Plat&oacute;n </i>(Madrid: Editorial Gredos, 1988), 244.    <br> <a name="num29"></a><a href="#nu29"><sup>29</sup></a> Tom&aacute;s de Aquino, <i>op. cit.    <br> <a name="num30"></a><a href="#nu30"><sup>30</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., </i>1, q.45, a.7.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num31"></a><a href="#nu31"><sup>31</sup></a> Para las obras de Paulo Freire puede consultarse su biblioteca digital. <a href="http://www.paulofreire.ce.ufpb.br/paulofreire/" target="_blank">www.paulofreire.ce.ufpb.br/paulofreire/</a>.    <br> <a name="num32"></a><a href="#nu32"><sup>32</sup></a> Joe Holland y Peter Henriot,<i> Social analysis: Linking Faith and Justice </i>(Maryknoll, N.Y.: Orbis Books, 1983). Estos sintetizaron los elementos claves de an&aacute;lisis social y metodolog&iacute;a pastoral en el llamado "c&iacute;rculo pastoral". Sus elementos clave son de car&aacute;cter hist&oacute;rico, estructural, no-dogm&aacute;tico, con &eacute;nfasis en los valores y orientados a la acci&oacute;n. Particularmente en Am&eacute;rica Latina, este m&eacute;todo insisti&oacute; en la importancia del an&aacute;lisis de la realidad y la planificaci&oacute;n pastoral y fue ampliamente apoyado por te&oacute;logos de la liberaci&oacute;n y muchos grupos cristianos a&uacute;n no liberacionistas. Una generaci&oacute;n completa de l&iacute;deres cat&oacute;licos latinos se form&oacute; con este m&eacute;todo (ver-juzgar-actuar) entre 1972 y 1986. Hoy el m&eacute;todo precisa de una considerable revisi&oacute;n a la luz de los cambios recientes, tal como lo refleja el Documento de Aparecida. Una debilidad fue la arbitrariedad en el uso de las normas y elementos de la tradici&oacute;n cat&oacute;lica, invocados con el prop&oacute;sito de valorar o juzgar la realidad m&aacute;s pr&oacute;xima. Quiz&aacute;s el origen de esta actitud se encuentre en el reconocimiento mismo, por parte de Holland y Henriot, de que su acercamiento al m&eacute;todo pastoral como an&aacute;lisis social "es no-dogm&aacute;tico" y as&iacute; poder usar escuelas de an&aacute;lisis no cristianas. Otra debilidad fue el desconocimiento de la estructura propia del ser humano y de su libertad y destino, reduciendo todo a una estrategia social y a una lucha pol&iacute;tica. Un tercer elemento es el abandono de la visi&oacute;n creyente en el Ver y reducir todo a un an&aacute;lisis t&eacute;cnico de situaci&oacute;n que conllevaba de por s&iacute; a una acci&oacute;n social contra el sistema. Una visi&oacute;n m&aacute;s revisada y actualizada la trae Jos&eacute; Mar&iacute;a Rubio, <i>Para vivir la revisi&oacute;n de vida. un m&eacute;todo para la acci&oacute;n y para la espiritualidad cristiana </i>(Navarra: Verbo divino, 2006).    <br> <a name="num33"></a><a href="#nu33"><sup>33</sup></a> Congregaci&oacute;n para la educaci&oacute;n cat&oacute;lica, <i>Orientaciones para el estudio y la ense&ntilde;anza de la doctrina social </i>(Roma: Tipograf&iacute;a Pol&iacute;glota Vaticana, 1988), N 3..</p>   <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Altizer, Thomas. <i>Truth, myth and symbol. </i>Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1959.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-1468201100020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Antoncich, Ricardo. <i>Las enc&iacute;clicas sociales de Juan Pablo II desde la fenomenolog&iacute;a de la persona seg&uacute;n Karol Wojtyla. </i>Tesis de doctorado. Medell&iacute;n: UPB, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-1468201100020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Arango, Gloria Mercedes y Arboleda, Carlos. "La Constituci&oacute;n de Rionegro y el <i>syllabus: </i>dos s&iacute;mbolos de naci&oacute;n y dos banderas de guerra". En Arboleda, Carlos. <i>Guerra y religi&oacute;n en Colombia. </i>Medell&iacute;n: UPB, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-1468201100020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Basauri Cebri&aacute;n, Eusebio. "La doctrina social de la Iglesia: perspectivas de futuro". <i>Scripta Theologica </i>25, 1 (1993): 253-280.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-1468201100020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bonhoeffer, Dietrich. <i>Resistencia y sumisi&oacute;n. </i>Barcelona: Grijalbo, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-1468201100020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bonn&iacute;n, Eduardo. <i>Naturaleza de la doctrina social de la iglesia. </i>M&eacute;xico: Imdosoc, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-1468201100020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bull&oacute;n Hern&aacute;ndez, Jos&eacute;<i>. </i>"Recuperaci&oacute;n y planteamiento de la doctrina social de la iglesia en Juan Pablo II". <i>Revista sociedad y utop&iacute;a </i>27, (2006): 137-156. <a href="http://www.instituto-social-leonxiii.org/temporal/homenajejp2/013jose_bullon_hernandez.pdf" target="_blank">www.instituto-social-leonxiii.org/temporal/homenajejp2/013jose_bullon_hernandez.pdf</a>. (Consultada en diciembre 15, 2010).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-1468201100020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Camacho, Ildefonso. <i>Cien a&ntilde;os de Doctrina social de la iglesia. </i>Santander: Sal Terrae, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-1468201100020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Chenu, Marie Dominique. <i>Le "doctrine sociale" de l'Eglise comme ideologie. </i>Paris: Du Cerf, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-1468201100020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Colombo, Giuseppe. <i>El problema de lo sobrenatural. </i>Barcelona: Herder, 1961.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-1468201100020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Conferencia Episcopal de Colombia. <i>La iglesia en Colombia, una comunidad que camina en la esperanza. </i>Bogot&aacute;: Conferencia Episcopal de Colombia, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-1468201100020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Congregaci&oacute;n para la educaci&oacute;n cat&oacute;lica. <i>Orientaciones para el estudio y la ense&ntilde;anza de la doctrina social. </i>Roma: Tipograf&iacute;a Pol&iacute;glota Vaticana, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-1468201100020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez Carvajal, Luis. "Para hacer un buen uso de la Doctrina Social de la Iglesia". <i>Revista de Fomento social 43, 169 </i>(1988): 7-15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-1468201100020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, Gustavo. <i>Teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n. </i>Salamanca: S&iacute;gueme, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-1468201100020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hamilton, William y Altizer, Thomas J. <i>Teolog&iacute;a radical y muerte de Dios. </i>Barcelona-M&eacute;xico: Grijalbo, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-1468201100020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Heidegger, Martin. <i>El ser y el tiempo. </i>M&eacute;xico: FCE, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-1468201100020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>________. <i>Estudios sobre la m&iacute;stica medieval. </i>M&eacute;xico: FCE, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-1468201100020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>________. <i>Interpretaciones fenomenol&oacute;gicas sobre Arist&oacute;teles. Informe de la situaci&oacute;n hermen&eacute;utica. </i>Madrid: Trotta, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-1468201100020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Holland, Joe y Henriot, Peter<i>. Social analysis: Linking Faith and Justice. </i>Maryknoll, N.Y.: Orbis Books, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-1468201100020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Juan Pablo II. <i>Omelia di Giovanni Paolo II. C</i>arpineto Romano. <a href="http://www.vatican.va/holyfa_ther/johnpa_ul_ii/homilies/1991/documents/hf_jp-ii_hom_19910901_messa-carpineto-romano_it.html" target="_blank">www.vatican.va/holyfa_ther/johnpa_ul_ii/homilies/1991/documents/hf_jp-ii_hom_19910901_messa-carpineto-romano_it.html</a>. (Consultada en enero 10, 2011).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-1468201100020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ladri&eacute;re, Jean. <i>&Eacute;tica e pensamento cient&iacute;fico. </i>Sao Paulo: Letras e Letras, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-1468201100020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Le&oacute;n XIII<i>. Au milieu des sollicitudes. </i>16-11-1892. <a href="http://www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_16021892_au-milieu-des-sollicitudes_en.html" target="_blank">www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_16021892_au-milieu-des-sollicitudes_en.html</a>. (Consultada en diciembre 10, 2010).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-1468201100020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Metz, J.B. <i>La fe en la historia y la sociedad. </i>Madrid: Cristiandad, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-1468201100020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>________. <i>Teolog&iacute;a del mundo. </i>Salamanca: S&iacute;gueme, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-1468201100020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>P&iacute;o XII. <i>Benignitas et Humanitas. </i>24-XII-1944. <a href="http://www.vatican.va/holy_father/pius_xii/speeches/1944/documents/hf_p-xii_spe_19441224_natale_sp.html" target="_blank">www.vatican.va/holy_father/pius_xii/speeches/1944/documents/hf_p-xii_spe_19441224_natale_sp.html</a>. (Consultada en diciembre 15, 2010).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0120-1468201100020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Plat&oacute;n. <i>Di&aacute;logos de Plat&oacute;n. </i>Madrid: Editorial Gredos, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0120-1468201100020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Robinson, John. <i>Sincero para con Dios. </i>Barcelona: Ariel, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-1468201100020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rubio, Jos&eacute; Mar&iacute;a. <i>Para vivir la revisi&oacute;n de vida. Un m&eacute;todo para la acci&oacute;n y para la espiritualidad cristiana. </i>Navarra: Verbo Divino, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0120-1468201100020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>San Agust&iacute;n. Confesiones. <a href="http://www.augustinus.it/latino/confessioni/index.htm" target="_blank">www.augustinus.it/latino/confessioni/index.htm</a>. (Consultada en noviembre 1-15, 2010).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0120-1468201100020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Santo Tom&aacute;s de Aquino. <i>Summa theologiae. </i><a href="http://www.corpusthomisticum.org/sthl001.html" target="_blank">www.corpusthomisticum.org/sthl001.html</a>. (Consultada en noviembre 1-15, 2010).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0120-1468201100020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&iacute;nodo de los obispos 1971. La justicia en el mundo. <a href="http://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_19711130_giustizia_po.html" target="_blank">www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_19711130_giustizia_po.html</a>. (Consultada en febrero 10, 2011).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0120-1468201100020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vahanian, Gabriel. <i>The death of God. The cultura of our post Christian era. </i>Nueva York: George Braziller, 1961.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0120-1468201100020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Wojtila, Karol. <i>Mi visi&oacute;n del hombre. </i>Madrid: Palabra, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0120-1468201100020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>     ]]></body>
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