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<journal-title><![CDATA[Franciscanum. Revista de las Ciencias del Espíritu]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Del Vaticano II... a ¿Jerusalén II?]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>Del Vaticano II... a &iquest;Jerusal&eacute;n II?</b></font><sup>*</sup></center></p>     <p>    <center><i>V&iacute;ctor Codina, S. J.</i><sup>**</sup></center></p>  <sup>*</sup>Este art&iacute;culo es parte del n&uacute;mero colectivo de revistas latinoamericanas de teolog&iacute;a animado por la Comisi&oacute;n Teol&oacute;gica Latinoamericana de la ASETT/EATWOT.    <br> <sup>**</sup>Doctor en Teolog&iacute;a por la Universidad Gregoriana de Roma y profesor em&eacute;rito en el Instituto Superior de Estudios Teol&oacute;gicos de la Universidad Cat&oacute;lica Boliviana de Cochabamba. Contacto: <a href="mailto:victor-codina@yahoo.es">victor-codina@yahoo.es</a>.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>1. Un verdadero Pentecost&eacute;s</b></font></p>     <p>El deseo y oraciones de Juan XXIII pidiendo que el Vaticano II fuera un Pentecost&eacute;s para la Iglesia, fue ampliamente escuchado por el Se&ntilde;or. El Vaticano II fue una aut&eacute;ntica irrupci&oacute;n del Esp&iacute;ritu sobre la Iglesia, un acontecimiento salv&iacute;fico, un <i>kair&oacute;s. </i>Hay un "antes" un "despu&eacute;s" del Vaticano II.</p>     <p>Este tema ha sido tan ampliamente estudiado<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> que bastar&aacute; recordar las l&iacute;neas fundamentales del cambio producido en el Concilio:</p> <ol>-De la Iglesia de Cristiandad, t&iacute;pica del Segundo milenio, centrada en el poder y la jerarqu&iacute;a, se pasa a la Iglesia del Tercer milenio que recupera la eclesiolog&iacute;a de comuni&oacute;n t&iacute;pica del Primer milenio y, al mismo tiempo, se abre a los nuevos signos de los tiempos (GS 4; 11; 44);</p>     <p>-De una eclesiolog&iacute;a centrada en s&iacute; misma, se abre a una Iglesia orientada al Reino;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-De una Iglesia sociedad perfecta se pasa a una Iglesia misterio, radicada en la Trinidad (LG I);</p>     <p>-De una eclesiolog&iacute;a exclusivamente cristoc&eacute;ntrica (&iexcl;incluso cristo-monista!) se pasa a una Iglesia que vive tanto bajo el principio cristol&oacute;gico como bajo el principio pneum&aacute;tico del Esp&iacute;ritu (LG 4);</p>     <p>-De una Iglesia centralista a una Iglesia corresponsable y sinodal que respeta las Iglesias locales;</p>     <p>-De una Iglesia identificada con la jerarqu&iacute;a a una Iglesia toda ella Pueblo de Dios con diversos carismas (LG II);</p>     <p>-De una Iglesia triunfalista que parece haber llegado a la gloria a una Iglesia que camina en la historia hacia la escatolog&iacute;a y se llena del polvo del camino (LG VII);</p>     <p>-De una Iglesia se&ntilde;ora y dominadora, madre y maestra universal a una Iglesia servidora de todos y en especial de los pobres;</p>     <p>-De una Iglesia comprometida con el poder a una Iglesia solidaria con los pobres;</p>     <p>-De una Iglesia arca de salvaci&oacute;n a una Iglesia sacramento de salvaci&oacute;n, en di&aacute;logo con las otras Iglesias y las otras religiones de la humanidad, en pleno reconocimiento de la libertad religiosa (DH).    </ol>     <p>En este sentido se ha dicho que el Vaticano II, y concretamente la constituci&oacute;n <i>Lumen Gentium, </i>ha sido un Concilio de transici&oacute;n, entendida esta transici&oacute;n como el paso de una eclesiolog&iacute;a tradicional a otra renovada<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. Para algunos es el paso <i>del anatema al di&aacute;logo </i>(R. Garaudy), un verdadero <i>aggiornamento </i>de la Iglesia; para otros, seguramente excesivamente optimistas, el <i>requiem </i>del constantinismo...</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>2. Y sin embargo...</b></font></p>     <p>Sin entrar aqu&iacute; y ahora en lo que ha sucedido en el inmediato y posterior posconcilio, ya el mismo Vaticano II presenta una serie de d&eacute;ficits que lastrar&aacute;n sus elementos positivos y los ensombrecer&aacute;n.</p>     <p>Adem&aacute;s de que el Vaticano II tuvo que acceder a admitir una serie de enmiendas (o <i>modos) </i>de los grupos m&aacute;s conservadores, que hacen que su eclesiolog&iacute;a contenga una cierta ambigua dualidad entre el acento jur&iacute;dico de la eclesiolog&iacute;a tradicional y la afirmaci&oacute;n de la eclesiolog&iacute;a de comuni&oacute;n (como Acerbi ha se&ntilde;alado), el Concilio no trata y guarda silencio sobre temas ya entonces candentes: el celibato sacerdotal y la carencia de ministros ordenados, el papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, la participaci&oacute;n de los seglares en la responsabilidad ministerial, la sexualidad, la disciplina del matrimonio, la forma de elegir a los obispos, el estatuto eclesiol&oacute;gico de los obispos auxiliares, de los nuncios y cardenales, la funci&oacute;n de la curia romana, la relaci&oacute;n entre democracia y valores, entre leyes civiles y morales, la relaci&oacute;n con las Iglesias orientales separadas de Roma...</p>     <p>Estas lagunas han hecho que la magn&iacute;fica eclesiolog&iacute;a de comuni&oacute;n del Vaticano II, en la pr&aacute;ctica, haya quedado muchas veces a mitad de camino por falta de mediaciones eclesiales concretas para llevarlas a la pr&aacute;ctica. Muchos de estos temas se convertir&aacute;n en el posconcilio, sobre todo en tiempo de Pablo VI, en cuestiones no s&oacute;lo candentes sino conflictivas. Pensemos, por ejemplo, en la pol&eacute;mica surgida en torno a la <i>Humanae Vitae.</i></p>      <p><font size="3"><b>3. Invierno eclesial</b></font></p>     <p>A&ntilde;adamos a lo anterior que el Vaticano II, luego de quince siglos de constatinismo eclesial, produjo muchas reacciones y exageraciones en el seno de la Iglesia. Desde la sociolog&iacute;a y en concreto desde la sociolog&iacute;a religiosa esto no deber&iacute;a extra&ntilde;arnos: una gran masa de fieles no cambia r&aacute;pidamente sus modos de pensar y de actuar.</p>     <p>Algunos sectores muy conservadores se resistieron a aceptar el Vaticano II, creyeron que la Iglesia doblaba sus rodillas ante la Modernidad (Maritain, Bouyer...). Mucho peor y m&aacute;s intransigente fue la postura de Mons. Marcel Lefebvre que acab&oacute; formando un grupo disidente (Fraternidad de P&iacute;o X) que fueron finalmente excomulgados por Juan Pablo II (1988), al proceder Lefebvre a nombrar sus propios obispos. La cuesti&oacute;n lit&uacute;rgica (el deseo de volver a la liturgia latina de P&iacute;o V), no fue lo m&aacute;s importante: en el fondo hab&iacute;a un rechazo frontal del Vaticano II al que se acusaba de protestantismo y modernismo. Conocemos toda la evoluci&oacute;n que ha ido teniendo este grupo hasta nuestros d&iacute;as y los dif&iacute;ciles caminos de reconciliaci&oacute;n. Si para algunos de ellos el Vaticano II fue una aut&eacute;ntica cloaca, &iquest;c&oacute;mo poder dialogar con ellos?...</p>     <p>Estas posturas cr&iacute;ticas estaban tambi&eacute;n influidas por la deficiente hermen&eacute;utica y recepci&oacute;n del Concilio por otros grupos opuestos. Hubo de parte de algunos sectores de la Iglesia una interpretaci&oacute;n excesivamente libre y alegre del Vaticano II, lo cual produjo excesos, abusos y exageraciones en terrenos dogm&aacute;ticos, lit&uacute;rgicos, morales, ecum&eacute;nicos... y lo que fue m&aacute;s doloroso, el abandono del ministerio por parte de muchos sacerdotes y de la vida consagrada por parte de muchos religiosos y religiosas.</p>     <p>A esto se sum&oacute; un descenso de la pr&aacute;ctica dominical y sacramental, los divorcios, el aumento de indiferencia religiosa, el descenso entre las vocaciones sacerdotales y religiosas, un ambiente muy secularizado y cr&iacute;tico frente a la Iglesia...</p>     <p>Esto explica el hecho de que dentro de personas muy responsables y representativas de la Iglesia se hiciera una cr&iacute;tica si no del Vaticano II, s&iacute; ciertamente de su aplicaci&oacute;n. Aqu&iacute; hay que se&ntilde;alar la entrevista que tuvo el Cardenal Josef Ratzinger, Prefecto de la Congregaci&oacute;n de la Fe, con el periodista italiano Vittorio Messori<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. Ratzinger no critica al Concilio sino al antiesp&iacute;ritu del Concilio que se ha introducido en la Iglesia, fruto de los embates de la modernidad y de la revoluci&oacute;n cultural sobre Occidente. No defiende una vuelta atr&aacute;s sino una restauraci&oacute;n eclesial, una vuelta a los aut&eacute;nticos textos conciliares para buscar un nuevo equilibrio y recuperar la unidad y la integridad de la vida de la Iglesia y de su relaci&oacute;n con Cristo. No se siente muy inclinado a resaltar la historicidad de la Iglesia, ni los signos de los tiempos, ni el concepto de Pueblo de Dios, ni a apoyar las conferencias episcopales, que le parece que asfixian el papel del obispo local. Cree que los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os despu&eacute;s del Concilio han sido desfavorables para la Iglesia y opuestos a las expectativas de Juan XXIII. Ni la teolog&iacute;a liberadora de Am&eacute;rica Latina, ni las religiones no cristianas, ni el movimiento feminista gozan de su simpat&iacute;a. El tono del di&aacute;logo es m&aacute;s bien pesimista y sombr&iacute;o, mientras para &eacute;l un rayo luminoso de esperanza lo constituyen los nuevos movimientos laicales y carism&aacute;ticos<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>...</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Frente a esta postura cr&iacute;tica de Ratzinger sobre el posconcilio, el cardenal de Viena, Franz K&ouml;nig, que jug&oacute; un papel muy importante en el Vaticano II, escribi&oacute; un libro, <i>iglesia, &iquest;ad&oacute;nde vas?</i><sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>, en el que afirma que la minor&iacute;a conciliar ve&iacute;a el concilio como una amenaza y utiliz&oacute; todo su poder para vaciarlo de contendido. Para K&ouml;nig la Iglesia de hoy, sin el Vaticano II, habr&iacute;a sido una cat&aacute;strofe y mira con sospecha los intentos actuales de restauraci&oacute;n eclesial.</p>     <p>El S&iacute;nodo de obispos de 1985, convocado por Juan Pablo II, defendi&oacute; la identidad del Vaticano II frente a sus impugnadores, sin embargo sustituy&oacute; el concepto de Pueblo de Dios por, el de Iglesia Cuerpo de Cristo, reforz&oacute; la importancia de la santidad y de la cruz en la iglesia (seguramente creyendo que <i>Gaudium et spes </i>era demasiado optimista y humanista), cambi&oacute; la palabra pluralismo por la de pluriformidad, e intent&oacute; leer <i>Gaudium et spes </i>desde <i>Lumen Gentium </i>y no al rev&eacute;s.</p>     <p>Se ha dicho que la minor&iacute;a conciliar que fue "derrotada" por el Vaticano II, poco a poco ha ido enarbolando la interpretaci&oacute;n y conducci&oacute;n del Vaticano II. Lentamente hemos ido pasando de la primavera al invierno conciliar (K. Rahner), a una vuelta a la gran disciplina (J.B. Lib&acirc;nio), a una restauraci&oacute;n eclesial (J.C. Z&iacute;zola), a una noche oscura eclesial (J.I. Gonz&aacute;lez Faus). A la revista <i>Concilium, </i>liderada por los grandes te&oacute;logos conciliares, se le a&ntilde;ade en 1972 la revista <i>Communio, </i>inspirada por H.U. von Balthasar con una l&iacute;nea teol&oacute;gica diferente. Von Balthasar parece ser la gran figura teol&oacute;gica del posConcilio, como lo fue Rahner del Concilio. Algo est&aacute; cambiando.</p>     <p>Muchos de los documentos del magisterio que se han ido produciendo en tiempo de Juan Pablo II en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, como <i>apostolos suos </i>(1998) sobre las conferencias episcopales, <i>Communionis notio </i>(1992) sobre las iglesias locales, la <i>instrucci&oacute;n sobre la colaboraci&oacute;n de los fieles laicos en el ministerio de los sacerdotes </i>(1987), la Instrucci&oacute;n <i>Dominus iesus </i>(2000) sobre el di&aacute;logo interreligioso, marcan un claro retroceso respecto a la inspiraci&oacute;n m&aacute;s profunda del Vaticano II.</p>     <p>A casi 50 a&ntilde;os de la clausura del Concilio, algunos se preguntan si en el Concilio realmente sucedi&oacute; algo<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>. Frente a esta postura un tanto cr&iacute;tica y dubitativa, los estudios hist&oacute;ricos dirigidos por G. Alberigo<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> han demostrado fehacientemente que el Vaticano II fue un verdadero "acontecimiento". Pero no han faltado reacciones en contra, como la de Mons. A. Marchetto, para quien el Vaticano II no opera ninguna ruptura con el pasado, sino que es preferible hablar de continuidad<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>. El mismo Benedicto XVI prefiere hablar de reforma sin ruptura<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>.</p>      <p><font size="3"><b>4. Cambio de acentos</b></font></p>     <p>Pero si dejamos un tanto de lado las diversas hermen&eacute;uticas y aplicaciones del Vaticano II, para fijarnos en el nuevo contexto socioeclesial que hoy vivimos, constataremos que ha habido como un corrimiento de acentos y de inter&eacute;s en la apreciaci&oacute;n y actualidad de los mismos documentos conciliares.</p>     <p>Para poner alg&uacute;n ejemplo, si la eclesiolog&iacute;a del Vaticano II estuvo centrada en <i>Lumen Gentium </i>en una Iglesia ya constituida, hoy d&iacute;a vemos que el decreto <i>ad Gentes, </i>sobre la actividad misionera de la Iglesia, recobra mayor actualidad y urgencia, y esto no s&oacute;lo para los llamados "pa&iacute;ses de misi&oacute;n" sino tambi&eacute;n y quiz&aacute;s sobre todo para los mismos pa&iacute;ses de tradici&oacute;n cat&oacute;lica, convertidos hoy en verdaderos pa&iacute;ses de misi&oacute;n, donde es necesaria una nueva evangelizaci&oacute;n.</p>     <p>El ecumenismo conciliar, expresado sobre todo en el decreto <i>unitatis Redintegratio, </i>parece quedar un tanto desplazado ante la actualidad del di&aacute;logo interreligioso que el mismo Vaticano II propici&oacute; en su decreto <i>nostra aetate. </i>&iquest;Qu&eacute; sentido y urgencia tienen las discusiones dom&eacute;sticas entre cristianos ortodoxos, evang&eacute;licos y anglicanos, cuando el grave problema es la relaci&oacute;n con las grandes mayor&iacute;as no cristianas? Toda la problem&aacute;tica ecum&eacute;nica, evidentemente no desaparece, pero queda como en un segundo lugar ante los problemas religiosos y pol&iacute;ticos del di&aacute;logo con el Islam, hinduismo, budismo, juda&iacute;smo y las religiones originarias, lo que algunos llaman macroecumenismo, aunque a otros disgusta este nombre.</p>     <p>Para poner otro ejemplo intraeclesial, las discusiones en torno a la <i>nota previa </i>introducida un tanto misteriosamente al final de la <i>Lumen Gentium </i>sobre la relaci&oacute;n entre primado y colegialidad episcopal, quedan hoy muy relativizadas y como desplazadas ante el pedido del mismo Juan Pablo II en su enc&iacute;clica <i>ut unum sint </i>(1995), de que dirigentes y te&oacute;logos de las diferentes Iglesias y comunidades cristianas le ayuden a reformular el ejercicio del primado petrino hoy, para que, sin renunciar a su misi&oacute;n de servicio a la comuni&oacute;n, deje de constituir un obst&aacute;culo (&iquest;el principal?) para la uni&oacute;n de los cristianos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Qu&eacute; est&aacute; sucediendo? &iquest;C&oacute;mo interpretar estos cambios que afectan al mismo ser eclesial?</p>      <p><font size="3"><b>5. Entre el caos y el kair&oacute;s</b></font></p>     <p>M&aacute;s all&aacute; de las buenas o males voluntades, m&aacute;s all&aacute; de las diferentes ideolog&iacute;as en torno al Vaticano II, hay que reconocer que hoy estamos ante un cambio de &eacute;poca, estamos entrando en una crisis de cultura mundial, no precisamente destructiva, pero s&iacute; de proporciones in&eacute;ditas.</p>     <p>Antrop&oacute;logos, soci&oacute;logos, fil&oacute;sofos e historiadores reconocen que vivimos una situaci&oacute;n nueva, una especie de tsunami y de terremoto global, que afectan a todas las dimensiones de nuestra existencia: sociales, econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas, culturales y tambi&eacute;n religiosas y espirituales. La generalizaci&oacute;n y aceleraci&oacute;n de las comunicaciones, la globalizaci&oacute;n de flujos energ&eacute;ticos y de los recursos, la movilidad de las personas, el impacto creciente e inesperado de la ciencia, la amenaza de la degradaci&oacute;n del planeta, nos producen la impresi&oacute;n de caos generalizado.</p>     <p>Si hace algunos a&ntilde;os todav&iacute;a se so&ntilde;aba en el Estado de bienestar, actualmente todo el mundo vive en una atm&oacute;sfera de inseguridad, de incertidumbre y precariedad. La llamada "&eacute;poca axial" o el "tiempo eje" que desde el 900 a. C. hasta el 200 a. C. configur&oacute; la sabidur&iacute;a y cosmovisi&oacute;n religiosa de China (Confucio), India (Buda), Grecia (S&oacute;crates) e Israel (Isa&iacute;as, Jerem&iacute;as y los profetas)<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>, hoy ha entrado en una profunda crisis y se necesita elaborar un "segundo tiempo axial" (K. Jaspers).</p>     <p>Todo esto naturalmente afecta a nuestra conciencia religiosa y eclesial. J.B. Metz ha formulado en una especie de sorites los cambios que vivimos a nivel religioso y eclesial. Frente a una &eacute;poca de pertenencia pac&iacute;fica en la Iglesia hoy hemos ido pasando primero a afirmar "Cristo s&iacute;, Iglesia no", para luego ir avanzando a "Dios s&iacute;, Cristo, no" y m&aacute;s adelante "religi&oacute;n s&iacute;, Dios, no", para acabar diciendo "espiritualidad s&iacute;, religi&oacute;n no".</p>     <p>En este clima ca&oacute;tico de cambio e incertidumbre generalizada, la problem&aacute;tica del Vaticano II ha quedado de alg&uacute;n modo desplazada o incluso superada. Ya no tiene mucho sentido seguir discutiendo sobre ritos lit&uacute;rgicos, la curia vaticana, la disminuci&oacute;n de la pr&aacute;ctica dominical, el control de natalidad, la comuni&oacute;n a los divorciados o las parejas homosexuales... Los problemas son mucho m&aacute;s radicales y de fondo. Las generaciones j&oacute;venes son las que m&aacute;s lo perciben y sufren.</p>     <p>El Vaticano II fue un concilio fuertemente eclesiol&oacute;gico, centrado en la <i>Lumen Gentium </i>y en la <i>Gaudium et spes. </i>Respond&iacute;a a la pregunta que Pablo VI hab&iacute;a lanzado a los padres conciliares: "Iglesia, &iquest;qu&eacute; dices de ti misma?". Todos los dem&aacute;s documentos giran en torno a la Iglesia o convergen en ella: revelaci&oacute;n, liturgia, laicado, Pueblo de Dios, jerarqu&iacute;a, vida religiosa, ecumenismo, di&aacute;logo con el mundo moderno, etc.</p>     <p>Pero pocos a&ntilde;os despu&eacute;s del Vaticano II el mismo Pablo VI, en una semana social de Francia, cambi&oacute; la pregunta del Concilio y la convirti&oacute; en esta otra: "Iglesia, &iquest;qu&eacute; dices de Dios?"</p>     <p>El te&oacute;logo y cardenal Walter Kasper reconoce que el Vaticano II se limit&oacute; demasiado a la Iglesia y a las mediaciones eclesiales y descuid&oacute; de atender al verdadero y aut&eacute;ntico contenido de la fe, a Dios<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y Rahner lleg&oacute; a afirmar que el concilio Vaticano I hab&iacute;a sido m&aacute;s audaz que el Vaticano II al haberse atrevido a tratar la cuesti&oacute;n del misterio inefable de Dios. Y escribi&oacute;:</p> <ol>El futuro no preguntar&aacute; a la Iglesia por la estructura m&aacute;s exacta y bella de la liturgia, ni tampoco por las doctrinas teol&oacute;gicas controvertidas que distinguen la doctrina cat&oacute;lica de los cristianos no cat&oacute;licos, ni por un r&eacute;gimen m&aacute;s o menos ideal de la curia romana. Preguntar&aacute; si la Iglesia puede atestiguar la proximidad orientadora del misterio inefable que llamamos Dios. (...) Y por esta raz&oacute;n, las respuestas y soluciones del pasado Concilio no podr&iacute;an ser sino un comienzo muy remoto del quehacer de la Iglesia del futuro.<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>    </ol>     <p>La Iglesia ha de concentrarse en lo esencial, volver a Jes&uacute;s y al evangelio, iniciar una mistagog&iacute;a que lleve a una experiencia espiritual de Dios, es tiempo de espiritualidad y de m&iacute;stica. Y tambi&eacute;n de profec&iacute;a frente al mundo de los pobres y excluidos que son la mayor parte de la humanidad, y frente a la Tierra, la madre Tierra, que est&aacute; seriamente amenazada. M&iacute;stica y profec&iacute;a son inseparables. La Iglesia ha de generar esperanza y sentido a un mundo abocado a la muerte.</p>     <p>No es tiempo de retoques parciales, estamos en un tiempo que recuerda al que precedi&oacute; inmediatamente a la Reforma. Hay que ir a lo esencial. Y no enga&ntilde;arnos, no caer en la vieja tentaci&oacute;n de tocar violines mientras el Tit&aacute;nic se hunde...</p>     <p>En este clima de perplejidad y de crisis universal, los cristianos afirmamos que en medio de este caos, est&aacute; presente la Ruaj, el Esp&iacute;ritu que se cern&iacute;a sobre el caos inicial para generar la vida, el mismo Esp&iacute;ritu que engendr&oacute; a Jes&uacute;s de Mar&iacute;a Virgen y lo resucit&oacute; de entre los muertos. Del caos puede surgir un tiempo de gracia, un <i>kair&oacute;s, </i>una Iglesia renovada, nazarena, m&aacute;s pobre y evang&eacute;lica.</p>     <p>Algunas voces postulan un nuevo concilio, pero en este caso no deber&iacute;a ser un Vaticano III, sino un Jerusal&eacute;n II...</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p> <a name="num1"></a><a href="#nu1"><sup>1</sup></a> Me permito remitir a mi libro, Para comprender la eclesiolog&iacute;a desde Am&eacute;rica Latina (Estella: Verbo Divino, 2008).    <br> <a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a> Cf. A. J. de Almeida, Lumen Gentium. A transi&ccedil;&acirc;o necess&aacute;ria (S&acirc;o Paulo: Pablus, 2005).    <br> <a name="num3"></a><a href="#nu3"><sup>3</sup></a> Cf. V. Messori y J. Ratzinger, Informe sobre la fe (Madrid: BAC, 1985).    <br> <a name="num4"></a><a href="#nu4"><sup>4</sup></a> Para comprender el pensamiento teol&oacute;gico de J. Ratzinger puede ayudar el texto de J. Mart&iacute;nez Gordo, La cristolog&iacute;a de Josef Ratzinger-Benedicto XVI. A la luz de su biograf&iacute;a teol&oacute;gica (Barcelona: Cristianisme i Justicia, 2008).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num5"></a><a href="#nu5"><sup>5</sup></a> Cf. K. K&ouml;nig, Iglesia, &iquest;ad&oacute;nde vas? (Santander: Editorial Sal Terrae, 1986).    <br> <a name="num6"></a><a href="#nu6"><sup>6</sup></a> Cf. D.G. Schultenhover (ed.), Vatican II, Did Anything Happen? (New York: Continuum Publishers, 2007).    <br> <a name="num7"></a><a href="#nu7"><sup>7</sup></a> Cf. G. Alberigo (ed.), Historia del Concilio Vaticano II, I-V (Salamanca: Ediciones S&iacute;gueme, 1999-2008).    <br> <a name="num8"></a><a href="#nu8"><sup>8</sup></a> Cf. A. Marchetto, El Concilio Ecum&eacute;nico Vaticano II. Contrapunto para su historia (Valencia: Edicep, 2008). Cf. S. Madrigal, "El "aggiornamento", clave teol&oacute;gica para la interpretaci&oacute;n del Concilio", Sal Terrae, Revista de Teolog&iacute;a Pastoral 1142, tomo 98 (2010): 111-128.    <br> <a name="num9"></a><a href="#nu9"><sup>9</sup></a> Cf. Benedicto XVI, Discurso de felicitaci&oacute;n de Navidad a la curia romana, 2005.    <br> <a name="num10"></a><a href="#nu10"><sup>10</sup></a> Cf. K. Armstrong, La gran transformaci&oacute;n (Barcelona: Paid&oacute;s, 2007).    <br> <a name="num11"></a><a href="#nu11"><sup>11</sup></a> Cf. W. Kasper, "El desaf&iacute;o permanente del Vaticano II. Hermen&eacute;utica de las aseveraciones del concilio", en Teolog&iacute;a e Iglesia (Barcelona: Herder, 1989), 414.    <br> <a name="num12"></a><a href="#nu12"><sup>12</sup></a> K. Rahner, El Concilio, nuevo comienzo (Barcelona: Herder, 1966), 22.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Armstrong, K. <i>La gran transformaci&oacute;n. </i>Barcelona: Paid&oacute;s, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-1468201100020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Alberigo, G. (ed.). <i>Historia del Concilio Vaticano II, </i>I-V Salamanca: Ediciones S&iacute;gueme, 1999-2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-1468201100020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Codina, V&iacute;ctor. <i>Para comprender la eclesiolog&iacute;a desde am&eacute;rica Latina. </i>Estella: Verbo Divino, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-1468201100020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>De Almeida, A. J. <i>Lumen Gentium. A transi&ccedil;&acirc;o necess&aacute;ria. </i>S&acirc;o Paulo: Pablus, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-1468201100020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kasper, W. "El desaf&iacute;o permanente del Vaticano II. Hermen&eacute;utica de las aseveraciones del concilio". En <i>Teolog&iacute;a e iglesia. </i>Barcelona: Herder, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-1468201100020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>K&ouml;nig, K. <i>Iglesia, &iquest;ad&oacute;nde vas? </i>Santander: Editorial Sal Terrae, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-1468201100020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Madrigal, S. "El "aggiornamento", clave teol&oacute;gica para la interpretaci&oacute;n del Concilio". <i>Sal Terrae, Revista de Teolog&iacute;a Pastoral </i>1142, tomo 98 (2010): 111-128.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-1468201100020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Marchetto, A. <i>El Concilio Ecum&eacute;nico Vaticano II. Contrapunto para su historia. </i>Valencia: Edicep, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-1468201100020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mart&iacute;nez Gordo, J. <i>La cristolog&iacute;a de Josef Ratzinger-Benedicto XVI. A la luz de su biograf&iacute;a teol&oacute;gica. </i>Barcelona: Cristianisme i Justicia, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-1468201100020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Messori, V. y Ratzinger, J. <i>Informe sobre la fe. </i>Madrid: BAC, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-1468201100020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rahner, K. <i>El Concilio, nuevo comienzo. </i>Barcelona: Herder, 1966.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-1468201100020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Schultenhover, D.G. (ed.). <i>Vatican II, Did anything Happen? </i>New York: Continuum Publishers, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-1468201100020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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