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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Aurelio Alonso (Compilador). América Latina y el Caribe. Territorios religiosos y desafíos para el diálogo]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>Rese&ntilde;a</b></font></center></p>     <p>    <center>Aurelio Alonso (Compilador). <i>Am&eacute;rica Latina y el Caribe. Territorios religiosos y desaf&iacute;os para el di&aacute;logo. </i>Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, 2008.</center></p>      <p>    <center><i>Luis Alberto Valderrama Valderrama</i><sup>*</sup></center></p> <sup>*</sup>Fil&oacute;sofo de la Universidad Nacional de Colombia; docente investigador del Centro de Estudios Agustinianos de la Universitaria Agustiniana; ha sido docente de filosof&iacute;a de varias universidades de Bogot&aacute; y, actualmente, es candidato a mag&iacute;ster en la Maestr&iacute;a de Estudios del Hecho Religioso en la Universidad de San Buenaventura, sede Bogot&aacute;. Contacto: <a href="mailto:albertovv.luisalberto@gmail.com">albertovv.luisalberto@gmail.com</a>.</p>   <hr>     <p><font size="3"><b>Am&eacute;rica Latina como territorio simb&oacute;lico</b></font></p>     <p>Hace 29 a&ntilde;os Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez le contaba al mundo, desde la Academia Sueca de las Letras, la soledad de Am&eacute;rica Latina. Su "nudo" mayor, dec&iacute;a, "ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer cre&iacute;ble nuestra realidad"<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>, una realidad que supera los l&iacute;mites de la imaginaci&oacute;n. Garc&iacute;a M&aacute;rquez no olvid&oacute; que el vac&iacute;o de nuestra comprensi&oacute;n tambi&eacute;n aumentaba por el impulso euroc&eacute;ntrico:</p> <ol>Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es dif&iacute;cil entender que los talentos racionales de este lado del mundo -{Europa}-extasiados en la contemplaci&oacute;n de sus propias culturas, se hayan quedado sin un m&eacute;todo v&aacute;lido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirse con la misma vara que se miden a s&iacute; mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la b&uacute;squeda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretaci&oacute;n de nuestra realidad con esquemas ajenos s&oacute;lo contribuye a hacernos cada vez m&aacute;s desconocidos, cada vez menos libres, cada vez m&aacute;s solitarios.<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por eso, cualquier intento por interpretar nuestra realidad, desde nuestros esquemas y nuestras propias experiencias, tiene el valor de aportar a nuestro conocimiento y a nuestra libertad; el valor de mitigar nuestra soledad.</p>     <p>Ese es, entre otros, el valor que encontramos en este texto, fruto del trabajo de un grupo de investigadores que se han dado a la tarea de pensar lo religioso en Am&eacute;rica Latina desde Am&eacute;rica Latina.</p>     <p>En octubre de 2005 concluy&oacute; en Taxco, M&eacute;xico, la primera etapa del trabajo del Grupo de Trabajo Religi&oacute;n y Sociedad. Las ponencias y los debates de ese trabajo se sintetizan en el libro <i>am&eacute;rica Latina y el Caribe: territorios religiosos y desaf&iacute;os para el di&aacute;logo</i>, objeto de esta rese&ntilde;a. Aurelio Alonso, investigador del Centro de Investigaciones Psicol&oacute;gicas y Sociol&oacute;gicas de La Habana (CIPS) y subdirector de la revista <i>Casa de las am&eacute;ricas</i>, fue el compilador de este libro, en el cual participaron catorce investigadores, incluido el propio Alonso.</p>     <p>La autonom&iacute;a tem&aacute;tica y la particularidad estil&iacute;stica de cada art&iacute;culo no son suficientes para ocultar la sensaci&oacute;n de que estamos ante una conversaci&oacute;n de amigos que tienen intereses comunes. En todos se perciben dos intencionalidades bien claras: la necesidad de aprehender eso que podr&iacute;a llamarse la <i>latinoamericanidad<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>, </i>pero que la misma pretensi&oacute;n aleja m&aacute;s, y la b&uacute;squeda de esa <i>latinoamericanidad </i>en la especificidad de su cultura, signada por la territorialidad que siluetea lo religioso.</p>     <p>Por eso el concepto de <i>territorio </i>es aqu&iacute; fundamental, porque es el hilo conductor que gu&iacute;a estas reflexiones. Evidentemente se supera la concepci&oacute;n f&iacute;sica del territorio para acceder a una conceptualizaci&oacute;n m&aacute;s amplia, m&aacute;s incluyente, m&aacute;s rica en matices; pero, por eso mismo, m&aacute;s et&eacute;rea y m&aacute;s evanescente. La que propone Rita Segato surge de la visi&oacute;n de Durkheim, pero se actualiza desde los aportes de Foucault.</p> <ol>Si el territorio es espacio marcado con los emblemas identificadores de su ocupaci&oacute;n por un grupo particular, que a su vez inscribe, con sus caracter&iacute;sticas, la identidad de ese grupo que lo considera propio y lo transita libremente, en el mundo de hoy ser&iacute;a posible decir que hay un nuevo proceso en curso en lo que respecta a la territorialidad, entendida como experiencia particular, hist&oacute;rica y culturalmente definida del territorio.<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>    </ol>     <p>Los procesos de globalizaci&oacute;n modifican los modos de apropiaci&oacute;n del territorio<i>, </i>en el sentido geogr&aacute;fico del t&eacute;rmino; pero, por ello mismo, impelen a nuevas din&aacute;micas territoriales que se consolidan en los espacios simb&oacute;licos de los grupos humanos:</p> <ol>Lo que precisamente sugiero aqu&iacute; es que nos encontramos frente a la emergencia de un tercer per&iacute;odo, donde el gobierno pastoral de la poblaci&oacute;n-reba&ntilde;o, propia del per&iacute;odo anterior, se exacerba, porque esta pasa lentamente a desacoplarse del territorio y pierde vigencia la premisa de la localizaci&oacute;n y del anclaje espacial de la poblaci&oacute;n a ser gobernada (...) &iquest;Qu&eacute; es el territorio en este contexto? &iquest;En qu&eacute; consiste? &iquest;D&oacute;nde se localiza? &iquest;C&oacute;mo se demarca? No se trata de un proceso de desterritorializaci&oacute;n, ni siquiera de una nueva relaci&oacute;n con el territorio, sino de una <i>nueva producci&oacute;n de territorio</i>. Podr&iacute;a decirse que el <i>Occidente tard&iacute;o no s&oacute;lo produce sus sujetos por medio de un poder de control pastoral, sino que, tambi&eacute;n, en este mismo movimiento, produce territorios y maneras de apropiaci&oacute;n territorial, nuevas pol&iacute;ticas espaciales</i>.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>    </ol>     <p>Aunque los dem&aacute;s autores no tematizan el <i>territorio </i>como lo hace Segato, est&aacute;n presentes en sus discursos las concepciones din&aacute;mica, cultural y simb&oacute;lica del <i>territorio</i>. Es el caso de Fabio Lozano, quien analiza los procesos de dominaci&oacute;n y resistencia en Colombia desde la perspectiva de la lucha por la apropiaci&oacute;n de territorios simb&oacute;licos:</p> <ol>El concepto mismo de territorio implica un ejercicio social de apropiaci&oacute;n y dominio que se origina, en primera instancia, mediante la construcci&oacute;n de una representaci&oacute;n que se traduce en la elaboraci&oacute;n de un lenguaje (cuya expresi&oacute;n m&aacute;s gr&aacute;fica es precisamente la asignaci&oacute;n de nombres) sobre dicho territorio. Se trata ante todo de un ejercicio de car&aacute;cter simb&oacute;lico, cultural, de donaci&oacute;n de significados. Los imaginarios religiosos hacen parte de ese proceso de construcci&oacute;n territorial de una manera &iacute;ntima y en ocasiones no muy perceptible.<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Precisamente, si los imaginarios religiosos hacen parte del proceso de construcci&oacute;n territorial y esta construcci&oacute;n es la actualizaci&oacute;n misma de la b&uacute;squeda y afirmaci&oacute;n identitaria, entonces, necesariamente, el intento de apropiaci&oacute;n de lo latinoamericano debe pasar por el estudio de las din&aacute;micas de lo religioso en Am&eacute;rica Latina; y no s&oacute;lo como un fen&oacute;meno que est&aacute; ah&iacute;, a la espera del ojo del investigador, como una caracter&iacute;stica m&aacute;s de lo latinoamericano; sino, especialmente, como un elemento que constituye, conforma, crea y recrea lo latinoamericano.</p>     <p>Los catorce art&iacute;culos que forman parte de esta compilaci&oacute;n pueden agruparse por la regi&oacute;n que comprenden o por la tem&aacute;tica espec&iacute;fica que abordan. En el primer caso, los textos de Aurelio Alonso, Rita Laura Segato, Jorge Ram&iacute;rez Calzadilla, Jes&uacute;s Guanche, Pablo Mella y Cristian Parker Gumucio se refieren a la din&aacute;mica de lo religioso en Am&eacute;rica Latina en general, aunque Alonso hace precisiones espec&iacute;ficas para el caso de Cuba. A este pa&iacute;s se refieren espec&iacute;ficamente tres: los de Ana Celia Perera Pintado, Juana Berges y L&aacute;zara Men&eacute;ndez; dos a M&eacute;xico: los de Yolotl Gonz&aacute;lez y Ofelia P&eacute;rez Cruz; dos a Argentina: los de Fortunato Mallimaci y Ver&oacute;nica Gim&eacute;nez B&eacute;liveau, y uno a Colombia, el texto ya mencionado de Fabio Lozano.</p>     <p>Por la tem&aacute;tica, se encuentran aquellos que estudian el fen&oacute;meno de la recomposici&oacute;n religiosa y su relaci&oacute;n con los procesos de globalizaci&oacute;n (Alonso, Segato, Calzadilla, Mallimaci, Parker y Pintado); los que abordan las din&aacute;micas de las religiones de origen o influencia africana (Men&eacute;ndez, Gonz&aacute;lez y Guanche), un an&aacute;lisis sobre el desarrollo del pentecostalismo (Berges), y cuatro sobre fen&oacute;menos religiosos espec&iacute;ficos (Cruz, Lozano, Mella y Gim&eacute;nez).</p>      <p><font size="3"><b>La pluralidad de Am&eacute;rica Latina y el Caribe</b></font></p>     <p>Uno de los aportes de este libro es la caracterizaci&oacute;n que se hace de Am&eacute;rica Latina y el Caribe como territorio simb&oacute;lico. Alonso<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> habla de "dos complejos culturales", el propiamente latinoamericano y el Caribe, marcados por situaciones hist&oacute;ricas concretas que los determinaron. El primero, por un fuerte mestizaje y la implantaci&oacute;n m&aacute;s exitosa del catolicismo de la contrarreforma. El segundo, signado por la mayor recepci&oacute;n a culturas y religiones no ib&eacute;ricas y la expansi&oacute;n de la poblaci&oacute;n de origen africano.</p>     <p>Como un hijo bastardo, la identidad latinoamericana es producto de la violaci&oacute;n. La generatriz de ese algo nuevo, que no termina de realizarse, es la s&iacute;ntesis que se opera entre la colonia y la resistencia. A eso se le suman, por supuesto, las influencias posteriores o simult&aacute;neas de otras culturas.<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> En ese sentido, el papel de la religi&oacute;n es fundamental, pues el proceso de apropiaci&oacute;n de territorio por el colonizador no fue s&oacute;lo geogr&aacute;fico: fue fundamentalmente, simb&oacute;lico. Y esta tarea la ha venido cumpliendo la religi&oacute;n en diferentes etapas-tendencia: conquista, colonia, marginaci&oacute;n central, marginaci&oacute;n perif&eacute;rica, ampliaci&oacute;n de la conquista, desarraigos y resistencias, seg&uacute;n la caracterizaci&oacute;n que hace Lozano<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> para el caso colombiano, pero que, si se hace una relectura de cada pa&iacute;s podr&iacute;a servir de marco de interpretaci&oacute;n a la realidad latinoamericana en general. Es el caso de la <i>conquista</i>:</p> <ol>En esta &eacute;poca-tendencia, los poderes religiosos est&aacute;n generalmente a favor del poder pol&iacute;tico ocupante, sea este un poder extranjero (por ejemplo, las legiones de conquistadores espa&ntilde;oles frente a las poblaciones ind&iacute;genas) o el poder hegem&oacute;nico del Estado o de la mal llamada sociedad mayor (por ejemplo, el Estado moderno y los poderes econ&oacute;micos dominantes caracterizados por imponer la extracci&oacute;n, la comercializaci&oacute;n dependiente y la agroindustrializaci&oacute;n frente a las comunidades campesinas mestizas, ind&iacute;genas y negras). En muchas ocasiones, incluso, la conquista de almas se hace desde y para el poder pol&iacute;tico invasor, sirviendo como legitimador y como instrumento de sometimiento. Se constituye as&iacute; en una fuerza de dominaci&oacute;n. En distintas oportunidades l&iacute;deres religiosos dentro de las mismas iglesias hicieron oposici&oacute;n y denuncia, condenando de diversas formas estas pr&aacute;cticas; pero sus voces fueron menos fuertes que la din&aacute;mica y las estructuras de la invasi&oacute;n geogr&aacute;fica y simb&oacute;lica.<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>    </ol>     <p>En el Caribe, el territorio simb&oacute;lico tuvo otros ingredientes. Una colonizaci&oacute;n m&aacute;s plural, proveniente de Holanda, Gran Breta&ntilde;a, Francia y Espa&ntilde;a; una concentraci&oacute;n poblacional de procedencia africana, musulmana e india que gener&oacute;, incluso, idiomas propios, como el papiamento o el creole<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>. La diferenciaci&oacute;n que hace Yolotl Gonz&aacute;lez entre el mestizaje en M&eacute;xico y en Cuba es bien diciente de esta realidad:</p> <ol>El mestizaje en M&eacute;xico se explica, a diferencia de otros lugares como el Caribe, por la cantidad de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y la aparente falta de discriminaci&oacute;n de esta para mezclarse con los negros, lo que cre&oacute; una compleja jerarqu&iacute;a social de gente de sangre mezclada que resultaba de las continuas combinaciones de los grupos de origen ind&iacute;gena, africano y espa&ntilde;ol, que han sido llamados por algunos investigadores castas, la mayor parte de los cuales se esforzaban por pasar como mestizos, de tal manera que exist&iacute;a el espa&ntilde;ol venido de Espa&ntilde;a, el criollo de espa&ntilde;ol nacido en Am&eacute;rica, el ind&iacute;gena, el negro bozal reci&eacute;n venido de &Aacute;frica, el negro criollo, y todas las mezclas de estos con espa&ntilde;oles y con indios.<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>    </ol>     <p>Estas diferencias son bien importantes para comprender la din&aacute;mica de la recomposici&oacute;n religiosa en el Caribe, pues una pluralidad cultural m&aacute;s a&ntilde;eja y una influencia mayor de la tradici&oacute;n protestante obstaculizaron el establecimiento de una hegemon&iacute;a cat&oacute;lica al estilo de lo que ocurri&oacute; en los pa&iacute;ses andinos, por ejemplo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>La recomposici&oacute;n religiosa en Am&eacute;rica Latina</b></font></p>     <p>Tres aspectos se destacan en los an&aacute;lisis que hacen estos investigadores sobre los cambios en el panorama religioso en Am&eacute;rica Latina. El primero tiene que ver con los procesos de globalizaci&oacute;n y, en particular, con la globalizaci&oacute;n neoliberal. El segundo, se refiere a los cambios en las mentalidades producto de los procesos de globalizaci&oacute;n. El tercero, los casos espec&iacute;ficos que evidencian esa recomposici&oacute;n y permiten una mirada m&aacute;s puntual, menos gen&eacute;rica, del fen&oacute;meno.</p>     <p>Para entender la recomposici&oacute;n religiosa en Am&eacute;rica Latina es muy ilustrativo el an&aacute;lisis de Guanche, quien lo enmarca en lo que &eacute;l denomina <i>crisis civilizatoria de Occidente. </i>Seg&uacute;n &eacute;l, la quiebra de los cuatro pilares b&aacute;sicos de la ilustraci&oacute;n europea, que fueron la base del modelo liberal-burgu&eacute;s y del socialista-marxista, son la clave de la crisis:</p> <ol>El primero de ellos se relaciona con la idea de que el avance de la ciencia y la tecnolog&iacute;a eran capaces de producir un crecimiento econ&oacute;mico ilimitado, y que como resultado de este crecimiento se efectuar&iacute;a un consecuente avance en los &aacute;mbitos social y moral. (...) El segundo pilar se asienta en la idea de que el progreso (concebido como crecimiento econ&oacute;mico) producir&iacute;a, irremisiblemente, el avance del racionalismo (...) El tercer pilar, derivado de los dos anteriores, conducir&iacute;a a una uniformizaci&oacute;n cultural, como v&iacute;a de acceso a la modernidad. (...) El cuarto y &uacute;ltimo pilar de la modernidad parte de la afirmaci&oacute;n acerca de un &uacute;nico motor hist&oacute;rico del cambio social. Para el modelo liberal-burgu&eacute;s es el individuo, en constante competencia con otros individuos y consigo mismo, mientras que para el otro modelo es la clase social, a trav&eacute;s de la lucha de clases.<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>    </ol>     <p>Crisis que conduce a una reevaluaci&oacute;n de las cosmovisiones modernas y a una b&uacute;squeda de paradigmas menos racionalistas, pero que se presenten como m&aacute;s aut&eacute;nticos. La globalizaci&oacute;n, o mejor, los procesos de globalizaci&oacute;n<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>, entendidos como la interrelaci&oacute;n de m&uacute;ltiples fuerzas que surgen de lo local, lo regional y lo transnacional, incluyen vinculaciones religiosas que sirven de dispositivos para otros &aacute;mbitos (lo pol&iacute;tico o lo econ&oacute;mico) o que, algunas veces, orientan las din&aacute;micas de globalizaci&oacute;n para la expansi&oacute;n de lo religioso.</p>     <p>As&iacute; las cosas, los cambios en el panorama religioso en Am&eacute;rica Latina aparecen, en primera instancia, como efecto de las condiciones econ&oacute;micas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y la intencionalidad de permear ideol&oacute;gicamente la regi&oacute;n:</p> <ol>Considero que las grandes tendencias que caracterizan el proceso mundial de acumulaci&oacute;n de capital han tenido un papel decisivo en estos cambios. M&aacute;s que en respuesta a din&aacute;micas raciales y de g&eacute;nero, el paisaje religioso latinoamericano se diversific&oacute; en el contexto de transiciones fr&aacute;giles y cuestionables a una democracia acompa&ntilde;ada de programas neoliberales de reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica. Es una constataci&oacute;n que comparto, y no como una mera coincidencia, sino a partir de una funcionalidad hegem&oacute;nica buscada y favorecida por el modelo de dominaci&oacute;n.<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>    </ol>     <p>Diciente son los elementos que presenta Alonso para mostrar esa injerencia ideol&oacute;gica mediada por la religi&oacute;n: el uso de misiones evang&eacute;licas para expropiar territorios que luego ser&iacute;an utilizados por las petroleras; el patrocinio del gobierno de los Estados Unidos de esas misiones; la implantaci&oacute;n de la Ley de Apoyo a la Libertad Religiosa Internacional (1998) y, producto de esa Ley la creaci&oacute;n de la Oficina para la Libertad Religiosa Internacional.<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup></p>     <p>El segundo aspecto es explicado claramente por Parker. Propone un an&aacute;lisis del fen&oacute;meno religioso que aborde, no los tipos de mensajes religiosos que se generan, sino las necesidades subjetivas que est&aacute;n generando esos mensajes. De tal manera muestra, a partir del an&aacute;lisis sem&aacute;ntico de un discurso de un actor religioso, c&oacute;mo la cosmovisi&oacute;n contempor&aacute;nea se desplaza de las interpretaciones t&eacute;cnico-mec&aacute;nicas a las interpretaciones t&eacute;cnico-simb&oacute;licas. Donde lo simb&oacute;lico-racional-institucional cede paso a lo simb&oacute;lico-emocional-corporal para flexibilizar la cosmovisi&oacute;n religiosa y permitir una religi&oacute;n <i>a mi manera </i>hecha por y para suplir las necesidades del hombre religioso: llenar vac&iacute;os existenciales, expresar emociones y diluir tensiones. Todo ello, sin la presi&oacute;n de una doctrina heter&oacute;noma y r&iacute;gida, pero con la anuencia de la virtualidad simb&oacute;lica como espacio de construcci&oacute;n de nuevos mundos que minimizan, justifican o, incluso, anulan los infortunios del mundo de la vida:</p> <ol>La gente est&aacute; usando la religi&oacute;n para darle sentido al aparente vac&iacute;o de los modernos estilos de vida de la sociedad de consumo. Pero la gente latina est&aacute; tambi&eacute;n empleando los simbolismos religiosos para expresar alegr&iacute;a y tristeza, o como terapia para subsanar la sofocante y estresante vida urbana y sus contradicciones socio-culturales en el capitalismo latinoamericano reciente. En todo caso, los fieles no est&aacute;n simplemente escogiendo y mezclando religiones. Lo que de veras est&aacute;n haciendo es reinventando sus propias formas de religi&oacute;n (...) Y para las capas medias y elites intelectuales que buscan un sentido a los acontecimientos y que est&aacute;n sumergidas en un mundo en r&aacute;pida mutaci&oacute;n e incertidumbre, est&aacute;n disponibles los macrorrelatos (ya no con pretensiones de hegemon&iacute;a societal como los de la religi&oacute;n oficial) de las corrientes herm&eacute;ticas, ocultistas y/o m&aacute;gicas, muchas veces sincretizados con nuevas mitolog&iacute;as pseudocient&iacute;ficas o futuristas y con cosmovisiones hol&iacute;sticas como la ecolog&iacute;a, el naturismo y los orientalismos. Todos ellos macrorrelatos sincr&eacute;ticos, nuevo <i>Corpus Hermeticum </i>posmoderno, que es contracultura, tanto del cientificismo racionalista ya superado como de los dogmatismos teol&oacute;gicos, &eacute;ticos y doctrinarios de las iglesias cristianas hist&oacute;ricas.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Finalmente, revisaremos algunos casos puntuales de los procesos de transformaci&oacute;n de los <i>territorios simb&oacute;licos </i>en Am&eacute;rica Latina: la situaci&oacute;n de la Iglesia cat&oacute;lica; las religiones de origen africano, y el panorama religioso en Cuba.</p>     <p>El catolicismo oscila entre la defensa de la ortodoxia conservadora y la apertura a nuevas formas de expresi&oacute;n religiosa. Mallimaci prefiere hablar de <i>catolicismos</i>, en plural; porque m&aacute;s que hacer un an&aacute;lisis esencialista, su aproximaci&oacute;n es contextual. En ese sentido, revisa las posturas que el Vaticano viene tomando desde al pontificado de Juan Pablo II, por una parte, y los tipos de catolicismo que se manifiestan en los fieles argentinos:</p> <ol>El primer tipo est&aacute; ligado a la presencia festiva de la religiosidad popular en la que participan miles de creyentes en diversas devociones. (...) El segundo nos remite al bricolage y cuentapropismo religioso de miles de cat&oacute;licos que construyen sus propias maneras culturales y sociales de ser cat&oacute;licos (...) Aparecen as&iacute; diferentes tipos de catolicismo buscando dar respuestas a las necesidades emocionales fruto de la situaci&oacute;n de angustia e incertidumbre, as&iacute; como a la satisfacci&oacute;n de necesidades materiales a nivel de alimentaci&oacute;n, h&aacute;bitat y trabajo. (...) En el tercer tipo de catolicismo, hay mayor insistencia en la comunidad emocional y priman las experiencias de movimientos como la Renovaci&oacute;n Carism&aacute;tica y los sacerdotes sanadores, entre los que se destaca la demanda de salud. (...) En el cuarto modelo, hay mayor relevancia del compromiso social, donde priman las organizaciones ligadas a las parroquias y al territorio con su solidaridad asistencial. El discurso aqu&iacute; es mayoritariamente de reafirmaci&oacute;n identitaria de certezas y de la doctrina social de la Iglesia; (...) En el quinto modelo, tambi&eacute;n se insiste en el compromiso solidario desde el fortalecimiento de la sociedad civil y el respeto a la diversidad. Estos grupos est&aacute;n compuestos por numerosas redes, (...) que plantean un catolicismo flexible en la identidad y reafirman la conciencia individual y la pluralidad e intransigencia en la defensa de derechos humanos y sociales.<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>    </ol>     <p>Heterodoxia cat&oacute;lica que tambi&eacute;n se percibe en el caso de la devoci&oacute;n a la Virgen de San Juan de los Lagos que, aunque arraigada en la tradici&oacute;n cat&oacute;lica mexicana desde tiempos coloniales, tambi&eacute;n ha sufrido una reconfiguraci&oacute;n que evidencia las mutaciones de las formas en que los fieles viven sus creencias. Por ello, puede afirmar Ofelia P&eacute;rez que</p> <ol>...no s&oacute;lo cat&oacute;licos as&iacute; caracterizados devocionan a la Virgen. A festejar con ella, en ocasi&oacute;n principalmente de las celebraciones del 2 de febrero, el 15 de agosto y el 8 de diciembre, acuden mayoritariamente personas con una pr&aacute;ctica religiosa asistem&aacute;tica, para quienes lo prioritario no es el v&iacute;nculo con la instituci&oacute;n, la doctrina y la liturgia cat&oacute;lica, sino la relaci&oacute;n directa con la madre de Dios, milagrosa, protectora y capaz de conceder favores y solucionar problemas de la vida cotidiana de los fieles. Estamos hablando de fieles que, en caso de que se les pregunte, se autodefinen de diferentes formas. Unos se llaman cat&oacute;licos, aunque difieren de la pr&aacute;ctica m&aacute;s convencional de la Iglesia, otros se catalogan cat&oacute;licos a mi manera y hay quienes incluso se nombran no cat&oacute;licos. Pero todos s&iacute;, devotos de la Virgen. Personas que, m&aacute;s all&aacute; de sus nomenclaturas clasificatorias, recrean en sus pr&aacute;cticas la tradici&oacute;n cat&oacute;lica, en este caso hibri-dizada b&aacute;sicamente con las manifestaciones ind&iacute;genas, desde la creatividad y espontaneidad de los creyentes.<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>    </ol>     <p>Las religiones de origen africano, particularmente en el Caribe, Brasil y M&eacute;xico, vienen experimentando una eclosi&oacute;n potenciada y encausada por los fen&oacute;menos de la ca&iacute;da de los grandes metarrelatos, o la <i>crisis civilizatoria de Occidente</i>, los procesos de globalizaci&oacute;n y las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n. Las diferencias con las religiones de origen judeocristiano les permiten ubicarse con cierta comodidad en el nuevo espectro simb&oacute;lico y aportar en la conformaci&oacute;n de nuevos espacios simb&oacute;licos:</p> <ol>...existen un conjunto de diferencias esenciales de las religiones afroamericanas respecto de las religiones eclesiales, tradicionalmente dominantes, que todav&iacute;a hoy dificultan las relaciones con los estados nacionales en Am&eacute;rica Latina y el Caribe, sobre todo porque estos tienden a reconocer el paradigma institucional eclesioc&eacute;ntrico y no las peculiaridades de estas religiones que poseen una profunda ra&iacute;z popular; es decir, poseen otro tipo de instituci&oacute;n no id&eacute;ntica a la Iglesia.<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>    </ol>     <p>Dentro de esas diferencias, siguiendo a Guanche, est&aacute;n el mayor reconocimiento que le dan al "m&aacute;s ac&aacute;" frente al "m&aacute;s all&aacute;"; la importancia de la propia casa como templo, lo que trivializa los templos occidentales y desvincula al fiel con la organizaci&oacute;n eclesial; su car&aacute;cter incluyente con relaci&oacute;n a otras pr&aacute;cticas religiosas: los santeros pueden pertenecer al catolicismo simult&aacute;neamente si as&iacute; lo quieren; la organizaci&oacute;n de los fieles no est&aacute; marcada por una jerarqu&iacute;a discriminatoria, sino que conforman redes de <i>familia </i>que garantiza unos v&iacute;nculos m&aacute;s cercanos y menos autoritarios.</p>     <p>Estas diferencias facilitan la adaptaci&oacute;n y la expansi&oacute;n de las religiones de origen africano a las nuevas condiciones de una mentalidad signada por los simb&oacute;lico y lo <i>a mi manera</i>. Movilizan lo religioso en la construcci&oacute;n de nuevos espacios simb&oacute;licos que diluyen la separaci&oacute;n entre lo privado y lo p&uacute;blico, como ocurre en Cuba:</p> <ol>La pr&aacute;ctica santera en su quehacer cotidiano contribuye a hacer permeable la oposici&oacute;n p&uacute;blico-privado. Este es un problema muy complejo, necesitado de una reflexi&oacute;n que se sustente en una acci&oacute;n interdisciplinar, pero queremos apuntar que la poblaci&oacute;n religiosa actuante en la realidad social intenta vivirla a partir de los presupuestos rituales con los que interacciona en su cotidianidad. En la ciudad y el barrio, la policrom&iacute;a callejera hace que la calle se haya convertido en una suerte de l&iacute;mite fractal, indefinido, irregular, permeable, en el que fluyen l&iacute;neas de fuerza capaces de generar los m&aacute;s variados puntos de fuga y dis&iacute;miles emociones y sensaciones. La dicotom&iacute;a calle-casa, p&uacute;blico-privado se difumina.<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, los procesos de globalizaci&oacute;n neoliberal tambi&eacute;n han afectado las tradiciones religiosas de origen africano. Aumentan los secretismos y las influencias de otros credos; se comercializan los ritos y las adivinaciones, especialmente a trav&eacute;s de Internet; y se utilizan como carnadas tur&iacute;sticas que atraen extranjeros &aacute;vidos de costumbres ex&oacute;ticas y alternativas para sus desgastadas creencias.</p>     <p>El caso de Cuba aparece aqu&iacute; con ciertas particularidades que lo destacan frente al resto de Am&eacute;rica Latina. Inicialmente, debido a su proceso de independencia, mediado por la Guerra del 98, que permiti&oacute; una influencia mayor de las iglesias protestantes de origen estadounidense<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup>; luego, el proceso revolucionario, que marc&oacute; una postura de radical antirreligiosidad en el pa&iacute;s y, posteriormente, producto de este mismo proceso, la flexibilizaci&oacute;n ante lo religioso durante el <i>periodo especial </i>desde 1989.</p>     <p>Ello ha generado que el pentecostalismo tenga un cariz distinto al que tiene en el resto de Am&eacute;rica Latina. Por una parte, luego del triunfo de la Revoluci&oacute;n, algunos grupos pentecostales que se quedaron en el pa&iacute;s asumieron una postura de autocr&iacute;tica frente a su compromiso con el proyecto pol&iacute;tico que se iniciaba. De tal manera, el pentecostalismo en Cuba no es exclusivamente indiferente ante los problemas sociales. Por otra parte, el impacto de los proyectos educativos en la poblaci&oacute;n fue conformando una comunidad de fieles con un nivel educativo que le permite asumir posturas cr&iacute;ticas ante sus l&iacute;deres y evaluar sus propias creencias. Finalmente, son significativas las influencias rec&iacute;procas que se han dado entre los protestantismos hist&oacute;ricos y los pentecostalismos. Los primeros, aumentando la emotividad de sus cultos y los segundos, involucrando en sus pr&aacute;cticas an&aacute;lisis y estudios de los textos b&iacute;blicos y teol&oacute;gicos:</p> <ol>Adem&aacute;s, se destaca la presencia de un nivel educacional y cultural sin precedentes que favorece enfoques novedosos de los problemas y perspectivas de su iglesia y del entorno (se afirma que Cuba tiene el contingente pentecostal de m&aacute;s alta preparaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina).</p>     <p>Una encuesta aplicada recientemente en siete congregaciones de cuatro denominaciones pentecostales revel&oacute; que el 72% de la muestra, obtenida de manera aleatoria, ten&iacute;a una escolaridad de nivel medio superior o alto (s&oacute;lo el 5,2% presentaba &uacute;nicamente nivel primario). Los trabajadores ascend&iacute;an a m&aacute;s del 60%, incluidos m&eacute;dicos, enfermeras, ingenieros, profesores y maestros. Esto confirma que el creyente de fila va dejando de ser un individuo poco preparado (consecuencia l&oacute;gica del avance educacional que ha tenido lugar en el pa&iacute;s).<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup>    </ol>     <p>A modo de conclusi&oacute;n, podemos se&ntilde;alar que el libro <i>am&eacute;rica Latina y el Caribe: territorios religiosos y desaf&iacute;os para el di&aacute;logo </i>se constituye en un referente muy &uacute;til para quienes buscan profundizar en la comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno religioso contempor&aacute;neo en Am&eacute;rica Latina y su relaci&oacute;n con la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a y la construcci&oacute;n de identidad. Se extra&ntilde;an reflexiones que completar&iacute;an el cuadro. Tal es el caso del auge de las religiones de origen ind&iacute;gena en Per&uacute;, Bolivia y Colombia o el an&aacute;lisis del auge del pentecostalismo en Centro Am&eacute;rica.</p>     <p>A pesar de esas ausencias, este trabajo mitiga un poco la <i>soledad de Am&eacute;rica Latina </i>que Garc&iacute;a M&aacute;rquez ya ilustraba hace 29 a&ntilde;os.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p> <a name="num1"></a><a href="#nu1"><sup>1</sup></a> Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, "La soledad de Am&eacute;rica Latina". Discurso pronunciado en la ceremonia de entrega del Premio Nobel 1982. En La soledad de Am&eacute;rica Latina. Escritos sobre arte y literatura, 1948-1984. (Ciudad de la Habana: Editorial Arte y Literatura, 1990).    <br> <a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a> Ib&iacute;d., 508.    <br> <a name="num3"></a><a href="#nu3"><sup>3</sup></a> El neologismo es bastante arbitrario; pero, &iquest;c&oacute;mo expresar en una palabra lo que conforma la identidad latinoamericana?    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num4"></a><a href="#nu4"><sup>4</sup></a> Rita Laura Segato, "La faccionalizaci&oacute;n de la rep&uacute;blica y el paisaje religioso como &iacute;ndice de una nueva territorialidad", en Aurelio Alonso (Compilador), Am&eacute;rica Latina y el Caribe. Territorios religiosos y desaf&iacute;os para el di&aacute;logo (Buenos Aires: CLACSO, 2008), 44.    <br> <a name="num5"></a><a href="#nu5"><sup>5</sup></a> Ib&iacute;d., 45.    <br> <a name="num6"></a><a href="#nu6"><sup>6</sup></a> Fabio Lozano, "Dominios territoriales, desarraigos e imaginarios religiosos en Colombia. Una aproximaci&oacute;n hist&oacute;rica", en Aurelio Alonso, op. cit., 294-295.    <br> <a name="num7"></a><a href="#nu7"><sup>7</sup></a> Aurelio Alonso, "Exclusi&oacute;n y di&aacute;logo en la confrontaci&oacute;n de hegemon&iacute;as. Notas sobre la relocalizaci&oacute;n de influencias en el campo religioso latinoamericano", en Aurelio Alonso, op. cit., 17-19.    <br> <a name="num8"></a><a href="#nu8"><sup>8</sup></a> Jorge Ram&iacute;rez Calzadilla, "El campo religioso latinoamericano y caribe&ntilde;o. Efectos de la globalizaci&oacute;n neoliberal", en Aurelio Alonso, op. cit., 83-84.    <br> <a name="num9"></a><a href="#nu9"><sup>9</sup></a> Fabio Lozano, op. cit., 296-297.    <br> <a name="num10"></a><a href="#nu10"><sup>10</sup></a> Ib&iacute;d., 301.    <br> <a name="num11"></a><a href="#nu11"><sup>11</sup></a> Aurelio Alonso, op. cit., 17.    <br> <a name="num12"></a><a href="#nu12"><sup>12</sup></a> Yolotl Gonz&aacute;lez Torres, "Las religiones afrocubanas en M&eacute;xico", en Aurelio Alonso, op. cit., 258.    <br> <a name="num13"></a><a href="#nu13"><sup>13</sup></a> Jes&uacute;s Guanche, "Las religiones afroamericanas en Am&eacute;rica Latina y el Caribe ante los desaf&iacute;os de Internet", en Aurelio Alonso, op. cit., 280-281.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="num14"></a><a href="#nu14"><sup>14</sup></a> Ana Celia Perera Pintado, "Redes transnacionales, representaciones sociales y discursos religiosos en Cuba", en Aurelio Alonso, op. cit., 163-165.    <br> <a name="num15"></a><a href="#nu15"><sup>15</sup></a> Fabio Lozano, op. cit., 21.    <br> <a name="num16"></a><a href="#nu16"><sup>16</sup></a> Ib&iacute;d., 33-37.    <br> <a name="num17"></a><a href="#nu17"><sup>17</sup></a> Cristian Parker Gumucio, "Mentalidad religiosa post-ilustrada: creencias y esoterismo en una sociedad en mutaci&oacute;n cultural", en Aurelio Alonso (Compilador), Am&eacute;rica Latina y el Caribe. Territorios religiosos y desaf&iacute;os para el di&aacute;logo, op. cit., 352-353.    <br> <a name="num18"></a><a href="#nu18"><sup>18</sup></a> Fortunato Mallimaci, "Globalizaci&oacute;n y modernidad cat&oacute;lica: papado, naci&oacute;n cat&oacute;lica y sectores populares", en Aurelio Alonso, op. cit., 129-131.    <br> <a name="num19"></a><a href="#nu19"><sup>19</sup></a> Ofelia P&eacute;rez Cruz, "La devoci&oacute;n a la Virgen de San Juan de los Lagos. Apuntes sobre cuatro celebraciones", en Aurelio Alonso, op. cit., 328-239.    <br> <a name="num20"></a><a href="#nu20"><sup>20</sup></a> Jes&uacute;s Guanche, op. cit., 283.    <br> <a name="num21"></a><a href="#nu21"><sup>21</sup></a> L&aacute;zara Men&eacute;ndez, "Kinkamach&eacute; to gbogbo oricha. Fol&eacute; ow&oacute;, fol&eacute; ay&eacute;, fol&eacute; ach&eacute;", en Aurelio Alonso, op. cit., 238-239.    <br> <a name="num22"></a><a href="#nu22"><sup>22</sup></a> Juana Berges, "Entre la ortodoxia y los cambios Un an&aacute;lisis del pentecostalismo en Cuba", en Aurelio Alonso, op. cit., 202.    <br> <a name="num23"></a><a href="#nu23"><sup>23</sup></a> Ib&iacute;d., 220-221.</p>  </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
