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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The author presents here some reflections on the role of women in society. To do this takes into account various positions and perspectives on previous ways of understanding women, coming to rest in the proposals of the sociologist G. Lipovetsky, in what he calls «third woman», since it has assumed the role of women in this postmodern era and finally some thoughts concerning the call male culture and ideological support proposals that arise.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>La mujer posmoderna y el machismo</b><sup>*</sup></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>The postmodern woman and male chauvinist</b></font></p>      <p>     <center><i>William Roberto Daros</i><Sup><i>**</i> </Sup></center></p>      <p><Sup>* </Sup>El autor agradece el otorgamiento de una beca a la Universidad Adventista del Plata (UAP - Entre R&iacute;os, Argentina), que hizo posible este trabajo, el cual se encuadra en el texto mayor de un libro de pr&oacute;xima edici&oacute;n. En este libro, se hallan explicitadas algunas afirmaciones y conclusiones solo enunciadas aqu&iacute;, dados los l&iacute;mites que impone un art&iacute;culo.</p>      <p><Sup>** </Sup>Profesor en Letras y doctorado en Filosof&iacute;a. Se gradu&oacute; tambi&eacute;n en Italia-Roma, donde realiz&oacute; y present&oacute; trabajos de investigaci&oacute;n filos&oacute;fica. Actualmente es docente de filosof&iacute;a e investigador principal, -con sede en la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (UCEL)-, del Consejo Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas (CONICET), aplicando sus investigaciones preferentemente al &aacute;mbito de la filosof&iacute;a de la educaci&oacute;n. Forma parte, adem&aacute;s, del Comit&eacute; de Pares de la Comisi&oacute;n Nacional de Evaluaci&oacute;n y Acreditaci&oacute;n Universitaria (CONEAU) y de la Agencia Nacional de Promoci&oacute;n Cient&iacute;fica y Tecnol&oacute;gica (ANPCYT) del Ministerio de Cultura y Educaci&oacute;n. Ha publicado numerosos libros sobre filosof&iacute;a y educaci&oacute;n, y art&iacute;culos en revistas especializadas de Am&eacute;rica y Europa. Contacto: <a href="mailto:daroswr@yahoo.es">daroswr@yahoo.es</a></p>      <P> Para citar este art&iacute;culo: Daros, William Roberto. &laquo;La mujer posmoderna y el machismo&raquo;. <i>Franciscanum</i> 162, Vol. LVI (2014): 107-129.</p>      <p><i>Enviado: 29 de enero de 2014, aceptado: 2 de abril de 2014</i></p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El autor expone aqu&iacute; algunas reflexiones sobre el papel de la mujer en la sociedad. Para ello se tienen en cuenta diversas posturas y perspectivas sobre anteriores formas de concebir la mujer, para luego detenerse en las propuestas del soci&oacute;logo G. Lipovetsky, en lo que &eacute;l denomina &laquo;tercera mujer&raquo;, desde el papel que ha asumido la mujer en esta &eacute;poca posmoderna y, finalmente, se plantean algunas reflexiones en relaci&oacute;n con la llamada cultura machista y las propuestas ideol&oacute;gicas que la sustentan.</p>      <p><b>Palabras clave:</b>Lipovetsky, desvalorizaci&oacute;n, exaltaci&oacute;n, cultura machista, mujer posmoderna.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p> The author presents here some reflections on the role of women in society. To do this takes into account various positions and perspectives on previous ways of understanding women, coming to rest in the proposals of the sociologist G. Lipovetsky, in what he calls &laquo;third woman&raquo;, since it has assumed the role of women in this postmodern era and finally some thoughts concerning the call male culture and ideological support proposals that arise.</p>      <p><b>Keywords:</b> Lipovetsky, minusvalue, exaltation, male culture, postmodern woman.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p> Desde hace tres d&eacute;cadas, como afirman Viviana Erazo y Pilar Maurell<a name=nu1></a><sup><a href="#num1">1</a></sup>, se mueve en la escena del mundo occidental una mujer que conquist&oacute; el poder de disponer de s&iacute; misma, de decidir sobre su cuerpo y su fecundidad, el derecho al conocimiento y a desempe&ntilde;ar cualquier actividad. Sin embargo, dice el fil&oacute;sofo e investigador franc&eacute;s Gilles Lipovetsky<a name=nu2></a><sup><a href="#num2">2</a></sup>, este cambio no significa una mutaci&oacute;n hist&oacute;rica absoluta que hace tabla rasa del pasado. Nos equivocar&iacute;amos, sin embargo, si crey&eacute;semos que se ha instalado un modelo de similitud de los sexos, es decir, un proceso de intercambiabilidad o de indistinci&oacute;n de los roles masculino y femenino.</p>      <p>Las culturas condicionan las maneras de ser y las valoraciones de las mismas, mediando un aprendizaje social<a name=nu3></a><sup><a href="#num3">3</a></sup>. Los fil&oacute;sofos, psic&oacute;logos y soci&oacute;logos perciben y describen estos cambios, si bien sigue siendo dif&iacute;cil probar estas constataciones al modo de las ciencias positivas. Las encuestas y las estad&iacute;sticas indican una cierta propensi&oacute;n o tendencia de opiniones; pero siempre se encuentran casos opuestos que, empero, tampoco son suficientes como para refutar las opiniones mayoritarias<a name=nu4></a><sup><a href="#num4">4</a></sup>.</p>      <p>El libro <i>El segundo sexo</i> (1949), como Simone de Beauvoir defini&oacute; al ser femenino por su subordinaci&oacute;n al hombre, ya no describe la nueva condici&oacute;n de la mujer. Despu&eacute;s de los a&ntilde;os 60 y las transformaciones sociales y culturales que tuvieron lugar en Occidente, se ha producido el advenimiento hist&oacute;rico de la mujer sujeto, lo que Lipovetsky llama la <i>Tercera mujer</i>.</p>      <p>G. Lipovetsky conocido por sus libros <i>La era del vac&iacute;o</i>, <i>El imperio de lo ef&iacute;mero</i>, <i>El crep&uacute;sculo del deber</i>, en los que da cuenta de sus investigaciones sobre las tendencias fundamentales de la cultura actual y expone sus tesis sobre el replanteamiento del individualismo y la posibilidad de una &eacute;tica posmoderna, ha visitado&uacute;ltimamente Latinoam&eacute;rica, ofreciendo ciclos de conferencias. Se trata de temas actuales acerca de la sociedad, temas que posibilitan reflexionar sobre lo que vivimos y que generan tanto el aplauso como el cuestionamiento.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>1. La primera y segunda mujer</b></font></p>      <p> Seg&uacute;n G. Lipovetsky, la forma de vivir de las mujeres, en nuestra cultura occidental ha pasado, por tres grandes paradigmas.</p>      <p>En primer lugar, este autor percibe que <i>la mujer ha sido desvalorizada y despreciada</i>. Desde cuando se tiene noticia, los trabajos se dividieron en roles atribuidos a las mujeres y en roles atribuidos a los hombres. Esta distribuci&oacute;n no fue sim&eacute;trica, sino que se dot&oacute; a los hombres de valores superiores y positivos (la guerra, la pol&iacute;tica); mientras que las labores femeninas se estimaron inferiores y negativas, haci&eacute;ndose excepci&oacute;n con referencia a la maternidad y su funci&oacute;n procreadora. Pero a&uacute;n en este caso, era el hombre el&uacute;nico dador de vida y la mujer era la cuidadora de un germen de vida.</p>      <p>En el primer paradigma de la mujer, esta aparece ya en los mitos, como una potencia misteriosa y mal&eacute;fica, unida a las fuerzas del mal que agreden el orden social. Se las describe como seres enga&ntilde;osos, licenciosos, inconstantes, envidiosos. En algunas sociedades primigenias, no obstante, la mujer ejerce derechos no desde&ntilde;ables en materia de propiedad, vida y educaci&oacute;n dom&eacute;stica, de dominio de las palabras y maledicencia, e incluso de sacerdocio. No obstante, en esa etapa, la mujer permanece en la sombra y en el olvido; no tiene un papel relevante en la construcci&oacute;n de la historia de los pueblos y no tiene, como los hombres, gloria inmortal y honores p&uacute;blicos<a name=nu5></a><sup><a href="#num5">5</a></sup>.</p>      <p>Mas se ha dado un <i>segundo paradigma de la mujer</i>: en este, ella es <i>exaltada</i>. A partir del siglo XII, el c&oacute;digo cort&eacute;s crea el culto a la dama amada. El Renacimiento lleva a su apogeo este paradigma: Dante idealiza a Beatriz y Don Quijote dedica sus haza&ntilde;as a honrar a su dama Dulcinea (en la realidad, una campesina del Toboso). Los siglos posteriores, y la misma Ilustraci&oacute;n, alaban los m&eacute;ritos de las mujeres y sus aportes al mejoramiento de la cortes&iacute;a y al arte del buen vivir. La mujer es entonces idealizada, alabada y sacralizada como la luz que engrandece al hombre. Mas esta idealizaci&oacute;n no cambi&oacute; la situaci&oacute;n real de la mujer que sigui&oacute; confinada al hogar, obediente al marido, sin independencia econ&oacute;mica y sin desempe&ntilde;ar papel alguno en la pol&iacute;tica. En el siglo XVIII se ampl&iacute;a, no obstante, la influencia de la mujer sobre el marido: el bello sexo se adue&ntilde;a rom&aacute;nticamente de los sue&ntilde;os masculinos.</p>      <p><font size="3"><b>2. La tercera mujer</b></font></p>      <p> Se ha dado, adem&aacute;s, un <i>tercer paradigma de la mujer</i> (la tercera mujer): la <i>mujer indeterminada o posmujer</i>, seg&uacute;n Lipovetsky. Desde mediados del siglo XX, la mujer ya no es definida por la mirada del hombre y no fue m&aacute;s que lo que el hombre quer&iacute;a que fuese. Ahora, la mujer se advierte como posibilidad abierta y a&uacute;n indefinida de lo que ella desea ser. Pierde fuerza la idea de la mujer entendida como mujer de su casa y se abre paso la idea de la legitimidad del derecho al sufragio, al descasamiento, a la libertad sexual, al control sobre la procreaci&oacute;n. La mujer puede ahora elegir lo que desea ser; tiene el poder de inventarse a s&iacute; misma. Esto no supone la desaparici&oacute;n de las desigualdades entre los sexos, sobre todo en relaci&oacute;n a organizar la vida familiar.</p>      <p>El reconocimiento de la igualdad de derechos, no conlleva a un estado de intercambio de roles y lugares. La novedad no reside en el advenimiento del universo unisex, sino en un <i>ingreso abierto para las mujeres</i>. La mujer quiere tener responsabilidades en el trabajo y en la vida pol&iacute;tica como los hombres, sin renunciar a ser madre y esposa; sin renunciar a ser seductora y permanecer joven durante mucho tiempo.</p>      <p>La libertad para dirigirse cada uno a s&iacute; mismo es, ahora, un derecho com&uacute;n de ambos sexos. Este derecho com&uacute;n no significa, sin embargo, una igualdad en los roles. Hasta hace menos de medio siglo, el rol del padre y el de la madre estaban netamente marcados.</p>  <ol>El marido, en principio, tiene a su cargo proveer los recursos del hogar y asegura la direcci&oacute;n de la familia. La esposa, por su parte, es responsable de la cohesi&oacute;n afectiva del grupo dom&eacute;stico y se ocupa de la casa y de los hijos (&hellip;) El reparto de los papeles es n&iacute;tido y exclusivo: solo la mujer se consagra a las tareas dom&eacute;sticas, hasta tal punto que resulta deshonroso para el marido cuidar de los cr&iacute;os y ocuparse de la casa. Reconocido por la ley como &laquo;cabeza de familia&raquo;, el hombre, dotado de extensas prerrogativas y responsabilidades, ejerce la autoridad tanto sobre sus hijos como sobre su esposa<a name=nu6></a><sup><a href="#num6">6</a></sup>.    </ol>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por cierto que ha habido excepciones, donde los maridos, sumisos y diligentes, entregaban su salario a sus esposas, reconocidas como las &laquo;due&ntilde;as&raquo; de la casa, renunciando a ejercer la autoridad en beneficio de la supremac&iacute;a de la madre.</p>      <p>La <i>tercera mujer</i> rechaza el modelo de vida masculino, el dejarse tragar por el trabajo y la atrofia sentimental y comunicativa. Ya no envidia el lugar de los hombres ni est&aacute; dominada -como dir&iacute;a el psicoan&aacute;lisis- por el deseo inconsciente de poseer el falo. Representa una suerte de reconciliaci&oacute;n de las mujeres con el rol tradicional: el reconocimiento de una positividad en la diferencia hombre-mujer. La persistencia de &laquo;lo femenino&raquo; no ser&iacute;a ya un aplastamiento de la mujer y un obst&aacute;culo a su voluntad de autonom&iacute;a, sino un enriquecimiento de s&iacute; misma.</p>      <p>La larga marcha por la autonom&iacute;a de las mujeres no est&aacute; terminada. Lipovetsky considera que en el futuro ser&aacute; m&aacute;s importante la movilizaci&oacute;n y responsabilidad individual que las movilizaciones colectivas. Ser&aacute; un feminismo m&aacute;s individualizado, menos militante, el que se vislumbra en todo caso en las naciones europeas. Un feminismo tal vez m&aacute;s ir&oacute;nico en relaci&oacute;n a s&iacute; mismo y &laquo;vis &agrave; vis&raquo; de los hombres. Un feminismo que no parte en guerra contra la femineidad y que no diaboliza al hombre<a name=nu7></a><sup><a href="#num7">7</a></sup>.</p>      <p><font size="3"><b>3. El rescate de la diferencia</b></font></p>      <p> Hoy, seg&uacute;n Lipovetsky, la libertad de gobernarse a s&iacute; misma/o, que ahora se aplica indistintamente a hombres y mujeres, es una libertad que se construye siempre a partir de normas y de roles sexuales que permanecen diferenciados. Un ejemplo es la relaci&oacute;n prioritaria de la mujer con el mundo privado, la afectividad y los sentimientos, as&iacute; como la permanencia de su rol al interior de la familia. En el terreno del amor y la seducci&oacute;n, y a pesar de la revoluci&oacute;n sexual, esta &eacute;poca no logr&oacute; cambiar la posici&oacute;n tradicional de las mujeres en sus aspiraciones amorosas. No obstante, la ca&iacute;da de innumerables tab&uacute;es, el sentimiento sigue siendo el fundamento privilegiado del erotismo femenino. Si bien en las maniobras de acercamiento entre los dos sexos, las mujeres empezaron a tomar la iniciativa, es mucho m&aacute;s discreta y selectiva que la que practican los hombres.</p>      <p>Para Lipovetsky, las desigualdades que a&uacute;n persisten en el mundo del trabajo, de la pol&iacute;tica y otros no se explican solo como sobrevivencia de valores del pasado, retraso o arca&iacute;smo, que la din&aacute;mica igualitaria har&aacute; desaparecer en el futuro.</p>      <p>El lugar predominante de la mujer, en el rol familiar, se mantiene no solamente a causa del peso cultural y de las actitudes ego&iacute;stas de los hombres, argumenta; sino porque estas tareas enriquecen sus vidas emocionales y relacionales, y dejan en su existencia una dimensi&oacute;n de sentido<a name=nu8></a><sup><a href="#num8">8</a></sup>.</p>      <p>En las sociedades posmodernas, los c&oacute;digos culturales que obstaculizan radicalmente el gobierno de s&iacute; misma, como la virginidad o la mujer en el hogar, pierden terreno. En cambio, para Lipovetsky, los c&oacute;digos sociales que como las responsabilidades familiares permiten la autoorganizaci&oacute;n, el dominio de un universo propio, la constituci&oacute;n de un mundo cercano emocional y comunicacional, se prolongan cualquiera sea la cr&iacute;tica que los acompa&ntilde;en por parte de las propias mujeres.</p>      <p><font size="3"><b>4. El terreno del poder</b></font></p>      <p> A pesar de la feminizaci&oacute;n de las carreras y del empleo, el poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico permanece mayoritariamente en manos masculinas. Si las mujeres est&aacute;n asociadas prioritariamente al polo privado de la vida y los hombres al p&uacute;blico, esto tiene consecuencias inevitables en la cuesti&oacute;n del poder. Aunque lejos estemos todav&iacute;a de una sociedad que d&eacute; las mismas posibilidades a hombres y mujeres en el acceso al poder, esto no se debe solamente a los obst&aacute;culos masculinos sino a la priorizaci&oacute;n que dan las mujeres a los valores privados que las vuelve refractarias a la lucha del poder por el poder.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se espera que en el futuro habr&aacute; muchas mujeres en los centros de poder, pero no ser&aacute; el poder pol&iacute;tico el&uacute;ltimo basti&oacute;n masculino en caer; ser&aacute; el poder econ&oacute;mico el m&aacute;s lento en abrirse a las mujeres.</p>      <p>Estas, sugiere Lipovetsky, manifestar&aacute;n mayor inclinaci&oacute;n por puestos de responsabilidad pol&iacute;tica que comprometerse en luchas por grandes puestos de poder en las empresas. Aceptar&aacute;n mejor sacrificar una parte importante de sus vidas privadas por causas que vehiculicen un sentido de progreso para los otros, que expresen un ideal com&uacute;n, que sacrificarse por funciones econ&oacute;micas marcadas sobre todo por el gusto del poder por el poder<a name=nu9></a><sup><a href="#num9">9</a></sup>.</p>      <p>Humillada y ofendida, seducida y degradada, anulada y exhibida, en la milenaria historia ha sido, mujer, en cualquier lugar del mundo, v&iacute;ctima del abuso y de la infamia, de la hipocres&iacute;a y del enga&ntilde;o, de la injuria y del agravio, de la oferta y la demanda. Con artilugios y falacias viles, el hombre, en la machista sociedad, unas veces le hace so&ntilde;ar y le hace reina, y otras le condena a asumir el d&eacute;bil rol, bajo el yugo y las reglas del hogar y del trabajo.</p>      <p>Las fugas (el centro comercial, las revistas de modas y las telenovelas) la han hecho depender en la actualidad, a&uacute;n m&aacute;s, econ&oacute;mica, sexual y emocionalmente de ese hombre (nulificador) quien por temor o por cautela, por ruindad y por miseria, agrede sin raz&oacute;n su femineidad y ha negado su derecho a ser igual y diferente, a elegir y a equivocarse; su derecho de ser y transformarse, de explorar y asumir, con valor y osad&iacute;a sus habilidades f&iacute;sicas e intelectuales; su derecho a no ser objeto sexual, a sentirse libre y bella sin importarle la opini&oacute;n ajena, a no hacer lo que ella no quiera y a conquistarse como mujer tercera.</p>      <p>Surge la tercera mujer que ha roto al fin el tradicional esquema de subordinaci&oacute;n y dependencia. No es ya segunda ni primera (sometida a la esclavitud dom&eacute;stica) o la simple imagen idealizada por la libidinal hist&oacute;rica de artistas y poetas (&laquo;hada del hogar&raquo;, &laquo;bello sexo&raquo;, &laquo;meta del hombre&raquo;, &laquo;musa inspiradora&raquo;, &laquo;m&aacute;s elevada oportunidad del hombre&raquo;). Tampoco es ya blanco del encarnizamiento despreciativo ni de la adulaci&oacute;n grosera.</p>      <p>Identitaria, digna e independiente, sin dejar de ser bella, ha conquistado finalmente la condici&oacute;n igualitaria; y ahora que del hombre la ha emancipado, osada y competente en las distintas esferas en las que se desenvuelve (educativa, laboral, intelectiva) demuestra d&iacute;a a d&iacute;a su valor y sus capacidades, lo que hace de ella un ser f&iacute;sica, social y humanamente imprescindible.</p>  <ol>Nace un nuevo feminismo que reivindica el poder en igualdad con los hombres, que se esfuerza por reconciliar a las mujeres con el placer de ganar y el esp&iacute;ritu competitivo, que las invita a emprender el asalto de la jerarqu&iacute;a tras desembarazarse de sus viejas inhibiciones. Tras el feminismo victimista, ha llegado la hora de un &laquo;feminismo del poder&raquo;<a name=nu10></a><sup><a href="#num10">10</a></sup>.    </ol>      <p><font size="3"><b>5. Machismo y otro modelo de mujer</b></font></p>      <p> El origen del machismo y de las subordinaciones de las mujeres tal como las conocemos hoy hunden sus ra&iacute;ces en el proceso civilizatorio, entendido como cultura pol&iacute;tica t&iacute;picamente citadina y patriarcal que surgi&oacute; al comp&aacute;s de la revoluci&oacute;n urbana, pero que domin&oacute; no solo sobre ciudades y aldeas antiguas; sino tambi&eacute;n sobre amplios espacios territoriales, donde pod&iacute;an vivir pastores y agricultores de manera r&uacute;stica; ya fuesen campesinos o se&ntilde;ores. Su antig&uuml;edad data del momento en que las sociedades humanas construyeron las primeras ciudades, como <i>urbs</i> y como <i>civitas</i>, seg&uacute;n estas expresiones latinas clarificadoras de diferencias sustantivas, aunque el proceso social y pol&iacute;tico en cuesti&oacute;n date de varios miles de a&ntilde;os antes de la conformaci&oacute;n del mundo romano. Se trata entonces de la propia historia primigenia de nuestras instituciones pol&iacute;ticas, aunque el paso del tiempo haya puesto sobre esa primera matriz civilizatoria patriarcal, muchos matices y confluencias con otras culturas que no hab&iacute;an logrado la experiencia citadina<a name=nu11></a><sup><a href="#num11">11</a></sup>.</p>  <ol>El machismo, como construcci&oacute;n cultural, es un modo particular de concebir el rol masculino, modo que surge de la rigidez de la mayor parte de las sociedades del mundo contempor&aacute;neo, para establecer y agudizar las diferencias de g&eacute;nero entre sus miembros. Es as&iacute; como se generan expectativas de comportamiento en torno del var&oacute;n que incluyen valores y actitudes, conformando de este modo una concepci&oacute;n ideol&oacute;gica asentada en la superioridad del macho en relaci&oacute;n con la hembra, superioridad que se ha pretendido fundamentar desde distintas perspectivas ideol&oacute;gicas a lo largo de la historia del pensamiento<a name=nu12></a><sup><a href="#num12">12</a></sup>.    </ol>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todo ello genera una jerarquizaci&oacute;n cultural y social de las caracter&iacute;sticas masculinas en desmedro de las femeninas. Esta concepci&oacute;n implica, entonces:</p>      <p>a.Una posici&oacute;n social de superioridad f&iacute;sica y psicol&oacute;gica del var&oacute;n con respecto a la mujer;</p>      <p>b.como complemento de lo anterior, una actitud de desvalorizaci&oacute;n de las capacidades de la mujer; y, en consecuencia,</p>      <p>c.una actitud discriminante hacia la mujer en el plano social, laboral y jur&iacute;dico. De esta manera la mujer ocupa un lugar subordinado y sirve a las necesidades dom&eacute;sticas y sexuales.</p>      <p>Curiosamente el machista es un personaje gentil y hasta galante para con las mujeres con las cuales no intima, m&aacute;s a&uacute;n, ante una agresi&oacute;n verbal o f&iacute;sica de una mujer suele responder pasivamente como despreciando al objeto femenino que no merece -precisamente por su falta de m&eacute;rito- la atenci&oacute;n de una respuesta violenta suya. En cambio, la mujer con la que mantiene una relaci&oacute;n&iacute;ntima tambi&eacute;n es un objeto despreciable, pero al que hay que hacerle sentir el rigor de la fuerza para que tenga claramente fijados los l&iacute;mites de qui&eacute;n es el que ocupa el lugar de supremac&iacute;a.</p>  <ol>Las mujeres directivas y las mujeres pol&iacute;ticos no eval&uacute;an del mismo modo su mundo respectivo. Estas&uacute;ltimas, sin excepci&oacute;n, denuncian el machismo de su partido. Las directivas, j&oacute;venes, muy instruidas, distan de mostrarse tan severas y declaran no percibir, en el lugar de trabajo, pr&aacute;cticas discriminatorias a su respecto<a name=nu13></a><sup><a href="#num13">13</a></sup>.    </ol>      <p>En la actualidad, se va imponiendo otro modelo de pareja, en buena parte de la cultura occidental cristiana. En el siglo XX, la presencia de dos guerras mundiales, urgi&oacute; la necesidad y el valor del trabajo femenino, y ha dejado de ser leg&iacute;tima la subordinaci&oacute;n de la mujer al hombre.</p>      <p>La mujer ha tomado, tambi&eacute;n en la familia, la autonom&iacute;a en sus manos. La participaci&oacute;n de ambos c&oacute;nyuges en las decisiones importantes es igualitaria. El reparto de las tareas del hogar es objeto de negociaciones entre ambos. No obstante, de hecho, son las mujeres las que asumen la mayor parte de la responsabilidad en la educaci&oacute;n de los hijos y en las tareas del hogar.</p>      <p>Aun con una mayor cooperaci&oacute;n masculina en el hogar, el trabajo dom&eacute;stico sigue marcado por la diferencia de sexo. Aunque se supla el trabajo f&iacute;sico del hogar con otras personas, el trabajo mental de la organizaci&oacute;n familiar (planificar los tiempos, pensar en las comidas, en las actividades de los hijos, de las compras y recados) sigue estando a cargo de la madre. La explicaci&oacute;n de este fen&oacute;meno es compleja.</p>      <p>Las mujeres suelen insistir en la &laquo;mala voluntad&raquo; de los hombres para empe&ntilde;arse en tareas hogare&ntilde;as; pero la carga de la tradici&oacute;n sigue siendo importante y raramente se le pide a los hijos que ayuden a limpiar la casa, los platos o el ba&ntilde;o, como se suele pedir a las hijas<a name=nu14></a><sup><a href="#num14">14</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El lugar predominante de la mujer, en el hogar, perdura. Aunque ella ha cargado con el trabajo profesional fuera de casa, la mujer sigue asumiendo la mayor parte de las responsabilidades dom&eacute;sticas. Esta situaci&oacute;n no solo parece depender de las presiones culturales o de la irresponsabilidad masculina, sino tambi&eacute;n de la gratificaci&oacute;n que implica para la mujer dominar los dos mundos: el de la profesi&oacute;n y el del hogar, lo que le otorga a la mujer una dimensi&oacute;n mayor de sentido, de poder y de autonom&iacute;a.</p>      <p>Se da cierta resistencia del poder materno que muchas mujeres no desean compartir. Pese a la carga que significa, ellas hacen valer el propio concepto de organizaci&oacute;n dom&eacute;stica, de lo limpio, de lo ordenado, de la alimentaci&oacute;n, etc., todo lo cual marca un territorio y una frontera de la que pueden disponer. Solo una reducida minor&iacute;a de madres considera fastidioso o desagradable ocuparse de los hijos, de los ba&ntilde;os y de su educaci&oacute;n.</p>      <p>Aunque a veces, las madres consideren envidiable la situaci&oacute;n de sus maridos, juzgan tambi&eacute;n que la vida masculina es demasiado unidireccional; y ellas -aunque aspiran a trabajos con responsabilidades empresariales y puestos pol&iacute;ticos- desean, tambi&eacute;n, tener m&aacute;s tiempo para dedicarlo a su hogar. Los roles antiguos y los modernos parecen cohabitar, sin contradicci&oacute;n en el mundo de las madres posmodernas, que intentan, a pesar de todo, mantener su estilizada figura. Una opci&oacute;n deseada es la de llevar la tarea profesional al hogar y desde all&iacute; ejercer una doble tarea de madre y de profesional<a name=nu15></a><sup><a href="#num15">15</a></sup>.</p>      <p>En este contexto es f&aacute;cilmente comprensible que las personas sientan que <i>no hay tiempo</i>. No hay tiempo para cocinar y se termina comiendo un s&aacute;ndwich, sentado en un banco. No hay tiempo para leer un libro y se busca un programa televisivo que les resuma las noticias a las personas.</p>      <p>La era posmoderna no anula la oposici&oacute;n mujer privada/hombre p&uacute;blico, sino que la reconstruye a su manera: de una manera menos ostentosa y m&aacute;s abierta a la competencia y aspiraciones femeninas. La cultura, y las mismas mujeres posmodernas, siguen marcando diferencias. Al considerase a&uacute;n a las j&oacute;venes m&aacute;s fr&aacute;giles y vulnerables, se las protege y vigila m&aacute;s; con m&aacute;s dificultad se autoriza a una adolescente a salir de casa de noche. Los varones reciben castigos y cr&iacute;ticas con m&aacute;s frecuencia y menos ayuda; pero les autorizan antes a conocer un per&iacute;metro m&aacute;s amplio en sus barrios o ciudades.</p>      <p>Estas formas de comportamiento de parte de una familia posmoderna entorpecen el acceso a la autonom&iacute;a de las j&oacute;venes; pero, por otra parte, favorecen, en los j&oacute;venes, y refuerzan el esp&iacute;ritu de riesgo, de confianza en s&iacute; mismos, de menor pasividad. Se les crea, de este sutil modo, una l&oacute;gica educativa m&aacute;s orientada a la competici&oacute;n, a la agresividad, al enfrentamiento, a la autoafirmaci&oacute;n y autoestima. En consecuencia, el joven quiere probar su fuerza, su excelencia y su virilidad.</p>      <p>Las j&oacute;venes, por el contrario, se ven desfavorecidas en la competitividad por una socializaci&oacute;n sobreprotectora, que genera una autoestima menos desarrollada. Pero este hecho no constituye una marca biol&oacute;gica e indeleble. Los sondeos realizados en empresas se&ntilde;alan que, a igual salario, las mujeres directivas desarrollan un sentimiento de competencia equiparable.</p>      <p>En resumen, si bien la cultura individualista y democr&aacute;tica desestabiliza los roles de los sexos, este proceso es contrarrestado por exigencias identitarias y sociales. Parece manifestarse que no nos dirigimos hacia una sola forma de socializaci&oacute;n; sino que la mujer se identifica m&aacute;s con lo relacional, lo psicol&oacute;gico, la seducci&oacute;n, lo&iacute;ntimo, lo afectivo, lo dom&eacute;stico y est&eacute;tico. Mientras que los hombres -aun devalu&aacute;ndose los valores machistas- parecen identificarse al seguir orient&aacute;ndose hacia lo instrumental, lo t&eacute;cnico-cient&iacute;fico, la violencia y el poder. Incluso en una misma actividad, como es el deporte, los muchachos se orientan hacia la competici&oacute;n (ganar es un valor y un fin en s&iacute; mismo); y las chicas -que ahora practican deporte con m&aacute;s frecuencia- se concentran en la preparaci&oacute;n, en mantenerse y estar en forma, y no le atribuyen la misma importancia a la competici&oacute;n, como a la actividad f&iacute;sica en s&iacute;.</p>      <p>La mujer posmoderna ha conseguido reconciliar a la mujer radicalmente nueva con un permanente rasgo femenino. Salvadas las excepciones, no nos dirigimos hacia una supresi&oacute;n de las diferencias de g&eacute;nero, sino hacia un creativo reciclado.</p>      <p><font size="3"><b>6. La mujer aut&oacute;noma posmoderna</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Las relaciones p&uacute;blicas entre el hombre y la mujer se han enfriado, y se rigen p&uacute;blicamente por la norma de cierta fr&iacute;a cortes&iacute;a.</p>      <p>La mujer liberada (y la fantas&iacute;a de capacidades pluriorg&aacute;smicas y vertiginosas), la presencia de hombres f&iacute;sico-culturistas o <i>stripers</i>, intimidan, por una parte, a los hombres, y aumenta el miedo a la mujer exigente y subyugante; y, por otra, parad&oacute;jicamente, las fantas&iacute;as masculinas de violaciones intimidan a las mujeres. De ambas partes, la masculina o la femenina, se aumentan las exigencias que ninguna puede satisfacer. Se acumula la violencia latente.</p>      <p>Solo aparentemente las personas parecen ser m&aacute;s sociables y cooperativas; pero detr&aacute;s de la pantalla del hedonismo, cada uno explota c&iacute;nicamente los sentimientos del otro<a name=nu16></a><sup><a href="#num16">16</a></sup>.</p>      <p>Las personas parecen atrapadas entre las redes del amor propio y de la necesidad del reconocimiento privatizado, de ser envidiado; mas sin sobresalir desmedidamente por encima de los dem&aacute;s. Se prefiere un medio ambiente distendido y comunicativo, con el deseo de ser escuchado, aceptado, tranquilizado, amado. Los encuentros de amigos/as son deseados y buscados.</p>      <p>La agresividad de los grandes movimientos sociales combativos de la Modernidad se ha recluido a las relaciones sentimentales de persona a persona. La autoabsorci&oacute;n narcisista, psicologizada, hace que cada uno busque y encuentre solo lo que desea: lo dem&aacute;s es indiferente.</p>      <p>Aparecen actual y leg&iacute;timamente seres h&iacute;bridos, sin pertenencia fuerte a un grupo. En una &eacute;poca posmoderna, donde prima el derecho a diferentes formas de vida, la identidad sexual, grupal y personal, se diluye. Las relaciones se vuelven <i>trans-</i>(transexual, transgrupal, transpersonal) en una reproducci&oacute;n ampliada del narcisismo, que lucha por la no discriminaci&oacute;n legal de sus formas de vida.</p>      <p>El <i>Eros</i>, los sentimientos y la alteridad de los sexos aparecen, a veces, en el escenario posmoderno, como un c&oacute;ctel complejo. Pero se debe distinguir lo pasajero y propio de algunos grupos, de lo que representa a la sociedad en su conjunto.</p>      <p>En numerosos aspectos la posmodernidad, m&aacute;s que un cambio y supresi&oacute;n de las diferencias, significa <i>un creativo reciclado de lo mismo</i>. Tambi&eacute;n las mujeres posmodernas se declaran menos infieles que los hombres y tienen menos aventuras sexuales sin estar enamoradas. Pocas mujeres separan el goce sexual del compromiso afectivo, base de la fidelidad. El goce sexual sin amor es un tab&uacute; femenino. Un tercio de ellas pueden preferir la ternura y los mimos al acto sexual, seg&uacute;n las encuestas<a name=nu17></a><sup><a href="#num17">17</a></sup>.</p>      <p>El erotismo femenino sigue aliment&aacute;ndose de im&aacute;genes sentimentales y un gran amor. Si bien un amor pasajero no es ajeno a las mujeres, ellas se liberan m&aacute;s f&aacute;cilmente de tales experiencias sin turbaci&oacute;n ni culpabilidad, seg&uacute;n las encuestas realizadas por los profesionales de la sociolog&iacute;a.</p>      <p>En forma reciclada y en cierto modo diferente, en la &eacute;poca posmoderna de autonom&iacute;a individual, los hombres siguen considerando a las mujeres como enigm&aacute;ticas y contradictorias, imprevisibles, &laquo;complicadas&raquo;; y las mujeres prosiguen reproch&aacute;ndoles a los hombres sus ego&iacute;smos, sus faltas de psicolog&iacute;a y de sentimentalidad.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El hombre se hace una imagen m&aacute;s visiva del amor y la pornograf&iacute;a lo estimula; pero la mujer se hace una imagen del amor fundada en el tacto, en los sentimientos, caricias, ternura y abrazos; y la pornograf&iacute;a, con sus contactos an&oacute;nimos y sin intimidad emocional, desagrada a la mayor parte de las mujeres, por infamantes y carentes de poes&iacute;a. La heterogeneidad es manifiesta tambi&eacute;n en este punto.</p>      <p>Al menos en el per&iacute;odo del cortejo, la mujer se siente la soberana del hombre: ella no es tomada u ofrecida, sino que es ella la que elige darse y recibir las se&ntilde;as de amor del amante. Hay una valoraci&oacute;n de s&iacute; misma en cuanto persona individual, como una subjetividad irremplazable, con plusval&iacute;a subjetiva y satisfacci&oacute;n narcisista. Incluso cuando la mujer debe esperar, ella lo toma como una forma de autovaloraci&oacute;n y una manifestaci&oacute;n de que el sexo no es el objeto primordial o exclusivo de su deseo. El hombre solo puede tomar lo que la mujer elige otorgar. El amor incluye, inicialmente, un cierto reconocimiento de derecho a ejercer un cierto dominio sobre el hombre. El amor es, sin embargo, en ambos, con matices propios, una fuente inagotable de sentido. Para lograrlo, la seducci&oacute;n siempre ha sido un arma eficiente.</p>      <p>En la posmodernidad, la nueva Eva posee una actitud m&aacute;s relajada, con relativa independencia econ&oacute;mica y libertad sexual. El cortejo es m&aacute;s desenvuelto y prosaico, sin que medien expresiones de sentimiento, piropos, adulaciones masculinas o promesas. Hoy parece darse una &eacute;poca posrom&aacute;ntica que, para formalizar una relaci&oacute;n afectiva, solo requiere una receta minimalista: el limitarse a ser uno mismo, tener cierta estabilidad y ternura, sentido del humor, es lo que establece una relaci&oacute;n m&aacute;s igualitaria, m&aacute;s c&oacute;mplice. M&aacute;s a&uacute;n, en la cultura posmoderna y de masas, se acent&uacute;a el papel activo de la mujer en la fase de entrada en materia de relaciones&iacute;ntimas, con su atractivo f&iacute;sico o su elegancia. Tambi&eacute;n ella suele ser la que en primer lugar establece el corte de una relaci&oacute;n que se ha vuelto insatisfactoria<a name=nu18></a><sup><a href="#num18">18</a></sup>.</p>      <p>Se ha hablado de una feminizaci&oacute;n de los hombres y de una masculinizaci&oacute;n de las mujeres o de una homogenizaci&oacute;n de los roles sexuales. Lo que se da es m&aacute;s bien una <i>seducci&oacute;n selectiva</i>: la mujer -que ya conoce sus deseos y es m&aacute;s selectiva- seduce desplegando sus armas de mejoramiento del aspecto y exhibici&oacute;n est&eacute;tica. El hombre seduce selectivamente haciendo relucir el sentido del humor, su posici&oacute;n social o su notoriedad, su seguridad o audacia.</p>      <p>Las mujeres m&aacute;s libres e independientes resultan intimidantes para el var&oacute;n, promovido a modelo de hombre tierno, el cual, a su vez, se siente fr&aacute;gil, inquieto respecto de sus capacidades viriles, acentu&aacute;ndose la pasividad masculina y la fatiga cr&oacute;nica de Don Juan.</p>      <p>Por otra parte, las mujeres advierten que -dejando el machismo de clases bajas (silbidos, piropos groseros, referencias expl&iacute;citas al f&iacute;sico)- con frecuencia no hay hombres; o bien, que estos asumen una actitud evasiva o esquiva, en la &eacute;poca posmoderna. Seg&uacute;n los soci&oacute;logos, esto no se debe a una falta de identidad viril; sino a un avance en la igualaci&oacute;n de los modos de sentir de uno y otro sexo, y a una atenuaci&oacute;n o una depasionalizaci&oacute;n del referente sexual en la pareja. En una vida donde el sexo no es ya algo prohibido sino casi trivial, cobra relevancia prioritaria la b&uacute;squeda de sentido y estabilidad en la vida, sobre el donjuanismo.</p>      <p><font size="3"><b>Consideraci&oacute;n final</b></font></p>      <p> En el siglo XXI, al parecer nos hallamos ante una nueva sensibilidad y percepci&oacute;n social de la relaci&oacute;n entre el hombre y la mujer. Como todos los fen&oacute;menos sociales, este es pluricausal y de no f&aacute;cil valoraci&oacute;n, puesto que las valoraciones se apoyan ya en una cultura previa o emergente.</p>      <p>El machismo es una vertiente del sexismo o prejuicio sexual que se expresa, por lo regular, de manera inconsciente en la mayor&iacute;a de las sociedades humanas. Este sistema de creencias o ideolog&iacute;a clasifica por grados de superioridad e inferioridad a los seres humanos seg&uacute;n el grado en que act&uacute;an; esta clasificaci&oacute;n se hace de acuerdo a las expectativas supuestamente &laquo;esenciales&raquo;, &laquo;naturales&raquo; o &laquo;biol&oacute;gicas&raquo; de lo que representa ser un &laquo;verdadero hombre&raquo; o una &laquo;verdadera mujer&raquo;<a name=nu19></a><sup><a href="#num19">19</a></sup>.</p>      <p>Las personas son vistas y juzgadas con base en las caracter&iacute;sticas &laquo;biol&oacute;gicas&raquo;, o &laquo;naturales&raquo; o &laquo;verdaderas&raquo; del grupo sexual al que pertenecen, sin tener en cuenta las diferencias que puedan darse entre ellos y dentro de ellos. El aprecio por la subjetividad, por la decisi&oacute;n libre de las personas ha puesto en cuesti&oacute;n esa forma tradicional de clasificaci&oacute;n. Desde hace tiempo, se distingue genitalidad de sexualidad, lo cultural de lo psicol&oacute;gico y social.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se advierte ahora que las formas de categorizar a las personas son fuertemente ideol&oacute;gicas, esto es, encubridoras de ciertos valores que benefician a ciertos grupos que ejercen o ejercieron el poder social.</p>      <p>En esas categorizaciones, se manifiesta frecuente y m&aacute;s o menos solapadamente, una actitud de desprecio y discriminaci&oacute;n hacia la mujer. Ideol&oacute;gicamente se sostiene que el var&oacute;n es superior y la mujer debe estar sometida al mundo masculino, y se deja sin manifestaci&oacute;n ni cr&iacute;tica los supuestos provincianos de tales apreciaciones. Desde las primeras p&aacute;ginas de la Biblia, expresi&oacute;n de la cultura del Medio Oriente precristiano, desde la lectura biol&oacute;gica de Arist&oacute;teles (donde la mujer es pensada como un <i>error naturae</i>), y desde el monaquismo medieval, la mujer es considerada naturalmente como deficiente e incompleta en relaci&oacute;n con el hombre, naturaliz&aacute;ndose las situaciones sociales, culturales y religiosas de privilegio<a name=nu20></a><sup><a href="#num20">20</a></sup>.</p>      <p>Si bien Lipovetsky hace alguna referencia al origen hist&oacute;rico del trato de la mujer, en lo que &eacute;l llama la primera y segunda mujer para pasar a la mujer posmoderna, no obstante, nuestro autor no se detiene cr&iacute;ticamente sobre la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de la construcci&oacute;n social del g&eacute;nero. La sociolog&iacute;a de Lipovetsky es fuertemente descriptiva, pero poco cr&iacute;tica, como Zygmunt Bauman lo ha hecho notar<a name=nu21></a><sup><a href="#num21">21</a></sup>. Lipovetsky bien podr&iacute;a tener presente la abundante referencia a la historia de la reivindicaci&oacute;n francesa de las mujeres por g&eacute;nero<a name=nu22></a><sup><a href="#num22">22</a></sup>. No obstante cabe advertir que Lipovetsky no es -ni desea ser- un historiador, sino m&aacute;s bien un soci&oacute;logo que describe la situaci&oacute;n presente de las relaciones sociales. No podemos pedirle, pues, m&aacute;s de lo que un autor se propone expresar, aunque los lectores lo puedan desear.</p>      <p>No hay ciertamente base &laquo;natural&raquo; sostenible para dichas ideas. Es m&aacute;s, hoy se ha revertido la acentuaci&oacute;n. Si bien la Biblia, en el contexto literario de la &eacute;poca, considera que la mujer es creada a partir de la costilla de Ad&aacute;n, (lo que Tom&aacute;s de Aquino ve como muy conveniente para la dignidad del hombre: <i>quaedam dignitas primo homini servaretur</i>), la biolog&iacute;a contempor&aacute;nea advierte que, gen&eacute;ticamente, todos los humanos nacemos mujer y luego viene, en algunos casos, la diferenciaci&oacute;n masculina: es el macho o var&oacute;n el que surge gen&eacute;ticamente de la mujer. La vida prosper&oacute;, evolutivamente, por miles de millones de a&ntilde;os sin la distinci&oacute;n de hembra o macho; y se prev&eacute; que el gen masculino es recesivo. Si la especie sobrevive, es previsible que en miles de millones de a&ntilde;os, las mujeres sabr&aacute;n arregl&aacute;rselas sin los hombres. De hecho hay especies hermafroditas y especies en las cuales el sexo aparece o desaparece seg&uacute;n la necesidad de la sobrevivencia de ese tipo de vida<a name=nu23></a><sup><a href="#num23">23</a></sup>.</p>      <p>No obstante, en los grupos sociales que han luchado por la discriminaci&oacute;n contra la mujer, el machismo se sigue expresando en actitudes m&aacute;s sutiles, como pagar mejores salarios a los varones por desempe&ntilde;ar funciones similares o iguales a las de las mujeres, o conceder a los hombres los mejores accesos a puestos de responsabilidad gerencial, pol&iacute;tica o religiosa. Tambi&eacute;n se observa en mensajes publicitarios que de un modo u otro denigran a la mujer o la relegan a funciones como el hogar y la familia. Como en todos los fen&oacute;menos sociales, la cuesti&oacute;n es compleja.</p>      <p>La cultura, la sociedad, los estereotipos y nuestras mismas madres nos han educado para aprender que existen hombres y mujeres, ambos con caracter&iacute;sticas, obligaciones, emociones y tareas &laquo;diferentes&raquo;<a name=nu24></a><sup><a href="#num24">24</a></sup>. Por decirlo de una forma m&aacute;s simple y tradicional: hemos aprendido que e<i>l color rosa es para la mujer y el azul para el hombre.</i> El machismo no es gen&eacute;tico, pero no hay nada que lo transmita mejor que una madre.</p>   <ol>Lamentable o no, somos nosotras mismas las que menospreciamos nuestra condici&oacute;n de f&eacute;minas, desde servirle de comer a pap&aacute;, a los hermanos, al novio y, en su caso, al marido. Si tenemos una pareja de hijos, la ni&ntilde;a debe lavar y planchar su ropa, mientras que el varoncito solo se dedica a ensuciarla<a name=nu25></a><sup><a href="#num25">25</a></sup>.    </ol>      <p>La conquista de un espacio igualitario contin&uacute;a y requiere repensar las formas sociales, los roles y el modelo de una tercera mujer.</p>    <hr>      <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>      <p><sup><a href="#nu1"><a name="num1"></a>1</a></sup> Cf. Viviana Erazo y Pilar Maurell, &laquo;La tercera mujer de Gilles Lipovetsky&raquo;, <i>antroposmoderno.</i> Consultada en abril 15, 2012, <a href="http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=4" target="_blank">http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=4</a>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a href="#nu2"><a name="num2"></a>2</a></sup> Gilles Lipovetsky naci&oacute; en Par&iacute;s en 1944. Es un fil&oacute;sofo, franc&eacute;s, profesor agregado de filosof&iacute;a, profesor de la Universidad de Grenoble, miembro del <i>Consejo de an&aacute;lisis de la sociedad</i> y consultor de la asociaci&oacute;n <i>Progr&egrave;s du management</i>. En sus principales obras hace un an&aacute;lisis de lo que se ha considerado la sociedad posmoderna, con temas recurrentes como el consumo, el hiperindividualismo contempor&aacute;neo, la hipermodernidad, la cultura de masas, la globalizaci&oacute;n, el hedonismo, la moda y lo ef&iacute;mero, los <i>mass media</i>, el culto al ocio, la cultura como mercanc&iacute;a, el ecologismo como disfraz y pose social, entre otros.    <br>  <sup><a href="#nu3"><a name="num3"></a>3</a></sup> Cf. Graciela Morgade, <i>aprender a ser mujer, aprender a ser var&oacute;n</i> (Buenos Aires: Mi&ntilde;o y D&aacute;vila, 1992). Mar&iacute;a Elena Sim&oacute;n Rodr&iacute;guez, <i>La igualdad tambi&eacute;n se aprende</i> (Madrid: Narcea, 2010).    <br>  <sup><a href="#nu4"><a name="num4"></a>4</a></sup> Cf. William Roberto Daros, <i>introducci&oacute;n a la epistemolog&iacute;a popperiana</i> (Rosario: conicet, 1998), pp. 119-120, y Caps. III y IV. Consultada en agosto 29, 2010. <a href="http://www.williamdaros.wordpress.com" target="_blank">http://www.williamdaros.wordpress.com</a>.    <br>  <sup><a href="#nu5"><a name="num5"></a>5</a></sup> Cf. Gilles Lipovetsky, <i>La tercera mujer: permanencia y revoluci&oacute;n de lo femenino</i> (Barcelona: Anagrama, 2006), 215. Consultada en abril 14, 2012, <a href="http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=4" target="_blank">http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=4</a>.    <br>  <sup><a href="#nu6"><a name="num6"></a>6</a></sup> <i>Ib&iacute;d.,</i> 227.    <br>  <sup><a href="#nu7"><a name="num7"></a>7</a></sup> Cf. <i>Ib&iacute;d.,</i> 80.    <br>  <sup><a href="#nu8"><a name="num8"></a>8</a></sup> <i>Ib&iacute;d.,</i> 235. Gilles Lipovetsky y Jean Serroy, <i>La cultura-mundo: respuesta a una sociedad desorientada</i> (Barcelona: Anagrama, 2010).    <br>  <sup><a href="#nu9"><a name="num9"></a>9</a></sup> Cf. Gilles Lipovetsky, <i>La tercera mujer, op. cit</i>., 260. Cf. V&iacute;ctor Nava Mar&iacute;n, <i>Tercera mujer (mujer reivindicada),</i> consultada en octubre 8, 2012, <a href="http://www.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena%2063/Abeja/VNM.html" target="_blank">http://www.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena%2063/Abeja/VNM.html</a>.    <br>  <sup><a href="#nu10"><a name="num10"></a>10</a></sup> Gilles Lipovetsky, <i>La tercera mujer, op. cit</i>., 214.    <br>  <sup><a href="#nu11"><a name="num11"></a>11</a></sup> Mar&iacute;a E. Argeri, &laquo;La campa&ntilde;a de los &quot;260 hombres contra el machismo&quot; y el feminismo ausente&raquo;, <i>Aljaba</i> Vol.15 (2011): 233-236, consultada en octubre 8, 2012, <a href="http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1669-57042011000100019&amp;script=sci_arttext" target="_blank">http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1669-57042011000100019&script=sci_arttext</a>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a href="#nu12"><a name="num12"></a>12</a></sup> &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez Kauth, &laquo;El machismo en el imaginario social&raquo;, <i>Revista Latinoamericana de Psicolog&iacute;a</i> 2, Vol. 25 (1993): 275-284.    <br>  <sup><a href="#nu13"><a name="num13"></a>13</a></sup> Gilles Lipovetsky, <i>La tercera mujer, <i>op. cit</i>.,</i> 259.    <br>  <sup><a href="#nu14"><a name="num14"></a>14</a></sup> <i>Ib&iacute;d.,</i> 234.    <br>   <sup><a href="#nu15"><a name="num15"></a>15</a></sup> <i>Ib&iacute;d.,</i> 238.    <br>   <sup><a href="#nu16"><a name="num16"></a>16</a></sup> Gilles Lipovetsky, <i>La era del vac&iacute;o. Ensayos sobre el individualismo contempor&aacute;neo</i> (Barcelona: Anagrama, 1994), 69.    <br>   <sup><a href="#nu17"><a name="num17"></a>17</a></sup> Cf. Gilles Lipovetsky, <i>La tercera mujer, <i>op. cit</i>.,</i> 32.    <br>   <sup><a href="#nu18"><a name="num18"></a>18</a></sup> Cf. <i>Ib&iacute;d.,</i> 40.    <br>   <sup><a href="#nu19"><a name="num19"></a>19</a></sup> Cf. Jos&eacute; Mar&iacute;a Mardones, <i>Posmodernidad y cristianismo. El desaf&iacute;o del fragmento</i> (Santander: Sal Terrae, 2008). Jos&eacute; Mar&iacute;a Mardones, <i>Postmodernidad y neoconservadurismo</i> (Estella: Verbo Divino, 2007).    <br>   <sup><a href="#nu20"><a name="num20"></a>20</a></sup> &laquo;Homo genitus est simile generanti in natura humana, cuius virtute pater potest generare hominem&raquo;. Thomas Aquinas, <i>summa theologica,</i> Ia., q. 41, a. 5, c. &laquo;Conveniens fuit mulierem in prima rerum institutione, ex viro formari, magis quam in aliis animalibus. Primo quidem, ut in hoc quaedam dignitas primo homini servaretur, ut, secundum Dei similitudinem, esset ipse principium totius suae speciei, sicut Deus est principium totius universi&raquo;. <i>Ib&iacute;d.,</i> Ia., q. 92, a. 2, c.    <br>  <sup><a href="#nu21"><a name="num21"></a>21</a></sup> Cf. &laquo;Lipovetsky no explica, solo describe; toma casos particulares sin compromiso alguno, como si fuesen universales&raquo;. Zygmunt Bauman, <i>&Eacute;tica posmoderna: sociolog&iacute;a y pol&iacute;tica</i> (Madrid: Siglo XXI, 2007), 8-9.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a href="#nu22"><a name="num22"></a>22</a></sup> Cf. Michelle Perrot. &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el feminismo en Francia?&raquo;. Entrevista realizada por Ingrid Galster en la revista <i>arenal</i> 2, Vol. 4 (2001): 291-399. En esta entrevista el lector encontrar&aacute; una rica y abundante bibliograf&iacute;a sobre la construcci&oacute;n hist&oacute;rica y social del tema del g&eacute;nero.    <br>   <sup><a href="#nu23"><a name="num23"></a>23</a></sup> Cf. Charles Darwin, <i>El origen de las especies</i>. Cap. IV, consultada en mayo 23, 2012, <a href="http://www.marxists.org/espanol/darwin/1859/origenespecies/04.htm" target="_blank">http://www.marxists.org/espanol/darwin/1859/origenespecies/04.htm</a>. Cf. Antonio De Moya, &laquo;El machismo: &iquest;c&oacute;mo afecta a las mujeres y a los mismos hombres?&raquo;, consultada en agosto 4, 2012, <a href="http://www.geledes.org.br/areas-deatuacao/questoes-de-genero/180-artigos-de-genero/9204-el-machismo-icomo-afecta-a-las-mujeresy-a-los-mismos-hombres" target="_blank">http://www.geledes.org.br/areas-deatuacao/questoes-de-genero/180-artigos-de-genero/9204-el-machismo-icomo-afecta-a-las-mujeresy-a-los-mismos-hombres</a>.    <br>  <sup><a href="#nu24"><a name="num24"></a>24</a></sup> Cf. Gilles Lipovetsky, <i>Educar en la ciudadan&iacute;a</i> (Valencia: Instituci&oacute;n Alfonso el Magn&aacute;nimo, 2006).    <br>  <sup><a href="#nu25"><a name="num25"></a>25</a></sup> Cf.<i>Cris&aacute;lida,unaesperanzaperenne</i>,consultada en octubre 12, 2012, <a href="http://crisalidaunaesperanzaperenne.blogspot.com.ar/2011/08/las-mujeres-tambien-somos-machistas-49.html" target="_blank">http://crisalidaunaesperanzaperenne.blogspot.com.ar/2011/08/las-mujeres-tambien-somos-machistas-49.html</a>.</p>   <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p> Argeri, Mar&iacute;a E. &laquo;La campa&ntilde;a de los &quot;260 hombres contra el machismo&quot; y el feminismo ausente&raquo;, <i>Aljaba</i> Vol. 15 (2011): 233-236. Consultada en octubre 8, 2012. <a href="http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1669-57042011000100019&script=sci_arttext" target="_blank">http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1669-57042011000100019&script=sci_arttext</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-1468201400020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bauman, Zygmunt. <i>amor l&iacute;quido. Acerca de la fragilidad de los v&iacute;nculos humanos</i>. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-1468201400020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>________. <i>Archipi&eacute;lago de excepciones</i>. Buenos Aires y Madrid: Katz Barpal Editores, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-1468201400020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bauman, Zygmunt y Tester, Keith. <i>La ambivalencia de la modernidad</i>. Madrid: Paid&oacute;s, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-1468201400020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Castell, Robert. <i>El ascenso de las incertidumbres</i>. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-1468201400020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p><i>Cris&aacute;lida, una esperanza perenne</i>. Consultada en octubre 12, 2012. <a href="http://crisalidaunaesperanzaperenne.blogspot.com.ar/2011/08/las-mujeres-tambien-somos-machistas-49.html" target="_blank">http://crisalidaunaesperanzaperenne.blogspot.com.ar/2011/08/las-mujeres-tambien-somos-machistas-49.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-1468201400020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Daros, William Roberto. &laquo;La religiosidad cristiana posmoderna en la interpretaci&oacute;n de Gianni Vattimo&raquo;. <i>Logos</i> 109 (2009): 53-85. Consultada en abril 15, 2012. <a href="http://www.willliamdaros.wordpress.com" target="_blank">http://www.willliamdaros.wordpress.com</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-1468201400020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Darwin, Charles. <i>El origen de las especies</i>. Cap. IV. Consultada en mayo 23, 2012. <a href="http://www.marxists.org/espanol/darwin/1859/origenespecies/04.htm" target="_blank">http://www.marxists.org/espanol/darwin/1859/origenespecies/04.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-1468201400020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>De Moya, Antonio. &laquo;El machismo: &iquest;C&oacute;mo afecta a las mujeres y a los mismos hombres?&raquo;. Consultada en agosto 4, 2012. <a href="http://www.geledes.org.br/areas-de-atuacao/questoes-de-genero/180artigos-de-genero/9204-el-machismo-icomo-afecta-a-lasmujeres-y-a-los-mismos-hombres" target="_blank">http://www.geledes.org.br/areas-de-atuacao/questoes-de-genero/180artigos-de-genero/9204-el-machismo-icomo-afecta-a-lasmujeres-y-a-los-mismos-hombres</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-1468201400020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Durand, B&eacute;atrice. &laquo;La parit&eacute;, entre nature et culture&raquo;. <i>Lendemains</i>, 91/92 (1998): 115-125.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-1468201400020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Erazo, Viviana y Maurell, Pilar. &laquo;La tercera mujer de Gilles Lipovetsky&raquo;, <i>Antroposmoderno</i>. Consultada en abril 15, 2012. <a href="http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=4" target="_blank">http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=4</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-1468201400020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Finkielkraut, A. <i>La humanidad perdida. Ensayo sobre el siglo XX</i>. Barcelona: Anagrama, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-1468201400020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ganito, Carla y Maur&iacute;cio, Ana. &laquo;Entrevista a Gilles Lipovetsky<i>&raquo;. Comunica&ccedil;&acirc;o e Cultura</i> 9 (2010): 155-163.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-1468201400020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Lipovetsky, Gilles. <i>Educar en la ciudadan&iacute;a.</i> Valencia: Instituci&oacute;n Alfonso el Magn&aacute;nimo, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-1468201400020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>________. <i>El crep&uacute;sculo del deber. La &eacute;tica indolora de los nuevos tiempos democr&aacute;ticos</i>. Barcelona: Anagrama, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-1468201400020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>________. <i>El imperio de lo ef&iacute;mero: La moda y su destino en las sociedades modernas</i>. Barcelona: Anagrama, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-1468201400020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>________. <i>El lujo eterno: De la era de lo sagrado al tiempo de las marcas.</i> Barcelona: Anagrama, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-1468201400020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>________. <i>La era del vac&iacute;o. Ensayos sobre el individualismo contempor&aacute;neo.</i> Barcelona: Anagrama, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-1468201400020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>________. <i>La felicidad parad&oacute;jica: Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo</i>. Barcelona: Anagrama, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-1468201400020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><P>________. <i>La sociedad de la decepci&oacute;n</i>. Barcelona: Anagrama, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-1468201400020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></P>       <!-- ref --><p>________. <i>La tercera mujer: permanencia y revoluci&oacute;n de lo femenino. Barcelona: Anagrama, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-1468201400020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>       <!-- ref --><p>________. <i>Los tiempos hipermodernos.</i> Barcelona: Anagrama, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-1468201400020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>________. <i>Metamorfosis de la cultura liberal: &Eacute;tica, medios de comunicaci&oacute;n, empresa.</i> Barcelona: Anagrama, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-1468201400020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lipovetsky, Gilles y Juvin, Herv&eacute;. <i>El Occidente globalizado. Un debate sobre la cultura planetaria.</i> Barcelona: Anagrama, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-1468201400020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lipovetsky, Gilles y Roux, E. <i>El lujo eterno. De la era de lo sagrado al tiempo de las marcas</i>. Barcelona: Anagrama, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-1468201400020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lipovetsky, G. y Serroy, Jean. <i>La cultura-mundo. respuesta a una sociedad desorientada.</i> Barcelona: Anagrama, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-1468201400020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>________. <i>La pantalla global. Cultura medi&aacute;tica y cine en la era hipermoderna.</i> Barcelona: Anagrama, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-1468201400020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Loizaga, P. <i>Mito y sospecha posmoderna</i>. Buenos Aires: Lexicus, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0120-1468201400020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Luhmann, N. <i>Observaciones de la modernidad. Racionalidad y contingencia en la sociedad moderna</i>. Buenos Aires: Paid&oacute;s, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0120-1468201400020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Lyon, David. <i>Postmodernidad</i>. Alianza: Madrid. 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0120-1468201400020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Lyotard, J.- F. <i>La condici&oacute;n postmoderna.</i> Buenos Aires: REI, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0120-1468201400020000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Mardones, Jos&eacute; Mar&iacute;a. <i>Posmodernidad y cristianismo. El desaf&iacute;o del fragmento</i>. Santander: Sal Terrae, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0120-1468201400020000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>________. <i>Postmodernidad y neoconservadurismo</i>. Estela: Verbo Divino, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0120-1468201400020000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Morgade, Graciela. <i>Aprender a ser mujer, aprender a ser var&oacute;n</i>. Buenos Aires: Mi&ntilde;o y D&aacute;vila, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0120-1468201400020000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Mossuz-Lavau, Janine. <i>Femmes/hommes pour la parit&eacute;.</i> Par&iacute;s: Presses de Sciences Po, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0120-1468201400020000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Nava Mar&iacute;n, V&iacute;ctor. <i>Tercera mujer (mujer reivindicada)</i>. Consultada en octubre 8, 2012. <a href="http://www.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena%2063/Abeja/VNM.html" target="_blank">http://www.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena%2063/Abeja/VNM.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0120-1468201400020000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Perrot, Michelle. &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el feminismo en Francia?&raquo;. Entrevista realizada por Ingrid Galster en la revista <i>arenal</i> 2, Vol. 4 (2001): 291-399.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0120-1468201400020000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Renaut, A. <i>L' &Eacute;re de l'individu.</i> Paris: Gallimard, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0120-1468201400020000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Roa, A. <i>Modernidad y posmodernidad. Coincidencias y diferencias fundamentales</i>. Santiago: Andr&eacute;s Bello, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0120-1468201400020000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rodr&iacute;guez Kauth, &Aacute;ngel. &laquo;El machismo en el imaginario social&raquo;. <i>Revista Latinoamericana de Psicolog&iacute;a</i> 2, Vol. 25 (1993): 275-284.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0120-1468201400020000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sim&oacute;n Rodr&iacute;guez, Mar&iacute;a Elena. <i>La igualdad tambi&eacute;n se aprende</i>. Madrid: Narcea, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0120-1468201400020000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Todorov. T. <i>El hombre desplazado</i>. Buenos Aires: Taurus, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0120-1468201400020000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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