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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article contributes to the hypothesis that refers to the process of evangelization of the Indians in the New Granada as poor and unsuccessful. It is based especially -more not exclusively in the case of the Dominican Order. Explore the motivations that led to the arrival of missionaries to undertake this task, the institutions that supported the methodology, conflicts presented, and the results of this process between muiscas Indians living in the Cundi-boyacense highlands.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Frailes y evangelizaci&oacute;n en el Nuevo Reino de Granada (S. XVI). Vicisitudes de un proceso conflictivo y no muy exitoso</b></font><sup>*</sup></p>      <p align="center"><font size="3"><B>Friars and evangelization in the new kingdom of Granada (XVI). Vicissitudes of a troubled and not very successful process. </b></font></p>      <p  align="center">William Elvis Plata<sup>**</sup>    <br> Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga-Colombia</p>      <p><SUP>*</SUP> El presente art&iacute;culo es, en su fundamento, fruto parcial de la tesis doctoral &laquo;Religiosos y sociedad en Nueva Granada (Colombia). Vida y muerte del convento dominicano de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario. Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, siglos XVI -xix&raquo; realizada entre los a&ntilde;os 2004 y 2008, en la Universidad de Namur, Academia Lovaina (B&eacute;lgica), bajo la direcci&oacute;n de Pierre Sauvage S. J. y Paul Servais. Incluye datos y bibliograf&iacute;a consultada posteriormente.    <BR>  <SUP>**</SUP>	Doctor en Historia. Profesor asociado en la Escuela de Historia de la Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia. Director del grupo de investigaci&oacute;n &laquo;Sagrado y Profano&raquo;, avalado por dicha Universidad y reconocido por Colciencias. Contacto: <a href="mailto:weplataq@uis.edu.co">weplataq@uis.edu.co</a>. </p>      <p>Para citar este art&iacute;culo: Plata, William Elvis. &laquo;Frailes y evangelizaci&oacute;n en el Nuevo Reino de Granada (s. XVI). Vicisitudes de un proceso conflictivo y no muy exitoso&raquo;. <i>Franciscanum</i> 165, Vol. LVIII (2016): 263-302.</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>Este art&iacute;culo busca aportar a la hip&oacute;tesis que se refiere al proceso de evangelizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas en el altiplano cundiboyacense como complejo, conflictivo y poco exitoso en resultados inmediatos. Para ello, tomando especialmente –m&aacute;s no exclusivamente– como caso a la Orden Dominicana, explora las motivaciones que originaron la llegada de los misioneros a hacerse cargo de esta tarea, las instituciones que soportaron la metodolog&iacute;a empleada, los conflictos presentados, y los resultados del proceso entre los muiscas de la regi&oacute;n mencionada. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B>Palabras clave</b>: Evangelizaci&oacute;n, muiscas, Nueva Granada, &oacute;rdenes religiosas, doctrinas. </p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p>This article contributes to the hypothesis that refers to the process of evangelization of the Indians in the New Granada as poor and unsuccessful. It is based especially -more not exclusively in the case of the Dominican Order. Explore the motivations that led to the arrival of missionaries to undertake this task, the institutions that supported the methodology, conflicts presented, and the results of this process between muiscas Indians living in the Cundi-boyacense highlands. </p>      <p><B>Keywords</b>: Evangelization, muiscas indians, New Granada, religious orders, doctrines. </p> <HR>      <p><B><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>      <p>El proceso de evangelizaci&oacute;n y cristianizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas americanos, realizado por las &oacute;rdenes mendicantes es una de las etapas m&aacute;s conocidas de la historia de la Iglesia en el Nuevo Mundo. Existen publicaciones al respecto, no solo en el campo de la historia, sino tambi&eacute;n en el de la teolog&iacute;a, la filosof&iacute;a y hasta el derecho. La mayor parte de ellas proceden de Espa&ntilde;a, pa&iacute;s donde obviamente ha habido mucho inter&eacute;s en el tema de la Conquista y primeros a&ntilde;os de Colonia, especialmente tras la conmemoraci&oacute;n del V centenario de la llegada de Crist&oacute;bal Col&oacute;n a Am&eacute;rica. Las particularidades que tuvo el proyecto de evangelizaci&oacute;n han signado positivamente a las &oacute;rdenes religiosas en el continente, de manera quiz&aacute; inversamente proporcional a lo cual lo ha hecho la Inquisici&oacute;n para las de Europa. Las &laquo;leyendas blancas&raquo; sobre el proceso de cristianizaci&oacute;n, alimentadas por experiencias hist&oacute;ricas como las de las primeras comunidades, se suelen contraponer a las &laquo;leyendas negras&raquo; existentes -que hablan de una evangelizaci&oacute;n con cruz y espada- aun sabiendo que ambas son inexactas y adolecen de vicios ideol&oacute;gicos que determinan la interpretaci&oacute;n de los hechos. Es m&aacute;s realista pensar que el proceso de cristianizaci&oacute;n se movi&oacute; entre dos extremos o corrientes: una que estaba a favor de la dominaci&oacute;n, justific&aacute;ndola y actuando en consecuencia, y otra que comparti&oacute; la utop&iacute;a de anunciar el Evangelio sin presionar, someter u obligar a la conversi&oacute;n<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. </p>      <p>Sin embargo, si este proceso cuenta con muchos estudios para otros pa&iacute;ses latinoamericanos, especialmente M&eacute;xico y Per&uacute;, en Colombia, la evangelizaci&oacute;n en la Nueva Granada apenas ha sido abordada por la nueva historiograf&iacute;a y solo recientemente comienza a darse publicaciones al respecto<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. Seguramente la barrera que  la paleograf&iacute;a pone a los historiadores del siglo XVI obstaculiza la realizaci&oacute;n de nuevos estudios e interpretaciones, de manera que a&uacute;n prevalecen hip&oacute;tesis establecidas hace varias d&eacute;cadas por la historiograf&iacute;a tradicional, y que se refieren a la cristianizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas como un proceso exitoso. Pero muchos indicios muestran que la consolidaci&oacute;n del proyecto fue relativa, y que dependi&oacute; de circunstancias y lugares. A&uacute;n m&aacute;s, todo indica que entre los muiscas la evangelizaci&oacute;n habr&iacute;a sido mucho m&aacute;s lenta que en otros lugares. Sin poder de momento realizar un an&aacute;lisis a profundidad que consolide esta hip&oacute;tesis, proceder&eacute; a se&ntilde;alar algunos lineamientos del proceso a la luz de la reciente bibliograf&iacute;a, incluyendo trabajos propios, realizados particularmente sobre la Orden Dominicana, y cuyas observaciones pueden extrapolarse a la generalidad del proceso en la regi&oacute;n estudiada. </p>      <p><B>1. Los evangelizadores </b></p>      <p>Para empezar, conviene resaltar un aspecto importante. &iquest;Por qu&eacute; las &oacute;rdenes mendicantes fueron protagonistas del proceso de evangelizaci&oacute;n, conquista y colonizaci&oacute;n de Am&eacute;rica? &iquest;Por qu&eacute; no lo fueron las &oacute;rdenes mon&aacute;sticas o de caballer&iacute;a, que tanto hab&iacute;an ayudado al proceso de Reconquista de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica? &iquest;Por qu&eacute; los dominicos, franciscanos y agustinos sobresalieron en especial, en el siglo XVI ? </p>      <p>Fueron ellos y no otros, porque las &oacute;rdenes llamadas &laquo;Mendicantes&raquo;, que tanto hab&iacute;an hecho para reformar la Iglesia en la Baja Edad Media, tras una crisis producida en los siglos xiv y xv, se encontraban, en el momento de iniciarse la Conquista de Am&eacute;rica, en pleno proceso de reforma interna y expansi&oacute;n. Varios de los l&iacute;deres de la reforma de las &oacute;rdenes mendicantes en Espa&ntilde;a fueron a su vez gestores del env&iacute;o de religiosos al Nuevo Mundo, de manera que encontramos una relaci&oacute;n directa entre el &eacute;xito del proceso de reforma en los frailes espa&ntilde;oles y su expansi&oacute;n al Nuevo Mundo. Los dominicos estuvieron junto a los franciscanos entre los primeros en marchar a Am&eacute;rica, no solo porque su opci&oacute;n carism&aacute;tica se orientaba hacia el anuncio del Evangelio, incluyendo la misi&oacute;n, sino adem&aacute;s, porque se encontraban en un &laquo;nuevo amanecer&raquo;<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>, existiendo entre ellas esp&iacute;ritus fogosos y dispuestos a ir m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de Europa. Esto explica la exclusi&oacute;n de las &oacute;rdenes ecuestres, grandes protagonistas de la reconquista de la pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, pero que hab&iacute;an entrado en decadencia. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a las &oacute;rdenes mon&aacute;sticas, seg&uacute;n Johannes Meier, sus v&iacute;nculos con las &laquo;estructuras agrarias feudales&raquo; les imped&iacute;an tener la movilidad necesaria para hacer frente a tal empresa<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. Pedro Borges afirma que &laquo;la tendencia a la posesi&oacute;n de grandes y pr&oacute;speras abad&iacute;as no pod&iacute;an sintonizar con la naciente, conflictiva y no ciertamente rica sociedad americana&raquo;<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. Ni el proyecto evangelizador era atrayente para las &oacute;rdenes mon&aacute;sticas, ni tampoco las perspectivas econ&oacute;micas. La Corona tampoco ve&iacute;a &laquo;&uacute;til&raquo; en su proyecto de conquista y colonizaci&oacute;n, establecer abad&iacute;as, cuya instalaci&oacute;n y sostenimiento era considerado adem&aacute;s oneroso para las cajas reales<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>. Los monasterios espa&ntilde;oles tampoco se preocupar&aacute;n mucho por buscar la expansi&oacute;n a las nuevas tierras, imbuidos como estaban en un esp&iacute;ritu &laquo;est&aacute;tico&raquo; que las hac&iacute;a &laquo;poco proclives al dinamismo anejo a la empresa eclesi&aacute;stica americana&raquo;<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>.  Seg&uacute;n Borges, &laquo;la falta de entusiasmo de los monjes (espa&ntilde;oles) por Am&eacute;rica&raquo; se prueba en que durante toda la &eacute;poca colonial solo se hicieron diez intentos de fundaci&oacute;n de monasterios en Am&eacute;rica hisp&aacute;nica<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>, de los cuales fracasaron ocho, no por culpa de la Corona, sino por falta de apoyo de los mismos monasterios espa&ntilde;oles. Adem&aacute;s, aunque hubo obispos en Am&eacute;rica procedentes de las &oacute;rdenes mon&aacute;sticas en un n&uacute;mero abundante (Gabriel Guarda enumera 36) estos no buscaron fundar monasterios de sus &oacute;rdenes en sus respectivas di&oacute;cesis<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>. </p>      <p>Es importante resaltar que no fue la Corona la que promovi&oacute; en una primera instancia el viaje de los frailes a Am&eacute;rica, sino que el deseo de ir a evangelizar parti&oacute; de la iniciativa de ellos mismos, a ra&iacute;z de los procesos de reforma interna llevados a cabo. Eso no significa que la Corona estuviera desentendida del asunto: Mar&iacute;a Milagros Ciudad Su&aacute;rez dice que durante la &eacute;poca de la Conquista, el gobierno espa&ntilde;ol fue el que m&aacute;s se interes&oacute; en promover directamente el env&iacute;o de religiosos a Am&eacute;rica. En 1527 se puede encontrar una carta del Emperador Carlos V al Maestro de la Orden, Fr. Silvestre de Ferrara, para que hiciera todo lo necesario de manera que se animara y facilitara a los frailes el arribo a Am&eacute;rica y que nadie impidiera o desanimara este tipo de viajes<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. Pero una vez asentados en las Indias los primeros misioneros y hechas las primeras fundaciones <I>&laquo;</I>Ser&aacute;n los propios religiosos quienes pidan el pase de m&aacute;s hermanos de h&aacute;bito; e incluso llegar&aacute;n a encargarse de organizar las expediciones ante el vasto territorio a cristianizar y la escasez de sus miembros. As&iacute;, tambi&eacute;n solicitan de las autoridades civiles y eclesi&aacute;sticas que escriban a la Corte informando de aquella realidad&raquo;<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>. </p>      <p>A partir de mediados del siglo, el Consejo de Indias expidi&oacute; una serie de requisitos para controlar el acceso de frailes al Nuevo Mundo, de modo que cada religioso necesitaba su respectiva licencia real. Tras la autorizaci&oacute;n del Consejo, se relegaba a la Casa de Contrataci&oacute;n sufragar los gastos de los religiosos y realizando las n&oacute;minas de los mismos, con se&ntilde;as personales, listados que eran enviados a las autoridades americanas. La Real Hacienda (es decir, las cajas reales) pagaba todo el viaje desde el convento de salida hasta el convento de llegada<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>. Los requisitos exigidos a los frailes eran: tener voluntad, contar con una preparaci&oacute;n intelectual suficiente, y <I>&laquo;</I>buenas cualidades morales<I>&raquo;</I>. A partir de 1530 aparece tambi&eacute;n en los documentos la palabra <I>&laquo;</I>calidad<I>&raquo;</I><sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup><I>. </I></p>      <p>Hacia 1571 toda la responsabilidad de aprobaci&oacute;n de las expediciones qued&oacute; por cuenta del Consejo de Indias, siguiendo un proceso burocr&aacute;tico complejo, que procuraba no solo disminuir y regular los gastos que ocasionaban a las Reales Cajas, sino adem&aacute;s, esperaba que la Iglesia establecida en el continente produjera sus propias vocaciones nativas entre la poblaci&oacute;n criolla. A partir de la segunda mitad del siglo XVI, en raras ocasiones fue el Consejo el que tom&oacute; la iniciativa de enviar las expediciones, aunque las sigui&oacute; apoyando, debido a que los frailes significaban la posibilidad de extender la presencia hisp&aacute;nica en la regi&oacute;n, ampliando as&iacute; las fronteras del Estado. Isabelo Mac&iacute;as agrega, aunque sin decir las razones, que la Corona con ello tambi&eacute;n intentaba &laquo;erradicar&raquo; de la pen&iacute;nsula a un excedente de religiosos que exist&iacute;a all&iacute;. Las cifras hablan que m&aacute;s de 29 000 cl&eacute;rigos seculares y 32 000 regulares exist&iacute;an solo en Castilla a fines del siglo XVI . Si se comparan las cifras con Am&eacute;rica (5000 cl&eacute;rigos y religiosos masculinos, en el siglo XVII ) resulta que en ese continente la presencia clerical era &iacute;nfima, en proporci&oacute;n al territorio<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>. Es l&oacute;gico pensar que las autoridades buscaran reducir este desnivel. </p>      <p>En este punto es bueno preguntarse qu&eacute; llevaba a los religiosos a viajar a Am&eacute;rica. Seguramente el af&aacute;n de salvar almas, de misionar, de difundir el Evangelio, fue una motivaci&oacute;n muy importante, sin dudar. Esto es evidente especialmente durante el siglo XVI, siglo de renovaci&oacute;n y empuje para las &oacute;rdenes dominicana, franciscana y agustina. Pero seg&uacute;n Ciudad Su&aacute;rez, otros motivos se fueron agregando con el tiempo, tales como mejorar la situaci&oacute;n dentro de la orden, conocer nuevas tierras, o simplemente el deseo de la aventura<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>. Hay que tener en cuenta las caracter&iacute;sticas diversas de los misioneros, que manten&iacute;an visiones divergentes no solo de la tierra que pisaban y la gente que trataban, sino adem&aacute;s, de la Iglesia y la orden a la que pertenec&iacute;an. Pero en los primeros a&ntilde;os de Conquista y Evangelizaci&oacute;n pareci&oacute; existir un punto de acuerdo. </p>      <p><B>2. Del Caribe a la Nueva Granada </b></p>      <p>Es conocido que los frailes reci&eacute;n llegados se enfrentaron pronto con los encomenderos, en el Caribe, cuando estos, a falta de una legislaci&oacute;n que amparara a los ind&iacute;genas, no dud&oacute; en esclavizarlos. Es en Santo Domingo donde se produce, en el adviento de 1511 el famoso serm&oacute;n de Fr. Antonio de Montesinos denunciando p&uacute;blicamente el proceder de los conquistadores frente a los ind&iacute;genas. Y es en Centroam&eacute;rica donde ejerce su labor Fr. Bartolom&eacute; de las Casas, quien se convertir&aacute; en ardiente defensor de los derechos de los ind&iacute;genas, librando una pol&eacute;mica jur&iacute;dica con sus contradictores en Espa&ntilde;a, que a la larga permiti&oacute; la aparici&oacute;n de una legislaci&oacute;n (Las &laquo;Leyes Nuevas&raquo;)<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup> que consideraba a los ind&iacute;genas como &laquo;vasallos&raquo;del Rey, con derechos y deberes. Aunque en la pr&aacute;ctica esta solo se cumpli&oacute; parcial y superficialmente<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>. </p>      <p>Los frailes fueron adentr&aacute;ndose en el continente casi al tiempo que los ind&iacute;genas del Caribe iban desapareciendo, producto de los malos tratos y las enfermedades. As&iacute;, dicha regi&oacute;n fue perdiendo atractivo para aquellos que ten&iacute;an como prop&oacute;sito evangelizar y misionar; adem&aacute;s era una zona peligrosa y dif&iacute;cil debido a los constantes ataques de piratas que se ensa&ntilde;aban especialmente con los conventos y casas religiosas. El mismo convento de Santo Domingo de La Espa&ntilde;ola (Rep&uacute;blica Dominicana) desapareci&oacute; en llamas en 1586 y con &eacute;l todos sus archivos y cr&oacute;nicas, impidiendo conocer muchos detalles sobre la historia de esta primera comunidad cristiana en Am&eacute;rica<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>. </p>      <p>La labor de los frailes a favor del proyecto de evangelizaci&oacute;n, conquista y colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola en el Nuevo Mundo fue bastante fruct&iacute;fera, al punto que en 1548 el virrey de M&eacute;xico, Antonio Mendoza, se dirigi&oacute; al Rey justificando su decisi&oacute;n de no construir guarniciones militares en la regi&oacute;n, con el siguiente argumento: </p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las torres con soldados eran cuevas de ladrones y los conventos con frailes eran muros y castillos con que estaba defendida toda la tierra, porque con su ejemplo y santa conversaci&oacute;n y amonestaciones ten&iacute;an vencido el &aacute;nimo de los indios y nadie se inquietaba ni alborotaba y que m&aacute;s val&iacute;an conventos de religiosos que fortalezas de soldados en los pueblos y que estos conventos que hab&iacute;an mandado edificar, eran los muros m&aacute;s seguros con que hab&iacute;a servido fielmente a su Rey y Se&ntilde;or<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>. </p> </blockquote>      <p>Las primeras &oacute;rdenes religiosas llegan a lo que se conoci&oacute; como Nueva Granada en 1509, cuando Alonso de Ojeda pas&oacute; por la costa cercana a la futura Cartagena con tres franciscanos, un sacerdote secular y un di&aacute;cono, pero no bajaron a tierra firme. En 1510 se fund&oacute; Santa Mar&iacute;a la Antigua, en el Dari&eacute;n colombiano. Los franciscanos formaron su convento all&iacute;, que permaneci&oacute; hasta 1524, pues su acci&oacute;n misional fracas&oacute;, dadas las dificultades del medio y la hostilidad encontrada. Se sabe que esa fundaci&oacute;n fue abandonada y que sus restos fueron devorados por la selva. En 1526 el mercedario Fr. Francisco de Bobadilla acompa&ntilde;ado de cuatro hermanos de su orden fundaron en la reci&eacute;n nacida Santa Marta, el convento de Nuestra </p>      <p>Se&ntilde;ora de la Merced, el cual fue liquidado en 1545<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>. A finales de 1528 llegan los dominicos, fundando en los a&ntilde;os sucesivos conventos en las nuevas ciudades de Santa Marta y Cartagena de Indias. </p>      <p>El grupo que se estableci&oacute; en la costa Caribe trabaj&oacute;, en un comienzo, en las <I>doctrinas</I> creadas en los alrededores de las dos ciudades espa&ntilde;olas fundadas en el litoral Caribe: Santa Marta y Cartagena. El Convento de Santa Marta, por ejemplo, recibi&oacute; en un comienzo las doctrinas de Bondinga, Gaira, Taganga, Mamatoco, guajiros, aruacos, tupes, chimilas y durcinos, adem&aacute;s, del curato de Santa Marta. Varias de las doctrinas correspond&iacute;an en realidad a comunidades ind&iacute;genas enteras<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>. </p>      <p>Los frailes que evangelizaron la regi&oacute;n, siguiendo el ejemplo de sus colegas misioneros en las Antillas, se enfrentaron en poco tiempo con los encomenderos por el trato que estos daban a los ind&iacute;genas. Ello provoc&oacute; que el jefe de la expedici&oacute;n dominicana, Fr. Tom&aacute;s Ortiz, disc&iacute;pulo de Fr. Pedro de C&oacute;rdoba, abandonara la regi&oacute;n ante amenazas y acusaciones de los conquistadores. En medio de controversias, Fr. Tom&aacute;s regres&oacute; a Espa&ntilde;a y se retir&oacute; de la Orden<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup>. </p>      <p>A comienzos de 1537 parti&oacute; de Santa Marta una expedici&oacute;n dirigida por Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada rumbo al interior del Nuevo Reino de Granada, siguiendo el r&iacute;o Magdalena, hacia el sur. Tal expedici&oacute;n concluye con la fundaci&oacute;n en 1538, de la ciudad de Santa Fe (o Santaf&eacute;), la que ser&iacute;a desde entonces la capital del Nuevo Reino de Granada. A fines de 1540, llegaron al Altiplano por lo menos tres religiosos m&aacute;s procedentes de Santa Marta: Fr. Pedro Dur&aacute;n, Fr. Juan de Montemayor y Fr. Juan de Torres. El &uacute;ltimo march&oacute; a Santaf&eacute;, los dos primeros se quedaron en Tunja. Seg&uacute;n las diferentes cr&oacute;nicas, el padre Dur&aacute;n catequiz&oacute; y bautiz&oacute; a Aquim&iacute;n, &uacute;ltimo Zaque de Hunza, y a Sugamuxi, sacerdote m&aacute;ximo de los muiscas. M&aacute;s adelante Aquim&iacute;n y otros caciques ser&iacute;an ejecutados en la plaza p&uacute;blica de Tunja (ciudad fundada en 1539) por orden de Hern&aacute;n P&eacute;rez de Quesada, hermano del fundador de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;. </p>      <p>Por estas fechas se fundaron los primeros <I>hospicios</I> (es decir, lugar de acogida temporal para religiosos doctrineros y que pod&iacute;an convertirse en conventos) dominicanos en V&eacute;lez y Tocaima (1540). Estos frailes y otros m&aacute;s que llegaron, trabajaron en la evangelizaci&oacute;n de ind&iacute;genas, sin residencia fija, durante unos diez a&ntilde;os, hasta la fundaci&oacute;n de los conventos de Santaf&eacute; (1550) Tunja (1551) y V&eacute;lez (1553), cuyos establecimientos determinaron el inicio de una organizaci&oacute;n m&aacute;s estructurada de los dominicos en la Nueva Granada. A partir de entonces, sucesivas expediciones de frailes continuaron engrosando las comunidades, pese a que su n&uacute;mero, a juzgar por los reclamos y misivas enviados a las autoridades metropolitanas, nunca fue considerado suficiente para cumplir su labor<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup>. Hay que registrar la mora de realizar estad&iacute;sticas m&aacute;s completas sobre migraciones de los religiosos a esta regi&oacute;n del norte de Suram&eacute;rica. </p>      <p><B>3. El m&eacute;todo de evangelizaci&oacute;n i: los conventos </b></p>      <p>En Am&eacute;rica, pese a la naturaleza eminentemente urbana del &laquo;conventus&raquo; de origen medieval (que no debe confundirse con &laquo;monasterio&raquo;) las &oacute;rdenes mendicantes establecieron dos tipos de conventos: los rurales y los urbanos. Cada uno de ellos mantuvo particularidades y funcionalidades diferentes. </p>      <p>El convento rural (llamado tambi&eacute;n <I>&laquo;</I>vicar&iacute;a<I>&raquo;</I>, <I>&laquo;</I>hospicio<I>&raquo;</I> o <I>&laquo;</I>conventillo<I>&raquo;</I>) se ubicaba en aldeas o en medio del campo, en medio de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. Este tipo de convento se organiz&oacute; por iniciativa, de una parte, de los primeros evangelizadores, que buscaban hacer m&aacute;s  pragm&aacute;tica su labor con los ind&iacute;genas<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup>. Ello constitu&iacute;a la adaptaci&oacute;n de una estrategia pastoral hist&oacute;rica de las &oacute;rdenes mendicantes<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup>. Fueron concebidos como centro de evangelizaci&oacute;n y misi&oacute;n, lo cual no se reduc&iacute;a simplemente a predicar y administrar sacramentos, sino a realizar toda una labor organizativa pol&iacute;tica, administrativa y econ&oacute;mica. <I>&laquo;</I>Los religiosos dotaron a los pueblos de tierras comunales, nuevos cultivos, cajas de comunidad; crearon cabildos ind&iacute;genas, con alcaldes y regidores y fundaron escuelas para ni&ntilde;os y adultos<I>&raquo;</I>, dice Ciudad Su&aacute;rez<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup>. La mayor parte de las fundaciones dominicanas en la &eacute;poca colonial fueron de este tipo. A fin y cuentas la evangelizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas era el fin inicial de la comunidad dominicana y la justificaci&oacute;n de su presencia. Estos conventos tambi&eacute;n serv&iacute;an como hospicio temporal para los frailes doctrineros, que generalmente se compon&iacute;an de tres o cuatro individuos. Peri&oacute;dicamente ellos deb&iacute;an regresar a alg&uacute;n convento mayor del cual depend&iacute;an en el r&eacute;gimen interno de la orden. Econ&oacute;micamente dichos hospicios se sosten&iacute;an de las rentas que proporcionaban las doctrinas, de modo que a medida que la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena fue desapareciendo, las penurias econ&oacute;micas se acrecentaron. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El convento urbano fue surgiendo paralelamente al primero y correspond&iacute;a al tipo tradicional de fundaci&oacute;n de las &oacute;rdenes mendicantes. Sus actividades pastorales directas se concentraron preferentemente en la asistencia sacramental, espiritual, intelectual y hasta organizativa de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola, de sus descendientes criollos y despu&eacute;s, de los mestizos arribados a las villas. Sin embargo, tambi&eacute;n ayudaron a la evangelizaci&oacute;n y doctrina de grupos ind&iacute;genas ubicados en los alrededores. Dichos conventos estaban m&aacute;s orientados a la observancia, a la formaci&oacute;n y al estudio<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup>. Por otra  parte, estos conventos fueron objeto de gran cantidad de donativos y legados de parte de la poblaci&oacute;n mencionada, lo cual provoc&oacute; su enriquecimiento y estabilidad material. Los conventos m&aacute;s grandes e importantes de las provincias fueron siempre los de esta clase. En ambos tipos de conventos se dieron unas relaciones simbi&oacute;ticas con los distintos entornos y grupos humanos. </p>      <p>Aparte se encontraron los conventos de &laquo;recolecci&oacute;n&raquo; o de &laquo;observancia&raquo; que sirvieron para la b&uacute;squeda de renovaci&oacute;n de la observancia inicial. Estos se instauraron generalmente cuando se dieron &eacute;pocas de crisis o relajamiento, por lo que la comunidad establecida all&iacute; vivi&oacute; un r&eacute;gimen m&aacute;s observante y estricto que los dem&aacute;s conventos. En el XVII casi todas las &oacute;rdenes mendicantes en Am&eacute;rica tuvieron por lo menos un convento de este tipo<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup>, y en el caso de los Agustinos tal corriente lleg&oacute; a generar una divisi&oacute;n interna que se concret&oacute; m&aacute;s adelante en la creaci&oacute;n de una nueva orden religiosa: los Agustinos Recoletos. </p>      <p>La totalidad de los conventos fundados en el siglo XVI nacieron con el fin y prop&oacute;sito de evangelizar a los ind&iacute;genas y de adoctrinarlos. Esto hizo que la mayor&iacute;a de ellos condicionara su importancia, actividades e influencia a la existencia de dichas comunidades ind&iacute;genas, al servicio y bienes que estas aportaran, o a la riqueza de la regi&oacute;n en general. Si la poblaci&oacute;n prosperaba, el convento tambi&eacute;n, si los ind&iacute;genas desaparec&iacute;an, el convento quedaba reducido; si la econom&iacute;a quebraba, el convento hac&iacute;a lo mismo<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup>. </p>      <P align="center"><img src="img/revistas/frcn/v58n165/v58n165a10img1.jpg"></P>      <p>La labor misionera y evangelizadora que deb&iacute;an desempe&ntilde;ar en principio los conventos neogranadinos hizo que se facilitara la vida &laquo;extra-claustro&raquo; de los frailes, al tener que desempe&ntilde;ar su trabajo en &aacute;reas bastante amplias. La mayor&iacute;a de los peque&ntilde;os conventos adquirieron durante ciertas &eacute;pocas (s. XVI-XVII) la condici&oacute;n &laquo;prioral&raquo;, es decir, que tuvieron el derecho a tener prior, pese a que no contaban con el n&uacute;mero de frailes suficiente. La Corona espa&ntilde;ola logr&oacute; que el Maestro General y los cap&iacute;tulos expidieran decretos para autorizar la existencia formal de conventos a casas con menos frailes de los indicados (entre ocho y diez). Pero algunos, pese a los privilegios, ni siquiera llegaron a poseer seis frailes, n&uacute;mero m&iacute;nimo para ser convento prioral y pasaron o vivieron la mayor parte de su existencia como vicar&iacute;as, de tres o cuatro frailes. Por ello estos conventos fueron conocidos popularmente bajo el nombre de &laquo;<I>conventillos</I>&raquo;.</p>      <p><B>4. El m&eacute;todo de evangelizaci&oacute;n ii: las doctrinas </b></p>      <p>El proyecto de evangelizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas, aunque se articula a un prop&oacute;sito de conquista y colonizaci&oacute;n de unos territorios, no puede considerarse como algo homog&eacute;neo y fr&iacute;amente calculado. Por el contrario, se tuvo que planear sobre la marcha y hasta improvisar. Los frailes partieron con su bagaje hist&oacute;rico como promotores de la Palabra a trav&eacute;s de la predicaci&oacute;n. Pronto tuvieron que hacer adecuaciones a las nuevas realidades que encontraban. La &laquo;escuela experimental&raquo; fueron las Antillas y las costas centroamericanas; despu&eacute;s se fue configurando una &laquo;metodolog&iacute;a&raquo; evangelizadora que fue aplicada de manera heterog&eacute;nea y con altibajos durante el siglo XVI. </p>      <p>La base de la evangelizaci&oacute;n estaba en los conventos, lugar de preparaci&oacute;n de los misioneros, de discusi&oacute;n de estrategias y de reposo de quienes estaban de vuelta. En esos conventos se instituyeron muy pronto los estudios generales de los que m&aacute;s tarde surgieron las primeras universidades americanas. Para poder aumentar la cobertura, se impuso la idea de fundar varios peque&ntilde;os conventos, con bajo n&uacute;mero de frailes, dispersos en zonas de alta presencia ind&iacute;gena, con el fin de que los religiosos pudieran convivir con ellos y realizar su trabajo de evangelizaci&oacute;n y catequesis. </p>      <p>Fue importante como estrategia el proyecto de una evangelizaci&oacute;n pac&iacute;fica, antes que armada, pero esto muchas veces no fue posible, dados los intereses de encomenderos, conquistadores y esclavistas. Tal vez el fracaso de la propuesta de llevar el Evangelio de manera que esta fuera aceptada libremente por los habitantes de Am&eacute;rica -tal como lo quiso la primera generaci&oacute;n de religiosos evangelizadores- determin&oacute; el sello del catolicismo que se implantar&iacute;a en los a&ntilde;os sucesivos. Para la catequesis propiamente dicha, se emplearon instrumentos como la m&uacute;sica, las artes, la predicaci&oacute;n en lenguas ind&iacute;genas, la publicaci&oacute;n de catecismos en dichas lenguas, la creaci&oacute;n de escuelas para ni&ntilde;os y mayores, la destrucci&oacute;n p&uacute;blica de &iacute;dolos y representaciones de divinidades ind&iacute;genas -para mostrar la supremac&iacute;a del Dios cristiano frente a las deidades locales-. Se propag&oacute; una religiosidad simple, basada en pr&aacute;cticas bajo-medievales y luego, barrocas, donde lo sensible, la imagen, y la repetici&oacute;n de f&oacute;rmulas y rezos y la vivencia religiosa comunitaria, ten&iacute;an un lugar central. </p>      <p>Todo ello se aplic&oacute; en una instituci&oacute;n original y a la vez controversial: la <I>doctrina de indios</I>. Esta era originalmente el lugar donde los ind&iacute;genas eran agrupados para recibir la instrucci&oacute;n religiosa y ser controlados m&aacute;s f&aacute;cilmente por los conquistadores y encomenderos. Cada encomendero, que a t&iacute;tulo de conquistador o a t&iacute;tulo de merced real, recib&iacute;a heredada encomienda con indios, quedaba con la obligaci&oacute;n de adoctrinar e instruir a los naturales poni&eacute;ndoles misionero que lo hiciera, a riesgo de perder la merced. Tanto el encomendero como los indios deb&iacute;an levantar Iglesia y un lugar de vivienda para los misioneros, que en varios lugares se convirti&oacute; en convento. Estas medidas hac&iacute;an que los misioneros estuvieran en continuo contacto con los encomenderos y con los ind&iacute;genas. En las &laquo;doctrinas&raquo; te&oacute;ricamente no se cobraba por los servicios religiosos ni por la instrucci&oacute;n dada, aunque los ind&iacute;genas terminaban trabajando para el sustento del o de los doctrineros. Cuando la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena reduc&iacute;a su proporci&oacute;n respecto a los grupos mestizos y blancos, la antigua doctrina se convert&iacute;a en &laquo;parroquia&raquo;, lo cual significaba que cada miembro era considerado gravoso. Las doctrinas pues, fueron estrat&eacute;gicas para el proceso de conquista y dominaci&oacute;n -y tambi&eacute;n evangelizaci&oacute;n- de los naturales. Tambi&eacute;n las doctrinas facilitaban la producci&oacute;n econ&oacute;mica, tanto para la comunidad ind&iacute;gena como para los evangelizadores y encomenderos que depend&iacute;an de ella. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para realizar la labor encomendada, una Real Provisi&oacute;n de 1551, citada por el cronista Zamora, prescrib&iacute;a el proceso que deb&iacute;a seguirse para el adoctrinamiento. </p>  <ul>    <li>Los misioneros deb&iacute;an tener libertad de movimiento y acci&oacute;n.</li>     <li>La doctrina deb&iacute;a ense&ntilde;arse el s&aacute;bado y el domingo de cada semana.</li>     <li>En cada pueblo de indios deb&iacute;a hacerse un boh&iacute;o o &laquo;casa de oraci&oacute;n&raquo;, para que en ellas se recogieran los naturales a &laquo;o&iacute;r y deprender la dicha doctrina&raquo;.</li>     <li>En cada pueblo deb&iacute;an escogerse &laquo;alguaciles cristianos&raquo;, para que dirigieran la comunidad. El nombramiento estaba a cargo de los oidores de la Real Audiencia.</li>     <li>Los frailes ten&iacute;an orden de destruir, derribar y quemar &laquo;las casas de diablos o Santuarios que tuviesen&raquo;los ind&iacute;genas.</li>     <li>Los frailes ten&iacute;an autorizaci&oacute;n para &laquo;compeler&raquo; a los caciques y principales de cada pueblo, para que trajeran a los monasterios y conventos a &laquo;criar y ense&ntilde;ar sus hijos&raquo;.</li>     <li>Tambi&eacute;n ten&iacute;an orden de &laquo;recoger los indios, e indias cristianos que andan huidos entre los tales indios blasfemando el nombre de Dios&raquo;para corregirlos</li>     <li>El sustento de los frailes quedaba por cuenta de los ind&iacute;genas<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup>.</li>    </ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En Santaf&eacute;, los dominicos se dedicaban al comienzo a la doctrina de los ind&iacute;genas que viv&iacute;an en los alrededores de la ciudad, al tiempo que atend&iacute;an a la poblaci&oacute;n criolla que poco a poco se iba asentando. En la d&eacute;cada de 1550 Fr. Juan de los Barrios les se&ntilde;al&oacute; la misi&oacute;n de reducir y evangelizar a los ind&iacute;genas de la provincia de Ubat&eacute;, trabajo que realizaron durante la segunda mitad del siglo XVI y con bastante &eacute;xito aparente, pues seg&uacute;n Zamora, se logr&oacute; bautizar a muchos indios y reducir &laquo;a algunos de sus mohanes y caciques principales&raquo;. Tambi&eacute;n se aprovechaban la afluencia de gente los d&iacute;as de mercado y especialmente de ind&iacute;genas, para hacer labor catequ&eacute;tica y de predicaci&oacute;n con ellos, adem&aacute;s de los respectivos bautismos. La predicaci&oacute;n se ejerc&iacute;a, pues, en la plaza del pueblo, en las capillas doctrineras y hasta en las haciendas de los encomenderos<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>. Fr. Alonso de Zamora nos refiere al respecto: </p>      <blockquote>     <p>Unos con lo que entend&iacute;an y sab&iacute;an de las lenguas, otros con los int&eacute;rpretes, indios cristianos y espa&ntilde;oles, anunciaban al Dios verdadero y catequizaron la multitud de naturales de que estaban llenas estas provincias. Quemaron y destruyeron muchos adoratorios, santuarios y casas, que llamaban del diablo; porque en ellas lo consultaban los hechiceros y mohanes. Este, avergonzado con tan universal exterminio, viendo pisados y quemados los &iacute;dolos en que los adoraban y cerradas las bocas de sus falsos sacerdotes, retirado y escondido por las grutas de los montes, les maquin&oacute; grandes persecuciones. Pero perseverando con apost&oacute;lica constancia en su ministerio, erigieron muchas iglesias parroquiales en que pusieron las primeras fuentes del Bautismo<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup>. </p> </blockquote>      <p>En 1550 se cre&oacute; el convento de San Francisco en Santaf&eacute;. En 1566 la provincia franciscana estaba conformada. Tambi&eacute;n llegaron los agustinos: en 1575 se fund&oacute; el Convento de San Agust&iacute;n de Santaf&eacute;. Esto hizo que las doctrinas del Nuevo Reino de Granada que hasta entonces regentaban casi exclusivamente los frailes de Santo Domingo, fueran repartidas entre las tres. As&iacute;, los dominicos de Santaf&eacute; debieron entregar a los Franciscanos las doctrinas de la regi&oacute;n de Ubat&eacute;, siendo conmutadas por otras, ubicadas en otros lugares de otras zonas. Pronto el radio de acci&oacute;n de los conventos de Santaf&eacute; se expandieron a la Sabana de Bogot&aacute; en el centro, norte y noroeste del actual departamento de Cundinamarca, regi&oacute;n densamente poblada por los muiscas. All&iacute;, por ejemplo, en 1556 el convento dominicano de Santaf&eacute; administraba 38 doctrinas de indios<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup>. Al tiempo, en el conjunto de la Nueva Granada, los dominicos adquirieron m&aacute;s doctrinas en el valle del Magdalena (Ibagu&eacute;, Mariquita, Tocarema), en la Costa Caribe (Riohacha, Valledupar, Tol&uacute;) en el nororiente del pa&iacute;s (Pamplona), en el suroccidente (Pasto, Popay&aacute;n, Cali) y en los llanos orientales (Barinas, Apure, Pedraza). Hacia 1571, seg&uacute;n el cronista Fr. Alonso de Zamora, los dominicos administraban en todo el territorio de la Audiencia unas 176 doctrinas y tres parroquias o curatos<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup>. Y aunque los dominicos apenas llegaban a 80 individuos en la &eacute;poca, por documentos sabemos, adem&aacute;s, que solo la mitad, aproximadamente, se dedicaba a la doctrina de indios<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup>. As&iacute;, alrededor  de 40-50 personas deb&iacute;an administrar m&aacute;s de 170 doctrinas dispersas en todo el territorio de la actual Colombia.</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/frcn/v58n165/v58n165a10img2.jpg"></p>      <p>Con el paso de los a&ntilde;os, el trabajo fue desempe&ntilde;&aacute;ndose de manera rutinaria y empezaron a surgir informes de oidores y otros oficiales de la Corona, en los cuales se acusa a los frailes de maltrato a los ind&iacute;genas o de que sus doctrinas no daban buen fruto. Acusaciones que eran repetidas por la curia arzobispal y que, sin negarles credibilidad, deben enmarcarse dentro del conflicto de poderes entre frailes y autoridades locales, que ya hab&iacute;a tenido su primer cap&iacute;tulo en la oposici&oacute;n presentada por estas a la fundaci&oacute;n de los conventos de frailes en Santaf&eacute;.</p>      <p>Las influencias de la Curia arzobispal y de la Real Audiencia lograron, en 1583, el primer proceso de secularizaci&oacute;n de doctrinas de ind&iacute;genas. Tras su aplicaci&oacute;n, las &oacute;rdenes religiosas establecidas en Santaf&eacute; perdieron un 40 % de sus doctrinas. Los frailes replicaron -en  una muestra m&aacute;s del &laquo;tira y afloje&raquo; jur&iacute;dico que en diversos asuntos se vivi&oacute; a lo largo de la historia colonial entre estas potestades- logrando que el Rey ordenara devolver nueve doctrinas, no sin resistencias del Arzobispo de Santaf&eacute;, el franciscano Luis Zapata de C&aacute;rdenas. </p>      <p>Mientras se daba el enfrentamiento de poderes, el impulso evangelizador segu&iacute;a cediendo. A fines del siglo XVI y comienzos del XVII ya no hab&iacute;a el mismo &aacute;nimo para aprender lenguas ind&iacute;genas, de manera que, seg&uacute;n Zamora, para la fecha solo una tercera parte de los frailes dominaba suficientemente alg&uacute;n idioma nativo como para obtener el t&iacute;tulo de doctrinero<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup>. Esto hizo que en 1605 el arzobispo de Santaf&eacute;, Bartolom&eacute; Lobo Guerrero, quitara a los frailes de la capital de la Audiencia, varias doctrinas por no contar con suficientes frailes conocedores de la lengua ind&iacute;gena, el chibcha, hecho que motiv&oacute; a su vez la intensificaci&oacute;n del estudio de este idioma en los conventos mayores. </p>      <p>Poco antes hab&iacute;a ocurrido el arribo de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, cuya presencia fue justificada por las autoridades alegando una &laquo;incapacidad&raquo; de las &oacute;rdenes existentes para la tarea misionera, educativa y evangelizadora que se les hab&iacute;a confiado<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup>, sin hablar de acusaciones por la falta de preparaci&oacute;n del clero secular ordenado hasta la fecha. </p>      <p>Pese a esto, volviendo al caso de los dominicos, estos, a comienzos del siglo XVII a&uacute;n ten&iacute;an una proporci&oacute;n de doctrinas considerable, especialmente en el centro y norte del pa&iacute;s: hacia 1605, en la Arquidi&oacute;cesis de Santaf&eacute;, que abarcaba m&aacute;s de un cuarto del territorio de la Audiencia, se encontraban 28 de las 65 doctrinas dominicanas existentes<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup>. En otras regiones el n&uacute;mero era mucho menor, aunque los datos ofrecidos son menos exactos: m&aacute;s de tres en la di&oacute;cesis de Cartagena, aproximadamente cuatro en la de Santa Marta, y otras cuatro en el Dari&eacute;n<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup>. Seg&uacute;n un informe presentado por el padre Fr. Gabriel Jim&eacute;nez, al maestro general, hacia 1615 la Provincia dominicana estaba a cargo de 43 doctrinas, atendidas por 13 conventos y 146 frailes<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup>. Esto significa que la cantidad de doctrinas se hab&iacute;a reducido a la cuarta parte en menos de 50 a&ntilde;os.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="img/revistas/frcn/v58n165/v58n165a10img3.jpg"></p>      <p>A partir de entonces el n&uacute;mero de doctrinas confiadas a los frailes dominicos sigui&oacute; disminuyendo progresivamente. Hemos obtenido  los datos de las doctrinas a cargo del convento del Rosario de Santaf&eacute; que, junto con el de Santo Domingo de Tunja, estaban a cargo de las mayores zonas de doctrina del pa&iacute;s. En 1641 los dominicos santafere&ntilde;os administraban trece doctrinas<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup> y en 1676, nueve<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup>. Todo ello correspond&iacute;a con la dram&aacute;tica reducci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup>, el aumento del clero secular, la presencia de otras &oacute;rdenes religiosas (como los jesuitas) en el territorio e indicaba adem&aacute;s la p&eacute;rdida de vocaci&oacute;n evangelizadora de los frailes, experimentada en el siglo XVII. Todo ello, pese a los esfuerzos de algunos provinciales y religiosos que intentaron abrir, sin mucho &eacute;xito, nuevos frentes en los Llanos Orientales, en el Choc&oacute;, en el Urab&aacute; y en la Gobernaci&oacute;n de Santa Marta. Hay que decir los Llanos fueron siempre la zona m&aacute;s conflictiva de la evangelizaci&oacute;n y donde se dieron magros resultados, debido a la lejan&iacute;a de los centros urbanos, al clima malsano y a la hostilidad que presentaron los ind&iacute;genas de la regi&oacute;n. Solo los jesuitas hicieron una presencia activa y relativamente exitosa all&iacute;, hasta su expulsi&oacute;n en 1767. Por todo esto, es coherente la afirmaci&oacute;n de Arenas y Cebri&aacute;n, seg&uacute;n la cual el siglo XVII es una &eacute;poca de fuerte regresi&oacute;n en la actividad misionera y doctrinal<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup>. </p>      <p><B>5. Conflictos en torno a la evangelizaci&oacute;n </b></p>      <p>Cuando se estudia el papel de las &oacute;rdenes religiosas en la evangelizaci&oacute;n, muchos autores hacen hincapi&eacute; en el llamado &laquo;<I>indigenismo&raquo;</I><sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup> expuesto por las primeras comunidades dominicanas y franciscanas durante la primera mitad del siglo XVI <sup><a name="nu46"></a><a href="#num46">46</a></sup>. Estos casos se han extrapolado y se ha aplicado a todas las &eacute;pocas, olvid&aacute;ndose que estamos hablando de tres siglos, donde ocurrieron evidentes transformaciones. Hay que tener en cuenta que dicha &laquo;opci&oacute;n&raquo; fue transform&aacute;ndose y acomod&aacute;ndose a las circunstancias, sociedades, contextos, hasta llegar a diluirse. Tambi&eacute;n se presentaron rivalidades y conflictos que hicieron modificar el ideal inicial. </p>      <p>En los primeros 50-60 a&ntilde;os de cristianizaci&oacute;n, se observa una generaci&oacute;n que se enfrenta con los conquistadores. En el caso de los dominicos del Nuevo Reino de Granada se destacan Fr. Tom&aacute;s Ortiz Berlaga, quien en la d&eacute;cada de 1530 se opuso al gobernador de Santa Marta, Pedro Badillo, por su explotaci&oacute;n al ind&iacute;gena; lo mismo hicieron los primeros obispos de Cartagena y Santa Marta, como Fr. Tom&aacute;s de Toro y Fray Jer&oacute;nimo de Loaysa. No hay que olvidar a San Luis Bertr&aacute;n, quien sufri&oacute; persecuciones de los encomenderos por su actitud resuelta en contra de la explotaci&oacute;n ind&iacute;gena. En Santaf&eacute; se destaca a Fr. Francisco de Carvajal, quien en 1549 present&oacute; a la corte un vigoroso memorial sobre la situaci&oacute;n de los ind&iacute;genas en la regi&oacute;n<sup><a name="nu47"></a><a href="#num47">47</a></sup>. Esto le vali&oacute; la furibunda oposici&oacute;n que el cabildo de la ciudad  -integrado por encomenderos- present&oacute; a la comunidad dominicana establecida en Santaf&eacute; durante sus primeros a&ntilde;os de vida. Esta fue la generaci&oacute;n que quiso &laquo;inculturizar&raquo; el Evangelio, sin que el ind&iacute;gena perdiera sus costumbres, tradiciones y estilo de vida; aquella que quiso formar sacerdotes ind&iacute;genas para que misionaran entre los suyos, la que organiz&oacute; concilios para establecer modos y m&eacute;todos de evangelizaci&oacute;n, la que discut&iacute;a en grupo las situaciones antievang&eacute;licas para ofrecer respuestas coherentes<sup><a name="nu48"></a><a href="#num48">48</a></sup>. </p>      <p>Pero a partir de la segunda mitad del siglo XVI, cuando adviene la &eacute;poca de la Colonia, es decir, del establecimiento de las instituciones espa&ntilde;olas en Am&eacute;rica -y entre ellas la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica- el accionar de las comunidades religiosas frente a los ind&iacute;genas dio sendos virajes. En primer lugar, porque la opini&oacute;n general que se fue imponiendo era que los ind&iacute;genas eran inferiores a los espa&ntilde;oles y pod&iacute;an ser sometidos para luego ser evangelizados<sup><a name="nu49"></a><a href="#num49">49</a></sup>. En segundo lugar, porque dichas &oacute;rdenes tuvieron que ceder espacio a la iglesia jer&aacute;rquica y diocesana, la cual compart&iacute;a esta opini&oacute;n general sobre la integraci&oacute;n de los ind&iacute;genas al sistema colonial. En tercer lugar, porque estas autoridades se opusieron a la particular libertad que gozaban las &oacute;rdenes religiosas y que se hab&iacute;a expresado tambi&eacute;n en los distintos privilegios que consiguieron para el ejercicio de la evangelizaci&oacute;n y de la cura de almas. Las actividades de los religiosos incomodaban a sus superiores y a los obispos, sin hablar de los colonizadores, encomenderos en particular, quienes no perd&iacute;an ocasi&oacute;n para quejarse de ello ante las autoridades metropolitanas, acusando las &laquo;abusivas&raquo; pr&aacute;cticas de los frailes<sup><a name="nu50"></a><a href="#num50">50</a></sup>. La oposici&oacute;n llev&oacute; a que los privilegios que gozaban los religiosos fueran reduci&eacute;ndose, aunque el proceso tuvo algunas fluctuaciones. </p>      <p>Las &oacute;rdenes mendicantes se enfrentaron a los arzobispos Juan de los Barrios y Luis Zapata de C&aacute;rdenas (ambos franciscanos) por su oposici&oacute;n a la aplicaci&oacute;n de los decretos del Concilio de Trento que obligaban a los religiosos a someterse a los obispos en cuanto a su papel como p&aacute;rrocos y doctrineros. Los enfrentamientos llegaron a ser muy duros, y cada uno env&iacute;o a Espa&ntilde;a informes muy negativos del otro. As&iacute;, los dominicos acusaban a Juan de los Barrios en 1561 de que les persegu&iacute;a y les obstaculizaba su labor catequ&eacute;tica (&laquo;nos traen arrastrados y afrentados (...) ech&aacute;ndonos de los pueblos porque no les somos coadjutores y chapisques en sus socali&ntilde;as y robos&raquo;) y este respond&iacute;a acus&aacute;ndolos de &laquo;hombres apasionados, ambiciosos, soberbios, escoria y heces que en ninguna parte de las Indias han podido caber ni permanecer (...) Que pervierten en vez de convertir&raquo;<sup><a name="nu51"></a><a href="#num51">51</a></sup>. Detr&aacute;s de todo ello no hab&iacute;a otra cosa que un conflicto de poderes entre dos sectores de la instituci&oacute;n eclesi&aacute;stica; el primero, buscaba ser totalmente independiente del segundo, y este, que ve&iacute;a al primero como competidor y trataba de someterlo a su obediencia. </p>      <p>Con el arzobispo de los Barrios nunca hubo reconciliaci&oacute;n. &Eacute;l muri&oacute; en 1569 en discordia con los frailes. Y con su sucesor, Zapata de C&aacute;rdenas, el conflicto se mantuvo. En 1580 los provinciales de los dominicos y los franciscanos escrib&iacute;an una carta conjunta al Rey donde hablaban de que tanto el arzobispo Zapata de C&aacute;rdenas, como el obispo de Popay&aacute;n (tambi&eacute;n fraile, Agust&iacute;n de la Coru&ntilde;a) &laquo;nos echan de las doctrinas que han estado a nuestro cargo y ponen cl&eacute;rigos, m&aacute;s necesitados de ser adoctrinados ellos que capaces de ense&ntilde;ar, destruyendo lo que hemos edificado con gran trabajo espiritual y temporal&raquo;<sup><a name="nu52"></a><a href="#num52">52</a></sup>. </p>      <p>El conflicto entre religiosos y los arzobispos de la &eacute;poca afect&oacute; indudablemente el proceso de evangelizaci&oacute;n. Tanto los frailes, como las autoridades civiles, criticaban que Zapata se hab&iacute;a apresurado a ordenar cl&eacute;rigos a muchas personas sin la debida preparaci&oacute;n &laquo;a muchos mestizos e idiotas, que no saben ninguna gram&aacute;tica o lat&iacute;n y a&uacute;n apenas saben leer y hombres de mala opini&oacute;n, delincuentes, infames, que no han profesado letras ni otro decente oficio ni ejercicio sino ser oficiales mec&aacute;nicos o arrieros o estancieros o soldados y hombres perdidos y del todo indignos del sacerdocio&raquo; seg&uacute;n refer&iacute;a una queja de la Audiencia enviada al Rey en 1579<sup><a name="nu53"></a><a href="#num53">53</a></sup>. </p>      <p>As&iacute;, frente a un clero regular que le desafiaba en sus intenciones de controlar todo el proceso de establecimiento de la Iglesia y de evangelizaci&oacute;n de Nueva Granada, el arzobispo Zapata recurri&oacute; a acelerar procesos de ordenaci&oacute;n de clero secular, mal formado y mucho m&aacute;s d&iacute;scolo<sup><a name="nu54"></a><a href="#num54">54</a></sup> y que a la larga terminaron incidiendo negativamente en el proceso evangelizador. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este punto es l&oacute;gico preguntarse por qu&eacute; tanto inter&eacute;s entre seculares y regulares por disputarse las doctrinas de ind&iacute;genas. Ciertamente que en el fondo de muchos de ellos deb&iacute;a existir el sincero inter&eacute;s por evangelizar al pueblo nativo de Am&eacute;rica. Pero es evidente que el motivo principal era de naturaleza econ&oacute;mica. Dada la articulaci&oacute;n entre encomienda y doctrina, esta &uacute;ltima se convirti&oacute; en un centro de recursos econ&oacute;micos nada despreciable para los conventos y comunidades religiosas que la administraban. Por una parte el doctrinero recib&iacute;a un estipendio por su trabajo, y por otra -y esto era muy importante- los ind&iacute;genas se convert&iacute;an en mano de obra de bajo costo que fue utilizada tanto por los frailes doctrineros, como por los conventos mayores y menores a los cuales pertenec&iacute;a, en labores de construcci&oacute;n y reparaci&oacute;n de edificios religiosos, acarreo de le&ntilde;a, transporte de v&iacute;veres y materiales, etc.<sup><a name="nu55"></a><a href="#num55">55</a></sup>. Por ello, asegurar el control de esta poblaci&oacute;n era considerado esencial para el sostenimiento de organizaciones religiosas tales como los conventos. </p>      <p>A eso hay que a&ntilde;adir el viraje en el concepto de evangelizaci&oacute;n implantado oficialmente a partir de 1568, con la celebraci&oacute;n de la &laquo;Junta Magna&raquo;<sup><a name="nu56"></a><a href="#num56">56</a></sup>, cuando se impuso el m&eacute;todo de la <I>t&aacute;bula rasa</I> y la obligaci&oacute;n a los misioneros y eclesi&aacute;sticos de buscar que el ind&iacute;gena fuera integrado a la sociedad colonial, a las pautas y modelos culturales expuestos por Espa&ntilde;a<sup><a name="nu57"></a><a href="#num57">57</a></sup>. Adem&aacute;s, seg&uacute;n Luis Carlos Mantilla, la evangelizaci&oacute;n va a &laquo;sufrir mella&raquo; debido al <I>&laquo;</I>antagonismo y la disociaci&oacute;n entre los principales agentes de la evangelizaci&oacute;n, por celos de jurisdicci&oacute;n y poder, pero detr&aacute;s de los cuales siempre se hallan encubiertos intereses de orden econ&oacute;mico, siendo esta la principal y m&aacute;s dram&aacute;tica contradicci&oacute;n para la misi&oacute;n que pretend&iacute;an instaurar<I>&raquo;</I><sup><a name="nu58"></a><a href="#num58">58</a></sup>. Es decir, disputas entre las &oacute;rdenes por cuestiones materiales. Este autor critica el <I>&laquo;</I>indiferentismo de unos hacia los otros; cada orden religiosa encasillada en su propia parcela feudal, ll&aacute;mese su doctrina, su convento o su parroquia<I>&raquo;</I><sup><a name="nu59"></a><a href="#num59">59</a></sup>, lo cual afect&oacute; a los ind&iacute;genas, y a los fieles en general, dando una imagen de desuni&oacute;n y de particularismos y menciona, con raz&oacute;n los <I>&laquo;innumerables</I> pleitos que se suscitaron entre los religiosos y los sacerdotes seculares, y entre estos y aquellos, por motivos de jurisdicci&oacute;n o de privilegios<I>&raquo;</I><sup><a name="nu60"></a><a href="#num60">60</a></sup>. Mercedes L&oacute;pez menciona tambi&eacute;n algunos casos donde el ind&iacute;gena quedaba en medio de disputas de jurisdicci&oacute;n entre doctrineros, llegando &eacute;l mismo a sufrir reprimendas por recibir los sacramentos con quien no era su &laquo;leg&iacute;timo&raquo; doctrinero<sup><a name="nu61"></a><a href="#num61">61</a></sup>. </p>      <p>Es muy significativo un hecho poco resaltado por los apologistas de la evangelizaci&oacute;n, de que la actitud de los religiosos frente a los ind&iacute;genas en las doctrinas, en muchas ocasiones fue tambi&eacute;n de explotaci&oacute;n. Para empezar, hay que decir que, como el adoctrinamiento se hizo en &iacute;ntima dependencia de la encomienda, se vio contaminada de los vicios y contradicciones de esta, de manera que la cristianizaci&oacute;n apareci&oacute; muchas veces como un elemento m&aacute;s de opresi&oacute;n ind&iacute;gena<sup><a name="nu62"></a><a href="#num62">62</a></sup>. En esta estructura, el doctrinero se convirti&oacute; en un &laquo;funcionario&raquo; al servicio del encomendero, del cual recib&iacute;a sus estipendios, obtenidos a su vez del tributo de los ind&iacute;genas. Se dieron casos de doctrineros que adem&aacute;s de esta paga, exig&iacute;an otros dineros, incluso para administrar sacramentos. Luis Carlos Mantilla dice que en la Nueva Granada, <I>&laquo;</I>por lo general los doctrineros son acusados de gravar a los indios con excesivas cargas pecuniarias o en especie, de multiplicar los estipendios por los servicios religiosos y hasta de propiciar castigos corporales a los indios, de negligencia en el oficio pastoral, de un marcado inter&eacute;s por el dinero, y de que algunos, m&aacute;s que en ministros de Dios, se hab&iacute;an constituidos en granjeros o criadores de caballos. Por ejemplo, la situaci&oacute;n era tan apremiante en 1564, que el presidente Andr&eacute;s Venero de Leiva ped&iacute;a al Consejo de Indias que para los dominicos y los franciscanos se enviaran superiores &ldquo;de mucha cristiandad y buen ejemplo&rdquo;, y que fueran de madura edad, porque seg&uacute;n dec&iacute;a: &ldquo;las cosas que por aqu&iacute; pasan no se pueden referir ni son para carta&rdquo;<I>&raquo;</I><sup><a name="nu63"></a><a href="#num63">63</a></sup>. </p>      <p>Los frailes doctrineros no solo fueron receptores de los tributos de los ind&iacute;genas, tampoco escaparon a la tentaci&oacute;n de poner a los &laquo;evangelizados&raquo; a su servicio. Mercedes L&oacute;pez en un documentado estudio afirma que &laquo;la Iglesia reclamaba su derecho a participar de las ventajas de la abundancia de poblaci&oacute;n a trav&eacute;s de la servidumbre&raquo;<sup><a name="nu64"></a><a href="#num64">64</a></sup>y menciona varios casos donde franciscanos y dominicos, durante el siglo XVI y comienzos del XVII, empleaban a los ind&iacute;genas para trabajar en los conventos de estas &oacute;rdenes, en labores que van desde acarrear le&ntilde;a y hacer oficios dom&eacute;sticos, hasta construir conventos e iglesias<sup><a name="nu65"></a><a href="#num65">65</a></sup>. L&oacute;pez menciona adem&aacute;s el empleo habitual -no solo por parte de los frailes sino adem&aacute;s de los eclesi&aacute;sticos seculares- del castigo f&iacute;sico severo y penas pecuniarias &laquo;bajo pretexto de la evangelizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas&raquo;<sup><a name="nu66"></a><a href="#num66">66</a></sup>. A&uacute;n m&aacute;s: en fechas tard&iacute;as como 1665, Fr. Juan de Arguinao, arzobispo de Santa Fe, condenaba a los doctrineros de su jurisdicci&oacute;n, tanto seculares como regulares, quienes, al desobedecer las reales pragm&aacute;ticas, &laquo;obligaban a los pobres indios a que les ofrendasen camaricos y a&uacute;n peor el caso, para que a la hora de la muerte de los indios, los declararan herederos de algunos de los bienes de estos&raquo;<sup><a name="nu67"></a><a href="#num67">67</a></sup>. Por su parte, Ariza menciona cartas de Pedro N&uacute;&ntilde;ez del Agula, Crist&oacute;bal de San Miguel y Pedro de Colmenares, en donde acusan a los frailes de que sus doctrinas no dan buen fruto, que ten&iacute;an cepos para los indios, que los trasquilaban y los empleaban en trasporte de carga y cuidado de ganados<sup><a name="nu68"></a><a href="#num68">68</a></sup>. </p>      <p>Por eso coincidimos con L&oacute;pez y otros autores, como Codina y Zeballos, en la idea de la presencia de dos corrientes respecto a los ind&iacute;genas: una que le era favorable, y otra que &laquo;si no le era desfavorable, por lo menos era bien indiferente a la suerte de las poblaciones americanas&raquo;<sup><a name="nu69"></a><a href="#num69">69</a></sup>. L&oacute;pez plantea la necesidad de abordar m&aacute;s las contradicciones que entre los religiosos se presentaron en torno al proyecto de evangelizaci&oacute;n, pues si bien &laquo;las vidas de Bartolom&eacute; de las Casas o de Juan del Valle, son para los investigadores indigenistas de nuestro siglo, como las vidas de los santos que la Iglesia difund&iacute;a para que sirvieran de ejemplo (...) no pueden servir como paradigma que nos permita englobar y comprender la vida de todos los religiosos del siglo XVI &raquo;<sup><a name="nu70"></a><a href="#num70">70</a></sup>. Y es que, era evidente que, dada la interrelaci&oacute;n entre doctrina y  encomienda, el fraile doctrinero estuvo siempre bajo la disyuntiva de oponerse al encomendero, reprochando su inmoralidad y sufrir las consecuencias que esto implicaba, o dejarse manipular por &eacute;l, para evitar ser separado de su servicio<sup><a name="nu71"></a><a href="#num71">71</a></sup>. </p>      <p>Detr&aacute;s de estas actitudes siempre estuvo inherente la concepci&oacute;n de inferioridad otorgada a los ind&iacute;genas frente a los espa&ntilde;oles, la cual casi nunca se puso en duda. El meollo era ver si esa pretendida inferioridad justificaba la explotaci&oacute;n o no. Muchos conquistadores respond&iacute;an que s&iacute;, mientras que del clero regular brotaron las voces que respond&iacute;an negativamente, aunque en la pr&aacute;ctica se adopt&oacute; una actitud paternalista frente al aborigen<sup><a name="nu72"></a><a href="#num72">72</a></sup>, la cual permit&iacute;a asimismo actos de represi&oacute;n, castigo y explotaci&oacute;n. </p>      <p>Finalmente estaban las dificultades que los propios doctrineros ten&iacute;an frente a la inmensa labor que se les confiaba. En algunas zonas del Arzobispado, un informe de 1578 muestra que los doctrineros deb&iacute;an recorrer m&aacute;s de 14 leguas de sierra al a&ntilde;o, pues los ind&iacute;genas estaban dispersos, y que en muchos repartimientos no hab&iacute;a doctrina, &laquo;porque no hay cl&eacute;rigos que quieran servir con tanto trabajo y escaso provecho, ni frailes ni de otra orden y en otros, s&oacute;lo 1 d&iacute;a de doctrina al a&ntilde;o&raquo;<sup><a name="nu73"></a><a href="#num73">73</a></sup>. Estas distancias afectaban a los propios doctrineros, que deb&iacute;an vivir una soledad &laquo;m&aacute;s que de anacoretas, pues a m&aacute;s de estar privados de la comunicaci&oacute;n humana, a la que no contribuye la rusticidad o idiotismo de aquellas gentes, carecen tambi&eacute;n del mayor o &uacute;nico alivio que es la Sagrada Confesi&oacute;n, pasto del alma y consuelo de un religioso. Para lograr esto caminan muchas veces dos o tres d&iacute;as&raquo;<sup><a name="nu74"></a><a href="#num74">74</a></sup>. A esta soledad, habr&iacute;a que a&ntilde;adir el calor, las alima&ntilde;as, los mosquitos, las enfermedades tropicales... &laquo;Oh, Se&ntilde;or -dice un informe de 1750- lo que encierran aquellas bre&ntilde;as, lo que ocultan aquellos montes: solo quien lo ha visto podr&aacute; decirlo&raquo;<sup><a name="nu75"></a><a href="#num75">75</a></sup>. Las extensiones a recorrer eran adem&aacute;s tan extensas y la poblaci&oacute;n tan dispersa, que era dif&iacute;cil llegar convenientemente a todos los lugares. </p>      <p>De hecho, consideramos bastante admirable que el cristianismo se haya expandido en regiones donde muchas veces el trabajo de doctrina se limit&oacute; a ciertas pr&eacute;dicas, un par de veces al a&ntilde;o<sup><a name="nu76"></a><a href="#num76">76</a></sup>. Existen informes de obispos y arzobispos a lo largo del per&iacute;odo colonial, referente a la m&iacute;nima o nula instrucci&oacute;n religiosa de los habitantes de sus di&oacute;cesis, debido a la dispersi&oacute;n, las malas comunicaciones y la ausencia de sacerdotes. Y es que ni el Arzobispo ni siquiera sus colaboradores conoc&iacute;an su di&oacute;cesis, y lo que se llegaba a saber de la situaci&oacute;n religiosa de la poblaci&oacute;n de muchos rincones de su jurisdicci&oacute;n, lo adquir&iacute;an por comentarios de terceros<sup><a name="nu77"></a><a href="#num77">77</a></sup>. Por ejemplo, en 1717 el arzobispo de Santaf&eacute;, Fr. Francisco del Rinc&oacute;n informaba a la Santa Sede del abandono en que se encontraba el pueblo en materia religiosa, no solo en la jurisdicci&oacute;n de la Arquidi&oacute;cesis de Santaf&eacute;, sino tambi&eacute;n de la de Caracas y Santo Domingo. Dec&iacute;a sobre Santaf&eacute;, que dicha Arquidi&oacute;cesis ten&iacute;a regiones <I>&laquo;</I>distantes ciento y de doscientas leguas<I>&raquo;</I><sup><a name="nu78"></a><a href="#num78">78</a></sup> que no recib&iacute;an la visita de un obispo hac&iacute;a 94 a&ntilde;os, <I>&laquo;</I>de tal suerte, que por ancianos que fueran los hombres y mujeres, ninguno estaba confirmado, excepto los curas y sacerdotes que hall&eacute;, bien pocos (...)&raquo;. Comentaba que durante un viaje que hizo de Caracas a Santaf&eacute;, imparti&oacute; el sacramento de la confirmaci&oacute;n a 22 200 personas, solo en las parroquias que encontr&oacute; en el camino y pertenecientes al Arzobispado<sup><a name="nu79"></a><a href="#num79">79</a></sup>. </p>      <p><B><font size="3">6. Conclusi&oacute;n: los resultados del proceso</font></b></p>      <p>Entonces, se deben apartar aquellas visiones que exponen la evangelizaci&oacute;n de manera victoriosa, como un trabajo exitoso y acabado. Nada m&aacute;s lejano de la realidad. De hecho puede decirse que, siendo exactos, la evangelizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas, al menos en el centro del pa&iacute;s, no dio los frutos esperados y tendi&oacute; a fracasar. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En primer lugar, por lo irregular y desigual de las cualidades de los doctrineros. Si bien los frailes ten&iacute;an una formaci&oacute;n filos&oacute;fica y teol&oacute;gica bastante buena para la &eacute;poca, esta no se encontraba adaptada a las circunstancias del lugar; su formaci&oacute;n y experiencia en el &aacute;rea de evangelizaci&oacute;n y catequesis era poca y se debi&oacute; improvisar en muchas ocasiones. Por otra parte, tras la secularizaci&oacute;n de doctrinas, varias de ellas estuvieron a cargo de un clero secular p&eacute;simamente formado e incompetente, que, atendiendo a la documentaci&oacute;n de la &eacute;poca, debi&oacute; contribuir m&aacute;s a fomentar la explotaci&oacute;n de los ind&iacute;genas, que a su cristianizaci&oacute;n. </p>      <p>En segundo lugar, los conflictos entre los dos cleros, que generaban expulsiones y hasta ataques f&iacute;sicos a doctrineros y doctrinados, entorpecieron un proceso ya limitado por las distancias y dispersi&oacute;n de los ind&iacute;genas. No pod&iacute;an esperarse buenos resultados en lugares donde solo se ten&iacute;a doctrina un par de veces al a&ntilde;o, o el doctrinero era itinerante. </p>      <p>En tercer lugar, se encontraba la misma resistencia de los ind&iacute;genas -liderada por los chamanes- y la cual poco se ha documentado. Palacios y Safford afirman que &laquo;los chamanes manten&iacute;an su preeminencia entre los indios en todas las &aacute;reas dominadas por los espa&ntilde;oles&raquo;<sup><a name="nu80"></a><a href="#num80">80</a></sup>. Adem&aacute;s, a&uacute;n a finales del siglo XVI y comienzos del XVII eran frecuentes pr&aacute;cticas como las &laquo;borracheras&raquo;, es decir, sesiones de canto, danza, embriaguez y diversas pr&aacute;cticas sexuales promiscuas. En tierra de los muiscas tambi&eacute;n segu&iacute;a siendo corriente las peregrinaciones a lagunas sagradas; muchos se resist&iacute;an a cortarse el pelo y segu&iacute;an pint&aacute;ndose el cuerpo, y quemando sahumerios. Adem&aacute;s, la poligamia segu&iacute;a siendo practicada entre los se&ntilde;ores ind&iacute;genas y hab&iacute;a una fuerte resistencia a aprender castellano. El mismo Fr. Alonso de Zamora, cronista de la orden de los dominicos, por medio de diversos episodios de enfrentamiento entre frailes y chamanes, deja traslucir que los ind&iacute;genas no aceptaban f&aacute;cilmente la nueva fe y que los antiguos sacerdotes locales no se resignaron a perder su antiguo poder e influencia. Zamora lleg&oacute; a afirmar que los Muiscas de finales del siglo XVI eran de &laquo;idolatr&iacute;a arraigada en una gentilidad tan antigua, como obstinada&raquo;<sup><a name="nu81"></a><a href="#num81">81</a></sup> </p>      <p>Por eso se tuvieron que desarrollar grandes campa&ntilde;as para extirpar residuos de las religiones nativas. Se persigui&oacute; con especial inter&eacute;s a los chamanes, considerados como agentes de Satan&aacute;s y por ello principales opositores a que la religi&oacute;n de la Cruz se expandiera en estas tierras. A ellos se les capturaba, se les encarcelaba y/o se les extra&ntilde;aba a otras regiones, a centros urbanos, de manera que pudieran ser vigilados. Asimismo se organizaban &laquo;cazas&raquo; de &iacute;dolos, muchos de los cuales eran de oro, lo que generaba un ingrediente motivador. En estas campa&ntilde;as no se dud&oacute; en torturar y castigar f&iacute;sicamente, para extraer informaci&oacute;n. De acuerdo con Palacios y Safford, en 1594 las autoridades descubrieron cerca de 135 chamanes en la regi&oacute;n inmediata a Fontib&oacute;n, adem&aacute;s de unos 3000 &iacute;dolos escondidos que se usaban para cultos secretos. Poco despu&eacute;s se hallaron en Bosa, otros 10 000 &iacute;dolos. Tambi&eacute;n se orden&oacute;, en esas campa&ntilde;as, quemar plumajes tradicionales y prohibir que los ind&iacute;genas se pintaran el cuerpo<sup><a name="nu82"></a><a href="#num82">82</a></sup>. Finalmente, se busc&oacute; congregar a los ind&iacute;genas en comunidades grandes, bajo la vigilancia de un doctrinero y de las autoridades civiles, facilitando as&iacute; su adoctrinamiento y movilizaci&oacute;n como fuerza laboral. </p>     <P align="center"><img src="img/revistas/frcn/v58n165/v58n165a10img4.jpg"></P>      <p>Por todo ello, Safford dice incluso que el proceso de cristianizaci&oacute;n ind&iacute;gena durante el siglo XVI en la Nueva Granada avanz&oacute; de modo m&aacute;s lento que en otros contextos, como M&eacute;xico<sup><a name="nu83"></a><a href="#num83">83</a></sup>. Al final, la evangelizaci&oacute;n solo lleg&oacute; a tener &eacute;xito relativo entre la poblaci&oacute;n mestiza, que fue haci&eacute;ndose mayoritaria a partir del siglo XVII, gracias a la progresiva disminuci&oacute;n de los ind&iacute;genas, que desaparec&iacute;an v&iacute;ctimas de las epidemias, por una parte, y de estrategias conscientes o inconscientes de las mujeres que procuraban evitar matrimonios con los de su pueblo, para asegurar a sus descendientes un mejor destino. Y decimos que el &eacute;xito de la cristianizaci&oacute;n fue relativo, porque estudios recientes han venido demostrando c&oacute;mo el cristianismo en estas tierras se centr&oacute;, m&aacute;s que en el cumplimiento de los principios evang&eacute;licos en la pr&aacute;ctica de ritos y expresiones religiosas, que con el tiempo fueron impregnadas de un fuerte sincretismo entre religiosidad popular barroca, cultos amerindios y africanos, produciendo el variopinto panorama religioso que nos ofrecen las distintas regiones de cada pa&iacute;s. </p>      <p>Uno de los aspectos que incidi&oacute; positivamente en el arraigo del cristianismo entre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y mestiza fue, sin duda, la devoci&oacute;n a la Virgen Mar&iacute;a, propagada a trav&eacute;s del rezo del Rosario y celebraciones festivas multitudinarias y animada por milagros y apariciones, como la de la Virgen del Rosario de Chiquinquir&aacute;, en 1586. Esta imagen se convirti&oacute; en todo un suceso y en polo de atracci&oacute;n para todo el pa&iacute;s y los pa&iacute;ses vecinos, al punto de insertarse en tradici&oacute;n cultural colombiana. </p>      <p>Y aunque faltan investigaciones sistem&aacute;ticas, puede afirmarse que s&oacute;lo hasta el siglo XIX, con los procesos de reestructuraci&oacute;n y reorganizaci&oacute;n de la Iglesia cat&oacute;lica neogranadina, llevados a cabo en la segunda mitad del siglo XIX<sup><a name="nu84"></a><a href="#num84">84</a></sup>, el catolicismo neogranadino se depur&oacute;, en parte, de su sincretismo y consolid&oacute; su presencia en el territorio que alguna vez perteneci&oacute; a los dioses perdidos amerindios. </p> <HR>     <p><b>Notas</b></p>      <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> V&iacute;ctor Codina y No&eacute; Zevallos, <I>Vida religiosa. Historia y teolog&iacute;a </I>(Madrid: Ediciones Paulinas, 1987), 81.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> Algunos de los recientes trabajos son: Mercedes L&oacute;pez Rodr&iacute;guez, <I>Tiempos para rezar y tiempos para trabajar. La cristianizaci&oacute;n de las comunidades muiscas durante el siglo XVI </I>(Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, 2001); Ana Mar&iacute;a Bidegain, dir., <I>Historia del cristianismo en Colombia. Corrientes y diversidad</I> (Bogot&aacute;: Taurus, 2004); Julio Ricardo Casta&ntilde;o Rueda, <I>Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario de Chiquinquir&aacute;. Historia de una tradici&oacute;n </I>(Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Editorial Ep&iacute;grafe, 2004); Margaret M. Olsen, <I>Slavery and salvation in colonial Cartagena de Indias </I>(Gainesville: University Press of Florida, 2004)<I>; Felipe Gonz&aacute;lez Mora, Reducciones y haciendas jesu&iacute;ticas en Casanare, Meta y Orinoco, ss. XVII -XVIII: arquitectura y urbanismo en la frontera oriental del Nuevo Reino de Granada</I> (Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana, 2004); Amanda Caicedo Osorio, <I>Construyendo la hegemon&iacute;a religiosa. Los curas como agentes hegem&oacute;nicos y mediadores socioculturales</I> (Bogot&aacute;: Uniandes, 2008); Olga Isabel Acosta, <I>Milagrosas im&aacute;genes marianas en el Nuevo Reino de Granada</I> (Madrid-Frankfurt: Iberoamericana-Vervuert, 2011); Juan Fernando Cobo, <I>Mestizos heraldos de Dios. 1573-1590 </I>(Bogot&aacute;: icanh, 2012); Antonio Jos&eacute; Echeverry y J. Marulanda, <I>Franciscanismo: un imaginario tras una utop&iacute;a en la Nueva Granada del siglo XVI </I>(Cali: Universidad del Valle, 2008); Antonio Echeverry, &laquo;Por el sendero de la intolerancia. Acercamiento a la extirpaci&oacute;n de idolatr&iacute;as en el Nuevo Mundo en los Siglos XVI y XVII&raquo;, <I>Historia caribe</I> 21 (2012): 55-74.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> A mediados del siglo XVI, los agustinos (tras la Reforma Protestante) y luego los mercedarios, entrar&iacute;an en el mismo proceso.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup> Johannes Meier, &laquo;Las &oacute;rdenes y las congregaciones religiosas en Am&eacute;rica Latina&raquo;, en <I>Resistencia y esperanza. Historia del pueblo cristiano en Am&eacute;rica Latina y el Caribe</I>, ed. Enrique Dussel (San Jos&eacute;: dei-cehila, 1995), 583.    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup> Pedro Borges, <I>Religiosos en Hispanoam&eacute;rica</I> (Madrid: MAPFRE, 1992), 249.    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup> Esta afirmaci&oacute;n no significa que la Corona tuviera un esp&iacute;ritu &laquo;antimon&aacute;stico&raquo;, ya que puede verse que los monasterios femeninos s&iacute; se establecieron a partir de la segunda mitad del siglo XVI e incluso se permiti&oacute; en el siglo XVII la aparici&oacute;n dentro de las &oacute;rdenes mendicantes, de recoletas masculinas, cuyos miembros se dedicaban a la observancia y la contemplaci&oacute;n: <I>Ib&iacute;d</I>., 241.    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup> Citado en <I>Ib&iacute;d</I>., 248.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup> Las &oacute;rdenes que intentaron fundar fueron los benedictinos, jer&oacute;nimos, cartujos y trapenses: <I>Ib&iacute;d</I>., 246.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup> &Iacute;dem.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup> Mar&iacute;a Milagros Ciudad Su&aacute;rez, <I>Los dominicos, un grupo de poder en Chiapas y Guatemala. Siglos XVI y XVII </I> (Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, deimos, 1996), 7.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup> &Iacute;dem.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup> <I>Ib&iacute;d.</I>, 10-11.    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup> <I>Ib&iacute;d.</I>, 11.    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup> Isabelo Mac&iacute;as Dom&iacute;nguez, &laquo;Procedencia conventual y regional del aporte de la Orden de Predicadores a Indias&raquo;. En <I>Actas del iii Congreso Internacional sobre los Dominicos y el Nuevo Mundo. Granada, 10-14 de septiembre de 1990</I>, Ed. Jos&eacute; Barrado Barquilla (Madrid: deimos, 1991), 253.    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup> Mar&iacute;a Milagros Ciudad Su&aacute;rez, <I>op. cit</I>., 118.    <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup> El Rey Carlos V orden&oacute; en 1540 la reuni&oacute;n de una Junta de Consejeros Reales y juristas de prestigio, de la que salieron en 1542 las llamadas &laquo;Leyes Nuevas de Indias&raquo; que determinaron la creaci&oacute;n del Consejo de Indias, la fundaci&oacute;n de dos nuevas audiencias, la prohibici&oacute;n de la esclavitud de los indios, la moderaci&oacute;n en los repartimientos y prohibici&oacute;n de nuevas encomiendas. Tambi&eacute;n establec&iacute;an las condiciones del asentamiento de colonos en nuevas tierras, y los tributos y servicios que los ind&iacute;genas deb&iacute;an pagar como s&uacute;bditos del rey. Las Leyes Nuevas fueron contradichas, sin embargo, por Juan Gin&eacute;s de Sep&uacute;lveda, lo que origin&oacute; la c&eacute;lebre controversia con Fr. Bartolom&eacute; de las Casas, que tuvo su punto &aacute;lgido en la Junta de Valladolid.    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup> Ansel Hertz y Helmuth Loose, <I>Dominique et les Dominicains</I> (Paris: CERF, 1987), 80.    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup> Miguel &Aacute;ngel Medina, Los<I> dominicos en Am&eacute;rica</I> (Madrid: mapfre, 1994), 24-25.    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup> Manuel Esparza, <I>Santo Domingo Grande. Hechura y reflejo de nuestra sociedad</I> (Oaxaca: Carteles, 1996), 227.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup> Alberto E. Ariza, Los <I>dominicos en Colombia,</I> t. 1 (Bogot&aacute;: Provincia de San Luis Bertr&aacute;n, 1993), 94.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup> <I>Ib&iacute;d</I>., 226.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup> Bartolom&eacute; de las Casas, <I>Apolog&eacute;tica hist&oacute;rica</I>, 39, citado en <I>Ib&iacute;d.</I>, 105.    <br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup> &laquo;Informaci&oacute;n del estado de la Provincia del Nuevo Reino de Granada en Indias&raquo;, Santaf&eacute;, 1615, en <I>Archivo general de la Orden de Predicadores</I>, Roma, xiv, Libro A, 1 parte, t. 305a, f. 331. En este a&ntilde;o, por ejemplo, el provincial le dec&iacute;a al Maestro de la Orden que se necesitaban por lo menos cuarenta religiosos m&aacute;s para poder atender las obligaciones adquiridas. Que la manutenci&oacute;n no era problema, pues &laquo;y a todos ellos puede (la Provincia) acudir y sustentarlos&raquo;.    <br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup> Manuel Esparza, <I>op. cit.</I>, 221.    <br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup> A&uacute;n itinerantes, los religiosos estaban sometidos a obligaciones precisas, tanto lit&uacute;rgicas como espirituales y estas no pod&iacute;an ser cumplidas en albergues inadaptados. Por ello, hospicios destinados a frailes mendicantes eran construidos en cada <I>praedicatio</I>, de preferencia al interior de peque&ntilde;as poblaciones. Panayota Volti, Les couvents des ordres mendiants et leur environnement &agrave; la fin du Moyen &Acirc;ge (Paris: cnrs, 2003), 46.    <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup> Cf. Mar&iacute;a Milagros Ciudad Su&aacute;rez, <I>op. cit. </I>    <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup> Cf. &Iacute;dem    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup> A. Esponera y J. B. Lassegue, <I>El corte sobre la roca. Memorias de los dominicos en Am&eacute;rica (siglos XVI -XX</I>) (Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolom&eacute; de las Casas, 1990), 38.    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup> Este fue el caso de los conventos de Muzo y de Pueblo Nuevo. El primero tuvo auge mientras se vivi&oacute; una &laquo;fiebre&raquo; esmerald&iacute;fera. El segundo se estanc&oacute; y entr&oacute; en declive cuando el pueblo se vaci&oacute; luego de finalizar una bonanza aur&iacute;fera en la zona: Miguel &Aacute;ngel Medina, <I>op. cit</I>., 184 y s.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup> Alonso de Zamora, <I>Historia de la Provincia de San Antonino del Nuevo Reino de Granada</I> (Caracas: Parra Le&oacute;n Hermanos, Editorial Sur Am&eacute;rica, 1930), c. IV, 160-161.    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup> Antonio Jos&eacute; Rivadeneira, <I>Los dominicos en Tunja</I> (1551-2001) (Tunja: Universidad Santo Tom&aacute;s, 2003), 123-124.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup> Alonso de Zamora, <I>op. cit</I>. iv, 160.    <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup> Cajic&aacute;, Ch&iacute;a, Funza, Bojac&aacute;, Gironda, Fontib&oacute;n, Techo, Engativ&aacute;, Tenjo, Tabio, Chinga, Suba, Tuna, Cota, Guangat&aacute;, Ubaque, Zipaquir&aacute;, Cogua, Neusa, Nemoc&oacute;n, Usaqu&eacute;n, Tunzaque, Suaque, Teusac&aacute;, Guasca, Chipazaque, Ubat&eacute;, Tibagoya, Suta, Tausa, Cucunub&aacute;, F&uacute;quene, Simijaca, Guatavita, Sesquil&eacute;, Gachet&aacute;, Lenguazaque, Chocont&aacute;: Alberto E. Ariza, <I>op. cit.</I>, 1.    <br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup> Alonso de Zamora, <I>op. cit</I>. libro 4, cap. 1, 262-263.    <br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup> Relaci&oacute;n enviada al Rey sobre el estado de los frailes en la Sabana de Bogot&aacute;. Santaf&eacute;, 1577. Citada en Angelina Araujo V&eacute;lez, <I>Las &oacute;rdenes mendicantes en el Nuevo Reino de Granada y Felipe II. Peticiones y mercedes seg&uacute;n documentos in&eacute;ditos del Archivo General de Indias</I>. Trabajo de Grado (Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Departamento de Historia y Geograf&iacute;a, enero de 1980), 65.    <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup> Citado en Miguel &Aacute;ngel Medina,<I> op. cit.</I>, 168.    <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup> J. H. Pollen, &laquo;Historia de los Jesuitas antes de la supresi&oacute;n de 1773&raquo;, en <I>Enciclopedia cat&oacute;lica</I> vol.1. ed. Kevin Knight, 1999, consultada en marzo 15, 2015, <a href="http://ec.aciprensa.com/wiki/Supresi&oacute;n_de_los_Jesuitas" target="_blank">http://ec.aciprensa.com/wiki/Supresi&oacute;n_de_los_Jesuitas</a>. El Arzobispo Lobo-Guerrero, muy amigo de los Jesuitas, dec&iacute;a sobre los doctrineros de las &oacute;rdenes mendicantes, que &laquo;sab&iacute;an muy poco, y esto con m&aacute;s exceso en la Orden de Santo Domingo, que es la que m&aacute;s se hab&iacute;a de esmerar en los estudios...&raquo;: Carta del Arzobispo Lobo Guerrero al Rey. Santaf&eacute;, 1 de junio de 1608, en Archivo General de Indias, Sevilla, Santaf&eacute;, 227, citada en Isabel Arenas Frutos y Carmen Cebri&aacute;n Gonz&aacute;lez, &laquo;La Orden Dominicana en el mapa americano del siglo XVII &raquo;, en <I>Actas del iii Congreso Internacional sobre los Dominicos y el Nuevo Mundo. Granada, 10-14 de septiembre de 1990, op. cit</I>., 9.    <br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup> Las otras doctrinas estaban distribuidas entre los franciscanos (24), los agustinos (10) y los jesuitas (3).    <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup> Isabel Arenas Frutos y Carmen Cebri&aacute;n Gonz&aacute;lez, <I>op. cit.</I>, 10-11.    <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup> Alberto E. Ariza, <I>op. cit</I>., t. 2, 1142.    <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup> Chocont&aacute;, Lenguazaque, Guatavita, Guachet&aacute;, Ibagu&eacute;, Bogot&aacute; - Funza, Sabandija, Guasca, Chipazaque, Sop&oacute;, Cota, Nemoc&oacute;n y Bojac&aacute;. Alberto E. Ariza, <I>op. cit.</I>, t. 1, 415.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup> Guasca, Guatavita, Sop&oacute;, Chipazaque, Cota, Chocont&aacute;, Suesca, Guachet&aacute; y Lenguazaque: Alberto E. Ariza, <I>op. cit.</I>, t. 2, 1184.    <br>  <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup> La crisis de la mita ind&iacute;gena y una cadena de epidemias y pestes redujeron tanto la poblaci&oacute;n aborigen, que se debi&oacute; abolir, no solo la mita, sino tambi&eacute;n la encomienda (a comienzos del siglo XVIII), no tanto por causas humanitarias sino por simple &laquo;sustracci&oacute;n de materia&raquo;. Dada esta cat&aacute;strofe, durante los siglos XVII y XVIII, la poblaci&oacute;n de Santaf&eacute; se estanc&oacute;. En ese per&iacute;odo la ciudad solo creci&oacute; 5.000 habitantes: de 10.000 existentes a comienzos del siglo XVII pas&oacute; a tener 15.000 cien a&ntilde;os m&aacute;s tarde: Juli&aacute;n Vargas Lesmes, <I>La sociedad de Santa Fe colonial</I> (Bogot&aacute;: cinep, 1990).    <br>  <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup> Isabel Arenas Frutos y Carmen Cebri&aacute;n Gonz&aacute;lez, <I>op. cit.</I>, 18.    <br>  <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup> Esta palabra es una creaci&oacute;n de los historiadores colonialistas, durante el siglo <I>xx</I>, para calificar la actitud de defensa de los ind&iacute;genas realizada por las primeras generaciones de religiosos.    <br>  <sup><a name="num46"></a><a href="#nu46">46</a></sup> Ver, para el caso de Colombia, por ejemplo, Juan Friede, <I>Los franciscanos del Nuevo Reino de Granada y el movimiento indigenista del siglo XVI </I> (Bogot&aacute;: s.e., 1958). Del mismo autor, <I>Indigenismo y aniquilamiento de ind&iacute;genas en Colombia</I> (Bogot&aacute;: Universidad Nacional, Departamento de Antropolog&iacute;a, 1975).    <br>  <sup><a name="num47"></a><a href="#nu47">47</a></sup> Alberto E. Ariza, Fr. <I>Bartolom&eacute; de las Casas y el Nuevo Reino de Granada</I> (Bogot&aacute;: s.e., 1974), 13.    <br>  <sup><a name="num48"></a><a href="#nu48">48</a></sup> V&iacute;ctor Codina y No&eacute; Zevallos,<I> op. cit.</I>, 79-84.    <br>  <sup><a name="num49"></a><a href="#nu49">49</a></sup> Ya en vida de Fr. Bartolom&eacute; de las Casas ten&iacute;a claro que la propuesta de una evangelizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas hecha de manera pac&iacute;fica y libre no ten&iacute;a futuro. Las presiones de los encomenderos, autoridades locales y hasta de te&oacute;logos en pro de un adoctrinamiento ligado a la dominaci&oacute;n hisp&aacute;nica eran avasalladoras. Es famosa la controversia teol&oacute;gica entre Las Casas y Juan Gin&eacute;s de Sep&uacute;lveda, que se sald&oacute; en 1557 con la victoria p&iacute;rrica del primero, pero la opini&oacute;n general que se impuso en Am&eacute;rica y Espa&ntilde;a fue que los ind&iacute;genas eran inferiores y pod&iacute;an ser sometidos y a&uacute;n esclavizados. Varios frailes, dominicos, agustinos y franciscanos, apoyaban esta idea. Las Casas tuvo que confrontar incluso a religiosos de su propia orden. Los argumentos de Sep&uacute;lveda eran m&aacute;s atractivos para Europa, de modo que se convirtieron en base para los imperialismos europeos la supuesta &laquo;inferioridad natural&raquo; de la mayor parte de los pueblos no europeos: Ansel Hertz y Helmuth Loose, <I>op. cit.</I>, 80.    <br>  <sup><a name="num50"></a><a href="#nu50">50</a></sup> Mercedes L&oacute;pez Rodr&iacute;guez, <I>op. cit.,</I> 74-75.    <br>  <sup><a name="num51"></a><a href="#nu51">51</a></sup> Citado en Alberto E. Ariza, <I>op. cit.</I>, t. 2, 1059.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num52"></a><a href="#nu52">52</a></sup> Citado en <I>Ib&iacute;d.</I>, 1108.    <br>  <sup><a name="num53"></a><a href="#nu53">53</a></sup> Citado en<I> Ib&iacute;d.</I>, 1113. Ver adem&aacute;s a Juan Fernando Cobo, op. cit., 74-80.    <br>  <sup><a name="num54"></a><a href="#nu54">54</a></sup> <I> Ib&iacute;d.</I>, 80.    <br>  <sup><a name="num55"></a><a href="#nu55">55</a></sup> Guillermo &Aacute;lvarez, <I>Historia de la Orden Dominicana en el Per&uacute;, tomo I, siglos XVI -XVII</I> (Lima: s.e., 2000) 410.    <br>  <sup><a name="num56"></a><a href="#nu56">56</a></sup> La llamada &laquo;Junta Magna&raquo; se celebr&oacute; en Valladolid, en 1568. Fue convocada y presidida por el Rey Felipe II, representantes de los distintos consejos del reino y una selecci&oacute;n de te&oacute;logos. El objetivo inicial de la asamblea era discutir y poner remedio a la &laquo;despoblaci&oacute;n y destrucci&oacute;n de las Indias&raquo;.    <br>  <sup><a name="num57"></a><a href="#nu57">57</a></sup> Ana Mar&iacute;a Bidegain, <I>As&iacute; actuaron los cristianos en la historia de Am&eacute;rica Latina </I>(Bogot&aacute;: ciec, 1985) 65-71. La Junta &laquo;prohibi&oacute; todo tipo de acomodaci&oacute;n y la publicaci&oacute;n de informaci&oacute;n sobre grandes facultades y buenas cualidades de los indios, e insisti&oacute; especialmente en 1o que se relacionaba con desplazar a la Iglesia indiana en formaci&oacute;n y contribuir a que se impusiera una Iglesia marcadamente espa&ntilde;ola. Se reforz&oacute; el derecho de patronato y se tomaron las disposiciones pertinentes para que la Iglesia ayudara al m&aacute;ximo al proceso de aculturaci&oacute;n de las comunidades nativas&raquo;, Ana Mar&iacute;a Bidegain, &laquo;Sexualidad, Estado, Sociedad y Religi&oacute;n: Los controles de la sexualidad y la imposici&oacute;n del matrimonio monog&aacute;mico en el mundo colonial hispanoamericano&raquo;, <I>Revista de Estudios da Religi&acirc;o</I> 3 (2005): 57-58.    <br>  <sup><a name="num58"></a><a href="#nu58">58</a></sup> Luis Carlos Mantilla, &laquo;La Iglesia cat&oacute;lica en Colombia. Entre la tensi&oacute;n y el conflicto&raquo;, <I>Credencial Historia</I> 153, (2002).    <br>  <sup><a name="num59"></a><a href="#nu59">59</a></sup> &Iacute;dem.    <br>  <sup><a name="num60"></a><a href="#nu60">60</a></sup> &Iacute;dem.    <br>  <sup><a name="num61"></a><a href="#nu61">61</a></sup> Mercedes L&oacute;pez Rodr&iacute;guez, <I>op. cit.</I>, 194-195.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num62"></a><a href="#nu62">62</a></sup> Constanza Reyes, &laquo;Cristianismo y poder en la primera evangelizaci&oacute;n, siglos XVI -XVII&raquo;, en <I>Historia del cristianismo en Colombia. Corrientes y diversidad,</I> Ed., Ana Mar&iacute;a Bidegain (Bogot&aacute;: Taurus, 2004), 52.    <br>  <sup><a name="num63"></a><a href="#nu63">63</a></sup> Luis Carlos Mantilla, <I>op. cit. </I>    <br>  <sup><a name="num64"></a><a href="#nu64">64</a></sup> Mercedes L&oacute;pez Rodr&iacute;guez, <I>op. cit.</I>, 82.    <br>  <sup><a name="num65"></a><a href="#nu65">65</a></sup> <I>Ib&iacute;d.,</I> 82-84.    <br>  <sup><a name="num66"></a><a href="#nu66">66</a></sup> <I>Ib&iacute;d.,</I> 86. Por ejemplo, propinar encerrar en calabozos y dar azotes a los ind&iacute;genas que no se confesaran, utilizar el cepo, o cortar el cabello a los caciques y personalidades importantes dentro de las comunidades. La autora afirma que estas pr&aacute;cticas eran &eacute;ticamente aceptadas, pues el castigo f&iacute;sico era com&uacute;n en la sociedad europea desde tiempos antiguos y eran empleadas para dar justicia y correcci&oacute;n. Sin embargo, aun as&iacute;, se llegaba a tales extremos en que los castigos propiciados fueron calificados de &laquo;maltratamiento&raquo; por los observadores de la &eacute;poca.    <br>  <sup><a name="num67"></a><a href="#nu67">67</a></sup> Citado en Enrique B&aacute;ez Arenales, <I>La Orden Dominicana en Colombia, tomo VIII.</I> In&eacute;dita. En Archivo de la Provincia Dominicana de San Luis Bertr&aacute;n de Colombia, Bogot&aacute;, San Antonino, Personajes - Baeza, VIII, 459 bis.    <br>  <sup><a name="num68"></a><a href="#nu68">68</a></sup> Alberto E. Ariza,<I> op. cit</I>., t. 1, 378.    <br>  <sup><a name="num69"></a><a href="#nu69">69</a></sup> Mercedes L&oacute;pez Rodr&iacute;guez, <I>op. cit.,</I> 84.    <br>  <sup><a name="num70"></a><a href="#nu70">70</a></sup> &Iacute;dem.    <br>  <sup><a name="num71"></a><a href="#nu71">71</a></sup> Constanza Reyes, <I>op. cit</I>., 52-53.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num72"></a><a href="#nu72">72</a></sup> Esta actitud tambi&eacute;n justificaba la colonizaci&oacute;n, al concebir que un pueblo civilizado deb&iacute;a hacerse cargo de aquel menos civilizado, m&aacute;s d&eacute;bil, &laquo;con el fin de facilitarle la relaci&oacute;n con otros pueblos y la eliminaci&oacute;n de las trabas al proceso de cristiandad&raquo;: <I>Ib&iacute;d</I>., 49.    <br>  <sup><a name="num73"></a><a href="#nu73">73</a></sup> Citado en Alberto E. Ariza, <I>op. cit.,</I> t. 2, 1102.    <br>  <sup><a name="num74"></a><a href="#nu74">74</a></sup> &Iacute;dem.    <br>  <sup><a name="num75"></a><a href="#nu75">75</a></sup> Citado en Enrique B&aacute;ez Arenales, <I>op. cit.</I> 221.    <br>  <sup><a name="num76"></a><a href="#nu76">76</a></sup> Al respecto, los documentos y cr&oacute;nicas hablan de lo dif&iacute;cil que constitu&iacute;a llevar el Evangelio por regiones incomunicadas, de dif&iacute;cil acceso, donde se ten&iacute;a que recorrer enormes distancias que afectaban la salud y la misma disposici&oacute;n de los doctrineros. Ariza refiere el caso los doctrineros del convento de San Antonio de Padua, de Pamplona, al nororiente de la Nueva Granada (regi&oacute;n no muy apetecida por las &oacute;rdenes religiosas) quienes en la segunda mitad del siglo XVI recorr&iacute;an 14 leguas de sierra al a&ntilde;o, con magros resultados, pues hab&iacute;an ind&iacute;genas que ten&iacute;an apenas un d&iacute;a de doctrina en todo el a&ntilde;o. Alberto E. Ariza, <I>op. cit.,</I> t. 2, 1102. Constanza Reyes refiere que muchas veces un mismo doctrinero deb&iacute;a encargarse de evangelizar a los ind&iacute;genas de dos o m&aacute;s encomiendas a la vez, con todas las consecuencias que esto implicaba: Constanza Reyes,<I> op. cit</I>., 52.    <br>  <sup><a name="num77"></a><a href="#nu77">77</a></sup> Enrique B&aacute;ez Arenales,<I> op. cit</I>., 228.    <br>  <sup><a name="num78"></a><a href="#nu78">78</a></sup> &Iacute;dem.    <br>  <sup><a name="num79"></a><a href="#nu79">79</a></sup> Instrucci&oacute;n de Fr. Francisco del Rinc&oacute;n, Arzobispo de Santaf&eacute;. Santaf&eacute;, 2 de noviembre de 1717, en Archivo Secreto Vaticano, Ciudad del Vaticano, Congregazione del Concilio - Relationes Diocesium, n.o 333, fl. 38v.    <br>  <sup><a name="num80"></a><a href="#nu80">80</a></sup> Marco Palacios y Frank Safford, <I>Colombia: pa&iacute;s fragmentado, sociedad dividida: su historia</I> (Bogot&aacute;: Planeta, 2002), 94.    <br>  <sup><a name="num81"></a><a href="#nu81">81</a></sup> Alonso de Zamora, <I>op. cit</I>. XIV, 145.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num82"></a><a href="#nu82">82</a></sup> Marco Palacios y Frank Safford, <I>op. cit.,</I> 94.    <br>  <sup><a name="num83"></a><a href="#nu83">83</a></sup> <I>Ib&iacute;d</I>., 92.    <br>  <sup><a name="num84"></a><a href="#nu84">84</a></sup> El proceso se conoce como restructuraci&oacute;n y romanizaci&oacute;n de la Iglesia cat&oacute;lica y se llev&oacute; a cabo en todo el orbe cat&oacute;lico. Consisti&oacute; en la adopci&oacute;n de un modelo vertical y disciplinado de Iglesia, insistiendo en la uniformidad doctrinal y lit&uacute;rgica, en la disciplina administrativa, a trav&eacute;s de una estructura jer&aacute;rquica que era dirigida y vigilada desde Roma. Cf. William Plata, &laquo;La romanizaci&oacute;n de la Iglesia en el siglo xix. Proyecto globalizador del tradicionalismo cat&oacute;lico&raquo;, en <I>Globalizaci&oacute;n y diversidad religiosa en Colombi</I>a, Eds., Ana Mar&iacute;a Bidegain y Juan Diego Demera (Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia, 2005); Gloria Mercedes Arango, <I>La mentalidad religiosa en Antioquia. Pr&aacute;cticas y discursos</I>. 1828-1885 (Medell&iacute;n: Universidad Nacional de Colombia, 1993); Patricia Londo&ntilde;o, <I>Religi&oacute;n, cultura y sociedad en Colombia. Medell&iacute;n y Antioqui</I>a, 1850-1930 (Bogot&aacute;: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2004).</P> <HR>      <p><B>Fuentes primarias </b></p>     <p><b>Archivos</b></p>      <!-- ref --><p>Archivo General de la Orden de Predicadores (AGOP) Roma, Italia. Secci&oacute;n XIV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084379&pid=S0120-1468201600010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Archivo de la Provincia Dominicana de San Luis Bertr&aacute;n de Colombia (APSLB) Bogot&aacute;, Colombia. San Antonino, Personajes - Baeza, VIII.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084381&pid=S0120-1468201600010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Archivo Secreto Vaticano (ASV) Ciudad del Vaticano. Congregazione del Concilio - Relationes Diocesium, n.<Sup>o</Sup> 333.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084383&pid=S0120-1468201600010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <P><B>Impresos </b></P>      <!-- ref --><p>Araujo V&eacute;lez, Angelina. <I>Las </I>&oacute;<I>rdenes mendicantes en el Nuevo Reino de Granada y Felipe II. Peticiones y mercedes seg&uacute;n documentos in&eacute;ditos del Archivo General de Indias. </I>Trabajo de Grado. Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Departamento de Historia y Geograf&iacute;a, 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084386&pid=S0120-1468201600010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Oviedo, Basilio Vicente de. <I>Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada</I>. Bucaramanga: Departamento de Santander, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084388&pid=S0120-1468201600010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Zamora, Alonso de. <I>Historia de la Provincia de San Antonino del Nuevo Reino de Granada.</I> Caracas: Parra Le&oacute;n Hermanos, Editorial Sur Am&eacute;rica, 1930.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084390&pid=S0120-1468201600010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <p><B>Fuentes secundarias </b></p>      <!-- ref --><p>Acosta, Olga Isabel. <I>Milagrosas im&aacute;genes marianas en el Nuevo Reino de Granada</I>. Madrid-Frankfurt: Iberoamericana-Vervuert, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084393&pid=S0120-1468201600010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>&Aacute;lvarez Perca, Guillermo. <I>Historia de la Orden Dominicana en el Per&uacute;, tomo I, siglos XVI -XVII</I>. Lima: (s.e.), 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084395&pid=S0120-1468201600010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Arango, Gloria Mercedes. <I>La mentalidad religiosa en Antioquia. Pr&aacute;cticas y discursos. 1828-1885</I>. Medell&iacute;n: Universidad Nacional de Colombia, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084397&pid=S0120-1468201600010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Arenas Frutos, Isabel y Cebri&aacute;n Gonz&aacute;lez, Carmen. &laquo;La Orden Dominicana en el mapa americano del siglo XVII &raquo;. En Actas del III Congreso Internacional sobre los Dominicos y el Nuevo Mundo. Granada, 10-14 de septiembre de 1990. Editado por Jos&eacute; Barrado Barquilla. Madrid: Deimos, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084399&pid=S0120-1468201600010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Ariza, Alberto E. <I>Fr. Bartolom&eacute; de las Casas y el Nuevo Reino de Granada</I>. Bogot&aacute;: (s.e.), 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084401&pid=S0120-1468201600010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>________. <I>Los dominicos en Colombia, t. 1</I>. Bogot&aacute;: Provincia de San Luis Bertr&aacute;n, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084403&pid=S0120-1468201600010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>B&aacute;ez Arenales, Enrique. <I>La Orden Dominicana en Colombia</I>. &#91;In&eacute;dita&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084405&pid=S0120-1468201600010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->. </p>      <!-- ref --><p>Bidegain de Ur&aacute;n, Ana Mar&iacute;a. <I>As&iacute; actuaron los cristianos en la historia de Am&eacute;rica Latina</I>. Bogot&aacute;: CIEC, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084407&pid=S0120-1468201600010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>________, dir. <I>Historia del cristianismo en Colombia. Corrientes y diversidad</I>. Bogot&aacute;: Taurus, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084409&pid=S0120-1468201600010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>________. &laquo;Sexualidad, Estado, Sociedad y Religi&oacute;n: Los controles de la sexualidad y la imposici&oacute;n del matrimonio monog&aacute;mico en el mundo colonial hispanoamericano&raquo;. <I>Revista de Estudios da Religi&acirc;o</I> 3 (2005): 40-62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084411&pid=S0120-1468201600010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Borges, Pedro. <I>Religiosos en Hispanoam&eacute;rica</I>. Madrid: MAPFRE, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084413&pid=S0120-1468201600010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Caicedo Osorio, Amanda. <I>Construyendo la hegemon&iacute;a religiosa. Los curas como agentes hegem&oacute;nicos y mediadores socioculturales</I>. Bogot&aacute;: Uniandes, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084415&pid=S0120-1468201600010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Casta&ntilde;o Rueda, Julio Ricardo. <I>Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario de Chiquinquir&aacute;. Historia de una tradici&oacute;n</I>. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Editorial Ep&iacute;grafe, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084417&pid=S0120-1468201600010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Ciudad Su&aacute;rez, Mar&iacute;a Milagros. <I>Los dominicos, un grupo de poder en Chiapas y Guatemala. Siglos XVI y XVII</I>. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, DEIMOS, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084419&pid=S0120-1468201600010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Cobo Betancourt, Juan Fernando. <I>Mestizos heraldos de Dios. 1573-1590</I>. Bogot&aacute;: ICANH, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084421&pid=S0120-1468201600010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Codina, V&iacute;ctor y Zevallos, No&eacute;. <I>Vida religiosa. Historia y teolog&iacute;a</I>. Madrid: Ediciones Paulinas, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084423&pid=S0120-1468201600010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Echeverry, Antonio. &laquo;Por el sendero de la intolerancia. Acercamiento a la extirpaci&oacute;n de idolatr&iacute;as en el Nuevo Mundo en los Siglos XVI y XVII &raquo;. <I>Historia Caribe</I> 21 (2012): 55-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084425&pid=S0120-1468201600010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Echeverry, Antonio Jos&eacute; y Marulanda, J. <I>Franciscanismo: Un imaginario tras una utop&iacute;a en la Nueva Granada del siglo XVI. </I>Cali: Universidad del Valle, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084427&pid=S0120-1468201600010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Esparza, Manuel. <I>Santo Domingo Grande. Hechura y reflejo de nuestra sociedad</I>. Oaxaca: Carteles, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084429&pid=S0120-1468201600010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Esponera, A. y Lassegue, J. B. <I>El corte sobre la roca. Memorias de los dominicos en Am&eacute;rica (siglos XVI -XX)</I>. Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolom&eacute; de las Casas, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084431&pid=S0120-1468201600010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Friede, Juan. <I>Los franciscanos del Nuevo Reino de Granada y el movimiento indigenista del siglo XVI </I>. Bogot&aacute;: (s.e.), 1958.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084433&pid=S0120-1468201600010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>________. <I>Indigenismo y aniquilamiento de ind&iacute;genas en Colombia</I>. Bogot&aacute;: Universidad Nacional, Departamento de Antropolog&iacute;a, 1975.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084435&pid=S0120-1468201600010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez Mora, Felipe. <I>Reducciones y haciendas jesu&iacute;ticas en Casanare, Meta y Orinoco, ss. XVII -XVIII: arquitectura y urbanismo en la frontera oriental del Nuevo Reino de Granada</I>. Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084437&pid=S0120-1468201600010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Hertz, Ansel y Loose, Helmuth. <I>Dominique et les Dominicains</I>. Paris: CERF, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084439&pid=S0120-1468201600010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Instituto de Historia y el Departamento de Desarrollo Acad&eacute;mico de secico. <I>La Am&eacute;rica espa&ntilde;ola colonial. Siglos XVI -XVII y  XVIII. </I>Santiago de Chile: Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084441&pid=S0120-1468201600010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Londo&ntilde;o, Patricia. <I>Religi&oacute;n, cultura y sociedad en Colombia. Medell&iacute;n y Antioquia, 1850-1930</I>. Bogot&aacute;: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084443&pid=S0120-1468201600010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Lopez Rodr&iacute;guez, Mercedes. <I>Tiempos para rezar y tiempos para trabajar. La cristianizaci&oacute;n de las comunidades muiscas durante el siglo XVI</I>. Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084445&pid=S0120-1468201600010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Mac&iacute;as Dom&iacute;nguez, Isabelo. &laquo;Procedencia conventual y regional del aporte de la Orden de Predicadores a Indias&raquo;. En <I>Actas del iii Congreso Internacional sobre los Dominicos y el Nuevo Mundo. Granada, 10-14 de septiembre de 1990</I>. Editado por Jos&eacute; Barrado Barquilla. Madrid: DEIMOS, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084447&pid=S0120-1468201600010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Mantilla R, Luis Carlos. &laquo;La Iglesia cat&oacute;lica en Colombia. Entre la tensi&oacute;n y el conflicto&raquo;. <I>Credencial Historia</I> 153 (2002): 3-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084449&pid=S0120-1468201600010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Medina, Miguel &Aacute;ngel. <I>Los dominicos en Am&eacute;rica: presencia y actuaci&oacute;n de los dominicos en la Am&eacute;rica colonial espa&ntilde;ola de los siglos XVI -XIX</I>. Madrid: MAPFRE, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084451&pid=S0120-1468201600010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Meier, Johannes. &laquo;Las &oacute;rdenes y las congregaciones religiosas en Am&eacute;rica Latina&raquo;. En <I>Resistencia y esperanza. Historia del pueblo cristiano en Am&eacute;rica Latina y el Caribe</I>. Editado por Enrique Dussel. San Jos&eacute;: DEI-CEHILA, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084453&pid=S0120-1468201600010001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Olsen, Margaret M. <I>Slavery and salvation in colonial Cartagena de Indias</I>. Gainesville: University Press of Florida, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084455&pid=S0120-1468201600010001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Palacios, Marco y Safford, Frank. <I>Colombia: pa&iacute;s fragmentado, sociedad dividida: su historia</I>. Bogot&aacute;: Planeta, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084457&pid=S0120-1468201600010001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Plata, William. &laquo;La romanizaci&oacute;n de la Iglesia en el siglo XIX. Proyecto globalizador del tradicionalismo cat&oacute;lico&raquo;. En <I>Globalizaci&oacute;n y diversidad religiosa en Colombia</I>. Editado por Ana Mar&iacute;a Bidegain y Juan Diego Demera. Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia. 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084459&pid=S0120-1468201600010001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Pollen, J. H. &laquo;Supresi&oacute;n de los Jesuitas&raquo;. En <I>Enciclopedia cat&oacute;lica. Vol.1. </I>Editado por Kevin Knight, 1999. Consultada en marzo 15, 2015. <a href="http://ec.aciprensa.com/wiki/Supresi&oacute;n_de_los_Jesuitas" target="_blank">http://ec.aciprensa.com/wiki/Supresi&oacute;n_de_los_Jesuitas</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084461&pid=S0120-1468201600010001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Reyes Escobar, Constanza. &laquo;Cristianismo y poder en la primera evangelizaci&oacute;n, siglos XVI -XVII&raquo;. En <I>Historia del cristianismo en Colombia. Corrientes y diversidad</I>. Editado por Ana Mar&iacute;a Bidegain. Bogot&aacute;: Taurus, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084463&pid=S0120-1468201600010001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Rivadeneira Vargas, Antonio Jos&eacute;. <I>Los dominicos en Tunja (1551-2001)</I>. Tunja: Universidad Santo Tom&aacute;s, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084465&pid=S0120-1468201600010001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Ulloa, Daniel. <I>Los predicadores divididos. Los dominicos en Nueva Espa&ntilde;a. Siglo XVI</I>. M&eacute;xico: El Colegio, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084467&pid=S0120-1468201600010001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Vargas Lesmes, Juli&aacute;n. <I>La sociedad de Santa Fe colonial</I>. Bogot&aacute;: CINEP, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084469&pid=S0120-1468201600010001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Volti, Panayota. <I>Les couvents des ordres mendiants et leur environnement &agrave; la fin du Moyen &Acirc;ge. </I>Paris<I>: CNRS, </I>2003 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5084471&pid=S0120-1468201600010001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="right"><I>Enviado: 4 de mayo de 2015 Aceptado: 7 de junio de 2015 </I></p>  </font>      ]]></body><back>
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