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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>Nota del editor</b></font></p>        <p>El volumen 38, n&uacute;mero 1, de la <i>Revista Colombiana de Sociolog&iacute;a </i>(<i>RCS</i>), el segundo de la renovada l&iacute;nea editorial, presenta en su Secci&oacute;n Tem&aacute;tica (ST) un conjunto de trabajos sobre el tema <i>Estado, sociedad civil y gobernanza local en contextos violentos</i>. Reflejo del esfuerzo de la <i>RCS</i> por fortalecer todas sus secciones, en la Secci&oacute;n General (SG) se presentan tres art&iacute;culos, dos de estos de investigaci&oacute;n, cuyos autores son John Herlyn Anton, Fernando Garc&iacute;a Serrano y Claudia Mercedes Jim&eacute;nez, y uno de reflexi&oacute;n, escrito por David Andr&eacute;s Vidal L&oacute;pez.</p>      <p>En esta ocasi&oacute;n, la ST es coordinada por la profesora Carolina Galindo de la Universidad del Rosario, quien es la editora invitada. Desde la sociolog&iacute;a pol&iacute;tica, esta secci&oacute;n nos convoca a una reflexi&oacute;n sobre un debate que, necesariamente, se desplaza a otras ramas de nuestra disciplina, as&iacute; como a las dem&aacute;s ciencias sociales y humanas. M&aacute;s all&aacute; del debate acad&eacute;mico, esta secci&oacute;n aporta elementos conceptuales a la reflexi&oacute;n y a la formulaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y, al mismo tiempo, refleja preocupaciones y planteamientos presentes en nuestra sociedad civil organizada. En un horizonte de esperanza, como el anhelado fin del conflicto armado, la discusi&oacute;n que suscita la secci&oacute;n nos enlaza de manera p&uacute;blica al debate que ocupa un lugar central en la reflexi&oacute;n no solo acad&eacute;mica, sino pol&iacute;tica y civil de toda Colombia.</p>      <p>Al leer en su conjunto los art&iacute;culos de Galindo, Rehm, Guevara Latorre, Morales Rosas y P&eacute;rez Ricart es posible encontrar que la relaci&oacute;n entre Estado y sociedad civil, eje estructurante de las formas de gobernanza local, est&aacute; marcada no solo por conflictos, como en el caso de Colombia, sino por formas violentas de actuaci&oacute;n legitimadas que suplantan las formas civiles y democr&aacute;ticas del debate pol&iacute;tico. Estos conflictos, no solo en Colombia sino con diferentes intensidades en toda Am&eacute;rica Latina, primero, se caracterizan por la participaci&oacute;n de actores ilegales y a menudo armados, como en el caso de las guerrillas y de los grupos paramilitares y, segundo, se producen a lo largo de escalas tanto geogr&aacute;ficas como institucionales,  abarcando as&iacute; diferentes niveles del Estado. De igual forma, estos conflictos han contribuido durante los &uacute;ltimos sesenta a&ntilde;os a la constituci&oacute;n y normalizaci&oacute;n de la actuaci&oacute;n violenta como forma de resoluci&oacute;n de las contiendas pol&iacute;ticas y, por lo tanto, con la identificaci&oacute;n de esta como una pr&aacute;ctica cultural.</p>      <p>Esta transformaci&oacute;n socioantropol&oacute;gica de nuestras sociedades hacia la introyecci&oacute;n del acto violento como hecho constituyente de la cotidianeidad, se ha extendido, a menudo, del &aacute;mbito pol&iacute;tico a las pr&aacute;cticas empresariales e industriales, terminando por legitimar el uso de la violencia como instrumento para limitar la libertad de expresi&oacute;n y participaci&oacute;n. Con esto se busca lograr el control de funciones que institucionalmente deber&iacute;an ser propias del Estado mismo, como lo reflejan, por un lado, la historia de las insurgencias en el pa&iacute;s &mdash;con la administraci&oacute;n de la justicia y del territorio de vastas zonas, con formas operativas inaceptables y a menudo inciviles y deshumanizantes&mdash;, y por el otro, la estela de desalojos, desplazamientos, muerte y masacres dejada por la puesta en marcha de la seguridad de la infraestructura productiva y de comunicaci&oacute;n del pa&iacute;s, en nombre de la Seguridad Democr&aacute;tica.</p>      <p>Lo que est&aacute; en juego tras del control de estas funciones no es nada m&aacute;s ni nada menos que el poder de asignaci&oacute;n de recursos materiales y simb&oacute;licos. Estos conflictos, seg&uacute;n lo plantean de manera transversal los cuatro trabajos de la ST, no suelen detenerse frente a la terminaci&oacute;n formal de procesos de confrontaci&oacute;n cruenta. M&aacute;s bien presentan la tendencia a transformarse en contiendas por los espacios pol&iacute;ticos, los recursos, el modelo de desarrollo y la conformaci&oacute;n de una sociedad civil libre de pensar y de expresarse. En el caso colombiano, se trata de una nueva geograf&iacute;a de la libertad y del derecho, en la que el Estado y los actores armados, que se declaran a s&iacute; mismos y proclaman fuerzas que act&uacute;an en favor del pueblo, tienen por igual retos inacabados.</p>      <p>El primer eje transversal a toda la ST reitera el reto de la construcci&oacute;n de formas no violentas de ejercicio de la pol&iacute;tica, as&iacute; como la necesidad de fortalecer espacios de defensa efectiva de los derechos pol&iacute;ticos, sociales y culturales para el ejercicio de la ciudadan&iacute;a efectiva. Colombia, como gran parte de Am&eacute;rica Latina, lamentablemente no puede complacerse por el aumento del PIB y por el proceso de ingreso en la OCDE. Tampoco puede enorgullecerse por grandes logros en uno de los elementos que fundamentan el derecho a llamarse un Estado moderno y democr&aacute;tico a pleno t&iacute;tulo: que el derecho a la vida y a la protecci&oacute;n por parte de las instituciones sean elementos absolutos, inquebrantables y que la agresi&oacute;n o la muerte de una sola persona provoquen el rechazo masivo de la ciudadan&iacute;a y de los medios, as&iacute; como una respuesta profunda y contundente de las instituciones para que estos derechos sean tutelados y reestablecidos de forma estructural en el territorio. Estos derechos y su tutela efectiva, como muchas veces se olvida, son los pilares constituyentes de una ciudadan&iacute;a real; pero en muchas regiones de nuestra Am&eacute;rica Latina siguen siendo un asunto que solo recibe nominalmente amparo universal e incondicionado por las instituciones. Como en varios casos ilustrados en la ST de este n&uacute;mero, es el mercado o simplemente los actores m&aacute;s violentos o militarmente m&aacute;s fuertes quienes deciden hasta d&oacute;nde la titularidad de estos derechos aplica o no.</p>      <p>El segundo eje transversal del debate tiene que ver con el problema de la gobernanza. En la l&iacute;nea de pensamiento del Banco Mundial, la academia colombiana, alineada con la institucionalidad que hegemoniza los &aacute;mbitos internacionales y dicta la pauta de las reformas nacionales, concibe la gobernanza como un asunto de reglas del juego, de imperio de la ley y de mayor formalizaci&oacute;n de las reglas contractuales. La gobernanza es, como lo muestran los art&iacute;culos de toda la ST, un brutal asunto de poder y de posicionamiento con medios legales o hasta ilegales de intereses particulares, que no tienen nada que ver con un ideal de Estado moderno, cuya aplicaci&oacute;n se queda demasiado a menudo en las arquitecturas de las Constituciones y de los marcos legales. La arquitectura institucional de gran parte de Am&eacute;rica Latina, y por cierto de Colombia, a la luz de la reproducci&oacute;n de patrones cultural y sistem&aacute;ticamente aceptados de corrupci&oacute;n, a la luz de la tolerancia frente a la muerte violenta, nos muestra, detr&aacute;s de los discursos presidenciales y ministeriales, que la ciudadan&iacute;a es parte b&aacute;sicamente nominal. Lo p&uacute;blico, transformado en un problema de gerencia, sigue en deuda con una reflexi&oacute;n sobre la ciudadan&iacute;a social, concepto que los trabajos de la ST contribuyen a reubicar en el centro del poblado, para que todos lo puedan ver y ojal&aacute; discutir.</p>      <p>El tercer eje transversal es el de la historia de los contextos violentos y de la memoria. Varios de los art&iacute;culos que los lectores y las lectoras encontrar&aacute;n nos recuerdan que los actores que han ocupado sectores m&aacute;s o menos amplios de la arquitectura institucional lo han hecho sin renunciar a la utilizaci&oacute;n de grupos y pr&aacute;cticas irregulares, si bien han existido fuerzas que hist&oacute;ricamente han peleado por la construcci&oacute;n de un Estado, de un sistema pol&iacute;tico y judiciario m&aacute;s equitativo, justo, solidario y con ciudadan&iacute;a efectiva. A pesar de la existencia de grises y matices, como en la totalidad de los procesos de formaci&oacute;n institucional, la dimensi&oacute;n violenta y la pr&aacute;ctica feudal de la apropiaci&oacute;n fraudulenta e ilegal de extensas partes de lo p&uacute;blico no dejan de impactar y de generar la necesidad de un an&aacute;lisis riguroso y sin falsa autocomplacencia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el trabajo de Galindo "Estado, sociedad civil y gobernanza local en contextos violentos. Algunos temas para una agenda de investigaci&oacute;n", se plantea una reflexi&oacute;n sobre la necesidad de renovar una agenda de investigaci&oacute;n que estudie la coexistencia entre el Estado y los diferentes actores, armados y no armados. Este es un problema que va m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de los contextos violentos, y que abarca pr&aacute;cticas pol&iacute;tico-culturales de apropiaci&oacute;n de lo p&uacute;blico para fines privados. La autora traza las l&iacute;neas de esa agenda de investigaci&oacute;n mediante tres casos, a saber, un linchamiento en la ciudad peruana de Ilave en el 2004, el triunfo electoral de un candidato de izquierda en una ciudad colombiana controlada por  el paramilitarismo en el 2011 y la reciente desaparici&oacute;n de 43 estudiantes en Ayotzinapa, en M&eacute;xico en el 2014.</p>        <p>El art&iacute;culo de Rehm "Procesos violentos de formaci&oacute;n del Estado durante los inicios del Frente Nacional en el Tolima, Colombia" analiza desde la antropolog&iacute;a del Estado c&oacute;mo la ciudadan&iacute;a viene constituy&eacute;ndose en el pa&iacute;s en un hecho de afiliaci&oacute;n a un partido, y no en un derecho. El Estado es, entonces, el escenario, pero tambi&eacute;n el actor en el momento hist&oacute;rico del origen del conflicto armado, as&iacute; como a lo largo del tiempo ha sido escenario y actor de los conflictos por el control de los recursos econ&oacute;micos y ambientales.</p>      <p>El texto de Guevara Latorre nos ubica en el campo del an&aacute;lisis pol&iacute;tico del discurso y de las pr&aacute;cticas relacionadas con el Plan Colombia. El autor deconstruye los objetivos y supuestos del Plan y plantea una cautivadora interpretaci&oacute;n de la evoluci&oacute;n presentada entre la primera y la segunda fase. A lo largo del an&aacute;lisis de esta transformaci&oacute;n, se observa realmente el cambio en el modelo de desarrollo del pa&iacute;s, en el que se ve prevalecer la idea de que para conseguir la paz prima el buen funcionamiento de la econom&iacute;a sobre el buen funcionamiento de las relaciones sociales.</p>      <p>El trabajo de Morales Rosas y P&eacute;rez Ricart, "La militarizaci&oacute;n, un obst&aacute;culo para la gobernanza democr&aacute;tica de la seguridad en M&eacute;xico", nos trae un aire internacional al debate y, al mismo tiempo, presenta una tem&aacute;tica que resulta central para Colombia. La militarizaci&oacute;n es investigada como un proceso que si bien no necesariamente altera las relaciones c&iacute;vico-militares en t&eacute;rminos formales, s&iacute; es parte fundamental de la transformaci&oacute;n de las normas y las relaciones sociales, dado que se imponen las l&oacute;gicas del mayor poder otorgado a los &oacute;rganos policiales y militares, la suspensi&oacute;n de las garant&iacute;as democr&aacute;ticas y la penetraci&oacute;n profunda de las instituciones civiles por l&oacute;gicas de tipo militar y del principio de las armas como soluci&oacute;n para los conflictos sociales.</p>      <p>En la muy interesante SG, el primer trabajo que presentamos es "La presi&oacute;n sobre el derecho al territorio ancestral del pueblo afroecuatoriano. El caso de la Federaci&oacute;n de Comunidades Negras del Alto San Lorenzo", en cual Ant&oacute;n y Garc&iacute;a, a partir de una investigaci&oacute;n sobre derechos colectivos y plurinacionalidad, analizan las resistencias del pueblo afroecuatoriano frente a la neomodernizaci&oacute;n impuesta por un modelo de desarrollo centrado en el <i>buen vivir</i>. El art&iacute;culo revela, una vez m&aacute;s, c&oacute;mo un modelo de sociedad basado en una sola idea dominante y en una concepci&oacute;n del orden social que se convierte en la palabra sagrada lo que realmente produce es la transformaci&oacute;n de la utop&iacute;a en formas de tiran&iacute;a, donde lo local, lo culturalmente diferente, lo que se declara inconforme con el modelo que ve en el territorio una fuente de recursos, debe ser erradicado, reducido, neutralizado, porque &iquest;qui&eacute;n se puede atrever a ir en contra de quienes descubrieron la receta de la felicidad social?</p>      <p>En su trabajo "Movimiento social de 'piernas cruzadas', pr&aacute;ctica neosubjetiva y comprensi&oacute;n del cuerpo como lugar de lo pol&iacute;tico", Jim&eacute;nez Garc&eacute;s presenta insumos derivados de su investigaci&oacute;n para la FLACSO, Argentina, en los que analiza nuevas pr&aacute;cticas en la reconfiguraci&oacute;n de los movimientos sociales contempor&aacute;neos. El caso analizado es el de las huelgas del sexo o el movimiento de piernas cruzadas como manifestaci&oacute;n de una acci&oacute;n colectiva, que es social y cultural al mismo tiempo. Como plantea la autora, el movimiento de las mujeres es la emergencia de los desencantamientos de la modernidad, una modernidad que prometi&oacute; aventura, poder, libertad, derechos, igualdad, desarrollo, pero que al mismo tiempo amenaza, corrompe, desune y desintegra.</p>      <p>El &uacute;ltimo trabajo de la secci&oacute;n, "Pensar la formaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a en clave espacial. Una lectura comprensiva de David Harvey y Doreen Massey", presenta un interesante an&aacute;lisis acerca de la relevancia de la espacialidad en el debate sociol&oacute;gico, dimensi&oacute;n a menudo olvidada o cuanto menos subvalorada tanto conceptual como, sobre todo, metodol&oacute;gicamente. Vidal se&ntilde;ala c&oacute;mo la aplicaci&oacute;n de los conceptos de los autores sobre las dimensiones espacio-temporales a un caso escolar en el P&aacute;ramo de Sumapaz revela la centralidad del territorio en la conformaci&oacute;n de la identidad social y pol&iacute;tica.</p>      <p align="right"><b>ANDREA LAMPIS, PH. D.</b>    <br> DIRECTOR/EDITOR</p>   </font>      ]]></body>
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