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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p>    <center><font size="4" face="Verdana"><b>&#161Humanicemos al internista!    <br>   El compromiso es de todos</b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3" face="Verdana"><b>&#161Lest make the internist more humanitarian!    <br>   It is a commitment of all</b></font></center></p>      <p>Conferencia Lombana Barreneche, dictada el 17    de octubre de 2006 durante el XIX Congreso Colombiano de Medicina Interna, Cartagena    de Indias, 16 al 19 de octubre de 2006.</p>     <p>Hern&aacute;n Torres Iregui</p>     <p>Dr. Hern&aacute;n Torres Iregui: Profesor de Medicina, Cartagena,    Octubre 2006 </p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Correspondencia</b>: Dr. Hern&aacute;n Torres Iregui. Santa Marta.</p>       <p>Recibido: 17/10/06 Aceptado: 01/11/06</p>  <hr size=1>     <p>Cierto d&iacute;a, hace unos meses, recib&iacute; una llamada    telef&oacute;nica. Se trataba de una querid&iacute;sima amiga, compa&ntilde;era    de congresos y juntas directivas en la Asociaci&oacute;n Colombiana de Medicina    Interna.</p>      <p>Qu&eacute; ha sido de usted? &#191;Por d&oacute;nde anda? &#191;C&oacute;mo    le ha ido en esta vida?</p>      <p>Me pregunt&oacute; con una voz suave, que tard&eacute; solo    un segundo en reconocer.</p>      <p>La pregunta me sorprendi&oacute;.</p>      <p>Me sorprendi&oacute; el que, aparte de mi familia, alguien    a&uacute;n sintiera curiosidad en mis andanzas, que a&uacute;n fueran interesantes    mis &uacute;ltimas experiencias y que las emociones, que ahora ocupan mi vida,    quiz&aacute; no sean solo a&ntilde;oranzas sino vivencias dignas de ser contadas.</p>      <p> Me sent&iacute; otra vez valioso.</p>      <p>Pero aquella voz todav&iacute;a ten&iacute;a otra pregunta:</p>      <p>&#191;Por qu&eacute; no se hace cargo de la <i>Conferencia    Lombana Barreneche</i> en el pr&oacute;ximo Congreso de Medicina Interna?</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Antes de contestarle tuve que tomar asiento. Alcanc&eacute;    a darme cuenta de que la oferta entra&ntilde;aba una enorme responsabilidad.    Intent&eacute; declinar el inmerecido homenaje que me hac&iacute;a la presidenta    de la ACMI, pero terminaron seduci&eacute;ndome mi vanidad y el deseo de compartir    algunas ideas con el m&aacute;s selecto auditorio de m&eacute;dicos colombianos.    Por eso estoy aqu&iacute;, entusiasmado, con el deseo de honrar al profesor    Jose Mar&iacute;a Lombana Barreneche, paradigma de la medicina interna colombiana.</p>      <p>Desde que acept&eacute; la distinci&oacute;n comenc&eacute;    a buscar un argumento que lograse cautivar a una audiencia tan respetable. A    pesar que me hubiera gustado evocar a alguno de los grandes maestros de nuestra    medicina interna prefer&iacute; no hollar los vericuetos de la historia y dejarles    ese placer a mentes m&aacute;s eruditas que la m&iacute;a. Eleg&iacute;, m&aacute;s    bien, revisar un tema al que pudiese aplicar un enfoque optimista y pedag&oacute;gico,    considerando que en este auditorio se sentar&iacute;an j&oacute;venes m&eacute;dicos    dispuestos a escuchar el consejo de un viejo profesor. Tras escudri&ntilde;ar    entre mis inquietudes tropec&eacute; con un asunto que de tiempo atr&aacute;s    me perturba. Es perturbador porque cada d&iacute;a es de mayor actualidad en    Colombia, convirti&eacute;ndose en un verdadero reto para todos nosotros.</p>      <p> Es un tema que me desaf&iacute;a, oblig&aacute;ndome a expresar    mi opini&oacute;n personal sobre su naturaleza; lo que har&eacute; en el derecho,    y en la obligaci&oacute;n, de hablar de lo que quiero y de lo que me duele.    Adem&aacute;s, he de hacerlo ahora porque no lo hice 15 a&ntilde;os atr&aacute;s,    cuando todos presentimos que surgir&iacute;a como resultado de la Ley 100, que    apenas se ve&iacute;a como un presagio de tormenta en el horizonte. Ese tema    es el de &quot;la deshumanizaci&oacute;n del internista&quot;, al que yo no    vacilar&iacute;a en equiparar con el de &quot;la mediocridad del internista&quot;.    Inconcebible en una disciplina como la nuestra y parad&oacute;jico, porque ha    surgido precisamente en la era de los m&aacute;s asombrosos avances tecnol&oacute;gicos.</p>      <p>Desde 1993 hasta la fecha (tomando el lapso como una simple    referencia) las innovaciones en salud han sido inimaginables; pero su impacto    ha resultado contradictorio. Parecer&iacute;a como si existiese, en verdad,    una <i>&quot;ley inversa de la salud&quot;: </i>&quot;cada d&iacute;a tenemos    m&aacute;s expertos y sin embargo, m&aacute;s problemas; tenemos m&aacute;s    medicina, pero menos salud&quot;. Exceptuando la prolongaci&oacute;n de la existencia,    los dem&aacute;s par&aacute;metros son desfavorables. Es decir, que &quot;hemos    agregado a&ntilde;os a la vida, pero no vida a los a&ntilde;os&quot; como dice    la canci&oacute;n Se ha multiplicado la investigaci&oacute;n y las herramientas    del m&eacute;dico son cada vez m&aacute;s aguzadas, pero se ha exagerado la    morbilidad de sus actos y van en aumento sus errores; se desbordaron los costos    de la salud, pero ahora es abrumadora la insatisfacci&oacute;n de los usuarios;    y, adem&aacute;s, sorprende la mayor incidencia de estados nosol&oacute;gicos    espec&iacute;ficos como el c&aacute;ncer, la diabetes tipo 2, la obesidad, algunas    enfermedades infecciosas, entre otros.</p>      <p>Esta paradoja aparece como un fantasma en todos los rincones,    sorprendiendo inclusive a los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados. Hoy, tenemos    que aceptar que la enfermedad no ha sido controlada. Tal vez, porque la enfermedad,    al igual que la necedad, dimensiones inherentes a la naturaleza humana, no son    susceptibles de ser reducidas ni controladas solamente por medio del progreso    cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico. Ni siquiera han tenido &eacute;xito    los ambiciosos programas de salud de los pa&iacute;ses m&aacute;s poderosos.    El ser humano es cada vez m&aacute;s necio, y ahora venimos a darnos cuenta    de que, tambi&eacute;n, cada vez est&aacute; m&aacute;s enfermo.</p>      <p>&#191;Pero qu&eacute; decir de lo que nos ocurre en Colombia?    Si est&aacute; tan mal la salud de los ricos, &#191;c&oacute;mo estar&aacute;    la de los pobres?</p>      <p>No se me escapa que las causas de la aparente paradoja son    m&uacute;ltiples y que en nuestro medio, la mayor&iacute;a de las veces, son    consecuencia de la ineficiencia y corrupci&oacute;n del sistema general de salud.    Pero la mala calidad de la salud de los colombianos, tambi&eacute;n se debe    al deterioro de la calidad humana de los m&eacute;dicos. Como creo necesario    primero reconocer nuestros propios errores intentar&eacute; analizar someramente    algunos de los defectos del internista actual en Colombia.</p>      <p> Empezar&eacute; por construir un marco de referencia, expresando    mi opini&oacute;n personal acerca de tres pecados relevantes que tendremos que    exorcizar, si pretendemos ahuyentar de nuestra profesi&oacute;n los demonios    de la deshumanizaci&oacute;n y la mediocridad:</p>      <p>1. La carencia de incentivos para mejorar la calidad de la    medicina, que ha terminado anulando la sana competencia entre profesionales,    y entre instituciones.</p>      <p>2. La ingenuidad de algunas escuelas que desconocen la realidad    de la salud en Colombia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>3. La lamentable separaci&oacute;n que cada vez distancia m&aacute;s    al m&eacute;dico de sus pacientes. En parte causada por el mismo sistema, pero    tambi&eacute;n favorecida por la inercia y negligencia de nuestros colegas.</p>      <p>Despu&eacute;s de analizarlos, me arriesgar&eacute; a proponer    dos estrategias orientadas a mejorar la calidad y a evitar la deshumanizaci&oacute;n    de la medicina. La primera, empleando racionalmente <i>&quot;&iacute;ndices    de calidad&quot;</i>, como mecanismo para estimular la sana competencia en los    niveles de prevenci&oacute;n, diagn&oacute;stico y tratamiento de las enfermedades    del ser humano, que debe ir unida con la autonom&iacute;a de los pacientes a    la hora de elegir a sus proveedores de salud. Y la segunda, con la organizaci&oacute;n    de un sistema de salud orientado al paciente, como ser humano pero con su propia    colaboraci&oacute;n.</p>      <P><b>La carencia de incentivos de superaci&oacute;n</b></p>      <p>El principal lastre de la medicina actual es su mediocridad,    no su bajo presupuesto. El Estado colombiano invierte en la salud m&aacute;s    del 10% del PIB desde hace a&ntilde;os. Si bien ser&aacute;n necesarios m&aacute;s    recursos para financiar todo el r&eacute;gimen subsidiado, los defectos actuales    de todo el sistema no dependen de la falta de dinero provisto por el Estado,    sino de los exiguos recursos que finalmente llegan a las IPS. Tal como est&aacute;n    las cosas, la venalidad end&eacute;mica en todos los niveles y la intromisi&oacute;n    del intermediario ventajista terminar&aacute;n devorando todos los recursos    antes de que lleguen a los pacientes. En su in&uacute;til y est&uacute;pido    intento por reducir los costos, la intermediaci&oacute;n ha logrado contrarrestar    la sana competencia entre los proveedores, buscando &uacute;nicamente aumentar    sus utilidades. Los profesionales y las instituciones de salud han llegado a    la triste conclusi&oacute;n de que no se justifica esforzarse por mejorar su    calidad, pues saben que los retribuir&aacute;n de igual manera en todos los    casos. Adem&aacute;s, las aseguradoras, con la libre integraci&oacute;n vertical    de sus EPS, detentan un cruel monopolio que termin&oacute; anulando la sana    competencia entre profesionales y entidades prestadores de servicios.</p>      <p> Todo ser humano deber&iacute;a sentirse motivado para alcanzar    el &eacute;xito. Tambi&eacute;n el m&eacute;dico y por supuesto el internista.    Pero no como la obsesi&oacute;n man&iacute;aca por atesorar dinero, sino como    una mejor retribuci&oacute;n a la labor m&eacute;dica honesta y eficiente. Yo    creo que el impulso m&aacute;s eficaz hacia la superaci&oacute;n, en cualquier    empresa que acometamos en la vida, es el anhelo de triunfar. El deseo ferviente    por alcanzar la meta. Si no existiese esa corona de laurel, con la que se ci&ntilde;en    las sienes al campe&oacute;n, probablemente ser&iacute;a igual llegar a la meta    de &uacute;ltimo que de primero.</p>      <p>Si trasladamos este concepto de superaci&oacute;n a t&eacute;rminos    de mercadeo, podr&iacute;amos decir que es necesario estimular la competencia.    La falta de competencia entre los diversos proveedores de salud (l&eacute;ase    m&eacute;dicos e instituciones) conduce a una baja calidad del producto (l&eacute;ase    mala medicina) y perjudica al consumidor (l&eacute;ase paciente). Esto es lo    que estamos viviendo en la medicina colombiana y es lo que debemos tratar de    cambiar.</p>      <p>Pero &#191;Qu&eacute; considero yo buena calidad profesional    en un m&eacute;dico cl&iacute;nico?</p>      <p>Para m&iacute;, la calidad del m&eacute;dico se traduce en    la capacidad de resolver los problemas de salud a sus pacientes, d&aacute;ndoles    seguridad y cari&ntilde;o en todos los casos. Lo contrario ser&iacute;a aceptar    que el &eacute;xito de una estrategia de salud se traduce s&oacute;lo en la    expansi&oacute;n de su cobertura, lo que en nuestro medio ha llegado a convertirse    en el negocio de la carnetizaci&oacute;n dolosa, sin tener en cuenta su verdadero    impacto en el control de la enfermedad. Es decir, sin tener en cuenta su calidad.</p>      <p>Me resisto a aceptar un escenario en el cual el futuro que    se proyecte ante los ojos ilusionados de nuestros j&oacute;venes colegas, sea    el de la mediocridad. No tiene sentido que el joven internista termine percibiendo    que no existen incentivos para ser mejor, que lo &uacute;nico que le ofrece    el actual sistema de salud &#173;con la complicidad de la ley, la indiferencia    de sus colegas y la inercia masoquista de los pacientes&#173;, sea un puesto    de hormiga laboriosa, &uacute;til solamente para enriquecer a los intermediarios.</p>      <p>Quisiera persuadirlos a ustedes &#173;todos&#173;, de intentar    devolverle a la medicina interna su condici&oacute;n de disciplina indispensable    y al internista su sitial de l&iacute;der insustituible.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Pero ustedes me preguntar&aacute;n, tambi&eacute;n con justa    raz&oacute;n:</p>      <p>&#191;C&oacute;mo haremos para convencer a un sistema de salud    desorientado, que deleg&oacute; sus funciones en manos de negociantes poderosos,    capaces de evadir las leyes y de evitar que el Congreso las perfeccione, que    los verdaderamente necesarios son los m&eacute;dicos y las instituciones que    ofrezcan un servicio de calidad y con calidez humana, en beneficio de los pacientes?</p>      <p> Tendremos que encontrar la forma de convencer al Estado y    a los proveedores de servicios de salud, que a todos nos conviene honrar la    n&oacute;mina con profesionales que garanticen calidad y seguridad. No nos olvidemos    que en gran parte, los males que nos acongojan, se han venido precipitando sobre    nosotros precisamente porque no pudimos, o no quisimos, participar activamente    en el dise&ntilde;o del Sistema Nacional de Salud, sino que, negligentes y masoquistas,    permitimos que otros lo hicieran por nosotros.</p>      <p>Esta es nuestra &uacute;ltima oportunidad.</p>      <p>De lo contrario se nos acabar&aacute; la verdadera esencia    de la profesi&oacute;n y se aumentar&aacute; el dolor de nuestros enfermos.      <P><b>La triste realidad de la medicina colombiana</b></p>      <p>Sorprende el desconocimiento culposo que hemos tenido los m&eacute;dicos    acad&eacute;micos acerca de la realidad de la medicina colombiana. Voy a contarles    mi propia experiencia.</p>      <p>Cuando despu&eacute;s de 35 a&ntilde;os de obcecaci&oacute;n    acad&eacute;mica decid&iacute; jubilarme me refugi&eacute; en una peque&ntilde;a    ciudad ardiente del interior en donde, a ratos, atend&iacute;a pacientes de    medicina interna en mi consultorio. Adem&aacute;s, me encargu&eacute; del &aacute;rea    cl&iacute;nica en el hospital regional. Aplac&eacute; por algunos a&ntilde;os    m&aacute;s la decisi&oacute;n de colgar el estetoscopio; pero r&aacute;pidamente    tuve que aterrizar. All&iacute;, sorprendido me tropec&eacute; de sopapo con    <i>la verdadera medicina colombiana</i>.</p>      <p>El gerente del hospital regional, mi inmediato superior, era    un m&eacute;dico general bien intencionado (por ahora no divulgar&eacute; su    gentilicio). Me recibi&oacute; con la siguiente admonici&oacute;n:      <p>&quot;Doc, ac&aacute; tiene que carg&aacute; ladrillo y trabaj&aacute;    como los otro galeno&quot;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Trat&eacute; de hacerle ver que mi vinculaci&oacute;n a esa    instituci&oacute;n ser&iacute;a muy ben&eacute;fica por mi experiencia docente,    y le propuse inaugurar un programa de prevenci&oacute;n de infecciones y otro    de control de factores de riesgo cardiovascular; pero no lo convenc&iacute;.    Para aquel doctor no ten&iacute;a valor nada de lo que yo le propon&iacute;a.    Pensaba &uacute;nicamente en c&oacute;mo resolver la gran demanda de servicios    de su hospital; y como todos los administradores de salud en Colombia, s&oacute;lo    pensaba en la medicina curativa. Consideraba la prevenci&oacute;n de enfermedades    un gasto suntuario. Me interrumpi&oacute;, y dijo cortante como para que me    saliera pronto de su oficina:      <p>&quot;&#161 Echee, esa son pura boba&aacute;!</p>      <p>Por su jerga ustedes ya pueden suponer de d&oacute;nde proced&iacute;a    aquel doctor. Pero sus coterr&aacute;neos no se ofendan conmigo, vi&eacute;ndolo    desde su particular punto de vista, ten&iacute;a toda la raz&oacute;n.</p>      <p> El des&aacute;nimo inicial pronto se me agrav&oacute; con    otra dolencia inesperada. La impotencia. Pero esta disfunci&oacute;n no tuvo    paliativo ni con p&iacute;ldoras. Me la produjo la carencia absoluta de inter&eacute;s    cient&iacute;fico de los otros m&eacute;dicos del hospital. Los pobres ten&iacute;an    que atender a seis pacientes cada hora en la consulta externa y evolucionar    a veinte hospitalizados cada uno. Cuando sal&iacute;an rendidos por la tarde,    todav&iacute;a ten&iacute;an que continuar prestando turno en urgencias en una    cl&iacute;nica privada, para cuadrarse un sueldo con qu&eacute; pagar la cuota    del carrito, la educaci&oacute;n de los hijos y para ahorrar algo con qu&eacute;    vivir cuando lograran por fin ser aceptados en alg&uacute;n posgrado en la capital.    &#191;C&oacute;mo iba yo a convencerlos de que asistieran a la revisi&oacute;n    de historias cl&iacute;nicas o a una charla sobre factores de riesgo?      <p>Constat&eacute; que, en la actualidad, la principal causa del    escaso inter&eacute;s acad&eacute;mico del m&eacute;dico es <i>la falta de tiempo</i>.    Al internista de hoy le hace falta tiempo para estudiar, para actualizarse y,    lo que es a&uacute;n peor, para atender debidamente a sus pacientes. &#191;Por    qu&eacute;?</p>      <p>Porque est&aacute; mal remunerado y tiene que rebuscarse. Y    est&aacute; mal pagado simplemente porque es el eslab&oacute;n d&eacute;bil    de la cadena. El Estado ha extendido la cobertura, lo que es bueno; pero las    IPS y EPS lo hacen sobre las costillas del &quot;m&eacute;dico hormiga&quot;,    quien se ve ante la ineludible necesidad de responder con m&aacute;s trabajo    a la mayor exigencia; y como no tiene tiempo suficiente, ni le pagar&iacute;an    horas adicionales, ha llegando al extremo de convertirse en c&oacute;mplice    del enga&ntilde;o a los enfermos, despach&aacute;ndoles a la bartola f&oacute;rmulas    y remisiones sin examinarlos. Mejor dicho, lo que alcance a hacer en 10 o 15    minutos. Es la medicina deshumanizada del peloteo, que en todas partes s&oacute;lo    ha conducido al aumento de los costos. Y al aumento de la morbilidad. Porque    tenemos suficiente evidencia de que a m&aacute;s m&eacute;dicos participantes    en un caso, as&iacute; sean los mejores especialistas, mayores los riesgos y    la morbilidad.</p>      <p>Y escaseaba el dinero en aquel hospital regional. Solo a veces    llegaban los recursos, porque las ARS viv&iacute;an en mora, o se hac&iacute;an    las renuentes a cancelar sus deudas escud&aacute;ndose en la costumbre de glosar    sistem&aacute;ticamente las facturas. Con frecuencia no hab&iacute;a para comprar    s&aacute;banas, ni papeler&iacute;a para las historias, tampoco algod&oacute;n,    ni alcohol, ni mucho menos medicamentos. Tres semanas de cada mes, mientras    se hac&iacute;a alg&uacute;n abono para apaciguar a los innumerables acreedores    carec&iacute;amos de reactivos en el laboratorio, placas de rayos X y dem&aacute;s    elementos esenciales para curar enfermedades. En cambio, abrigado en un formidable    recinto, descansaba el m&aacute;ximo orgullo del gerente del hospital: un &quot;cipotudo    aparato de tomograf&iacute;a axial computarizada&quot;. Seg&uacute;n el letrero    reluciente, incrustado en la losa de m&aacute;rmol de la entrada, el soberbio    paquidermo hab&iacute;a sido donado por el eterno gamonal del pueblo, cuya fotograf&iacute;a    reconoc&iacute; entronizada en la oficina del director.</p>      <p>El gerente de aquel hospital hab&iacute;a sido nombrado exclusivamente    por razones pol&iacute;ticas; ni siquiera era nativo de aquella regi&oacute;n.    Y, naturalmente, no pose&iacute;a experiencia administrativa. A pesar de que    derrochaba buena voluntad y hab&iacute;a tenido que aceptar la participaci&oacute;n    de varios asesores de la Secretar&iacute;a de Salud, su gesti&oacute;n era precaria.    A este pobre gerente no le llegaban oportunamente los recursos; y cuando le    llegaban, no sab&iacute;a c&oacute;mo distribuirlos para atender las mil miserias    de su hospital. Adem&aacute;s, no sab&iacute;a c&oacute;mo comprometer a su    personal, porque no ten&iacute;a liderazgo.</p>      <p>As&iacute; se han tenido que cerrar muchos hospitales. &#161Qu&eacute;    tal!</p>      <p>Pero hay muchas instituciones que son excepciones notables:    el Hospital Pablo Tob&oacute;n, el Hospital San Rafael, la Fundaci&oacute;n    Cardioinfantil, el Hospital El Tunal, el Hospital Imbanaco, la Cl&iacute;nica    Valle del Lili, la Cl&iacute;nica Ardila L&uuml;lle y muchas otras.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>O sea que s&iacute; se puede. &#161Salv&eacute;moslas todas!</p>      <P><b>La deshumanizaci&oacute;n del m&eacute;dico y la medicina</b></p>      <p>El poco tiempo dedicado a los pacientes es una de las causas    de la deshumanizaci&oacute;n de la medicina; pero hay otras.</p>      <p>En s&iacute;ntesis, cualquier circunstancia que impida que    el acto m&eacute;dico cumpla su funci&oacute;n primordial de satisfacer las    necesidades de los enfermos, como seres humanos, conduce a la deshumanizaci&oacute;n    de la medicina. Unas veces por factores externos al m&eacute;dico y otras, por    su propia negligencia. En este caso, es &eacute;l quien se deshumaniza.</p>      <p>Uno de estos factores, que no quiero dejar pasar inadvertido,    es el arrobamiento que aturde a algunos m&eacute;dicos modernos por los androides    que les hacen los diagn&oacute;sticos; y la percepci&oacute;n esnobista de que    el ejercicio elegante &#173;y &quot;chic&quot;&#173; de la medicina va de la    mano con la tecnolog&iacute;a. Es el &quot;tecnofanatismo&quot; de algunos j&oacute;venes    profesionales.</p>      <p>Pero los invito a que me sigan acompa&ntilde;ando en mis postr&iacute;meras    aventuras de m&eacute;dico colombiano.</p>      <p> Admito que durante el tiempo que permanec&iacute; en aquel    hospital de una peque&ntilde;a ciudad en las riberas del Magdalena tambi&eacute;n    goc&eacute; de momentos felices. El secreto estuvo en que emple&eacute;, en    la pr&aacute;ctica diaria, aquellas ense&ntilde;anzas te&oacute;ricas de cuya    importancia hab&iacute;a insistido tercamente a mis disc&iacute;pulos. Y, &#161oh    sorpresa!</p>      <p>Acert&eacute; con incre&iacute;ble frecuencia en mis diagn&oacute;sticos    y cur&eacute; a muchos enfermos.</p>      <p>Con s&oacute;lo hablarles y escucharlos, los aliviaba. Si tomaba    de la mano a una viejecita agonizante, ella parec&iacute;a respirar con mayor    tranquilidad. Si re&iacute;amos con el paciente de alguna circunstancia graciosa,    &eacute;l sal&iacute;a menos doliente &#173;y tambi&eacute;n alegre&#173; del    consultorio. Varias veces termin&eacute; consultas en las que el enfermo sali&oacute;    satisfecho sin decirme a qu&eacute; hab&iacute;a venido, porque a lo que ven&iacute;a    era solamente a que lo escuchara. Y no es que yo estuviera haciendo milagros,    sino que muchas veces las mayores dolencias del hombre est&aacute;n en el alma.    Adem&aacute;s, las enfermedades graves mejoraban con incre&iacute;ble facilidad.    Esas viejecitas con insuficiencia cardiaca, erisipelas y neumon&iacute;as, que    llam&aacute;bamos &quot;refractarias&quot; en el hospital universitario, reaccionaban    en poco tiempo en el hospital de provincia, s&oacute;lo con algunas p&iacute;ldoras    de ampicilina o furosemida, o con unos frascos de penicilina que yo lograba    obtener de los exang&uuml;es anaqueles de la defraudada farmacia. &#161Nunca    me lo hubiera imaginado!      <p>Entonces comprend&iacute; que hab&iacute;a descifrado el enigma    que siempre me desvelaba: <i>el resultado exitoso del acto m&eacute;dico no    depende tanto de la tecnolog&iacute;a y de las innovaciones terap&eacute;uticas,    como de la cercan&iacute;a y comunicaci&oacute;n del m&eacute;dico con su paciente.</i>    Creo que no bastar&aacute; la ciencia para garantizar la salud. La deshumanizaci&oacute;n    y baja calidad de la medicina contempor&aacute;nea son la consecuencia l&oacute;gica    de la p&eacute;rdida de contacto entre el m&eacute;dico y los pacientes. Esforc&eacute;monos    por lograr la aproximaci&oacute;n juiciosa entre las innovaciones tecnol&oacute;gicas    &#173;sin duda maravillosas&#173; y el ejercicio personalizado de la medicina.    No nos olvidemos de escuchar al paciente con nuestros o&iacute;dos y con el    fonendoscopio, antes de enviarlo al laboratorio.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Algunos de ustedes podr&aacute;n acusarme de invalidar la tecnociencia,    de ser &quot;tecnocatastr&oacute;fico&quot;, de nost&aacute;lgico del segundo    ruido. De a&ntilde;orar el pasado. Eso no es verdad. Soy un convencido de que    la ciencia no dejar&aacute; nunca de ser protagonista en la medicina. No obstante,    no olvidemos que el arcaico sigue siendo el paciente. &Eacute;l es el mismo    de siempre. Y contin&uacute;a, aun hoy, dolorido y enfermo, esperando a que    le escuchemos sus quejas y a que &#173;con cari&ntilde;o&#173; le aliviemos    el sufrimiento.</p>      <p>Pero todas estas divagaciones, tal como van las cosas, son    s&oacute;lo palabras. El internista que yo a&ntilde;oro pareciera haberse quedado    perdido en el recuerdo. Como una vetusta obra maestra, digna de ser admirada    s&oacute;lo por sus nietos en alg&uacute;n rec&oacute;ndito museo de la historia.</p>      <p>Esta tarde quiero proponerles a ustedes que no dejemos desaparecer    al internista, que recordemos que dentro de nosotros est&aacute; grabada su    verdadera esencia. Ser internista no es el resultado de la oportunidad. Es una    vocaci&oacute;n. Una vocaci&oacute;n que me conmocion&oacute; a m&iacute;, que    es parte esencial de todos ustedes; y que todav&iacute;a enorgullecer&aacute;    a muchos otros en el futuro.</p>      <p>Pero voy a dejar ya de repetir nostalgias. Quiero, m&aacute;s    bien, honrar estas a&ntilde;oranzas con propuestas concretas hacia el futuro.</p>      <p>Para conseguirlo, habremos de contar con cuatro condiciones, inexistentes    en este momento.</p>      <p><i>Primera</i>, que el Estado reaccione, convenci&eacute;ndose    de reorientar el rumbo extraviado del sistema de salud.</p>      <p><i>Segunda</i>, que el Congreso, o en su defecto el mismo ejecutivo,    obligue a las entidades aseguradoras a proveer un servicio en el cual predomine    la seguridad de los pacientes sobre la rentabilidad; y si esto resultare imposible,    que el ejecutivo adopte la decisi&oacute;n de eliminar la intermediaci&oacute;n.</p>      <p><i>Tercera</i>, que los mecanismos de control y supervisi&oacute;n,    actualmente inoperantes, vuelvan a ser realmente eficaces, exigiendo calidad    y seguridad a los prestadores de servicios de salud.</p>      <p><i>Y cuarta</i>, que los pacientes &#173;como objetivo de todo    el sistema&#173; acepten la responsabilidad de coparticipar activamente en la    soluci&oacute;n de sus propios problemas.</p>      <p> Perm&iacute;tanme explicar r&aacute;pidamente estas dos &uacute;ltimas    estrategias.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>El empleo de los &iacute;ndices de calidad</b></p>      <p>Debemos exigirle al gobierno que no se preocupe &uacute;nicamente    por ofrecer una amplia cobertura, sino tambi&eacute;n por garantizar una atenci&oacute;n    m&eacute;dica de buena calidad.</p>      <p>&#191;Pero c&oacute;mo medir la calidad?</p>      <p>Antes, el m&eacute;dico era calificado por su habilidad diagn&oacute;stica    (el &quot;ojo cl&iacute;nico&quot;), sus predecibles resultados terap&eacute;uticos    y por el grado de empat&iacute;a que comunicaba a sus pacientes. Estos ingredientes    le daban la posibilidad de alcanzar notoriedad, consiguiendo m&aacute;s o menos    clientela y mayores o menores ingresos. Hoy tenemos que identificar estos mismos    par&aacute;metros positivos, con mediciones modernas y objetivas basadas en    la evidencia, y agregarles algunos &iacute;ndices negativos que han surgido    de la misma complejidad actual del acto m&eacute;dico: <i>la morbilidad f&iacute;sica    y econ&oacute;mica durante el proceso de diagn&oacute;stico y tratamiento</i><U>    </U>y hacer &eacute;nfasis en la medicina preventiva, incluyendo la medici&oacute;n    de la habilidad de cada m&eacute;dico (y/o instituci&oacute;n de salud) para    prevenir o posponer enfermedades. Por &uacute;ltimo, como un buen servicio posventa,    medir la disponibilidad de una buena consejer&iacute;a integral, con el acceso    a los controles necesarios tras haber atendido un evento patol&oacute;gico.</p>      <p>Es decir, que deber&iacute;a medirse el impacto en general    de todo el sistema y en particular de los profesionales e instituciones, sobre    la prevenci&oacute;n, la curaci&oacute;n y en el seguimiento de las enfermedades    que amenazan a los colombianos.</p>      <p>Estas mediciones evaluadas con justicia y objetividad har&iacute;an    sentir en el m&eacute;dico la necesidad de superaci&oacute;n y lo incitar&iacute;an    a perfeccionarse. A pesar de que su salario, justamente valorado en un plan    objetivo de tarifas m&iacute;nimas, no alcanzara a incrementarse en la misma    proporci&oacute;n que la calidad de sus servicios, este profesional encontrar&iacute;a    los est&iacute;mulos que justifiquen su esfuerzo por mejorar. Es la forma correcta    de estimular la sana competencia.</p>      <p> Pero para que esta estrategia funcione, los resultados de    la medici&oacute;n de los &iacute;ndices de calidad tendr&iacute;an que divulgarse.    Las calificaciones deber&iacute;an ser conocidas como puntajes de seguridad    por los pacientes. Y &eacute;stos, con la condici&oacute;n de poder escoger    libremente a sus instituciones y a sus m&eacute;dicos, premiar&iacute;an a unas    y otros, escogi&eacute;ndolos o no seg&uacute;n su desempe&ntilde;o. As&iacute;,    los administradores de la salud podr&aacute;n seleccionar a sus profesionales    y asignarles honorarios acordes con su calidad, pues por fin entender&iacute;an    que las empresas obtendr&aacute;n mayor rentabilidad si sus m&eacute;dicos diagnostican    mejor, previenen las enfermedades antes que aparezcan o se compliquen, y las    curan con mayor prontitud si se presentan. Adem&aacute;s, sus usuarios estar&iacute;an    satisfechos, y no tendr&iacute;an necesidad de quejarse ni de interponer exigencias    y tutelas innecesarias. Por otra parte se reducir&iacute;an dram&aacute;ticamente    los costos.</p>      <p>&#161Todos saldr&iacute;amos ganando!</p>      <p>Pero todav&iacute;a algo me preocupa. Es la posibilidad de    que si este sistema llegara a materializarse, algunos colegas terminen ofreciendo    un triste espect&aacute;culo. El de unos grupos de m&eacute;dicos mediocres,    respaldados por sindicatos, laboristas y demagogos, y azuzados por las mismas    EPS en que laboran, marchando por las calles en protesta por la vulneraci&oacute;n    de sus supuestos derechos laborales. Podr&iacute;a ocurrir que aparecieran algunos    colegas inconformes cuando se les lleguen a exigir requisitos m&iacute;nimos    de calidad y capacitaci&oacute;n, t&iacute;tulos de recertificaci&oacute;n,    etc para garantizar su idoneidad en el ejercicio de la profesi&oacute;n.</p>      <p><b> La asistencia m&eacute;dica centrada en el paciente</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El acto m&eacute;dico, y por lo tanto la medicina, se compone    de dos elementos insustituibles e inseparables: <i>el m&eacute;dico y el paciente.    </i>Por eso, los problemas de salud los deber&iacute;amos resolver los m&eacute;dicos,    pero siempre basados en las necesidades de los pacientes, identificados &#173;repito&#173;    como seres humanos dolientes, y no s&oacute;lo como cuerpos enfermos.</p>      <p>Y para sintonizarnos con este enfoque de la asistencia m&eacute;dica,    debemos recordar que a los pacientes les asiste el derecho a la vida y a la    salud. Tienen todo el derecho de exigir una medicina humanizada. Una medicina    que los trate como a seres humanos. Pero las decisiones que afecten el cuidado    de su salud deber&iacute;an adoptarse de com&uacute;n acuerdo entre m&eacute;dico    y paciente.</p>      <p>El paciente, o los entes que velen por su bienestar (Superintendencia    de Salud, Defensor&iacute;a del Pueblo, Asociaci&oacute;n de Consumidores, agremiaciones    cient&iacute;ficas, representantes de asociaciones &eacute;tnicas y otros),    deber&aacute;n saber qui&eacute;nes y con qu&eacute; idoneidad se encargar&aacute;n    de resolverles los problemas a sus protegidos. Deber&iacute;an tener a su disposici&oacute;n    los cuadros de calidad de las aseguradoras, los puntajes de seguridad de hospitales    y cl&iacute;nicas, y la clasificaci&oacute;n de los m&eacute;dicos y dem&aacute;s    personal de las instituciones involucradas.</p>      <p>Pero al mismo tiempo, los pacientes tendr&iacute;an que aceptar    la indelegable obligaci&oacute;n de velar por su propio bienestar. La Constituci&oacute;n    del 91 le permiti&oacute; al individuo exigir del Estado la satisfacci&oacute;n    de sus derechos fundamentales; pero cuando se habla de ellos, nunca se menciona    el art&iacute;culo 49 que dice: <i>&quot;toda persona tiene el deber de procurar    el cuidado integral de su salud y la de su comunidad&quot;.</i>      <p>Los pacientes deben ayudar a sus m&eacute;dicos y a sus instituciones    a protegerlos, protegi&eacute;ndose ellos mismos, hasta donde les sea posible,    de los factores que los amenazan. Los obesos, los diab&eacute;ticos, los que    trabajan o viven en mayor riesgo, etcdeben aportar su esfuerzo y colaboraci&oacute;n    para prevenir las consecuencias de sus rasgos epidemiol&oacute;gicos. No es    concebible que mucha gente no se vacune aunque se les ofrezca el servicio gratuito;    pero s&iacute; exijan los medicamentos experimentales que supuestamente necesitan.    No es l&oacute;gico que algunos pacientes diab&eacute;ticos interpongan tutelas    para que se les autorice un trasplante de p&aacute;ncreas y ri&ntilde;&oacute;n    en otro pa&iacute;s, cuando nunca hicieron nada por controlar su enfermedad.    No es justo que los jueces sancionen instituciones por haber fracasado en la    atenci&oacute;n de usuarios que acuden a ellas tard&iacute;amente, despu&eacute;s    de haber transitado in&uacute;tilmente por consultorios de yerbateros y brujos.    Estos son s&oacute;lo unos pocos ejemplos de la infinidad de incongruencias    que vemos en nuestro sistema de seguridad social.</p>      <p>No podremos encontrar el progreso, si no acabamos con la cultura    de que el Estado es el que tiene que protegernos de todos los males habidos    y por haber.</p>      <p>El paciente deber&iacute;a suscribir al momento de entrevistarse    con su m&eacute;dico, un contrato sencillo por medio del cual se comprometa    a velar por su salud y a colaborar con las recomendaciones que se le prescriban.    Las empresas deber&iacute;an exigir a sus empleados, en sus contratos de trabajo,    un compromiso expl&iacute;cito de colaboraci&oacute;n mutua, por medio del cual    aqu&eacute;llos acepten y colaboren con la asesor&iacute;a de unidades empresariales    de medicina preventiva, para controlar los riesgos que son estrictamente de    &iacute;ndole personal, como la obesidad, el tabaquismo, el alcoholismo, la    diabetes, la hipertensi&oacute;n, etc Finalmente, los jueces deber&iacute;an    asesorarse mejor a la hora de tutelar las inimaginables y ex&oacute;ticas pretensiones    de los ciudadanos.</p>      <p>Me pregunto: &#191;Ser&aacute; que los pol&iacute;ticos y demagogos    me aceptar&iacute;an esta sugerencia? &#191;O ser&aacute; que estoy proponiendo    coartar la libre expresi&oacute;n de la personalidad?</p>      <p>Al mismo tiempo, el sistema de salud y todos nosotros deber&iacute;amos    incorporar a los pacientes en todo el proceso, en el dise&ntilde;o de estrategias,    en la medicina preventiva y en la evaluaci&oacute;n de los resultados y correcci&oacute;n    de los defectos. Quiz&aacute; hasta las asociaciones cient&iacute;ficas deber&iacute;an    participar. Tal vez ser&iacute;a interesante considerar una reforma de sus estatutos    para incluir entre sus actuales cap&iacute;tulos, novedosos cap&iacute;tulos    de pacientes. Aunque tuvi&eacute;semos que educarlos y convencerlos de que participen    con entusiasmo, estimulando la capacitaci&oacute;n de sus m&eacute;dicos. Inclusive,    deber&iacute;amos permitir a los pacientes opinar en las discusiones sobre el    dise&ntilde;o de los temarios de los cursos de refrescamiento, en el contenido    sustancial de los congresos y convenciones. Y por qu&eacute; no, en la orientaci&oacute;n    de las pol&iacute;ticas tendientes a conseguir un impacto espec&iacute;fico    en la calidad de la atenci&oacute;n m&eacute;dica, en grandes &aacute;reas o    en grupos poblacionales desprotegidos. Entre m&eacute;dicos y pacientes podr&iacute;amos    encontrar mejores alternativas para resolver la salud de los colombianos, que    las que creen encontrar los jueces aprobando a la bartola tutelas sin justa    causa, o motivadas maliciosamente por las mismas aseguradoras para evadir sus    responsabilidades.</p>      <p>En conclusi&oacute;n. Considero que todav&iacute;a es tiempo de humanizar    y revitalizar otra vez al internista. Seguramente seremos capaces de hacer que    vuelva a aproximarse a sus dolientes enfermos si le damos la oportunidad de    vivir con dignidad. Pero como, por desgracia, esto no ser&aacute; suficiente    para corregir la desorientaci&oacute;n del sistema de salud de los colombianos    tendremos que luchar para que el Estado reoriente su curso, aport&aacute;ndole    ideas y propuestas. &#161Tal vez, alguien decida &#173;por fin&#173; escucharlas!      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para finalizar, quiero invitarlos a que me acompa&ntilde;en</p>    en la siguiente reflexi&oacute;n:</p>      <p>&#191;Por qu&eacute; no nos unimos todos en un esfuerzo por    mejorarle la salud al ciudadano colombiano y por restituirles la dignidad a    los m&eacute;dicos? Tal vez entre todos, y con una ayuda de la Divina Providencia,    lo consigamos.</p> </font>      ]]></body>
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