<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-2448</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Acta Medica Colombiana]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Acta Med Colomb]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-2448</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Asociacion Colombiana de Medicina Interna]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-24482011000100002</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Aliviar siempre]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[To relieve always]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Matijasevic]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eugenio]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Acta Médica Colombiana Editor General ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Bogotá, D.C ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<volume>36</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>4</fpage>
<lpage>9</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-24482011000100002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-24482011000100002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-24482011000100002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[   <font size=2 face="verdana">      <p><b>Editorial</b></p>      <p>    <center><font size=4 face="verdana"><b>Aliviar siempre</b></font></p>      <p><font size=3 face="verdana"><b>To relieve always</b></font></p>      <p>Eugenio Matijasevic<sup>(1)</sup> &bull; Bogot&aacute;, D.C.</center></p>      <br>      <p><sup>(1)</sup> Editor General Acta M&eacute;dica Colombiana. Bogot&aacute;, D.C.    <br>  E-mail: <a href="mailto:eugenio.matijasevic@gmail.com">eugenio.matijasevic@gmail.com</a></p>      <p>Recibido: 04/IV/2011 Aceptado: 05/IV/2011</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En opini&oacute;n de Sol&oacute;n, el legislador por antonomasia y uno de los Siete Sabios de la Grecia cl&aacute;sica, nadie deber&iacute;a considerarse feliz antes del d&iacute;a de la muerte.</p>      <p>Cuenta Herodoto que cuando Sol&oacute;n visit&oacute; en Sardes a Creso, Rey de Lidia famoso por sus riquezas, &eacute;ste le pregunt&oacute; si a lo largo de su vida hab&iacute;a conocido a alguien completamente feliz. El propio Herodoto al relatar la an&eacute;cdota nos da la clave sobre el origen de la pregunta: Creso le hab&iacute;a mostrado a Sol&oacute;n durante varios d&iacute;as sus innumerables bienes y adicto, como todos los poderosos, a las lisonjas, quer&iacute;a recibir de tan ilustre hu&eacute;sped una nueva alabanza. Sol&oacute;n, sin embargo, ajeno en extremo a la adulaci&oacute;n, le respondi&oacute; que s&iacute;, que &eacute;l hab&iacute;a tenido la oportunidad de conocer a alguien feliz: Tello, el ateniense.</p>      <p>Herido en su orgullo, pero incapaz de declarar abiertamente que estaba solicitando un elogio, Creso le pregunt&oacute; a Sol&oacute;n cu&aacute;les eran los motivos para considerar a Tello un hombre feliz y Sol&oacute;n le respondi&oacute; sin rodeos que, floreciendo su patria, Tello hab&iacute;a visto crecer y prosperar en ella tambi&eacute;n a sus hijos y luego a sus nietos, antes de encontrar una muerte heroica en la batalla de Eleusina, defendiendo de manera victoriosa ese florecimiento y esa prosperidad. Creso no tuvo otra posibilidad que estar de acuerdo pero, persiguiendo lo que ansiaba, arremeti&oacute; de nuevo y le pidi&oacute; a Sol&oacute;n que le contase a qui&eacute;n m&aacute;s, fuera de Tello, consideraba feliz. Sol&oacute;n volvi&oacute; a frustrarlo mencionando esta vez a Cleobis y Biton, dos argivos que, j&oacute;venes a&uacute;n, alcanzaron, como Tello, una muerte gloriosa, aunque no en defensa de su libertad y la de los suyos sino, literalmente, llamados por los dioses en el transcurso de unos ritos religiosos y luego de haber dado claras pruebas de amor filial.</p>      <p>En este punto Creso ya no aguant&oacute; m&aacute;s y le reclam&oacute; a Sol&oacute;n el que, a &eacute;l que pose&iacute;a tantas riquezas, no lo considerara entre los felices y no lo juzgara digno de figurar siquiera al lado de esos "hombres vulgares" que hab&iacute;a tra&iacute;do a ejemplo. Sol&oacute;n no se inmut&oacute; con la ira de su anfitri&oacute;n, antes bien, le record&oacute; que la fortuna es cambiante y que si, en alg&uacute;n momento, somos mimados por la suerte, en el instante siguiente todo puede haber sido trastocado: "La vida del hombre &iexcl;oh Creso&#33; -le dijo- es una serie de calamidades. En el d&iacute;a sois un monarca poderoso y rico, a quien obedecen muchos pueblos; pero no me atrevo a darte a&uacute;n ese nombre que ambicion&aacute;is, hasta que no sepa c&oacute;mo hab&eacute;is terminado el curso de vuestra vida" (1).</p>      <p>Para Sol&oacute;n no era posible que un mortal reuniese todos los bienes requeridos para ser feliz (entre los que mencionaba: disfrutar de buena salud, no tener dificultades, criar hijos honrados y ser de buena presencia) porque, de la misma manera que ning&uacute;n pa&iacute;s produce todo cuanto necesita "abundando de unas cosas y careciendo de otras", no existe un hombre capaz de producir todo lo bueno; y a&uacute;n as&iacute;, si lo hubiese reunido, no podr&iacute;a llamarse feliz "si despu&eacute;s no lograse una muerte pl&aacute;cida y agradable".</p>      <p>Cuenta Herodoto que Creso se despidi&oacute; de Sol&oacute;n consider&aacute;ndolo un ignorante que cifraba la felicidad no en los bienes actuales de un hombre, sino en el balance final de su vida.</p>      <p>Una frase de Sol&oacute;n resume, en el relato de Herodoto, la concepci&oacute;n que aquel ten&iacute;a de la felicidad m&aacute;s como un proceso en desarrollo a lo largo del ciclo vital humano que como un estado de &aacute;nimo fugaz presente en alg&uacute;n momento de ese mismo ciclo: "antes que alguien llegue al fin, conviene suspender el juicio y no llamarle feliz". "Suspender el juicio" (<i><font face="palatino Linotype">&#7952;&pi;&omicron;&chi;&#8053;</i></font>), fue una f&oacute;rmula muy utilizada por los griegos para significar que no era posible tomar una decisi&oacute;n racional a favor o en contra de un determinado asunto con base en la informaci&oacute;n disponible (m&aacute;s tarde los esc&eacute;pticos pirr&oacute;nicos transformar&iacute;an esta m&aacute;xima en la base de toda su filosof&iacute;a) (2). En el caso de la frase de Sol&oacute;n "suspender el juicio" viene a significar: "no puedo ni afirmar ni negar de alguien que haya sido feliz sino en el momento de su muerte".</p>      <p>Los t&eacute;rminos utilizados por Herodoto cada vez que en su relato Sol&oacute;n se refiere a la felicidad o a un hombre feliz son, respectivamente, <i>eudaimon&iacute;a</i> (<i><font face="palatino Linotype">&epsilon;&#965;&delta;&alpha;&iota;&micro;&omicron;&nu;&iota;&alpha;</i></font>) y <i>eud&aacute;imon</i> (<font face="palatino Linotype"><i>&epsilon;&#965;&delta;&alpha;&iota;&micro;&omicron;&nu;</i></font>). En griego cl&aacute;sico los conceptos de placer (<font face="palatino Linotype"><i>&#8053;&delta;&omicron;&nu;&#8053;</i></font>: hedon&eacute;), alegr&iacute;a (<font face="palatino Linotype"><i>&Chi;&alpha;&#961;&#8049;</i></font>: char&aacute;), compasi&oacute;n (<font face="palatino Linotype"><i>&epsilon;&lambda;&epsilon;&omicron;&#962;</i></font>: eleos), terror (<font face="palatino Linotype"><i>&Phi;&oacute;&beta;&omicron;&#962;</i></font>: fobos) y otros muchos para otras tantas emociones (<font face="palatino Linotype"><i>&pi;&alpha;&theta;&omicron;&#962;</i></font>: pathos), se utilizaban con sentidos bastante similares a los que les damos en la actualidad, pero no existe una correspondencia exacta de sentido, aunque s&iacute; hay afinidades innegables, entre los t&eacute;rminos <i>eudaimon&iacute;a</i> y <i>felicidad</i>. Uno de los aspectos m&aacute;s importantes en los que difieren es que el segundo es un t&eacute;rmino para designar una emoci&oacute;n, un estado mental, mientras que el primero designa una manera de estar y obrar en el mundo. Sin embargo, aunque el concepto de <i>eudaimon&iacute;a</i> parezca un poco dif&iacute;cil de equiparar al de <i>felicidad</i> existe, desde el punto de vista sem&aacute;ntico y etimol&oacute;gico, un sendero que los une.</p>      <p><i>Eudaimon&iacute;a</i> significa literalmente un buen <i>d&aacute;imon</i> (<font face="palatino Linotype"><i>&delta;&alpha;&iota;&micro;&omicron;&#957;</i></font>). Los <i>d&aacute;imones</i> eran dioses menores, una especie de demonios personales (en la actualidad dir&iacute;amos &aacute;ngeles de la guarda, ya que con el advenimiento del cristianismo el t&eacute;rmino <i>d&aacute;imon</i> y sus derivados pasaron a tener connotaciones negativas) ligados, uno a uno, a la vida de cada individuo desde su nacimiento. Para los griegos contempor&aacute;neos de Herodoto el <i>d&aacute;imon</i> individual determinaba, total o parcialmente, el devenir de cada persona, a tal grado que en ocasiones, sobre todo en la obra del propio Herodoto, parece confundirse con el destino (<font face="palatino Linotype"><i>&micro;&omicron;&iota;&#961;&alpha;</i></font>: moira) y con la suerte (<font face="palatino Linotype"><i>&tau;&#965;&chi;&eta;</i></font>: tyqu&eacute;). Sin embargo, el <i>d&aacute;imon</i> no era, de ninguna manera, un <i>alter ego</i>, ni se consideraba como una fuerza externa a la persona, sino como una parte fundamental del propio ser, al igual que el aspecto f&iacute;sico o el car&aacute;cter (3). El <i>d&aacute;imon</i> ven&iacute;a con cada persona al mundo y era, para poetas como Teognis, historiadores como Herodoto y, en general, para los griegos de su tiempo, inmodificable. Eric Dodds advierte en <i>Los Griegos y lo Irracional</i> que Her&aacute;clito se opuso a esta superstici&oacute;n con denuedo, ense&ntilde;ando, sin el menor &eacute;xito, que "el car&aacute;cter de un hombre es su destino".</p>      <p>Para Herodoto y sus contempor&aacute;neos, los seres humanos llegamos a ser lo que somos debido a los designios de nuestro <i>d&aacute;imon</i>, incluso aunque en apariencia percibamos que nuestra voluntad, nuestro car&aacute;cter o nuestras caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas tienen alg&uacute;n influjo sobre nuestros logros. Por ello, aquel que alcance en la vida las mayores bondades que un hombre pueda desear, es indudable que tiene un buen <i>d&aacute;imon</i> y, por tanto, recibir&aacute; el calificativo de <i>eud&aacute;imon</i>. Seguramente, en los t&eacute;rminos de Sol&oacute;n, alguien as&iacute; alcanzar&aacute; la <i>eudaimon&iacute;a</i> si logra, adem&aacute;s, una muerte gloriosa o si, al menos, antes de la muerte su condici&oacute;n de <i>eud&aacute;imon</i> no se ve trastornada por los avatares de la fortuna.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para la &eacute;poca de S&oacute;crates ya nadie cre&iacute;a en el <i>d&aacute;imon</i>, a no ser para referirse a algo as&iacute; como la voz de la conciencia ("Est&aacute; conmigo desde ni&ntilde;o -dice S&oacute;crates en la Apolog&iacute;a refiri&eacute;ndose a su <i>d&aacute;imon</i>- tiene forma de voz y, cuando se manifiesta, siempre me disuade de lo que voy a hacer, jam&aacute;s me incita") (4). Sin embargo, el nombre de <i>eudaimon&iacute;a</i> hab&iacute;a quedado para referirse, no a la felicidad como la concebimos actualmente, sino a una vida vivida de tal manera que respond&iacute;a en la pr&aacute;ctica a la pregunta socr&aacute;tica fundamental: &iquest;C&oacute;mo debemos vivir nuestras vidas? ("Despu&eacute;s de todo -le hab&iacute;a dicho S&oacute;crates a Tras&iacute;maco en el primer libro de La Rep&uacute;blica- nuestra discusi&oacute;n no es acerca de algo de importancia menor, sino acerca de c&oacute;mo debemos vivir nuestras vidas") (5).</p>      <p>Sin lugar a dudas, S&oacute;crates, el m&aacute;s sabio de los hombres seg&uacute;n el or&aacute;culo de Delfos (6), sab&iacute;a la respuesta: en el Crit&oacute;n, a punto ya de beber la cicuta, sus amigos le ofrecen ayuda para que escape de la prisi&oacute;n y se salve de morir, pero la respuesta de S&oacute;crates, absolutamente coherente con lo que ha sido hasta el momento su vida, es al mismo tiempo mortal para &eacute;l: "No es vivir, sino vivir una vida buena lo que debemos considerar m&aacute;s importante"(7). Pero &iquest;qu&eacute; es una vida buena?.</p>      <p>En su <i>&Eacute;tica a Nic&oacute;maco</i>, Arist&oacute;teles comienza por decir que todo el mundo est&aacute; de acuerdo en que el mayor bien en la vida de un ser humano ("puesto que todo conocimiento y toda elecci&oacute;n tienden a alg&uacute;n bien") es la felicidad (<i>eudaimon&iacute;a</i>), aunque nadie se ponga de acuerdo sobre qu&eacute; es exactamente ser feliz: "acerca de qu&eacute; es la felicidad, dudan y no lo explican del mismo modo el vulgo y los sabios &#91;...&#93; a menudo, incluso, una misma persona opina cosas distintas: si est&aacute; enfermo, la salud; si es pobre, la riqueza". Sin embargo, a pesar de las diferencias, existe para Arist&oacute;teles un aspecto com&uacute;n a todas las situaciones calificadas de felices (<i>eud&aacute;imon</i>): todos los seres humanos, hombres del com&uacute;n a la par que los sabios, "admiten que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz (<i>eud&aacute;imon</i>)" (8).</p>      <p>Arist&oacute;teles se da entonces a la tarea de indagar qu&eacute; se quiere decir exactamente cuando se habla de ser feliz (<i>eud&aacute;imon</i>) como sin&oacute;nimo de una vida buena. Ya en su <i>&Eacute;tica Eudemia</i> (considerada por muchos no s&oacute;lo una obra previa a la <i>&Eacute;tica Nicomaquea</i> sino tambi&eacute;n un esbozo de &eacute;sta) (9) tambi&eacute;n se hab&iacute;a preguntado Arist&oacute;teles por la definici&oacute;n de felicidad e, incapaz de establecerla a partir de la opini&oacute;n del com&uacute;n de la gente, hab&iacute;a decidido preguntarle a los sabios (10). Punto por punto, a partir de las respuestas que sobre la <i>felicidad</i> otros sabios han dado en sus escritos o con su ejemplo, va descartando como fuente indudable de la <i>eudaimon&iacute;a</i> el placer, los honores, las riquezas, los puestos de mando, la gloria, etc. para llegar a la propia conclusi&oacute;n de que lo &uacute;nico que nos hace verdaderamente felices es la virtud (<font face="palatino Linotype"><i>&alpha;&rho;&epsilon;&tau;&#8053;</i></font>: aret&eacute;). Todo lo dem&aacute;s son s&oacute;lo medios para alcanzar la <i>eudaimon&iacute;a</i> o, en el peor de los casos, meros simulacros ef&iacute;meros de supuesta felicidad. Podr&iacute;amos sintetizar la visi&oacute;n de Arist&oacute;teles sobre este punto diciendo en castellano llano que no es lo mismo la vida buena que una buena vida.</p>      <p>Tampoco <i>aret&eacute;</i>, aunque la traduzcamos casi siempre como virtud, tiene un equivalente preciso en castellano, pues el t&eacute;rmino recibi&oacute; m&aacute;s tarde el influjo del cristianismo y no ha llegado hasta nosotros con el mismo sentido que ten&iacute;a para los griegos. Para los contempor&aacute;neos de Arist&oacute;teles la <i>aret&eacute;</i> consist&iacute;a en el cumplimiento pleno de una funci&oacute;n (<font face="palatino Linotype"><i>&epsilon;&rho;&gamma;&omicron;&#957;</i></font>: erg&oacute;n): la <i>aret&eacute;</i> de un constructor naval ser&iacute;a un buen barco; la de un buen estratega, la victoria; la de un buen m&eacute;dico, la salud de sus pacientes. Tambi&eacute;n para Arist&oacute;teles la <i>aret&eacute;</i> es, siempre, el resultado (<font face="palatino Linotype"><i>&tau;&#941;&lambda;&omicron;&#962;</i></font>: telos) de un prop&oacute;sito; la finalidad, el objetivo, del desarrollo de una funci&oacute;n.</p>      <p>Pero si lo que nos hace verdaderamente felices es la <i>aret&eacute;</i> y toda <i>aret&eacute;</i> consiste en una actividad dirigida al cumplimiento pleno de una funci&oacute;n &iquest;Cu&aacute;l es, entonces, -se pregunta Arist&oacute;teles- la funci&oacute;n de un ser humano? (11) &iquest;Cu&aacute;l es el objetivo de sus actividades como ser humano? &iquest;Qu&eacute; es lo que nos hace m&aacute;s humanos?. En <i>De Anima</i> (<i>Sobre el Alma</i>), para explicar que el alma (<font face="palatino Linotype"><i>&psi;&#965;&chi;&eta;</i></font>: psych&eacute;) no es otra cosa que la funci&oacute;n de un ser vivo, hab&iacute;a afirmado Arist&oacute;teles que "si el ojo fuera un animal, su alma ser&iacute;a la vista" (12). Este breve ejemplo basta para comprender qu&eacute; lejos estamos de entender el concepto griego de <i>psych&eacute;</i> cuando lo traducimos al castellano como <i>alma</i>. Para Arist&oacute;teles todos los seres vivos, vegetales y animales, estamos dotados de alma, de tal manera que psych&eacute; es un concepto m&aacute;s af&iacute;n al concepto de vida (<font face="palatino Linotype"><i>&beta;&#8055;&omicron;&#962;</i></font>: bios) que al de esp&iacute;ritu (<font face="palatino Linotype"><i>&pi;&nu;&epsilon;&#965;&micro;&alpha;</i></font>: pneuma) con el que pas&oacute; a nuestra cultura a partir de la influencia del Mitra&iacute;smo y de otros cultos mist&eacute;ricos que acompa&ntilde;aron el nacimiento del Cristianismo (13). Para Arist&oacute;teles "la palabra vivir hace referencia a m&uacute;ltiples operaciones" (14) y el alma humana participa de todas ellas puesto que tiene, para &eacute;l, tres aspectos: uno nutritivo similar al de los vegetales (asimilar nutrientes y crecer), otro sensitivo similar al de los animales (moverse y percibir el medio) y, finalmente, uno intelectivo, el <i>logos</i> (<font face="palatino Linotype"><i>&lambda;&omicron;&gamma;&omicron;&#962;</i></font>: t&eacute;rmino que puede ser traducido indistintamente como palabra o como raz&oacute;n) que es el que nos hace humanos. La funci&oacute;n fundamental del ser humano, lo que nos hace verdaderamente humanos, es el logos, por tanto nuestra <i>aret&eacute;</i> como seres humanos es llevar el logos, la raz&oacute;n, a su m&aacute;s pleno desarrollo.</p>      <p>As&iacute; que, de acuerdo con Arist&oacute;teles, si a lo largo de nuestra vida ejercitamos la raz&oacute;n y obramos siempre de acuerdo con &eacute;sta (para Arist&oacute;teles las acciones humanas ya no son, como entre sus antepasados, simples movimientos de aut&oacute;mata decretados por el <i>d&aacute;imon</i>), tendremos necesariamente que hacer ejercicio de las virtudes (<i>aret&eacute;</i>) esencialmente humanas derivadas del <i>logos</i>. Estas son dos, la sabidur&iacute;a (<font face="palatino Linotype"><i>&Sigma;&omicron;&phi;&#8055;&alpha;</i></font>: sof&iacute;a) y la prudencia (<font face="palatino Linotype"><i>&phi;&rho;&oacute;&#957;&eta;&sigma;&iota;&#962;</i></font>: fronesis): la primera nos permite conocer c&oacute;mo es el mundo, mientras que la segunda es una especie de sabidur&iacute;a pr&aacute;ctica que nos permite saber c&oacute;mo actuar en el mundo, c&oacute;mo inducir cambios en &eacute;l mediante los medios correctos que nos permitan alcanzar la <i>eudaimon&iacute;a</i> (15).</p>      <p>Arist&oacute;teles, al igual que Herodoto, acepta que la <i>eudaimon&iacute;a</i> no es tarea de un d&iacute;a ("Pues la felicidad requiere, como dijimos, una virtud perfecta y una vida entera") (16), pero no est&aacute; de acuerdo con el <i>dictum</i> de Sol&oacute;n transcrito por Herodoto, ya que, "si es menester ver el fin -dice Arist&oacute;teles- y juzgar entonces venturoso a cada uno no por lo que sea en ese momento, sino por lo que fue antes, &iquest;c&oacute;mo no ser&aacute; absurdo que cuando uno es feliz (<i>eud&aacute;imon</i>) no se reconozca como verdad la felicidad (<i>eudaimon&iacute;a</i>) &#91;...&#93; a causa de las mudanzas de las cosas?". Es decir: la felicidad es una actividad, un proceso (<font face="palatino Linotype"><i>&#7952;&nu;&#941;&rho;&gamma;&epsilon;&iota;&alpha;</i></font>: energeia), no un sentimiento en la mente, una emoci&oacute;n (<font face="palatino Linotype"><i>&pi;&#8049;&theta;&omicron;&sigmaf;</i></font>) generada por los giros incesantes de las vicisitudes de la fortuna, por tanto, el hombre verdaderamente <i>eud&aacute;imon</i> no puede ser un camale&oacute;n que cambia cada vez que circunstancias ajenas a &eacute;l modifican su situaci&oacute;n en el mundo: "en modo alguno se deben seguir las vicisitudes de la fortuna &#91;para determinar qui&eacute;n es <i>eud&aacute;imon</i> y quien no&#93;; porque, aunque la vida humana necesita de ellas, las que determinan la felicidad (<i>eudaimon&iacute;a</i>) son las actividades de acuerdo con la virtud (<i>aret&eacute;</i>)" (17). Para Arist&oacute;teles, el ejercicio permanente de la raz&oacute;n (<i>logos</i>) nos llevar&aacute; a la excelencia (<i>aret&eacute;</i>) y har&aacute; que como seres humanos alcancemos la <i>eudaimon&iacute;a</i> y que seamos llamados <i>eud&aacute;imon</i> en todo momento, en cualquier circunstancia, incluso en la terrible circunstancia de la propia muerte.</p>      <p>Las ense&ntilde;anzas de Arist&oacute;teles han sobrevivido m&aacute;s de veintitr&eacute;s siglos a su creador. Primero en la escuela peripat&eacute;tica, luego entre los autores latinos (que utilizaban no el Lat&iacute;n sino el griego como <i>lingua franca</i> en los c&iacute;rculos intelectuales del vasto imperio) y, despu&eacute;s, siempre en griego, entre los neoplat&oacute;nicos (incluyendo neoplat&oacute;nicos cristianizados como Agust&iacute;n de Hipona). Con la ca&iacute;da del Imperio Romano de Occidente la tradici&oacute;n aristot&eacute;lica se preserv&oacute; en Bizancio, de donde pas&oacute; a Siria en donde sus obras fueron traducidas al sir&iacute;aco y posteriormente al &aacute;rabe, difundi&eacute;ndose ampliamente entre los estudiosos &aacute;rabes durante los largos a&ntilde;os del medioevo. En Europa occidental los escritos de Arist&oacute;teles s&oacute;lo se conocieron, inicialmente, en comentarios y traducciones fragmentarias al Lat&iacute;n, sobre todo de los libros de l&oacute;gica, hechas por Boecio (480-524 EC), Casiodoro (490-585 EC) e Isidoro de Sevilla (570-636 EC) (18). Posteriormente, sobre todo en Espa&ntilde;a, hubo comentarios y traducciones al lat&iacute;n, tambi&eacute;n fragmentarias, de las obras de Arist&oacute;teles, todas derivadas de las fuentes &aacute;rabes y por tanto traducciones de las traducciones &aacute;rabes del griego o del sir&iacute;aco. La primera traducci&oacute;n de la <i>&Eacute;tica Nicomaquea</i> al Lat&iacute;n se debe a un traductor an&oacute;nimo del siglo XII y solo inclu&iacute;a los libros II y III. A partir del siglo XIII, con la cuarta cruzada y la ca&iacute;da transitoria de Bizancio en manos de los cruzados entre 1204 y 1261, fue posible para la Europa occidental reencontrar a Arist&oacute;teles en los textos originales griegos. La primera traducci&oacute;n completa de la <i>&Eacute;tica Nicomaquea</i> al Lat&iacute;n se debe a Roberto Grosseteste y data de 1246, pero la m&aacute;s difundida fue una revisi&oacute;n de esta traducci&oacute;n hecha por Guillermo de Moerbeke hacia 1260 (19).</p>      <p>A estos primeros traductores de la <i>&Eacute;tica Nicomaquea</i> del griego al lat&iacute;n no les fue f&aacute;cil encontrar un t&eacute;rmino latino para traducir el t&eacute;rmino griego <i>eudaimon&iacute;a</i>. Seguramente despu&eacute;s de varias pruebas dieron con el t&eacute;rmino latino <i>felicitas</i>, que significa en general: suerte, buena fortuna y, obviamente, felicidad. <i>Felicitas</i>, a su vez, se deriva del adjetivo latino <i>felix</i> que se aplica a todo aquello que es f&eacute;rtil, fruct&iacute;fero, en especial a un terreno bien cultivado, pero tambi&eacute;n, por extensi&oacute;n, a una vida bien cultivada (20). Obviamente, <i>felicitas</i> no captura el sentido espec&iacute;fico que un griego como Arist&oacute;teles pod&iacute;a darle a <i>eudaimon&iacute;a</i>, pero, por forzada que parezca la equivalencia, hacer corresponder una vida guiada de acuerdo con un buen <i>d&aacute;imon</i> personal con una vida bien cultivada, habla muy bien del esfuerzo de los traductores por encontrar paralelismos lo m&aacute;s cercanos posibles, aunque en cada caso provinieran de met&aacute;foras muy diferentes sobre el desarrollo de la vida humana.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El t&eacute;rmino castellano <i>felicidad</i> se deriv&oacute; sin dificultad del <i>felicitas</i> latino. Pero de la misma manera que <i>felicitas</i> no recog&iacute;a de manera completa el sentido que <i>eudaimon&iacute;a</i> ten&iacute;a para los griegos, tampoco en este caso recogi&oacute; <i>felicidad</i> el mismo sentido que le daban los romanos a <i>felicitas</i> (y mucho menos el que le daban los griegos a <i>eudaimon&iacute;a</i>); de hecho, con el t&eacute;rmino <i>felicidad</i> se rompe el hilo conductor metaf&oacute;rico que un&iacute;a a <i>eudaimon&iacute;a</i> con <i>felicitas</i>. Seg&uacute;n el Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola (DRAE), en su vig&eacute;simosegunda edici&oacute;n, la palabra <i>felicidad</i> en castellano se refiere a un estado de &aacute;nimo, esto es, a un estado de la mente, a una emoci&oacute;n: "Felicidad 1. f. Estado del &aacute;nimo que se complace en la posesi&oacute;n de un bien" (21). La pr&oacute;xima edici&oacute;n del DRAE planea una enmienda en la definici&oacute;n de <i>felicidad</i> d&aacute;ndole al t&eacute;rmino una connotaci&oacute;n no s&oacute;lo emocional sino tambi&eacute;n corporal: "1. f. Estado de grata satisfacci&oacute;n espiritual y f&iacute;sica" (22), pero aunque desaparece el &eacute;nfasis exclusivo en lo emocional insiste de manera machacona en la idea de que se trata de un estado, de un momento en el decurso de la vida humana y no de un proceso tendiente hacia un fin, de una actividad con un prop&oacute;sito, como en los t&eacute;rminos griego y latino.</p>      <p>Incluso aunque trat&aacute;semos de no dejarnos influir por las definiciones del DRAE, es indudable que, como cuando decimos "me siento feliz hoy", nuestra concepci&oacute;n actual de <i>felicidad</i> es puramente emocional, en agudo contraste con la concepci&oacute;n griega y latina de <i>eudaimon&iacute;a</i> y <i>felicitas</i> que bien poco le deben a estados pasajeros del &aacute;nimo. Cuando Arist&oacute;teles llev&oacute; a cabo su indagaci&oacute;n de filosof&iacute;a pr&aacute;ctica sobre la <i>eudaimon&iacute;a</i> estaba lejos de interesarse por el sentido subjetivo de "sentirse alegre" o de "estar contento" (frases cuyos usos en la actualidad resultan indistinguibles de "ser felices") y, muy por el contrario, trataba de establecer cu&aacute;les eran las condiciones requeridas para que una persona fuera llamada <i>eud&aacute;imon</i> (hasta encontrarlas: que construyera activamente su vida desarrollando al m&aacute;ximo las facultades humanas derivadas de la raz&oacute;n, sin olvidar que para lograrlo tambi&eacute;n es necesario encausar los aspectos vegetativo y sensitivo de la <i>psych&eacute;</i> humana).</p>      <p>Dado que el t&eacute;rmino <i>felicidad</i> se funde y se confunde, al menos en nuestra cultura, con los conceptos de placer y alegr&iacute;a, son muchas las voces que se han unido en pro del prop&oacute;sito de no traducir nunca jam&aacute;s ni <i>eudaimon&iacute;a</i> ni <i>felicitas</i> como <i>felicidad</i>, sino m&aacute;s bien como "florecimiento humano" o "posibilidad de fructificar" o "bienestar", t&eacute;rminos que capturan mejor que <i>felicidad</i> los sentidos activo y objetivo de <i>eudaimon&iacute;a</i> y de <i>felicitas</i> (23).</p>      <p>Advierto ya al final de estos comentarios sobre la <i>eudaimon&iacute;a</i>, que he sido demasiado insistente en mostrar de qu&eacute; manera Arist&oacute;teles la desliga de emociones como el placer y la alegr&iacute;a en un sentido positivo, o del dolor y la tristeza en un sentido negativo; a tal grado que podr&iacute;a llevar al lector a pensar que Arist&oacute;teles es un enemigo ac&eacute;rrimo de las pasiones o un tipo aburrido incapaz de buscar y encontrar alegr&iacute;a en las cosas sencillas de la vida cotidiana. Lejos de eso, Arist&oacute;teles fue un ser humano completo (y complejo), apasionado como el que m&aacute;s, con esposa, hijos, asuntos econ&oacute;micos qu&eacute; atender, inmerso (con la altura que en todos sus actos lo caracteriz&oacute;) en los conflictos pol&iacute;ticos de su tiempo; el punto es que, y en ello hay que darle la raz&oacute;n, no es posible edificar una teor&iacute;a pol&iacute;tica (sobre los deberes que como ciudadanos tenemos los unos con los otros para que cada uno pueda encontrar la mejor posibilidad de florecer en la ciudad) ni una teor&iacute;a &eacute;tica (sobre c&oacute;mo debemos vivir la vida) que tengan posibilidades de funcionar en la pr&aacute;ctica, a partir de elementos tan ef&iacute;meros como las pasiones.</p>      <p>El propio Arist&oacute;teles ten&iacute;a presente que al interior de su indagaci&oacute;n filos&oacute;fica exist&iacute;a una subdivisi&oacute;n insoslayable que se reflejaba claramente en sus obras escritas: de un lado las que el denominaba de car&aacute;cter te&oacute;rico (<font face="palatino Linotype"><i>&theta;&epsilon;&omega;&rho;&#8055;&alpha;</i></font>: theor&iacute;a), en las que inclu&iacute;a todos sus escritos de l&oacute;gica y sus tratados sobre f&iacute;sica y metaf&iacute;sica al tiempo que sus estudios de ciencias naturales, y del otro las de car&aacute;cter pr&aacute;ctico (<font face="palatino Linotype"><i>&pi;&rho;&#8118;&xi;&iota;&#962;</i></font>: praxis), entre las que inclu&iacute;a todos sus escritos sobre &eacute;tica y pol&iacute;tica. Que &eacute;l era consciente de dicha divisi&oacute;n lo deja en claro cuando refiri&eacute;ndose en la <i>&Eacute;tica Nicomaquea</i> al propio texto de la <i>&Eacute;tica Nicomaquea</i> dice que "el presente tratado no es te&oacute;rico como los otros, pues no investigamos para saber qu&eacute; es la virtud, sino para ser buenos, ya que en otro caso ser&iacute;a totalmente in&uacute;til" (24). Para Arist&oacute;teles la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica no es un mero ejercicio especulativo sino que tiene que producir un cambio real en nuestras vidas.</p>      <p>Ser&iacute;a de esperar que quien dedic&oacute; una buena parte de su obra (la que el propio Arist&oacute;teles denomin&oacute; filosof&iacute;a pr&aacute;ctica) a indagar sobre c&oacute;mo vivir una vida que valiese la pena vivirse, una vida buena, hubiera dedicado al menos unos p&aacute;rrafos a hablar de una muerte buena, pero el tema brilla por su ausencia en la obra de Arist&oacute;teles. El lector buscar&aacute; en vano una menci&oacute;n siquiera de Arist&oacute;teles que se aproxime a la idea que esgrime Sol&oacute;n de una muerte buena: defendiendo la polis o llamado por los dioses. En general, cuando Arist&oacute;teles se refiere a la muerte lo hace en sus escritos de filosof&iacute;a te&oacute;rica y m&aacute;s precisamente en dos tratados que en la actualidad calificar&iacute;amos de tratados de ciencias naturales: el primero se llama <i>De la Longevidad y de la Brevedad de la Vida</i> y el segundo <i>De la Juventud y de la Vejez, de la Vida y de la Muerte y de la Respiraci&oacute;n</i> (25). En ellos nos da su versi&oacute;n de c&oacute;mo y por qu&eacute; mueren los animales, nunca se refiere a c&oacute;mo deber&iacute;amos morir. La &uacute;nica referencia a la muerte en la <i>&Eacute;tica Nicomaquea</i> tiene lugar en el s&eacute;ptimo cap&iacute;tulo del libro III, dedicado a la valent&iacute;a, en donde se opone al suicidio como salida a una situaci&oacute;n dif&iacute;cil por considerarlo un acto de cobard&iacute;a: "Pero el morir por huir de la pobreza o del amor o de algo doloroso, no es propio del valiente sino m&aacute;s bien del cobarde, porque es blandura rehuir lo que es penoso, y no sufre la muerte por ser noble, sino por rehuir del mal" (26).</p>         <p>Cabe obviamente la posibilidad de que en alg&uacute;n tratado Aristoteles se haya referido al problema de la muerte buena desde una perspectiva no te&oacute;rica sino pr&aacute;ctica, pero que ese tratado o el fragmento concerniente no hayan sobrevivido al paso del tiempo. Si nos basamos en las referencias que autores contempor&aacute;neos de Arist&oacute;teles hicieron a sus obras o en los cat&aacute;logos que han llegado hasta nosotros de bibliotecas de la &eacute;poca sabemos que en la actualidad s&oacute;lo tenemos acceso a una quinta parte de cuanto escribi&oacute; (27). De hecho, ninguno de los Di&aacute;logos aristot&eacute;licos ha sobrevivido y pr&aacute;cticamente todos los escritos aristot&eacute;licos que public&oacute; en vida se han perdido. &Eacute;l mismo denomin&oacute; <i>exot&eacute;ricos</i> (<font face="palatino Linotype"><i>&#7952;&chi;&omega;&tau;&epsilon;&rho;&iota;x&oacute;&#962;</i></font>: externo, p&uacute;blico) a sus escritos literariamente bien pulidos destinados a la publicaci&oacute;n, para diferenciarlos de los que llam&oacute; <i>esot&eacute;ricos</i> (<font face="palatino Linotype"><i>&#7952;&sigma;&omega;&tau;&epsilon;&rho;&iota;x&oacute;&#962;</i></font>: interno, secreto) que correspond&iacute;an a esbozos de obras a&uacute;n por desarrollar en su aspecto literario, notas para dictar conferencias y clases, apuntes de disc&iacute;pulos avanzados que asist&iacute;an a sus charlas y que, por tanto, s&oacute;lo podr&iacute;an explicarse bien en forma oral, raz&oacute;n por la cual tambi&eacute;n los llam&oacute; <i>acroam&aacute;ticos</i> (de <font face="palatino Linotype"><i>&alpha;&chi;&rho;&omicron;&alpha;&micro;&alpha;</i></font>: lo que se escucha) (28). Quiz&aacute;s gracias al celo de sus disc&iacute;pulos por guardar las ense&ntilde;anzas del maestro, s&oacute;lo tenemos acceso hoy a los escritos aristot&eacute;licos de car&aacute;cter esot&eacute;rico o acroam&aacute;tico, vedados en tiempos de Arist&oacute;teles al p&uacute;blico general. De ah&iacute; el aspecto rudo y fragmentario que siempre se le ha criticado a Arist&oacute;teles, que contrasta con los comentarios de quienes leyeron sus escritos exot&eacute;ricos y dieron fe de un estilo literario excelso (Cicer&oacute;n calific&oacute; la prosa de los Di&aacute;logos aristot&eacute;licos de "r&iacute;o de oro") (29) que lamentablemente no podemos disfrutar de manera directa.</p>      <p>Aunque parezca demasiado pretencioso intentar corregir ese vac&iacute;o en el Arist&oacute;teles que ha llegado hasta nosotros, han sido muchos los intentos que se han hecho, desde perspectivas tanto aristot&eacute;licas como antiaristot&eacute;licas, de establecer una especie de canon con respecto a c&oacute;mo debemos abordar la propia muerte y la de quienes nos rodean, incluyendo la de nuestros familiares, nuestros amigos y nuestros pacientes y, por qu&eacute; no, la de todos nuestros cong&eacute;neres (&iquest;cabr&iacute;a tambi&eacute;n aqu&iacute;, de la misma manera que al hablar de la vida buena y de la buena vida, establecer una diferenciaci&oacute;n entre una muerte buena y una buena muerte?). El problema es que, como nos ense&ntilde;&oacute; Arist&oacute;teles, carece de sentido hablar de una filosof&iacute;a pr&aacute;ctica que no se practica, ser&iacute;a en realidad teor&iacute;a pura bajo un nombre travestido. Quiz&aacute;s habr&iacute;a que terminar por decir que de la misma manera que la vida buena (la <i>eudaimon&iacute;a</i>) s&oacute;lo puede ser vivida por cada uno de nosotros de acuerdo con nuestras potencialidades y a partir de nuestras propias decisiones, tambi&eacute;n nuestra propia muerte es un proceso que nos ata&ntilde;e individualmente y sobre el que tendr&iacute;amos que tomar con mayor conciencia decisiones aut&oacute;nomas anticipadas.</p>      <p>Sin lugar a dudas no somos dioses y no podemos cambiar nuestro destino hacia la muerte inevitable (incluso aunque lo fu&eacute;semos, Herodoto nos recuerda que, seg&uacute;n el or&aacute;culo de Delfos, "el destino ni los dioses lo pueden cambiar") (30), pero en ocasiones la vida nos da la oportunidad, como m&eacute;dicos o como pacientes, de modificar la forma en que nos llega la muerte. Tambi&eacute;n esto tendr&iacute;a que contar, a pesar de Arist&oacute;teles pero sin llegar al extremo de Sol&oacute;n, en el nivel integral de <i>eudaimon&iacute;a</i>. Lo que en la actualidad llamamos Calidad de Vida tiene que ver, indudablemente, con las caracter&iacute;sticas, cualidades y calidad, que revista nuestra muerte.</p>      <p>El t&eacute;rmino <i>agon&iacute;a</i> en castellano se deriva, junto con sus equivalentes en otras lenguas romances e incluso anglosajonas, del griego <font face="palatino Linotype"><i>&alpha;&gamma;&omicron;&#957;</i></font> (ag&oacute;n): lucha, combate, batalla, y se refiere al proceso final mediante el cual en muchos casos abandonamos la vida. La met&aacute;fora del combate era obvia desde los griegos cl&aacute;sicos, aunque en muchos casos no resulta claro si quien est&aacute; pr&oacute;ximo a morir lucha por aferrarse a la vida o por partir. El caso es que, desde antiguo, desde que tenemos acceso a medicamentos potentes para el alivio del dolor, existe la posibilidad de aliviar esa lucha. En la actualidad, gracias a los avances t&eacute;cnico cient&iacute;ficos, las posibilidades terap&eacute;uticas que pueden emplearse con &eacute;xito en dicho alivio se han multiplicado. Un ejemplo claro de ello aparece en uno de los casos cl&iacute;nicos de la presente edici&oacute;n de Acta M&eacute;dica Colombiana (31).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se suele citar en el refranero m&eacute;dico un aforismo que se considera el ep&iacute;tome de la vocaci&oacute;n del m&eacute;dico y de la enfermera con respecto al paciente: "Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre". Por lo general se le cita en franc&eacute;s ("<i>Gu&eacute;rir quelquefois, soulager souvent, consoler toujours</i>"), quiz&aacute;s por la creencia (err&oacute;nea) de que su autor fue Ambroise Par&eacute;. La m&aacute;xima tambi&eacute;n ha sido atribuida (de manera igualmente err&oacute;nea) a Hip&oacute;crates, a Florence Nightingale, a Louis Pasteur, a William Osler, a Edward Livingstone Trudeau y a Oliver Wendell Homes. Parece ser que la verdad es que no la dijo nadie o, por lo menos, nadie en particular, y que se trata de una de esas frases que se han ido gestando lentamente en el crisol del lenguaje vern&aacute;culo, evolucionando y cambiando mediante adiciones, sustracciones y modificaciones aqu&iacute; y all&aacute;, hasta alcanzar su forma m&aacute;s perfecta (32).</p>      <p>En la actualidad, el proverbio en cuesti&oacute;n se cita siempre que se quiere hacer &eacute;nfasis en el supuesto manto de olvido que los m&eacute;dicos hemos echado sobre la tercera parte de la frase: "consolar siempre". Ese olvido se atribuye, dependiendo de quien la cite, al abandono de los valores fundamentales de la pr&aacute;ctica profesional del m&eacute;dico &#91;los mismos que, sabiamente nos devela &Aacute;lvaro Toro en la presente edici&oacute;n de Acta M&eacute;dica Colombiana (33)&#93;, a las circunstancias socioecon&oacute;micas en las que nos a tocado ejercer la medicina en estos tiempos de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica gerenciada, a la despersonalizaci&oacute;n del trato entre los seres humanos en esta &eacute;poca de maquinizaci&oacute;n, automatizaci&oacute;n y realidad virtual. Yo creo que ese olvido no es cierto y que constituye m&aacute;s una excepci&oacute;n que una regla, pero que las excepciones, amplificadas de manera exagerada por la subcultura medi&aacute;tica, han dado lugar a una especie de mito urbano al respecto. Sea como fuere, quisiera hacer &eacute;nfasis en que, incluso con lo maravilloso del consuelo, incluso con los efectos cuasi taumat&uacute;rgicos que pueden traer la palabra y el acompa&ntilde;amiento emp&aacute;tico sobre el sufrimiento emocional de nuestros pacientes, resulta bien dif&iacute;cil consolar en medio del dolor f&iacute;sico. Por ello, debemos siempre disponer para nuestros pacientes, incluso o sobre todo si no es posible curarlos, el m&aacute;ximo de recursos tendientes al alivio del dolor. La Medicina Interna de nuestra &eacute;poca y en nuestro pa&iacute;s, dispone del <i>armamentarium</i> suficiente para transformar el aforismo antedicho (incluso aunque Arist&oacute;teles se opusiera -cosa que no creo- por considerar de cobardes buscar alivio al dolor) en: "Curar a veces, aliviar siempre, consolar siempre".</p>  <hr>  <font size=3>    <p><b>Referencias</b></p></font>      <!-- ref --><p>1. Herodoto. Los Nueve Libros de la Historia. 1, LXXXVI. Pou B (Traductor). Novena Edici&oacute;n. Madrid: Editorial EDAF; 2007: pp 52-55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S0120-2448201100010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Ferrater-Mora J. Diccionario de Filosof&iacute;a. Quinta Edici&oacute;n. Buenos Aires: Editorial Sudamericana; 1964: pp 539-540.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-2448201100010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Dodds ER. Los Griegos y lo Irracional. Madrid: Alianza Editorial; 1997: p. 52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0120-2448201100010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Plat&oacute;n. Apolog&iacute;a de S&oacute;crates. 31d. Calonge-Ruiz J (Traductor). Barcelona: Editorial Gredos; 1993: pp 42-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-2448201100010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Plato. The Republic (Cambridge Texts in the History of Political Thought). 1:352d. Ferrari GRF (Editor), Griffith T(Translator). First edition. Cambridge: Cambridge University Press; 2000: p 34.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0120-2448201100010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Plat&oacute;n. Apolog&iacute;a de S&oacute;crates. 21a. Calonge-Ruiz J (Traductor). Barcelona: Editorial Gredos; 1993: p 26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0120-2448201100010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Plato. Crito. 48b. In: Defence of Socrates, Euthyphro, Crito (Oxford World's Classics). Gallop D (Translator). Oxford: Oxford University Press; 1997: p 70.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0120-2448201100010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Arist&oacute;teles. &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. 1095a. Ara&uacute;jo M, Mar&iacute;as J (Traductores). Octava Edici&oacute;n. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e Institucionales; 2002: pp 2-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-2448201100010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Kraut R. Aristotle's Ethics. In Edward N. Zalta (editor) <i>The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2010 Edition)</i>, URL =  <<a href="http://www.plato.stanford.edu/archives/sum2010/entries/aristotle-ethics/" target="_blank">http://www.plato.stanford.edu/archives/sum2010/entries/aristotle-ethics/</a>>. Consultada el 20-02-2011.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0120-2448201100010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. <i>Aristotle. Eudemian Ethics</i>: Books I, II, and VIII (Clarendon Aristotle Series). <i>I.3, 1214b29-1215a3. Woods M</i> (Translator). Second Edition. Oxford: Oxford University Press; 1992: <i>p 3</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-2448201100010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Arist&oacute;teles. &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. 1097b. Ara&uacute;jo M, Mar&iacute;as J (Traductores). Octava Edici&oacute;n. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e Institucionales; 2002: pp 7-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0120-2448201100010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Arist&oacute;teles. De Anima. 412 b 19. Traducci&oacute;n y notas de Tom&aacute;s Calvo Mart&iacute;nez. Barcelona: Editorial Gredos; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-2448201100010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Meyer M. The Mithras Liturgy. In A.J. Levine, Dale C. Allison, Jr., and John Dominic Crossan. The historical Jesus in context. New Jersey: Princeton University Press; 2006: pp 179-192.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0120-2448201100010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Arist&oacute;teles. De Anima. 413 a 22. Traducci&oacute;n y notas de Tom&aacute;s Calvo Mart&iacute;nez. Barcelona: Editorial Gredos; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-2448201100010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Arist&oacute;teles. &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. 1144a. Ara&uacute;jo M, Mar&iacute;as J (Traductores). Octava Edici&oacute;n. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e Institucionales; 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-2448201100010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Arist&oacute;teles. &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. 1100a. Ara&uacute;jo M, Mar&iacute;as J (Traductores). Octava Edici&oacute;n. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e Institucionales; 2002: pp 12-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-2448201100010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Arist&oacute;teles. &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. 1100a-1100b. Ara&uacute;jo M, Mar&iacute;as J (Traductores). Octava Edici&oacute;n. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e Institucionales; 2002: pp 13-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-2448201100010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Haldane J. History: medieval and Renaissance Philosophy of Mind. In Guttenpplan S (Editor). A companion to the philosophy of mind. Oxford; Blackwell Publishers; 1994: 333-338.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-2448201100010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Dod BG. Aristoteles latinus. In Kretzmann N, Kenny A, Pinborg J, Stump E (Editors). The Cambridge History of Later Medieval Philosophy: From the Rediscovery of Aristotle to the Disintegration of Scholasticism 1100-1600. Cambridge: Cambridge University Press; 1982: pp 45-79.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-2448201100010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Bl&aacute;nquez-Frayle A. Diccionario Latino-Espa&ntilde;ol. Barcelona: Editorial Ram&oacute;n Sopena;1961.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-2448201100010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Real Academia Espa&ntilde;ola. Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola. Vig&eacute;sima segunda Edici&oacute;n. Madrid: Espasa-Calpe; 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-2448201100010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Real Academia Espa&ntilde;ola. Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola. Avance de la Vig&eacute;sima tercera Edici&oacute;n <i>&#91;Internet&#93;. &#91;Citado el 3 de marzo de 2011&#93;. Disponible en</i>: <a href="http://www.buscon.rae.es/draeI/" target="_blank">http://www.buscon.rae.es/draeI/</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-2448201100010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Nussbaum M. The Therapy of Desire: Theory and Practice in Hellenistic Ethics. Princeton, NJ: Princeton UP; 1994: p 15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-2448201100010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Arist&oacute;teles. &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. 1103b. Ara&uacute;jo M, Mar&iacute;as J (Traductores). Octava Edici&oacute;n. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e Institucionales; 2002: p 20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-2448201100010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Arist&oacute;teles. Parva Naturalia. Serrano JA (Traductor). Primera Edici&oacute;n. Madrid: Alianza Editorial; 1993: pp 121-177.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-2448201100010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Arist&oacute;teles. &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. 1116a. Ara&uacute;jo M, Mar&iacute;as J (Traductores). Octava Edici&oacute;n. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e Institucionales; 2002: p 44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-2448201100010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Barnes J. Arist&oacute;teles. Segunda Edici&oacute;n. Madrid: Ediciones C&aacute;tedra; 1993: p 14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-2448201100010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Jaeger W. Arist&oacute;teles. Ga&oacute;s J (Traductor). Primera Edici&oacute;n. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica; 1997: pp 283-297.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-2448201100010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. D&uuml;ring I. Arist&oacute;teles: exposici&oacute;n e interpretaci&oacute;n de su pensamiento. Navarro B (Traductor). Segunda Edici&oacute;n. M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico; 1990: pp 74-75.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-2448201100010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Herodoto. Los Nueve Libros de la Historia. 1, XCI. Pou B (Traductor). Novena Edici&oacute;n. Madrid: Editorial EDAF; 2007: pp 84-85.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-2448201100010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Ram&iacute;rez LJ, Santacruz JG, Arteaga C. Analgesia epidural en dolor cr&oacute;nico oncol&oacute;gico refractario. <i>Acta Med Colomb</i> 2011; 36: 35-36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-2448201100010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Payne IM. Gu&eacute;rir quelquefois, soulager souvent, consoler toujours. <i>BMJ</i> 1967; 4: 47-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-2448201100010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Toro A. Consideraciones acerca de las cualidades del buen m&eacute;dico. <i>Acta Med Colomb</i> 2011; 36: 44-50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-2448201100010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Herodoto]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los Nueve Libros de la Historia. 1, LXXXVI]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Pou]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2007</year>
<edition>Novena</edition>
<page-range>52-55</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial EDAF]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ferrater-Mora]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Diccionario de Filosofía]]></source>
<year>1964</year>
<edition>Quinta</edition>
<page-range>539-540</page-range><publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Sudamericana]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dodds]]></surname>
<given-names><![CDATA[ER]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los Griegos y lo Irracional]]></source>
<year>1997</year>
<page-range>52</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza Editorial]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Platón]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Apología de Sócrates. 31d]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Calonge-Ruiz]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1993</year>
<page-range>42-43</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Plato]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Republic (Cambridge Texts in the History of Political Thought). 1:352d]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Ferrari]]></surname>
<given-names><![CDATA[GRF]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Griffith]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2000</year>
<edition>First</edition>
<page-range>34</page-range><publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Platón]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Apología de Sócrates. 21a]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Calonge-Ruiz]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1993</year>
<page-range>26</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Plato]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Crito. 48b]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Gallop]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Defence of Socrates, Euthyphro, Crito (Oxford World's Classics)]]></source>
<year>1997</year>
<page-range>70</page-range><publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ética a Nicómaco. 1095a]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Araújo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Marías]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2002</year>
<edition>Octava</edition>
<page-range>2-3</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Políticos e Institucionales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kraut]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Aristotle's Ethics]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Edward]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Zalta]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2010 Edition)]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristotle]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Eudemian Ethics: Books I, II, and VIII (Clarendon Aristotle Series). I.3, 1214b29-1215a3]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Woods]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1992</year>
<edition>Second</edition>
<page-range>3</page-range><publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ética a Nicómaco. 1097b]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Araújo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Marías]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2002</year>
<edition>Octava</edition>
<page-range>7-8</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Políticos e Institucionales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De Anima. 412 b 19]]></article-title>
<source><![CDATA[Traducción y notas de Tomás Calvo Martínez]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Meyer]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Mithras Liturgy]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Levine]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Dale]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Allison]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jr]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Dominic Crossan]]></surname>
<given-names><![CDATA[John]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The historical Jesus in context]]></source>
<year>2006</year>
<page-range>179-192</page-range><publisher-loc><![CDATA[New Jersey ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Princeton University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De Anima. 413 a 22]]></article-title>
<source><![CDATA[Traducción y notas de Tomás Calvo Martínez]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ética a Nicómaco. 1144a]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Araújo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Marías]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2002</year>
<edition>Octava</edition>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Políticos e Institucionales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<label>16</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ética a Nicómaco. 1100a]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Araújo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Marías]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2002</year>
<edition>Octava</edition>
<page-range>12-13</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Políticos e Institucionales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<label>17</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ética a Nicómaco. 1100a-1100b]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Araújo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Marías]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2002</year>
<edition>Octava</edition>
<page-range>13-14</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Políticos e Institucionales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<label>18</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Haldane]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[History: medieval and Renaissance Philosophy of Mind]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Guttenpplan]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A companion to the philosophy of mind]]></source>
<year>1994</year>
<page-range>333-338</page-range><publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Blackwell Publishers]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<label>19</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dod]]></surname>
<given-names><![CDATA[BG]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Aristoteles latinus]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Kretzmann]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Kenny]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pinborg]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Stump]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Cambridge History of Later Medieval Philosophy: From the Rediscovery of Aristotle to the Disintegration of Scholasticism 1100-1600]]></source>
<year>1982</year>
<page-range>45-79</page-range><publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<label>20</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Blánquez-Frayle]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Diccionario Latino-Español]]></source>
<year>1961</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Ramón Sopena]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<label>21</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>Real Academia Española</collab>
<source><![CDATA[Diccionario de la Lengua Española]]></source>
<year>2001</year>
<edition>Vigésima segunda</edition>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Espasa-Calpe]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<label>22</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>Real Academia Española</collab>
<source><![CDATA[Diccionario de la Lengua Española. Avance de la Vigésima tercera]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<label>23</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nussbaum]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Therapy of Desire: Theory and Practice in Hellenistic Ethics]]></source>
<year>1994</year>
<page-range>15</page-range><publisher-loc><![CDATA[Princeton ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Princeton UP]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<label>24</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ética a Nicómaco. 1103b]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Araújo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Marías]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2002</year>
<edition>Octava</edition>
<page-range>20</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Políticos e Institucionales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<label>25</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Parva Naturalia]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Serrano]]></surname>
<given-names><![CDATA[JA]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1993</year>
<edition>Primera</edition>
<page-range>121-177</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza Editorial]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<label>26</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ética a Nicómaco. 1116a]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Araújo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Marías]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2002</year>
<edition>Octava</edition>
<page-range>44</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Políticos e Institucionales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<label>27</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Barnes]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Aristóteles]]></source>
<year>1993</year>
<edition>Segunda</edition>
<page-range>14</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ediciones Cátedra]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<label>28</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Jaeger]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Aristóteles]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Gaós]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1997</year>
<edition>Primera</edition>
<page-range>283-297</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<label>29</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Düring]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Aristóteles: exposición e interpretación de su pensamiento]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Navarro]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1990</year>
<edition>Segunda</edition>
<page-range>74-75</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<label>30</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Herodoto]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los Nueve Libros de la Historia. 1, XCI]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Pou]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2007</year>
<edition>Novena</edition>
<page-range>84-85</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial EDAF]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<label>31</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ramírez]]></surname>
<given-names><![CDATA[LJ]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Santacruz]]></surname>
<given-names><![CDATA[JG]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Arteaga]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Analgesia epidural en dolor crónico oncológico refractario]]></article-title>
<source><![CDATA[Acta Med Colomb]]></source>
<year>2011</year>
<volume>36</volume>
<page-range>35-36</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<label>32</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Payne]]></surname>
<given-names><![CDATA[IM]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Guérir quelquefois, soulager souvent, consoler toujours]]></article-title>
<source><![CDATA[BMJ]]></source>
<year>1967</year>
<volume>4</volume>
<page-range>47-48</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<label>33</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Toro]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Consideraciones acerca de las cualidades del buen médico]]></article-title>
<source><![CDATA[Acta Med Colomb]]></source>
<year>2011</year>
<volume>36</volume>
<page-range>44-50</page-range></nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
