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<article-title xml:lang="es"><![CDATA["A caballo regalado" versus "Desconfío de los Griegos"]]></article-title>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA["Don't look a gift horse" versus "Beware of Greeks"]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p>Editorial</p>      <p align="center"><font size="4"><b>"A caballo regalado" <i>versus </i>"Desconf&iacute;o de los Griegos"</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>"Don't look a gift horse" <i>versus</i> "Beware of Greeks"</b></font></p>      <p align="center">Eugenio Matijasevic, Bogot&aacute;, D.C. (Colombia)</p>      <p>Dr. Eugenio Matijasevic: Editor General Acta M&eacute;dica Colombiana. Bogot&aacute;, D.C. Colombia. E-mail: <a href="mailto:eugenio.matijasevic@gmail.com">eugenio.matijasevic@gmail.com</a></p>      <p>Recibido: 15/VII/2013 Aceptado: 15/VII/2013</p>  <hr>      <p>El &uacute;ltimo d&iacute;a de la guerra de Troya, muertos ya Aquiles y H&eacute;ctor, amanecieron desiertas frente a la ciudad amurallada las playas del helesponto, sobre las que hab&iacute;an permanecido encalladas durante los diez largos a&ntilde;os de asedio las negras naves de los sitiadores. Solo un enorme caballo de madera parec&iacute;a observar la escena. Por primera vez en muchos a&ntilde;os las puertas de Troya se abrieron y los habitantes de la ciudad pudieron caminar por la playa y recorrer asombrados las incendiadas tiendas de campa&ntilde;a del ej&eacute;rcito de los D&aacute;naos (uno de los nombres colectivos, adem&aacute;s del de Argivos y Aqueos, con el que se designaba al conjunto de los pueblos griegos en la Edad Heroica) hasta llegar, m&aacute;s asombrados a&uacute;n, al lugar donde se ergu&iacute;a el enorme caballo.</p>      <p>Algunos quisieron quemarlo, otros averiguar lo que ten&iacute;a en sus entra&ntilde;as, pero prevaleci&oacute; la opini&oacute;n (que finalmente ser&iacute;a la perdici&oacute;n de Troya) de tumbar un sector de la muralla y llevar al caballo hasta la acr&oacute;polis de la ciudad como trofeo. Laoconte, sacerdote en el templo del dios del mar, al enterarse de lo sucedido, tuvo la certeza de que todo era un montaje y sali&oacute; de la ciudad en direcci&oacute;n a la playa rodeado por una multitud de seguidores para advertir a sus dem&aacute;s conciudadanos sobre la nueva estratagema dirigida a la ca&iacute;da de Troya. "&iexcl;Pobres ciudadanos!", los increp&oacute;: "&iquest;Qu&eacute; locura total se ha apoderado de ustedes? &iquest;Piensan que se han alejado los enemigos y les parece que puede estar exento de ardides un regalo de los D&aacute;naos? Tal parece que no conocen a Ulises". A continuaci&oacute;n les describi&oacute; las &uacute;nicas posibilidades concebibles con respecto a la raz&oacute;n de ser de ese extra&ntilde;o objeto dejado por los sitiadores antes de marcharse: o bien en el interior de su armaz&oacute;n de madera se escond&iacute;an soldados D&aacute;naos, o bien se trataba de un nuevo tipo de m&aacute;quina de guerra fabricada para destruir las murallas de Troya o, en cualquier caso, el regalo escond&iacute;a alg&uacute;n otro tipo de enga&ntilde;o. Luego arroj&oacute; una jabalina contra el vientre del caballo, pero el hueco sonido generado por el impacto denunci&oacute; sin &eacute;xito la carga mort&iacute;fera que albergaba en su interior. "&iexcl;Troyanos -termin&oacute; Laoconte-, sea lo que sea, desconfiad de este caballo! &iexcl;temo a los D&aacute;naos incluso cuando traen regalos!".</p>      <p>La historia de Laoconte, al igual que la del caballo, no se encuentra en La Il&iacute;ada, el paraje de la literatura que en apariencia le corresponder&iacute;a, pues &eacute;sta comienza con la ira de Aquiles ("Canta, oh diosa, la c&oacute;lera del Pelida Aquiles...") y termina con la devoluci&oacute;n del cad&aacute;ver de H&eacute;ctor a los Troyanos sin que llegue a&uacute;n el final de la guerra. Tampoco se encuentra en la Odisea, en donde se menciona el caballo de madera en tres ocasiones pero en ninguna de ellas se menciona a Laoconte. El relato aparece en el segundo libro de La Eneida, en boca del propio Eneas cuando, por petici&oacute;n de Dido, &eacute;ste relata los sucesos que rodearon la ca&iacute;da de Troya. La frase de Laoconte, referida por Eneas, llegar&iacute;a a transformarse en la Edad Media en un aforismo mencionado en aquellas situaciones en las que alguien que no es considerado un amigo hace ofertas de una amistad que no s&oacute;lo declara a voces sino que trata de confirmar con presentes desproporcionados a la supuesta amistad: <i>timeo D&aacute;naos et dona ferentes </i>("temo a los griegos incluso cuando traen regalos"). El aforismo pas&oacute; del lat&iacute;n culto al refranero de la mayor&iacute;a de idiomas europeos con ligeras variantes (como el <i>Beware of Greeks bearing gifts </i>de los anglosajones -literalmente "cuidado con los griegos que traen regalos"- o el <i>Ein Danaergeschenk </i>de los germanos -literalmente "un regalo D&aacute;nao"-). Por extra&ntilde;o que parezca, el refranero castellano nunca adopt&oacute; un proverbio siquiera parecido, por el contrario recomienda aceptar todos los regalos, vengan de donde vinieren, con su sentencia remolona de: "a caballo regalado no le mires el diente".</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, desde nuestra perspectiva actual de los regalos como instituci&oacute;n social, resulta extra&ntilde;o que Virgilio, a lo largo de su Eneida, asociara las palabras regalo, donaci&oacute;n o donantes en por lo menos seis ocasiones, incluyendo la sentencia de Laoconte, al suceso del caballo. No parece existir ninguna buena raz&oacute;n para considerar como un regalo al caballo de madera: en nuestra &eacute;poca no llamamos regalo a un objeto abandonado en un campo de batalla al final de una guerra de diez a&ntilde;os y mucho menos si sabemos o creemos saber que se trata de un ardid. La posibilidad de que Virgilio utilizara la palabra regalo con un sentido ir&oacute;nico queda descartada, porque en tal caso la frase que pone en boca de Laoconte perder&iacute;a toda su eficacia dram&aacute;tica: "temo a los griegos incluso cuando traen <i>regalos</i>", pronunciando <i>regalos </i>con tono ir&oacute;nico, carece de sentido &iquest;por qu&eacute; habr&iacute;a de temerlos en tal caso?.</p>      <p>Quiz&aacute; la explicaci&oacute;n de esa extra&ntilde;eza resida en que damos por sentado que, por la &eacute;poca en que Virgilio compuso La Eneida, la instituci&oacute;n social de los regalos en Roma era similar a nuestra instituci&oacute;n de los regalos o a la de los griegos de la Edad de Bronce que pelearon en la Guerra de Troya. Pero la realidad es que se trata de tres instituciones diferentes en sus manifestaciones externas y en su funci&oacute;n social, aunque sin olvidar que todas hunden sus ra&iacute;ces en la instituci&oacute;n de los regalos de la Edad de Piedra.</p>      <p>Es por ello que es posible encontrar similitudes y diferencias en las maneras culturales y en la funci&oacute;n social de los regalos entre &eacute;pocas tan diferentes, al tiempo que es posible entender por qu&eacute; en determinada &eacute;poca y en cierta cultura un caballo de madera abandonado en una playa es un regalo y quienes lo encuentran tienen opiniones divididas sobre si aceptar el regalo o destruirlo o sobre de qu&eacute; deidades se obtendr&iacute;an favores o perjuicios dependiendo de la conducta adoptada. Porque la frase de Laoconte, aunque creada en el momento culminante del desarrollo y expansi&oacute;n de la cultura romana, guarda relaci&oacute;n con la instituci&oacute;n de los regalos de la &eacute;poca de la Guerra de Troya, la Edad de Bronce, y con la de culturas anteriores, que se pueden retrotraer hasta la Edad de Piedra, en las que los regalos, sin poder dejar de ser recibidos, eran de alguna manera peligrosos.</p>      <p>En dichas culturas de la Edad de Piedra, estudiadas en la Polinesia y la Melanesia hace apenas entre uno y dos siglos (1), la instituci&oacute;n de los regalos precedi&oacute; incluso al trueque, a lo que llamar&iacute;amos un verdadero comercio de bienes. En el sistema de producci&oacute;n y en la cultura de la Edad de Piedra un regalo obliga: quien recibe un regalo est&aacute; en la obligaci&oacute;n de aceptarlo y, a su vez, est&aacute; en la obligaci&oacute;n de devolverlo acrecentado, dice Marcel Mauss, quiz&aacute; el estudioso m&aacute;s profundo de la instituci&oacute;n de los regalos desde el punto de vista de la sociolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a econ&oacute;mica (2). No se trata de devolver el mismo objeto u otro igual (eso ser&iacute;a un pr&eacute;stamo), se trata de conservar el <i>mana </i>(algo cercano al honor o al prestigio) asociado al objeto devolviendo un objeto mejor o un servicio que lo supere so pena de perder ese <i>mana</i>. Pero quiz&aacute;s el rasgo m&aacute;s interesante del don, como denomina Mauss en su an&aacute;lisis a la instituci&oacute;n de los regalos, sea el hecho de su aparente car&aacute;cter voluntario, libre y gratuito cuando en realidad se trata de algo forzado e interesado. El papel de un jefe y el prestigio de su clan, dice Mauss, est&aacute;n ligados a la puntualidad para devolver los dones recibidos y a la largueza de dicha devoluci&oacute;n. Esa largueza est&aacute; dirigida a transformar en obligado al donante que oblig&oacute; al primer receptor, a riesgo de desatar una guerra privada o p&uacute;blica en caso de incumplimiento (en la Edad de Piedra los regalos eran peligrosos), inmersos donante-receptor y receptor-donante en lo que Mauss denomina <i>Hecho Social Total</i>: una situaci&oacute;n social en la que se encuentran involucrados aspectos econ&oacute;micos, familiares, pol&iacute;ticos, militares, normativos, morales, jur&iacute;dicos y religiosos y en la que es imposible reducir (explicar) la coyuntura social con base en una sola de dichas dimensiones.</p>      <p>Aceptando que las culturas y los modelos econ&oacute;micos se desarrollan por fuerza de una manera y no de otra y siguen patrones m&aacute;s o menos definidos (3) habr&iacute;a que admitir que en las &eacute;pocas m&aacute;s antiguas del desarrollo social la instituci&oacute;n de los regalos ataba unas comunidades a otras, unos clanes a otros, unas familias a otras y unos individuos a otros con sus obligaciones y normas t&aacute;citas. Pero no se crea que es privilegio de &eacute;pocas pret&eacute;ritas, a pesar de nuestro desarrollo econ&oacute;mico, al igual que en las culturas menos desarrolladas, los regalos todav&iacute;a nos siguen atando, creando lazos, afianzando lazos, cumpliendo incluso una laudable funci&oacute;n en la cohesi&oacute;n social (las instituciones de la navidad, los cumplea&ntilde;os, incluso los distorsionados "d&iacute;as de..." de los comerciantes, hacen parte de esa instituci&oacute;n mayor: el don) en la medida en que indudablemente los regalos ayudan a afianzar los lazos afectivos y de integraci&oacute;n.</p>      <p>Pero no hay que olvidar que, al igual que en las sociedades primitivas de la edad de bronce de los guerreros que participaron en la Guerra de Troya hace unos tres milenios o en las de la edad de piedra de la Polinesia y la Melanesia de hace un par de siglos, tambi&eacute;n en nuestras sociedades, supuestamente m&aacute;s desarrolladas, los regalos tambi&eacute;n sirven para perpetuar lazos nada amables e incluso m&aacute;s duraderos e indestructibles que los afectivos: los lazos, muchas veces subliminales, del endeudamiento, los lazos de "le debo a..." y tengo que corresponderle. De la misma manera que los regalos sirven para afianzar lazos afectuosos, amorosos, bienintencionados, con un &uacute;nico beneficiario que es quien recibe el regalo, tambi&eacute;n pueden afianzar de manera subliminal lazos de endeudamiento, "le debo a...", en los que el verdadero beneficiario del regalo es quien lo da. Son regalos de la Edad de Piedra que, como los de los D&aacute;naos, tienen como &uacute;nico objetivo atarnos con los segundos lazos, los lazos del temor subliminal, los lazos del "le debo a...". Es por ello que algunos regalos son un verdadero Caballo de Troya, lo &uacute;nico que persiguen es invadirnos, tomar nuestra conciencia y hacernos esclavos del donante.</p>      <p>Las relaciones entre personas, las relaciones humanas, pueden ser de m&uacute;ltiples tipos, tantos como se quiera (afectivas, comerciales, laborales, familiares, y sigue aqu&iacute; un largo etc&eacute;tera), pero existe un tipo de relaci&oacute;n del que, sin embargo, se habla poco: las relaciones fiduciarias, las relaciones basadas en la fe. Pero no me refero a las relaciones religiosas, basadas en una fe com&uacute;n con respecto a las deidades a las que rendimos culto o con respecto al libro en el que consideramos est&aacute; consignada la verdad revelada, me riefero a la fe, a la credibilidad, entre unas personas y otras, a la relaci&oacute;n humana basada en la confianza. Fiduciario se deriva del lat&iacute;n <i>fiduciarius, </i>que a su vez se deriva de <i>fiducia </i>(confianza, seguridad), y este a su vez de <i>fdere </i>(creer) y de <i>fdes </i>(fe, confianza, lealtad) (4), y aunque su uso ha sido sesgado en castellano hacia el &aacute;mbito del derecho consuetudinario y de las leyes comerciales, ha conservado en varias de sus acepciones el sentido que le daban los hablantes latinos. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua trae cuatro acepciones para la voz Fiduciario:</p>  <ol>     <li>adj. Que depende del cr&eacute;dito y confianza que merezca. Circulaci&oacute;n fiduciaria.</li>     <li>adj. Der. Dicho de un negocio o de un contrato: Basado principalmente en la confianza entre las partes.</li>     <li>m. y f. Der. Heredero o legatario a quien el testador manda transmitir los bienes a otra u otras personas, o darles determinada inversi&oacute;n.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>m. y f. Der. Persona que act&uacute;a en inter&eacute;s de otra sin hacerlo p&uacute;blico (5).</li>     </ol>      <p>Me interesa aqu&iacute; la segunda acepci&oacute;n. La relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente es una relaci&oacute;n fiduciaria, basada en la fe mutua, en la confianza mutua, en el convencimiento de que la otra persona actuar&aacute; conmigo de la misma manera clara y transparente (ajena a cualquier otro inter&eacute;s) que act&uacute;o yo con ella. En una relaci&oacute;n fiduciaria la presencia de intereses ajenos a la relaci&oacute;n misma har&aacute; muy dif&iacute;cil, cuando no imposible, que la relaci&oacute;n se mantenga. No es posible conservar la fe en el otro o que &eacute;l mantenga su confianza en m&iacute; si uno de los dos sabe que existen otros intereses, que la relaci&oacute;n no se basa solamente en la lealtad al otro. La mejor definici&oacute;n de conflicto de Inter&eacute;s es, sin duda, la de Jerome Kassirer y Marcia Angell en <i>New England Journal of Medicine </i>hace dos d&eacute;cadas: el conjunto de condiciones en las cuales el juicio concerniente a un inter&eacute;s primario tiende a ser influido de manera inapropiada por un inter&eacute;s secundario (6). En una relaci&oacute;n fiduciaria no pueden existir conflictos de inter&eacute;s o, si existen, estos deben ser declarados de manera abierta y sincera con la esperanza de que dicha declaraci&oacute;n de los conflictos de inter&eacute;s que est&aacute;n presentes permita que la confianza, base de la relaci&oacute;n fiduciaria, se preserve (7).</p>      <p>Ahora bien, una relaci&oacute;n fiduciaria no tiene que ser sim&eacute;trica, se basa en la confianza mutua, pero una de las partes puede estar en condiciones de dar algo que la otra parte no posee, un conocimiento, por ejemplo, o una t&eacute;cnica. En la mayor&iacute;a de las interacciones humanas en las que se intercambian servicios o bienes, en una relaci&oacute;n comercial por ejemplo, se presupone que ambas partes poseen la misma informaci&oacute;n y el mismo poder de negociaci&oacute;n, pero en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente esto no es cierto, el paciente no tiene la misma informaci&oacute;n ni la misma capacidad de negociaci&oacute;n que el m&eacute;dico y no se espera que, como quien vende un carro nuevo, &eacute;ste pondere s&oacute;lo las virtudes o incluso sobrevalore dentro de lo razonable el producto o el servicio que ofrece, se espera y se exige que recomiende &uacute;nicamente el o los tratamientos que requiere el paciente con base en las necesidades f&iacute;sicas y psicol&oacute;gicas que se han detectado a trav&eacute;s de la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente (8, 9). Puesto que existe esa asimetr&iacute;a, la situaci&oacute;n del paciente frente al m&eacute;dico es una situaci&oacute;n de alta vulnerabilidad y es por ello que se espera que los m&eacute;dicos act&uacute;en en el mejor inter&eacute;s de sus pacientes (y se les exige que lo hagan) incluso en aquellas circunstancias en las que dichos intereses puedan entrar en conflicto con otros intereses propios (10).</p>      <p>Como lo demostr&oacute; Mauss, la relaci&oacute;n de los regalos no es una relaci&oacute;n fiduciaria. Est&aacute; llena de c&aacute;lculo y de intereses secundarios. Es posible que en la actualidad haya ocasiones en las que la instituci&oacute;n de los regalos sea libre y ajena a todo inter&eacute;s secundario, pero no es ese el caso de los regalos en la relaci&oacute;n entre los m&eacute;dicos y la industria farmac&eacute;utica.</p>      <p>La relaci&oacute;n m&eacute;dico-industria, como la de los regalos, tampoco es una relaci&oacute;n fiduciaria. Puede ser una relaci&oacute;n educativa, financiera, comercial, lo que se quiera, pero no es una relaci&oacute;n fiduciaria; no es una de las premisas de la relaci&oacute;n el que no deban existir intereses diferentes a los impl&iacute;citos en la relaci&oacute;n misma. Cuando la industria farmac&eacute;utica se relaciona con un m&eacute;dico tiene otros intereses, en primer lugar busca que su producto farmac&eacute;utico o su dispositivo m&eacute;dico expandan su nicho de mercado para que los accionistas ganen m&aacute;s (algo por lo dem&aacute;s leg&iacute;timo, no hay nada ilegal all&iacute;). El asunto es que todo lo dem&aacute;s es subsidiario de este inter&eacute;s central y esto puede interferir en las relaciones m&eacute;dico-paciente cuando el m&eacute;dico adem&aacute;s tiene relaciones con la industria farmac&eacute;utica.</p>      <p>Las relaciones de los m&eacute;dicos con la industria farmac&eacute;utica tambi&eacute;n pueden ser perfectamente leg&iacute;timas: es posible que un m&eacute;dico para una compa&ntilde;&iacute;a farmac&eacute;utica sea un consultor, un divulgador (<i>speaker</i>, lo llaman), un escritor cient&iacute;fico, un investigador, un empleado, o incluso un accionista o hasta el due&ntilde;o de la compa&ntilde;&iacute;a farmac&eacute;utica. Se trata, quien lo duda, de relaciones comerciales necesarias y buenas para ambas partes. El problema surge cuando la relaci&oacute;n m&eacute;dico-industria se interpone entre el m&eacute;dico y el paciente en la relaci&oacute;n fiduciaria m&eacute;dico-paciente &iquest;Es posible mantener simult&aacute;neamente una relaci&oacute;n fiduciaria con nuestros pacientes mientras al mismo tiempo se mantienen relaciones de otra &iacute;ndole con la industria farmac&eacute;utica? &iquest;Mantendr&iacute;an los pacientes su fe en nosotros si se enteraran que tenemos otros intereses diferentes a su cuidado cuando les prescribimos un medicamento de cierta compa&ntilde;&iacute;a con la que tenemos lazos comerciales?</p>      <p>Para garantizar la autonom&iacute;a del paciente, para que podamos estar seguros de que &eacute;ste elige libremente cuando da su consentimiento informado para recibir un determinado tratamiento, el paciente deber&iacute;a estar en capacidad de tomar una decisi&oacute;n completamente informada, sobre todo con respecto a la posibilidad de que yo, cuando digo que estoy dispuesto a tratarlo, tengo otros intereses adem&aacute;s de su beneficio y que van en mi exclusivo beneficio. Es por ello que la regla de oro es que el m&eacute;dico declare p&uacute;blicamente sus intereses financieros cada vez que exista la posibilidad de un conflicto de inter&eacute;s.</p>      <p>No existe ning&uacute;n problema en que un m&eacute;dico tenga una relaci&oacute;n financiera con la industria farmac&eacute;utica, se trata de una relaci&oacute;n leg&iacute;tima y seguramente deseable y buena para ambas partes, pero es indispensable que si ese m&eacute;dico al mismo tiempo establece relaciones fiduciarias del tipo de la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente, declare p&uacute;blicamente sus nexos financieros. Mis alumnos en clase o mis oyentes en una conferencia tienen derecho a saber que cuando yo hablo de un determinado medicamento o de las bondades de un cierto dispositivo (y seguramente estoy hablando de medicamentos o de dispositivos posiblemente muy &uacute;tiles para nuestros pacientes), tambi&eacute;n estoy hablando de bienes comerciales producidos por una compa&ntilde;&iacute;a con la que yo tengo lazos financieros. Si yo no declaro ese conflicto de intereses, ellos no podr&aacute;n evaluar de manera objetiva la informaci&oacute;n que les estoy transmitiendo.</p>      <p>Las dificultades puestas en marcha por los posibles conflictos de inter&eacute;s mencionados se resuelven con transparencia: el &uacute;nico remedio es declararlos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, con frecuencia se olvida que, al igual que las relaciones financieras, los regalos (como nos ense&ntilde;&oacute; Mauss) son otra forma de conflicto de inter&eacute;s, m&aacute;s sutil si se quiere, pero no por ello menos capaz de entorpecer, alterar o incluso suplantar la objetividad profesional del m&eacute;dico (11). La Industria Farmac&eacute;utica da regalos (desde lapiceros hasta computadores pasando por toallas, llaveros, calculadoras, linternas, herramientas), almuerzos, cenas, acomodaci&oacute;n hotelera, pasajes de avi&oacute;n, subsidios, inscripci&oacute;n a congresos, etc. La <i>American Medical Association </i>y el <i>American College of Physicians </i>se han interesado desde hace mucho tiempo en el asunto de los regalos de las compa&ntilde;&iacute;as farmac&eacute;uticas a los m&eacute;dicos (12). Su conclusi&oacute;n es que deber&iacute;amos limitarnos a recibir regalos que mejoren la pr&aacute;ctica o el conocimiento m&eacute;dico y que sean de escaso valor, aunque otros, como Marcia Angell (13) o el movimiento <i>No Free Lunch </i>(14), abogan por no recibir absolutamente nada. En Colombia se ha tratado de legislar al respecto pero seguimos supeditados al Decreto 677 de 1995 en los art&iacute;culos relacionados con la publicidad permitida a los medicamentos bajo prescripci&oacute;n m&eacute;dica. En 2008 se trat&oacute; de remediar este desfase y el proyecto de ley 065 de 2008, que inclu&iacute;a un art&iacute;culo en el que se prohib&iacute;a "a los laboratorios farmac&eacute;uticos y/o los visitadores m&eacute;dicos otorgar, ofrecer o prometer la entrega de premios, contraprestaciones pecuniarias o en especie por la formulaci&oacute;n de medicamentos con o sin prescripci&oacute;n facultativa, productos naturales, productos fitosanitarios y suplementos dietarios", dio varias vueltas en la C&aacute;mara de Representantes hasta que finalmente fue aprobado para continuar su tr&aacute;mite en el Congreso pero finalmente fue archivado "por tr&aacute;nsito en la legislatura" (15). En el a&ntilde;o 2010 la propia industria farmac&eacute;utica Colombiana tom&oacute; cartas en el asunto e incluy&oacute; en su C&oacute;digo de Ética una serie de disposiciones sobre el tipo y el valor permisible en los objetos de promoci&oacute;n al cuerpo m&eacute;dico (Mauss los llamar&iacute;a dones). La pol&iacute;tica de AFIDRO es bastante razonable (16) y, de una manera u otra, se ajusta a las consideraciones de que el &uacute;nico prop&oacute;sito &eacute;ticamente admisible de entrar en una relaci&oacute;n de regalo con la industria farmac&eacute;utica, es cuando dicha relaci&oacute;n busca la mejor&iacute;a en los cuidados del paciente o el incremento en los conocimientos del m&eacute;dico.</p>      <p>En los Estados Unidos de Am&eacute;rica se acaba de aprobar una ley por parte del Congreso, denominada <i>Physician Payments Sunshine Act </i>(algo as&iacute; como Ley Brillo del Sol sobre pagos a los m&eacute;dicos) donde los regalos nunca podr&iacute;an valer m&aacute;s de 10 d&oacute;lares y, en cualquier caso, no se podr&iacute;an acumular m&aacute;s de 100 d&oacute;lares al a&ntilde;o. De lo contrario (al igual que con cualquier regalo de un precio mayor o cualquier otro tipo de subsidio en viajes, inscripciones a congresos, hoteler&iacute;a, incluso honorarios por divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica, asesor&iacute;as, etc.) las compa&ntilde;&iacute;as farmac&eacute;uticas deber&aacute;n declarar p&uacute;blicamente dichos regalos con los nombres de los m&eacute;dicos o de las Universidades o de los Hospitales Universitarios o de las Instituciones que los reciben.</p>      <p>Parece que nos acercamos al momento en que tendremos que elegir entre los proverbios de "a caballo regalado no le mires el diente" y "desconf&iacute;o de los griegos incluso cuando traen regalos".</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. <b>McMillan Brown J. </b>Maori and Polynesian: their origin, history and culture &#91;Internet&#93;. London: Hutchinson and Co; 1907: pp 148-149. Disponible en <a href="http://nzetc.victoria.ac.nz/tm/scholarly/tei-BroMaor.html">http://nzetc.victoria.ac.nz/tm/scholarly/tei-BroMaor.html</a>. Consultado el 5 de junio de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S0120-2448201300020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>2. <b>Mauss M. </b>Ensayo sobre el don: forma y funci&oacute;n del intercambio en las sociedades arcaicas. Madrid: Katz Editores; 2009: 269 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0120-2448201300020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. <b>Harris, M. </b>Cultural Materialism: The Struggle for a Science of Culture. Updated Edition. New York: AltaMira Press; 2001: 408 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S0120-2448201300020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. <b>Bl&aacute;nquez-Fraile A. </b>Diccionario Latino-Espa&ntilde;ol. Barcelona: Editorial Ram&oacute;n Sopena; 1961.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0120-2448201300020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>5. Real Academia Espa&ntilde;ola. Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola. Edici&oacute;n 22. Madrid: Editorial Espasa-Calpe; 2001: 2448 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0120-2448201300020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>6. <b>Kassirer JP, Angell M. </b>Financial conflicts of Interest in Biomedical Research. NEJM 1993; 329: 573-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-2448201300020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7. <b>Goold SD, Lipkin M. </b>The Doctor-Patient Relationship: Challenges, Opportunities, and Strategies. J Gen Intern Med 1999; 14 (Suppl 1): S26-S33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-2448201300020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>8. <b>Richards E. </b>The fiduciary relationship &#91;Internet&#93;. En: Law, Science &amp; Public Health Program Site. Disponible en <a href="http://biotech.law.lsu.edu/Books/lbb/x236.htm#fnB28">http://biotech.law.lsu.edu/Books/lbb/x236.htm#fnB28</a>. Consultado el 5 de junio de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0120-2448201300020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>9. <b>Richards E. </b>Physicians as Fiduciaries &#91;Internet&#93;. En: Public Health Law Map -Beta 5.7. Disponible en <a href="http://biotech.law.lsu.edu/map/PhysiciansasFiduciaries.html">http://biotech.law.lsu.edu/map/PhysiciansasFiduciaries.html</a>. Consultado el 5 de junio de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-2448201300020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>10. <b>Rodwin M. </b>Medicine, Money, and Morals: Physicians' conflicts of Interest. New York, NY: Oxford University Press; 1995: 432 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-2448201300020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>11. <b>Chren MM, Landefeld CS, Murray TH. </b>Doctors, drug companies, and gifts. JAMA. 1989;262:3448-51.54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-2448201300020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>12. Coyle SL, for the Ethics and Human Rights Committee, American College of Physicians-American Society of Internal Medicine. Physician-Industry Relations. Part 1: Individual Physicians. Ann Intern Med. 2002; 136: 396-402.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-2448201300020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>13. <b>Angell M. </b>La verdad acerca de la industria farmac&eacute;utica: c&oacute;mo nos enga&ntilde;a y qu&eacute; hacer al respecto. Bogot&aacute;: Editorial Norma; 2006: 321 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-2448201300020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>14. No Free Lunch &#91;Internet&#93;. Disponible en <a href="http://www.nofreelunch.org/" target="_blank">http://www.nofreelunch.org/</a>. Consultado el 5 de junio de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-2448201300020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>15. Universidad de los Andes. Congreso Visible &#91;Internet&#93;. Disponible en <a href="http://www.congresovisible.org/proyectos-de-ley/%23q=cuatrienio--2006-2010+estadode-proyecto-de-ley--archivado-por-transito-de-legislatura">http://www.congresovisible.org/proyectos-de-ley/#q=cuatrienio--2006-2010+estado-de-proyecto-de-ley--archivado-por-transito-de-legislatura</a>. Consultado el 5 de junio de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-2448201300020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>16. Asociaci&oacute;n de Laboratorios farmac&eacute;uticos de Investigaci&oacute;n y desarrollo AFIDRO. C&oacute;digo de &Eacute;tica AFIDRO (Internet). Disponible en <a href="http://www.afidro.com/img/documento/CODIGO_DE_ETICA_AFIDRO.pdf" target="_blank">http://www.afidro.com/img/documento/CODIGO_DE_ETICA_AFIDRO.pdf</a>. Consultado el 5 de junio de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-2448201300020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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