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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right">Editorial</p>     <p align="center"><font size="4"><b>Cita en Samarra</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Appointment in Samarra</b></font></p>     <p align="center">Eugenio Matijasevic<sup>1</sup>, Bogot&aacute; D.C.</p>     <p><sup>1</sup> Dr. Eugenio Matijasevic: Editor General    <br> Acta M&eacute;dica Colombiana. Bogot&aacute;, D.C. Colombia.    <br> E-mail: <a href="mailto:eugenio.matijasevic@gmail.com">eugenio.matijasevic@gmail.com</a></p>     <p>Recibido: 27/III/2014 Aceptado: 28/III/2014 </p> <hr>     <p>El Doctor Alejandro Pr&oacute;spero Reverend afirma en sus <I>Detalles muy interesantes ocurridos entre el Libertador y su m&eacute;dico de cabecera </I>(1), que Bol&iacute;var, cercana ya la hora de su muerte,despu&eacute;s de la inesperada visita del obispo de Santa Marta (que se desplaz&oacute; hasta San Pedro Alejandrino a pedido del general Montilla con la recomendaci&oacute;n de que le mencionara al Libertador el tema de las disposiciones finales), inquiri&oacute; a Reverend sobre qu&eacute; tan malo ser&iacute;asu estado de salud que se estaba hablando ya de las diligencias de testamento y confesi&oacute;n. Aunque podr&iacute;a decirse que la de Bol&iacute;var no era tanto una solicitud de opini&oacute;n m&eacute;dica como una declaraci&oacute;n de sus propias deducciones, Reverend sagazmente la acept&oacute; como solicitud de opini&oacute;n y, evitando referirse de manera concreta a su estado de salud, le solt&oacute; a cambio algunos lugares comunes sobre la posibilidad de mejorar la salud y facilitar la tarea del m&eacute;dico con tan s&oacute;lo realizar las tales diligencias. Fue entonces cuando Bol&iacute;var respondi&oacute; con otra pregunta que la literatura ha hecho famosa: "&iquest;c&oacute;mo saldr&eacute; yo de este laberinto?".</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuatrocientos a&ntilde;os antes, en la copla XIII de las <I>Coplas que hizo a la muerte del Maestre de Santiago don Rodrigo Manrique su padre, </I>don Jorge Manrique hab&iacute;a dado respuesta anticipada (no hay lugar, no es posible dar la vuelta) a la pregunta de Bol&iacute;var: </p>     <p align="center">Los plazeres y dul&ccedil;ores    <BR>   de esta vida trabajada    <br>   que tenemos,    <br>   no son sino corredores,    <br>   y la muerte, la celada    <br>    en que caemos.    <br>   No mirando a nuestro da&ntilde;o,    <br>   corremos a rienda suelta,    <br>   sin parar;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   cuando vemos el enga&ntilde;o    <br>   y queremos dar la buelta,    <br>   no ay lugar (2). </p>      <p>La representaci&oacute;n en la cultura humana del momento de la muerte como una celada, con todo lo que este vocablo tiene de cercano a la idea de emboscada y asesinato a traici&oacute;n (3), celada de la cual, adem&aacute;s, no es posible escapar, es quiz&aacute; tan vieja como la cultura misma; pero quiz&aacute;s en donde mejor ha quedado expresada esta idea es en la antigua leyenda suf&iacute; que la pone en escena desde la perspectiva de un hombre que, despu&eacute;s de encontrarse a la muerte y figurarse su gesto amenazante, solicita un caballo para huir a otra ciudad en donde, seg&uacute;n cree, la muerte no lograr&aacute; alcanzarlo. Despu&eacute;s de proporcionarle el caballo, quien lo ayuda se encuentra a la muerte y le reprocha haber amenazado al hombre. "Mi gesto no fue de amenaza -replica la muerte- sino de sorpresa: me extra&ntilde;&oacute; mucho verlo aqu&iacute;, tan lejos de la ciudad en donde tenemos una cita esta noche". </p>     <p>Esta leyenda fatalista fue popularizada a partir de 1923 en Europa Continental por Jean Cocteau, al referirla en su novela <I>Le grand &Eacute;cart </I>(4), y en Gran Breta&ntilde;a a partir de 1933 por William Sommerset Maugham, al incluirla al final de su obra de teatro <I>Sheppey (</I>5).En la versi&oacute;n de Cocteau el hombre que huye es un jardinero, quien presta el caballo es su pr&iacute;ncipe y la ciudad a d&oacute;nde desea huir es Ispah&aacute;n. En la versi&oacute;n de Maugham el hombre que huye de la muerte es un criado, el que presta el caballo es su patr&oacute;n y las ciudades de donde huye y a donde pretendellegar son, respectivamente, Bagdad y Samarra.</p>      <p>En Estados Unidos de Am&eacute;rica la versi&oacute;n de Maugham se difundi&oacute; ampliamente gracias a John O'Hara, quien en 1934 incluy&oacute; el fragmento de <I>Sheppey </I>en el que figura la leyenda como ep&iacute;grafe de su novela <I>Appointment in Samarra </I>(6) &#91;una de las 100 mejores novelas escritas en ingl&eacute;s durante el siglo XX, de acuerdo con <I>The Modern Library</I>que la sit&uacute;a en el vig&eacute;simo segundo lugar (7)&#93;<I>. </I>En Iberoam&eacute;rica la versi&oacute;n de Cocteau se propag&oacute; como una epidemia entre los c&iacute;rculos literarios gracias a que Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, con el nombre de <I>El Gesto de la Muerte</I>, insertaron en 1940 en su <I>Antolog&iacute;ade la Literatura Fant&aacute;stica </I>(8) el fragmento de <I>Le grand&eacute;cart</I> en el que figura la leyenda.</p>     <p>Adem&aacute;s de las citadas, la mencionada leyenda tiene muchas otras versiones. Se la puede encontrar en diferentes textos con los nombres de "Cita en Samarra", "Cita en Samarcanda", "Cuando la muerte vino a Bagdad", etc. y en ellas unas veces el hombre que huye es un jardinero, otras uncriado, otras un disc&iacute;pulo suf&iacute;, otras un esposo (pero en cadaversi&oacute;n el que huye es siempre, de alguna manera, cada uno de nosotros mismos), mientras que el reclamante es ora un pr&iacute;ncipe, ora un patr&oacute;n, ora un maestro suf&iacute;, ora una esposa. La ciudad en la que tiene lugar el encuentro con la muerte (ocon el &aacute;ngel de la muerte, Azrael, seg&uacute;n algunas versiones) puede cambiar de una versi&oacute;n a otra: casi siempre es Bagdadpero otras veces es Bathsheba. Tambi&eacute;n cambia la ciudad de destino del fugitivo: unas veces, como en las versiones mencionadas, es Ispah&aacute;n en el actual Ir&aacute;n o Samarra en el actual Irak, pero casi siempre es Samarcanda en el actual Uzbekist&aacute;n (lo cual obviamente obliga al narrador, en las versiones en las que las ciudades de partida y de destino son respectivamente Bagdad y Samarcanda, a cambiar la cita conla muerte de "esta noche" por "dentro de cuatro semanas"). </p>     <p>La historia, como puede verse, ha sido contada una y mil veces antes y despu&eacute;s de Cocteau y de Maugham y es posibleencontrarla en todas sus variantes no s&oacute;lo en novelas y obrasde teatro sino tambi&eacute;n en antolog&iacute;as (9), estudios literarios (10), sermones (11), c&oacute;mics (12), pel&iacute;culas (13) e incluso en libros de filosof&iacute;a (14, 15, 16). Lo cierto es que Cocteau y Maugham la derivaron, sin reconocerlo expl&iacute;citamente, de una historia de la tradici&oacute;n suf&iacute; recopilada en <I>Hikayati-Naqshia</I> (<I>Historias Concebidas Seg&uacute;n un Dise&ntilde;o</I>) porFudail ibn Ayad, un maestro suf&iacute; ex salteador de caminos del siglo IX (17).</p>     <p>El que este relato fatalista sea de origen suf&iacute; no prueba, sin embargo, que la creencia en el ciego destino sea exclusivade la m&iacute;stica musulmana, pues de hecho tiene antecedentes que se remontan por lo menos a la tradici&oacute;n talm&uacute;dica y midr&aacute;sica de varios siglos antes, como demostraron Friedman,Stern y Lipman (18) a partir de la <I>Historia de los Cushitas</I>,tomada del <I>Talmud Babil&oacute;nico</I>. En efecto, en la p&aacute;gina 53 recto del tratado talm&uacute;dico <I>Los Tabern&aacute;culos</I>, llamado tambi&eacute;n <I>Fiesta de las Caba&ntilde;as </I>(<I>Sukkah</I>), dedicado a las regulaciones concernientes al regocijo y a las canciones en el templo en el momento de los sacrificios, r. Johanan (posiblemente Rab&aacute;n Iojanan ben Zakai, uno de los m&aacute;s importantes <I>Tannaim </I>&ndash;sabios rab&iacute;nicos del periodo Mishnaico&ndash;), incluy&oacute; en el siglo I de nuestra era, quiz&aacute; poco despu&eacute;s de la destrucci&oacute;n del segundo templo de Salom&oacute;n, esta historia:"Hab&iacute;a dos Cushitas &#91;Et&iacute;opes&#93; al servicio del Rey Salom&oacute;n, Elihoreph yAchiyah, hijos de Shisha, y eran sus escribas. Und&iacute;a Salom&oacute;n not&oacute; triste al &aacute;ngel de la muerte y lo interrog&oacute; sobre el motivo de su tristeza. "Me han pedido -replic&oacute; el &aacute;ngel- a los dos Cushitas que viven aqu&iacute;". Salom&oacute;n pidi&oacute; a unos demonios que los llevaran a la ciudad de Luz &#91;una ciudad legendaria en donde supuestamente nadie muere&#93;. Tan pronto llegaron a las puertas de Luz ambos murieron. Al d&iacute;a siguiente Salom&oacute;n not&oacute; feliz al &aacute;ngel de la muerte y lo interrog&oacute; sobre el motivo de su felicidad. "Porque t&uacute; los enviaste -respondi&oacute;- al lugar preciso en donde se supon&iacute;a quedeb&iacute;an morir". Al final del pasaje, seg&uacute;n el relato Talm&uacute;dico,Salom&oacute;n afirma "los pies del hombre son seguridades para &eacute;l, a donde es necesitado all&iacute; lo conducen" (19).</p>     <p>Sin embargo, el que un relato sea de origen suf&iacute; y otro de origen talm&uacute;dico, no prueba que el fatalismo sea exclusivo de las creencias religiosas. Hay un romance an&oacute;nimo del siglo XV, el <I>Romance del Enamorado y la Muerte</I>, incluido por don Ram&oacute;n Men&eacute;ndez-Pidal en su <I>Flor Nueva de Romances Viejos </I>(20) y, seg&uacute;n &eacute;l, tradicional en Asturias, Le&oacute;n,Zamora, Catalu&ntilde;a y entre los jud&iacute;os sefard&iacute;es de Grecia, en el que huir de la muerte equivale a caer en su celada: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un sue&ntilde;o so&ntilde;aba anoche, / so&ntilde;ito del alma m&iacute;a,so&ntilde;aba con mis amores / que en mis brazos los ten&iacute;a.Vi entrar se&ntilde;ora tan blanca / muy m&aacute;s que la nieve fr&iacute;a.-&iquest;Por d&oacute;nde has entrado, amor? / &iquest;C&oacute;mo has entrado, mi vida?Las puertas est&aacute;n cerradas, / ventanas y celos&iacute;as.</p>     <p>- No soy el amor, amante: / la Muerte, que Dios te env&iacute;a.    <br> - &iexcl;Ay, Muerte tan rigurosa, / d&eacute;jame vivir un d&iacute;a!.    <br> - Un d&iacute;a no puede ser, / una hora tienes de vida.Muy de prisa se calzaba, / m&aacute;s de prisa se vest&iacute;a;ya se va para la calle, / en donde su amor viv&iacute;a.    <br> - &iexcl;&Aacute;breme la puerta, blanca, / &aacute;breme la puerta ni&ntilde;a!.    <br> - &iquest;C&oacute;mo te podr&eacute; yo abrir / si la ocasi&oacute;n no es venida?Mi padre no fue al palacio, / mi madre no est&aacute; dormida.    <br> - Si no me abres esta noche / ya no me abrir&aacute;s, querida;la Muerte me est&aacute; buscando, / junto a ti vida ser&iacute;a.    <br> - Vete bajo la ventana / donde labraba y cos&iacute;a,te echar&eacute; cord&oacute;n de seda / para que subas arriba,y si el cord&oacute;n no alcanzare / mis trenzas a&ntilde;adir&iacute;a.La fina seda se rompe; / la Muerte que all&iacute; ven&iacute;a:Vamos, el enamorado, / que la hora ya est&aacute; cumplida. </p>     <p>En todos los trabajos literarios mencionados, tanto en el recuento hist&oacute;rico de Reverend como en los versos citados de Manrique, en las leyendas suf&iacute; y talm&uacute;dica y en los versosdel romancero, aparece el car&aacute;cter ineludible de la muerte, no como un aspecto ni como una etapa (final por cierto) del proceso vital individual, sino como una fuerza externa y ajena al hombre, que lo arrastra, lo embosca o lo extrav&iacute;a hasta perderlo por completo.</p>     <p>La idea determinista de una potencia invisible que rige y determina el futuro de los hombres, sobre todo el momento de la muerte, pero incluso tambi&eacute;n cada una de sus deliberaciones, decisiones y acciones, surgi&oacute; quiz&aacute; por primera vez en la cultura babil&oacute;nica, en donde se vener&oacute;, bajo el nombre de Nam, a una divinidad rectora del destino (21).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre los antiguos griegos dicha funci&oacute;n estaba a cargo dela Moira ( <img src="img/revistas/amc/v39n1/v39n1a01f2.jpg">): la parte o porci&oacute;n asignada a cada uno, el destino (22). Pero a diferencia de la antigua divinidad babilonia, que se dejaba persuadir por ofrendas, la divinidad de los griegos era inmutable, no admit&iacute;a s&uacute;plicas y no atend&iacute;a interpelaciones de ninguna especie, ni siquiera recurriendo a los dioses como intermediarios. De hecho, para la mayor&iacute;ade los autores la Moira no s&oacute;lo no obedec&iacute;a a los dioses sino que los dioses deb&iacute;an ce&ntilde;irse a sus designios. Prometeo, el dios creador de la especie humana, sabe en el <I>Prometeo Encadenado </I>de Esquilo que, a&uacute;n siendo un dios y pudiendo predecir su propio destino, no le es posible modificarlo: "S&eacute; de antemano con exactitud todo el futuro, y ning&uacute;n da&ntilde;o me llegar&aacute; que no haya previsto. Debo soportar del modo m&aacute;s f&aacute;cil que pueda el destino que tengo asignado, porque conozco que es invencible la fuerza del Hado ( <img src="img/revistas/amc/v39n1/v39n1a01f2.jpg">)" (23).Y, por si quedase alguna duda, Esquilo deja tambi&eacute;n en claro,por boca de Prometeo, que incluso Zeus, el m&aacute;s poderoso delos Ol&iacute;mpicos, debe obedecer al destino: "&iquest;Y qui&eacute;n dirige el rumbo de Necesidad?" pregunta el corifeo en <I>Prometeo Encadenado</I>, "Las Moiras triformes y las Erinis, que nada olvidan", responde Prometeo; "&iquest;Entonces, es Zeus m&aacute;s d&eacute;bilque ellas?", insiste el corifeo&hellip; "As&iacute; es, desde luego. &Eacute;l no podr&iacute;a esquivar su destino" replica Prometeo (24).</p>     <p>La referencia plural a las Moiras en Esquilo se debe a que con el paso del tiempo (recurso frecuente en la mitolog&iacute;a griega), la Moira se transform&oacute; en las Moiras ( <img src="img/revistas/amc/v39n1/v39n1a01f2.jpg">),diosas de la muerte o en general de la desgracia, m&aacute;s conocidas como las Tres Hermanas, cuyos nombres son Cloto ("la hilandera"), L&aacute;quesis ("la que asigna"), y Atropos (la inexorable, la inflexible, la inevitable o, literalmente, respondiendo la pregunta de Bol&iacute;var desde el remoto pasado, "la sin vuelta"), que, respectivamente, hilan, miden y cortanel hilo de la vida de los mortales (25).</p>     <p>Las tres Moiras pasar&iacute;an a Roma como las Parcas. Originalmente en Roma no hab&iacute;a sino una parca, la Parca, diosa de los nacimientos. De hecho, deriva su nombre de <I>parere</I>: crear, dar a luz, pero m&aacute;s tarde el nombre fue asociado con <I>pars</I>, parte, cuyo equivalente griego es <I>moira </I>y termin&oacute; identific&aacute;ndose con las Moiras griegas y aumentando su n&uacute;mero a tres, con funciones similares a las de aquellas (26), d&aacute;ndoseles, adem&aacute;s de <I>Parcae</I>, el nombre de <I>Fata </I>(destino). Al final de la primera semana de vida de un ni&ntilde;o se las invocaba en Roma como <I>Fata Escribunda</I>, las diosas que escriben el destino de la vida de los hombres. Sus nombres eran Nona, Decuma y, por &uacute;ltimo, Morta (27), la Muerte, denominaci&oacute;n que sellaba con un lazo ineluctable los conceptos de destino y muerte, lazo que perdurar&aacute; a lo largo y ancho de toda la cultura occidental.</p>      <p>No se debe confundir en las culturas cl&aacute;sicas griega y romana al destino, personificado en la Moira o en la Parca, con la suerte (el azar). Para los griegos &eacute;sta &uacute;ltima estaba personificada en la diosa Tyche o Tiqu&eacute; ( <img src="img/revistas/amc/v39n1/v39n1a01f3.jpg">) y para los romanos en la diosa Fortuna, divinidades ambas que decid&iacute;ande manera arbitraria cu&aacute;les ser&iacute;an las vicisitudes de uno u otro de los mortales: sobre algunos amontonaban dones con un cuerno de la abundancia y a otros los despojaban de lo que ten&iacute;an sin pararse en mientes (28). Al respecto, S&oacute;focles nos dice en <I>Ant&iacute;gona</I>: "Pues la fortuna, sin cesar, tantolevanta al que es infortunado como precipita al afortunado, y ning&uacute;n adivino existe de las cosas que est&aacute;n dispuestas para los mortales" (29).</p>     <p>Con el paso de los siglos el destino y la suerte (el azar),Moira y Tiqu&eacute;, Fata y Fortuna, se fueron confundiendopoco a poco, en particular en Roma en donde Tique-Fortunatermin&oacute; por suplantar funciones anta&ntilde;o asignadas a laMoira-Parca y se la vener&oacute; con diferentes ep&iacute;tetos quedepend&iacute;an de la ciudad, del oficio o de la etapa de la vidaque se deseaba tuviera prosperidad: <I>Fortuna Primigenia</I>determinaba el destino de los reci&eacute;n nacidos (arrebatandoesta funci&oacute;n a <I>Fata Escribunda</I>), <I>Fortuna Publica</I> era la diosa tutelar del estado romano, <I>Fortuna Caesaris</I> o <I>Augusta </I>la protectora del emperador; <I>Fortuna Privata</I> de la vida familiar. Hab&iacute;a una buena fortuna para todo: <I>Fortuna Patricia</I>, <I>Fortuna Plebeia</I>, <I>Equestris</I>, <I>Virginalis</I>, <I>Muliebris</I>,<I>Virilis</I>, etc. (30).</p>     <p>De esta forma se hizo m&aacute;s frecuente y necesario en la vida cotidiana que, antes de cualquier decisi&oacute;n, un ciudadanoromano consultara un ar&uacute;spice para que le leyera la fortuna en las v&iacute;sceras de un animal de sacrificio, en el vuelo de los p&aacute;jaros, en la observaci&oacute;n de los rayos, en los sue&ntilde;os o en la posici&oacute;n de los astros y, a continuaci&oacute;n, le indicara qu&eacute; medidas tomar con el fin de conciliarse con los dioses para tratar de hacer girar la fortuna a su favor en los casos en los que estos hab&iacute;an manifestado su descontento (aunque en muchas situaciones no hab&iacute;a otra cosa que hacer que postergar la decisi&oacute;n o el comienzo de la empresa a realizar) (31). Para un griego esto hubiese sido imposible pues, si bien es cierto que, como en todas las culturas, acud&iacute;an tambi&eacute;n a la adivinaci&oacute;n <img src="img/revistas/amc/v39n1/v39n1a01f4.jpg">, mantik&eacute;: "este arte tan bello que sirvepara proyectarnos hacia el futuro", dice Plat&oacute;n (32)&#93;, tanto la Moira como Tiqu&eacute; eran inexorables y no iban a cambiar el futuro por unas cuantas ofrendas. Los griegos cre&iacute;an que era posible conocer el destino consultando, por ejemplo, a la Pitia en el or&aacute;culo de Delfos o consultando un adivino, pero no que fuese posible conjurar la suerte modificando el futuro desde el presente.</p>     <p>Ahora bien, para un griego culto en el siglo de Pericles  o de all&iacute; en adelante (podr&iacute;a pensarse en alguien como Hip&oacute;crates o como Arist&oacute;teles, por citar s&oacute;lo dos ejemplos), el concepto de Moira ya hab&iacute;a sido remplazado por el de  <img src="img/revistas/amc/v39n1/v39n1a01f5.jpg"> &#91;Anagk&eacute; o Ananqu&eacute;, la Necesidad personificada, aunque tambi&eacute;n quiere decir "v&iacute;nculos de la sangre" (33)&#93;. La vida de los hombres, otrora predeterminada por la Moira se encuentra ahora determinada por la Necesidad. &Eacute;sta se opone al azar, a Tiqu&eacute;, como su ant&oacute;nimo: cualquier suceso en la vida de un hombre que ocurra porque una causa previa as&iacute; lo exige (y aqu&iacute; el concepto de causa abarca desde nuestras propias acciones o las de los dem&aacute;s hasta el designio de los ol&iacute;mpicos o la venganza de las furias) depende de la Necesidad. Por el contrario, aquellos eventos del mundo o de la vida de los hombres que no dependen de Anagk&eacute;, que acaecen como porque s&iacute;, obedecen a la Tiqu&eacute;, a la suerte, a la fortuna o, como dir&iacute;amos hoy, al azar imprevisible, a las probabilidades.</p>     <p>Pero para Arist&oacute;teles, nos dice Carlo Diano, dicha Necesidad se encuentra impl&iacute;cita s&oacute;lo en la forma, no en la materia de los entes que pueblan el mundo. Para Arist&oacute;teles,por ejemplo, S&oacute;crates es un hombre y, porque es un hombre,necesariamente alg&uacute;n d&iacute;a morir&aacute;. &iquest;C&oacute;mo puede estar Arist&oacute;teles tan seguro? Porque en la esencia de S&oacute;crates, en su forma m&aacute;s no en su materia, en su ser hombre, est&aacute; impl&iacute;citade manera necesaria su muerte futura. Pero &iquest;c&oacute;mo y cuandomorir&aacute; S&oacute;crates? Arist&oacute;teles no lo sabe ni le es posible adivinarlo, contin&uacute;a Diano, en su sistema ni siquiera un dios lo sabr&iacute;a, pues la hora y el lugar de la muerte de S&oacute;crates se relacionan no con un hecho formal (la inevitabilidad de la muerte por el hecho de ser hombre) sino con un evento material, con un evento individual, y "los eventos individuales solo admiten una necesidad: la del hecho una vez ocurrido, pues nadie puede hacer que lo que ha ocurrido no haya ocurrido, ni siquiera los propios dioses" (34).</p>     <p>A pesar de esa convicci&oacute;n que podr&iacute;amos llamar no determinista, la idea determinista de que el futuro ya est&aacute; escrito llev&oacute; a pensar que era posible leer el futuro en una especie de libro del destino mediante cualquiera de las innumerables t&eacute;cnicas adivinatorias que se idearon para hacerlo.Pero mientras en Delfos la pitonisa declamaba augurios en hex&aacute;metros perfectos a quienes se los solicitaban y estaban dispuestos a pagar por ellos, "en la isla de Cos &ndash;nos dice Andrezej Szczeklik&ndash;, a apenas trescientos kil&oacute;metros de Delfos, Hip&oacute;crates no buscaba augurios en los or&aacute;culos, sino en el semblante del enfermo" (35).</p>     <p>Era la &eacute;poca heroica de los m&eacute;dicos que, carentes de recursos terap&eacute;uticos verdaderamente eficaces, deb&iacute;andemostrar su condici&oacute;n de buenos m&eacute;dicos mediante lo acertado de sus pron&oacute;sticos (<img src="img/revistas/amc/v39n1/v39n1a01f6.jpg"> prognosis). Elpropio Hip&oacute;crates lo afirma: "Que el m&eacute;dico se ejercite en la previsi&oacute;n -prognosis- me parece excelente. Pues si conocede antemano y predice ante los enfermos sus padecimientos presentes, los pasados, y los futuros, y si les relata por completo incluso los s&iacute;ntomas que los pacientes omiten contar, lograr&aacute; una mayor confianza en que conoce las dolencias de los pacientes, de manera que las personas se decidir&aacute;n a encomendarse a s&iacute; mismas al m&eacute;dico. Y as&iacute; dispondr&aacute; del mejor modo el tratamiento, al haber previsto lo que va a ocurrir a partir de la situaci&oacute;n actual" (36).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El pron&oacute;stico m&eacute;dico, sin embargo, no es ni ha sido una predicci&oacute;n de car&aacute;cter determinista absoluto. Basado anta&ntilde;oen la observaci&oacute;n cuidadosa y en la experiencia acumulada, tiene en los &uacute;ltimos siglos el auxilio de la estad&iacute;stica, con instrumentos matem&aacute;ticos cada vez m&aacute;s refinados. Sin embargo tendemos a olvidar con frecuencia que el pron&oacute;stico basado en estad&iacute;sticas tiene un comportamiento que podr&iacute;amos denominar Aristot&eacute;lico formal, permite hacer pron&oacute;sticos formales a gran escala (m&aacute;s restringidos si se quiere que el demasiado general de "S&oacute;crates es hombre y, por lo tanto, morir&aacute;"), pero no permite hacer predicciones individuales espec&iacute;ficas ("S&oacute;crates morir&aacute; antes de 10 a&ntilde;os como consecuencia de un infarto del miocardio"). Desde el punto de vista estad&iacute;stico mientras m&aacute;s personas se incluyanbajo la sombra de un denominador com&uacute;n, mientras m&aacute;s grandes sean los n&uacute;meros en juego, mayor ser&aacute; la precisi&oacute;n de la predicci&oacute;n colectiva, pero a medida que se gana en predicci&oacute;n colectiva se pierde en precisi&oacute;n individual.</p>     <p>Arist&oacute;teles dir&iacute;a que una vez S&oacute;crates hubiese sufrido un infarto, estando el hecho cumplido, ser&iacute;a indudable que la asociaci&oacute;n entre S&oacute;crates e infarto es necesaria, pero, puestoque el hecho no ha ocurrido, solo podemos conjeturar esa necesidad de manera hipot&eacute;tica, por ejemplo, pregunt&aacute;ndonos (aqu&iacute; remedo a Diano): "&iquest;Morir&aacute; S&oacute;crates del coraz&oacute;n?",y la respuesta ser&iacute;a un condicional: "si se le eleva mucho el colesterol". Pero este condicional admite tambi&eacute;n otra conjetura: "&iquest;y se le elevar&aacute; mucho el colesterol?", con su respectiva respuesta condicional: "si deja de hacer ejercicio".La cual, a su vez admite otra conjetura: "&iquest;y dejar&aacute; de hacer ejercicio?", con su respectiva respuesta condicional: "Si encuentra un trabajo de oficina"&hellip; pero por este camino no se puede llegar muy lejos porque en alg&uacute;n momento la serie se detiene: "&iquest;y encontrar&aacute; un trabajo de oficina?", "Pues no lo sabemos, ocurrir&aacute; lo que el azar o la Tiqu&eacute; quiera". O sea que, para Arist&oacute;teles, S&oacute;crates, por su condici&oacute;n de hombre, necesariamente morir&aacute;, pero no podemos saber ni d&oacute;nde ni cuando porque eso depende del azar, de la suerte y no podemos adivinar la suerte contingente, ya que el v&iacute;nculo del presente con el futuro a&uacute;n no se ha dado, s&oacute;lo podemos conocer el pasado, en la medida en que el v&iacute;nculo del presente con el pasado es, ese s&iacute;, necesario e indisoluble.</p>     <p>Si aplicamos a S&oacute;crates una herramienta de pron&oacute;stico como el calculador de riesgo de sufrir un evento coronario en los pr&oacute;ximos 10 a&ntilde;os basado en las estad&iacute;sticas del <I>Framingham Heart Study </I>(37) y encontramos que &eacute;ste, con 71 a&ntilde;os, no fumador, con colesterol total en 250 mg/dL, colesterol HDL en 50 mg/dL, presi&oacute;n arterial sist&oacute;lica en 130 mmHg y sin tratamiento antihipertensivo, tiene riesgo de sufrir un evento coronario durante los pr&oacute;ximos 10 a&ntilde;os del 16%, mientras que Jantipa, su esposa, con 31 a&ntilde;os y los mismos niveles de colesterol, presi&oacute;n arterial y dem&aacute;s, tieneun riesgo menor al 1%, es bien poco lo que le podemos decira S&oacute;crates y a Jantipa desde el punto de vista pron&oacute;stico individual, excepto utilizar la informaci&oacute;n obtenida mediante esaherramienta estad&iacute;stica para decirle a S&oacute;crates que abandoneciertas comidas y que vuelva a retomar la actividad f&iacute;sica que practicaba cuando particip&oacute; en las batallas de Potidea, Anf&iacute;polis y Delio defendiendo la libertad y la democracia deAtenas. A Jantipa habr&iacute;a que decirle que siga as&iacute; de bonita, educando y viendo crecer a sus hijos.</p>     <p>S&oacute;crates seguramente preguntar&aacute; qu&eacute; argumentostenemos para hacerle las recomendaciones antedichas y podremos decirle que quien realiza esos cambios en su estilo de vida aumenta el colesterol HDL, baja el colesterol total y pasa a formar parte de un grupo estad&iacute;stico de menor riesgo. Es posible que S&oacute;crates no entienda o que insista en una respuesta m&aacute;s concreta, dado que le gusta polemizar y obligar a los dem&aacute;s a que piensen a partir de sus preguntas siempre dirigidas al aspecto m&aacute;s endeble de un argumento con el fin de demostrarnos luego que pretendemos saber perono sabemos. La verdad es que no tenemos una respuesta m&aacute;sconcreta, s&oacute;lo tenemos conjeturas estad&iacute;sticas, no podemos decirle a S&oacute;crates si morir&aacute; antes de transcurridos diez a&ntilde;os de un infarto. Y no podemos dec&iacute;rselo porque nadie lo sabe, lo que no ha sucedido a&uacute;n no es un hecho cierto, pero s&iacute; podemos asegurarle que si identificamos 100 personas con id&eacute;nticas caracter&iacute;sticas a las suyas en cuanto a edad, sexo, colesterol total, etc., y tratamos de reunirlas dentro de 10 a&ntilde;os, aproximadamente 16 habr&aacute;n sufrido un infarto cardiaco, letal o no, no lo sabemos. Ahora bien, es posible que las v&iacute;ctimas del infarto de aqu&iacute; a diez a&ntilde;os no sean 16 sino 20 &oacute; 18 &oacute; 17 &oacute; 15, tampoco es posible saberlo de manera precisa, pero s&iacute; podemos afirmar que si en lugar de 100, realizamos el mismo procedimiento con 1000 personas o con 10000, mientras mayor sea el n&uacute;mero, m&aacute;s seguros podremos estar de la precisi&oacute;n de la predicci&oacute;n: "de aqu&iacute; a 10 a&ntilde;os 16 de cada 100 personas con tales y cuales caracter&iacute;sticas habr&aacute;n tenido un evento coronario". </p>     <p>S&oacute;crates podr&aacute; respondernos que, en esa loter&iacute;a, a mayor n&uacute;mero m&aacute;s oportunidades tendr&aacute; &eacute;l como individuo de escapar al terrible premio mayor, pero no estar&aacute; en lo cierto: las estad&iacute;sticas son tan inexorables como la Moira, en cualquier caso las posibilidades de escapar indemne ser&aacute;n m&aacute;s o menos cercanas (otra vez dependiendo del n&uacute;mero deindividuos) al 84%. Lo que si habr&iacute;a que admitirle a S&oacute;crateses que estas predicciones estad&iacute;sticas no nos dicen nada con respecto a S&oacute;crates como individuo, quien seguramente morir&aacute; este mismo a&ntilde;o despu&eacute;s de beber la cicuta por orden de un jurado popular instigado por algunos demagogos, ni sobre Jantipa que morir&aacute; por un c&aacute;ncer de seno dentro de nueve a&ntilde;os, a los 40, a la misma edad en que murieron, por la misma enfermedad, su madre y su t&iacute;a materna.</p>     <p>Algunos argumentar&aacute;n que lo que pasa es que a nuestros instrumentos estad&iacute;sticos de predicci&oacute;n o de pron&oacute;stico les falta precisi&oacute;n pero que, con el paso del tiempo, iremos ganando m&aacute;s y m&aacute;s informaci&oacute;n hasta poder ajustar dichos instrumentos de tal manera que, al igual que ahora podemospredecir, por ejemplo, la aparici&oacute;n de un tumor de seno en Jantipa demostrando la presencia en su genoma del gen BRCA1, podr&iacute;amos predecir tambi&eacute;n su muerte prematura a&ntilde;adiendo al instrumento actual el estudio de genes que a&uacute;n no conocemos, pero que deben estar ah&iacute;. El instrumento actual tampoco nos dice c&oacute;mo y cu&aacute;ndo morir&aacute; Jantipa, s&oacute;lonos dice que, ahora que tiene 31 a&ntilde;os, el riesgo de Jantipa de desarrollar c&aacute;ncer de seno a los 40 a&ntilde;os es, aproximadamente, de 10% (38). Si precis&aacute;ramos m&aacute;s el instrumento actual, a&ntilde;adiendo la presencia o no de otros factores de riesgo (edad de la menarquia, paridad, empleo de estr&oacute;genosex&oacute;genos, obesidad, etc.) tendr&iacute;amos siempre un resultado estad&iacute;stico para ese grupo espec&iacute;fico de mujeres con esos factores de riesgo, no tendr&iacute;amos una respuesta concreta paraJantipa que quiere saber, ahora que se ha quedado viuda, si le alcanzar&aacute; la vida para seguir disfrutando, educando y viendo crecer a sus hijos.</p>     <p>En la actualidad, a partir de m&uacute;ltiples datos estad&iacute;sticos, hemos creado &iacute;ndices que, consideramos, nos permiten "predecir" casi todo. En realidad, nos permiten tomar las conductas estad&iacute;sticamente m&aacute;s seguras o confiables con base en la evidencia: desde el riesgo de un paciente con fibrilaci&oacute;n auricular de origen no reum&aacute;tico de presentar un accidente cerebrovascular emb&oacute;lico (39), hasta el riesgo de sangrado importante en un paciente anticoagulado (definiendo como sangrado importante la presencia de hemorragia intracraneal,cualquier sangrado que requiera hospitalizaci&oacute;n, cualquier sangrado con disminuci&oacute;n en la hemoglobina mayor de 2 g/dL o que requiera transfusi&oacute;n) (40), pasando por el riesgo desufrir un infarto del miocardio o un evento cerebrovascular en los pr&oacute;ximos 10 a&ntilde;os si se es un s&uacute;bdito del Reino Unido (41), o por el riesgo de morir o de sufrir una complicaci&oacute;n durante un procedimiento quir&uacute;rgico si nos hacemos intervenir de un cirujano en los Estados Unidos de Am&eacute;rica (42),hasta riesgos tan particulares como el riesgo de encontrarse una garrapata potencialmente transmisora de pat&oacute;genos en Connecticut, Rhode Island o Massachusetts (43) o el riesgo de que mi casa sea invadida por termitas si habito en los Estados Unidos de Am&eacute;rica (44).</p>     <p>Ninguno de los enunciados que pueda alguien derivar de cualquiera de esos instrumentos posee el car&aacute;cter de Necesario que tiene el enunciado "S&oacute;crates es mortal", todos los enunciados posibles derivados de dichos instrumentos son lo que Arist&oacute;teles denomina contingentes: no son ni necesarios ni imposibles, sobre ellos se puede discutir cuanto se quiera, pero su verdad depende de los hechos y, por tanto, sus enunciados s&oacute;lo pueden ser ratificados o negados por los hechos ("S&oacute;crates muri&oacute; despu&eacute;s de ingerir cicuta", "las vigas de mi casa est&aacute;n siendo destruidas por las termitas").</p>     <p>Ahora bien, puesto que todos esos &iacute;ndices de riesgo debenbasarse en estad&iacute;sticas y &eacute;stas en hechos, su capacidad predictiva no es perenne: los hechos cambian, las condiciones sociales y culturales cambian, la salud de la poblaci&oacute;n general cambia, los factores de riesgo se modifican, las personas cambian de estilo de vida adoptando conductas saludables  o conductas de riesgo, los m&eacute;todos de diagn&oacute;stico precoz son cada vez m&aacute;s precisos, las medidas terap&eacute;uticas cada vez mejores y, sin lugar a dudas, dentro de un cierto tiempo el riesgo de sufrir un evento coronario a 10 a&ntilde;os con base en las estad&iacute;sticas del <I>Framingham Heart Study </I>ser&aacute; muy diferente al actual, de la misma manera que el actual es diferente al riesgo de hace unas d&eacute;cadas cuando los &iacute;ndices de tabaquismo eran mas altos, el sedentarismo en ciertas comunidades era rampante, los niveles de colesterol no ten&iacute;an freno y los antihipertensivos eran mucho menos eficaces. Incluso cuando el evento coronario es ya un hecho cumplido,las unidades de cuidado coronario de la actualidad, en las que se re&uacute;ne lo mejor del recurso humano y t&eacute;cnico para el tratamiento de los pacientes con infarto agudo del miocardio, han tenido un impacto creciente en la disminuci&oacute;n de la mortalidad como consecuencia de esta enfermedad (45).</p>     <p>De alguna manera la cita con la muerte, la celada, aunqueinevitable ("S&oacute;crates es un hombre y todos los hombres son mortales") s&iacute; se puede aplazar. La muerte sigue siendo Necesaria, ocurrir&aacute; tarde que temprano, pero la lucha de la medicina contra el sufrimiento y la muerte ha conseguido, a lo largo de los siglos, que el recurso de solicitar prestado un caballo para Samarra sea posible y nos permita, as&iacute; sea transitoriamente, salir del laberinto. </p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B><font size="3">Referencias</font></b></p>     <!-- ref --><p>1. Reverend AP. La &uacute;ltima enfermedad, los &uacute;ltimos momentos y los funerales del Libertador Sim&oacute;n Bolivar. Par&iacute;s: Imprenta Hispano-Americana de Cosson y Comp; 1866: pp 29-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-2448201400010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. <B>Manrique J. </B>Poes&iacute;a. En: Beltr&aacute;n V (Editor). Barcelona: Editorial Cr&iacute;tica; 1993: pp 147-175.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-2448201400010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Celada (2). Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola. Art&iacute;culo enmendado. Avance de la vig&eacute;sima tercera edici&oacute;n. Consultado el 18 de febrero de 2014. Disponible en: <a href="http://lema.rae.es/drae/?val=celada" target="_blank">http://lema.rae.es/drae/?val=celada</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-2448201400010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. <B>Cocteau J.</B> Le Grand &Egrave;cart. Paris: Librairie Arth&egrave;me Fayard; 1954: 153 pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-2448201400010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. <B>Maugham WS. </B>Sheppey. En: Maugham Plays: One: Sheppey, The Sacred Flame,The Circle, The Constant Wife, and Our Betters. London: Methuen Publishin; 2003: pp 1-106.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-2448201400010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. <B>O'Hara, John. </B>Appointment in Samarra: A Novel (Vintage Rediscovery). New York: Vintage Books Editions; 2003: p. xvii.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-2448201400010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Modern Library. 100 Best Novels. Consultado el 10 de febrero de 2014. Disponible en <a href="http://modernlibrary.co" target="_blank">modernlibrary.coz</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-2448201400010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. <B>Borges JL, Bioy-Casares A, Ocampo S. </B>Antolog&iacute;a de la Literatura Fant&aacute;stica. Novena Edici&oacute;n. Buenos Aires: Editorial Suramericana; 1993: 149-150.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-2448201400010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. <B>Herreros AC. </B>Cuentos populares de la madre muerte. Madrid: Ediciones Siruela; 2011: p 43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-2448201400010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. <B>D&iacute;ez RM. </B>"El gesto de la muerte": aproximaci&oacute;n a un famoso ap&oacute;logo. Esp&eacute;culo,Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. Consultado el18 de febrero de 2014. Disponible en <a href="http://www.ucm.es/info/especulo/numero41/gestomu.html" target="_blank">http://www.ucm.es/info/especulo/numero41/gestomu.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-2448201400010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. <B>Lane JD. </B>Facing Death. In Trinity Church Sermons: Monday, November 21, 2011. Consultado el 21 de febrero de 2014. Disponible en: <a href="http://trinitysermons.blogspot.com/2011/11/facing-death-rev-john-d-lane.html" target="_blank">http://trinitysermons.blogspot.com/2011/11/facing-death-rev-john-d-lane.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-2448201400010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. <B>Redondo-S&aacute;nchez C. </B>De Yalal al-Din Rumi a Marjane Satrapi. Una lectura interart&iacute;stica del ap&oacute;logo &laquo;Salom&oacute;n y Azrael&raquo;. Extrav&iacute;o. Revista electr&oacute;nica de literatura comparada 2009; 4. Consultado el 18 de febrero de 2014. Disponible en <a href="http://www.uv.es/extravio" target="_blank">http://www.uv.es/extravio</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-2448201400010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. <B>Bogdanovich P </B>(director). Targets. Karloff B, O'Kelly T (actors). Saticoy Productions. Paramount Pictures. 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-2448201400010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. <B>Salmon W. </B>Causality and Explanation. New York: Oxford University Press; 1998: p. 27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-2448201400010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. <B>Blackburn S. </B>Pensar: una incitaci&oacute;n a la Filosof&iacute;a. Barcelona: Ediciones Piados Ib&eacute;rica; 2001: pp. 119-120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-2448201400010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. <B>Campbell JK. </B>Free Will. Cambridge UK: Polity Press; 2011: p 6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-2448201400010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. <B>Shah I. </B>When Death Came to Baghdad. En: Tales of the Dervishes. New York: Compass Penguin; 1967: pp. 191-192.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-2448201400010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. <B>Friedman HH, Stern BH, Lipman S. </B>Satan the Accuser: Trickster in Talmudic and Midrashic Literature. Thalia: Studies in Literary Humor 1999; 18 (31-41). 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Disponible en <a href="http://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/Talmud/sukkah5.html" target="_blank">http://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/Talmud/sukkah5.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-2448201400010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. <B>Men&eacute;ndez-Pidal R. </B>Flor Nueva de Romances Viejos. D&eacute;cimo sexta edici&oacute;n. Buenos Aires: Espasa-Calpe Argentina; 1967: pp 57-59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-2448201400010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. <B>Diano C. </B>Forma y Evento, principios para una interpretaci&oacute;n del mundo griego. Madrid: Editorial Visor; 2000: p 51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-2448201400010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. <B>Sebasti&aacute;n-Yarza FI. </B>Diccionario Griego-Espa&ntilde;ol Sopena. Barcelona: Editorial Ram&oacute;n Sopena; 1998: pp 908-909.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-2448201400010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. <B>Esquilo. </B>Prometeo Encadenado. Versos 101-105. Madrid: Editorial Gredos; 1993: p 169.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-2448201400010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>24. <B>Esquilo. </B>Prometeo Encadenado. Versos 515-519. Madrid: Editorial Gredos; 1993: p 183.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-2448201400010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. <B>Thurston-Peck H. </B>Harpers Dictionary of Classical Antiquities (1898). Perseus Project. Consultado el 18 de febrero de 2014. Disponible en: <a href="http://www.perseus.tufts.edu/cgi-bin/ptext?doc=Perseus%3Atext%3A1999.04.0062&amp;layout=&amp;loc=moerae" target="_blank">http://www.perseus.tufts.edu/cgi-bin/ptext?doc=Perseus%3Atext%3A1999.04.0062&amp;layout=&amp;loc=moerae</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-2448201400010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. "Parcae." Encyclopedia Mythica from Encyclopedia Mythica Online. Consultadoel 18 de febrero de 2014. Disponible en: <a href="http://www.pantheon.org/articles/p/parcae.html" target="_blank">http://www.pantheon.org/articles/p/parcae.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-2448201400010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. <B>Ehrlich E. </B>Amo, Amas, Amat and More. New York: Perennial Library: 1987: pp 129-130.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-2448201400010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. <B>Graves R. </B>The Greek Myths 1. London: Penguin Books; 1960: pp125-127.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-2448201400010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>29. <B>S&oacute;focles</B>. Ant&iacute;gona. Verso 1159. Madrid: Editorial Gredos; 1992: p 62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-2448201400010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30. <B>Thurston-Peck H. </B>Harpers Dictionary of Classical Antiquities (1898). Perseus Project. Consultado el 18 de febrero de 2014. Disponible en: <a href="http://www.perseus.tufts.edu/cgi-bin/ptext?doc=Perseus%3atext%3a1999%2e04%2e0062&amp;query=id%3dfortuna#id,fortuna" target="_blank">http://www.perseus.tufts.edu/cgi-bin/ptext?doc=Perseus%3atext%3a1999%2e04%2e0062&amp;query=id%3dfortuna#id,fortuna</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-2448201400010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>31. <B>Ogilvie RM. </B>Los romanos y sus dioses. Cap&iacute;tulo IV: La Adivinaci&oacute;n. Madrid: Alianza Editorial; 1995: pp 71-90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-2448201400010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32. <B>Plat&oacute;n</B>. Di&aacute;logos (Apolog&iacute;a de S&oacute;crates, Banquete y Fedro). Fedro 244 c. Madrid:Editorial Gredos; 1993: p 257.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-2448201400010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>33. <B>Sebasti&aacute;n-Yarza FI. </B>Diccionario Griego-Espa&ntilde;ol Sopena. Tomo I. Barcelona: Editorial Ram&oacute;n Sopena; 1998: p 92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-2448201400010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>34. <B>Diano C. </B>Forma y Evento, principios para una interpretaci&oacute;n del mundo griego. Madrid: Editorial Visor; 2000: p 46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-2448201400010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>35. <B>Szczeklik A. </B>Catarsis: sobre el poder curativo de la naturaleza y del arte. Barcelona: Editorial Acantilado; 2010: p 36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-2448201400010000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>36. <B>Hip&oacute;crates</B>. El Pron&oacute;stico. En: Tratados Hipocr&aacute;ticos. Tomo I. Garc&iacute;a-Gual C (Editor). Madrid: Editorial Gredos; 1990: p 329.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-2448201400010000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>37. Risk Assessment Tool for Estimating Your 10-year Risk of Having a Heart Attack.Consultado el 18 de febrero de 2014. Disponible en <a href="http://cvdrisk.nhlbi.nih.gov/calculator.asp" target="_blank">http://cvdrisk.nhlbi.nih.gov/calculator.asp</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-2448201400010000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>38. <B>Chen S, Parmigiani G. </B>Meta-Analysis of BRCA1 and BRCA2 Penetrance. J Clin Oncol 2007; 25 (11): 1329-33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-2448201400010000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>39. <B>Gage BF, Waterman AD, Shannon W, et al. </B>Validation of clinical classification schemes for predicting stroke: results from the National Registry of Atrial Fibrillation. JAMA 2001; 285 (22): 2864-70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-2448201400010000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>40. <B>Pisters R, Lane DA, Nieuwlaat R, et al. </B>A novel user-friendly score (HASBLED) to assess 1-year risk of major bleeding in patients with atrial fibrillation: the Euro Heart Survey. Chest 2010; 138(5): 1093-100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-2448201400010000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>41. <B>Hippisley-Cox J, Coupland C, Vinogradova Y, et al. </B>Predicting cardiovascularrisk in England and Wales: prospective derivation and validation of QRISK2. BMJ 2008;336:a332. doi:10.1136/bmj.39609.449676.25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-2448201400010000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>42. American College of Surgeons. Patient risk of postoperative complications or death. Consultado el 19 de febrero de 2014. Disponible en <a href="http://riskcalculator.facs.org" target="_blank">http://riskcalculator.facs.org</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-2448201400010000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>43. University of Rhode Island. Thick encounter resource center. Consultado el 28 de febrero de 2014,. Disponible en <a href="http://www.tickencounter.org/resources/tick_risk_calculator" target="_blank">http://www.tickencounter.org/resources/tick_risk_calculator</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-2448201400010000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>44. Sentricon. Termite Risk Calculator. Consultado el 28 de febrero de 2014. Disponible en: <a href="http://www.sentricon.com/protect/risk_calculator.htm" target="_blank">http://www.sentricon.com/protect/risk_calculator.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-2448201400010000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>45. <B>Chavarriaga JC, Beltr&aacute;n J, Senior JM, Fern&aacute;ndez A, Rodr&iacute;guez A, Toro JM. </B>Caracter&iacute;sticas epidemiol&oacute;gicas, cl&iacute;nicas, tratamiento y pron&oacute;stico de los pacientes con diagn&oacute;stico de s&iacute;ndrome coronario agudo en unidad especializada.<I>Acta Med Colomb</I> 2014; <B>39</B>: 21-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-2448201400010000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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