<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-2448</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Acta Medica Colombiana]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Acta Med Colomb]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-2448</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Asociacion Colombiana de Medicina Interna]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-24482014000200001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El bípedo implume dependiente]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The dependent featherless biped]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Matijasevic]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eugenio]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Editor General Acta Médica Colombiana  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Bogotá, D.C ]]></addr-line>
<country>Colombia</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>04</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<volume>39</volume>
<numero>2</numero>
<fpage>99</fpage>
<lpage>105</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-24482014000200001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-24482014000200001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-24482014000200001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right">Editorial</p>     <p align="center"><font size="4"><b>El b&iacute;pedo implume dependiente</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The dependent featherless biped</b></font></p>     <p align="center">Eugenio Matijasevic<sup>1</sup>, Bogot&aacute; D.c. </p>     <p><sup>1</sup> Editor General Acta M&eacute;dica Colombiana. Bogot&aacute;, D.C.(Colombia).    <br> E-mail: <a href="mailto:eugenio.matijasevic@gmail.com">eugenio.matijasevic@gmail.com</a></p>     <p>Recibido: 01/VII/2014 Aceptado: 01/VII/2014 </p> <hr>     <p>Las palabras son herramientas con las que los seres humanos desencadenamos eventos en el mundo humano (1). Cuando mediante una palabra un hablante menciona un particular, bien sea concreto o abstracto, ocurren dos fen&oacute;menos simult&aacute;neos en la mente de nosotros,sus oyentes: en primer lugar, "comprendemos" el significado de la palabra en cuesti&oacute;n incluy&eacute;ndola en un conjunto de conceptos que "funcionan" en una misma regi&oacute;n del mundo humano delimitando de manera precisa el particular al que se refiere; y, en segundo lugar, "sentimos" la palabra en cuesti&oacute;n, es decir, nos embarga una emoci&oacute;n o una mezcla de emociones, que pueden asociarse en mayor o menor medida con im&aacute;genes muy cargadas afectivamente (de gestas personales o ajenas, de sucesos del mundo en los que hemos tomado parte o en los que otros han tomado parte, de eventos de nuestro mundo interior enlos que ciertos recuerdos, deseos, emociones y deliberaciones nuestras han desempe&ntilde;ado un cierto papel).</p>      <p>Pongamos como ejemplo la menci&oacute;n de la palabra <I>justicia</I> en el transcurso de un di&aacute;logo casual. En primer lugar, "comprendemos" su significado atrapando la palabra en cuesti&oacute;n en una red de conceptos que de una u otra manera delimitan su alcance (a qui&eacute;nes o a qu&eacute; se puede aplicar la palabra) y establecen su uso (en qu&eacute; circunstancias el empleo de la palabra <I>justicia</I> resulta correcto). Propongo, tentativamente, como red conceptual para el t&eacute;rmino <I>justicia</I>, los conceptos: igualdad, equidad, representatividad, distribuci&oacute;n, no discriminaci&oacute;n,fraternidad. En segundo lugar "sentimos" la palabra <I>justicia</I> en el conjunto de emociones,a veces contradictorias, que nos sobrevienen al escucharla. Propongo tentativamente como tono emocional (por darle alg&uacute;n nombre a &eacute;sta fen&oacute;meno) del t&eacute;rmino <I>justicia</I>, sentimientos como: alegr&iacute;a, satisfacci&oacute;n, inter&eacute;s, esperanza. El aspecto emocional o no conceptual, como se mencion&oacute;, incluye siempre una cierta imaginer&iacute;a que refuerza o aten&uacute;a, a&ntilde;ade o contraponeemociones al t&eacute;rmino <I>justicia</I>; yo personalmente, por razones (motivos) que yo y s&oacute;lo yo conozco, cuando oigo hablar de <I>justicia</I> pienso en la vida de Mart&iacute;n Luther King, en algunospasajes de Don Quijote de la Mancha y en una obra de Bertolt Brecht que remite a Salom&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero tambi&eacute;n puede ocurrir que a la menci&oacute;n del t&eacute;rmino <I>justicia </I>nuestra intelecci&oacute;n de su significado ocurra en otra direcci&oacute;n, con otro sentido de <I>justicia</I> (autoridad, tribunal, condena, prisi&oacute;n, ajuste de cuentas, etc.) y que, en tal caso, las emociones que nos embarguen sean otras (temor, odio, culpa, verg&uuml;enza), acompa&ntilde;adas de im&aacute;genes muy cargadas emotivamente (como, para no establecer asociaciones clandestinas con la situaci&oacute;n contempor&aacute;nea, el ba&ntilde;o de sangre generado por el <I>Comit&eacute; de Salut Public</I> durante el reinado del terror del directorio en plena revoluci&oacute;n francesa o, m&aacute;s cerca de nosotros en el tiempo y en el coraz&oacute;n, la dictadura Argentina de la d&eacute;cada de 1970). </p>     <p>Esta breve disquisici&oacute;n sobre la justicia no es m&aacute;s que un ejemplo de c&oacute;mo cada palabra posee un significado conceptual y un tono emocional (o, si se prefiere, un significado emocional y un tono conceptual); ustedes mismos podr&iacute;an aportar sus propios ejemplos, seguramente son tan numerosos como las palabras cuyo significado comprenden o como las palabras que saben usar &#91;hay quienes consideran que comprender una palabra y saberla usar son lo mismo (2)&#93;.</p>     <p>Resumiendo, una vez dicha una palabra (o un conjunto de palabras), quien la emitedesencadena en sus oyentes una serie de eventos f&iacute;sicoqu&iacute;micos (fisiol&oacute;gicos) y mentales (cognitivos y emocionales) que, finalmente, llevan al despliegue de una red espec&iacute;fica de conceptos (su significado conceptual) y una red de emociones (su tono emocional), que ponen en marcha en la mente y en el cuerpo del oyente pensamientos, deliberaciones, decisiones y acciones capaces de modificar el mundo. </p>     <p>Con frecuencia, sin embargo, tanto hablantes como oyentes conseguimos separar el significado conceptual de una palabra del tono emocional que la acompa&ntilde;a. Para Freud, que no fue el primero ni el &uacute;ltimo en describir este fen&oacute;meno, en tales casos "&#91;...&#93; queda separado el afecto desu idea, despu&eacute;s de lo cual sigue cada uno de estos elementossu destino particular &#91;...&#93; (3)".</p>     <p>Es por ello que en ocasiones hablamos de violencia y de cr&iacute;menes de guerra y de desapariciones forzadas y de refugiados y de desplazados internos sin que un escalofr&iacute;o recorra nuestras nervaduras; o hablamos de inundaciones, huracanes y terremotos sin que alcancemos siquiera a rozar el temblor y el hambre y el fr&iacute;o y la pavura de esos seres humanos que, a diferencia de nosotros, no est&aacute;n narrando o describiendo sucesos vividos por otros sino sufri&eacute;ndolos en carne propia. Tambi&eacute;n solemos hablar de dolor y disnea y temor y angustia y, en general, de todas las formas de sufrimiento, som&aacute;tico y ps&iacute;quico, que se abaten sobre nuestros pacientes, sin arribar siquiera a un atisbo de lo  que eso significa en la carne y en el alma para las personas  a las que hemos ayudado a encontrar diagn&oacute;sticos como c&aacute;ncer o evento coronario o asma o neuropat&iacute;a o enfermedad vascular perif&eacute;rica. Es como si construy&eacute;semos artificiosa ytrabajadamente en nuestra mente el significado conceptual  y corporal-emocional de cada palabra pero, tambi&eacute;n con  mucho trabajo y artificio, logr&aacute;ramos eliminar siempre este &uacute;ltimo. Esta disociaci&oacute;n entre el aspecto conceptual y el aspecto  emocional del significado de una palabra es mucho mayor  para unos t&eacute;rminos que para otros y var&iacute;a tambi&eacute;n dependiendo de cada persona, de su experiencia previa, de su historia emocional previa y del uso previo que haya hecho, con otras personas, de una determinada palabra-herramienta.</p>     <p>En ocasiones, adem&aacute;s, el proceso de disociaci&oacute;n va mucho m&aacute;s all&aacute;, y de la misma manera que separamos, en las palabras que compartimos con otros seres humanos, los significados conceptual y emocional anulando este &uacute;ltimo, llegamos al extremo de disociar tambi&eacute;n la relaci&oacute;n completa que establecemos con los dem&aacute;s (con la ayuda de esas mismas palabras) y bloqueamos, ya no s&oacute;lo en las palabras que compartimos sino en la relaci&oacute;n misma, la intervenci&oacute;n de la m&aacute;s m&iacute;nima emoci&oacute;n humanizadora. </p>     <p>Probablemente este desprecio por lo emocional provenga de una exageraci&oacute;n, hasta la perversi&oacute;n, de la idea aristot&eacute;lica de que es la raz&oacute;n, el <font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&lambda;&#972;&gamma;&omicron;&sigmaf;</font> (<I>logos</I>), lo que noshace humanos. </p>     <p>La verdad es que desde antiguo hemos estado interesados por saber qu&eacute; es lo que nos hace humanos, lo que nos identifica con respecto a otras especies animales que pueblan el mundo. La an&eacute;cdota, aunque en realidad parece un chiste, transmitida por Di&oacute;genes Laercio en su libro <I>Vidas, </I><I>opiniones y sentencias de los fil&oacute;sofos m&aacute;s ilustres</I>, cuenta que Plat&oacute;n, tratando de definir a los seres humanos por el  m&iacute;nimo de caracter&iacute;sticas que los acogiera a todos bajo la  misma definici&oacute;n, hab&iacute;a afirmado que el ser humano era un  animal b&iacute;pedo sin plumas.</p>     <p>Obviamente Plat&oacute;n no afirm&oacute; semejante exabrupto, pero en uno de sus di&aacute;logos socr&aacute;ticos, <I>El Pol&iacute;tico</I>, tratando dedefinir al <font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&Pi;&omicron;&lambda;&iota;&tau;&iota;&kappa;&#972;&sigmaf;</font> (<I>politikos</I>: pol&iacute;tico), es decir a quien debe gobernar de manera justa y recta la <font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&pi;&omicron;&lambda;&iota;&sigmaf;</font> (<I>polis:</I>ciudad-estado), encuentra que &eacute;ste se diferencia de manera tajante del sofista y se identifica plenamente con el fil&oacute;sofo; pero en el proceso dial&eacute;ctico de llegar a esa diferenciaci&oacute;n y a esa identificaci&oacute;n, el argumento pasa por la idea de que un buen gobernante debe ser algo as&iacute; como un buen criador de animales, una especie de pastor de hombres, pastor del reba&ntilde;o humano (4). Aunque finalmente abandonar&aacute; esta analog&iacute;a, la argumentaci&oacute;n se pierde por un tiempo en los meandros in&uacute;tiles de tratar de definir al ser humano para versi, en realidad, el criador de animales se parece al gobernantede este caso especial de animales, los seres humanos. El argumento avanza como un algoritmo dicot&oacute;mico en el que,cada vez que se elige una de dos ramas posibles, la elegida, a su vez, da origen a otras dos: de la crianza de animalessurge la dicotom&iacute;a entre la crianza de animales salvajes y la de animales dom&eacute;sticos o mansos (grupo, este &uacute;ltimo, que incluye al hombre), entre los dom&eacute;sticos la crianza delos que viven en el agua es diferente de la de los animales que viven en tierra seca (grupo, este &uacute;ltimo, que incluye al hombre), entre los que viven en tierra seca la crianza de los vol&aacute;tiles es diferente de la de los animales pedestres (grupo,este &uacute;ltimo, que incluye al hombre), entre los pedestres la crianza de los que tienen cuernos es diferente de la de los animales sin cuernos (grupo, este &uacute;ltimo, que incluye alhombre), entre los sin cuernos la crianza de los animales que admiten cruces entre especies (asnos y caballos, por ejemplo) es diferente de la de los que no admiten cruces (grupo, este &uacute;ltimo, que incluye al hombre), entre los que no admiten cruces la crianza de los animales que tienen cuatro extremidades inferiores es diferente de la de los que tienen dos (grupo, este &uacute;ltimo, que incluye al hombre), y entre estos &uacute;ltimos la crianza de los animales que tienen plumas es diferente de la de los que no las tienen (grupo, este &uacute;ltimo, que incluye al hombre, de donde la idea de que el hombre es un b&iacute;pedo implume, aunque en realidad habr&iacute;a que decir con Plat&oacute;n que el hombre es un animal dom&eacute;stico,terrestre, pedestre, sin cuernos, que no admite cruces, b&iacute;pedoy sin plumas) (5).</p>     <p>Di&oacute;genes de Sinope, el c&iacute;nico (contin&uacute;a la an&eacute;cdota o elchiste recogido por Di&oacute;genes Laercio), se present&oacute; un ciertod&iacute;a al sal&oacute;n de conferencias de la Academia de Plat&oacute;n con un pollo desplumado dici&eacute;ndoles: "aqu&iacute; est&aacute; el hombre de Plat&oacute;n". El chiste termina afirmando que, para evitar ese tipode confusiones (pues, de acuerdo con la definici&oacute;n de Plat&oacute;ntanto el hombre como el pollo de Di&oacute;genes eran "b&iacute;pedos implumes") en adelante la definici&oacute;n de hombre se hab&iacute;a modificado a "b&iacute;pedo implume con u&ntilde;as planas", definici&oacute;n que, sin lugar a dudas, excluye al pollo del fil&oacute;sofo c&iacute;nico y s&oacute;lo se puede aplicar al hombre (6).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Mucho se ha discutido sobre la arbitrariedad de los criterios seleccionados por Plat&oacute;n para hacer esta especie de taxonom&iacute;a de la especie humana (7), pero no hay que olvidarque no es realmente una taxonom&iacute;a sino un intento un poco absurdo de analog&iacute;a entre los criadores de animales y los "pastores de hombres", y que tampoco es una definici&oacute;n acabada de nuestra especie. El problema con Plat&oacute;n en esto de las definiciones es que apenas se estaba desarrollando en la historia del pensamiento occidental un m&eacute;todo capaz de definiciones adecuadas y que no era Plat&oacute;n sino Arist&oacute;teles quien lo estaba logrando. Habr&aacute; que esperar la obras de l&oacute;gica de Arist&oacute;teles, en especial <I>Analytica posteriora</I>, y su<I>Metaf&iacute;sica</I> para tener herramientas conceptuales y l&oacute;gicas capaces de darnos definiciones y taxonom&iacute;as menos arbitrarias. Mediante las herramientas adecuadas, Arist&oacute;teles evita cometer el tipo de errores que le permitieron a Di&oacute;genes mofarse de Plat&oacute;n y llega a definiciones muy precisas mediante estrategias que nos ense&ntilde;&oacute; tambi&eacute;n a nosotros. La insistencia de Arist&oacute;teles en el <I>logos</I> como aspecto diferenciador del hombre con respecto a otros animales hace parte de estas estrategias.</p>       <p>El t&eacute;rmino <I>logos</I>, que hemos dado en traducir al castellano como <I>raz&oacute;n </I>desde la perspectiva filos&oacute;fica y como <I>verbo </I>o <I>palabra </I>desde la perspectiva b&iacute;blica &#91;"En el principio exist&iacute;a la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios" (8), "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (9)&#93; podr&iacute;a haberse traducidotambi&eacute;n por expresi&oacute;n oral, declaraci&oacute;n, lenguaje, discurso, conversaci&oacute;n, charla, discusi&oacute;n, proposici&oacute;n, definici&oacute;n, promesa, pretexto, fama, nombrad&iacute;a, ejemplo, f&aacute;bula, historia, narraci&oacute;n, revelaci&oacute;n divina, rumor que corre, relaci&oacute;n, proporci&oacute;n, medida, raz&oacute;n de ser, causa, explicaci&oacute;n, justificaci&oacute;n, argumento, prejuicio y otras tantas m&aacute;s, pues todos estos sentidos ten&iacute;a en el uso cotidiano el t&eacute;rmino <font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&lambda;&#972;&gamma;&omicron;&sigmaf;</font> en el griego com&uacute;n (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&kappa;&omicron;&iota;&nu;&#8052; &delta;&iota;&#940;&lambda;&epsilon;&kappa;&tau;&omicron;&sigmaf;</font>: <I>koin&eacute; dialectos</I>, lenguacom&uacute;n) que hablaban en el d&iacute;a a d&iacute;a los contempor&aacute;neos de Arist&oacute;teles (10). Obviamente, las traducciones filos&oacute;fica y  b&iacute;blica mencionadas han sido realizadas tratando de mantener el contexto, buscando conservar el sentido original del t&eacute;rmino, pues no habr&iacute;amos quedado muy bien los seres humanos si hubi&eacute;ramos puesto a decir a Arist&oacute;teles que el hombre es un animal fabulador o un animal con prejuicios (aunque en ciertas circunstancias nos habr&iacute;amos aproximado m&aacute;s a la verdad) y seguramente la buena nueva de Juan (escrita originalmente en <I>koin&eacute; dialectos</I>) no hubiese tenido un comienzo tan po&eacute;tico si dijese "En el comienzo exist&iacute;a la proporci&oacute;n".</p>     <p>De todas maneras, cuando en castellano hablamos de <I>raz&oacute;n</I>, cuando al traducirlo hacemos decir a Arist&oacute;teles que "el hombre es un animal racional" (frase que, como veremos,en realidad nunca dijo), no alcanzamos a captar los sentidos que al t&eacute;rmino <I>logos</I> le quiso dar Arist&oacute;teles. Obviamente, Arist&oacute;teles tom&oacute; el t&eacute;rmino del lenguaje cotidiano, pero desde el punto de vista t&eacute;cnico le dio tres sentidos muy precisos.Uno en su ret&oacute;rica, otro en su psicolog&iacute;a y otro en su &eacute;tica. </p>      <p>Desde el punto de vista de la ret&oacute;rica aristot&eacute;lica, la capacidad de encontrar los medios para persuadir mediante la palabra &#91;"la funci&oacute;n de la ret&oacute;rica &ndash;afirma Arist&oacute;teles&ndash; no espersuadir, sino encontrar en cada caso los medios existentesde persuasi&oacute;n" (11)&#93; depende de un adecuado dominio de los tres aspectos fundamentales de la comunicaci&oacute;n con fines persuasivos: el <font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&#7974;&theta;&omicron;&sigmaf;</font> (<I>ethos</I>), el <font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&pi;&#940;&theta;&omicron;&sigmaf;</font> (<I>pathos</I>) y el<I>logos</I>. El <I>ethos</I> es un medio de persuasi&oacute;n que concierne a lacapacidad del orador para evocar en la audiencia un car&aacute;cterpersonal con atributos positivos: si &eacute;sta llega a considerarque el orador es competente, conoce el asunto a tratar, es sensato, tiene buenas intenciones y no est&aacute; sesgado desde el punto de vista moral (no tiene conflicto de intereses, dir&iacute;amosen la actualidad), estar&aacute; mucho m&aacute;s inclinada a creer en lo que el orador le diga. El <I>pathos</I> es el medio que tiene que vercon las emociones, acompa&ntilde;adas de placer o de dolor, que el orador sea capaz de suscitar en la audiencia, modificando mediante ellas la disposici&oacute;n de &aacute;nimo y, consecuentemente,las opiniones que sus oyentes se forman antes de emitir un juicio (12). El <I>logos</I> hace referencia en este caso al medio de persuasi&oacute;n que apela al intelecto mediante la argumentaci&oacute;ncapaz de demostrar la verdad de un enunciado a partir de sus premisas mediante un <I>entimema </I>(similar en ret&oacute;rica al silogismo de la l&oacute;gica) o mediante un ejemplo (similar en ret&oacute;rica a la inducci&oacute;n l&oacute;gica) (13).</p>     <p>Desde el punto de vista de su psicolog&iacute;a, Arist&oacute;teles considera que, como todos los seres, los seres humanos estamoshechos de materia (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&#8021;&lambda;&eta;</font>: <I>yle</I> o <I>hile</I>) y forma (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&mu;&omicron;&rho;&phi;&#942;</font>: <I>morph&eacute; </I>o <I>morf&eacute;</I>), y que, como todos los seres vivos, nuestra formaes un alma (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&psi;&upsilon;&chi;&#942;</font>: <I>psych&eacute;</I>) inseparable de nuestra materia pues s&oacute;lo existe (y nos hace existir) como forma o funci&oacute;n de &eacute;sta &#91;"Si el ojo fuera un animal &ndash;dice Arist&oacute;teles&ndash; la visi&oacute;n ser&iacute;a su alma" (14)&#93;. Ahora bien, para Arist&oacute;teles nuestra <I>psych&eacute;</I> tiene diversas funciones: tiene una funci&oacute;n vegetativa, similar a la que cumple el alma de las plantas,  que nos permite nacer, nutrirnos, crecer, reproducirnos;  tiene una funci&oacute;n animal, similar a la que cumple el alma de los animales, que nos provee de movimiento y de volici&oacute;n (instintos, apetitos y deseos) (15); y tiene una funci&oacute;n exclusiva del ser humano, que nos define como humanos,  que es el <I>logos</I>, la capacidad de razonar, enjuiciar, inteligir e, incluso, inteligirse a s&iacute; mismo (16).</p>     <p>Desde el punto de vista &eacute;tico debe recordarse que la &eacute;ticade Arist&oacute;teles es una &eacute;tica teleol&oacute;gica de la virtud (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&alpha;&rho;&epsilon;&tau;&#942;</font>: aret&eacute;), en la que &eacute;sta es, siempre, el resultado (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&tau;&epsilon;&lambda;&omicron;&sigmaf;</font>: telos) de un prop&oacute;sito; el desarrollo de una funci&oacute;n (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&epsilon;&rho;&gamma;&omicron;&nu;</font>: erg&oacute;n).No se trata de una &eacute;tica de&oacute;ntica o normativa basada en el cumplimiento de reglas preestablecidas. El mayor bien en lavida humana es, para Arist&oacute;teles, la b&uacute;squeda de la felicidad,as&iacute; que es &eacute;ste el prop&oacute;sito verdaderamente &eacute;tico de todo ser humano. Pero la felicidad no se encuentra en el placer, los honores, las riquezas, los puestos de mando, la gloria, etc. sino en la <I>aret&eacute;</I> (todos los seres humanos, sabios y no tan sabios, "admiten que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz" (17) afirma Arist&oacute;teles). La virtud-<I>aret&eacute;</I> y portanto la felicidad derivan, para Arist&oacute;teles, del cumplimientopleno de una funci&oacute;n; la <I>aret&eacute; </I>de un m&eacute;dico, por ejemplo, consiste en que logre la salud de sus pacientes. La funci&oacute;n de un ser humano, el prop&oacute;sito de sus actividades como ser humano es, para Arist&oacute;teles, obvia: si el el <I>logos</I> es lo que nos hace m&aacute;s humanos, diferentes de las plantas y de los animales, entonces nuestra <I>aret&eacute;</I>, nuestra virtud comoseres humanos, ha de ser llevar dicho <I>logos </I>a su desarrollo m&aacute;s completo (18). Aqu&iacute; retoma el concepto de <I>logos</I> en un sentido parecido al que utiliz&oacute; en <I>Acerca del Alma</I> aunquecon connotaciones sociales y &eacute;ticas que antes no ten&iacute;a, pues desde el punto de vista &eacute;tico, el <I>logos</I> ya no es s&oacute;lo la capacidad de razonar, enjuiciar, inteligir e, incluso, inteligirse a s&iacute; mismo de manera individual, aislada, sino tambi&eacute;n la capacidad de percibir, de darnos cuenta (en plural), y de aclarar a otros mediante el discurso razonado, la diferencia entre lo que trae ventajas y lo que es peligroso, lo que es justo y lo que es injusto, lo que es bueno y lo que es malo,al interior de una <font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&kappa;&omicron;&iota;&nu;&omega;&nu;&#943;&alpha;</font> (<I>koinonia</I>: comunidad) que se constituye en el hogar, la ciudad-estado, la <I>polis</I>, &uacute;nicoescenario en donde todo esto es posible (19).</p>     <p>La raz&oacute;n, el <I>logos</I>, no es pues una mera facultad escondidaen el fondo de la <I>psych&eacute;</I>, es adem&aacute;s una actividad (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&pi;&rho;&#8118;&xi;&iota;&sigmaf;</font>, <I>praxis</I>) que se despliega en la <I>polis</I>, en la comunidadhumana, que se realiza en el intercambio con otros seres humanos, que hace de la capacidad de entender y poder explicar el motivo de nuestras acciones y de la capacidad para evaluar qu&eacute; es lo mejor para nosotros mismos una virtud que debemos perseguir y alcanzar, colocando como meta m&aacute;s lograda y distante la capacidad de entender que lo mejor para m&iacute; mismo no puede separarse de lo mejor paratodos, puesto que somos animales pol&iacute;ticos, animales que vivimos en sociedad, animales que convivimos en la <I>polis</I>. As&iacute; lo declara Arist&oacute;teles de manera expl&iacute;cita al comienzo de su <I>Pol&iacute;tica</I>: "el hombre es, por naturaleza, un <font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&pi;&omicron;&lambda;&iota;&tau;&iota;&kappa;&#8056;&nu; &zeta;&#8183;&omicron;&nu;"</font> (20) (<I>politikon zoon</I>, un animal pol&iacute;tico) y quien no sea parte de la ciudad, bien sea por incapacidad para integrarse a esa participaci&oacute;n com&uacute;n, o bien porque en su autosuficiencia considera que no necesita de ella, no es otra cosa que, respectivamente, o un animal salvaje (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&theta;&eta;&rho;&#943;&omicron;&nu;</font>, <I>therion</I>) o un Dios (<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&theta;&epsilon;&#972;&sigmaf;</font>, <I>theos</I>) (21).</p>     <p>Estas dos circunstancias, el que por un lado Arist&oacute;teles, desde su perspectiva ret&oacute;rica, psicol&oacute;gica y &eacute;tica, considerara que lo que nos hace humanos, lo que nos diferencia de los animales es el <I>logos</I>, la raz&oacute;n, y, por el otro, que desde su perspectiva pol&iacute;tica hubiese afirmado que "el hombre es un animal pol&iacute;tico", llev&oacute;, con el paso del tiempo, a que se le atribuyera una frase que ha pasado a ser proverbial como definici&oacute;n del ser humano pero que Arist&oacute;teles nunca dijo: "el hombre es un &lambda;o<font face="Palatino Linotype, Book Antiqua, Palatino, serif">&gamma;&iota;&kappa;o&nu; Z&oacute;on&raquo;</font> (<I>logikon zoon</I>, animalracional). De ah&iacute; a considerar que s&oacute;lo debemos privilegiar el <I>logos</I>, la raz&oacute;n, en desmedro de otras facultades que tambi&eacute;n son humanas,  pero que compartimos con los animales, como la emocionalidad, la instintualidad o la sensibilidad, no hab&iacute;a sino un paso.</p>     <p>Seguramente lo m&aacute;s espec&iacute;fico del hombre es su <I>logos</I>,su raz&oacute;n, pero esto no hace que las emociones sean inhumanas o que haya que rechazarlas en la vida de relaci&oacute;n o que, al interior de la <I>polis, </I>una relaci&oacute;n que intente basarse exclusivamente en la raz&oacute;n sea m&aacute;s humana que otra que permita que las emociones ayuden a reforzar los lazos que nos unen. Sin embargo, desde anta&ntilde;o venimos privilegiandola raz&oacute;n, privilegio que la raz&oacute;n merece, aunque no de manera exclusiva o, menos todav&iacute;a, excluyente de las emociones y los afectos.</p>     <p>En su novela <I>Diario un Mal A&ntilde;o</I>, John Maxwell Coetzee,Premio Nobel de literatura del a&ntilde;o 2003, trae a la memoria del narrador y personaje principal el recuerdo de un episodioque tuvo lugar, supuestamente, en la biblioteca de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore mientras hac&iacute;a algunas consultas bibliogr&aacute;ficas. "A cada una de mis preguntas", dice el narrador, la bibliotecaria "respond&iacute;a de una manera r&aacute;pida y mon&oacute;tona, dej&aacute;ndome con la inquietante sensaci&oacute;nde que no estaba hablando con un cong&eacute;nere sino con una m&aacute;quina". Adem&aacute;s de lo molesta que pod&iacute;a resultar la actitud de la bibliotecaria, lo m&aacute;s abrumador de la situaci&oacute;n, contin&uacute;a el narrador, era que "realmente, la joven parec&iacute;a enorgullecerse de su identidad mec&aacute;nica, de su insociabilidad". La actitud maquinal de la bibliotecaria no s&oacute;lo se declaraba en el hecho de mostrarse como una m&aacute;quina dirigida por un programa inflexible, sino en negar al otro cualquier posibilidad de interacci&oacute;n, cualquier posibilidad de una m&iacute;nima modificaci&oacute;n en su algoritmo: "No buscaba nada de m&iacute; en el intercambio &ndash;culmina Coetzee&ndash;, no hab&iacute;a nada que yo pudiera darle, ni siquiera el tranquilizador instante de reconocimiento mutuo que comparten dos hormigascuando sus antenas se rozan al pasar" (22).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque se trata de una situaci&oacute;n novelada, los eventos  descritos por Coetzee no son infrecuentes en la vida real;  con seguridad cada uno de nosotros puede recordar unepisodio reciente en el que alguien, en el transcurso de una interacci&oacute;n humana, trat&oacute; de desaparecer de la mirada del otro como ser humano trabajando activamente por parecer un aut&oacute;mata o un robot, un artefacto programado para realizar un oficio humano sin parecer humano. En los &uacute;ltimostiempos y en muchas de las profesiones u oficios en los que, como parte del oficio, quien lo realiza debe interactuar con  otro ser humano, da la impresi&oacute;n de que la consigna fuese  "no involucrarse"; algo as&iacute; como si cada quien dijese "mi  trabajo es un trabajo muy importante y mientras menos emociones permita que se inmiscuyan en &eacute;l, mejor lo har&eacute;", olvidando que, precisamente, la importancia de su trabajo se deriva de que es un trabajo a realizar con otros seres humanos, un trabajo que no podr&iacute;a ser sustituido por un algoritmo de computador o por el juego de engranajes de un aut&oacute;mata, y que, en consecuencia, se trata de un trabajo pleno emociones. A veces, en el argumento anterior, se remplaza "muy importante" en "mi trabajo es muy importante"  por "calificado" o "t&eacute;cnico" o "cient&iacute;fico", pero, en &uacute;ltima instancia, la intenci&oacute;n es la misma, creer y hacer creer que lapresencia de emociones humanas en un intercambio humano entorpecen dicho intercambio y justificar la total disociaci&oacute;n entre el contenido conceptual de lo que decimos y el tono  emocional que deber&iacute;a acompa&ntilde;arlo con el fin de erradicar  por completo el clima emocional en el que deber&iacute;a darse toda interacci&oacute;n humana. </p>     <p>En 1974 Herbert Freudemberger, psic&oacute;logo dedicado a estudiar los efectos del trabajo sobre la salud f&iacute;sica y emocional, describi&oacute; una forma especial de desgaste laboral, quese presenta s&oacute;lo entre trabajadores pertenecientes a sectores en los que el trabajo est&aacute; dirigido hacia otros seres humanos (trabajadores de la salud, educadores, servicios de hoteler&iacute;a,empleados de la justicia, servicios sociales, etc.), cuando existe un desfase entre las expectativas del trabajador y la recompensa que realmente obtiene de su trabajo (olvidando que, en gran medida, obtiene lo que da). Freudemberger denomin&oacute; <I>burnout</I> a esta situaci&oacute;n, t&eacute;rmino que no tiene unatraducci&oacute;n precisa al castellano pero que en ingl&eacute;s se usa cuando el motor de un jet o de un cohete cesa de funcionaral quemar (<I>burnout</I>) todas sus reservas de combustible (23).En castellano un equivalente aproximado podr&iacute;a ser "fundi&oacute; el motor" o "quem&oacute; la m&aacute;quina", pero no vale la pena adaptar una traducci&oacute;n: en todos los idiomas del mundo el t&eacute;rmino <I>burnout</I>, as&iacute; sin traducci&oacute;n, ha pasado a significar ese grado de agotamiento laboral que no tiene que ver con la fatiga muscular ni con el cansancio intelectual sino con la insatisfacci&oacute;n con la labor realizada. </p>     <p>Al trabajador en <I>burnout</I>, de acuerdo con Christina Maslach, psic&oacute;loga de la Universidad de Berkeley quien en 1976formaliz&oacute; los conceptos de Freudemberger en la primera escala de <I>burnout </I>con utilidad pr&aacute;ctica y con un aceptable grado de reproducibilidad y de concordancia interobservador (24), lo que antes le parec&iacute;a importante de su labor le parece ahora poco agradable, autoevaluando negativamentesu propia capacidad para llevar a cabo ese trabajo; la energ&iacute;ade la que hac&iacute;a gala en las actividades laborales da paso al cansancio, a la incapacidad de dar m&aacute;s de s&iacute; mismo desde el punto de vista emocional; y el compromiso que viv&iacute;a hacia las personas destinatarias de su trabajo da lugar a un cinismoatroz, a tal grado que comienza a tratarlas como si fueran objetos impersonales. Es la otra cara de la moneda de la bibliotecaria de Coetzee, ya no se trata de que adoptemos una actitud autom&aacute;tica inhumana, convirtiendo nuestro trabajo en el trabajo de una m&aacute;quina y transform&aacute;ndonos a nosotrosmismos en un objeto impersonal, sino que transformamos alotro en un evento del mundo, en un objeto impersonal, sinemociones que, a su vez, tampoco nos emociona.</p>     <p>En cualquiera de los dos casos desaparece la posibilidad de una relaci&oacute;n humana, pues no es posible una relaci&oacute;n interpersonal entre una m&aacute;quina y una persona ("modelo bibliotecaria de Coetzee") ni entre una persona y un objeto del mundo ("modelo trabajador en <I>burnout</I>"). De todasmaneras, el intento vano por erradicar las emociones de las relaciones humanas no deja de ser un mecanismo de defensa y como tal parte de un proceso patol&oacute;gico: para no verme afectado por los dem&aacute;s me niego a m&iacute; mismo y me transformo en m&aacute;quina o niego la presencia de los dem&aacute;s declar&aacute;ndolos objetos en un mundo de objetos.</p>     <p>Desde la perspectiva del sentido com&uacute;n los seres humanos siempre hemos admitido que de una persona podemos predicar tanto caracter&iacute;sticas netamente f&iacute;sicas, que cualquiera puede verificar (como la talla, el peso, la situaci&oacute;n enel espacio, la concentraci&oacute;n de ciertos componentes bioqu&iacute;micos en sus l&iacute;quidos corporales), como caracter&iacute;sticas de sumundo interior que s&oacute;lo el propio sujeto puede confirmar (y que s&oacute;lo podemos conocer si &eacute;l nos las comunica) que hemosdado en denominar mentales (tiene miedo, est&aacute; enamorado, le preocupa la salud de su amigo) (25). Peter FrederickStrawson, el fil&oacute;sofo oxoniense que m&aacute;s hizo en pro de lo que denomin&oacute; la filosof&iacute;a del sentido com&uacute;n, dedic&oacute; parte de sus reflexiones a la forma en que los seres humanos nos relacionamos unos con otros, en especial a las posturas intelectuales, cognitivas y emocionales que asumimosfrente a los dem&aacute;s. Strawson llam&oacute; a estas posturas "actitud frente a los dem&aacute;s" y demostr&oacute; que dichas posturas pueden ser determinantes no s&oacute;lo del curso que tome una relaci&oacute;n humana y de los resultados del encuentro entre dos o m&aacute;s seres humanos sino que, a partir de ellas, se desarrollan en losgrupo de seres humanos que viven, trabajan, se relacionan einteract&uacute;an de manera mancomunada lo que &eacute;l considera unacomunidad racional de la que, posteriormente, en un grado m&aacute;s avanzado de la evoluci&oacute;n comunitaria, se desarrollar&aacute; una comunidad moral. </p>     <p>Aunque puede haber combinaciones diversas dentro de un amplio rango de posibilidades, en &uacute;ltima instancia, en su estado m&aacute;s puro, afirma Strawson, asumimos frente a los dem&aacute;s y los dem&aacute;s asumen frente a nosotros s&oacute;lo dos tipos deactitudes que denomin&oacute;, respectivamente, actitud objetiva yactitud reactiva. A primera vista, guiados por las connotaciones que t&eacute;rminos como objetividad y juzgar objetivamente tienen en la conversaci&oacute;n del d&iacute;a a d&iacute;a, a cualquiera que se le interrogue sobre c&oacute;mo considera que deber&iacute;a relacionarse con los dem&aacute;s responder&iacute;a de inmediato que de manera objetiva, pero, asombrosamente, Strawson nos ense&ntilde;a que precisamente la caracter&iacute;stica m&aacute;s humana de las relacionesentre los seres humanos es que nos relacionamos de manera emocional y afectiva (26).</p>     <p>De acuerdo con Strawson adoptamos una actitud objetiva frente a los dem&aacute;s cuando vemos al otro de manera "objetiva", igual que al resto de eventos que tienen lugar en el universo, como a un objeto m&aacute;s entre los mueblesdel mundo. En este caso el otro es algo de lo que podemos predicar caracter&iacute;sticas exclusivamente objetivables como la posici&oacute;n en el espacio, la talla, el peso, la carga el&eacute;ctrica </p>     <p>o las modificaciones en la misma, las caracter&iacute;sticas bioqu&iacute;micas, etc. De todas maneras, al adoptar esta actitud tratamos de desprendernos de cualquier v&iacute;nculo emocional que, supuestamente, pueda entorpecer nuestro buen juicio  cient&iacute;fico con respecto a ese objeto del mundo que estamos  observando, olvidando o haciendo como si olvid&aacute;ramos, que estamos frente a un semejante.</p>     <p>Por el contrario, cuando adoptamos una actitud reactiva frente a los dem&aacute;s, vemos al otro como una persona, como alguien que posee ciertas caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas (como en la actitud objetiva), pero que tiene tambi&eacute;n un mundo interior como el nuestro, un mundo con percepciones, sensaciones, emociones, sufrimiento; lo vemos como un semejante, alguien que es a la vez un <I>soma </I>y una <I>psych&eacute;</I>, alguien de quienpodemos predicar enunciados tanto f&iacute;sicos (est&aacute; en tal sitio, en tal posici&oacute;n, mide tanto, pesa tanto) como mentales (tienemiedo, est&aacute; enamorado, sufre). En este caso tratamos, inclusoa veces, de ponernos en la situaci&oacute;n del otro (hay palabras a menudo olvidadas como compasi&oacute;n y misericordia para describir este fen&oacute;meno pero que, con un cierto pudor o por las supuestas connotaciones religiosas que conllevan, hemos reemplazado por el t&eacute;rmino m&aacute;s neutro de empat&iacute;a).</p>     <p>Alasdair MacIntyre, tambi&eacute;n fil&oacute;sofo oxoniese, aunque  est&aacute; de acuerdo con la idea aristot&eacute;lica de que la raz&oacute;n es  lo que nos hace espec&iacute;ficos con respecto a otros animales,  considera que la frase que no dijo Arist&oacute;teles pero que todosle atribuimos puede seguir siendo cierta si la mejoramos  a&ntilde;adi&eacute;ndole un criterio modificador que la matice y la haga  m&aacute;s cierta: "El hombre es un animal racional y dependiente"(27). De acuerdo con MacIntyre, a diferencia de muchos animales que desde el momento en que salen del huevo  o del vientre materno est&aacute;n en condiciones de enfrentarse a las vicisitudes del mundo natural, los seres humanos en muchas circunstancias de la vida, en especial en las edades extremas de la misma, dependemos de otros seres humanos, no digamos ya para florecer (dependemos siempre de los  dem&aacute;s para dar fruto), sino para simplemente sobrevivir: somos vulnerables a una gran cantidad de aflicciones diversas -recalca MacIntyre- y la mayor&iacute;a padecemos alguna enfermedad grave en uno u otro momento de la vida, pero laforma en que cada uno de nosotros se enfrenta a ello dependes&oacute;lo en una peque&ntilde;&iacute;sima parte de s&iacute; mismo, "pues lo m&aacute;s frecuente es que, cuando nos enfrentamos a una enfermedad, a una lesi&oacute;n corporal, a una alimentaci&oacute;n defectuosa,  a deficiencias o perturbaciones mentales o, incluso, a la  agresi&oacute;n o a la negligencia de otros seres humanos, todos dependemos de los dem&aacute;s".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Donald Woods Winnicott, m&eacute;dico pediatra y psicoanalista de ni&ntilde;os brit&aacute;nico, quien trabaj&oacute; durante 40 a&ntilde;os como pediatra en el <I>Paddington Green Children's Hospital </I>(28) ydedic&oacute; toda su vida profesional a la observaci&oacute;n, cuidado y tratamiento de ni&ntilde;os tanto sanos como enfermos, dijo algunavez en una conferencia que "no hay algo que pueda ser denominado un beb&eacute;" ("<I>there is not such thing as a baby</I>") y tuvoque explicarse en varias ocasiones porque esta afirmaci&oacute;n se tom&oacute; como pudieron haberse tomado los exabruptos dePlat&oacute;n cuando a trav&eacute;s de los recovecos de su dificultosa argumentaci&oacute;n pareci&oacute; afirmar que "el hombre es un animalb&iacute;pedo implume". La mejor explicaci&oacute;n de la afirmaci&oacute;n de Winnicott la consign&oacute; por escrito: "si me muestran ustedes un beb&eacute;, con seguridad me mostrar&aacute;n tambi&eacute;n a alguien quecuida del beb&eacute;, o, por lo menos, un cochecito de beb&eacute;s con  los ojos y los o&iacute;dos de alguien pegados a &eacute;l; lo que vemos  es una pareja de crianza (<I>a nursing couple</I>)" (29). Y tiene raz&oacute;n, los ni&ntilde;os no aparecen y permanecen en el mundo sin alguien que est&eacute; al cuidado de ellos. No se cr&iacute;an solos, nosobrevivir&iacute;an un solo d&iacute;a sin un cuidador que en conjunto con ellos forme una <I>nursing couple</I>. Los adultos en las condiciones de vulnerabilidad y dependencia descritas por MacIntyre tampoco lograr&iacute;amos sobrevivir mucho tiempo sien esas situaciones no logr&aacute;ramos conformar con alguien una<I>nursing couple </I>que nos ayude a sobrevivir y salir adelante.</p>     <p>Desde hace casi 25 siglos, cuando en la Escuela de Cos seestablecieron las bases humanas, humanistas y cient&iacute;ficas denuestra profesi&oacute;n, la medicina y las profesiones que se han ido gestando alrededor del cuidado de los enfermos y de la promoci&oacute;n de la salud humana, se han diferenciado, como parte del proceso de divisi&oacute;n social del trabajo, como oficios dirigidos a otros seres humanos, con la tarea de formar <I>nursing couples</I> con las personas enfermas o en riesgo de enfermedad, que no sobrevivir&iacute;an ni podr&iacute;an posteriormenteflorecer y fructificar por fuera del amparo protector de una "pareja de crianza" establecida con una persona id&oacute;nea. Este tipo de relaci&oacute;n tan especial, que hemos dado en llamar relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente, es una relaci&oacute;n humana, una relaci&oacute;n entre seres humanos, racional pero a la vez plena de emociones. No puede permitirse que sea una relaci&oacute;n estructurada sobre el modelo "bibliotecaria de Coetzee" entre una m&aacute;quina y un paciente humano (sufriente y doliente) o una relaci&oacute;n sobre el modelo "trabajador en <I>burnout</I>" entre un m&eacute;dico supuestamente humano (sufriente y doliente) que,para "protegerse", deshumaniza a su paciente convirti&eacute;ndoloen un objeto del mundo.</p>     <p>La humanizaci&oacute;n del cuidado de la salud, tarea en la que estamos involucrados todos, m&eacute;dicos, enfermeras, terapeutasy pacientes, requiere que siempre y en cada tiempo y lugar en el que dos personas se encuentren en esa relaci&oacute;n tan especialmente asim&eacute;trica en la que un ser humano desvalido podr&iacute;a salir de su situaci&oacute;n o sobrellevarla mejor con la ayuda de otro ser humano que conoce las teor&iacute;as y las t&eacute;cnicas necesarias para lograrlo, tengamos el empe&ntilde;o, independientemente del lado de la relaci&oacute;n en el que estemos (como pacientes o como terapeutas), de personalizar al otro,de tenerlo presente como una persona, como alguien que,adem&aacute;s de su cuerpo y de las dificultades por las que este atraviesa, posee tambi&eacute;n un mundo interior igualmente plenode dificultades (o de tesoros por descubrir). Dicha humanizaci&oacute;n requiere abandonar todo temor a que las emociones puedan entorpecer nuestra labor, por el contrario, exige el convencimiento de que una relaci&oacute;n plenamente humana requiere el fluir de las emociones de una orilla a otra de la relaci&oacute;n, exige asociar y nunca disociar las palabras de los afectos que las acompa&ntilde;an y exige, sobre todo, no disociar nunca a los dem&aacute;s separando su aspecto objetivo (al que tenemos acceso con nuestros sentidos y con toda la tecnolog&iacute;aque permite acrecentar nuestro poder de observaci&oacute;n), de su mundo interior (al que s&oacute;lo tenemos acceso con nuestro propio mundo interior, &uacute;nico instrumento capaz de llegar a, eintervenir en, el mundo interior del paciente), s&oacute;lo porque esemundo interior est&aacute; plagado a veces de sombras siniestras.</p>     <p>Eric Cassell, especialista en Medicina Interna, miembro del <I>Institute of Medicine</I> de la <I>National Academy of Scien</I><I>ces</I>, Master del <I>American College of Physicians</I>, antiguomiembro de la <I>President's National Bioethics Advisory </I><I>Commission</I>, afirm&oacute; hace ya 24 a&ntilde;os, en la primera edici&oacute;n de <I>The Nature of Suffering and the Goals of Medicine </I>quelos presupuestos en los que se fundamenta la medicina contempor&aacute;nea no aportan ninguna base para la comprensi&oacute;n del sufrimiento y que, si bien para el dolor, para la dificultadrespiratoria o para otras aflicciones del cuerpo la respuesta  de la medicina contempor&aacute;nea a la solicitud de alivio ha sidoun rotundo s&iacute;, para el sufrimiento como un todo la respuestano ha sido tan contundente. La raz&oacute;n de esta disparidad, dice Cassell, es que el sufrimiento inevitablemente involucra personas, mientras que la medicina actual est&aacute; orientada condemasiada vehemencia s&oacute;lo a los cuerpos y, bien mirado, los cuerpos no sufren, son las personas las que sufren (30).En la segunda edici&oacute;n de su libro, hace 10 a&ntilde;os, Casell  mantuvo sin vacilaci&oacute;n esta afirmaci&oacute;n a pesar de que, sin  lugar a dudas, la situaci&oacute;n parece estar cambiando. Cada vez m&aacute;s, los m&eacute;dicos tomamos conciencia de que un ser humano que sufre requiere para su alivio, adem&aacute;s de los conocimientos te&oacute;ricos y de las t&eacute;cnicas y dispositivos tecnol&oacute;gicos necesarios para enfrentar la enfermedad, a otro ser humano a su lado pertrechado con esos conocimientos y esas t&eacute;cnicas y convencido de que, en la lucha contra elsufrimiento, el trato humano, persona a persona, sin temor a las emociones que se ponen en marcha de lado y lado,  aunque no suficiente, s&iacute; es indispensable en la b&uacute;squeda  del anhelado alivio. Recordando a Cassell, "uno no puedeevitar &lsquo;verse involucrado' con el paciente y al mismo tiempo enfrentar de manera eficaz el sufrimiento" (31). </p> <hr>     <p><b><font size="3">Referencias</font></b></p>     <!-- ref --><p> 1. <b>Putnam, Hilary. </b>The meaning of "Meaning". En: Mind, language and Reality.  Cambridge: Cambridge University Press; 1975: p 229.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0120-2448201400020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>2. <b>Wittgenstein, Ludwig. </b>Investigaciones Filos&oacute;ficas. Barcelona: Ediciones Altaya; 1999: p 18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0120-2448201400020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. <b>Freud, Sigmund.</b> Lo inconsciente. Obras Completas de Sigmund Freud. Tomo II. Madrid: Biblioteca Nueva; p. 2069.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0120-2448201400020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>4. <b>Plat&oacute;n. </b>Pol&iacute;tico. En: Di&aacute;logos V: Parm&eacute;nides, Teeteto, Sofista, Pol&iacute;tico. 261d. Santacruz, Maria Isabel (Traductora). Madrid: Editorial Gredos; 1988: p 509.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0120-2448201400020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. <b>Plat&oacute;n. </b>Pol&iacute;tico. En: Di&aacute;logos V: Parm&eacute;nides, Teeteto, Sofista, Pol&iacute;tico. 264a267b. Santacruz, Maria Isabel (Traductora). Madrid: Editorial Gredos; 1988: pp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0120-2448201400020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. <b>Laertius, Diogenes. </b>Lives of Eminent Philosophers. 6, 2, 40. Hicks D (Traductor). 514-522.  Volumen II. London: William Heinemann; 1925: p 43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0120-2448201400020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>7. <b>Steinman, B&aacute;rbara. </b>&iquest;Qu&eacute; es definir en el Pol&iacute;tico de Plat&oacute;n?. Revista latinoamericana de filosof&iacute;a 2008; 31 (1): 63-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-2448201400020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. <b>Juan L</b>: L. Biblia de Jerusal&eacute;n, Edici&oacute;n Espa&ntilde;ola. Bilbao: Descl&eacute;e de Brouwer; 1975: p 1505.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-2448201400020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>9. <b>Juan L</b>: L. Sagrada Biblia. Reina-Valera: p 1793. Disponible en <A href="http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.pdf" target="_blank">http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.pdf</A>. Consultado el 3 de mayo de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-2448201400020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><P>10. <b>Sebasti&aacute;n-Yarza, Florencio.</b> Diccionario Griego-Espa&ntilde;ol. Tomo II. Barcelona: Editorial Ram&oacute;n Sopena; 1999: p 849.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-2448201400020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>11. <b>Aristotle. </b>The Art of Rhetoric. 1355b. Freese, John Henry (Traductor). London: William Heynemann; 1926: p 13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-2448201400020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>12. <b>Aristotle. </b>The Art of Rhetoric. 1378a. Freese, John Henry (Traductor). London: William Heynemann; 1926: p 173.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-2448201400020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>13. <b>Aristotle. </b>The Art of Rhetoric. 1356b. Freese, John Henry (Traductor). London: William Heynemann; 1926: pp 19-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-2448201400020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>14. <b>Arist&oacute;teles. </b>Acerca del Alma. 413a 1-4. Calvo-Mart&iacute;nez, Tom&aacute;s (Traductor). Barcelona: Editorial Gredos; 1998: p 86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-2448201400020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>15. <b>Arist&oacute;teles. </b>Acerca del Alma. 414a 29-34, 414b 1-419. Calvo-Mart&iacute;nez, Tom&aacute;s (Traductor). Barcelona: Editorial Gredos; 1998: pp 91-92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-2448201400020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>16. <b>Arist&oacute;teles. </b>Acerca del Alma. 429a 16-24, 429b 9. Calvo-Mart&iacute;nez, Tom&aacute;s (Traductor). Barcelona: Editorial Gredos; 1998: pp 146-147.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-2448201400020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>17. <b>Arist&oacute;teles. </b>&Eacute;tica a Nic&oacute;maco. 1095a. Ara&uacute;jo M, Mar&iacute;as J (Traductores). Octava Edici&oacute;n. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e Institucionales; 2002: pp 2-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-2448201400020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>18. <b>Arist&oacute;teles.</b> &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. 1097b. Ara&uacute;jo M, Mar&iacute;as J (Traductores). Octava Edici&oacute;n. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e Institucionales; 2002: pp 7-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-2448201400020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>19. <b>Rahe, Paul Anthony. </b>Republics Ancient &amp; Modern, Vol. 1: The Ancien R&eacute;gime in Classical Greece. Chapel Hill: The University of North Carolina Press; 1994: p 21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-2448201400020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>20. <b>Arist&oacute;teles. </b>Pol&iacute;tica. 1253a 1-4. G&oacute;mez-Robledo, Antonio (Traductor). Segunda Edici&oacute;n. M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico; 2000: pp 3-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-2448201400020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>21. <b>Arist&oacute;teles. </b>Pol&iacute;tica. 1253a 28-29. G&oacute;mez-Robledo, Antonio (Traductor). Segunda Edici&oacute;n. M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico; 2000: pp 4-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-2448201400020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>22. <b>Coetzee, John Maxwell. </b>Diario de un mal a&ntilde;o. Barcelona: Random House Mondadori; 2007: p. 151.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-2448201400020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>23. <b>Freudenberger, HJ. </b>Staff burn-out. <I>Journal of Social Issues </I>1974; <b>30</b> (1): 159-165.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-2448201400020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>24. Institute for Quality and Efficiency in Health Care. What is burnout syndrome?. Disponible en <A href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmedhealth/PMH0050545/" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmedhealth/PMH0050545/</A>. Consultado el 4 de mayo de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-2448201400020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>25. <b>Strawson, Peter Frederick.</b> Individuals. London: Routledge; 1971: pp 87-116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-2448201400020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>26. <b>Strawson, Peter Frederick. </b>Freedom and Resentment. En: Freedom and Resentment and other essays. London: Routledge; 2008: pp 1-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-2448201400020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>27. <b>Alasdair MacIntyre. </b>Animales racionales y Dependientes. Barcelona: Editorial Paid&oacute;s; 2001: 15-33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-2448201400020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>28. <b>Kahr, Brett. </b>Donald Woods Winnicott, retrato y biograf&iacute;a. Madrid: Biblioteca Nueva; 1999: p 155.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-2448201400020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>29. <b>Winnicott, Donald Woods. </b>Anxiety associated with Insecurity (1952). En: Through Paediatrics to Psychoanalysis: Collected Papers. London: Rouletdge; 2014: 97-100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-2448201400020000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>30. <b>Cassell, Eric. </b>The Nature of Suffering and the Goals of Medicine. Second Edition.Oxford: Oxford University Press; 2004: p V.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-2448201400020000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>31. <b>Cassell, Eric. </b>The Nature of Suffering and the Goals of Medicine. Second Edition. Oxford: Oxford University Press; 2004: p 290.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-2448201400020000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p> </font>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Putnam]]></surname>
<given-names><![CDATA[Hilary]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The meaning of "Meaning]]></article-title>
<source><![CDATA[Mind, language and Reality]]></source>
<year>1975</year>
<page-range>229</page-range><publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wittgenstein]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ludwig]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Investigaciones Filosóficas]]></source>
<year>1999</year>
<page-range>18</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ediciones Altaya]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Freud]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sigmund]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Lo inconsciente. Obras Completas de Sigmund Freud]]></source>
<year></year>
<page-range>2069</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Biblioteca Nueva]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Platón]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Político]]></article-title>
<source><![CDATA[Diálogos V: Parménides, Teeteto, Sofista, Político]]></source>
<year>1988</year>
<edition>261</edition>
<page-range>509</page-range><publisher-loc><![CDATA[SantacruzMadrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Platón]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Político]]></article-title>
<source><![CDATA[Diálogos V: Parménides, Teeteto, Sofista, Político. 264a267b. Santacruz, Maria Isabel (Traductora)]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Laertius]]></surname>
<given-names><![CDATA[Diogenes]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Lives of Eminent Philosophers. 6, 2, 40. Hicks D (Traductor). 514-522]]></source>
<year>1925</year>
<page-range>43</page-range><publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[William Heinemann]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Steinman]]></surname>
<given-names><![CDATA[Bárbara]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Qué es definir en el Político de Platón]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista latinoamericana de filosofía]]></source>
<year>2008</year>
<volume>31</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
<page-range>63-91</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Juan]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L. Biblia de Jerusalén]]></source>
<year>1975</year>
<edition>Edición Española</edition>
<page-range>1505</page-range><publisher-loc><![CDATA[Bilbao ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Desclée de Brouwer]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Juan]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L. Sagrada Biblia. Reina-Valera]]></source>
<year></year>
<page-range>1793</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sebastián-Yarza]]></surname>
<given-names><![CDATA[Florencio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Diccionario Griego-Español]]></source>
<year>1999</year>
<page-range>849</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Ramón Sopena]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristotle]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Art of Rhetoric. 1355b. Freese, John Henry (Traductor)]]></source>
<year>1926</year>
<page-range>13</page-range><publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[William Heynemann]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristotle]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Art of Rhetoric. 1378a. Freese, John Henry (Traductor)]]></source>
<year>1926</year>
<page-range>173</page-range><publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[William Heynemann]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristotle]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Art of Rhetoric. 1356b. Freese, John Henry (Traductor)]]></source>
<year>1926</year>
<page-range>19-23</page-range><publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[William Heynemann]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Acerca del Alma. 413a 1-4. Calvo-Martínez, Tomás (Traductor)]]></source>
<year>1998</year>
<page-range>86</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Acerca del Alma. 414a 29-34, 414b 1-419. Calvo-Martínez, Tomás (Traductor)]]></source>
<year>1998</year>
<page-range>91-92</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<label>16</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Acerca del Alma. 429a 16-24, 429b 9. Calvo-Martínez, Tomás (Traductor)]]></source>
<year>1998</year>
<page-range>146-147</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<label>17</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ética a Nicómaco. 1095a. Araújo M, Marías J (Traductores)]]></source>
<year>2002</year>
<edition>Octava</edition>
<page-range>2-3</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Políticos e Institucionales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<label>18</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ética a Nicómaco. 1097b. Araújo M, Marías J (Traductores)]]></source>
<year>2002</year>
<edition>Octava</edition>
<page-range>7-8</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Políticos e Institucionales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<label>19</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rahe]]></surname>
<given-names><![CDATA[Paul Anthony]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Republics Ancient & Modern]]></source>
<year>1994</year>
<page-range>21</page-range><publisher-name><![CDATA[Chapel HillThe University of North Carolina Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<label>20</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Política. 1253a 1-4. Gómez-Robledo, Antonio (Traductor)]]></source>
<year>2000</year>
<edition>Segunda</edition>
<page-range>3-4</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<label>21</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Política. 1253a 28-29. Gómez-Robledo, Antonio (Traductor)]]></source>
<year>2000</year>
<edition>Segunda</edition>
<page-range>4-5</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<label>22</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Coetzee]]></surname>
<given-names><![CDATA[John Maxwell]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Diario de un mal año]]></source>
<year>2007</year>
<page-range>151</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Random House Mondadori]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<label>23</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Freudenberger]]></surname>
<given-names><![CDATA[HJ]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Staff burn-out]]></article-title>
<source><![CDATA[Journal of Social Issues]]></source>
<year>1974</year>
<volume>30</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
<page-range>159-165</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<label>24</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>Institute for Quality and Efficiency in Health Care</collab>
<source><![CDATA[What is burnout syndrome]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<label>25</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Strawson]]></surname>
<given-names><![CDATA[Peter Frederick]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Individuals]]></source>
<year>1971</year>
<page-range>87-116</page-range><publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Routledge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<label>26</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Strawson]]></surname>
<given-names><![CDATA[Peter Frederick]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Freedom and Resentment]]></article-title>
<source><![CDATA[Freedom and Resentment and other essays]]></source>
<year>2008</year>
<page-range>1-28</page-range><publisher-loc><![CDATA[. London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Routledge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<label>27</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[MacIntyre]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alasdair]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Animales racionales y Dependientes]]></source>
<year>2001</year>
<page-range>15-33</page-range><publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<label>28</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kahr]]></surname>
<given-names><![CDATA[Brett]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Donald Woods Winnicott, retrato y biografía]]></source>
<year>1999</year>
<page-range>155</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Biblioteca Nueva]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<label>29</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winnicott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Donald Woods]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Anxiety associated with Insecurity (1952)]]></article-title>
<source><![CDATA[Through Paediatrics to Psychoanalysis: Collected Papers]]></source>
<year>2014</year>
<page-range>97-100</page-range><publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Rouletdge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<label>30</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cassell]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eric]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Nature of Suffering and the Goals of Medicine]]></source>
<year>2004</year>
<edition>Second</edition>
<page-range>V</page-range><publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<label>31</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cassell]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eric]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Nature of Suffering and the Goals of Medicine]]></source>
<year>2004</year>
<edition>Second</edition>
<page-range>290</page-range><publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
