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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pierre Raymond. Mucha tela que cortar: la saga de una fábrica textil y la pugna de las familias Caballero y López por su control. Bogotá: Planeta, 2008. 380 páginas]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <P   align="right" ><font size="2" face="verdana"><font size="2" face="verdana"><b>RESE&Ntilde;AS</b></font></font></font></P >     <P   ><font size="2" face="verdana"><b>Pierre Raymond.     <BR>     <I>Mucha tela que cortar: la saga de una f&aacute;brica textil y la pugna de las familias Caballero y L&oacute;pez por su control. </I>    <BR> Bogot&aacute;: Planeta, 2008. 380 p&aacute;ginas. </b></font></font></P > <HR SIZE="1">     <blockquote>       <p align="justify"><font size="2" face="verdana">El libro de Pierre Raymond es una documentada y polifac&eacute;tica obra sobre el desenga&ntilde;o que produjo la modernidad industrial en un paraje colombiano. De ser un proyecto visionario -en sus inicios- de una de las familias de &eacute;lite m&aacute;s renombradas de la vida nacional, la f&aacute;brica que estudia el autor finalmente dej&oacute; a una comunidad campesina bajo una estela de pobreza amenazante, cubri&oacute; un manto de duda sobre sus propietarios y puso parte de su capital en riesgo, adem&aacute;s de que dej&oacute; a algunos banqueros europeos una deuda insoluta. En un recorrido de m&aacute;s de noventa a&ntilde;os, <I>Mucha tela que cortar </I>expone los pormenores financieros, las intrigas pol&iacute;ticas y las repercusiones sociales de una empresa convertida en un fiasco y que no logr&oacute; alcanzar el fulgurante progreso al que -dec&iacute;an sus gestores- estaba destinada. La vida de la empresa puede ser f&aacute;cilmente explorada: a partir de una conveniente divisi&oacute;n de periodos de la vida institucional de las f&aacute;bricas de San Jos&eacute; de Suaita en cinco &eacute;pocas -las cuales corresponden a la divisi&oacute;n de cap&iacute;tulos-, el lector se inmiscuye en una envolvente trama, aunque con algunos sesgos interpretativos. El acceso a documentaci&oacute;n y fuentes orales privilegiadas permiten al autor realizar una labor rica en testimonios diversos. Las cualidades de la obra sirvieron para que fuera presentada como historia empresarial, con el benepl&aacute;cito del pr&oacute;logo de Carlos D&aacute;vila Ladr&oacute;n de Guevara, quien no temi&oacute; calificarla como &quot;el m&aacute;s serio an&aacute;lisis hist&oacute;rico del que se tenga cuenta sobre un gran fracaso del empresariado colombiano durante el siglo XX&quot;. Es posible pensar que la obra sobrepasa estas expectativas. La vocaci&oacute;n intelectual del autor llama a considerar que lo que este busc&oacute; fue retratar las consecuencias de una modernidad impuesta bajo condiciones precarias de desarrollo material e intelectual. </font></p>       <p align="justify"><font size="2" face="verdana">A partir de los dos primeros cap&iacute;tulos se conoce cu&aacute;l fue el camino de los gestores del proyecto agroindustrial. La familia Caballero, hacendados, hombres de leyes y pol&iacute;ticos tradicionales, se obligan a honrar su abolengo, borrando las heridas de la &uacute;ltima guerra civil del siglo XIX, al encarar el nuevo siglo con un proyecto, el cual representa, en la simb&oacute;lica m&aacute;quina, un referente del progreso. El factor econ&oacute;mico entonces no era tan primordial como el sentido &eacute;tico-pol&iacute;tico del proyecto. El autor se&ntilde;ala cr&iacute;ticamente c&oacute;mo este proyecto es un ejemplo de la decadencia de la visi&oacute;n modernizante y civilizadora de las &eacute;lites del siglo XIX, las cuales se transmutan de ricos hacendados en empresarios tras un &quot;ba&ntilde;o ideol&oacute;gico que no logra transformar su diletantismo&quot; (p. 34). El autor no deja de lado a los hombres europeos, banqueros inversionistas y socios de los Caballero, que comparten el destino de civilizar y modernizar; la labor conjunta procurar&aacute; cambiar las tradiciones de las poblaciones y lograr sustituir los productos campesinos por los industriales (p. 42). Por eso es exagerada la expresi&oacute;n de Raymond, que afirma: &quot;lo que m&aacute;s distanciaba a los europeos de los colombianos era (...) toda la concepci&oacute;n del mundo&quot; (p. 55). Sin duda exist&iacute;an tanto afinidades como discrepancias. </font></p>       <p align="justify"><font size="2" face="verdana">De unas condiciones excepcionales, las f&aacute;bricas nunca lograron consolidar los diversos productos en los que incursionaron. El autor muestra que el proyecto cont&oacute; con capital extranjero -nada com&uacute;n en la &eacute;poca-; adem&aacute;s, pod&iacute;a articular producci&oacute;n agr&iacute;cola local con manufactura industrial para generar ahorro. Tuvo un mercado &quot;casi cautivo&quot; a ra&iacute;z del deficiente estado de las v&iacute;as, razonamiento que, por cierto, no sirve al autor para analizar con detenimiento su menci&oacute;n del decaimiento de los textiles santandereanos en el siglo XIX y el papel lesivo jugado por las telas importadas de las textileras inglesas (p. 23), que posiblemente no fueron tan competitivas en precios, a ra&iacute;z de iguales o peores condiciones de las v&iacute;as y altos costos de transporte. Debido a ambig&uuml;edades demasiado profundas, el proyecto de los Caballero empez&oacute; con serias dificultades y las arrastr&oacute; como un lastre a trav&eacute;s de su agon&iacute;a. La familia nunca tuvo suficiente liquidez, y a pesar del capital europeo, el proyecto tuvo por sello la escasez financiera, lo que gener&oacute; manejos inadecuados por parte de los colombianos para solventar la necesidad, acciones poco castigadas por el autor. Aunque aborda varias de estas ambig&uuml;edades, considera que el capital es la clave en el desarrollo de la industria (p. 21). Tampoco el proyecto logr&oacute; aprovechar el espacio de articulaci&oacute;n entre industria y agro, pues no cont&oacute; con personal que lo adelantara; debi&oacute; aceptar que en la zona, ni en los oficios sencillos, encontraban &quot;los obreros necesarios&quot; (p. 63). Incluso las estructuras materiales del siglo XIX no pod&iacute;an dar respuesta a una industria que reclamaba un dinamismo propio del siglo XX. Este factor es cardinal: las v&iacute;as y el costo de su tr&aacute;nsito fueron el verdadero cuello de botella del proyecto agroindustrial (p. 35). </font></p>       <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Raymond destaca que la motivaci&oacute;n de la familia Caballero para adelantar el proyecto era el inter&eacute;s de honrar su estatus; en cambio, los europeos buscaban el lucro. En esta divergencia de <I>ethos</I> parecen circunscribirse los conflictos entre los socios. Los Caballero, con el inter&eacute;s de ampliar las actividades productivas de la hacienda familiar, e impelidos por falta de ahorro, recurrieron a la banca europea en 1910. Esta, seducida por lo ingenioso del proyecto y tambi&eacute;n, sin duda, por la prestancia de los Caballero, aport&oacute; el capital que se crey&oacute; necesario para dar vida al proyecto y constituir una sociedad. Los Caballero, que solo ten&iacute;an en su capital la finca ra&iacute;z, la cual, como lo infiere el autor de los aval&uacute;os, fue sobrevalorada en su precio, hac&iacute;an parte de la sociedad como los accionistas mayoritarios. Tras los primeros pasos de la Sociedad Industrial Franco-Belga (SIFB), los recursos europeos flu&iacute;an y no exist&iacute;an los retornos de capital convenidos, situaci&oacute;n generada por las vicisitudes del transporte, que encarecieron la instalaci&oacute;n de los equipos. Ante peticiones de recapitalizaci&oacute;n en 1914, las condiciones se volvieron onerosas para los colombianos: hipotecaron sus bienes, tras lo cual de accionistas mayoritarios pasaron a minoritarios, renunciando al derecho de votar aun siendo socios. As&iacute; mismo, la sociedad deb&iacute;a primero sanear las deudas antes que proceder a alguna repartici&oacute;n de utilidades. Para Raymond, estos hechos sustentan una hip&oacute;tesis: a partir de ese momento los europeos acordaron, en pacto secreto, la evicci&oacute;n de los colombianos (p. 57). El planteamiento, aunque veraz, minimiza las acciones que implementaron los colombianos para la consecuci&oacute;n de capital, y que por cierto no son sancionadas como las decisiones de los europeos; en cambio, presenta a los colombianos como v&iacute;ctimas del &quot;gran capital europeo&quot; (p. 77), aun con pr&aacute;cticas que al menos pod&iacute;an verse como inconvenientes (p. 192). Es dudosa la categ&oacute;rica afirmaci&oacute;n que indica que los Caballero procuraban honrar su estatus. Aunque este deb&iacute;a ser un objetivo, no ser&iacute;a la &uacute;nica meta trazada, pues los fines de los Caballero se orientan a la consecuci&oacute;n de capital para beneficiarse de sus actividades productivas. </font></p>       <p align="justify"><font size="2" face="verdana">El tercer cap&iacute;tulo se embarca en los a&ntilde;os en que rein&oacute; el capital francobelga (1918-1944); se concentra en las estrategias de los europeos para recuperar las inversiones y en las condiciones sociales de los trabajadores al servicio de la f&aacute;brica. Las dificultades financieras, adem&aacute;s del atraso tecnol&oacute;gico, marcaron el desarrollo del proyecto. Estos lastres acompa&ntilde;aron a personajes rocambolescos que mandaron en tierra extranjera. Algunos de ellos, con deficientes conocimientos del sector, malgastaron en actividades que no generaron valor agregado a la producci&oacute;n industrial. Otros, con mayor pericia y con los pocos recursos de los que dispon&iacute;an, buscaron habilitar la industria a las exigencias de un sector din&aacute;mico, realizando adquisiciones de equipos desactualizados para otras f&aacute;bricas, pero que para la SIFB eran m&aacute;s eficientes a los adquiridos a principios de siglo. El autor afirma: &quot;Obviamente, el inconveniente de este recurso es que el nivel tecnol&oacute;gico quedaba as&iacute; siempre persiguiendo, pero nunca alcanzando, el nivel de la industria textil nacional&quot; (p. 101). Frente a las condiciones laborales y de producci&oacute;n, Raymond realiza una certera pesquisa. Bajo la consulta de una amplia gama de documentos, se dilucida el acontecer de los trabajadores, el cual transcurr&iacute;a entre la labor del obrero y del viviente santandereano. En m&uacute;ltiples ocasiones, los vivientes eran tambi&eacute;n obreros de la f&aacute;brica, o viceversa (p. 128), ya que para la SIFB era beneficioso valerse del tradicional peonaje para aumentar los beneficios de la producci&oacute;n capitalista. Esta circunstancia teji&oacute; relaciones de dependencia del campesinado-obrero hacia la hacienda-industria, pues en ella encontraba su vivienda, su alimento y remuneraci&oacute;n, que era baja, como lo demuestra desordenadamente el autor. Lo que podr&iacute;a considerarse generosidad, realmente era el preludio de la dominaci&oacute;n de los trabajadores en aspectos p&uacute;blicos y privados de su vida (pp. 147-150). Aun as&iacute;, lo que se&ntilde;ala de forma ex&oacute;tica Raymond como la fogosidad del pueblo santandereano impidi&oacute; que los trabajadores se convirtieran en siervos de los se&ntilde;ores feudales europeos, resaltando los movimientos reivindicativos en que la mujer fue protagonista y que sobrepasaron &quot;las reacciones epid&eacute;rmicas e individuales de autodefensa&quot; (p. 140). </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="verdana">El cuarto cap&iacute;tulo deja el mundo agroindustrial y se traslada a los estrados judiciales y a la tribuna p&uacute;blica nacional. Con maestr&iacute;a, Raymond traza la lucha por el control de la f&aacute;brica, disputa convertida en una urdimbre de pesos y contrapesos de los poderes p&uacute;blicos puestos al servicio de los intereses particulares. El control financiero de la SIFB era la causa de la disputa y se present&oacute; por el monto de la deuda, que deber&iacute;a ser reconocida a los europeos. Con atino, el autor estima que esta era clave, pues de ella depend&iacute;a el control de la nueva sociedad, que se conformara para liquidar las deudas. En este pleito, los Caballero arguyeron, entre otros argumentos, el ejercicio de la soberan&iacute;a ante la expoliaci&oacute;n de sus intereses, comprobando la tesis de que estos asuntos est&aacute;n reservados a los intereses de las &eacute;lites. Adem&aacute;s de argumentos, su posici&oacute;n tuvo como defensa de oficio a la Superintendencia de Sociedades An&oacute;nimas, que finalmente los favoreci&oacute;, afectando los intereses de los banqueros. Igualmente los europeos contaron con instituciones p&uacute;blicas que les ampararon. Es sugestivo el juego de relaciones p&uacute;blicas que se entabl&oacute; para acercar &quot;adictos&quot; a su gesti&oacute;n (p. 168). Ostentaron adem&aacute;s el apoyo de un ambicioso actor, Alfonso L&oacute;pez Michelsen, que transform&oacute;, seg&uacute;n el autor, un &quot;pacto solidario&quot; -una ayuda monetaria dada entre los hermanos Caballero- en una deuda de la sociedad con los sucesores de uno de los fundadores. Esta interpretaci&oacute;n, que considera Raymond como iniciativa de L&oacute;pez, gener&oacute; una insondable divisi&oacute;n en el seno de los Caballero (pp. 194-195). Adem&aacute;s de provocar una ruptura familiar, repercuti&oacute; en la empresa. Raymond es claro: la forma en que se present&Oacute; la liquidaci&oacute;n de la SIFB  y la sucesi&oacute;n de la sociedad familiar tuvo &quot;una marcada incidencia sobre el futuro de la nueva sociedad: iniciaba con el lastre del enfrentamiento de la familia Caballero, los nuevos accionistas mayoritarios&quot; (p. 208). </font></p>       <p align="justify"><font size="2" face="verdana">El quinto cap&iacute;tulo trata de esta etapa de la f&aacute;brica. Tras la liquidaci&oacute;n y la m&aacute;gica reducci&oacute;n de su pasivo en 1944 (p. 227), la empresa pas&oacute; a denominarse F&aacute;brica de Hilados y Tejidos de San Jos&eacute; de Suaita S.A. y empez&oacute; a ser controlada por los miembros de la familia Caballero cercana a L&oacute;pez, quienes detentaron la mayor&iacute;a accionaria. Pero el futuro de la f&aacute;brica ya no era el otrora promisorio. De hecho, la importancia que ten&iacute;a para los herederos no resid&iacute;a en sus instalaciones industriales y menos en el ed&eacute;n de la modernidad, sino en la riqueza de sus tierras (p. 255), la cual sirvi&oacute; para adelantar dividendos a los accionistas, descapitalizando la sociedad. Para sostener maquinaria, incluso del siglo XIX, los accionistas redujeron los costos fijos, los cuales deb&iacute;an compensar la baja productividad de los equipos. En medio de esta crisis se gest&oacute; la ruina, pero para el sector m&aacute;s vulnerable: los trabajadores. El autor evidencia la g&eacute;nesis del problema: la inasistencia de la empresa, en sus compromisos como empleador, en la apropiaci&oacute;n de los recursos para atender el pasivo laboral. Con la huelga de 1947 se consigui&oacute; la reducci&oacute;n de estas acreencias por medio de la parcelaci&oacute;n y titulaci&oacute;n, a beneficio de los trabajadores, de las tierras en las que habitaban. Esta soluci&oacute;n, beneficiosa para la empresa y los trabajadores en su momento, relaj&oacute; a la f&aacute;brica de su responsabilidad: su indecisi&oacute;n en los a&ntilde;os venideros pesar&iacute;a enormemente sobre el bienestar de los obreros. Nunca la empresa apropi&oacute; los recursos necesarios para cancelar las obligaciones a quienes prestaron su vida a la existencia de la aventura modernizante de los Caballero (p. 263). Es m&aacute;s, las directivas, como en otras ocasiones, buscaron valerse de los recursos p&uacute;blicos para cubrir sus obligaciones privadas. </font></p>       <p align="justify"><font size="2" face="verdana">El epilogo de la obra -con un triste final en el que los trabajadores ven desvanecer sus a&ntilde;os de labor, una f&aacute;brica en un paraje escondido para la historia- recuerda que las quimeras de la civilizaci&oacute;n tambi&eacute;n pueden volverse tristes realidades. </font></p> </blockquote> <HR SIZE="1">     <blockquote>       <p class="Sect"><font size="2" face="verdana">     <b>JULI&Aacute;N ANDR&Eacute;S MONTA&Ntilde;EZ TORRES</b>    <BR>     </B>Universidad Nacional de Colombia, sede Bogot&aacute;     <BR>     <a href="mailto:jumento25@hotmail.com ">jumento25@hotmail.com</a></font></p> </blockquote>      ]]></body>
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