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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana">     <p align="right"><b>RESE&Ntilde;AS</b></p> </font>     <p  align="justify"><font size="2" face="verdana"><b><font size="3">Thomas Bender.</i>    <br>         <i>Historia     de los Estados Unidos: una naci&oacute;n entre naciones.</i></font>    <br>   Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2011. 384 p&aacute;ginas.</i></b></font></p> <font size="2" face="verdana"> <hr size="1">     <blockquote>       <p align="justify">El libro     de Thomas Bender es una obra que busca reclamar un lugar dentro de la extensa     bibliograf&iacute;a que ya acumula la historia de los Estados Unidos. Para ello,     apunta al reconocimiento de las conexiones externas de la historia nacional y,     de paso, entiende&nbsp; que la naci&oacute;n no es     una entidad autosustentada. Est&aacute;, al igual que cualquier forma de solidaridad     humana, conectada con aquello que la excede, y que adem&aacute;s, contribuye a     configurarla (p. 15). Es por esta raz&oacute;n que el autor debate con los te&oacute;ricos     del excepcionalismo norteamericano, para instalar los principales     acontecimientos nacionales, incluidos los m&aacute;s distintivos (como la revoluci&oacute;n y     la guerra civil), en un contexto global. El debate sobre el m&eacute;todo, m&aacute;s que el     barrido detallado de los hechos hist&oacute;ricos, es el principal aporte de este     historiador del Centro Internacional para Estudios Avanzados de la Universidad     de Nueva York.</i></p>       <p align="justify">En el     primer cap&iacute;tulo explora y redefine la &quot;era del descubrimiento&quot; como el comienzo     de la historia global, donde la relaci&oacute;n entre agua y tierra sufri&oacute; una revoluci&oacute;n     total, comparable por su trascendencia, con la aparici&oacute;n de la agricultura o de     las ciudades. Con los viajes hacia Am&eacute;rica, el oc&eacute;ano dej&oacute; de ser una barrera,     un borde, para ser un conector de continentes. Se convirti&oacute; en un nuevo camino     para el movimiento global de personas, dinero, mercanc&iacute;as e ideas; tambi&eacute;n para     la superaci&oacute;n del mundo isla que constitu&iacute;a el mar mediterr&aacute;neo y el oc&eacute;ano &Iacute;ndico,     con consecuencias sobre Europa, el Levante, &Aacute;frica, el centro y el sur de Asia     y las Am&eacute;ricas (p. 32).</i></p>       <p align="justify">De     hecho, se transform&oacute; la relaci&oacute;n entre las potencias atl&aacute;nticas y, de paso,     entre el cristianismo y el Islam. Hasta &quot;el descubrimiento&quot;, el alcance y la     energ&iacute;a de la actividad mercantil y art&iacute;stica isl&aacute;mica exced&iacute;an con creces a     los europeos en el siglo XIV</i></i> y XV</i></i>. Por esta raz&oacute;n, Bender sostiene que la expansi&oacute;n     europea hacia el borde del mundo no puede explicarse por su riqueza, su     tecnolog&iacute;a o su civilizaci&oacute;n superior, sino que fue producto de un sentimiento     de debilidad, marginalidad e inferioridad. Posteriormente, el comercio oce&aacute;nico     super&oacute; al mundo mediterr&aacute;neo y debilit&oacute; los imperios isl&aacute;micos.</i></p>       <p align="justify">Estos     relatos geopol&iacute;ticos, con los que el autor comienza su libro, buscan debatir y     debilitar la simple narrativa progresiva de la civilizaci&oacute;n occidental, donde     su estadio m&aacute;s avanzado es Norteam&eacute;rica. En la mejor tradici&oacute;n de Walter Benjamin     y sus tesis sobre la historia, el objetivo del autor es cuestionar la ra&iacute;z m&aacute;s     profunda del dogma de una temporalidad homog&eacute;nea y vac&iacute;a. El objetivo es hacer     una cr&iacute;tica a la marcha incesante y deshumanizada de la historia, sin lucha,     sin disputas desde abajo que logren rupturas y discontinuidades.<a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a> Los relatos sobre la huida, por motivos religiosos, y la b&uacute;squeda de     oportunidades econ&oacute;micas llenan de significado la historia nacional     norteamericana. Se alzan como recuerdos intencionados, pero tambi&eacute;n como     olvidos peligrosos, ya que desconocen que muchos recorrieron el atl&aacute;ntico     porque fueron capturados, obligados y explotados. La ret&oacute;rica lineal del     progreso es funcional a la construcci&oacute;n de una identidad nacional, mientras se     convive con la afamada paradoja norteamericana, donde &quot;la libertad de los     blancos est&aacute; basada en el sometimiento de los negros&quot; (p. 67).</i></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el     segundo cap&iacute;tulo, el autor busca reinterpretar la revoluci&oacute;n estadounidense y     la guerra civil -acontecimientos centrales de la historia nacional- como parte     de un movimiento global de independencias en todos los continentes, guerras entre     las potencias europeas y conflictos sociales al interior de las colonias en     torno a la construcci&oacute;n nacional.</i></p>       <p align="justify">Para una     cantidad considerable de autores, la revoluci&oacute;n y la independencia estadounidense     retumb&oacute; en un mundo acallado, calmado y pasivo; desconociendo las agitaciones     al interior de las colonias europeas alrededor del mundo. Generalmente, se ha     concentrado la narrativa en los asuntos ingleses y la constituci&oacute;n, y solo se     globaliza su perspectiva para indicar c&oacute;mo los colonos redactaron los primeros     derechos del hombre. Sin embargo, Bender aterriza esa perspectiva en clave     global. La resistencia y la posterior rebeli&oacute;n de los colonos de Norteam&eacute;rica     fueron &uacute;nicas por su precocidad y alcance. Fueron parte de un movimiento que     apareci&oacute; en todos los continentes en la segunda mitad del siglo XVIII</i></i>, y que     los historiadores han invisibilizado al ignorar el car&aacute;cter global del fen&oacute;meno     o, simplemente, cuando estudian un solo imperio o cuando lo hacen de manera     parcial. &quot;Gracias a la circulaci&oacute;n de personas, conocimiento y mercanc&iacute;as se     desarroll&oacute; una nueva universalidad; estos cambios crearon los motivos -y     tambi&eacute;n los espacios- para que surgieran nuevos tipos de conflictos&quot; (p. 85).</i></p>       <p align="justify">Por un     lado, con la declaraci&oacute;n de independencia los norteamericanos pod&iacute;an contar con     el apoyo y reconocimiento extranjero necesario para soportar su nuevo proyecto     nacional. El reconocimiento de Francia y el apoyo por parte del republicanismo     a su proyecto, tuvo como prop&oacute;sito el evitar que Estados Unidos e Inglaterra     zanjaran sus diferencias, y luego atacaran sus posesiones en las indias occidentales.     Por otro lado, con la independencia, las colonias se librar&iacute;an de los costos de     un &quot;estado fiscal militar&quot;, como lo llam&oacute; el historiador John Brewer, defendido     por una importante armada nacional y soportado por el Banco de Inglaterra (p.     78).</i></p>       <p align="justify">Los     cap&iacute;tulos tres y cinco presentan las relaciones entre libertad y naci&oacute;n en Norteam&eacute;rica     y su eco sobre el resto del continente. En las Am&eacute;ricas convivieron dos     revoluciones, la haitiana y la norteamericana, con conexiones rec&iacute;procas y     parad&oacute;jicas. En 1791, cuando estalla el conflicto entre Santo Domingo y     Francia, la administraci&oacute;n de Adams manten&iacute;a relaciones comerciales con la     isla, por lo cual las v&iacute;as comerciales sirvieron para prestar apoyo naval,     alimentos y armas a los revolucionarios. Sin embargo, prontamente se gener&oacute; una     solidaridad transnacional entre las &eacute;lites y plantadores blancos, contra una     expansi&oacute;n de la revoluci&oacute;n haitiana. &quot;La revoluci&oacute;n norteamericana ten&iacute;a la     ventaja de terminar con los privilegios mon&aacute;rquicos sin movilizar a las clases     bajas (como hab&iacute;a ocurrido en Francia) ni provocar una rebeli&oacute;n de los esclavos     (como en Hait&iacute;)&quot; (p.107). Para Bender los l&iacute;mites de la revoluci&oacute;n     norteamericana, que coinciden con su popularidad entre las &eacute;lites blancas de     Hispanoam&eacute;rica es el &quot;respeto hacia los derechos tradicionales y el derecho a     la propiedad&quot;, mientras que &quot;no se opone de manera en&eacute;rgica a las desigualdades     de riqueza, raza y g&eacute;nero&quot; (p. 110).</i></p>       <p align="justify">La     conservaci&oacute;n de la uni&oacute;n de las trece colonias pas&oacute; por evitar la universalizaci&oacute;n     de los derechos ciudadanos a la poblaci&oacute;n esclava y a las comunidades abor&iacute;genes.     La uni&oacute;n se apoy&oacute; en el equilibrio de votos entre estados libres y estados esclavistas,     por lo que la expansi&oacute;n de los Estados Unidos hacia el Oeste y el sur implic&oacute;     un debate en torno a la organizaci&oacute;n de estos territorios. La guerra mexicana y     la expansi&oacute;n hacia el pa&iacute;s indio exacerbaron las contradicciones internas hasta     que el clima de tensi&oacute;n desencaden&oacute; en una guerra civil entre 1861 y 1865.</i></p>       <p align="justify">La     libertad para los republicanos radicales deber&iacute;a ser tan extensa como la naci&oacute;n.     Eran defensores ac&eacute;rrimos del trabajo libre, como cimientos para la construcci&oacute;n     republicana, pero tambi&eacute;n como punto de partida para ejercer influencia en el     mundo. Nacionalismo y liberalismo se entremezclaban haci&eacute;ndose indiferenciables.     No obstante, luego de la guerra civil y la Reconstrucci&oacute;n, un nacionalismo     racista debilit&oacute; la ret&oacute;rica liberal que inspir&oacute; a los republicanos radicales.     Este nacionalismo no extendi&oacute; la promesa de plena ciudadan&iacute;a a los libertos, ni     se detuvo ante la extinci&oacute;n y exclusi&oacute;n de los abor&iacute;genes norteamericanos a     fines del siglo XIX</i></i>.     De hecho, no solo neg&oacute; a las tribus su condici&oacute;n de comunidad pol&iacute;tica, sino     que busc&oacute; desplazarlas hacia algunas reservas y condicion&oacute; su ciudadan&iacute;a a la     conversi&oacute;n de las familias al estilo de vida agr&iacute;cola euronorteamericano     (granjas individuales).</i></p>       <p align="justify">&quot;Hab&iacute;a     una similitud de miras entre los que condenaban la esclavitud y quienes     censuraban a los inmigrantes y a los cat&oacute;licos: todos eran nacionalistas a ultranza     que, cada uno a su manera, quer&iacute;an una sociedad nacional m&aacute;s uniforme.&quot; El impulso     regulador del nacionalismo modernizador &quot;los incitaba a prestar mayor atenci&oacute;n     y a vigilar con mayor rigor las formas desviadas de la sexualidad, las relaciones     de g&eacute;nero y las organizaciones familiares&quot; (pp. 176-177). Bender no solo     establece esta caracterizaci&oacute;n de los republicanos como parte de una visi&oacute;n     moral que encontraba su expresi&oacute;n en el progreso material, sino que adem&aacute;s     reconoce que es una noci&oacute;n materialista del sentido de la vida humana expresada     en t&eacute;rminos morales.</i></p>       <p align="justify">El     cuarto cap&iacute;tulo busca caracterizar el lugar que tuvo Estados Unidos dentro de     la influencia de las potencias globales durante el siglo XIX</i></i> y XX</i></i>. Los     norteamericanos disimulan la realidad de su imperio llam&aacute;ndolo la &quot;expansi&oacute;n     hacia el oeste&quot;, borrando de un plumazo la propiedad que los pueblos abor&iacute;genes     y mexicanos ejerc&iacute;an en dichos territorios. El despojo y el gobierno colonial     han sido temas recurrentes de la historia de los Estados Unidos, aunque no     reconocidos. Generalmente se suele hablar de un imperio sin ser imperialistas,     de un pa&iacute;s que renunci&oacute; al control territorial y favoreci&oacute; el imperio del     comercio y las finanzas. Bender, al igual que David Harvey, interpreta la     especificidad de la hegemon&iacute;a estadounidense como una delicada mezcla entre     consenso y coerci&oacute;n, donde el consenso es alcanzado cuando las acciones de la     naci&oacute;n hegem&oacute;nica logran proclamarse cre&iacute;blemente como parte de una defensa del     inter&eacute;s general. Por otro lado, la intenci&oacute;n de extender la libertad m&aacute;s all&aacute;     de sus costas ha llevado a los estadounidenses a forzar a otros pa&iacute;ses a     aceptar sus designios, con m&eacute;todos muy parecidos a los imperiales.</i></p>       <p align="justify">Lamentablemente,     el autor no logra aplicar su m&eacute;todo de investigaci&oacute;n global para precisar las     maneras como los Estados Unidos hacen parte de una l&oacute;gica capitalista que los     supera. Harvey llega mucho m&aacute;s lejos al se&ntilde;alar que la caracter&iacute;stica del     imperialismo norteamericano de los &uacute;ltimos tres siglos se ha caracterizado por     sus consecuencias econ&oacute;micas al ampliar los circuitos de producci&oacute;n,     distribuci&oacute;n y acumulaci&oacute;n de mercanc&iacute;as y capitales.*</i> Bender, en este sentido, no define la especificidad del imperialismo     capitalista frente al de otros tiempos, aunque su narrativa deja un margen para     tales interpretaciones.</i></p>       <p align="justify">La     intervenci&oacute;n de los Estados Unidos en el resto del mundo puede sintetizarse     para el autor a trav&eacute;s de dos caracter&iacute;sticas. En primer lugar, dar por sentado     la superioridad respecto de los pueblos cuyas tierras codiciaban; y, en segundo     lugar, malinterpretar la cultura, las ideas y las aspiraciones de los dem&aacute;s     pueblos, considerando que sus postulados locales eran universales y deb&iacute;an     imponerse. En s&iacute;ntesis, la relaci&oacute;n de los Estados Unidos con los otros pa&iacute;ses     del mundo est&aacute; marcada su negativa y su coherente actitud de no sentir empat&iacute;a.</i></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Estos     dos rasgos fundamentales sirven para explicar la participaci&oacute;n de los Estados     Unidos en el conflicto con Espa&ntilde;a por Cuba y Filipinas, que err&oacute;neamente denominan     &quot;guerra hispano-norteamericana&quot;, cuando en realidad en cada uno de estos     lugares se libraron dos guerras, una con la metr&oacute;poli europea y otra con la     resistencia nacionalista. Mientras en Filipinas los Estados Unidos anexaron las     islas y luego disputaron fuertes batallas para apagar el movimiento     independentista, en Cuba la enmienda Platt reconoc&iacute;a forzosamente el derecho de     los Estados Unidos a intervenir en sus asuntos para proteger &quot;la vida, la     propiedad y la libertad individual&quot;, subvirtiendo la potencia ret&oacute;rica y     pr&aacute;ctica antirracista del movimiento independentista (p. 236). La condici&oacute;n de     no blancos justific&oacute; la intervenci&oacute;n de los Estados Unidos, ya sea para     gobernar directamente, como en el caso de Cuba, o apoy&aacute;ndose en una &eacute;lite     europeizada y conservadora, casi siempre terrateniente, como en el caso de     Filipinas. Para los Estados Unidos, el siglo de las revoluciones termin&oacute; en el     siglo XVIII</i></i>.     Su actitud hacia los cambios radicales fue, en el mejor de los casos, discreto,     porque casi siempre empu&ntilde;&oacute; las causas contrarrevolucionarias.</i></p>       <p align="justify">En la     secci&oacute;n final del libro, en un ejercicio inconcluso de interpretaci&oacute;n de Estados     Unidos durante el final del siglo XIX</i></i> y principios del siglo XX</i></i>, el autor     se&ntilde;ala c&oacute;mo el capitalismo industrial exigi&oacute; una activa participaci&oacute;n del     Estado entre 1890 y 1915, al igual que Europa Occidental. En ambos lugares     exist&iacute;an importantes partidos socialistas dentro del panorama del liberalismo     social. Sin embargo, despu&eacute;s de la primera guerra mundial, el equilibrio entre     el individualismo y la intervenci&oacute;n social gubernamental se inclin&oacute; en     Norteam&eacute;rica por el primero. El autor no interpreta a la luz del exepcionalismo     norteamericano la permanencia del liberalismo en Estados Unidos, durante un     periodo dominado por gobiernos autoritarios en la mayor parte del mundo. Dos     fueron las razones para entender dicha senda hist&oacute;rica &quot;at&iacute;pica&quot;. Por un lado,     el liberalismo hizo parte de una historia com&uacute;n de la comunidad brit&aacute;nica de     naciones, con mayor tradici&oacute;n de instituciones parlamentarias y de la filosof&iacute;a     liberal (Canad&aacute;, Nueva Zelanda y Australia). Por otro lado, el liberalismo de     mercado fue una reacci&oacute;n conservadora por parte de las &eacute;lites norteamericanas     por tratar de evitar la manipulaci&oacute;n del estado interventor a favor de la     extensi&oacute;n de derechos ciudadanos a la poblaci&oacute;n marginada. Esta &uacute;ltima y     pol&eacute;mica tesis del autor, con la que remata su libro, explica c&oacute;mo se pas&oacute; de     un Estado activo durante el siglo XIX</i></i> a un Estado liviano, vaciado de     responsabilidades en materia de pol&iacute;tica social durante el siglo XX</i></i>.</i></p>       <p align="justify">Bender     busc&oacute;, con este libro, tramitar una mejor relaci&oacute;n entre las tradiciones nacionales     y una experiencia humana m&aacute;s amplia, como parte de un principio &eacute;tico que nos     hace a todos ciudadanos del mundo. Adicionalmente, plantea que un enfoque mucho     m&aacute;s cosmopolita, que tiene la gran virtud de la verosimilitud, porque &quot;la     historia y la humanidad, en realidad, no est&aacute;n encerradas en compartimientos     estancos, sean nacionales, &eacute;tnicos, locales o continentales. La buena historia     emp&iacute;rica deber&iacute;a reflejar esta verdad&quot; (p. 314)</p> </blockquote> <hr size="1">     <blockquote>       <p  align="justify"><a href="#spie1" name="pie1"><sup>1</sup></a> Michael Lowy, <i>Walter Benjamin: aviso de incendio </i>(M&eacute;xico: Fondo  de Cultura Econ&oacute;mica, 2003).</p> </blockquote> <hr size="1">     <blockquote>       <p  align="justify"><b>JHON FLORI&Aacute;N GUZM&Aacute;N</b>    <BR>     Universidad Nacional  de Colombia - Centro de Estudios Estadounidenses, sede Bogot&aacute;    <BR>     <a href="mailto:jhfloriang@unal.edu.co">jhfloriang@unal.edu.co</a> </p> </blockquote> </font>      ]]></body>
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