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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana">     <p align="right" class="T1reseaOldsStyles"><b>OBITUARIO</b></p> </font>     <p align="right" class="T1reseaOldsStyles"><font size="3" face="verdana"><b>Eric Hobsbawm (1917-2012)</b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p class="T1reseaOldsStyles"> <b>SERGIO MORENO RUBIO</b>    <br>   Universidad Nacional  de Colombia<b> </i></b>    <br>   Bogot&aacute;, Colombia</p> <hr size="1">     <p  align="justify"><b>REFLEXIONAR SOBRE LA VASTA TRAYECTORIA </b>Eric Hobsbawm suscita siembre  m&uacute;ltiples provocaciones: es una invitaci&oacute;n a la deliberaci&oacute;n te&oacute;rica, epistemol&oacute;gica,  metodol&oacute;gica y pol&iacute;tica sobre la escritura de la Historia. Es, asimismo, una  interpelaci&oacute;n a la presencia m&aacute;s radical de su oficio como historiador y a las  explicaciones que propuso sobre los problemas hist&oacute;ricos. Ese no es un ejercicio  novedoso; cuenta con importantes indagaciones<a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title=""><sup>1</sup></a>&nbsp;que han permitido la elaboraci&oacute;n de balances  preliminares de una riqu&iacute;sima producci&oacute;n intelectual basada en el estudio de  temas tan diversos como la Revoluci&oacute;n Francesa, la Revoluci&oacute;n Industrial, el  nacionalismo, el bandidismo social, el jazz, los or&iacute;genes de la clase trabajadora  y los asuntos disciplinares. Aunque de manera desigual y diferenciada las  investigaciones citadas parecen coincidir en un asunto fundamental: para la  historia social resulta imprescindible discutir sobre el legado de Hobsbawm y  resaltar su experiencia vital, su pr&aacute;ctica intelectual y su compromiso  pol&iacute;tico. Probablemente as&iacute; hubiese querido ser recordado. La presente  semblanza es una modesta contribuci&oacute;n en ese sentido.</p>     <p class="08T303Body"><b>La pr&aacute;ctica historiogr&aacute;fica como  compromiso: por una historia total y desde abajo</b></p>     <p  align="justify">Eric Hobsbawm naci&oacute; en  Alejandr&iacute;a, Egipto, en 1917, pero se educ&oacute; en Viena y posteriormente en Berl&iacute;n,  donde lo sorprendi&oacute; la llegada de Hitler al gobierno en 1933. Dada su estirpe  jud&iacute;a, tuvo que emprender el exilio. Esa impronta ser&iacute;a determinante en la  definici&oacute;n de sus intereses te&oacute;rico-pol&iacute;ticos y en su aproximaci&oacute;n al marxismo.  Cuando ingres&oacute; al King&#39;s College de Cambridge para estudiar Historia, ya  cuestionaba el nazismo, el fascismo, el imperialismo y toda clase de fundamentalismos  nacionalistas y &eacute;tnicos. Perteneci&oacute; a una &eacute;lite intelectual denominada &quot;Los  Ap&oacute;stoles de Cambridge&quot;, un grupo de debate que se reun&iacute;a peri&oacute;dicamente para  discutir cuestiones filos&oacute;ficas, hist&oacute;ricas y antropol&oacute;gicas. A finales de la  d&eacute;cada de 1940, fue designado como profesor de Historia en el Birkbeck College  de la Universidad de Londres y, en 1978, ingres&oacute; a la Academia Brit&aacute;nica. </p>     <p  align="justify">Hobsbawm se caracteriz&oacute; por su  compromiso militante. En 1931 hizo parte de los <i>Socialist  Schoolboys</i>&nbsp;y, desde 1936, perteneci&oacute; al&nbsp;Partido Comunista de  Gran Breta&ntilde;a (PCGB</i>).  All&iacute; trabaj&oacute; en el Grupo de Historiadores entre 1946 y 1956. Pertenecer al PCGB no le  impidi&oacute; asumir posiciones cr&iacute;ticas ante las directrices partidistas,  especialmente aquellas que pretend&iacute;an replicar los principios cientificistas,  burocr&aacute;ticos y modernizantes de la ortodoxia sovi&eacute;tica. Hobsbawm permaneci&oacute; en  el partido a pesar de varias situaciones cr&iacute;ticas: el <i>impasse</i> de 1956 -desatado por disputas internas en  torno a la percepci&oacute;n desigual que varios de sus integrantes ten&iacute;an frente a la  incursi&oacute;n sovi&eacute;tica en Hungr&iacute;a-, la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n, en 1989, y la  desintegraci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica dos a&ntilde;os despu&eacute;s. El balance que hizo de  esos acontecimientos en una de sus obras m&aacute;s importantes fue consecuente con su  identidad y permanencia en el partido: &quot;el fracaso del socialismo sovi&eacute;tico no  empa&ntilde;a la posibilidad de otros tipos de socialismo&quot;.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title=""><sup>2</sup></a> Como comunista continuaba  viendo posibilidades alternativas para la izquierda en momentos de exacerbaci&oacute;n  de las tesis que aseguraban el &quot;fin de la historia&quot;, coyuntura en la que  tambi&eacute;n se pronosticaba el triunfo de la f&oacute;rmula &quot;democracia liberal/libre  mercado&quot; y se hac&iacute;an m&aacute;s fuertes las presiones de los sectores que copaban la  derecha del espectro pol&iacute;tico. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Hobsbawm tuvo el m&eacute;rito de  intentar hilvanar las aproximaciones te&oacute;ricas con los rigurosos an&aacute;lisis de  contextos sociohist&oacute;ricos espec&iacute;ficos, lo que permiti&oacute; que tomara distancia de  los presupuestos conceptuales que pudiesen oscurecer la riqueza de los hechos  analizados. Su producci&oacute;n intelectual estuvo marcada por uno de los principios  contenidos en el manifiesto del Partido Comunista -aquel que vindicaba la lucha  de clases-, pero erradic&oacute; cualquier vestigio mecanicista o determinista. </p>     <p  align="justify">La  &quot;experiencia social de clase&quot; hab&iacute;a permanecido oscurecida en la historiograf&iacute;a  predominante, y Hobsbawm la rescat&oacute; como apuesta pol&iacute;tica y fundamento de la  &quot;historia desde abajo&quot;. Ese ser&iacute;a el trasfondo intelectual y la procedencia en  la que se sit&uacute;an los historiadores que defender&iacute;an el proyecto marxista. Sin  plantear una ruptura radical con el car&aacute;cter emp&iacute;rico de la disciplina, se  separ&oacute; progresivamente del evolucionismo y el determinismo. Hobsbawm concibi&oacute;  su adscripci&oacute;n al materialismo hist&oacute;rico como una lucha contra el fascismo y  como un compromiso &eacute;tico-pol&iacute;tico con los sectores sociales y populares  excluidos y subordinados. El an&aacute;lisis de Hobsbawm desborda una preocupaci&oacute;n por  las formas organizativas bajo estructuras partidistas o sindicales; su  aproximaci&oacute;n se basa en un entendimiento amplio de la clase trabajadora  organizada y no organizada (pero siempre marginada) que contribuy&oacute; en la  proyecci&oacute;n y apuntalamiento de la historia social. </i>Obras como <i>Labour&#39;s Turning Point: Extracts from Contemporary Sources</i> (1948), <i>Labouring Men: Studies in the History of  Labour</i> (1964) y <i>Workers: Worlds of Labor</i> (1985) adoptan esa matriz heur&iacute;stica y metodol&oacute;gica. </p>     <p  align="justify">La totalidad, el entendimiento  de &quot;sociedades enteras&quot;, tambi&eacute;n hizo parte de sus preocupaciones. En cuatro  vol&uacute;menes, Hobsbawm propuso una periodizaci&oacute;n muy particular de la historia  contempor&aacute;nea de Europa desde 1789 hasta 1991. En <i>The  Age of Revolution: Europe 1789-1848</i> (1962) examin&oacute; las transformaciones  sociopol&iacute;ticas derivadas del proceso que llev&oacute; a la transici&oacute;n del Antiguo  R&eacute;gimen hacia la Europa burguesa; <i>The Age of  Capital, 1848-1875</i> (1975) estuvo dedicado a la emergencia del  capitalismo industrial y el dominio de la burgues&iacute;a; <i>The Age of Empire</i> (1987) ten&iacute;a como horizonte  heur&iacute;stico el auge del imperialismo y las disputas entre las potencias  europeas; y, finalmente, en <i>The Age of Extremes: the  Short Twentieth Century, 1914-1991</i> (1994) elabor&oacute; la tesis de un &quot;siglo XX corto&quot; enmarcado  entre dos dislocaciones fundamentales de la historia europea: la Primera Guerra  Mundial y la debacle del llamado &quot;socialismo real&quot;. Hobsbawm demostr&oacute; en esa  tetralog&iacute;a una extraordinaria capacidad de s&iacute;ntesis y una cuesti&oacute;n decisiva: la  pol&iacute;tica, la econom&iacute;a, la cultura y la moral no pod&iacute;an comprenderse de manera  aut&oacute;noma y aislada; era necesario encontrar las relaciones dial&eacute;cticas entre  cada uno de esos campos, porque la historia deviene como totalidad compleja y  contradictoria. </p>     <p  align="justify">La tetralog&iacute;a fue celebrada,  pero tambi&eacute;n muy criticada, porque las demarcaciones que orientaban su  periodizaci&oacute;n no resultaban generalizables. Acontecimientos fundamentales de la  Historia Universal no se amoldaban f&aacute;cilmente a los criterios elaborados para  leer e interpretar la historia europea. Sin unos repertorios de an&aacute;lisis  adecuados a contextos sociohist&oacute;ricos espec&iacute;ficos, no pod&iacute;a restituirse el  lugar que le correspond&iacute;a a las guerras de liberaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina durante  el siglo XIX,  a la Revoluci&oacute;n Mexicana (1910-1917), los procesos de independencia de la India  (1947), la Revoluci&oacute;n China (1949), la Revoluci&oacute;n Cubana (1959), la guerra de  Vietnam (1960-1975), entre muchos otros. </p>     <p  align="justify">Hobsbawm fue acusado de  eurocentrismo, cr&iacute;tica de la que ya hab&iacute;an sido objeto obras como <i>Primitive Rebels: Studies in Archaic Forms of Social  Movement in the 19</i><sup>th</sup></i><i> and 20</i><sup>th</sup></i><i> Centuries</i> (1959) y <i>Bandits</i> (1969), en las cuales las luchas campesinas del mundo colonial fueron  caracterizadas como &quot;prepol&iacute;ticas&quot;. Sus aparentes rasgos &quot;improvisados,  arcaicos y espont&aacute;neos&quot; as&iacute; parec&iacute;an demostrarlo en opini&oacute;n de Hobsbawm.  Empero, representantes de los <i>estudios subalternos</i> desecharon esa interpretaci&oacute;n, sesgada por los par&aacute;metros ideol&oacute;gicos del mundo  occidental, porque era incapaz de revelar el car&aacute;cter decididamente pol&iacute;tico de  los movimientos campesinos. </p>     <p  align="justify">Las cr&iacute;ticas hicieron visible la  complejidad para conjugar los niveles de an&aacute;lisis seleccionados por Hobsbawm,  es decir, la preferencia heur&iacute;stica por la reivindicaci&oacute;n de &quot;los de abajo&quot; y  el esfuerzo por una comprensi&oacute;n amplia y diversa de &quot;sociedades enteras&quot;  producto de grandes s&iacute;ntesis hist&oacute;ricas. El di&aacute;logo interdisciplinar y la  historia total desde abajo constituyeron, sin lugar a dudas, los principales  aportes de Hobsbawm a la renovaci&oacute;n de la historiograf&iacute;a. No obstante, para  algunos sectores intelectuales ese proyecto no estaba exento de problemas asociados  a la visi&oacute;n euroc&eacute;ntrica: se basaba en una defensa a ultranza de la raz&oacute;n  cr&iacute;tica, la ilustraci&oacute;n y la modernidad, m&aacute;ximas de lo que Hobsbawm bautiz&oacute;  como la &quot;pol&iacute;tica para una izquierda racional&quot;. </p>     <p class="08T303Body"><b>Y Marx, una vez m&aacute;s... Por una renovaci&oacute;n    de la historia social y de la historiograf&iacute;a marxista</b></p>     <p  align="justify">Las transformaciones de la  historiograf&iacute;a posterior a 1945 le deben al marxismo el inter&eacute;s de dar cuenta  de la acci&oacute;n humana, de rescatar y reivindicar las luchas y aspiraciones de los  sectores populares excluidos de la &quot;historia oficial&quot;, en particular la de los  trabajadores y campesinos. Hobsbawm fue enf&aacute;tico en la importancia de revisitar  a Marx. Sin embargo, siempre discrep&oacute; de las corrientes ortodoxas del marxismo,  acusadas por &eacute;l como &quot;vulgares&quot;, en especial por el economicismo, al hacer de  la met&aacute;fora base/superestructura una panacea para la interpretaci&oacute;n, la  apelaci&oacute;n al dogmatismo para explicar la din&aacute;mica de la lucha de clases y por  atribuirle a la historia un sesgo teleol&oacute;gico bajo el supuesto desarrollo  lineal del capitalismo (conducente a la industrializaci&oacute;n como destino econ&oacute;mico/tecnol&oacute;gico).  Es por eso que algunos comentaristas, con temeraria ligereza, suelen asociarlo  con el llamado &quot;marxismo revisionista europeo&quot;. En realidad, Hobsbawm hizo  parte de una corriente heterodoxa que asumi&oacute; una distancia cr&iacute;tica frente a las  tendencias historicistas alemanas, las te&oacute;rico-racionalistas francesas y las  ortodoxas-revolucionarias sovi&eacute;ticas. Emprendi&oacute; una ininterrumpida labor de  transformaci&oacute;n de la historiograf&iacute;a marxista desde el campo de la historia  social al combinar las aproximaciones te&oacute;ricas con un dedicado trabajo de  archivo y fuentes primarias. </p>     <p  align="justify">La apuesta de Hobsbawm se  orient&oacute; por la intenci&oacute;n de demostrar que la Historia, en tanto disciplina,  est&aacute; comprometida con un proyecto intelectual coherente. Fue as&iacute; como  reivindic&oacute; la dimensi&oacute;n inevitablemente pol&iacute;tica de la historia derivada de sus  &quot;usos&quot; particulares, tanto anal&iacute;ticos como ret&oacute;ricos. Al reconocer sus deudas  te&oacute;rico-metodol&oacute;gicas con la concepci&oacute;n materialista de la historia, libr&oacute;  combates particulares contra el relativismo cultural, el postmodernismo, el  nacionalismo, el positivismo, las tradiciones asociadas a los nombres de Edward  Gibbon y Leopold Von Ranke, entre otros. <i>Past and  Present</i>, revista fundada en la d&eacute;cada de 1950 por un grupo de  importantes intelectuales marxistas (E. P. Thompson, Christopher Hill, George  Rud&eacute;, Rodney Hilton y el mismo Hobsbawm), fue el escenario de muchas de esas  pol&eacute;micas.</p>     <p  align="justify">Hobsbawm  nos ense&ntilde;&oacute; a rechazar las aproximaciones impresionistas que asociaban al  materialismo hist&oacute;rico con un supuesto &quot;determinismo econ&oacute;mico&quot;. Para &eacute;l, Marx  contribuy&oacute; en la renovaci&oacute;n de la historiograf&iacute;a moderna al darle un nuevo  sentido a la noci&oacute;n de conflicto en la Historia, a partir de la consideraci&oacute;n  de la lucha de clases. Los aportes de Marx para la historia radicaron en la  dislocaci&oacute;n epistemol&oacute;gica derivada de la cr&iacute;tica al positivismo y la  comprensi&oacute;n de la sociedad como sistema de relaciones humanas que atienden a  dos principios fundamentales: la causalidad, o el encadenamiento causal, y el  conflicto/contradicci&oacute;n. Estos elementos constituir&aacute;n la base de toda una  tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica marxista que ha insistido en la historicidad de las  estructuras sociales, en la explicaci&oacute;n de la din&aacute;mica del cambio, tradici&oacute;n  cr&iacute;tica con los modelos cientificistas, mecanicistas, evolucionistas,  ahist&oacute;ricos y antihist&oacute;ricos. </i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">De acuerdo con Hobsbawm, la  lectura hist&oacute;rica de Marx integra las dimensiones econ&oacute;micas, sociales y  pol&iacute;ticas, hilvana las relaciones sociales de (re)producci&oacute;n y las fuerzas  materiales de producci&oacute;n. El espectro de Marx continu&oacute; resonando en la  producci&oacute;n intelectual de Hobsbawm mediante el pensamiento dial&eacute;ctico y la  concepci&oacute;n materialista de la historia. Fue as&iacute; como emprendi&oacute; una empresa  triple: i) la necesaria superaci&oacute;n economicista y antihist&oacute;rica del an&aacute;lisis de  clase. La categor&iacute;a de <i>clase</i> deb&iacute;a  comprenderse como proceso y como relaci&oacute;n en su dimensi&oacute;n conflictiva o de  lucha; ii) la resoluci&oacute;n de las dificultades asociadas a la l&oacute;gica  base/superestructura que tanto les cost&oacute; a los marxistas ortodoxos y que  desdibujaba el papel de la praxis social en el cambio hist&oacute;rico; y iii) la  importancia de examinar hist&oacute;ricamente las transformaciones del capitalismo. </p>     <p  align="justify">Este &uacute;ltimo elemento resulta de  mayor importancia en la actual coyuntura. Hobsbawm demostr&oacute; que Marx  desenmascar&oacute; el funcionamiento de la din&aacute;mica global del capitalismo como forma  de &quot;destrucci&oacute;n creativa&quot; y su mecanismo de crecimiento como reproducci&oacute;n de  contradicciones internas tendientes a crisis peri&oacute;dicas de sobreacumulaci&oacute;n. Si  asumimos entonces que el proceso econ&oacute;mico y pol&iacute;tico del (neo)liberalismo ha  encontrado sus l&iacute;mites al despuntar del nuevo siglo, tendr&iacute;amos que hacer eco a  un aserto indiscutible contenido en su &uacute;ltima publicaci&oacute;n, titulada <i>How to change the world: Tales of Marx and Marxism  1840-2011</i> (2011): &quot;Una vez m&aacute;s, ha llegado la hora de tomarse en serio a  Marx&quot;. </p>     <p  align="justify">Hobsbawm nos ense&ntilde;&oacute;, al evocar a  Marx, que la exhortaci&oacute;n de cambiar el mundo persiste m&aacute;s all&aacute; de cualquier  deceso. He ah&iacute; su legado. Hobsbawm, con m&eacute;rito propio, se ha ganado el t&iacute;tulo  de <i>historiador imprescindible</i> para pensar (y  actuar en) el siglo XXI.  Aunque su vida se apag&oacute; el primer d&iacute;a de octubre de 2012 en el hospital Royal  Free de Londres, su prol&iacute;fica obra continuar&aacute; iluminando nuestro quehacer como  historiadores e historiadoras y, de seguro, seguir&aacute; ley&eacute;ndose con admiraci&oacute;n y  como fuente de inspiraci&oacute;n.</p> <hr size="1">     <p align="justify" class="14NotasDEpieReseas"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="">1</a>. Ver,  solo a t&iacute;tulo de ejemplo, Raphael Samuel y Gareth Stedman Jones, eds., <i>Culture, Ideology, and Politics: Essays for Eric Hobsbawm </i>(London:  Routledge &amp; Kegan Paul. 1982)<i>. </i>Harvey J.  Kaye, &quot;Eric Hobsbawm: on Workers, Peasants and World History&quot;, <i>The British Marxist Historians. </i><i>An Introductory Analysis</i>, Harvey J. Kaye (Oxford: Polity Press, 1984). Marisa Gallego, <i>Eric Hobsbawm y la historia cr&iacute;tica del siglo </i><i>XX</i> (Madrid: Campo de Ideas, 2005). Pat Thane, Geoffrey Crossick and Roderick  Floud, eds.,<i> The Power of the Past: Essays for Eric  Hobsbawm</i> (Cambridge: Cambridge University Press, 2009). Y Gregory  Elliott, <i>Hobsbawm: History and Politics </i>(London:  Pluto Press. 2010).</p>     <p class="14NotasDEpieReseas"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title="">2</a>. Eric  Hobsbawm, <i>The Age of Extremes: The Short Twentieth  Century, 1914-1991</i> (London / New York: Michael Joseph /  Viking Penguin, 1994).</p> </font>      ]]></body>
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