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<journal-title><![CDATA[Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Juicios de imprenta en Colombia (1821-1851). El jurado popular y el control de los libelos infamatorios]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Press Trials in Colombia (1821-1851). Juries and the Control of Libel]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article examines the establishment of trial by jury for press offenses in the context of the rise of the Colombian State. On the basis of a political institutional perspective, it analyzes the factors that defined the practice of trial by jury as the juridical theory of the period, and determined discussions on legislation and legal dynamics. The issue of trial by jury is interesting for the historiography of justice in Colombia insofar as it promoted citizen participation, made possible a form of administration of justice other than the law of the State, and, as an alternative to the judiciary code system, was much more consistent with a diverse society that sometimes rejected codification.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <FONT size="2" face="verdana">      <p align="center"><FONT size="4"><b>Juicios de imprenta en Colombia (1821-1851). El jurado popular y el control de los libelos infamatorios *</b></FONT></p>       <p align="center"><FONT size="4"><b><I>Press Trials in Colombia (1821-1851). Juries and the Control of Libel </I></b></FONT></p>      <p><B>Andr&eacute;s Alejandro Londo&ntilde;o Tamayo** </b>    <br> Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas    <br> Madrid, Espa&ntilde;a </P>      <p>* Proyecto I+D "Institucionalizaci&oacute;n del Estado: justicia y violencia pol&iacute;tica, Am&eacute;rica Latina siglo XIX", Grupo de Estudios Americanos (GEA) Instituto de Historia, Centro de Ciencias Humanas y Sociales, Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas (CCHS-CSIC). Referencia HAR 2010-17580.     <br> ** <a href="mailto:alejandro.londonno@cchs.csic.es">alejandro.londonno@cchs.csic.es</a>    <br> Art&iacute;culo de investigaci&oacute;n.</p>      <p>Recepci&oacute;n: 3 de agosto de 2012. Aprobaci&oacute;n: 3 de noviembre de 2012.</p> <hr> <ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Resumen</b></font> </P>     <p> En este art&iacute;culo se analizan algunos de los procesos de establecimiento del juicio por jurado para delitos de imprenta, en el contexto del surgimiento del Estado colombiano. Utilizando una perspectiva pol&iacute;tico-institucional, se analizaron factores que definieron la pr&aacute;ctica del jurado como la teor&iacute;a jur&iacute;dica del periodo, las discusiones legislativas, las leyes y la din&aacute;mica judicial. El juicio por jurado es de inter&eacute;s para la historiograf&iacute;a de la justicia en Colombia en la medida en que promovi&oacute; la participaci&oacute;n ciudadana y posibilit&oacute; una pr&aacute;ctica en la administraci&oacute;n de justicia que pod&iacute;a diferir del derecho estatal. Ambos aspectos le garantizaron convertirse en una opci&oacute;n de administraci&oacute;n de justicia alterna al sistema de c&oacute;digo-judicatura, que resultaba m&aacute;s coherente con una sociedad ampliamente diversa que se resist&iacute;a, en algunos casos, a la codificaci&oacute;n. </P>      <p><B>Palabras clave: </B>jurado popular, libertad de imprenta, Colombia, libelo infamatorio, literatura jur&iacute;dica, legislaci&oacute;n penal. </P>     </ol> <hr> <ol>     <p><font size="3"><B>Abstract </b></font></p>      <p> <I>The article examines the establishment of trial by jury for press offenses in the context of the rise of the Colombian State. On the basis of a political institutional perspective, it analyzes the factors that defined the practice of trial by jury as the juridical theory of the period, and determined discussions on legislation and legal dynamics. The issue of trial by jury is interesting for the historiography of justice in Colombia insofar as it promoted citizen participation, made possible a form of administration of justice other than the law of the State, and, as an alternative to the judiciary code system, was much more consistent with a diverse society that sometimes rejected codification. </I></P>      <p><B>Keywords:</B><I> jury, freedom of the press, Colombia, criminal libel, legal literature, criminal law. </I></P>     </ol> <hr>     <p><font size="3"><B>Introducci&oacute;n </b></font></p>      <p> Este art&iacute;culo explora ideas, pol&eacute;micas, leyes y pr&aacute;cticas que surgieron en torno a la instituci&oacute;n del jurado popular entre el periodo que va de 1821 hasta 1851. En primer lugar, se referenciaron algunas de las obras de literatura jur&iacute;dica que difundieron los principios y estructuras de la instituci&oacute;n desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, obras utilizadas por la naciente &eacute;lite pol&iacute;tica colombiana y que fueron centrales para su comprensi&oacute;n del v&iacute;nculo entre el jurado y los estados constitucionales garantes de derechos y libertades. En segundo lugar, se abordaron las ideas expuestas por juristas y legisladores colombianos sobre la conveniencia de establecer el jurado popular, ideas que formaron la primera pol&eacute;mica colombiana sobre la instituci&oacute;n. En tercer lugar, se analizaron las leyes sobre jurados promulgadas durante la primera mitad del siglo XIX y los fundamentos en que fueron apoyadas; estas leyes dise&ntilde;aron un modelo de jurado restrictivo, hecho a la medida de la &eacute;lite pol&iacute;tica, lo que implic&oacute; una distorsi&oacute;n de la idea de una justicia de iguales, principio esencial de la instituci&oacute;n. En cuarto lugar, fueron analizados algunos procesos judiciales por delitos de imprenta, a partir de los cuales el lector podr&aacute; formarse una idea de la pr&aacute;ctica de la instituci&oacute;n: de las dificultades presentadas durante la tramitaci&oacute;n procesal, de los cambios que supuso el jurado en el contexto de la administraci&oacute;n de justicia respecto al periodo virreinal, de las ideas y los valores sociales de la &eacute;poca que guiaron la administraci&oacute;n de justicia. </P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><B>Fuentes jur&iacute;dicas, principios pol&iacute;ticos y pol&eacute;micas en torno al jurado popular </b></font></p>     <p> &iquest;Cu&aacute;les fueron las fuentes jur&iacute;dicas y legales con las que cont&oacute; la elite pol&iacute;tica del naciente Estado Colombiano para introducir la instituci&oacute;n del jurado popular y para direccionar su funcionamiento durante la primera mitad del siglo XIX? Entre las primeras obras que sirvieron de fuentes jur&iacute;dicas a la &eacute;lite pol&iacute;tica, se encuentran las de los padres de la escuela cl&aacute;sica del derecho penal, quienes fueron promotores del jurado en Europa. En obras como <I>Del esp&iacute;ritu de las leyes</I>, <I>El tratado de los delitos y las penas</I> y <I>La ciencia de la legislaci&oacute;n</I>,<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> se conceptu&oacute; sobre el jurado, teniendo como referente el modelo de jurado ingl&eacute;s del periodo. Para sus autores, este modelo era un medio de sustanciaci&oacute;n ideal por las garant&iacute;as que ofrec&iacute;a frente a los abusos de la autoridad ejecutiva. Estas obras cl&aacute;sicas contribuyeron a la difusi&oacute;n de algunos de los principios y estructuras de funcionamiento del jurado: el principio de ser juzgado por un igual y no por un juez subordinado del ejecutivo; la divisi&oacute;n del trabajo judicial: los hechos materia de jurados y el derecho materia de jueces; el criterio de propiedad como condici&oacute;n de participaci&oacute;n ciudadana en los paneles de jurado; la elecci&oacute;n al azar de los paneles de jurados; el derecho de recusaci&oacute;n; la publicidad de los juicios, etc.<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup></P>      <p>Sobre la instituci&oacute;n del jurado tambi&eacute;n fueron publicados, antes de 1810, textos de autores peninsulares, aunque no se tiene conocimiento de su circulaci&oacute;n en el contexto del Virreinato de la Nueva Granada; s&iacute; fueron le&iacute;dos, en cambio, textos de autores y editores peninsulares, posteriores a 1820.<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> Se traen a colaci&oacute;n las obras de autores peninsulares debido al inter&eacute;s que mostr&oacute; la &eacute;lite pol&iacute;tica liberal granadina en el pensamiento pol&iacute;tico liberal peninsular, lo que permite conjeturar hip&oacute;tesis acerca de su circulaci&oacute;n. </P>      <p>Entrando el siglo XIX la diversidad de obras extranjeras de literatura jur&iacute;dica se ampl&iacute;o y con ella la divulgaci&oacute;n de la instituci&oacute;n del jurado, la prensa que ganaba espacio en la tarea de producir informaci&oacute;n tambi&eacute;n se encarg&oacute; de la misma labor. Se publicaron obras como el <I>Curso de Pol&iacute;tica Constitucional</I>, <I>Tratados de Legislaci&oacute;n Civil y Penal</I>, <I>De la democracia en Am&eacute;rica </I>y el<I> Diccionario Razonado de Legislaci&oacute;n y Jurisprudencia.</I> En ellas, se hallaron argumentos nuevos tendentes a la promoci&oacute;n del jurado popular, ideas complementarias a las de los autores de la escuela cl&aacute;sica; igualmente, se exhibieron las primeras cr&iacute;ticas sobre la instituci&oacute;n. El principio juradista<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> m&aacute;s trascendente de la &eacute;poca lo planteo Alexis de Tocqueville cuando afirm&oacute;: "El jurado es ante toda cosas una instituci&oacute;n pol&iacute;tica, y en este punto de vista siempre hay que colocarse para juzgarle". Efectivamente, era una instituci&oacute;n pol&iacute;tica seg&uacute;n Tocqueville porque ten&iacute;a una relaci&oacute;n directa con la pr&aacute;ctica de la soberan&iacute;a del pueblo, que incluso no pod&iacute;a existir sin la primera.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup> Por otra parte, la cr&iacute;tica antijuradista m&aacute;s trascendente la elabor&oacute; Joaqu&iacute;n Escriche en su <I>Diccionario</I>, en donde expuso diferentes argumentos relativos a los problemas que el jurado popular generaba a la administraci&oacute;n de justicia: las absoluciones o condenaciones erradas, producidas por la incompetencia o la ignorancia de los jurados. Por lo tanto, el jurado popular no era garante de una mejor administraci&oacute;n de justicia que una judicatura letrada.<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup></P>      <p>Las obras mencionadas de Benjam&iacute;n Constant y Jeremy Bentham, dos de las obras de literatura jur&iacute;dica m&aacute;s estudiadas durante la primera mitad del siglo XIX seg&uacute;n el consenso historiogr&aacute;fico,<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> contienen aspectos que incidieron en las dos tendencias seguidas por la &eacute;lite pol&iacute;tica respecto a la instituci&oacute;n del jurado: una juradista y otra antijuradista. El <I>Curso de pol&iacute;tica constitucional</I> se relaciona directamente con las ideas del sector juradista, mientras que <I>Tratados de legislaci&oacute;n civil y penal</I> se relaciona con algunas de las ideas de los antijuradistas colombianos. Dichas conexiones se observan en las obras de literatura jur&iacute;dica publicadas por juristas colombianos que iniciaron la ciencia jur&iacute;dica nacional y en los discursos y debates sostenidos en el Congreso de la Rep&uacute;blica, cuando se discutieron leyes sobre jurados. </P>      <p>Benjam&iacute;n Constant abog&oacute; por el establecimiento, en Francia, de un modelo de jurados similar al modelo ingl&eacute;s y al estadounidense. Por ello, su argumentaci&oacute;n sobre el jurado parti&oacute; de considerarlo como un derecho individual preconstituido, un derecho natural independiente del poder legislativo, al igual que otros como la libertad religiosa, la libertad personal, la libertad de industria, la inviolabilidad de la propiedad y la libertad de imprenta.<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> El jurado hac&iacute;a efectiva la independencia del poder judicial porque los administradores de justicia no eran los jueces elegidos por el gobierno, sino los ciudadanos, creando la barrera necesaria contra los envistes del gobierno mon&aacute;rquico. Para Constant, el juicio por jurados deb&iacute;a ser un acto p&uacute;blico y oral en el que se hiciera la lectura de las piezas del proceso y se interrogaran a los testigos. Los jurados deb&iacute;an, por un lado, ser elegidos por un cuerpo electoral, y por otro, como condici&oacute;n indispensable, deb&iacute;an ser propietarios, porque como tales no ten&iacute;an inter&eacute;s, seg&uacute;n afirm&oacute;, en dejar impunes los atentados que amenazaran la seguridad, la propiedad y la vida de los otros miembros del cuerpo social. Constant se&ntilde;al&oacute; tambi&eacute;n, contra el argumento de los antijuradistas contempor&aacute;neos sobre la ignorancia del pueblo como impedimento para su pr&aacute;ctica, que el jurado pod&iacute;a ser un gran ant&iacute;doto contra "(&hellip;) la falta de celo, la ignorancia, indolencia y frivolidad (&hellip;)",<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> caracter&iacute;sticas que eran se&ntilde;aladas por diferentes autores como impedimentos del avance social y pol&iacute;tico. </P>      <p>Con relaci&oacute;n al jurado para delitos de imprenta, Constant afirm&oacute; que el sentido de un libro o de un texto estaba integrado por una multiplicidad de significados que pod&iacute;an agravar o disminuir todo lo que era reprehensible por la ley; dicha variedad implicaba que la ley escrita no pudiera prever todos los pormenores, los m&uacute;ltiples sentidos y las formas que pod&iacute;an aparecer en un texto. La labor de determinar una intenci&oacute;n, que para el caso de los delitos de imprenta exig&iacute;a, en muchos casos, m&aacute;s conocimientos sociales y morales que legislativos, hac&iacute;a que los jueces letrados no fueran los m&aacute;s aptos para los juicios de escritos delictivos; estos, seg&uacute;n dec&iacute;a Constant, dejaban de realizar su oficio de decidir sobre el derecho cuando los obligaban a conjeturar sobre significados generales de los escritos. El jurado, por consiguiente, era percibido por este autor como el mecanismo id&oacute;neo para enjuiciar delitos de imprenta, debido a que estaba configurado por ciudadanos representantes de la opini&oacute;n p&uacute;blica, que decid&iacute;an a conciencia; con base en su raz&oacute;n com&uacute;n, y que no se encontraban afectados por las f&oacute;rmulas legales que muchas veces imped&iacute;an la actuaci&oacute;n de los jueces.<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup></P>      <p>El discurso de Constant se conecta con el de Florentino Gonz&aacute;lez -el m&aacute;s notable juradista colombiano del siglo XIX- y con el pensamiento de los primeros legisladores del Congreso de C&uacute;cuta que discutieron sobre el establecimiento del jurado: Jos&eacute; Ignacio de M&aacute;rquez, Diego G&oacute;mez, Alejandro Osorio, entre otros. Florentino Gonz&aacute;lez, promotor de la descentralizaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico en Colombia desde la d&eacute;cada de 1840, argument&oacute; sobre la importancia del jurado para lograr dicho objetivo. El gobierno central no deb&iacute;a seguir usurpando las funciones del gobierno local, pero para ello el r&eacute;gimen municipal deb&iacute;a ser mejorado, de ah&iacute; la importancia de la instituci&oacute;n del jurado y el tipo de participaci&oacute;n pol&iacute;tica que promov&iacute;a.<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup> El jurado hac&iacute;a verdaderamente soberano al pueblo, en tanto que lo hac&iacute;a part&iacute;cipe de los poderes pol&iacute;ticos de m&aacute;s peso: la aplicaci&oacute;n de las leyes civiles y penales. El pensamiento pol&iacute;tico de Florentino Gonz&aacute;lez, como &eacute;l mismo lo afirma, se nutri&oacute; adem&aacute;s de la obra de Constant y de la de Alexis de Tocqueville, <I>De la democracia en Am&eacute;rica, </I>obra que fue determinante para su conceptualizaci&oacute;n sobre la instituci&oacute;n del jurado.<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup> Este publicista colombiano, en la madurez de su pensamiento pol&iacute;tico a partir de la d&eacute;cada de 1860, fue un promotor f&eacute;rreo del establecimiento de un modelo de jurados como el estadounidense, en las rep&uacute;blicas hispanoamericanas. </P>      <p>Los legisladores del Congreso de C&uacute;cuta, con una orientaci&oacute;n juradista, defendieron durante los debates sobre el establecimiento del jurado que la instituci&oacute;n deber&iacute;a empezar a regir en Colombia para delitos de imprenta porque era el mejor delito para el que pod&iacute;a ser establecida. Diego Fernando G&oacute;mez y Jos&eacute; Ignacio M&aacute;rquez afirmaron que era la materia y el momento ideal para establecerlo, indicando que la falta de imprentas del pa&iacute;s propiciaba el inicio mesurado de una pr&aacute;ctica que iba permitir que la poblaci&oacute;n se ilustrara paulatinamente y se hallara preparada, justo en el momento en que se ampliaran las imprentas en el pa&iacute;s; la pr&aacute;ctica de los juicios iba a ilustrar, poco a poco, a un n&uacute;mero de individuos de las poblaciones en el orden de proceder, y estos iban a reproducir su aprendizaje en los dem&aacute;s. Este sector tambi&eacute;n argument&oacute; que ser&iacute;a un jurado con una jurisdicci&oacute;n sobre corporaciones como la iglesia, el ej&eacute;rcito e instituciones del gobierno. El jurado deb&iacute;a tener competencia sobre los textos contrarios a la iglesia cat&oacute;lica, ya que permitir que ella misma calificara textos que estaban en su contra era correr el peligro del fanatismo clerical, y pod&iacute;a extenderse, seg&uacute;n afirmaba el magistrado Miguel Tobar, a que no hubiere: "(&hellip;) un solo representante en la naci&oacute;n a quien le &#91;quedara&#93; la menor libertad para hablar en defensa de sus derechos so pretexto de que son novedades contra la religi&oacute;n (&hellip;)".<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup></P>      <p>Jeremy Bentham, a diferencia de Benjamin Constant, consideraba que el jurado era menos efectivo para administrar justicia que una magistratura bien formada. Para el ingl&eacute;s, el jurado era inoperante por razones como la divisi&oacute;n del juicio en dos tribunales uno de acusaci&oacute;n y otro de calificaci&oacute;n. Consideraba que la separaci&oacute;n en el juicio daba lugar a dilaciones y errores, que por el contrario no ten&iacute;an lugar cuando el proceso era seguido por un juez, planteamiento tambi&eacute;n esgrimido por Joaqu&iacute;n Escriche. Bentham critic&oacute; expresiones asociadas a la valoraci&oacute;n positiva del jurado, como "vale m&aacute;s absolver a cien delincuentes, que condenar &aacute; un solo inocente". Tambi&eacute;n critic&oacute; la indulgencia a la que hab&iacute;a llegado el jurado ingl&eacute;s, gracias a la desproporci&oacute;n que exist&iacute;a entre las penas y los delitos, lo que consideraba como el principal defecto de la legislaci&oacute;n inglesa. Bentham se&ntilde;al&oacute; uno de los defectos m&aacute;s criticados por los antijuradistas durante el siglo XIX: la indulgencia.<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Algunos de los antijuristas colombianos que surgieron durante la primera mitad del siglo XIX, en cuyas obras se observan conceptos relacionados con los Bentham y de Joaqu&iacute;n Escriche, fueron Cerbele&oacute;n Pinz&oacute;n y Antonio del Real. Para ellos, el jurado no era un mecanismo que pudiera resolver los problemas que presentaba la administraci&oacute;n de justicia colombiana de su &eacute;poca; por el contrario, el camino que suger&iacute;an era reformar la judicatura. El jurado no pod&iacute;a practicarse porque no exist&iacute;an suficientes individuos con las capacidades para desempe&ntilde;ar la funci&oacute;n. Un jurado, dec&iacute;a Cerbele&oacute;n Pinz&oacute;n, no ofrec&iacute;a las garant&iacute;as procesales que se&ntilde;alaban los juradistas porque al ser elegidos de entre los miembros del pueblo, se hallaban como este "agitados por paciones violentas". El jurado era una instituci&oacute;n que no pod&iacute;a sustraerse al "soplo de los partidos pol&iacute;ticos", "al calor de los entusiasmos repentinos", o a las opiniones que aun siendo err&oacute;neas se generalizaban durante cierto tiempo<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>. El Cartagenero Antonio del Real, por su parte, rechazaba la idea de Constant sobre considerar el jurado como un derecho individual: </P> <ol>      <p>(&hellip;) el juicio por jurados que no es otra cosa, que una organizaci&oacute;n particular de los tribunales, &oacute; del poder judicial, la cual podr&aacute; ser util&iacute;sima, pero no un derecho individual pues entonces lo ser&iacute;a igualmente la divisi&oacute;n del cuerpo legislativo en c&aacute;maras.<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup></P>    </ol>      <p>Y en relaci&oacute;n al establecimiento del jurado para delitos de imprenta, consideraba: </P> <ol>     <p>El jurado es mal juez respecto de aquellos delitos que tienden a favorecer o a contrariar abiertamente la opini&oacute;n general, y siendo as&iacute;, parecer&iacute;a poco aprop&oacute;sito para la decisi&oacute;n de los abusos de libertad de imprenta, que por lo com&uacute;n versan en negocios pol&iacute;ticos y dirigidos &aacute; la opini&oacute;n p&uacute;blica.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup></P>    </ol>      <p>A pesar de las ideas expuestas de los dos &uacute;ltimos juristas habr&iacute;a que mencionar que estos valoraron positivamente algunos aspectos de la instituci&oacute;n. </P>      <p>El sector antijuradista que pudo identificarse en el Congreso de C&uacute;cuta expres&oacute; argumentos semejantes a los expuestos por los anteriores juristas. El senador y obispo, Lasso de la Vega, afirm&oacute; que era un mecanismo rid&iacute;culo que implicaba un procedimiento m&aacute;s complejo que el de la Inquisici&oacute;n. Jos&eacute; F&eacute;lix de Restrepo, uno de los hombres m&aacute;s afamados en el Congreso, afirm&oacute; que le resultaba repugnante la divisi&oacute;n del juicio en el hecho y el derecho, es decir, rechazaba el establecimiento de dos tribunales tal como lo establec&iacute;a el proyecto: uno para dar lugar a la causa y otro para calificarla y se&ntilde;alar la pena. Este jurista tambi&eacute;n refiri&oacute; que la inmediatez con la que los jurados estaban obligados a emitir su veredicto en las sesiones constitu&iacute;a una medida poco garante "(&hellip;) porque en un corto periodo de tiempo no hab&iacute;a lugar a examen ni reflexi&oacute;n sobre el asunto (&hellip;)".<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup> Por &uacute;ltimo, Manuel Ba&ntilde;os argument&oacute; que su divisi&oacute;n en dos etapas, una para dar lugar a la causa y otra para calificar y graduar el texto, constitu&iacute;a un procedimiento "laber&iacute;ntico", que no pod&iacute;a ser garantizado por la administraci&oacute;n de justicia y que, por tanto, conllevar&iacute;a a la impunidad del delito o dar&iacute;a lugar a que el agraviado o las autoridades dejaran pasar el crimen por no asumir la multitud de tr&aacute;mites.<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup></P>      <p><font size="3"><B>Primer modelo colombiano de jurado popular, tipificaci&oacute;n delictiva y sanciones penales para libelos infamatorios </b></font></p>      <p> La primera ley que integra el juicio por jurado, "Sobre la extensi&oacute;n de la libertad de la imprenta, y sobre la calificaci&oacute;n y castigo de sus abusos",<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup> fue sancionada por el Congreso colombiano el 14 de septiembre de 1821, lo que signific&oacute; una victoria del sector liberal sobre otros sectores interesados en mantener la jerarqu&iacute;a de instituciones virreinales. El proyecto en que se bas&oacute; la ley fue elaborado por Vicente Azuero a partir del Reglamento de libertad de imprenta<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup> sancionado por las Cortes espa&ntilde;olas de 1820, del que adapt&oacute; casi la totalidad del articulado. Esta ley, derogada en 1851, fue modificada a lo largo de sus treinta a&ntilde;os de vigor en lo relativo a la tipificaci&oacute;n delictiva y a la estructura del jurado, aspectos sobre los que se centraron cr&iacute;ticos de diferentes instancias del gobierno para lograr, seg&uacute;n afirmaron, un mejor desempe&ntilde;o en los juicios. En este apartado se analizaran estos dos aspectos a partir de la legislaci&oacute;n sancionada y de algunos discursos utilizados en la &eacute;poca. </P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El modelo de jurados conten&iacute;a una estructura formada por dos paneles, uno de acusaci&oacute;n y otro de calificaci&oacute;n, que se formaban a partir de una lista de 24 ciudadanos realizada anualmente por el cabildo. Para ser jurado, se deb&iacute;an tener unas cualidades que, para la &eacute;poca, solo pose&iacute;a un limitado sector.<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> Cuando era denunciado un escrito como delictivo, el juez deb&iacute;a reunir al jurado de acusaci&oacute;n -compuesto por siete jurados- para que declarase por unanimidad si el escrito era o no era delictivo. De serlo, el juez deb&iacute;a solicitar el original y el nombre del autor al impresor, a quien adem&aacute;s deb&iacute;a exigirle la prohibici&oacute;n de la venta del impreso. La declaraci&oacute;n del primer jurado bastaba para que el autor fuera enviado a la c&aacute;rcel, lo que solo pod&iacute;a evitarse con una fianza. Finalizados estos procedimientos, el juez deb&iacute;a pasar a reunir un jurado de calificaci&oacute;n, conformado tambi&eacute;n por siete jueces que presid&iacute;an el acto p&uacute;blico del juicio, y cuya funci&oacute;n principal consist&iacute;a en conferenciar en sesi&oacute;n privada el veredicto. El fundamento de los jurados era el texto delictivo y las alegaciones de los pleiteantes en el juicio, con base en las cuales deb&iacute;an determinar la calificaci&oacute;n y el grado del delito. La condena resultaba de un consenso de seis votos, mientras que su absoluci&oacute;n solo con dos. Se trataba de un jurado de calificaci&oacute;n que resolv&iacute;a sobre el hecho y sobre el derecho, debido a que se ocupaba de verificar el hecho delictivo en el texto y de designar la pena que establec&iacute;a la ley de libertad de imprenta, seg&uacute;n el delito. El veredicto del jurado era inapelable y el juicio solo pod&iacute;a cursarse ante la Corte Superior de Justicia por cualquiera de las partes cuando exist&iacute;an vicios de procedimiento (ver <a href="#f1">figura 1</a>). </P>      <p align="center"><a name="f1"></a><img src="img/revistas/achsc/v40n1/v40n1a04f1.jpg"></p>      <p>Esta estructura de jurados sufri&oacute; modificaciones en cuanto al procedimiento de formaci&oacute;n de las listas de jurado, el n&uacute;mero de 24 ciudadanos que pod&iacute;an participar, la competencia de los jurados en la designaci&oacute;n de los delitos dentro de su escrito de veredicto y en cuanto el procedimiento de sorteo. Dichos cambios se debieron a los problemas que presentaba la instituci&oacute;n en la pr&aacute;ctica. El procedimiento de formaci&oacute;n de listas fue alterado durante el periodo de dictadura de Sim&oacute;n Bol&iacute;var, mediante el decreto del 24 de febrero de 1829,<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup> en el que se dispuso que la facultad de los cabildos para formar la lista de jurados fuera trasladada a nueve ciudadanos, quienes deb&iacute;an designar de entre la poblaci&oacute;n a las personas m&aacute;s aptas para ejercer como jurado; a la vez, se dispuso la elecci&oacute;n de jurados suplentes que deb&iacute;an ser anotados en las listas. Con lo primero, se atentaba contra uno de los principios democr&aacute;ticos seg&uacute;n los liberales de la &eacute;poca, que consist&iacute;a en que la instituci&oacute;n m&aacute;s popular, el cabildo, fuera la que eligiera los jurados; con lo segundo, se intent&oacute; resolver una de las carencia que presentaba la pr&aacute;ctica de los juicios: la falta de jurados suficientes para participar en los juicios por jurado, debido a que el estrecho n&uacute;mero de 24 que hab&iacute;a designado la ley de 1821 era insuficiente. Esta medida fue derogada en el contexto del Estado de la Nueva Granada a partir de 1832, que impuso nuevamente la ley de imprenta de 1821, con la cual el cabildo pas&oacute; nuevamente a ser la instituci&oacute;n con competencia en la elecci&oacute;n, mientras que se mantuvo de la norma la medida de elegir suplentes.<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup> Cuando el cabildo realizaba la lista de jurados, pod&iacute;a ser incriminado, y de comprobarse su responsabilidad, sus miembros pod&iacute;an ser sancionados con penas de c&aacute;rcel.<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup></P>      <p>La ley del 19 de mayo de 1838<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup> estableci&oacute; que los jurados de acusaci&oacute;n deb&iacute;an se&ntilde;alar en el auto, de haber lugar a causa, los art&iacute;culos del <I>C&oacute;digo penal</I> de 1837 que hubieran sido quebrantados, con lo cual se derog&oacute; lo se&ntilde;alado en la ley de libertad de imprenta de 1821 en relaci&oacute;n al "s&iacute;" o "no", que bastaba para declarar que exist&iacute;a o no delito en un impreso. Dicha ley tambi&eacute;n orden&oacute; que los jurados de calificaci&oacute;n siguieran las f&oacute;rmulas de graduaci&oacute;n de las penas del <I>C&oacute;digo penal</I>.<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup> La ley de libertad de imprenta no hab&iacute;a dado lugar a que un texto fuera penalizado por dos delitos de imprenta, sino &uacute;nicamente por uno, lo que fue considerado como un defecto por las autoridades que observaron que muchos de los textos eran denunciados por cometer dos delitos. Lo sancionado por la ley de 19 de mayo de 1838 supon&iacute;a jurados expertos en leyes, lo que no era coherente con los principios de la instituci&oacute;n. El legislador parti&oacute; de considerar que los hombres que ten&iacute;an derecho a desempe&ntilde;ar la funci&oacute;n eran precisamente un peque&ntilde;o c&iacute;rculo de hombres con conocimientos legales. Esta circunstancia hizo m&aacute;s complejo un correcto desempe&ntilde;o del servicio de jurado y otorg&oacute; m&aacute;s protagonismo al juez letrado, quien adquiri&oacute; m&aacute;s capacidad de intervenci&oacute;n durante la sesi&oacute;n del juicio. </P>      <p>La &uacute;ltima ley que regul&oacute; el m&eacute;todo de elecci&oacute;n de jurados, el sorteo y el n&uacute;mero de jurados elegibles "Sobre organizaci&oacute;n de los jurados de imprenta" se sancion&oacute; el 12 de mayo de 1849.<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup> Esta ley ampli&oacute; el n&uacute;mero de jurados que pod&iacute;an ser elegidos en las ciudades, villas o municipios en los que hab&iacute;a imprenta, al abolir el l&iacute;mite de 24 jurados y sus suplentes. Con ello, se abri&oacute; la posibilidad de ocupar el cargo a todos los que reunieran los criterios de ciudadan&iacute;a, mayor&iacute;a de veinticinco a&ntilde;os y saber leer y escribir,<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup> que para la d&eacute;cada de 1850 hab&iacute;an aumentado levente en relaci&oacute;n a los ciudadanos que ten&iacute;an estos atributos en 1821. En primer lugar, la ley dispuso que el cabildo elaborara una lista con todos los nombres de los ciudadanos seleccionados para ocupar el cargo y la publicara en los lugares m&aacute;s concurridos. Con base en ella, los ciudadanos pod&iacute;an realizar las reclamaciones tanto por haber sido incluidos como excluidos de esta ante los jueces de circuito. En segundo lugar, esta ley dispuso un nuevo proceso electivo para el jurado de calificaci&oacute;n, el cual deb&iacute;a formarse ocho d&iacute;as despu&eacute;s de declararse haber lugar a la causa por parte del jurado acusaci&oacute;n<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup> o quince a solicitud del acusado. Para el sorteo -que deb&iacute;a realizarse tres d&iacute;as antes de la fecha del juicio-, el juez de derecho deb&iacute;a sacar al azar la mitad de los jueces de hecho que hubieran quedado disponibles del sorteo del jurado de acusaci&oacute;n, quienes deb&iacute;an ser presentados a las partes con la finalidad de que excluyeran los nombres, hasta que quedaran catorce. El juez deb&iacute;a pasar a reconocer estos catorce y, en caso de existir jurados impedidos, deb&iacute;a realizar otro sorteo de entre el n&uacute;mero general, hasta completar nuevamente los catorce jurados. Estos jurados deb&iacute;an acudir, previa citaci&oacute;n, al juicio en el se realizaba un &uacute;ltimo sorteo del que resultaban elegidos los siete jurados definitivos. Esta ley dispuso que para el caso del jurado de acusaci&oacute;n los sorteos se realizaran en presencia de los jueces de derecho, del escribano, del acusador y del impresor, mientras que para el jurado de calificaci&oacute;n pod&iacute;an estar, adem&aacute;s de los anteriores, el acusador y el procesado, aunque la acci&oacute;n no deb&iacute;a suspenderse por la ausencia de estos. Ambos deb&iacute;an realizarse a trav&eacute;s del m&eacute;todo de insaculaci&oacute;n, que fue el m&eacute;todo inicial prescrito por la ley de 1821. </P>      <p>En lo que respecta a la tipificaci&oacute;n delictiva, la ley de libertad de imprenta de 1821 estableci&oacute; como limites cuatro esferas principales: los dogmas de la religi&oacute;n cat&oacute;lica; la tranquilidad p&uacute;blica y el gobierno; la moral y las buenas costumbres, y la reputaci&oacute;n de las personas. Todos los que atentaran mediante publicaciones escritas contra estos aspectos deb&iacute;an ser tenidos por criminales. Los legisladores y gobernantes colombianos de la &eacute;poca mantuvieron uno de los principios del r&eacute;gimen colonial para oponerse a la libre circulaci&oacute;n de las publicaciones: "se trataba del esquema de tranquilidad y del orden p&uacute;blico que estaba fundado en el ideal de la obediencia, del sofocamiento del esc&aacute;ndalo y la revuelta, as&iacute; como de las cr&iacute;ticas y opiniones contrarias a la autoridad regia".<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup></P>      <p>La ley estableci&oacute; como libelos infamatorios los escritos que vulneraran la reputaci&oacute;n y el honor de una persona y tachan su conducta privada, as&iacute; como los escritos que se&ntilde;alaran los delitos cometidos por funcionarios p&uacute;blicos y no lograran probar que efectivamente se hab&iacute;a cometido. En el caso de los libelos infamatorios , se tipific&oacute; para el primer grado una multa de doscientos pesos y de tres meses de prisi&oacute;n; en el segundo, cien pesos y dos meses de prisi&oacute;n, y en el tercero, cincuenta pesos y un mes de prisi&oacute;n. Esta regulaci&oacute;n empezaba a marcar el inicio de la separaci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado, en el marco del Estado, separaci&oacute;n que no hab&iacute;a existido en el Antiguo R&eacute;gimen. Las penas apenas fueron modificadas por el <I>C&oacute;digo penal</I> de 1837, en el que se estableci&oacute; la pena de uno a dos a&ntilde;os de reclusi&oacute;n y una multa de cincuenta a doscientos pesos por un libelo infamatorio y calumnioso y un arresto de uno a seis meses m&aacute;s una multa de diez a sesenta pesos cuando se trataba de una injuria grave.<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup></P>      <p>La vida privada deb&iacute;a ser intocable en el terreno de los asuntos personales y familiares, mientras que la vida p&uacute;blica de los empleados qued&oacute; sujeta a la cr&iacute;tica; estos fueron dos pilares de la ley de libertad de imprenta de 1821. El cuidado de la fama y del honor era esencial en el pensamiento decimon&oacute;nico, y m&aacute;s todav&iacute;a en el de los hombres de la pol&iacute;tica, pues el buen nombre constitu&iacute;a el mayor capital simb&oacute;lico para enfrentar las elecciones. El desprestigio en el que pod&iacute;a caer una personalidad p&uacute;blica tras una infamaci&oacute;n, que bien pod&iacute;a realizar su rival pol&iacute;tico, deb&iacute;a ser una acci&oacute;n penalizada; la protecci&oacute;n del honor y la fama era un deber por parte del gobierno, lo que fue ampliamente debatido: </P> <ol>     <p>(&hellip;) &iquest;qu&eacute; ecsije la moral en una cuesti&oacute;n semejante? La moral ecsije, que los delitos que ofenden a la sociedad sean castigados; que los ecsesos que lastiman las buenas costumbres sean reprimidos; i por consiguiente la moral no condena la denunciaci&oacute;n de esos delitos, para que sean reprimidos o castigados. Pero s&iacute; condena los arranques de rabia i aborrecimiento en que olvidando la moderaci&oacute;n i el respeto debido a la sociedad, se ultraja en vez de denunciar; i en vez de referir el hecho en t&eacute;rminos decorosos, se denosta i afrenta (&hellip;).<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup></P>    </ol>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><B>El jurado y el poder judicial en los juicios por libelo infamatorio contra funcionarios p&uacute;blicos </b></font></p>      <p> El estudio de fuentes tales como procesos criminales por delito de imprenta, prensa y hojas sueltas indica que la mayor&iacute;a de los textos denunciados durante el periodo en que estuvo en vigor la ley de libertad de imprenta fueron libelos infamatorios (ver esta informaci&oacute;n sistematizada en las <a name="t1"></a><a href="img/revistas/achsc/v40n1/v40n1a04t1.jpg" target="_blank">tablas 1</a> y <a name="t2"></a><a href="img/revistas/achsc/v40n1/v40n1a04t2.jpg" target="_blank"> 2</a>). Atendiendo a la publicidad que hizo el gobierno de los juicios por delito de imprenta en las gacetas oficiales entre 1821-1851, se obtienen algunos datos representativos de la pr&aacute;ctica legal de los juicios. De 28 resultados de juicios hallados, se obtienen los siguientes datos: veintitr&eacute;s procesos fueron por textos tipificados como libelos infamatorios , dos como sediciosos, uno como subversivo y uno como obsceno; diecinueve tuvieron lugar en la ciudad de Bogot&aacute;, cuatro en Medell&iacute;n, dos en Panam&aacute;, y solo uno en ciudades como Marinilla, Pasto y Cali. Trece juicios fueron absolutorios y doce fueron condenatorios, de los cuales seis fueron condenados en tercer grado, cuatro en primero y dos en segundo. Este &uacute;ltimo dato refleja un porcentaje nivelado de absoluciones y condenas, que no se corresponde con la cr&iacute;tica de un jurado indulgente esgrimida por algunos gobernantes de la &eacute;poca. Dichos gobernantes, sobre todo en un primer momento, consideraron que la absoluci&oacute;n era el signo m&aacute;s representativo del jurado y el motivo: el producto de un mal ajuste en la estructura de jurados que defin&iacute;a seis votos para condenar y dos para absolver por parte del jurado de calificaci&oacute;n.<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup> Los denunciantes que perdieron juicios tambi&eacute;n realizaron otras cr&iacute;ticas con respecto a la absoluci&oacute;n, para lo que se&ntilde;alaron argumentos como la parcialidad del jurado, la mala actuaci&oacute;n de los jueces e incluso la presi&oacute;n ejercida por el p&uacute;blico asistente sobre los jurados y las autoridades.<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup></P>      <p>El abordaje de los procesos se ha realizado a partir de tres elementos que ser&aacute;n desarrollados a continuaci&oacute;n: el jurado en delitos por libelo infamatorio contra funcionarios p&uacute;blicos, la aplicaci&oacute;n del principio de igualdad en los procesos por jurado y los obst&aacute;culos en la tramitaci&oacute;n de los procesos. </P>      <p><font size="3"><B>De las calumnias e infamaciones a los funcionarios p&uacute;blicos y el veredicto del jurado </b></font></p>      <p> Uno de los principios establecidos por la ley de libertad de 1821 que m&aacute;s contribuy&oacute; a la dinamizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica fue la posibilidad de poder incriminar a funcionarios p&uacute;blicos por delitos o por el mal desempe&ntilde;o de sus funciones. Los procesos analizados indican la utilizaci&oacute;n pol&iacute;tica que se hizo de dicho principio. La intenci&oacute;n de algunos autores mediante sus textos consisti&oacute; en la eliminaci&oacute;n de un rival pol&iacute;tico o de un aspirante a un cargo burocr&aacute;tico de alto rango. Se trat&oacute; de pleitos sostenidos por individuos vinculados a la pol&iacute;tica o al gobierno que ten&iacute;an la capacidad econ&oacute;mica para seguir un juicio y llevarlo hasta la &uacute;ltima instancia en la Corte Suprema de Justicia, con tal de recuperar el honor perdido: "(&hellip;) la obra de mis continuas acciones i desvelos desde mis mas tiernos a&ntilde;os: mi honor i reputacion, que no me lo ha dado la patria i de que no he cedido ninguna parte a la sociedad (&hellip;)",<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup> tal como lo planteaba el Coronel Anselmo Pineda. </P>      <p>Los jurados que participaron en los procesos fueron miembros de la &eacute;lite pol&iacute;tica, debido fundamentalmente a que las leyes no permit&iacute;an que otros hombres desempe&ntilde;aran la funci&oacute;n de jurado, lo que sugiere diferentes problemas en la pr&aacute;ctica pues dichos jurados eran representantes de un sector social, en un contexto caracterizado precisamente por su diversidad social. Incluso, pudo observarse que la participaci&oacute;n en un jurado constitu&iacute;a una v&iacute;a a trav&eacute;s de la cual los hombres de la &eacute;lite publicitaron sus virtudes ciudadanas y pol&iacute;ticas.<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup> De los hombres del jurado se esperaba que castigaran los "arranques de rabia", el "aborrecimiento" y las calumnias contra los funcionarios p&uacute;blicos que se encontraban en los textos, y que no eran probadas en los juicios; tambi&eacute;n se esperaba que salvaran los textos cuando estos incriminaban adecuadamente a un funcionario o cuando una infamaci&oacute;n contra un particular no ten&iacute;a fundamento: ellos deb&iacute;an ponderar cu&aacute;ndo un texto era efectivamente un objeto &uacute;til a la sociedad.<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup></P>      <p>Los procesos analizados iniciaron por la publicaci&oacute;n de escritos en los que se expresaron incriminaciones contra funcionarios p&uacute;blicos por hechos criminales. No se trat&oacute; de textos en los que se utilizaron expresiones infamatorias contra una persona como: "facineroso, desalmado, tigre, malhechor, salteador, brutal", infamaciones que deb&iacute;an ser condenadas por el jurado, pues la libertad de imprenta no deb&iacute;a dar lugar a la difamaci&oacute;n personal.<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup></P>      <p>El pleito entre Inocencio Galvis e Ignacio Mu&ntilde;os, iniciado en 1823, termin&oacute; con la absoluci&oacute;n del segundo por parte del jurado a pesar de que en su escrito hab&iacute;a tachado a Galvis de "ladr&oacute;n p&uacute;blico y fallido fraudulento".<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup> Ignacio Mu&ntilde;os bas&oacute; su incriminaci&oacute;n en hechos que fueron investigados por las autoridades, como el fraude al Estado en el que estuvo vinculada la esposa de Galvis, Josefa Berm&uacute;dez, al adue&ntilde;arse de un tesoro perteneciente a un espa&ntilde;ol realista llamado Jaime Serga, del que no dio cuenta alguna a las autoridades. Mu&ntilde;os present&oacute; en el juicio ante el jurado de calificaci&oacute;n unas certificaciones judiciales para probar que efectivamente la mujer hab&iacute;a sido incriminada por fraude, certificaciones que posiblemente incidieron en la su absoluci&oacute;n por parte del jurado, lo que le signific&oacute; a Galvis una afrenta que no estaba dispuesto a aceptar. Inocencio Galvis present&oacute; en la apelaci&oacute;n ante la Corte Suprema diferentes argumentos contra el veredicto del jurado, entre ellos, el haber aprobado las certificaciones presentadas por su contrincante en las que no se hac&iacute;a referencia a su nombre, sino al de su esposa, certificaciones que adem&aacute;s no ten&iacute;an providencia o declaratoria de culpabilidad, por lo cual deb&iacute;a de hab&eacute;rsele garantizado la presunci&oacute;n de inocencia. Este argumento, sin embargo, no le serv&iacute;a de nada ante la Corte, debido a que el jurado no deb&iacute;a explicar los fundamentos de su fallo.<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup></P>      <p>En el pleito entre Casimiro Calvo y el cl&eacute;rigo venezolano Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez, iniciado en 1825, el segundo public&oacute; un texto titulado "Prueba de Elasticidad Moral",<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup> en el que afirm&oacute; que Calvo hab&iacute;a tomado un mill&oacute;n y medio de pesos en compensaci&oacute;n de los servicios que hab&iacute;a prestado a la patria durante el tiempo de las guerras de independencia. A pesar de que el jurado de acusaci&oacute;n sancion&oacute; haber lugar a causa, los visibles errores de las autoridades, que fueron denunciados por P&eacute;rez ante la Corte Suprema no permitieron que el juicio concluyera y la Corte orden&oacute; que el proceso retornara al primer jurado de calificaci&oacute;n. El cl&eacute;rigo venezolano aseguro que la denuncia de Casimiro Calvo obedec&iacute;a a una persecuci&oacute;n pol&iacute;tica que se libr&oacute; contra su persona por parte del sector neogranadino en el gobierno, sector al que hab&iacute;a querido criticar en sus textos y no precisamente a Calvo, para lo que estaba dispuesto a presentar las certificaciones necesarias. </P>      <p>En el pleito entre el Licenciado Pantale&oacute;n Arango y Luis Llorente, iniciado en 1823, el jurado absolvi&oacute; al segundo a pensar que en su texto "Al p&uacute;blico" acus&oacute; a Arango de prevaricaci&oacute;n. En el impreso, escrito bajo el seud&oacute;nimo "El enemigo del enga&ntilde;o", se denunci&oacute; que Arango dict&oacute; un decreto de absoluci&oacute;n contra Manuel Otero, un espa&ntilde;ol conocido p&uacute;blicamente por sus cr&iacute;menes durante el periodo de guerras. Los documentos presentados por el capit&aacute;n Llorente durante el juicio tuvieron efecto sobre el jurado, que fall&oacute; a su favor. Por este motivo, Pantale&oacute;n Arango inici&oacute; un largo proceso de apelaci&oacute;n ante la Suprema Corte, cuyo dictamen final no es conocido; pasaron a&ntilde;os sin que la Corte se pronunciara debido a la p&eacute;rdida de documentos que fueron utilizados en el juicio y a la incapacidad del Cabildo de hacer comparecer nuevamente a Llorente, quien resid&iacute;a en Zaragoza.<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup> As&iacute; las cosas, no se sabe si Arango fue incriminado por el delito acusado por Llorente, pero s&iacute; que perdi&oacute; su honor durante algunos a&ntilde;os. </P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el pleito entre Francisco L&oacute;pez Aldana y Juan Bautista Alvar Sanchez, el jurado conden&oacute; al segundo por su acusaci&oacute;n de venalidad contra el primero, quien desempe&ntilde;aba el cargo de Ministro de la Corte Superior Departamental.<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup> En el juicio, el cl&eacute;rigo Alvar no present&oacute; ning&uacute;n documento para sustentar la aserci&oacute;n en el impreso denunciado, "Administraci&oacute;n de justicia", y tras la sentencia no interpuso recurso de apelaci&oacute;n. Esto da cuenta de su aceptaci&oacute;n del veredicto del jurado. </P>      <p>De lo anterior resulta que los empleados p&uacute;blicos, como Inocencio Galvis y Pantale&oacute;n Arango, denunciaron textos en los que fueron se&ntilde;alados como criminales y acudieron a juicios en los que los jurados absolvieron dichos textos, en buena medida, seg&uacute;n parece, por las pruebas presentadas por los escritores ante los jurados. En el caso de L&oacute;pez Aldana, por otro lado, el jurado conden&oacute; el escrito del cl&eacute;rigo Juan Bautista Alvar, quien realiz&oacute; una defensa en la que no present&oacute; pruebas que sustentaran su argumento. La presentaci&oacute;n de pruebas por parte de los incriminados en los juicios pod&iacute;a salvar sus escritos de la condena del jurado de calificaci&oacute;n, as&iacute; no fueran tan contundentes como las presentadas en contra de Inocencio Galvis. La interpretaci&oacute;n de las pruebas quedaba, pues, en manos del jurado, sobre quien reposaba la responsabilidad moral de su veredicto. No obstante, como se ha podido observar en la pr&aacute;ctica de los juicios por jurados en el contexto colombiano, en la sanci&oacute;n de un veredicto es necesario evaluar diferentes aspectos como la influencia de las autoridades, el desempe&ntilde;o de las autoridades judiciales, las defensas realizadas, etc.</p>      <p><font size="3"><b>Principio de igualdad en los juicios de imprenta. La jurisdicci&oacute;n del jurado sobre todos los escritores p&uacute;blicos </b></font></p>     <p> En el pleito entre Casimiro Calvo y Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez, el &uacute;ltimo aleg&oacute; en su propia defensa, tras comunic&aacute;rsele la incriminaci&oacute;n y el veredicto del primer jurado de acusaci&oacute;n, que ten&iacute;a el fuero que le otorgaba su condici&oacute;n de eclesi&aacute;stico. Igual solicitud realiz&oacute; el cl&eacute;rigo Alvar S&aacute;nchez ante las autoridades en el pleito contra el Ministro L&oacute;pez Aldana. Por otra parte, en el pleito entre el Capit&aacute;n Luis Llorente y el licenciado Pantale&oacute;n Arango, el primero aleg&oacute; tener un fuero militar que lo exim&iacute;a de la jurisdicci&oacute;n del jurado. Estas tres peticiones fueron rechazadas por los respectivos asesores letrados, al igual que en el pleito entre Ram&oacute;n Ort&iacute;z contra el cl&eacute;rigo P&eacute;rez, en 1825, en el que se us&oacute; el mismo argumento: </P> <ol>      <p>Todo Colombiano tiene derecho de imprimir y publicar libremente sus pensamiento, Art. 1.&deg; de la ley del 14 de septiembre del a&ntilde;o und&eacute;cimo y 15 de la constituci&oacute;n de la rep&uacute;blica, todo colombiano que use de esta preciosa facultad quedo naturalmente en caso de abuso sujeto a los poderes que la citada ley designa (&hellip;) pod&iacute;a llamarse constituci&oacute;n liberal aquella que ampara al poderoso en el deber y castigando al d&eacute;bil con todo el peso de la ley. Los colombianos en calidad de hombres son y pueden ser arrebatados por las mismas penas (&hellip;) &iquest;ser&iacute;a permitido que la degradaran y la rebajaran con prerrogativas, acaso con la mayor injusticia quedando impunes excesos los m&aacute;s esc&aacute;ndalos? El Presidente mismo de la rep&uacute;blica como el &uacute;ltimo ciudadano est&aacute; bajo la inspecci&oacute;n de una ley, que va establecido un tribunal especial para la determinaci&oacute;n de estas causas y si es acusador debe comparecer delante de &eacute;l, como cualquier otro hombre. En donde la ley no hace excepciones, las partes, ni los jueces pueden hacerlas. Ella no conoce privilegios, ni dignidades, y desde el instante en que el individuo imprime sus idas, renuncia el fuero que las leyes comunes pueden concederle, por &uacute;ltimo, siendo los eclesi&aacute;sticos las personas que tienen mayores motivos que dar ejemplos frecuentes de una buena moral, a ellos debe la ley someterlos m&aacute;s bien que a otros, pues que su influjo por medio de la imprenta mayor impresi&oacute;n debe producir (&hellip;).<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup></P>    </ol>      <p>En el proceso contra el cl&eacute;rigo P&eacute;rez, es relevante que no hubiese apelado al fuero que ten&iacute;a como representante en la C&aacute;mara por la provincia de Caracas, gracias a la cual hubiera podido paralizar el proceso, debido a que no exist&iacute;a legislaci&oacute;n que regulara el sometimiento de los legisladores al tribunal de jurados. El a&ntilde;o de 1823 se hab&iacute;a discutido precisamente un proyecto en el que se quer&iacute;a crear un r&eacute;gimen de procedimiento especial para someter al presidente, al vicepresidente, senadores y representantes por delitos de imprenta, proyecto que no tuvo aprobaci&oacute;n,<sup><a name="nu46"></a><a href="#num46">46</a></sup> ya que durante su discusi&oacute;n los legisladores hicieron primar el principio de libertad de expresi&oacute;n, ilimitada para los representantes.<sup><a name="nu47"></a><a href="#num47">47</a></sup></P>      <p>El cl&eacute;rigo Albarsanchez pidi&oacute; ante la Corte Suprema no sufrir la prisi&oacute;n en la c&aacute;rcel p&uacute;blica de la ciudad, sino en un convento, pues seg&uacute;n afirmaba era conocido que en ellos exist&iacute;an c&aacute;rceles y torres. Esto fue negado por la Corte Suprema de Justicia, lo que indica que la Corte estaba de acuerdo en que se allanara una justicia de privilegios para ciertas instituciones, como la Iglesia Cat&oacute;lica. Las reclamaciones fundadas por fueros de diferente tipo fueron comunes en los juicios por delitos de imprenta como lo reflejar&aacute;n otros expedientes.<sup><a name="nu48"></a><a href="#num48">48</a></sup></P>      <p><font size="3"><B>Errores judiciales y consideraciones sobre el cargo de jurado </b></font></p>      <p> Las apelaciones presentadas en los juicios estudiados sirven para identificar algunos de los fallos cometidos por las autoridades de primera instancia que pod&iacute;an producir nulidad y que fueron observados por los magistrados de la Corte. El cl&eacute;rigo Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez, en su defensa, denunci&oacute; que el jurado de acusaci&oacute;n, al reunirse para conceptuar si se daba lugar a seguimiento de causa, no declar&oacute; el "s&iacute;" o "no" que ordenaba la ley para continuar la causa, sino que emiti&oacute; un decreto en el que solicitaba al alcalde ordinario que esclareciese si el denunciante Casimiro Calvo era efectivamente el redactor de la <I>Gaceta de Colombia</I>. Con ello, el incriminado argumentaba que la reuni&oacute;n del jurado de acusaci&oacute;n era una, indivisible y moment&aacute;nea, y que por lo tanto un jurado no deb&iacute;a reunirse dos veces para declarar sobre un mismo escrito.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dec&iacute;a tambi&eacute;n que el jurado de acusaci&oacute;n, al ordenar que se esclareciera el cargo que ocupaba el denunciante, hab&iacute;a ocupado la jurisdicci&oacute;n del juez de derecho a quien correspond&iacute;an este tipo de decretos. Otro motivo de nulidad que aleg&oacute; P&eacute;rez fue el que no se hubiera registrado la celebraci&oacute;n de sorteo del jurado de acusaci&oacute;n ni la diligencia de juramento, falta que intent&oacute; ser subsanada por el secretario que elabor&oacute; un documento a posteriori que integr&oacute; en el proceso en un orden que no le correspond&iacute;a. Dice P&eacute;rez: "(&hellip;) en juicio de tan estricto derecho le falta de cualquiera forma ritual invalida todo lo obrado (&hellip;)". Estas nulidades expuestas por P&eacute;rez son verificables en el proceso. El cl&eacute;rigo aleg&oacute; nulidad ante el alcalde, quien al no ser letrado lo remiti&oacute; a su asesor Ram&oacute;n Ortis, quien a su vez declar&oacute; que, seg&uacute;n la ley de libertad de imprenta, la declaraci&oacute;n de nulidad solo pod&iacute;a ser solicitada al final de la causa. El cl&eacute;rigo respondi&oacute; al mismo asesor que su declaraci&oacute;n resultaba descabellada, aduciendo que las leyes procesales existentes otorgaban el derecho de interposici&oacute;n de autos interlocutorios, cuya inteligencia obedec&iacute;a a no continuar con un gasto de tiempo y energ&iacute;a para las partes, en un procedimiento sobre el que se sab&iacute;a con anterioridad que estaba viciado. Las denuncias del cl&eacute;rigo alcanzaron incluso al juez, a quien calific&oacute; de agente de su denunciador, alegando que los tr&aacute;mites los realiz&oacute; de oficio sin hacerle notificaci&oacute;n al acusador. La Corte declar&oacute; que la causa regresara a estado de acusaci&oacute;n y decret&oacute; que los jurados pagaran las costas del proceso. </P>      <p>La estructura de jurado pod&iacute;a presentar inconvenientes a las autoridades, como suced&iacute;a cuando resultaban jurados impedidos o incapacitados para desempe&ntilde;ar la funci&oacute;n. Esto se present&oacute; en el expediente entre Pantale&oacute;n Arango y el capit&aacute;n Luis Llorente, en el que llegaron a realizarse diferentes sorteos que dificultaron la labor del juez de derecho y del secretario, y que impidieron que las partes tuvieran una resoluci&oacute;n r&aacute;pida de la justicia. En este pleito se realizaron cinco sorteos de jurados, tres m&aacute;s de los prevenidos por la ley. Tras la realizaci&oacute;n del primer sorteo el d&iacute;a 13 de septiembre de 1823, el escribano Jos&eacute; Joaqu&iacute;n de la Torre procedi&oacute; a elaborar el oficio con los siete jueces elegidos: Juan Carrasquilla, Francisco Piedrahita, Jos&eacute; Mar&iacute;a Uribe Restrepo, Evaristo Pinilla, Estanislao G&oacute;mez, Juan Santa Mar&iacute;a y Miguel Fern&aacute;ndez. Antes de salir de su despacho a entregar las notificaciones a los lugares de habitaci&oacute;n de los jurados, le lleg&oacute; la noticia de que Miguel Fern&aacute;ndez se encontraba en el Valle de los Osos por "intereses de su manejo". Esto produjo la notificaci&oacute;n del escribano al alcalde y de este al asesor letrado, quien respondi&oacute; que el jurado ausente pod&iacute;a excusarse de asistir al juicio debido a que su caso se encontraba entre los de imposibilidad f&iacute;sica, que era uno de los criterios establecidos por la ley, con lo cual justific&oacute; la realizaci&oacute;n de un segundo sorteo. El segundo sorteo se realiz&oacute; el d&iacute;a 16 de septiembre, el ni&ntilde;o que sac&oacute; las balotas sac&oacute; la de Francisco de Villa, que pas&oacute; a Remplazar a Fern&aacute;ndez. Formada la lista de jurados que fueron citados para ser reconocidos por el alcalde, fue enviada el d&iacute;a 17 al incriminado Llorente para que realizara las recusaciones a que ten&iacute;a derecho y empezara a preparar su defensa. El tercer sorteo se realiz&oacute; el d&iacute;a 17, tras la recusaci&oacute;n hecha el mismo d&iacute;a por Llorente a cuatro jurados: Francisco Piedrahita, Evaristo Pinilla, Juan Santa Mar&iacute;a y Juli&aacute;n Carrasquilla, para la que no present&oacute; ning&uacute;n motivo. El ni&ntilde;o sac&oacute; las balotas de Francisco V&eacute;lez, Jos&eacute; Obeso Santa Mar&iacute;a, Juan Ramos y Joaqu&iacute;n Upegui. Los dos &uacute;ltimos jurados enviaron al alcalde el d&iacute;a 18 notificaciones de enfermedad que fueron aceptadas por el alcalde y su asesor, a pesar de no ser dictaminadas por m&eacute;dicos. La enfermedad de Joaqu&iacute;n Upegui consist&iacute;a en un dolor de est&oacute;mago: "(&hellip;) me ocurre en el d&iacute;a que se sesionara para estar en el acto serio de la reuni&oacute;n una grave indisposici&oacute;n del est&oacute;mago, que no me permite la discusi&oacute;n de la materia por la duraci&oacute;n de m&aacute;s de media hora, sin exponerme aun fatal resultado<I>"</I>.<sup><a name="nu9"></a><a href="#num49">49</a></sup></P>      <p>Para reemplazar a dichos jurados, se realiz&oacute; un cuarto sorteo que se verific&oacute; el d&iacute;a 18; de las bolas sacadas por el ni&ntilde;o, resultaron elegidos Celedonio Trujillo y Antonio Tirado. El quinto sorteo se dio en el acto mismo del juicio, estando calificados todos los jurados el d&iacute;a 20. El doctor Estanislao G&oacute;mez, elegido desde el primer sorteo, se declar&oacute; impedido argumentando que su padre hab&iacute;a dado declaraci&oacute;n a solicitud del acusado, raz&oacute;n que fue v&aacute;lida para el asesor que se encontraba presente en el juicio. En el mismo acto se realiz&oacute; nuevamente el sorteo para el que se utiliz&oacute; nuevamente un ni&ntilde;o, del que result&oacute; el doctor Jos&eacute; Ignacio Cadavid. El d&iacute;a lunes 23 de septiembre se hizo la &uacute;ltima calificaci&oacute;n de este jurado y tuvo lugar el juicio. Estos contratiempos implicaron un retraso de diez d&iacute;as en el juicio. Los sorteos implicaron la atenci&oacute;n de todos los involucrados en el procedimiento: los jueces y alcaldes como ordenadores del proceso deb&iacute;an sortear, dictaminar, calificar, notificar, etc.; los jurados deb&iacute;an estar atentos de no tener ning&uacute;n v&iacute;nculo con las partes pleiteante o dar la escusa efectiva para justificar su inasistencia al juicio, para lo que ten&iacute;an que dirigir un oficio al alcalde; el pleiteante incriminado, el m&aacute;s interesado en que el tribunal de jurados quedara conformado en su beneficio, era seguramente quien estaba m&aacute;s atento a todo el proceso. </P>      <p><font size="3"><B>Conclusi&oacute;n </b></font></p>      <p> En el contexto de construcci&oacute;n del Estado colombiano circul&oacute; de forma regular un importante n&uacute;mero de obras de literatura jur&iacute;dica extranjeras que contribuy&oacute; a la difusi&oacute;n social de la instituci&oacute;n. Esta sirvi&oacute; a los legisladores de 1810 que integraron el jurado en sus primeras constituciones de signo patriota, a los legisladores de orientaci&oacute;n pol&iacute;tica liberal en el marco del Congreso de C&uacute;cuta de 1821, y finalmente, a los liberales radicales que en el a&ntilde;o de 1851 eliminaron la instituci&oacute;n del jurado para los delitos de imprenta, pero la establecieron en otros delitos como homicidio, robo y hurto. Estas obras nutrieron el pensamiento de los juristas nacionales que a finales de la d&eacute;cada de 1830 empezaron a producir obras en las que debati&oacute; sobre los l&iacute;mites y las posibilidades de establecer el jurado para los delitos criminales en Colombia. Habr&iacute;a que resaltar tambi&eacute;n que los juristas colombianos detractores de la instituci&oacute;n surgieron de forma paralela a los promotores.</p>     <p>La legislaci&oacute;n sobre el jurado, como pudo observarse, fue restrictiva en lo tocante a la participaci&oacute;n de sectores diferentes a la &eacute;lite, lo que fue aceptado por el sector liberal. Los cambios en la estructura de jurado se centraron en hacer m&aacute;s trasparente el sorteo y en ampliar el n&uacute;mero de ciudadanos que pod&iacute;an desempe&ntilde;ar la instituci&oacute;n. La estructura de jurado b&aacute;sica, establecida en la ley de 1821, no fue alterada por legislaci&oacute;n posterior: dos paneles de jurados, sorteo de jurados, recusaci&oacute;n, veredicto inapelable del jurado. Se mantiene, pues, la estructura de jurado sancionada en el marco de las cortes del Trienio Liberal espa&ntilde;ol.</p>     <p>El an&aacute;lisis de los procesos permiti&oacute; observar aspectos de la pr&aacute;ctica judicial que indican la distancia que hubo entre esta y la norma establecida por el poder legislativo. Dichos aspectos recuerdan al historiador la importancia de considerar los pleitos como un terreno de conflicto en el que las t&aacute;cticas y estrategias se imponen sobre la verdad y el derecho; y en el que las autoridades judiciales no siempre est&aacute;n dispuestas a ejercer juicios parciales y apegados a la ley, tal como lo exigi&oacute; el ideario del imperio de la ley. El abordaje de los procesos mostr&oacute; la dinamizaci&oacute;n pol&iacute;tica que implic&oacute; el poder denunciar a los funcionarios p&uacute;blicos en el desempe&ntilde;o de sus funciones, as&iacute; como la utilizaci&oacute;n pol&iacute;tica que muchos autores hicieron de dicho principio. Tambi&eacute;n reflejaron que militares y eclesi&aacute;sticos quedaron sometidos a la jurisdicci&oacute;n del jurado cuando fueron denunciados por delitos de imprenta, lo indica la derogaci&oacute;n de un fuero que hab&iacute;a tenido durante el periodo virreinal. Finalmente, respecto a los obst&aacute;culos que pod&iacute;a presentar el desarrollo del tr&aacute;mite procesal con jurado, se ha presentado el de la reiteraci&oacute;n de sorteos, el cual, sin embargo, no fue especialmente criticado en la &eacute;poca.</p> <hr>     <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1 ">1</a></sup> Para el an&aacute;lisis se han usado algunas de las obras de literatura jur&iacute;dica que se editaron y publicaron en la Pen&iacute;nsula, en la d&eacute;cada de 1820: Charles Louis de Secondad (Montesquieu), <I>Del esp&iacute;ritu de las leyes</I> (Madrid: Imprenta Nacional, 1822); Cesare Beccaria, <I>De los delitos y de las penas</I> (Par&iacute;s: En casa de Rosa, 1828); Gaetano Filangieri, <I>Ciencia de la legislaci&oacute;n</I>, 2.&ordf; ed. revisada y corregida y traducida por don Juan de River (Burdeos: Pedro Beaume, 1823). </P>      <p><sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> En la historiograf&iacute;a colombiana existen estudios sobre la circulaci&oacute;n y recepci&oacute;n de dichas obras. Ver Juan Camilo Escobar Villegas y Adolfo Le&oacute;n Maya Salazar, "Otras 'luces' sobre la temprana historia pol&iacute;tica de Colombia, 1780-1850: Gaetano Filangieri y 'la ruta de N&aacute;poles a las Indias Occidentales'", <I>Co-herencia</I> 3 (ene.-jun., 2006): 79-111. Julio Gait&aacute;n Boh&oacute;rquez, <I>Huestes de Estado. La formaci&oacute;n universitaria de los juristas en los comienzos del Estado colombiano</I> (Bogot&aacute;: Universidad del Rosario, 2002). Ren&aacute;n Silva, "Pr&aacute;cticas de lectura, &aacute;mbitos privados y formaci&oacute;n de un espacio p&uacute;blico moderno. Nueva Granada a finales del Antiguo R&eacute;gimen", <I>Los espacios p&uacute;blicos en Iberoam&eacute;rica</I>. <I>Ambig&uuml;edades y problemas. Siglos XVIII-XIX,</I> eds. Fran&ccedil;ois-Xavier Guerra y Annick Lemp&eacute;riere (M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1998) 80-106.</P>      <p><sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> Mar&iacute;a Paz Alonso Romero, <I>Orden procesal y garant&iacute;as entre Antiguo R&eacute;gimen y constitucionalismo gaditano</I> (Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2008) 172-184. Bartolom&eacute; Clavero, <I>Happy Constitution. Cultura y lengua constitucionales</I> (Madrid: Trotta, 1997). Estos autores se&ntilde;alan las primeras publicaciones realizadas por autores peninsulares como las <I>Cartas </I>de Foronda y la<I> Constituci&oacute;n de Inglaterra, </I>entre otros. Algunas de las obras que fueron editadas y publicadas en la Pen&iacute;nsula posteriores a 1820 fueron: Richard Phillips, <I>De las facultades y obligaciones de los jurados</I> (Madrid: Imprenta de Sancha. 1821). La obra fue editada por Antonio Ortiz de Zarate y Herrera, quien la aument&oacute; con una parte legislativa sobre la pr&aacute;ctica de jurados en Francia y en los Estado Unidos. Y Santiago Jonama, <I>De la prueba por jurados o sea consejo de hombres buenos</I> (Madrid: Imprenta Censor, 1820).</P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup> La expresi&oacute;n "juradista" fue utilizada durante la primera mitad del siglo XIX para referirse a aquellos autores que defend&iacute;an el establecimiento del jurado en el marco de Estados constitucionales; la expresi&oacute;n "antijuradista" indica lo contrario.</p>      <p><sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup> Alexis de Tocqueville, <I>De la democracia en la Am&eacute;rica del Norte</I>, tomo 2 (Par&iacute;s: Rosa, 1837) 2-4.</P>      <p><sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup> Joaqu&iacute;n Escriche, <I>Diccionario razonado de legislaci&oacute;n y jurisprudencia</I>, tomo 2 (Madrid: Librer&iacute;a de la Se&ntilde;ora Viuda&hellip;, 1847) 392-425.</P>      <p><sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup> Jaime Jaramillo Uribe, "Hacia la concepci&oacute;n liberal del Estado",<I> El pensamiento colombiano en el siglo XIX</I> (Bogot&aacute;: CESO / Universidad de los Andes, 2001).</P>      <p><sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup> Benjam&iacute;n Constant, <I>Curso de pol&iacute;tica constitucional </I>(Burdeos: Imprenta de Lawalle J&oacute;ven, 1823) 3 tomos.</p>      <p><sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup> Constant, tomo 1, 293.</p>      <p><sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup> Constant, tomo 3, 154-155.</P>       <p><sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup> Florentino Gonz&aacute;lez, <I>Elementos de ciencia administrativa. Comprende el bosquejo de un sistema de administraci&oacute;n p&uacute;blica para un estado republicano</I>, 2 vol. (Bogot&aacute;: Imprenta de J. A. Cualla, 1840) 1.</P>      <p><sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup> Florentino Gonz&aacute;lez, <I>El juicio por jurados. Breve noticia del origen y progresos del jurado, del modo de practicar la prueba judicial en Inglaterra y los Estados Unidos, comparado con otras naciones; y razones en favor de esta instituci&oacute;n </I>  (Buenos Aires: Impresi&oacute;n y Fundici&oacute;n de Tipos a Vapor, 1869).</p>      <p><sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup> Gonz&aacute;lez<I>, El juicio por jurados</I>&hellip; 86.</P>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup> Jeremy Bentham, <I>Tratados de legislaci&oacute;n civil y penal</I> (Par&iacute;s: Masson e hijo, 1823).</P>      <p><sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup> Cerbele&oacute;n Pinz&oacute;n, <I>Tratado de ciencia constitucional</I>, 2.&ordf; ed., 2 vols. (Bogot&aacute;: Imprenta del Neogranadino, 1852) 133.</p>       <p><sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup> Antonio del Real, <I>Elementos de derecho constitucional seguidos de un examen cr&iacute;tico de la constituci&oacute;n neogranadina </I>(Cartagena: Imprenta de Eduardo Hern&aacute;ndez<I>, </I>1839) 4.</P>      <p><sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup> Del Real 75.</P>      <p><sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup> Carlos Restrepo Piedrahita, <I>Actas del Congreso de C&uacute;cuta</I>, vol. 2 (Bogot&aacute;: Biblioteca Presidencia de la Rep&uacute;blica, 1821) 70; 256 y 258.</p>      <p><sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup> Restrepo Piedrahita, vol. 3, 70.</p>      <p><sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup> Rep&uacute;blica de Colombia<I>, Cuerpo de Leyes de la Rep&uacute;blica de Colombia. Comprende la constituci&oacute;n y las leyes sancionadas por el primer Congreso general en las sesiones que celebr&oacute; desde el 6 de mayo hasta el 14 de octubre de 1821</I> (Bogot&aacute;: Bruno Espinosa, 1822) 96-108.</p>      <p><sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup> Monarqu&iacute;a Espa&ntilde;ola, <I>Colecci&oacute;n de decretos y &oacute;rdenes generales de la primera legislatura de las cortes ordinarias de 1820 y 1821</I>, tomo 4 (Madrid: Imprenta Nacional, 1823) 234-244.</p>      <p><sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup> Para ser jurado se requer&iacute;a, seg&uacute;n el art&iacute;culo 25, "Ser ciudadano en el ejercicio de sus derechos, mayor de 25 a&ntilde;os, residente en el cant&oacute;n, y tener un oficio o una propiedad conocida que le d&eacute; lo bastante para mantenerse por s&iacute;, sin necesidad de vivir a expensas de otros". Y seg&uacute;n el art&iacute;culo 26, "No podr&aacute;n ser nombrados jueces de Hecho los que ejerzan jurisdicci&oacute;n civil o eclesi&aacute;stica, los comandantes generales de las armas, ni los secretarios del despacho y sus dependientes". Rep&uacute;blica de Colombia, <I>Cuerpo de Leyes</I> 99-101. En las <a name="t1"></a><a href="img/revistas/achsc/v40n1/v40n1a04t1.jpg" target="_blank">tablas 1</a> y <a name="t1"></a><a href="img/revistas/achsc/v40n1/v40n1a04t1.jpg" target="_blank">2</a> puede observarse que algunos de los hombres que participaron como jurados en los juicios durante la primera d&eacute;cada de la instituci&oacute;n fueron algunos de los m&aacute;s prominentes de la sociedad de la &eacute;poca.</p>       <p><sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup> Rep&uacute;blica de Colombia, "Decreto del 24 de febrero de 1829", <I>Codificaci&oacute;n nacional de todas las leyes de Colombia desde el a&ntilde;o de 1821</I>, tomo 4 (Bogot&aacute;: Imprenta Nacional, 1925) 22.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup> Ver, por ejemplo, Jos&eacute; Mar&iacute;a Castillo, <I>El monigote vinculado o sea su causa en el juicio por Jurados que sufri&oacute; por el impreso titulado "manifestaci&oacute;n" acusado por el secretario Dr. Agustin Herrera la que ofrece al p&uacute;blico en fuerza de su honor y reputaci&oacute;n, y para satisfacci&oacute;n de los amigos de la patria </I>(Bogot&aacute;: J. A. Cualla, 1831).</P>      <p><sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup> Juicio de responsabilidad interpuesto por el gobernador de la provincia de Antioquia contra el Cabildo de Medell&iacute;n por no haber formado el jurado popular del a&ntilde;o 1850, Instruido por el juez letrado del Circuito de Medell&iacute;n, 1850. Archivo Hist&oacute;rico Judicial (AHJ-M), Medell&iacute;n, Expediente Criminal 2435, 136 folios. El expediente refleja que detr&aacute;s de la falta cometida por el cabildo al no publicar la lista de jurados del a&ntilde;o de 1850 hubo un conflicto por la delimitaci&oacute;n de competencias entre la jurisdicci&oacute;n municipal y departamental. Los miembros del cabildo perdieron el proceso en primera y segunda instancia    <br> y fueron condenados a pena de c&aacute;rcel.</P>      <p><sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup> Rep&uacute;blica de Colombia, "Ley de 19 de mayo de 1838", <I>Codificaci&oacute;n nacional de todas las leyes de Colombia desde el a&ntilde;o de 1821</I>, tomo 8 (Bogot&aacute;: Imprenta Nacional, 1925) 74.</p>       <p><sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup> Rep&uacute;blica de Colombia, <I>C&oacute;digo penal de la Nueva Granada sancionado por el Congreso de la Republica en 1837</I> (Bogot&aacute;: Imprenta Nicomedes Lora. 1837).</p>       <p><sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup> Rep&uacute;blica de la Nueva Granada, "Ley de 12 de mayo de 1849, Sobre organizaci&oacute;n de los jurados de imprenta", <I>Leyes y decretos expedidos por el Congreso Constitucional de la Nueva Granada en el a&ntilde;o de 1849</I> (Bogot&aacute;: Imprenta del Neogranadino, 1849) 15-16.</p>      <p><sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup> Para reunir las cualidades de ciudadano, no se requer&iacute;a saber leer y escribir, seg&uacute;n la Constituci&oacute;n de 1843, en la que se prescribi&oacute; la necesidad de este aspecto, que solo ser&iacute;a exigido a partir de 1850. El aspecto de saber leer y escribir no hab&iacute;a sido referido expl&iacute;citamente en la Ley de libertad de imprenta de 1821, aunque esta s&iacute; establec&iacute;a que se deb&iacute;a ser ciudadano en ejercicio de sus derechos, para lo que necesariamente se deb&iacute;a saber leer y escribir. Los ciudadanos en ejercicio de sus derechos, seg&uacute;n la Constituci&oacute;n de 1821, pod&iacute;an optar a representantes en el poder legislativo. Ver Diego Uribe, <I>Las constituciones de Colombia </I>(Madrid: Ediciones Cultura Hisp&aacute;nica, 1977) 832. </P>      <p><sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup> Para este momento, el jurado de acusaci&oacute;n deb&iacute;a componerse por 7 jueces elegidos al azar por el juez, quien los reconoc&iacute;a y juramentaba; sobre este jurado, no pod&iacute;a ejercerse derecho de recusaci&oacute;n. Los impedimentos para ser jurados en dicho tribunal segu&iacute;an siendo los mismos de la ley de libertad de imprenta, los cuales hab&iacute;an sido ratificados en la legislaci&oacute;n posterior: C&oacute;digo de organizaci&oacute;n judicial, <I>C&oacute;digo penal</I>, C&oacute;digo de procedimiento criminal. Ver Rep&uacute;blica de la Nueva Granada, <I>Leyes I decretos Expedidos por el Congreso Constitucional de la Nueva Granada en el a&ntilde;o de 1848</I> (Bogot&aacute;: Imprenta de M. S. Caicedo i Compa&ntilde;&iacute;a, 1848) 74.</p>      <p><sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup> Elba Ch&aacute;vez Lomel&iacute;, <I>Lo p&uacute;blico y lo privado en los impresos decimon&oacute;nicos. Libertad de imprenta (1810-1882)</I> (M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 2009) 8. Andr&eacute;s Alejandro Londo&ntilde;o Tamayo, "Una aproximaci&oacute;n a la trayectoria de la literatura jur&iacute;dica en Colombia en el siglo XIX", <I>Revista Complutense de Historia de Am&eacute;rica</I> 37 (2011): 117-142.</p>      <p><sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup> <I>C&oacute;digo penal</I> de 1837, art&iacute;culos 759-78. Algunos de los fundamentos ideol&oacute;gicos y jur&iacute;dicos del <I>C&oacute;digo penal</I> vienen siendo estudiados por algunos autores colombianos. Ver Aura Helena Pe&ntilde;as, <I>G&eacute;nesis del sistema penal colombiano. Utilitarismo y tradicionalismo en el c&oacute;digo penal neogranadino de 1837</I> (Bogot&aacute;: Ediciones Doctrina y Ley, 2006) 108.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup> Anselmo Pineda, <I>Un jurado a los hombres de honor</I> (Bogot&aacute;: Imprenta del D&iacute;a, 27 de abril 1850) 8.</P>      <p><sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup> Consejo de Estado, "Proyecto de lei sobre la estension de la libertad de imprenta, i el modo de proceder para castigar sus abusos", 23 de julio de 1841. Archivo General de la Naci&oacute;n (AGN), Bogot&aacute;, Secci&oacute;n Rep&uacute;blica. Fondo Congreso, legajo 29, folios 709-713.</p>      <p><sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup> Ver Castillo. En el documento, su autor denuncia un juicio fraudulento en el que un juez permite que ejerzan como jurados enemigos p&uacute;blicos del incriminado, le acusa de no haber valorado pruebas e interrogado testigos y de permitir que, en la deliberaci&oacute;n ante el jurado, fuera el acusador el que cerrara el debate en detrimento de la ley que otorgaba esa posibilidad al acusado. Pastor Ospina, <I>Al Sr. Mariano Ospina</I> (Bogot&aacute;: Imprenta Jose Ayarza, 1835). El autor denuncia un tribunal de imprenta que fall&oacute; en su contra porque, a su juicio, no protegi&oacute; el honor y la fama de una familia injuriada. Por ello, pide que sus integrantes sufran la infamia a que estaba condenado el libelista difamador para la satisfacci&oacute;n del p&uacute;blico y del ofendido, solicitud a la opini&oacute;n p&uacute;blica fundada en el hecho "imperdonable" de que los jurados permitieran se ultrajara uno de los derechos m&aacute;s apreciables de la sociedad.</p>      <p><sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup> Pineda 17.</p>       <p><sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup> Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Gori y Alejandro V&eacute;lez, <I>Al p&uacute;blico</I> (Bogot&aacute;: Imprenta de la Rep&uacute;blica / Nicomedes Lora, 1823).</p>      <p><sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup> En el numeral 3 de las <a name="t1"></a><a href="img/revistas/achsc/v40n1/v40n1a04t1.jpg" target="_blank">tablas 1</a> y <a name="t1"></a><a href="img/revistas/achsc/v40n1/v40n1a04t1.jpg" target="_blank">2</a> pueden observarse los jurados que participaron, entre los que se encuentran algunos de los hombres m&aacute;s ricos del pa&iacute;s y algunos candidatos a la Presidencia de la Rep&uacute;blica: Rufino Cuervo, Leandro Ejea, Francisco Montoya, Francisco de Urquinaona, Juan Manuel Arrubla, Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Gori, Alejandro V&eacute;lez.</P>      <p><sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup> El escrito ten&iacute;a la finalidad de dar a conocer un conflicto por unas oposiciones para ocupar el cargo de secretario de la Suprema Corte de Justicia; sal&iacute;a a la luz con motivo de la elecci&oacute;n de Inocencio Galvis para ocupar dicho cargo, y la cuesti&oacute;n planteada fue mostrarle a la opini&oacute;n p&uacute;blica alguno de los delitos que hab&iacute;a cometido Galvis y mostrar que las causas que hab&iacute;a presentado este ante la Corte Suprema de Justicia. El tono desafiante de este escrito se dirigir&aacute; tambi&eacute;n hacia toda la Corte Suprema: Jos&eacute; Manuel Restrepo, Vicente Azuero y Miguel Pe&ntilde;a, a quienes denuncia su autor en el pleito.</p>          <p><sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup> Ignacio Mu&ntilde;os, <I>Satisfaccion del licenciado Ignacio Mu&ntilde;os a la imputaci&oacute;n del criminal, bajo cuyo pretexto se le ha excluydo en la opocicion hecha a la secretaria de la Alta Corte de Justicia de la Rep&uacute;blica</I> (Bogot&aacute;: Nicomedes Lora, 1823).</p>      <p><sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup> "Juicio criminal contra Ignacio Mu&ntilde;oz por el delito de libelo infamatorio denunciado por Inocencio Galvis. Juicio con jurado de calificaci&oacute;n realizado el 4 de julio de 1823 siendo el juez de derecho el alcalde ordinario de primera     <p>nominaci&oacute;n Pedro Lazo". AGN, Bogot&aacute;, F. Rep&uacute;blica, S. Asuntos Criminales, leg. 37. ff. 1021-1039; leg. 41, ff. 938-1023. </P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup> "Juicio criminal contra Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez por el delito de libelo infamatorio denunciado por Casimiro Calvo. La Corte Suprema de Justicia del departamento de Cundinamarca sancion&oacute; el juicio como nulo el 6 de Dic., de 1825, el juez de derecho de primera instancia fue el alcalde ordinario de segundo nominaci&oacute;n Juan Manuel Carrasquilla". AGN, Bogot&aacute;, F. Rep&uacute;blica, S. Asuntos Criminales, leg. 42, ff. 232-282. Ver Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez, "Prueba de la elasticidad de la moral", <I>El Constitucional de Bogot&aacute;</I> &#91;Bogot&aacute;&#93; 23 jun. 1825.</p>      <p><sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup> "Juicio criminal contra Luis Llorente por el delito de libelo infamatorio denunciado por el Lic Pantale&oacute;n Arango, el veredicto absolutorio del jurado de calificaci&oacute;n se pronunci&oacute; el 23 de septiembre de 1823, el juez de derecho de la causa fue el Alcalde Ordinario Manuel Jos&eacute; Puerta". AGN, Bogot&aacute;, F. Rep&uacute;blica, S. Asuntos Criminales, leg. 53, ff. 708-731.</p>       <p><sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup> "Juicio criminal contra Juan Bautista Alvar Sanchez por el delito de libelo infamatorio denunciado por Francisco L&oacute;pez Aldana, el veredicto condenatorio se pronunci&oacute; el 11 de octubre de 1827, el juez de derecho fue el alcalde de primera nominaci&oacute;n Manuel Antonio Arrubla". AGN, Bogot&aacute;, F. Rep&uacute;blica, S. Asuntos Criminales, leg. 34, ff. 438-463. Ver Juan Bautista Alvar S. "Administraci&oacute;n de justicia", <I>El Conductor</I> &#91;Bogot&aacute;&#93; 12 sep. 1827. </P>      <p><sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup> "Juicio criminal contra Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez&hellip;" f. 250b1. </P>       <p><sup><a name="num46"></a><a href="#nu46">46</a></sup> En el senado de 1823 se empez&oacute; la discusi&oacute;n de un proyecto de ley relativo al "(&hellip;) modo como debe celebrarse el juicio de jurados sobre abusos de libertad de imprenta en los casos en que se delincan Vicepresidente de la Rep&uacute;blica en ejercicio, senadores y representantes, ministros de la Alta Corte y superiores de justicia." Javier Ocampo L&oacute;pez, comp., <I>Santander </I>y <I>el Congreso de 1823</I>, tomo 2: <I>Actas del Senado</I> (Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n para la Conmemoraci&oacute;n del Bicentenario del Natalicio y el Sesquicentenario de la Muerte del General Francisco de Paula Santander, 1989) 262. Este proyecto finalmente no lleg&oacute; a ning&uacute;n t&eacute;rmino con lo cual ley de libertad de imprenta no pudo ser aplicada a altos miembros del gobierno.</p>     <p><sup><a name="num47"></a><a href="#nu47">47</a></sup> Clavero 110.</p>      <p><sup><a name="num48"></a><a href="#nu48">48</a></sup> Ver "Juicio criminal seguido contra Jos&eacute; Mar&iacute;a Botero por delito de imprenta, denunciado por Manuel Tiberio G&oacute;mez por su publicaci&oacute;n de un texto sedicioso". Archivo Hist&oacute;rico de Antioquia (AHA), Medell&iacute;n, Colecci&oacute;n Colonia, Secci&oacute;n Criminal, caja b-47.</p>      <p><sup><a name="num49"></a><a href="#nu49">49</a></sup> "Juicio criminal contra Luis Llorente&hellip;" f. 6581. </P>  <hr>      <p><font size="3"><b>Obras Citadas </b></font></p>      <p><B>I. Fuentes primarias </b></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B>Archivos </b></p>      <p> Archivo General de la Naci&oacute;n, Bogot&aacute; (AGN)    <br> Secci&oacute;n Rep&uacute;blica    <!-- ref --><br> Fondos Congreso y Asuntos Criminales &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-2456201300010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>Archivo Hist&oacute;rico de Antioquia, Medell&iacute;n (AHA)    <!-- ref --><br>  Colecci&oacute;n Colonia Secci&oacute;n Criminal&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-2456201300010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Archivo Hist&oacute;rica Judicial, Medell&iacute;n (AHJ-M) Expediente Criminal&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-2456201300010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><B>Peri&oacute;dicos </b></p>      <!-- ref --><p> <I>El Conductor</I> &#91;Bogot&aacute;&#93; 1827.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-2456201300010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>  <I>El Constitucional de Bogot&aacute;</I> &#91;Bogot&aacute;&#93; 1825.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-2456201300010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   <I>Gazeta de Colombia</I> &#91;Bogot&aacute;&#93; 1823-1829.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-2456201300010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>    <I>Gaceta de la Nueva Granada</I> &#91;Bogot&aacute;&#93; 1834-1847.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-2456201300010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>     <I>Gaceta Oficial</I> &#91;Bogot&aacute;&#93; 1849-1851.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-2456201300010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>      <p><B>Documentos oficiales impresos </b></p>      <!-- ref --><p> Monarqu&iacute;a Espa&ntilde;ola. <I>Colecci&oacute;n de decretos y &oacute;rdenes generales de la primera legislatura de las cortes ordinarias de 1820 y 1821</I>. Tomo 4. Madrid: Imprenta Nacional, 1823.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-2456201300010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>      <!-- ref --><p>Ocampo L&oacute;pez, Javier, comp. <I>Santander </I>y <I>el Congreso de 1823</I>. Tomo 2: <I>Actas del Senado</I>. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n para la Conmemoraci&oacute;n del Bicentenario del Natalicio y el Sesquicentenario de la Muerte del General Francisco de Paula Santander, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-2456201300010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rep&uacute;blica de Colombia. <I>C&oacute;digo penal de la Nueva Granada sancionado por el Congreso de la Republica en 1837</I>. Bogot&aacute;: Imprenta Nicomedes Lora. 1837.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-2456201300010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rep&uacute;blica de Colombia<I>. Cuerpo de Leyes de la Rep&uacute;blica de Colombia. Comprende la constituci&oacute;n y las leyes sancionadas por el primer Congreso general en las sesiones que celebr&oacute; desde el 6 de mayo hasta el 14 de octubre de 1821</I>. Bogot&aacute;: Bruno Espinosa, 1822.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-2456201300010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rep&uacute;blica de Colombia. "Decreto del 24 de febrero de 1829". <I>Codificaci&oacute;n nacional de todas las leyes de Colombia desde el a&ntilde;o de 1821</I>. Tomo 4<I>. </I>Bogot&aacute;: Imprenta Nacional, 1925.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-2456201300010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rep&uacute;blica de Colombia. "Ley de 19 de mayo de 1838", <I>Codificaci&oacute;n nacional de todas las leyes de Colombia desde el a&ntilde;o de 1821</I>. Tomo 8<I>. </I>Bogot&aacute;: Imprenta Nacional, 1925.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-2456201300010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rep&uacute;blica de la Nueva Granada. "Ley de 12 de mayo de 1849, Sobre organizaci&oacute;n de los jurados de imprenta". <I>Leyes y decretos expedidos por el Congreso Constitucional de la Nueva Granada en el a&ntilde;o de 1849</I>. Bogot&aacute;: Imprenta del Neogranadino, 1849.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-2456201300010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rep&uacute;blica de la Nueva Granada. <I>Leyes I decretos Expedidos por el Congreso Constitucional de la Nueva Granada en el a&ntilde;o de 1848</I>. Bogot&aacute;: Imprenta de M. S. Caicedo i Compa&ntilde;&iacute;a, 1848.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-2456201300010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Restrepo Piedrahita, Carlos. <I>Actas del Congreso de C&uacute;cuta</I>. Vol. 2. Bogot&aacute;: Biblioteca Presidencia de la Rep&uacute;blica, 1821.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-2456201300010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p><B>Hojas sueltas </b></p>      <!-- ref --><p> Castillo, Jos&eacute; Mar&iacute;a. <I>El monigote vinculado o sea su causa en el juicio por Jurados que sufri&oacute; por el impreso titulado "manifestaci&oacute;n" acusado por el secretario Dr. Agustin Herrera la que ofrece al p&uacute;blico en fuerza de su honor y reputaci&oacute;n, y para satisfacci&oacute;n de los amigos de la patria. </I>Bogot&aacute;: J. A. Cualla, 1831.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-2456201300010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>      <!-- ref --><p>Gori, Jos&eacute; Joaqu&iacute;n y Alejandro V&eacute;lez. <I>Al p&uacute;blico</I>. Bogot&aacute;: Imprenta de la Rep&uacute;blica / Nicomedes Lora. 1823.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-2456201300010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mu&ntilde;os, Ignacio. <I>Satisfaccion del licenciado Ignacio Mu&ntilde;os a la imputaci&oacute;n del criminal, bajo cuyo pretexto se le ha excluydo en la opocicion hecha a la secretaria de la Alta Corte de Justicia de la Rep&uacute;blica</I>. Bogot&aacute;: Nicomedes Lora, 1823.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-2456201300010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Ospina, Pastor. <I>Al Sr. Mariano Ospina</I>. Bogot&aacute;: Imprenta Jose Ayarza, 1835.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-2456201300010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Pineda, Anselmo. <I>Un jurado a los hombres de honor</I>. Bogot&aacute;. Imprenta del D&iacute;a, 27 de abril 1850.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0120-2456201300010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p><B>II. Fuentes secundarias </b></P>      <p><B>Literatura jur&iacute;dica </b></P>      <!-- ref --><p> Beccaria, Cesare. <I>De los delitos y de las penas</I>. Par&iacute;s: En casa de Rosa, 1828.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-2456201300010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>      <!-- ref --><p>Bentham, Jeremy. <I>Tratados de legislaci&oacute;n civil y penal</I>. Par&iacute;s: Masson e hijo, 1823.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0120-2456201300010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Constant, Benjam&iacute;n. <I>Curso de pol&iacute;tica constitucional</I>. 3 vols. Burdeos: Imprenta de Lawalle J&oacute;ven, 1823.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0120-2456201300010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>De Secondad, Charles Louis (Montesquieu). <I>Del esp&iacute;ritu de las leyes</I>. Madrid: Imprenta Nacional, 1822.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0120-2456201300010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>De Tocqueville, Alexis. <I>De la democracia en la Am&eacute;rica del Norte</I>. Tomo 2. Par&iacute;s: Rosa, 1837.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0120-2456201300010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Del Real, Antonio. <I>Elementos de derecho constitucional seguidos de un examen cr&iacute;tico de la constituci&oacute;n neogranadina. </I>Cartagena: Imprenta de Eduardo Hern&aacute;ndez<I>, </I>1839.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0120-2456201300010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Escriche, Joaqu&iacute;n. <I>Diccionario razonado de legislaci&oacute;n y jurisprudencia</I>. Tomo 2. Madrid: Librer&iacute;a de la Se&ntilde;ora Viuda..., 1847.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0120-2456201300010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Filangieri, Gaetano. <I>Ciencia de la legislaci&oacute;n</I>. 2.&ordf; ed. revisada y corregida y traducida por don Juan de River. Burdeos: Pedro Beaume, 1823.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0120-2456201300010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, Florentino. <I>Elementos de ciencia administrativa. Comprende el bosquejo de un sistema de administraci&oacute;n p&uacute;blica para un estado republicano</I>. 2 vols. Bogot&aacute;: Imprenta de J. A. Cualla, 1840.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0120-2456201300010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, Florentino. <I>El juicio por jurados. Breve noticia del origen y progresos del jurado, del modo de practicar la prueba judicial en Inglaterra y los Estados Unidos, comparado con otras naciones; y razones en favor de esta instituci&oacute;n</I>. Buenos Aires: Impresi&oacute;n y Fundici&oacute;n de Tipos a Vapor, 1869.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0120-2456201300010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Jonama, Santiago. <I>De la prueba por jurados o sea consejo de hombres buenos</I>. Madrid: Imprenta Censor, 1820.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0120-2456201300010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Phillips, Richard. <I>De las facultades y obligaciones de los jurados</I>. Madrid: Imprenta de Sancha, 1821.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0120-2456201300010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Pinz&oacute;n, Cerbele&oacute;n. <I>Tratado de ciencia constitucional</I>. 2.&ordf; ed. 2 vols. Bogot&aacute;: Imprenta del Neogranadino, 1852.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0120-2456201300010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p><font size="3"><B>Obras generales </b></font></p>      <!-- ref --><p>Alonso Romero, Mar&iacute;a Paz. <I>Orden procesal y garant&iacute;as entre Antiguo R&eacute;gimen y constitucionalismo gaditano</I>. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0120-2456201300010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>      <!-- ref --><p>Ch&aacute;vez Lomel&iacute;, Elba. <I>Lo p&uacute;blico y lo privado en los impresos decimon&oacute;nicos. Libertad de imprenta (1810-1882)</I>. M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0120-2456201300010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Clavero, Bartolom&eacute;. <I>Happy Constitution. Cultura y lengua constitucionales</I>. Madrid: Trotta, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0120-2456201300010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Escobar Villegas, Juan Camilo y Adolfo Le&oacute;n Maya Salazar. "Otras 'luces' sobre la temprana historia pol&iacute;tica de Colombia, 1780-1850: Gaetano Filangieri y 'la ruta de N&aacute;poles a las Indias Occidentales'". <I>Co-herencia</I> 3 (ene.-jun., 2006): 79-111.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0120-2456201300010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gait&aacute;n Boh&oacute;rquez, Julio. <I>Huestes de Estado. La formaci&oacute;n universitaria de los juristas en los comienzos del Estado colombiano</I>. Bogot&aacute;: Universidad del Rosario, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0120-2456201300010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jaramillo Uribe, Jaime. "Hacia la concepci&oacute;n liberal del Estado".<I> El pensamiento colombiano en el siglo XIX</I>. Bogot&aacute;: CESO / Universidad de los Andes. 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0120-2456201300010000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Londo&ntilde;o Tamayo, Andr&eacute;s Alejandro. "Una aproximaci&oacute;n a la trayectoria de la literatura jur&iacute;dica en Colombia en el siglo XIX". <I>Revista Complutense de Historia de Am&eacute;rica</I> 37 (2011): 117-142.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0120-2456201300010000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pe&ntilde;as, Aura Helena. <I>G&eacute;nesis del sistema penal colombiano. Utilitarismo y tradicionalismo en el c&oacute;digo penal neogranadino de 1837</I>. Bogot&aacute;: Ediciones Doctrina y Ley, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0120-2456201300010000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Silva, Ren&aacute;n. "Pr&aacute;cticas de lectura, &aacute;mbitos privados y formaci&oacute;n de un espacio p&uacute;blico moderno. Nueva Granada a finales del Antiguo R&eacute;gimen". <I>Los espacios p&uacute;blicos en Iberoam&eacute;rica</I>. <I>Ambig&uuml;edades y problemas. Siglos XVIII-XIX</I>. Eds. Fran&ccedil;ois-Xavier Guerra y Annick Lemp&eacute;riere. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1998. 80-106.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0120-2456201300010000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Uribe, Diego. <I>Las constituciones de Colombia</I>. Madrid: Ediciones Cultura Hisp&aacute;nica, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0120-2456201300010000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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