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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p><B>Rafael Rojas.</B>    <br> <I><b>Las rep&uacute;blicas de aire. Utop&iacute;a y desencanto en la revoluci&oacute;n de Hispanoam&eacute;rica. </b></I>    <br> M&eacute;xico, Taurus, 2009. 424 p&aacute;ginas.</p>      <p>La historia intelectual latinoamericana de principios del siglo XIX se inscribi&oacute; en el republicanismo: un sistema de pensamiento inscrito en las ideas ilustradas que difiere del liberalismo y del conservadurismo como ideolog&iacute;as que hicieron posible el nacionalismo en los pa&iacute;ses del continente. Por otra parte, el republicanismo hizo de la identidad americana un proyecto posible en el contexto del proceso de emancipaci&oacute;n de las colonias americanas. Para el estudio de este momento espec&iacute;fico del pensamiento hispanoamericano, el autor del libro <I>Las rep&uacute;blicas de aire. Utop&iacute;a y desencanto en la revoluci&oacute;n de Hispanoam&eacute;rica </I>plantea tres ejes centrales: exilio y traducci&oacute;n; revoluci&oacute;n y rep&uacute;blica; utop&iacute;a y desencanto, a trav&eacute;s del estudio particular de un grupo de l&iacute;deres, entre los cuales se encuentran Sim&oacute;n Bol&iacute;var y Andr&eacute;s Bello, de Venezuela; Fray Servando Teresa de Mier y Lorenzo de Zavala, de M&eacute;xico; F&eacute;lix Varela y Jos&eacute; Mar&iacute;a Heredia, de Cuba; Manuel Lorenzo de Vidaurre, de Per&uacute;, y Vicente Rocaforte, de Ecuador. El republicanismo constituy&oacute; un momento espec&iacute;fico de la historia americana durante la formaci&oacute;n del Estado nacional a partir de la Independencia (1810-1830) que prolong&oacute; su influencia hasta 1848, aproximadamente. Tuvo como elementos principales el recurso a una nueva dimensi&oacute;n simb&oacute;lica que, en el proceso de construcci&oacute;n de la naci&oacute;n, apel&oacute; a un modelo de ciudadan&iacute;a definida en t&eacute;rminos de virtud c&iacute;vica, moral y patriotismo, seg&uacute;n las ideas de la Ilustraci&oacute;n, y que en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos deb&iacute;a expresarse a trav&eacute;s de los principios de la soberan&iacute;a popular respecto del poder espa&ntilde;ol, la elecci&oacute;n democr&aacute;tica de las autoridades por medio del voto y la divisi&oacute;n de poderes. Por otra parte, ello supuso evidenciar las relaciones de poder heredadas de la Colonia, expresadas en la divisi&oacute;n en castas, la lucha entre intereses regionales por la hegemon&iacute;a y la vigencia de la esclavitud, as&iacute; como en la idea de americanidad como identidad superior de un nuevo continente vinculado a la historia mundial. As&iacute;, logr&oacute; superponerse en ese periodo a las identidades nacionales, gracias al poder de los caudillos militares, intelectuales y pol&iacute;ticos que lideraron la Independencia, que se expres&oacute; en iniciativas de integraci&oacute;n americana de los nuevos pa&iacute;ses. Al final de este periodo, al comprobarse el agotamiento y fracaso de la utop&iacute;a americana, el desencanto y el destierro de esta generaci&oacute;n abri&oacute; el paso a nuevos l&iacute;deres que iniciaron, como tal, el proceso de formaci&oacute;n de los Estados nacionales latinoamericanos con la creciente influencia de las potencias extranjeras en nuestros territorios. </P>      <p>Los antecedentes del republicanismo americano se encuentran en el pensamiento de la Ilustraci&oacute;n y en el proceso de acercamiento, traducci&oacute;n y adaptaci&oacute;n de sus postulados a la realidad colonial latinoamericana. Desde fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX, los integrantes de las nuevas elites criollas vivieron experiencias de viaje y de exilio en Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, que los nutrieron ideol&oacute;gicamente para emprender el proceso de emancipaci&oacute;n. En este sentido, el conocimiento de los autores ilustrados, su traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol y su circulaci&oacute;n en forma clandestina, adem&aacute;s de una prensa de propaganda pol&iacute;tica, fueron formando una primera comunidad de experiencias y pensamientos que fue decisiva en la orientaci&oacute;n de los procesos de Independencia en Am&eacute;rica Latina. Estas experiencias fueron aprovechadas para contactar los respaldos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, militares y diplom&aacute;ticos necesarios a la causa independentista, tanto en Europa como en Norteam&eacute;rica, para lo cual fueron puntos estrat&eacute;gicos Londres, Par&iacute;s, Nueva York, Filadelfia, Nueva Orleans y Boston, entre otras ciudades. En este contexto, se destacaron, entre otras, las experiencias de intelectuales y militares como las de Francisco de Miranda, Jos&eacute; Mar&iacute;a Heredia, Lorenzo de Zavala, Rocaforte y Vidaurre, Fray Servando Teresa de Mier, Andr&eacute;s Bello y Sim&oacute;n Bol&iacute;var, quienes, al provenir de la jurisprudencia, el clero o el ej&eacute;rcito, pudieron influir de manera directa en los procesos de formaci&oacute;n de la nueva Am&eacute;rica.</p>     <p>Con el congreso gaditano se dio la tensi&oacute;n entre autonom&iacute;a e independencia, que fue el centro de debate intelectual de la generaci&oacute;n emancipadora. Ante la crisis del imperio espa&ntilde;ol y ante el fracaso de las Cortes de C&aacute;diz por la desigual representaci&oacute;n de las colonias americanas, el discurso de la autonom&iacute;a da paso al de la Independencia, y en este tr&aacute;nsito, la discusi&oacute;n del modelo de organizaci&oacute;n republicano entre la tendencia federalista y la centralista, que constituyeron los esquemas de administraci&oacute;n de los reci&eacute;n independizados territorios americanos, inspirados en los modelos europeos y norteamericanos herederos de la Ilustraci&oacute;n, con las excepciones de las Antillas y de Brasil. El republicanismo americano de nuestros pa&iacute;ses hizo un diagn&oacute;stico ut&oacute;pico de las posibilidades y alcances de su discurso y de su acci&oacute;n. Ut&oacute;pico, por cuanto se propuso el desarrollo de la idea republicana de gobierno en territorios exvirreinales donde exist&iacute;an soberan&iacute;as regionales en pugna por imponerse como hegem&oacute;nicas, lo que implic&oacute; un vac&iacute;o de poder nacional -incluso en la dimensi&oacute;n simb&oacute;lica-. Al no poder ser llenado satisfactoriamente, hizo posible el recurso a la idea de americanidad como elemento cohesionador apoyado en las ideas provenientes de la herencia cultural hisp&aacute;nica: esto se hizo particularmente evidente en las iniciativas que condujeron a la creaci&oacute;n de los congresos de Tacubaya y de Panam&aacute;, entendidos como escenarios de integraci&oacute;n americana de Estados confederados que permitiera una perspectiva geopol&iacute;tica de pensamiento y de acci&oacute;n internacional. Tambi&eacute;n contribuy&oacute; a este proceso la la proposici&oacute;n de una Asamblea General de Estados Americanos, en lo que coincidieron los planteamientos de Sim&oacute;n Bol&iacute;var y de Fray Servando Teresa de Mier, en el contexto de la Reconquista espa&ntilde;ola, de aseguramiento militar y pol&iacute;tico de la Independencia y del establecimiento de las relaciones internacionales con Europa y Estados Unidos. En segundo lugar, fue ut&oacute;pico porque quiso que la idea republicana se realizara al amparo del caudillo, es decir que, a pesar del constitucionalismo democr&aacute;tico, el poder estuvo en gran medida ligado al personalismo del l&iacute;der militar o civil m&aacute;s representativo de su territorio -Bol&iacute;var, San Mart&iacute;n, It&uacute;rbide, Artigas, O'Higgins, etc.-. Tercero, fue ut&oacute;pico porque ante las herencias coloniales en todos los campos, pero especialmente en la cultura, pens&oacute; que pod&iacute;a regenerar estas sociedades seg&uacute;n los ideales de la Ilustraci&oacute;n, pretendiendo civilizar a las castas en la b&uacute;squeda del gobierno perfecto y el impulso a la inmigraci&oacute;n extranjera, como ocurri&oacute; en los Estados Unidos.</p>     <p>Ante la imposibilidad de realizar plenamente el ideal republicano, los l&iacute;deres enfrentaron el desencanto y el exilio. Los factores que contribuyeron a ese fracaso y desencanto fueron varias: en primer lugar, las crisis internas de los nuevos Estados americanos -como las ocurridas en M&eacute;xico y en la Gran Colombia-, que llevaron a un escenario de mutua desconfianza que sirvi&oacute; tambi&eacute;n para establecer las primeras diferencias lim&iacute;trofes y organizar los actuales Estados nacionales; en segundo lugar, el cesarismo pol&iacute;tico de los l&iacute;deres independentistas, que deriv&oacute; al autoritarismo, cuyo caso m&aacute;s representativo fue Sim&oacute;n Bol&iacute;var; tambi&eacute;n, el creciente caudillismo regional y nacional que disput&oacute; el poder con el caudillismo de los l&iacute;deres independentistas, lo que se agudiz&oacute; por las luchas en cuanto al modelo republicano de administraci&oacute;n del Estado entre centralistas y federalistas, y dificult&oacute; el desarrollo econ&oacute;mico buscado; adicionalmente, la intervenci&oacute;n, poder e intrigas de las potencias europeas -especialmente Inglaterra- y de Estados Unidos, cuyos viajeros y diplom&aacute;ticos tuvieron una participaci&oacute;n insidiosa en el proceso, en especial los representantes norteamericanos a partir de la Doctrina Monroe; y finalmente, en el campo de la cultura, el hecho de comprobar que, pese a los dise&ntilde;os constitucionales republicanos, las herencias coloniales siguieron vigentes en las relaciones sociales, especialmente en la cuesti&oacute;n religiosa y en la dificultad -en ese momento hist&oacute;rico- para fomentar la inmigraci&oacute;n extranjera.</p>     <p>Sin embargo, hay que notar que este republicanismo no se deja pensar teleol&oacute;gicamente por las historiograf&iacute;as liberales y conservadoras propias de la segunda mitad del siglo XIX que formaron propiamente los Estados nacionales. Esto debido a que el republicanismo americano corresponde a un momento anterior al Estado naci&oacute;n en nuestro continente, al postular la idea de lo americano como referente identitario, tomado del modelo europeo y estadounidense, que convocaban la unidad apoyada, a su vez, en la uniformidad de la herencia colonial espa&ntilde;ola: una lengua, una religi&oacute;n, un pasado com&uacute;n -prehisp&aacute;nico- y la proyecci&oacute;n a un futuro compartido: la libertad de Am&eacute;rica, por encima de las diferencias particulares geogr&aacute;ficas, demogr&aacute;ficas e hist&oacute;ricas de los antiguos virreinatos. Este republicanismo no pensaba esa identidad como nacionalismo, y ten&iacute;a una valoraci&oacute;n centrada de la herencia espa&ntilde;ola, que le permiti&oacute; no caer en la exaltaci&oacute;n ni en la diatriba al respecto, uno de cuyos casos m&aacute;s representativos son el pensamiento y obra de Andr&eacute;s Bello. Pero es evidente que luego de esta generaci&oacute;n republicana, las generaciones siguientes lo apropiaron de manera selectiva y &uacute;til para sus prop&oacute;sitos, especialmente para construir la dimensi&oacute;n simb&oacute;lica de los nuevos Estados nacionales a trav&eacute;s de m&uacute;ltiples recursos de la visi&oacute;n patri&oacute;tica de la historia.</p>     <p><b>Diego Fernando Buitrago Su&aacute;rez </b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n Distrital, Bogot&aacute;, Colombia    <br>   <a href="mailto:macondo83@hotmail.com">macondo83@hotmail.com</a></p>   </font>      ]]></body>
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