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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">       <p><font size="3"><B>Juan Carlos Villamizar. </b></font>    <br> <b><I>La influencia de la Cepal en Colombia, 1948-1970. </I></b>    <br> Bogot&aacute;: Universidad del Rosario, 2013. 380 p&aacute;ginas.</p>  La introducci&oacute;n del libro es un buen resumen que lleva al lector por los debates y estudios precedentes y cubre una pluralidad de l&iacute;neas de investigaci&oacute;n: todo sobre la <I>Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina </I>y el Caribe (Cepal), por supuesto, en Colombia (que no es mucho), en Am&eacute;rica Latina (que s&iacute; lo es) y en Estados Unidos (una bibliograf&iacute;a poco conocida entre nosotros y que ha sido muy bien ordenada y aprovechada en este trabajo). Tambi&eacute;n se incluye un tratamiento cr&iacute;tico y exhaustivo de la evoluci&oacute;n del concepto de "comunidad epist&eacute;mica". El comentario de la bibliograf&iacute;a sobre las relaciones exteriores de Colombia es, por otra parte, tangencial, lo que en el libro se reflejar&aacute; en un tratamiento de las relaciones de Colombia con Estados Unidos que es intuitivo y acertado, mas no sistem&aacute;tico. As&iacute; pues, los dos meollos del libro son, primero, la lectura que de la producci&oacute;n de la  Cepal hace un profesional en econom&iacute;a, tanto de los informes cepalinos sobre Colombia como de sus principales estudios generales sobre Am&eacute;rica Latina; segundo, la evaluaci&oacute;n de la competencia de la comunidad de los "economistas colombianos" entre 1948 y 1970. Es decir, una investigaci&oacute;n exhaustiva sobre c&oacute;mo esos documentos econ&oacute;micos fueron ignorados, temidos, banalizados, mal comprendidos, comprendidos apenas por una minor&iacute;a en el poder estatal y finalmente rechazados por el grueso del <I>establishment </I>(Villamizar utiliza la palabra una vez en su libro), grupo dirigente alineado con el pensamiento econ&oacute;mico estadounidense. </P>     <p>De paso, y como corresponde a toda buena historia, en el libro se acumula y ordena todo un arsenal de informaci&oacute;n sobre qui&eacute;nes le hicieron qu&eacute; a qui&eacute;nes, cu&aacute;ndo, d&oacute;nde, c&oacute;mo y por qu&eacute;. Es decir, informaci&oacute;n que no puede reducirse a ninguna definici&oacute;n ni a ning&uacute;n concepto o categor&iacute;a de la ciencia. En este caso, se trata de qui&eacute;nes se alinearon obediente e indolentemente con diagn&oacute;sticos econ&oacute;micos, asesor&iacute;as extranjeras e instituciones del Sistema Internacional provenientes de los Estados Unidos y dise&ntilde;adas para atender a los intereses del crecimiento y la hegemon&iacute;a estadounidenses. En el libro de Villamizar el qui&eacute;n es Alberto Lleras Camargo, descrito como pe&oacute;n de la Organizaci&oacute;n de Estados Americanos (OEA), de las recomendaciones de Lauchlin Currie y del Banco Mundial. El libro termina con la asimilaci&oacute;n postrera del pensamiento cepalino en Colombia durante la d&eacute;cada de los sesenta. Postrera, porque el talante cepalino de las reformas incoadas en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo fue borrado, junto con las reformas, en el subsecuente de Pastrana Borrero. Es decir, el pensamiento cepalino -recomendaciones de una oficina de la ONU, nada menos- tom&oacute; veinte a&ntilde;os para ser comprendido y aplicado en Colombia, y cuando lo fue, esto solo sucedi&oacute; de manera ef&iacute;mera e ineficaz. En las d&eacute;cadas que han seguido hasta hoy, recomendaciones y diagn&oacute;sticos de menor solidez han sido adoptados por gobiernos colombianos y, desde los a&ntilde;os noventa, por todos los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina. Villamizar cierra su libro, que est&aacute; escrito en modo de tragedia, con la inaudita adopci&oacute;n de las recomendaciones, se dir&iacute;a que seniles, del &uacute;ltimo Lauchlin Currie en los gobiernos de Pastrana Borrero, L&oacute;pez Michelsen y por la estrella naciente de la pol&iacute;tica colombiana de esos a&ntilde;os, Virgilio Barco. </P>     <p>Desde la tabla de contenido se aprecia que el autor orden&oacute; los resultados de su investigaci&oacute;n y plane&oacute; su estrategia argumentativa desde lo continental hasta lo local. No desde lo general hasta lo particular, pues el trabajo, como las buenas historias, es un ejercicio de inducci&oacute;n. El libro empieza con una presentaci&oacute;n y discusi&oacute;n general sobre la Cepal, desde su origen en la segunda posguerra y en el seno de la recientemente creada Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas hasta su desempe&ntilde;o en Colombia, pasando por su consolidaci&oacute;n en el Cono Sur y sus a&ntilde;os gloriosos bajo la direcci&oacute;n de Ra&uacute;l Prebisch. Villamizar asimila muy bien la historiograf&iacute;a y la amplia tradici&oacute;n de comentario sobre la Cepal, tanto la producida por cepalinos nost&aacute;lgicos desde la d&eacute;cada de los a&ntilde;os setenta, como por sus rivales y espectadores desde otras escuelas y latitudes. El lector sigue con emoci&oacute;n la evoluci&oacute;n de una comunidad de pensamiento econ&oacute;mico compuesta por latinoamericanos, que supo abrirse paso entre la desconfianza y la condescendencia hasta obtener el respeto y la admiraci&oacute;n de la comunidad epist&eacute;mica de los economistas del mundo, pero no en Colombia. </P>     <p>Las fuentes utilizadas en la composici&oacute;n de este libro, presentadas con econom&iacute;a y sin alardes en la introducci&oacute;n, fueron acometidas con enjundia y coraje. Su recolecci&oacute;n y estudio supuso una estrategia planeada sin tintas medias ni atajos. El libro es lo que es porque en &eacute;l se incorporan series enteras de documentos conservados en archivos colombianos, chilenos y estadounidenses. Por esta raz&oacute;n, y porque est&aacute;n bien conducidas anal&iacute;ticamente, sus demostraciones son contundentes y confiables. </P>     <p>El primer cap&iacute;tulo contiene el an&aacute;lisis de varios conceptos claves en el argumento, entre los que se destaca el de "comunidades epist&eacute;micas". Tambi&eacute;n se explica y aduce el de "campo de poder", y se discuten otros como "sistema econ&oacute;mico mundial", "econom&iacute;a del desarrollo", "relaciones e influencias internacionales" y "papel de los individuos" (en la conformaci&oacute;n de comunidades epist&eacute;micas). El autor no se contenta con definir el concepto de comunidad epist&eacute;mica, sino que, como corresponde hacer con verdaderos conceptos -es decir, palabras con capas de significados acumuladas en el tiempo- le sigue su historia: su primera formulaci&oacute;n por Haas y Adler en 1993, su redefinici&oacute;n por Marier y las reservas de Toke. Este primer cap&iacute;tulo, adem&aacute;s, recoge un balance historiogr&aacute;fico que normalmente se encuentra en la introducci&oacute;n de un trabajo, pero al que Villamizar decidi&oacute; dar todo el peso de un cap&iacute;tulo. El recuento y comentario de la evoluci&oacute;n de los estudios sobre la Cepal es rico y exhaustivo, en lo que se ve un trabajo acucioso de investigaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica que inscribe a este libro, con pleno derecho y gran utilidad, en el seno en una tradici&oacute;n rica: la de los estudios sobre la Cepal, un tema tratado desde m&uacute;ltiples lugares y centros acad&eacute;micos, tanto en Am&eacute;rica Latina como en Estados Unidos, y con diversos enfoques econ&oacute;micos e hist&oacute;ricos. Villamizar da cuenta de esta pluralidad y riqueza, y sabe asimilarla. Su trabajo es una discusi&oacute;n entablada con toda la tradici&oacute;n latinoamericana y con la estadounidense, lo que har&aacute; que este libro tenga inter&eacute;s en Colombia y fuera de ella, y que merezca ser traducido al ingl&eacute;s. </P>     <p>El libro se configura tambi&eacute;n como una contribuci&oacute;n de alcances culturales, m&aacute;s all&aacute; de su especialidad en el tema del pensamiento econ&oacute;mico y el caso de la Cepal. Esto se anuncia desde el primer cap&iacute;tulo, cuando el autor muestra sensibilidad por obras importantes, hoy poco conocidas, producidas antes del periodo que estudia. Es el caso de <I>Econom&iacute;a y Cultura en la historia de Colombia</I>, de Luis Eduardo Nieto Arteta, en quien Villamizar ve a un pensador econ&oacute;mico adelantado a su tiempo, lo que lo llev&oacute; a la soledad en el desierto de los abogados "economistas", henchidos de honores y sus inferiores, y finalmente al suicidio. As&iacute; pues, el libro de Villamizar es la obra de un especialista -de un economista que sabe leer planes de desarrollo y "t&eacute;cnicas de programaci&oacute;n del desarrollo" (t&iacute;tulo de un estudio antol&oacute;gico de la Cepal)-, pero tambi&eacute;n es la obra de un historiador con sensibilidad para la cultura, las ideas, la justicia y los problemas m&aacute;s amplios y profundos de una sociedad. </P>     <p>El segundo cap&iacute;tulo es una expedita, &uacute;til, &aacute;gil y muy bien trabajada historia general y descriptiva de la Cepal. Se constituye por s&iacute; mismo como un texto de referencia muy bien documentado sobre la institucionalidad, las personas, las ideas y las principales publicaciones cepalinas. Fundamental en el plan del libro, servir&aacute; tambi&eacute;n como un cap&iacute;tulo de consulta general sobre la Comisi&oacute;n. En el cap&iacute;tulo tercero, "El desarrollo de Am&eacute;rica Latina, entre la Cepaly los Estados Unidos", se empieza a desplegar la riqueza hist&oacute;rica del libro, m&aacute;s all&aacute; de sus definiciones conceptuales y el comentario de sus predecesores. Entran en el libro los intereses creados, los bandos, las personas en los bandos y, en particular, las manipulaciones norteamericanas contra la creaci&oacute;n de un organismo de alto nivel, en el seno de la ONU, dedicado a estudiar problemas econ&oacute;micos latinoamericanos con autonom&iacute;a y control latinoamericanos. Se rasga el velo de hagiograf&iacute;a con que Colombia ha cubierto a su expresidente Alberto Lleras Camargo. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1940, cuando nac&iacute;a la Cepal, Lleras era director de la Uni&oacute;n Panamericana (organizaci&oacute;n anterior a la OEA, y como ella controlada por los Estados Unidos), y desde all&iacute; se aline&oacute; con la estrategia estadounidense de cerrar el paso a la Cepal. El autor descubre en esta decisi&oacute;n un episodio m&aacute;s en la consuetudinaria actitud supina de las &eacute;lites colombianas ante los Estados Unidos. Diplomacia dif&iacute;cil de justificar, pues desde la formulaci&oacute;n del <I>Respice pollum</I> a principios del siglo XX, las relaciones de Colombia con Estados Unidos parecen estar marcadas por la renuncia de nuestro pa&iacute;s al principio fundamental de la reciprocidad. Lleras Camargo, en la senda de sus antecesores, estaba m&aacute;s que satisfecho con la subordinaci&oacute;n, algo que -Villamizar lo dice con elocuencia- no ha sido el caso de los dem&aacute;s pa&iacute;ses latinoamericanos. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo mejor de esta cr&iacute;tica fuerte en el libro de Villamizar es que est&aacute; documentada con riqueza y argumentada con contundencia. En el cap&iacute;tulo cuatro - que se contin&uacute;a como una unidad con el quinto- Villamizar acomete el tema de la recepci&oacute;n de la Cepal en Colombia. Lo hace con abundancia, pues no se conforma con inventariar silencios, malentendidos y lecturas furtivas de documentos cepalinos entre nuestros primeros economistas, sino que los compara con la recepci&oacute;n en el pa&iacute;s de otras corrientes de pensamiento econ&oacute;mico. La primera, por supuesto, es la corriente ortodoxa, difundida con bombos y platillos por las universidades de Estados Unidos, sus organismos internacionales, sucesivas misiones econ&oacute;micas, proyectos continentales y foros promovidos por ese pa&iacute;s. Son aqu&iacute; protagonistas el Banco Mundial y el economista canadiense Lauchlin Currie, adem&aacute;s de la Alianza para el Progreso (discutida de lleno en el cap&iacute;tulo quinto) y la estrafalaria Operaci&oacute;n Colombia, propuesta por Currie en el ocaso de su carrera, cuando se hab&iacute;a convertido en un perfecto ganadero colombiano (luego de su inmigraci&oacute;n, nacionalizaci&oacute;n y dotaci&oacute;n con hacienda vaquera). </P>     <p>Por otra parte, y aqu&iacute; es donde, a mi parecer, el libro alcanza su punto m&aacute;s dram&aacute;tico, Villamizar compara la recepci&oacute;n del pensamiento cepalino en la d&eacute;cada de 1950 con el informe del grupo franc&eacute;s Econom&iacute;a y Humanismo, liderado por el padre Louis Joseph Lebret. Contratado por el gobierno de facto de Rojas, el "Informe Lebret", como se le conoce, fue entregado a la Junta Militar que sucedi&oacute; al estratego tunjano, para luego ser archivada, no por la Junta, sino por el <I>establishment</I> colombiano. No as&iacute; por nuestros primeros intelectuales cr&iacute;ticos, el grupo de la revista <I>Mito</I>, primero, y los marxistas cat&oacute;licos m&aacute;s tarde, entre los que se destaca, por supuesto, el cura Camilo Torres Restrepo. Los franceses de Econom&iacute;a y Humanismo permanecieron dos a&ntilde;os en el pa&iacute;s, levantaron encuestas, viajaron y midieron, para constatar que "las clases altas colombianas son totalmente carentes de responsabilidad social, que la mala distribuci&oacute;n del ingreso conducir&aacute; a un serio desasosiego social, que el 80% de la poblaci&oacute;n est&aacute; mal vestida, en malas viviendas, en gran analfabetismo y en incivilizadas y africanas condiciones en algunas partes del pa&iacute;s". </P>     <p>Por su parte, el pensamiento de la Cepal, m&aacute;s sofisticado que el de Econom&iacute;a y Humanismo, y menos c&oacute;modo para ciertos poderes que los de Currie, el Banco Mundial y la demagogia continental de la Alianza para el Progreso, no fue asimilado en la Colombia de los a&ntilde;os cincuenta. La explicaci&oacute;n de Villamizar es doble, y en ello radica la riqueza y la significaci&oacute;n de su trabajo: por una parte, el <I>establishment</I> colombiano permanec&iacute;a (y permanece) supino y obediente a las medidas de Estados Unidos para promover un Sistema Internacional controlado a su conveniencia; por otra parte -y esta es la principal hip&oacute;tesis planteada y demostrada en el libro- el campo epist&eacute;mico de la econom&iacute;a no se hab&iacute;a consolidado en Colombia, y nuestros ministros, planificadores de industrias, editores de revistas de econom&iacute;a y profesores universitarios sencillamente no entendieron las ideas, los m&eacute;todos ni los resultados de los informes de la Cepal sobre Colombia. </P>     <p>Hubo excepciones: algunos solitarios antes de 1966; Carlos Lleras Restrepo y su equipo de gobierno entre 1966 y 1970. Entre los primeros, se anticip&oacute; Luis Eduardo Nieto Arteta, precursor de la comprensi&oacute;n moderna de la historia, la econom&iacute;a y la cultura en el pa&iacute;s; M&eacute;ndez Mun&eacute;var, joven en los a&ntilde;os cincuenta y que luego llegar&iacute;a a la rector&iacute;a de la Universidad Nacional; y el candidato presidencial Lleras Restrepo, a quien Villamizar da cr&eacute;dito, sin dejar de anotar que el pol&iacute;tico estaba m&aacute;s interesado en la convergencia de fuerzas pol&iacute;ticas para su candidatura que en la maduraci&oacute;n de un pensamiento coherente sobre el desarrollo de Colombia. En honor a la justicia, cepalinas fueron las ideas que informaron la reforma del estado adelantada por Lleras, cepalina su reforma tributaria y cepalina su ley de reforma agraria. Anti-cepalinos sin duda fueron el Pacto de Chicoral en el gobierno de Pastrana, los devaneos de L&oacute;pez Michelsen y Virgilio Barco con el &uacute;ltimo Currie y anti-cepalinos han sido los aperturistas ortodoxos desde C&eacute;sar Gaviria. Hoy en d&iacute;a, Villamizar ha hecho de la Cepal historia, y en ejercicio de su prerrogativa de autor, prefiri&oacute; cerrar su libro sin ninguna sugerencia para el futuro. </P>     <p><b>Sergio Mej&iacute;a </b>    <br> Universidad de los Andes, Bogot&aacute;, Colombia    <br>  <a href="smejia@uniandes.edu.co">smejia@uniandes.edu.co</a> </P>  </font>      ]]></body>
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