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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b><i>In memoriam:</i>    <br>  Jaime Jaramillo Uribe</b></font></p>        <p>En la ma&ntilde;ana del 25 de octubre del 2015 falleci&oacute;, en la ciudad de Bogot&aacute;, a sus 98 a&ntilde;os de edad, el maestro Jaime Jaramillo Uribe, fundador del <i>Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura </i>&mdash;<i>ACHSC</i>&mdash;. En su memoria y en la de su legado, tanto el Departamento de Historia como el <i>Anuario</i>, conmemoran su gran aporte a la historia, en el pa&iacute;s.</p>      <p>La virtud de "referir historias" era uno de los atributos con los que, su padre, Teodoro Jaramillo describ&iacute;a a su hijo, tal como lo consign&oacute; en una carta, en 1926, rescatada por Bernardo Tovar. Jaime Jaramillo hab&iacute;a nacido 9 a&ntilde;os antes, en Abejorral, Antioquia (1917); era el menor de la familia y, en Europa, la Primera Guerra Mundial &mdash;PGM&mdash; ni siquiera hab&iacute;a culminado. Su madre, Genoveva Uribe, con seguridad, tambi&eacute;n reconoci&oacute; las tempranas luces de Jaime, pero pareciera que no lo dej&oacute; por escrito: en todo caso, dicha apreciaci&oacute;n empez&oacute; a consolidarse cuando ingres&oacute; a estudiar en la Escuela Normal Superior y se licenci&oacute; en Ciencias Sociales y Econ&oacute;micas, en 1941. Durante su formaci&oacute;n entr&oacute; en contacto con profesores extranjeros, quienes hu&iacute;an de la persecuci&oacute;n, durante la Segunda Guerra Mundial &mdash;SGM&mdash;. Jaramillo todav&iacute;a no "refer&iacute;a historias"; se concentraba en escuchar y aprender de Paul Rivet, Justus Schottellius, Rudolf Hommes y Gerhard Massur.</p>      <p>Sus profesores, seguramente influyeron en la conceptualizaci&oacute;n sobre la cultura que desarrollar&iacute;a Jaramillo, <i>ex negativo</i> o <i>ex positivo</i>, porque estuvo m&aacute;s cerca de la historia que de la etnolog&iacute;a. Recordemos que Rivet y Schottellius eran etn&oacute;logos, y Massur disc&iacute;pulo de Friedrich Meinecke, conocido por fomentar la historia de las ideas en Alemania. En tal sentido, Jaramillo propon&iacute;a reconstruir la cultura desde la <i>Ideengeschichte</i>, aunque, m&aacute;s tarde, a finales de los a&ntilde;os 80, empezar&iacute;a a incluir la cultura popular.</p>      <p>Posteriormente se desempe&ntilde;&oacute; como profesor de la Escuela Normal Superior, dictando clases y, para sorpresa de muchos, no en historia, sino en sociolog&iacute;a, entendida como historia de las ideas. Gracias a una beca y al apoyo de Jos&eacute; Francisco Socarr&aacute;s, en 1946, prosigui&oacute; sus estudios en La Sorbona, espec&iacute;ficamente en la Escuela de Ciencias Pol&iacute;ticas, sorprendentemente, solo un a&ntilde;o despu&eacute;s de finalizar la guerra. Seg&uacute;n sus recuentos, en di&aacute;logo con Bernardo Tovar "en algunas regiones todav&iacute;a hab&iacute;a humo &#91;...&#93; sin embargo, la vida intelectual y art&iacute;stica comenzaba a renacer". Como estudiante entr&oacute; en contacto intelectual con Ernest Labrousse, Edmond Vermeil y Georges Gurvitch; ley&oacute; a Henri Pirenne, Marc Bloch, Emile Durkheim y a Max Weber. D&iacute;as antes del Bogotazo, ese hist&oacute;rico 9 de abril de 1948, regres&oacute; a Colombia y en raz&oacute;n del ambiente pol&iacute;tico del pa&iacute;s no fue contratado en la Normal Superior. Seg&uacute;n sus palabras, quedaba "con la ropa en una maleta y sin trabajo". Busc&oacute; empleo por fuera de la academia y, simult&aacute;neamente, adelant&oacute; estudios de Derecho en la Universidad Libre, donde obtuvo el t&iacute;tulo de abogado, en 1951. Al a&ntilde;o siguiente, comenz&oacute; su labor en la Universidad Nacional de Colombia, en la Facultad de Filosof&iacute;a, dirigida, en ese momento, por el fil&oacute;sofo Cayetano Betancour. M&aacute;s adelante fue convidado por la Universidad de Hamburgo como profesor visitante y regres&oacute; al pa&iacute;s, en 1955, para asumir la c&aacute;tedra de Historia Moderna e Historia de Colombia.</p>      <p>Toda esta experiencia marc&oacute; el trasfondo desde el que entabl&oacute; puentes con m&uacute;ltiples disciplinas: la sociolog&iacute;a, el derecho, la filosof&iacute;a y la historia; y en medio de esta motiv&oacute; el di&aacute;logo con algunos aspectos de la tradici&oacute;n de los <i>Annales</i>, la historia de las ideas, la historia social y la historia cultural alemana. Todo lo anterior, unido a sus lecturas previas de Marx y Engels. Por supuesto, Jaramillo no estaba solo; como &eacute;l mismo se&ntilde;alaba, en los a&ntilde;os cuarenta se hac&iacute;an contribuciones al pensamiento hist&oacute;rico como las de Juan Friede, Luis Ospina V&aacute;squez, Luis Eduardo Nieto Arteta, Guillermo Hern&aacute;ndez e Indalecio Li&eacute;vano Aguirre.</p>     <p>Por ese entonces, la Universidad Nacional de Colombia sufr&iacute;a considerables cambios. Como reacci&oacute;n al conservadurismo de los a&ntilde;os cuarenta e inicios de los a&ntilde;os cincuenta, se impuls&oacute; la necesidad de generar reflexiones cr&iacute;ticas con base en el estudio del pasado, tendencia interpretada por algunos como una "amenaza intelectual". Pero la historia no deb&iacute;a continuar haci&eacute;ndole eco a los intereses del poder, ni recaer en venias a las ideolog&iacute;as. La historia deb&iacute;a renovarse, con seguridad, no desde la oficialidad, como lo dictamin&oacute; el Decreto 2328 del 15 de julio de 1948, seg&uacute;n el cual se insist&iacute;a en el estudio de la historia patria, el culto a los h&eacute;roes y la veneraci&oacute;n a los s&iacute;mbolos de la nacionalidad, como fuentes supremas de la cohesi&oacute;n nacional, tal como lo recuerda Miguel Aguilera y, tiempo despu&eacute;s, Ren&aacute;n Silva. No, esto no era lo que se entend&iacute;a por profesionalizaci&oacute;n de la historia; la ruta incentivada por Jaramillo era diferente. Era la historia con m&eacute;todo, con rigor de fuentes y con conocimientos en otras disciplinas como fundamentos del pensamiento cr&iacute;tico, evitando dogmatismos conceptuales y reduccionismos te&oacute;ricos de car&aacute;cter partidista. Incluso, unos a&ntilde;os despu&eacute;s, Jaramillo describir&iacute;a al historiador como cient&iacute;fico y tambi&eacute;n como artesano, cercano al arte.</p>      <p>Despu&eacute;s de todo este recorrido, Jaramillo cre&oacute;, en 1962, la Secci&oacute;n de Historia de Colombia y de Am&eacute;rica en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, que, en 1965, se trasformar&iacute;a en el Departamento de Historia. Con el sello de Jaramillo empezar&iacute;a a publicarse, desde 1963, el <i>Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura</i>. La idea era probablemente abrir un espacio de divulgaci&oacute;n a las investigaciones hist&oacute;ricas, iniciativa que tuvo por efecto una diferenciaci&oacute;n en dos frentes: primero con el <i>Bolet&iacute;n de Historia y Antig&uuml;edades </i>de la Academia de Historia (1902), segundo con el mismo Instituto de Filosof&iacute;a, que hab&iacute;a apadrinado algunas publicaciones hist&oacute;ricas. Se trataba de la revista <i>Ideas </i>(actual <i>Ideas y Valores</i>), en la cual, Jaramillo ya hab&iacute;a publicado algunos avances de investigaci&oacute;n, que me permito abreviar, como "La &Eacute;tica y Jos&eacute; Eusebio Caro" (1954), "Problemas de la filosof&iacute;a en Colombia" (1954) y "Bentham y los utilitaristas" (1962). Esta serie de art&iacute;culos anunciaba su famoso libro <i>El pensamiento colombiano del siglo XIX </i>que se public&oacute; solo hasta 1964 y su trabajo titulado <i>Entre la historia y la filosof&iacute;a</i>, de 1968.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con la fundaci&oacute;n del <i>Anuario</i>, la historia de las ideas se complementar&iacute;a con importantes trabajos en torno a la historia social y, m&aacute;s adelante, tambi&eacute;n con historia econ&oacute;mica, demogr&aacute;fica, pol&iacute;tica e historia de la cultura. Faltar&iacute;a alg&uacute;n tiempo para que la revista se abriera a otros temas como la historia de la ciencia, del g&eacute;nero, del cuerpo y la historia ambiental, solo por dar algunos ejemplos. No obstante, era indudable que la experiencia de Jaramillo en la Normal, en La Sorbona y en la Universidad de Hamburgo redundaba positivamente en esas aperturas tem&aacute;ticas. En ese sentido, el <i>Anuario </i>fue decisivo, as&iacute; como su futura coordinaci&oacute;n cient&iacute;fica del <i>Manual de Historia</i> (1978-80) y su participaci&oacute;n en la <i>Nueva Historia de Colombia</i>, editada por &Aacute;lvaro Tirado Mej&iacute;a, con la asistencia de Jes&uacute;s Antonio Bejarano y de Jorge Orlando Melo.</p>       <p>Junto con Jorge Melo, disc&iacute;pulo y secretario de redacci&oacute;n del <i>Anuario</i>, trabaj&oacute; en la edici&oacute;n de cuatro n&uacute;meros, desde 1963 hasta 1969. El maestro public&oacute; los resultados de sus primeras investigaciones realizadas en el Archivo Nacional (actual Archivo General de la Naci&oacute;n &mdash;AGN&mdash;), versados en la esclavitud, el mestizaje y la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena en la Colonia. En el primer n&uacute;mero (1963) apareci&oacute; su investigaci&oacute;n "Esclavos y se&ntilde;ores en la sociedad colombiana del siglo XVIII "<i>. </i>Vale la pena recordar que en este n&uacute;mero tambi&eacute;n participaron el historiador sueco Magnus M&ouml;rner y el espa&ntilde;ol Demetrio Ramos, con temas sobre grupos ind&iacute;genas y la legislaci&oacute;n segregacionista, y la Instituci&oacute;n del Cronista de Indias, respectivamente. En el segundo n&uacute;mero (1964) sali&oacute; a la luz la investigaci&oacute;n "La poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de Colombia en el momento de la Conquista y sus transformaciones"<i>. </i>En el tercer n&uacute;mero (1965) circul&oacute; su famoso aporte sobre "Mestizaje y diferenciaci&oacute;n social en la segunda mitad del siglo XVIII ". Y, por &uacute;ltimo, en el cuarto (1969) se edit&oacute; "La controversia jur&iacute;dica y filos&oacute;fica librada en la Nueva Granada en torno a la liberaci&oacute;n de los esclavos y la importancia econ&oacute;mico-social de la esclavitud en el siglo XIX ".</p>      <p>Los cuatro art&iacute;culos resaltaban la importancia de visibilizar los grupos marginados de la sociedad. Llama la atenci&oacute;n que mientras Meinecke hab&iacute;a practicado una historia de las ideas, no libre de prejuicios antisemitas y racistas, Jaramillo, a la hora de hacer historia social, le daba protagonismo a los sujetos marginados de la sociedad. Por otra parte, impl&iacute;citamente, cuestionaba la categor&iacute;a de clase, al dejar de ser central el enfoque hacia el pasado. Esta ser&iacute;a complementada por ejes como raza y mestizaje, algo refrescante para la &eacute;poca; incluso novedoso, pues ayudaba a entender los sistemas de segregaci&oacute;n colonial. Por supuesto, debemos decir que la categor&iacute;a "raza" se entend&iacute;a, entonces, como una realidad biol&oacute;gica, algo que hoy muy pocos compartir&iacute;an; con todo, sus aportes ayudaron a pensar la historia de Colombia desde otras perspectivas y a darle voz a los sujetos subyugados de la Colonia.</p>      <p>Lo llamativo de todo esto era que se trataba de una historia sin h&eacute;roes o, incluso, de una historia que rechazaba el exceso emp&iacute;rico sin ideas. Jara-millo incentiv&oacute; la historia desde lo social y desde las ideas, en una mezcla singular para la &eacute;poca, al distanciarse de una historiograf&iacute;a ideologizada en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos. A todo lo cual habr&iacute;a que sumarle sus casi olvidadas reflexiones sobre micro-sociolog&iacute;a (1948), sus impulsos para la historia local con su libro coeditado <i>Historia de Pereira</i> (1962) y sus contribuciones a la <i>Historia de la pedagog&iacute;a</i> (1970).</p>      <p>Lo importante, tal vez, no fue la perspectiva, sino haberle apostado a la diversidad, y en ese sentido, el <i>ACHSC </i>fue una plataforma que marc&oacute; la diferencia con relaci&oacute;n a la historiograf&iacute;a nacional. As&iacute; el <i>Anuario</i> naci&oacute; como una posibilidad diferente de hacer historia en un pa&iacute;s, si se quiere, perif&eacute;rico, donde a&uacute;n as&iacute; se le apostaba a la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica. Los esfuerzos por entablar di&aacute;logos con Europa eran evidentes, hecho que se refleja en la participaci&oacute;n de historiadores del extranjero y en la fuerte pol&iacute;tica de canjes internacionales. A manera de an&eacute;cdota, vale la pena recordar que al Director de la revista se le hizo un llamado de atenci&oacute;n por parte del Decano, m&aacute;s preocupado por los excesivos gastos que por la internacionalizaci&oacute;n, mediante canjes, de la revista. As&iacute; lo pudo escrudi&ntilde;ar Silva, para los 40 a&ntilde;os de existencia del <i>Anuario</i>.</p>      <p>Con motivo de su pensi&oacute;n, Jaramillo se desvincul&oacute; de la Universidad Nacional de Colombia en 1970, y pas&oacute; a la Universidad de los Andes. La direcci&oacute;n del <i>Anuario</i> la acogi&oacute; uno de sus disc&iacute;pulos, Hermes Tovar (19711972), quien propiciaba acercamientos demogr&aacute;ficos y econ&oacute;micos. Fueron varios los disc&iacute;pulos de Jaramillo, que heredaron las riendas de la revista, con dos excepciones importantes: Germ&aacute;n Colmenares y Jorge Palacios. Una segunda generaci&oacute;n lider&oacute; las peripecias de la revista, para legarla despu&eacute;s a manos de una tercera generaci&oacute;n, que solo conoci&oacute; a Jaramillo a trav&eacute;s de sus libros. La secuencia amerita una remembranza: Jes&uacute;s Antonio Bejarano (1976), Margarita Gonz&aacute;lez (1979), Bernardo Tovar (1980-1987), Carlos Miguel Ortiz (1988-1989), Oscar Rodr&iacute;guez (1990-1991), Mauricio Archila Neira (1992-1993), Pablo Rodr&iacute;guez (1995-1997), Diana Obreg&oacute;n (1998-1999), Med&oacute;filo Medina (2000-2001), Pablo Rodr&iacute;guez (2002-2004), Mario Aguilera (2005-2007), Mauricio Archila Neira (2008-2014) y, actualmente, quien suscribe este obituario.</p>      <p>Jaime Jaramillo Uribe cre&oacute; dos espacios decisivos para la historiograf&iacute;a de Colombia: un Departamento para la formaci&oacute;n de historiadores y el <i>Anuario</i> para la divulgaci&oacute;n de sus investigaciones. Se trataba de dos ejes centrales, condicionados mutuamente, para cualquier desempe&ntilde;o acad&eacute;mico-investigativo. Es dif&iacute;cil rese&ntilde;ar la totalidad de la obra del ilustre autor, pero vendr&iacute;an m&aacute;s aportes, m&aacute;s ensayos y m&aacute;s libros que hacen parte de su prol&iacute;fica actividad acad&eacute;mica, entre los que cabe destacar su &uacute;ltima publicaci&oacute;n, <i>Memorias intelectuales</i> (2007).</p>      <p>En suma, la obra de Jaramillo Uribe es un aporte invaluable a la sociedad colombiana. Todo le ha sido reconocido en vida: portadas de revista, varios homenajes, Premio Nacional de Historia, Premio Planeta, Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad de los Andes y la Cruz de Boyac&aacute;. Es necesario resaltar lo que posiblemente todos esos reconocimientos no puntualizan: la memoria &mdash;reconstruible a partir de la historia&mdash;, ejercicio que permite repensar la sociedad y aprender de los errores del pasado.</p>      <p>En Colombia y en otros pa&iacute;ses, la memoria se ha parcializado; en algunos casos, silenciado y, no pocas veces, instrumentalizado. En una sociedad que olvida, ese olvido consciente es lo que se transforma en el contrapeso del oficio de <i>Cl&iacute;o</i>. Y en esta medida, Jaramillo ayud&oacute; a propiciar la conciencia hist&oacute;rica de un pa&iacute;s en estado de negaci&oacute;n. Es dif&iacute;cil valorarlo con palabras, porque cuando hoy el ejercicio de la memoria se convierte en una clave para una posible reconciliaci&oacute;n, se puede decir que se ha logrado algo trascendente. Jaramillo vio el humo de la posguerra europea y lamentablemente no pudo vivir en una Colombia en paz. Pero nos leg&oacute;, junto al trabajo de muchos otros historiadores y otras historiadoras, el hacer hablar al silencio, el olvido, repensando la naci&oacute;n y ofreciendo ideas para una sociedad plural y as&iacute; construir, en el ideal de los casos, un pa&iacute;s m&aacute;s tolerante.</p>      <p>Jaime Jaramillo Uribe fue un pionero, un alquimista de las ideas, y a ello le debemos no solo las gracias, sino la pr&aacute;ctica de hacer memoria. A pesar de su muerte, su creatividad vive directa- o indirectamente en muchos viejos y j&oacute;venes historiadores, algo que le dec&iacute;a recientemente a Rosario, su hija. Desde ese indescifrable m&aacute;s all&aacute;, el maestro Jaramillo y su obra siguen impulsando toda clase de proyectos para la reflexi&oacute;n hist&oacute;rica, en un pa&iacute;s que necesita de su pasado para repensarse d&iacute;a a d&iacute;a.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>MAX S. HERING TORRES </b>    <br> DIRECTOR Y EDITOR     <br> <i>Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura </i></p>  </font>      ]]></body>
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