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</front><body><![CDATA[  <font face= "verdana" size= "2">      <p>Editorial</p>      <p align="center"><font size="4"><b>La desindustrializaci&oacute;n en Colombia</b></font></p>      <p>La participaci&oacute;n de la industria colombiana en el PIB tuvo su m&aacute;ximo valor en 1975, cuando alcanz&oacute; 23,2 %; posteriormente, en el decenio de los 80 disminuy&oacute; a 21,3 %, en promedio, pero, a partir de los noventa, se redujo notoriamente, hasta situarse en 15,1 %. Hoy representa el 11,2 %, es decir, 12 puntos porcentuales por debajo del a&ntilde;o de mayor participaci&oacute;n.</p>      <p>La reducci&oacute;n en la contribuci&oacute;n de la industria al PIB es normal, tanto para pa&iacute;ses desarrollados como en v&iacute;as de desarrollo; en los primeros, cuando la misma alcanza niveles del 30 % del PIB, comienza a bajar su peso, y se inicia un crecimiento del sector de servicios, debido a los avances tecnol&oacute;gicos incorporados en este &uacute;ltimo.</p>      <p>En el caso colombiano, la desindustrializaci&oacute;n coincide con el proceso aperturista de los noventa y se agudiza con la adopci&oacute;n de los TLC firmados en el pa&iacute;s y por la revaluaci&oacute;n del peso.</p>      <p>La apertura econ&oacute;mica se inici&oacute; en marzo de 1990 y, una vez posesionado el presidente Gaviria, se consolid&oacute;. La apertura econ&oacute;mica no solo se asocia a la liberalizaci&oacute;n del sector externo, sino a una serie de reformas como la cambiaria, la laboral, la tributaria, entre otras, todas inspiradas en el Consenso de Washington, para, supuestamente, mediante los ajustes macroecon&oacute;micos, lograr el crecimiento econ&oacute;mico. De hecho, con las reformas se esperaba que el mercado asignara los recursos. En otras palabras, la libre actuaci&oacute;n de la oferta y la demanda enviar&iacute;a se&ntilde;ales de eficiencia. De igual manera era necesario eliminar todo aquello que interfiriera en la libre formaci&oacute;n del precio de un bien o servicio. De ah&iacute; la exigencia de desmontar todo el sistema de incentivos, subsidios, aranceles, etc. Adem&aacute;s, comienza a cuestionarse el papel del Estado, que no debe interferir en la actividad econ&oacute;mica sino fomentar la seguridad social y ofrecer la infraestructura b&aacute;sica que ayude a elevar la rentabilidad privada.</p>      <p>En el plan de desarrollo La revoluci&oacute;n pac&iacute;fica (1990-1994), de la administraci&oacute;n de C&eacute;sar Gaviria -quien trasplant&oacute; el dec&aacute;logo del Consenso de Washington a la econom&iacute;a colombiana, tanto en el pr&oacute;logo, como en la introducci&oacute;n y en el cap&iacute;tulo I-se hace toda una exposici&oacute;n de motivos para enfatizar que el Estado, b&aacute;sicamente, debe garantizar la actividad productiva del sector privado, prestar servicios b&aacute;sicos y dejar a las fuerzas del mercado que asignen los recursos. Esto se puede corroborar con las reformas planteadas, todas dirigidas a flexibilizar y a agilizar el funcionamiento de los mercados, y, de esta forma, contribuir a incrementar la eficiencia en la asignaci&oacute;n de los recursos.</p>      <p>En relaci&oacute;n con los TLC, se ha vendido la idea de que ofrecen inmejorables condiciones para crecer. Esto es correcto, si se dispone de una buena capacidad productiva, la cual no se construye, solamente, con orientaci&oacute;n exportadora. Se necesita una pol&iacute;tica decidida para crear esta capacidad competitiva, y, adem&aacute;s, ofrecer otras condiciones que son determinantes, tales como: una tecnolog&iacute;a adecuada y una infraestructura, que contribuyan a elevar la productividad. Se requiere, por lo tanto, lo que algunos llaman, &laquo;agenda transversal&raquo; que incluya pol&iacute;ticas encaminadas a la modernizaci&oacute;n del aparato productivo, mejorar la calidad y aumentar la cobertura en educaci&oacute;n, la modernizaci&oacute;n del aparato productivo, la ampliaci&oacute;n y mantenimiento de la infraestructura f&iacute;sica, en especial, las v&iacute;as, el impulso a sectores competitivos, el mejoramiento de los canales de comercializaci&oacute;n, el incremento del presupuesto para ciencia y tecnolog&iacute;a, entre otras iniciativas. En algunos de estos frentes, el Gobierno nacional ha realizado ingentes esfuerzos, pero todav&iacute;a falta mucho por hacer, hasta el punto que ha decidido suspender la suscripci&oacute;n de nuevos tratados y, m&aacute;s bien, concentrar su atenci&oacute;n en la pol&iacute;tica industrial. De todas formas, algunos TLC, sobre todo con los de Estados Unidos, Europa y Corea, tienen deficiencias estructurales, lo que ha llevado a que algunos cr&iacute;ticos planteen la necesidad de revisarlos.</p>      <p>Otro elemento que contribuye a la desindustrializaci&oacute;n es la revaluaci&oacute;n del peso, la cual en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido considerable, sobre todo a partir del 2003. La apreciaci&oacute;n del peso estimula las importaciones y desestimula las exportaciones. Ha sido tan fuerte la revaluaci&oacute;n que entidades como la Asociaci&oacute;n Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) sostiene que en la desindustrializaci&oacute;n colombiana el elemento determinante es el comportamiento de la tasa de cambio. Seg&uacute;n esta agremiaci&oacute;n, en econom&iacute;as como la colombiana -donde la mayor&iacute;a de las exportaciones son commodities, tipo enclave-, la participaci&oacute;n del sector industrial en la econom&iacute;a tiende a reducirse significativamente, es decir, se presenta lo que se conoce como enfermedad holandesa. La abundancia de divisas por concepto de exportaciones de commodities genera una apreciaci&oacute;n cambiaria real y persistente, que reduce la competitividad de los dem&aacute;s bienes y servicios producidos en el pa&iacute;s, ocasiona una reducci&oacute;n de las exportaciones industriales y agr&iacute;colas, y, por consiguiente, estimula considerablemente las importaciones, lo que conduce al desplazamiento de la producci&oacute;n dom&eacute;stica por la producci&oacute;n extranjera.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De lo anterior se infiere que la apertura comercial, los TLC y la revaluaci&oacute;n del peso son elementos decisivos en la desindustrializaci&oacute;n del pa&iacute;s. Los tres procesos, inspirados en el principio de libertad en el comercio internacional -que supone que todos los participantes est&aacute;n en igualdad de competir en los mercados-, no es, como lo plantea Stiglitz, libre comercio autentico, sino un r&eacute;gimen de comercio dirigido, en el que priman los intereses empresariales; en otras palabras, es un proceso de negociaci&oacute;n que no es ni democr&aacute;tico ni transparente.</p>      <p align="right"><b>Luis Eudoro Vallejo Zamudio</b>    <br> Director Revista Apuntes del CENES, Tunja, Colombia</p>  </font>      ]]></body>
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