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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The author intends to lay out and design the principal areas of the problematic theory of the history of translation, an interdisciplinary area which has formed and taken on more and more independence during the last years. This has obliged researchers to restate and reconsider some of the &#39;eternal&#39; problems of the philosophy of language, semiotics, the history of literature, and more specifically the problem of the role translation has played (in its multiple forms and functions) in the destiny of the European civilization.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[variedad lingüística]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana"size="2">       <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>La historia de la traducci&oacute;n    como disciplina te&oacute;rica</b></font></p>      <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>History of translation    as a theoretical discipline</b></font></p>      <p> <b>ALEXANDER V&Iacute;KTOROVICH SADIKOV</b>    <br>       <br>   Agregado cultural de la Embajada de Rusia en Colombia.    <br>   Profesor de espa&ntilde;ol del Departamento de Lenguas Europeas del Instituto    Superior de Lenguas del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia.    <br>   UNIVERSIDAD PEDAG&Oacute;GICA DE MOSC&Uacute; E mail:    <a href="mailto:el_moscovita2002@mail.ru">el_moscovita2002@mail.ru</a>    <hr size="1">      <p>El presente trabajo se propone delinear y esbozar las &aacute;reas principales    de la problem&aacute;tica te&oacute;rica de la historia de la traducci&oacute;n,    &aacute;rea interdisciplinar que ha ido configur&aacute;ndose y cobrando cada    vez mayor autonom&iacute;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Esto ha obligado    a los investigadores a replantear y repensar algunos de los problemas &#8220;eternos&#8221;    de la filosof&iacute;a del lenguaje, la semi&oacute;tica y la historia de la    literatura y, de manera m&aacute;s particular, el problema del papel que desempe&ntilde;&oacute;    la traducci&oacute;n (en sus m&uacute;ltiples formas y funciones) en el devenir    de la civilizaci&oacute;n europea.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> variedad ling&uuml;&iacute;stica, teor&iacute;a de la    traducci&oacute;n, escritura, contacto de lenguas, comunicaci&oacute;n trascultural.</p>  <hr size="1">      <p>The author intends to lay out and design the principal areas of the problematic    theory of the history of translation, an interdisciplinary area which has formed    and taken on more and more independence during the last years. This has obliged    researchers to restate and reconsider some of the &#39;eternal&#39; problems    of the philosophy of language, semiotics, the history of literature, and more    specifically the problem of the role translation has played (in its multiple    forms and functions) in the destiny of the European civilization.</p>  <hr size="1">     <p>No ser&iacute;a exagerado decir que la traducci&oacute;n es un fen&oacute;meno    tan antiguo como la propia sociedad humana. Porque el hombre, antes que nada,    es un animal hablante, y porque, ocioso es decirlo, la humanidad ha estado siempre    &#8211;desde que No&eacute; tuvo tres hijos&#8211; dividida en distintas etnias.    O, expres&aacute;ndonos en t&eacute;rminos m&aacute;s acad&eacute;micos, porque    la existencia del g&eacute;nero humano ha estado regida desde siempre por dos    procesos complementarios: de divergencia y de convergencia de etnias, lenguas    y culturas. Pero afirmaciones aprior&iacute;sticas como esas nos ser&aacute;n    cada vez menos necesarias, cuanto m&aacute;s vayamos profundizando en el estudio    de la historia escrita de la humanidad, cuyos or&iacute;genes conocidos se van    alejando de nosotros cada vez m&aacute;s, conforme se van descubriendo estratos    arqueol&oacute;gicos cada vez m&aacute;s antiguos. Tambi&eacute;n ser&iacute;an    reveladores en este sentido unos estudios (que brillan por su ausencia) de c&oacute;mo    se han comunicado hasta hace poco &#8211;esto es, hasta la colonizaci&oacute;n    europea&#8211; las civilizaciones abor&iacute;genes de Australia, del Amazonas    o del C&aacute;ucaso Norte, donde no hab&iacute;a escritura y donde las lenguas    en contacto no ten&iacute;an ni origen com&uacute;n, ni similitud estructural.</p>      <p>En todo caso, el acervo de datos conocidos ya parece suficiente como para esbozar    unos juicios generalizadores que, aun siendo preliminares, puedan servir de    punto de partida para una b&uacute;squeda de nuevos datos que confirmen, precisen    o refuten dichas afirmaciones. En nuestro caso particular, las observaciones    que hemos hecho de la actividad traductora, tal y como se desarroll&oacute;    a lo largo de la historia escrita de la civilizaci&oacute;n europea, nos han    movido a clasificar los hechos conocidos (y algunos todav&iacute;a por conocer)    con arreglo a la problem&aacute;tica que plantean; y en esto, hemos tratado,    ente otras cosas, de establecer paralelismos, siempre que haya sido posible,    con los problemas que ya han sido postulados por varias disciplinas ling&uuml;&iacute;sticas,    cuyos intereses se entrecruzan con los de la traductolog&iacute;a: la sicoling&uuml;&iacute;stica,    la socioling&uuml;&iacute;stica, el estudio comparativo de la literatura y,    quiz&aacute;s, algunas m&aacute;s. Esta afinidad de planteamientos no es nada    casual, sino que, m&aacute;s bien, confirma la necesidad de tratar nuestro objeto    de estudio desde una perspectiva interdisciplinaria, de plena conformidad con    la visi&oacute;n que han tenido de &eacute;l los principales te&oacute;ricos    de la traducci&oacute;n del siglo XX. </p>      <p>1. </p>    <p>Parece, pues, que el variado conjunto de datos que han ido recogiendo los historiadores    de la traducci&oacute;n en los &uacute;ltimos decenios podr&iacute;a agruparse,    conforme la problem&aacute;tica que plantean, bajo las siguientes r&uacute;bricas:  </p>      <p>1.1. TIPOLOG&Iacute;A DE LAS SITUACIONES DE COMUNICACI&Oacute;N BILING&Uuml;E    Y MULTILING&Uuml;E.</p>        <p>Esta es una tarea a&uacute;n por realizar y exige un an&aacute;lisis de todas    y cada una de las situaciones de esta &iacute;ndole que han tenido lugar en    la historia. Dicha tipolog&iacute;a, mientras vaya elabor&aacute;ndose, habr&aacute;    de tomar en cuenta unos aspectos m&aacute;s particulares, como por ejemplo,    el tipo de situaci&oacute;n de contacto ling&uuml;&iacute;stico. Basta con echar    un vistazo al conjunto de las situaciones de comunicaci&oacute;n interling&uuml;&iacute;stica    que fueron sucediendo en la historia, para tener una idea aproximada de su posible    clasificaci&oacute;n. Las situaciones de este tipo se clasificar&aacute;n ante    todo por el n&uacute;mero de lenguas en contacto, o sea: en biling&uuml;es,    triling&uuml;es, cuatriling&uuml;es, etc. Y la mera constataci&oacute;n de un    hecho de biling&uuml;ismo o triling&uuml;ismo plantea inevitablemente el interrogante:    &iquest;c&oacute;mo se distribuyen las lenguas interactuantes en el espacio    comunicativo, tanto geogr&aacute;fico como estrictamente social de la comunidad    multiling&uuml;e?, &iquest;qu&eacute; canales de comunicaci&oacute;n y difusi&oacute;n    utilizan, y qu&eacute; funciones espec&iacute;ficas cumplen estos? Estas cuestiones,    a su vez, guardan una &iacute;ntima relaci&oacute;n con la del estatus social    comparativo de las lenguas en contacto, aspecto que vamos a considerar en el    punto siguiente. Asimismo, tendr&aacute;n una importancia tipol&oacute;gica    especial factores como: presencia vs. ausencia de parentesco entre las lenguas    en contacto y el grado del mismo cuando existe. </p>        <p>Es interesante, desde este punto de vista, que el primer contacto ling&uuml;&iacute;stico    y cultural del que se tiene memoria en la historia escrita de la humanidad se    dio precisamente entre dos etnias cuyas lenguas no ten&iacute;an ni parentesco    de origen, ni parecido estructural alguno; lo cual no impidi&oacute; que se    formara una comunidad caracterizada por un biling&uuml;ismo generalizado y omn&iacute;modo,    por lo menos entre los estratos cultos de la misma. Se trata, como ya se habr&aacute;    comprendido, de la fusi&oacute;n de los pueblos sumerio y acadio en el seno    de la sociedad de la antigua Babilonia. Tambi&eacute;n es digno de menci&oacute;n    el hecho de que, de manera general, las primeras traducciones de textos escritos,    pol&iacute;ticos, religiosos y literarios que conoce la historia, se produjeron    entre culturas que se expresaban en lenguas sin parentesco de origen ni similitud    estructural: la egipcia, la babilonia, la hitita, la hurrita, la persa y varias    otras que se hablaban en la cuenca del Mediterr&aacute;neo y el Asia Menor.    El c&oacute;mo se relacionaron en el curso de dichos contactos las lenguas dis&iacute;miles    es un tema aparte que tocaremos de pasada m&aacute;s abajo, pero que, forzoso    es decirlo, ha sido muy poco estudiado hasta el momento. </p>     <p>1.1.1. Observaci&oacute;n</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una probable analog&iacute;a hist&oacute;rica capaz de verter luz sobre esta    cuesti&oacute;n la hallamos en la llamada <i>&#8220;lengua de la ONU&#8221;</i>,    una especie de formaci&oacute;n supraling&uuml;&iacute;stica bastante artificial    que incluye todas las lenguas de trabajo de las Naciones Unidas y que no ha    ejercido, de momento, notable influencia en la morfolog&iacute;a las lenguas    en contacto, pero que viene ejerciendo un impacto cada vez mayor en el vocabulario    y en el uso l&eacute;xico de las mismas, hasta el extremo de que los documentos,    redactados en distintas lenguas, que circulan en el seno de la Organizaci&oacute;n,    no son sino, en su inmensa mayor&iacute;a, calcos literales uno del otro, en    lo que al uso l&eacute;xico concierne. Todo observador atento que ha conocido    de cerca dichos documentos se habr&aacute; fijado en que las formas de expresi&oacute;n    habituales que en ellos se encuentran no son propias de una lengua concreta,    sino de la arquet&iacute;pica lengua de la <i>ONU</i> ya mencionada (<i>lengua    conceptual, supralengua, metalengua</i>), y que violan las reglas de buen uso    y estilo del ingl&eacute;s, el espa&ntilde;ol, el ruso, etc., con respecto al    desenvolvimiento de estas lenguas en sus respectivas comunidades de origen.   </p>        <p><b>1.2. ESTATUS COMPARATIVO DE LAS LENGUAS EN CONTACTO. </b></p>      <p>Por regla general, las lenguas constituyen una jerarqu&iacute;a que puede tener    varias dimensiones, o sea, igualdad en unas esferas de comunicaci&oacute;n y    desigualdad en otras. As&iacute;, en todos los imperios del pasado la lengua    del pueblo conquistador se hall&oacute; en franca ventaja, al principio, en    relaci&oacute;n con la del pueblo vencido y subyugado y, por consiguiente, en    el curso de la traducci&oacute;n romp&iacute;a y reestructuraba a su imagen    y semejanza los modelos sint&aacute;cticos y el uso l&eacute;xico de las lenguas    subordinadas (puesto que la traducci&oacute;n que se hac&iacute;a de textos    pol&iacute;ticos y sagrados no pod&iacute;a dejar de ser perfectamente literal);    y s&oacute;lo m&aacute;s tarde comenzaba a ceder posiciones ante las lenguas    de las etnias dominadas portadoras de una cultura superior. Tal fue lo que ocurri&oacute;    en el Imperio Romano: al lat&iacute;n del pueblo vencedor le correspondi&oacute;    la posici&oacute;n superior extrema y la inferior extrema de la escala social    (la lengua del Senado y de la administraci&oacute;n p&uacute;blica por una parte,    y la de la plebe romana, por otra), dejando el espacio de en medio, o sea, la    funci&oacute;n de actuar como medio de comunicaci&oacute;n intelectual, y tambi&eacute;n    inter&eacute;tnica, a la lengua de la H&eacute;lade conquistada.</p>     <p>Una lengua de alto prestigio cultural pod&iacute;a incluso llegar a invadir    pac&iacute;ficamente el sistema semi&oacute;tico de otra sociedad. Obedec&iacute;a    a esta regla, por ejemplo, el uso del franc&eacute;s difundido entre la &eacute;lite    de la sociedad rusa del siglo XIX. Baste recordar el solo hecho, que no ha sido    lo suficientemente analizado, ni siquiera bien comprendido, de que la famos&iacute;sima    novela de Le&oacute;n Tolstoy &#8220;Guerra y Paz&#8221; est&eacute; escrita    en dos, o tal vez tres (la proporci&oacute;n est&aacute; todav&iacute;a por    calcularse) lenguas: la rusa normativa, la rusa afrancesada y la francesa. </p>     <p>Se&ntilde;alemos, a prop&oacute;sito, que la historia conoce casos extremos    en los que una sola lengua goz&oacute; de una superioridad absoluta frente a    todas las dem&aacute;s: los textos creados en ella eran traducidos a todas las    otras y toda la comunicaci&oacute;n inter&eacute;tnica se hac&iacute;a por medio    de ella. En la antig&uuml;edad eso aconteci&oacute;, por ejemplo, en el &aacute;rea    del Mediterr&aacute;neo Oriental durante siglos enteros, si bien las lenguas    dominantes fueron altern&aacute;ndose: en su d&iacute;a desempe&ntilde;aron    esta funci&oacute;n ora el acadio, ora el egipcio, ora el griego, ora el arameo.    En la Europa medieval esta posici&oacute;n le correspondi&oacute; al lat&iacute;n;    en el Oriente medieval, al &aacute;rabe; en los imperios coloniales, a las lenguas    de las metr&oacute;polis; en el sistema de relaciones internacionales de la    Europa del siglo XIX, al franc&eacute;s, y en la URSS, al ruso. </p>     <p><b>1.3. CORRELACI&Oacute;N EXISTENTE ENTRE LOS DISTINTOS ESTATUS DE LOS    TEXTOS TRADUCIDOS</b></p>     <p>Esta problem&aacute;tica se manifiesta en la selecci&oacute;n del modo de traducir    en un momento determinado. Seg&uacute;n ha demostrado el estudioso alem&aacute;n    K. Tieme, en el antiguo Oriente, a la hora de traducirse los mensajes regios,    as&iacute; como los textos sagrados, discursos ambos dimanantes de lo que se    consideraba como fuentes de todo poder, se utilizaba exclusivamente el m&eacute;todo    de traducci&oacute;n literal; y a la hora de traducirse los textos literarios,    as&iacute; como los mensajes emitidos por individuos concretos, incluso en el    dominio de la comunicaci&oacute;n oficial y de negocios, se hac&iacute;a uso    de la traducci&oacute;n libre (que era regida, naturalmente, por determinados    criterios de adecuaci&oacute;n). Algo parecido tambi&eacute;n hubo de observarse    en otras &eacute;pocas, incluido el siglo XX, con la diferencia de que los textos    religiosos fueron siendo sustituidos, en gran medida, por textos pensados como    veh&iacute;culos de difusi&oacute;n de doctrinas e ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas    que, a su vez, revisten un car&aacute;cter sagrado o cuasi sagrado para sus    adeptos. </p>     <p><b>1.4. TIPOLOG&Iacute;A DE LOS MODOS DE TRADUCIR. </b></p>     <p>Como una primera, y muy burda, aproximaci&oacute;n a este problema, se podr&iacute;a    afirmar que, a lo largo de todo el per&iacute;odo de existencia de la traducci&oacute;n,    se observan por lo menos tres tendencias constantes que determinan su realizaci&oacute;n    pr&aacute;ctica, a saber: <b>a</b>) la traducci&oacute;n &#8220;literal&#8221;    consistente en una reproducci&oacute;n minuciosa y escrupulosa, frase por frase,    palabra por palabra y, a veces, morfema por morfema, del texto original, muy    a menudo en detrimento del sentido total del texto y de las normas de uso de    la lengua de llegada; <b>b</b>) la traducci&oacute;n &#8220;libre&#8221;    que sacrifica determinado elemento constitutivo, o varios, del sentido o de    la forma del original en bien de una cierta actitud, consciente o inconsciente,    propia del traductor; y <b>c</b>) la traducci&oacute;n &#8220;equilibrada&#8221;    basada en la pretensi&oacute;n de preservar el sentido y tambi&eacute;n, hasta    cierto punto, la forma exterior del texto o mensaje original, respetando, al    mismo tiempo, las normas y los valores de la linguocultura propia. Como ejemplo    cl&aacute;sico de los casos del primer tipo mencionado son citados generalmente    las distintas traducciones de la Biblia (o de otros textos sagrados). Los casos    t&iacute;picos de aplicaci&oacute;n de la segunda tendencia podemos observarlos    en las versiones &#8220;libres&#8221; de obras po&eacute;ticas practicadas en    todas las &eacute;pocas. En gran medida las supuestas traducciones de este tipo    no son sino un g&eacute;nero especial de creaci&oacute;n propia cultivado por    aquellos literatos que buscan en &eacute;l una fuente m&aacute;s de inspiraci&oacute;n    po&eacute;tica, y a veces constituyen tambi&eacute;n, para ciertos autores,    una manera de expresar en forma velada ideas propias sin exponerse al riesgo    de ser perseguidos. Y, como el ejemplo m&aacute;s patente de la tercera tendencia    se podr&iacute;a se&ntilde;alar la traducci&oacute;n de las obras literarias    que se hace en la Edad Moderna y que debe su primera aplicaci&oacute;n conciente    y consecuente con los traductores ingleses del siglo XVII, con el c&eacute;lebre    poeta John Dryden a la cabeza (fue &eacute;l, a prop&oacute;sito, uno de los    primeros te&oacute;ricos de la traducci&oacute;n y el primero, en formular,    en terminolog&iacute;a de su cu&ntilde;o, la tr&iacute;ada arriba citada.) </p>     <p>Pero ahora, al observar esta aproximaci&oacute;n a la problem&aacute;tica de    la tipolog&iacute;a, con toda su aparente, y enga&ntilde;osa, simplicidad y    la amplia difusi&oacute;n que tiene entre los estudiosos, podemos resaltar,    con raz&oacute;n, que resulta demasiado simplista. La realidad, como veremos    m&aacute;s adelante, nos revela una diversidad mucho mayor de motivaciones de    partida y de procedimientos y soluciones concretas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y es que, aun en la antig&uuml;edad m&aacute;s remota, ya se observan numerosos    hechos que imponen una visi&oacute;n m&aacute;s compleja que el esquema citado.    As&iacute;, por ejemplo, podr&iacute;amos recordar que los primeros traductores    literarios de la Roma antigua, que ejerc&iacute;an de &#8220;agentes de influencia&#8221;    de la cultura cl&aacute;sica hel&eacute;nica entre los romanos, actuaron de    mil maneras diferentes, profesando cada uno de ellos, consciente o inconscientemente,    una concepci&oacute;n etnocultural y est&eacute;tica propia y original y movilizando,    de forma coherente y met&oacute;dica, los medios necesarios para materializarla.    A nuestro modo de ver, merece ser calificado de &#8220;adaptaci&oacute;n pragm&aacute;tica    m&aacute;xima&#8221; el m&eacute;todo utilizado por Livio Andr&oacute;nico,    quien persever&oacute; en expresar un contenido novel para los romanos (la epopeya    hist&oacute;rica), ocult&aacute;ndolo bajo una envoltura verbal que les era    bien conocida: el verso saturnino de las farsas populares, con alusiones a la    mitolog&iacute;a tradicional y a la realidad cotidiana del Lacio. Se&ntilde;alemos    que entre las iniciativas de este traductor que fueron coronadas con &eacute;xito    figuran, adem&aacute;s de la consistente en recrear el teatro griego en suelo    latino, la pr&aacute;cticamente total identificaci&oacute;n hecha por &eacute;l    de los panteones divinos ol&iacute;mpico y romano, osad&iacute;a esta que luego    pas&oacute; a ser una tradici&oacute;n consagrada y arraigada. Tampoco se puede    pasar por alto el m&eacute;todo de &#8220;contaminaci&oacute;n&#8221; de Cneo    Nevio, que consist&iacute;a en hacer de los textos traducidos el objeto de un    juego libre de su imaginaci&oacute;n (enfoque este que se anticip&oacute; hace    m&aacute;s de dos milenios a ciertas corrientes posmodernistas de la literatura    europea del siglo XX). O el m&eacute;todo que podr&iacute;amos denominar de    &#8220;diversi&oacute;n ante todo&#8221; aplicado por Plauto, quien fue creando    sus traducciones no para los romanos en general, sino pensando espec&iacute;ficamente    en los gustos de la baja plebe de la Ciudad Eterna. Merece menci&oacute;n, asimismo,    la tenaz b&uacute;squeda de un m&eacute;todo de &#8220;traducci&oacute;n adecuada&#8221;    (si es l&iacute;cito emplear otra vez la terminolog&iacute;a de nuestros tiempos)    en que se vieron enfrascados Enio, Cecilio y Terencio, conciente cada uno de    ellos de la necesidad de sacrificar algo secundario a fin de preservar aquello    que &eacute;l mismo consideraba como lo fundamental, y haci&eacute;ndolo cada    uno a su manera. Por fin, cabe destacar que incluso en aquellos tiempos iban    gest&aacute;ndose concepciones integrales originales que pretend&iacute;an sintetizar    la experiencia acumulada. Nos referimos, en particular, a la idea de la traducci&oacute;n    como &#8220;emulaci&oacute;n con el autor&#8221;, concebida por el maestro de    oratoria Quitiliano, salido de la escuela de Cicer&oacute;n, o bien la idea    de la lengua extranjera como fuente de formas novedosas de pensar y expresarse,    desarrollada por Plinio el Menor, otro continuador de la obra de Marco Tulio.</p>     <p>A la par con este tipo de traducci&oacute;n que representaba un juego libre    con el texto original, juego este movido por motivaciones est&eacute;ticas y    creativas (o recreativas), se deber&iacute;a mencionar otro, que m&aacute;s    bien merece el nombre de &#8220;traducci&oacute;n partidista&#8221;, donde los    ajustes del original, que pueden ser no menos arbitrarios, obedecen a consideraciones    ideol&oacute;gicas (pol&iacute;ticas, filos&oacute;ficas, religiosas) y constituyen,    de hecho, una h&aacute;bil manipulaci&oacute;n que emprende el traductor para    consignar y propagar, so capa de hacer una nueva versi&oacute;n de un texto    de alto estatus, su propia visi&oacute;n de las cosas o manera de pensar que    &eacute;l, por una u otra raz&oacute;n, no considera oportuno proclamar abiertamente    en el momento dado. </p>     <p>Un ejemplo cl&aacute;sico de semejante enfoque es, sin duda, la traducci&oacute;n    de la Biblia hecha por Lutero; muy especialmente la de la Ep&iacute;stola de    San Pablo a los Romanos. La sutil manipulaci&oacute;n del texto que hace el    te&oacute;logo alem&aacute;n (a&ntilde;adiendo tan s&oacute;lo la palabrita    <i>allein</i>, con el significado de <i>solamente</i>, al vers&iacute;culo    28 del mensaje apost&oacute;lico) le permite despu&eacute;s asentar uno de los    postulados claves de su doctrina protestante en una supuesta cita de las Sagradas    Escrituras. </p>        <p>Notemos a prop&oacute;sito que, por regla general, al hablar de &#8220;ajustes&#8221;,    y hasta de &#8220;manipulaci&oacute;n&#8221; de los textos originales, nos abstenemos    intencionadamente de pronunciar la palabra &#8220;falsificaci&oacute;n&#8221;,    aunque a veces los esfuerzos de la &iacute;ndole mencionada emprendidos por    el traductor merecen, al parecer, semejante calificaci&oacute;n. En nuestra    opini&oacute;n, el fen&oacute;meno en cuesti&oacute;n pertenece en esencia a    otro g&eacute;nero de cosas: toda falsificaci&oacute;n constituye, por definici&oacute;n,    una tergiversaci&oacute;n intencionada de hechos, o del mensaje en lo que a    los textos ata&ntilde;e, mientras que al hacerse una traducci&oacute;n partidista    el ajuste obedece muy a menudo a la convicci&oacute;n sincera que alberga el    traductor, la de estar actuando con plena justificaci&oacute;n, ateni&eacute;ndose    tan s&oacute;lo a su conocimiento de la naturaleza real de las cosas filos&oacute;ficas    o pol&iacute;ticas, y que sus esfuerzos no sirven sino para aclarar el mensaje    aut&eacute;ntico, si bien oculto, del texto traducido. </p>    1.5. CORRELACI&Oacute;N ENTRE TRADUCCI&Oacute;N EXPL&Iacute;CITA E IMPL&Iacute;CITA.      <p>El te&oacute;rico espa&ntilde;ol Valent&iacute;n Garc&iacute;a Yebra ha sido    el primero, que sepamos, en formular los conceptos correlacionados de &#8220;traducci&oacute;n    expl&iacute;cita&#8221; vs. &#8220;impl&iacute;cita&#8221;, que necesitan de    cierta clarificaci&oacute;n. Se entiende por &#8220;expl&iacute;cita&#8221;    aquella que normalmente lleva el nombre de &#8220;traducci&oacute;n&#8221; sin    adjetivos, o sea: acci&oacute;n y efecto de producirse un texto concreto a partir    de otro texto concreto. En otras palabras, una traducci&oacute;n expl&iacute;cita    o es un producto hecho, o el proceso de elaboraci&oacute;n del mismo, ambos    abiertos a la observaci&oacute;n. La traducci&oacute;n &#8220;impl&iacute;cita&#8221;    es un proceso oculto que transcurre en la conciencia de un individuo o un n&uacute;mero    de individuos que est&aacute;n escuchando o leyendo un texto creado en una lengua    que no tienen por materna, pero que entienden. Como este proceso no est&aacute;    expuesto a una observaci&oacute;n directa, s&oacute;lo podemos emitir juicios    acerca de &eacute;l observando sus consecuencias, las cuales tienen la forma    de actos de conducta verbal u otra de los sujetos y que var&iacute;an desde    unos hechos aislados de interferencia ling&uuml;&iacute;stica hasta la interiorizaci&oacute;n    de ideas e incluso de sistemas semi&oacute;ticos completos. En t&eacute;rminos    m&aacute;s generales podemos decir que la traducci&oacute;n impl&iacute;cita    reestructura, paulatina e imperceptiblemente, la conciencia ling&uuml;&iacute;stica    y cultural tanto de una sola persona, como de una colectividad humana. Claro    est&aacute; que un concepto as&iacute; no deja de ser demasiado amplio: los    problemas de influencia mutua de lenguas y culturas son objeto de estudio de    todo un conjunto de ciencias humanas. Y si queremos llenar de contenido concreto    el concepto de &#8220;traducci&oacute;n impl&iacute;cita&#8221;, debemos limitar    su campo de manifestaci&oacute;n a lo que llamar&iacute;amos &#8220;linguocultura&#8221;.    Este t&eacute;rmino, de paso sea dicho, ya ha aparecido de forma espor&aacute;dica    en la literatura traductol&oacute;gica, pero carece todav&iacute;a de definici&oacute;n    exacta y com&uacute;nmente aceptada. En nuestros trabajos hemos entendido por    &#8220;linguocultura&#8221; todo el conjunto de representaciones culturales    de una etnia determinada que tiene proyecci&oacute;n sist&eacute;mica (y no    como hechos aislados) sobre el lenguaje. </p>        <p>Al parecer, la manifestaci&oacute;n m&aacute;s t&iacute;pica de la traducci&oacute;n    impl&iacute;cita que conoce la historia es la migraci&oacute;n en el tiempo    y en el espacio de las componentes fundamentales de la literatura mundial: argumentos,    g&eacute;neros, metros y estrofas po&eacute;ticas, y hasta sistemas enteros    de valores est&eacute;ticos. Baste poner como ejemplo el <i>pathos</i> de    la tragedia griega transplantado al suelo romano por Livio Andr&oacute;nico    y sus seguidores; la est&eacute;tica del amor sensual y del culto a la mujer    propagada por los poetas &aacute;rabes e hispano&aacute;rabes, que fueron imitados    por los trovadores gallegos, catalanes y provenzales en un ambiente de severa    austeridad y de rudeza de costumbres propio de la Europa medieval; el complejo    y cifrado simbolismo de la poes&iacute;a &aacute;rabe, reproducido en el siglo    XVII por Luis de G&oacute;ngora y su escuela culteranista; el clasicismo franc&eacute;s    y el romanticismo alem&aacute;n asimilados en seguida y cultivados por todas    las literaturas de Europa; y un sinf&iacute;n de hechos similares ocurridos    a lo largo de la historia universal. </p>        <p>Revisten inter&eacute;s particular dentro de este g&eacute;nero de sucesos    los casos, que tambi&eacute;n los ha habido, de &#8220;explicitaci&oacute;n    de la traducci&oacute;n impl&iacute;cita&#8221; o sea, dicho en buen cristiano,    los de tomarse prestado determinado subsistema linguocultural. En tales casos,    la asimilaci&oacute;n de un paradigma semi&oacute;tico no ocurre, como de costumbre,    de una forma latente, como un efecto derivado del goce est&eacute;tico frente    a los textos literarios, sino como un acto conciente e intencionado, proclamado    y argumentado de entrada y para el que las creaciones art&iacute;sticas no valen    sino para ilustrar los supuestos. El ejemplo m&aacute;s espectacular, quiz&aacute;s,    de esta &iacute;ndole es el traslado al suelo ruso del sistema eurooccidental    de versificaci&oacute;n silabo-t&oacute;nica, trasplante este realizado por    Vasilio Trediakovski y Mija&iacute;l Lomon&oacute;sov, en el siglo XVIII, de    una forma met&oacute;dica y con una argumentaci&oacute;n coherente de los objetivos    planteados y procedimientos aplicados, y en un espacio de tiempo muy corto,    podr&iacute;ase decir, en un momento. </p>        <p>2.</p>      <p>Otro conjunto de problemas tiene que ver con las tendencias fundamentales de    funcionamiento de la traducci&oacute;n como parte de un proceso universal de    contactos transculturales. Los temas generales de la investigaci&oacute;n que    se ir&aacute; desarrollando en los pr&oacute;ximos decenios ser&aacute;n, seg&uacute;n    parece, los siguientes: </p>        <p><b>2.1. LA TRADUCCI&Oacute;N EN CUANTO FACTOR LINGUOGEN&Eacute;TICO.</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La esencia del problema quedar&aacute; bien clara, si pasamos de los postulados    generales del tenor de &#8220;la traducci&oacute;n ejerce cierta influencia    en la lengua meta&#8221; (postulados estos que ya nadie pone en tela de juicio),    a afirmaciones que sean m&aacute;s interesantes y sugestivas, aunque requieran    una argumentaci&oacute;n m&aacute;s minuciosa, a saber: que &#8220;en algunos    casos la traducci&oacute;n constituye el factor clave de formaci&oacute;n de    una lengua nacional y/o literaria, con todos los elementos que ello exija&#8221;.    Pertenecen al n&uacute;mero de tales casos extremos, que no por ello dejan de    ser cl&aacute;sicos, acontecimientos tales, como, por ejemplo, la creaci&oacute;n    (subrayemos eso de &#8220;creaci&oacute;n&#8221;) del idioma eslavo antiguo    por la escuela de los santos Cirilo y Metodio, dos evangelizadores que utilizaron    un conglomerado de elementos ling&uuml;&iacute;sticos eslavos como materia prima    para moldear la primera lengua eslava literaria a imagen y semejanza del griego    bizantino, a saber, imitando los modelos griegos de formaci&oacute;n de palabras    y frases, de construcci&oacute;n sint&aacute;ctica y, aun m&aacute;s importante,    creando un sistema l&eacute;xico que encarnara el estado contempor&aacute;neo    de la cultura material y espiritual de Bizancio, as&iacute; como de las civilizaciones    que la antecedieron: la hebrea, la helen&iacute;stica y la romana. </p>     <p>Otro acontecimiento del mismo orden, comparable con el primero por su proyecci&oacute;n    hist&oacute;rico-cultural, fue la creaci&oacute;n de la lengua literaria alemana    por Mart&iacute;n Lutero, obra esta realizada tambi&eacute;n a partir de un    acervo idiom&aacute;tico voluminoso y heterog&eacute;neo que pon&iacute;a a    la disposici&oacute;n del fil&oacute;sofo la situaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica    alemana de aquel momento. Acord&eacute;monos que aquella situaci&oacute;n era    la de una coexistencia ca&oacute;tica e interacci&oacute;n poco estructurada    de gran n&uacute;mero de dialectos germ&aacute;nicos, ninguno de los cuales    hab&iacute;a pasado todav&iacute;a por el crisol de una literatura nacional,    ni hab&iacute;a sido lengua oficial de un reino, ni estaba adaptado para poder    expresar las realidades b&iacute;blicas ni la cultura espiritual del cristianismo.  </p>      <p><b>2.2. LA TRADUCCI&Oacute;N COMO FACTOR DE G&Eacute;NESIS CULTURAL.</b></p>      <p>Como caso paradigm&aacute;tico de influencia determinante de la traducci&oacute;n    en la formaci&oacute;n de una cultura, tomada en sus aspectos ling&uuml;&iacute;sticos,    podr&iacute;amos citar, ante todo, la ya mencionada creaci&oacute;n de la literatura    romana cl&aacute;sica que consisti&oacute;, de hecho, en la reproducci&oacute;n    de los modelos literarios griegos en formas idiom&aacute;ticas latinas, con    cierto apoyo, que los traductores buscaron y encontraron, en fen&oacute;menos    culturales aut&oacute;ctonos. Otro acontecimiento, no menos espectacular, de    la misma &iacute;ndole fue la obra emprendida por los creadores de la Septuaginta,    la primera versi&oacute;n griega del Tanakh (o de la Biblia hebraica), quienes    lograron introducir en la civilizaci&oacute;n helen&iacute;stica heredada por    los romanos pr&aacute;cticamente todo el conjunto de representaciones espirituales    de la civilizaci&oacute;n judaica, incluida su cosmovisi&oacute;n, su &eacute;tica    individualista y su po&eacute;tica ex&oacute;tica y b&aacute;rbara, que quiz&aacute;s,    en un principio, le pareci&oacute; poco amena y asequible al heleno cultivado.    La convergencia de estas dos corrientes culturales &#8211;la helen&iacute;stica    y la judaica&#8211; dio a luz, como bien se sabe, la cultura espiritual del    tard&iacute;o Imperio Romano, la cual, a su vez, sirvi&oacute; de base para    la civilizaci&oacute;n europea posterior tal y como se desarroll&oacute; a lo    largo de los siglos y lleg&oacute; hasta nosotros. </p>        <p>Entre otros ejemplos, menos espectaculares, pero no por ello menos t&iacute;picos,    de traslado de un paradigma semi&oacute;tico a otra cultura, se podr&iacute;a    se&ntilde;alar el ya mencionado caso de adopci&oacute;n de sistemas po&eacute;ticos,    ya sea en el aspecto de los modelos de versificaci&oacute;n, o de la visi&oacute;n    po&eacute;tica del mundo, o de ambos. El primer caso puede ilustrarse cit&aacute;ndose    el ejemplo de la adopci&oacute;n hecha por la poes&iacute;a europea del sistema    griego de metros y estrofas, con la necesaria adaptaci&oacute;n f&oacute;nica    (las vocales t&oacute;nicas y &aacute;tonas de las lenguas europeas modernas    ocupan el lugar de las largas y cortas griegas respectivamente). A esto se deber&iacute;a    a&ntilde;adir la historia de la traslaci&oacute;n de la rima, nacida inicialmente    en el seno de la poes&iacute;a &aacute;rabe y adoptada primero por las poes&iacute;as    moz&aacute;rabe e hispano-jud&iacute;a y, luego, por la galaico-portuguesa y    la provenzal, para despu&eacute;s cundir por todas las literaturas de Europa.  </p>      <p>Como un ejemplo convincente de trasplante de conjunto podr&iacute;amos se&ntilde;alar    la adopci&oacute;n de la est&eacute;tica neocl&aacute;sica europea por la literatura    rusa del siglo XVIII, realizada tanto en los aspectos formales del texto (la    estructura estr&oacute;fica, la composici&oacute;n y otros modelos de organizaci&oacute;n    lineal del texto), como en los aspectos ideol&oacute;gicos del mismo (la racionalidad,    la claridad, el tono solemne y did&aacute;ctico, la exaltaci&oacute;n de los    valores c&iacute;vicos al estilo romano, etc.) Y si se trata de la reproducci&oacute;n    tan s&oacute;lo de la vertiente ideol&oacute;gica de cierto sistema po&eacute;tico,    podr&iacute;amos encontrar un ejemplo ilustrativo de ello en la difusi&oacute;n    de las corrientes literarias que siempre nacieron en el seno de una tradici&oacute;n    o escuela nacional para luego penetrar y echar ra&iacute;ces en las literaturas    de otras naciones. La problem&aacute;tica de los hechos aqu&iacute; mencionados    es muy amplia; hasta ahora se han considerado como siendo de la incumbencia    exclusiva de la historia literaria; pero hay un gran campo potencial de acci&oacute;n    para los traduct&oacute;logos, visto que cuestiones como, por ejemplo, la de    la correlaci&oacute;n existente entre la traducci&oacute;n expl&iacute;cita    y la impl&iacute;cita en estos procesos no ha sido abordada hasta el momento    sino, tal vez, de una forma espor&aacute;dica y poco ordenada. </p>        <p><b>2.3. EVOLUCI&Oacute;N DE LOS PRINCIPIOS Y M&Eacute;TODOS DE LA TRADUCCI&Oacute;N    EN EL DEVENIR DE LAS LINGUOCULTURAS.</b></p>        <p>En esta &aacute;rea tambi&eacute;n ya ser&iacute;a hora, seg&uacute;n parece,    de pasar de formular generalidades que nadie cuestiona (como, por ejemplo, que    la traducci&oacute;n, siendo uno de los procesos a los que se ven sometidos    los sistemas semi&oacute;ticos existentes, evoluciona al igual que todos ellos)    a la formulaci&oacute;n de juicios m&aacute;s concretos, que habr&iacute;an    de sintetizar las observaciones ya acumuladas y cuyo cometido ser&iacute;a el    de definir las regularidades espec&iacute;ficas de esta evoluci&oacute;n. En    particular, las observaciones que hemos hecho permiten deducir que existen determinadas    tendencias generales a las cuales obedece la evoluci&oacute;n de los principios    de la traducci&oacute;n (no se trata de principios te&oacute;ricos, que son    un fen&oacute;meno muy tard&iacute;o en la historia de nuestro objeto de estudio,    sino m&aacute;s bien de las nociones intuitivas de c&oacute;mo &#8220;debe ser&#8221;    el texto traducido.) Estas tendencias se revelan una y otra vez en el curso    del devenir o funcionamiento de distintas linguoculturas. As&iacute;, por ejemplo,    en la traducci&oacute;n &#8220;literaria&#8221;, o &#8220;art&iacute;stica&#8221;,    la evoluci&oacute;n ha tomado en muchos casos la forma de una transici&oacute;n    paulatina desde la adaptaci&oacute;n pragm&aacute;tica extrema (orientaci&oacute;n    m&aacute;xima hacia el &#8220;destinatario&#8221; y su capacidad perceptiva)    hacia la toma en cuenta cada vez m&aacute;s persistente de la personalidad del    autor y/o de la tradici&oacute;n cultural que &eacute;l representa (orientaci&oacute;n    hacia el &#8220;remitente&#8221;). </p>        <p>La ya mencionada traducci&oacute;n literaria romana, por ejemplo, comenzaba    con la obra interpretativa de Livio Andr&oacute;nico, Nevio y Plauto (al parecer    libre, pero de hecho esclava de su p&uacute;blico al estar obsesionada con tratar    de conquistar y retener la atenci&oacute;n de determinados estratos de la poblaci&oacute;n    romana) y terminaba con la obra pr&aacute;ctica y te&oacute;rica de San Jer&oacute;nimo,    que centr&oacute; sus esfuerzos de traductor en atender con sumo cuidado el    texto de partida, atenci&oacute;n esta que tom&oacute; formas diferentes, desde    la minuciosa cr&iacute;tica filol&oacute;gica del texto hasta la incansable    b&uacute;squeda del sentido originario y oculto del mismo, aquello que el propio    creador de la &#8220;Vulgata&#8221; llamaba iudaica veritas. </p>     <p>Observamos fen&oacute;menos parecidos en la historia literaria de otros pueblos.    El devenir casi milenario de las escuelas interpretativas espa&ntilde;ola y    rusa, entre otras, comenzaba en su d&iacute;a con manifestaciones de extrema    &#8220;libertad&#8221;, y no s&oacute;lo en el dominio de la ficci&oacute;n,    donde tiene cierta justificaci&oacute;n incluso desde el punto de vista moderno,    sino tambi&eacute;n en el de la literatura hist&oacute;rica donde, al parecer,    la extrema precisi&oacute;n siempre ha sido un imperativo. V. Garc&iacute;a    Yebra ha demostrado en sus estudios con qu&eacute; gran n&uacute;mero de adiciones    y distorsiones de contenido (que hoy calificar&iacute;amos de &#8220;falsificaci&oacute;n    del texto&#8221;) y de adornos verbales se traduc&iacute;an las fuentes romanas    incorporadas en la &#8220;Cr&oacute;nica General de Espa&ntilde;a&#8221;, la    grandiosa compilaci&oacute;n hist&oacute;rica creada en Castilla en el siglo    XIII bajo la vigilancia y con participaci&oacute;n directa del rey Alfonso X    el Sabio. Una explicaci&oacute;n plausible de este hecho, al parecer, s&oacute;lo    puede ser esta: se iban adaptando los textos traducidos a la mentalidad del    espa&ntilde;ol medieval culto, tanto en su aspecto &eacute;tico, imbuido de    la moral caballeresca, como en el aspecto est&eacute;tico, conformado bajo una    gran influencia de los patrones est&eacute;ticos &aacute;rabes que impregnaban    todos los g&eacute;neros literarios cultivados en la Espa&ntilde;a de entonces,    desde la poes&iacute;a hasta la biograf&iacute;a y los tratados filos&oacute;ficos    e hist&oacute;ricos. Un fen&oacute;meno parecido fue observado por el fil&oacute;logo    ruso Nikita Mescherski en su an&aacute;lisis de la traducci&oacute;n, hecha    en la Rusia k&iuml;eviana del siglo X, de la &#8220;Guerra de los Jud&iacute;os&#8221;    de Josefo Flavio, con tan s&oacute;lo la diferencia de que el papel que desempe&ntilde;&oacute;    la tradici&oacute;n hispano-&aacute;rabe en Espa&ntilde;a, en Rusia estaba desempe&ntilde;ado    por la tradici&oacute;n bizantina, completada en parte por la tradici&oacute;n    hebrea heredada del antiguo Kanato Khazar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El ejemplo quiz&aacute; m&aacute;s patente de semejante evoluci&oacute;n de    los principios de traducci&oacute;n &#8211;del &eacute;nfasis en el Destinatario    hacia el &eacute;nfasis en el Remitente&#8211; nos lo proporciona la obra interpretativa    del gran poeta y traductor ruso Vasilio Zhukovski, quien hizo esta evoluci&oacute;n    por s&iacute; solo en menos de tres decenios. El proceso en cuesti&oacute;n,    en nuestra opini&oacute;n, queda enmarcado entre dos fechas: el a&ntilde;o 1808,    cuando el poeta public&oacute; &#8220;Liudmila&#8221;, la traducci&oacute;n    hecha por &eacute;l de la balada &#8220;Lenora&#8221; del rom&aacute;ntico alem&aacute;n    G. Burger, y el a&ntilde;o 1831, cuando public&oacute; su nueva traducci&oacute;n    de la misma balada, esta vez bajo el t&iacute;tulo de &#8220;Lenora&#8221;.    La primera versi&oacute;n estaba hecha al estilo de una canci&oacute;n popular    rusa, sirvi&eacute;ndole de metro el coreo de cuatro pies propio de una danza    campesina, y estaba salpicada de pormenores de la antig&uuml;edad eslava; incluso    el nombre de la hero&iacute;na era t&iacute;picamente ruso. La segunda versi&oacute;n    ostentaba la cadencia mesurada de un yambo de cuatro pies y numerosos elementos    l&eacute;xicos que no dejaban lugar a dudas en cuanto al origen alem&aacute;n    del original. La evoluci&oacute;n de que se trata en este caso concreto es perfectamente    explicable: habiendo comenzado con un m&aacute;ximo de adaptaci&oacute;n, Zhukovski    hab&iacute;a logrado lo fundamental, que consist&iacute;a en trasplantar al    suelo ruso el esp&iacute;ritu y la visi&oacute;n figurativa del romanticismo    europeo. Y arraigados estos en la conciencia del lector ruso, pudo permitirse    el lujo de plantearse otra tarea: la de conducir al lector al terreno ajeno,    el de la realidad hist&oacute;rica y cultural europea y, adem&aacute;s, el de    la personalidad y del estilo art&iacute;stico del autor concreto. </p>     <p>Y en cuanto a la dimensi&oacute;n estrictamente ling&uuml;&iacute;stica de    la actividad traductora, observamos en ella en muchos casos una tendencia m&aacute;s    bien inversa: en un primer per&iacute;odo de su devenir toda linguocultura asimila    los textos de otra, m&aacute;s avanzada, movi&eacute;ndose por la v&iacute;a    de menor resistencia, la de una traducci&oacute;n rastrera, de calco, palabra    por palabra y, a veces, morfema por morfema, que copia como un espejo (por curvo    que sea) el sistema l&eacute;xico y sint&aacute;ctico de otra lengua. A menudo    se ve obligada a ello por factores extraling&uuml;&iacute;sticos, m&aacute;s    concretamente: por el dominio pol&iacute;tico y militar de otra etnia. Era esto    lo que ocurr&iacute;a en el Mundo Antiguo: todos los documentos de car&aacute;cter    pol&iacute;tico y religioso que emit&iacute;a el poder imperial de turno &#8211;el    egipcio, el babilonio, el hitita, el asirio, etc.&#8211; eran calcados en las    lenguas de los pueblos dominados, arrasando con cualquier tipo de sutileza idiom&aacute;tica    que pudiera constituir la idiosincrasia de cada lengua particular. Pero tambi&eacute;n    ocurre muy a menudo que la linguocultura receptora simplemente no tiene otra    salida sino recurrir al mismo procedimiento, cuando tiene forzosamente que interiorizar    y hacer suyo todo el acervo de conceptos, representaciones y categor&iacute;as    que antes no han existido para ella. As&iacute;, tuvieron que remoldearse en    el medioevo todas las (otrora b&aacute;rbaras) nuevas lenguas europeas para    poder canalizar hacia la conciencia de sus hablantes las sofisticadas categor&iacute;as    espirituales y las distantes y ex&oacute;ticas realidades materiales que abundan    en los libros de la Biblia. Destaquemos que en estos y otros casos el calcado    era facilitado, por una parte, por la falta de una resistencia seria de la linguocultura    receptora, que todav&iacute;a no estaba lo suficientemente normalizada ni ten&iacute;a    detr&aacute;s suyo una fuerte tradici&oacute;n literaria, y por otra, debido    al alt&iacute;simo prestigio que pose&iacute;a el texto de partida y, por &uacute;ltimo,    porque ya hab&iacute;an tenido lugar ciertos procesos anteriores, complicados    y ocultos, de traducci&oacute;n impl&iacute;cita. En efecto, puesto que una    parte considerable de la comunidad receptora de los mencionados textos o, por    lo menos, de los estratos superiores y m&aacute;s influyentes de la misma, ya    estaban familiarizados con el sistema idiom&aacute;tico e ideol&oacute;gico    subyacente de los textos traducidos, sol&iacute;a aceptar sin protestar las    numerosas ocurrencias de aquello que hoy hubi&eacute;ramos llamado &#8220;interferencia    ling&uuml;&iacute;stica&#8221; (en un lenguaje m&aacute;s corriente se llaman    &#8220;barbarismos&#8221;; pero hubiera parecido sacr&iacute;lego llamar as&iacute;    los hebra&iacute;smos, o los helenismos, o los latinismos de que pod&iacute;an    estar llenas las traducciones b&iacute;blicas). Con todo, con el correr del    tiempo comenzaba a verificarse que la lengua receptora, moldeada a imagen y    semejanza ajenas, ya ten&iacute;a una vida propia, muy distinta de la de la    lengua de origen, evolucionaba con arreglo a leyes propias y ten&iacute;a un    sentido de norma reci&eacute;n adquirido que contradec&iacute;a los modelos    antes interiorizados y exig&iacute;a modernizar el lenguaje de las antiguas    traducciones. Y ah&iacute; es que se revela inesperadamente que volver a traducir    equivale, de hecho, a volver a comprender. (Por algo es tan ambigua, cabe recordarlo,    la palabra interpretar). Situaci&oacute;n esta pre&ntilde;ada de malentendidos    y colisiones, &iexcl;que tantos hubo en la historia de la humanidad! En Rusia    el primer conflicto de esta &iacute;ndole tuvo lugar en el siglo XVI, y se produjo    en torno de la actividad traductora de M&aacute;ximo el Griego, el monje bizantino    invitado expresamente por el Gran Pr&iacute;ncipe Vasilio III para normalizar    y renovar las traducciones de las Sagradas Escrituras. En este caso fueron partes    en conflicto dos lenguas afines, pero no por ello menos encontradas: el eslavo    antiguo, idioma eclesi&aacute;stico y literario tradicional de Rusia, creado    en su d&iacute;a por los Santos Cirilo y Metodio, y el ruso moderno, idioma    en formaci&oacute;n natural y espont&aacute;nea. Aquella confrontaci&oacute;n    culmin&oacute;, como bien se sabe, con un juicio eclesi&aacute;stico y una sentencia    condenatoria pasada al gran sabio, absuelto veintis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s,    aun en su vida, y canonizado posteriormente por la Iglesia Ortodoxa Rusa. Pero    tambi&eacute;n hubo otros conflictos que hallaron reflejo en la historiograf&iacute;a    rusa y europea, algunos de ellos culminados con la hoguera, otros resueltos    de una forma pac&iacute;fica, reflejando todos ellos tanto la constante renovaci&oacute;n    de las normas ling&uuml;&iacute;sticas y est&eacute;tico-literarias de las culturas    nacionales en formaci&oacute;n, como las formas cada vez nuevas de interpretar    (l&eacute;ase comprender) textos, los sagrados incluidos, lo que, forzoso es    decirlo, constituye un proceso infinito de reinterpretaci&oacute;n de los hechos    conocidos, proceso este tan propio de la conciencia humana. Una historia de    esa reinterpretaci&oacute;n, que se leer&iacute;a como una novela de aventuras    llena de enredos y misterios, est&aacute; todav&iacute;a por ser escrita. </p>        <p><b><font size="3">3. LA TRADUCCI&Oacute;N Y LA NATURALEZA DEL LENGUAJE.</font></b></p>      <p>La observaci&oacute;n del fen&oacute;meno de la traducci&oacute;n en sus infinitas    vicisitudes nos mueve a preguntar si las numerosas y variadas interpretaciones    de un mismo mensaje que se han hecho a lo largo de los siglos (y a veces, en    una misma &eacute;poca) tienen por fundamento tan s&oacute;lo el factor subjetivo    &#8211;la manera personal y creativa y, a veces, ideol&oacute;gicamente predeterminada    de percibir un texto, o a su autor y sus intenciones- o si existe alguna raz&oacute;n    m&aacute;s honda y m&aacute;s objetiva que genera y aun hace inevitable la multiplicidad    de interpretaciones. Una vez formulada as&iacute; la pregunta, nos acordamos    en seguida de que s&iacute; se enunciaron en el siglo XX, en el seno de disciplinas    filos&oacute;ficas diversas, sobre todo de la l&oacute;gica y de la filosof&iacute;a    del lenguaje, juicios y concepciones que postulaban y argumentaban, desde perspectivas    distintas, la llamada &#8220;indeterminaci&oacute;n del lenguaje&#8221;. Para    no adentrarse demasiado en esta materia que se ha constituido, debido a su enorme    complejidad, en una ciencia aparte, bastar&iacute;a con remitir al lector a    la concepci&oacute;n de &#8220;indeterminaci&oacute;n de la traducci&oacute;n&#8221;,    expuesta por el c&eacute;lebre fil&oacute;sofo Willard V. O. Quine en uno de    sus libros m&aacute;s famosos y m&aacute;s debatidos: <i>Word and Object. </i></p>        <p>La tesis fundamental de Quine, expresada en su forma m&aacute;s general, estriba    en que cualquier traducci&oacute;n es indeterminada en principio, debido a la    multiplicidad de percepciones del universo sem&aacute;ntico en que est&aacute;    inserto el ser humano, lo cual hace imposible, entre otras cosas, una sinonimia    completa entre los hechos del lenguaje. Ello hace que no se pueda justificar    irrefutablemente la preferencia que queramos dar a tal o cual traducci&oacute;n    (que el fil&oacute;sofo entiende en sentido lato, como cualquier comunicaci&oacute;n    del significado de un enunciado mediante otro enunciado, aunque sea formulado    en el mismo idioma) frente a otra. En lo tocante a la transferencia del sentido    de un idioma a otro, es formulada la siguiente tesis: &#8220;Los manuales de    traducci&oacute;n de un idioma a otro pueden ser redactados de distinta manera;    todos ellos pueden ser compatibles con todo el conjunto de predisposiciones    verbales, pero no compatibles uno con otro, por lo tanto no tiene sentido preguntar    cu&aacute;l de los manuales es cierto&#8221;. </p>     <p>Para el fil&oacute;sofo norteamericano, sus razonamientos sobre la traducci&oacute;n    tienen un car&aacute;cter secundario, un caso particular supeditado a lo que    es fundamental: la tesis de relatividad de cualesquiera teor&iacute;as que versan    sobre el estado objetivo de los fen&oacute;menos emp&iacute;ricos y de sus relaciones    entre s&iacute; y, por lo tanto, del conocimiento humano en general. N&oacute;tese,    entre par&eacute;ntesis, que para el propio Quine el objeto principal de contemplaci&oacute;n    y juicio son las teor&iacute;as f&iacute;sicas, que no ling&uuml;&iacute;sticas,    ni mucho menos traductol&oacute;gicas. Por ello, en lo tocante a la traducci&oacute;n    como tal, su concepci&oacute;n es m&aacute;s bien una visi&oacute;n intuitiva,    carente de confirmaci&oacute;n por hechos del lenguaje o de las letras. Sin    embargo, si nos planteamos la tarea de corroborar esta visi&oacute;n con hechos,    la historia de la traducci&oacute;n nos los proporcionar&aacute; en abundancia.    Y la primer&iacute;sima prueba de ello es la propia abundancia de las distintas    versiones de un mismo texto (y ante todo, de un texto considerado importante    desde tal o cual punto de vista) y las interminables discusiones sostenidas    por los autores de dichas versiones, o por sus abogados o apologistas, empe&ntilde;ados    en demostrar que la versi&oacute;n propugnada es m&aacute;s &#8220;exacta&#8221;,    &#8220;acertada&#8221; o &#8220;adecuada&#8221; que otras, recurriendo a menudo    a teor&iacute;as de lo m&aacute;s ex&oacute;ticas de su propio cu&ntilde;o que    nadie m&aacute;s comparte (v&eacute;ase, p. ej., el caso de Lutero mencionado    m&aacute;s arriba y su argumentaci&oacute;n). </p>     <p>Pero la raz&oacute;n m&aacute;s profunda del fen&oacute;meno observado reside    en la propia naturaleza del lenguaje. No es este el lugar adecuado para tratar    a fondo esta cuesti&oacute;n que merece una discusi&oacute;n (o muchas discusiones)    aparte. B&aacute;stenos se&ntilde;alar las dimensiones m&aacute;s importantes    de esta naturaleza que convergen en la inmensa mayor&iacute;a de enunciados    aut&eacute;nticos generados por los hablantes reales de cualquier lengua: </p> <ul>a) La indeterminaci&oacute;n del sistema gramatical, que se traduce en el polisemantismo    de cualquier categor&iacute;a morfol&oacute;gica o sint&aacute;ctica.     <br>   b) La indeterminaci&oacute;n del l&eacute;xico, que se traduce en el polisemantismo    de cualquier lexema y en la profusi&oacute;n de recursos sinon&iacute;micos    de cada lengua; de una sinonimia, a&ntilde;adamos, asistem&aacute;tica y siempre    imperfecta.     <br>   c) La indeterminaci&oacute;n del universo sem&aacute;ntico en general, existente    tanto dentro de cada lengua, como entre todo el conjunto de ellas, que se traduce    en el car&aacute;cter extremadamente borroso y fluctuante de su delimitaci&oacute;n    interna y en la abundante sinonimia interestr&aacute;tica de los recursos ling&uuml;&iacute;sticos    (l&eacute;xicos, fraseol&oacute;gicos, gramaticales y mixtos), sinonimia esta    tambi&eacute;n asistem&aacute;tica y amorfa.    <br>   d) La profusi&oacute;n de percepciones subjetivas de los hechos del lenguaje,    ya sea de car&aacute;cter individual o grupal, que genera gran variedad de idiolectos    y sociolectos, todos contradicentes entre s&iacute; (v&eacute;ase, p. ej. los    lenguajes de las distintas corrientes literarias, cient&iacute;ficas e ideol&oacute;gicas    que toman prestados los recursos de la lengua general para impregnarlos de significados    que no expresan sino su propia y peculiar visi&oacute;n del mundo).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   e) La indeterminaci&oacute;n de los textos resultante no s&oacute;lo de la realizaci&oacute;n    en ellos de todos los fen&oacute;menos intraling&uuml;&iacute;sticos mencionados,    sino tambi&eacute;n del hecho de que cada texto, sobre todo cada texto literario    (y extrapol&aacute;ndolo, la obra de cada autor en su conjunto), crea un universo    propio, estableci&eacute;ndose entre sus diversos elementos v&iacute;nculos    estructurales originales y llen&aacute;ndose los elementos de significados adicionales,    dependientes todos ellos de la peculiar cosmovisi&oacute;n del autor, plasmada    en ellos consciente o inconscientemente, todo lo cual hace del texto un fen&oacute;meno    complejo y multidimensional, abierto, por lo tanto, a un sinf&iacute;n de interpretaciones    posibles condicionadas por la subjetividad de cada uno de los destinatarios.        <br>    Se podr&iacute;a seguir razonando sobre el tema abordado, pero lo dicho parece    suficiente para justificar por lo menos su planteamiento. En otras publicaciones    hemos considerado y seguiremos considerando de manera espec&iacute;fica los    peculiares problemas y conflictos y hasta procesos judiciales e inquisitoriales    que la indeterminaci&oacute;n de los textos de partida y/o de los recursos de    la lengua de llegada motiv&oacute; en los distintos per&iacute;odos y episodios    de la historia que nos interesa. Por ahora s&oacute;lo cabe se&ntilde;alar que    esta problem&aacute;tica ya ha sido estudiada en parte y sigue siendo estudiada    por aquella rama de la traductolog&iacute;a que se dedica a investigar la llamada    &#8220;manipulaci&oacute;n de textos&#8221; (sobre todo, los literarios) que    tuvo lugar en la historia y que tiene ra&iacute;ces en algunos de los fen&oacute;menos    ling&uuml;&iacute;sticos y linguoculturales que acabamos de mencionar.    <br>   Concluiremos diciendo que, por supuesto, no todas las l&iacute;neas argumentales    de la futura historia de la traducci&oacute;n, ni todos los aspectos de su tem&aacute;tica,    han hallado reflejo en este breve ensayo. Este ha sido pensado para delinear    apenas el variado conjunto de problemas que va planteando la disciplina en cuesti&oacute;n,    mientras se va profundizando en ella y mientras m&aacute;s episodios de esta    convulsionada historia van abri&eacute;ndose ante el observador atento y juicioso.    Es nuestra convicci&oacute;n que la propia disciplina est&aacute; todav&iacute;a    en pa&ntilde;ales y tiene sus grandes descubrimientos por delante.     </ul>        <p><b><font size="3">REFERENCIAS</font></b></p>      <!-- ref --><p>BASSNETT, S., (1991). Translation Studies. Revised Edition. London-New York:    Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-338X200500010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SAN JER&Oacute;NIMO. (1962), Cartas. Edici&oacute;n biling&uuml;e. Introducci&oacute;n,    versi&oacute;n y notas por Daniel Ruiz Bueno. T. I. Madrid: B.A.C. pp. 486-504.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-338X200500010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>COTTEREL, P., TURNER M., (1989). Linguistics &amp; biblical interpretation.    London.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-338X200500010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DELISLE, J., AND WOODSWORTH, J., (1995). Translators through History. Amsterdam-Philadelphia:    John Benjamin&#39;s Publishing Company, UNESCO Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-338X200500010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A YEBRA, V., (1989). En torno a la traducci&oacute;n. 2a ed. Madrid:    Gredos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-338X200500010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A YEBRA, V., (1994).Traducci&oacute;n: historia y teor&iacute;a.    Madrid: Gredos, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-338X200500010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LEFEVERE, A., (1992). Translation, rewriting and the manipulation of literary    fame. London: Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-338X200500010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>NIDA, E.A., TABER, CH.R., (1969). The theory and practice of translation. Leiden,    The Netherlands: E.J. Brill, 1969; Language Structure and Translation. Essays    by Eugene A. Nida. Stanford, California: Stanford University Press, 1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-338X200500010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>QUINE, W.V.O., (1960). Word and object. New York: John Wiley and Sons, Cambridge:    MIT.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-338X200500010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ROBINSON, D., (1997). Western translation theory from Herodotus to Nietzsche.    Manchester, UK: St. Jerome Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-338X200500010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>TIEME K., (1956). Beitr&auml;ge zur geschichte des dolmetschens. M&uuml;nchen.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-338X200500010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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