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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract Due to the positivism prevailing in classrooms, the term voice was forbidden in academic discourse. The writer had to use the impersonal style, representing the voice of the scientific community. Thanks to new trends in the human sciences, intersubjectivity in academic discourse has come out of the closet; scholars are allowing their voice to be heard, although they are aware that there is a symphony of voices behind their own: the collective, intersubjective, social, and discursive voices. The objective of the paper is to provide an overview of those voices.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>LA VOZ EN EL DISCURSO ACAD&Eacute;MICO</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>VOICE IN ACADE MIC DISCOURSE</b></font></p>     <p align="center"><I>Nicol&aacute;s Polo Figueroa</I><sup>*</sup>    <br> Universidad Sergio Arboleda, Santa Marta, Colombia </p>     <p><sup>*</sup> <a href="mailto:nicolasignaciopolofigueroa145@gmail.com">nicolasignaciopolofigueroa145@gmail.com</a></p> <hr>      <p><B>Resumen </b></p>     <p>En aras del positivismo imperante en las aulas acad&eacute;micas, el t&eacute;rmino voz estaba proscrito del discurso acad&eacute;mico. El escritor solo pod&iacute;a hablar en la forma impersonal se; la voz del colectivo cient&iacute;fico al que le prestaba la voz. Gracias a renovados vientos en las ciencias humanas, la intersubjetividad en el discurso acad&eacute;mico ha salido del cl&oacute;set; los acad&eacute;micos est&aacute;n dejando o&iacute;r su propia voz, aunque son muy conscientes de que tras esta hay una sinfon&iacute;a de voces: la colectiva, la intersubjetiva, la social y la discursiva. Una mirada a estas es el objeto de esta comunicaci&oacute;n. </p>     <p><B>Palabras claves:</B><I> voces, evocaci&oacute;n, subjetividad, intersubjetividad, modalidad, actitud, posicionamiento, valoraci&oacute;n, compromiso. </I></p> <hr>     <p><B>Abstract </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Due to the positivism prevailing in classrooms, the term <I>voice</I> was forbidden in academic discourse. The writer had to use the impersonal style, representing the voice of the scientific community. Thanks to new trends in the human sciences, intersubjectivity in academic discourse has come out of the closet; scholars are allowing their voice to be heard, although they are aware that there is a symphony of voices behind their own: the collective, intersubjective, social, and discursive voices. The objective of the paper is to provide an overview of those voices. </p>     <p><B>Keywords:</B><I> voices, evocation, subjectivity, intersubjectivity, modality, attitude, positioning, assessment, commitment. </I></p> <hr>     <p><B><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>      <p align="right"><I>No hay democracia sin voz.</I></p>     <p>Pensaba que este ep&iacute;grafe hab&iacute;a salido de mi propio caletre; sin embargo, pens&aacute;ndolo bien, &iquest;no ser&aacute; que estoy evocando las voces de algunos pensadores an&oacute;nimos? Por otra parte, espero que el ep&iacute;grafe no induzca al lector a creer que voy a introducirme por los intr&iacute;ngulis de la tan desprestigiada pol&iacute;tica; desprestigiada, precisamente, porque quienes tienen voz<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> no son los que son: los voceros del pueblo. Se incumple as&iacute; la regla de oro de la democracia; seg&uacute;n la definici&oacute;n, esta es el gobierno del pueblo. No obstante, el ep&iacute;grafe podr&iacute;a mostrar la medida de la resonancia social del tema que nos ocupa, porque ese no tener voz no solo lo observamos en los espacios de detenci&oacute;n del poder popular; tambi&eacute;n, opera en los &aacute;mbitos de la academia, de los c&iacute;rculos sociales, culturales y profesionales en los que se presentan conductas y posiciones que excluyen a quienes no pertenecen a sus mismos c&iacute;rculos, por razones puramente personales o de mezquinos intereses. Es la voz colectiva de que nos habla Bajt&iacute;n (1986). </p>     <p>Siguiendo al ling&uuml;ista ruso, me referir&eacute; a tres tipos de voces que es posible emplear en nuestros textos: la colectiva, la invocadora de otras voces y la voz como un sitio en que las personas y grupos sociales producen valoraciones. </p>     <p><B>La voz colectiva </b></p>      <p>La voz colectiva recoge las voces compartidas y estatuidas por los diferentes grupos, <I>sujetos colectivos</I>, profesionales, culturales, sociales y econ&oacute;micos. Estos emplean diversos <I>modos de hablar</I> tipificados e indicadores de identidades, creencias y representaciones construidas a trav&eacute;s de las actividades de las personas en una esfera de la vida social de los distintos grupos. Esos modos de hablar producen lo que, en general, se concibe como <I>discursos</I> (Kress, 1985). La voz colectiva se expresa tanto en enunciados directos del tenor de <I>la voz del pueblo, de la generaci&oacute;n, de la comunidad, de la raz&oacute;n, de la ciencia, </I>como en enunciados indirectos. Por ejemplo, el uso del pronombre <I>se</I>, para denotar la objetividad de nuestras aserciones porque se supone que hablamos en nombre de la ciencia:<I> se considera... se afirma... se argumenta. </I>Postura esta que, con frecuencia, suele quedarse solo en el plano de la expresi&oacute;n sin referencia al plano del contenido, sem&aacute;ntico; m&aacute;s concretamente al nivel de la funci&oacute;n ideativa seg&uacute;n la concepci&oacute;n de Halliday (1982, p. 88). </p>     <p>Construir para s&iacute; una voz colectiva es lo que algunos autores denominan el <I>yo discursivo</I>. Este es un yo que lucha por apropiarse de los significados que llevan otras voces, por asimilar las intencionalidades que otras voces le dieron al mundo experiencial vertido en el texto. Se trata de una lucha por hacer propio, personal, lo que otras voces expresaron. Seg&uacute;n Corcelles, citado por Castell&oacute;, Corcelles, I&ntilde;esta, Vega y Ba&ntilde;ales (2011), esta lucha es "un esfuerzo cr&iacute;tico de 'expropiaci&oacute;n' para que los significados de otros pasen a ser parte de las intenciones personales y puedan ser usados intencionalmente en contextos diversos generando nuevos significados" (2011, p. 109). </p>     <p>Desde esta perspectiva, la creaci&oacute;n de la voz personal es el fruto maduro de la <I>asimilaci&oacute;n</I> de otras voces, a las que hemos convidado a acompa&ntilde;arnos en el proceso de producci&oacute;n discursiva. Es la tarea que nos impone una verdadera formaci&oacute;n de los alumnos como personas y escritores. A este respecto, Castell&oacute; et &aacute;l (2011, p. 109) aconsejan que "desde el punto de vista educativo, ser&iacute;a pertinente ayudar a los estudiantes a apropiarse de las voces de otros para dotarlas de sentido personal y poder utilizarlas de forma intencional en sus textos". </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A ese respecto, resulta pertinente referirse a los resultados de la investigaci&oacute;n que surgi&oacute; sobre la carencia o falta de una voz, <I>ausencia de un escritor </I>(Polo, Bustamante &amp; Avenda&ntilde;o, 2010, p. 63), en los trabajos de los estudiantes de la Universidad Sergio Arboleda de Santa Marta. Esta falta de voz se evidenci&oacute; tanto en la carencia de un prop&oacute;sito de los escritos como, por sobre todo, en expresiones ling&uuml;&iacute;sticas que se asemejan a las de ni&ntilde;os cuyos padres le han ordenado dar una raz&oacute;n. As&iacute;, se pudo encontrar expresiones como <I>el autor habla de...</I>,<I> el texto dice...</I>,<I> se lee que...</I>, <I>el autor dice...</I>. En estos casos, no se trata de referencias a las fuentes, sino simples s&iacute;ntomas de que no han asimilado el mundo experiencial de las voces; por tanto, sus textos son impostados, carentes de una voz propia. </p>     <p><B>La voz como evocaci&oacute;n de otros enunciados </b></p>      <p>Seg&uacute;n Bajt&iacute;n (1986), cuando hablamos de evocaci&oacute;n de otros enunciados podemos referirnos a las varias modalidades de c&oacute;mo nuestros enunciados, siempre situados, se refieren, de una u otra forma, a los enunciados de otros y a las diversas formas de transtextualidad, intertextualidad, paratextualidad, metatextualidad, architextualidad, hipertextualidad (Genette, 1982). </p>     <p>En relaci&oacute;n con la invocaci&oacute;n como referencia indirecta a otros enunciados, en general, Bajt&iacute;n (1986) sostiene que no hay "palabra sin voz". A prop&oacute;sito, hace unos d&iacute;as el presidente de la Rep&uacute;blica de Colombia, en una de sus intervenciones, dec&iacute;a que hab&iacute;a que invertir en grande, "no en pesitos". La voz <I>pesitos</I> invocar&iacute;a la voz de un expresidente, seg&uacute;n la inferencia de la periodista. &iquest;Cu&aacute;ntos colombianos hicieron la misma inferencia? </p>     <p>Asimismo, cuando leemos la palabra <I>g&eacute;nero</I> es casi ineludible traer a la mente los enunciados de Bajt&iacute;n (2009) y Bazerman (2004), cuando nos hablan de la importancia del <I>g&eacute;nero </I>en la producci&oacute;n y comprensi&oacute;n textual. Igualmente, para citar solo un ejemplo m&aacute;s, cuando alguien escribe "conocer es moverse entre un mar de incertidumbres", &iquest;qui&eacute;n puede ser sino un fil&oacute;sofo o un epistem&oacute;logo? &iquest;De casualidad no ser&aacute; un fil&oacute;sofo de la complejidad? </p>     <p>De las distintas formas de transtextualidad propuesta por Genette (1982), la intertextualidad es donde podemos apreciar, de manera m&aacute;s evidente, las voces de otros en los art&iacute;culos acad&eacute;micos. Por intertextualidad, hay que entender la presencia efectiva de un texto en otro, justificando, comentando, discutiendo, sintetizando, parafraseando o reformulando, entre otras cosas, lo que otros autores han escrito en el pasado (Prior, 2001; Bajt&iacute;n, 1986). Esta presencia de un texto en otro est&aacute; determinada por reglas y recursos espec&iacute;ficos que es necesario utilizar si se quiere pertenecer a la comunidad disciplinar a la que se dirige nuestro texto. </p>     <p>Ahora bien, si queremos ver nuestros textos publicados en las revistas disciplinares y que no sean rechazados por estas, debemos ajustarnos a las formas de di&aacute;logo, t&oacute;picos e intereses que caracterizan la vasta red de textos e interrelaciones que conforman el discurso acad&eacute;mico (Spivey, 1997). En este di&aacute;logo, es fundamental construir nuestra propia voz textual; pero hay que garantizar que las voces de los otros autores sean perceptibles y audibles. Por tanto, uno de los principales retos del autor es construir su propia voz &mdash;personal&mdash; en el texto, pero garantizando el establecimiento de las conexiones dial&oacute;gicas con los textos de otros autores (Ivanic, 2005). Una excelente fuente para hacer expl&iacute;cito tal di&aacute;logo es la selecci&oacute;n y ubicaci&oacute;n de las citas y referencias o alusiones. Las citas pueden ser directas o indirectas de acuerdo con la funci&oacute;n y la integraci&oacute;n que tengan con respecto al texto (Castell&oacute;, Ba&ntilde;ales, I&ntilde;esta &amp; Vega, 2009). </p>     <p>Las citas directas est&aacute;n relacionadas con el llamado estilo directo, en que los verbos de <I>decir</I> &mdash;<I>afirmar, sostener, argumentar, proponer, concluir</I>, etc.&mdash; van seguidos de dos puntos y las palabras precisas del autor citado. As&iacute;, Barthes (1998, p.192), en relaci&oacute;n con qui&eacute;n habla en el texto, escribe: "la escritura llega en el momento justo en que el que habla cesa; es decir, a partir del instante en que no es posible determinar ya qui&eacute;n habla sino comprobar solo que uno comienza a hablar". </p>     <p>La funci&oacute;n de las citas directas es invocar la voz que habla y que, a diferencia del ejemplo citado antes, determina con qui&eacute;n dialogamos en nuestro texto. Igualmente, como escribimos en Polo (2011), al citar de esta manera, le indicamos al lector c&oacute;mo puede acceder a la fuente en que nos apoyamos o a la que controvertimos. </p>     <p>Las citas indirectas pueden ser <I>indirectas integradas</I> e <I>indirectas no integradas</I>, de acuerdo con la manera en que se mezclen con el propio texto. Las citas indirectas no integradas se introducen en el texto mediante los verbos de <I>decir</I>, seguidos por la conjunci&oacute;n <I>que. </I>A continuaci&oacute;n, se escribe la proposici&oacute;n que sintetiza, reformula, clarifica, contradice o justifica el punto de vista de la voz personal del autor del texto. En cambio, en las no integradas, las proposiciones que sintetizan, reformulan, etc., se colocan entre comillas, siempre seguidas por la conjunci&oacute;n <I>que</I>. Por ejemplo, hemos sostenido, con Sperber y Wilson, que la "pragm&aacute;tica es simplemente el dominio en que la gram&aacute;tica, la l&oacute;gica y la memoria interact&uacute;an" (Polo, 2009). Observemos c&oacute;mo el estilo indirecto siempre lleva la conjunci&oacute;n <I>que </I>despu&eacute;s de los verbos de <I>decir</I>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B>La voz situada en los enunciados </b></p>      <p>Dos son los atributos esenciales de los enunciados (en oposici&oacute;n a oraci&oacute;n) en la concepci&oacute;n del lenguaje de Bajt&iacute;n (2009): 'estar situado' y 'estar dirigido'. Mientras en el car&aacute;cter de estar dirigido, la voz est&aacute; en funci&oacute;n de la intersubjetividad con el lector, en el car&aacute;cter de estar situado, la voz est&aacute; estrechamente relacionada con la subjetividad del actor del habla, considerada esta no como la parte sonora de la lengua, sino como la actualizaci&oacute;n del lenguaje<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. Es, por tanto, la subjetividad del hablante/escritor el primer actor que sit&uacute;a el enunciado. </p>     <p>Esta intersubjetividad del enunciado, enmarcada desde una perspectiva meta-discursiva, puede aparecer como intencionalidad, postura, actitud y compromiso. </p>      <p><B>La intencionalidad </b></p>      <p>Toda acci&oacute;n comunicativa conlleva la intenci&oacute;n<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> de que nuestro interlocutor sienta, piense o haga algo. Esta intenci&oacute;n figura como un principio regulador de la conducta del hablante, en el sentido de que le exige seleccionar los recursos necesarios para que su subjetividad sea percibida por el lector. Esta capacidad de escoger los recursos de acuerdo con la intersubjetividad es una de las caracter&iacute;sticas que debe tener nuestra voz en el escrito. Tal vez, la falta de esta caracter&iacute;stica sea el fundamento para calificar de 'impostados' los textos de nuestros estudiantes. Bazerman (2004) considera que la intencionalidad es un factor tan determinante y esencial en la construcci&oacute;n discursiva de la propia voz, como su lucha por asimilar y extra&ntilde;ar de nuestros textos las voces de otros, lo cual resulta de una tensi&oacute;n por erradicar de nuestros textos las intenciones que tienen los significados de otras voces y dotar a estos de las nuestras. </p>     <p><B>Posicionamiento y actitud </b></p>      <p>Tradicionalmente, los estudios ling&uuml;&iacute;sticos han distinguido en el enunciado dos elementos: la proposici&oacute;n y la modalidad; esta &uacute;ltima sit&uacute;a la proposici&oacute;n en el contexto de la subjetividad<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> del escritor. Los l&oacute;gicos distinguen entre modalidad de&oacute;ntica, epist&eacute;mica y al&eacute;tica. La modalidad de&oacute;ntica determina el <I>deber ser</I> de la proposici&oacute;n; la epist&eacute;mica establece los grados de certeza de la proposici&oacute;n; la al&eacute;tica est&aacute; relacionada con la necesidad de la proposici&oacute;n. En los an&aacute;lisis de los textos acad&eacute;micos, com&uacute;nmente no se distingue entre estos tres tipos de modalidades del enunciado. Frente a este problema, adquiere valor la distinci&oacute;n propuesta por Hyland (2005) entre<I> mitigadores </I>y<I> enfatizadores</I>, como marcadores de la visi&oacute;n del escritor con respecto a los problemas tratados y a los puntos de vista de otros en relaci&oacute;n con los mismos. En Polo (2012) ejemplifico cada una de estas dos categor&iacute;as  de marcadores metadiscursivos, basado en las dimensiones, categor&iacute;as y tipos de an&aacute;lisis en el estudio de la voz en los textos, propuestas por Castell&oacute; et &aacute;l (2009). </p>     <p>No obstante la capacidad descriptiva de esa propuesta, con Palmer (2001) consideramos que la valoraci&oacute;n intersubjetiva de los art&iacute;culos acad&eacute;micos no solo est&aacute; en las expresiones de modalidad; la misma proposici&oacute;n puede ser valorativa. En esta direcci&oacute;n, Hood y Martin (2005) muestran c&oacute;mo las proposiciones de actitud y su gradaci&oacute;n est&aacute;n en el centro de la sem&aacute;ntica valorativa. Este es un enfoque que complementa de manera sustancial la propuesta de Hyland (2005). Este ling&uuml;ista se centra en la posici&oacute;n de la voz del autor; en cambio, Hood y Martin prefieren centrarse en la actitud del escritor con respecto a los enfoques, contribuciones, resultados y aportes de otras investigaciones, o su actitud valorativa sobre lo que representan los elementos, entidades, cualidades en el dominio de conocimiento que se discute. </p>     <p>Seg&uacute;n Palmer (2001), las proposiciones son especulativas, deductivas y apreciativas o valorativas. Estas, al igual que las expresiones de modalidad arriba mencionadas, pueden indicar una actitud o una gradaci&oacute;n (Hood &amp; Martin, 2005). Las actitudes pueden expresarse con proposiciones de afecto que invocan emociones, reacciones a comportamientos &mdash;como en "es un trabajo frustrante" o "el cambio es m&aacute;s dram&aacute;tico en la infancia"<I>&mdash;</I>; tambi&eacute;n, mediante juicios de valor &eacute;tico o de evaluaci&oacute;n del comportamiento &mdash;por ejemplo: "un rasgo... que mitiga fuertemente la marginalizaci&oacute;n de los aspectos expresivos" o "su modelo ha tenido un gran impacto en la teor&iacute;a"&mdash;; o por medio de apreciaciones &mdash;como en "el impacto del cognitivismo en la investigaci&oacute;n sobre escritura... ha sido notorio" o "es un aporte significativo a los estudios sobre..."&mdash;. La actitud, adem&aacute;s de estar inscrita como en los ejemplos anteriores, puede estar evocada; es decir, los juicios, afectos y apreciaciones de la actitud pueden no estar lexicalizados, sino expresados mediante recursos ret&oacute;ricos, v.gr. la reiteraci&oacute;n, como en: "Com&iacute;an cordero al desayuno, cordero al almuerzo, cordero a la comida y cordero para la hora del t&eacute;"<I>. </I></p>     <p>Por otra parte, las proposiciones apreciativas o valorativas pueden contener cierta gradaci&oacute;n de la actitud del investigador con respecto a lo ideativo, esto es, grad&uacute;an los significados en relaci&oacute;n con alg&uacute;n aspecto del objeto investigado, del dominio de conocimiento o, incluso, de la funci&oacute;n interpersonal &mdash;es decir, a partir de la intersubjetividad con el lector&mdash;. Para cubrir el campo ideativo de la gradaci&oacute;n, Hood y Martin (2005) distinguen entre <I>gradaci&oacute;n por fuerza</I> y <I>gradaci&oacute;n por foco</I>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La gradaci&oacute;n de la actitud por fuerza permite ya sea mitigar, debilitar y atenuar los significados; o subir el volumen, intensificar y realzar las valoraciones o aprecia-ciones. As&iacute;, en "los autores que han abordado de forma <I>m&aacute;s decidida</I> el estudio de la voz", o "analizando <I>m&aacute;s</I> detenidamente las aportaciones de aquellos autores <I>m&aacute;s </I>reconocidos", con el adverbio <I>m&aacute;s, </I>usado reiteradamente, los autores de uno de los textos citados en este art&iacute;culo establecen una gradaci&oacute;n de fuerza intensificadora de sus aserciones. En cambio, en "fueron varios los guerrilleros dados de baja" &mdash; transcrito de o&iacute;das&mdash; la expresi&oacute;n<I> dar de baja </I>aten&uacute;a el hecho de que asesinaron &mdash;&iquest;intensific&oacute;?&mdash; a varios guerrilleros en la operaci&oacute;n militar. </p>     <p>La gradaci&oacute;n de actitud por foco est&aacute; relacionada con la forma como el escritor percibe las entidades, las cualidades, fen&oacute;menos o procesos. As&iacute;, hay una actitud bien diferente en la forma como se focaliza en "en este trabajo se muestra &mdash;se&ntilde;ala, sugiere&mdash; que la propuesta es plausible" <I>vs.</I> "en este trabajo se evidencia &mdash;argumenta, demuestra&mdash; que la propuesta es plausible". En el segundo ejemplo, el autor se compromete m&aacute;s con la plausibilidad del trabajo, pues est&aacute; basado en evidencias, argumentos y pruebas de demostraci&oacute;n. Es el concepto de actitud que Hood y Martin llaman <I>completitud de foco</I>. En cambio, en la literatura se les considera como <I>modalizadores</I> o <I>codificadores</I> de cierta postura acad&eacute;mica. </p>     <p>En esta expresi&oacute;n del grado de mayor o menor fuerza que le imprimamos a la proposici&oacute;n, tendr&iacute;an cabida investigaciones acerca de cu&aacute;l es la actitud del investigador: si es positiva o negativa con respecto a los enfoques, contribuciones, resultados o aportes de otras investigaciones. Por otra parte, ser&iacute;a plausible continuar la investigaci&oacute;n de Hood y Martin en el &aacute;rea de la actitud de los investigadores, sobre si los juicios se centran m&aacute;s en las contribuciones, enfoques, etc., o en las valoraciones sobre los fen&oacute;menos y objetos del &aacute;rea de conocimiento. </p>     <p>En el campo de la paratextualidad sobre las voces de los acad&eacute;micos en los discursos, es conveniente, desde este punto de vista, establecer cu&aacute;nta subjetividad puede verterse en el propio texto, echar una mirada a las voces de los evaluadores expertos. As&iacute;, Belcher (2010), al examinar las razones que determinan el "no publicable" de ciertos art&iacute;culos en las revistas acad&eacute;micas, las ejemplifica con voces de los evaluadores como: "no aporta nada al conocimiento", "mal escrito", "el tema del art&iacute;culo es inapropiado", "parece un ensayo escrito para una clase", etc. P&eacute;rez (2010), en un estudio sobre los problemas m&aacute;s frecuentes encontrados por los evaluadores de la revista <I>Magis</I>, ejemplifica cada categor&iacute;a y deja escuchar sus voces sobre la claridad, originalidad, metodolog&iacute;a, la delimitaci&oacute;n tem&aacute;tica, etc. Son las voces de expertos que eval&uacute;an positiva o negativamente. &iexcl;Cu&aacute;n objetivas son sus apreciaciones! Es el Rubic&oacute;n que debemos cruzar para publicar. </p>     <p><B>Compromiso </b></p>      <p>He afirmado antes que una de las caracter&iacute;sticas del enunciado es el estar dirigido, es decir, importa una voz en funci&oacute;n de un interlocutor o un lector. Lo dicho se ubica en el nivel de la intersubjetividad. Entre las marcas empleadas para lograr la intersubjetividad, entre otras, est&aacute;n las "comprometedoras". </p>     <p>Mediante las marcas comprometedoras, hacemos participar al lector en el acto de la enunciaci&oacute;n, ya sea dirigi&eacute;ndonos directamente a &eacute;l como participante en un di&aacute;logo, ya sea como actor del enunciado. En la lengua espa&ntilde;ola, la primera persona del plural &mdash;expresada mediante el morfema <I>-mos</I>&mdash;, la <I>empleamos &mdash;tu</I> = lector, y <I>yo </I>= escritor&mdash; para involucrar al lector en la enunciaci&oacute;n. El lector avisado se habr&aacute; percatado de las varias veces que lo he involucrado en este p&aacute;rrafo. El enunciado dirigido al lector como interlocutor con quien dialogamos es poco frecuente. Sin embargo, es un rasgo caracter&iacute;stico, por ejemplo, de la prosa de Savater emplear enunciados del tipo: <I>como te dec&iacute;a</I>;<I> recuerda que...</I>,<I> entiende que...</I>;<I> es decir</I>,<I> tutea al lector. </I>En este mismo sentido de apelar al lector, est&aacute;n las preguntas ret&oacute;ricas como:<I> &iquest;qui&eacute;n puede ser sino un fil&oacute;sofo o un epistem&oacute;logo? &iquest;De casualidad no ser&aacute; un fil&oacute;sofo de la complejidad? </I></p>     <p><B>A manera de clausura </b></p>      <p>El problema de la voz en los trabajos acad&eacute;micos est&aacute; en el centro de la disputa sobre la objetividad de la ciencia. El problema que afronta el acad&eacute;mico de las ciencias sociales y humanas es c&oacute;mo tratar de conciliar la descripci&oacute;n, narraci&oacute;n y explicaci&oacute;n objetiva de los fen&oacute;menos que analiza con su propia mirada de los mismos, su subjetividad; incluso, c&oacute;mo involucrar al lector con sus enunciados. </p>     <p>El recorrido por las distintas formas como aparece la voz del autor en sus textos, me ha permitido demostrar la doctrina bajtiniana de la lengua. Seg&uacute;n esta, no hay "palabra sin voz". Como lo expresara Barthes, la escritura llega cuando "no es posible determinar ya qui&eacute;n habla, sino comprobar solo que uno comienza a hablar". Esta es una constataci&oacute;n m&aacute;s del car&aacute;cter dial&oacute;gico de nuestros textos, al cual no hay que renunciar sino, por el contrario, restablecer. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No quisiera pasar por alto la observaci&oacute;n de uno de los evaluadores de este trabajo, en el sentido de que no se demostr&oacute; que la voz, el problema de la voz, est&eacute; en el centro de la disputa entre objetividad y subjetividad &mdash;una tesis interesante que valdr&iacute;a la pena tratar de sustentar&mdash;. Sin embargo, estuvo en nuestra mente sustentar este punto. </p> <hr>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>      <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>En los estudios ling&uuml;&iacute;sticos a nivel fonol&oacute;gico es m&aacute;s com&uacute;n referirse al t&eacute;rmino voz como el producto de la vibraci&oacute;n de las cuerdas vocales. Su uso en los art&iacute;culos acad&eacute;micos es de uso relativamente reciente.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Aun cuando la noci&oacute;n de modalidad se origina en el paradigma subjetivista del lenguaje, las posiciones posteriores, como la que presento, se arraigan en el paradigma intersubjetivista. Este tiene su origen en la concepci&oacute;n wittgensteiniana, que da cuenta del lenguaje como un conjunto de pr&aacute;cticas sociales concretas, regidas por reglas de uso de car&aacute;cter social e institucional, y no por reglas formales. Esta concepci&oacute;n del lenguaje rompe con la visi&oacute;n que privilegia el conocimiento cient&iacute;fico.     <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Seg&uacute;n Wittgestein, "la intenci&oacute;n est&aacute; inmersa en una situaci&oacute;n, en las costumbres y en las instituciones humanas. Si la t&eacute;cnica del juego de ajedrez no existiese, yo no podr&iacute;a tener la intenci&oacute;n de jugar ajedrez". El lenguaje es, por lo tanto, esencialmente intersubjetivo e interactivo. De esta forma, queda superada la dicotom&iacute;a entre lenguaje y realidad.    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>La modalidad es la elecci&oacute;n que los hablantes hacemos para marcar nuestra posici&oacute;n ante nuestra representaci&oacute;n del mundo y ante la relaci&oacute;n interpersonal que establecemos con nuestros interlocutores. </p> <hr>     <p><B><font size="3">Referencias</font></b></p>      <!-- ref --><p>Bajtin, M. (1986). <I>Speech Genres and other esays.</I> Minneapolis: University of McGee.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-338X201200020001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Bajtin, M. (2009). <I>Teor&iacute;a de la creaci&oacute;n est&eacute;tica.</I> M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-338X201200020001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Barthes, R. (1998). <I>Cr&iacute;tica y verdad</I>. Madrid: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-338X201200020001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Bazerman, C. (2004). Intertextuality: how text rely on other texts. En C. Bazerman  &amp; P. Prior (Eds.), <I>What writing does and how it does it </I>(pp. 83-96).Mahwah, N. J.:  Lawrence Erlbaum Associates.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-338X201200020001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Belcher, W. (2010). <I>C&oacute;mo escribir un art&iacute;culo acad&eacute;mico en 12 semanas.</I> M&eacute;xico: Flacso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-338X201200020001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castell&oacute;, M., Ba&ntilde;ales, G., I&ntilde;esta, A. &amp; Vega, N. (2009). <I>Writing academic texts: organization  and structure, authorial voice and intertextuality.</I> Recuperado de <a href="http://www.sinte.es/joomla_cast/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=22&amp;Itemid=47" target="_blank">http://www.sinte.es/joomla_cast/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=22&amp;Itemid=47</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-338X201200020001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castell&oacute;, M., Corcelles, M., I&ntilde;esta, A., Vega, N. &amp; Ba&ntilde;ales, G. (2011). La voz del autor en  la escritura acad&eacute;mica. Una propuesta para su an&aacute;lisis. <I>Revista Signos</I>, <I>44</I>(76), 105-117.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-338X201200020001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Genette, G. (1982). <I>Palimpsestes, la litt&eacute;rature au second degr&eacute;.</I> Paris: Editions du Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-338X201200020001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Halliday, M. (1982). <I>El lenguaje como semi&oacute;tica social.</I> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-338X201200020001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hood, S. &amp; Martin, J. (2005). Invocaci&oacute;n de actitudes: el juego de la gradaci&oacute;n de la  valoraci&oacute;n en el discurso. <I>Revista Signos</I>, <I>38</I>(58), 195-220.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-338X201200020001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hyland, K. (2005). <I>Metadiscourse.</I> London: Continuun.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-338X201200020001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ivanic, R. (2005). The discoursal construction of writer identity. En R. Beach, J. Green, M.  Kamil &amp; T. Shanahan (Eds.), <I>Multidisciplinary perspectives on literacy research </I>(pp. 391-416). Cresskill: Hampton Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-338X201200020001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kress, G. (1985). Ideological structures in discourse. En T. Van Dijk (Ed.), <I>Handbook of </I> <I>Discourse Analysis </I>(pp. 27-42)<I>.</I> London: Academic Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-338X201200020001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Palmer, F. (2001). <I>Mood and Modality.</I> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-338X201200020001400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>P&eacute;rez, A. (2010). Explicitar las posturas, los enfoques y las palabras: elementos para  pensar la escritura de un art&iacute;culo desde la voz de los evaluadoress. <I>Magis</I>, <I>3</I>(5), 21-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-338X201200020001400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Polo, N. (2009). <I>Espa&ntilde;ol afable.</I> Santa Marta: Universidad Sergio Arboleda.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-338X201200020001400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Polo, N. (2011). Aprendizaje y escritura. <I>Verbum</I>, 111-119.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-338X201200020001400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Polo, N. (2012). <I>Relaci&oacute;n escritor lector</I>. Recuperado de <a href="http://www.inveniusa.com/2012/01/ralacion-escritor-lector.html" target="_blank">http://www.inveniusa.com/2012/01/ralacion-escritor-lector.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-338X201200020001400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Polo, N., Bustamante, A. &amp; Avenda&ntilde;o, A. (2010). <I>Fundamentos te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos para la escritura.</I> Santa Marta: Dix&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-338X201200020001400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>Prior, P. (2001). Voces en el texto, la mente y la sociedad. <I>Journal of Second Language Writing</I>, <I>10</I>(1-2), 55-81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-338X201200020001400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Spivey, N. (1997). <I>The constructivist metaphor: Reading, writing, and the making of meaning.</I> San Diego: Academic Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-338X201200020001400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>      ]]></body><back>
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