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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El trabajo infanto-juvenil y el estado nutricional de los menores colombianos]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper studies the relationship between child labor and the nutritional status of Colombian children. The effect of child labor on the nutrition of children with ages between 6 and 17 years is analyzed using data from the Demographic and Health Survey - DHS 2005. Evidence is found about a positive relationship between children labor and their nutrition, which is affected in some cases by school attendance and by belonging to the poorest quintile of wealth. Results suggest that child labor has a positive effect on nutrition through the greater income it generates, either by directly contributing to an increase in household income, or by releasing adults from household chores, allowing them to work in other activities. Supporting theory and empirical evidence, socioeconomic variables from household are strongly related with the nutritional status of children.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2"> <font face="verdana" size="4">    <p align="center"><b>El trabajo infanto-juvenil y el estado nutricional de los menores colombianos</b></p></font>     <p></p> <font face="verdana" size="3">    <p align="center"><i><b>Child labor and the nutritional status of Colombian children</b></i></p>     <p></p></font>     <p>Diana Hincapie*</p>     <p>* Este art&iacute;culo fue realizado como tesis de Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a de La Universidad de Los Andes. Agradezco el incre&iacute;ble apoyo y colaboraci&oacute;n de mi asesora de tesis Carmen Elisa Fl&oacute;rez. El inter&eacute;s por esta tem&aacute;tica surgi&oacute; en parte por la motivaci&oacute;nrecibida sobre estos temas porparte de Myriam Ord&oacute;&ntilde;ez, por lo que le expreso mi gratitud. Las valiosas discusiones que tuve sobre este tema con Daniel Espitia, y los comentarios recibidos de Miguel Urrutia, Rafael Santos, Victoria Soto, Angela Fonseca y Olga Romero permitieron enriquecer bastante este documento. Todos los errores que quedan son m&iacute;os.</p>     <p>** Asistente de Investigaci&oacute;n. CEDE-Universidad de Los Andes. Email: <a href="mailto:d-hincap@uniandes.edu.co">d-hincap@uniandes.edu.co</a></p>     <p>Este art&iacute;culo fue recibido el 1 de febrero de 2007, modificado el 25 de mayo de 2007 y aceptado el 28 de mayo de 2007.</p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este trabajo estudia la relaci&oacute;n entre el trabajo infanto-juvenil y el estado nutricional de los menores colombianos. Usando informaci&oacute;n de la Encuesta de Demograf&iacute;a y Salud ENDS- 2005, se analiza el efecto del trabajo en la nutrici&oacute;n de los menores trabajadores entre 6 y 17 a&ntilde;os. Se encuentra evidencia de que existe una relaci&oacute;n positiva entre el trabajo y la nutrici&oacute;n de los menores, afectada en algunos casos por la asistencia escolar y por pertenecer al quintil m&aacute;s pobre. Los resultados sugieren que el trabajo infanto-juvenil tiene un efecto positivo sobre la nutrici&oacute;n, a trav&eacute;s de la generaci&oacute;n directa de ingreso extra para el hogar, o al permitir que se libere mano de obra adulta de los trabajos del hogar. Respaldando la teor&iacute;a y la evidencia emp&iacute;rica, las variables socioecon&oacute;micas del hogar resultan estar fuertemente relacionadas con el estado nutricional de los menores.</p>     <p><b><i>Palabras Clave</i>:</b> Desnutrici&oacute;n infantil, trabajo infantil, asistencia escolar, capital humano.</p>     <p><i>Clasificaci&oacute;n JEL</i>: J49, I12, I21, D1.</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     <p>This paper studies the relationship between child labor and the nutritional status of Colombian children. The effect of child labor on the nutrition of children with ages between 6 and 17 years is analyzed using data from the Demographic and Health Survey - DHS 2005. Evidence is found about a positive relationship between children labor and their nutrition, which is affected in some cases by school attendance and by belonging to the poorest quintile of wealth. Results suggest that child labor has a positive effect on nutrition through the greater income it generates, either by directly contributing to an increase in household income, or by releasing adults from household chores, allowing them to work in other activities. Supporting theory and empirical evidence, socioeconomic variables from household are strongly related with the nutritional status of children.</p>     <p><b><i>Key Words</i>:</b> Child Malnutritition, Child Labor, School attendance, human capital.</p>     <p><i>JEL Classification</i>: J49, I12, I21, D1.</p> <hr size="1">     <p><b>    <br>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>El trabajo infantil es un fen&oacute;meno de grandes proporciones a nivel mundial. En el mundo existen aproximadamente 562.5 millones de ni&ntilde;os entre los 5 y los 17 a&ntilde;os que trabajan, es decir que el 23% de la poblaci&oacute;n en esa edad realiza alg&uacute;n tipo de actividad econ&oacute;mica.<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a> De estos, un poco m&aacute;s de la tercera parte corresponde a ni&ntilde;os menores de 14 a&ntilde;os, lo que implica que el 17.6% de los ni&ntilde;os entre 5 y 14 a&ntilde;os en el mundo trabaja incluso bajo prohibici&oacute;n o restricci&oacute;n. (Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo [OIT], 2002).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si bien este no es un tema nuevo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha convertido en un punto clave de las pol&iacute;ticas de infancia, ya que ha sido identificado como una trampa de pobreza que condena a los ni&ntilde;os menos favorecidos a un futuro incierto y con pocas posibilidades y, por lo tanto, se considera fundamental evitar las consecuencias negativas que trae a los hogares y a la sociedad. Se ha reconocido que el trabajo infantil es un problema estrechamente ligado a la pobreza, por lo que la incidencia del trabajo infantil es m&aacute;s alta en los pa&iacute;ses menos desarrollados.<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a> Lo m&aacute;s grave es que en estos pa&iacute;ses el trabajo infantil se mezcla con ilegalidad, explotaci&oacute;n y maltrato a los ni&ntilde;os: Se estima que 8.4 millones de ni&ntilde;os en el mundo laboran en las peores formas de trabajo infantil.<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a></p>     <p>Colombia no es la excepci&oacute;n a esta situaci&oacute;n, y aunque la incidencia del trabajo infanto-juvenil ha disminuido, prevalecen a&uacute;n altas tasas de participaci&oacute;n. Por facilidad en la lectura de este documento, en adelante el <i>trabajo infanto-juvenil</i> ser&aacute; referido como <i>trabajo infantil</i>, entendiendo que abarca a todos los individuos entre 5 y 17 a&ntilde;os, y <i>ni&ntilde;os</i> se referir&aacute; a todos los menores en ese rango de edad. Seg&uacute;n la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil 2001 [ETI, 2001], del total de ni&ntilde;os entre 5 y 17 a&ntilde;os en Colombia, un 14.5% se encuentra ocupado seg&uacute;n la definici&oacute;n tradicional.<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> La mayor tasa de participaci&oacute;n se encuentra en la zona rural, en donde gran parte de la poblaci&oacute;n se encuentra en la pobreza: la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os que trabaja en la zona rural duplica a la proporci&oacute;n que trabaja en la zona urbana. Otra caracter&iacute;stica importante del trabajo infantil en Colombia es que un gran n&uacute;mero de menores realizan labores del hogar por varias horas a la semana. Algunos autores consideran que si esta actividad sobrepasa las 15 o 20 horas semanales deber&iacute;a ser considerada trabajo, por lo que la literatura habla de una &quot;definici&oacute;n ampliada de trabajo&quot; cuando se incluyen las labores del hogar en la definici&oacute;n.<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a> Usando este concepto, la tasa de participaci&oacute;n de los ni&ntilde;os entre 5 y 17 a&ntilde;os llega a ser de 21.4%. (ETI, 2001). Adem&aacute;s, como en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses en desarrollo, en Colombia el trabajo infantil a veces se realiza en condiciones perjudiciales para el menor, que lo afectan f&iacute;sica y sicol&oacute;gicamente: situaciones riesgosas, horarios extensos, bajos salarios o sin remuneraci&oacute;n, alimentaci&oacute;n inadecuada, o en condiciones de explotaci&oacute;n.</p>     <p>A pesar de todas estas caracter&iacute;sticas, clasificar el problema del trabajo infantil en Colombia como algo perjudicial para el menor y que debe ser prohibido en su totalidad, no es tan simple. El trabajo infantil est&aacute; estrechamente ligado con las condiciones de pobreza de los hogares, lo que implica que en la mayor&iacute;a de los casos este se da debido a la necesidad de percibir un mayor ingreso y tener, en muchos casos, el m&iacute;nimo para sobrevivir. Seg&uacute;n Bernal y C&aacute;rdenas (2005), el ingreso que reciben por su trabajo los ni&ntilde;os entre 15 y 17 a&ntilde;os puede significar una contribuci&oacute;n del 52% del total del ingreso de un hogar en el quintil m&aacute;s pobre. Esto resalta que en el caso colombiano el trabajo infantil constituye una fuente importante de ingresos, en especial para los hogares m&aacute;s pobres, que de no contar con estos ingresos podr&iacute;an necesitar hacer sacrificios, por ejemplo, en t&eacute;rminos de una menor alimentaci&oacute;n para sus miembros. Este enfoque ha sido reconocido en la literatura, y en &eacute;l se considera que el trabajo infantil se presenta debido a la necesidad de los hogares de generar m&aacute;s ingresos, y que no siempre es nocivo; en ciertas circunstancias el trabajo incluso podr&iacute;a tener un impacto positivo en los menores, form&aacute;ndolos para el futuro, y en los hogares, a trav&eacute;s de una mayor capacidad adquisitiva (Myers, 2001, como se cita en Pedraza, 2005).</p>     <p>Por otra parte, generalmente se cree que la principal consecuencia del trabajo infantil es la deserci&oacute;n escolar, lo que implica enormes sacrificios en t&eacute;rminos de capital humano para los ni&ntilde;os. A pesar de esto, parecer&iacute;a que algunos hogares valoraran m&aacute;s el beneficio econ&oacute;mico de corto plazo que trae el trabajo infantil.<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a> Esto podr&iacute;a ser cierto en el caso de los hogares pobres, ya sea porque prefieren el consumo presente, o porque no creen que el capital humano de sus hijos en el futuro se traduzca en mayor bienestar para la familia. El problema del trabajo infantil entonces ser&iacute;a de temporalidad: un <i>trade-off</i> entre el corto y el largo plazo, ya que por un lado, existe una ganancia econ&oacute;mica inmediata, y por otro, un retorno a la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n y capital humano, pero de largo plazo. La soluci&oacute;n a este problema se complica, ya que como reconocen Bernal y C&aacute;rdenas (2005), los individuos que asumen los costos y beneficios del trabajo infantil son diferentes.<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a> El caso colombiano est&aacute; caracterizado por este tipo de dilemas. Si se tiene en cuenta que alrededor del 45% de la poblaci&oacute;n colombiana es pobre (MERPD, 2006), se esperar&iacute;a que estos conflictos fueran bastante comunes. Por esa raz&oacute;n, las pol&iacute;ticas para combatir el trabajo infantil no pueden dejar de lado estos aspectos y deben fijar especial atenci&oacute;n al hecho de que en muchos casos, la necesidad de sobrevivir hace que para los hogares pese m&aacute;s el beneficio presente de mandar a los ni&ntilde;os a trabajar. Por lo tanto proponer, por ejemplo, quitar la custodia de los menores a los padres que lo hagan, podr&iacute;a ser una soluci&oacute;n extrema y alejada de los problemas reales de la sociedad colombiana, y prohibir el trabajo infantil en su totalidad y de forma inmediata podr&iacute;a tener consecuencias peores que el mal en s&iacute; mismo.</p>     <p>Por todo lo anterior, estudiar a profundidad los beneficios y los costos del trabajo infantil y las consecuencias de su eliminaci&oacute;n, es fundamental para el entendimiento real de este problema en Colombia. La mayor&iacute;a de estudios sobre el tema se han concentrado en analizar los determinantes del trabajo infantil y en el sacrificio de capital humano como su principal resultado, pero no existen muchos que estudien sus consecuencias de m&aacute;s corto plazo, lo que es fundamental si se quieren formular las pol&iacute;ticas adecuadas. Para generar los incentivos correctos para que los hogares no acudan al trabajo infantil, es importante mostrar que el impacto negativo de este no se da solo por la disminuci&oacute;n del capital humano, y que existen otro tipo de costos asociados al trabajo de los ni&ntilde;os. Por ejemplo, &quot;Los pa&iacute;ses que registran las tasas m&aacute;s altas de analfabetismo, los &iacute;ndices de matr&iacute;cula m&aacute;s bajos, y serias deficiencias nutricionales son aquellos que tienen un proporci&oacute;n m&aacute;s alta de ni&ntilde;os que trabajan, particularmente en situaciones de explotaci&oacute;n&quot; (OIT, 2002). Adem&aacute;s, &quot;es com&uacute;n que estos ni&ntilde;os se desenvuelvan en ambientes laborales caracterizados por exposici&oacute;n a factores de alto riesgo, herramientas no aptas y esfuerzo excesivo que se contraponen al desarrollo propio de su edad&quot; (Pedraza, 2005, p.8). Es decir, que el trabajo infantil en ciertas circunstancias podr&iacute;a incidir negativamente en el bienestar de los ni&ntilde;os tanto en el largo como en el corto plazo, y en particular podr&iacute;a afectar negativamente su salud y su nutrici&oacute;n. Estos efectos &quot;contempor&aacute;neos&quot; del trabajo infantil, es decir, las relaciones de corto plazo, han recibido relativamente poca atenci&oacute;n en la literatura.</p>     <p>Este estudio busca llenar ese vac&iacute;o. Entendiendo la nutrici&oacute;n como un resultado de corto plazo, se busca identificar cu&aacute;les son las consecuencias del trabajo infantil en esta variable. El objetivo de este trabajo es demostrar que existe una relaci&oacute;n negativa y significativa entre trabajo infantil y nutrici&oacute;n. Adem&aacute;s, se busca probar que existen diferencias nutricionales entre los ni&ntilde;os que trabajan y los que no, a causa del trabajo. La hip&oacute;tesis es que debido a que en muchos casos el trabajo no se realiza en las circunstancias adecuadas para la protecci&oacute;n del menor, como por ejemplo, jornadas largas o en actividades de alto riesgo, o realizando un esfuerzo excesivo, esto puede afectar su salud, y en consecuencia, deteriorar su nutrici&oacute;n. Por otra parte, debido a que durante una gran parte del d&iacute;a los ni&ntilde;os que trabajan no se encuentran en el hogar, ni en el colegio, no pueden recibir una alimentaci&oacute;n adecuada, lo que va en detrimento de la nutrici&oacute;n de esos menores.</p>     <p>Este trabajo est&aacute; organizado en seis secciones, de las cuales esta introducci&oacute;n es la primera. La segunda secci&oacute;n presenta una revisi&oacute;n de literatura sobre el eje principal de esta investigaci&oacute;n: la relaci&oacute;n existente entre el trabajo y la nutrici&oacute;n infantil. La tercera secci&oacute;n explica las metodolog&iacute;as y los modelos utilizados en este trabajo. La cuarta secci&oacute;n describe los datos usados, mostrando algunos estad&iacute;sticos descriptivos de inter&eacute;s. La quinta secci&oacute;n presenta los resultados principales, y la &uacute;ltima secci&oacute;n concluye y presenta algunas recomendaciones de pol&iacute;tica.</p>     <p><b>I. Revisi&oacute;n de Literatura</b></p>     <p>La literatura ha identificado que el trabajo infantil podr&iacute;a ser un determinante importante del bienestar de los menores, por lo que algunos autores han estudiado las relaciones que existen entre trabajar y la salud o nutrici&oacute;n de los ni&ntilde;os. Fassa, Facchini, Dall&#39;Agnol y Christiani (1999) describen la situaci&oacute;n de los ni&ntilde;os trabajadores en pa&iacute;ses en desarrollo y pa&iacute;ses desarrollados, y las principales ocupaciones de estos, mostrando que el trabajo infantil en el mundo en desarrollo frecuentemente se caracteriza por largas jornadas de trabajo en ocupaciones riesgosas, inicio a temprana edad en las labores, salarios bajos, inasistencia escolar, y en muchos casos, desnutrici&oacute;n infantil. En cuanto a las ocupaciones, se analiza para cada caso el riesgo asociado a cada trabajo, encontrando que el trabajo infantil generalmente se concentra en el sector de agricultura, que es de los sectores que involucran mayores riesgos para la mortalidad y morbilidad, seguido por el sector manufacturero, que tambi&eacute;n involucra muchos riesgos, dependiendo de la industria espec&iacute;fica que emplee al menor. Se encuentra evidencia de un impacto negativo de las ocupaciones m&aacute;s riesgosas en la salud y el desarrollo de los ni&ntilde;os, siendo este impacto mayor que para los adultos expuestos en las mismas ocupaciones. Debido a esto concluyen que es importante combatir el trabajo infantil en actividades riesgosas, el trabajo forzoso y el trabajo a edades muy tempranas, ya que los menores parecen ser m&aacute;s vulnerables a estas situaciones. Sin embargo, reconocen que existe una brecha grande en el tema de los efectos del trabajo infantil en la nutrici&oacute;n.</p>     <p>Contrario a los hallazgos anteriores, O&#39;Donnel, Rosati, y VanDoorslaer (2005) encuentran poca evidencia de que en Vietnam el trabajo infantil tenga un impacto contempor&aacute;neo sobre la salud, medido a trav&eacute;s del &Iacute;ndice de Masa Corporal, el reporte de enfermedad y el crecimiento lineal. El aporte que hace este estudio es importante, ya que usa un panel de datos de la Encuesta de Calidad de Vida, que permite analizar m&aacute;s all&aacute; de la simple relaci&oacute;n trabajo-salud y hablar de causalidad entre estas dos variables, corrigiendo los problemas de endogeneidad comunes a este tipo de estudios. Usando como variables instrumentales la tenencia de tierra, indicadores del mercado laboral y de la calidad educativa, analizan el efecto de trabajar en el escore-z de peso para la edad, en el crecimiento y en el reporte de enfermedad, encontrando que existe una selecci&oacute;n de los ni&ntilde;os m&aacute;s saludables para trabajar, y que no existe un efecto contempor&aacute;neo de trabajo infantil en la salud, ni el crecimiento, aunque algunos trabajos pueden aumentar el riesgo de enfermedad en los 5 a&ntilde;os siguientes al trabajo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tambi&eacute;n para Vietnam, Beegle, Dehejia y Gatti (2004) usan un panel de datos para evaluar el efecto de la participaci&oacute;n laboral en algunos resultados, como educaci&oacute;n salarios y salud. Utilizando una metodolog&iacute;a de variables instrumentales, estos autores usan &quot;choques de comunidad&quot; y los precios del arroz para instrumentar la relaci&oacute;n trabajo-salud. Encuentran que despu&eacute;s de 5 a&ntilde;os de haber trabajado, los ni&ntilde;os tienen una menor probabilidad de estar asistiendo a un colegio, y un menor nivel de asistencia escolar, mientras que no parece haber un efecto del trabajo infantil en la salud. Por otra parte, despu&eacute;s de ese periodo de tiempo, los ni&ntilde;os que trabajaron tienen mayor probabilidad de estar empleados, y reciben mayores ingresos, lo que sugiere que la experiencia adquirida por el trabajo tiene retornos mayores que la educaci&oacute;n, o es mayor a la p&eacute;rdida estimada en el ingreso debido a la disminuci&oacute;n en la educaci&oacute;n. Sin embargo, los retornos a la educaci&oacute;n podr&iacute;an aumentar en el largo plazo, invirtiendo el efecto del trabajo, o la experiencia adquirida en este, en los retornos esperados. Es decir, que el beneficio neto del trabajo infantil depender&aacute; de c&oacute;mo valoren los hogares el tiempo, y es una cuesti&oacute;n emp&iacute;rica: el estudio estima que hogares con una tasa de descuento mayor a 11.5% tienen un valor presente neto descontado del trabajo infantil que es positivo.</p>     <p>En Colombia son relativamente pocos los estudios sobre los efectos del trabajo infantil, y en particular, es bastante escaso el estudio de las consecuencias de este en la nutrici&oacute;n de los menores. Esto se debe en gran parte a la ausencia de datos panel o de encuestas longitudinales que permitan hacer un seguimiento de las caracter&iacute;sticas de las personas y los hogares, lo que dificulta este tipo de an&aacute;lisis. Por esa raz&oacute;n, los estudios que han hablado de la relaci&oacute;n entre trabajo y nutrici&oacute;n generalmente hacen acercamientos, m&aacute;s no mediciones precisas de los efectos y causalidades entre estas variables. As&iacute;, Pedraza (2005) estudia el estado de salud <i>percibido,</i> como consecuencia del trabajo para los ni&ntilde;os colombianos. Estima un modelo <i>probit</i> para la probabilidad de estar en cuatro estados de salud y encuentra que el trabajo afecta de forma negativa la salud percibida de los menores, es decir que el trabajo act&uacute;a en detrimento del bienestar de la ni&ntilde;ez. Si bien el estudio de Pedraza hace una aproximaci&oacute;n a los efectos del trabajo infantil, como se dijo anteriormente para Colombia existe un gran vac&iacute;o en la literatura en lo que se refiere a las consecuencias de este, y el efecto que podr&iacute;a tener una pol&iacute;tica de erradicaci&oacute;n total del trabajo infantil. El aporte de este trabajo radica precisamente en que se provee evidencia de que el trabajo infantil tiene un efecto en el estado nutricional de los menores colombianos.</p>     <p><b>II. Metodolog&iacute;a y descripci&oacute;n de modelos</b></p>     <p>Seg&uacute;n Behrman y Skoufias (2004), los determinantes socioecon&oacute;micos de la salud son usualmente modelados a trav&eacute;s de un marco anal&iacute;tico similar, en el que los hogares maximizan una funci&oacute;n de bienestar, sujetos a una funci&oacute;n de producci&oacute;n de salud y a una restricci&oacute;n presupuestal. En estos modelos, las preferencias del hogar est&aacute;n dadas por una funci&oacute;n de utilidad U (1). El hogar elige un nivel de salud (H), ocio (L), y consumo de bienes y servicios (C), de acuerdo con una funci&oacute;n de producci&oacute;n de salud H de los ni&ntilde;os (2) y sujeto a una restricci&oacute;n de presupuesto (3):</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4e1.jpg"></center></p>     <p>En donde X<sub>h</sub> es un vector de caracter&iacute;sticas del hogar, <i>Y</i> es un vector de variables de salud, X<sub>i</sub> es un vector de caracter&iacute;sticas del ni&ntilde;o, X<sub>c</sub> es un vector de caracter&iacute;sticas del entorno que tienen impacto directo en la salud del ni&ntilde;o, y e es un vector de caracter&iacute;sticas no observables. IT es el ingreso total, y P<sub>c</sub>, P<sub>y</sub>, W<sub>c</sub>, son vectores de precios de los bienes, de las variables de salud y del ocio, respectivamente.</p>     <p>El resultado de &eacute;ste problema de maximizaci&oacute;n que enfrenta el hogar resulta en una funci&oacute;n de demanda por salud de los ni&ntilde;os, cuya forma reducida es:</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4e2.jpg"></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es decir que la demanda por salud de los ni&ntilde;os est&aacute; determinada por caracter&iacute;sticas del ni&ntilde;o, del hogar, del entorno, por el ingreso y el consumo del hogar, variables asociadas a la salud, y por caracter&iacute;sticas no observadas. La forma funcional de &eacute;sta ecuaci&oacute;n var&iacute;a de acuerdo a las preferencias de los hogares y a la forma particular de la funci&oacute;n de producci&oacute;n en salud.</p>     <p>En general, gran parte de la literatura sobre determinantes de la salud y nutrici&oacute;n de los ni&ntilde;os usa variaciones de esta funci&oacute;n para hacer estimaciones emp&iacute;ricas respecto a diferentes determinantes, siempre teniendo en cuenta que intervienen variables que caracterizan el entorno, el hogar, y el ni&ntilde;o. Siguiendo esta teor&iacute;a, el presente estudio analiza el trabajo infantil como determinante de la nutrici&oacute;n infantil. Para ello se estiman varios modelos que incluyen variables que caracterizan el entorno regional, el hogar, y al ni&ntilde;o, incluyendo diferentes especificaciones para capturar el trabajo infantil.</p>     <p><b>A.</b><b>Indicadores de Nutrici&oacute;n</b></p>     <p>Para medir el estado nutricional de los menores se usan cuatro indicadores utilizados com&uacute;nmente para evaluar el estado nutricional de las personas: el escore-z de la talla para la edad, el peso para la edad, y el peso para la talla, y el &Iacute;ndice de Masa Corporal (IMC). El escore-z se define como las desviaciones est&aacute;ndar de las medidas antropom&eacute;tricas del menor con respecto a la media del patr&oacute;n de referencia, o poblaci&oacute;n de referencia.<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a> Por ejemplo, el escore-z de peso para la edad est&aacute; dado por: <img src="img/revistas/dys/n59/n59a4e3.jpg" align="absmiddle">. Donde <i>i</i> corresponde a cada ni&ntilde;o, <i>c</i> a la edad y sexo del grupo, W<sub>ic</sub> a la medida de peso del ni&ntilde;o (en kilos), y Media W<sub>c</sub> y DesvStd<sub>c</sub> son respectivamente la media y la desviaci&oacute;n est&aacute;ndar del peso de la poblaci&oacute;n de referencia. La ventaja principal de comparar con esta poblaci&oacute;n de referencia es &quot;la disponibilidad de un patr&oacute;n normalizado en el sentido de que la media y la mediana de las distribuciones coinciden.&quot; (Profamilia, 2005, p.267). De esta manera, el escore-z permite clasificar el estado nutricional del menor relativo a la poblaci&oacute;n de su misma edad y sexo: un menor que tenga un escore-z menor a -2, es decir, que se encuentre m&aacute;s de dos desviaciones est&aacute;ndar por debajo de la media, es considerado en estado de desnutrici&oacute;n, mientras que un menor que se encuentre m&aacute;s de dos desviaciones est&aacute;ndar por encima de la media es considerado en sobrepeso. Los menores con un escore-z entre -2 y +2, es decir, a dos desviaciones est&aacute;ndar o menos de la media, est&aacute;n en un estado de nutrici&oacute;n normal para su edad y sexo.<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a> Por otra parte, el IMC se calcula como el peso (en kilogramos) sobre la altura al cuadrado (en cent&iacute;metros), y &quot;permite medir la delgadez o la obesidad controlando la estatura y dando informaci&oacute;n acerca de las reservas de energ&iacute;a.&quot; (Profamilia, 2005, p.274): <img src="img/revistas/dys/n59/n59a4e4.jpg" align="absmiddle">.</p>     <p>Se estudian por separado las cuatro medidas, ya que cada una muestra algo diferente. La talla baja para la edad se denomina desnutrici&oacute;n cr&oacute;nica, y se determina de acuerdo con la talla esperada de un menor para su edad y sexo. Dado que este indicador permite observar si existe un retraso en el crecimiento lineal del menor para su edad, muestra cu&aacute;l es el estado nutricional de largo plazo, que podr&iacute;a estar determinado por caracter&iacute;sticas estructurales que afecten al menor. El peso bajo para la talla se conoce como desnutrici&oacute;n aguda o actual.<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a> Es un indicador de desnutrici&oacute;n reciente, que mide el efecto del deterioro en la alimentaci&oacute;n y la presencia de enfermedades en el pasado inmediato. Se puede incluso decir que obedece a situaciones de coyuntura, por lo que es un indicador de corto plazo. El peso bajo para la edad es conocido como desnutrici&oacute;n global, y es considerado como un indicador general de desnutrici&oacute;n, que no diferencia entre la desnutrici&oacute;n de corto plazo o largo plazo, y por lo tanto no se puede reconocer si sus determinantes son estructurales o coyunturales (Profamilia, 2005). Para el indicador de peso para la edad y talla para la edad se usaron datos de la muestra completa de menores entre 6 y 17 a&ntilde;os. Debido a que no existen tablas de referencia para calcular el escore-z de los menores entre 10 y 17 a&ntilde;os para el peso para la talla, para este indicador se us&oacute; solo la muestra de ni&ntilde;os entre los 6 y los 9 a&ntilde;os, y para complementar el an&aacute;lisis de la nutrici&oacute;n de corto plazo de los menores, se us&oacute; el IMC para los ni&ntilde;os entre 10 y 17 a&ntilde;os, que tambi&eacute;n puede ser visto como un indicador de nutrici&oacute;n reciente.</p>     <p><b>B.</b><b>M&iacute;nimos Cuadrados Ordinarios (MCO)</b></p>     <p>Para responder a la pregunta sobre cu&aacute;l es la relaci&oacute;n entre el trabajo infantil y la nutrici&oacute;n, se estimaron varios modelos usando M&iacute;nimos Cuadrados Ordinario (MCO). Esta metodolog&iacute;a no permite conocer con certeza cu&aacute;l es el sentido de la causalidad entre trabajo y nutrici&oacute;n. Sin embargo, es la primera aproximaci&oacute;n a c&oacute;mo se da esta relaci&oacute;n, permitiendo saber si esta es significativa, y si es positiva o negativa.</p>     <p>Siguiendo a Behrman y Skoufias (2004), las variables incluidas en todos los modelos se clasifican en tres grupos que afectan la nutrici&oacute;n de los menores desde diferentes niveles: variables regionales (o del entorno), del hogar y caracter&iacute;sticas del ni&ntilde;o. En cada caso, la justificaci&oacute;n para tener estas variables est&aacute; respaldada por la evidencia emp&iacute;rica, por un lado, y por la realidad colombiana, por otro. En el caso de las variables regionales, las caracter&iacute;sticas del lugar donde habita el menor podr&iacute;an hacerlo m&aacute;s vulnerable que otro ni&ntilde;o ante ciertas circunstancias. En Colombia existen grandes diferencias entre la zona urbana y la rural en t&eacute;rminos de acceso y calidad de servicios m&eacute;dicos, en el mercado laboral y el nivel de ingresos, y en general en la situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica, y existen caracter&iacute;sticas particulares de las regiones, como el clima o el contexto econ&oacute;mico, que podr&iacute;an tener un efecto en la nutrici&oacute;n de los menores. La inclusi&oacute;n de las variables del hogar tambi&eacute;n es fundamental, ya que gran parte del bienestar de los menores, incluyendo el estado nutricional, com&uacute;nmente se ha relacionado con las caracter&iacute;sticas y la situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica de este.<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a> El tercer grupo de variables contiene las caracter&iacute;sticas del menor, que sin duda se relacionan fuertemente con su estado nutricional. En este &uacute;ltimo grupo se incluyen las variables de trabajo. El modelo b&aacute;sico estimado por MCO est&aacute; dado por la siguiente ecuaci&oacute;n:</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4e5.jpg"></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En donde IN es un indicador del estado nutricional del menor, VR es un vector de caracter&iacute;sticas regionales, VH es un vector de caracter&iacute;sticas del hogar, VI es un vector de caracter&iacute;sticas del ni&ntilde;o (incluyendo las variables de trabajo infantil), y <font face="Symbol">e</font> es un vector de caracter&iacute;sticas no observables del ni&ntilde;o, el hogar y la regi&oacute;n, que afectan la nutrici&oacute;n.</p>     <p>La hip&oacute;tesis inicial plantea que el trabajo infantil tiene efectos negativos en la nutrici&oacute;n del menor. Sin embargo, tambi&eacute;n puede existir un efecto positivo que se da a trav&eacute;s de la mayor generaci&oacute;n de ingresos para el hogar, y en consecuencia, en un mejor estado nutricional del menor. As&iacute;, el &quot;efecto neto&quot; depender&iacute;a del n&uacute;mero de horas trabajadas, del tipo de trabajo, y tambi&eacute;n de si el menor est&aacute; simult&aacute;neamente asistiendo a un establecimiento educativo. Es importante recordar que existen argumentos que dicen que el trabajo infantil no es negativo si no se afecta el bienestar f&iacute;sico, psicol&oacute;gico y emocional de los ni&ntilde;os, y si estos no est&aacute;n dejando de educarse por trabajar. Por lo tanto, resulta relevante saber qu&eacute; pasa con el estado nutricional cuando el ni&ntilde;o trabajador est&aacute; asistiendo a estudiar, efecto que captura la interacci&oacute;n entre las variables de trabajo y la asistencia. As&iacute;, si tenemos una estimaci&oacute;n como la (6), y asumimos que las variables regionales, del hogar, e individuales est&aacute;n fijas, se podr&iacute;a decir que trabajar estar&iacute;a asociado con el indicador de nutrici&oacute;n de la forma en que lo muestra la ecuaci&oacute;n (7):</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4e6.jpg"></center></p>     <p>Es decir, que si el menor asiste a estudiar, y el coeficiente estimado de la interacci&oacute;n <font face="Symbol">b</font><sub>3</sub> es negativo, la relaci&oacute;n entre trabajar y el indicador de nutrici&oacute;n disminuye en <font face="Symbol">b</font><sub>3</sub> (desviaciones si se habla del escore-z, y puntos porcentuales si se habla del IMC). Si por el contrario, este coeficiente es positivo, la relaci&oacute;n entre trabajar y el indicador de nutrici&oacute;n aumenta en <font face="Symbol">b</font><sub>3</sub> cuando el menor est&aacute; estudiando. Al final, introducir estas interacciones muestra cu&aacute;l es el efecto que podr&iacute;a tener trabajar, dependiendo de si simult&aacute;neamente se est&aacute; asistiendo a estudiar o no. De la misma manera se estudiaron modelos en los cuales se interactuaron las variables de trabajo con una dummy del quintil inferior de riqueza, para capturar si pertenecer a este quintil hace m&aacute;s o menos importante el &quot;efecto&quot; de trabajar.</p>     <p><b>C. Pareo por Probabilidades de Similitud (PPS)</b></p>     <p>El problema con la metodolog&iacute;a de MCO es que no permite conocer con certeza cu&aacute;l es el sentido de la causalidad entre trabajo y nutrici&oacute;n: es posible que la variable de trabajo infantil sea end&oacute;gena debido a que existe una mutua causalidad ente nutrici&oacute;n y trabajo. Adem&aacute;s, los resultados de MCO pueden estar sesgados, dado que puede haber una selecci&oacute;n de los ni&ntilde;os trabajadores. Es decir, es posible que quienes trabajen tengan ciertas caracter&iacute;sticas, y que sean estas caracter&iacute;sticas las que est&eacute;n causando las diferencias en el resultado nutricional. Por esa raz&oacute;n, se usa tambi&eacute;n la metodolog&iacute;a de Pareo por Probabilidades de Similitud (PPS), que permite aliviar el problema de selecci&oacute;n, al menos en cuanto a las variables observables, resolviendo en gran parte el problema de endogeneidad (Rosenbaum y Rubin (1983) y Heckman, Ichimura y Todd (1998)). Esta metodolog&iacute;a permite demostrar si existen diferencias nutricionales entre los ni&ntilde;os que trabajan y los que no. Si se encuentra una diferencia significativa se puede decir que esta es el efecto que tiene el trabajo en el resultado nutricional.</p>     <p>Para usar esta metodolog&iacute;a se toma el trabajo como un tipo de intervenci&oacute;n en un grupo de ni&ntilde;os, que tiene un resultado en t&eacute;rminos de nutrici&oacute;n. Para ello se toma como grupo de tratamiento a los ni&ntilde;os trabajadores, y se &quot;construye&quot; un grupo de control a partir de las caracter&iacute;sticas observables. Este grupo est&aacute; compuesto por ni&ntilde;os que no reciben el tratamiento, es decir, que no trabajan, pero que tienen la misma probabilidad de recibir el tratamiento que alguno de los menores en el grupo de tratamiento, en este caso, que tienen la misma probabilidad de trabajar. Por esa raz&oacute;n, el primer paso del PPS consisten en hacer una estimaci&oacute;n de cu&aacute;l es la probabilidad de trabajar para cada menor, a trav&eacute;s de un modelo <i>probit</i>: En este modelo se incluyeron variables que t&iacute;picamente se reconocen como determinantes de la probabilidad de trabajar, tal como muestra la ecuaci&oacute;n (8):</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4e7.jpg"></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En donde ti toma el valor de uno cuando el ni&ntilde;o trabaja, seg&uacute;n la definici&oacute;n de trabajo que se use, VR son los controles regionales, VH son las variables del hogar, y VI las variables individuales, que podr&iacute;an incidir en la probabilidad de trabajar.<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a> De este ejercicio se obtiene la probabilidad para cada menor de &quot;ser intervenido&quot;, y con estas probabilidades es posible hacer el pareo por probabilidades de similitud, es decir, encontrar a ni&ntilde;os con la misma probabilidad de participar, pero que se diferencian de los del grupo de tratamiento s&oacute;lo por la intervenci&oacute;n que se est&aacute; evaluando, es decir, porque unos trabajan y otros no. La agrupaci&oacute;n de estos ni&ntilde;os se conoce como el &quot;soporte com&uacute;n&quot;.</p>     <p>Teniendo el soporte com&uacute;n con ni&ntilde;os tratados y ni&ntilde;os control, se puede entrar a comparar el estado nutricional de cada grupo, y encontrar el efecto del trabajo en este. Este efecto generalmente se mide como la diferencia en las medias en las variables de resultado entre los dos grupos, en este caso, los indicadores nutricionales, a trav&eacute;s de un par&aacute;metro que se conoce en la literatura como el <i>average treatment on the treated (ATT)</i>, o tratamiento promedio sobre los tratados, que est&aacute; dado por:</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4e8.jpg"></center></p>     <p>En donde Z<sub>t</sub> y Z<sub>c</sub> son los resultados del indicador de nutrici&oacute;n para el grupo de tratamiento y el de control respectivamente, X es un vector de caracter&iacute;sticas observables, y T=1 representa el tratamiento. El ATT muestra la diferencia en el estado nutricional de quienes trabajaron respecto al estado nutricional que tendr&iacute;an si no hubieran trabajado. Esta diferencia se le atribuye al tratamiento, en este caso, al trabajo, permitiendo identificar cu&aacute;l es el efecto que tiene este en los indicadores nutricionales.</p>     <p>Para esta parte de la metodolog&iacute;a se hacen varios ejercicios de PPS. En una primera parte, se usan las diferentes definiciones de trabajo como tratamiento. Es decir, se usa la definici&oacute;n tradicional, la definici&oacute;n ampliada, el trabajo en el hogar, y el trabajo simult&aacute;neamente fuera y dentro del hogar<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>, y en cada caso, se analiza el efecto de trabajar en los cuatro indicadores de nutrici&oacute;n anteriormente explicados. En la segunda parte se intenta ver si es el trabajo como tal el que tiene un efecto en la nutrici&oacute;n, o si es el trabajo con ciertas caracter&iacute;sticas el que tiene este resultado. En este caso, se usa como tratamiento el trabajo por m&aacute;s de las horas legalmente permitidas, el trabajo en actividades riesgosas, el trabajo remunerado, o el trabajo de los ni&ntilde;os en el quintil inferior de riqueza, y se mide el efecto de cada tipo particular de trabajo sobre los cuatro indicadores de nutrici&oacute;n.</p>     <p><b>III. Descripci&oacute;n de datos</b></p>     <p><b>A. Fuente de los datos</b></p>     <p>La fuente principal de informaci&oacute;n es la Encuesta de Demograf&iacute;a y Salud - ENDS 2005, realizada por Profamilia y Macro Internacional Inc. Esta encuesta recolect&oacute; informaci&oacute;n sobre las caracter&iacute;sticas de los hogares y sus miembros, en especial sobre la salud sexual y reproductiva de los colombianos. Se incluyeron preguntas sobre trabajo para los menores de 18 a&ntilde;os, y se tomaron medidas antropom&eacute;tricas para los menores de 64 a&ntilde;os tanto hombres como mujeres, ambos elementos explotados en este estudio. Adicionalmente, &quot;la ENDS es una encuesta de cobertura nacional, con representatividad rural y urbana, por seis regiones, por 16 subregiones y por departamentos&quot; (Profamilia, 2005, p. XXVII). Este trabajo usa datos provenientes del cuestionario de medidas antropom&eacute;tricas, y del cuestionario del hogar, que est&aacute; enfocado en la caracterizaci&oacute;n general de los hogares y sus miembros. En este cuestionario se encuentra la informaci&oacute;n concerniente a trabajo para los menores entre 6 y 17 a&ntilde;os de edad, raz&oacute;n por la cual es este el rango de edad sujeto de an&aacute;lisis para este trabajo. En total se encuestaron 37,211 hogares, recogiendo informaci&oacute;n de 157,000 personas, de los cuales 40,138 son menores entre 6 y 17 a&ntilde;os de edad. Se obtuvieron medidas antropom&eacute;tricas de 117,205 miembros de los hogares encuestados, de los cuales 34,468 son menores que fueron medidos para peso y talla satisfactoriamente, es decir, tienen un registro v&aacute;lido para los indicadores de nutrici&oacute;n. De estos, 34.6% son ni&ntilde;os entre 6 y 9 a&ntilde;os, y 65.4% ni&ntilde;os entre 10 y 17 a&ntilde;os.</p>     <p>Esta encuesta es de gran valor para este trabajo, ya que permite relacionar el trabajo infantil y la nutrici&oacute;n, elementos centrales de &eacute;ste, al tiempo que permite caracterizar de manera adecuada al hogar y los individuos. Adem&aacute;s, el hecho de que los datos sean tan recientes permite obtener resultados que muestren un panorama actualizado de la realidad colombiana. Sin embargo, al igual que la mayor parte de las encuestas de este tipo, la ENDS-2005 es de corte transversal, es decir, que se hace en un momento dado del tiempo, por lo que no es posible seguir a los individuos a trav&eacute;s del tiempo. Espec&iacute;ficamente en el caso de esta investigaci&oacute;n, no es posible saber con certeza si el trabajo tiene consecuencias futuras en la nutrici&oacute;n de los ni&ntilde;os, dado que no se cuenta con una panel de datos para los menores, ni una encuesta de tipo longitudinal. Adem&aacute;s, en esta encuesta solo es posible identificar a los menores que la semana anterior a la encuesta estuvieron trabajando y por lo tanto no es claro si el estado nutricional se afecta si el menor solamente trabaj&oacute; en esa semana. Para la realizaci&oacute;n de este trabajo se supone que quienes trabajaron la semana anterior llevan m&aacute;s de una semana en el mercado laboral, debido a que generalmente el trabajo infantil se da por una necesidad del hogar que responde a un problema estructural de este y que ocasiona que haya trabajo infantil permanentemente. A pesar de estas limitaciones, la ENDS junto con las metodolog&iacute;a usadas, permiten establecer relaciones entre las variables de inter&eacute;s.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>B. Variables</b></p>     <p>Las variables incluidas en los modelos fueron las siguientes:</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c1.jpg"><a name="n14"></a></center></p>     <p>Los quintiles de riqueza se refieren a quintiles seg&uacute;n el &Iacute;ndice de Riqueza. Este &Iacute;ndice fue construido en la ENDS siguiendo una metodolog&iacute;a desarrollada por el Banco Mundial para el estudio de las diferencias en salud, nutrici&oacute;n y poblaci&oacute;n entre las personas de distintos grupos socioecon&oacute;micos. El &Iacute;ndice de riqueza es construido en t&eacute;rminos de los activos o riqueza en el hogar y no a trav&eacute;s del ingreso o el consumo. En la ENDS no es posible establecer el ingreso de las personas, por lo que la forma en que se caracterizan las condiciones socioecon&oacute;micas del hogar es a trav&eacute;s de este &Iacute;ndice, y su clasificaci&oacute;n en quintiles de bienestar o de riqueza.<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a></p>     <p>Inicialmente se incluy&oacute; un grupo de variables de la madre, pero se excluy&oacute; en los modelos finales ya que al considerar la informaci&oacute;n de la madre se sacrificaban 17.18% de las observaciones (5,922), correspondientes a los ni&ntilde;os en hogares donde no exist&iacute;a la madre. Los hogares sin madre tienen proporcionalmente mayores tasas de participaci&oacute;n que los hogares con mam&aacute;. Esto sugiere que hogares donde no est&aacute; la madre tienden m&aacute;s a tener ni&ntilde;os trabajando, por lo que al eliminar estas observaciones se sacrificaba un n&uacute;mero importante de ni&ntilde;os trabajadores. Debido a que el eje central de este trabajo es el efecto del trabajo infantil, se consider&oacute; importante incluir estas observaciones, y por ello se suprimi&oacute; el grupo completo de variables de la madre. Debido a esto, se incluy&oacute; en la jerarqu&iacute;a del hogar una dummy igual a 1 si la mam&aacute; est&aacute; en el hogar, para capturar de alguna forma las caracter&iacute;sticas de esta que podr&iacute;an relacionarse con el estado nutricional del menor.</p>     <p>Para la identificaci&oacute;n de las diferentes formas en que el menor se involucra en el trabajo se dise&ntilde;aron tres modelos de trabajo. En cada uno se incluyeron variables de trabajo e interacciones de estas con asistencia escolar o con el quintil m&aacute;s pobre seg&uacute;n &Iacute;ndice de Riqueza. El primer modelo usa la definici&oacute;n ampliada de trabajo (Fl&oacute;rez et al., 1996), es decir, considera que son trabajadores quienes realizaron alg&uacute;n trabajo, excluyendo los quehaceres del hogar, o realizaron quehaceres del hogar por m&aacute;s de 20 horas semanales. Esta categor&iacute;a est&aacute; conformada por cuatro variables dummy mutuamente excluyentes: no trabaj&oacute; (no realiz&oacute; actividad, ni quehaceres del hogar por m&aacute;s de 20 horas semanales); trabaj&oacute; s&oacute;lo en el hogar (realiz&oacute; labores del hogar por m&aacute;s de 20 horas semanales y no trabaj&oacute; por fuera de este); solo trabaj&oacute; seg&uacute;n definici&oacute;n tradicional (trabaj&oacute; y no realiz&oacute; quehaceres del hogar por m&aacute;s de 20 horas); trabaj&oacute; en y fuera del hogar (realiz&oacute; labores del hogar por m&aacute;s de 20 horas y realiz&oacute; trabajo seg&uacute;n definici&oacute;n tradicional).</p>     <p>El Modelo 2 de trabajo usa la definici&oacute;n tradicional de trabajo, es decir que excluye a quienes realizan quehaceres del hogar. En este caso se tiene en cuenta el riesgo asociado al lugar de trabajo del ni&ntilde;o, y el trabajo se clasifica en actividades de alto riesgo o de bajo riesgo, considerando que el nivel de riesgo podr&iacute;a incidir sobre los efectos del trabajo. La clasificaci&oacute;n se hizo por criterio del autor sobre qu&eacute; actividades podr&iacute;an ser m&aacute;s riesgosas para el bienestar del menor, pero siguiendo la clasificaci&oacute;n de la OIT de las peores formas de trabajo infantil mencionadas en la secci&oacute;n I. Las tres dummies usadas en esta categor&iacute;a son: no trabaj&oacute;, trabaj&oacute; en actividades de alto riesgo (comercio callejero, calle, construcci&oacute;n, campo, puerta a puerta, mina o cantera, caseta o kiosco, veh&iacute;culos u otros medios de transporte) y trabaj&oacute; en actividades de bajo riesgo (vivienda donde habita, otra vivienda, f&aacute;brica peque&ntilde;a, empresa familiar, plaza de mercado).</p>     <p>El tercer modelo de trabajo tambi&eacute;n usa la definici&oacute;n tradicional de trabajo, pero la clasificaci&oacute;n dentro de esta categor&iacute;a depende del n&uacute;mero de horas trabajadas (m&aacute;s o menos que las legalmente permitidas), teniendo en cuenta que es posible que la relaci&oacute;n entre trabajo y desnutrici&oacute;n dependa de la cantidad de horas y no solamente del hecho de trabajar. Esta categor&iacute;a incluye tres variables dummies: no trabaj&oacute;, trabaj&oacute; m&aacute;s de las horas legalmente permitidas, y trabaj&oacute; menos de las horas legalmente permitidas<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>.</p>     <p><b>C.</b><b>Estad&iacute;sticos Descriptivos</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este apartado se analizar&aacute;n los estad&iacute;sticos descriptivos correspondientes a los indicadores de nutrici&oacute;n y las variables de trabajo. El <a href="img/revistas/dys/n59/n59a4c2.jpg" target="_blank">Cuadro 1</a> muestra el porcentaje de menores en estado de desnutrici&oacute;n, sobrepeso y normales para cada indicador, por caracter&iacute;sticas seleccionadas. En primer lugar, el cuadro muestra que existen diferencias importantes en el estado nutricional seg&uacute;n la edad. En general, a mayor edad, mayor es la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os que est&aacute; en estado de desnutrici&oacute;n seg&uacute;n los tres indicadores, pero es m&aacute;s notorio para el indicador de desnutrici&oacute;n cr&oacute;nica: mientras el 12.3% de los ni&ntilde;os de 6 a&ntilde;os presenta baja talla para la edad, esa situaci&oacute;n se presenta en el 20.9% de los ni&ntilde;os de 17 a&ntilde;os. Por otra parte, los hombres tienen un estado nutricional proporcionalmente peor que las mujeres para los tres indicadores. En particular, existe una diferencia significativa para la desnutrici&oacute;n global, ya que la proporci&oacute;n de hombres con bajo peso para la edad m&aacute;s que duplica esta proporci&oacute;n para las mujeres. Tambi&eacute;n existen diferencias regionales importantes: la Regi&oacute;n Atl&aacute;ntica se caracteriza por tener la mayor proporci&oacute;n de menores en desnutrici&oacute;n, siendo esta bastante mayor que la regi&oacute;n que le sigue en proporci&oacute;n de ni&ntilde;os desnutridos. Finalmente, la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os en estado de desnutrici&oacute;n es mayor para los quintiles m&aacute;s bajos de riqueza. Para la talla para la edad, un 25% de los ni&ntilde;os del quintil m&aacute;s bajo de riqueza est&aacute; en estado de desnutrici&oacute;n cr&oacute;nica, en comparaci&oacute;n con un 6.8% en el quintil de ingreso m&aacute;s rico. En cuanto al peso para la edad, la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os en estado de desnutrici&oacute;n en el quintil m&aacute;s bajo m&aacute;s que triplica a la del quintil m&aacute;s rico. Para el peso para la talla la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os desnutridos no presenta mayores diferencias entre quintiles.</p>     <p>Otras caracter&iacute;sticas que se asocian con los niveles de nutrici&oacute;n de los menores se aprecian en los <a href="#g1">Gr&aacute;ficos 1</a> y <a href="#g2">2</a>. El <a href="#g1">Gr&aacute;fico 1</a> muestra las diferencias existentes entre la zona rural y urbana en el estado de desnutrici&oacute;n de los ni&ntilde;os, medidos a trav&eacute;s de los tres indicadores principales. Si bien no hay diferencias significativas en la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os con desnutrici&oacute;n para el indicador de peso para la talla (P/t), s&iacute; las hay en el indicador de talla para la edad (T/e), evidenciando las diferencias estructurales entre una zona y otra que podr&iacute;an asociarse con la nutrici&oacute;n de largo plazo. En el caso de la zona rural, existen muchas caracter&iacute;sticas particulares que podr&iacute;an relacionarse con el bienestar del menor, lo cual se ve reflejado en una mayor proporci&oacute;n de ni&ntilde;os en estado de desnutrici&oacute;n cr&oacute;nica: 22.2%, en comparaci&oacute;n con 11.9% de la zona urbana. Para el indicador de peso para la edad (P/e) tambi&eacute;n existen estas diferencias: el 8.1% de los menores en zonas rurales est&aacute; en desnutrici&oacute;n global, contra un 5.2% de la zona urbana. Por otra parte, el <a href="#g2">Gr&aacute;fico 2</a> muestra que el porcentaje de menores con desnutrici&oacute;n que no asiste a una instituci&oacute;n educativa es mayor que el porcentaje de menores que s&iacute; lo hace: para el indicador de talla para la edad (T/e), 24% de los menores que no asisten a un colegio est&aacute;n en estado de desnutrici&oacute;n, mientras que para los que s&iacute; lo hacen el porcentaje con baja talla para la edad es de 13.8%. Para el peso para la edad la diferencia entre &aacute;rea rural y urbana es menor, aunque a&uacute;n significativa (3.3%), y para el peso para la talla la diferencia es muy leve.</p>     <p>    <center><a name="g1"></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4g1.jpg"></center></p>     <p>    <center><a name="g2"></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4g2.jpg"></center></p>     <p>Por otra parte, el <a href="#c2">Cuadro 2</a> caracteriza al trabajo infantil usando las tres definiciones de trabajo. La mayor&iacute;a de ni&ntilde;os trabajadores vienen de hogares con jefes de hogar menos educados: El 73% de los ni&ntilde;os que trabajan seg&uacute;n la definici&oacute;n tradicional, vienen de hogares cuyos jefes de hogar tienen 5 a&ntilde;os o menos de educaci&oacute;n, mientras que apenas un 5,4% pertenecen a hogares con jefes de hogar con 12 a&ntilde;os o m&aacute;s de educaci&oacute;n. Al analizar las tasas de participaci&oacute;n es posible ver como la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os trabajadores es mayor en los hogares con jefes menos educados. Para cualquier definici&oacute;n de trabajo, la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os que trabajan en los hogares con jefes con menos de 6 a&ntilde;os de educaci&oacute;n es m&aacute;s del doble de esa proporci&oacute;n para los hogares con jefes m&aacute;s educados. Por otra parte, alrededor del 40% de los ni&ntilde;os trabajadores pertenecen al quintil m&aacute;s bajo de riqueza, y la tasas de participaci&oacute;n indican que es un fen&oacute;meno que se presenta en mayor proporci&oacute;n en los quintiles m&aacute;s bajos de riqueza. Usando la definici&oacute;n ampliada de trabajo, casi un cuarto de los ni&ntilde;os pertenecientes al quintil m&aacute;s bajo trabajan. En cuanto al tipo de familia, el 63,1% de los trabajadores vienen de hogares completos, es decir, con ambos padres. Sin embargo, la mayor&iacute;a de hogares son completos, por lo que es de mayor utilidad analizar la tasa de participaci&oacute;n: con la definici&oacute;n tradicional, 7,4% de los ni&ntilde;os en hogares completos trabajan, mientras el 8,8% de los ni&ntilde;os en hogares incompletos lo hacen, es decir, que el trabajo no es especialmente caracter&iacute;stico de alguno de los grupos.</p>     <p>    <center><a name=c2></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c3.jpg"></center></p>      <p>El <a href="#c3">Cuadro 3</a> muestra las tasas de participaci&oacute;n de los menores y el promedio de horas trabajadas seg&uacute;n la definici&oacute;n de trabajo y por rangos de edad. Este cuadro constituye parte de la motivaci&oacute;n de este trabajo, y es que, a pesar de que la ley proh&iacute;be el trabajo infantil para menores de 12 a&ntilde;os, la tasa de participaci&oacute;n de estos ni&ntilde;os es muy alta.<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a> Es sorprendente que para el rango de edad entre 10 y 11 a&ntilde;os, la tasa de participaci&oacute;n seg&uacute;n la definici&oacute;n tradicional sea del 4% de los ni&ntilde;os, que en promedio trabajan 16 horas semanales. Por otra parte, si se analiza el trabajo con la definici&oacute;n ampliada, 13.2% de los menores entre 6 y 17 a&ntilde;os participan en actividades laborales, lo cual representa un porcentaje bastante significativo. A&uacute;n si se usa la definici&oacute;n tradicional de trabajo, la tasa de participaci&oacute;n es del 7.9%, que sigue siendo una tasa alta. El promedio de horas de trabajo est&aacute; por debajo de lo m&aacute;ximo permitido por la ley, pero las tasas de participaci&oacute;n son elevadas. Por ejemplo, para los menores de 16 a 17 a&ntilde;os, la tasa de participaci&oacute;n con la definici&oacute;n tradicional es de 22.8%. Al usar la definici&oacute;n ampliada de trabajo se encuentra una tasa de participaci&oacute;n de 6.9% para los menores de 10 y 11 a&ntilde;os y una tasa de 36.3% para los de 16 a 17 a&ntilde;os. Para el trabajo en el hogar la tasa de participaci&oacute;n total es del 5.9%. Los promedios reportados incluyen a quienes trabajaron menos de 20 horas, raz&oacute;n por la cual para todos los rangos de edad el promedio de horas semanales de labores en el hogar est&aacute; por debajo de las 20 horas en las cuales se considera que realizar esas labores es trabajo. La &uacute;ltima columna del cuadro muestra el promedio de horas totales trabajadas en alguna actividad <b>y</b> en labores del hogar. Resalta que los j&oacute;venes entre 16 y 17 trabajaron en promedio, un total de 17.7 horas a la semana. Aunque pueda parecer que este n&uacute;mero de horas no es significativo, s&iacute; lo es, ya que un mayor n&uacute;mero de horas trabajadas podr&iacute;a significar mayor ingreso para el hogar. Por otro lado, si el ni&ntilde;o est&aacute; estudiando y adem&aacute;s trabaja por 18 horas, esto implica aproximadamente 48 horas a la semana de actividad,<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a> lo que en algunos casos podr&iacute;a significar un esfuerzo grande para el menor, que podr&iacute;a tener consecuencias negativas para su salud y nutrici&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Precisamente esa es la raz&oacute;n para analizar las relaciones entre asistencia escolar y trabajo seg&uacute;n la definici&oacute;n tradicional, reportadas en el <a href="#c4">Cuadro 4</a>. En este caso es posible ver que con la definici&oacute;n tradicional, el 83.4% de los menores asisten a un establecimiento educativo y no trabajan. La proporci&oacute;n de menores que trabajan y asisten, o que trabajan y no asisten es much&iacute;simo mayor en ambos casos para los j&oacute;venes entre 10 y 17 a&ntilde;os. La proporci&oacute;n de ni&ntilde;os entre 6 y 9 a&ntilde;os que trabaja y al mismo tiempo asiste a estudiar es mucho mayor que la de ni&ntilde;os que trabajan y no asisten, lo que requiere especial atenci&oacute;n, ya que si bien el trabajo infantil se asocia con la deserci&oacute;n escolar, por otro lado tambi&eacute;n se da mientras los ni&ntilde;os asisten, a&uacute;n cuando esto implique horas de actividad adicionales para ellos. En el caso del trabajo en el hogar la historia no es muy diferente, aunque aumenta la proporci&oacute;n de no trabajadores, quiz&aacute; debido a que muchos realizan quehaceres del hogar pero por menos de 20 horas. Finalmente, al considerar el trabajo seg&uacute;n la definici&oacute;n ampliada, las tasas de participaci&oacute;n aumentan notablemente, tanto para los que asisten como los que no, y principalmente para los ni&ntilde;os entre 10 y 17 a&ntilde;os. Cabe notar que el porcentaje en este grupo de edad que asiste y trabaja asciende a 10.3%, mientras con la definici&oacute;n tradicional era de 5.6%. El porcentaje de ni&ntilde;os entre 10 y 17 a&ntilde;os que realiz&oacute; alguna de las dos actividades y no asist&iacute;a, pas&oacute; de 5.6% con la definici&oacute;n tradicional, a 8.5% con la definici&oacute;n ampliada, poniendo en evidencia un gran n&uacute;mero de menores, en especial los m&aacute;s grandes, que trabajan y no estudian.</p>     <p>    <center><a name=c3></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c4.jpg"></center></p>      <p>Finalmente, el <a href="#c5">Cuadro 5</a> muestra la proporci&oacute;n de menores que trabajan y que no trabajan seg&uacute;n la definici&oacute;n tradicional de empleo, seg&uacute;n estado de nutrici&oacute;n y grupo de edad. La proporci&oacute;n de ni&ntilde;os trabajando que est&aacute;n en estado de desnutrici&oacute;n es mayor que la proporci&oacute;n en ese estado de los que no trabajan. Esto se da principalmente para los indicadores de peso para la edad y talla para la edad. Para ambos indicadores la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os desnutridos es mayor para los ni&ntilde;os entre 10 y 17 a&ntilde;os. Sin embargo, el indicador de peso para la talla muestra que la proporci&oacute;n de ni&ntilde;os no trabajadores que est&aacute;n desnutridos es mayor que la de los que trabajan, lo que sugiere que en el corto plazo el trabajo podr&iacute;a estar asociado positivamente con la nutrici&oacute;n.</p>     <p>    <center><a name=c4></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c5.jpg"></center></p>      <p>El an&aacute;lisis descriptivo muestra un peor estado nutricional para los hogares m&aacute;s pobres, y un trabajo infantil caracter&iacute;stico de los hogares m&aacute;s desfavorecidos. Al mismo tiempo, este an&aacute;lisis muestra que el grupo de ni&ntilde;os trabajadores tiene una mayor proporci&oacute;n de ni&ntilde;os desnutridos que los que no trabajan. Esto podr&iacute;a indicar que la muestra se encuentra &quot;seleccionada&quot; en cuanto a que quienes trabajan son tambi&eacute;n los que se encuentran en peores condiciones, y por esa raz&oacute;n podr&iacute;an tener un peor estado nutricional. El simple an&aacute;lisis descriptivo puede mostrar este tipo de relaciones y la muestra de ni&ntilde;os trabajadores puede contener ni&ntilde;os con ciertas caracter&iacute;sticas relacionadas con el hecho de trabajar y con el estado nutricional. Por esa raz&oacute;n, el cuadro anterior sugiere que existe una relaci&oacute;n negativa entre trabajar y el estado nutricional de los ni&ntilde;os. Sin embargo, el an&aacute;lisis econom&eacute;trico permite controlar por muchas caracter&iacute;sticas y analizar una muestra que no se encuentra seleccionada. Es decir, permite comparar a un ni&ntilde;o que tiene las mismas caracter&iacute;sticas observadas y que trabaja, con otro con las mismas caracter&iacute;sticas que no lo hace, por lo que esta relaci&oacute;n cambia en los resultados descritos en la siguiente secci&oacute;n.</p>     <p>    <center><a name=c5></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c6.jpg"></center></p>      <p><b>A. M&iacute;nimos Cuadrados Ordinarios (MCO)</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las variables regionales, del hogar y del ni&ntilde;o resultaron estar fuertemente relacionadas con el estado nutricional del menor, tal como la teor&iacute;a de determinantes de la salud y la nutrici&oacute;n lo espera. Fortaleciendo la evidencia emp&iacute;rica en la literatura, se encontraron resultados significativos para la mayor&iacute;a de estas variables, robustos a las distintas especificaciones. En particular, se hall&oacute; un efecto negativo de pertenecer a hogares m&aacute;s pobres, en este caso pertenecer a los quintiles inferiores seg&uacute;n el &Iacute;ndice de Riqueza.<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a> Las variables del hogar tambi&eacute;n est&aacute;n significativamente relacionadas con la nutrici&oacute;n de los menores: la edad y la escolaridad del jefe del hogar se asocian positivamente con los indicadores de nutrici&oacute;n, mientras que el n&uacute;mero de ni&ntilde;os menores de 12 a&ntilde;os en el hogar se relaciona de manera negativa con la nutrici&oacute;n. La presencia de la mam&aacute; en el hogar result&oacute; ser significativa s&oacute;lo para los modelos con talla para la edad. En el <a href="img/revistas/dys/n59/n59a4c14.jpg" target="_blank">Cuadro 1 del anexo</a> se encuentran algunos de los resultados principales de las regresiones que inclu&iacute;an las caracter&iacute;sticas de la mam&aacute; (en vez de la dummy de presencia de la madre en el hogar), mostrando que estas est&aacute;n asociadas de manera significativa con los indicadores de nutrici&oacute;n, en especial el &Iacute;MC, la escolaridad, la edad y estar ocupada.</p>     <p>De las variables individuales, ser hombre est&aacute; relacionado con peores indicadores de nutrici&oacute;n frente a las mujeres. Haber estado enfermo en el &uacute;ltimo mes, y haber visitado al doctor en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, tambi&eacute;n son variables significativas para explicar los resultados nutricionales. La asistencia escolar fue significativa para los modelos con talla para la edad y con el IMC. En los modelos para este &uacute;ltimo, el coeficiente es negativo, mientras que para el caso de talla para la edad se da una relaci&oacute;n positiva. Se realizaron regresiones por subgrupos de edad para este indicador, mostrando que la significancia de la variable se da para el modelo con ni&ntilde;os de 6 a 9 a&ntilde;os, mientras la variable deja de ser significativa para los m&aacute;s grandes.<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a> Es decir, parecer&iacute;a que la asistencia est&aacute; asociada positivamente con la nutrici&oacute;n, pero solo para los m&aacute;s peque&ntilde;os. Para el peso para la edad, la asistencia escolar solamente es significativa al estimar por separado para los dos grupos de edad. Curiosamente, asistir a estudiar tiene una relaci&oacute;n con el peso para la edad positiva para los m&aacute;s peque&ntilde;os, mientras para los mayores esta relaci&oacute;n es negativa, sugiriendo la posibilidad de que existan caracter&iacute;sticas de la asistencia que mejoren la nutrici&oacute;n de los ni&ntilde;os m&aacute;s peque&ntilde;os y que disminuyan la de los m&aacute;s grandes. Estos signos opuestos podr&iacute;an tener dos explicaciones.La primera es principalmente intuitiva: puede que los padres que env&iacute;an a sus hijos m&aacute;s peque&ntilde;os a estudiar sepan que estos necesitar&aacute;n para su jornada escolar una alimentaci&oacute;n m&iacute;nima, por lo que les proveen alimentos para consumir durante el d&iacute;a (&quot;lonchera&quot;). As&iacute;, los ni&ntilde;os peque&ntilde;os que asisten a alg&uacute;n establecimiento educativo se estar&iacute;an garantizando un nivel m&iacute;nimo de alimentaci&oacute;n al que tal vez no acceder&iacute;an si no asistieran. El caso de los ni&ntilde;os de 10 a 17 a&ntilde;os podr&iacute;a ser diferente, ya que quiz&aacute; los padres no los consideran tan vulnerables como los peque&ntilde;os y por lo tanto les brindan menor atenci&oacute;n, por lo que podr&iacute;an usar toda la energ&iacute;a que requiere una jornada escolar y no consumir suficientes alimentos, ya sea porque no los reciben en el hogar o porque no reciben ning&uacute;n dinero para su consumo.Los que no asisten podr&iacute;an estar trabajando o en el hogar, y esto podr&iacute;a estar relacionado con una mejor nutrici&oacute;n, tal como se analizar&aacute; en el siguiente apartado. La segunda explicaci&oacute;n est&aacute; relacionada con los programas que benefician a los ni&ntilde;os, aunque esta hip&oacute;tesis no se puede corroborar con estos resultados porque no se controla directamente la participaci&oacute;n en ning&uacute;n programa. Sin embargo algunos programas sociales podr&iacute;an tener efectos positivos en la nutrici&oacute;n, ya sea al brindar directamente alimentos en los colegios o condicionados a la asistencia escolar (<i>Bogot&aacute; sin hambre</i>), o dando subsidios a los hogares (Familias en acci&oacute;n - FA).<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a></p>     <p><b>1.</b><b>An&aacute;lisis del trabajo infantil</b></p>     <p>El <a href="#c6">cuadro 6</a> muestra los resultados del Modelo 1 de trabajo, que usa la definici&oacute;n ampliada, para los cuatro indicadores de nutrici&oacute;n, y en cada caso, para dos especificaciones: una con interacciones con asistencia escolar (1), y otra con interacciones con el quintil m&aacute;s pobre (2). Para el peso para la edad, los resultados muestran una relaci&oacute;n positiva entre trabajar y la nutrici&oacute;n de los menores. En el caso de los menores que trabajan solamente en el hogar, para la especificaci&oacute;n 1 tienen un indicador de peso para la edad que es 0.35 desviaciones (escore-z) mayor que quienes no trabajan solo en el hogar.<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a> Sin embargo, la interacci&oacute;n con asistencia escolar muestra que esta relaci&oacute;n disminuye con la asistencia en 0.24: para quienes asisten, trabajar solo en el hogar est&aacute; asociado con un aumento de 0.11 en el escore-z de peso para la edad.<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a> Los resultados para la especificaci&oacute;n 2 son similares a los anteriores, aunque en menor magnitud. En este caso el trabajo solo en el hogar aumenta el escore-z es 0.14, y la interacci&oacute;n es positiva, lo que implica que pertenecer al quintil m&aacute;s pobre aumenta el efecto de trabajar a 0.29 si el ni&ntilde;o trabaja solo en el hogar y a la vez pertenece al quintil m&aacute;s pobre. En las especificaci&oacute;n 1 para la talla para la edad, la variable de trabajo en el hogar tambi&eacute;n es significativa, pero la magnitud del coeficiente es menor: 0.14, y a diferencia del modelo de peso para la edad, la interacci&oacute;n entre trabajar y asistir no es significativa. En la especificaci&oacute;n 2, la variable de trabajo solo en el hogar solo es significativa cuando se interact&uacute;a, es decir que solo hay un efecto positivo de trabajar solo en el hogar cuando el ni&ntilde;o pertenece al quintil m&aacute;s pobre, caso en el cual trabajar en el hogar est&aacute; asociado con un aumento de 0.15 en la talla para la edad. No se encuentra relaci&oacute;n entre trabajar solo en el hogar y el peso para la talla para ninguna de las regresiones, pero si para el IMC, que muestra una relaci&oacute;n positiva. Los menores que realizan trabajo en el hogar tienen un IMC que es 0.04% mayor que quienes no lo hacen. Sin embargo, en este caso la asistencia escolar disminuye el escore-z, ya que trabajar s&oacute;lo en el hogar al tiempo que se est&aacute; asistiendo a estudiar est&aacute; relacionado con una disminuci&oacute;n de 0.02% en el IMC.<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a> Para la especificaci&oacute;n 2, el trabajo solo en el hogar, sin importar si el ni&ntilde;o hace parte del quintil m&aacute;s pobre, est&aacute; asociado con un IMC 0.02% mayor que quienes no trabajan solo en el hogar.</p>     <p>Los resultados muestran que existe una relaci&oacute;n positiva entre el trabajo realizado en el hogar y el peso para la talla, la talla para la edad y el IMC, y que esta relaci&oacute;n disminuye con la asistencia escolar, aunque el efecto total de este tipo de trabajo sigue siendo positivo. Por otra parte, el efecto del trabajo en el hogar aumenta para los ni&ntilde;os del quintil m&aacute;s pobre. El an&aacute;lisis de estos resultados sugiere que el trabajo en el hogar no empeora la nutrici&oacute;n de los menores y, por el contrario, est&aacute; relacionado positivamente con esta. El mayor escore-z con respecto a quienes no realizan trabajos solo en el hogar, podr&iacute;a explicarse por el hecho de que al realizar labores en el hogar por m&aacute;s de 20 horas, el ni&ntilde;o &quot;libera&quot; a un adulto de estas labores, para que salga a generar ingreso para el hogar. Es decir, a&uacute;n si el menor no recibe una remuneraci&oacute;n econ&oacute;mica por realizar este trabajo, al hacerlo permite que alg&uacute;n miembro del hogar, al no tener que realizar estas labores, salga a trabajar y as&iacute; aumente el ingreso del hogar. Al aumentar el ingreso del hogar mejora tambi&eacute;n el estado nutricional de los menores, ya que este da la posibilidad de una mejor alimentaci&oacute;n. Como lo mostr&oacute; la especificaci&oacute;n 2, esta relaci&oacute;n aumenta para el quintil m&aacute;s pobre, lo que implica que el aporte del trabajo del ni&ntilde;o es particularmente importante para los hogares m&aacute;s pobres. La hip&oacute;tesis que planteaba una posible una relaci&oacute;n negativa del trabajo con la nutrici&oacute;n se cumple para los menores que trabajaron en el hogar por m&aacute;s de 20 horas y que adem&aacute;s acuden a una escuela, ya que una jornada tan larga podr&iacute;a estar haciendo que sobrepasen sus capacidades f&iacute;sicas, y ello se refleja en el signo negativo de las interacciones de esta variable con la asistencia.<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a> A&uacute;n cuando exista esta relaci&oacute;n negativa, la relaci&oacute;n entre trabajar y el peso para la edad es positiva, lo que sugiere que el &quot;beneficio&quot; que trae el trabajo es mayor que el efecto negativo de tener una jornada de actividad tan larga. Por otra parte, quienes estudian no pueden trabajar por el mismo n&uacute;mero de horas que los que est&aacute;n &quot;libres&quot; todo el d&iacute;a, por lo que el ingreso aportado al hogar podr&iacute;a ser menor, y en consecuencia, menor el beneficio para el hogar y sus integrantes. Seg&uacute;n lo anterior, el efecto de &quot;liberar a un trabajador adicional&quot; en el hogar no es nada despreciable y por el contrario, debe tenerse en cuenta que existe un impacto positivo del trabajo sobre el ingreso coyuntural de los hogares, que se manifiesta en mejores estados nutricionales.</p>     <p>En el caso de la definici&oacute;n tradicional de trabajo (que excluye quehaceres del hogar), tambi&eacute;n existe una relaci&oacute;n positiva entre trabajar y el estado nutricional. El trabajo en este caso est&aacute; asociado con un peso para la edad 0.13 desviaciones por encima de quienes no lo hacen. En este caso, como la interacci&oacute;n con asistencia escolar no es significativa, el hecho de asistir a estudiar no afecta la relaci&oacute;n entre trabajar y el peso para la edad. En la especificaci&oacute;n 2, el trabajo tradicional est&aacute; asociado con un aumento de 0.06 en el escore-z de peso para la edad, y el efecto no cambia por pertenecer al quintil m&aacute;s pobre. En este caso, trabajar no es significativo en la determinaci&oacute;n de la desnutrici&oacute;n cr&oacute;nica, ni la desnutrici&oacute;n aguda, pero s&iacute; est&aacute; asociado con la nutrici&oacute;n de corto plazo de los mayores: trabajar representa un IMC 0.02% mayor que quienes no lo hacen en ambas especificaciones, sin importar si se asiste al mismo tiempo, o si quien trabaja proviene del quintil m&aacute;s pobre.</p>     <p>De acuerdo con lo anterior, realizar una actividad laboral seg&uacute;n la definici&oacute;n tradicional, se asocia positivamente con un mejor estado nutricional, espec&iacute;ficamente para el indicador global de desnutrici&oacute;n y para el IMC. En este caso, las actividades que realizan los ni&ntilde;os al salir a trabajar por fuera del hogar, generan directamente un mayor ingreso para este. El mayor ingreso podr&iacute;a causar que los miembros del hogar accedan a mejores condiciones de salud y alimentaci&oacute;n, lo que se refleja en mejores indicadores de nutrici&oacute;n que para los ni&ntilde;os que no trabajan. Aunque es com&uacute;n ver a ni&ntilde;os colombianos en la calle que trabajan bajo explotaci&oacute;n y sin recibir pago alguno, esta no es la situaci&oacute;n de todos. En realidad la mayor&iacute;a de los que trabajan s&iacute; reciben alguna remuneraci&oacute;n, as&iacute; sea baja, y por lo tanto pueden contribuir al ingreso del hogar.</p>     <p>    <center><a name=c6></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c7.jpg"></center></p>      <p>Reforzando los argumentos anteriores, trabajar en ambos tipos de trabajo (en actividades por fuera del hogar <b>y</b> en labores del hogar por m&aacute;s de 20 horas) est&aacute; relacionado de manera positiva con el peso para la edad, representando un escore-z 0.22 mayor que para quienes no trabajan en ambos tipos (i.e. quienes no trabajan, o quienes s&oacute;lo realizan trabajo tradicional o s&oacute;lo trabajo en el hogar), en la especificaci&oacute;n 1, y un escore-z 0.23 mayor en la especificaci&oacute;n 2. En este caso se puede hablar de una relaci&oacute;n directa e indirecta en la generaci&oacute;n de ingresos para el hogar y en consecuencia en el estado nutricional: el efecto indirecto se da al liberar a alg&uacute;n miembro del hogar para que salga a trabajar, y el efecto directo, al trabajar y traer &eacute;l mismo un ingreso para el hogar. En ambos casos, el mayor ingreso aportado al hogar podr&iacute;a explicar la relaci&oacute;n positiva de esta variable con el indicador de nutrici&oacute;n. Se podr&iacute;a pensar que, como en el caso de quienes trabajan en el hogar y est&aacute;n asistiendo a alg&uacute;n establecimiento educativo, los menores que realizan ambos tipos de trabajo estar&iacute;an recargando demasiado su jornada, pero no necesariamente sucede lo mismo, ya que s&oacute;lo se sabe con certeza que estos menores trabajan m&aacute;s de 20 horas a la semana en las labores del hogar, pero no cu&aacute;ntas horas trabajan en las labores fuera de &eacute;ste, ya que las categor&iacute;as de trabajo incluidas en este modelo solo tienen en cuenta si se realiz&oacute; actividad fuera del hogar, no cu&aacute;ntas horas se emplearon en ella. Es decir que ni&ntilde;os que realizan 21 horas semanales totales de trabajo est&aacute;n incluidos en esta categor&iacute;a, por lo que la variable de trabajo en ambos tipos de trabajo no necesariamente debe comportarse como las interacciones con asistencia, en las cuales se da una relaci&oacute;n negativa debido a la extensa actividad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El modelo 2 de trabajo buscaba encontrar el efecto de las variables de trabajo (definido de manera tradicional), en la nutrici&oacute;n de los menores, seg&uacute;n la exposici&oacute;n al riesgo asociada a los diferentes tipos de trabajo. El <a href="#c7">cuadro 7</a> muestra los resultados de este modelo para los determinantes de los cuatro indicadores de nutrici&oacute;n, usando la especificaci&oacute;n con interacciones con asistencia (1), y la especificaci&oacute;n con interacciones con el quintil m&aacute;s pobre (2). Para la especificaci&oacute;n 1, s&oacute;lo fue significativa la variable de actividad de bajo riesgo para el modelo de peso para la edad, representando un escore-z 0.09 mayor que para quienes trabajan en actividades de alto riesgo, o no trabajaron. En cuanto a la especificaci&oacute;n 2, los resultados no son muy robustos para los diferentes indicadores: se encuentra que las actividades de alto riesgo son significativas para la talla para la edad y para el peso para la talla, pero con signo negativo en el primer caso y positivo en el segundo. De igual forma, la interacci&oacute;n de actividad de alto riesgo con el quintil m&aacute;s pobre fue significativa y positiva para el peso para la edad y la talla para la edad, y significativa y negativa para el peso para la talla. Para esta especificaci&oacute;n, las actividades de bajo riesgo fueron significativas para el peso para la edad y el IMC. Es decir, los resultados no muestran un resultado contundente con respecto al efecto del riesgo asociado a la actividad en la nutrici&oacute;n del menor, por lo que no es posible establecer una relaci&oacute;n clara entre la exposici&oacute;n al riesgo y el estado nutricional de este.</p>     <p>    <center><a name=c7></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c8.jpg"></center></p>      <p>El modelo 3 de trabajo tambi&eacute;n analizaba la exposici&oacute;n al riesgo, pero medida a trav&eacute;s del n&uacute;mero de horas trabajadas (utilizando la definici&oacute;n tradicional de trabajo), usando como punto de referencia el n&uacute;mero de horas que la ley permite que los menores trabajen. Los resultados, reportados en el <a href="#c8">Cuadro 8</a> indican que trabajar <i>m&aacute;s</i> de las horas legales est&aacute; asociado con un escore-z de talla para la edad 0.11 menor que quienes trabajan menos de las horas legales o quienes no trabajan, para la especificaci&oacute;n 2. Sin embargo, quienes pertenecen al quintil m&aacute;s pobre y trabajan m&aacute;s de las horas legales, aumentan esa relaci&oacute;n en 0.15. Es decir que el efecto negativo de trabajar m&aacute;s horas de las legales se ve contrarrestado en su totalidad si el menor trabajador viene de un hogar en el quintil inferior. El n&uacute;mero de horas trabajadas afecta tambi&eacute;n el IMC, tanto para el trabajo por m&aacute;s horas de las legales, como el trabajo por menos horas de las legales. En el primer caso est&aacute; asociado con un IMC 0.02% mayor, mientras en el segundo con un IMC 0.01% mayor, sin estar afectado en ning&uacute;n caso por las interacciones. Es decir, trabajar m&aacute;s horas parece favorecer m&aacute;s el indicador de nutrici&oacute;n, lo que podr&iacute;a explicarse porque m&aacute;s horas dan una mayor posibilidad de obtener un mayor ingreso, beneficiando as&iacute; la nutrici&oacute;n del menor, como se explic&oacute; anteriormente. Sin embargo, dado que los resultados no son robustos a las diferentes especificaciones para las diferentes variables, no se puede decir que hay evidencia clara de que trabajar m&aacute;s de las horas legalmente permitidas est&eacute; asociado con un mejor o peor estado nutricional.</p>     <p>    <center><a name=c8></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c9.jpg"></center></p>      <p><b>2. Pruebas de Robustez</b></p>     <p>Los resultados encontrados muestran que existe una relaci&oacute;n positiva entre el trabajo infantil y la nutrici&oacute;n. Se sugiri&oacute; que esta relaci&oacute;n podr&iacute;a darse a trav&eacute;s de dos mecanismos principales: un mayor ingreso generado por el ni&ntilde;o, o la sustituci&oacute;n del adulto en las labores del hogar, que a su vez aumenta el ingreso de este. Con el objetivo de verificar si estos son los mecanismos de transmisi&oacute;n del efecto del trabajo en la nutrici&oacute;n, se realizaron dos ejercicios: En el primero se estimaron de nuevo los modelos de trabajo en los cuales el trabajo &quot;tradicional&quot; fue significativo, pero dividiendo la variable de trabajo tradicional en si era remunerado o no, de forma que se pudiera verificar que es a trav&eacute;s de la remuneraci&oacute;n que se beneficia al ni&ntilde;o. El <a href="#c9">cuadro 9</a> reporta los resultados de este ejercicio para las dos regresiones en las cuales se obtuvo un nivel de significancia importante para la variable de &quot;solo trabajo tradicional&quot;, tanto los de la regresi&oacute;n inicial (Modelo 1), como los de este ejercicio (Modelo 1b). Tanto para el peso para la edad, como para el IMC, realizar trabajo remunerado (excluyendo quienes realizaron trabajo en el hogar) est&aacute; relacionado con un aumento en el indicador de desnutrici&oacute;n: 0.14 en el primer caso y 0.37 en el segundo. En ambos casos la variable de trabajo no remunerado no es significativa. Estos resultados muestran que existe un &quot;efecto remuneraci&oacute;n&quot;, que se da a trav&eacute;s de la generaci&oacute;n de un mayor ingreso para el hogar por la remuneraci&oacute;n que recibe el ni&ntilde;o, y que resulta positivo para su nutrici&oacute;n.</p>     <p>    <center><a name=c9></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c10.jpg"></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El segundo ejercicio buscaba determinar si el trabajo en el hogar est&aacute; asociado positivamente con la nutrici&oacute;n, a trav&eacute;s de la sustituci&oacute;n del adulto en las labores del hogar (por m&aacute;s de 20 horas semanales) por parte del ni&ntilde;o. Se estimaron dos modelos por MCO para la tasa de ocupaci&oacute;n del hogar (n&uacute;mero de adultos ocupados en el hogar / n&uacute;mero de adultos en el hogar): un primer modelo en el cual se incluy&oacute; como variable explicativa una dummy igual a 1 si al menos un ni&ntilde;o del hogar realiz&oacute; trabajo en el hogar, el cual se reporta en la columna 1 del <a href="#c10">Cuadro 10</a>, y un segundo modelo que incluye una variable del n&uacute;mero de ni&ntilde;os que trabajaron en el hogar, reportado en la columna 2 del <a href="#c10">Cuadro 10</a>. Los resultados muestran que existe una relaci&oacute;n positiva entre estas variables y la tasa de ocupaci&oacute;n: En el primer caso, tener al menos a un ni&ntilde;o trabajando en el hogar aumenta la tasa de ocupaci&oacute;n en 0.04, y en el segundo, cada ni&ntilde;o adicional que trabaja en el hogar aumenta la tasa de ocupaci&oacute;n de este en 0.03.</p>     <p>    <center><a name=c10></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c11.jpg"></center></p>      <p>En ambos casos, los resultados de los ejercicios corroboran la hip&oacute;tesis que el trabajo en el hogar por m&aacute;s de 20 horas aumenta el n&uacute;mero de adultos trabajando, ya que el ni&ntilde;o que trabaja en el hogar libera a un adulto de estas labores y este puede salir a trabajar y aumentar los ingresos del hogar.</p>     <p><b>B. Pareo por probabilidades de similitud (PPS)</b></p>     <p>Los resultados por PPS fortalecen gran parte de los resultados encontrados por MCO. El <a href="#c11">cuadro 11</a> muestra las diferencias en cada uno de los indicadores de nutrici&oacute;n, entre el grupo de tratamiento (grupo que recibi&oacute; la intervenci&oacute;n) y el grupo de control. Se reportan cuatro ejercicios diferentes. En cada uno de ellos, el grupo de tratamiento est&aacute; conformado por los menores que trabajaron seg&uacute;n una definici&oacute;n de trabajo, compar&aacute;ndolos con el grupo de menores que no trabaj&oacute; seg&uacute;n esa definici&oacute;n. Para cada caso se estim&oacute; un modelo <i>probit</i> para la probabilidad de trabajar, en el cual la mayor&iacute;a de las variables incluidas resultaron ser muy significativas, lo que implica que esas variables son importantes para determinar la probabilidad de que el ni&ntilde;o &quot;sea intervenido&quot; , es decir, que entre en el grupo de tratamiento.<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a> Como se esperaba, al implementar esta metodolog&iacute;a se reducen los coeficientes que indican el impacto de trabajar, pero se obtienen resultados estad&iacute;sticamente significativos para algunas estimaciones, mostrando que, corrigiendo el problema de endogeneidad en cuanto a variables observables, se obtiene un resultado que favorece el argumento de que el impacto que tiene trabajar sobre la nutrici&oacute;n es positivo, tal como se sugiri&oacute; con MCO.</p>     <p>Los resultados muestran que existe una diferencia significativa entre los que trabajan y los que no lo hacen seg&uacute;n la definici&oacute;n tradicional: en este caso, quienes trabajan tienen un escore-z del peso para la edad que es en promedio 0.06 desviaciones mayor que el promedio del escore-z de este indicador para quienes no trabajan. Usando la definici&oacute;n ampliada de trabajo, se encontr&oacute; que quienes trabajan tienen en promedio un escore-z 0.11 mayor que quienes no lo hacen. Mientras que para el trabajo en el hogar, el resultado de realizar este tipo de trabajo se manifiesta en una diferencia en el escore-z de peso para la edad de 0.1. Los resultados con MCO mostraban una relaci&oacute;n positiva entre quienes trabajaban solo seg&uacute;n la definici&oacute;n tradicional, solo en el hogar, y quienes trabajaron en ambos tipos de trabajo<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a> y el peso para la edad, que duplicaba estos coeficientes. Aunque esto implica que al controlar mejor con el m&eacute;todo de PPS los efectos estimados de trabajar son menores, obtener resultados significativos indica que, aunque en menor grado, si existe una diferencia en el indicador de desnutrici&oacute;n global, que se debe al efecto del tratamiento, es decir, al trabajo. Para el indicador de talla para la edad, la diferencia entre los que trabajaron y los que no solo se present&oacute; al usar la definici&oacute;n de trabajo en el hogar. Es decir, quienes realizaron quehaceres del hogar por m&aacute;s de 20 horas presentan un diferencial en el indicador de 0.07. Esta diferencia tambi&eacute;n es bastante menor que la estimada por MCO para quienes solo realizaron trabajo en el hogar. En este caso, el hecho de que no se hallaran resultados significativos con las otras definiciones hace dudar de qu&eacute; es lo que captura esa diferencia, ya que, quienes realizan trabajo en el hogar pueden estar o no trabajando en actividades por fuera del hogar. Para el peso para la talla no se encontraron diferencias significativas entre los trabajadores y no trabajadores para ninguna de las definiciones, lo que corrobora los resultados de MCO, que tampoco mostraron una diferencia significativa en el indicador de nutrici&oacute;n para quienes trabajan. Por &uacute;ltimo, se encontr&oacute; una diferencia positiva de 0.02% en el IMC, entre quienes trabajaron seg&uacute;n la definici&oacute;n tradicional o seg&uacute;n la definici&oacute;n ampliada, y quienes no lo hicieron, que no difiere mucho de lo hallado con MCO, mientras que la diferencia es de 0.01% entre los que trabajaron en el hogar y lo que no lo hicieron, la mitad de lo estimado con MCO para quienes solo realizaron trabajo en el hogar. Estos resultados corroboran los resultados principales encontrados usando MCO, particularmente, en cuanto a que existe una diferencia entre el estado nutricional de los menores trabajadores, y el de los no trabajadores, que se debe a ese &quot;tratamiento&quot;, el trabajo, fortaleciendo el argumento de que existe un efecto positivo de trabajar en la nutrici&oacute;n de los menores.</p>     <p>    <center><a name=c11></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c12.jpg"></center></p>      <p>En el <a href="#c12">cuadro 12</a> se muestran los resultados de los ejercicios de PPS, pero usando como tratamiento el trabajo junto con alguna otra caracter&iacute;stica, de manera que se pueda identificar si la diferencia en los indicadores de nutrici&oacute;n se da solo por el hecho de trabajar, o por trabajar de cierta manera: trabajo m&aacute;s de las horas legalmente permitidas, trabajo en actividades de alto riesgo, trabajo renumerado, o trabajo para quienes pertenecen al quintil m&aacute;s pobre. Como se puede observar, al usar la primera definici&oacute;n, se encuentra que quienes trabajan m&aacute;s de las horas legales tienen una diferencia de 0.07 en el escore-z de peso para la talla, con respecto a quienes no trabajan o trabajan menos de las horas legales, resultado que no se obtuvo con MCO. En este caso, se puede estar capturando el hecho de que m&aacute;s horas de trabajo permiten al menor traer un mayor ingreso al hogar, que a su vez se refleja en un mejor indicador de nutrici&oacute;n. En el caso del IMC, al igual que con MCO, se obtuvo una diferencia positiva de trabajar por m&aacute;s de las horas legales aunque en menor nivel que la obtenida por este &uacute;ltimo m&eacute;todo (MCO: 0.02%, PPS: 0.01%). En cuanto a las otras definiciones usadas, solo se obtuvo un resultado significativo para la diferencia entre los que trabajaron en alguna actividad remunerada y quienes no recibieron remuneraci&oacute;n o no trabajaron: la diferencia es de 0.01% m&aacute;s en el IMC de quienes trabajan.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name=c12></a><img src="img/revistas/dys/n59/n59a4c13.jpg"></center></p>      <p>Los resultados obtenidos por PPS, que eliminan el sesgo de selecci&oacute;n y corrigen el problema de endogeneidad existente en las estimaciones por MCO, al menos en cuanto a las variables observables, muestran diferencias en el estado nutricional de los ni&ntilde;os trabajadores con respecto a los no trabajadores. Aunque en menor magnitud que los resultados encontrados con MCO, estos resultados favorecen el argumento de que existe un efecto positivo en la nutrici&oacute;n infantil causado por el trabajo.</p>     <p><b>V. Conclusiones</b></p>     <p>Los resultados principales de este trabajo indican que no es clara la existencia de una relaci&oacute;n negativa entre el trabajo infantil y la nutrici&oacute;n, es decir, una parte de la hip&oacute;tesis central de la investigaci&oacute;n no se cumple. Se encontr&oacute; evidencia de que existe una relaci&oacute;n significativa de las variables de trabajo pero, contrario a lo esperado, esta es positiva. Esta relaci&oacute;n se da para el indicador global de nutrici&oacute;n, peso para la edad, cuando se considera el trabajo en el hogar y el trabajo tradicional. Se ve afectada por la asistencia escolar, que hace que la relaci&oacute;n entre trabajo en el hogar y la nutrici&oacute;n disminuya, y por estar en el quintil m&aacute;s pobre, que aumenta la magnitud de esta relaci&oacute;n. En cuanto a la talla para la edad, existe tambi&eacute;n una relaci&oacute;n positiva de realizar trabajo tradicional, pero solo cuando el ni&ntilde;o est&aacute; asistiendo a estudiar. En donde se esperaba encontrar las relaciones m&aacute;s fuertes que era entre el trabajo realizado por los m&aacute;s peque&ntilde;os y la nutrici&oacute;n actual, no se encontr&oacute; evidencia de esta relaci&oacute;n. Sin embargo, se encontr&oacute; evidencia de que el trabajo en el hogar y el trabajo definido de manera tradicional se encuentran relacionado positivamente con el IMC. Los resultados del PPS muestran que los menores que trabajan tiene mejores indicadores nutricionales que quienes no lo hacen (pero tienen la misma probabilidad trabajar), y muestran que existe un efecto positivo del trabajo tradicional y del trabajo en el hogar, particularmente para el peso para la edad y para el IMC.</p>     <p>Estos resultados sugieren que existe un efecto positivo de trabajar, que se da a trav&eacute;s de dos mecanismos principales: por una parte, al realizar trabajos en el hogar los menores &quot;liberan&quot; a un adulto de estos trabajos, quien puede salir a trabajar y generar mayores ingresos para el hogar. Por otra parte, cuando el menor sale a trabajar, recibe alguna remuneraci&oacute;n por esta labor. En ambos casos, el mayor ingreso percibido por el hogar hace que mejore la capacidad econ&oacute;mica de este, lo cual tiene consecuencias positivas para el estado nutricional del menor, incluso compensando alg&uacute;n efecto negativo que podr&iacute;a tener trabajar. Consecuente con esto, estar en el quintil m&aacute;s pobre aumenta ese &quot;efecto positivo&quot; de trabajar, lo que significa que los hogares m&aacute;s pobres son quienes m&aacute;s se benefician de tener a los ni&ntilde;os trabajando, debido al mayor impacto que tiene su trabajo para el ingreso del hogar. Por otra parte, cuando la asistencia escolar y el trabajo realizado por el menor sobrepasan cierta cantidad de horas, como en el caso de asistir a la escuela o colegio y realizar trabajos por m&aacute;s de 20 horas en el hogar, la relaci&oacute;n se vuelve negativa. Lo anterior sugiere que el beneficio de un mayor ingreso generado por el trabajo se ve disminuido por el esfuerzo f&iacute;sico del menor que realiza estas actividades por muchas horas, generando un impacto negativo en su nutrici&oacute;n. Esto implica que puede existir una relaci&oacute;n negativa que depende de la carga f&iacute;sica que tiene el menor (en t&eacute;rminos del n&uacute;mero de horas de actividad total -estudiantil m&aacute;s laboral-).</p>     <p>Por otra parte, como predice la teor&iacute;a, y corroborando evidencia emp&iacute;rica de trabajos anteriores, las variables regionales, del hogar e individuales, resultaron ser significativas para determinar la nutrici&oacute;n. En especial, estar en hogares m&aacute;s pobres, y con mayor cantidad de ni&ntilde;os menores de 12 a&ntilde;os, est&aacute; asociado negativamente con el estado nutricional, mientras que la edad y escolaridad del jefe, y el acceso a servicios m&eacute;dicos y seguridad social, est&aacute; asociado positivamente con la nutrici&oacute;n.</p>     <p>Este trabajo permite reafirmar que la nutrici&oacute;n de los ni&ntilde;os colombianos est&aacute; estrechamente relacionada con el estatus socioecon&oacute;mico del hogar, y hace su aporte m&aacute;s importante al encontrar que existe un efecto positivo del trabajo infantil en la nutrici&oacute;n. Los modelos con MCO tienen problemas de endogeneidad que no permiten saber con certeza si existe una relaci&oacute;n de causalidad entre trabajo y desnutrici&oacute;n. Sin embargo, los modelos por PPS permiten corregir la endogeneidad, al menos en cuanto a variables observables, y concluir que el trabajo tiene un efecto positivo en la nutrici&oacute;n de los menores trabajadores. Se resalta la importancia que tiene a futuro el desarrollar encuestas longitudinales, que hagan un seguimiento de los menores a trav&eacute;s del tiempo que permita ver de manera clara las relaciones de causalidad que se dan en el tiempo. Adem&aacute;s, estudios que se desarrollen en el futuro deber&iacute;an concentrarse en medir la magnitud del efecto positivo generado por el aporte econ&oacute;mico que hacen los menores que trabajan, versus el efecto negativo sobre el bienestar del menor, de manera que se puedan establecer pol&iacute;ticas claras con respecto al trabajo infantil.</p>     <p>Aparte de esa dificultad para observar a los individuos a trav&eacute;s del tiempo, los modelos analizados tienen un problema de endogeneidad dif&iacute;cil de corregir, y es la imposibilidad de medir variables no observadas que pueden estar relacionadas con la decisi&oacute;n de trabajar, como un factor gen&eacute;tico o alguna habilidad. Al no poder controlar por esas variables, puede estarse sobreestimando la relaci&oacute;n entre el trabajo infantil y la nutrici&oacute;n. Por otra parte, existen variables observables que no se pudieron usar en esta investigaci&oacute;n y que podr&iacute;an mejorar la estimaci&oacute;n de los determinantes de la nutrici&oacute;n: Informaci&oacute;n sobre el consumo de alimentos, micro nutrientes, seguridad alimentaria y actividad f&iacute;sica, como la recogida junto con la ENDS-2005 para la <i>Encuesta de la Situaci&oacute;n Nutricional</i>del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (a publicarse pr&oacute;ximamente). En un futuro, este tipo de datos deber&iacute;an poder usarse en conjunto con la informaci&oacute;n de la ENDS para obtener conclusiones m&aacute;s contundentes sobre los temas analizados aqu&iacute;.</p>     <p>Finalmente, como lo ha puesto en evidencia la literatura existente al respecto, la oferta de trabajo infantil se da en gran parte por la necesidad de generar mayores ingresos para el hogar, y el efecto de este mayor ingreso es particularmente importante para los hogares en el quintil m&aacute;s pobre, como lo evidencia este trabajo. Por esa raz&oacute;n, se debe considerar el efecto negativo que una prohibici&oacute;n tendr&iacute;a en los ingresos actuales de los hogares, en especial para los m&aacute;s pobres, y las posibles consecuencias que esto podr&iacute;a tener, por ejemplo, en la nutrici&oacute;n infantil.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una forma eficaz de combatir este problema ser&iacute;a implementar programas sociales y de compensaci&oacute;n monetaria directa enfocados en los hogares m&aacute;s pobres, de forma que estos puedan cubrir el ingreso faltante sin tener que mandar a sus ni&ntilde;os a trabajar. Este tipo de programas deben estar condicionados a que los padres lleven a sus hijos a controles de crecimiento y desarrollo, lo que garantiza que con el dinero recibido los ni&ntilde;os est&eacute;n recibiendo la alimentaci&oacute;n adecuada. Tambi&eacute;n deben condicionarse a que los menores est&eacute;n asistiendo a estudiar, lo que garantiza que no abandonen su educaci&oacute;n b&aacute;sica por estar trabajando. Por otra parte, es importante promover programas que brinden alimentaci&oacute;n a los menores, ya sea en comedores comunales, o brindando alimentaci&oacute;n en las escuelas de los sectores m&aacute;s pobres, de forma que mejore el estado nutricional de los ni&ntilde;os menos favorecidos.</p>     <p>    <center><a href="img/revistas/dys/n59/n59a4c14.jpg" target="_blank">Anexo Cuadro 1</a></center></p>     <p>    <center><a href="img/revistas/dys/n59/n59a4c15.jpg" target="_blank">Anexo Cuadro 2</a></center></p> <hr size="1">     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>      <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Seg&uacute;n la Convenci&oacute;n de los Derechos del Ni&ntilde;o de 1989 de la ONU, es considerado ni&ntilde;o un individuo menor de 18 a&ntilde;os. Se considera que el ni&ntilde;o trabaja si realiz&oacute; alg&uacute;n tipo de actividad econ&oacute;mica durante al menos una hora en la semana de referencia (OIT, 2002).</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. En el &Aacute;frica subsahariana la tasa de participaci&oacute;n para los menores entre 5 y 14 a&ntilde;os es del 29% y para Am&eacute;rica Latina es del 16%, en contraste con las econom&iacute;as desarrolladas, en las cuales solo el 2% de los ni&ntilde;os en ese rango de edad trabajan. (OIT, 2002).</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Las peores formas de trabajo infantil son definidas como aquellas que implican esclavitud, trata de ni&ntilde;os, trabajos forzosos, participaci&oacute;n en conflictos armados, actividades il&iacute;citas, prostituci&oacute;n y pornograf&iacute;a, entre otras. Art&iacute;culo 3del Convenio No. 182 de la OIT. (OIT-UIP, 2002)</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Con esta definici&oacute;n se consideran ocupados quienes realizaron alguna actividad productiva durante al menos una hora a la semana, con o sin pago, excluyendo a quienes realizaron labores dom&eacute;sticas en su propio hogar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n5" name="5">5</a>. Fl&oacute;rez y M&eacute;ndez (1996) toman como referencia 20 horas, mientras que en la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (2001) los oficios del hogar se consideran como trabajo si se realizan por m&aacute;s de 15 horas.</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. Esto coincide con la literatura que argumenta que algunos hogares tienen altas tasas de descuento entre consumo futuro y presente.Ver por ejemplo, Lawrence (1991) o Becker y Lewis(1973).</p>     <p><a href="#n7" name="7">7</a>. Por una parte, los ni&ntilde;os trabajadores asumen los costos al sacrificar capital humano (lo cual aumenta la probabilidad de que haya transmisi&oacute;n intergeneracional de la pobreza), mientras que el trabajo realizado por &eacute;stos puede beneficiar a todos los miembros del hogar.</p>     <p><a href="#n8" name="8">8</a>. La poblaci&oacute;n de referencia es la establecida por el Centro Nacional de Estad&iacute;sticas de Salud (NCHS), la Organizaci&oacute;n Mundial de Salud(OMS), y los Centros de Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) del a&ntilde;o 1977. La OMS public&oacute; en el 2005 unas curvas de crecimiento universales que podr&iacute;an ser &uacute;tiles en cuanto a que se podr&iacute;a comparar a un ni&ntilde;o colombiano con un ni&ntilde;o &quot;mundial&quot;y no a uno de la poblaci&oacute;n estadounidense. Sin embargo, los indicadores de desnutrici&oacute;n con base a esta nueva poblaci&oacute;n de referencia s&oacute;lo han sido actualizados para los menores de 5 a&ntilde;os, por lo que la poblaci&oacute;n de referencia de 1977 sigue siendo la usada para la evaluaci&oacute;n del estado nutricional de los menores, y se us&oacute; para el an&aacute;lisis de la antropometr&iacute;a infantil en la ENDS-2005. Por esa raz&oacute;n, en este trabajo se usaron las medidas de desnutrici&oacute;n que usan esta poblaci&oacute;n como referencia.      <p><a href="#n9" name="9">9</a>. Esto implica que entre mayor sea el escore-z, mejor es el estado nutricional; por lo tanto, una variable asociada positivamente con un indicador de desnutrici&oacute;n (escore-z), implica una mejor nutrici&oacute;n para el menor.</p>     <p><a href="#n10" name="10">10</a>. Tambi&eacute;n a veces conocida como emaciaci&oacute;n o delgadez.</p>     <p><a href="#n11" name="11">11</a>. Fl&oacute;rez y Nupia (2001), Gaviria y Palau (2006).</p>     <p><a href="#n12" name="12">12</a>. Se intentaron diferentes especificaciones, pero finalmente se incluyeron: como variables regionales, la dummy de &aacute;rea rural yla regi&oacute;n; como variables del hogar, el quintil de riqueza, la tasa de ocupaci&oacute;n del hogar, la presencia de la madre, el tipo de familia, el n&uacute;mero de ni&ntilde;os en el hogar, y caracter&iacute;sticas del jefe del hogar como edad, escolaridad, g&eacute;nero, y si se encuentra ocupado; y como variables del ni&ntilde;o, si asiste a la escuela, el g&eacute;nero, y la edad.</p>     <p><a href="#n13" name="13">13</a>. La definici&oacute;n tradicional incluye a quienes realizaron alg&uacute;n trabajo, excluyendo los quehaceres del hogar. Trabajo en el hogar se entiende como los quehaceres que se realizan en el hogar propio por m&aacute;s de 20 horas semanales. La definici&oacute;n ampliada considera trabajo las actividades realizadas por fuera del hogar o el trabajo en el hogar.</p>     <p><a href="#n14" name="14">14</a>. Se usaron dummies de rango de edad para los modelos con la muestra completa de ni&ntilde;os y para la submuestra de menores entre 10 y 17 a&ntilde;os, y se incluy&oacute; la edad simple y normalizada ((Edad-Media Edad)&#094;2)para los menores entre 6 y 9 a&ntilde;os. Rangos de Edad: 6 a 9 a&ntilde;os, 10 a 11 a&ntilde;os, 12 a13 a&ntilde;os, 14 a15 a&ntilde;os, 16 a 17 a&ntilde;os. La dummy omitida es el rango de edadde 6 a 9 a&ntilde;os para las regresiones con la muestra completa, y el rango de 10 a 11 a&ntilde;os, para las regresiones con la muestra de menores de 10 a 17 a&ntilde;os.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n15" name="15">15</a>. Mediante la metodolog&iacute;a de an&aacute;lisis de componentes principales, se le asigna a cada hogar un valor, dependiente de la disponibilidad de bienes y las caracter&iacute;sticas de la vivienda, y cada individuo recibe el valor del hogar en que reside (Profamilia, 2005).</p>     <p><a href="#n16" name="16">16</a>. Horas de trabajo semanales permitidas por la ley (en el 2005): cero para los menores de 12 a&ntilde;os, 24 horas para los menores entre 12 y 13 a&ntilde;os, 36 horas para los menores entre 14 y 15 a&ntilde;os, y 48 horas para los menores entre 16 y 17 a&ntilde;os.</p>     <p><a href="#n17" name="17">17</a>. Con la expedici&oacute;n de la Ley 1098 de Noviembre de 2006, la edad m&iacute;nima de admisi&oacute;n al trabajo fue modificada de 12 a 15 a&ntilde;os.</p>     <p><a href="#n18" name="18">18</a>. Aproximadamente 30 horas de jornada escolar a la semana (30 para secundaria, 20 para primaria), m&aacute;s 18 horas semanales de trabajo.</p>     <p><a href="#n19" name="19">19</a>. El &Iacute;ndice de Riqueza captura en gran parte el estatus econ&oacute;mico del hogar, y por lo tanto, es un indicador de muchas caracter&iacute;sticas observadas y no observadas que influyen en los indicadores de nutrici&oacute;n de los ni&ntilde;os, como el poder acceder a servicios m&eacute;dicos oportunamente y de calidad, la posibilidad de conseguir medicamentos en caso de enfermedad, los cuidados que reciben los ni&ntilde;os debido a la ausencia de los adultos, la cantidad y calidad de alimentos que reciben en el hogar, entre otros.</p>     <p><a href="#n20" name="20">20</a>. No se incluyen los resultados de las regresiones por subgrupos de edad por motivos de espacio, pero puede ser solicitadas al autor. Se har&aacute; referencia a estos resultados s&oacute;lo cuando difieran significativamente de los resultados para la muestra completa, o cuando los resultados entre los dos grupos de edad sean significativos, pero contrarios.</p>     <p><a href="#n21" name="21">21</a>. Como lo muestra la evaluaci&oacute;n de FA (DNP, 2005), los subsidios recibidos aumentan el consumo de lo hogares, y en particular el consumo de alimentos,por lo que podr&iacute;a darse un beneficio nutricional para los ni&ntilde;os queasistan a estudiar. Adem&aacute;s, se muestra c&oacute;mo en 85% de las instituciones educativas a las que asist&iacute;an los beneficiarios de FA, estos recib&iacute;an otros subsidios alimentarios. Estos programas generalmente se concentran en la poblaci&oacute;n de menor edad, raz&oacute;n por la cual el resultado de asistir es positivo para los ni&ntilde;os de 6 a 9 a&ntilde;os. En contraste, los ni&ntilde;os mayores generalmente no son beneficiarios de estos programas, y no reciben alimentaci&oacute;n en los colegios, por lo que la asistencia no les garantiza mejor alimentaci&oacute;n y en consecuencia, mejor estado nutricional.</p>     <p><a href="#n22" name="22">22</a>. O trabajan pero solo ayudando en los quehaceres del hogar por menos de 20 horas.</p>     <p><a href="#n23" name="23">23</a>. El valor esperado del escore-z, si el menor esta trabajando est&aacute; dado por: 0.35 - 0.24Asistencia. Es decir que si el menor asiste, la relaci&oacute;n positiva entre trabajar y la nutrici&oacute;n se ve disminuida.</p>     <p><a href="#n24" name="24">24</a>. El valor esperado del IMC si el menor trabaj&oacute; estar&iacute;a dado por: 0.04 - 0.02*Asistencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n25" name="25">25</a>. Teniendo en cuenta que esta interacci&oacute;n est&aacute; capturando situaciones en las cuales los menores est&aacute;n estudiando y realizando labores del hogar por m&aacute;s de 20 horas a la semana, se estar&iacute;a hablando de ni&ntilde;os realizando alguna actividad(escolar o laboral) por aproximadamente10 horas diariaso m&aacute;s (20 horas a la semana implica un promedio de 2.9 horas diarias de labores del hogar, m&aacute;s las 7 horas de jornada escolar), que es una jornada de actividad relativamente larga, y que exige a los menores, como m&iacute;nimo, m&aacute;s que quienes no hacen estas dos actividades, de tal forma que trabajar en el hogar y estudiar podr&iacute;a resultar en su agotamiento y en el deterioro de su nutrici&oacute;n.</p>     <p><a href="#n26" name="26">26</a>. El <a href="img/revistas/dys/n59/n59a4c15.jpg" target="_blank">cuadro 2</a> del anexo muestra las estimaciones de los modelos probit para los casos en que se usa la muestra completa, es decir, cuando la variable resultado del PPS es Talla para la edad o Peso para la edad.</p>     <p><a href="#n27" name="27">27</a>. Las categor&iacute;as de trabajo usadas en PPS difieren de las de MCO, ya que como en este &uacute;ltimo se introduc&iacute;an todas las dummies de la categor&iacute;a de trabajo simult&aacute;neamente, estas deb&iacute;an ser mutuamente excluyentes. En el caso de PPS, cada definici&oacute;n de trabajo es usada en un ejercicio diferente, por lo que no necesariamente son excluyentes. Es decir, quien trabaj&oacute; en actividades por fuera del hogar y en quehaceres del hogar por m&aacute;s de 20 horas, en este caso est&aacute; incluido en los 4 ejercicios.</p> <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1. Becker, G. & Lewis, G. On the interaction between the quality and quantity of labor.<i>Journal of Political Economy,</i> 81, (2), (1973), S279-S288.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0120-3584200700010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Beegle, K., Dehejia, R. & Gatti, R. <i>Why should we care about child labor? The education, labor market and health consequences of child labor.</i> NBER Working paper 10980, (2004).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-3584200700010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Behrman J. & Skoufias, E.(2004). &quot;Correlates and determinants of child anthropometrics in Latin  America: background and overview of the symposium&quot;, <i>Economics and Human Biology, 2,</i> 335-351.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-3584200700010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bernal, R. & C&aacute;rdenas, M. Trabajo Infantil en Colombia. Bogot&aacute;: Fedesarrollo, (2005).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-3584200700010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. DANE- OIT <i>Encuesta Nacional de Trabajo Infantil. Noviembre 2001. An&aacute;lisis de los resultados de la encuesta sobre caracterizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n entre 5 y 17 a&ntilde;os en Colombia.</i> Bogot&aacute;, Colombia: Deproyectos Ltda, (2001).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0120-3584200700010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. DNP <i>Evaluaci&oacute;n del Impacto del Programa Familias en Acci&oacute;n. Informe del Primer seguimiento.</i> Bogot&aacute;: Colombia. Uni&oacute;n temporal: IFS, Econometr&iacute;a Consultores, S.E.I. 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Bogot&aacute;: CEDE-Universidad de Los Andes, OIT, AECI, IPEC y Tercer Mundo Editores, (1996).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0120-3584200700010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Flor&eacute;z, C.E. & Nupia, O. Desnutrici&oacute;n Infantil en Colombia: Inequidades y determinantes. Documento CEDE 2001-07. Bogot&aacute;: CEDE-Universidad de Los Andes, (2001).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0120-3584200700010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Heckman, J. Ichimura, H., & Todd, P. Matching as an Econometric Evaluation Estimator. <i>Review of Economic Studies, 65, (2),</i> (1998), 261-294.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0120-3584200700010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Gaviria, A. & Palau, M., Nutrici&oacute;n y Salud Infantil en Colombia: determinantes y alternativas de pol&iacute;tica. CEDE- Universidad de los Andes, (2006).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0120-3584200700010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Lawrence, E.C. Poverty and the Rate of Time Preference: Evidence from Panel Data. <i>Journal of Political Economy, 99, (1)</i>, (1991), 54-77.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0120-3584200700010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. MERPD. <i>La pobreza y la desigualdad en Colombia. Resultados y Principales Estrategias.</i> Informe final de la Misi&oacute;n para el dise&ntilde;o de una estrategia para la reducci&oacute;n de la pobreza y la desigualdad. Bogot&aacute;: 2006, (2006)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0120-3584200700010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Myers W. Valuing diverses approaches to child labour. En Lieten K.& White B. (Eds.) <i>Child Labour-Policy options</i>. Amtersdam: Aksant, (2001).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0120-3584200700010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. O&#39;Donnell, O., Rosati, F., & Van Doorslaer, E. Health effects of child work: Evidence from rural Vietnam. <i>Journal of Population Economics, 18, (3),</i> (2005), 437-467.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0120-3584200700010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. OIT & UIP. <i>Erradicar las peores formas de trabajo infantil. Gu&iacute;a para implementar el Convenio No. 182 de la OIT. Ginebra, Suiza, (2002).</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0120-3584200700010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. OIT. <i>Every Child counts. New Global Estimates on Child Labour</i>. Ginebra, Suiza, (2002).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0120-3584200700010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Pedraza, A. El trabajo infantil y Juvenil en Colombia: sus causas y consecuencias. Tesis de grado obtenido no publicada. Universidad de Los Andes, Bogot&aacute;, Colombia, (2005).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0120-3584200700010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Profamilia. <i>Salud sexual y reproductiva en Colombia. Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y Salud 2005</i>. Bogot&aacute;, (2005).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0120-3584200700010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Rosenbaum, P.R., & Rubin, D.B., The central role of the propensity score in Observational Studies for causal effects. <i>Biometrika, 70, (1),</i> (1983), 41-55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0120-3584200700010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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