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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las uniones maritales, los diferenciales salariales y la brecha educativa en Colombia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Colombia young women (from the 1980 cohort) are more educated than men, reversing the education gap. This change has not resulted in a relative increase in the salaries of the women. The educational decision of individuals depends not only on changes in labor market conditions but also on market conditions in the marriage such marital unions and the relative size of the population by gender. Thus, this paper seeks to establish the relative importance and quantity of labor market factors and the marriage market on the change in the educational gap in Colombia. With that goal I use three quantitative approaches, the first one is the assortative matching in time, showing that in Colombia most individuals marriage with people with similar educational levels. Additionally, through a pseudo-panel by city from 1984 to 2006 shows that asymmetries in the population by gender, especially the increasing number of women reverse the educational gap. Finally, the decomposition of Oaxaca and Ransom inferred that only one of the two channels would not have achieved a reversal in the achievement gap, but both markets are required.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[brecha educativa]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="4">Las uniones maritales, los diferenciales salariales y la brecha educativa en Colombia*</font></b></p>      <p align="center"><b><font size="3">Marital Unions, Wage Differentials and the Educational Gap in Colombia</font></b></p>      <p>Luz Andrea Pi&ntilde;eros</p>      <p>Profesora asistente en la Universidad de la Sabana, en el programa de Econom&iacute;a y Finanzas Internacionales. Es economista (2007), polit&oacute;loga (2009) y tiene una maestr&iacute;a en Econom&iacute;a de la Universidad de los Andes (2009). Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:andrea_co_90210@yahoo.com"><i>andrea_co_90210@yahoo.com</i></a>.</p>      <p>* La autora agradece los excelentes comentarios de Ximena Pe&ntilde;a, Ana Mar&iacute;a Ib&aacute;&ntilde;ez, Mario Nigrinis, Raquel Bernal, Munir Jalil Barney, Fabio S&aacute;nchez, Valentina Duque, Booris Piraneque y Carlos Sandoval.</p>      <p>Este art&iacute;culo fue recibido el 15 de mayo de 2009; modificado el 2 de septiembre de 2009 y, finalmente, aceptado el 24 de noviembre de 2009.</p>  <hr size="1">      <p><b>Resumen</b></p>      <p>Las mujeres j&oacute;venes colombianas, a partir de la cohorte de 1980, tienen m&aacute;s a&ntilde;os de educaci&oacute;n que los hombres, con lo que se ha invertido el sentido de la brecha educativa. Este cambio no se ha traducido en un aumento relativo en los salarios de las mujeres, y los hombres contin&uacute;an teniendo mayores salarios que ellas. La decisi&oacute;n de educaci&oacute;n de los individuos no s&oacute;lo depende de los cambios en las condiciones del mercado laboral sino tambi&eacute;n de las condiciones del mercado del matrimonio, como la uni&oacute;n semejante y el tama&ntilde;o relativo de la poblaci&oacute;n por g&eacute;nero. Este documento busca establecer la importancia relativa y cuantitativa de los factores del mercado laboral y del mercado matrimonial en el cambio en la brecha educativa en el tiempo en Colombia. Para esto, se realizan tres aproximaciones cuantitativas. La primera mira la uni&oacute;n semejante en el tiempo y muestra que en Colombia la mayor&iacute;a de los individuos forman sociedades conyugales con personas de igual nivel educativo. Adicionalmente, a trav&eacute;s de un pseudopanel por ciudad, desde 1984 hasta 2006, se muestra que las asimetr&iacute;as en la poblaci&oacute;n por g&eacute;nero, en especial el aumento del n&uacute;mero de mujeres, reversa la brecha educativa. Finalmente, la descomposici&oacute;n de Oaxaca y Ransom permite inferir que con uno s&oacute;lo de los dos canales no se habr&iacute;a logrado una reversi&oacute;n en la brecha educativa, sino que se requieren ambos mercados.</p>      <p><b>Palabras clave:</b> brecha educativa, diferenciales salariales, uniones maritales y mercado del matrimonio.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Clasificaci&oacute;n JEL: J12, J16, J24, J31.</p>  <hr size="1">      <p><b>Abstract</b></p>      <p>Colombia young women (from the 1980 cohort) are more educated than men, reversing the education gap. This change has not resulted in a relative increase in the salaries of the women. The educational decision of individuals depends not only on changes in labor market conditions but also on market conditions in the marriage such marital unions and the relative size of the population by gender. Thus, this paper seeks to establish the relative importance and quantity of labor market factors and the marriage market on the change in the educational gap in Colombia. With that goal I use three quantitative approaches, the first one is the assortative matching in time, showing that in Colombia most individuals marriage with people with similar educational levels. Additionally, through a pseudo-panel by city from 1984 to 2006 shows that asymmetries in the population by gender, especially the increasing number of women reverse the educational gap. Finally, the decomposition of Oaxaca and Ransom inferred that only one of the two channels would not have achieved a reversal in the achievement gap, but both markets are required.</p>      <p><b>Key words:</b> education gap, wage differentials, marital union and marriage market.</p>      <p>JEL Classification: J12, J16, J24, J31.</p>  <hr size="1">      <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>      <p>En Colombia, durante los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os se han presentado tres fen&oacute;menos sociales de gran relevancia para los mercados laboral y del matrimonio. En primer lugar, la brecha educativa, definida como la diferencia promedio en los a&ntilde;os de educaci&oacute;n entre hombres y muj eres, se ha ido cerrando a trav&eacute;s del tiempo y se revers&oacute; a partir de la cohorte de edad de 1980. En segunda instancia, la brecha salarial, definida como la diferencia promedio del salario por hora entre hombres y mujeres, se ha venido cerrando para todos los niveles educativos. Sin embargo, se reporta que la brecha salarial para los niveles educativos m&aacute;s altos (m&aacute;s de diecis&eacute;is a&ntilde;os de educaci&oacute;n<sup><a name="s1" href="#p1">1</a></sup>) es la mayor, y por &uacute;ltimo, la abundancia relativa (n&uacute;mero de hombres/n&uacute;mero de mujeres) ha ido decreciendo. En el presente estudio se busca establecer la importancia relativa y cuantitativa de los factores del mercado laboral y del mercado matrimonial que inciden en el cambio de la brecha educativa en el tiempo en Colombia.</p>      <p>Este trabajo tiene dos grandes aportes. El primero es que ning&uacute;n trabajo anterior ha evidenciado emp&iacute;ricamente c&oacute;mo los cambios en estos dos mercados afectan la decisi&oacute;n de los individuos con respecto a educarse y el segundo es la metodolog&iacute;a que se desarrolla, mediante la cual se construye un pseudopanel para las siete principales ciudades de 1984 a 2006, utilizando la Encuesta de Hogares.</p>      <p>En la literatura sobre los retornos que tiene la educaci&oacute;n en el mercado laboral, Mincer (1974) propone una forma de cuantificar los retornos a la educaci&oacute;n. &Eacute;sta consiste en estimar una ecuaci&oacute;n de ingresos de acuerdo con la edad y los a&ntilde;os de educaci&oacute;n. El modelo predice que los individuos con mayor educaci&oacute;n tienen retornos monetarios m&aacute;s altos que los no educados.</p>      <p>De esta manera, los a&ntilde;os de educaci&oacute;n pueden ser vistos como una inversi&oacute;n en capital humano<sup><a name="s2" href="#p2">2</a></sup> en tres grandes aspectos: a) la educaci&oacute;n aumenta la productividad individual en los mercados competitivos; b) el salario es igual a la productividad marginal del trabajo normalizada por el precio, y c) existen costos iniciales (matr&iacute;cula y oportunidad) y beneficios futuros, lo que genera retornos a la educaci&oacute;n (Becker, 1964).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otro lado, numerosos autores han se&ntilde;alado c&oacute;mo los cambios en las condiciones del mercado del matrimonio afectan las decisiones prematrimoniales de inversi&oacute;n en a&ntilde;os de educaci&oacute;n. Por ejemplo, uno de estos cambios es la asimetr&iacute;a de la poblaci&oacute;n por g&eacute;nero. Iyigun y Walsh (2006) establecen la inversi&oacute;n prematrimonial y de los casados en un modelo colectivo de hogar. Ellos se&ntilde;alan que en un mercado del matrimonio donde exista una escasez relativa de hombres las mujeres van a escoger inversiones premaritales m&aacute;s altas.</p>     <p>Al respecto, Pe&ntilde;a (2006) desarroll&oacute; un modelo te&oacute;rico de dos etapas con el que explica el comportamiento de la brecha de educaci&oacute;n. En la primera etapa, los agentes deciden el nivel de educaci&oacute;n. En la segunda, los individuos participan en los mercados laboral y del matrimonio, donde la introducci&oacute;n de asimetr&iacute;as al modelo, en especial la abundancia relativa de mujeres, permite que ellas tengan incentivos adicionales para educarse con el fin de mejorar sus perspectivas en el mercado del matrimonio; esto produce que la asimetr&iacute;a de tama&ntilde;o por g&eacute;nero afecte la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n.</p>      <p>Por tanto, para estimar una relaci&oacute;n de causalidad entre las asimetr&iacute;as de la poblaci&oacute;n por g&eacute;nero y la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n, Lafortune (2007) estudia unos datos panel (1900-1930) para la segunda generaci&oacute;n de inmigrantes en Estados Unidos. La autora muestra que los cambios en las relaciones por g&eacute;nero cambian las decisiones de inversi&oacute;n en educaci&oacute;n; los resultados para Estados Unidos sugieren que un cambio en la relaci&oacute;n de g&eacute;nero (n&uacute;mero de hombres/n&uacute;mero de mujeres) de uno a dos implica un incremento en a&ntilde;os de educaci&oacute;n de 0,5 para los hombres y una reducci&oacute;n de 0,05 a&ntilde;os para las mujeres.</p>      <p>Adicionalmente, Greenwood y Guner (2004) muestran que en las &eacute;pocas tempranas del desarrollo en los Estados Unidos la mujer casada ten&iacute;a que pasar toda su jornada en la producci&oacute;n de bienes y servicios dentro del hogar. Con la revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica<sup><a name="s3" href="#p3">3</a></sup> las horas dedicadas a las labores del hogar se redujeron dr&aacute;sticamente, lo que hizo que las mujeres pudieran dividir su tiempo entre las labores del hogar y un trabajo remunerado. De esta manera, si las mujeres comienzan a participar en la fuerza laboral, sus a&ntilde;os de educaci&oacute;n comienzan a ser importantes en la selecci&oacute;n de pareja dentro del mercado del matrimonio<sup><a name="s4" href="#p4">4</a></sup>.</p>     <p>Al respecto, una de las variables que interviene en la decisi&oacute;n de inversi&oacute;n en educaci&oacute;n es la uni&oacute;n semejante. En la medida en que en el proceso de selecci&oacute;n de pareja se busque a alguien con mayor o igual nivel educativo con el fin de conseguir la m&aacute;xima utilidad indirecta en un modelo de decisi&oacute;n colectiva en el hogar (Becker, 1973). De esta manera, Fern&aacute;ndez, Guner y Knowles (2001) constatan esta teor&iacute;a utilizando las encuestas de hogares de 34 pa&iacute;ses para calcular el grado de correlaci&oacute;n de educaci&oacute;n en las parejas y encontraron que la correlaci&oacute;n seg&uacute;n el grado de educaci&oacute;n es alta (alrededor de 61%, desviaci&oacute;n est&aacute;ndar 0,106). Jordan (2006) realiz&oacute; un estudio para Colombia y hall&oacute; que la movilidad social es baja y la uni&oacute;n semejante es alta. En este sentido, las parejas colombianas tienen niveles similares de educaci&oacute;n. Seg&uacute;n la autora, en Colombia la probabilidad m&aacute;s alta es la de casarse con personas de igual nivel educativo (alrededor de 70%).</p>      <p>Ahora bien, diversos estudios han mostrado que la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n de los hijos es una decisi&oacute;n de los padres (Peters y Siow, 2002). Al respecto, R&iacute;os-Rull y S&aacute;nchez (2002) proponen que los niveles de educaci&oacute;n de los hijos dependen de los niveles de inversi&oacute;n destinada a educaci&oacute;n que tienen los padres y encontraron que el n&uacute;mero de personas en el hogar afecta negativamente la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n universitaria de las mujeres.</p>      <p>Para los adultos j&oacute;venes, los beneficios futuros de la educaci&oacute;n se encuentran en dos mercados principalmente: a) en el mercado laboral, en la medida en que la educaci&oacute;n aumenta la productividad marginal y &eacute;sta genera mayores retornos v&iacute;a tasa salarial, y b) en el mercado del matrimonio, si los atributos de las parejas son complementarios, las personas se casan con c&oacute;nyuges de similar nivel educativo y de esta manera la educaci&oacute;n se convierte en el veh&iacute;culo de competencia que une a las parejas (Becker, 1973; Pe&ntilde;a, 2006; Lafortune, 2007). Por tanto, el argumento te&oacute;rico de este documento es que con uno solo de los dos mercados no se habr&iacute;a logrado una reversi&oacute;n de la brecha educativa, sino que se requieren ambos.</p>      <p>Por lo anterior, este trabajo busca medir c&oacute;mo afectan la brecha educativa los cambios en las variables del matrimonio, las asimetr&iacute;as en el tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n por g&eacute;nero y la uni&oacute;n semejante, junto con las variaciones en el mercado laboral medido a trav&eacute;s de los retornos monetarios a la educaci&oacute;n. Para esto, se miden las variables en menci&oacute;n para las siete principales ciudades de Colombia a trav&eacute;s del tiempo, desde 1984 hasta 2006, realizando un pseudopanel.</p>      <p>Esta investigaci&oacute;n se divide en cuatro secciones. En la primera se presenta la motivaci&oacute;n. Luego, se muestran los datos y la metodolog&iacute;a utilizada. M&aacute;s adelante se se&ntilde;alan los resultados emp&iacute;ricos del modelo y, finalmente, en la cuarta secci&oacute;n se expresan las principales conclusiones.</p>      <p><b><font size="3">I. Motivaci&oacute;n</font></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En algunos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, del Caribe y en Estados Unidos, la brecha de educaci&oacute;n entre hombres y mujeres se ha ido cerrando durante las &uacute;ltimas cinco d&eacute;cadas (Lafortune, 2007; Duryea, Galiani, &Ntilde;opo y Piras, 2007). Por ejemplo, para Latinoam&eacute;rica y el Caribe la brecha de educaci&oacute;n se cierra para la cohorte de edad de 1960. Para la cohorte de 1980 se se&ntilde;ala que las mujeres tienen en promedio 0,25 m&aacute;s a&ntilde;os de educaci&oacute;n que los hombres. Este cambio es explicado por los aumentos en la calidad de la educaci&oacute;n y por la decisi&oacute;n intr&iacute;nseca de las mujeres de prepararse (Duryea et &aacute;l., 2007).</p>      <p>En Colombia, durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas los a&ntilde;os promedio de educaci&oacute;n de la mujer han ido en aumento (<a href="#g1">gr&aacute;fico 1</a>). En este sentido, la brecha educativa entre hombres y mujeres se ha ido cerrando a lo largo del tiempo, e inclusive se ha generado un rev&eacute;s, pues para la cohorte de edad de 1980 en adelante, las mujeres tienen en promedio m&aacute;s a&ntilde;os de educaci&oacute;n que los hombres.</p>      <p>    <center><a name="g1"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03g1.gif"></a></center></p>      <p>El <a href="#c1">cuadro 1</a> nos muestra que a partir de los a&ntilde;os setenta la brecha de educaci&oacute;n comienza a cerrarse y, luego, desde los a&ntilde;os ochenta ocurre un rev&eacute;s y las mujeres comienzan a tener m&aacute;s a&ntilde;os de educaci&oacute;n que los hombres. Por ejemplo, para la cohorte de edad de 18 a 20 a&ntilde;os (los nacidos a partir de 1986) el hombre tiene 6,62 a&ntilde;os de educaci&oacute;n en promedio y la mujer 7,14.</p>      <p>    <center><a name="c1"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03c1.gif"></a></center></p>      <p>En Colombia los salarios reales y los niveles de escolaridad han ido en aumento tanto para hombres como para mujeres, con un crecimiento mayor para estas &uacute;ltimas (N&uacute;&ntilde;ez y S&aacute;nchez, 1998). Adicionalmente, los datos sugieren un aumento en la participaci&oacute;n femenina en el mercado laboral desde la d&eacute;cada de los cincuenta. Meza y Ribero (1997) se&ntilde;alan que la tasa global de participaci&oacute;n femenina ha ido en aumento, pasando de 19% en 1950 a 39% en 1985, a 43% en 1995 y a 56,18% en 20 05<sup><a name="s5" href="#p5">5</a></sup> (v&eacute;ase el <a href="#a1">anexo 1</a>).</p>      <p>Ahora bien, la disminuci&oacute;n en la brecha de educaci&oacute;n no se ha traducido en mayores salarios para las mujeres. En Colombia, los hombres en promedio reciben mayores salarios nominales y marginales<sup><a name="s6" href="#p6">6</a></sup> que las mujeres, a pesar de que sus niveles de educaci&oacute;n en promedio son inferiores (<a href="#c2">cuadro 2</a>). Para el a&ntilde;o 2006, los hombres recib&iacute;an un salario por hora 12% mayor en promedio que el de las mujeres.</p>      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="c2"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03c2.gif"></a></center></p>      <p>Adicionalmente, si dividimos la poblaci&oacute;n ocupada por g&eacute;nero y tipo de ocupaci&oacute;n en cuatro grandes grupos (obrero o empleado de empresa particular, obrero o empleado del Gobierno, empleado dom&eacute;stico, trabajador por cuenta propia), nos damos cuenta que sin importar el tipo de ocupaci&oacute;n los hombres ganan relativamente mayor salario mensual y por hora que las mujeres (<a href="#c3">cuadro 3</a>).</p>      <p>    <center><a name="c3"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03c3.gif"></a></center></p>      <p>Por estos motivos, es fundamental establecer de manera relativa y cuantitativa la importancia de los factores de los mercados laboral y del matrimonio en el cambio de la brecha educativa en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas en Colombia. Con este fin, se realizan tres aproximaciones cuantitativas: la primera busca mirar la uni&oacute;n semejante por nivel educativo a trav&eacute;s de un coeficiente de correlaci&oacute;n; la segunda intenta estudiar la importancia relativa de los mercados laboral y del matrimonio en el cambio de la brecha educativa, a trav&eacute;s de dos estimaciones de una forma reducida mediante la construcci&oacute;n de un pseudopanel por ciudad desde 1984 hasta el primer semestre de 2006; y, finalmente, se hace un ejercicio de simulaci&oacute;n para realizar la descomposici&oacute;n en la brecha de educaci&oacute;n y determinar de esa forma qu&eacute; parte del diferencial se debe a los retornos a la educaci&oacute;n (mercado laboral) y qu&eacute; parte se debe a los cambios en la proporci&oacute;n de hombres y mujeres (mercado matrimonial). En la siguiente secci&oacute;n se explican de manera detallada los datos y el proceso de medici&oacute;n.</p>      <p><b><font size="3">II. Datos y metodolog&iacute;a</font></b></p>      <p>En esta secci&oacute;n se presentan los datos utilizados y la metodolog&iacute;a para determinar la importancia relativa y cuantitativa de los factores de los mercados laboral y matrimonial en el comportamiento de la brecha de educaci&oacute;n. En la primera parte se presentan los datos utilizados y la selecci&oacute;n de muestra. M&aacute;s adelante, se introduce la metodolog&iacute;a de homogenizaci&oacute;n de las series del mercado laboral urbano a trav&eacute;s del uso de la Encuesta de Hogares, para luego presentar las metodolog&iacute;as de aproximaci&oacute;n cuantitativa de la investigaci&oacute;n.</p>     <p>Al respecto, para esta investigaci&oacute;n se us&oacute; la Encuesta Nacional de Hogares (ENH 1984-2000) y la Encuesta Continua de Hogares (ech 2001-2006 primer semestre, que se indicar&aacute; de aqu&iacute; en adelante como 2006(I)). La Encuesta de Hogares present&oacute; dos transformaciones importantes en las estad&iacute;sticas del mercado laboral durante el per&iacute;odo 2001-2006(1), con respecto a los anteriores a&ntilde;os. En primer lugar, las definiciones de la fuerza de trabajo produjeron un cambio en la composici&oacute;n de la poblaci&oacute;n en edad de trabajar (PET), lo cual provoc&oacute; reducciones en los niveles de tasa de desempleo y participaci&oacute;n, y un aumento en la tasa de ocupaci&oacute;n. El segundo cambio afecta la estructura serial de &eacute;stas debido a los ajustes estacionales que se producen en los datos intratrimestrales<sup><a name="s7" href="#p7">7</a></sup>.</p>     <p>Para hacer compatibles estas encuestas se utiliz&oacute; la metodolog&iacute;a micro propuesta por Arango, Garc&iacute;a y Posada (2006), la cual emplea modelos <i>logit</i> con los datos personales de la ECH, con el fin de determinar las personas susceptibles de ser reclasificadas, y donde se incorporan todos los efectos estacionales con lo que se genera mayor precisi&oacute;n al estimar en altos niveles de desagregaci&oacute;n.</p>     <p>La raz&oacute;n fundamental para utilizar esta metodolog&iacute;a<sup><a name="s8" href="#p8">8</a></sup> es porque tiene un mejor desempe&ntilde;o en el nivel desagregado por ciudades; adem&aacute;s, un an&aacute;lisis estad&iacute;stico de los momentos muestrales de cada serie sugiere que tiene un mejor poder de pron&oacute;stico (Arango, Garc&iacute;a y Posada, 2006, p. 21).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de hacer compatible la Encuesta de Hogares se procedi&oacute; a estudiar cu&aacute;l era la mejor forma de explicar los cambios presentados en la brecha de educaci&oacute;n a trav&eacute;s del tiempo. En este sentido, se desarroll&oacute; la metodolog&iacute;a de pseudopanel, cuyos individuos en el tiempo son las siete principales ciudades de Colombia<sup><a name="s9" href="#p9">9</a></sup>. Las personas que se escogieron para representar cada ciudad se presentan en el <a href="#c4">cuadro 4</a>.</p>     <p>    <center><a name="c4"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03c4.gif"></a></center></p>     <p>Ahora bien, se proponen tres ejercicios de medici&oacute;n para entender el peso relativo que tienen el mercado laboral y el mercado del matrimonio en explicar el rev&eacute;s de la brecha de educaci&oacute;n. El primer ejercicio busca mirar los cambios en la uni&oacute;n semejante por nivel educativo en Colombia a trav&eacute;s del tiempo, con el fin de observar si a medida que las mujeres aumentan los a&ntilde;os de educaci&oacute;n, logran &quot;mejores&quot;<sup><a name="s10" href="#p10">10</a></sup> uniones maritales. En este sentido, para medir la uni&oacute;n semej ante entre c&oacute;nyuges se utiliz&oacute; el coeficiente de correlaci&oacute;n simple, utilizando la enh y la ech para los a&ntilde;os 1984, 1996 y 2006<sup><a name="s11" href="#p11">11</a></sup>.</p>     <p>En segunda instancia, se realizan dos estimaciones de una forma reducida<sup><a name="s12" href="#p12">12</a></sup> (v&eacute;ase la <a href="#e1">ecuaci&oacute;n 1</a>), a trav&eacute;s de las cuales se introducen las asimetr&iacute;as en el tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n por g&eacute;nero (factor del mercado matrimonial) y la brecha del logaritmo salarial por hora (factor del mercado laboral), con el fin de explicar los cambios de la brecha educativa. Adicionalmente, se introducen una serie de controles al modelo.</p>     <p>En la primera estimaci&oacute;n se define la brecha educativa como la diferencia en a&ntilde;os promedio de educaci&oacute;n entre hombres y mujeres. En la segunda, la brecha educativa es la diferencia en a&ntilde;os de educaci&oacute;n entre el n&uacute;mero de hombres con educaci&oacute;n universitaria completa o m&aacute;s y el n&uacute;mero de mujeres con la misma educaci&oacute;n<sup><a name="s13" href="#p13">13</a></sup>. A continuaci&oacute;n se explica el modelo estimado:</p>     <p>    <center><a name="e1"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03e1.gif"></a></center></p>     <p> con <i>i</i> = Barranquilla, Bogot&aacute;, Bucaramanga, Cali, Manizales, Medell&iacute;n y Pasto; <i>t</i> = 1984, . . . , 2006, y donde:</p> <ul>    <li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> BE es la brecha de educaci&oacute;n, definida como la diferencia promedio de los a&ntilde;os de educaci&oacute;n entre hombres y mujeres. Para cada a&ntilde;o desde 1984 hasta 2006(I) y para cada ciudad;</p>     <li>    <p> REG son los retornos educativos por g&eacute;nero. Para cada ciudad, se tom&oacute; la diferencia del logaritmo natural del salario promedio por hora entre hombres y mujeres a precios constantes del a&ntilde;o 2000. Para cada a&ntilde;o desde 1984 hasta 2006(I);</p>     <li>    <p> AR es la abundancia relativa por g&eacute;nero. &Eacute;sta es la proporci&oacute;n entre el n&uacute;mero de hombres sobre el n&uacute;mero de mujeres, para cada ciudad y a&ntilde;o desde 1984 hasta 2006(I);</p>      <li>    <p> <img src="img/revistas/dys/n64/n64a03i1.gif"> son los controles del modelo. Para cada a&ntilde;o desde 1984 hasta 2006(I) y por ciudad, se tomaron los siguientes controles: la edad promedio, la edad promedio al cuadrado, el recaudo fiscal y el n&uacute;mero de personas en el hogar.</p>      </ul>      <p>Para la identificaci&oacute;n del modelo m&aacute;s adecuado para la estimaci&oacute;n de los cortes transversales a trav&eacute;s del tiempo por ciudad se realizaron tres pruebas: Hausman (1978), White (1980), y la de Breusch y Pagan (1979), con el fin de determinar cu&aacute;l es el mejor modelo y si el que se escogi&oacute; es el adecuado. Las pruebas en menci&oacute;n se&ntilde;alaron que el mejor modelo era el de efectos aleatorios.</p>     <p>Finalmente, se estima una simulaci&oacute;n de Oaxaca y Ransom (1994), para realizar una descomposici&oacute;n de la brecha educativa y determinar de esa forma qu&eacute; parte del diferencial se debe a los retornos a la educaci&oacute;n y qu&eacute; parte se debe a los cambios en la proporci&oacute;n de hombres y mujeres. Esta descomposici&oacute;n indica la importancia relativa de cada uno de los dos mercados, asumiendo que la estructura educativa ideal en el mercado laboral colombiano es alg&uacute;n punto intermedio de los a&ntilde;os de educaci&oacute;n promedio entre hombres y mujeres (v&eacute;anse Cotton, 1988; Oaxaca y Ransom, 1994).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es imperativo mencionar que tanto la variable de los retornos educativos por g&eacute;nero como la abundancia relativa son end&oacute;genas. Luego los coeficientes podr&iacute;an estar sobredimensionados o subdimensionados. En el caso de la abundancia relativa, Lafortune (2007) realiz&oacute; un estudio emp&iacute;rico sobre c&oacute;mo la abundancia relativa afecta la inversi&oacute;n prematrimonial de educarse para la segunda generaci&oacute;n de estadounidenses nacidos entre 1885 y 1915. Los resultados indicaron que sin utilizar un instrumento los datos estaban sobredimensionados. Por tanto, este documento sugiere que los resultados podr&iacute;an tener un sesgo positivo, en ausencia de una variable instrumental que solucione el problema y teniendo el precedente de Lafortune (2007). Sin embargo, esta investigaci&oacute;n no pretende mostrar relaciones causales sino m&aacute;s bien encontrar los efectos relativos de los dos mercados para cuantificar la importancia de ambos en el rev&eacute;s de la brecha educativa.</p>     <p><b><font size="3">III. Resultados</font></b></p>     <p>En esta secci&oacute;n se presentan los resultados de las principales estimaciones. En la primera parte por medio de un ejercicio de correlaci&oacute;n simple se muestra la uni&oacute;n semejante entre c&oacute;nyuges por nivel educativo, luego se presentan los resultados de las dos formas reducidas y finalmente, se presenta un ejercicio de descomposici&oacute;n de Oaxaca y Ransom (1994) con el fin de simular cu&aacute;l ser&iacute;a el cambio en la brecha educativa si s&oacute;lo variara uno de los dos posibles canales. Todo esto para constatar que la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n tiene retornos en dos mercados; en el mercado laboral, en la medida en que mayores niveles de educaci&oacute;n se traducen en mayores retornos salariales y en el mercado del matrimonio que busca medir el comportamiento de la brecha de educaci&oacute;n con las asimetr&iacute;as en el tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n por g&eacute;nero.</p>     <p><b>A. Uni&oacute;n semejante</b></p>     <p>Una de las formas de medir el impacto que tiene el mercado del matrimonio sobre la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n es a trav&eacute;s de la uni&oacute;n semejante. Para medir la uni&oacute;n semejante se desarrollaron tres matrices de correlaci&oacute;n de uniones maritales por nivel educativo entre c&oacute;nyuges. Se tomaron tres fotos a trav&eacute;s del tiempo, una en 1984, otra en 1996 y la &uacute;ltima en 2006(I). De esta manera se determina si existieron cambios en las uniones maritales en el per&iacute;odo de estudio. Es importante se&ntilde;alar que s&oacute;lo se tomaron los hogares cuyo jefe de hogar era hombre.</p>     <p>Si se miran los tres cuadros (v&eacute;anse el <a href="#a6">anexo 6</a> y el <a href="#c5">cuadro 5</a>) de uniones semejantes seg&uacute;n nivel educativo, se puede inferir que existe una correlaci&oacute;n alta para todos los niveles de educaci&oacute;n, siendo mayor en los extremos. En Colombia la probabilidad m&aacute;s alta es la de casarse con personas de igual nivel educativo; b&aacute;sicamente se encuentra que se casan los no educados con los no educados y los educados con los educados. Debido a los aumentos en los a&ntilde;os de educaci&oacute;n de las mujeres la uni&oacute;n semejante para los niveles educativos m&aacute;s altos ha ido creciendo con el tiempo. Por ejemplo, en 1984 el 57,49% eran hogares cuyas parejas ten&iacute;an niveles de educaci&oacute;n superior, en 1996 esta cifra subi&oacute; a 70,67% y en 2006 lleg&oacute; al 81,23%, lo que quiere decir que a medida que las mujeres obtienen m&aacute;s a&ntilde;os de educaci&oacute;n van a tener mayores probabilidades de casarse con alguien de un nivel de educaci&oacute;n similar o superior<sup><a name="s14" href="#p14">14</a></sup>.</p>     <p>    <center><a name="c5"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03c5.gif"></a></center></p>     <p>En este sentido, en los tres cuadros se puede observar que los valores del lado sur de la diagonal son mayores que los del lado norte de la diagonal, lo que indica que es m&aacute;s probable que un jefe de hogar se case con alguien de menor nivel educativo a que aspire a casarse con alguien de mayor nivel educativo. Los jefes de hogar siempre buscan alguien de igual o menor calificaci&oacute;n para unirse maritalmente. Al respecto, es muy poco probable que una mujer con educaci&oacute;n universitaria se case con alguien de menor nivel educativo, lo que genera mayores incentivos de la mujer a educarse debido a las utilidades indirectas en el matrimonio.</p>     <p>La anterior fue una primera aproximaci&oacute;n para observar los retornos que tienen sobre la educaci&oacute;n los cambios en el mercado del matrimonio, medido a trav&eacute;s de la uni&oacute;n semejante. Ahora bien, en la siguiente parte se observar&aacute; por medio de dos regresiones c&oacute;mo los cambios en las variables de los mercados matrimonial y laboral afectan la brecha educativa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>B. Estimaci&oacute;n del modelo</b></p>     <p>En esta parte se presentan los resultados de las dos estimaciones anteriormente descritas. Debido a los problemas de endogeneidad expuestos con antelaci&oacute;n, los resultados de estas regresiones no intentan estimar relaciones causales sino m&aacute;s bien encontrar los efectos relativos de los dos mercados para cuantificar la importancia conjunta en la reversi&oacute;n de la brecha de educaci&oacute;n.</p>     <p>Para todos los niveles de escolaridad, el <a href="#c6">cuadro 6</a> muestra que a medida que la abundancia relativa aumenta la brecha educativa aumenta, es decir, si aumenta el n&uacute;mero de hombres (el numerador de la AR), aumentan los a&ntilde;os de educaci&oacute;n del hombre en comparaci&oacute;n con los de la mujer. Ahora bien, en el mercado del trabajo existe una relaci&oacute;n positiva entre los retornos educativos por g&eacute;nero y la brecha educativa, lo que muestra que a medida que la diferencia salarial se hace m&aacute;s grande los hombres se educan m&aacute;s y las mujeres menos. Sobre los controles del modelo podemos ver que a medida que la edad promedio aumenta la brecha educativa tambi&eacute;n lo hace; lo mismo ocurre con la edad promedio al cuadrado. As&iacute; mismo, si disminuye el n&uacute;mero de personas en el hogar, tambi&eacute;n disminuir&aacute; la brecha educativa, es decir, a medida que se tienen, en promedio, menos hijos las mujeres obtienen niveles mayores de educaci&oacute;n, lo que concuerda con la teor&iacute;a (Peters y Siow, 2002). Por &uacute;ltimo, si se controla por riqueza de la ciudad -en este caso se toma el recaudo de impuestos-, se muestra que existe una relaci&oacute;n negativa entre &eacute;sta y la brecha educativa, lo que se&ntilde;ala que a medida que la ciudad se hace m&aacute;s rica las mujeres se educan m&aacute;s. Resultados similares se obtienen cuando se toman s&oacute;lo a aquellos con m&aacute;s de diecis&eacute;is a&ntilde;os de educaci&oacute;n (v&eacute;ase el <a href="#c7">cuadro 7</a>).</p>     <p>    <center><a name="c6"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03c6.gif"></a></center></p>     <p>    <center><a name="c7"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03c7.gif"></a></center></p>     <p>En este sentido, los resultados indican que la inversi&oacute;n premarital en educaci&oacute;n tiene retornos en dos mercados. En el mercado laboral, en la medida en que mayores niveles de educaci&oacute;n se traducen en mayores retornos salariales; y en el mercado del matrimonio, a medida que el n&uacute;mero de mujeres se hace m&aacute;s grande con relaci&oacute;n al de hombres la brecha educativa se vuelve negativa. Es importante se&ntilde;alar que de acuerdo con R&iacute;os-Rull y S&aacute;nchez (2002), el n&uacute;mero de personas en el hogar afecta negativamente la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n de las mujeres. Al respecto, los resultados del modelo se&ntilde;alan que un aumento de una persona m&aacute;s en el hogar aumenta la brecha educativa.</p>     <p><b>C. Descomposici&oacute;n de Oaxaca y Ransom</b><sup><a name="s15" href="#p15">15</a></sup></p>     <p>Con esta metodolog&iacute;a de descomposici&oacute;n se intenta analizar cu&aacute;l ser&iacute;a el cambio en la brecha educativa si variara s&oacute;lo uno de los dos mercados (laboral o matrimonial). Las filas asumen cuatro estructuras del mercado educativo de equilibrio en Colombia. La primera indica como estructura competitiva de educaci&oacute;n del mercado colombiano los a&ntilde;os de educaci&oacute;n promedio del hombre; en la fila dos se asume que los a&ntilde;os de educaci&oacute;n promedio de la mujer es la estructura de educaci&oacute;n del mercado. Finalmente, la fila cuatro es un m&eacute;todo agrupado donde se muestra que la estructura del mercado educativo se encuentra en la mitad de los a&ntilde;os de educaci&oacute;n promedio del hombre y los a&ntilde;os de educaci&oacute;n promedio de la mujer (la estructura de educaci&oacute;n planteada por Cotton, 1988, es un caso particular de la metodolog&iacute;a <i>pooled</i>; v&eacute;anse Oaxaca y Ransom, 1994).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La columna dos reporta la descomposici&oacute;n logar&iacute;tmica de la brecha educativa entre hombres y mujeres si s&oacute;lo var&iacute;a el mercado del matrimonio (medido como la relaci&oacute;n del tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n por g&eacute;nero), mientras que el mercado laboral permanece constante, y la columna tres muestra los resultados de la descomposici&oacute;n si s&oacute;lo var&iacute;a el mercado laboral (diferencia salarial por hora entre hombres y mujeres) manteniendo constante el mercado matrimonial. Se puede observar a trav&eacute;s del m&eacute;todo <i>pooled</i><sup><a name="s16" href="#p16">16</a></sup> que el mercado matrimonial explica el 20,35% de la brecha educativa, mientras que el mercado laboral explica tan s&oacute;lo el 10,02% de ella (v&eacute;ase el <a href="#c8">cuadro 8</a>). Entonces, esta descomposici&oacute;n permite inferir que con uno solo de los dos canales no se habr&iacute;a logrado una reversi&oacute;n en la brecha educativa sino que se requieren ambos mercados.</p>     <p>    <center><a name="c8"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03c8.gif"></a></center></p>     <p><b><font size="3">IV. Conclusiones</font></b></p>     <p>Este documento busca establecer la importancia relativa y de alguna manera cuantitativa de los factores del mercado laboral y del mercado matrimonial sobre el rev&eacute;s de la brecha educativa en el tiempo para las siete principales ciudades de Colombia. Con este fin, se utilizaron tres metodolog&iacute;as de aproximaci&oacute;n para la cuantificaci&oacute;n. La primera es un coeficiente de correlaci&oacute;n para medir la uni&oacute;n semejante por nivel educativo de las sociedades conyugales; los resultados indican que con el paso del tiempo las uniones semejantes son m&aacute;s altas y que es m&aacute;s f&aacute;cil que una mujer se case con alguien de mayor nivel educativo a que un hombre lo haga.</p>     <p>En la segunda parte se elabora una estimaci&oacute;n de pseudopanel para las siete principales ciudades de Colombia con el fin de medir c&oacute;mo los cambios en las condiciones del mercado laboral y del matrimonio afectan la decisi&oacute;n de inversi&oacute;n en a&ntilde;os de educaci&oacute;n de los individuos. En este sentido, para los adultos j&oacute;venes la educaci&oacute;n tiene retornos en dos mercados. En el mercado del matrimonio si la uni&oacute;n semejante es alta, los individuos invertir&aacute;n en m&aacute;s a&ntilde;os de educaci&oacute;n para unirse con alguien de igual o superior nivel educativo con el fin de maximizar la utilidad indirecta al interior del hogar. As&iacute; mismo, si las tasas de ocupaci&oacute;n son relativamente altas, los individuos al tener m&aacute;s a&ntilde;os de educaci&oacute;n entrar&aacute;n al mercado laboral recibiendo mayores participaciones salariales comparadas con aquellos de menor nivel educativo.</p>     <p>Es importante se&ntilde;alar que las mujeres reciben menores salarios que los hombres, tanto en t&eacute;rminos nominales como marginales. Esto sugiere que si los &uacute;nicos incentivos para educarse vinieran del mercado laboral, los hombres deber&iacute;an ser m&aacute;s educados. Sin embargo, los resultados sugieren que la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n tiene altos retornos en el mercado del matrimonio, debido a la escasez de hombres y a la alta uni&oacute;n semejante. Por tanto, el mercado del matrimonio es fundamental para explicar el relativo en a&ntilde;os de educaci&oacute;n de las mujeres en Colombia. Una de las limitaciones que tiene este trabajo es que debido a su metodolog&iacute;a presenta problemas de endogeneidad en las variables, lo que produce una sobreestimaci&oacute;n de los resultados.</p>     <p>Mientras muchos trabajos examinan los efectos del mercado del matrimonio y del mercado laboral sobre la oferta laboral femenina, &eacute;ste estudia c&oacute;mo los cambios en las condiciones de los mercados del matrimonio y laboral afectan las inversiones premaritales. Por tanto, uno de los futuros trabajos que se podr&iacute;an realizar es c&oacute;mo las variaciones en las leyes de divorcio, los cambios tecnol&oacute;gicos y la estructura del mercado laboral afectan la oferta laboral de las mujeres casadas. Finalmente, como tercera medida se utiliz&oacute; la descomposici&oacute;n de Oaxaca y Ransom (1994), cuyos resultados permiten dar cuenta de que uno s&oacute;lo de los dos mercados no habr&iacute;a logrado explicar el rev&eacute;s de la brecha educativa sino que se requieren ambos.</p>     <p><b>Anexos</b></p>     <p><b><a name="a1">Anexo 1. Tasa global de participaci&oacute;n a trav&eacute;s del tiempo.</a></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03a1.gif"></center></p>     <p><b>Anexo 2. Estad&iacute;sticas descriptivas sobre diferenciales salariales por g&eacute;nero a precios constantes para el a&ntilde;o 2000.</b></p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03a2a.gif"></center></p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03a2b.gif"></center></p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03a2c.gif"></center></p>     <p><b>Anexo 3. Porcentaje de uniones maritales a trav&eacute;s del tiempo seg&uacute;n nivel educativo.</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03a3.gif"></center></p>     <p><b>Anexo 4. Estad&iacute;sticas generales sobre la distribuci&oacute;n de trabajadores por tipo de ocupaci&oacute;n seg&uacute;n g&eacute;nero.</b></p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03a4.gif"></center></p>     <p><b>Anexo 5. Coeficiente de correlaci&oacute;n para medir una uni&oacute;n semejante.</b></p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03a5.gif"></center></p>     <p><b><a name="a6">Anexo 6. Matriz de correlaci&oacute;n de uni&oacute;n semejante.</a></b></p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03a6.gif"></center></p>     <p><b><a name="a7">Anexo 7. Descomposici&oacute;n de Oaxaca y Ransom</a></b></p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a03a7.gif"></center></p> <hr size="1">     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><sup><a name="p1" href="#s1">1</a></sup> Primaria (5 a&ntilde;os), secundaria (6 a&ntilde;os) y universidad (5 a&ntilde;os).</p>     <p><sup><a name="p2" href="#s2">2</a></sup> Existen diferentes teor&iacute;as para explicar la acumulaci&oacute;n de capital. Entre ellas est&aacute;n: la teor&iacute;a sociol&oacute;gica (Weber, 1983), la teor&iacute;a de la se&ntilde;alizaci&oacute;n (Spence, 1974) y la teor&iacute;a del capital humano (Becker, 1964; Mincer, 1974).</p>     <p><sup><a name="p3" href="#s3">3</a></sup> Acceso a electrodom&eacute;sticos como la lavadora, secadora, aspiradora, brilladora, cafetera, microondas y a algunos bienes como la comida congelada, los jabones en polvo para ropa, etc.</p>     <p><sup><a name="p4" href="#s4">4</a></sup> Ya que a medida que aumenten sus niveles de educaci&oacute;n aumentar&aacute; su salario, con lo cual mejorar&aacute; la utilidad indirecta del hogar (Becker, 1973).</p>     <p><sup><a name="p5" href="#s5">5</a></sup> Este &uacute;ltimo dato se tom&oacute; de Arango, Garc&iacute;a y Posada (2006).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="p6" href="#s6">6</a></sup> El salario marginal se define como la diferencia en el salario promedio entre agentes con menos educaci&oacute;n (no tienen educaci&oacute;n universitaria completa) y aquellos con universidad completa y estudios m&aacute;s avanzados. Busca medir las ganancias adicionales asociadas a terminar la universidad.</p>     <p><sup><a name="p7" href="#s7">7</a></sup> Si quiere conocer un poco m&aacute;s los cambios presentados en la Encuesta de Hogares, por favor, v&eacute;ase Arango, Garc&iacute;a y Posada (2006).</p>     <p><sup><a name="p8" href="#s8">8</a></sup> V&eacute;anse Lasso (2002) y Arango, Garc&iacute;a y Posada (2006), metodolog&iacute;a macro.</p>     <p><sup><a name="p9" href="#s9">9</a></sup> Las siete principales ciudades de Colombia son: Barranquilla, Bogot&aacute;, Bucaramanga, Cali, Manizales, Medell&iacute;n y Pasto, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estad&iacute;stica, DANE (Gamarra, 2005).</p>     <p><sup><a name="p10" href="#s10">10</a></sup> En este caso mejor se concibe como lograr una uni&oacute;n marital con un c&oacute;nyuge con igual o superior nivel educativo.</p>     <p><sup><a name="p11" href="#s11">11</a></sup> Diversos estudios han implementado la misma metodolog&iacute;a para calcular la uni&oacute;n semejante; v&eacute;anse Jord&aacute;n Quintero (2006), Lykke (2000) y Dahan y Gaviria (1999).</p>     <p><sup><a name="p12" href="#s12">12</a></sup> Esta ecuaci&oacute;n se dedujo como la forma reducida de un modelo estructural (v&eacute;ase Lafortu-ne, 2007; Pe&ntilde;a, 2006), donde los agentes toman decisiones de educaci&oacute;n, oferta laboral y matrimonio maximizando la utilidad sujeto a las restricciones.</p>     <p><sup><a name="p13" href="#s13">13</a></sup> Con el fin de estudiar s&oacute;lo a los individuos m&aacute;s educados.</p>     <p><sup><a name="p14" href="#s14">14</a></sup> Una prueba <i>t</i> de significancia estad&iacute;stica arroj&oacute; que las matrices de correlaci&oacute;n eran estad&iacute;sticamente significativas al 5%.</p>     <p><sup><a name="p15" href="#s15">15</a></sup> V&eacute;ase el <a href="#a7">anexo 7</a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="p16" href="#s16">16</a></sup> Seg&uacute;n Oaxaca y Ransom (1994), este m&eacute;todo en la descomposici&oacute;n de Oaxaca y Ransom es el que produce menores errores est&aacute;ndar para cada uno de los diferenciales estimados.</p> <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1. ANGRIST, J. (2002). &quot;How do sex ratios affect marriage and labor markets? Evidence from America&#39;s second generation&quot;, <i>The Quarterly Journal of Economics</i>, 117(3):997-1038.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-3584200900020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. ARANGO, L.; GARC&Iacute;A, A. y POSADA, C. (2006). &quot;La metodolog&iacute;a de la Encuesta Continua de Hogares y el empalme de las series del mercado laboral urbano en Colombia&quot;, <i>Borradores de Econom&iacute;a</i>, 410, Banco de la Rep&uacute;blica de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-3584200900020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. BECKER, G. (1964). <i>Human capital</i>. New York, National Bureau of Economic Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-3584200900020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. BECKER, G. (1973). &quot;A theory of marriage. Part I&quot;, <i>Journal of Political Economy</i>, 81(4):813-846.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-3584200900020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. BREUSCH, T., and PAGAN, A. (1979). &quot;A simple test of hete-roskedasticity and random coefficient variation&quot;, <i>Econometrica</i>, 47:1287-1294.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-3584200900020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. CHIAPPORI, P.; FORTIN, B., and LACROIX, G. (2002). &quot;Marriage market, divorce legislation and household labor supply&quot;, <i>The Journal of Political Economy</i>, 110(1):37-72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-3584200900020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. CHIAPPORI, P.; IYIGUN, M., and WEISS, Y. (2006). &quot;Investment in schooling and the marriage market&quot;, IZA <i>Discussion Paper</i>, 2454.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-3584200900020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. COTTON, J. (1988). &quot;On the decomposition of wage differentials&quot;, <i>Review of Economics and Statistics</i>, 70:236-243.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-3584200900020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. CROSON, R., and GNEEZY, U. (2004). &quot;Gender differences in preferences&quot;, mimeograf&iacute;a, Harvard University.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-3584200900020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. DAHAN, M., and GAVIRIA, A. (1999). &quot;Sibling correlations and intergenerational mobility in Latin America&quot; (Working Paper 395). Inter-American Development Bank.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-3584200900020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. DURYEA, S.; GALIANI, S.; &Ntilde;OPO, H., and PIRAS, C. (2007). <i>Educational gender gap in Latin Am&eacute;rica and the Caribbean</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-3584200900020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. FERN&Aacute;NDEZ, R.; GUNER, N., and KNOWLES, J. (2001). &quot;Love and money: A theoretical and empirical analysis of household sorting and inequality&quot; (Working Paper 8580). NBER.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-3584200900020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. GAMARRA, J. (2005). <i>&iquest;Se comportan igual las tasas de desempleo de las siete principales ciudades colombianas?</i> Banco de la Rep&uacute;blica, Centro de Estudios Econ&oacute;micos Regionales (CEER). Documentos de trabajo sobre econom&iacute;a regional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-3584200900020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. GREENWOOD, J., and GUNER, N. (2004). &quot;Marriage and divorce since World War II: Analyzing the role of technological progress on the formation of house-holds&quot; (Working Paper 10772). NBER.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-3584200900020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. HAUSMAN, J. A. (1978). <i>&quot;Specification tests in econometrics&quot;, Econometrica</i>, 46(6):1251-1271.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-3584200900020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. HECKMAN, J., and KILLINGSWORTH, M. (1986). &quot;Female labor supply: A survey&quot;, in O. Ashenfelter and R. Layard (Eds.), <i>Handbook of labor economics, Vol. 1</i>, Elsevier Science Publishers BV.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-3584200900020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. IYIGUN, M., and WALSH, R. (2006). &quot;Building the family nest: Pre-marital investments, marriage markets and spousal allocation&quot;, <i>Review of Economic Studies</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-3584200900020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. JORD&Aacute;N QUINTERO, M. (2006). &quot;&iquest;Qui&eacute;n con qui&eacute;n? Movilidad social y uni&oacute;n semejante, evidencia emp&iacute;rica para el caso colombiano&quot; &#91;edici&oacute;n electr&oacute;nica&#93;, <i>Documento CEDE</i>, 44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-3584200900020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. LAFORTUNE, J. (2007). <i>Making yourself attractive: Sex ratios, pre-marital investments and the returns to education on the marriage market</i>. Department of Economics, MIT.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-3584200900020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. LASSO, F. (2002). &quot;Nueva metodolog&iacute;a de Encuesta de Hogares: &iquest;M&aacute;s o menos desocupados?&quot;, <i>Archivos de Econom&iacute;a</i>, 213, Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-3584200900020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. LYKKE, A. (2000). <i>Social mobility in Latin America</i>, Instituto de Investigaciones Socio-Econ&oacute;micas, Universidad Cat&oacute;lica Bolivariana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-3584200900020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. MEZA, C. y RIBERO, R. (1997). &quot;Determinantes de la participaci&oacute;n laboral de hombres y mujeres en Colombia: 1976-1995&quot;, <i>Archivos de Macroeconom&iacute;a</i>, 62, Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-3584200900020000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. MINCER, J. (1974). <i>Schooling, experience and earnings</i>. New York, NBER.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-3584200900020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. N&Uacute;&Ntilde;EZ, J. y S&Aacute;NCHEZ, F. (1998). &quot;Educaci&oacute;n y salarios relativos en Colombia, 1976-1995. Determinantes, evoluci&oacute;n e implicaciones para la distribuci&oacute;n del ingreso&quot;, <i>Archivos de Macroeconom&iacute;a</i>, 74, Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-3584200900020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. OAXACA, R., and RANSOM, M. 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