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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Obesidad e hipertensión en los adultos mayores uruguayos]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This is a study of obesity socio-economic determinants, as well as its impact on older aldults hypertension prevalence in Montevideo, Uruguay, the country with the eldest population of the southern hemisphere. Through the use of the Health, Well-being and Ageing survey (SABE project, PAHO-WHO, 2001) we estimate separate Instrumental Variables Probit models for women and men, and with respect to two alternative measures of obesity: body mass index (BMI) and waist measure. Coinciding with the epidemiological literature, our results show the importance of an accurate diagnosis and differential treatment by sex. For men, we confirm the presence of endogeneity in the estimations of obesity and hypertension, suggesting the existence unobservable factors that determine both outcomes at the same time. In the case of not taking into account this potential endogeneity, a standard probit model results in an important subestimation of the negative effect of obesity in the probability of suffering from hypertension. First stage results show the relevance and validity of the instruments used (eating habits and social capital). In particular, social capital represents a positive externality by reducing the probability of being obese. This could be the result of common rules and beliefs, as source of support or of spread of healthy habits. At the same time, we find that obesity problems are concentrated among the most favoured social groups (in the present and in the first years of life). This brings some scepticism about the effectiveness of price policies favouring the idea of specific age group orientated interventions.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="4">Obesidad e hipertensi&oacute;n en los adultos mayores uruguayos*</font></b></p>      <p align="center"><b><font size="3">Obesity and Hypertension Among the Elderly in Uruguay</font></b></p>      <p>Juan Pablo Pagano    <br> M&aacute;ximo Rossi    <br> Patricia Triunfo</p>     <p> Investigadores del Departamento de Econom&iacute;a, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la Rep&uacute;blica, Uruguay.</p>     <p>* Se agradecen muy especialmente los comentarios aportados por Graciela Sanrom&aacute;n y Todd Jewell. Igualmente a los editores Raquel Bernal y Daniel Mej&iacute;a y a los &aacute;rbitros an&oacute;nimos de la <i>Revista Desarrollo y Sociedad</i>, cuyos aportes han enriquecido sustancialmente esta versi&oacute;n final del trabajo. Como es de estilo, los errores u omisiones restantes son de nuestra responsabilidad.</p>     <p>Este art&iacute;culo fue recibido el 18 de diciembre de 2008; modificado el 19 de enero de 2009 y, finalmente, aceptado el 19 de noviembre de 2009.</p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este trabajo estudia los determinantes socioecon&oacute;micos de la obesidad, as&iacute; como el impacto de &eacute;sta en la hipertensi&oacute;n de los adultos mayores (a partir de los sesenta a&ntilde;os) de Montevideo, Uruguay, el pa&iacute;s con la poblaci&oacute;n m&aacute;s envejecida del hemisferio sur. Mediante la utilizaci&oacute;n de la Encuesta de Salud, Bienestar y Envejecimiento (SABE, 2001), se estiman modelos <i>probit</i> con variables instrumentales para hombres y mujeres, y tambi&eacute;n se toman en cuenta dos medidas alternativas de la obesidad: el &iacute;ndice de masa corporal y la medida de la cintura. Los resultados, coincidentes con la literatura epidemiol&oacute;gica, alertan sobre la importancia de realizar un diagn&oacute;stico y un tratamiento diferencial por g&eacute;nero. Para los hombres, se confirma la presencia de endogeneidad en el caso de los modelos que toman estas dos &uacute;ltimas medidas de obesidad, lo que sugiere que existen factores no observables que determinan ambos fen&oacute;menos a la vez. En el caso de no controlar por endogeneidad, el modelo <i>probit</i> est&aacute;ndar muestra una importante subestimaci&oacute;n del efecto negativo de la obesidad en la probabilidad de sufrir hipertensi&oacute;n. Los resultados de la primera etapa indican la relevancia y validez de los h&aacute;bitos alimenticios y el capital social como instrumentos de la obesidad. En particular, el capital social presenta una externalidad positiva al reducir la probabilidad de ser obeso, pudiendo deberse a que el establecimiento de normas y creencias comunes es una fuente de apoyo extrafamiliar que aumenta la autoestima, as&iacute; como de propagaci&oacute;n de h&aacute;bitos saludables. A su vez, se encuentra que los problemas de obesidad est&aacute;n concentrados en los grupos de mejor situaci&oacute;n, tanto actual como de los primeros a&ntilde;os de vida, lo que genera escepticismo acerca de la efectividad de las pol&iacute;ticas de precios y favorece la idea de intervenciones espec&iacute;ficas por grupos etarios.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> obesidad, hipertensi&oacute;n, endogeneidad, adulto mayor.</p>     <p>Clasificaci&oacute;n JEL: I10, I12, J14.</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     <p>This is a study of obesity socio-economic determinants, as well as its impact on older aldults hypertension prevalence in Montevideo, Uruguay, the country with the eldest population of the southern hemisphere. Through the use of the Health, Well-being and Ageing survey (SABE project, PAHO-WHO, 2001) we estimate separate Instrumental Variables Probit models for women and men, and with respect to two alternative measures of obesity: body mass index (BMI) and waist measure. Coinciding with the epidemiological literature, our results show the importance of an accurate diagnosis and differential treatment by sex. For men, we confirm the presence of endogeneity in the estimations of obesity and hypertension, suggesting the existence unobservable factors that determine both outcomes at the same time. In the case of not taking into account this potential endogeneity, a standard probit model results in an important subestimation of the negative effect of obesity in the probability of suffering from hypertension. First stage results show the relevance and validity of the instruments used (eating habits and social capital). In particular, social capital represents a positive externality by reducing the probability of being obese. This could be the result of common rules and beliefs, as source of support or of spread of healthy habits. At the same time, we find that obesity problems are concentrated among the most favoured social groups (in the present and in the first years of life). This brings some scepticism about the effectiveness of price policies favouring the idea of specific age group orientated interventions.</p>     <p><b>Key words:</b> obesity, hypertension, endogeneity, elderly.</p>     <p>JEL classification: I10, I12, J14.</p> <hr size="1">     <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>A diferencia de la epidemiolog&iacute;a o de un enfoque &quot;salubrista&quot;, la econom&iacute;a de la salud tiene como uno de los desaf&iacute;os m&aacute;s relevantes estimar el impacto econ&oacute;mico de determinada enfermedad a corto y largo plazo, el cual incluye costos directos como los atribuibles al tratamiento del problema m&eacute;dico y las enfermedades asociadas, e indirectos como la p&eacute;rdida de oportunidades educativas, mayores costos laborales, costos de prevenci&oacute;n, gastos de seguridad social, etc., todos los cuales son impedimentos para el desarrollo de un pa&iacute;s (Gardner y Halweil, 2000; Rosin, 2008; Rodr&iacute;guez Caro y Gonz&aacute;lez L&oacute;pez- Valc&aacute;rcel, 2009).</p>     <p>A su vez, la determinaci&oacute;n de las causas no gen&eacute;ticas de las enfermedades permite delinear pol&iacute;ticas basadas en la evidencia individual que aumenten el nivel de salud general de la poblaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dado el perfil etario y epidemiol&oacute;gico del Uruguay, surge la importancia de estudiar dos enfermedades de alta prevalencia en el adulto mayor, la hipertensi&oacute;n y la obesidad, y brindar insumos para el dise&ntilde;o de intervenciones efectivas y leg&iacute;timas.</p>     <p>En cuanto a la obesidad, la literatura m&eacute;dica ha mostrado que trae aparejadas complicaciones de salud relacionadas con enfermedades card&iacute;acas, artritis, diabetes tipo II, hipertensi&oacute;n, altos niveles de colesterol, ciertos tipos de c&aacute;ncer (colon, mama, endometrial, h&iacute;gado, es&oacute;fago y ri&ntilde;&oacute;n), quebraduras, apneas del sue&ntilde;o, asma, problemas cr&oacute;nicos de la espalda e incluso depresi&oacute;n (OMS, 2004; Hubert, Feinleib, McNamara y Castelli, 1983; Rosengren, Wedel y Wilhelmsen, 1999; Sturm y Wells, 2001; Flegal, Graubard, Williamson y Gail, 2005, 2007; Aneja, El-Atat, McFarlane y Sowers, 2004; Redon, 2007).</p>     <p>El alarmante incremento que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha mostrado la prevalencia del sobrepeso y de la obesidad<sup><a name="s1" href="#p1">1</a></sup> ha puesto a los problemas relacionados con dicho fen&oacute;meno en un primer plano de las pol&iacute;ticas de salud p&uacute;blica. En la poblaci&oacute;n adulta mundial se calcula que 300 millones de personas (5%) son obesas, cifra que llega a 1.000 millones si se incluyen a aquellos con problemas de sobrepeso (15%) (OMS, 2004).</p>     <p>En la Uni&oacute;n Europea se encuentra que la prevalencia de obesidad en la poblaci&oacute;n de cincuenta a&ntilde;os o m&aacute;s en diez pa&iacute;ses analizados corresponde al 50% de los hombres y al 36% de las mujeres (Andreyeva et &aacute;l., 2007). A su vez, se observa un marcado incremento en los pa&iacute;ses de Europa Oriental desde la ca&iacute;da del muro en 1989 (Sanz de Galdeano, 2005; Cutler, Glaeser y Shapiro, 2003).</p>     <p>En Estados Unidos, seg&uacute;n cifras de 2003 y 2004, el 66% de los adultos tienen sobrepeso u obesidad y el porcentaje de obesos entre 1980 y 2004 se duplic&oacute;, de 15% a 32% de la poblaci&oacute;n adulta, respectivamente (Chou, Grossman y Saffer, 2004; Rosin, 2008)<sup><a name="s2" href="#p2">2</a></sup>.</p>     <p>Para Am&eacute;rica Latina, a pesar de que existe escasa evidencia emp&iacute;rica, estudios en distintos estratos y localizaciones muestran que en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses la tasa de prevalencia de sobrepeso y obesidad supera el 20% de la poblaci&oacute;n (Braguinsky, 2002; Andrade, 2004). Si se considera la poblaci&oacute;n de sesenta a&ntilde;os y m&aacute;s, la prevalencia de obesidad excede el 15% en Barbados, Brasil, Chile, M&eacute;xico y Uruguay, tasas m&aacute;s altas que la de Estados Unidos para la poblaci&oacute;n de la misma edad (SABE, 2001).</p>     <p>En Uruguay, el 51% de los adultos tienen problemas de sobrepeso u obesidad, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Sobrepeso y Obesidad (ENSO I), realizada en 1998 (Pisabarro, Recalde, Irraz&aacute;bal y Chaftare, 2002). A su vez, la prevalencia de hipertensi&oacute;n arterial (HA)<sup><a name="s3" href="#p3">3</a></sup> es del 34%, la cual llega al 58% en los adultos mayores y aparece como la primer causa de mortalidad dentro de las enfermedades cr&oacute;nicas no trasmisibles en la poblaci&oacute;n adulta, perfil similar al que se observa en los pa&iacute;ses industrializados (Burt et &aacute;l., 1995; Bianchi et &aacute;l., 2001).</p>     <p>Lo anterior toma una especial dimensi&oacute;n en un pa&iacute;s que, al igual que muchos pa&iacute;ses desarrollados, se est&aacute; enfrentando a un creciente envejecimiento de su poblaci&oacute;n (por menores tasas de natalidad y mayor esperanza de vida), pero en este caso junto con mayores tasas de crecimiento en los estratos m&aacute;s pobres<sup><a name="s4" href="#p4">4</a></sup>. A su vez, se han encontrado inequidades en el acceso y uso de los servicios m&eacute;dicos. Balsa, Ferres, Rossi y Triunfo (2009) encontraron inequidades horizontales a favor de los estratos socioecon&oacute;micos m&aacute;s altos, en el tiempo de espera en ser atendido, en las consultas m&eacute;dicas y en los servicios preventivos realizados, siendo estos &uacute;ltimos los que presentan las mayores desigualdades.</p>     <p>A pesar de que la naturaleza de la asociaci&oacute;n entre obesidad e hipertensi&oacute;n no es clara, la literatura que analiza sus causas, procesos y tratamientos se refiere a ellas como dos epidemias en una, al encontrar, por ejemplo, para Estados Unidos, que entre el 65% y 78% de los casos de HA son directamente atribuidos al sobrepeso o la obesidad. Esto incentiva que el an&aacute;lisis de los fen&oacute;menos se realice en forma conjunta (Kannel, D&#39;Agostino y Cobb, 1996; National Institute of Health, 1998; oms, 2004; Davy y Hall, 2004; Aneja et &aacute;l., 2004).</p>     <p>Sin embargo, la estrategia metodol&oacute;gica del presente trabajo permitir&aacute; identificar de manera separada ambos fen&oacute;menos, considerando a su vez la potencial endogeneidad de la obesidad como factor de riesgo de la hipertensi&oacute;n, al utilizar variables instrumentales. Hacer esto en escenarios no experimentales con frecuencia es dificultoso, dado que ambas variables pueden estar simult&aacute;neamente determinadas por los mismos factores observables como inobservables.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es importante destacar que este trabajo, focalizado en la poblaci&oacute;n uruguaya de sesenta a&ntilde;os y m&aacute;s, no tiene antecedentes en el pa&iacute;s ni en otros pa&iacute;ses latinoamericanos<sup><a name="s5" href="#p5">5</a></sup>.</p>     <p>Finalmente, y dado que estudios epidemiol&oacute;gicos han descrito diferencias por g&eacute;nero que han llevado a cambios en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica (Gueyffier et &aacute;l., 1997; Haslam, 2005), se realizar&aacute;n las estimaciones separadamente para hombres y mujeres.</p>     <p><b><font size="3">I. Antecedentes internacionales</font></b></p>     <p>Los estudios epidemiol&oacute;gicos han revelado una fuerte asociaci&oacute;n entre obesidad e hipertensi&oacute;n, fundamentalmente mostrando una relaci&oacute;n lineal entre un incremento del &iacute;ndice de masa corporal (IMC) y la HA (Nanhes; Marinou, Tousoulis, Antonopoulos, Stefanadi y Stefanadis, en imprenta). Kissebah y Krakower (1994) encontraron que una ganancia de 1,7 en el IMC en hombres y 1,25 en mujeres o un incremento en la circunferencia de la cintura de 4,5 cm para hombres y 2,5 cm para mujeres corresponden a un incremento de la presi&oacute;n arterial (PA) en 1. Para Estados Unidos, se encontr&oacute; que el control de la obesidad puede eliminar el 48% de los casos de ha en blancos y el 28% en negros (Aneja et &aacute;l., 2004).</p>     <p>Aquellos que se han centrado en la estimaci&oacute;n de la mortalidad atri-buible a la obesidad en presencia de riesgos competitivos resaltan la importancia de tener en cuenta la existencia de m&uacute;ltiples factores simult&aacute;neos (Rodr&iacute;guez Caro y Gonz&aacute;lez L&oacute;pez-Valc&aacute;rcel, 2009; Manson et &aacute;l., 2007; Flegal et &aacute;l., 2005, 2007; Hu, Willett, Stampfer, Spiegelman y Colditz, 2005; Allison, Fontaine, Manson, Stevens y Vanitallie, 1999). Las personas obesas tienen entre 50% y 100% de incremento en el riesgo de muerte en todas las causas, en comparaci&oacute;n con los individuos de peso normal (Flegal et &aacute;l., 2005; Mokdad, Marks, Stroup y Gerberding, 2005). Para la Uni&oacute;n Europea en el a&ntilde;o 2004, se encontr&oacute; que aproximadamente una de cada trece muertes anuales producidas est&aacute;n relacionadas con el sobrepeso o la obesidad (Banegas, L&oacute;pez-Garc&iacute;a, Guti&eacute;rrez-Fisac, Guallar-Castill&oacute;n y Rodr&iacute;guez-Arta-lejo, 2003). Por otra parte, el impacto sobre la salud no s&oacute;lo consiste en una menor esperanza de vida sino en una peor calidad en los a&ntilde;os vividos (Oliva, Gonz&aacute;lez, Labeaga y &Aacute;lvarez Dardet, 2008).</p>     <p>A pesar de esta fuerte asociaci&oacute;n entre la obesidad y la mortalidad, tambi&eacute;n se ha encontrado que ha descendido en el tiempo debido a mejoras en la salud p&uacute;blica y en los cuidados m&eacute;dicos (Flegal et &aacute;l., 2005). Sin embargo, autores m&aacute;s esc&eacute;pticos alertan indicando que si la tendencia contin&uacute;a, los efectos de la ganancia de peso pueden reducir o revertir las pasadas mejoras en salud de los adultos mayores (Sturm y Wells, 2004).</p>     <p>En cuanto a la estimaci&oacute;n del gasto sanitario atribuido directamente a las enfermedades estudiadas, para Estados Unidos, por ejemplo, se encontr&oacute; que los costos directos asociados con la obesidad representan el 5,7% del gasto nacional en salud (Wolf y Colditz, 1998), siendo responsable del 12% del incremento del gasto sanitario real per c&aacute;pita entre 1987 y 2001, mientras que las enfermedades cardiovasculares lo ser&iacute;an del 41% (Wolf y Colditz, 1998; Thorpe, Florence, Howard y Joski, 2004). En otros pa&iacute;ses, como Canad&aacute;, Suiza, Nueva Zelanda, Australia, Francia y Portugal, la obesidad representa entre un 2% y un 3,5% del gasto sanitario total (Oliva et &aacute;l., 2008).</p>     <p>Ahora bien, a efectos de dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas que reduzcan la mortalidad atribuible a estas enfermedades y, por consiguiente, evitar los costos privados y sociales asociados, es importante conocer las causas no gen&eacute;ticas de ellas. Si el problema derivara &uacute;nicamente de una carga gen&eacute;tica, ser&iacute;a necesario buscar tratamientos en un nivel molecular (Comuzzie y Allison, 1998; Frayling, Timpson y Weedon, 2007); pero dado el r&aacute;pido incremento de la obesidad en poblaciones gen&eacute;ticamente estables, la literatura atribuye los estilos de vida como la causa fundamental de la actual &quot;epidemia&quot; (Rodr&iacute;guez Caro y Gonz&aacute;lez L&oacute;pez-Valc&aacute;rcel, 2009).</p>     <p>Desde el punto de vista de la econom&iacute;a del comportamiento y econom&iacute;a de la salud, existen estudios a nivel micro que se han centrado fundamentalmente en la obesidad como consecuencia de un desequilibrio energ&eacute;tico. En este sentido, la mayor&iacute;a de las publicaciones que aparecen a partir del a&ntilde;o 2003 han hecho hincapi&eacute; en las caracter&iacute;sticas que han llevado a los individuos a aumentar la cantidad de calor&iacute;as consumidas, a la vez que a reducir las calor&iacute;as quemadas (Rosin, 2008). As&iacute;, por ejemplo, se ha estudiado el impacto del cambio en los precios relativos; de los restaurantes; de la publicidad; del ejercicio f&iacute;sico y la dieta; de los comportamientos adictivos y la ausencia de autocontrol; de las redes sociales que llevan a una propagaci&oacute;n de estilos de vida, etc&eacute;tera (Grossman, Rashad y Shin-Yi, 2005; Cutler, Glaeser y Shapiro, 2003; Rosin, 2008).</p>     <p>Por otra parte, existen estudios a nivel macro que, por ejemplo, desde el punto de vista del sistema de salud, analizan el impacto de la oferta de m&eacute;dicos (Morris y Gravelle, 2006); desde la perspectiva de los financiadores, estiman el costo-efectividad de diferentes tratamientos (Bachman, 2007); o desde la perspectiva del empleador, los costos laborales de las enfermedades (Schimier, Jones y Halperns, 2006; Rodr&iacute;guez Caro y Gonz&aacute;lez L&oacute;pez-Valc&aacute;rcel, 2009).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Centr&aacute;ndonos en la relaci&oacute;n entre la obesidad y la hipertensi&oacute;n, Himes (2000), al analizar una poblaci&oacute;n de setenta a&ntilde;os y m&aacute;s de los Estados Unidos proveniente de dos estudios (<i>Longitudinal study of aging</i>, 1984, y <i>Assets and health dynamics among the oldest old survey</i>, 1994), encontr&oacute; que la obesidad no s&oacute;lo repercute en la aparici&oacute;n de artritis, diabetes e hipertensi&oacute;n, sino que tambi&eacute;n genera limitaciones sobre ciertas actividades b&aacute;sicas de la vida diaria<sup><a name="s6" href="#p6">6</a></sup>.</p>     <p>Sturm y Wells (2001), utilizando datos de una encuesta telef&oacute;nica representativa a nivel nacional para adultos estadounidenses en el a&ntilde;o 1998 y considerando diecisiete enfermedades cr&oacute;nicas<sup><a name="s7" href="#p7">7</a></sup>, encontraron que un IMC de entre 30 y 35 puntos se asocia con la prevalencia de un promedio de 0,5 enfermedades cr&oacute;nicas adicionales y un IMC mayor a 35, con la prevalencia de una enfermedad cr&oacute;nica adicional, siendo este efecto mayor entre las mujeres. El resultado es sorprendente, sobre todo cuando se le compara con el efecto del cigarrillo, que representa en promedio la incidencia de 0,25 enfermedades cr&oacute;nicas adicionales. En Andreyeva, Sturm y Ringel (2004) se resalta la necesidad de distinguir entre niveles moderados y severos de obesidad, especialmente dado que la tasa de crecimiento de la obesidad extrema entre 1985 y 2000 ha sido dos veces mayor que la tasa de crecimiento de la obesidad moderada.</p>     <p>Pascual y Cantarero (2006), en un estudio realizado para Espa&ntilde;a a nivel nacional, encontraron que la incidencia de la obesidad y el consiguiente incremento de enfermedades cr&oacute;nicas relacionadas con la discapacidad y la limitaci&oacute;n de las actividades diarias ha supuesto la aparici&oacute;n de situaciones de dependencia, sobre todo en los adultos mayores.</p>     <p>En esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n, pero avanzando en la consideraci&oacute;n de la heterogeneidad no observable y la endogeneidad entre las dos enfermedades, Costa-Font y Gil (2005) estudiaron los determinantes conjuntos de la obesidad y cuatro enfermedades cr&oacute;nicas: cardiovasculares, diabetes, hipertensi&oacute;n y elevado colesterol. Utilizando la Encuesta de Deficiencias, Discapacidades y Estado de Salud para Espa&ntilde;a en 1999 y estimando un modelo <i>seemingly unrelated bivariate probit</i>, encontraron una asociaci&oacute;n positiva y significativa entre la obesidad y dichas enfermedades cr&oacute;nicas. Es m&aacute;s, dicho resultado se mantuvo aun cuando el IMC es especificado de manera continua, lo que indica que incluso un peque&ntilde;o grado de sobrepeso puede afectar la prevalencia de estas complicaciones cr&oacute;nicas.</p>     <p><b><font size="3">II. Datos y metodolog&iacute;a</font></b></p>     <p>En este trabajo se extienden las investigaciones fundamentalmente de Espa&ntilde;a y Estados Unidos a Uruguay, el pa&iacute;s con la poblaci&oacute;n m&aacute;s envejecida del hemisferio sur. Estimamos una funci&oacute;n de producci&oacute;n de salud para los adultos mayores, medida a trav&eacute;s de la morbilidad (presencia de hipertensi&oacute;n), y nos concentramos en el efecto que tiene sobre ella la obesidad y variables socioecon&oacute;micas.</p>     <p>Se utiliza la encuesta realizada en el marco del proyecto Salud, Bienestar y Envejecimiento (SABE) en el a&ntilde;o 2001 (SABE-OPS-OMS-MSP, 2001), por la Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud (OPS-OMS) en asociaci&oacute;n con el Ministerio de Salud P&uacute;blica. El proyecto SABE se aplic&oacute; en zonas urbanas de siete pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y el Caribe: Bridgetown (Barbados), Buenos Aires (Argentina), La Habana (Cuba), Ciudad de M&eacute;xico (D. F., M&eacute;xico), Montevideo (Uruguay), Santiago de Chile (Chile) y San Pablo (Brasil)<sup><a name="s8" href="#p8">8</a></sup>.</p>     <p>La presencia de hipertensi&oacute;n es detectada a trav&eacute;s de la respuesta afirmativa a la pregunta: &quot;&iquest;Alguna vez un doctor o enfermera le dijo si tiene la presi&oacute;n sangu&iacute;nea alta, es decir, hipertensi&oacute;n?&quot;. Por tanto, a pesar de que son los mismos individuos quienes reportan la enfermedad, esto implica la existencia de un diagn&oacute;stico cl&iacute;nico, aunque, de todos modos, podr&iacute;an persistir errores de medida derivados del hecho de que el diagn&oacute;stico es condicional a haber realizado una consulta m&eacute;dica. Se define la variable binaria <i>hipertenso</i> que toma el valor 1 si la respuesta es afirmativa y 0 en caso contrario.</p>     <p>Como aproximaci&oacute;n a la obesidad, se construyen dos indicadores: el IMC y la medida de la cadera. El primero debido a su extendida utilizaci&oacute;n, mientras que el segundo por considerarse en la literatura epidemiol&oacute;gica un mejor predictor de las morbilidades asociadas con &eacute;l (Cawley y Burkhauser, 2006; Hawken et &aacute;l., 2005).</p>     <p>Todos estos indicadores son construidos a partir de las medidas antropom&eacute;tricas recolectadas directamente por el encuestador, evitando cualquier sesgo o errores de medida que puedan surgir de los autorreportes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La forma general de la funci&oacute;n de producci&oacute;n viene dada por:</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n64/n64a08e1.gif"></center></p>     <p>donde <i>H</i> es la tecnolog&iacute;a de producci&oacute;n; <i>Obeso</i> es la medida de la obesidad (IMC, cintura, cintura/cadera); <i>X</i><sub>1</sub> es un vector de variables ex&oacute;genas que incluyen caracter&iacute;sticas demogr&aacute;ficas y socioecon&oacute;micas que se describen a continuaci&oacute;n.</p>     <p>Se considera la edad del individuo, la cual es especificada a trav&eacute;s de dos variables continuas: <i>Edad</i>, medida en a&ntilde;os cumplidos, y <i>Edad2</i>, el cuadrado de la edad en a&ntilde;os dividido por mil, la cual busca recoger un posible efecto no lineal de dicha variable.</p>     <p>Respecto al estado civil, y dadas las diferentes trayectorias conyugales que pueden existir en este grupo etario, se opta por especificar la variable binaria <i>Casado</i> que toma el valor 1 si el individuo se encuentra actualmente casado o en uni&oacute;n libre. &Eacute;sta recoger&iacute;a los efectos positivos sobre la salud del vivir en pareja, como el soporte emocional y el cuidado mutuo.</p>     <p>Siguiendo a la literatura epidemiol&oacute;gica, se consideran tres h&aacute;bitos que afectan la depreciaci&oacute;n del <i>stock</i> de salud: el tabaco, el sedentarismo y el alcohol. Respecto al primero, se especifica la variable ordinal <i>Cigarros</i>, que toma el valor 0 si el individuo no fuma habitualmente, 1 si fuma hasta diez cigarrillos al d&iacute;a, y 2 si fuma m&aacute;s de diez cigarrillos. En cuanto al sedentarismo, se crea la variable binaria <i>Sedentario</i>, que toma el valor 1 si en el &uacute;ltimo a&ntilde;o el individuo no hizo regularmente ej ercicios o actividades f&iacute;sicas como deportes, trotar, bailar o trabajo pesado, al menos tres veces por semana. Finalmente, se considera la variable binaria <i>Toma</i>, la cual es igual a 1 en caso de que el individuo tome alcohol en promedio tres veces a la semana o m&aacute;s en los &uacute;ltimos tres meses, y 0 en caso contrario<sup><a name="s9" href="#p9">9</a></sup>.</p>     <p>Respecto al nivel socioecon&oacute;mico del individuo, se realiza an&aacute;lisis factorial a efectos de resumir un conjunto de variables que lo aproximan: privaci&oacute;n de bienes, cobertura m&eacute;dica, educaci&oacute;n, necesidad de trabajar, y satisfacci&oacute;n con el ingreso para el diario vivir.</p>     <p>La privaci&oacute;n de bienes es aproximada a trav&eacute;s de la existencia de distintos bienes en el hogar (heladera, calef&oacute;n/calentador, lavarropas, TV, video, calefacci&oacute;n, etc.) y no comprende la simple agregaci&oacute;n de bienes, sino que se pondera la tenencia seg&uacute;n lo generalizado que est&eacute; el consumo del bien en la muestra. En este sentido, si un hogar carece del bien <i>j</i> que est&aacute; presente en la mayor&iacute;a de los hogares, tendr&aacute; una ponderaci&oacute;n alta en el &iacute;ndice agregado de privaci&oacute;n. Por el contrario, si en el hogar no existe un bien que la mayor&iacute;a no lo posee, esa carencia tiene un peso muy bajo en el &iacute;ndice de privaci&oacute;n. Se crea un &iacute;ndice entre 0 y 1, donde 0 implica que el hogar tiene todos los bienes considerados, mientras que 1 implica la privaci&oacute;n total de los mismos. A partir de dicho &iacute;ndice se crea una variable binaria (<i>Depriva</i>) que toma el valor 1 si el hogar tiene un nivel de privaci&oacute;n superior o no a la media (42% promedio global).</p>     <p>La cobertura m&eacute;dica se aproxima a trav&eacute;s de una variable binaria (<i>P&uacute;blico</i>) que toma el valor 1 si el individuo posee &uacute;nicamente cobertura p&uacute;blica (32% promedio global).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Respecto a la educaci&oacute;n, al encontrar que el 66% del total tienen educaci&oacute;n primaria como &uacute;ltimo nivel alcanzado, se opta por aproximarla a trav&eacute;s de una variable binaria (<i>Primaria</i>), que toma el valor 1 si el individuo tiene primaria completa o m&aacute;s.</p>     <p>La satisfacci&oacute;n monetaria es recogida a trav&eacute;s de una variable dicot&oacute;mica (<i>Dinero</i>), que toma el valor 1 si el individuo considera que tiene suficiente dinero para cubrir sus necesidades del diario vivir (45% del total); y otra variable (<i>Trabaja</i>) que toma el valor 1 si el adulto mayor declara trabajar porque tiene necesidad del ingreso o para ayudar a su familia (13%).</p>     <p>El an&aacute;lisis factorial por componentes principales permite definir los valores propios de cada componente, como la suma de las correlaciones al cuadrado de dicho componente con las variables originales, lo que se interpreta como la cantidad de la varianza total que es explicada por el componente. En el presente trabajo se opta por utilizar el n&uacute;mero de factores que tengan un valor propio mayor o igual a 1 (regla de Guttman- Kaiser), lo cual determin&oacute; la utilizaci&oacute;n de dos factores <i>Socio_l</i>, <i>Socio_2</i> (v&eacute;anse los cuadros <a href="#c1">1</a> y <a href="#c2">2</a>) (Darlington, 2005).</p>     <p>    <center><a name="c1"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a08c1.gif"></a></center></p>     <p>    <center><a name="c2"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a08c2.gif"></a></center></p>     <p>A su vez, el test de Kaiser-Meyer-Olkin (KMO) permite afirmar que la muestra es adecuada (KMO mayor que 0,5) (Fabbri, Monfardini y Radice, 2004).</p>     <p>Este tipo de an&aacute;lisis se realiza a efectos de encontrar un patr&oacute;n en la varianza de un conjunto de variables que presentan correlaci&oacute;n, lo que permite trabajar con un n&uacute;mero reducido de combinaciones lineales de estas variables. Mayores valores del primer factor se interpretan como un menor nivel socioecon&oacute;mico del individuo, mientras que el segundo factor, debido a su construcci&oacute;n, no posee una interpretaci&oacute;n intuitiva de su signo.</p>     <p>Siguiendo la misma estrategia se crea el factor <i>Inicial</i>, como resumen de las condiciones nutricionales, socioecon&oacute;micas y de salud en los primeros quince a&ntilde;os de vida. La encuesta recoge dichas caracter&iacute;sticas a partir de las preguntas: &quot;Durante la mayor parte de sus primeros 15 a&ntilde;os de vida, &iquest;cu&aacute;l era la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de su familia? (buena, regular, mala)&quot;; &quot;&iquest;dir&iacute;a Ud. que su salud era excelente, buena o mala?&quot;; y &quot;&iquest;dir&iacute;a Ud. que hubo alg&uacute;n tiempo que no comi&oacute; lo suficiente y tuvo hambre?&quot;. Por construcci&oacute;n, mayores valores del factor Inicial se corresponden con una mejor situaci&oacute;n en los primeros quince a&ntilde;os de vida<sup><a name="s10" href="#p10">10</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desafortunadamente, la estimaci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre la hipertensi&oacute;n y la obesidad es problem&aacute;tica, ya que como se mencion&oacute; anteriormente podr&iacute;an existir problemas de endogeneidad. &Eacute;sta puede provenir de la existencia de factores inobservables que determinan tanto la obesidad como la hipertensi&oacute;n, por ejemplo, cuestiones gen&eacute;ticas<sup><a name="s11" href="#p11">11</a></sup> o comportamientos riesgosos que implican una conducta no saludable por parte de los individuos que afecta tanto su ha como su peso; simultaneidad en la medici&oacute;n de dichas variables; errores de medida en los regresores; o sesgos de selecci&oacute;n. En todos los casos es dif&iacute;cil predecir la direcci&oacute;n de los sesgos, as&iacute;, por ejemplo, al considerar &uacute;nicamente personas vivas, podr&iacute;a existir un &quot;efecto sobrevivencia&quot; a favor de individuos de estratos de ingresos m&aacute;s altos, ya que los de estratos bajos tienen mayor probabilidad de morir antes y, entonces, se podr&iacute;a subestimar el impacto de la obesidad. Sin embargo, la provisi&oacute;n p&uacute;blica de servicios de salud con &eacute;nfasis en el adulto mayor podr&iacute;a estar reduciendo las brechas entre capacidad de pago y acceso a los cuidados de salud y reduciendo el efecto anteriormente mencionado.</p>     <p>En presencia de endogeneidad, un procedimiento posible es estimar a trav&eacute;s del m&eacute;todo de variables instrumentales la funci&oacute;n de producci&oacute;n de la salud del adulto y, dado que la variable de morbilidad considerada es dicot&oacute;mica, se opta por el m&eacute;todo <i>probit</i> con variables instrumentales. En una primera etapa se obtienen estimaciones de la obesidad (IMC, cintura) a partir de un conjunto de variables ex&oacute;genas e instrumentales, mientras que en una segunda etapa, las predicciones de la primera son utilizadas en la ecuaci&oacute;n del producto de inter&eacute;s, siendo esta estimaci&oacute;n consistente si los instrumentos son v&aacute;lidos (Bhattacharya, Goldman y McCaffrey, 2006; Wooldridge, 2002).</p>     <p>Con respecto a los instrumentos, en la literatura se encuentra que &eacute;stos deben cumplir con dos condiciones. Primero, deber&aacute;n estar correlacionados con la variable explicativa potencialmente end&oacute;gena (las medidas de obesidad). Segundo, deber&aacute;n ser ortogonales al t&eacute;rmino de error en la ecuaci&oacute;n principal (HA). Siguiendo a Lundborg et &aacute;l. (en McCarthy, 2004), se prueba la primera condici&oacute;n mediante un test de Wald sobre la significaci&oacute;n conjunta de los instrumentos en la ecuaci&oacute;n de obesidad. El segundo requerimiento, concerniente a la prueba de sobreidentificaci&oacute;n de las restricciones de exclusi&oacute;n (debido a la existencia de un mayor n&uacute;mero de instrumentos que de variables potencialmente end&oacute;genas), se analiza mediante una versi&oacute;n del estad&iacute;stico propuesto por Sargan y Basmann que sigue una distribuci&oacute;n chi-cuadrado, bajo la hip&oacute;tesis nula de que los instrumentos son v&aacute;lidos, es decir, que est&aacute;n correctamente excluidos de la ecuaci&oacute;n principal (HA)<sup><a name="s12" href="#p12">12</a></sup>. Las restricciones de sobreidentificaci&oacute;n indicar&iacute;an que los instrumentos utilizados influyen sobre la hipertensi&oacute;n s&oacute;lo a trav&eacute;s de la obesidad.</p>     <p>En la literatura se suelen utilizar como instrumentos los precios (del cigarrillo, de los alimentos, etc.), la cantidad de restaurantes, las leyes sobre aire puro en ambientes interiores, etc&eacute;tera. Sin embargo, en el presente estudio, por trabajar con un corte transversal, no se cuenta con variaci&oacute;n ni temporal ni por regiones, por lo que no es posible seguir esta estrategia y se consideran, entonces, los h&aacute;bitos alimenticios y el capital social del individuo, por razones que a continuaci&oacute;n se desarrollan.</p>     <p>La noci&oacute;n de capital social refiere al <i>stock</i> de relaciones sociales, basadas en normas, redes de cooperaci&oacute;n y confianza, que generan acciones colectivas. Si el acceso a dichas redes provee a los individuos reconocimiento o desaprobaci&oacute;n por parte de los pares, el capital social ejercer&aacute; una influencia sobre comportamientos negativos como el de comer en exceso. En este sentido, el impacto esperado del capital social en la obesidad ser&aacute; negativo, si opera como un mecanismo de autocontrol o censura, y positivo si provee apoyo moral una vez se presente el problema de la obesidad.</p>     <p>Como aproximaci&oacute;n a dicho concepto se especifican tres variables: <i>Solo</i>, <i>Religi&oacute;n</i> y <i>Apoyo</i>. La variable binaria <i>Solo</i>, toma el valor 1 si el individuo vive solo y 0 en caso contrario. <i>Apoyo</i> muestra el acceso a alg&uacute;n tipo de ayuda (en t&eacute;rminos monetarios, de compa&ntilde;&iacute;a o con tareas o servicios) por parte de cuatro categor&iacute;as de personas: las que viven en el mismo hogar; hijos; hermanos; u otros familiares o amigos que viven fuera del hogar. Se define una variable ordinal que toma valores de 0 a 4, dependiendo de la cantidad de categor&iacute;as de personas que apoyan al adulto mayor. En cuanto a la <i>Religi&oacute;n</i>, se especifica una variable ordinal que adopta los siguientes valores: 1, si la persona considera que la religi&oacute;n es importante en su vida, 2 en caso de que le d&eacute; una importancia regular o intermedia y 3 en caso de que no sea para nada importante.</p>     <p>Respecto a los h&aacute;bitos alimenticios, la encuesta no permite captar claramente la composici&oacute;n de la dieta del individuo, lo cual por otra parte podr&iacute;a afectar la hipertensi&oacute;n. Sin embargo, a efectos de indagar acerca del posible &quot;efecto t&eacute;rmico&quot;, en el sentido de que cuantas m&aacute;s comidas se realicen al d&iacute;a mayor cantidad de calor&iacute;as se quemar&aacute;n, se especifica la variable binaria <i>Comidas</i>, que toma el valor 1 si el individuo realiza tres o m&aacute;s comidas completas al d&iacute;a (incluyendo el desayuno).</p>     <p>En el <a href="#c3">cuadro 3</a> se presenta la definici&oacute;n de las variables consideradas, as&iacute; como las estad&iacute;sticas descriptivas. Como es posible observar, el 63% de los entrevistados son mujeres, aunque no existen diferencias significativas en la edad promedio por sexo (70, 73 y 71,1 para hombres y mujeres respectivamente). El 39% de los hombres declaran hab&eacute;rseles diagnosticado hipertensi&oacute;n, mientras que este porcentaje asciende a 48% entre las mujeres. Con respecto al IMC promedio se observa que &eacute;ste se sit&uacute;a en 25,66 para los hombres y 29,64 para las mujeres<sup><a name="s13" href="#p13">13</a></sup>.</p>     <p>    <center><a name="c3"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a08c3.gif"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">III. Resultados</font></b></p>     <p>En el <a href="#c4">cuadro 4</a> se muestran los resultados de las estimaciones de los efectos marginales del modelo <i>probit</i> con variables instrumentales y <i>probit</i> est&aacute;ndar por sexo, y para las dos medidas de obesidad utilizadas, conjuntamente con los resultados de las pruebas de validez y relevancia de los instrumentos, y de endogeneidad.</p>     <p>    <center><a name="c4"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a08c4.gif"></a></center></p>     <p>En primer lugar, resalta la importancia de no realizar una estimaci&oacute;n conjunta para el total de la poblaci&oacute;n, dado que se encuentran notorias diferencias para hombres y mujeres. De hecho, para estas &uacute;ltimas se rechaza en ambos casos la hip&oacute;tesis de endogeneidad, pudi&eacute;ndose deber a que los instrumentos no son lo suficientemente poderosos para identificar efectos de tama&ntilde;o plausible para las mujeres.</p>     <p>Sin embargo, para los hombres se encuentran evidencias a favor de utilizar una medida alternativa al IMC , tal como ha surgido en la literatura epidemiol&oacute;gica reciente (Cawley y Burkhauser, 2006; Hawken et &aacute;l., 2005). De hecho, para la cintura se rechaza la hip&oacute;tesis de exogeneidad y se encontraron relevantes y v&aacute;lidos los instrumentos, tal como se observa en el <a href="#c4">cuadro 4</a>.</p>     <p>Para dicho indicador, los resultados de la primera etapa (v&eacute;ase <a href="#c5">cuadro 5</a>) muestran que el ingerir tres comidas al d&iacute;a presenta el efecto t&eacute;rmico descrito en la literatura, reduciendo la obesidad; mientras que el signo positivo de la religi&oacute;n podr&iacute;a estar reflejando que ella opera como un mecanismo de censura o autocontrol preventivo, ya que a mayor nivel de religiosidad menor probabilidad de presentar problemas de obesidad. Esta medida de capital social podr&iacute;a estar indicando la externalidad positiva de &eacute;ste, en el sentido de que el establecimiento de normas y creencias comunes es fuente de apoyo extrafamiliar que aumenta la autoestima, as&iacute; como de propagaci&oacute;n de h&aacute;bitos saludables<sup><a name="s14" href="#p14">14</a></sup>.</p>     <p>    <center><a name="c5"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a08c5.gif"></a></center></p>     <p>A su vez, destacan los resultados encontrados con respecto al nivel socioecon&oacute;mico actual (<i>Socio_1</i>) y a la situaci&oacute;n nutricional, socioecon&oacute;mica y de salud en los primeros quince a&ntilde;os de vida (<i>Inicial</i>), que muestran una menor probabilidad de presentar problemas de obesidad entre aquellos hombres de peor situaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Respecto al impacto de la obesidad en la hipertensi&oacute;n, se encuentran fuertes efectos marginales, que muestran que incluso un peque&ntilde;o grado de sobrepeso puede afectar la prevalencia de esta complicaci&oacute;n cr&oacute;nica. As&iacute;, por ejemplo, cada cent&iacute;metro adicional de cintura implica 2,5 puntos porcentuales de aumento en la probabilidad de tener hipertensi&oacute;n.</p>     <p>En cuanto al nivel socioecon&oacute;mico, el factor <i>Socio_l</i> &uacute;nicamente es significativo al utilizar la cintura como aproximaci&oacute;n de la obesidad, lo que implica que una peor situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica aumenta la probabilidad de tener hipertensi&oacute;n. Del mismo modo, en este modelo la variable <i>Toma</i> es significativa y negativa, lo cual mostrar&iacute;a que el consumo de bebidas alcoh&oacute;licas disminuye la probabilidad de sufrir hipertensi&oacute;n. La relaci&oacute;n entre el consumo moderado de alcohol y el riesgo de tener hipertensi&oacute;n es controversial y los resultados encontrados brindar&iacute;an indicios a favor de la idea de que el consumo moderado podr&iacute;a tener un efecto protector (Klatsky, 1996; Weinstein et &aacute;l., 2008).</p>     <p>Finalmente, los resultados del modelo <i>probit</i> est&aacute;ndar (v&eacute;ase <a href="#c6">cuadro 6</a>) muestran que en caso de no corregir por endogeneidad se incurrir&iacute;a en una importante subestimaci&oacute;n del efecto de la obesidad en la hipertensi&oacute;n de los hombres, a la vez que no se recoger&iacute;a el impacto del nivel socioecon&oacute;mico. Esto &uacute;ltimo tiene derivaciones pol&iacute;ticas importantes, en el sentido de que al corregir por endogeneidad aparece un espacio para la intervenci&oacute;n a trav&eacute;s del nivel socioecon&oacute;mico actual, que permitir&iacute;a reducir la prevalencia de ambas enfermedades.</p>     <p>    <center><a name="c6"><img src="img/revistas/dys/n64/n64a08c6.gif"></a></center></p>     <p><b><font size="3">IV. Conclusiones</font></b></p>     <p>En Uruguay, al igual que en el resto de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y el Caribe, se ha dado un proceso de envejecimiento de la poblaci&oacute;n, lo cual implica la necesidad ineludible de implementar pol&iacute;ticas espec&iacute;ficas de salud para el grupo de sesenta a&ntilde;os y m&aacute;s, en particular aquellas pol&iacute;ticas que atiendan las condiciones cr&oacute;nicas que acompa&ntilde;an la longevidad.</p>     <p>Las enfermedades cr&oacute;nicas son consideradas por muchos investigadores como m&aacute;s objetivas y preferibles como indicador de salud no observable de los individuos. En este sentido, el trabajo pretende contribuir al an&aacute;lisis del impacto de la obesidad y del estatus socioecon&oacute;mico en la hipertensi&oacute;n, la enfermedad cr&oacute;nica de mayor prevalencia en los adultos mayores latinoamericanos.</p>     <p>Este art&iacute;culo brinda cierta evidencia acerca de las preferencias intertemporales en la elecci&oacute;n de salud, ya que las conductas de autocontrol (observadas a trav&eacute;s de dos indicadores estructurales de obesidad) determinan en forma considerable la salud en el largo plazo (medida a trav&eacute;s de la hipertensi&oacute;n).</p>     <p>Los resultados son coincidentes con la literatura epidemiol&oacute;gica reciente, que alerta sobre la importancia de realizar un diagn&oacute;stico y un tratamiento diferencial por g&eacute;nero. De hecho, este trabajo encuentra diferencias en la asociaci&oacute;n de la hipertensi&oacute;n y la distribuci&oacute;n de grasas (morfolog&iacute;a de la adiposidad) entre hombres y mujeres.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A su vez, se muestra la importancia de utilizar m&eacute;todos que recojan la endogeneidad entre la hipertensi&oacute;n y la obesidad para los hombres, dado que en caso contrario las estimaciones est&aacute;ndar subestimar&iacute;an fuertemente los impactos.</p>     <p>Hasta el momento, en los diversos pa&iacute;ses se han dise&ntilde;ado diferentes tipos de intervenciones: a nivel del individuo (tratamientos farmacol&oacute;gicos, recomendaci&oacute;n preventiva de dieta y estilo de vida, terapias de conducta, ejercicio f&iacute;sico, etc.); del entorno (programas de urbanismo, cambios en el transporte colectivo, etc.); y de la comunidad (regulaciones en el mercado de los alimentos, en comedores escolares, impuestos sobre alimentos no saludables como las bebidas azucaradas y los que contienen mucha grasa, campa&ntilde;as publicitarias de promoci&oacute;n en salud).</p>     <p>Al encontrar que los problemas de obesidad est&aacute;n concentrados en los grupos de mejor situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica y nutricional, tanto la actual como la de los primeros a&ntilde;os de vida, este trabajo genera escepticismo acerca de la efectividad de las pol&iacute;ticas de precios y favorece la idea de realizar intervenciones espec&iacute;ficas por grupos etarios. Con &eacute;nfasis en los primeros a&ntilde;os de vida (ni&ntilde;os y adolescentes), se ha puesto de manifiesto la importancia de trabajar a nivel de la escuela y la comunidad, lo cual permitir&iacute;a la adherencia y cambios de conducta al inicio de la vida, cambios dif&iacute;ciles de lograr en etapas posteriores.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, se encuentran indicios de externalidades positivas del capital social (aproximado a trav&eacute;s de la religi&oacute;n) en la obesidad.</p>     <p>La asistencia frecuente al templo, facilitar&iacute;a la interacci&oacute;n social y potenciar&iacute;a actitudes de confianza y reciprocidad, aumentar&iacute;a el apoyo afectivo, el reconocimiento social y la autoestima, a la vez que podr&iacute;a mejorar la difusi&oacute;n de h&aacute;bitos saludables.</p>     <p>Nuestro trabajo no est&aacute; exento de limitaciones, cuyo levantamiento permitir&iacute;a comprender mejor los canales de trasmisi&oacute;n entre los diferentes determinantes. As&iacute;, por ejemplo, una mejor aproximaci&oacute;n al capital social, que incluya grado de colaboraci&oacute;n, participaci&oacute;n c&iacute;vica y confianza, permitir&iacute;a confirmar o no este efecto protector, el cual tiene como derivaci&oacute;n pol&iacute;tica el fomento de este tipo de interacciones, lo que redundar&iacute;a en un mejoramiento de la salud de la poblaci&oacute;n.</p>     <p>Por otra parte, deber&iacute;an obtenerse mejores instrumentos, en especial para captar los determinantes de la obesidad en las mujeres de sesenta a&ntilde;os y m&aacute;s. En este sentido, inclusive los datos de corte transversal podr&iacute;an ahondar en preguntas que identifiquen los antecedentes familiares de la obesidad, o se podr&iacute;a trabajar con hermanos, lo cual permitir&iacute;a depurar del componente gen&eacute;tico; as&iacute; como identificar m&aacute;s claramente los h&aacute;bitos alimenticios familiares que afectan ambas enfermedades.</p>     <p>Finalmente, la utilizaci&oacute;n de una variable agregada para reflejar el nivel socioecon&oacute;mico del individuo no permite distinguir entre los elementos asociados y, por tanto, impide dar insumos m&aacute;s espec&iacute;ficos a los hacedores de pol&iacute;tica.</p> <hr size="1">     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><sup><a name="p1" href="#s1">1</a></sup> El indicador com&uacute;nmente utilizado en la literatura como medida uniforme del estado nu-tricional de las personas es el &iacute;ndice de masa corporal (IMC, peso(kg)/altura<sup>2</sup>(m)), aunque &eacute;ste sobreestima el exceso de grasa en atletas que poseen una proporci&oacute;n de masa muscular mayor que el promedio de la gente, y subestima dicho exceso para personas mayores que han perdido masa muscular. La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) define como obesas a aquellas personas que presenten un IMC mayor a 30, y con sobrepeso cuando el IMC est&aacute; entre 25 y 29,9, siendo esta clasificaci&oacute;n independiente del sexo y de la edad. Actualmente, la literatura m&eacute;dica promueve el uso de otros indicadores, como la circunferencia de la cintura y el ratio cintura/cadera, por considerarlos mejores predictores de la morbilidad asociada con el sobrepeso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="p2" href="#s2">2</a></sup> De acuerdo con la encuesta NAHNES (National Health and Nutrition Examination Survey), el porcentaje de obesos creci&oacute; un 67% entre 1971 y 1994.</p>     <p><sup><a name="p3" href="#s3">3</a></sup> Se considera que un individuo es hipertenso si la presi&oacute;n arterial es de 140/90 mm Hg o est&aacute; usando medicamentos para la hipertensi&oacute;n.</p>     <p><sup><a name="p4" href="#s4">4</a></sup> En Uruguay el 14% de la poblaci&oacute;n total tiene sesenta y cinco a&ntilde;os o m&aacute;s, m&aacute;s del doble del promedio latinoamericano y similar al promedio de los pa&iacute;ses desarrollados.</p>     <p><sup><a name="p5" href="#s5">5</a></sup> La encuesta utilizada permitir&iacute;a en primera instancia la extensi&oacute;n de este estudio para Brasil, Chile y M&eacute;xico. Los potenciales resultados ayudar&iacute;an a informar los resultados de pol&iacute;tica p&uacute;blica en la regi&oacute;n, tomando el presente art&iacute;culo como punto de comparaci&oacute;n.</p>     <p><sup><a name="p6" href="#s6">6</a></sup> &Eacute;stas incluyen: ba&ntilde;arse, vestirse, usar el inodoro, movilizarse y alimentarse.</p>     <p><sup><a name="p7" href="#s7">7</a></sup> Las enfermedades cr&oacute;nicas consideradas en este estudio fueron: asma, diabetes, hipertensi&oacute;n, artritis, discapacidades f&iacute;sicas (p&eacute;rdida de brazo, pierna, vista o audici&oacute;n), problemas respiratorios, c&aacute;ncer, problemas neurol&oacute;gicos, par&aacute;lisis, angina/enfermedad de la arteria coronaria, problemas cr&oacute;nicos de espalda, &uacute;lcera estomacal, enfermedad cr&oacute;nica del h&iacute;gado, migra&ntilde;a o severos dolores cr&oacute;nicos de cabeza, problemas ginecol&oacute;gicos cr&oacute;nicos, etc&eacute;tera.</p>     <p><sup><a name="p8" href="#s8">8</a></sup> El objetivo del proyecto sabe es investigar las condiciones de salud de los adultos mayores de las zonas urbanas seleccionadas. El universo de estudio fue la poblaci&oacute;n mayor de sesenta a&ntilde;os residente en hogares privados. Las muestras se elaboraron por el m&eacute;todo cl&aacute;sico de muestreo de etapas m&uacute;ltiples por conglomerados, con estratificaci&oacute;n de las unidades en los niveles m&aacute;s altos de agregaci&oacute;n. El cuestionario se dise&ntilde;&oacute; de tal manera que aportara informaci&oacute;n comparable entre los pa&iacute;ses y se dividi&oacute; en varios m&oacute;dulos, a saber: caracter&iacute;sticas demogr&aacute;ficas b&aacute;sicas, caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas de la persona, pertenencia al hogar y caracter&iacute;sticas de la vivienda, autoevaluaci&oacute;n de la salud y enfermedades cr&oacute;nicas, uso y acceso a los servicios de salud, medicamentos, cognici&oacute;n y depresi&oacute;n, evaluaci&oacute;n nutricional, actividades de la vida diaria (AVD) y actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD), antecedentes laborales e ingresos, propiedad y activos, y transferencias familiares e institucionales. Dicho cuestionario fue s&oacute;lo uno de dos componentes del protocolo para reunir informaci&oacute;n. El segundo consisti&oacute; en medidas antropom&eacute;tricas tomadas directamente por el encuestador (peso, estatura y altura de la rodilla, entre otras), as&iacute; como la aplicaci&oacute;n de algunas pruebas sencillas para evaluar el estado funcional (sostenerse en un solo pie, agacharse, etc.). Para m&aacute;s informaci&oacute;n puede consultarse: <a href="http://www.ssc.wisc.edu/sabe/home.html" target="_blank"><i>http://www.ssc.wisc.edu/sabe/home.html</i></a>.</p>     <p><sup><a name="p9" href="#s9">9</a></sup> Se intent&oacute; aproximar la cantidad de onzas de etanol anualizadas que ingiere el individuo, pero la forma en la que se recoge esta informaci&oacute;n no permite una conversi&oacute;n precisa.</p>     <p><sup><a name="p10" href="#s10">10</a></sup> Los cuadros con el an&aacute;lisis factorial por componentes principales y los resultados del estad&iacute;stico de Kaiser-Meyer-Olkin para el factor <i>Inicial</i> est&aacute;n disponibles por requerimiento del lector.</p>     <p><sup><a name="p11" href="#s11">11</a></sup> Por ejemplo, no es posible controlar por el impacto de los denominados genes ahorradores (<i>thrifty genes</i>), los cuales pueden generar resistencia al desarrollo de patolog&iacute;as cr&oacute;nicas en individuos que est&aacute;n expuestos a restricci&oacute;n alimentaria, a la vez que ante situaciones de sobrealimentaci&oacute;n este genotipo protector no responde y agrava la situaci&oacute;n (Loos y Bouchard, 2003). En presencia de este gen (inobservable) se estar&iacute;a sobrestimando el impacto de la obesidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="p12" href="#s12">12</a></sup> La prueba est&aacute;ndar de Sargan y Basmann para determinar la validez de los instrumentos se estima en el contexto del m&eacute;todo generalizado de los momentos y, por tanto, se presenta el resultado de dicha prueba estimando el modelo mediante el estimador eficiente en dos etapas propuesto por Newey.</p>     <p><sup><a name="p13" href="#s13">13</a></sup> Se realizaron pruebas de medias para todas las variables y result&oacute; estad&iacute;sticamente significativa al 99% de confianza la diferencia de medias entre hombres y mujeres, a excepci&oacute;n de <i>Edad, Apoyo, Socio_1, Comidas y Primaria</i>.</p>     <p><sup><a name="p14" href="#s14">14</a></sup> Las pruebas realizadas para diferentes combinaciones de los instrumentos muestran que en algunos casos la inclusi&oacute;n de un subconjunto de &eacute;stos resulta significativa en la primera etapa.</p> <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1. ALLISON, D. B.; FONTAINE, K. R.; MANSON, J. E.; STEVENS, J., and VANITALLIE, T. B. (1999). &quot;Annual deaths attributable to obesity in the United States&quot;, <i>JAMA</i>, 282(16):1530-1538.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-3584200900020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. ANDRADE, F. C. D. (2004). &quot;Obesity and central obesity in elderly people in Latin America and the Caribbean-Are we fat?&quot;, <i>Annals of Epidemiology</i>, 15(8):643-643.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-3584200900020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. ANDREYEVA, T.; MICHAUD, P., and VAN SOEST, A. (2007). &quot;Obesity and health in Europeans aged 50 years and older&quot;, <i>Public Health</i>, 121(7):497-509.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-3584200900020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. ANDREYEVA T.; STURM, R., and RINGEL, J. S. (2004). &quot;Moderate and severe obesity have large differences in health care costs&quot;, <i>Obesity a Research Journal</i>, 12(12):1936-1943.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-3584200900020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. ANEJA, A.; EL-ATAT, F.; McFARLANE, S., and SOWERS, R. (2004). &quot;Hypertension and obesity&quot;, <i>Recent Progress in Hormone Research</i>, 59:169-205.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-3584200900020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. BACHMAN, K. H. (2007). &quot;Obesity, weight management and health care costs: A primer&quot;, <i>Disease Management</i>, 10(3):129-137.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-3584200900020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. BALSA, A.; FERRES, D.; ROSSI, M. y TRIUNFO, P. (2009). &quot;Inequidades socioecon&oacute;micas en el uso de servicios sanitarios del adulto mayor montevideano&quot;, <i>Estudios Econ&oacute;micos</i>, 24(1):35-88.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-3584200900020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. BORGHANS, L., and GOLSTEYN, B. H. (2005). &quot;Time discounting and the body mass index&quot;, <i>IZA Discussion Paper</i>, 1597.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-3584200900020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. BANEGAS, J. R.; L&Oacute;PEZ -GARC&Iacute;A, E.; GUTI&Eacute;RREZ-FISAC, J. L.; GUALLAR-CASTILL&Oacute;N, P., and RODR&Iacute;GUEZ -AR-TALEJO, F. (2003). &quot;A simple estimate of mortality attributable to excess weight in the European Union&quot;, <i>European Journal of Clinical Nutrition</i>, 57:201-208.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-3584200900020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. BAUM, C. F.; SCHAFFER, M. E., and STILLMAN, S. (2003). &quot;Instrumental variables and GMM: Estimation and testing&quot;,<i> The Stata Journal</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-3584200900020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. BHATTACHARYA, J., and BUNDORF, M. K. (2005). &quot;The incidence of the healthcare costs of obesity&quot; (Working Paper 11303). NBER.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-3584200900020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. BHATTACHARYA, J.; GOLDMAN, D., and McCAFFREY, D. (2006). &quot;Estimating probit models with self-selected treatments&quot;, <i>Statistics in Medicine</i>, 25:389-413.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-3584200900020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. BIANCHI, M.; BERM&Uacute;DEZ C.; CURTO, S.; DRAPER, R.; SANDOYA, E.; VALENTIN, G. et &aacute;l. (2001). &quot;Liga uruguaya contra la hipertensi&oacute;n arterial. II Consenso Uruguayo de Hipertensi&oacute;n Arterial: Primera parte&quot;, <i>Revista Uruguaya de Cardiolog&iacute;a</i>, 16(2):103-138.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-3584200900020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. BRAGUINSKY, J. (2002). &quot;Prevalencia de obesidad en Am&eacute;rica Latina&quot;, <i>Anales Sis San Navarra</i>, 25(1):109-115.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-3584200900020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. BURT, V. L.; WHELTON, P.; ROCCELLA, E. J.; BROWN, C.; CUTLER, J. A.; HIGGINS, M. et al. (1995). &quot;Prevalence of hypertension in the us adult population: Results from the Third National Health and Nutrition Examination Survey, 1988-1991&quot;, <i>Hypertension</i>, 25:305-313.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-3584200900020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. CAWLEY, J., and BURKHAUSER, R. V. (2006). &quot;Beyond BMI: The value of more accurate measures of fatness and obesity in social science research&quot; (Working Paper 12291). NBER.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-3584200900020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. CHOU, S. Y.; GROSSMAN, M., and SAFFER, H. (2004). &quot;An economic analysis of obesity: Results from the Behavioral Risk Factor Surveillance System&quot;, <i>Journal of Health</i> Economics, 23:565-587.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-3584200900020000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. COMUZZIE, A. G., and ALISSON, D. B. (1998). &quot;The search for human obesity genes&quot;, <i>Science</i>, 29(280):1374-1377.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-3584200900020000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. COSTA-FONT, J., and GIL, J. (2004). &quot;Social interactions and the contemporaneous determinants of individuals&#39; weight&quot;, <i>FEDEA</i>, DT 19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-3584200900020000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. COSTA-FONT, J., and GIL, J. (2005). &quot;Obesity and the incidence of chronic diseases: A seemingly unrelated probit approach&quot;, <i>Economics Human Biology</i>, 3(2):188-214.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-3584200900020000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. CUTLER, D. M.; GLAESER, E. L., and SHAPIRO, J. M. (2003). &quot;Why have Americans become obese?&quot;, <i>The Journal of Economic Perspectives</i>, 17(3):93-118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-3584200900020000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. DARLINGTON, R. (2005). &quot;Factor analysis&quot;, retrieved 01/1997, <a href="http://www.psych.cornell.edu/Darlington/factor.htm" target="_blank"><i>http://www.psych.cornell.edu/Darlington/factor.htm</i></a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-3584200900020000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. DAVY, K., and HALL, J. (2004). &quot;Obesity and hypertension: Two epidemics or one?&quot;, <i>American Journal of Physiology</i>, 286:R803-R813.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-3584200900020000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. FABBRI, D.; MONFARDINI, C., and RADICE, R. (2004). <i>Testing exogeneity in the bivariate probit model: Monte Carlo evidence and an application to health economics</i>. Manuscript, Department of Economics, University of Bologna, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-3584200900020000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. FLEGAL, K. M.; WILLIAMSON, D. F.; PAMUK, E. R., and ROSENBERG, H. M. (2004). &quot;Estimating deaths attributable to obesity in the United States&quot;, <i>American Journal of Public Health</i>, 94(9):1486-1489.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-3584200900020000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. FLEGAL, K. M.; GRAUBARD, B. I.; WILLIAMSON, D. F., and GAIL, M. (2005). &quot;Excess deaths associated with underweight, overweight, and obesity&quot;, <i>JAMA</i>, 293(15):1861-1867.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-3584200900020000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. FLEGAL, K. M.; GRAUBARD, B. I.; WILLIAMSON, D. F., and GAIL, M. (2007). &quot;Cause-specific excess deaths associated with underweight, overweight, and obesity&quot;, <i>JAMA</i>, 298(17):2028-2037.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-3584200900020000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. FRAYLING, T. M.; TIMPSON, N. J., and WEEDON, M. N. (2007). &quot;A common variant in the FTO gene is associated with body mass index and predisposes to childhood and adult obesity&quot;, <i>Science</i>, 11(316):889-894.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-3584200900020000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. GARDNER, G., and HALWEIL, B. (2000). &quot;Nourishing the underfed and overfed&quot;, <i>State of the world</i>, New York: Norton. Worldwatch Institute.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-3584200900020000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. GROSSMAN, M.; RASHAD, I., and SHIN-YI, C. (2005). &quot;The supersize of America: An economic estimation of body mass index and obesity in adults&quot; (Working Paper 11584). NBER.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-3584200900020000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. GUEYFFIER, F.; BOUTITIE, F.; BOISSEL, J. P.; POCKOC, S.; COOPE, J., and CUTLER., J., et &aacute;l. (1997). &quot;Effect of antihypertensive drug treatment on cardiovascular outcomes in women and men. A meta-analysis of individual patient data from randomized, controlled trials&quot;, <i>The INDANA Investigators. Ann Internal Medicine</i>, 126:761-767.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-3584200900020000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. HASLAM, D. (2005). &quot;Gender-specific aspects of obesity&quot;, <i>JMHG</i>, 2(2):179-185.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-3584200900020000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. HAWKEN, S.; &Ocirc;UNPUU, S.; BAUTISTA, L.; FRANZOSI, M. P.; COMMERFOLD, P., and LANG, C. (2005). &quot;Obesity and the risk of myocardial infarction in 27.000 participants from 52 countries: A case-control study&quot;, <i>The Lancet</i>, 366:1640-1649.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-3584200900020000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. HIMES, C. L. (2000). &quot;Obesity, disease, and functional limitation in later life&quot;, <i>Demography</i>, 37(1):73-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-3584200900020000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. HU, F. B.; WILLETT, W. C.; STAMPFER, M. J.; SPIEGELMAN, D., and COLDITZ, G. A. (2005). &quot;Calculating deaths attributable to obesity&quot;, <i>American Journal of Public Health</i>, 95(6):932.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-3584200900020000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. HUBERT, H. B.; FEINLEIB, M.; McNAMARA, P. M., and CASTELLI, W. P. (1983). &quot;Obesity as an independent risk factor for cardiovascular disease: A 26-year follow-up of participants in the Framingham Heart Study&quot;, <i>Circulation, American Heart Association</i>, 67:968-977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-3584200900020000800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. KANNEL, W. B.; D&#39;AGOSTINO, R. B., and COBB, J. L. (1996). &quot;Effect of weight on cardiovascular disease&quot;, <i>American Journal of Clinical Nutrition</i>, 63:419s-422s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-3584200900020000800037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. KLATSKY, A. L. (1996). &quot;Alcohol, coronary disease and hypertension&quot;, <i>Annual Review of Medicine</i>, 47:149-160.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-3584200900020000800038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. KISSEBAH, A., and KRAKOWER, G. R. (1994). &quot;Regional adiposity and morbidity&quot;, <i>Physiological Reviews</i>, 74:761-811.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-3584200900020000800039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. LOOS, R., and BOUCHARD, C. (2003). &quot;Obesity: Is it a genetic disorder?&quot;, <i>Journal of Internal Medicine</i>, 254:401-425.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-3584200900020000800040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. MANSON, J. E.; BASSUK, S. S.; HU, F. B.; STAMPFER, M. J.; COLDITZ, G. A., and WILLETT, W. C. (2007). &quot;Estimating the number of deaths due to obesity: Can the divergent findings be reconciled?&quot;, <i>Journal of Womens Health</i>, 16(2):168-176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-3584200900020000800041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. MARINOU, K.; TOUSOULIS, D.; ANTONOPOULOS, A.; STEFANADI, E., and STEFANADIS, C. (in press). &quot;Obesity and cardiovascular disease: From pathophysiology to risk stratification&quot;, <i>International Journal of Cardiology</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-3584200900020000800042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. McCarthy, M. (2004). &quot;The economics of obesity&quot;, <i>The Lancet</i>, 364:18-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-3584200900020000800043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. McGINNIS, J. M., and FOEGE, W. H. (1993). &quot;Actual causes of death in the United States&quot;, <i>JAMA</i>, 270(18):737-741.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-3584200900020000800044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. MOKDAD, A. H.; MARKS, J. S.; STROUP, D. F., and GERBERDING, J. L. (2005). &quot;Correction actual causes of deaths in the United States, 2000&quot;, <i>JAMA</i>, 293(3):293-294.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-3584200900020000800045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. MORRIS, S., and GRAVELLE, H. (2006). &quot;GP supply and obesity&quot;, Centre for Health Economics, The University of York, research paper 13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-3584200900020000800046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. NATIONAL INSTITUTE OF HEALTH (1998). &quot;Clinical guidelines on the identification, evaluation, and treatment of overweight and obesity in adults: The evidence report&quot;, <i>Obesity Research</i>, 6:464.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-3584200900020000800047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. OLIVA, J.; GONZ&Aacute;LEZ, L.; LABEAGA, J. y &Aacute;LVAREZ DARDET, C. (2008). &quot;Salud p&uacute;blica, econom&iacute;a y obesidad: el bueno, el feo y el malo&quot;, <i>Gaceta Sanitaria</i>, 22(6).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-3584200900020000800048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. ORGANIZACI&Oacute;N MUNDIAL DE LA SALUD (OMS) (2003). <i>Obesity and overweight fact sheet. Geneva, </i>retrieved in 10/08<i> <a href="http://www.who.int/hpr/NPH/docs/gs_obesity.pdf" target="_blank">http://www.who.int/hpr/NPH/docs/gs_obesity.pdf</a></i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0120-3584200900020000800049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. ORGANIZACI&Oacute;N MUNDIAL DE LA SALUD (OMS) (2004). <i>Global strategy on diet, physical activity and health</i>, consultado en 10/08 <a href="http://www.who.int/dietphysicalactivity/media/en/gsfs_obesity.pdf" target="_blank"><i>http://www.who.int/dietphysicalactivity/media/en/gsfs_obesity.pdf</i></a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-3584200900020000800050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. PASCUAL, M. y CANTARERO, D. (2006). &quot;Desigualdades en salud por comunidades aut&oacute;nomas: un estudio emp&iacute;rico con el PHOGUE y la ENS&quot;, XIII Encuentro de Econom&iacute;a P&uacute;blica, Almer&iacute;a, Espa&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0120-3584200900020000800051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. PISABARRO, R.; RECALDE, A.; IRRAZ&Aacute;BAL, E. y CHAF-TARE, Y. (2002). &quot;ENSO ni&ntilde;os I: Primera encuesta nacional de sobrepeso y obesidad en ni&ntilde;os uruguayos&quot;, <i>Revista M&eacute;dica del Uruguay</i>, 18:244-250.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-3584200900020000800052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. REDON, J. (2007). &quot;Hipertensi&oacute;n arterial y obesidad&quot;, <i>Medicina Cl&iacute;nica</i>, 129 (17):655-657.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-3584200900020000800053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. 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