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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="3">Comentarios a &quot;La crisis internacional y cambiaria de fin de siglo en Colombia&quot;, de Miguel Urrutia y Jorge Llano</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>Jos&eacute; Dar&iacute;o Uribe*</p>     <p>* Gerente General del Banco de la Rep&uacute;blica.</p>     <p>Este comentario fue recibido el 8 de junio de 2011.</p>  <hr size="1">      <p>Miguel Urrutia y Jorge Llano hacen un aporte fundamental a la historia econ&oacute;mica reciente del pa&iacute;s. El valor de su trabajo se extiende m&aacute;s all&aacute; del recuento de una experiencia cr&iacute;tica que culmin&oacute; en la &uacute;nica ca&iacute;da del producto interno bruto (PIB) real de Colombia en los &uacute;ltimos ochenta a&ntilde;os. El art&iacute;culo ofrece lecciones claras para el manejo econ&oacute;mico de hoy, al ilustrar las consecuencias de las vulnerabilidades financieras y macroecon&oacute;micas acumuladas a lo largo de los a&ntilde;os noventa, cuando simult&aacute;neamente se introdujeron profundas reformas en los frentes externo, fiscal y financiero del pa&iacute;s.</p>     <p>A comienzos de la d&eacute;cada de los noventa se busc&oacute; profundizar la inserci&oacute;n de la econom&iacute;a colombiana en el mundo, tanto en los mercados de bienes y servicios como en los financieros. Se decidi&oacute; reducir la inflaci&oacute;n, partiendo de tasas cercanas al 30%. Se ampli&oacute; la competencia entre distintos tipos de intermediarios financieros y se eliminaron o limitaron los privilegios de algunos de ellos en t&eacute;rminos de su acceso al Banco Central. Tambi&eacute;n se decidi&oacute; elevar el tama&ntilde;o del Estado, en la medida que se asumieron las nuevas funciones derivadas de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 y se profundiz&oacute; el proceso de descentralizaci&oacute;n fiscal.</p>     <p>Estos cambios, sin duda provechosos, ocurrieron en un entorno mundial caracterizado por abundantes flujos de capital extranjero hacia econom&iacute;as emergentes. Dichos flujos probablemente incrementaron su productividad y crecimiento, al financiar la inversi&oacute;n, disminuir el costo del capital y aumentar la disciplina del mercado. Pero al mismo tiempo, hicieron que estos pa&iacute;ses fueran vulnerables a los efectos de &quot;paradas s&uacute;bitas&quot; en los flujos, lo cual podr&iacute;a causar crisis financieras y cambiarias. As&iacute; mismo, apreciaron sus monedas y complicaron la habilidad de los bancos centrales para ejecutar una pol&iacute;tica monetaria independiente. Debilidades y falta de experiencia en el marco institucional y de pol&iacute;tica expusieron a estas econom&iacute;as a cambios en las condiciones externas, y cuando estos cambios ocurrieron muchas de ellas terminaron en profunda crisis.</p>     <p>Colombia no fue la excepci&oacute;n a las dificultades descritas. Las reformas estructurales de principios de los a&ntilde;os noventa se dieron en un contexto institucional y de pol&iacute;tica d&eacute;bil. La apertura de la cuenta de capitales y la reforma financiera no contemplaron totalmente los riesgos, y el sistema financiero nacional no cont&oacute; con la capacidad de intermediar de manera efectiva los recursos externos. La estrategia de la pol&iacute;tica monetaria para reducir la inflaci&oacute;n no pudo definirse claramente en un pa&iacute;s, que por varias d&eacute;cadas defendi&oacute; la tasa de cambio nominal. La falta de mayor flexibilidad cambiaria cre&oacute;, adem&aacute;s, incentivos para la existencia de descalces cambiarios. La expansi&oacute;n del Estado y el cambio de su estructura implicaron riesgos de insostenibilidad y recargaron el peso de la estabilidad macro en la pol&iacute;tica monetaria. En consecuencia, cuando las condiciones del sector externo cambiaron con las crisis asi&aacute;tica y rusa entre 1997 y 1998, la econom&iacute;a colombiana present&oacute; grandes excesos de gasto p&uacute;blico y privado, alto endeudamiento interno y externo, una posici&oacute;n fiscal que amenazaba con volverse insostenible, descalces cambiarios y una <i>burbuja</i> de precios de los activos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto explica dos caracter&iacute;sticas de la crisis de fin de siglo. Primera, su magnitud; dado el gran tama&ntilde;o de los desbalances y de la fragilidad financiera, la correcci&oacute;n no pod&iacute;a ser menor. Segunda, la respuesta proc&iacute;clica de la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica. Como lo anotan Urrutia y Llano, el descalce cambiario dificultaba una respuesta contrac&iacute;clica de la pol&iacute;tica monetaria. La persistencia de una inflaci&oacute;n alta y de expectativas de inflaci&oacute;n no ancladas a la meta ten&iacute;a un efecto similar. Por su parte, lo que parec&iacute;a una senda insostenible de la deuda p&uacute;blica imped&iacute;a una respuesta contrac&iacute;clica de la pol&iacute;tica fiscal.</p>     <p>Estos hechos nos dejaron lecciones y cambios en el marco de pol&iacute;tica que nos permitieron diez a&ntilde;os despu&eacute;s sobrellevar otra crisis externa, sin las dolorosas secuelas de la crisis del fin de siglo. Aprendimos que la estabilidad macroecon&oacute;mica y financiera descansa en tres pilares fundamentales:</p>     <p>- <i>Finanzas p&uacute;blicas sostenibles</i>. Esto es indispensable para evitar desequilibrios macroecon&oacute;micos, contener las expectativas de inflaci&oacute;n y permitir una pol&iacute;tica fiscal contrac&iacute;clica.</p>     <p>- <i>Regulaci&oacute;n y monitoreo adecuados de los riesgos del sistema financiero</i>. Esto es imprescindible para minimizar el movimiento proc&iacute;clico de la oferta de cr&eacute;dito y la probabilidad de quiebras generalizadas en la econom&iacute;a, y, por ende, para suavizar las fluctuaciones del producto y el empleo. Tambi&eacute;n es clave para permitir que el Banco Central se concentre en su objetivo inflacionario sin la restricci&oacute;n que la fragilidad financiera implica. As&iacute; mismo, es importante para mantener activo el principal canal de transmisi&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria y, al moderar los descalces de moneda, para sustentar la flexibilidad cambiaria.</p>     <p>- <i>Pol&iacute;tica monetaria enfocada en el control de la inflaci&oacute;n, con flexibilidad cambiaria</i>. El control de la inflaci&oacute;n es un objetivo en s&iacute; mismo. La combinaci&oacute;n de expectativas de inflaci&oacute;n ancladas en la meta y la flexibilidad cambiaria facilitan la respuesta contrac&iacute;clica de la pol&iacute;tica monetaria ante diversos choques. La flexibilidad cambiaria permite al Banco Central enfocarse en sus objetivos de inflaci&oacute;n y suavizaci&oacute;n del producto, al tiempo que la tasa de cambio contribuye a absorber los choques externos y, por tanto, facilita un mejor ajuste de la econom&iacute;a ante estos. La flexibilidad cambiaria tambi&eacute;n ayuda a limitar los descalces de monedas y a desarrollar los mercados de cobertura.</p>     <p>La historia de la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica y financiera de Colombia desde la crisis de fin de siglo, ha sido la de un continuo avance en la consolidaci&oacute;n de los tres pilares mencionados. Los problemas fiscales estructurales se han solucionado gradualmente, aunque el pa&iacute;s requiere m&aacute;s progreso en ese frente y en la capacidad de tener una pol&iacute;tica fiscal antic&iacute;clica. La regulaci&oacute;n y el monitoreo de los riesgos del sistema financiero hoy ocupan un lugar prominente en varias entidades del Estado. Mejorar la coordinaci&oacute;n entre estas es crucial para garantizar la estabilidad financiera y para enfrentar adecuadamente amenazas de inestabilidad. El manejo monetario se basa hoy en una estrategia que incluye la flexibilidad cambiaria lograda en 1999 y se preocupa por evaluar constantemente los mecanismos de transmisi&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria, as&iacute; como el estado y el comportamiento futuro esperado de la econom&iacute;a.</p>     <p>El progreso se&ntilde;alado no debe, sin embargo, llevarnos a la autocomplacencia. Las lecciones aprendidas no deben olvidarse, especialmente en un contexto internacional que nos favorece con altos ingresos por la exportaci&oacute;n de bienes b&aacute;sicos, cuyo componente permanente no se puede estimar con precisi&oacute;n, y abundante financiamiento externo. Las crisis y las vulnerabilidades se gestan en los tiempos buenos. Urrutia y Llano nos recuerdan oportunamente lo que sucede cuando dichos tiempos se acaban y los costos de las imprevisiones en alguno o algunos de los tres pilares de la estabilidad macroecon&oacute;mica se pagan.</p> </font>      ]]></body>
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