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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Enseñanzas de una crisis: Comentario a "La crisis internacional y cambiaria de fin de siglo en Colombia", de Miguel Urrutia y Jorge Llano]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="4">Ense&ntilde;anzas de una crisis</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3">Comentario a &quot;La crisis internacional y cambiaria de fin de siglo en Colombia&quot;, de Miguel Urrutia y Jorge Llano</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>Leonardo Villar*</p>     <p>* Miembro de la Junta Directiva del Banco de la Rep&uacute;blica entre 1997 y 2009. Actualmente es economista jefe y vicepresidente de Estrategias de Desarrollo y Pol&iacute;ticas P&uacute;blicas de la CAF.</p>     <p>Este comentario fue recibido el 8 de junio de 2011.</p>  <hr size="1">      <p>El art&iacute;culo de Miguel Urrutia y Jorge Llano presenta un recuento hist&oacute;rico sobre la actuaci&oacute;n del Banco de la Rep&uacute;blica en el per&iacute;odo previo y durante la gran crisis de 1999. El papel de primera l&iacute;nea que cumpli&oacute; Miguel Urrutia en los procesos de toma de decisiones otorga al texto un car&aacute;cter de documento hist&oacute;rico de gran importancia.</p>     <p>La crisis que sufri&oacute; Colombia a finales del siglo xx no fue algo aislado. Coincidi&oacute; con eventos de magnitud similar o aun mayor en casi todos los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina. El disparador de esos eventos, adem&aacute;s, se ubic&oacute; por fuera de la regi&oacute;n. La ca&iacute;da estrepitosa de varias econom&iacute;as asi&aacute;ticas en 1997 -las mismas que durante varias d&eacute;cadas hab&iacute;an sido ejemplo de estabilidad macroecon&oacute;mica y altas tasas de crecimiento-, as&iacute; como el desplome de la econom&iacute;a rusa en agosto de 1998, estuvieron estrechamente vinculadas con todo lo que sucedi&oacute; en nuestro pa&iacute;s en 1998 y 1999.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde el punto de vista de la historia econ&oacute;mica colombiana, sin embargo, lo sucedido en estos a&ntilde;os hizo evidente una vulnerabilidad a eventos externos que no se hab&iacute;a visto desde la gran depresi&oacute;n de 1929. Incluso, durante la d&eacute;cada negra de Am&eacute;rica Latina, la llamada d&eacute;cada perdida de los a&ntilde;os ochenta, Colombia hab&iacute;a salido relativamente bien librada, evitando cifras negativas en la tasa anual de crecimiento del producto interno bruto (PIB) y episodios de hiperinflaci&oacute;n como los que caracterizaron de manera dram&aacute;tica a varios pa&iacute;ses de la regi&oacute;n.</p>     <p>En ese contexto, analizar las ense&ntilde;anzas que deja para Colombia la crisis de 1998 y 1999 es particularmente relevante, y el art&iacute;culo de Urrutia y Llano constituye un valioso aporte para ese prop&oacute;sito. Mis comentarios buscan simplemente subrayar algunas de esas ense&ntilde;anzas, que a mi juicio fueron recogidas apropiadamente por el Banco de la Rep&uacute;blica y han permitido un desempe&ntilde;o positivo de la pol&iacute;tica monetaria en lo que va corrido del siglo xxi. De hecho, la inflaci&oacute;n lleg&oacute; en 2008 al rango establecido como meta de largo plazo y el Banco ha podido manejar las tasas de inter&eacute;s con criterios contrac&iacute;clicos. Esto &uacute;ltimo se hizo evidente tras la gran cat&aacute;strofe financiera que enfrentaron los pa&iacute;ses avanzados en 2007 y 2008. En esa coyuntura, la pol&iacute;tica monetaria colombiana contribuy&oacute; de manera fundamental a estabilizar la actividad econ&oacute;mica y moderar el impacto de la crisis internacional.</p>     <p>A mi juicio, las principales ense&ntilde;anzas de la crisis de fin del siglo xx en Colombia se ubican alrededor de cuatro grandes temas:</p>     <p>1.	El primero se relaciona con las ventajas que conlleva la sustituci&oacute;n de una pol&iacute;tica basada en metas intermedias de agregados monetarios, como la que se ten&iacute;a en Colombia en el per&iacute;odo previo a la crisis, por una pol&iacute;tica expl&iacute;cita de inflaci&oacute;n objetivo, en la que el instrumento por excelencia del banco central es la tasa de inter&eacute;s de corto plazo.</p>     <p>Los problemas que generaba tener metas intermedias de base monetaria como gu&iacute;as para la pol&iacute;tica se manifestaron de manera clara en el fuerte debate que se dio entre miembros de la Junta Directiva y algunos economistas de la Gerencia T&eacute;cnica del Banco de la Rep&uacute;blica a comienzos de 1997, al cual se hace referencia en el art&iacute;culo de Urrutia y Llano. Durante los a&ntilde;os inmediatamente anteriores, la expansi&oacute;n monetaria se hab&iacute;a dado fundamentalmente a trav&eacute;s de una pol&iacute;tica de reducci&oacute;n de encajes, que implicaba grandes aumentos en el multiplicador bancario y permit&iacute;a que la base monetaria pudiera crecer muy por debajo de la inflaci&oacute;n sin generar desequilibrios importantes. Para 1997, sin embargo, hab&iacute;a consenso en que los encajes hab&iacute;an llegado a un m&iacute;nimo prudencial y seguir reduci&eacute;ndolos pondr&iacute;a en peligro las condiciones de liquidez del sistema financiero. Por eso mismo, era indispensable llevar el ritmo de crecimiento de la base monetaria a niveles compatibles con el crecimiento de la demanda de dinero para evitar deficiencias en la oferta monetaria y aumentos desproporcionados en la tasa de inter&eacute;s. Ello se hizo, pero el debate fue intenso y gener&oacute; acusaciones contra la Junta Directiva del Banco, de haber generado un desborde monetario que supuestamente habr&iacute;a de implicar fuertes presiones inflacionarias en los a&ntilde;os subsiguientes. Como es bien sabido, dichas predicciones resultaron totalmente infundadas. En 1997 se logr&oacute; cumplir por primera vez, de manera rigurosa, la meta de inflaci&oacute;n previamente establecida por la Junta Directiva. En los a&ntilde;os subsiguientes, adem&aacute;s, la inflaci&oacute;n cay&oacute; por debajo de las metas establecidas para 1998 y 1999.</p>     <p>2.	&Iacute;ntimamente vinculada con la anterior, otra gran ense&ntilde;anza de la crisis se relaciona con las dificultades que conlleva para los bancos centrales usar la tasa de cambio como ancla para las expectativas de inflaci&oacute;n, en lugar de manejar la pol&iacute;tica monetaria bajo la estrategia de inflaci&oacute;n objetivo (<i>inflation targeting</i>), con tasas de cambio flexibles.</p>     <p>En efecto, las dificultades generadas por tratar de anclar las expectativas inflacionarias a la tasa de cambio se hicieron evidentes en 1998, cuando ya hab&iacute;a estallado la crisis asi&aacute;tica, y tanto en Colombia como en muchos otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina se hab&iacute;an revertido los flujos de capital y se observaban importantes salidas de divisas. Pese a que las perspectivas de actividad econ&oacute;mica y de inflaci&oacute;n se estaban revisando dr&aacute;sticamente a la baja, la pol&iacute;tica de tasas de inter&eacute;s no pudo actuar en forma contrac&iacute;clica. Por el contrario, las tasas de inter&eacute;s se elevaron de manera considerable para tratar de controlar la salida de recursos, defender la banda cambiaria y evitar una depreciaci&oacute;n demasiado acelerada de la moneda que se percib&iacute;a en ese momento como fuente de presiones inflacionarias. Infortunadamente, esta reacci&oacute;n del Banco de la Rep&uacute;blica -muy similar a la que tuvieron otros bancos centrales de la regi&oacute;n, como el chileno-, aunque contribu&iacute;a a reforzar los efectos negativos de la crisis externa sobre la actividad productiva, era tal vez la &uacute;nica viable en el entorno que se viv&iacute;a. Para ese momento, una historia de varias d&eacute;cadas con inflaci&oacute;n de dos d&iacute;gitos hac&iacute;a que la credibilidad en la capacidad del Banco para controlar el ritmo de crecimiento de los precios fuese relativamente baja. Debido a esa misma historia de inflaci&oacute;n persistente, los agentes econ&oacute;micos ten&iacute;an en mente una fuerte asociaci&oacute;n entre el comportamiento de la tasa de cambio y las expectativas de inflaci&oacute;n. Los dilemas de pol&iacute;tica, adem&aacute;s, se hac&iacute;an particularmente complejos por la gran incertidumbre que exist&iacute;a en el momento, no solo por la crisis internacional, sino tambi&eacute;n por el ambiente de polarizaci&oacute;n entre el gobierno saliente de Ernesto Samper y la campa&ntilde;a victoriosa de Andr&eacute;s Pastrana. En ese contexto, eliminar prematuramente la banda cambiaria habr&iacute;a generado mayor incertidumbre y graves costos en materia de credibilidad para la pol&iacute;tica monetaria. Ello se habr&iacute;a reflejado en tasas de inter&eacute;s a&uacute;n mayores de las que infortunadamente tuvimos que observar en Colombia durante esa coyuntura. A manera de ejemplo, eso fue lo que sucedi&oacute; en el caso de Brasil, cuando el Banco Central de ese pa&iacute;s liber&oacute; su banda cambiaria en febrero de 1999. El real experiment&oacute; una depreciaci&oacute;n de m&aacute;s de 100% en el lapso de una semana, lo cual dispar&oacute; las expectativas inflacionarias y oblig&oacute; al Banco a elevar de manera escandalosa las tasas de inter&eacute;s para recuperar paulatinamente su credibilidad.</p>     <p>3.	La tercera gran ense&ntilde;anza de la crisis de finales del siglo xx en Colombia tiene que ver con la utilizaci&oacute;n de las reservas internacionales en una crisis cambiaria o de flujo de capitales.</p>     <p>El gr&aacute;fico 5 del art&iacute;culo de Urrutia y Llano muestra claramente que la gran acumulaci&oacute;n de reservas internacionales que se dio entre 1990 y mediados de 1997, solo se revirti&oacute; de manera muy parcial durante la crisis. Varios analistas y algunos congresistas hab&iacute;an cuestionado fuertemente al Banco de la Rep&uacute;blica por los niveles supuestamente &quot;excesivos&quot; de reservas y, en particular, por la fuerte acumulaci&oacute;n que se hizo a finales de 1996 para defenderse de un ataque especulativo contra el piso de la banda cambiaria. Curiosamente, los mismos comentaristas criticaron duramente la venta de reservas un par de a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Como argumenta Miguel Urrutia, estas cr&iacute;ticas asim&eacute;tricas y poco consistentes ayudaron a alimentar el p&aacute;nico sobre la situaci&oacute;n cambiaria y a generar un sesgo muy fuerte contra cualquier posibilidad de esterilizar, siquiera parcialmente, el impacto monetario contractivo de las ventas de divisas por parte del Banco. Ese sesgo tuvo mucho que ver con el aumento excesivo en las tasas de inter&eacute;s que se observ&oacute; en 1998, que contribuy&oacute;, sin duda, a exacerbar la crisis inducida por el cambio en el entorno internacional tras las crisis asi&aacute;tica y rusa. La lecci&oacute;n principal de esta experiencia es, a mi juicio, que las reservas internacionales se acumulan en las fases de auge de ingresos de divisas precisamente para poderlas desacumular en los per&iacute;odos de dificultad cambiaria. De otra forma no ser&iacute;a claro cu&aacute;l es la ventaja de contar con ellas, dado que tienen un costo de oportunidad no despreciable.</p>     <p>La utilidad de contar con grandes niveles de reservas internacionales sigue siendo hoy d&iacute;a un tema de controversia en Colombia y en el resto del mundo. La acumulaci&oacute;n de reservas se produce usualmente por compras de divisas encaminadas a mitigar los procesos de apreciaci&oacute;n de la moneda local. Sin embargo, en el momento de presiones fuertes a la depreciaci&oacute;n de la moneda no resulta f&aacute;cil vender esas mismas divisas por el efecto que ello tiene sobre la credibilidad y eventualmente sobre los flujos de capital. A pesar de ello, resulta interesante mencionar en este contexto la reacci&oacute;n del Banco de la Rep&uacute;blica frente al episodio de r&aacute;pida depreciaci&oacute;n del peso que tuvo lugar entre mediados de 2002 y mayo de 2003, asociado con la p&eacute;rdida de confianza en la regi&oacute;n que suscit&oacute; la incertidumbre generada por la elecci&oacute;n del presidente Lula Da Silva, en Brasil. En esa coyuntura, la tasa de cambio pas&oacute; de menos de $ 2.300 a casi $ 3.000 por d&oacute;lar en un lapso de pocos meses. En febrero de 2003, el Banco de la Rep&uacute;blica anunci&oacute; de manera expl&iacute;cita su disposici&oacute;n a vender montos importantes de reservas internacionales<sup><a name="s1" href="#p1">1</a></sup>. Aunque la tasa de inter&eacute;s de intervenci&oacute;n se elev&oacute; en ese per&iacute;odo en 200 puntos b&aacute;sicos -lo cual se justificaba para ganar credibilidad en la meta de inflaci&oacute;n-, los efectos de la venta de divisas sobre la base monetaria se esterilizaron plenamente para evitar que las tasas de inter&eacute;s de corto plazo en el mercado se elevaran m&aacute;s de lo que estaban aument&aacute;ndose las tasas de intervenci&oacute;n, como hab&iacute;a sucedido en 1998. Esto pudo hacerse con &eacute;xito en un contexto en que la inflaci&oacute;n y las expectativas inflacionarias ya se hallaban en niveles de un d&iacute;gito y en el que no exist&iacute;an compromisos espec&iacute;ficos sobre el nivel futuro de la tasa de cambio. As&iacute;, parad&oacute;jicamente, la utilizaci&oacute;n de las reservas internacionales para estabilizar el ciclo externo se facilit&oacute; tras el abandono de la banda cambiaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>4.	El cuarto elemento clave en las ense&ntilde;anzas de la crisis de 1998 y 1999 en Colombia se relaciona con el papel de la regulaci&oacute;n financiera.</p>     <p>Sin lugar a dudas, el colapso de la cartera hipotecaria fue uno de los elementos que potenci&oacute; la magnitud de esa crisis. Este tema no se desarrolla en el art&iacute;culo de Miguel Urrutia y Jorge Llano publicado en esta revista, pero ellos mismos lo tratan en profundidad en otro cap&iacute;tulo del proyecto sobre &quot;Los actores en la crisis econ&oacute;mica de fin de siglo&quot;. Los desequilibrios de plazos y tasas de inter&eacute;s entre los pasivos y los activos de las corporaciones de ahorro y vivienda generaban un descalce que se trat&oacute; de corregir a partir de 1994, atando la cartera hipotecaria al comportamiento de la tasa de inter&eacute;s de corto plazo. Esto desplaz&oacute; el riesgo de las corporaciones hacia los deudores e hizo particularmente dram&aacute;ticos los efectos de las altas tasas de inter&eacute;s que se observaron en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo xx. Esa experiencia, al igual que otras m&aacute;s recientes en los sistemas financieros de los pa&iacute;ses desarrollados (asociadas en ese caso con productos derivados), permite ver que los intentos por desplazar el riesgo de los intermediarios financieros hacia sus clientes no solo genera grandes costos a estos &uacute;ltimos, sino que termina devolvi&eacute;ndose contra los propios intermediarios, cuando sus clientes pierden la capacidad de pago.</p>     <p>Muy vinculada tambi&eacute;n con el tema de la regulaci&oacute;n financiera, otra ense&ntilde;anza de la crisis de fin del siglo xx tiene que ver con los temas que hoy se agrupan bajo el nombre gen&eacute;rico de regulaci&oacute;n macroprudencial. Afortunadamente, Colombia fue siempre muy cuidadosa en impedir que el sistema financiero adquiriera pasivos en moneda extranjera para financiar cr&eacute;ditos en pesos y en limitar la exposici&oacute;n a riesgos cambiarios a trav&eacute;s, por ejemplo, de los llamados instrumentos &quot;derivados&quot;. Esa cautela se ha mantenido en la regulaci&oacute;n colombiana durante lo corrido del siglo xxi en beneficio de la solidez de su sistema financiero.</p>     <p>Pese a lo anterior, la crisis de finales del siglo xx puso en evidencia muchos problemas que pueden generarse como consecuencia del endeudamiento externo privado y, en general, de los flujos internacionales de capitales privados. Colombia tuvo durante los a&ntilde;os noventa un esquema de encajes no remunerados al endeudamiento externo que ayud&oacute; a encarecer la utilizaci&oacute;n de este instrumento, hizo que los plazos de la deuda fueran mayores y facilit&oacute; el manejo interno de las tasas de inter&eacute;s. Ello, sin embargo, no fue suficiente para impedir un incremento sustancial de la deuda externa privada que, como anotan Urrutia y Llano, aumentaba los riesgos de una devaluaci&oacute;n abrupta del peso por sus efectos sobre las empresas endeudadas en moneda extranjera. De hecho, el gr&aacute;fico 8 del art&iacute;culo muestra que el endeudamiento externo privado se ubic&oacute; alrededor del 15% del PIB a finales de 1997, cifra que contrasta con un porcentaje inferior al 7% del PIB en 2009. La fuerte ca&iacute;da en el endeudamiento externo en el per&iacute;odo posterior a la crisis de fin del siglo xx, permite pensar que el sector privado aprendi&oacute; de la mala experiencia que tuvo en esa coyuntura. La crisis permiti&oacute; que se hicieran evidentes los riesgos de adquirir deudas en moneda extranjera cuando los ingresos para pagarlas se tienen en pesos. Probablemente, la eliminaci&oacute;n de las bandas cambiarias ayud&oacute; tambi&eacute;n a que el sector privado adquiriera esa conciencia, al hacer m&aacute;s expl&iacute;citos los riesgos de fluctuaciones en la tasa de cambio y eliminar la percepci&oacute;n -evidentemente equivocada- de que esas bandas constitu&iacute;an una forma de seguro cambiario.</p>     <p>El mismo gr&aacute;fico 8 del art&iacute;culo de Urrutia y Llano, permite destacar algo que no ha sido suficientemente reconocido. Cuando estall&oacute; la crisis de 1998-1999, las cifras de deuda externa p&uacute;blica eran relativamente bajas. De hecho, tras haber sido cercana al 30% del PIB a comienzos de la d&eacute;cada de los noventa, en diciembre de 1997 la deuda externa p&uacute;blica representaba menos del 15% del PIB -menos, incluso, de lo que representa actualmente-. Esto pone de presente que las causas de esa crisis no estuvieron asociadas exclusivamente con problemas de car&aacute;cter fiscal, como han sugerido muchos analistas. En alto grado, la crisis respondi&oacute; a temas relacionados con los flujos internacionales de capital privado y con otros factores que afectaron la balanza de pagos externos del pa&iacute;s, tales como la dr&aacute;stica ca&iacute;da en los t&eacute;rminos de intercambio. Tener esto en mente resulta fundamental para destacar que la pol&iacute;tica p&uacute;blica debe preocuparse no solo por la sostenibilidad fiscal -que por supuesto debe hacerlo-, sino tambi&eacute;n por la sostenibilidad de la balanza de pagos internacionales, tema dentro del cual los flujos privados de capitales constituyen un elemento cr&iacute;tico.</p>  <hr size="1">      <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><sup><a name="p1" href="#s1">1</a></sup> Se anunci&oacute; la disposici&oacute;n del Banco a vender hasta US$ 1.000 millones mediante tres subastas de opciones <i>call</i>. Entre marzo y mayo de 2003 se vendieron efectivamente US$ 345 millones.</p> </font>      ]]></body>
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