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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Variedades de recursos naturales y crecimiento económico]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The 'resource curse' literature states that economies with abundant natural resources, tend to experience lower growth rates in the long run. This article presents new empirical evidence of this stylized fact, using dynamic regression models based on data for 154 countries in the 1962-2000 period. Our results show the existence of a negative relationship between economic growth and mineral, agricultural and livestock abundance, resulting from institutional dynamics. Forestry abundance on the other hand, seems to be positively related with growth.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="4">Variedades de recursos naturales y crecimiento econ&oacute;mico</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="3">Natural Resources and Economic Growth: New Evidence on Different Types of Commodities</font></b></p>     <p>Carlos Andr&eacute;s Morales-Torrado*</p>     <p>* Universidad de los Andes y Banco Interamericano de Desarrollo.   Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:moralec@gmail.com"><i>moralec@gmail.com</i></a>.</p>     <p>Agradezco a todos los colegas y amigos que revisaron y comentaron los borradores de este documento. Especiales agradecimientos a Jorge Higinio Maldonado, Juan Camilo C&aacute;rdenas, Carmi&ntilde;a Vargas, Jorge Tovar y Rodrigo Suesc&uacute;n. Todos los posibles errores que pudiera contener este documento son de mi entera responsabilidad.</p>     <p>Este art&iacute;culo fue recibido el 18 de octubre de 2010; modificado el 4 de agosto de 2011 y, finalmente, aceptado el 17 de agosto de 2011.</p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>La teor&iacute;a econ&oacute;mica de la &quot;paradoja de la abundancia&quot; plantea que los pa&iacute;ses que centran su actividad econ&oacute;mica en la explotaci&oacute;n de recursos naturales tienen menores tasas de crecimiento en el largo plazo. El presente documento presenta nueva evidencia emp&iacute;rica de este hecho estilizado, para lo cual utiliza estimaciones din&aacute;micas que consideran una muestra de hasta 152 pa&iacute;ses en el per&iacute;odo 1962-2000. Los resultados muestran la existencia de una relaci&oacute;n negativa entre la abundancia de recursos naturales y el crecimiento econ&oacute;mico, propia de las variedades mineras y atribuible principalmente a razones institucionales. Los recursos forestales parecen, por el contrario, correlacionarse positivamente con el crecimiento de las naciones.</p>     <p><b><i>Palabras clave</i>:</b> desarrollo econ&oacute;mico, crecimiento econ&oacute;mico, recursos naturales, paradoja de la abundancia, maldici&oacute;n de los recursos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Clasificaci&oacute;n JEL</i>: F43, O13, O50, Q00, Q32.</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     <p>The &#39;resource curse&#39; literature states that economies with abundant natural resources, tend to experience lower growth rates in the long run. This article presents new empirical evidence of this stylized fact, using dynamic regression models based on data for 154 countries in the 1962-2000 period. Our results show the existence of a negative relationship between economic growth and mineral, agricultural and livestock abundance, resulting from institutional dynamics. Forestry abundance on the other hand, seems to be positively related with growth.</p>     <p><b><i>Key words</i>:</b> Economic development, economic growth, natural resources, paradox of plenty, resource curse.</p>     <p><i>JEL classification</i>: F43, O13, O50, Q00, Q32.</p> <hr size="1">     <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>Las teor&iacute;as sobre crecimiento econ&oacute;mico pretenden explicar los diferenciales en la producci&oacute;n (cuantificada monetariamente) entre regiones y pa&iacute;ses. En t&eacute;rminos generales, la capacidad de creaci&oacute;n de bienes y servicios en una naci&oacute;n est&aacute; determinada por la eficiencia con la que se combinan factores f&iacute;sicos y humanos limitados, en un contexto institucional espec&iacute;fico. Una mayor producci&oacute;n se traduce en mayores posibilidades de consumo para los individuos, que de esta forma mejoran su calidad de vida (Boarini, Johansson y D&#39;Ercole, 2006).</p>     <p>Comprender la din&aacute;mica del crecimiento econ&oacute;mico es algo deseable y ha sido un tema central durante varios siglos de investigaci&oacute;n econ&oacute;mica. Hoy en d&iacute;a, existe cierto consenso sobre algunos elementos capaces de explicar en conjunto c&oacute;mo cambia la eficiencia en la producci&oacute;n (es decir, c&oacute;mo se genera crecimiento econ&oacute;mico) y por qu&eacute; no todos los pa&iacute;ses crecen a la misma velocidad. Los modelos de Solow (1956), Koopmans (1963) y Cass y Yaari (1965), por ejemplo, muestran c&oacute;mo los pa&iacute;ses que ahorran e invierten un alto porcentaje de su producci&oacute;n en capital f&iacute;sico crecen m&aacute;s r&aacute;pidamente que aquellos que ahorran e invierten poco. Asimismo, tal como lo exponen Birdsall, Kelley y Sinding (2001), tanto la composici&oacute;n como el ritmo de expansi&oacute;n demogr&aacute;fica afectan la senda de crecimiento econ&oacute;mico de una naci&oacute;n.</p>     <p>Como determinantes adicionales se encuentran la acumulaci&oacute;n de capital humano, el cambio tecnol&oacute;gico resultante de la innovaci&oacute;n, la geograf&iacute;a, los niveles de integraci&oacute;n a los mercados internacionales y el contexto institucional, caracterizado por la gobernabilidad, el imperio de la ley, la libertad econ&oacute;mica y la estabilidad pol&iacute;tica. Para cada uno de estos elementos existen tanto argumentos te&oacute;ricos como evidencia emp&iacute;rica que justifican y validan su relevancia<sup><a name="footnote-a01-1-backlink" href="#footnote-a01-1">1</a></sup>.</p>     <p>Este art&iacute;culo se centra en un aparente determinante del crecimiento econ&oacute;mico, el cual ha capturado la atenci&oacute;n de la academia en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: la abundancia de recursos naturales. La literatura describe una aparente relaci&oacute;n inversa entre este elemento y la velocidad del crecimiento, lo que se ha bautizado como la &quot;maldici&oacute;n de los recursos naturales&quot; o la &quot;paradoja de la abundancia&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque en algunas publicaciones se expone evidencia de los recursos naturales como motor del crecimiento, particularmente durante los siglos XVIII y XIX (North, 1966), en la actualidad la mayor&iacute;a de trabajos acad&eacute;micos concluyen que la relaci&oacute;n entre ambos es inversa. Los art&iacute;culos seminales de Sachs y Warner (1995, 2001) prueban emp&iacute;ricamente, utilizando datos de la segunda mitad del siglo XX, la existencia de una relaci&oacute;n negativa entre la abundancia de recursos y el crecimiento del producto interno bruto (PIB) a nivel internacional. Seg&uacute;n estos resultados, los pa&iacute;ses que centran su actividad econ&oacute;mica en la explotaci&oacute;n de recursos primarios suelen tener peor desempe&ntilde;o econ&oacute;mico, comparados con aquellos especializados en la producci&oacute;n de bienes manufacturados y servicios.</p>     <p>Hasta la fecha no se ha probado emp&iacute;ricamente en un &uacute;nico estudio el efecto de diversas variedades de recursos naturales sobre el crecimiento econ&oacute;mico. La literatura ha estado enfocada en analizar el efecto de la abundancia de recursos mineros, sin detenerse en los efectos de otros productos. Resultar&iacute;a interesante determinar con exactitud si la maldici&oacute;n de los recursos naturales es propia de la extracci&oacute;n minera, si persiste en otras variedades o si, por el contrario, algunos tipos de recursos naturales son favorables para el crecimiento.</p>     <p>Este art&iacute;culo contribuye a la literatura al desarrollar estimaciones din&aacute;micas que ponen en evidencia la existencia de una maldici&oacute;n de los recursos naturales a nivel agregado. Adem&aacute;s, presenta modelos que permiten determinar las diferencias en magnitud y efecto entre cuatro variedades distintas de recursos naturales.</p>     <p>Las diversas estimaciones son concluyentes al mostrar que existe una correlaci&oacute;n negativa entre la abundancia de tres variedades de recursos (mineros, agr&iacute;colas y pecuarios-pesqueros) y el crecimiento econ&oacute;mico, aunque dicha relaci&oacute;n solo es estad&iacute;sticamente significativa para los recursos mineros. Los recursos forestales parecen, por el contrario, correlacionarse positivamente con el crecimiento. La preponderancia de las variedades mineras hace pensar que la paradoja de la abundancia se debe principalmente a razones institucionales.</p>     <p>El resto de este documento se organiza de la siguiente forma. En la secci&oacute;n I, se hace una revisi&oacute;n de la literatura relevante y en la secci&oacute;n II se describe la estrategia emp&iacute;rica que se emplear&aacute;. En la secci&oacute;n III se discuten los datos y en la IV los resultados. Finalmente, la secci&oacute;n V resume las principales conclusiones e implicaciones de pol&iacute;tica.</p>     <p><b>I. Revisi&oacute;n de literatura</b></p>     <p>El an&aacute;lisis sobre c&oacute;mo la abundancia de recursos naturales afecta la senda de crecimiento de las naciones ha formado parte de la teor&iacute;a econ&oacute;mica desde los pensadores cl&aacute;sicos. Smith (2001), por ejemplo, en su obra cl&aacute;sica de 1776 plantea c&oacute;mo el costo de la exploraci&oacute;n en busca de vetas de oro y plata captura recursos humanos y de capital que podr&iacute;an utilizarse de mejor manera en otros sectores:</p>     <blockquote>De cuantos proyectos hay inciertos, costosos, y m&aacute;s expuestos a quiebras y grandes p&eacute;rdidas, ninguno m&aacute;s azaroso, m&aacute;s incierto, ni m&aacute;s pr&oacute;ximo a una ruina total que el de buscar nuevas minas de oro y plata. En el mundo no habr&aacute; quiz&aacute;s una loter&iacute;a o juego de suerte m&aacute;s aventurada, o en que el premio y ganancia de los favorecidos guarde tan poca proporci&oacute;n con la p&eacute;rdida de los que salen con c&eacute;dula en blanco, porque aunque las de premio son pocas y las de los jugadores muchas, el premio com&uacute;n de una suerte viene a ser la fortuna de un hombre rico y poderoso. La empresa de una mina, en vez de reemplazar el capital que se emplea en ella y las ganancias ordinarias del fondo, suele absorber el fondo y las ganancias &#91;Traducci&oacute;n libre, p. 435&#93;.</blockquote>     <p>Es claro que la abundancia de recursos naturales no puede generar directamente una contracci&oacute;n en el crecimiento. Una mayor riqueza en este tipo de bienes no reduce la eficiencia con que se combinan los factores en la producci&oacute;n y lo &uacute;nico que podr&iacute;a generar es un abaratamiento de los insumos, lo que va a favor y no en contra de la capacidad de creaci&oacute;n de bienes. Por esta raz&oacute;n, deben existir elementos intermedios o mecanismos de transmisi&oacute;n m&aacute;s complejos a trav&eacute;s de los cuales la riqueza de recursos naturales conduzca a menores tasas de crecimiento.</p>     <p>En la literatura es posible distinguir varias corrientes que sustentan de esta manera la evidenciada relaci&oacute;n inversa. A continuaci&oacute;n se exponen las m&aacute;s relevantes, agrupadas en dos categor&iacute;as: aquellas con un fundamento puramente macroecon&oacute;mico, dentro de una l&oacute;gica de desplazamiento (en ingl&eacute;s, <i>crowding-out</i>), y otras con un componente primordialmente institucional o de econom&iacute;a pol&iacute;tica. Es relevante mencionar que estas explicaciones no son mutuamente excluyentes y es probable que en el &aacute;mbito internacional varios mecanismos de transmisi&oacute;n funcionen simult&aacute;neamente e interact&uacute;en<sup><a name="footnote-a01-2-backlink" href="#footnote-a01-2">2</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En primer lugar, las explicaciones de desplazamiento plantean que la abundancia de recursos naturales genera incentivos que conducen a la reducci&oacute;n de actividades favorables al crecimiento econ&oacute;mico. El elemento fundamental detr&aacute;s de esta l&oacute;gica es la llamada &quot;enfermedad holandesa&quot;, por la cual los pa&iacute;ses resultan desplazando la mayor&iacute;a de sus factores productivos hacia aquellos sectores que experimentan choques externos positivos, lo cual reduce la competitividad de otros sectores por v&iacute;a de los efectos mediados por la tasa de cambio y los precios internos<sup><a name="footnote-a01-3-backlink" href="#footnote-a01-3">3</a></sup>.</p>     <p>Mikesell (1997) explica de manera simplificada el funcionamiento de este mecanismo de transmisi&oacute;n. Inicialmente debe ocurrir un choque que ubique un bien producido localmente en una posici&oacute;n de ventaja comparativa frente a otros pa&iacute;ses, lo cual desencadena un ajuste general en la econom&iacute;a. En el caso de los recursos naturales, podr&iacute;a tratarse del hallazgo de un yacimiento minero o un cambio repentino en la demanda externa de un recurso agr&iacute;cola producido localmente. A continuaci&oacute;n, la nueva ventaja comparativa aumenta considerablemente el flujo de exportaciones locales hacia el extranjero, lo que a su vez incrementa la entrada de divisas, aprecia la moneda local y sube el nivel de precios internos de bienes no transables (en los bienes transables el ajuste se da por cantidades, abaratando la importaci&oacute;n y encareciendo la compra de productos locales). Como consecuencia, los dem&aacute;s sectores, es decir, aquellos que no recibieron el choque inicial (por ejemplo, las manufacturas), pierden competitividad y reducen su producci&oacute;n y exportaciones.</p>     <p>Lo anterior solo se traduce en un impacto negativo sobre el crecimiento, cuando hay una desventaja inherente en el sector favorecido en comparaci&oacute;n con los sectores afectados. En esos casos, el choque estar&iacute;a alejando a la econom&iacute;a del motor que genera crecimiento (Davis, 1995). Hist&oacute;ricamente se ha planteado que el sector manufacturero es m&aacute;s ventajoso que el primario, por lo que la especializaci&oacute;n en recursos no resulta deseable. Inspiradas en esta l&oacute;gica, durante la d&eacute;cada de los setenta se realizaron acciones gubernamentales de sustituci&oacute;n de importaciones en Latinoam&eacute;rica, ya que se consideraba que fomentar las manufacturas ser&iacute;a una buena estrategia para impulsar el crecimiento.</p>     <p>En la literatura de desplazamiento pueden identificarse varias teor&iacute;as que explicar&iacute;an esta desventaja inherente. Hirschman (1958), en primer lugar, explica c&oacute;mo es posible que en el sector manufacturero exista una mayor probabilidad de generar innovaciones, fundamentalmente por mejoras del capital humano resultantes de din&aacute;micas de <i>learning-by-doing</i>, as&iacute; como por una mayor divisi&oacute;n del trabajo, dado un mayor n&uacute;mero de encadenamientos hacia adelante y hacia atr&aacute;s<sup><a name="footnote-a01-4-backlink" href="#footnote-a01-4">4</a></sup>.</p>     <p>Por otra parte, Prebisch (1959) plantea que la din&aacute;mica internacional hace que los sectores primarios est&eacute;n condenados a experimentar un deterioro progresivo en los t&eacute;rminos de intercambio, elemento que frenar&iacute;a el desarrollo de las naciones especializadas en este tipo de productos. De esta manera, los choques negativos externos son m&aacute;s da&ntilde;inos para los pa&iacute;ses especializados en recursos primarios que en manufacturas.</p>     <p>De manera similar, Lederman y Maloney (2003) exponen que es probable que la abundancia de recursos lleve a una especializaci&oacute;n excesiva en la producci&oacute;n, lo que lleva a que las econom&iacute;as sean vulnerables a cambios en los precios internacionales. Sus pruebas emp&iacute;ricas parecen comprobar una asimetr&iacute;a, donde son los pa&iacute;ses especializados en la extracci&oacute;n de recursos primarios los que terminan con una canasta de exportaciones m&aacute;s concentrada.</p>     <p>Para concluir, Sachs y Warner (2001) resumen las explicaciones pertenecientes a la categor&iacute;a de desplazamiento de la siguiente forma:</p>     <blockquote>La mayor&iacute;a de explicaciones actuales para la maldici&oacute;n &#91;de los recursos naturales&#93; tienen una l&oacute;gica de desplazamiento. Los recursos naturales reducen la actividad x. La actividad x conduce el crecimiento. Por lo tanto, los recursos naturales perjudican el crecimiento &#91;Traducci&oacute;n libre, p. 833&#93;.</blockquote>     <p>Paralelamente a esta l&oacute;gica, en la literatura tambi&eacute;n se dan argumentos institucionales o de econom&iacute;a pol&iacute;tica para ligar la abundancia de recursos naturales y el lento crecimiento de un pa&iacute;s. La evidencia internacional muestra el efecto inequ&iacute;voco de la especializaci&oacute;n en la extracci&oacute;n de recursos naturales sobre la desigualdad, el poder&iacute;o estatal, la corrupci&oacute;n y el endeudamiento externo, todo lo cual afecta el crecimiento<sup><a name="footnote-a01-5-backlink" href="#footnote-a01-5">5</a></sup>.</p>     <p>Engermann y Sokoloff (1997) explican la forma en la cual la composici&oacute;n de las exportaciones modifica la estructura de las econom&iacute;as y conduce a una desigualdad arraigada que puede generar divisiones entre grupos sociales. De manera similar, Tornell y Lane (1999), Robinson, Torvik y Verdier (2002) y Mehlum, Moene y Torvik (2005) examinan c&oacute;mo las abundantes rentas que se originan al extraer recursos naturales pueden conducir a enfrentamientos entre diferentes sectores de la sociedad y a una lucha por el dominio de los recursos p&uacute;blicos, en lo que se denomina un voracity effect. Estas fallas institucionales ubican la econom&iacute;a por debajo de su nivel de crecimiento potencial, puesto que generan asignaciones ineficientes e incertidumbre entre los agentes<sup><a name="footnote-a01-6-backlink" href="#footnote-a01-6">6</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Asimismo, tal como lo expone Ross (2001), los Estados que se concentran en la extracci&oacute;n de recursos naturales altamente demandados en el mercado internacional tienen menor necesidad de cobrar impuestos al contar con un flujo continuo de ingresos desde el extranjero. Esto impide el desarrollo de mecanismos de control social, lo cual deteriora la capacidad estatal de regular ineficiencias de mercado y contrarrestar la aparici&oacute;n de conflictos internos. De igual manera, Manzano y Rigobon (2001) identifican un posible incentivo al sobreendeudamiento.</p>     <p>Adicionalmente, las rentas provenientes de la extracci&oacute;n de recursos les permiten a los gobiernos disuadir f&aacute;cilmente a sus cr&iacute;ticos, a trav&eacute;s de sobornos directos, beneficios a la poblaci&oacute;n (particularmente en forma de proyectos de infraestructura) o ejerciendo represi&oacute;n y violencia sobre la oposici&oacute;n (Robinson <i>et al</i>., 2002). Norman (2009) muestra c&oacute;mo en el marco internacional los pa&iacute;ses especializados en la extracci&oacute;n de recursos naturales tienen peores indicadores de imperio de la ley que aquellos concentrados en las manufacturas.</p>     <p>En resumen, seg&uacute;n esta corriente la abundancia de recursos naturales y su extracci&oacute;n desmedida generan desigualdades, debilitan la capacidad estatal y conducen a aumentos en los niveles de corrupci&oacute;n y de endeudamiento externo, lo cual impacta negativamente el crecimiento econ&oacute;mico.</p>     <p>Es relevante mencionar que una variante de esta literatura plantea que las instituciones hist&oacute;ricas condicionan la forma en que las sociedades manejan la riqueza en recursos. En este sentido, el conjunto de instituciones locales puede condicionar el efecto que tiene la abundancia de recursos sobre el crecimiento. Isham, Woolcock, Pritchett y Busby (2003) argumentan que aquellos pa&iacute;ses especializados en la extracci&oacute;n de recursos naturales, con una calidad institucional baja, fallan al desarrollar mecanismos regulatorios para contrarrestar los choques externos. Los pocos pa&iacute;ses que logran superar este obst&aacute;culo terminan transformando la abundancia minera en una bendici&oacute;n que los impulsa r&aacute;pidamente al desarrollo. Mehlum <i>et al</i>. (2005) consideran que lo anterior explicar&iacute;a c&oacute;mo en el contexto internacional conviven los casos exitosos (Nueva Zelanda, Islandia, Noruega) con los de pa&iacute;ses ricos en recursos pero con un bajo desempe&ntilde;o econ&oacute;mico (Angola, Nigeria, Sud&aacute;n).</p>     <p>Resulta interesante como estos dos mecanismos de transmisi&oacute;n tienen implicaciones distintas sobre la producci&oacute;n y extracci&oacute;n de diferentes variedades de recursos naturales. Tal como lo muestran Isham <i>et al</i>. (2003), si el mecanismo de transmisi&oacute;n &uacute;nico es el institucional, los pa&iacute;ses que explotan recursos concentrados (como por ejemplo, el petr&oacute;leo, el cobre y los diamantes), ubicados en un entorno geogr&aacute;fico limitado, deber&iacute;an ser los afectados, ya que &uacute;nicamente el Estado o ciertos grupos de la sociedad son quienes pueden monopolizar estos recursos.</p>     <p>Por el contrario, si el efecto primario es de desplazamiento, o una mezcla entre este y el mecanismo institucional, la maldici&oacute;n tambi&eacute;n deber&iacute;a estar presente en otros sectores de recursos naturales. En todos los sectores extractivos podr&iacute;a generarse una enfermedad holandesa, por la que se desincentive la innovaci&oacute;n y la divisi&oacute;n del trabajo (comparativamente con la manufactura) y se enfrenten t&eacute;rminos de intercambio decrecientes y riesgos resultantes de una especializaci&oacute;n excesiva.</p>     <p>Si se muestra, entonces, que el efecto negativo de los recursos naturales sobre el crecimiento existe &uacute;nicamente en el &aacute;rea de los recursos concentrados, como la miner&iacute;a, se rechazar&iacute;a la hip&oacute;tesis de enfermedad holandesa. Este art&iacute;culo pretende mostrar que la paradoja de la abundancia es consecuencia principalmente de razones institucionales, lo que implica una preponderancia de las variedades mineras al explicar el pobre crecimiento econ&oacute;mico de los pa&iacute;ses.</p>     <p>La falta de estudios que analicen exactamente en qu&eacute; productos se origina la maldici&oacute;n de los recursos en un contexto internacional es la principal motivaci&oacute;n para este trabajo. Es fundamental identificar si los efectos sobre la senda de crecimiento son o no comunes a toda la producci&oacute;n intensiva en recursos naturales, pues esto permite mejorar la comprensi&oacute;n de la paradoja de la abundancia y deducir implicaciones directas de pol&iacute;tica.</p>     <p><b>II. Metodolog&iacute;a</b></p>     <p>Existen diversos trabajos emp&iacute;ricos que han tratado el tema de la maldici&oacute;n de los recursos naturales. Los art&iacute;culos de Sachs y Warner (1995, 2001), Auty (1998), Gylfason, Herbertsson y Zoega (1999) y Sala-i-Martin, Doppelhofer y Miller (2004) son algunas de las publicaciones m&aacute;s relevantes y muestran evidencia estad&iacute;sticamente significativa de una relaci&oacute;n negativa entre la abundancia de recursos naturales y el crecimiento de los pa&iacute;ses.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todos estos autores sustentan sus conclusiones en modelos de regresi&oacute;n donde se relaciona el crecimiento del PIB real per c&aacute;pita con alg&uacute;n indicador particular de abundancia de recursos naturales. Formalmente, se pretende explicar la senda de crecimiento econ&oacute;mico (&Delta;<i>y</i>), en funci&oacute;n de una variable de inter&eacute;s (<i>RA</i>) y un conjunto de otros determinantes (<i>X</i>). El ejercicio consiste en determinar una serie de par&aacute;metros (<i>&theta;</i>) desconocidos (v&eacute;ase <a href="#ecu1">ecuaci&oacute;n 1</a>).</p>     <p>    <center><a name="ecu1"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01ecu1.gif"></a></center></p>     <p>Los estudios emp&iacute;ricos han estudiado el fen&oacute;meno &uacute;nicamente de manera agregada, sin detenerse a analizar las diferencias que seguramente existen entre productos intensivos en recursos naturales. Este art&iacute;culo contribuye a la literatura de la paradoja de la abundancia al construir modelos de regresi&oacute;n que permiten analizar las diferencias en magnitud y efecto entre tipos espec&iacute;ficos de recursos naturales, particularmente pecuarios-pesqueros, agr&iacute;colas, forestales y mineros. Esto permite distinguir si lo que existe es puramente un efecto institucional o si, por el contrario, los canales institucionales y de desplazamiento act&uacute;an simult&aacute;neamente<sup><a name="footnote-a01-7-backlink" href="#footnote-a01-7">7</a></sup>.</p>     <p>Antes de pasar a realizar estimaciones para variedades particulares, se expondr&aacute; la existencia de una maldici&oacute;n de recursos naturales a nivel agregado. Esto se realiza para poner los resultados de este art&iacute;culo en una posici&oacute;n comparativa con otros que cubren la misma tem&aacute;tica. Para dicho fin, se utiliza un modelo din&aacute;mico definido como:</p>     <p>    <center><a name="ecu2"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01ecu2.gif"></a></center></p>     <p>En la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu2">2</a>), el sub&iacute;ndice i hace referencia a diferentes pa&iacute;ses y <i>t</i> a los a&ntilde;os; <i>ln</i>(y<sub>i,t</sub>) - <i>ln</i>(y<sub>i,t - 1</sub>) corresponde al crecimiento del PIB real per c&aacute;pita, medido como la diferencia logar&iacute;tmica entre los valores observados en los per&iacute;odos <i>t</i> y <i>t</i> - 1; <i>ln</i>(y<sub>i,t - 1</sub>) corresponde al logaritmo del PIB per c&aacute;pita rezagado un per&iacute;odo, el cual permite tomar en consideraci&oacute;n la llamada convergencia transicional presente en los modelos te&oacute;ricos de crecimiento econ&oacute;mico<sup><a name="footnote-a01-8-backlink" href="#footnote-a01-8">8</a></sup>; <i>RA</i><sub>i,t</sub> corresponde a un indicador de la abundancia de recursos naturales, la variable de inter&eacute;s y <i>X</i><sub>i,t</sub> corresponde a un vector de controles relevantes para la especificaci&oacute;n, es decir, otros determinantes conocidos del crecimiento econ&oacute;mico. Los par&aacute;metros <i>&eta;<sub>i</sub></i> y <i>&epsilon;<sub>i,t</sub></i> son diferentes componentes de un &uacute;nico t&eacute;rmino de error, con <i>&eta;<sub>i</sub></i> un efecto fijo que captura la heterogeneidad no observada entre pa&iacute;ses constante en el tiempo y <i>&epsilon;</i><sub>i,t</sub> un t&eacute;rmino estoc&aacute;stico cambiante tanto entre pa&iacute;ses como entre per&iacute;odos.</p>     <p>Actualmente no existe un consenso sobre cu&aacute;l es el indicador apropiado que debe usarse como aproximaci&oacute;n de la abundancia de recursos en una regresi&oacute;n de crecimiento de este tipo. En general, se considera que los datos de las exportaciones de recursos naturales pueden ser &uacute;tiles, ya que seg&uacute;n la teor&iacute;a de comercio internacional de Heckscher y Ohlin, los pa&iacute;ses exportan aquellos recursos en los que son abundantes. En este trabajo se utiliza como variable <i>RA</i><sub>i,t</sub> a las exportaciones de recursos naturales ponderadas por el PIB por trabajador. Esta variable captura la intensidad de las exportaciones de recursos naturales, teniendo en cuenta la capacidad productiva de cada econom&iacute;a<sup><a name="footnote-a01-9-backlink" href="#footnote-a01-9">9</a></sup>.</p>     <p>La especificaci&oacute;n anterior puede reescribirse como se expresa en la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu3">3</a>), lo que la convierte en un modelo con variable dependiente rezagada. Sobre esta nueva regresi&oacute;n se calculan los estimadores; aun as&iacute;, se realiza la transformaci&oacute;n relevante a los coeficientes, para interpretar los resultados sobre el modelo inicial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="ecu3"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01ecu3.gif"></a></center></p>     <p>En el modelo descrito por la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu3">3</a>), se espera que el coeficiente que acompa&ntilde;a a la variable de abundancia de recursos naturales tenga un signo negativo y estad&iacute;sticamente significativo, aun bajo todos los controles relevantes que sean agregados.</p>     <p>Para estimar consistentemente los par&aacute;metros anteriores, las metodolog&iacute;as tradicionales de datos panel (efectos aleatorios y efectos fijos) son inadecuadas. Reemplazando el t&eacute;rmino <i>ln</i>(<i>y<sub>i,t - 1</sub></i>) por el rezago del modelo en la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu3">3</a>) y aplicando el mismo proceso iterativamente hacia atr&aacute;s, se encuentra que la variable explicada <i>ln</i>(<i>y<sub>i,t</sub></i>) depende del nivel inicial del PIB <i>ln</i>(<i>y<sub>i,t</sub></i>). Este t&eacute;rmino no se encuentra en la especificaci&oacute;n del modelo, por lo que debe encontrarse capturado en el t&eacute;rmino de error. Por construcci&oacute;n este nivel inicial est&aacute; relacionado a su vez con <i>ln</i>(<i>y<sub>i,t</sub></i><sub> - 1</sub>), lo que resulta en un problema de endogeneidad y coeficientes sesgados. En otras palabras, <i>ln</i>(<i>y<sub>i,t</sub></i><sub> - 1</sub>) resulta ser funci&oacute;n de <i>&epsilon;<sub>i,t</sub></i> (Villanueva, Knight y Loayza, 1992).</p>     <p>La alternativa en este caso es usar el estimador sugerido por Blundell y Bond (1998), obtenido en el contexto del m&eacute;todo generalizado de momentos. Este estimador se conoce como <i>system GMM</i>, y es consistente aun ante la endogeneidad de las variables independientes. La endogeneidad es algo com&uacute;n en las regresiones de crecimiento, bien sea por la relaci&oacute;n entre <i>ln</i>(<i>y<sub>i,t</sub></i><sub> - 1</sub>) y el nivel inicial del PIB, o por correlaci&oacute;n de otros regresores con los efectos fijos, variables omitidas o errores de medici&oacute;n (Bond, Hoeffler y Temple, 2001).</p>     <p>Estos &uacute;ltimos autores describen en detalle este m&eacute;todo de estimaci&oacute;n. Inicialmente se diferencia el modelo inicial con el objetivo de eliminar el efecto fijo <i>&eta;<sub>i</sub></i>. Posteriormente se calculan las estimaciones, instrumentando el rezago de la variable dependiente mediante sus diferencias de per&iacute;odos anteriores. Adicionalmente, se utilizan los momentos instrumentados de la regresi&oacute;n en niveles, para mejorar la precisi&oacute;n en casos de muestras finitas.</p>     <p>Una ventaja del estimador <i>system GMM</i> es que permite instrumentar simult&aacute;neamente otros regresores. En este caso particular se instrumenta la variable de inter&eacute;s. Hay al menos dos fundamentos te&oacute;ricos que sustentar&iacute;an la posible endogeneidad en dicha variable. En primer lugar, tal como lo expone Barbier (1999), las econom&iacute;as pobres pueden ser m&aacute;s propensas a especializarse en la extracci&oacute;n de recursos naturales, ya que est&aacute;n privadas de oportunidades econ&oacute;micas en otros sectores. Esto corresponder&iacute;a a una relaci&oacute;n causal inversa, donde no es la abundancia de recursos la que impacta en el PIB, sino es el nivel de desarrollo de cada econom&iacute;a lo que determina la magnitud de la extracci&oacute;n de recursos.</p>     <p>En segunda instancia, pueden existir pol&iacute;ticas locales que generen conjuntamente menores tasas de crecimiento y mayor explotaci&oacute;n de los recursos. Heath y Binswanger (1996), por ejemplo, muestran c&oacute;mo esquemas regulatorios inadecuados pueden generar incentivos perversos que reducen la eficiencia econ&oacute;mica e intensifican la degradaci&oacute;n del medio ambiente de forma simult&aacute;nea.</p>     <p>Los dos primeros rezagos de dicha variable constituyen el instrumento a utilizar. Es claro que existe un <i>trade-off</i> al elegir el n&uacute;mero de rezagos que se utilizar&aacute;n como instrumentos, ya que cuanto m&aacute;s alejados los per&iacute;odos a utilizar, se consigue una mayor exogeneidad, pero el modelo pierde relevancia y eficiencia. El ideal es encontrar un n&uacute;mero de rezagos lo suficientemente alejados para no tener relaci&oacute;n con el error contempor&aacute;neo, pero lo suficientemente cercanos para tener buena capacidad explicativa de la variable de inter&eacute;s. En este caso, las pruebas estad&iacute;sticas relevantes determinaron que dos rezagos garantizan ambos supuestos<sup><a name="footnote-a01-10-backlink" href="#footnote-a01-10">10</a></sup>.</p>     <p>Pasando a los modelos para variedades de recursos particulares, se utiliza una especificaci&oacute;n similar a la de la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu2">2</a>), solo que incluyendo no una sino varias medidas de abundancia de recursos naturales simult&aacute;neamente. En particular, medidas para la abundancia de recursos: a) pecuarios y pesqueros, b) agr&iacute;colas, c) forestales y d) mineros, que se detallan en la siguiente secci&oacute;n. El modelo a estimar est&aacute; dado por la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu4">4</a>), con <i>RA<sup>j</sup><sub>i,t</sub></i> una matriz de indicadores de abundancia para diferentes variedades espec&iacute;ficas de recursos naturales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="ecu4"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01ecu4.gif"></a></center></p>     <p>La metodolog&iacute;a de estimaci&oacute;n que se aplicar&aacute; es la misma descrita anteriormente. Para este nuevo modelo, y tal como se discuti&oacute; al final de la revisi&oacute;n de literatura, encontrar que el efecto negativo sobre el crecimiento existe &uacute;nicamente en los recursos mineros implicar&iacute;a rechazar la hip&oacute;tesis de enfermedad holandesa.</p>     <p>El &uacute;ltimo elemento que debe mencionarse es la elecci&oacute;n de controles, que permitir&aacute; desligar el efecto de la variable de inter&eacute;s de otros determinantes previamente documentados en la literatura. Espec&iacute;ficamente, aqu&iacute; se incluyen variables que capturan el efecto de tres elementos relevantes al explicar el crecimiento econ&oacute;mico: la <i>calidad de las pol&iacute;ticas de estabilizaci&oacute;n</i> de cada pa&iacute;s, la de sus <i>condiciones externas</i> y la de las <i>pol&iacute;ticas estructurales e instituciones locales</i>. Todos estos factores podr&iacute;an explicar potencialmente los diferenciales en la tasa de crecimiento entre pa&iacute;ses que se observan en los datos, por lo que resulta conveniente incluirlos en la especificaci&oacute;n.</p>     <p>Con respecto a las pol&iacute;ticas de estabilizaci&oacute;n, se incluye la inflaci&oacute;n. Tal como lo describe Barro (1995), existe una relaci&oacute;n negativa estad&iacute;sticamente significativa entre inflaci&oacute;n y crecimiento. Asimismo, esta medida es una buena aproximaci&oacute;n de la calidad de la pol&iacute;tica fiscal y monetaria de cada pa&iacute;s, y est&aacute; positivamente correlacionada con otros elementos relevantes, como son el d&eacute;ficit fiscal y la existencia de mercados negros de divisas (Loayza, Fajnzylber y Calder&oacute;n, 2004).</p>     <p>Por otra parte, para capturar el efecto de las condiciones externas, se incluyen dos variables: la relaci&oacute;n de t&eacute;rminos de intercambio y el tama&ntilde;o de la inversi&oacute;n extranjera directa. La primera captura los cambios de la demanda internacional de bienes locales y los costos de producci&oacute;n y consumo de las importaciones. La inversi&oacute;n extranjera directa, por otra parte, captura la entrada de dinero procedente del extranjero hacia actividades productivas, que pueden fomentar las din&aacute;micas al interior de cada econom&iacute;a. En ambos casos se espera encontrar una relaci&oacute;n positiva y estad&iacute;sticamente significativa entre estas variables y el crecimiento.</p>     <p>Finalmente, para tomar en consideraci&oacute;n el efecto de las diferentes pol&iacute;ticas estructurales y de las instituciones de cada pa&iacute;s, se incluyen seis variables. La primera, la inversi&oacute;n local, captura la sofisticaci&oacute;n en la producci&oacute;n y el uso de capital f&iacute;sico en las actividades productivas. A continuaci&oacute;n, la apertura comercial mide el grado de integraci&oacute;n del pa&iacute;s con el mercado internacional, lo que favorece la especializaci&oacute;n al interior de la econom&iacute;a. Tambi&eacute;n se incluye una medida de gasto gubernamental, que captura el peso que el gobierno puede representar en la actividad privada al imponer impuestos, sostener una burocracia y mantener programas p&uacute;blicos inefectivos. Adem&aacute;s, unos indicadores de profundizaci&oacute;n y apertura financiera miden el alcance de los servicios financieros locales y su integraci&oacute;n con el mercado internacional. Finalmente, se agrega una variable dic&oacute;toma para los pa&iacute;ses con peores libertades econ&oacute;micas, que act&uacute;a como un <i>proxy</i> de baja calidad institucional.</p>     <p><b>III.  Datos</b></p>     <p>Para el c&aacute;lculo de los indicadores de abundancia de diferentes variedades de recursos naturales se opta por un indicador de ventajas comparativas reveladas, definido formalmente como el cociente entre las exportaciones de determinado recurso natural y el PIB real por trabajador. Para el c&aacute;lculo de dichos indicadores se utiliza la base de datos NBER-United Nations Trade Data, construida por Feenstra, Lipsey, Deng, Ma, y Mo (2005), que contiene los flujos de comercio bilateral entre 199 pa&iacute;ses, desde 1962 hasta el a&ntilde;o 2000, desagregados en 1.006 categor&iacute;as de productos catalogados seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n est&aacute;ndar internacional de comercio (SITC, por sus siglas en ingl&eacute;s). Los datos disponibles determinaron el tama&ntilde;o final de la muestra de pa&iacute;ses y el rango de tiempo por estudiar.</p>     <p>Es destacable que aunque era posible utilizar directamente la clasificaci&oacute;n SITC y calcular un indicador de abundancia por cada producto listado en la base, esta aproximaci&oacute;n resultaba demasiado espec&iacute;fica para el prop&oacute;sito de este art&iacute;culo. Por esta raz&oacute;n, result&oacute; conveniente reagrupar los bienes en la clasificaci&oacute;n m&aacute;s amplia, como recursos pecuarios y pesqueros (ANP), agr&iacute;colas (AGP), forestales (FP) y mineros (MP).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Formalmente, los indicadores quedan definidos como se describe en la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu5">5</a>). <i>EX<sub>j,i,t</sub></i> corresponde al valor nominal en d&oacute;lares de las exportaciones del bien <i>j</i>, para cada pa&iacute;s <i>i</i> en el a&ntilde;o <i>t</i>. La sumatoria agrupa los bienes que forman parte del conjunto de inter&eacute;s <i>j</i>, que puede corresponder a recursos ANP, AGP, FP, MP o a la suma de los anteriores (PP). Formalmente, <i>j</i> &isin; <i>J</i> = &#123;<i>AnP</i>,<i> AgP</i>, <i>FP</i>, <i>MP</i>, <i>PP</i>&#125;. Por &uacute;ltimo, el t&eacute;rmino <i>PIBPW<sub>i,t</sub></i> hace referencia al PIB real por trabajador en base de 1996<sup><a name="footnote-a01-11-backlink" href="#footnote-a01-11">11</a></sup>.</p>     <p>    <center><a name="ecu5"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01ecu5.gif"></a></center></p>     <p>En este indicador, el numerador est&aacute; expresado en t&eacute;rminos nominales, aunque en un medio de cambio internacional. Siguiendo a Manzano y Rigobon (2001), esto resulta conveniente, dado que el inter&eacute;s radica en capturar la totalidad de cambios en las rentas nacionales derivadas de la explotaci&oacute;n primaria, que pueden originarse tanto por cambios reales en las cantidades exportadas como por cambios en los precios internacionales (los llamados <i>windfall effects</i>). El denominador corresponde, por el contrario, a un t&eacute;rmino real, ya que se desea independencia de los cambios en los precios locales.</p>     <p>Para ubicar cada producto de la base de datos en una de las categor&iacute;as de recursos naturales establecidas, se realiza un proceso de dos etapas. En primer lugar, se identifican los productos que sean recursos naturales, siguiendo la clasificaci&oacute;n sugerida por Lall (2000) y Lall, Weiss y Zhang (2005). En un segundo paso, se divide esta agrupaci&oacute;n general en las cuatro categor&iacute;as mencionadas. Infortunadamente, hasta la fecha en la literatura no se hab&iacute;a sugerido ninguna clasificaci&oacute;n como la deseada, por lo que en este trabajo se propone esta nueva subdivisi&oacute;n y se especifican los productos que se encuentran en cada una<sup><a name="footnote-a01-12-backlink" href="#footnote-a01-12">12</a></sup>.</p>     <p>Para evaluar la calidad de los indicadores de abundancia de los recursos naturales, es conveniente detenerse a analizar la distribuci&oacute;n de los valores asignados y observar c&oacute;mo quedan ubicados los pa&iacute;ses relativamente entre s&iacute;. El <a href="#cua1">cuadro 1</a> presenta el <i>ranking</i> de pa&iacute;ses que lideran cada uno de los indicadores, para el a&ntilde;o 2000. De igual manera, el <a href="img/revistas/dys/n68/n68a01gra1.gif" target="_blank">gr&aacute;fico 1</a> muestra la distribuci&oacute;n espacial de la variable <i>RA<sup>PP</sup><sub>i,t</sub></i> para ese mismo a&ntilde;o.</p>     <p>    <center><a name="cua1"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01cua1.gif"></a></center></p>      <p>En nuestro indicador general de abundancia de recursos, Nigeria, pa&iacute;s primordialmente petrolero, lidera la lista con una abundancia casi 70% mayor a la de Rusia, que se ubica en segundo lugar. Este resultado es consistente con las cifras reportadas por la Organizaci&oacute;n de Pa&iacute;ses Exportadores de Petr&oacute;leo (OPEP), que presenta la econom&iacute;a nigeriana como la m&aacute;s dependiente de la producci&oacute;n y exportaci&oacute;n de petr&oacute;leo en el mundo, con ventas hacia el extranjero que fluct&uacute;an entre el 65% y el 95% de sus exportaciones totales para el per&iacute;odo de estudio (1962-2000).</p>     <p>Por otra parte, el segundo lugar de Rusia puede explicarse por su abundancia minera, principalmente de gas natural y petr&oacute;leo. A continuaci&oacute;n aparecen Indonesia, exportador de petr&oacute;leo, esta&ntilde;o y caucho, y Arabia Saud&iacute;, principal exportador de petr&oacute;leo en el mundo. Con respecto a los indicadores particulares, Estados Unidos, India y Brasil lideran la abundancia de recursos pecuarios, pesqueros y agr&iacute;colas, mientras que los pa&iacute;ses petroleros encabezan la lista de abundancia minera.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los indicadores de abundancia de recursos naturales solo son una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de las variables necesarias para los modelos. Tanto la variable dependiente como los controles necesarios fueron importados de otras fuentes, como las Penn World Tables de Heston, Summers y Aten (2009) y los World Development Indicators del Banco Mundial. El <a href="#cua2">cuadro 2</a> muestra las estad&iacute;sticas descriptivas del PIB per c&aacute;pita que se utiliza como variable dependiente, sus respectivas tasas de crecimiento y los indicadores de abundancia de los recursos mencionados (medidas anuales). Por su parte, el <a href="#cua3">cuadro 3</a> muestra las estad&iacute;sticas descriptivas de los controles.</p>     <p>    <center><a name="cua2"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01cua2.gif"></a></center></p>     <p>    <center><a name="cua3"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01cua3.gif"></a></center></p>     <p>La base de datos final tiene la forma de un panel desbalanceado para 154 pa&iacute;ses en el per&iacute;odo de 39 a&ntilde;os (1962-2000), con informaci&oacute;n completa para 124 pa&iacute;ses (un 80% del total). Con respecto a los treinta pa&iacute;ses restantes, la informaci&oacute;n solo se encuentra disponible para la d&eacute;cada m&aacute;s reciente.</p>      <p>En la secci&oacute;n siguiente se exponen los principales resultados de aplicar la metodolog&iacute;a descrita anteriormente utilizando estos datos. Las conclusiones que se deduzcan estar&aacute;n limitadas por los posibles errores de medici&oacute;n presentes en algunas de estas variables.</p>     <p><b>IV.  Resultados</b></p>     <p>El <a href="img/revistas/dys/n68/n68a01cua4.gif" target="_blank">cuadro 4</a> muestra los resultados del modelo din&aacute;mico definido por la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu2">2</a>). Para verificar la robustez de los resultados, se estimaron regresiones con datos anuales y agregados quinquenales<sup><a name="footnote-a01-13-backlink" href="#footnote-a01-13">13</a></sup>. Los controles adem&aacute;s fueron adicionados progresivamente para capturar la sensibilidad de la variable de inter&eacute;s a las diferentes especificaciones; de esta manera la primera columna corresponde a una regresi&oacute;n univariada, donde la abundancia de recursos naturales se asume como &uacute;nico determinante del PIB, mientras que las columnas 2 a 4 son regresiones multivariadas, cada una con un mayor n&uacute;mero de controles.</p>     <p>Los resultados muestran que la variable de inter&eacute;s, que corresponde al indicador de abundancia de recursos naturales, tiene el signo negativo esperado y es estad&iacute;sticamente significativa al 1% en la totalidad de especificaciones. Esto indica c&oacute;mo, en promedio, una mayor abundancia de recursos implica una menor tasa de crecimiento del PIB, lo que comprueba lo encontrado previamente en la literatura.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los coeficientes calculados con datos anuales muestran que el aumento de una desviaci&oacute;n est&aacute;ndar en nuestra medida de abundancia de recursos naturales generar&iacute;a una reducci&oacute;n de hasta 0,4 puntos porcentuales en las tasas de crecimiento econ&oacute;mico. Consistentemente, para acumulados de cinco a&ntilde;os el efecto es de hasta 1,9 puntos porcentuales. Cabe destacar c&oacute;mo una desviaci&oacute;n est&aacute;ndar en este contexto es una magnitud considerable; observando la evoluci&oacute;n del indicador de abundancia de recursos naturales, se identifica que &uacute;nicamente el 15% de los pa&iacute;ses cambiaron en una magnitud igual o superior a esta, de 1980 a 1990, y solo el 9% de 1990 a 2000<sup><a name="footnote-a01-14-backlink" href="#footnote-a01-14">14</a></sup>. Este valor es comparativamente menor al encontrado en las regresiones de corte transversal, como las realizadas por Sachs y Warner (1995), donde un cambio equivalente conduce a una reducci&oacute;n de cerca de un punto porcentual en el crecimiento del PIB.</p>     <p>Aunque los coeficientes calculados parecen peque&ntilde;os, es necesario destacar que los efectos negativos sobre el crecimiento se acumulan a&ntilde;o tras a&ntilde;o en la forma de una tasa compuesta, por lo que en el largo plazo la abundancia de recursos naturales puede estar cambiando sustancialmente la senda de crecimiento de un pa&iacute;s, mediante los mecanismos de transmisi&oacute;n descritos en la revisi&oacute;n de literatura.</p>     <p>Con respecto a la hip&oacute;tesis de convergencia transicional, los resultados muestran que el rezago del nivel del PIB per c&aacute;pita es negativo, menor a uno y estad&iacute;sticamente significativo en seis de las ocho regresiones. Esto indica que las econom&iacute;as desaceleran su tasa de crecimiento a medida que se acercan a su estado estacionario, lo que es consecuente con los diversos modelos neocl&aacute;sicos de crecimiento econ&oacute;mico (Cass y Yaari, 1965; Koopmans, 1963). Las regresiones muestran adem&aacute;s que la mayor&iacute;a de controles son significativos y tienen los signos esperados. Las variables de apertura financiera y apertura comercial son intermitentes, siendo significativas &uacute;nicamente en algunas especificaciones aisladas que no incluyen la totalidad de controles.</p>     <p>Con respecto a la insignificancia de estas variables, es importante mencionar que, en general, la econometr&iacute;a asume que los datos usados corresponden a una muestra representativa relativamente peque&ntilde;a de una poblaci&oacute;n objetivo de tama&ntilde;o infinito. En las regresiones expuestas anteriormente esto no es cierto; la poblaci&oacute;n objetivo es finita (la totalidad de pa&iacute;ses del mundo) y el tama&ntilde;o de la muestra es comparativamente grande en comparaci&oacute;n con la poblaci&oacute;n (la muestra corresponde a cerca de un 80% de la poblaci&oacute;n de pa&iacute;ses sobre la que se infiere). El incumplimiento de este supuesto hace que los errores est&aacute;ndar calculados en la regresi&oacute;n est&eacute;n sesgados hacia arriba, lo que puede conducir a un no rechazo de la hip&oacute;tesis nula, aun cuando la alterna sea la verdadera (error tipo II o falso negativo). Infortunadamente, hasta donde se sabe no hay ninguna metodolog&iacute;a que permita calcular los errores est&aacute;ndar de una manera alternativa<sup><a name="footnote-a01-15-backlink" href="#footnote-a01-15">15</a></sup>.</p>     <p>Casos interesantes de analizar son los signos del indicador de la profundizaci&oacute;n financiera y la poblaci&oacute;n. El coeficiente que acompa&ntilde;a a la primera variable aparece negativo y altamente significativo en todas las regresiones en las que es incluido. Aunque en la literatura hay evidencia de una relaci&oacute;n positiva entre profundizaci&oacute;n financiera y crecimiento, esta relaci&oacute;n est&aacute; condicionada a la buena calidad regulatoria (De Gregorio y Guidotti, 1995) y a bajos niveles de inflaci&oacute;n (Rousseau y Wachtel, 2002). El incumplimiento de estas condiciones puede hacer que la profundizaci&oacute;n financiera resulte frenando el crecimiento. La &uacute;ltima condici&oacute;n explica por qu&eacute; la variable resulta negativa en estas estimaciones, ya que contamos con una muestra donde la inflaci&oacute;n promedio es muy alta (50,6%). El signo positivo de la variable poblaci&oacute;n, por otra parte, aunque inconsistente con el modelo b&aacute;sico de crecimiento neocl&aacute;sico, es validado por los modelos de acumulaci&oacute;n de conocimiento e investigaci&oacute;n (Strulik, 2002).</p>     <p>Hay tres consideraciones relevantes que debemos mencionar sobre los resultados expuestos del modelo din&aacute;mico. En primer lugar, la validez de los resultados depende del cumplimiento del supuesto de exogeneidad en la instrumentaci&oacute;n. En todas las regresiones del <a href="img/revistas/dys/n68/n68a01cua4.gif" target="_blank">cuadro 4</a> se utilizaron los dos primeros rezagos del indicador de abundancia y del PIB como instrumentos de la ecuaci&oacute;n en diferencia, m&aacute;s el primer rezago de la diferencia de ambos para la ecuaci&oacute;n en niveles. El supuesto de exogeneidad requiere la no correlaci&oacute;n entre las series utilizadas como instrumentos y el error contempor&aacute;neo, lo que puede ser verificado estad&iacute;sticamente mediante la prueba de exogeneidad de Hansen. El <i>p</i>-valor para cada prueba aparece en la parte inferior de cada columna; la instrumentaci&oacute;n result&oacute; v&aacute;lida para las estimaciones con datos anuales, pero insuficiente para aquellas con datos quinquenales, lo que podr&iacute;a estar generando un sesgo sobre los par&aacute;metros presentados en las &uacute;ltimas cuatro columnas.</p>     <p>En segundo lugar, los errores est&aacute;ndar fueron calculados mediante la matriz usual de varianza-covarianza. Seg&uacute;n la l&oacute;gica del m&eacute;todo generalizado de momentos, esta t&eacute;cnica garantiza estimadores insesgados asint&oacute;ticamente y robustos tanto ante heteroscedasticidad como ante autocorrelaci&oacute;n. Aun as&iacute;, tal y como lo describen Blundell y Bond (1998), los valores calculados en el caso de un modelo de crecimiento pueden resultar subestimados por el uso de muestras finitas. Esto podr&iacute;a explicar los altos grados de significancia encontrados en las pruebas estad&iacute;sticas individuales. Este posible sesgo genera un riesgo de error tipo 1 (falso positivo), es decir, considerar a los regresores como significativos cuando en realidad no lo son. Para superar este problema, en la literatura se plantea como alternativa aplicar una correcci&oacute;n por muestras finitas, sugerida por Windmeijer (2005).</p>     <p>Finalmente, en todos los casos se est&aacute; asumiendo la inexistencia de efectos comunes entre pa&iacute;ses pero variantes en el tiempo. Estos efectos son el an&aacute;logo a los efectos fijos <i>&eta;<sub>i</sub></i> discutidos anteriormente, pero en la dimensi&oacute;n de tiempo, y tambi&eacute;n podr&iacute;an generar endogeneidad, lo que sesgar&iacute;a los coeficientes calculados.</p>     <p>Para superar estas limitaciones se estiman tres regresiones adicionales (v&eacute;ase <a href="#cua5">cuadro 5</a>), que corroboran la robustez de los resultados encontrados: a) el modelo din&aacute;mico con todos los controles, la misma instrumentaci&oacute;n inicial, pero aplicando la correcci&oacute;n de Windmeijer (2005) a los errores est&aacute;ndar; b) el modelo din&aacute;mico con todos los controles con una nueva instrumentaci&oacute;n que controla por la posible endogeneidad de todos los regresores obtenidos (tambi&eacute;n con errores est&aacute;ndar corregidos) y c) el modelo anterior que incluya variables dic&oacute;tomas por per&iacute;odo. Los resultados muestran que la variable de inter&eacute;s mantiene el signo negativo y contin&uacute;a siendo estad&iacute;sticamente significativa. Tampoco se observan cambios sustanciales en la magnitud del coeficiente calculado.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="cua5"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01cua5.gif"></a></center></p>     <p>Los resultados obtenidos en el cuadro anterior respaldan la evidencia de una maldici&oacute;n de los recursos y son consistentes con algunos de los trabajos consultados acerca de dicha maldici&oacute;n con regresiones que usan datos longitudinales. En particular, Gylfason <i>et al</i>. (1999) ya hab&iacute;an mostrado la relaci&oacute;n negativa entre abundancia de recursos naturales y crecimiento, bajo un modelo de efectos aleatorios. Por otra parte, estos hallazgos contrastan con lo obtenido por Manzano y Rigobon (2001) y Lederman y Maloney (2003), quienes con una especificaci&oacute;n din&aacute;mica similar no logran demostrar la existencia de una maldici&oacute;n de los recursos. A diferencia de sus trabajos, aqu&iacute; se realizan las estimaciones con una muestra significativamente m&aacute;s amplia de pa&iacute;ses y una medida diferente de abundancia de recursos, lo que puede conciliar este hallazgo<sup><a name="footnote-a01-16-backlink" href="#footnote-a01-16">16</a></sup>.</p>     <p>Con el fin de distinguir la importancia relativa de la abundancia de recursos pecuarios-pesqueros, agr&iacute;colas, forestales y mineros en las tasas de crecimiento econ&oacute;mico, se estima una regresi&oacute;n similar a la anterior donde se incluyen simult&aacute;neamente todos los indicadores de abundancia de recursos como variables explicativas. El <a href="#cua6">cuadro 6</a> presenta los coeficientes calculados estandarizados<sup><a name="footnote-a01-17-backlink" href="#footnote-a01-17">17</a></sup>.</p>     <p>    <center><a name="cua6"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a01cua6.gif"></a></center></p>     <p>Tal como se esperaba, los resultados de esta estimaci&oacute;n muestran que la mayor&iacute;a de las variedades de recursos tienen una relaci&oacute;n negativa con el crecimiento del PIB. En particular, los indicadores de abundancia de los recursos pecuarios-pesqueros, agr&iacute;colas y mineros tienen signos negativos (aunque de diferente magnitud), mientras que los recursos forestales son los &uacute;nicos que muestran una correlaci&oacute;n positiva.</p>     <p>Dentro de las variedades con coeficientes negativos, los recursos mineros son los &uacute;nicos significativos y tienen el coeficiente m&aacute;s grande, lo que implicar&iacute;a que son los m&aacute;s perjudiciales para el crecimiento. El estad&iacute;stico calculado implica que el aumento de una desviaci&oacute;n est&aacute;ndar en la medida de abundancia generar&iacute;a una reducci&oacute;n de 0,4 puntos porcentuales anuales. Los efectos para los recursos pecuarios-pesqueros son cercanos, con una reducci&oacute;n de 0,3 puntos porcentuales, aunque no significativos, mientras que para los agr&iacute;colas son mucho menores, con una reducci&oacute;n de 0,04 puntos porcentuales, no significativos.</p>     <p>De lo anterior es posible concluir que la relaci&oacute;n negativa entre crecimiento y abundancia es particular de los bienes concentrados geogr&aacute;ficamente, como lo son los productos mineros. Esto parece indicar que el mecanismo de transmisi&oacute;n que explicar&iacute;a la maldici&oacute;n de la abundancia es el institucional, con los efectos de una enfermedad holandesa coexistiendo en un segundo plano.</p>     <p>Contrariamente a lo esperado, los recursos forestales muestran una correlaci&oacute;n positiva y significativa con el crecimiento econ&oacute;mico, algo previamente no documentado en la literatura internacional, aunque s&iacute; en casos particulares como el de Indonesia (Komarulzaman y Alisjahbana, 2006). Aun as&iacute;, este resultado debe tratarse con cuidado, teniendo en cuenta las consecuencias ambientales de fomentar este tipo de producci&oacute;n y que nuestro modelo no es capaz de capturar.</p>     <p><b>V. Conclusiones</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este art&iacute;culo pone de manifiesto la existencia de una maldici&oacute;n de los recursos naturales, mediante la utilizaci&oacute;n de estimaciones din&aacute;micas que consideran una muestra de hasta 152 pa&iacute;ses para el per&iacute;odo 1962-2000. En las regresiones calculadas el indicador de abundancia de recursos naturales construido, que corresponde al cociente entre las exportaciones de recursos naturales y el PIB real por trabajador, tiene un signo negativo y significativo, lo que indica una correlaci&oacute;n negativa con el crecimiento del PIB.</p>     <p>Este resultado se mantiene al incluir otros determinantes del crecimiento en la especificaci&oacute;n del modelo, como lo son la inflaci&oacute;n (como <i>proxy</i> de las pol&iacute;ticas de estabilizaci&oacute;n), la apertura comercial y los choques internacionales (que capturan las condiciones externas de cada pa&iacute;s), y la inversi&oacute;n y profundizaci&oacute;n financiera (caracter&iacute;sticas estructurales de cada econom&iacute;a). Es adem&aacute;s consistente con lo encontrado previamente en la literatura.</p>     <p>Una diferencia con los resultados expuestos por otros autores es la magnitud del efecto. Mientras Sachs y Warner (1995) afirman que una desviaci&oacute;n est&aacute;ndar en la abundancia de recursos naturales implicar&iacute;a una reducci&oacute;n de cerca de un punto porcentual en el crecimiento del PIB, el modelo aqu&iacute; calculado muestra coeficientes estandarizados menores que predicen &uacute;nicamente una reducci&oacute;n cercana a 0,4 puntos porcentuales anuales.</p>     <p>Este trabajo adicionalmente contribuye a la literatura al estimar modelos que permiten determinar las diferencias en magnitud y efecto entre variedades espec&iacute;ficas de recursos naturales. Para cumplir este objetivo, se propone una nueva categorizaci&oacute;n de los recursos naturales, separando cuatro variedades espec&iacute;ficas: los recursos pecuarios-pesqueros, los agr&iacute;colas, los forestales y los mineros. Estas categor&iacute;as se ligan con c&oacute;digos SITC para que puedan ser utilizadas en estudios posteriores.</p>     <p>Los modelos de variedades espec&iacute;ficas calculados muestran c&oacute;mo los recursos mineros son los m&aacute;s perjudiciales para el crecimiento, lo que indica que el mecanismo de transmisi&oacute;n que explica la maldici&oacute;n de la abundancia es primordialmente el institucional. Se concluye que seguramente en el &aacute;mbito internacional coexisten efectos institucionales con din&aacute;micas de la enfermedad holandesa, aunque estas tengan una importancia relativa menor.</p>     <p>Finalmente, los recursos forestales se muestran positivamente relacionados con el crecimiento. Esta relaci&oacute;n no se hab&iacute;a encontrado previamente en la literatura con modelos internacionales consultada, por lo que vale la pena explorar m&aacute;s a fondo tal relaci&oacute;n en art&iacute;culos futuros.</p>     <p>Inspirados en los resultados anteriores y a partir de la literatura ya existente sobre el tema, es conveniente mencionar cinco implicaciones de pol&iacute;tica principales que podr&iacute;an ayudar a las naciones altamente especializadas en la extracci&oacute;n de recursos naturales:</p>     <p>1) La existencia de una relaci&oacute;n negativa entre la abundancia de recursos naturales (en particular, los mineros) y el crecimiento econ&oacute;mico implica que puede ser conveniente desplazar la fuerza productiva local hacia otros sectores. Es claro que los pa&iacute;ses que se especializan en la explotaci&oacute;n de estos recursos lo hacen debido a que en ellos tienen una ventaja comparativa frente al extranjero. Aun as&iacute;, tal como lo describen Hidalgo <i>et al</i>. (2007), las ventajas comparativas evolucionan en el tiempo, por lo que como pol&iacute;tica de largo plazo resultar&iacute;a conveniente dise&ntilde;ar mecanismos que incentiven la producci&oacute;n industrial y el sector terciario.</p>     <p>2) Ya que el mecanismo institucional parece ser el que explica los efectos encontrados, resultar&iacute;a conveniente que las econom&iacute;as especializadas en el sector minero fomenten el desarrollo de mecanismos de control social y controlen los incentivos del gasto gubernamental desmedido. Lo anterior puede alcanzarse mediante el desarrollo de una pol&iacute;tica fiscal que establezca reglas para los ingresos provenientes de los sectores extractivos. Dentro de este marco resultar&iacute;a conveniente, por ejemplo, establecer metas de equilibrio para el balance fiscal donde no se contabilicen los ingresos estatales provenientes del sector primario.</p>     <p>3) Aunque aparentemente secundarias seg&uacute;n nuestras estimaciones, las din&aacute;micas de la enfermedad holandesa siguen siendo una amenaza potencial para el crecimiento. Para lidiar con estas problem&aacute;ticas, puede ser &uacute;til establecer mecanismos regulatorios que se usar&iacute;an en casos de emergencia y que moderar&iacute;an la entrada de flujos desmedidos de divisas. En l&iacute;nea con la tendencia a favor de realizar pol&iacute;ticas contrac&iacute;clicas, tambi&eacute;n puede ser conveniente establecer fondos de estabilizaci&oacute;n para los sectores primarios. Estas estrategias contrarrestan el incentivo al sobreendeudamiento identificado por Manzano y Rigobon (2001) y mejorar&iacute;an la estabilidad de las econom&iacute;as con canastas de exportaciones altamente concentradas (Hausmann y Rigobon, 2003).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>4) La producci&oacute;n forestal, a diferencia de las otras variedades de recursos, y tal como lo evidencian Chile e Indonesia, parece ser un buen mecanismo para generar crecimiento. Aun as&iacute;, este beneficio puede ser solo aparente, teniendo en cuenta las consecuencias ambientales de fomentar este tipo de industrias, y que nuestro modelo no es capaz de capturar<sup><a name="footnote-a01-18-backlink" href="#footnote-a01-18">18</a></sup>. Cabe aclarar que la medida de abundancia forestal aqu&iacute; utilizada incluye tanto bienes maderables como no maderables (por ejemplo, caucho). Estos &uacute;ltimos corresponden a productos amigables con el medio ambiente, que podr&iacute;an ser una buena alternativa para los pa&iacute;ses en desarrollo.</p>     <p>5) Finalmente, puede ser atractivo fomentar el sector de servicios intensivos en bienes primarios, por ejemplo, el turismo ecol&oacute;gico. De esta forma se sacar&iacute;a provecho de la abundancia de estos bienes, pero de una manera alternativa. Nuestra medida de abundancia no es capaz de capturar esta forma de uso de los recursos; aun as&iacute;, la literatura muestra evidencia internacional de c&oacute;mo este tipo de producci&oacute;n puede ser favorable para el crecimiento.</p>     <p>Es importante mencionar las limitaciones de la metodolog&iacute;a utilizada. En primer lugar, un an&aacute;lisis como el que aqu&iacute; se desarrolla no da luces sobre las razones exactas que generan los diferenciales en los efectos entre variedades. Este tema se deja abierto para investigaciones posteriores, que deber&iacute;an ser seguidas de cerca por los dise&ntilde;adores de pol&iacute;tica. El presente trabajo cumple con un primer paso necesario, que consiste en mostrar que el efecto de la maldici&oacute;n no es constante entre los recursos naturales y que las particularidades de la explotaci&oacute;n de cada variedad importan al buscar una explicaci&oacute;n definitiva que sustente la relaci&oacute;n negativa entre recursos naturales y crecimiento econ&oacute;mico.</p>     <p>Otra limitaci&oacute;n importante es que se identifica una posible sobreestimaci&oacute;n de los errores est&aacute;ndar de los coeficientes en cada uno de los modelos. Esto ocurre por utilizar metodolog&iacute;as econom&eacute;tricas dise&ntilde;adas para inferir sobre poblaciones infinitas, en un caso donde la totalidad de pa&iacute;ses del mundo es un n&uacute;mero dado. En el futuro, resultar&iacute;a ventajoso integrar factores de correcci&oacute;n de poblaciones finitas al c&aacute;lculo de los errores est&aacute;ndar en las regresiones, para poder desarrollar una inferencia estad&iacute;stica m&aacute;s exacta.</p>     <p>Finalmente, se espera que el estudio del crecimiento econ&oacute;mico siga siendo uno de los temas centrales en la literatura econ&oacute;mica en los a&ntilde;os por venir. La sofisticaci&oacute;n creciente de los m&eacute;todos econom&eacute;tricos, y la aparici&oacute;n de nuevas metodolog&iacute;as permitir&aacute;n mejorar la comprensi&oacute;n de la maldici&oacute;n de los recursos naturales y los diversos determinantes que explican el crecimiento de las naciones. En cualquier caso, resulta fundamental que dichos desarrollos se traduzcan en pol&iacute;ticas efectivas para garantizar el desarrollo de las regiones m&aacute;s marginadas del mundo.</p> <hr size="1">     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><sup><a name="footnote-a01-1" href="#footnote-a01-1-backlink">1</a></sup> Para una discusi&oacute;n en detalle de cada uno de estos determinantes, v&eacute;anse Lucas (1988), Romer (1990), Schumpeter (1992), Edwards (1997), Hoeffler (2000), Acemoglu, Johnson y Robinson (2004) y Polterovich y Popov (2007).</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-2" href="#footnote-a01-2-backlink">2</a></sup> La categorizaci&oacute;n expuesta es arbitraria, aunque resulta &uacute;til para exponer este cuerpo de literatura que es de considerable magnitud. Clasificaciones alternativas son las de Lederman y Maloney (2003) y Butkiewicz y Yanikkaya (2007).</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-3" href="#footnote-a01-3-backlink">3</a></sup> A esta sucesi&oacute;n de eventos se le llama &quot;enfermedad holandesa&quot;, pues se identific&oacute; por primera vez en 1960 en los Pa&iacute;ses Bajos, donde el descubrimiento de yacimientos de gas natural tuvo efectos nocivos sobre el sector manufacturero. Una descripci&oacute;n m&aacute;s detallada de este hecho hist&oacute;rico y sus implicaciones econ&oacute;micas se encuentra en Corden y Neary (1982) y Corden (1984).</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-4" href="#footnote-a01-4-backlink">4</a></sup> Esta corriente se ha mantenido activa con los a&ntilde;os. Matsuyama (1992) modela una econom&iacute;a &uacute;nicamente con un sector agr&iacute;cola y uno manufacturero, y suponiendo menor acumulaci&oacute;n relativa de capital humano en el primero, muestra c&oacute;mo un desplazamiento hacia el sector agr&iacute;cola reduce la tasa de crecimiento total. Hidalgo, Klinger, Barabasi y Hausmann (2007) plantean que los pa&iacute;ses generan crecimiento al evolucionar en la sofisticaci&oacute;n de su producci&oacute;n, en una din&aacute;mica donde la experiencia adquirida al desarrollar un producto genera conocimiento que permite innovar y desplazar la producci&oacute;n hacia el siguiente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="footnote-a01-5" href="#footnote-a01-5-backlink">5</a></sup> Estos efectos son particularmente intensos en aquellas regiones donde ocurre una sobreexplotaci&oacute;n de los recursos ambientales. Los casos m&aacute;s relevantes son los de Bangladesh y Hait&iacute;. V&eacute;ase Barbier (1999).</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-6" href="#footnote-a01-6-backlink">6</a></sup> Con respecto al <i>voracity effect</i>, Tornell y Lane (1999) modelan una econom&iacute;a con un Estado fraccionado, compuesto de varios grupos poderosos que luchan por la apropiaci&oacute;n de los recursos p&uacute;blicos. En este marco, muestra c&oacute;mo un choque que aumente el flujo de dinero desde el extranjero puede generar un aumento m&aacute;s que proporcional en la redistribuci&oacute;n fiscal por parte del gobierno (populismo), lo cual frena el crecimiento.</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-7" href="#footnote-a01-7-backlink">7</a></sup> Autores como Gelb <i>et al</i>. (1988), Davis (1995), Isham <i>et al</i>. (2003) y Stijns (2001) han empezado a estudiar la maldici&oacute;n de recursos en variedades espec&iacute;ficas, como los recursos mineros y de plantaci&oacute;n. Aun as&iacute;, hasta donde se tiene informaci&oacute;n, este es el primer art&iacute;culo en el que se analiza puntualmente este tema mediante herramientas econom&eacute;tricas.</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-8" href="#footnote-a01-8-backlink">8</a></sup> Puntualmente, la teor&iacute;a neocl&aacute;sica considera que la tasa de crecimiento de cada pa&iacute;s depende de la distancia relativa en la que este se encuentre de su estado estacionario, por lo que incorporar en la regresi&oacute;n este t&eacute;rmino resulta fundamental. Aun cuando este elemento no sea de particular inter&eacute;s para esta investigaci&oacute;n, agregarlo al modelo es relevante para obtener estimadores consistentes de los dem&aacute;s par&aacute;metros (Bond, Hoeffler y Temple, 2001).</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-9" href="#footnote-a01-9-backlink">9</a></sup> Otras medidas alternativas son las exportaciones de recursos naturales como fracci&oacute;n del PIB total (Sachs y Warner, 1995), las exportaciones de recursos naturales como fracci&oacute;n de las exportaciones totales y las exportaciones de recursos naturales por trabajador (Lederman y Maloney, 2003).</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-10" href="#footnote-a01-10-backlink">10</a></sup> El proceso consisti&oacute; en estimar distintas versiones del modelo repetidamente, utilizando en cada caso un n&uacute;mero distinto de rezagos como instrumentos. Dos fue el m&iacute;nimo n&uacute;mero que garantiz&oacute; exogeneidad seg&uacute;n la prueba de Hansen, con lo que se maximiz&oacute; la capacidad predictiva de los instrumentos.</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-11" href="#footnote-a01-11-backlink">11</a></sup> La principal diferencia entre este indicador y las exportaciones de recursos naturales sobre el PIB, un indicador que se utiliza con m&aacute;s frecuencia en la literatura, es que nuestra medida de abundancia de recursos tiende a ubicar a pa&iacute;ses de mayor tama&ntilde;o en una posici&oacute;n superior, pues la f&oacute;rmula est&aacute; ponderada por la inversa del n&uacute;mero de trabajadores.</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-12" href="#footnote-a01-12-backlink">12</a></sup> Los c&oacute;digos SITC de los productos que forman parte de estas nuevas categor&iacute;as se encuentran a disposici&oacute;n por solicitud directa al autor.</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-13" href="#footnote-a01-13-backlink">13</a></sup> El uso de agregados quinquenales es la manera est&aacute;ndar en la literatura de verificar que los efectos encontrados no sean el resultado de din&aacute;micas c&iacute;clicas de corto plazo.</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-14" href="#footnote-a01-14-backlink">14</a></sup> Los datos calculados para la d&eacute;cada de los noventa muestran que los pa&iacute;ses que m&aacute;s aumentaron en abundancia son los petroleros. Esto se explica por la creciente exploraci&oacute;n y el r&aacute;pido aumento de los precios. Nigeria se lleva el primer puesto con un aumento de once desviaciones est&aacute;ndar. Le siguen Rusia, con ocho desviaciones est&aacute;ndar, y Arabia Saud&iacute; con cuatro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="footnote-a01-15" href="#footnote-a01-15-backlink">15</a></sup> En estad&iacute;stica existen los llamados factores de correcci&oacute;n de poblaciones finitas (FPC), que permiten corregir los errores est&aacute;ndar de algunos par&aacute;metros, en casos como el anterior. Aun as&iacute;, en la literatura consultada no se encontr&oacute; una forma clara de integrar estos elementos al an&aacute;lisis de regresi&oacute;n efectuado.</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-16" href="#footnote-a01-16-backlink">16</a></sup> Es relevante mencionar que los resultados se mantienen al usar la concentraci&oacute;n de las exportaciones en recursos naturales como medida alternativa de abundancia. Aun as&iacute;, con dicha medida la significancia estad&iacute;stica de los resultados es inferior.</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-17" href="#footnote-a01-17-backlink">17</a></sup> Todas las estimaciones se realizaron utilizando datos anuales e incluyeron la totalidad de los controles utilizados anteriormente. Tanto los signos como la significancia de los regresores adicionales se mantienen en comparaci&oacute;n con las estimaciones ya expuestas. Los errores est&aacute;ndar son robustos al utilizar la correcci&oacute;n por muestras finitas sugerida por Windmeijer (2005).</p>     <p><sup><a name="footnote-a01-18" href="#footnote-a01-18-backlink">18</a></sup> Para una discusi&oacute;n en detalle acerca de la relaci&oacute;n entre desarrollo, pobreza y medio ambiente, v&eacute;anse Heath y Binswanger (1996) y Barbier (1999).</p> <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1. ACEMOGLU, D., JOHNSON, S. y ROBINSON, J. (2004). &quot;Institutions as the fundamental cause of long-run growth&quot; (Working Papers 10481). National Bureau of Economic Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-3584201100020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. AUTY, R. M. (1998). <i>Resource abundance and economic development: Improving the performance of resource-rich countries</i>. Helsinki, UNU World Institute for Development Economics Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-3584201100020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. BANCO MUNDIAL (2009). <i>World development indicators</i>. Wold Bank, IEC information Center.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-3584201100020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. BARBIER, E. (1999). &quot;Development, poverty and environment&quot;, en <i>Handbook of Environmental and Resource Economics</i> (ch. 50). Massachusetts, Edward Elgar Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-3584201100020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. BARRO, R. (1995). <i>Inflation and economic growth</i>. Cambridge, MA, National Bureau of Economic Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-3584201100020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. BECK, T. y DEMIRGUC-KUNT, A. (2009). &quot;Financial institutions and markets across countries and over time-data and analysis&quot; (Policy Research Working Paper Series 4943). The World Bank.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-3584201100020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. BIRDSALL, N., KELLEY, A. C. y SINDING, S. W. (2001). <i>Population matters: Demographic change, economic growth, and poverty in the developing world</i>. Nueva York, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-3584201100020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. BLUNDELL, R. y BOND, S. (1998). &quot;Initial conditions and moment restrictions in dynamic panel data models&quot;, <i>Journal of Econometrics</i>, 87(1):115-143.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-3584201100020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. BOARINI, R., JOHANSSON, &Aring;. y D&#39;ERCOLE, M. M. (2006). &quot;Alternative measures of well-being&quot; (Working Papers 476). OECD, Economics Department.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-3584201100020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. BOND, S., HOEFFLER, A. y TEMPLE, J. (2001). <i>GMM estimation of empirical growth models</i>. Centre for Economic Policy Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-3584201100020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. BUTKIEWICZ, J. L. y YANIKKAYA, H. (2007). &quot;Minerals, openness, institutions and growth: An empirical analysis&quot; (Working Papers 4). University of Delaware, Department of Economics.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-3584201100020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. CASS, D. y YAARI, M. E. (1965). &quot;Individual saving, aggregate capital accumulation, and efficient growth&quot; (Discussion Papers 198). Yale University, Cowles Foundation.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-3584201100020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. CHINN, M. y ITO, H. (2008). &quot;A new measure of financial openness&quot;, <i>Journal of Comparative Policy Analysis: Research and Practice</i>, 10(3):309-322.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-3584201100020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. COLLIER, P. (2007). &quot;The bottom billion: Why the poorest countries are failing and what can be done about it&quot;, <i>Bull World Health Organ</i>, 85(11).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-3584201100020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. CORDEN, W. M. (1984). &quot;Booming sector and Dutch disease economics: Survey and consolidation&quot;, <i>Oxford Economic Papers</i>, 36(3):359-380.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-3584201100020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. CORDEN, W. M. y NEARY, J. P. (1982). &quot;Booming sector and de-industrialisation in a small open economy&quot;, <i>Economic Journal</i>, 92(368):825-848.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-3584201100020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. DAVIS, G. A. (1995). &quot;Learning to love the Dutch disease: Evidence from the mineral economies&quot;, <i>World Development</i>, 23(10):1765-1779.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-3584201100020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. DE GREGORIO, J. y GUIDOTTI, P. (1995). &quot;Financial development and economic growth&quot;, <i>World Development</i>, 23(3): 433-448.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0120-3584201100020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. EASTERLY, W. (2001). &quot;The lost decades: Developing countries&#39; stagnation in spite of policy reform 1980-1998&quot;, <i>Journal of Economic Growth</i>, 6(2):135-157.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-3584201100020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. EDWARDS, S. (1997). &quot;Openness, productivity and growth: What do we really know?&quot; (Working Papers 5978). National Bureau of Economic Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0120-3584201100020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. ENGERMANN, S. y SOKOLOFF, K. (1997). &quot;Factor endowments, institutions, and differential paths of growth among new world economies: A view from economic historians of the United States&quot;, en <i>How Latin America fell behind</i>. Stanford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-3584201100020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. FEENSTRA, R. C., LIPSEY, R. E., DENG, H., MA, A. C. y MO, H. (2005). &quot;World trade flows: 1962-2000&quot;, (Working Papers 11040). National Bureau of Economic Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-3584201100020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. GASTIL, R. (2009). <i>Freedom in the world</i>. Freedom House.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-3584201100020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. GELB, A. y ASSOCIATES (1988). <i>Oil windfalls-blessing or curse?</i> Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0120-3584201100020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. GYLFASON, T., HERBERTSSON, T. T. y ZOEGA, G. (1999). &quot;A mixed blessing&quot;, <i>Macroeconomic Dynamics</i>, 3(2):204-225.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0120-3584201100020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. HAUSMANN, R. y RIGOBON, R. (2003). &quot;An alternative interpretation of the &#39;resource curse&#39;: Theory and policy implications&quot; (Working Papers 9424). National Bureau of Economic Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0120-3584201100020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. HEATH, J. y BINSWANGER, H. (1996). &quot;Natural resource degradation effects of poverty and population growth are largely policy-induced: The case of Colombia&quot;, <i>Environment y Development Economics</i>, 1(1):65-84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0120-3584201100020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. HESTON, A., SUMMERS, R. y ATEN, B. (2009). <i>Penn World Table version 6.3</i>. University of Pennsylvania, Center for International Comparisons of Production, Income and Prices.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0120-3584201100020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. HIDALGO, C. A., KLINGER, B., BARABASI, A. L. y HAUSMANN, R. (2007). &quot;The product space conditions the development of nations&quot; (Quantitative Finance Papers 0708.2090). <a href="http://arXiv.org" target="_blank">arXiv.org</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0120-3584201100020000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. HIRSCHMAN, A. O. (1958). <i>The strategy of economic development</i>. Yale University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0120-3584201100020000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. HOEFFLER, A. E. (2000). &quot;The augmented Solow model and the African growth debate&quot; (Working Papers 36). Harvard University, Center for International Development.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0120-3584201100020000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. ISHAM, J., WOOLCOCK, M., PRITCHETT, L. y BUSBY, G. (2003). &quot;The varieties of resource experience: How natural resource export structures affect the political economy of economic growth&quot; (Working Paper Series 308). Middlebury College, Department of Economics.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0120-3584201100020000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. KOMARULZAMAN, A. y ALISJAHBANA, A. (2006). &quot;Testing the natural resource curse hypothesis in Indonesia: Evidence at the regional level&quot; (Working Papers in Economics and Development Studies 200602). Padjadjaran University, Department of Economics.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0120-3584201100020000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. KOOPMANS, T. C. (1963). &quot;On the concept of optimal economic growth&quot; (Discussion Papers 163). Yale University, Cowles Foundation.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0120-3584201100020000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. LALL, S. (2000). &quot;The technological structure and performance of developing country manufactured exports, 1985-1998&quot;, (Working Papers qehwps44). University of Oxford, Queen Elizabeth House.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0120-3584201100020000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. LALL, S., WEISS, J. y ZHANG, J. (2005). &quot;The &#39;sophistication&#39; of exports: A new measure of product characteristics&quot; (Working Papers qehwps123). University of Oxford, Queen Elizabeth House.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0120-3584201100020000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. LEDERMAN, D. y MALONEY, W. F. (2003). &quot;Trade structure and growth&quot; (Policy Research Working Paper Series 3025). World Bank.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0120-3584201100020000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. LOAYZA, N., FAJNZYLBER, P. y CALDER&Oacute;N, C. (2004). &quot;Economic growth in Latin America and the Caribbean: Stylized facts, explanations, and forecasts&quot; (Working Papers 265). Central Bank of Chile.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0120-3584201100020000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. LUCAS, R. J. (1988). &quot;On the mechanics of economic development&quot;, <i>Journal of Monetary Economics</i>, 22(1):3-42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0120-3584201100020000100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. MANZANO, O. y RIGOBON, R. (2001). &quot;Resource curse or debt overhang?&quot; (Working Papers 8390). National Bureau of Economic Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0120-3584201100020000100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. MATSUYAMA, K. (1992). &quot;A simple model of sectoral adjustment&quot;, <i>Review of Economic Studies</i>, 59(2):375-388.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0120-3584201100020000100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. MEHLUM, H., MOENE, K. O. y TORVIK, R. (2005). &quot;Cursed by resources or institutions?&quot; (Working Paper Series 5705). Norwegian University of Science and Technology, Department of Economics.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0120-3584201100020000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. MIKESELL, R. F. (1997). &quot;Explaining the resource curse, with special reference to mineral-exporting countries&quot;, <i>Resources Policy</i>, 23(4):191-199.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0120-3584201100020000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. NORMAN, C. (2009). &quot;Rule of law and the resource curse: Abundance versus intensity&quot;, <i>Environmental & Resource Economics</i>, 43(2):183-207.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0120-3584201100020000100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. NORTH, D. 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(2002). &laquo;Inflation thresholds and the finance-growth nexus&raquo;, <i>Journal of International Money and Finance</i>, 21(6):777-793.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0120-3584201100020000100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. SACHS, J. D. y WARNER, A. M. (1995). &quot;Natural resource abundance and economic growth&quot; (Working Papers 5398). National Bureau of Economic Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0120-3584201100020000100052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. SACHS, J. D. y WARNER, A. M. 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(2002). &quot;The role of human capital and population growth in R&D-based models of economic growth&quot;. Royal Economic Society Annual Conference 2002, Royal Economic Society.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0120-3584201100020000100059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. TORNELL, A. y LANE, P. (1999). &quot;Are windfalls a curse? A non-representative agent model of the current account and fiscal policy&quot; (Working Papers 4839). 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