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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Movilidad social, preferencias redistributivas y felicidad en Colombia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper evaluates the effect that income, social mobility, and social beliefs have on happiness and preferences for redistribution. Using data from the 2007 Encuesta Social y Política, the first section reveals that despite their pessimism in assessing their own mobility experiences, Colombians are quite optimistic when predicting future mobility, regardless of the income level. The second section shows that the wealthy, the highly mobile, and those who believe there is social justice are the happiest. Factors affecting subjective well-being trigger a corresponding demand for redistribution. The last section shows that the poor, the less mobile and those believing socioeconomic outcomes are unfair demand greater state intervention for redistributive matters.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Movilidad social, preferencias redistributivas  y felicidad en Colombia</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Social Mobility, Preferences for Redistribution and Happiness in Colombia</b></font></p>     <p>Juliana Londo&ntilde;o V&eacute;lez*</p>     <p>* <i>Paris School of Economics</i>. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:j.londonovelez@gmail.com"><i>j.londonovelez@gmail.com</i></a>. Agradezco a Alejandro Gaviria por su constante apoyo, a Adriana Camacho por su ayuda en la elaboraci&oacute;n de este trabajo y a los evaluadores an&oacute;nimos por sus comentarios.</p>     <p>Este art&iacute;culo fue recibido el 2 de agosto de 2011; modificado el 6 de septiembre de 2011 y, finalmente, aceptado el 12 de septiembre de 2011.</p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Este trabajo eval&uacute;a el impacto del ingreso, la movilidad social y la justicia social sobre la felicidad y la demanda de redistribuci&oacute;n. A partir de los datos de la Encuesta Social y Pol&iacute;tica de 2007 de la Universidad de los Andes e Invamer Gallup, la primera parte del trabajo revela que, a pesar del pesimismo al evaluar su propia experiencia de movilidad, los colombianos reportan ser optimistas al predecir la movilidad futura y ello independientemente del nivel socioecon&oacute;mico. La segunda parte muestra que los ricos, los m&oacute;viles con respecto a sus padres y quienes perciben que el sistema socioecon&oacute;mico es justo reportan ser m&aacute;s felices. Este efecto sobre el bienestar subjetivo afecta la demanda de pol&iacute;ticas redistributivas. En la &uacute;ltima parte se encuentra que los pobres, los pesimistas sobre la movilidad social y los que perciben que el sistema socioecon&oacute;mico es injusto son quienes demandan m&aacute;s intervenci&oacute;n del Estado con fines redistributivos.</p>     <p><b><i>Palabras clave</i>:</b> movilidad social, preferencias pol&iacute;ticas, redistribuci&oacute;n, justicia social, felicidad.</p>     <p><i>Clasificaci&oacute;n JEL</i>: D31, D63, H23, I31, J62.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Abstract</b></p>     <p>This paper evaluates the effect that income, social mobility, and social beliefs have on happiness and preferences for redistribution. Using data from the 2007 <i>Encuesta Social y Pol&iacute;tica</i>, the first section reveals that despite their pessimism in assessing their own mobility experiences, Colombians are quite optimistic when predicting future mobility, regardless of the income level. The second section shows that the wealthy, the highly mobile, and those who believe there is social justice are the happiest. Factors affecting subjective well-being trigger a corresponding demand for redistribution. The last section shows that the poor, the less mobile and those believing socioeconomic outcomes are unfair demand greater state intervention for redistributive matters.</p>     <p><b><i>Key words</i>:</b> Social mobility, political preferences, redistribution, social justice, happiness.</p>     <p><i>JEL classification</i>: D31, D63, H23, I31, J62.</p> <hr size="1">     <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>Colombia tiene una alta concentraci&oacute;n del ingreso y un bajo nivel de movilidad social<sup><a name="footnote-a06-1-backlink" href="#footnote-a06-1">1</a></sup>. Las percepciones de los colombianos sobre su situaci&oacute;n reflejan esta condici&oacute;n e inciden directamente en su felicidad y, en consecuencia, en sus preferencias redistributivas. Por esta raz&oacute;n, el an&aacute;lisis de los determinantes del apoyo a las pol&iacute;ticas redistributivas en una democracia como la colombiana requiere necesariamente de una comprensi&oacute;n de las causas y fuerzas sociales detr&aacute;s de los juicios individuales sobre la felicidad y la demanda de redistribuci&oacute;n. Tal es el objetivo del presente documento.</p>     <p>Este trabajo se ubica entre dos l&iacute;neas de investigaci&oacute;n. Una comprende el estudio de los determinantes de la &quot;felicidad&quot;<sup><a name="footnote-a06-2-backlink" href="#footnote-a06-2">2</a></sup>, que empez&oacute; con Easterlin (1974) y cuya literatura actual documenta que el efecto positivo del ingreso sobre el bienestar subjetivo puede ser neutralizado por el impacto adverso de las comparaciones sociales y la creencia de que el sistema socioecon&oacute;mico es injusto. La otra aborda los determinantes de las preferencias redistributivas. Desde el lado te&oacute;rico, Meltzer y Richard (1981), Piketty (1995) y B&eacute;nabou y Ok (2001) han realizado aportes valiosos acerca de la relaci&oacute;n entre la demanda de redistribuci&oacute;n, el ingreso y la movilidad social. M&aacute;s recientemente, estudios emp&iacute;ricos han sugerido que las creencias sobre la &quot;justicia social&quot; determinan el apoyo a las pol&iacute;ticas redistributivas. El presente trabajo sostiene que el estudio de estos fen&oacute;menos debe hacerse de manera conjunta, pues las comparaciones del ingreso, la movilidad y la justicia social que afectan el bienestar subjetivo repercuten en las decisiones individuales en general y en las actitudes hacia la redistribuci&oacute;n en particular.</p>     <p>El trabajo busca, en una primera instancia, realizar un an&aacute;lisis descriptivo de las percepciones de movilidad social. Utilizando la Encuesta Social y Pol&iacute;tica (ESP) de la Universidad de los Andes y la firma encuestadora Invamer Gallup realizada en 2007, se analiza el impacto que tienen algunas caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas sobre las percepciones de movilidad pasada y las expectativas de movilidad futura. Se encuentra que, frente al promedio latinoamericano, los colombianos son pesimistas al evaluar sus propias experiencias de movilidad; sin embargo, parad&oacute;jicamente, se revelan optimistas al augurar los niveles de movilidad futura. Adem&aacute;s, si bien la movilidad pasada est&aacute; correlacionada positivamente con el nivel de ingreso, la movilidad futura no se muestra afectada por este &uacute;ltimo.</p>     <p>En una segunda instancia, el trabajo realiza un an&aacute;lisis multivariado, utilizando un modelo <i><i>probit</i></i> binomial para estudiar el efecto de las caracter&iacute;sticas individuales, la movilidad social y las percepciones de justicia social sobre el bienestar subjetivo. Se encuentra que este &uacute;ltimo aumenta con el nivel de ingreso y la experiencia de movilidad, lo cual confirma que los ricos y quienes perciben haber mejorado en la escala social respecto a sus padres son m&aacute;s felices que quienes no disfrutan de las mismas condiciones. Adicionalmente, quienes hallan que el sistema socioecon&oacute;mico es injusto reportan una menor satisfacci&oacute;n.</p>     <p>En una tercera instancia, el trabajo utiliza el mismo modelo para estudiar el efecto que tienen estas mismas tres variables (ingreso, movilidad social y percepciones de justicia social) sobre las preferencias redistributivas individuales. De esta manera, se busca evaluar si se cumplen efectivamente la predicci&oacute;n de Meltzer y Richard (1981), seg&uacute;n la cual la demanda de redistribuci&oacute;n disminuye con el nivel de ingreso, la hip&oacute;tesis POUM de B&eacute;nabou y Ok (2001), que predice que unas altas percepciones de movilidad reducen el apoyo a la intervenci&oacute;n del Estado, y finalmente, la tesis de que la percepci&oacute;n de injusticia social provoca una demanda &quot;compensadora&quot; de redistribuci&oacute;n. Se encuentra soporte emp&iacute;rico de las tres hip&oacute;tesis pues son los pobres, los pesimistas sobre la movilidad intergeneracional y los que consideran que los resultados del mercado son injustos quienes reportan ser m&aacute;s reacios a aceptar la privatizaci&oacute;n de empresas estatales y la econom&iacute;a capitalista y, a su vez, quienes demandan un mayor nivel de redistribuci&oacute;n por parte del Estado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo que sigue del trabajo est&aacute; organizado de la siguiente manera. En la secci&oacute;n I se realiza una breve revisi&oacute;n de la literatura que se ha escrito en estas dos l&iacute;neas de investigaci&oacute;n. La secci&oacute;n II presenta una descripci&oacute;n de los datos que se utilizan en las secciones siguientes. La secci&oacute;n III establece la estrategia emp&iacute;rica del trabajo. La primera parte de la secci&oacute;n IV ofrece un an&aacute;lisis descriptivo de las percepciones de movilidad social en Colombia. Posteriormente, se estudia el impacto del nivel de ingreso, la movilidad social y la percepci&oacute;n de justicia social sobre la felicidad. La secci&oacute;n IV.C eval&uacute;a el efecto de estos mismos factores sobre las preferencias redistributivas. Finalmente, la secci&oacute;n V ofrece algunas conclusiones generales.</p>     <p><b>I. Revisi&oacute;n de la literatura</b></p>     <p>Si bien la proporci&oacute;n de ingresos asignados por el gobierno difiere ampliamente de un pa&iacute;s a otro, hay una clara tendencia creciente en los pa&iacute;ses de Europa occidental y Norteam&eacute;rica en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas (Lindert, 2004). Am&eacute;rica Latina no ha sido ajena a esta tendencia y, en particular, la experiencia colombiana muestra que el gasto social se ha incrementado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de manera sustancial (Gaviria, 2007; N&uacute;&ntilde;ez y Gonz&aacute;lez, 2006). Sin embargo, a pesar de que la literatura econ&oacute;mica ha disentido sobre las razones que explicar&iacute;an este fen&oacute;meno, varios autores han intentado probar tanto te&oacute;rica como emp&iacute;ricamente que la felicidad, las preferencias pol&iacute;ticas en general y las preferencias redistributivas en particular son factores fundamentales que intervienen cuando se le exige al Estado un mayor esfuerzo por redistribuir los recursos en la sociedad.</p>     <p>En efecto, la idea de que las preferencias sociales desempe&ntilde;an un papel fundamental al moldear las actitudes pol&iacute;ticas -y en particular aquellas sobre la redistribuci&oacute;n- tiene una larga historia en las ciencias sociales. M&aacute;s a&uacute;n, el debate sobre qu&eacute; factores afectan las preferencias sociales de los agentes se mantiene vigente. La literatura econ&oacute;mica ha ofrecido tres aproximaciones diferentes, mas no excluyentes, al respecto: el inter&eacute;s financiero personal, la perspectiva de movilidad social y la percepci&oacute;n de justicia social.</p>     <p>En cuanto a la primera, un grupo de economistas se ha concentrado en el modelo de &quot;autointer&eacute;s&quot;, que analiza la ganancia neta pecuniaria de los individuos tras una determinada pol&iacute;tica de redistribuci&oacute;n. La intuici&oacute;n b&aacute;sica es que un agente, -supuesto racional, ego&iacute;sta y maximizador del bienestar individual- apoyar&aacute; un programa de redistribuci&oacute;n X en lugar de un programa alternativo Y si y solo si sus ingresos netos son mayores en el primero que en el segundo. As&iacute;, dado que una pol&iacute;tica redistributiva implica <i>a fortiori</i> una tasa impositiva mayor para los quintiles m&aacute;s altos, el paradigma de Meltzer y Richard (1981) establece que los ricos tender&aacute;n a oponerse a ella. En general, ya que cualquier intervenci&oacute;n del Estado implica alguna forma de redistribuci&oacute;n, los ricos apoyar&aacute;n con mayor frecuencia los resultados del libre mercado.</p>     <p>En una segunda rama, Piketty (1995) asegura que la explicaci&oacute;n basada en el inter&eacute;s financiero personal resulta necesaria pero insuficiente para evaluar las preferencias redistributivas, en tanto que el efecto del ingreso no es lineal. Seg&uacute;n este autor, las preferencias de los agentes depender&iacute;an ante todo de las perspectivas de ingreso futuro, es decir, de las percepciones de movilidad social. En efecto, dado que los pobres de hoy pueden ser los ricos de ma&ntilde;ana, y viceversa, las posiciones esperadas en la escala de ingreso afectan las preferencias presentes de los individuos con respecto a las pol&iacute;ticas redistributivas.</p>     <p>Esta fue la raz&oacute;n que dio Alexis de Tocqueville, en 1835, para explicar las diferencias en las preferencias de pol&iacute;tica redistributiva entre Estados Unidos y Europa occidental. Seg&uacute;n Tocqueville, la mayor perspectiva de movilidad social en Estados Unidos, o lo que &eacute;l llam&oacute; la &quot;igualdad din&aacute;mica&quot;<sup><a name="footnote-a06-3-backlink" href="#footnote-a06-3">3</a></sup>, generaba una menor demanda de redistribuci&oacute;n que en Europa, en donde no se percib&iacute;a tanta movilidad social. Formalmente expuesto por Hirschman y Rothschild (1973) como el &quot;efecto t&uacute;nel&quot;, a dicho fen&oacute;meno B&eacute;nabou y Ok (2001) lo han llamado la hip&oacute;tesis POUM (percepci&oacute;n de movilidad ascendente, por su sigla en ingl&eacute;s). Estos &uacute;ltimos muestran que existe una serie de ingresos por debajo de la media, en donde los agentes se oponen a una redistribuci&oacute;n duradera si y solo si las expectativas de ingreso futuro son funciones crecientes y c&oacute;ncavas del ingreso actual. Esto permite explicar por qu&eacute; los quintiles de ingreso m&aacute;s bajo pueden, si tienen una expectativa de movilidad ascendente, no apoyar una determinada pol&iacute;tica de redistribuci&oacute;n, a pesar de que esta los favorezca en el presente. En este caso particular, se obtendr&iacute;a un resultado contrario al predicho por el paradigma de Meltzer y Richard, pues los pobres podr&iacute;an rechazar la redistribuci&oacute;n.</p>     <p>Finalmente, una tercera aproximaci&oacute;n encuentra que la demanda de redistribuci&oacute;n es afectada por la creencia de lo que Alesina y Angeletos (2005) acu&ntilde;an como &quot;justicia social&quot;, es decir, la percepci&oacute;n acerca de la fuente de las diferencias de los resultados socioecon&oacute;micos (m&eacute;rito frente a suerte). En efecto, quienes creen en la determinaci&oacute;n end&oacute;gena consideran que los resultados socioecon&oacute;micos son determinados por factores que est&aacute;n dentro del control individual, como el esfuerzo o la voluntad de trabajar duro. Por el contrario, quienes creen en la determinaci&oacute;n ex&oacute;gena le otorgan una mayor importancia a factores fuera del control individual, como la suerte o la falta de oportunidades.</p>     <p>Fong (2001), Alesina y Angeletos (2005) y Alesina y La Ferrara (2005) han mostrado que dichas percepciones de justicia social tienen un efecto independiente y significativo sobre las preferencias redistributivas que no puede ser explicado a trav&eacute;s del modelo de autointer&eacute;s de Meltzer y Richard ni del factor POUM. <i>Ceteris paribus</i>, si una sociedad considera que el esfuerzo individual determina la renta y que todos tenemos el derecho a gozar de los frutos de nuestro propio esfuerzo, se elegir&aacute;n niveles bajos de redistribuci&oacute;n y de impuestos. Si, en cambio, dicha sociedad cree que los antecedentes familiares u otros factores ex&oacute;genos influyen indebidamente en la posici&oacute;n de los individuos en la escala de ingresos, se favorecer&aacute; la redistribuci&oacute;n para corregir esta ventaja injusta, y ello independientemente de la riqueza individual o de las perspectivas de movilidad. En efecto, las diferencias en las percepciones sociales sobre la justicia de los resultados econ&oacute;micos y las fuentes subyacentes de desigualdad de ingresos son el factor que para Alesina y Angeletos (2005) explica las diferencias observadas en las preferencias de redistribuci&oacute;n entre Estados Unidos y Europa occidental.</p>     <p>El efecto que tienen las creencias de justicia social sobre las decisiones de pol&iacute;tica actual no se limita a la comparaci&oacute;n entre Estados Unidos y Europa. El <a href="#gra1">gr&aacute;fico 1</a>, reproducido de Alesina, Glaeser y Sacerdote (2001), presenta una correlaci&oacute;n positiva entre el porcentaje de la poblaci&oacute;n que considera que la suerte, y no el esfuerzo, determina el ingreso y el gasto social como porcentaje del PIB. Es evidente, entonces, que en los pa&iacute;ses en donde las personas creen que los factores ex&oacute;genos al esfuerzo individual son los que determinan el ingreso se exige con mayor frecuencia que el Estado compense esta injusticia social con un gasto social m&aacute;s elevado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="gra1"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06gra1.gif"></a></center></p>     <p>Recientemente, algunos autores han argumentado que el ingreso, la movilidad y la justicia social afectan las decisiones individuales en general y las actitudes hacia la redistribuci&oacute;n en particular a trav&eacute;s del impacto que ejercen sobre el bienestar subjetivo de los individuos. Intuitivamente, las preocupaciones que estos tengan por el ingreso, la movilidad social y la justicia social se reflejan en sus decisiones pol&iacute;ticas y puede provocar una demanda &quot;compensadora&quot; de redistribuci&oacute;n. As&iacute;, este trabajo parte de la hip&oacute;tesis de que una revisi&oacute;n rigurosa de los determinantes de las preferencias redistributivas exige necesariamente estudiar los factores que afectan el bienestar subjetivo de los individuos.</p>     <p>Los esfuerzos por validar emp&iacute;ricamente la existencia de este v&iacute;nculo entre felicidad y preferencias redistributivas han despertado la curiosidad de los economistas de la felicidad en los &uacute;ltimos a&ntilde;os<sup><a name="footnote-a06-4-backlink" href="#footnote-a06-4">4</a></sup>, lo cual refleja el hecho de que los datos sobre el bienestar subjetivo contienen informaci&oacute;n valiosa que complementa nuestra comprensi&oacute;n del comportamiento individual y de las preferencias redistributivas. Siguiendo esta l&iacute;nea de estudio, el presente trabajo constituye un esfuerzo por evaluar estos tres fen&oacute;menos -movilidad social, felicidad y preferencias redistributivas- de manera conjunta en Colombia. El resto de esta secci&oacute;n se dedicar&aacute; a estudiar los aportes de la econom&iacute;a de la felicidad en estos temas.</p>     <p>En la Econom&iacute;a, el primer concepto de felicidad nace con la funci&oacute;n de utilidad de los neocl&aacute;sicos en la segunda mitad del siglo XIX. Empleada religiosamente durante casi un siglo, esta funci&oacute;n describe una relaci&oacute;n positiva y lineal entre ingreso absoluto y bienestar, e inspir&oacute; las pol&iacute;ticas de crecimiento econ&oacute;mico de los Estados modernos durante d&eacute;cadas. Si bien poco se sab&iacute;a sobre los verdaderos determinantes de esta funci&oacute;n de utilidad, la noci&oacute;n de que el dinero aumenta la utilidad individual era hasta ese entonces irrefutable.</p>     <p>Inicialmente impulsada desde la Psicolog&iacute;a, la investigaci&oacute;n sobre el concepto y la medici&oacute;n de la felicidad tuvo un progreso significativo a mediados del siglo pasado<sup><a name="footnote-a06-5-backlink" href="#footnote-a06-5">5</a></sup>. Los avances en la medici&oacute;n cuantitativa del bienestar subjetivo interesaron en los setenta a algunos economistas curiosos y especialmente a Easterlin, que en 1974 realiz&oacute; el primer esfuerzo riguroso por cuantificar emp&iacute;ricamente el aporte del ingreso en el bienestar subjetivo individual. Los resultados encontrados por &eacute;l se denominaron como la &quot;paradoja de Easterlin&quot;, hoy considerada una de las piedras angulares de la literatura sobre el bienestar subjetivo en la Econom&iacute;a<sup><a name="footnote-a06-6-backlink" href="#footnote-a06-6">6</a></sup>. En efecto, su conclusi&oacute;n de que &quot;el dinero no compra felicidad&quot; inspir&oacute; una pl&eacute;tora de trabajos empe&ntilde;ados en evaluar esta parad&oacute;jica relaci&oacute;n entre ingreso y felicidad<sup><a name="footnote-a06-7-backlink" href="#footnote-a06-7">7</a></sup>.</p>     <p>La paradoja de Easterlin expone que si bien la felicidad crece con el ingreso <i>absoluto</i>, esta relaci&oacute;n sistem&aacute;tica cesa de existir despu&eacute;s de cierto umbral<sup><a name="footnote-a06-8-backlink" href="#footnote-a06-8">8</a></sup>. A partir de entonces, las consideraciones del ingreso relativo comienzan a ejercer una presi&oacute;n importante en la determinaci&oacute;n de la felicidad: al juzgar su nivel de felicidad, los individuos tienden a comparar su situaci&oacute;n actual con un patr&oacute;n de referencia o una norma (por lo general, el ingreso de los dem&aacute;s), que se deriva de su experiencia social previa o en curso. Este efecto de comparaci&oacute;n, que funciona como un deflactor del efecto positivo del ingreso absoluto sobre la felicidad, sugiere que el bienestar individual no es un sentimiento aislado, sino que depende considerablemente del entorno social del individuo<sup><a name="footnote-a06-9-backlink" href="#footnote-a06-9">9</a></sup>. As&iacute;, el ingreso de los dem&aacute;s individuos afecta directa y negativamente la satisfacci&oacute;n personal, lo que revela la importancia de las comparaciones sociales en general y la interdependencia de las preferencias individuales en particular. En palabras de John Stuart Mill, &quot;los hombres no desean ser ricos, sino m&aacute;s ricos que otros hombres&quot;.</p>     <p>El presente trabajo eval&uacute;a el efecto que tiene la comparaci&oacute;n de los individuos con respecto a dos grupos de referencia: los padres y los hijos. La teor&iacute;a predice que la utilidad que un individuo le atribuye a su ingreso presente depende positivamente de la brecha con respecto al ingreso de la generaci&oacute;n anterior (es decir, sus padres) y negativamente de la brecha con respecto a la generaci&oacute;n posterior (es decir, sus hijos). Esta comparaci&oacute;n, que pasa necesariamente por la noci&oacute;n de movilidad social intergeneracional, puede ser usada para evaluar el soporte emp&iacute;rico de la hip&oacute;tesis de la dominancia del ingreso relativo sobre el ingreso absoluto como determinantes de la felicidad<sup><a name="footnote-a06-10-backlink" href="#footnote-a06-10">10</a></sup>.</p>     <p>Finalmente, si bien psic&oacute;logos y soci&oacute;logos han recalcado que la gente es m&aacute;s feliz cuando vive (o cree vivir) en un mundo justo, la relaci&oacute;n emp&iacute;rica entre la actitud hacia la justicia distributiva y el bienestar subjetivo permanece a&uacute;n poco explorada en la literatura econ&oacute;mica. A priori, la percepci&oacute;n de una desigualdad en las oportunidades afecta negativamente la felicidad, lo que en principio favorecer&iacute;a la pol&iacute;tica redistributiva para compensar esta desigualdad (Bj&oslash;rnskov, Dreher, Fischer y Schnellenbach, 2009; Clark y D&#39;Angelo, 2009; Senik, 2005). Seg&uacute;n Biancotti y D&#39;Alessio (2007), esto puede darse porque a las personas no les gusta ver desigualdad o injusticia, pues las hace sentir mal sobre sus propias circunstancias: los relativamente pobres resienten su inferioridad econ&oacute;mica (envidia) y los relativamente ricos resienten su placer al disfrutar de los privilegios que los otros no tienen (culpa)<sup><a name="footnote-a06-11-backlink" href="#footnote-a06-11">11</a></sup>. Sin embargo, la tesis de la aversi&oacute;n pura a la desigualdad ha sido dif&iacute;cil de probar emp&iacute;ricamente y la literatura sobre la asociaci&oacute;n entre desigualdad y felicidad ha arrojado resultados ambiguos. En efecto, algunos trabajos sostienen que la felicidad aumenta con la percepci&oacute;n de desigualdad<sup><a name="footnote-a06-12-backlink" href="#footnote-a06-12">12</a></sup>. Este podr&iacute;a ser el caso de pa&iacute;ses con altos niveles de movilidad social, pues la perspectiva de movilidad ascendente (POUM) paliar&iacute;a la aversi&oacute;n de los individuos al riesgo, lo cual hace que estos se muestren tolerantes frente a la desigualdad social (e incluso &quot;amantes&quot; de ella). En la medida en que la redistribuci&oacute;n busque reducir la desigualdad, las creencias individuales sobre qu&eacute; determina la posici&oacute;n personal en la escala social afectan las preferencias de los individuos por la redistribuci&oacute;n.</p>     <p>Este trabajo se distancia de los anteriores en varios aspectos. Primero, es la primera vez que se estudia el impacto de las caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas, la movilidad social y la percepci&oacute;n de justicia social sobre la felicidad y su demanda &quot;compensadora&quot; de redistribuci&oacute;n en Colombia. En efecto, este tipo de trabajos se ha concentrado en su mayor&iacute;a en pa&iacute;ses desarrollados. A nivel metodol&oacute;gico, el presente trabajo propone un m&eacute;todo nuevo para evaluar los determinantes de las preferencias redistributivas. As&iacute;, la introducci&oacute;n de la noci&oacute;n de <i><i>clusters</i></i> de movilidad intergeneracional permite estudiar el efecto de la movilidad por grupos sobre las preferencias acerca del papel del Estado y la felicidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>II. Descripci&oacute;n de los datos</b></p>     <p>La principal fuente de datos de este trabajo es la ESP de la Universidad de los Andes y la firma encuestadora Invamer Gallup del a&ntilde;o 2007. La encuesta, compuesta de preguntas sobre percepciones y preferencias pol&iacute;ticas, fue realizada por la firma encuestadora Gallup Colombia, utilizando la metodolog&iacute;a CATI (entrevista telef&oacute;nica asistida por computador) y un muestreo aleatorio estratificado por ciudad, estrato socioecon&oacute;mico y sexo. Entre abril de 2007 y abril de 2008, se realizaron doscientas entrevistas mensuales a una poblaci&oacute;n compuesta por hombres y mujeres mayores de dieciocho a&ntilde;os, pertenecientes a todos los estratos socioecon&oacute;micos y residentes en los cuatro principales centros urbanos de Colombia: Bogot&aacute; (50%), Medell&iacute;n (20%), Cali (20%) y Barranquilla (10%)<sup><a name="footnote-a06-13-backlink" href="#footnote-a06-13">13</a></sup>. Del total de 2.400 entrevistas acumuladas, se eliminaron aquellas realizadas m&aacute;s de una vez al mismo individuo. Se obtuvo as&iacute; un total de 1.690 observaciones<sup><a name="footnote-a06-14-backlink" href="#footnote-a06-14">14</a></sup>, con un margen de error de la muestra del 2,5% y un nivel de confianza del 95%<sup><a name="footnote-a06-15-backlink" href="#footnote-a06-15">15</a></sup>.</p>     <p>El resumen de las estad&iacute;sticas descriptivas de estas variables se encuentra consignado en el <a href="#cua1">cuadro 1</a>. La variable <i>dummy</i> de los hombres identifica la presencia de un efecto de g&eacute;nero en las estimaciones. Las variables edad y edad<sup>2</sup> representan la edad de la persona y dan cuenta de una posible concavidad. El estado civil (en nivel y luego interactuado con el <i>dummy</i> de hombre) puede afectar las expectativas de ingreso futuro y, por ende, incidir en las percepciones de movilidad futura. El nivel de educaci&oacute;n<sup><a name="footnote-a06-16-backlink" href="#footnote-a06-16">16</a></sup> tambi&eacute;n afecta las expectativas de ingreso futuro, lo que incide en las percepciones de movilidad social, en la felicidad y en las preferencias redistributivas.</p>     <p>    <center><a name="cua1"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06cua1.gif"></a></center></p>     <p>El quintil de ingreso afecta las percepciones de movilidad social y, dado que incide sobre el inter&eacute;s financiero individual, act&uacute;a sobre las preferencias redistributivas y la felicidad. Sin embargo, si bien esta encuesta ofrece una caracterizaci&oacute;n socioecon&oacute;mica adecuada de cada individuo, no incluye una evaluaci&oacute;n precisa sobre el ingreso de los individuos. Por ello, la clasificaci&oacute;n por quintiles de nivel socioecon&oacute;mico se basa en preguntas sobre la tenencia de activos, de la misma forma que se realiza en Gaviria (2007). Primero, se utiliza el primer componente principal para obtener un promedio de las variables sobre tenencia de bienes durables. Luego se ordenan los encuestados con base en dicho promedio ponderado. Por &uacute;ltimo, se utiliza este ordenamiento para clasificar a los individuos en quintiles de ingreso.</p>     <p>Como se mencion&oacute; anteriormente, las comparaciones de ingreso est&aacute;n asociadas a un menor nivel de bienestar subjetivo y una mayor demanda de redistribuci&oacute;n. Idealmente, se buscar&iacute;a utilizar medidas de la percepci&oacute;n de la evoluci&oacute;n del ingreso durante la vida del encuestado, pero la ESP no incluye preguntas retrospectivas sobre perfiles de ganancias. Por tanto, este trabajo utiliza dos variables <i><i>proxy</i></i> que capturan la movilidad intergeneracional, a partir de preguntas expl&iacute;citas de este tipo, para construir las variables de las movilidades pasada y futura<sup><a name="footnote-a06-17-backlink" href="#footnote-a06-17">17</a></sup>. Esta comparaci&oacute;n con padres e hijos resulta muy oportuna para el estudio, pues la literatura ha mostrado que son este tipo de comparaciones las que afectan la felicidad y provocan la demanda de redistribuci&oacute;n<sup><a name="footnote-a06-18-backlink" href="#footnote-a06-18">18</a></sup>.</p>     <p>En la encuesta, los encuestados eval&uacute;an su propia situaci&oacute;n econ&oacute;mica en una escala de diez pelda&ntilde;os, en donde 1 significa pobre y 10 rico (v&eacute;ase el <a href="#ane">anexo</a>). Posteriormente, usando esta misma escala, los individuos ubican a sus padres y a sus hijos. De esta manera, se construyen los &iacute;ndices de movilidad pasada y futura, en donde movilidad pasada = respuesta personal - respuesta padres, y movilidad futura = respuesta hijos - respuesta personal. El <a href="#gra2">gr&aacute;fico 2</a> muestra el histograma de frecuencias relativas de las percepciones de las movilidades pasada y futura.</p>     <p>    <center><a name="gra2"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06gra2.gif"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a la percepci&oacute;n de movilidad pasada (<a href="#gra2">gr&aacute;fico 2</a>), se observa que un 37% de los colombianos reportan una experiencia de movilidad nula, es decir, que sienten no haber mejorado ni desmejorado con respecto a la situaci&oacute;n de sus padres. Un 32% considera que han logrado superar la situaci&oacute;n de sus padres, mientras que un 30% considera que hubo desmejor&iacute;a. En comparaci&oacute;n con el promedio latinoamericano, Colombia resulta particularmente pesimista al evaluar su propia experiencia de movilidad social<sup><a name="footnote-a06-19-backlink" href="#footnote-a06-19">19</a></sup> (Gaviria, 2005).</p>     <p>En cuanto a las percepciones de movilidad futura de los colombianos,  28% prev&eacute; una movilidad futura nula, es decir, que la situaci&oacute;n de riqueza de sus hijos no ser&aacute; significativamente diferente de la propia. 61% de los individuos considera que sus hijos disfrutar&aacute;n de una situaci&oacute;n m&aacute;s favorable, mientras que 11% asegura que habr&aacute; desmejor&iacute;a.</p>     <p>El optimismo colombiano respecto a las expectativas del futuro contrasta con el pesimismo a la hora de juzgar sus propias experiencias de movilidad. Mientras que dos de tres colombianos consideran que su experiencia de movilidad respecto a sus padres ha sido negativa o nula, m&aacute;s de la mitad augura resultados m&aacute;s favorables para sus hijos. Esto indica que los colombianos, al igual que los latinoamericanos (Gaviria, 2007), no consideran que sus historias de vida hayan sido un buen ejemplo de movilidad, pero s&iacute; esperan una situaci&oacute;n m&aacute;s favorable para sus hijos. As&iacute;, el optimismo acerca del futuro parece un triunfo de la esperanza sobre la experiencia.</p>     <p>A partir de las respuestas de los encuestados sobre sus experiencias y expectativas de movilidad social, se generan end&oacute;genamente tres <i>clusters</i><sup><a name="footnote-a06-20-backlink" href="#footnote-a06-20">20</a></sup> que pueden describirse de la siguiente manera: el grupo de bajo nivel de riqueza intergeneracional (la &quot;clase baja&quot;), el grupo de alta movilidad social intergeneracional (la &quot;clase media&quot;) y el grupo de alto nivel de riqueza intergeneracional (la &quot;clase alta&quot;). Con la creaci&oacute;n de dichos <i>clusters</i>, este trabajo supone que los individuos que reportaron bajos niveles de riqueza en el pasado (padres), presente (propio) y futuro (hijos) est&aacute;n correlacionados por un efecto no observado que incidir&aacute; sobre las variables dependientes de felicidad y preferencias redistributivas. Adem&aacute;s, supone que dicho efecto ser&aacute; independiente del efecto del <i>cluster</i> de quienes gozan de una alta riqueza intergeneracional (la &quot;clase alta&quot;) y de quienes gozan de una alta movilidad intergeneracional (la &quot;clase media&quot;). Por consiguiente, el prop&oacute;sito central de introducir estas variables en la especificaci&oacute;n es evaluar el efecto del <i>cluster</i> de la &quot;clase media&quot; -es decir, de quienes consideran que mejoraron significativamente con respecto a sus padres y auguran una situaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s favorable para sus hijos- sobre las preferencias redistributivas y la felicidad. Los <i>clusters</i> se presentan en el <a href="#gra3">gr&aacute;fico 3</a>.</p>     <p>    <center><a name="gra3"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06gra3.gif"></a></center></p>     <p>Las percepciones de justicia social tambi&eacute;n afectan los niveles de satisfacci&oacute;n con la vida y las preferencias redistributivas. Este trabajo utiliza tres variables de percepci&oacute;n de justicia social. Primero, con el fin de evaluar el impacto de la creencia de justicia distributiva, la variable &quot;riqueza est&aacute; distribuida injustamente&quot; se construye a partir de una pregunta que aparece expl&iacute;cita en la encuesta. Los encuestados responden a la pregunta sobre cu&aacute;n justa creen que es la distribuci&oacute;n de la riqueza en Colombia, a partir de cuatro tipos de respuestas: a) muy justa (1,53%); b) justa (10,20%); c) injusta (53,88%) y d) muy injusta (34,39%). Las respuestas se transforman en una variable binaria que toma el valor de uno si la persona considera que la riqueza se distribuye injustamente o muy injustamente, y el valor de cero en caso contrario.</p>     <p>Segundo, la variable &quot;pobreza se debe a circunstancias fortuitas&quot;, que pretende representar el efecto de la creencia sobre los factores de &eacute;xito en la vida (esfuerzo frente a suerte), se obtiene a partir una pregunta sobre si la pobreza es causada por circunstancias ajenas a la voluntad de ellos. As&iacute;, se construye una variable binaria que toma el valor de uno si el individuo considera que la pobreza se debe a circunstancias fortuitas (59,34%) y de cero si considera que la pobreza se debe a la falta de esfuerzo (40,66%).</p>     <p>Por &uacute;ltimo, la variable &quot;no es posible nacer pobre y morir rico&quot; pretende capturar la creencia de que existen oportunidades de superaci&oacute;n en la vida. Se construye a partir de las respuestas de los individuos sobre si est&aacute;n de acuerdo o en desacuerdo con la opini&oacute;n: &quot;es posible para un colombiano nacer pobre y morir rico&quot;. Las respuestas fueron transformadas en una variable <i>dummy</i> que toma el valor de uno si la persona est&aacute; en desacuerdo con esta afirmaci&oacute;n (36,53%) y de cero si est&aacute; de acuerdo con ella (63,47%).Por otra parte, la felicidad es la variable dependiente estudiada en la secci&oacute;n IV.B. Con mayor frecuencia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, los economistas utilizan medidas de bienestar subjetivo basadas en encuestas como un <i>proxy</i> emp&iacute;rico de la utilidad. En efecto, la felicidad reportada por los encuestados ha probado ser el mejor indicador de este tipo, pues detr&aacute;s de la puntuaci&oacute;n reportada por el encuestado se halla la evaluaci&oacute;n cognitiva sobre en qu&eacute; medida su calidad de vida global es juzgada de una manera favorable<sup><a name="footnote-a06-21-backlink" href="#footnote-a06-21">21</a></sup>.</p>     <p>En este trabajo, la felicidad se obtiene a partir de una pregunta expl&iacute;cita en la encuesta sobre satisfacci&oacute;n con la vida<sup><a name="footnote-a06-22-backlink" href="#footnote-a06-22">22</a></sup>. Los individuos responden a la pregunta sobre qu&eacute; tan satisfechos se sienten con sus vidas, a partir de los siguientes cuatro tipos de respuestas: a) muy satisfecho (22,39%), b) bastante satisfecho (12,98%), c) satisfecho (56,22%) y d) insatisfecho (8,40%). La variable se transforma en una variable dic&oacute;toma, que toma el valor de uno si la persona reporta estar muy satisfecha o bastante satisfecha con su vida, y el valor de cero en caso contrario<sup><a name="footnote-a06-23-backlink" href="#footnote-a06-23">23</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por &uacute;ltimo, la demanda de redistribuci&oacute;n es la variable dependiente estudiada en la secci&oacute;n IV.C. Este trabajo utiliza tres preguntas de la ESP de 2007 para construir variables <i>proxy</i> de las preferencias redistributivas de los encuestados: el rechazo a la privatizaci&oacute;n, el rechazo al capitalismo y el apoyo a las pol&iacute;ticas redistributivas.</p>     <p>La primera <i>proxy</i> se obtuvo a partir de las respuestas de los encuestados frente a la pregunta de si las privatizaciones de empresas estatales han sido beneficiosas para el pa&iacute;s, y se transformaron las respuestas en una variable dic&oacute;toma que toma el valor de uno si el individuo est&aacute; &quot;muy en desacuerdo&quot; (32,23%) o &quot;algo en desacuerdo&quot; (25,58%) y el valor de cero si est&aacute; &quot;muy de acuerdo&quot; (17,87%) o &quot;algo de acuerdo&quot; (24,33%) con la anterior afirmaci&oacute;n.</p>     <p>La segunda <i>proxy</i> se obtuvo a partir de la pregunta de si la econom&iacute;a capitalista es lo m&aacute;s conveniente para el pa&iacute;s, y se transformaron las respuestas en una variable binaria que toma el valor de uno si el individuo est&aacute; &quot;muy en desacuerdo&quot; (23,06%) o &quot;algo en desacuerdo&quot; (22,48%) y el valor de cero si est&aacute; &quot;muy de acuerdo&quot; (22,48%) o &quot;algo de acuerdo&quot; (31,98%) con la anterior afirmaci&oacute;n.</p>     <p>La &uacute;ltima <i>proxy</i> de las preferencias redistributivas se obtuvo a partir de la pregunta de si el Estado debe ocuparse prioritariamente de reducir la brecha entre ricos y pobres, y se transform&oacute; la respuesta en una variable <i>dummy</i> que toma el valor de uno si el individuo est&aacute; &quot;muy de acuerdo&quot; (56,14%) o &quot;algo de acuerdo&quot; (25,65%) y el valor de cero si est&aacute; &quot;algo en desacuerdo&quot; (9,50%) o &quot;muy en desacuerdo&quot; (8,71%).</p>     <p><b>III. Estrategia emp&iacute;rica</b></p>     <p>El modelo econom&eacute;trico de este trabajo se deriva de m&eacute;todos utilizados anteriormente con respecto a la felicidad y a las preferencias redistributivas. En una primera instancia, este trabajo busca describir las percepciones de movilidad social de los colombianos. Se utiliza el siguiente modelo econom&eacute;trico para evaluar los determinantes de las percepciones de las movilidades pasada y futura:</p>     <p>    <center><a name="ecu1"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06ecu1.gif"></a></center></p>     <p>donde <i>X</i> es una matriz de caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas, que incluye las variables edad, edad<sup>2</sup>, hombre, nivel de educaci&oacute;n, quintil de ingreso y estado civil, interactuada con la <i>dummy</i> de hombre, y e es un t&eacute;rmino de error.</p>     <p>En una segunda instancia, se pretende evaluar el impacto del ingreso, las perspectivas de movilidad y justicia social sobre, primero, la felicidad y, segundo, las preferencias redistributivas. En ambos casos, se utiliza el modelo probabil&iacute;stico siguiente:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="ecu2"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06ecu2.gif"></a></center></p>     <p>donde <i>Y</i>* es una variable que toma los valores de 1 a 4 (de mayor a menor satisfacci&oacute;n con la vida, o de menor a mayor apoyo a la redistribuci&oacute;n, respectivamente), <i>&beta;</i> es una matriz de coeficientes de la regresi&oacute;n, <i>X</i> es una matriz de variables independientes y <i>&epsilon;</i> es un t&eacute;rmino de error. Para facilitar la interpretaci&oacute;n de la magnitud de los coeficientes, se ha colapsado la variable dependiente en una variable binaria que toma el valor de uno si el individuo reporta un nivel de felicidad relativamente alto (o un apoyo a la redistribuci&oacute;n relativamente alto, respectivamente). As&iacute;, la estimaci&oacute;n se realiz&oacute; mediante un modelo <i>probit</i> binomial. No obstante, las conclusiones se mantienen con modelos de estimaci&oacute;n alternativos como el <i>probit</i> multinomial y el MCO.</p>     <p>En el primer caso, entonces, se utiliza el modelo probabil&iacute;stico (2) para evaluar los determinantes de la felicidad. Controlando por caracter&iacute;sticas individuales como el sexo, la edad y el estado civil, las variables independientes se dividen en cuatro grupos. El primero se compone de variables binarias del nivel de educaci&oacute;n de los individuos. Los tres grupos restantes corresponden a los tres grupos de variables de inter&eacute;s para este trabajo: a) el nivel de ingreso, capturado a trav&eacute;s de <i>dummies</i> de quintiles de ingreso; b) la movilidad social, con variables de experiencia y expectativa de movilidad y <i>clusters</i> de movilidad intergeneracional y c) la percepci&oacute;n de injusticia social, con <i>dummies</i> que representan si el encuestado considera que la riqueza se distribuye injustamente, que la pobreza es causada por circunstancias fortuitas y que es imposible para un colombiano nacer pobre y morir rico. As&iacute;, se busca probar si quienes reportan ser m&aacute;s felices en Colombia son: a) los m&aacute;s ricos; b) los m&aacute;s m&oacute;viles y c) los que perciben menor injusticia social.</p>     <p>En el segundo caso, se utiliza la misma regresi&oacute;n <i>probit</i> binomial en (2), empleando la preferencia redistributiva como variable dependiente. Al igual que en el caso de la felicidad, se controla por caracter&iacute;sticas individuales como el sexo, la edad y el estado civil, y las variables independientes se dividen en los mismos cuatro grupos. El primero corresponde al nivel de educaci&oacute;n y los tres grupos restantes a los tres paradigmas anteriormente mencionados, que buscan explicar los determinantes de la preferencia por la redistribuci&oacute;n: el nivel de ingreso, la movilidad social y la percepci&oacute;n de injusticia social.</p>     <p>El nivel de ingreso se incluye en el segundo grupo de variables a trav&eacute;s de los <i>dummies</i> de quintiles de ingreso. Su inclusi&oacute;n en la regresi&oacute;n busca evaluar el paradigma de Meltzer y Richard (1981), seg&uacute;n el cual la demanda de redistribuci&oacute;n (o, lo que es lo mismo, el apoyo a la intervenci&oacute;n del Estado con fines redistributivos) ser&aacute; menor entre los individuos de los quintiles m&aacute;s altos. As&iacute;, los ricos ser&aacute;n m&aacute;s propensos a apoyar la privatizaci&oacute;n y respaldar la econom&iacute;a capitalista, bajo el supuesto de que toda intervenci&oacute;n del Estado implica alguna forma de redistribuci&oacute;n.</p>     <p>El tercer grupo de variables independientes integra las percepciones sobre las experiencias de movilidad social, las expectativas de movilidad futura y las movilidades intergeneracionales. En este caso, se pretende observar si la hip&oacute;tesis POUM de B&eacute;nabou y Ok (2001) se cumple en el caso colombiano, lo que reflejar&iacute;a un balance entre los problemas de incentivos causados por impuestos m&aacute;s altos y las aspiraciones de los quintiles medios y bajos. Se esperar&iacute;a, entonces, que a mayores niveles de movilidad, mayor apoyo a la privatizaci&oacute;n y a la econom&iacute;a de mercado y menor demanda de redistribuci&oacute;n.</p>     <p>El cuarto y &uacute;ltimo grupo de variables independientes se compone de una serie de <i>dummies</i> que capturan las creencias sobre la justicia de los resultados econ&oacute;micos. Se pretende evaluar si una percepci&oacute;n de injusticia social rechaza los resultados de la privatizaci&oacute;n y la econom&iacute;a de mercado y, en compensaci&oacute;n, exige una mayor intervenci&oacute;n del Estado.</p>     <p>En s&iacute;ntesis, la secci&oacute;n IV.C busca evaluar si son los colombianos pobres, con menor movilidad y que perciben mayor injusticia, quienes se oponen a la privatizaci&oacute;n, rechazan los resultados de la econom&iacute;a de mercado y exigen una mayor funci&oacute;n redistributiva del Estado.</p>     <p><b>IV. Resultados</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>A. Los determinantes de la movilidad pasada y futura</b></p>     <p>El <a href="#cua2">cuadro 2</a> presenta los determinantes de las percepciones de las movilidades pasada y futura. En cuanto a la movilidad pasada, se obtiene una correlaci&oacute;n positiva y significativa entre esta y las mujeres casadas. Adem&aacute;s, <i>ceteris paribus</i>, a mayor nivel de ingreso, mayor percepci&oacute;n de movilidad con respecto a los padres. En efecto, quienes pertenecen a los quintiles 3, 4 y 5 reportan una mayor percepci&oacute;n de movilidad pasada que el quintil 1 (la categor&iacute;a omitida).</p>     <p>    <center><a name="cua2"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06cua2.gif"></a></center></p>     <p>Curiosamente, la movilidad futura solo parece estar afectada por la edad y el ser hombre, y est&aacute; correlacionada negativamente con ambas. As&iacute;, a mayor edad, menor la expectativa de movilidad futura, y los hombres son m&aacute;s pesimistas acerca de la situaci&oacute;n de sus hijos. Resulta interesante observar que no se puede rechazar la hip&oacute;tesis nula para las variables de estado civil, educaci&oacute;n e ingreso. Esto implica que, a la hora de predecir la movilidad futura, los colombianos son igualmente optimistas, independientemente de la riqueza, la educaci&oacute;n y el estado civil.</p>     <p>Entonces, &iquest;c&oacute;mo el ingreso, la movilidad social y las percepciones sobre justicia social pueden afectar el bienestar subjetivo de los colombianos?</p>     <p><b>B. Movilidad social y felicidad</b></p>     <p>El <a href="#cua3">cuadro 3</a> presenta los determinantes individuales de la felicidad, controlando por factores individuales como el sexo, la edad y el estado civil (no reportados). El cuadro en menci&oacute;n presenta los efectos marginales del modelo (2).</p>     <p>    <center><a name="cua3"><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06cua3.gif"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En particular, un nivel educativo m&aacute;s alto vuelve a los colombianos m&aacute;s felices. En efecto, quienes cuentan con educaci&oacute;n universitaria tienen desde un 12,4% hasta un 15,7% m&aacute;s probabilidad de reportar estar satisfechos con su vida que quienes solo han estudiado la primaria (la categor&iacute;a excluida), y el efecto positivo es significativo al 1%. Ya que el ingreso esperado en la vida aumenta con el nivel educativo, este &uacute;ltimo puede mejorar las oportunidades laborales y las perspectivas de ingreso y, en cierto grado, la felicidad.</p>     <p>En cuanto al efecto del ingreso absoluto sobre la felicidad, los resultados sugieren una clara correlaci&oacute;n positiva y significativa entre ambos. De hecho, los quintiles 2, 3, 4 y 5 declaran estar m&aacute;s satisfechos con su vida que el quintil 1 (la variable dic&oacute;toma excluida de la regresi&oacute;n) y el efecto crece con el ingreso. As&iacute;, Colombia desaf&iacute;a la imagen rom&aacute;ntica de los quintiles &quot;pobres pero felices&quot;, pues los m&aacute;s adinerados tienen casi un 25% m&aacute;s de probabilidad de ser felices que los m&aacute;s pobres. Adem&aacute;s, este efecto positivo se repite en el grupo que disfruta de una alta riqueza intergeneracional (la &quot;clase alta&quot;), es decir, en quienes reportan estar, haber estado (padres) y seguir estando en el futuro (hijos) en la parte superior de la distribuci&oacute;n. Por otra parte, es interesante observar que el efecto marginal de pertenecer a este grupo es inferior al de los quintiles de ingreso. Debido a que el <i>cluster</i> de &quot;clase alta&quot; integra tanto la noci&oacute;n de ingreso absoluto como la de ingreso relativo (pues el individuo se compara con sus padres y sus hijos), el efecto positivo del ingreso absoluto es deflactado por el efecto negativo del ingreso relativo con respecto a estas generaciones. El efecto neto permanece positivo y significativo, pero inferior.</p>     <p>Adem&aacute;s de este primer efecto deflactor del ingreso relativo, la comparaci&oacute;n con los padres (movilidad pasada) tiene un impacto positivo y significativo, cuando menos al 5%, sobre la felicidad: estar en una escala social superior a sus padres hace a los colombianos m&aacute;s felices.</p>     <p>Esto coincide con los resultados obtenidos por Clark y D&#39;Angelo (2009) y Fischer (2009), y sugiere que las comparaciones de ingreso no son un &quot;bien de lujo&quot; reservado para los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados, como algunos han afirmado. Muy por el contrario, los resultados confirman la existencia de una interdependencia en las preferencias, pues los encuestados reportan sentirse m&aacute;s satisfechos a medida que aumenta la brecha con este grupo de referencia. De lo anterior se infiere que las pol&iacute;ticas que favorecen la movilidad social pueden tener efectos muy positivos sobre el bienestar subjetivo de los colombianos.</p>     <p>Finalmente, los coeficientes negativos y significativos de las normas sociales sobre el bienestar subjetivo sugieren que, en Colombia, quienes perciben que hay injusticia social reportan ser menos felices. Este efecto perverso de las actitudes hacia la desigualdad e injusticia social coincide con Morawetz <i>et al</i>. (1977), Alwin (1987), Hagerty (1999), Schwarze y H&auml;rpfer (2002) y Bj&oslash;rnskov <i>et al</i>. (2009), y contradice los resultados obtenidos por Clark (2003) y Fischer (2009)<sup><a name="footnote-a06-24-backlink" href="#footnote-a06-24">24</a></sup>, pues controlando por la movilidad social, la percepci&oacute;n de injusticia reduce la felicidad hasta en 12,4%. M&aacute;s a&uacute;n, el efecto negativo de estas variables es m&aacute;s de cinco veces superior al efecto positivo de la movilidad pasada en valor absoluto.</p>     <p>Dado que los colombianos tienen una alta aversi&oacute;n a la desigualdad, creen que la distribuci&oacute;n del ingreso es injusta, que la pobreza es determinada ex&oacute;genamente y que las oportunidades de superaci&oacute;n son escasas, y se esperar&iacute;a que favorecieran las pol&iacute;ticas redistributivas. As&iacute;, la evaluaci&oacute;n de los determinantes de las preferencias de los colombianos por la redistribuci&oacute;n es el prop&oacute;sito de la siguiente subsecci&oacute;n.</p>     <p><b>C. Movilidad social y preferencias redistributivas</b></p>     <p>El <a href="img/revistas/dys/n68/n68a06cua4.gif" target="_blank">cuadro 4</a> presenta los determinantes de las preferencias redistributivas. Las tres variables <i>proxy</i> de la preferencia por la redistribuci&oacute;n son el rechazo a la privatizaci&oacute;n, el rechazo a la econom&iacute;a capitalista y el apoyo a la idea de que el Estado debe reducir la brecha social entre ricos y pobres. Controlando por caracter&iacute;sticas individuales tales como sexo, edad y estado civil (no reportadas), se presentan cuatro categor&iacute;as de variables independientes: a) los niveles de educaci&oacute;n; b) los niveles de ingreso; c) las movilidades pasada y futura y los <i>clusters</i> de movilidad intergeneracional y d) las percepciones de justicia social. Estas &uacute;ltimas son, en particular, la convicci&oacute;n de que la riqueza est&aacute; distribuida injustamente, la convicci&oacute;n de que la pobreza se debe a circunstancias fortuitas y la convicci&oacute;n de que es imposible nacer pobre y morir rico. El cuadro en menci&oacute;n presenta los efectos marginales del modelo (2).</p>     <p>El efecto de la educaci&oacute;n sobre las preferencias redistributivas es interesante. Por un lado, <i>ceteris paribus</i>, el nivel educativo tiene un impacto negativo sobre el rechazo a la privatizaci&oacute;n de empresas estatales, lo que implica que los m&aacute;s educados tienen un 10% m&aacute;s de probabilidad de apoyar la privatizaci&oacute;n. La magnitud de este efecto coincide con Alesina y La Ferrara (2005), y puede interpretarse como un efecto de ingreso esperado. As&iacute; pues, la educaci&oacute;n aumenta el nivel de ingreso individual, lo que sugerir&iacute;a la existencia de un v&iacute;nculo entre educaci&oacute;n, perspectiva de movilidad social y demanda de redistribuci&oacute;n. Por otro lado, sin embargo, la educaci&oacute;n aumenta el rechazo a la econom&iacute;a capitalista y fortalece el apoyo a las pol&iacute;ticas redistributivas (columnas 4-9). El efecto contradictorio de la educaci&oacute;n sobre las actitudes hacia la redistribuci&oacute;n es un resultado obtenido tambi&eacute;n por Clark y D&#39;Angelo (2009). En suma, resulta problem&aacute;tico interpretar estos efectos aparentemente opuestos a la educaci&oacute;n sobre las preferencias redistributivas, pues la direcci&oacute;n del impacto es susceptible a la definici&oacute;n que se utilice (es decir, preferencia redistributiva como rechazo a la privatizaci&oacute;n y a la econom&iacute;a capitalista o como apoyo a la reducci&oacute;n de las brechas sociales).</p>     <p>Desde la perspectiva del modelo de autointer&eacute;s de Meltzer y Richard (1981), el nivel de ingreso parecer&iacute;a, a primera vista, ser un predictor sorprendentemente pobre de las preferencias redistributivas. En efecto, no se puede rechazar la hip&oacute;tesis nula para el conjunto de las variables de los quintiles de ingreso, y esto tanto para la actitud hacia la econom&iacute;a capitalista como para la actitud hacia la reducci&oacute;n de las brechas sociales. Este resultado coincidir&iacute;a con aquellos obtenidos por Fong (2001) y contradir&iacute;a la hip&oacute;tesis de Meltzer y Richard (1981), pues las inquietudes por el costo fiscal de la redistribuci&oacute;n no parecen explicar este fen&oacute;meno. As&iacute;, el quintil de ingreso parece incidir &uacute;nicamente en la actitud hacia la privatizaci&oacute;n de empresas estatales: el quintil m&aacute;s alto tiende a tener una actitud favorable hacia ellas, un 11% m&aacute;s que el quintil m&aacute;s bajo<sup><a name="footnote-a06-25-backlink" href="#footnote-a06-25">25</a></sup>. No obstante, el <i>cluster</i> del grupo de alta riqueza intergeneracional (la &quot;clase alta&quot;) tambi&eacute;n tiene un efecto negativo y significativo sobre las actitudes hacia la privatizaci&oacute;n y la econom&iacute;a capitalista. Esto sugiere que quienes gozan de una alta riqueza intergeneracional tienden a apoyar la privatizaci&oacute;n y preferir un sistema de libre mercado con mayor frecuencia que quienes reportan bajos niveles de riqueza intergeneracional (la &quot;clase baja&quot;, el t&eacute;rmino excluido). Intuitivamente, quienes han gozado y esperan seguir gozando de un alto nivel de riqueza abogan por un Estado que no los perjudique imponiendo altos impuestos para la redistribuci&oacute;n, lo que valida parcialmente la tesis de Meltzer y Richard.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto al efecto de las percepciones de movilidad social sobre las preferencias redistributivas, el <i>cluster</i> de alta movilidad intergeneracional (la &quot;clase media&quot;) tiene un efecto negativo y significativo sobre el rechazo a la privatizaci&oacute;n y a la econom&iacute;a capitalista. En efecto, quienes disfrutan de una alta movilidad social intergeneracional tienden a apoyar la privatizaci&oacute;n de empresas estatales y favorecer los resultados del libre mercado un 7% m&aacute;s que los inm&oacute;viles (la &quot;clase baja&quot;, el t&eacute;rmino omitido). M&aacute;s a&uacute;n, el efecto negativo de los altamente m&oacute;viles es m&aacute;s de tres veces superior, en t&eacute;rminos absolutos, que el efecto positivo de la movilidad pasada frente al rechazo a la econom&iacute;a capitalista<sup><a name="footnote-a06-26-backlink" href="#footnote-a06-26">26</a></sup>. Esto parecer&iacute;a validar la hip&oacute;tesis POUM de B&eacute;nabou y Ok.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, los resultados confirman que las creencias sobre la justicia de los resultados socioecon&oacute;micos tienen un impacto considerable sobre las actitudes individuales hacia la redistribuci&oacute;n, aun controlando por las expectativas de movilidad futura. En efecto, la actitud hacia la desigualdad tiene un impacto positivo y significativo sobre las tres variables <i>proxy</i> de preferencias redistributivas: la creencia de que la riqueza se distribuye injustamente aumenta hasta en un 19% el rechazo a la privatizaci&oacute;n y a los resultados del libre mercado, pues se exige que haya una intervenci&oacute;n estatal para compensar dichas injusticias. De modo similar, la creencia de que la pobreza se determina ex&oacute;genamente aumenta la demanda redistributiva hasta en un 14,4% y el efecto es muy significativo. Finalmente, la imposibilidad de superaci&oacute;n personal aumenta el rechazo a la privatizaci&oacute;n y a la econom&iacute;a de mercado en 10,4% y 14,4%, respectivamente. Estos resultados se asimilan a aquellos encontrados por Fong (2001), Corneo y Gr&uuml;ner (2002), Alesina y La Ferrara (2005), Bj&oslash;rnskov <i>et al</i>. (2009) y Boarini y Le Clainche (2009). Cabe resaltar que el impacto de las variables de injusticia social es, en general, superior al de las variables de ingreso y los <i>clusters</i> de movilidad intergeneracional, lo que implica que los colombianos son m&aacute;s susceptibles a cambiar sus preferencias redistributivas ante la percepci&oacute;n de injusticia social.</p>     <p>Sin embargo, existe una excepci&oacute;n a este fen&oacute;meno. Si bien la variable que mide las oportunidades de superaci&oacute;n tiene el signo esperado sobre las primeras dos variables dependientes (columnas 3 y 6), reporta un efecto negativo sobre la convicci&oacute;n de que el Estado debe reducir las brechas sociales (columna 9). Esto puede deberse al hecho de que, como se mencion&oacute; anteriormente, ante la experiencia de movilidad social ascendente, la sociedad puede volverse m&aacute;s tolerante ante la percepci&oacute;n de que hay injusticia social. El coeficiente negativo y significativo de la interacci&oacute;n entre las variables de movilidad pasada y &quot;no es posible nacer pobre y morir rico&quot; confirma esta hip&oacute;tesis (no reportado).</p>     <p><b>V. Conclusiones</b></p>     <p>Los resultados expuestos en este trabajo pueden resumirse en tres conclusiones generales. Primero, los colombianos resultan bastante pesimistas a la hora de evaluar su experiencia de movilidad. En efecto, m&aacute;s de la mitad siente que su nivel de riqueza es igual o que desmejor&oacute; con respecto a la situaci&oacute;n de sus padres. Dado que esta percepci&oacute;n aumenta con el nivel socioecon&oacute;mico, particularmente son los ricos quienes reportan mayores niveles de movilidad pasada. No obstante, este pesimismo contrasta con el optimismo a la hora de prever la movilidad futura: en general, los colombianos consideran que sus hijos estar&aacute;n en una situaci&oacute;n mucho m&aacute;s favorable que la suya, y ello independientemente de su nivel de ingreso.</p>     <p>Segundo, en Colombia los ricos tienden a ser m&aacute;s felices que los pobres, y este efecto crece con el quintil de ingreso. Adem&aacute;s, la percepci&oacute;n de haber mejorado relativamente con respecto a un grupo de referencia (los padres) incide positivamente sobre el bienestar subjetivo de los individuos, lo que valida la hip&oacute;tesis de la interdependencia de las preferencias con los padres y los hijos. Por &uacute;ltimo, la creencia de que hay injusticia social est&aacute; correlacionada negativamente con la felicidad de los colombianos, y su efecto adverso sobre la satisfacci&oacute;n con la vida es mayor en valor absoluto que el efecto positivo del ingreso absoluto (quintil) y del ingreso relativo (movilidad pasada).</p>     <p>Tercero, el nivel de ingreso resulta un determinante sorprendentemente pobre de la demanda de redistribuci&oacute;n, siendo significativo en apenas uno de los tres casos estudiados. En otras palabras, no son necesariamente los colombianos pertenecientes a los quintiles m&aacute;s altos quienes tienden a apoyar sistem&aacute;ticamente la econom&iacute;a de libre mercado y rechazar las pol&iacute;ticas de redistribuci&oacute;n. Por el contrario, las preferencias redistributivas s&iacute; est&aacute;n correlacionadas con las percepciones de movilidad social y la creencia de que el orden socioecon&oacute;mico es injusto. Quienes sienten que su situaci&oacute;n ha mejorado con respecto a sus padres tienden a apoyar la privatizaci&oacute;n y la econom&iacute;a de libre mercado y a rechazar la intervenci&oacute;n del Estado en la econom&iacute;a. Por su parte, quienes perciben que los resultados socioecon&oacute;micos son injustos tienden a rechazar el libre mercado y a exigir la intervenci&oacute;n del Estado con pol&iacute;ticas redistributivas que compensen dichas injusticias, y el efecto es superior al de las otras variables. En suma, las preferencias por redistribuci&oacute;n de los colombianos responden principalmente a las creencias individuales sobre justicia distributiva y los factores de &eacute;xito en la vida. <i>Ceteris paribus</i>, quienes creen que la sociedad colombiana ofrece igualdad de oportunidades son m&aacute;s reacios a la redistribuci&oacute;n.</p>     <p>El resultado encontrado en este trabajo tiene implicaciones pol&iacute;ticas importantes. Una sociedad en donde tres de cada cuatro personas aseguran que hay desigualdad de oportunidades y en donde m&aacute;s del 85% considera que la riqueza se distribuye injustamente puede estar condenada a problemas cr&oacute;nicos que socaven sus niveles de bienestar subjetivo. Por esta y otras razones, resulta imprescindible obtener mayor informaci&oacute;n sobre la naturaleza y las causas del bienestar subjetivo en el pa&iacute;s. Como predijo Bradburn (1969) hace m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas, solo en la medida en que logremos una mayor comprensi&oacute;n de c&oacute;mo las personas construyen sus juicios sobre su propia felicidad y c&oacute;mo las fuerzas sociales est&aacute;n relacionadas con dichos juicios, estaremos en una mejor posici&oacute;n para formular y ejecutar pol&iacute;ticas sociales efectivas.</p>     <p>Finalmente, resulta interesante que no se haya podido rechazar la hip&oacute;tesis nula para la variable de movilidad futura al predecir tanto la felicidad como las preferencias redistributivas. En efecto, uno de los l&iacute;mites de este estudio es que asume un altruismo intergeneracional en la funci&oacute;n de utilidad. Sin embargo, los resultados obtenidos sugieren que tanto la felicidad como las preferencias redistributivas responden a las perspectivas de movilidad del individuo mismo y no de sus hijos. Una extensi&oacute;n del estudio ser&iacute;a entonces utilizar mediciones de movilidad intrageneracionales que arrojen luz sobre el efecto de las perspectivas de movilidad durante el transcurso de la vida del individuo.</p> <hr size="1">     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="footnote-a06-1" href="#footnote-a06-1-backlink">1</a></sup> Para una exhaustiva evaluaci&oacute;n de la distribuci&oacute;n del ingreso en Colombia en el siglo XX, v&eacute;ase Londo&ntilde;o (1995). Adem&aacute;s, Londo&ntilde;o y Sz&eacute;kely (1998), S&aacute;nchez (1998), Ocampo, S&aacute;nchez y Tovar (2000), Birchenall (2001) y Bonilla (2008) ofrecen revisiones m&aacute;s recientes de la distribuci&oacute;n del ingreso en el pa&iacute;s.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-2" href="#footnote-a06-2-backlink">2</a></sup> Este trabajo emplea los t&eacute;rminos &quot;felicidad&quot;, &quot;bienestar subjetivo&quot;, &quot;satisfacci&oacute;n&quot;, &quot;utilidad&quot; y &quot;bienestar&quot; de manera intercambiable.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-3" href="#footnote-a06-3-backlink">3</a></sup> Seg&uacute;n Tocqueville, citado en Elster (2009), la igualdad din&aacute;mica se da cuando existe un alto nivel de movilidad social de facto. As&iacute;, cuando las condiciones son casi iguales, los hombres cambian de lugar constantemente.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-4" href="#footnote-a06-4-backlink">4</a></sup> V&eacute;anse, por ejemplo, Alesina, Di Tella y MacCulloch (2004), Graham y Sukhtankar (2004), Bj&oslash;rnskov <i>et al</i>. (2009), Clark y D&#39;Angelo (2009) y Senik (2009).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-5" href="#footnote-a06-5-backlink">5</a></sup> V&eacute;ase, por ejemplo, Diener (2000) sobre la evoluci&oacute;n en la medici&oacute;n del bienestar subjetivo desde la psicolog&iacute;a positiva y su posible uso en indicadores nacionales de felicidad.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-6" href="#footnote-a06-6-backlink">6</a></sup> Para una revisi&oacute;n informativa y m&aacute;s detallada de la literatura econ&oacute;mica sobre la felicidad, v&eacute;anse Diener y Biswas-Diener (2002), Frey y Stutzer (2002), Senik (2005) y Dolan, Peasgood y White (2008).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-7" href="#footnote-a06-7-backlink">7</a></sup> Poco despu&eacute;s de que Easterlin (1974) afirmara que el ingreso absoluto no incide sobre la felicidad, Scitovsky (1976) argument&oacute; que un nivel alto de ingreso puede incluso tener efectos adversos sobre ella, al imposibilitar el placer que resulta de la satisfacci&oacute;n incompleta e intermitente de los deseos. M&aacute;s recientemente, Frank (1999) concluy&oacute; que el aumento sostenido del ingreso nada tiene que ver con la felicidad.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-8" href="#footnote-a06-8-backlink">8</a></sup> La idea de que &quot;el dinero no compra felicidad&quot; parte de la observaci&oacute;n de que, con el tiempo, la norma material sobre la cual se basa el juicio individual sobre la felicidad aumenta en la misma proporci&oacute;n que el nivel de ingreso de la sociedad (Easterlin, 1995).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-9" href="#footnote-a06-9-backlink">9</a></sup> Si bien la paradoja de Easterlin apareci&oacute; hace menos de cuatro d&eacute;cadas, la noci&oacute;n de que las comparaciones interpersonales son importantes en los juicios individuales fue constatada hace m&aacute;s de un siglo por Carlos Marx (citado en Rosdolsky, 1978). Seg&uacute;n Marx, la casa de un individuo puede ser grande o peque&ntilde;a, pero mientras las casas circundantes tengan un tama&ntilde;o similar, estas satisfar&aacute;n todos los requisitos sociales planteados para una vivienda. Pero si junto a una casa peque&ntilde;a se levanta un palacio, esta se reduce hasta convertirse en una simple choza.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-10" href="#footnote-a06-10-backlink">10</a></sup> La idea de que el ingreso relativo tiene un efecto predominante sobre la felicidad es un resultado encontrado por Guven y S&oslash;rensen (2007), en Estados Unidos, Knight, Song y Gunatilaka (2007), en China, y Graham y Pettinato (2006) en Per&uacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="footnote-a06-11" href="#footnote-a06-11-backlink">11</a></sup> No obstante, la idea de envidia y culpa como motores principales de la aversi&oacute;n a la desigualdad no ha sido un&aacute;nimemente aceptada. Otros trabajos han demostrado que la injusticia mina la felicidad debido a un sentimiento de altruismo y a un anhelo innato de justicia en los individuos.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-12" href="#footnote-a06-12-backlink">12</a></sup> V&eacute;anse, por ejemplo, Tomes (1986), Ball (2001) y Clark (2003).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-13" href="#footnote-a06-13-backlink">13</a></sup> Dadas las restricciones de edad, sexo, estrato y ciudad del muestreo, los &quot;colombianos&quot; a los que continuamente se refiere este trabajo representan un grupo m&aacute;s reducido y menos representativo que el total nacional.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-14" href="#footnote-a06-14-backlink">14</a></sup> En efecto, de los 1200 encuestados entre abril y septiembre de 2007, solo 700 fueron encuestados una segunda vez en los seis meses posteriores a la primera entrevista. As&iacute;, si bien un <i>rolling cross-section</i> no contiene datos de corte transversal, en este caso es posible tratar los datos de esta manera, pues tanto la presencia de los 1.690 encuestados como el momento en que estos fueron incluidos en el muestreo fueron determinados aleatoriamente.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-15" href="#footnote-a06-15-backlink">15</a></sup> Es necesario mencionar algunos sesgos que pueden tener los datos subjetivos en general y la ESP de 2007 en particular. Primero, las respuestas sobre privatizaciones, econom&iacute;a de mercado y papel del Estado pueden estar afectadas por un efecto de orden. Segundo, la formulaci&oacute;n de algunas preguntas en la encuesta puede generar sesgos. En la ESP el t&eacute;rmino &quot;capitalista&quot; puede implicar una carga pol&iacute;tica que sesga la interpretaci&oacute;n de las respuestas como equivalentes a estar a favor o en contra del &quot;libre mercado&quot;. Tercero, la posibilidad de que las actitudes no &quot;existan&quot; en una forma coherente resulta problem&aacute;tica, ya que los encuestados pueden ser reacios a admitir una falta de opini&oacute;n sobre la pregunta, creyendo que deben dar una respuesta al encuestador independientemente de que tengan o no una posici&oacute;n formada sobre el tema. Cuarto, la falta de respuesta a algunas preguntas puede estar correlacionada con un grupo de encuestados en particular. Por ejemplo, en la pregunta sobre capitalismo de la ESP, m&aacute;s de la mitad de quienes respondieron &quot;no sabe&quot; o &quot;no responde&quot; (7,87%) pertenece a los quintiles 1 y 2. Finalmente, la pregunta sobre felicidad es vulnerable a sesgos como querer controlar la imagen, interacciones con el encuestador, fallas de memoria o lucidez y estados de &aacute;nimo (Ardilly, 2006; Bertrand y Mullainathan, 2001; Frey y Stutzer, 2002, pp. 30-36; Senik, 2005). No obstante, estas limitaciones ata&ntilde;en a la gran mayor&iacute;a de los trabajos que utilizan datos subjetivos y no deben afectar significativamente los resultados obtenidos en este trabajo.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-16" href="#footnote-a06-16-backlink">16</a></sup> Las variables binarias de educaci&oacute;n representan el &uacute;ltimo a&ntilde;o cursado del entrevistado e incluyen tanto el nivel completo como el nivel incompleto de ese nivel escolar.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-17" href="#footnote-a06-17-backlink">17</a></sup> V&eacute;ase el anexo para la formulaci&oacute;n de las preguntas.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-18" href="#footnote-a06-18-backlink">18</a></sup> En efecto, las comparaciones con los miembros de la familia tienen un impacto importante sobre la demanda redistributiva, por encima de las comparaciones con colegas (Clark y Senik, 2009).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-19" href="#footnote-a06-19-backlink">19</a></sup> Los bajos niveles de movilidad social en Colombia respecto a otros pa&iacute;ses es un resultado tambi&eacute;n encontrado por Narayan, Pritchett y Kapoor (2009).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-20" href="#footnote-a06-20-backlink">20</a></sup> Los <i>clusters</i> de movilidad social pretenden evaluar si existe un efecto de <i>cluster</i> en la estimaci&oacute;n, es decir, un efecto no observado que es com&uacute;n a todas las unidades en el grupo y que sigue el modelo <i>y<sub>is</sub></i> = <i>x<sub>is</sub>&beta;</i> + <i>c<sub>i</sub></i> + <i>u<sub>is</sub></i>, donde <i>i</i> indica el grupo o <i>cluster</i> y <i>s</i> las unidades dentro del <i>cluster</i> (Wooldridge, 2002). En principio, la creaci&oacute;n de <i>clusters</i> de movilidad social minimiza las diferencias intragrupales y maximiza las diferencias intergrupales, suponiendo una alta correlaci&oacute;n entre las unidades de un mismo <i>cluster</i> y una relativa independencia entre los distintos <i>clusters</i>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="footnote-a06-21" href="#footnote-a06-21-backlink">21</a></sup> Al respecto, v&eacute;anse Kahneman, Diener y Schwarz (1999), Frey y Stutzer (2002) y Alesina <i>et al</i>. (2004).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-22" href="#footnote-a06-22-backlink">22</a></sup> La satisfacci&oacute;n con la vida resulta m&aacute;s apropiada como medida de bienestar subjetivo que otras medidas utilizadas en la literatura, tales como el bienestar emocional (tambi&eacute;n llamado bienestar hed&oacute;nico o felicidad experimentada). En efecto, esta medida tiene la ventaja de exhibir niveles considerables de estabilidad intrapersonal y comparabilidad interpersonal y, por tanto, puede ser empleada sin mayor obst&aacute;culo en este trabajo.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-23" href="#footnote-a06-23-backlink">23</a></sup> Intuitivamente, el estar &quot;satisfecho&quot; no deber&iacute;a tomar el valor de cero en la <i>dummy</i> de felicidad. Sin embargo, algunos trabajos sostienen que las personas que responden de esta manera no tienen claridad emocional sobre su nivel de satisfacci&oacute;n personal. Por ende, se debe incluir este tipo de respuestas como parte del valor negativo de la felicidad, sin que esto implique, necesariamente, infelicidad en ninguno de los casos (v&eacute;anse Palau, 2008 y las referencias all&iacute; citadas).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-24" href="#footnote-a06-24-backlink">24</a></sup> Estos dos autores aseguran que, en sociedades con movilidad social, los agentes tienden a tolerar con mayor frecuencia la desigualdad. Inclusive, Clark (2003) concluye que, en este tipo de sociedades, los individuos son &quot;amantes al riesgo&quot;, pues su felicidad crece con la percepci&oacute;n de desigualdad e injusticia social.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-25" href="#footnote-a06-25-backlink">25</a></sup> Nuevamente, la magnitud de este efecto coincide con Alesina y La Ferrara (2005).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-26" href="#footnote-a06-26-backlink">26</a></sup> El efecto positivo y significativo de la comparaci&oacute;n de ingreso con respecto a los padres sobre las preferencias redistributivas es un resultado obtenido tambi&eacute;n por Clark y D&#39;Angelo (2009). Estos autores interpretan este resultado, a todas luces contraintuitivo, como el hecho de que quienes consideran que han mejorado con respecto a sus padres conf&iacute;an m&aacute;s en que la inversi&oacute;n p&uacute;blica en educaci&oacute;n y salud puede catapultar a los individuos hacia una escala social m&aacute;s elevada, y por ello se muestran m&aacute;s a favor del sector p&uacute;blico.</p> <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1. ALESINA, A. y ANGELETOS, G. M. (2005). &quot;Fairness and redistribution: U. S. versus Europe&quot;, <i>American Economic Review</i>, 95(4):960-980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-3584201100020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. ALESINA, A., DI TELLA, R. y MacCULLOCH, R. (2004). &quot;Inequality and happiness: Are Europeans and Americans different?&quot;, <i>Journal of Public Economics</i>, 88:2009-2042.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-3584201100020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. ALESINA, A., GLAESER, E. y SACERDOTE, B. (2001). &quot;Why doesn&#39;t the United States have a European-style welfare state?&quot;, <i>Brookings Papers on Economic Activity</i>, 2:187-254.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-3584201100020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. ALESINA, A. y LA FERRARA, E. (2005). &quot;Preferences for redistribution in the land of opportunities&quot;, <i>Journal of Public Economics</i>, 89:897-931.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-3584201100020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. ALWIN, D. F. (1987). &quot;Distributive justice and satisfaction with material well-being&quot;, <i>American Sociological Review</i>, 52(1):83-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-3584201100020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. ARDILLY, P. (2006). <i>Les techniques de sondage</i>. Par&iacute;s, Editions Technip.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-3584201100020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. BALL, R. (2001). &quot;Incomes, inequality and happiness: New evidence&quot;, mimeograf&iacute;a, Haverford College.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-3584201100020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. B&Eacute;NABOU, R. y OK, E. A. (2001). &quot;Social mobility and the demand for redistribution: The POUM hypothesis&quot;, <i>The Quarterly Journal of Economics</i>, 116(2):447-487.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-3584201100020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. BERTRAND, M. y MULLAINATHAN, S. (2001). &quot;Do people mean what they say? Implications for subjective survey data&quot;, <i>The American Economic Review</i>, 91(2):67-72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-3584201100020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. BIANCOTTI, C. y D&#39;ALESSIO, G. (2007). &quot;Inequality and happiness&quot; (Working Paper Series 75). Ecineq.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-3584201100020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. BIRCHENALL, J. A. (2001). &quot;Income distribution, human capital and economic growth in Colombia&quot;, <i>Journal of Development Economics</i>, 66:271-287.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-3584201100020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. BJ&Oslash;RNSKOV, C., DREHER, A., FISCHER, J. y SCHNELLENBACH, J. (2009). &quot;On the relation between income inequality and happiness: Do fairness perceptions matter?&quot; (Working Paper 19494). MPRA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-3584201100020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. BOARINI, R. y LE CLAINCHE, C. (2009). &quot;Social preferences for public redistribution: An empirical investigation based on French data&quot;, <i>The Journal of Socio-Economics</i>, 38:115-128.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-3584201100020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. BONILLA, L. (2008). &quot;Diferencias regionales en la distribuci&oacute;n del ingreso en Colombia&quot; (Documentos de Trabajo sobre Econom&iacute;a Regional 108). Banco de la Rep&uacute;blica, Cartagena.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-3584201100020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. BRADBURN, N. M. (1969). <i>The structure of psycological well-being</i>. Chicago, Aldine.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-3584201100020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. CLARK, A. (2003). &quot;Inequality-aversion and income mobility: A direct test&quot;, mimeograf&iacute;a, Delta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-3584201100020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. CLARK, A. y D&#39;ANGELO, E. (2009). &quot;Upward social mobility, well-being and political preferences: Evidence from the BHPS&quot; (Working Paper 338). Universita&#39; Politecnica delle Marche.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-3584201100020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. CLARK, A. y SENIK, C. (2009). &quot;Who compares to whom? The anatomy of income comparisons in Europe&quot; (Discussion Paper 4414). IZA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-3584201100020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. CORNEO, G. y GR&Uuml;NER, H. P. (2002). &quot;Individual preferences for political redistribution&quot;, <i>Journal of Public Economics</i>, 83(1):83-107.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-3584201100020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. DIENER, E. (2000). &quot;Subjective well-being: The science of happiness and a proposal for a national index&quot;, <i>American Psychologist</i>, 55(1):34-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-3584201100020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. DIENER, E. y BISWAS-DIENER, R. (2002). &quot;Will money increase subjective well-being? A literature review and guide to needed research&quot;, <i>Social Indicators Research</i>, 57:119-169.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-3584201100020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. DOLAN, P., PEASGOOD, T. y WHITE, M. (2008). &quot;Do we really know what makes us happy? A review of economic literature on the factors associated with subjective well-being&quot;, <i>Journal of Economic Psychology</i>, 29:94-122.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-3584201100020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. EASTERLIN, R. A. (1974). &quot;Does economic growth improve the human lot? Some empirical evidence&quot;, en P. A. Reder y M. W. David (Eds.), <i>Nations and households in economic growth</i> (pp. 89-125). Nueva York, Academic Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-3584201100020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. EASTERLIN, R. A. (1995). &quot;Will raising the incomes of all increase the happiness of all?&quot;, <i>Journal of Economic Behavior and Organization</i>, 27:35-47.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-3584201100020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. ELSTER, J. (2009). <i>Alexis de Tocqueville, the first social scientists</i>. Nueva York, Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-3584201100020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. FISCHER, J. A. (2009). &quot;The welfare effects of social mobility: An analysis for OECD countries&quot; (Working Paper 17070). MPRA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-3584201100020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. FONG, C. (2001). &quot;Social preferences, self-interest and the demand for redistribution&quot;, <i>Journal of Public Economics</i>, 82(2):225-246.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-3584201100020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. FRANK, R. H. (1999). <i>Luxury fever: Why money fails to satisfy in an era of excess</i>. Nueva York, Free Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-3584201100020000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. FREY, B. S. y STUTZER, A. (2002). <i>Happiness and economics: How the economy and institutions affect well-being</i>. Princeton-Oxford, Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-3584201100020000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. GAVIRIA, A. (2005). <i>Movilidad social en Colombia: realidades y percepciones</i>. Bogot&aacute;, Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-3584201100020000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. GAVIRIA, A. (2007). &quot;Social mobility and preferences for redistribution in Latin America&quot;, <i>Econom&iacute;a</i>, 8(1):55-96.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-3584201100020000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. GRAHAM, C. y PETTINATO, S. (2006). &quot;Frustrated achievers: Winners, losers, and subjective well-being in Peru&#39;s emerging economy&quot;, <i>Annals of the American Academy of Political and Social Science</i>, 606:128-153.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-3584201100020000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. GRAHAM, C. y SUKHTANKAR, S. (2004). &quot;Does economic crisis reduce support for markets and democracy in Latin America? Some evidence from surveys of public opinion and well-being&quot;, <i>Journal of Latin American Studies</i>, 36(2):349-377.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-3584201100020000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. GUVEN, C. y S&Oslash;RENSEN, B. E. (2007). &quot;Subjective well-being: Keeping up with the Joneses. Real or perceived?&quot;, mimeograf&iacute;a, University of Houston.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-3584201100020000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. HAGERTY, M. (1999). &quot;Social comparisons of income in one&#39;s community: Evidence from national surveys of income and happiness&quot;, mimeograf&iacute;a, University of California Davis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-3584201100020000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. HIRSCHMAN, A. y ROTHSCHILD, M. (1973). &quot;The changing tolerance of income inequality in the course of economic development&quot;, <i>The Quarterly Journal of Economics</i>, 87(4):544-566.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0120-3584201100020000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. KAHNEMAN, D., DIENER, E. y SCHWARZ, N. (1999). <i>Well-being: The foundations of hedonic psychology</i>. Nueva York, Russel Sage Foundation Publications.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-3584201100020000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. KNIGHT, J., SONG, L. y GUNATILAKA, R. (2007). &quot;Subjective well-being and its determinants in rural China&quot; (Economics Discussion Paper Series 334). Oxford, University of Oxford.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0120-3584201100020000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. LINDERT, P. H. (2004). <i>Growing public: Social spending and economic growth since the eighteenth century</i>. Nueva York, Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-3584201100020000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. LONDO&Ntilde;O, J. L. (1995). <i>Distribuci&oacute;n del ingreso y desarrollo econ&oacute;mico: Colombia en el siglo XX</i>. Bogot&aacute;, Tercer Mundo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-3584201100020000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. LONDO&Ntilde;O, J. L. y SZ&Eacute;KELY, M. (1998). &quot;Sorpresas distributivas despu&eacute;s de una d&eacute;cada de reformas: Latinoam&eacute;rica en los noventa&quot;, <i>Pensamiento Iberoamericano</i>, 195-239.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-3584201100020000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. MAYRAZ, G., WAGNER, G. y SCHUPP, J. (2009). &quot;Life satisfaction and relative income: Perceptions and evidence&quot; (Discussion Paper 4390). IZA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0120-3584201100020000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. MELTZER, A. H. y RICHARD, S. F. (1981). &quot;A rational theory of the size of government&quot;, <i>Journal of Political Economy</i>, 89:914-927.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0120-3584201100020000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. MORAWETZ, D., ATIA, E., BIN-NUN, G., FELOUS, L., GARIPLERDEN, Y., HARRIS, E. <i>et al</i>. (1977). &quot;Income distribution and self-rated happiness: Some empirical evidence&quot;, <i>The Economic Journal</i>, 87:511-522.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0120-3584201100020000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. NARAYAN, D., PRITCHETT, L. y KAPOOR, S. (2009). <i>Moving out of poverty: Success from the bottom up</i> (Vol. 2). Washington, D. C., Palgrave Macmillan-World Bank.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0120-3584201100020000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. N&Uacute;&Ntilde;EZ, J. y GONZ&Aacute;LEZ, N. (2006). &quot;Colombia en el contexto de las metas del milenio: tropiezos, logros y el camino hacia adelante&quot; (Documento CEDE). Universidad de los Andes, Facultad de Econom&iacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0120-3584201100020000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. OCAMPO, J. A., S&Aacute;NCHEZ, F. y TOVAR, C. E. (2000). &quot;Mercado laboral y distribuci&oacute;n del ingreso en Colombia&quot;, <i>Revista de la Cepal</i>, 72:53-78.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0120-3584201100020000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. PALAU, M. D. (2008). &quot;Felicidad, riqueza y movilidad social en Colombia: una mirada cr&iacute;tica a las medidas subjetivas de bienestar&quot;, trabajo presentado en la LACEA/IDB/WB/UNDP, abril, Santo Domingo, Rep&uacute;blica Dominicana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0120-3584201100020000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. PIKETTY, T. (1995). &quot;Social mobility and redistributive politics&quot;, <i>The Quarterly Journal of Economics</i>, 110:551-584.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0120-3584201100020000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. ROSDOLSKY, R. (1978). <i>G&eacute;nesis y estructura de El Capital de Marx</i>. M&eacute;xico, D. F., Siglo Veintiuno Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0120-3584201100020000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. S&Aacute;NCHEZ, F. (Ed.) (1998). <i>La distribuci&oacute;n del ingreso en Colombia: tendencias recientes y retos de la pol&iacute;tica p&uacute;blica</i>. Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0120-3584201100020000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. SCHWARZE, J. y H&Auml;RPFER, M. (2002). &quot;Are people inequality-averse, and do they prefer redistribution by the State? Evidence from German longitudinal on life satisfaction&quot; (Discussion Paper 430). IZA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0120-3584201100020000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. SCITOVSKY, T. (1976). <i>The joyless economy: The psychology of human satisfaction</i>. Oxford, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0120-3584201100020000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. SENIK, C. (2005). &quot;Income distribution and subjective well-being: What can we learn from subjective data?&quot;, <i>Journal of Economic Surveys</i>, 19(1):43-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0120-3584201100020000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. SENIK, C. (2009). &quot;Income distribution and subjective happiness: A survey&quot; (Social, Employment and Migration Working Papers 96). OECD. Disponible en <a href="http://dx.doi.org/10.1787/218860720683" target="_blank"><i>http://dx.doi.org/10.1787/218860720683</i></a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0120-3584201100020000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. TOMES, N. (1986). &quot;Income distribution, happiness and satisfaction: A direct test of the interdependent preferences model&quot;, <i>Journal of Economic Psychology</i>, 7:425-446.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0120-3584201100020000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. WOOLDRIDGE, J. M. (2002). <i>Econometric analysis of cross section and panel data</i>. Cambridge, MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0120-3584201100020000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b><a name="ane">Anexo</a></b></p>     <p><b>Formulario de la Encuesta Social y Pol&iacute;tica de la Universidad de los Andes (2007)</b></p>     <p><b>Variables independientes</b></p>     <p><i>1. Movilidad pasada y futura</i></p>     <p>Imag&iacute;nese una escala de 10 pelda&ntilde;os, donde en el &quot;1&quot; se ubican las personas m&aacute;s pobres y en el &quot;10&quot; se ubican las personas con mayor riqueza:</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06anea.gif"></center></p>     <p><i>2. Riqueza est&aacute; distribuida injustamente</i></p>     <p>&iquest;De qu&eacute; manera cree usted que la riqueza est&aacute; distribuida entre los colombianos? &iquest;Cu&aacute;n justa cree usted que es la distribuci&oacute;n de la riqueza en Colombia?</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06aneb.gif"></center></p>     <p><i>3. Pobreza se debe a circunstancias fortuitas</i></p>     <p>Hay distintas opiniones sobre las causas de la pobreza en Colombia. Hay gente que opina que hay pobres porque ellos no se esfuerzan por mejorar sus condiciones de vida; otras personas opinan que hay pobres por circunstancias ajenas a la voluntad de ellos. &iquest;Cu&aacute;l de las dos opiniones se acerca m&aacute;s a su manera de pensar?</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06anec.gif"></center></p>     <p><i>4. No es posible nacer pobre y morir rico</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Est&aacute; usted de acuerdo o en desacuerdo con las siguientes opiniones:</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06aned.gif"></center></p>     <p><i>5. Tenencia de activos</i></p>     <p>&iquest;Tienen actualmente en casa?</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06anee.gif"></center></p>     <p><b>Variables dependientes</b></p>     <p><i>1. Apoyo a la privatizaci&oacute;n</i></p>     <p>Est&aacute; usted muy de acuerdo, algo de acuerdo, algo en desacuerdo, o muy en desacuerdo con la siguiente frase: Las privatizaciones de empresas estatales, es decir, las ventas de empresas del Estado al sector privado, han sido beneficiosas para el pa&iacute;s.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06anef.gif"></center></p>     <p><i>2. Apoyo al capitalismo</i></p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06anef.gif"></center></p>     <p><i>3. Estado reduce la brecha social</i></p>     <p>Est&aacute; usted muy de acuerdo, algo de acuerdo, algo en desacuerdo, o muy en desacuerdo con la siguiente frase: El Estado debe ocuparse prioritariamente de reducir las diferencias entre los ricos y los pobres.</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06anef.gif"></center></p>     <p><i>4. Felicidad</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En t&eacute;rminos generales, &iquest;qu&eacute; tan satisfecho est&aacute; usted con su vida? &iquest;Dir&iacute;a usted que est&aacute;...</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n68/n68a06aneg.gif"></center></p> </font>      ]]></body><back>
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