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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Análisis del embarazo y la maternidad durante la adolescencia: diferencias socioeconómicas]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Analysis of Teenage Pregnancy and Childbearing: Socioeconomic Differences]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Teenagers from the lowest socioeconomic level are particularly vulnerable and prone to sexual initiation and childbearing in adolescence given their individual characteristics, the context in which they live and the long term possibilities they perceive. Although the strategies and policies aimed at reducing the prevalence of pregnancy among young people under 19 should help to reduce the vulnerability of the poorest groups, they only had an effect on adolescents of higher socioeconomic level. Future interventions should not only differ by socioeconomic status, but also take into account at which point of sexual and reproductive life is the teenager.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="4">An&aacute;lisis del embarazo y la maternidad durante la adolescencia: diferencias socioecon&oacute;micas</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3">Analysis of Teenage Pregnancy and Childbearing: Socioeconomic Differences</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>Camila Galindo Pardo *</p>     <p>* Universidad de los Andes. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:cami-g954@uniandes.edu.co"><i>cami-g954@uniandes.edu.co</i></a>. Agradezco a Raquel Bernal por sus ideas y constante apoyo. Tambi&eacute;n, los comentarios y sugerencias de Carmen Elisa Fl&oacute;rez, Alejandro Gaviria y Ximena Pe&ntilde;a.</p>     <p>Este art&iacute;culo fue recibido el 17 de enero de 2012; modificado el 22 de febrero de 2012 y, finalmente, aceptado el 15 de marzo de 2012.</p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Las adolescentes m&aacute;s pobres son especialmente vulnerables y propensas a empezar su vida sexual y tener hijos en la adolescencia, dadas sus caracter&iacute;sticas individuales, el contexto en el que viven y las posibilidades futuras que perciben. Pese a que las estrategias y pol&iacute;ticas orientadas a disminuir la prevalencia del embarazo en j&oacute;venes menores de 19 a&ntilde;os deber&iacute;an contribuir a reducir la vulnerabilidad de los grupos m&aacute;s pobres, solo han tenido alg&uacute;n efecto en las adolescentes de nivel socioecon&oacute;mico m&aacute;s alto. Las intervenciones futuras no solo deber&iacute;an diferenciar por condici&oacute;n socioecon&oacute;mica, sino tambi&eacute;n tener en cuenta el punto de la vida sexual y reproductiva en que se encuentra la adolescente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>Palabras clave</i>:</b> adolescencia, fecundidad adolescente, actividad sexual, educaci&oacute;n sexual.</p>     <p>Clasificaci&oacute;n <i>JEL</i>: J13, J12, J10, I10, I20.</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     <p>Teenagers from the lowest socioeconomic level&nbsp;are particularly&nbsp;vulnerable&nbsp;and prone to&nbsp;sexual initiation&nbsp;and childbearing&nbsp;in adolescence&nbsp;given&nbsp;their individual characteristics, the context in&nbsp;which they live and&nbsp;the long term possibilities they perceive.&nbsp;Although the&nbsp;strategies and policies&nbsp;aimed at reducing&nbsp;the prevalence&nbsp;of pregnancy&nbsp;among young people&nbsp;under 19&nbsp;should help to reduce&nbsp;the vulnerability of&nbsp;the poorest groups, they&nbsp;only had&nbsp;an effect on adolescents&nbsp;of higher socioeconomic&nbsp;level.&nbsp;Future interventions&nbsp;should not only&nbsp;differ&nbsp;by socioeconomic status,&nbsp;but also take into&nbsp;account at which point&nbsp;of sexual&nbsp;and reproductive life is&nbsp;the teenager.</p>     <p><b><i>Key words</i>:</b> Adolescence, adolescent fertility, sexual activity, sexual education.</p>     <p><i>JEL</i> classification: J13, J12, J10, I10, I20.</p> <hr size="1">     <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>La maternidad y el embarazo en la adolescencia se asocian a consecuencias negativas de corto y largo plazos para las adolescentes y sus hijos en cuanto a estado de salud, formaci&oacute;n de uniones estables, acumulaci&oacute;n de capital humano y oportunidades en el mercado laboral, que llevan a perpetuar condiciones de pobreza y desigualdad. Diversos estudios (Gaviria, 2000; Barrera e Higuera, 2004; Fl&oacute;rez <i>et al</i>., 2004) han subrayado estas consecuencias negativas sobre la madre adolescente: los efectos se relacionan con menor nivel de escolaridad, probabilidad menor en 19% de participar en el mercado laboral, mayor n&uacute;mero de hijos y tambi&eacute;n probabilidad mayor de casarse m&aacute;s de una vez (N&uacute;&ntilde;ez y Cuesta, 2006).</p>     <p>Pese a que el estudio de estos efectos ha impulsado diversas estrategias para reducir la proporci&oacute;n de adolescentes madres o embarazadas en Colombia, entre 1990 y 2005 esta aument&oacute; en casi ocho puntos porcentuales, al pasar de 12,8% a 20,5% (Fl&oacute;rez y Soto, 2008). En los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, disminuy&oacute; en un punto porcentual (al pasar de 20,5% en 2005 a 19,5% en 2010), de modo que sigue estando muy por encima de la observada en 1990<sup><a name="footnote-a06-1-backlink" href="#footnote-a06-1">1</a></sup>. Este comportamiento podr&iacute;a considerarse un indicador de que las intervenciones no han sido exitosas, aunque Fl&oacute;rez y Soto (2008) se&ntilde;alan que no existen estudios que muestren el efecto de las l&iacute;neas de acci&oacute;n orientadas a la poblaci&oacute;n m&aacute;s joven en el marco de una pol&iacute;tica de salud sexual y reproductiva. Tras m&aacute;s de una d&eacute;cada de intervenciones, determinar este efecto es crucial para establecer las fortalezas de la pol&iacute;tica o, si es necesario, reformular la estrategia.</p>     <p>Existe una serie de caracter&iacute;sticas que afectan la probabilidad de quedar en embarazo o ser madre en la adolescencia. La educaci&oacute;n, el estado civil y el contexto del hogar y social en el que vive la adolescente y que afecta sus perspectivas del futuro se han reconocido como determinantes centrales del aumento observado en la d&eacute;cada de los noventa (Fl&oacute;rez y Soto, 2008). A&uacute;n m&aacute;s, se reconoce la existencia de un diferencial por nivel socioecon&oacute;mico: las adolescentes m&aacute;s pobres son m&aacute;s vulnerables en funci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas mencionadas, y tal vulnerabilidad causa que la proporci&oacute;n de embarazos y maternidad para este grupo sea la m&aacute;s alta. No obstante, entre 1995 y 2005 el crecimiento de la fracci&oacute;n de adolescentes que ya son madres o han estado embarazadas en el nivel socioecon&oacute;mico m&aacute;s alto ha sido mayor que el de las m&aacute;s pobres. Seg&uacute;n Fl&oacute;rez y Soto (2008), para las m&aacute;s pobres (ricas) la fracci&oacute;n de adolescentes que ya son madres o est&aacute;n embarazadas al momento de la encuesta en 2005 es 1,2 (5) veces la observada en 1995. En el mismo sentido, el <a href="#cua1">cuadro 1</a> muestra que el crecimiento de la proporci&oacute;n de adolescentes que han estado embarazadas o han tenido hijos entre 2010 y 1995 ha sido m&aacute;s alto para las m&aacute;s ricas: la proporci&oacute;n en este quintil en 2010 es 1,29 veces la observada en 1995, frente a 1,09 para las m&aacute;s pobres. Este comportamiento ha sido la principal motivaci&oacute;n para intentar establecer diferencias en niveles y retornos a los diferentes determinantes por grupos definidos seg&uacute;n el nivel socioecon&oacute;mico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="cua1"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua1.gif"></a></center></p>     <p>El objetivo de este trabajo es determinar si existen diferencias significativas en las dotaciones y retornos de las caracter&iacute;sticas entre las adolescentes de quintiles m&aacute;s altos y m&aacute;s bajos que expliquen las diferencias observadas en la proporci&oacute;n de adolescentes alguna vez embarazadas para el 2010<sup><a name="footnote-a06-2-backlink" href="#footnote-a06-2">2</a></sup>. Al contrario de los estudios previos, este documento utiliza una estrategia que permite analizar diferencias en retornos a las caracter&iacute;sticas y no solo en dotaciones, que a su vez permite determinar cu&aacute;les importan m&aacute;s estad&iacute;sticamente para cada nivel socioecon&oacute;mico. A su vez, se corrige el sesgo de selecci&oacute;n por la decisi&oacute;n de iniciar la vida sexual durante la adolescencia por medio del mecanismo de correcci&oacute;n de Heckman (1979). Con esta estrategia se analizan varias etapas de la vida sexual y reproductiva de la adolescente: la decisi&oacute;n de comenzar la vida sexual y la edad a la que se tiene la primera relaci&oacute;n, seguida de la probabilidad de tener un embarazo y la edad al primer hijo. Para las variables dependientes continuas se estim&oacute; un modelo de Heckman tradicional (en el que la ecuaci&oacute;n principal es continua), mientras que para las dependientes discretas se utiliz&oacute; un probit bivariado con observabilidad parcial.</p>     <p>La Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y Salud (ENDS) 2010, que se analiz&oacute; en este documento, incluye por primera vez un m&oacute;dulo detallado de educaci&oacute;n sexual para las mujeres menores de 25 a&ntilde;os. A diferencia de los estudios previos (Barrera e Higuera, 2004; Fl&oacute;rez y Soto, 2008; Gaviria, 2000), este documento a&ntilde;ade como variables explicativas el n&uacute;mero de instancias de educaci&oacute;n sexual a las que ha asistido la adolescente y la calidad de los componentes educativos tales como autoestima, toma de decisiones, liderazgo, planeaci&oacute;n de vida, conocimiento de m&eacute;todos y enfermedades de transmisi&oacute;n sexual y derechos sexuales y reproductivos, entre otras. Las diferencias en los efectos por etapas y entre niveles socioecon&oacute;micos buscan establecer si las intervenciones en materia de educaci&oacute;n sexual han afectado de forma diferencial por nivel de riqueza o si, por el contrario, tienen un efecto independiente. En particular, se encuentra que la educaci&oacute;n sexual ha afectado primordialmente a las adolescentes de los quintiles m&aacute;s altos, mientras que las de los quintiles m&aacute;s bajos siguen siendo vulnerables y dependen principalmente de sus niveles educativos, contextos familiares y sociales.</p>     <p>El documento est&aacute; organizado en seis secciones. La secci&oacute;n I presenta la literatura en t&eacute;rminos de consecuencias, determinantes y pol&iacute;ticas de educaci&oacute;n sexual en Colombia. En la secci&oacute;n II se describen los datos y variables utilizadas en la estimaci&oacute;n. En la secci&oacute;n III se explica el marco te&oacute;rico a partir del cual se analiza el comienzo de las relaciones sexuales y el embarazo en la adolescencia, y la IV describe la estrategia econom&eacute;trica. Los resultados se presentan en la secci&oacute;n cinco, y por &uacute;ltimo, en la seis se presentan las conclusiones y se discuten algunas recomendaciones.</p>     <p><b>I.	Revisi&oacute;n de la literatura</b></p>     <p>Un embarazo en la adolescencia afecta negativamente la acumulaci&oacute;n de capital humano y la posibilidad de acceder a mejores trabajos, lo que impide salir de la trampa de pobreza y aumenta la desigualdad (Gaviria, 2000; Barrera e Higuera, 2004; Fl&oacute;rez <i>et al</i>., 2004)<sup><a name="footnote-a06-3-backlink" href="#footnote-a06-3">3</a></sup>. Seg&uacute;n estad&iacute;sticas de la Unicef (2009), las muertes relacionadas con el embarazo y el parto son la principal causa de mortalidad de mujeres entre 15 y 19 a&ntilde;os en todo el mundo. Asimismo, un hijo de una madre menor de 18 a&ntilde;os tiene un 60% m&aacute;s de probabilidad de morir en el primer a&ntilde;o de vida que uno de una madre mayor de 20 a&ntilde;os. A su vez, una madre adolescente se ve obligada a asumir responsabilidades que la presionan a entrar en el mercado laboral y abandonar sus estudios, especialmente si cuenta con pocos recursos econ&oacute;micos.</p>     <p>En este sentido, N&uacute;&ntilde;ez y Cuesta (2006) encuentran que los efectos de haber sido madre adolescente se relacionan con menores a&ntilde;os de educaci&oacute;n, una probabilidad menor en 19% de participar en el mercado laboral y un mayor n&uacute;mero de hijos. A su vez, los autores se&ntilde;alan que tienden a formar uniones inestables, dado que tienen una probabilidad de 2,2% de casarse m&aacute;s de una vez. Sin embargo, al no contar con datos de tipo longitudinal, los resultados pueden variar seg&uacute;n las estrategias utilizadas. Entre estas se encuentran variables instrumentales como la edad de la primera menstruaci&oacute;n o experimentos naturales que comparan hermanas o adolescentes que han experimentado una p&eacute;rdida y qui&eacute;nes han llevado el embarazo a t&eacute;rmino (Fletcher y Wolfe, 2008; Geronimus y Korenman, 1992). Por ejemplo, Fletcher y Wolfe (2008) encuentran que un embarazo en la adolescencia disminuye la probabilidad de graduarse y afecta negativamente los salarios. Sin embargo, Fletcher (2011) afirma que el evento de un embarazo en la adolescencia puede tener efectos positivos al reducir comportamientos riesgosos. Por otra parte, como alternativa a los datos longitudinales, Urdinola y Ospino (2007) construyen un pseudopanel con las Encuestas de Demograf&iacute;a y Salud posteriores a 1990 y sostienen que no hay evidencia para asegurar que las madres adolescentes se encuentran peor que las que decidieron postergar la maternidad en t&eacute;rminos laborales, aunque s&iacute; existen diferencias en estado civil y estado de salud<sup><a name="footnote-a06-4-backlink" href="#footnote-a06-4">4</a></sup>.</p>     <p>Los resultados negativos sobre las posibilidades econ&oacute;micas futuras de las madres adolescentes han motivado un conjunto de reformas y estrategias orientadas a reducir el embarazo adolescente. En primer lugar, la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 se&ntilde;ala los derechos fundamentales que se relacionan directamente con la salud sexual y reproductiva<sup><a name="footnote-a06-5-backlink" href="#footnote-a06-5">5</a></sup>. La Ley 100 de 1993, que defini&oacute; al Sistema General de Seguridad Social de Salud (SGSSS), estableci&oacute; un plan de atenci&oacute;n b&aacute;sica que incluye un componente de planificaci&oacute;n familiar y la detecci&oacute;n a tiempo y el control de enfermedades de transmisi&oacute;n sexual. M&aacute;s recientemente, el Conpes<sup><a name="footnote-a06-6-backlink" href="#footnote-a06-6">6</a></sup> estableci&oacute; como meta para el 2015 disminuir la proporci&oacute;n de adolescentes que han sido madres o est&aacute;n en embarazo a cerca de un 15%, similar a la observada en 1990.</p>     <p>En lo relativo a educaci&oacute;n sexual, Schettini (2010) distingue tres enfoques: programas de educaci&oacute;n sexual con un enfoque de abstinencia, educaci&oacute;n sexual con enfoque de contracepci&oacute;n y programas con un componente de educaci&oacute;n sexual, entre muchos otros. Estos &uacute;ltimos incorporan la noci&oacute;n de que los comportamientos riesgosos que adoptan los adolescentes est&aacute;n determinados en parte por el conocimiento de m&eacute;todos anticonceptivos y del riesgo de embarazo. Las perspectivas futuras, el desempe&ntilde;o acad&eacute;mico, la autoestima o la relaci&oacute;n con los padres se reconocen como factores que tambi&eacute;n afectan el comportamiento sexual y reproductivo. La efectividad de cada enfoque depende del contexto y de la correcta ejecuci&oacute;n del programa; sin embargo, una de las estrategias m&aacute;s exitosas ha sido mejorar las perspectivas futuras y objetivos de las adolescentes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El Ministerio de Educaci&oacute;n Nacional de Colombia estableci&oacute; que la educaci&oacute;n sexual deb&iacute;a ser de car&aacute;cter obligatorio en escuelas y colegios, por medio de la construcci&oacute;n de planes educativos para j&oacute;venes y docentes<sup><a name="footnote-a06-7-backlink" href="#footnote-a06-7">7</a></sup>. As&iacute; las cosas, se formul&oacute; el Proyecto Nacional de Educaci&oacute;n Sexual (PNES), que se caracteriz&oacute; por definir la educaci&oacute;n sexual en el marco de un plan de estudios a partir del tercer grado de primaria. La Ley General de Educaci&oacute;n, Ley 115 de 1994, ratifica la obligatoriedad de la ense&ntilde;anza sobre salud sexual y reproductiva en las instituciones educativas, se&ntilde;ala la importancia de promover una sexualidad sana en torno de la promoci&oacute;n de la autoestima, el respeto y la creaci&oacute;n de una identidad sexual.</p>     <p>El Programa de Educaci&oacute;n Sexual y Construcci&oacute;n de Ciudadan&iacute;a, impulsado por el Ministerio de Educaci&oacute;n Nacional y el Fondo de Poblaci&oacute;n de las Naciones Unidas (UNFPA) a partir de 2006, tuvo como objetivo propiciar proyectos pedag&oacute;gicos que promovieran el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos en los adolescentes. Seg&uacute;n la Defensor&iacute;a del Pueblo, Profamilia y la Organizaci&oacute;n Internacional para las Migraciones (2007), estos derechos &quot;comprenden la capacidad de mujeres y hombres de expresar y disfrutar de forma aut&oacute;noma y responsable de su sexualidad, sin riesgo de enfermedades trasmitidas sexualmente, embarazos no deseados, coerci&oacute;n, violencia y discriminaci&oacute;n&quot; (p. 23). A su vez, propone orientarse a desarrollar competencias que promuevan el conocimiento de m&eacute;todos de planificaci&oacute;n familiar, la capacidad de negociaci&oacute;n con la pareja, igualdad de g&eacute;nero, comunicaci&oacute;n y toma de decisiones reproductivas, entre otras. Hasta el momento, los indicadores de fecundidad hab&iacute;an sido el insumo principal para determinar el efecto de este tipo de intervenciones sobre el comportamiento sexual y el embarazo en la adolescencia, a causa de la falta de informaci&oacute;n en las principales encuestas. La ENDS del 2010 incluye por primera vez un m&oacute;dulo detallado de educaci&oacute;n sexual, que se usa en este documento, que cuenta con informaci&oacute;n sobre los principales &aacute;mbitos, componentes y calidad de la educaci&oacute;n que ha recibido la adolescente.</p>     <p>Pese a tales esfuerzos, las tendencias de la fecundidad adolescente ven&iacute;an en aumento desde la d&eacute;cada de los noventa. Mientras que pa&iacute;ses como Bolivia y Guatemala han presenciado un descenso en la &uacute;ltima d&eacute;cada (Fl&oacute;rez y Soto, 2007b), en Colombia se hab&iacute;a evidenciado un comportamiento creciente. Entre 1990 y 2005 la proporci&oacute;n de madres adolescentes o embarazadas en Colombia aument&oacute; un 60%, al pasar de 12,8% en 1990, 19,1% en el 2000 hasta 20,5% en el 2005 (Fl&oacute;rez y Soto, 2008). Por el contrario, usando los datos de la ENDS m&aacute;s reciente, para el 2010 se observa una ca&iacute;da en un punto porcentual, al pasar a un 19,5%, pero esta proporci&oacute;n sigue siendo alta, comparada con la observada en 1990.</p>     <p>Este aumento durante los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os no ha sido homog&eacute;neo entre los quintiles de ingreso. En primer lugar, en todos los per&iacute;odos la proporci&oacute;n de adolescentes embarazadas en los quintiles m&aacute;s pobres supera a la observada en los quintiles m&aacute;s ricos. Por ejemplo, para el 2005 la proporci&oacute;n de adolescentes embarazadas en el quintil m&aacute;s pobre fue 31,5%, frente a un 10,7% en el quintil m&aacute;s rico. Sin embargo, los quintiles m&aacute;s altos presentan mayor cambio porcentual en la fracci&oacute;n de madres adolescentes entre 1995 y 2005; la proporci&oacute;n de adolescentes embarazadas en el 2005 en el quintil m&aacute;s alto es cinco veces la observada en 1995, frente a 1,2 veces para el quintil m&aacute;s pobre (Fl&oacute;rez y Soto, 2008). Para el 2010, se observa una disminuci&oacute;n para todos los niveles socioecon&oacute;micos, pero esta es mayor entre los quintiles m&aacute;s bajos al pasar a una proporci&oacute;n de 28,9, frente a 7,4 en el quintil alto.</p>     <p>Este comportamiento no solo evidencia que la condici&oacute;n socioecon&oacute;mica es un predictor importante de la probabilidad de ser madre o quedar en embarazo en la adolescencia, sino que muestra que es necesario analizar los posibles determinantes de forma diferencial de modo que las intervenciones de pol&iacute;tica se orienten de forma m&aacute;s efectiva. Autores como Gaviria (2000), Vargas y Barrera (2002) y Fl&oacute;rez y Soto (2008) subrayan que el contexto en el que se desenvuelve la adolescente afecta sus perspectivas de vida, de las cuales depende la decisi&oacute;n de postergar o no la actividad reproductiva. Las adolescentes m&aacute;s pobres asocian el embarazo a una alternativa de vida que, adem&aacute;s de otorgar el estatus de adulto y permitir acceder a posibles beneficios, puede ser m&aacute;s ventajoso a corto plazo frente a otras alternativas como permanecer en el sistema educativo. Al respecto, Fl&oacute;rez y Soto (2008) se&ntilde;alan que las adolescentes pobres ven en el embarazo una posibilidad de realizaci&oacute;n personal, mientras que las m&aacute;s ricas postergan sus decisiones de maternidad para continuar con su trayectoria educativa y profesional.</p>     <p>En un estudio sobre los determinantes del embarazo en la adolescencia para las zonas urbanas de Paraguay y Per&uacute;, N&auml;slund-Hadley y Binstock (2010) encuentran que las adolescentes que enfrentan mayores obst&aacute;culos y tienen menores posibilidades son las m&aacute;s propensas a ser madres en la adolescencia. Los autores se&ntilde;alan que las estrategias que buscaran disminuir el embarazo en la adolescencia deber&iacute;an ofrecer educaci&oacute;n sexual de buena calidad, pero primordialmente orientar a las adolescentes en el cumplimiento de sus objetivos de vida.</p>     <p>El efecto de los costos y beneficios esperados a corto y a largo plazo, asociado a las decisiones reproductivas de las adolescentes, ha sido estudiado por varios autores. En el caso colombiano, Cort&eacute;s, Gallego, Latorre, Maldonado y Orteg&oacute;n, (2010) analizan si los programas Subsidios Educativos y Familias en Acci&oacute;n han tenido alg&uacute;n efecto sobre el embarazo en la adolescencia en Bogot&aacute;. Los autores encuentran que el programa Subsidios Educativos s&iacute; reduce el embarazo en la adolescencia, mientras que Familias en Acci&oacute;n no tiene ning&uacute;n efecto. De acuerdo con ellos, estas diferencias en los efectos se atribuyen a las caracter&iacute;sticas de cada programa: mientras que el subsidio de Familias en Acci&oacute;n se otorga condicionado a asistencia escolar, Subsidios Educativos se condiciona a asistencia y rendimiento acad&eacute;micos.</p>     <p>Para los Estados Unidos, Duncan y Hoffman (1990) estiman el efecto de factores econ&oacute;micos sobre el embarazo adolescente, medidos como el acceso a beneficios estatales y la percepci&oacute;n de oportunidades econ&oacute;micas futuras. Aunque los beneficios estatales no tienen un efecto significativo, las oportunidades econ&oacute;micas en funci&oacute;n de salarios esperados y oportunidades laborales s&iacute; importan en la decisi&oacute;n de ser madre adolescente. As&iacute;, concluyen que &quot;las mujeres que tienen menos que perder son las m&aacute;s propensas a tener hijos durante su adolescencia&quot; (p. 15). Lundberg y Plotnick (1995) encuentran que los efectos de variables que reflejan costos de corto plazo (acceso a m&eacute;todos de planificaci&oacute;n familiar y la posibilidad de abortar) y de largo plazo (el acceso a subsidios estatales) son importantes y corroboran que la decisi&oacute;n de ser madre adolescente s&iacute; puede obedecer a un comportamiento racional.</p>     <p>Fl&oacute;rez y Soto (2008) realizan un an&aacute;lisis descriptivo de la tendencia de la fecundidad adolescente en Colombia desagregando por quintil de riqueza, y se centran espec&iacute;ficamente en la condici&oacute;n de pobreza. Como determinantes de los diferenciales se&ntilde;alan los niveles de educaci&oacute;n, la edad de la primera relaci&oacute;n sexual, el acceso a los m&eacute;todos de planificaci&oacute;n familiar, el desconocimiento del per&iacute;odo f&eacute;rtil y el deseo del embarazo. Estas variables presentan niveles menores para las adolescentes de los quintiles m&aacute;s bajos, a excepci&oacute;n del deseo del embarazo, que es menor para las m&aacute;s ricas. M&aacute;s importante a&uacute;n, encuentran que la proporci&oacute;n de madres adolescentes en el quintil m&aacute;s alto ha aumentado y se&ntilde;alan que el diferencial se ha ido cerrando entre 1995 y 2005. A su vez, se&ntilde;alan que aunque el conocimiento acerca de m&eacute;todos anticonceptivos se puede generalizar a casi la totalidad de la poblaci&oacute;n adolescente, a&uacute;n existen fallas en cuanto al uso apropiado. Sin embargo, Gaviria (2000), por medio de una adaptaci&oacute;n de la descomposici&oacute;n de Oaxaca, encuentra que la brecha en la tasa de embarazo adolescente entre pobres y no pobres no se explica por las diferencias en el conocimiento y el uso de anticonceptivos, sino por la mayor propensi&oacute;n a quedar en embarazo de las adolescentes pobres, que ven en este una alternativa de vida que no afecta negativamente sus perspectivas futuras.</p>     <p>Los cambios sociales y el contexto familiar tambi&eacute;n son predictores importantes de la probabilidad de tener relaciones y quedar en embarazo en la adolescencia. Fl&oacute;rez y Soto (2008) se&ntilde;alan que uno de los determinantes del aumento de las relaciones sexuales es la aceptaci&oacute;n de las relaciones antes del matrimonio como un evento normal porque, como lo expresan madres y adolescentes, &quot;los tiempos han cambiado&quot;<sup><a name="footnote-a06-8-backlink" href="#footnote-a06-8">8</a></sup> y es poco probable que los j&oacute;venes no las tengan. Pese a que se ha planteado que el contexto familiar y social es diferente entre niveles de riqueza (en cuanto a dotaciones), no se ha determinado si efectivamente existen diferencias significativas en los retornos a estas caracter&iacute;sticas entre grupos. Este documento pretende aportar a la literatura en ese sentido, junto con el an&aacute;lisis de las diferencias entre grupos en los retornos a la educaci&oacute;n sexual.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Fl&oacute;rez <i>et al</i>. (2004) subrayan que el contexto familiar es tambi&eacute;n un determinante central de la tendencia de la fecundidad adolescente. La violencia intrafamiliar, el nivel de comunicaci&oacute;n con la madre y la severidad de la supervisi&oacute;n familiar tienen un efecto significativo sobre la proporci&oacute;n de eventos reproductivos que presencian las adolescentes. El estado civil de la madre de la adolescente tambi&eacute;n es crucial, ya que espec&iacute;ficamente una joven con una madre separada o en uni&oacute;n consensual tiene m&aacute;s relaciones sexuales que las que tienen madres casadas.</p>     <p>La adolescencia es un per&iacute;odo en el que el comportamiento individual es influido por el de los pares (Vargas y Barrera, 2002); por tanto, el embarazo a edades tempranas est&aacute; bastante determinado por conductas riesgosas adoptadas por presi&oacute;n social, como el consumo de drogas o alcohol. En el caso de los Estados Unidos, DeSimone (2010) estima la influencia de la embriaguez sobre la actividad sexual y encuentra que est&aacute; asociado a un aumento en la promiscuidad y una disminuci&oacute;n en el uso de m&eacute;todos anticonceptivos. Sin embargo, Markowitz, Kaestner y Grossman (2005) encuentran que el consumo de alcohol no se puede asociar con una mayor actividad sexual de los adolescentes, aunque s&iacute; determina la planificaci&oacute;n de parte de los sexualmente activos<sup><a name="footnote-a06-9-backlink" href="#footnote-a06-9">9</a></sup>. En este documento se incluy&oacute; una medida de consumo de alcohol y se analiz&oacute; el diferencial por grupo de riqueza sobre la edad de inicio de la vida sexual.</p>     <p><b>II.	Datos</b></p>     <p>Este estudio se basa en la Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y Salud (ENDS) 2010, que forma parte de la serie de encuestas que realiza Profamilia y Macro Internacional cada cinco a&ntilde;os. La encuesta se les aplic&oacute; a 53.486 mujeres en edad f&eacute;rtil entre 13 y 49 a&ntilde;os y es representativa en los &aacute;mbitos rural y urbano de seis regiones y 16 subregiones y con cobertura departamental. La base registra la historia reproductiva de cada mujer, a&ntilde;os de escolaridad, acceso y uso de m&eacute;todos anticonceptivos, estado civil, informaci&oacute;n sobre el c&oacute;nyuge, caracter&iacute;sticas del hogar seg&uacute;n composici&oacute;n y nivel econ&oacute;mico, medidas de violencia dom&eacute;stica y de estado de salud y un m&oacute;dulo que pregunta por la educaci&oacute;n sexual, calidad percibida y utilidad de la informaci&oacute;n recibida. Los datos de homicidios a nivel municipal se tomaron del Observatorio de Derechos Humanos de la Presidencia de la Rep&uacute;blica para el a&ntilde;o 2009.</p>     <p>El an&aacute;lisis se concentra en 13.300 adolescentes entre 13 y 19 a&ntilde;os<sup><a name="footnote-a06-10-backlink" href="#footnote-a06-10">10</a></sup>, que representan un 25% del total de la encuesta. A su vez, el nivel socioecon&oacute;mico de estas se define a partir del &iacute;ndice de riqueza que calcula Macro Internacional por el m&eacute;todo de an&aacute;lisis de componentes principales. Seg&uacute;n Profamilia (2011), para construir el &iacute;ndice se incluye el tipo de vivienda, los materiales de construcci&oacute;n, los bienes y servicios con los que cuenta (tipo de agua potable, clase de sanitario, tipo de combustible utilizado para cocinar, clase de material de los pisos, radio, televisi&oacute;n, tel&eacute;fono, nevera y clase de veh&iacute;culo), n&uacute;mero de miembros del hogar por cuartos para dormir, si el hogar cuenta con servicio dom&eacute;stico y si pertenece al sector agropecuario. El &iacute;ndice se divide en quintiles de riqueza, a partir de los cuales se compara el grupo de adolescentes.</p>     <p>Para caracterizar las diferencias por nivel de riqueza se analiz&oacute; la proporci&oacute;n de adolescentes alguna vez embarazadas<sup><a name="footnote-a06-11-backlink" href="#footnote-a06-11">11</a></sup>, el deseo de embarazo, la fracci&oacute;n de adolescentes que han tenido relaciones sexuales, el uso de m&eacute;todos anticonceptivos, la aceptaci&oacute;n de las relaciones en la adolescencia, estado civil y la edad promedio de la primera relaci&oacute;n, al primer hijo y a la primera uni&oacute;n. Se determin&oacute; si exist&iacute;an diferencias estad&iacute;sticamente significativas en las caracter&iacute;sticas mencionadas entre las adolescentes del quintil &quot;M&aacute;s bajo&quot; y las del nivel &quot;Alto y M&aacute;s alto&quot; (agregando en una sola categor&iacute;a a las adolescentes pertenecientes a los quintiles &quot;Alto&quot; y &quot;M&aacute;s alto&quot;), siendo estos los grupos de inter&eacute;s de este documento.</p>     <p>Las adolescentes del quintil &quot;M&aacute;s bajo&quot; son m&aacute;s propensas a iniciar su vida sexual y quedar en embarazo a una edad temprana, al contrario de las adolescentes en los niveles m&aacute;s altos. El <a href="#cua2">cuadro 2</a> muestra la fracci&oacute;n de adolescentes que ya son madres (es decir, adolescentes que tuvieron hijos antes o durante la adolescencia y que reportan tener hijos al momento de la encuesta), adolescentes embarazadas por primera vez y adolescentes que han tenido alguna p&eacute;rdida. Con estas tres fracciones se construye el total de adolescentes que han estado embarazadas alguna vez. Aunque los quintiles &quot;Bajo&quot; y &quot;M&aacute;s bajo&quot; tienen la mayor proporci&oacute;n de adolescentes alguna vez embarazadas, este porcentaje est&aacute; altamente explicado por las adolescentes que ya son madres, mientras que el primer embarazo y la p&eacute;rdida del embarazo explican mucho m&aacute;s del total entre las del quintil &quot;M&aacute;s alto&quot; que entre las m&aacute;s pobres. Por un lado, se observa que la fracci&oacute;n de alguna vez embarazadas es de 28,9% y 30% para los quintiles &quot;Bajo&quot; y &quot;M&aacute;s bajo&quot;, respectivamente, mientras que este porcentaje es de 9,1 en el quintil &quot;M&aacute;s alto&quot;. Sin embargo, al desagregar por maternidad, primer embarazo y p&eacute;rdida, se observa que el primer embarazo y la p&eacute;rdida contribuyen en un 40% al total de alguna vez embarazadas en el quintil &quot;M&aacute;s alto&quot;, frente a un 22,9% en las m&aacute;s pobres.</p>     <p>    <center><a name="cua2"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua2.gif"></a></center></p>     <p>El deseo del embarazo<sup><a name="footnote-a06-12-backlink" href="#footnote-a06-12">12</a></sup> es m&aacute;s alto entre las adolescentes m&aacute;s pobres, pero no es necesariamente decreciente a medida que aumenta el nivel de riqueza (v&eacute;ase <a href="#cua3">cuadro 3</a>). Del total de adolescentes embarazadas en el quintil &quot;M&aacute;s bajo&quot;, un 38,9% reporta que su embarazo fue deseado, mientras que este porcentaje es casi diez puntos porcentuales menor para las adolescentes del quintil &quot;M&aacute;s alto&quot;. Esta diferencia es de solo dos puntos porcentuales al comparar las adolescentes del quintil &quot;M&aacute;s bajo&quot; con el alto, y la proporci&oacute;n de deseo del embarazo en el quintil &quot;Alto&quot; supera la del quintil &quot;Bajo&quot; y el &quot;Medio&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="cua3"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua3.gif"></a></center></p>     <p>Los niveles de riqueza m&aacute;s bajos tienen una fracci&oacute;n de adolescentes que han tenido relaciones sexuales m&aacute;s alta y mayor fracci&oacute;n de adolescentes embarazadas, dado que han tenido relaciones. Mientras que en el quintil &quot;M&aacute;s alto&quot; un 21% de las adolescentes que han tenido relaciones est&aacute;n embarazadas, esta proporci&oacute;n es 37 puntos porcentuales mayor en el quintil &quot;M&aacute;s bajo&quot; (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua4">cuadro 4</a>). Al comparar la proporci&oacute;n de adolescentes que han iniciado la vida sexual entre el quintil &quot;M&aacute;s bajo&quot; y el &quot;M&aacute;s alto&quot;, se encuentra una diferencia de casi ocho puntos porcentuales. Esto indica que las diferencias entre quintiles son m&aacute;s marcadas en cuanto a embarazo en la adolescencia que en el inicio de las relaciones sexuales.</p>     <p>    <center><a name="cua4"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua4.gif"></a></center></p>     <p>M&aacute;s importante a&uacute;n, las diferencias entre quintiles en la proporci&oacute;n de adolescentes embarazadas est&aacute;n explicadas en mayor medida por el no deseo que por el deseo del embarazo. Para las adolescentes embarazadas, las diferencias entre el quintil &quot;M&aacute;s bajo&quot; y el &quot;M&aacute;s alto&quot; en el deseo (no deseo) del embarazo son de 15 (21) puntos porcentuales (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua3">cuadro 3</a>). Esto indica que aunque las expectativas futuras de las adolescentes son muy relevantes, tambi&eacute;n hay un importante componente aleatorio no explicado. En primer lugar, el hecho de que los embarazos accidentales sean m&aacute;s altos entre las m&aacute;s pobres puede estar asociado a que son m&aacute;s propensas a correr el riesgo de tener relaciones sin m&eacute;todos anticonceptivos (v&eacute;ase <a href="#cua5">cuadro 5</a>). Por otra parte, el componente aleatorio m&aacute;s bajo entre las m&aacute;s ricas puede estar asociado a la calidad de servicios de salud y prevenci&oacute;n y a la calidad de la educaci&oacute;n sexual recibida.</p>     <p>    <center><a name="cua5"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua5.gif"></a></center></p>     <p>El uso de cond&oacute;n en la primera relaci&oacute;n sexual es m&aacute;s alto para las adolescentes en el quintil superior y la persistencia del no uso es menor en este grupo. Mientras que un 60% de las j&oacute;venes m&aacute;s pobres no usaron cond&oacute;n en la primera relaci&oacute;n, en los quintiles altos este porcentaje es de 34% (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua5">cuadro 5</a>). A su vez, del total de adolescentes que no usaron cond&oacute;n en la primera relaci&oacute;n, un 22% (9)% sigue sin usar alg&uacute;n m&eacute;todo en los quintiles bajos (altos). Esta mayor persistencia del no uso de m&eacute;todos entre las adolescentes m&aacute;s pobres podr&iacute;a explicar los diferenciales entre quintiles en la proporci&oacute;n de adolescentes embarazadas. Las diferencias entre el quintil &quot;M&aacute;s bajo&quot; y los quintiles &quot;Alto y M&aacute;s alto&quot; son significativas, tanto para el uso de cond&oacute;n en la primera relaci&oacute;n, como la persistencia en el no uso de m&eacute;todos. Estos resultados ponen de relieve la importancia de establecer por qu&eacute; las adolescentes no usan m&eacute;todos diferenciando por nivel socioecon&oacute;mico.</p>     <p>La tolerancia hacia las relaciones entre ni&ntilde;as de 12 a 14 a&ntilde;os antes del matrimonio<sup><a name="footnote-a06-13-backlink" href="#footnote-a06-13">13</a></sup> es m&aacute;s alta entre las adolescentes m&aacute;s ricas (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua6">cuadro 6</a>). Estas adolescentes son principalmente solteras, y superan en la proporci&oacute;n de adolescentes solteras a los dem&aacute;s quintiles (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua7">cuadro 7</a>). Esto &uacute;ltimo puede explicar la alta tolerancia de la norma social entre los quintiles m&aacute;s altos, dado que estas adolescentes se unen menos y a una edad promedio m&aacute;s alta que las del resto de quintiles (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua8">cuadro 8</a>). Sin embargo, la tolerancia de las relaciones antes del matrimonio entre los 12 y 14 a&ntilde;os es m&aacute;s alta incluso en la muestra total, con un 46% frente a un 26% en el quintil &quot;M&aacute;s bajo&quot;. Las diferencias entre los niveles &quot;Alto y M&aacute;s alto&quot; y el &quot;M&aacute;s bajo&quot; son estad&iacute;sticamente significativas (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua6">cuadro 6</a>). Esto parece indicar que los cambios sociales se han gestado con m&aacute;s rapidez entre los niveles socioecon&oacute;micos m&aacute;s altos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="cua6"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua6.gif"></a></center></p>     <p>    <center><a name="cua7"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua7.gif"></a></center></p>     <p>    <center><a name="cua8"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua8.gif"></a></center></p>     <p>El comportamiento de las adolescentes m&aacute;s pobres en funci&oacute;n de inicio de relaciones sexuales y la tolerancia hacia estas no parece coincidir. En particular, aunque tienen mayor probabilidad de iniciar la vida sexual en la adolescencia (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua4">cuadro 4</a>) y a una edad promedio menor (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua8">cuadro 8</a>), no consideran que este comportamiento sea tolerable. Una posible explicaci&oacute;n es que no reporten su propia opini&oacute;n sobre la iniciaci&oacute;n sexual, sino qu&eacute; tan tolerable creen que es socialmente, es decir, c&oacute;mo se perciben estos comportamientos en el contexto en el que viven. Sin embargo, este sesgo de reporte puede ser igual entre las m&aacute;s pobres y las ricas. Estos resultados tambi&eacute;n indican que la iniciaci&oacute;n sexual entre pobres puede ser m&aacute;s por vulnerabilidad que entre las m&aacute;s ricas.</p>     <p>Para todos los niveles de riqueza, el primer embarazo sucede, en promedio, despu&eacute;s de la primera uni&oacute;n a los 16 a&ntilde;os (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua8">cuadro 8</a>). A su vez, la edad promedio de la primera relaci&oacute;n es inferior a la edad promedio de la primera uni&oacute;n, hecho que indica que no todas las relaciones sexuales ocurren dentro del marco de una uni&oacute;n estable, lo cual afecta positivamente la proporci&oacute;n de adolescentes solteras embarazadas o que ya son madres (Fl&oacute;rez y Soto, 2008). Esta circunstancia se refleja en la alta proporci&oacute;n de adolescentes que tienen relaciones y quedan en embarazo antes de la uni&oacute;n (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua9">cuadro 9</a>). Estas proporciones son m&aacute;s altas en los quintiles altos: un 66,7% (68,9%) de las adolescentes en los quintiles m&aacute;s altos tuvieron relaciones sexuales (quedaron en embarazo) antes que la uni&oacute;n, frente a un 41,4% (46,8%) entre las m&aacute;s pobres. En el mismo sentido, mientras que la diferencia entre las adolescentes que han tenido relaciones antes y al mismo tiempo de la uni&oacute;n es peque&ntilde;a en los quintiles bajos (en cerca de 7 puntos porcentuales), esta es de aproximadamente 30 puntos porcentuales en los quintiles altos. Por &uacute;ltimo, las diferencias entre los quintiles &quot;Alto&quot; y &quot;M&aacute;s alto&quot; y &quot;M&aacute;s bajo&quot; en la proporci&oacute;n de adolescentes que iniciaron su vida sexual o reproductiva antes del matrimonio o al momento de este son estad&iacute;sticamente significativas.</p>     <p>    <center><a name="cua9"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua9.gif"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>III.	Inicio de relaciones sexuales y embarazo en la adolescencia</b></p>     <p>Aunque el embarazo en la adolescencia es el evento que ha sido asociado a consecuencias negativas y no las relaciones sexuales tempranas, no es completamente apropiado modelarlo como una decisi&oacute;n racional. En primer lugar, despu&eacute;s que la adolescente ha iniciado su vida sexual, el embarazo en la adolescencia tiene un alto componente aleatorio al controlar por la utilizaci&oacute;n de m&eacute;todos anticonceptivos. Esto se ve reflejado en que no todas las adolescentes desean el embarazo (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua3">cuadro 3</a>). Por otra parte, el inicio de las relaciones sexuales s&iacute; es una decisi&oacute;n expl&iacute;cita del individuo en casi el total de los casos.</p>     <p>El inicio de las relaciones sexuales esta explicado por una serie de determinantes de pol&iacute;tica y socioecon&oacute;micos, como plantea Simmons (1985) citado en Fl&oacute;rez <i>et al</i>. (2004). Estos, a su vez, pueden clasificarse en individuales y contextuales. La educaci&oacute;n sexual, a&ntilde;os de escolaridad, etnia, consumo de alcohol, a&ntilde;os de escolaridad de la madre, violencia dom&eacute;stica, estado civil de la madre y si esta fue madre adolescente son determinantes de pol&iacute;tica y socioecon&oacute;micos de car&aacute;cter individual. En el aspecto contextual (municipal) se encuentra la tasa de homicidios, el porcentaje de mujeres que son jefes de hogar, el porcentaje de adolescentes que ha tenido relaciones sexuales y una medida de tolerancia hacia estas. Por &uacute;ltimo, estos determinantes de pol&iacute;tica y socioecon&oacute;micos afectan el embarazo en la adolescencia por medio de los determinantes pr&oacute;ximos (inicio de relaciones sexuales, uni&oacute;n y uso de m&eacute;todos anticonceptivos).</p>     <p>Las adolescentes que han iniciado su vida sexual conforman el marco de adolescentes en riesgo, a partir del cual se ha analizado el embarazo en la adolescencia. Esto se debe a que solo podemos observar un embarazo en la adolescencia para aquellas que efectivamente han tenido relaciones sexuales, lo cual indica que existe un problema de observabilidad parcial por sesgo de selecci&oacute;n (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua10">cuadro 10</a>). En esencia, las iniciadas son sistem&aacute;ticamente distintas de las que han postergado la iniciaci&oacute;n de su vida sexual, ya sea por comportamientos riesgosos o contextos familiares complejos que no est&aacute;n capturados en los datos. Este factor implica que el grupo de las adolescentes que han iniciado su vida sexual no es representativo de la poblaci&oacute;n de adolescentes y que los estimadores o resultados encontrados al analizar este grupo est&aacute;n sesgados.</p>     <p>    <center><a name="cua10"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua10.gif"></a></center></p>     <p>La tolerancia hacia las relaciones sexuales en adolescentes, antes de la uni&oacute;n, es un predictor importante del inicio de la vida sexual en la adolescencia (Fl&oacute;rez y Soto, 2008). En este documento se utiliz&oacute; la tolerancia de relaciones entre ni&ntilde;as entre 12 y 14 a&ntilde;os antes del matrimonio como indicador de normas sociales, analizando diferencias por nivel socioecon&oacute;mico. Incorporar esta norma social en la decisi&oacute;n de iniciar la vida sexual es problem&aacute;tico por una posible doble causalidad: la adolescente puede considerar m&aacute;s tolerable tener relaciones antes del matrimonio, dado que ya ha iniciado su vida sexual, o la ha iniciado porque considera aceptable hacerlo. Incluir la tolerancia individual puede sobreestimar los resultados, dado que ambas variables se relacionan de forma positiva. Para controlar este problema se incluye el promedio municipal de aceptaci&oacute;n de las relaciones sexuales en la regresi&oacute;n en lugar de la aceptaci&oacute;n individual, aislando en alguna medida, aunque no completamente, el efecto del inicio de la vida sexual de la adolescente sobre la norma social. En este sentido, aunque la tolerancia de relaciones en el municipio s&iacute; puede afectar la decisi&oacute;n de tener relaciones mediante efectos de grupo, no es claro que esta decisi&oacute;n afecte las preferencias en el aspecto municipal.</p>     <p>El porcentaje de adolescentes que han tenido relaciones sexuales captura en alguna medida efectos de pares. Para evaluar este porcentaje se calcul&oacute; el promedio de adolescentes iniciadas sexualmente en cada municipio sin incluir al individuo <i>i</i>. Este c&aacute;lculo evita que los resultados est&eacute;n sobreestimados, dado que algunos municipios presentan frecuencias bajas y adem&aacute;s permite analizar los efectos de pares de forma m&aacute;s apropiada (Gaviria y Raphael, 2001).</p>     <p>Por &uacute;ltimo, aunque los m&eacute;todos propuestos permiten corregir el sesgo de selecci&oacute;n por la decisi&oacute;n de iniciar la vida sexual durante la adolescencia, la presencia de doble causalidad entre los determinantes y las variables dependientes sigue siendo problem&aacute;tica. Se asocia principalmente al tipo de datos utilizados, que solo incluyen informaci&oacute;n retrospectiva en funci&oacute;n de fecundidad, pero no necesariamente de las caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas como quintil de riqueza. Estas solo est&aacute;n disponibles al momento de la encuesta. As&iacute;, no se puede determinar con precisi&oacute;n si, por ejemplo, el embarazo en la adolescencia es causa o consecuencia de la situaci&oacute;n de pobreza. La estrategia propuesta para disminuir parcialmente este problema fue incluir promedios municipales de las variables potencialmente problem&aacute;ticas como la tolerancia del embarazo en la adolescencia, el uso de m&eacute;todos y el g&eacute;nero del jefe. Sin embargo, incluir todas las variables en este nivel resulta ineficiente, dado que genera una p&eacute;rdida de variabilidad importante en los datos. Este documento reconoce estos problemas, aunque no los soluciona; por consiguiente, los resultados pueden todav&iacute;a padecer de ciertos sesgos que, en principio, se podr&iacute;a argumentar, son similares para las mujeres m&aacute;s ricas y las m&aacute;s pobres, diferencial que es de principal inter&eacute;s en este documento. Adem&aacute;s, la utilizaci&oacute;n de estas variables se sustenta sobre la evidencia emp&iacute;rica de baj&iacute;sima movilidad social en Colombia (Gaviria, 2002).</p>     <p><b>A.	Caracter&iacute;sticas de las adolescentes por evento y nivel socioecon&oacute;mico</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los cuadros <a href="#cua11">11</a> a <a href="#cua13">13</a> muestran estad&iacute;sticas de los determinantes mencionados en la secci&oacute;n anterior para tres grupos: adolescentes que han iniciado la vida sexual, que han quedado en embarazo y total. Como era de esperarse, el promedio de a&ntilde;os de escolaridad es mayor entre las adolescentes de quintiles altos en todos los grupos. Sin embargo, las adolescentes que han tenido relaciones sexuales parecen estar m&aacute;s educadas que las de la muestra total. Por el contrario, los a&ntilde;os de escolaridad de la madre y si es casada son m&aacute;s altos en la muestra total y en todos los casos aumentan con el nivel de riqueza. Se observa que las adolescentes de la muestra total tienen mayor porcentaje de madres casadas que las adolescentes alguna vez embarazadas y que han tenido relaciones sexuales: por ejemplo, en el quintil m&aacute;s alto las madres son casadas para un 52,1 (26%) del total de adolescentes (alguna vez embarazadas).</p>     <p>    <center><a name="cua11"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua11.gif"></a></center></p>     <p>    <center><a name="cua12"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua12.gif"></a></center></p>     <p>    <center><a name="cua13"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua13.gif"></a></center></p>     <p>El consumo de alcohol se ha utilizado como un predictor importante de la probabilidad de iniciar la vida sexual y reproductiva en la adolescencia, como ya se se&ntilde;al&oacute;. Sin embargo, la ENDS 2010 solo cuenta con una pregunta sobre consumo de alcohol para las adolescentes que han tenido relaciones o que no son solteras<sup><a name="footnote-a06-14-backlink" href="#footnote-a06-14">14</a></sup>, lo cual impide analizar sus efectos sobre otras variables de resultado diferentes de la edad de la primera relaci&oacute;n sexual. Con estas preguntas se construye una variable categ&oacute;rica que determina si la adolescente ha consumido alcohol alguna vez. El <a href="#cua11">cuadro 11</a> muestra que el consumo de alcohol es m&aacute;s alto entre las adolescentes de quintiles altos: un 10% reporta haber consumido alcohol alguna vez en el quintil m&aacute;s alto, frente a un 7,5% en el quintil m&aacute;s bajo.</p>     <p>El m&oacute;dulo de educaci&oacute;n sexual incluido en la ENDS 2010 cuenta con un conjunto de preguntas que permiten analizar tres indicadores de la educaci&oacute;n sexual recibida por la adolescente, a saber: si recibe o no, la intensidad o n&uacute;mero de instancias en las que ha recibido esta educaci&oacute;n y la calidad percibida de los componentes tratados en esas instancias. En primer lugar, se pregunta a las adolescentes si han participado en programas de educaci&oacute;n sexual en distintos &aacute;mbitos, si han recibido educaci&oacute;n sexual por medios de comunicaci&oacute;n y por las personas que han liderado esas actividades. Con esta serie de preguntas se construye el indicador que establece si la adolescente ha recibido educaci&oacute;n sexual<sup><a name="footnote-a06-15-backlink" href="#footnote-a06-15">15</a></sup>. Los quintiles m&aacute;s altos tienen el mayor porcentaje de adolescentes que han recibido alg&uacute;n tipo de educaci&oacute;n sexual: un 97,9% del total de adolescentes en el quintil m&aacute;s alto han recibido alg&uacute;n tipo de educaci&oacute;n sexual, frente a un 79,9% entre las m&aacute;s pobres. Esto indica que la cobertura de educaci&oacute;n sexual aumenta con el nivel de riqueza y este comportamiento tambi&eacute;n se cumple en el grupo de adolescentes que han tenido relaciones y que han estado embarazadas (<i>v&eacute;anse</i> cuadros <a href="#cua11">11</a> a <a href="#cua13">13</a>).</p>     <p>La intensidad se define como el n&uacute;mero de sitios, personas o &aacute;mbitos en general en los que la adolescente recibe educaci&oacute;n sexual<sup><a name="footnote-a06-16-backlink" href="#footnote-a06-16">16</a></sup>. Estos, a su vez, se dividieron en &aacute;mbitos formales, informales y de medios de comunicaci&oacute;n:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>&bull;	Educaci&oacute;n sexual formal: recibida en establecimientos educativos, hospitales o puestos de salud, iglesia, Profamilia; o ha participado en conferencias, cursos enfocados en temas de sexualidad, talleres o videoconferencias y las actividades de educaci&oacute;n sexual estuvieron lideradas por profesores especializados de religi&oacute;n, anatom&iacute;a o &eacute;tica, por instructores de Profamilia o de hospitales, enfermeras de los establecimientos educativos, curas o psic&oacute;logos.</blockquote>     <blockquote>&bull;	Educaci&oacute;n sexual informal: ha hablado de sexualidad con sus padres, amigos, novio, profesores, curas, doctores o familiares.</blockquote>     <blockquote>&bull;	Educaci&oacute;n sexual por medios de comunicaci&oacute;n: recibi&oacute; informaci&oacute;n mediante radio, peri&oacute;dicos, televisi&oacute;n, revistas y libros.</blockquote>     <p>En los cuadros <a href="#cua11">11</a>, <a href="#cua12">12</a> y <a href="#cua13">13</a> se observa que las adolescentes en los quintiles de riqueza m&aacute;s altos asisten a mayor n&uacute;mero de instancias que las m&aacute;s pobres, sin que importe si estas son formales, informales o de medios. La intensidad es m&aacute;s alta en educaci&oacute;n formal que en informal o medios, sin que importen el nivel de riqueza y el grupo analizado. M&aacute;s importante a&uacute;n, las diferencias son m&aacute;s marcadas en las instancias formales que en las informales o de medios. En la muestra total, en promedio las adolescentes m&aacute;s ricas (pobres) reciben educaci&oacute;n sexual formal en 4,13 (2,6) instancias. En el caso de instancias informales, se observa que las adolescentes del quintil &quot;M&aacute;s alto&quot; (&quot;M&aacute;s bajo&quot;) reciben en promedio educaci&oacute;n sexual en 1,44 (0,76) instancias. A pesar de que este comportamiento socioecon&oacute;mico se mantiene en los grupos de adolescentes que han tenido relaciones y que han estado embarazadas, las adolescentes que han experimentado estos eventos parecen recibir menor educaci&oacute;n de cualquier tipo, a excepci&oacute;n de las m&aacute;s ricas iniciadas sexualmente, que tienen mayores porcentajes en educaci&oacute;n informal y de medios.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, el indicador de la calidad percibida de los componentes de la educaci&oacute;n sexual se construy&oacute; a partir de una serie de preguntas<sup><a name="footnote-a06-17-backlink" href="#footnote-a06-17">17</a></sup> que piden a la adolescente calificar la educaci&oacute;n recibida de mala, buena, regular o excelente. Por medio del m&eacute;todo de an&aacute;lisis factorial, este conjunto de preguntas se sintetiz&oacute; en tres factores principales, que con fundamento en las cargas factoriales del an&aacute;lisis, se pueden interpretar como:</p>     <blockquote>&bull;	Conocimiento personal y de pareja: calidad de la informaci&oacute;n recibida a partir de negociaci&oacute;n sexual con la pareja, capacidad de decisi&oacute;n, planificaci&oacute;n de la vida, liderazgo, autoestima, g&eacute;nero y desigualdad de g&eacute;nero, amabilidad y comunicaci&oacute;n y vida en pareja.</blockquote>     <blockquote>&bull;	Conocimiento f&iacute;sico, sexual, reproductivo y de m&eacute;todos: calidad de la informaci&oacute;n recibida en funci&oacute;n de anatom&iacute;a de &oacute;rganos sexuales, embarazo y parto, anticoncepci&oacute;n, violencia sexual y abuso, aborto, enfermedades de transmisi&oacute;n sexual y homosexualidad.</blockquote>     <blockquote>&bull;	Calidad de la informaci&oacute;n recibida en Derechos sexuales y reproductivos, que se analizan por separado, dado que combinan aspectos de los componentes anteriores.</blockquote>     <p>A partir de las preguntas asociadas a cada factor se construyeron &iacute;ndices para los dos primeros componentes por el m&eacute;todo de componentes principales y se estandarizaron, de modo que un valor m&aacute;s alto de cada &iacute;ndice refleja mayor calidad percibida del componente. Las diferencias en los tres componentes entre el quintil m&aacute;s alto y el m&aacute;s bajo evidencian que la calidad percibida es m&aacute;s alta para las adolescentes de mayor nivel de riqueza. Las diferencias en calidad percibida son m&aacute;s marcadas en el componente de Conocimiento personal y de pareja, seguido del componente de Conocimiento f&iacute;sico, sexual, reproductivo y de m&eacute;todos y por &uacute;ltimo en Derechos sexuales y reproductivos. Mientras que la diferencia en calidad entre el quintil m&aacute;s alto y el m&aacute;s bajo es de 0,86 para Conocimiento personal y de medios, esta es de solo 0,51 en Derechos sexuales y reproductivos para el total de la muestra (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua13">cuadro 13</a>). A su vez, las diferencias en calidad percibida entre adolescentes iniciadas sexualmente y el total no son muy altas. No obstante, al comparar con las adolescentes que han estado embarazadas se observa que tanto el componente de Conocimiento personal y de pareja y Conocimiento f&iacute;sico, sexual, reproductivo y de m&eacute;todos son menores para todos los quintiles (<i>v&eacute;anse</i> cuadros <a href="#cua11">11</a> y <a href="#cua12">12</a>). Por el contrario, las adolescentes que han estado embarazadas parecen haber recibido una mejor calidad desde el punto de vista de derechos sexuales y reproductivos frente al resto de la muestra.</p>     <p>Los &iacute;ndices de violencia dom&eacute;stica se construyeron por medio de la metodolog&iacute;a de an&aacute;lisis de componentes principales usando las preguntas sobre el tipo de castigos que recib&iacute;a la adolescente de sus padres<sup><a name="footnote-a06-18-backlink" href="#footnote-a06-18">18</a></sup>. Por medio del an&aacute;lisis factorial, las preguntas se sintetizan en dos componentes principales. El indicador de violencia f&iacute;sica est&aacute; compuesto de preguntas sobre si la golpeaban, la encerraban o no le daban comida. El indicador de violencia verbal agrupa si la castigaban por reprimenda verbal, la ignoraban, la dejaban por fuera de la casa, le quitaban el apoyo econ&oacute;mico, le quitaban sus pertenencias o le prohib&iacute;an algo que le gustaba. En el <a href="#cua13">cuadro 13</a> se observa que las adolescentes de los quintiles m&aacute;s altos han recibido mayor n&uacute;mero de castigos f&iacute;sicos, en promedio, que las adolescentes m&aacute;s pobres. Al igual que las adolescentes del quintil m&aacute;s alto que han estado embarazadas, las adolescentes en los quintiles m&aacute;s bajos presentan mayor intensidad de castigos f&iacute;sicos frente a la muestra total (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua12">cuadro 12</a>). En funci&oacute;n de violencia verbal, las adolescentes m&aacute;s pobres presentan mayor intensidad de castigos verbales que las m&aacute;s ricas. Al comparar las muestras de adolescentes que han tenido relaciones, han estado embarazadas y en total no se observan diferencias importantes en la intensidad de castigos verbales para alg&uacute;n nivel socioecon&oacute;mico (<i>v&eacute;anse</i> cuadros <a href="#cua11">11</a> a <a href="#cua13">13</a>).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el aspecto municipal, la tasa de homicidios en el municipio de residencia de la adolescente muestra qu&eacute; tan riesgoso es el contexto en el que habita. Altas tasas de crimen y ambientes violentos se asocian a mayor propensi&oacute;n a adquirir comportamientos de riesgo, especialmente en la adolescencia (Vargas y Barrera, 2002; Hogan y Kitawa, 1985). Por su parte, el porcentaje de adolescentes iniciadas sexualmente y que usan alg&uacute;n tipo de m&eacute;todo anticonceptivo muestra efectos de grupo y modelos de comportamiento por seguir. La tasa de homicidios en el municipio de residencia y el porcentaje de jefatura femenina en el &aacute;mbito municipal son m&aacute;s altos entre las adolescentes que han tenido relaciones sexuales y embarazadas que en el total. Mientras que el promedio de la tasa de homicidios en el municipio de residencia es mayor entre las m&aacute;s pobres, la jefatura femenina de car&aacute;cter municipal es mayor para las adolescentes en quintiles altos. Esto tambi&eacute;n se cumple para el porcentaje de adolescentes que han tenido relaciones sexuales en el municipio y que usan alg&uacute;n m&eacute;todo anticonceptivo y en la tolerancia de relaciones en la adolescencia antes del matrimonio. Por &uacute;ltimo, la mayor parte de las adolescentes en el quintil m&aacute;s alto no pertenecen a alguna minor&iacute;a &eacute;tnica (92% pertenece a &quot;otro&quot; grupo &eacute;tnico), mientras que en los quintiles bajos hay mayor porcentaje de poblaci&oacute;n afrodescendiente e ind&iacute;gena (12,5% y 18,5%, respectivamente) (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua13">cuadro 13</a>).</p>     <p><b>IV.	Estrategia econom&eacute;trica</b></p>     <p>Los determinantes de un embarazo en la adolescencia se han analizado por medio de modelos de elecci&oacute;n discreta y an&aacute;lisis de supervivencia, que incluyen la condici&oacute;n socioecon&oacute;mica como predictor. Las diferencias por quintiles de riqueza han motivado el an&aacute;lisis de tendencias tanto del embarazo adolescente como de sus determinantes en t&eacute;rminos descriptivos y la descomposici&oacute;n de las tasas observadas. Este documento combina las dos estrategias y analiza las diferencias por quintil en varias etapas, corrigiendo por sesgo de selecci&oacute;n de la decisi&oacute;n de iniciar la vida sexual durante la adolescencia. La estimaci&oacute;n se realiz&oacute; partiendo de la decisi&oacute;n de iniciar la vida sexual y la edad a la que se tiene la primera relaci&oacute;n, seguido de la probabilidad y el <i>timing</i> de un embarazo en la adolescencia.</p>     <p>El modelo de Heckman permite corregir el sesgo de selecci&oacute;n al estimar conjuntamente la decisi&oacute;n de tener relaciones y la probabilidad de embarazo en la adolescencia por el m&eacute;todo de m&aacute;xima verosimilitud. Esta estrategia tambi&eacute;n resulta adecuada para estimar la edad y uso de m&eacute;todos anticonceptivos en la primera relaci&oacute;n y la edad de la mujer al momento de dar a luz a su primer hijo, dado que son variables de resultado que tambi&eacute;n presentan problemas de <i>observabilidad</i> parcial por sesgo de selecci&oacute;n. Para las variables dependientes continuas (edad de la primera relaci&oacute;n y al primer hijo) se estim&oacute; un modelo de Heckman (1979) tradicional<sup><a name="footnote-a06-19-backlink" href="#footnote-a06-19">19</a></sup>, mientras que para uso de m&eacute;todos modernos y embarazo se utiliz&oacute; un probit bivariado con observabilidad parcial.</p>     <p>En este documento se analizan los extremos de los niveles socioecon&oacute;micos, teniendo en cuenta que las diferencias entre los quintiles m&aacute;s alto y alto frente al m&aacute;s pobre son m&aacute;s marcadas, como se evidenci&oacute; en la secci&oacute;n anterior. Para analizar las diferencias entre nivel socioecon&oacute;mico se realizaron pruebas de diferencia de medias y se estimaron los modelos interactuando el quintil de riqueza con los determinantes, dado que las brechas observadas pueden explicarse por cambios en los par&aacute;metros (retornos) o cambios en el stock de caracter&iacute;sticas de las adolescentes (dotaciones). Este enfoque permite establecer las caracter&iacute;sticas que hacen m&aacute;s vulnerables a las adolescentes m&aacute;s pobres. A su vez, la estimaci&oacute;n de estos efectos heterog&eacute;neos puede dar luces sobre las razones por las cuales la tasa de crecimiento del embarazo adolescente entre j&oacute;venes m&aacute;s ricas ha sido tan alta, y por tanto, orientar el dise&ntilde;o de pol&iacute;tica p&uacute;blica.</p>     <p><b>A.	Especificaci&oacute;n del modelo y m&eacute;todo de estimaci&oacute;n</b></p>     <p>Una adolescente <i>i</i> obtiene utilidad neta (de costos) <i>U<sub>i</sub></i> de iniciar su vida sexual dependiendo de tres conjuntos de factores: individuales, de la madre, el hogar y municipales mediante efectos de grupo. Para establecer si estos factores influyen de forma heterog&eacute;nea por quintil, se incluyeron interacciones con el quintil de riqueza, tal como aparece en la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu1">1</a>). La regla de decisi&oacute;n de inicio de relaciones sexuales <i>R<sub>i</sub></i> se presenta en la ecuaci&oacute;n (<a href="#ecu2">2</a>), seg&uacute;n la cual la adolescente elige la alternativa que le otorga mayor utilidad neta.</p>     <p>    <center><a name="ecu1"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu1.gif"></a></center></p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="ecu2"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu2.gif"></a></center></p>     <p>Las variables explicativas individuales, del hogar y municipales, que son continuas, est&aacute;n incluidas en el vector <i>X</i>. Entre estas se encuentran los a&ntilde;os de escolaridad de la adolescente, la intensidad de la educaci&oacute;n sexual recibida dividida en formal, informal y medios de comunicaci&oacute;n, los componentes de la educaci&oacute;n sexual (conocimiento personal y de pareja, conocimiento f&iacute;sico, sexual, reproductivo y de m&eacute;todos y derechos sexuales y reproductivos), educaci&oacute;n de la madre, violencia dom&eacute;stica f&iacute;sica y verbal y la tasa de homicidios, porcentaje de tolerancia de las relaciones en la adolescencia, porcentaje de mujeres jefes de hogar y porcentaje de adolescentes que han tenido relaciones en el entorno municipal. Estas variables de car&aacute;cter municipal pretenden capturar la influencia de los comportamientos de pares y modelos a seguir: mayor porcentaje de adolescentes que han tenido relaciones en el municipio de residencia de la adolescente puede afectar positivamente la probabilidad de iniciar la vida sexual en la adolescencia, dado que puede sentirse m&aacute;s presionada a seguir comportamientos de riesgo. Por otra parte, el estado civil de la madre de la adolescente, si aquella tuvo hijos en la adolescencia y la etnia a la que pertenece la adolescente forman parte del vector <i>C</i>, que incluye los regresores categ&oacute;ricos. Por &uacute;ltimo, para analizar los diferenciales socioecon&oacute;micos se compararon los quintiles altos con el quintil m&aacute;s bajo:</p>     <p>    <center><a name="ecu2a"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu2a.gif"></a></center></p>     <p>Los errores <i>&epsilon;<sub>i</sub></i> se distribuyen <i>normal</i>; por tanto, la probabilidad de iniciar la vida sexual en la adolescencia es:</p>     <p>    <center><a name="ecu3"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu3.gif"></a></center></p>     <p>En donde:</p>     <p>    <center><a name="ecu3a"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu3a.gif"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&Phi;(.): es la funci&oacute;n acumulada de probabilidad de una distribuci&oacute;n normal.</p>     <p>Con esta probabilidad se construye la funci&oacute;n de verosimilitud tradicional, y de su maximizaci&oacute;n se obtienen los estimadores. A partir de estos resultados se calcularon los retornos a cada una de las caracter&iacute;sticas para los grupos definidos en altoi  y se comprob&oacute; la significancia de los efectos y la significancia de la diferencia entre ricas y pobres calculando los errores est&aacute;ndar por el m&eacute;todo delta (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#ane1">anexo 1</a>).</p>     <p>Despu&eacute;s que la adolescente decide tener relaciones sexuales, puede quedar (o quiz&aacute; no) en embarazo. Para obtener estimadores consistentes, la probabilidad de un embarazo en la adolescencia se estima por m&aacute;xima verosimilitud, conjuntamente con la decisi&oacute;n de iniciar la vida sexual. El modelo est&aacute; dado por:</p>     <p>    <center><a name="ecu4"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu4.gif"></a></center></p>     <p>    <center><a name="ecu5"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu5.gif"></a></center></p>     <p>Donde <i>&epsilon;<sub>i</sub></i> y <i>&omega;<sub>i</sub></i> se distribuyen normal est&aacute;ndar bivariada con correlaci&oacute;n <i>&rho;</i>.</p>     <p>El <a href="#cua14">cuadro 14</a> muestra las posibles combinaciones y las probabilidades asociadas al estimar la correcci&oacute;n de Heckman cuando la variable de resultado es discreta.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="cua14"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua14.gif"></a></center></p>     <p>Por consiguiente, la funci&oacute;n logar&iacute;tmica de verosimilitud a maximizar es:</p>     <p>    <center><a name="ecu9"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu9.gif"></a></center></p>     <p>En donde:</p>     <p><i>M<sub>i</sub>&phi;<sub>E</sub></i> = <i>Z<sub>i</sub>&alpha;<sub>1</sub></i> + <i>D<sub>i</sub>&alpha;<sub>2</sub></i> + <i>alto<sub>i</sub>&delta;<sub>e</sub></i> + (<i>Z<sub>i</sub> * alto<sub>i</sub></i>)<i>&phi;<sub>1</sub></i> + (<i>D<sub>i</sub> * alto<sub>i</sub></i>)<i>&phi;<sub>2</sub></i> representa el conjunto de caracter&iacute;sticas que determinan la probabilidad de embarazo. <i>Z</i> es un vector de caracter&iacute;sticas continuas como a&ntilde;os de escolaridad, intensidad de la educaci&oacute;n sexual recibida dividida en formal, informal y medios de comunicaci&oacute;n, los componentes de la educaci&oacute;n sexual, educaci&oacute;n de la madre de la adolescente, violencia dom&eacute;stica medida como la intensidad de los castigos f&iacute;sicos y verbales de los padres y la tasa de homicidios, porcentaje de mujeres jefes de hogar y porcentaje de adolescentes que han tenido relaciones en el entorno municipal. <i>D</i> es un vector de caracter&iacute;sticas discretas, como el estado civil de la madre de la adolescente, si aquella tuvo hijos en la adolescencia, el uso de cond&oacute;n en la primera relaci&oacute;n y etnia.</p>     <p>&Phi;(.): es la funci&oacute;n acumulada de probabilidad de la distribuci&oacute;n normal.</p>     <p>&Phi;<sub>2</sub>: es la funci&oacute;n acumulada de probabilidad de la distribuci&oacute;n normal est&aacute;ndar bivariada con correlaci&oacute;n <i>&rho;</i>.</p>     <p>Es de esperar que la tolerancia de relaciones sexuales entre ni&ntilde;as de 12 y 14 a&ntilde;os antes del matrimonio solo afecte la probabilidad de embarazo mediante la decisi&oacute;n de iniciar la vida sexual. Esto resulta importante en funci&oacute;n de la especificaci&oacute;n del modelo, dado que permite identificar los par&aacute;metros al garantizar que hay por lo menos una restricci&oacute;n de exclusi&oacute;n en el modelo de selecci&oacute;n. Por ende, el vector <i>Z</i> no incluye las preferencias municipales de inicio de relaciones sexuales antes del matrimonio.</p>     <p>Esta estimaci&oacute;n se utiliz&oacute; en total para dos variables de resultado, todas ellas sobre el conjunto de mujeres entre 13 y 19 a&ntilde;os: la probabilidad de usar m&eacute;todos modernos y la de embarazo adolescente, todas condicionales al mismo vector de caracter&iacute;sticas. Por otra parte, para la edad de la primera relaci&oacute;n y edad de la madre al momento de nacimiento de su primer hijo se utiliz&oacute; una correcci&oacute;n de Heckman tradicional para las mujeres entre 13 y 19 a&ntilde;os. Para este caso, la ecuaci&oacute;n de selecci&oacute;n est&aacute; dada por la probabilidad de iniciar la vida sexual en la adolescencia (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#ecu4">ecuaci&oacute;n 4</a>) y la de resultado es:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="ecu10"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu10.gif"></a></center></p>     <p>Al corregir por sesgo de selecci&oacute;n, se tiene:</p>     <p>    <center><a name="ecu11"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu11.gif"></a></center></p>     <p>Donde <i>&lambda;<sub>i</sub></i> (<i>&sigma;<sub>&epsilon;</sub></i>) es la raz&oacute;n inversa de Mills, calculada a partir de los resultados de la ecuaci&oacute;n de selecci&oacute;n. <i>Z<sub>e</sub></i> es un vector de caracter&iacute;sticas continuas compuesto de las mismas variables incluidas en <i>Z</i>, m&aacute;s el porcentaje de adolescentes que han tenido relaciones en el &aacute;mbito municipal y a excepci&oacute;n de la tolerancia hacia las relaciones sexuales entre ni&ntilde;as de 12 a 14 a&ntilde;os antes del matrimonio en el entorno municipal en la ecuaci&oacute;n de edad al momento de nacimiento del primer hijo y en la edad al momento de la primera relaci&oacute;n sexual. <i>D<sub>e</sub></i> es un vector de caracter&iacute;sticas discretas equivalente a <i>D</i> m&aacute;s el consumo de alcohol para la edad de la primera relaci&oacute;n. El c&aacute;lculo de los efectos marginales por grupo de riqueza y el de la significancia entre quintiles de riqueza se presentan en el <a href="#ane1">anexo 1</a>.</p>     <p>El proceso de estimaci&oacute;n descrito se resume en el <a href="#cua15">cuadro 15</a>. Todas las estimaciones incluyen la edad de la adolescente al momento de la encuesta como control. El c&aacute;lculo de los errores est&aacute;ndar se realiz&oacute; por clusters de municipio.</p>     <p>    <center><a name="cua15"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua15.gif"></a></center></p>     <p><b>V.	Resultados</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El <a href="#cua16">cuadro 16</a> presenta las diferencias en dotaciones entre grupos socioecon&oacute;micos para el total de adolescentes de la muestra; la &uacute;ltima columna reporta la diferencia entre los grupos y su significancia estad&iacute;stica. Los diferenciales en favor de las adolescentes m&aacute;s ricas son significativos en a&ntilde;os de escolaridad promedio, intensidad de la educaci&oacute;n sexual formal y a&ntilde;os de escolaridad de la madre. Las diferencias son significativas, pero menos marcadas en consumo de alcohol y variables de car&aacute;cter municipal como jefatura femenina y tolerancia de las relaciones antes del matrimonio. Las diferencias en favor de los quintiles m&aacute;s bajos se presentan en el porcentaje de poblaci&oacute;n afrodescendiente e ind&iacute;genas, adolescentes que han tenido relaciones sexuales en el entorno municipal y porcentaje de madres que fueron madres adolescentes.</p>     <p>    <center><a name="cua16"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua16.gif"></a></center></p>     <p>Los resultados de estimar la probabilidad de iniciar la vida sexual durante la adolescencia por nivel socioecon&oacute;mico a partir del modelo presentado en la secci&oacute;n IV se presentan en el <a href="#cua17">cuadro 17</a>. Como se esperaba, el estado civil de la madre y el &iacute;ndice de violencia dom&eacute;stica f&iacute;sica afectan en la misma direcci&oacute;n y significativamente a todos los grupos. En este sentido, un aumento en el &iacute;ndice de violencia f&iacute;sica acrecienta la probabilidad de tener relaciones durante la adolescencia en 3 y 6 puntos porcentuales para las adolescentes en quintiles m&aacute;s alto y alto y quintil m&aacute;s bajo, respectivamente. Sin embargo, las diferencias entre niveles socioecon&oacute;micos no son significativas.</p>     <p>    <center><a name="cua17"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua17.gif"></a></center></p>     <p>Las adolescentes con madres casadas tienen menor probabilidad de tener relaciones para todos los niveles: provienen de hogares m&aacute;s estables, donde la supervisi&oacute;n de los padres puede ser m&aacute;s alta, y este factor tiene un efecto negativo sobre la probabilidad de tener relaciones (Fl&oacute;rez <i>et al</i>., 2004; Vargas y Barrera, 2002). El efecto de madre casada es m&aacute;s alto para las m&aacute;s pobres y reduce la probabilidad en 9,9 puntos porcentuales frente a 7,1 para las m&aacute;s ricas; sin embargo, no existen diferencias significativas entre estos efectos. Los a&ntilde;os de escolaridad de la adolescente y de la madre y si esta fue madre adolescente no afectan la probabilidad de tener relaciones para las m&aacute;s pobres. En particular, un a&ntilde;o adicional de educaci&oacute;n de la madre disminuye significativamente la probabilidad de tener relaciones en 0,4 puntos porcentuales, mientras que ser hija de una madre adolescente aumenta la probabilidad en siete puntos porcentuales para las m&aacute;s ricas.</p>     <p>La mayor prevalencia de adolescentes que han tenido relaciones sexuales en el municipio aumenta la probabilidad para las m&aacute;s pobres. Esto indica que las adolescentes m&aacute;s pobres son m&aacute;s vulnerables a efectos de grupo, que origina un efecto importante conocido como <i>multiplicador social</i>: son las que tienen mayor probabilidad de iniciar la vida sexual en la adolescencia y esta circunstancia a su vez causa que m&aacute;s adolescentes inicien su vida sexual (aumenta la probabilidad en 0,03 puntos porcentuales). La educaci&oacute;n orientada hacia una mayor autonom&iacute;a en la toma de decisiones, autoestima y liderazgo, que son algunos de los componentes del &iacute;ndice de conocimiento personal y de pareja, podr&iacute;a contrarrestar este efecto particularmente preocupante. Al comparar con las adolescentes de quintiles altos, se evidencia que el &iacute;ndice de conocimiento personal y de pareja s&iacute; es relevante y disminuye en dos puntos porcentuales la probabilidad de tener relaciones, mientras que entre las m&aacute;s pobres este efecto no es significativo. Este resultado, junto con la baja calidad percibida de estos componentes (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua16">cuadro 16</a>), evidencia fallas de focalizaci&oacute;n y de efectividad de la educaci&oacute;n sexual sobre los grupos m&aacute;s vulnerables.</p>     <p>Los dem&aacute;s componentes de calidad percibida asociados a educaci&oacute;n sexual tampoco son significativos para las m&aacute;s pobres. Sin embargo, la intensidad s&iacute; tiene efectos significativos para este grupo. Mientras que la educaci&oacute;n sexual formal y de medios disminuyen la probabilidad de iniciar la vida sexual en dos y tres puntos porcentuales respectivamente, la educaci&oacute;n sexual informal la aumenta para las m&aacute;s pobres. A su vez, recibir m&aacute;s educaci&oacute;n por medios disminuye la probabilidad de tener relaciones para las m&aacute;s pobres, mientras que aumenta para las m&aacute;s ricas en 0,013. Estos efectos son estad&iacute;sticamente significativos, e indican que la educaci&oacute;n por medios de comunicaci&oacute;n es mucho m&aacute;s importante para las m&aacute;s pobres. Este es un resultado posible de una mala orientaci&oacute;n de la pol&iacute;tica: dado que la intensidad en educaci&oacute;n formal no es suficiente (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua16">cuadro 16</a>), deben acudir a otras fuentes de informaci&oacute;n. Pese a que no se refleja en los resultados, vale la pena subrayar que es potencialmente problem&aacute;tico, pues la calidad percibida de la informaci&oacute;n recibida por conducto de medios de comunicaci&oacute;n y por fuentes informales es mucho menor y este hecho tambi&eacute;n se evidencia en el efecto que tiene sobre las j&oacute;venes de quintiles altos.</p>     <p>Recibir educaci&oacute;n de excelente calidad en funci&oacute;n de derechos sexuales y reproductivos aumenta la probabilidad de tener relaciones para las m&aacute;s ricas en 0,01, como era de esperarse, dado que este componente se orienta a fomentar la autonom&iacute;a en la toma de decisiones sexuales de forma responsable. Sin embargo, si las relaciones en la adolescencia son un predictor importante del embarazo, como se&ntilde;alan Fl&oacute;rez y Soto (2008), aumentar la calidad percibida de la educaci&oacute;n en este componente para las m&aacute;s pobres puede causar resultados perversos. La alternativa ser&iacute;a intensificar conjuntamente este componente con el de conocimiento f&iacute;sico, sexual, reproductivo y de m&eacute;todos, que presenta niveles de calidad bajos entre las adolescentes m&aacute;s pobres (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua16">cuadro 16</a>).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="cua17"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua17.gif"></a></center></p>     <p>La norma social de aceptar las relaciones sexuales antes del matrimonio tiene un efecto significativo para las adolescentes en los quintiles altos, pero no es importante entre las m&aacute;s pobres<sup><a name="footnote-a06-20-backlink" href="#footnote-a06-20">20</a></sup>. Tal efecto puede se&ntilde;alar que los cambios sociales se han gestado con menor rapidez en niveles bajos de ingreso: entre las m&aacute;s pobres las relaciones en la adolescencia son un comportamiento com&uacute;n (aunque no socialmente aceptable, como se mencion&oacute; en la secci&oacute;n IV) y por tanto, los cambios sociales no afectan considerablemente el comportamiento.</p>     <p>En el <a href="#cua18">cuadro 18</a> se presentan los resultados de estimar la probabilidad de no usar m&eacute;todos modernos para las adolescentes. Mientras que la probabilidad de no haber usado m&eacute;todos anticonceptivos modernos disminuye con los a&ntilde;os de educaci&oacute;n para las m&aacute;s ricas, este efecto no es significativo para las m&aacute;s pobres. Este factor parece indicar que un a&ntilde;o adicional de educaci&oacute;n, cuando el nivel inicial es muy bajo (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua13">cuadro 13</a>) no determina el uso de m&eacute;todos. Mayor intensidad de educaci&oacute;n formal disminuye la probabilidad de no haber usado m&eacute;todos para los dos grupos (0,05 puntos porcentuales para las m&aacute;s ricas y 0,015 para las m&aacute;s pobres). A su vez, la educaci&oacute;n sexual recibida por medios de comunicaci&oacute;n disminuye la probabilidad de no haber usado m&eacute;todos para las m&aacute;s pobres, pero la aumenta para las m&aacute;s ricas. Tal como se mencion&oacute; en el caso de la probabilidad de iniciar la vida sexual, este resultado estar&iacute;a asociado a que la calidad de la educaci&oacute;n por medios no es necesariamente buena.</p>     <p>    <center><a name="cua18"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua18.gif"></a></center></p>     <p>Respecto a la edad a la primera relaci&oacute;n, los resultados son similares a los de la probabilidad de iniciar la vida sexual en la adolescencia desde el punto de vista de a&ntilde;os de escolaridad, estado civil y educaci&oacute;n de la madre (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua19">cuadro 19</a>). Asimismo, el conocimiento personal y de pareja en temas de sexualidad aumenta la edad de forma significativa para los quintiles altos (en casi 2,4 meses), pero no para los m&aacute;s bajos. Una mayor calidad percibida en derechos sexuales y reproductivos disminuye la edad de primera relaci&oacute;n sexual en dos meses para las ricas, y este efecto no es significativo para las m&aacute;s pobres.</p>     <p>    <center><a name="cua19"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua19.gif"></a></center></p>     <p>Este resultado, junto con el efecto no significativo de recibir alg&uacute;n tipo de educaci&oacute;n sexual entre las m&aacute;s pobres, evidencia mayor vulnerabilidad de estas adolescentes. Los efectos importantes para este grupo son los a&ntilde;os de escolaridad y la jefatura femenina, que favorecen aumentos en la edad de la relaci&oacute;n. Por el contrario, ser afrodescendiente y el porcentaje de adolescentes que han tenido relaciones sexuales disminuye la edad significativamente en seis meses y 0,24 meses, respectivamente. De nuevo este factor puede ser un resultado de la baja efectividad de la educaci&oacute;n sexual entre las m&aacute;s pobres, especialmente en funci&oacute;n de conocimiento personal y de pareja. Por &uacute;ltimo, el consumo de alcohol disminuye significativamente la edad de la primera relaci&oacute;n para las m&aacute;s ricas en casi dos meses.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los resultados desde el punto de vista de embarazo en la adolescencia se&ntilde;alan que el comportamiento de las m&aacute;s pobres es m&aacute;s dif&iacute;cil de definir que el de las m&aacute;s ricas. En este sentido hay un componente no explicado mucho m&aacute;s alto y no se sabe con precisi&oacute;n qu&eacute; determina el comportamiento de las adolescentes en los quintiles m&aacute;s bajos. Los a&ntilde;os de escolaridad y estar soltera disminuyen la probabilidad de que la adolescente quede embarazada, como se esperaba de forma consistente con los resultados de otros autores, para todos los niveles de riqueza (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua20">cuadro 20</a>). En particular, no hay diferencias significativas en a&ntilde;os de escolaridad al comparar los quintiles altos con el m&aacute;s pobre. A su vez, estar soltera disminuye la probabilidad de tener un embarazo en aproximadamente 50 puntos porcentuales entre las m&aacute;s ricas frente a las adolescentes en uni&oacute;n libre, casadas y separadas. El uso de m&eacute;todos modernos solamente es significativo para las m&aacute;s ricas: disminuye la probabilidad de un embarazo en diez puntos porcentuales.</p>     <p>    <center><a name="cua20"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua20.gif"></a></center></p>     <p>Partiendo de educaci&oacute;n sexual, mayor intensidad de educaci&oacute;n sexual informal y de medios disminuye la probabilidad de un embarazo para las m&aacute;s ricas en dos y tres puntos porcentuales, respectivamente, y estas variables no son significativas para las m&aacute;s pobres. Por otra parte, mayor calidad percibida en el componente de conocimiento personal y de pareja aumenta la probabilidad de un embarazo para las m&aacute;s pobres. Estos componentes les dan las herramientas para planear de forma independiente su vida reproductiva y les pueden aumentar la probabilidad de tener un embarazo deseado, pues promueven la toma de decisiones de forma aut&oacute;noma y responsable, ya sea desde el punto de vista del inicio de relaciones sexuales como de formaci&oacute;n de una familia.</p>     <p>De forma similar, los derechos sexuales y reproductivos disminuyen la edad a la que la adolescente tuvo el primer hijo, mientras que el conocimiento f&iacute;sico, sexual, reproductivo y de m&eacute;todos la aumenta, pero este efecto no es significativo (<i>v&eacute;ase</i> <a href="#cua21">cuadro 21</a>). Para las adolescentes m&aacute;s pobres solo son significativos los a&ntilde;os de escolaridad y la calidad percibida en derechos sexuales y reproductivos: un a&ntilde;o adicional de educaci&oacute;n aumenta la edad en 2,8 meses, mientras que la calidad en derechos sexuales y reproductivos la disminuye en 4,2 meses. Por el contrario, las variables de la madre importan sustancialmente para las adolescentes de grupo socioecon&oacute;mico alto. En particular, los a&ntilde;os de escolaridad de la madre aumentan la edad a la que tuvo el primer hijo en aproximadamente un mes, mientras que si la madre est&aacute; casada la edad aumenta en 8,6 meses. De acuerdo con la literatura, este hecho implica que los hogares con contextos m&aacute;s estables favorecen el retraso del inicio de la vida reproductiva, pero solo lo hacen significativamente entre las m&aacute;s ricas<sup><a name="footnote-a06-21-backlink" href="#footnote-a06-21">21</a></sup>.</p>     <p>    <center><a name="cua21"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06cua21.gif"></a></center></p>     <p><b>VI. Conclusiones</b></p>     <p>Pese a las estrategias puestas en marcha en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas para disminuir la fracci&oacute;n de adolescentes en embarazo y maternidad, en el 2010 esta a&uacute;n supera lo observado en 1990 en casi siete puntos porcentuales. Los cambios sociales han tenido efectos positivos sobre estos comportamientos, pero los resultados muestran que solo son significativos entre las adolescentes m&aacute;s ricas y no entre las m&aacute;s pobres. Este comportamiento heterog&eacute;neo no solo en este aspecto, sino en varios determinantes, es uno de los principales problemas asociados a los resultados no esperados en funci&oacute;n de disminuci&oacute;n del embarazo en la adolescencia, tanto en los aspectos regional, departamental y socioecon&oacute;mico e implica formular pol&iacute;ticas diferenciales en distintos &aacute;mbitos. Los resultados de este trabajo se&ntilde;alan algunos determinantes que difieren por grupos de riqueza, que son posiblemente importantes para formular una pol&iacute;tica orientada a disminuir efectivamente el porcentaje de adolescentes embarazadas o que son madres.</p>     <p>Una de las concepciones m&aacute;s generalizadas en torno al embarazo adolescente y sus diferencias entre niveles socioecon&oacute;micos indica que es una consecuencia de la no utilizaci&oacute;n de m&eacute;todos anticonceptivos. Sin embargo, este concepto solo resulta significativo en la probabilidad de un embarazo para las m&aacute;s ricas y puede ser una respuesta a las necesidades insatisfechas en educaci&oacute;n sexual para las adolescentes m&aacute;s pobres. Mientras que para las adolescentes en quintiles altos la calidad de la educaci&oacute;n sexual desde el punto de vista de conocimiento personal y de pareja y su retorno es alta, para las adolescentes m&aacute;s pobres no hay efectos importantes en este sentido. A su vez, para las adolescentes de los grupos socioecon&oacute;micos bajos los efectos de pares siguen importando en la toma de decisiones mientras que en las de niveles altos no se encuentra dicho efecto, lo cual puede estar asociado a la importancia de la ense&ntilde;anza de educaci&oacute;n sexual en torno a autonom&iacute;a, liderazgo y toma de decisiones en estos grupos. Este hecho se refleja en una mayor vulnerabilidad de las adolescentes pobres y se&ntilde;ala que las estrategias de educaci&oacute;n sexual no han sido correctamente focalizadas de acuerdo con la condici&oacute;n de pobreza. Esta tendencia es particularmente preocupante, dado que en este grupo se deber&iacute;a acentuar en mayor medida la sexualidad desde un enfoque de perspectivas de vida, toma de decisiones, autoestima y liderazgo, pues seg&uacute;n la literatura, son ellas las que asocian el embarazo con realizaci&oacute;n personal y como una opci&oacute;n de vida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los efectos encontrados para las adolescentes en quintiles altos se&ntilde;alan que las estrategias no solo deben ser diferenciales por nivel socioecon&oacute;mico, sino que en lo posible tambi&eacute;n deben considerar en qu&eacute; etapa de la vida sexual se encuentra la adolescente. Los resultados plantean una cuesti&oacute;n de pol&iacute;tica importante: la educaci&oacute;n orientada a fomentar una mayor autoestima, autonom&iacute;a e independencia en la toma de decisiones afecta negativamente la probabilidad de tener relaciones y positivamente la probabilidad de un embarazo deseado. Una estrategia ser&iacute;a diferenciar las adolescentes iniciadas sexualmente de las que a&uacute;n no han comenzado su vida sexual: para las primeras conviene focalizar m&aacute;s la ense&ntilde;anza a conocimiento f&iacute;sico, sexual, reproductivo y de m&eacute;todos, mientras que para las dem&aacute;s el conocimiento personal y de pareja puede ser m&aacute;s efectivo a largo plazo mediante disminuciones en la edad de la primera relaci&oacute;n. Lograr esta focalizaci&oacute;n y esta disminuci&oacute;n representa un reto, dado que la educaci&oacute;n sexual tiende a ser homog&eacute;nea en los distintos &aacute;mbitos (especialmente en establecimientos educativos). No obstante, la cuesti&oacute;n m&aacute;s compleja es que requiere que las adolescentes se identifiquen en una de las categor&iacute;as, lo cual puede atentar contra la privacidad y constituir una estrategia discriminatoria.</p>     <p>Pese a que los efectos de la intensidad de la educaci&oacute;n sexual tambi&eacute;n resultan m&aacute;s bajos para las m&aacute;s pobres, es prioritario mejorar la calidad de los componentes educativos en primera instancia y fomentar una transici&oacute;n hacia educaci&oacute;n sexual formal entre las m&aacute;s pobres. Los resultados evidencian que los &aacute;mbitos educativos informales y de medios de comunicaci&oacute;n son m&aacute;s importantes en este grupo socioecon&oacute;mico, dado que estos pueden ser los menos costosos y de m&aacute;s f&aacute;cil acceso. Sin embargo, la informaci&oacute;n recibida en estos &aacute;mbitos puede ser incompleta y de menor calidad, lo que explica por qu&eacute;, por ejemplo, la probabilidad de no usar m&eacute;todos se ampl&iacute;a a medida que la intensidad de la educaci&oacute;n informal aumenta.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, aunque estos resultados pueden dar unas directrices b&aacute;sicas y preliminares sobre la focalizaci&oacute;n y contenidos de la educaci&oacute;n sexual, no son del todo concluyentes. En particular, las variables de educaci&oacute;n sexual utilizadas no est&aacute;n libres de sesgo, porque la participaci&oacute;n en dicha educaci&oacute;n no es aleatoria. As&iacute;, es posible que las adolescentes m&aacute;s pobres con contextos espec&iacute;ficos no observables sean menos propensas a recibir educaci&oacute;n sexual en cualquier &aacute;mbito. Este documento, por tanto, no pretende evaluar el impacto de la educaci&oacute;n sexual, sino establecer algunas correlaciones diferenciando por grupos. A&uacute;n m&aacute;s, vale la pena considerar que la educaci&oacute;n sexual en los establecimientos educativos es de car&aacute;cter obligatorio y los modelos controlan por caracter&iacute;sticas del contexto de las adolescentes que tambi&eacute;n pueden estar asociadas a una mayor o menor intensidad de educaci&oacute;n sexual. Se necesitan futuras investigaciones orientadas a evaluar los efectos de la educaci&oacute;n sexual, y asimismo, estudios que pretendan determinar qu&eacute; condiciones espec&iacute;ficas (como tenencia de alg&uacute;n activo) asociadas a la condici&oacute;n socioecon&oacute;mica son cruciales para explicar las diferencias en retornos se&ntilde;aladas en este trabajo.</p> <hr size="1">     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><sup><a name="footnote-a06-1" href="#footnote-a06-1-backlink">1</a></sup> Cifras tomadas de Macro Internacional al 30 de septiembre de 2011.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-2" href="#footnote-a06-2-backlink">2</a></sup> Aunque este enfoque permite explicar la brecha observada en ese per&iacute;odo, no determina a qu&eacute; se debe el aumento a lo largo del tiempo observado en los quintiles altos. Esto requiere un conjunto de variables comunes a todos los a&ntilde;os de la Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y Salud, lo que implica perder informaci&oacute;n relevante y novedosa incorporada en las &uacute;ltimas rondas.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-3" href="#footnote-a06-3-backlink">3</a></sup> Para una revisi&oacute;n de literatura completa desde el punto de vista de consecuencias del embarazo adolescente, v&eacute;anse Urdinola y Ospino (2007) y Schettini (2010).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-4" href="#footnote-a06-4-backlink">4</a></sup> Poco se sabe de los efectos de corto y de largo plazo de la paternidad en la adolescencia. Al respecto, Fletcher y Wolfe (2011) encuentran que disminuye los a&ntilde;os de escolaridad pero no afecta los resultados laborales en el corto plazo.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-5" href="#footnote-a06-5-backlink">5</a></sup> Por ejemplo, los art&iacute;culos 42 y 45 del cap&iacute;tulo 2 establecen el derecho a decidir de forma libre y responsable el n&uacute;mero de hijos y el derecho de la poblaci&oacute;n adolescente a recibir una formaci&oacute;n integral.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-6" href="#footnote-a06-6-backlink">6</a></sup> Conpes 140 de 2011.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="footnote-a06-7" href="#footnote-a06-7-backlink">7</a></sup> Resoluci&oacute;n 3353 de 1993.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-8" href="#footnote-a06-8-backlink">8</a></sup> Por ejemplo, en cuanto a cambios sociales, a partir de 1992 se tomaron las primeras medidas orientadas a proteger el derecho a la autonom&iacute;a reproductiva y a la no discriminaci&oacute;n en las instituciones educativas como consecuencia de un embarazo, por medio de tutelas (sentencias T-420 de 1992, T-079 de 1994, T-211 de 1995, T-145 de 1996, T-580 de 1998, T-243 de 1999 y T-393 de 2009, entre otras).</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-9" href="#footnote-a06-9-backlink">9</a></sup> Algunas referencias adicionales sobre los efectos del consumo de alcohol son Sen (2003) y Huizinga, Loeber y Thornberry (1993), que encuentran que una proporci&oacute;n considerable de adolescentes que resultaron embarazadas a edades tempranas estuvieron o estaban involucradas en actividades delictivas y el consumo de drogas l&iacute;citas (cigarrillos y alcohol) e il&iacute;citas.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-10" href="#footnote-a06-10-backlink">10</a></sup> A partir del 2005, la ENDS incluye en su muestra ni&ntilde;as de 13 y 14 a&ntilde;os, a diferencia de las rondas anteriores, que solo encuestaban mayores de 15 a&ntilde;os. Dado que seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud y Unicef las adolescentes son las ni&ntilde;as de entre 10 y 19 a&ntilde;os, la muestra de 13 a 19 a&ntilde;os de la ENDS 2010 resulta m&aacute;s apropiada. Sin embargo, los resultados no son comparables con los estudios anteriores, en los cuales el rango de edad es de 15 a 19 a&ntilde;os.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-11" href="#footnote-a06-11-backlink">11</a></sup> Incluye hijos nacidos vivos, p&eacute;rdida (aborto y mortinatos) y embarazo actual.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-12" href="#footnote-a06-12-backlink">12</a></sup> Se les pregunta a las adolescentes embarazadas al momento de la encuesta o que han tenido hijos si deseaban ese embarazo. Si reportan que quer&iacute;an quedar en embarazo despu&eacute;s o no lo quer&iacute;an en absoluto, se clasifican como adolescentes que no deseaban el embarazo.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-13" href="#footnote-a06-13-backlink">13</a></sup> La ENDS pregunta: &quot;&iquest;Cree Ud. que se le&#91;s&#93; deber&iacute;a ense&ntilde;ar a los ni&ntilde;os entre 12 y 14 a&ntilde;os a esperar hasta que se casen &#91;sic&#93; para tener relaciones sexuales para evitar infectarse del virus que causa el sida?&quot;. Esta pregunta se usa como una medida de la tolerancia hacia las relaciones en la adolescencia antes del matrimonio, aunque se refiere espec&iacute;ficamente a desaprobar estos comportamientos para prevenir el sida. Para esto, se compararon los resultados de la encuesta Lapop, que pregunta por la aprobaci&oacute;n de las relaciones antes del matrimonio y se observa que se comportan de forma similar.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-14" href="#footnote-a06-14-backlink">14</a></sup> Para las adolescentes que han iniciado la vida sexual se pregunta si consumieron alcohol la &uacute;ltima vez que tuvieron relaciones. Para las adolescentes que no son solteras, se pregunta si alguna vez han consumido alcohol.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-15" href="#footnote-a06-15-backlink">15</a></sup> Ha recibido educaci&oacute;n sexual por lo menos en una de las siguientes instancias: establecimientos educativos, hospitales, iglesias, Profamilia, cursos, conferencias, talleres, videoconferencias, radio, peri&oacute;dicos, televisi&oacute;n, revistas, libros o Internet; o ha hablado con sus padres, amigos, novio, profesores, curas, doctores o familiares sobre sexualidad.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-16" href="#footnote-a06-16-backlink">16</a></sup> N&uacute;mero de instancias (establecimientos educativos, hospitales, iglesias, Profamilia, cursos, conferencias, talleres, videoconferencias, radio, peri&oacute;dicos, televisi&oacute;n, revistas, libros o Internet; o ha hablado con sus padres, amigos, novio, profesores, curas, doctores o familiares sobre sexualidad) en las que ha recibido educaci&oacute;n sexual.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="footnote-a06-17" href="#footnote-a06-17-backlink">17</a></sup> Calidad de la educaci&oacute;n sexual recibida en cuanto a negociaci&oacute;n de pareja, toma de decisiones, planificaci&oacute;n de vida, liderazgo, autoestima, g&eacute;nero, desigualdad de g&eacute;nero, anatom&iacute;a de los &oacute;rganos sexuales, embarazo y parto, planificaci&oacute;n, amabilidad y comunicaci&oacute;n, violencia y abuso sexual, aborto, enfermedades de transmisi&oacute;n sexual, derechos sexuales y reproductivos, vida en pareja y homosexualidad.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-18" href="#footnote-a06-18-backlink">18</a></sup> La golpeaban, la encerraban, no le daban comida, reprimenda verbal, la ignoraban, la dejaban por fuera de la casa, le quitaban el apoyo econ&oacute;mico, le quitaban las pertenencias o le prohib&iacute;an algo que le gustaba.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-19" href="#footnote-a06-19-backlink">19</a></sup> &quot;Tradicional&quot; se refiere a la correcci&oacute;n de Heckman, en la que la ecuaci&oacute;n principal es continua y no discreta.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-20" href="#footnote-a06-20-backlink">20</a></sup> Como se mencion&oacute;, esta variable se incluye como promedio municipal para solucionar el problema de doble causalidad. Los efectos resultan ser m&aacute;s altos al estimar la probabilidad de inicio de la vida sexual en la adolescencia usando la aceptaci&oacute;n individual frente a los encontrados con los promedios municipales. Estos efectos indican que el sesgo por doble causalidad ocasiona que los coeficientes est&eacute;n sobreestimados, como se esperaba.</p>     <p><sup><a name="footnote-a06-21" href="#footnote-a06-21-backlink">21</a></sup> Un control importante para todos los modelos es la deserci&oacute;n escolar. Algunos autores suponen y argumentan que la deserci&oacute;n es posterior al embarazo en la adolescencia (Gaviria, 2000), mientras que Fl&oacute;rez y Soto (2007a) se&ntilde;alan que en los estratos bajos la deserci&oacute;n parece preceder al embarazo. Al realizar estimaciones adicionales que incluyen deserci&oacute;n escolar se encuentra para la mayor&iacute;a de los casos que los efectos cambian muy poco en magnitud, mientras que los signos y significancia se mantienen.</p> <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1.	BARRERA, F. e HIGUERA, L. (2004). &quot;Embarazo y fecundidad adolescente&quot; (Documentos de Trabajo 24). Fedesarrollo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0120-3584201200010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.	CORT&Eacute;S, D., GALLEGO, J., LATORRE, C., MALDONADO, D. y ORTEG&Oacute;N, M. (2010). <i>Impact of education subsidies on teenage childbearing: Evidence from Bogot&aacute;, Colombia</i>. Bogot&aacute;, Universidad del Rosario.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0120-3584201200010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3.	DEFENSOR&Iacute;A DEL PUEBLO, PROFAMILIA y ORGANIZACI&Oacute;N INTERNACIONAL PARA LAS MIGRACIONES (2007). <i>M&oacute;dulo de la A a la Z en derechos sexuales y reproductivos con &eacute;nfasis en violencia intrafamiliar y violencia sexual</i>. Bogot&aacute;, Profamilia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0120-3584201200010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4.	DESIMONE, J. (2010). &quot;Binge drinking and sex in high school&quot; (Working Paper 16132). National Bureau of Economic Research.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0120-3584201200010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5.	DUNCAN, G. y HOFFMAN, S. (1990). <i>Welfare benefits, economic opportunities, and out-of wedlock births among black teenage girls</i>. Demography Population Association of America.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0120-3584201200010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6.	FLETCHER, J. y WOLFE, B. (2008). &quot;Education and labor market consequences of teenage childbearing: Evidence using the timing of pregnancy outcomes and community fixed effects&quot;, <i>NBER Working Paper 13847. National Bureau of Economic Research, Cambridge, MA, 2008</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0120-3584201200010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7.	FLETCHER, J. y WOLFE, B. (2011). &quot;The effects of teenage fatherhood on young adult outcomes&quot;, <i>Economic Inquiry</i>, 50(1):182-201.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0120-3584201200010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8.	FLETCHER, J. (2011). &quot;The effects of teenage childbearing on the short-and long-term health behaviors of mothers&quot;, <i>Journal of Population Economics</i>, 25(1):201-218.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0120-3584201200010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9.	FL&Oacute;REZ, C. E., VARGAS, E., HENAO, J., GONZ&Aacute;LEZ, C., SOTO, V. y KASSEM, D. (2004). &quot;Fecundidad adolescente en Colombia: incidencia, tendencias y determinantes. Un enfoque de historia de vida&quot; (Documento cede). Universidad de los Andes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0120-3584201200010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10.	FL&Oacute;REZ, C. E. (2005). <i>Fecundidad adolescente: diferenciales sociales y demogr&aacute;ficos 2005. Consultado en <a href="http://www.dane.gov.co/revista_ib/html_r8/articulo1.html" target="_blank">http://www.dane.gov.co/revista_ib/html_r8/articulo1.html</a></i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0120-3584201200010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11.	FL&Oacute;REZ, C. E. y SOTO, V. E. (2007a). &quot;Fecundidad adolescente y pobreza. Diagn&oacute;stico y lineamientos de pol&iacute;tica&quot; (Misi&oacute;n para el Dise&ntilde;o de una Estrategia para la Reducci&oacute;n de la Pobreza y la Desigualdad, MERPD). Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0120-3584201200010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12.	FL&Oacute;REZ, C. E. y SOTO, V. E. (2007b). &quot;La fecundidad y el acceso a los servicios de salud reproductiva en el contexto de la movilidad social en Am&eacute;rica Latina y el Caribe&quot; (Documentos CEDE). Universidad de los Andes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0120-3584201200010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13.	FL&Oacute;REZ, C. E. y SOTO, V. (2008). &quot;El estado de la salud sexual y reproductiva en Am&eacute;rica Latina y el Caribe, una visi&oacute;n global&quot; (Documento de trabajo 632). Banco Interamericano de Desarrollo (BID).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0120-3584201200010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14.	GAVIRIA, A. (2000). &quot;Decisiones: sexo y embarazo entre las j&oacute;venes colombianas&quot;, <i>Coyuntura Social</i>, 23:84-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0120-3584201200010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15.	GAVIRIA, A. y RAPHAEL, S. (2001). &quot;School based peer effects and juvenile behavior&quot;, <i>The Review of Economics and Statistics</i>, 83(2):257-268.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0120-3584201200010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16.	GAVIRIA, A. (2002). &quot;Los que suben y los que bajan. Educaci&oacute;n y movilidad social en Colombia&quot; (Colombia 2002). Fedesarrollo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0120-3584201200010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17.	GERONIMUS, A. y KORENMAN, S. (1992). &quot;The socioeconomic costs of teenage childbearing: Evidence and interpretation&quot;, <i>Demography</i>, 30:281-290.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0120-3584201200010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18.	HECKMAN, J. (1979). &quot;Sample selection bias as a specification error&quot;, <i>Econom&eacute;trica</i>, 47(1):153-161.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0120-3584201200010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19.	HOGAN, D. y KITAWA, E. (1985). &quot;The impact of social status, family structure, and neighborhood on the fertility of black adolescents&quot;, <i>American Journal of Sociology</i>, 90(4):825-855.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0120-3584201200010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20.	HUIZINGA, D., LOEBER, R. y THORNBERRY, T. P. (1993). &quot;Longitudinal study of delinquency, drug use, sexual activity, and pregnancy among children and youth in three cities&quot;, <i>Public Health Reports</i>, 108:90-96.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0120-3584201200010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21.	LUNDBERG, S. y PLOTNICK, R. (1995). &quot;Adolescent premarital childbearing: Do economic incentives matter?&quot;, <i>Journal of Labor Economics</i>, 13(2):177-200.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0120-3584201200010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22.	MARKOWITZ, S., KAESTNER, R. y GROSSMAN, M. (2005). &quot;An investigation of the effects of alcohol consumption and alcohol policies on youth risky sexual behaviors&quot;, <i>The American Economic Review</i>, 95(2):263-266.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0120-3584201200010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23.	N&Auml;SLUND-HADLEY, E. y BINSTOCK, G. (2010). &quot;The miseducation of latin american girls: Poor schooling makes pregnancy a rational choice&quot; (IDB-TN-204). Inter-American Development Bank.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0120-3584201200010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24.	N&Uacute;&Ntilde;EZ, J. y CUESTA, L. (2006). &quot;Efectos de algunos factores demogr&aacute;ficos sobre el bienestar de las madres y sus hijos en Colombia&quot; (Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y Salud 2005). Profamilia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0120-3584201200010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25.	PROFAMILIA (2011). <i>Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y Salud 2010. Consultado en <a href="http://www.measuredhs.com/pubs/pdf/FR246/FR246.pdf" target="_blank">http://www.measuredhs.com/pubs/pdf/FR246/FR246.pdf</a></i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0120-3584201200010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26.	SEN, B. (2003). &quot;Can beer taxes affect teen pregnancy? Evidence based on teen abortion rates and birth rates&quot;, <i>Southern Economic Journal</i>, 70(2):328-343.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0120-3584201200010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27.	SCHETTINI, M. (2010). &quot;Teen pregnancy prevention&quot;, en Ph. B. Levine y D. J. Zimmerman (Eds.), <i>NBER books: Targeting investments in children: Fighting poverty when resources are limited</i>. National Bureau of Economic Research, Inc. (pp. 221-247).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0120-3584201200010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28.	UNICEF (2009). <i>Estado mundial de la infancia 2009. Salud materna y neonatal</i>. Nueva York, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0120-3584201200010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29.	URDINOLA, P. y OSPINO, C. (2007). <i>Long term consequences of adolescent fertility in Colombia</i>, in&eacute;dito.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0120-3584201200010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30.	VARGAS, E. y BARRERA, F. (2002). &quot;Adolescencia, relaciones rom&aacute;nticas y actividad sexual: una revisi&oacute;n&quot;, <i>Revista Colombiana de Psicolog&iacute;a</i>, 11:115-134.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0120-3584201200010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31.	WHO (2009). <i>Why is giving special attention to adolescents important for achieving Millennium Development Goal 5? Consultado en <a href="http://www.who.int/2008/adolescent_p.pdf" target="_blank">http://www.who.int/2008/adolescent_p.pdf</a></i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0120-3584201200010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Anexo</b>.</p>     <p><b>C&aacute;lculo de efectos marginales por niveles de riqueza</b></p>     <p>En los modelos no lineales, como la estimaci&oacute;n por probit utilizada en este documento, las diferencias entre grupos no est&aacute;n determinadas por el coeficiente que acompa&ntilde;a a la interacci&oacute;n. Estas se calculan como la diferencia en el efecto marginal, dado que pertenece (o no pertenece) al grupo y difieren de acuerdo con el tipo de variable que se utilice (continua o discreta).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><a name="ane1">I. Probit</a></b></p>     <p>Los efectos marginales para las adolescentes en los quintiles m&aacute;s alto y alto (<i>EM<sub>alto</sub></i>) y en el resto de quintiles o en el m&aacute;s bajo, seg&uacute;n el caso (<i>EM<sub>bajo</sub></i>) son:</p>     <p>Regresores continuos:</p>     <p>    <center><a name="ecu12"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu12.gif"></a></center></p>     <p>Regresores discretos:</p>     <p>    <center><a name="ecu14"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu14.gif"></a></center></p>     <p>Las pruebas de hip&oacute;tesis se realizan calculando el error est&aacute;ndar de <i>EM<sub>diferencia</sub></i> por el m&eacute;todo delta.</p>     <p><b>II.	M&eacute;todo de correcci&oacute;n de Heckman</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En esta estimaci&oacute;n la variable de resultado es continua, por lo que los efectos diferenciales se calculan de forma an&aacute;loga al caso de modelos lineales.</p>     <p>Regresores continuos:</p>     <p>    <center><a name="ecu17"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu17.gif"></a></center></p>     <p>Regresores discretos:</p>     <p>    <center><a name="ecu20"><img src="img/revistas/dys/n69/n69a06ecu20.gif"></a></center></p>     <p>Para las pruebas de hip&oacute;tesis se calculan los errores est&aacute;ndar usando la matriz de varianzas y covarianzas de los estimadores.</p> </font>      ]]></body><back>
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