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</front><body><![CDATA[   <font size="4">    <center><b>Editorial </b></center></font> <font size="4"><b>    <center>A prop&oacute;sito del reconocimiento de Colciencias a grupos de investigaci&oacute;n en administraci&oacute;n </center></b></font>     <p>A finales de 2003, Colciencias otorg&oacute; reconocimiento oficial a 23 grupos de investigaci&oacute;n en administraci&oacute;n en el pa&iacute;s, entre un total de 86 que se presentaron a su consideraci&oacute;n. Los grupos reconocidos pertenecen a once universidades: siete privadas y cuatro p&uacute;blicas. Bogot&aacute; y Cali van adelante con tres universidades cada una: Javeriana, EAN y Uniandes en Bogot&aacute;; Valle, Icesi y Javeriana (sede Cali) en la capital vallecaucana. En Manizales est&aacute;n la Nacional (sede Manizales) y la Universidad de Manizales; en Bucaramanga, la Cooperativa; en Pereira, la Tecnol&oacute;gica de Pereira; en Popay&aacute;n, el Centro Regional de Productividad del Cauca. As&iacute; mismo, llama la atenci&oacute;n que m&aacute;s de la mitad de los grupos de investigaci&oacute;n reconocidos se concentran en cuatro universidades: Valle y Uniandes, con cuatro grupos cada una; Icesi y Javeriana, de Bogot&aacute;, con tres. Es decir, existe una concentraci&oacute;n institucional y geogr&aacute;fica en el campo de la naciente investigaci&oacute;n en administraci&oacute;n. </p>     <p>El reconocimiento de estos grupos es un avance en el objetivo de institucionalizar la investigaci&oacute;n. A la vez que los grupos aprenden a funcionar con est&aacute;ndares de la comunidad cient&iacute;fica, se les abren perspectivas de financiaci&oacute;n y de interacci&oacute;n con pares acad&eacute;micos nacionales e internacionales. El proceso de competir por el reconocimiento oficial conlleva un ejercicio de sistematizaci&oacute;n, formalizaci&oacute;n y reflexi&oacute;n sobre las actividades de investigaci&oacute;n y las publicaciones que los grupos &#8212;cuya trayectoria y experiencia var&iacute;an notoriamente&#8212; ven&iacute;an adelantando. </p>     <p>Este ejercicio deja aprendizajes valiosos. Lo importante ahora es que sus miembros y las universidades a las que pertenecen aboquen de manera consciente un desaf&iacute;o: estos grupos de investigaci&oacute;n tienen que consolidarse y ser sostenibles en el largo plazo. Su tarea es compleja: aumentar el volumen y la calidad de la investigaci&oacute;n y las publicaciones acad&eacute;micas en administraci&oacute;n, y contribuir, por esa v&iacute;a, al mejoramiento de la docencia. </p>     <p>Tambi&eacute;n constituye un reto entender que estos grupos no agotan la tarea que deben cumplir las facultades en el campo de la investigaci&oacute;n: en varias de las universidades que ahora acreditan grupos de investigaci&oacute;n reconocidos por Colciencias, ha habido experiencias de investigaci&oacute;n canalizadas a trav&eacute;s de otras formas organizativas que no pueden desconocerse. La formalizaci&oacute;n de los grupos debe ser el resultado natural de una cultura de la investigaci&oacute;n dentro de las facultades de administraci&oacute;n, que toma largo tiempo en asentarse y que se concreta en las publicaciones: investigaci&oacute;n que no se publica no existe. </p>     <p>&iquest;Qu&eacute; significa que s&oacute;lo once facultades de administraci&oacute;n tengan grupos de investigaci&oacute;n reconocidos? Ante todo, constituyen un n&uacute;mero muy reducido frente a las &iexcl;118 instituciones! que ofrecen programas en administraci&oacute;n formalmente registrados ante el ICFES. Este n&uacute;mero es tan revelador de la situaci&oacute;n, como el hecho de que solamente trece de las facultades en este campo del conocimiento cuentan con el aval del Consejo Nacional de Acreditaci&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;les son los antecedentes cercanos de esta situaci&oacute;n? Hay que recordar que en 1990, en la antesala de la globalizaci&oacute;n, el gobierno nacional organiz&oacute; la Misi&oacute;n de Ciencia y Tecnolog&iacute;a, cuya principal conclusi&oacute;n se&ntilde;alaba que en el campo de la investigaci&oacute;n en administraci&oacute;n se presentaba una &#8220;escasez extrema y un estado incipiente&#8221;. De igual forma, se&ntilde;alaba que dentro de las trece facultades de administraci&oacute;n de mayor trayectoria y prestigio &#8212;de un universo que en ese entonces llegaba a 52 facultades&#8212; el n&uacute;mero de profesores con grado de Ph. D. escasamente ascend&iacute;a a 18, entre un total de 215 de tiempo completo (Rep. de Colombia-MEN-DNP-Fonade, 1990). El arrojo de la Misi&oacute;n gubernamental de las postrimer&iacute;as de la administraci&oacute;n del presidente Barco tarde o temprano produjo sus frutos: aquel estudio, que en su momento provoc&oacute; irritaci&oacute;n en varias instituciones, se difundi&oacute; masivamente (Rodr&iacute;guez, D&aacute;vila y Romero, 1992: 53-63, 65, 72); y con el correr del tiempo se asimil&oacute; y comprendi&oacute;, convirti&eacute;ndose en referencia obligada en el campo de la educaci&oacute;n en administraci&oacute;n en Colombia; tambi&eacute;n fue comentado en numerosos eventos acad&eacute;micos en el exterior. </p>     <p>Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, a comienzos de 2000, un estudio patrocinado por la revista <i>Dinero</i>, y realizado por la Corporaci&oacute;n Calidad, con el prop&oacute;sito de hacer transparente para la sociedad la calidad de los programas acad&eacute;micos de administraci&oacute;n, se&ntilde;al&oacute; que entre las cuatro universidades mejor calificadas dentro del conjunto estudiado, unas ten&iacute;an una orientaci&oacute;n acad&eacute;mica, mientras otras, a semejanza de la gran mayor&iacute;a de las encuestadas, eran decididamente &#8220;pr&aacute;cticas&#8221; (<i>Dinero, </i>2000a: 22-24). Lo interesante es que todas ellas eran cercanas al sector empresarial. Esto evidenciaba que algunas universidades no ten&iacute;an claro que deber&iacute;an ser centros de generaci&oacute;n y an&aacute;lisis cr&iacute;tico del conocimiento como base para ofrecer una educaci&oacute;n de calidad. A su vez, el sector empresarial tampoco parec&iacute;a comprender la importancia de la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica en administraci&oacute;n. Por otro lado, el forcejeo de algunas facultades de administraci&oacute;n reunidas de af&aacute;n por motivos gremialistas, que aunaron fuerzas para cuestionar la autonom&iacute;a del estudio que desnudaba su realidad, fue sintom&aacute;tico de un esp&iacute;ritu de cuerpo <i>sui generis</i> de esa curiosa comunidad de intereses. &iquest;Qui&eacute;n estar&aacute; dispuesto hoy a acometer un estudio como aqu&eacute;l? </p>     <p>Ese mismo a&ntilde;o la Corporaci&oacute;n Calidad public&oacute; un libro basado en un estudio patrocinado por Colciencias, en el que se hac&iacute;a un minucioso inventario de las publicaciones acad&eacute;micas en gesti&oacute;n empresarial hechas en Colombia entre 1965 y 1998 (Malaver) et al., 2000: xiii, 283-286). Este trabajo contiene una informaci&oacute;n muy valiosa y el an&aacute;lisis adelantado sobresale por su rigor. Sus conclusiones se&ntilde;alaban que aunque a partir de 1985 el n&uacute;mero de publicaciones hab&iacute;a aumentado, segu&iacute;a siendo muy escaso; la investigaci&oacute;n estaba concentrada en unas pocas facultades y, dentro de &eacute;stas, en un n&uacute;cleo muy reducido de investigadores. Como lo titul&oacute; un medio de comunicaci&oacute;n que coment&oacute; el libro, el caso de la educaci&oacute;n en administraci&oacute;n en Colombia era el de una &#8220;gerencia sin conocimiento&#8221;. Es decir, una docencia ignorante de la realidad que la rodeaba y con muy poco inter&eacute;s genuino en conocer seriamente, con rigor acad&eacute;mico, los or&iacute;genes, las pr&aacute;cticas y resultados de la acci&oacute;n del empresariado (<i>Dinero</i>, 2000b: 96-100) de su propio &#8220;pa&iacute;s colombiano&#8221;. A la vez que durante d&eacute;cadas hab&iacute;a hecho ruido en las aulas de clase de tantas universidades, real-mente estaba muda &#8212;con muy pocas cosas sensatas que decir&#8212; sobre problemas fundamentales de la gesti&oacute;n, que siguen a la espera de ser estudiados. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En estas circunstancias, que se suman a la importancia creciente de la gesti&oacute;n en el desarrollo del pa&iacute;s desde fines de la d&eacute;cada de los ochenta, es bienvenida la noticia de que ya hay 23 grupos de investigaci&oacute;n en administraci&oacute;n debidamente reconocidos en nuestro pa&iacute;s. Quiz&aacute; una tarea fundamental para estos grupos sea escudri&ntilde;ar con rigor esos preocupantes diagn&oacute;sticos: all&iacute; hay varias claves para entender los factores estructurales de los que depende su sostenibilidad. </p>     <p>    <center>*** </center></p>     <p>Fiel a su impronta, la <i>Revista Cuadernos de Administraci&oacute;n </i>presenta a consideraci&oacute;n de sus lectores este nuevo n&uacute;mero, centrado en la divulgaci&oacute;n de los resultados de la investigaci&oacute;n. El N.&ordm; 27 est&aacute; compuesto por siete art&iacute;culos; dos de ellos fueron elaborados por investigadores de universidades espa&ntilde;olas y mexicanas; otro, por profesoras de la Universidad Nacional de Colombia, y los cuatro restantes, por investigadores de la Universidad Javeriana: tres por profesores del Departamento de Administraci&oacute;n y uno por investigadores de los programas de Administraci&oacute;n en Salud. </p>     <p>Juan Gabriel Cegarra Navarro y Beatriz Rodrigo-Moya, a trav&eacute;s de un trabajo emp&iacute;rico en compa&ntilde;&iacute;as espa&ntilde;olas del sector &oacute;ptico, indagan en su art&iacute;culo por el desaprendizaje en las organizaciones. Partiendo de la premisa de que el mayor obst&aacute;culo para desarrollar nuevo conocimiento en las organizaciones son las dificultades para el desaprendizaje; en otros t&eacute;rminos, la capacidad para desechar el conocimiento obsoleto y enga&ntilde;oso. Apoyados en la teor&iacute;a de los recursos, encuentran evidencia de que, efectivamente, la habilidad de las empresas para suplir conocimiento obsoleto es un factor que contribuye al logro de ventajas competitivas; pero para que esto ocurra se requiere el fomento de la direcci&oacute;n y la reducci&oacute;n de las obstrucciones provenientes de factores como las regulaciones y las culturas poco participativas. Con est&aacute; publicaci&oacute;n la <i>Revista </i>espera contribuir a incentivar el estudio de la gesti&oacute;n del conocimiento en nuestro medio, pues &eacute;ste no ha sido analizado sistem&aacute;ticamente, en especial en las facultades de administraci&oacute;n, al menos si se mira la escasa producci&oacute;n intelectual derivada de la investigaci&oacute;n sobre el tema. </p>     <p>El art&iacute;culo de Florentino Malaver Rodr&iacute;guez y Marisela Vargas P&eacute;rez indaga por el comportamiento reciente de las empresas del sector industrial colombiano en el campo de la innovaci&oacute;n; para ello comparan los resultados arrojados por la primera encuesta de desarrollo tecnol&oacute;gico en el establecimiento industrial colombiano (EDT1), realizada en 1996 y por la prueba piloto de la (EDT2), aplicada en cien empresas en 2003. La contrastaci&oacute;n demuestra que en un pa&iacute;s con bajo esfuerzo para el desarrollo de la ciencia y la tecnolog&iacute;a &#8212;expresado en unos gastos como proporci&oacute;n del PIB inferiores al promedio latinoamericano&#8212;, la inversi&oacute;n en recursos para estas actividades se redujo a&uacute;n m&aacute;s por las dificultades econ&oacute;micas que atraves&oacute; Colombia al finalizar la d&eacute;cada de los noventa y que a&uacute;n no ha superado. Sin embargo, el desempe&ntilde;o innovador de las empresas mejor&oacute; y, adem&aacute;s, el predominio de las innovaciones en los procesos tendi&oacute; a desplazarse hacia las de productos. Los autores intentan explicar estos hechos mediante la hip&oacute;tesis seg&uacute;n la cual, agotada la estrategia defensiva de racionalizaci&oacute;n de costos que predomin&oacute; en los a&ntilde;os noventa, se recurri&oacute; en mayor grado a la innovaci&oacute;n por parte de las empresas para enfrentar los desaf&iacute;os del entorno. </p>     <p>Partiendo del trabajo pionero de Williamson (1991), Torres, Gorbaneff y Contreras elaboran en su art&iacute;culo una propuesta conceptual para estudiar las formas organizacionales que asumen las empresas para desarrollar la producci&oacute;n y el intercambio de bienes y servicios. Los autores proponen tres tipos ideales de formas de organizaci&oacute;n: las empresas, los mercados y las resultantes de los acuerdos de cooperaci&oacute;n; a ello se agrega su profundizaci&oacute;n en la indagaci&oacute;n sobre los componentes organizacionales en dichas formas de gobernaci&oacute;n. Como lo se&ntilde;alan estos autores, en un momento en el cual crecen y se multiplican las formas organizacionales, su propuesta es &uacute;til para identificar, clasificar y caracterizar las formas de gobernaci&oacute;n de las transacciones econ&oacute;micas y para establecer las relaciones existentes entre dichas formas organizacionales y su desempe&ntilde;o econ&oacute;mico. </p>     <p>En su art&iacute;culo, el profesor Jos&eacute; Alberto P&eacute;rez Toro analiza la posici&oacute;n de Colombia frente a los acuerdos bilaterales y multilaterales (TLC, ALCA, CAN, Mercosur) que convergen en la conformaci&oacute;n de un mercado hemisf&eacute;rico. En Colombia, pese a la importancia de procesos como el TLC, en ciernes, y la inminencia del inicio del ALCA, es notoria la escasez y la debilidad de los diagn&oacute;sticos de partida, as&iacute; como el escaso debate que precedi&oacute; al inicio de las negociaciones del TLC por parte de Colombia. En el caso de las facultades de administraci&oacute;n, la escasez de publicaciones sobre el tema indica, con mayor raz&oacute;n, que el an&aacute;lisis de estos procesos y sus implicaciones, desde la perspectiva empresarial, es una tarea pendiente. Por ello, <i>Cuadernos de Administraci&oacute;n</i> pone a consideraci&oacute;n de los lectores este oportuno art&iacute;culo. </p>     <p>Por su parte, los profesores Dom&iacute;nguez, Hern&aacute;ndez y Toledo presentan las conclusiones de un estudio en el cual indagan por los factores que tienen mayor incidencia en el logro de la competitividad en actividades en las cuales predominan las micro, peque&ntilde;as y medianas empresas. Para ello realizaron un significativo trabajo emp&iacute;rico en 176 peque&ntilde;as unidades productivas localizadas en tres estados mexicanos, en un valioso intento de conectar los an&aacute;lisis estrat&eacute;gicos y de la innovaci&oacute;n aplicando t&eacute;cnicas estad&iacute;sticas en industrias fragmentadas y heterog&eacute;neas, como las de artesan&iacute;as. Ponemos a consideraci&oacute;n de los lectores de <i>Cuadernos de Administraci&oacute;n</i> los resultados de sus esfuerzos, que se sintetizan en las relaciones significativas que existen entre la innovaci&oacute;n, un ambiente favorable y la competitividad, y el apoyo gubernamental y la innovaci&oacute;n. </p>     <p>Los profesores Edgardo Cay&oacute;n Fallon y Julio Sarmiento Sabogal presentan los resultados de su exploraci&oacute;n sobre la eficiencia del valor en riesgo como herramienta para calcular el riesgo del mercado en Colombia. El art&iacute;culo y sus resultados &#8212;pol&eacute;micos, por dem&aacute;s&#8212; muestran que pese a la elevada utilizaci&oacute;n de esta t&eacute;cnica en nuestro medio, no es eficiente para medir el riesgo en el pa&iacute;s. De all&iacute; se desprende la l&oacute;gica necesidad de explorar t&eacute;cnicas m&aacute;s avanzadas y m&aacute;s apropiadas para ese prop&oacute;sito. El debate, pues, est&aacute; abierto. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el &uacute;ltimo art&iacute;culo, Alexandra Montoya y Angy Castellanos presentan los resultados m&aacute;s sobresalientes del proceso de autoevaluaci&oacute;n del Programa Curricular de Administraci&oacute;n de Empresas de la Universidad Nacional. La <i>Revista </i>acogi&oacute; este art&iacute;culo porque aporta valiosa informaci&oacute;n, proveniente de fuentes primarias, que puede servir de referente para programas semejantes, en especial para aquellos que est&aacute;n adscritos a las universidades p&uacute;blicas colombianas. </p>     <p align=right style='text-align:right'>Carlos D&aacute;vila L. de Guevara </p>     <p align=right style='text-align:right'>Miembro de Comit&eacute; Editorial Profesor titular de la Universidad de los Andes </p>     <p align=right style='text-align:right'>Florentino Malaver Rodr&iacute;guez </p>     <p align=right style='text-align:right'>Editor </p>     <p><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas </b></p>     <p><i>Dinero. </i>2000b. &#8220;Las mejores escuelas de negocios&#8221;, N. 101, 11 de febrero , pp. 24-44.</p>     <p>&nbsp;&#8220;Gerencia sin conocimiento&#8221;, N. 120, 27 de octubre. (2000b).</p>     <p>Malaver, F. (dir.) <i>et al. </i>(2000),<i> Investigaci&oacute;n en gesti&oacute;n empresarial: &iquest;Proceso naciente? Colombia,1965-1998</i>, Bogot&aacute;, Corporaci&oacute;n Calidad. </p>     <p>Rep&uacute;blica de Colombia, Ministerio de Educaci&oacute;n Nacional-Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n Fonade. 1990.<i> La conformaci&oacute;n de comunidades cient&iacute;ficas en Colombia</i>, Tomo II, Bogot&aacute; (Manuel Rodr&iacute;guez, Carlos D&aacute;vila y Luis E. Romero, &#8220;Informe para la Misi&oacute;n de Ciencia y Tecnolog&iacute;a sobre el estado actual y perspectivas de la educaci&oacute;n y la investigaci&oacute;n en el &aacute;rea de la administraci&oacute;n en Colombia&#8221;). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Rodr&iacute;guez, M., D&aacute;vila, C. y Romero, L. E. (1992), <i>Gerencia privada, gerencia p&uacute;blica, educaci&oacute;n en crisis</i>, Bogot&aacute;, Universidad de los Andes.</p>      ]]></body>
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