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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Desaprendizaje individual: un paso previo a la creación del capital relacional]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Companies, just like people, are traditionally directed towards learning. However, the greatest obstacle to develop new knowledge is unlearning what is already known. Unlearning is the process in which obsolete and misleading knowledge is rejected. But organizations cannot unlearn. Only people are capable of learning and &#8216;unlearning&#8217; through mental activity. The work here presented explains the process of individual unlearning as a necessary step for relational capital generation. Data from 139 Spanish companies working in the optic sector are used; success parameters that define the individual unlearning process are identified through two structural equation models. Results indicate that &#8216;unlearning&#8217; is unlikely to occur on an individual basis unless it is fostered and, therefore, it needs to be authorized by management and not to be obstructed by rules and regulations. However, organizations might not be investing as much as they should in mechanisms that promote individual &#8216;unlearning&#8217; capabilities. Consideration should be given to how existing rules and procedures obstruct &#8216;unlearning&#8217;, how individuals and groups should be encouraged to get out of conventional thought boundaries, and how knowledge structures could be made more transparent. In order to generalize results, this research study will be carried out in other sectors and with others items.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[desaprendizaje individual]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[   <font size="4">    <center><b>Desaprendizaje individual: un paso previo a la creaci&oacute;n del capital relacional*</b></center></font>     <p>    <center>Juan Gabriel Cegarra Navarro<sup>** </sup>Beatriz Rodrigo-Moya<sup>***</sup></center></p>     <p>* Los datos de esta investigaci&oacute;n tienen su origen en un programa de investigaci&oacute;n, titulado <i>El aprendizaje organizativo como herramienta para evaluar y gestionar el valor a&ntilde;adido en los servicios &oacute;ptico</i>, financiado por el Colegio Nacional de &Oacute;pticos de Espa&ntilde;a. Los autores de este trabajo quieren agradecer los aportes de los tres revisores an&oacute;nimos del art&iacute;culo, quienes con su tiempo y experiencia han colaborado en la mejor&iacute;a del trabajo final, as&iacute; como en el dise&ntilde;o de futuras l&iacute;neas de investigaci&oacute;n. C&oacute;digo de la investigaci&oacute;n: CNOO-MU-60502. El art&iacute;culo se recibi&oacute; 07-04-2003 y se aprob&oacute; 28-05-2004. </p>     <p>** Doctor en Administraci&oacute;n de Empresas por la Universidad Nacional de Educaci&oacute;n a Distancia en Madrid, en diciembre de 2002; Mag&iacute;ster en Marketing y Comunicaci&oacute;n por el IEDE (Institute for Executive Development de Madrid), en julio de 1999. Profesor asociado del Departamento de Econom&iacute;a de la Empresa de la Universidad Polit&eacute;cnica de Cartagena. En la actualidad tambi&eacute;n es miembro del Comit&eacute; Espa&ntilde;ol de Gesti&oacute;n del Conocimiento. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:juan.cegarra@upct.es">juan.cegarra@upct.es</a>. </p>     <p>*** Doctora en Administraci&oacute;n de Empresas por la Universidad Nacional de Educaci&oacute;n a Distancia en Madrid, (diciembre de 1993); Mag&iacute;ster de la Universidad Complutense de Madrid, 1989. Ha publicado numerosos libros y art&iacute;culos sobre temas empresariales. Actualmente es profesora titular y coordinadora del Master de Recursos Humanos, Facultad de Econom&iacute;a y Empresa de la Universidad Nacional de Educaci&oacute;n a Distancia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:brodrigo@cee.uned.es">brodrigo@cee.uned.es</a>. </p>     <p>RESUMEN </p>     <p>Tradicionalmente las empresas, al igual que las personas, se empe&ntilde;an en aprender, sin embargo, el mayor obst&aacute;culo para desarrollar nuevo conocimiento es desaprender lo que se sabe. El desaprendizaje se define como el proceso mediante el cual se desecha el conocimiento obsoleto y enga&ntilde;oso. No obstante, las organizaciones no pueden desaprender, sola-mente los individuos pueden aprender y desaprender por medio de sus actividades mentales. Este trabajo justifica el proceso de desaprendizaje individual como un paso intermedio para la generaci&oacute;n de capital relacional. Para ello se utilizan datos de 139 compa&ntilde;&iacute;as del sector &oacute;ptico espa&ntilde;ol y, mediante dos modelos de ecuaciones estructurales, se identifican los par&aacute;metros de &eacute;xito que definen el proceso de desaprendizaje individual. </p>     <p>Los resultados indican que el desaprendizaje es improbable que ocurra a escala individual sin que sea fomentado, y para este fin requiere ser autorizado por la direcci&oacute;n y no ser obstruido por reglas o regularizaciones. Sin embargo, las organizaciones que aprenden pueden no estar invirtiendo lo suficiente en los mecanismos que facilitan el desaprendizaje individual. Por ello es necesario plantearse c&oacute;mo las reglas y procedimientos existentes dificultan el desaprendizaje, c&oacute;mo los individuos y grupos deber&iacute;an ser animados a pensar fuera de los patrones convencionales y c&oacute;mo las estructuras de conocimiento podr&iacute;an hacerse m&aacute;s transparentes. Para poder generalizar los resultados, en el futuro esta investigaci&oacute;n tendr&aacute; lugar en otros sectores considerando otros &iacute;tems. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> desaprendizaje individual, capital intelectual, capital relacional, pymes, Industria &Oacute;ptica de Espa&ntilde;a. </p> <font size="4">    <center><b>Individual unlearning: a previous step for relational capital generation</b></center></font>     <p>ABSTRACT </p>     <p>Companies, just like people, are traditionally directed towards learning. However, the greatest obstacle to develop new knowledge is unlearning what is already known. Unlearning is the process in which obsolete and misleading knowledge is rejected. But organizations cannot unlearn. Only people are capable of learning and &#8216;unlearning&#8217; through mental activity. The work here presented explains the process of individual unlearning as a necessary step for relational capital generation. Data from 139 Spanish companies working in the optic sector are used; success parameters that define the individual unlearning process are identified through two structural equation models. </p>     <p>Results indicate that &#8216;unlearning&#8217; is unlikely to occur on an individual basis unless it is fostered and, therefore, it needs to be authorized by management and not to be obstructed by rules and regulations. However, organizations might not be investing as much as they should in mechanisms that promote individual &#8216;unlearning&#8217; capabilities. Consideration should be given to how existing rules and procedures obstruct &#8216;unlearning&#8217;, how individuals and groups should be encouraged to get out of conventional thought boundaries, and how knowledge structures could be made more transparent. In order to generalize results, this research study will be carried out in other sectors and with others items. </p>     <p><b>Key words: </b>Individual unlearning, intellectual capital, relational capital, SME, Optic Industry of Spain. </p>     <p><b>Introducci&oacute;n </b></p>     <p>La interacci&oacute;n entre los modelos mentales guardados por su organizaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n es un factor cr&iacute;tico para entender c&oacute;mo las organizaciones aprenden. De acuerdo con Huber, &#8220;el aprendizaje aumenta cuanto m&aacute;s variadas sean las interpretaciones, dado que tal desarrollo cambia la gama de los comportamientos potenciales de la organizaci&oacute;n&#8221; (1991: 102). Sin embargo, la mayor&iacute;a de los sistemas de informaci&oacute;n existentes se enfocan hacia la convergencia de la interpretaci&oacute;n, y no son dise&ntilde;ados para dejar la puerta abierta a interpretaciones m&uacute;ltiples (Argyris, 1977a y 1977b). La uniformidad en la interpretaci&oacute;n de la informaci&oacute;n entre los miembros de la organizaci&oacute;n se ve determinada por: </p>     <p>&middot; Los mapas cognitivos consisten en la interpretaci&oacute;n de la informaci&oacute;n, los cuales est&aacute;n claramente afectados por las representaciones mentales de quien los analiza. </p>     <p>&middot; La riqueza media hace referencia al grado de similitud entre el mensaje enviado por el emisor y el significado percibido por el receptor. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&middot; La sobrecarga de informaci&oacute;n se refiere a que la informaci&oacute;n es menos efectiva si &eacute;sta excede la capacidad de las unidades organizativas para procesarla. </p>     <p>&middot; El <i>desaprendizaje</i>, entendi&eacute;ndolo como un obst&aacute;culo al aprendizaje, es la dificultad para preguntarse y rechazar pr&aacute;cticas existentes (suposiciones y creencias heredadas) como &uacute;nicas alternativas viables y con efectos en el aprendizaje. </p>     <p>Huber (1991) afirma que uno de los principales factores que influyen en el &eacute;xito del aprendizaje organizativo es la eliminaci&oacute;n del conocimiento obsoleto. Este proceso implica desechar aquellos conocimientos que se han quedado desfasados y que pueden conducir a que el nuevo conocimiento se interprete dentro de un &aacute;mbito muy limitado, de lo cual resulta una miop&iacute;a colectiva que impide detectar nuevas oportunidades. El desaprendizaje representa la destrucci&oacute;n creativa mencionada por Schumpeter (1949), es decir, un paso fundamental para una correcta interpretaci&oacute;n compartida del nuevo conocimiento. </p>     <p>En este sentido, hay que destacar las dificultades que encuentran las organizaciones con un pasado exitoso para desechar las formas de actuar que en el pasado dieron resultado. Esta resistencia probablemente tiene su origen en las reticencias de las personas con experiencia a abandonar parte de los conocimientos y formas de actuar adquiridos a lo largo de los a&ntilde;os y que constituyen una parte importante de su capital. </p>     <p>Argyris (1977a y 1977b) y Hedberg (1981) han mencionado el papel crucial que desempe&ntilde;a el desaprendizaje individual como determinante del proceso de creaci&oacute;n de capital intelectual y poder desarrollador de nuevos conocimientos utilizando los conocimientos existentes dentro de la organizaci&oacute;n. A pesar de lo dicho, las organizaciones dedican la mayor parte de su tiempo a la caza indiscriminada de informaci&oacute;n y siguen conservando sus rutinas, sistemas de diagn&oacute;stico, reglas y procedimientos obsoletos. As&iacute;, los objetivos de este trabajo son: (1) introducir un marco te&oacute;rico que nos sirva de punto de referencia del proceso de desaprendizaje; (2) establecer unos facilitadores para eliminar el conocimiento obsoleto, y (3) medir la importancia relativa e implicaci&oacute;n de estos factores en el proceso de desaprendizaje individual y su repercusi&oacute;n en la creaci&oacute;n de capital intelectual. </p>     <p><b>1. Marco te&oacute;rico del desaprendizaje</b></p>     <p>Las aportaciones de la teor&iacute;a de la empresa basada en los recursos y la visi&oacute;n basada en el conocimiento sugieren que las ventajas competitivas proceden, fundamental-mente, de las habilidades y capacidades de la empresa. Lo anterior implica considerar el aprendizaje un aspecto estrat&eacute;gico fundamental. Argyris y Sch&ouml;n (1978); Fiol y Lyles (1985); Senge (1990); Dogson (1993); Nevis, DiBella, Gould y Janet (1995), y Schwandt y Marquardt (2000) observan ciertos rasgos caracter&iacute;sticos de la relaci&oacute;n aprendizaje-desaprendizaje, que se comentan a continuaci&oacute;n: </p>     <p>&middot; La mayor&iacute;a de los autores vinculan el aprendizaje a la adquisici&oacute;n de conocimiento. Sin embargo, la adquisici&oacute;n de nuevo conocimiento depende del procesamiento de informaci&oacute;n existente, a trav&eacute;s del cual el aprendizaje tiene lugar, lo que implica considerar que las visiones compartidas, las rutinas organizativas y la memoria existente, en gran medida, afectan al proceso de aprendizaje. </p>     <p>&middot; Adem&aacute;s, el aprendizaje es acumulativo. Teece, Rumelt, Dosi y Winter (1994), as&iacute; como Argyris y Sch&ouml;n (1978) muestran que la cantidad de aprendizaje en un momento dado es funci&oacute;n directa del aprendizaje acumulado hasta dicho momento. El aprendizaje es un proceso que depende de la trayectoria de la empresa en lo referente a su capacidad para aprender aquello que puede ser objeto de aprendizaje. Nord y Tucker (1987) establecen que las empresas se encuentran limitadas por la forma en que hayan actuado en el pasado, con independencia de que si eso ha sido exitoso o no. </p>     <p>Por consiguiente, la clave para el aprendizaje organizativo reside en repasar y eliminar los modelos mentales institucionalizados en la estructura de operaciones de la empresa, que en su momento fueron exitosos para la organizaci&oacute;n, pero que en la actualidad afectan negativamente a las reglas de decisi&oacute;n que rigen el comportamiento del los individuos y grupos de la organizaci&oacute;n (Grant, 1991). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Respecto a c&oacute;mo eliminar los modelos mentales institucionalizados, Spender (1998) sugiere que las organizaciones no pueden &#8216;desaprender&#8217;, que solamente los individuos pueden hacerlo. En este sentido, Jelinek (1979) se&ntilde;ala que el desaprendizaje requiere una actividad mental que solamente puede darse en las personas. Consecuentemente, es mediante el desaprendizaje individual como las organizaciones logran eliminar el conocimiento obsoleto. Dewhurst y Cegarra (2004) sugieren que la eliminaci&oacute;n del conocimiento obsoleto est&aacute; muy ligada a la capacidad de las personas de reflexionar sobre los resultados y promover acciones de mejora bas&aacute;ndose en esta reflexi&oacute;n, es decir, se necesita un proceso de inferencia individual a partir de la informaci&oacute;n que debe ser interpretada. </p>     <p>Cegarra y Dewhurst (2003) definen el desaprendizaje individual como un proceso din&aacute;mico orientado a la identificaci&oacute;n de problemas, a la actuaci&oacute;n adoptada y a la incorporaci&oacute;n de nuevas medidas de control. Mediante estas tres fases, los individuos llevan a cabo acciones m&aacute;s efectivas en la organizaci&oacute;n a trav&eacute;s del establecimiento de modelos y rutinas de comportamiento, que suponen pautas impl&iacute;citas que obstaculizan la apropiaci&oacute;n colectiva del conocimiento nuevo. </p>     <p>&middot; Identificaci&oacute;n del problema: Schein (1993) sugiere que todas las formas de aprendizaje y de cambio se inician con alg&uacute;n tipo de insatisfacci&oacute;n o frustraci&oacute;n generadas por datos que desconforman expectativas y esperanzas. Nonaka y Takeuchi (1995) plantean que el uso intencionado del caos creativo representa una alternativa &uacute;til para este menester. Cuando un individuo se enfrenta a un problema real se dice que entra en situaci&oacute;n de caos. Ante &eacute;ste se incrementa la tensi&oacute;n y se enfocan todos los esfuerzos hacia la definici&oacute;n y resoluci&oacute;n del problema, por ello es importante que los trabajadores no se achiquen ante los problemas, sino que se enfrenten a ellos y los resuelvan. </p>     <p>&middot; La identificaci&oacute;n del problema unido al sentimiento de cambio del patr&oacute;n cognitivo que lo causa son circunstancias que justifican la actuaci&oacute;n adoptada por parte del individuo. Watzlawick, Weakland y Fisch (1974) sugieren que cuando un individuo descubre un problema, &eacute;ste cambia sus patrones para solucionar el problema; sin embargo, cambios en las creencias de los individuos sin cambios en las acciones de los grupos o de las organizaciones crean tensi&oacute;n. Al mismo tiempo, los patrones individuales se manifiestan en varias soluciones aplicables por la organizaci&oacute;n frente a requerimientos internos, como la adaptaci&oacute;n necesaria del personal a los cambios provocados por la implementaci&oacute;n de nuevas estrategias y pol&iacute;ticas empresariales, as&iacute; como a requerimientos externos creados por el entendimiento mutuo entre el cliente y el individuo, de cara a lograr mayor confianza y servicios ajustados a las necesidades (Hutchins, 19991; Grantham, 1993).</p>     <p>&middot; Incorporaci&oacute;n de nuevas medidas de control: tal como lo reconocen Kaplan y Norton (1992), dif&iacute;cilmente se podr&aacute; gestionar aquello que no se puede medir. En este sentido, se deber&iacute;a tener presente que la finalidad de eliminar conocimiento obsoleto puede ser diferente dependiendo se analice al individuo o la organizaci&oacute;n. El prop&oacute;sito desde el punto de vista de la organizaci&oacute;n ser&aacute; obtener objetivos institucionales, como la supervivencia y crecimiento en t&eacute;rminos econ&oacute;micos. Sin embargo, los individuos, cuando desaprenden, estar&iacute;an persiguiendo no improvisar o volver a hacer algo equivocado (Dewhurst y Cegarra, 2004). Por ello, para gestionar el desaprendizaje individual es necesario ampliar la gama de indicadores y medidas convencionalmente usadas y tratar de buscar medidas consensuadas por la organizaci&oacute;n y los propios individuos. Por ejemplo, considerar aspectos como el n&uacute;mero de proyectos y novedades introducidos por la empresa, antes que el n&uacute;mero de horas dedicadas a discutir los proyectos actuales. </p>     <p>Por otra parte, la necesidad de las organizaciones de cambiar es hoy mucho mayor que hace diez, veinte o treinta a&ntilde;os. En la actualidad los entornos cambian a ritmos muy r&aacute;pidos, al igual que las tecnolog&iacute;as y los mercados. Sin embargo, cuando observamos los resultados de los intentos de transformaciones, encontramos pocas organizaciones que consiguen gestionarlos bien. El desaprendizaje individual es un eslab&oacute;n ubicado entre el reaprendizaje y la creaci&oacute;n de capital intelectual, y en gran medida una mala utilizaci&oacute;n de &eacute;ste explica tal lentitud en aprender generativamente. </p>     <p>El desaprendizaje individual no afecta solamente a la forma como se desarrollan los procesos internos de la organizaci&oacute;n, sino que a su vez todo ello influye directamente en la eficacia de la mercadotecnia externa (Fliplo, 1986; Eigliuer y Langeard, 1989). Es decir, las manifestaciones de conocimiento que percibe el cliente derivadas de la actuaci&oacute;n del personal de contacto en la prestaci&oacute;n del servicio. </p>     <p>En este sentido, si el capital relacional representa el valor que posee para la organizaci&oacute;n el conjunto de relaciones que mantiene con el exterior &#8212;concepto que ha sido tambi&eacute;n designado como <i>capital social,</i> por Camis&oacute;n, Palacios y Devece (2000), o m&aacute;s restrictivo como <i>capital cliente,</i> por Onge (1996)&#8212;, es l&oacute;gico pensar que el componente de capital intelectual que m&aacute;s mejorar&aacute; por el desaprendizaje individual sea, precisamente, el capital relacional. En concreto, esta investigaci&oacute;n, de acuerdo con Bueno (1998), ha contemplado la relaci&oacute;n de tres componentes del capital relacional: la mejora de la calidad, la reputaci&oacute;n de una organizaci&oacute;n en el mercado y la satisfacci&oacute;n de los clientes. </p>     <p>&middot; La calidad se puede entender como el conjunto de caracter&iacute;sticas de un producto o servicio que satisfacen las necesidades de los clientes. Garvin (1988) establece lo que &eacute;l llama <i>dimensiones de la calidad</i>, las cuales engloban todas aquellas caracter&iacute;sticas intr&iacute;nsecas y extr&iacute;nsecas al producto  o servicio que le van a servir para satisfacer mejor que la competencia las necesidades del sector de mercado al cual vaya dirigido. En esta l&iacute;nea, las pr&aacute;cticas de desaprendizaje individual permitir&aacute;n a los individuos en contacto directo con los clientes plantearse las formas c&oacute;mo se prestan los servicios o se entregan los productos al cliente e identificar&aacute;n posibles alternativas para mejorarlas (Babakus y Glynn Mangold, 1992). </p>     <p>&middot; La reputaci&oacute;n de una organizaci&oacute;n en el mercado es un poderoso intangible e implica la disminuci&oacute;n del riesgo o garantiza el futuro. De cara a mejorar este intangible, las pr&aacute;cticas de desaprendizaje individual son altamente visibles para los consumidores y tienen el potencial de fortalecer o fragilizar la opini&oacute;n del p&uacute;blico con respecto a una empresa o a su marca, seg&uacute;n se empleen correcta o incorrectamente (Cegarra y Rodrigo, 2003). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&middot; La satisfacci&oacute;n de los clientes representa la evaluaci&oacute;n que realiza el cliente entre el servicio que ha recibido y el que esperaba recibir, entre lo previsto y lo recibido. De acuerdo con Bueno (1998), cuando algo no se hace bien y r&aacute;pidamente se soluciona, se genera lealtad y confianza entre los clientes y la organizaci&oacute;n, y con ello se consigue un p&uacute;blico m&aacute;s tolerante y m&aacute;s propenso a mantener su confianza en tiempos de crisis. </p>     <p><b>2. Contexto para eliminar el conocimiento obsoleto </b></p>     <p>La eliminaci&oacute;n del conocimiento obsoleto recorrer&aacute; una a una o en paralelo cada una de las fases del aprendizaje organizativo. A estos efectos, Kohli y Jaworski (1990) o Nevis, DiBella, Gould y Janet (1995) estructuran el aprendizaje organizativo en tres fases (adquisici&oacute;n, distribuci&oacute;n y utilizaci&oacute;n del conocimiento). </p>     <p>Las personas son poseedoras de tan s&oacute;lo un punto de vista sobre cualquier aspecto y, por consiguiente, es necesario desarrollar la conciencia de la existencia de muchos m&aacute;s que pueden ser tan o m&aacute;s v&aacute;lidos que el percibido por ellos. Para ello, Garud y Nayyar (1994) sugieren que es necesario crear un contexto donde (1) se fomente el acceso al conocimiento integrado fuera de la organizaci&oacute;n y donde (2) el conocimiento grupal salte las fronteras de los grupos que lo generan, facilitando la creaci&oacute;n y el uso del conocimiento que ha sido previa-mente aprendido. A estos efectos, Day (2000) sugiere que la organizaci&oacute;n, y en especial su direcci&oacute;n, no se debe limitar a recibir informaci&oacute;n, sino que tiene que participar activamente en la detecci&oacute;n de problemas, planteando las cuestiones adecuadas en el momento oportuno. </p>     <p>A continuaci&oacute;n se identifican algunas de las estructuras, creencias, valores, normas y procesos que la organizaci&oacute;n y, en especial, su direcci&oacute;n ponen a disposici&oacute;n de los individuos para que desaprendan en un per&iacute;odo m&aacute;s breve. </p>     <p><b>2.1<i> Contexto individual de desaprendizaje </i></b></p>     <p>El contexto individual de desaprendizaje se define como el conjunto de elementos relacionados con el ambiente proporcionado por la organizaci&oacute;n para que ocurran los deseados intercambios de visiones y opiniones que facilitan el desaprendizaje individual. Para ello, bas&aacute;ndose en las aportaciones de Nonaka (1994), este trabajo ha considerado tres componentes b&aacute;sicos dentro del concepto de contexto individual de desaprendizaje: </p>     <p>Primero, dado que cuando el conocimiento se ha institucionalizado por la organizaci&oacute;n es dif&iacute;cil cambiarlo, se debe motivar a los empleados a tomar riesgos (Schein, 1993). La autonom&iacute;a permitida impulsa y da sentido al compromiso personal del individuo hacia la organizaci&oacute;n, compromiso que deber&aacute; ser gestionado por la organizaci&oacute;n. Esto es, el grado de libertad permitida a los individuos posibilita introducir innovaciones, creaciones o ideas que representen nuevas oportunidades para la organizaci&oacute;n. </p>     <p>Segundo, la identificaci&oacute;n del conocimiento obsoleto hasta lograr un producto o mejorar el proceso final requiere pr&aacute;cticas de &#8220;prueba y error&#8221;, por ello resulta vital que en la empresa se reconozca expl&iacute;citamente la importancia de la experimentaci&oacute;n previa (Fahey y Prusak, 1998) y la existencia de la tolerancia ante el fallo (Von Krogh, 1998). A este respecto, Sitkin (1992) sugiere que una incidencia regular de peque&ntilde;os fallos promueve la variedad necesaria para que el aprendizaje tenga lugar. Los denominados <i>fallos inteligentes</i> tienen cinco atributos: (1) son resultado de acciones cuidadosamente planificadas, (2) sus resultados son inciertos, (3) son depeque&ntilde;a escala, (4) reciben una clara respuesta y (5) tienen lugar en entornos favorecedores del aprendizaje. </p>     <p>Tercero, un factor determinante en la transferencia de conocimiento en un contexto como el de desaprendizaje individual es la apertura de los participantes en t&eacute;rminos de la voluntad para compartir conocimientos. Badaracco (1991) declara que la apertura es de m&aacute;xima importancia para enlazar el conocimiento, porque determina lo que una parte puede aprender de las otras o el conocimiento que pueden crear juntas. Para ello, la satisfacci&oacute;n del personal es el paso previo, dado que un individuo no iniciar&aacute; procesos internos como la reflexi&oacute;n, la intuici&oacute;n o la interpretaci&oacute;n, si previamente no existe satisfacci&oacute;n y compromiso por hacerlo (Fornell, 2000). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>2.2<i> Eliminaci&oacute;n del conocimiento </i></b></p>     <p>La eliminaci&oacute;n de conocimiento requiere el di&aacute;logo intensivo entre todos los &aacute;mbitos (desde el individual hasta el interorganizativo), circunstancia que dif&iacute;cilmente ocurrir&aacute; si no es impulsada por la &#8220;alta direcci&oacute;n y los mandos intermedios&#8221; (Hedlund, 1994: 82; Nonaka y Konno, 1998). Al respecto, se identifican los siguientes facilitadores: </p>     <p>Primero, si una organizaci&oacute;n realizara un an&aacute;lisis de contenidos sobre una muestra de informes, memorandos o correos electr&oacute;nicos ver&iacute;a que cada departamento probablemente ha desarrollado su propio vocabulario. Day (2000) sugiere, que este tipo de terminolog&iacute;a desapasionada impide que los empleados vean a los clientes como personas con necesidades, problemas y estilos de vida propios. Todo lo contrario, los clientes son reducidos a contratos en papel, archivos digitalizados y obligaciones, m&aacute;s que a oportunidades. La conversaci&oacute;n y el di&aacute;logo permiten la interacci&oacute;n de puntos de vista entre los individuos, lo que facilita la clarificaci&oacute;n de situaciones confusas y sienta las bases para aprovechar oportunidades de venta cruzada. Por ello, la direcci&oacute;n debe buscar la presencia de lenguaje com&uacute;n en la organizaci&oacute;n (Grant, 1996a y 1996b). </p>     <p>Segundo, comunicaci&oacute;n lateral. Uno de los principales obst&aacute;culos para distribuir conocimiento son los llamados puntos cr&iacute;ticos o conductos reglamentarios. Estos obst&aacute;culos permiten el flujo vertical, pero impiden o dificultan el flujo en sentido horizontal (Day, 1995). En esta l&iacute;nea, tanto Grant (1996b) como Miles, Miles, Perrone y Edvinsson (1998) plantean que al concebir la organizaci&oacute;n como una instituci&oacute;n integradora de conocimiento, la coordinaci&oacute;n jer&aacute;rquica falla; por ello en la medida en que se eliminen esos obst&aacute;culos, la organizaci&oacute;n podr&aacute; tomar decisiones m&aacute;s r&aacute;pida y eficazmente y conseguir&aacute; no s&oacute;lo aumentar el flujo de informaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n su calidad, es decir, filtrar la informaci&oacute;n obsoleta o enga&ntilde;osa (Slater y Narver, 1995). </p>     <p>Tercero, Brown y Duguid (1998) consideran que la clave para la creaci&oacute;n de conocimiento organizativo es tejerlo todo junto; para ello el mecanismo de coordinaci&oacute;n dominante deber&aacute; estar fundamentado en la confianza. As&iacute;, la direcci&oacute;n deber&aacute; impulsar la presencia de mecanismos de coordinaci&oacute;n basados en la adaptaci&oacute;n mutua, especialmente entre diferentes comunidades o grupos. Tal circunstancia facilitar&aacute; la b&uacute;squeda de informaci&oacute;n, el reconocimiento de problemas y la motivaci&oacute;n para adaptarse a la situaci&oacute;n m&aacute;s deseable. </p>     <p><b>2.3<i> Creaci&oacute;n de la mente compartida </i></b></p>     <p>La creaci&oacute;n de la mente compartida no puede darse en la organizaci&oacute;n como un todo, pues es indudable que simult&aacute;neamente no se podr&aacute; dar interacci&oacute;n con intimidad, di&aacute;logo y discusi&oacute;n entre todas las personas que conforman la organizaci&oacute;n (Cegarra y Rodrigo, 2003). Por ello ser&aacute; necesaria la existencia de grupos o equipos formales o informales, pero peque&ntilde;os en comparaci&oacute;n con el gran grupo que vendr&iacute;a a ser la organizaci&oacute;n entera, a trav&eacute;s de los cuales las personas puedan compartir su <i>know-how</i> y sentido del hacer. </p>     <p>El papel desempe&ntilde;ado por estos equipos, tal como se&ntilde;alan Daft y Weick (1984), gracias al entendimiento compartido y la discusi&oacute;n que se genera ante situaciones imprevistas, es el paso previo para impulsar el no uso de determinadas rutinas y patrones de comportamiento. Sin embargo, hay dos aspectos que en gran medida dificultan este proceso en los grupos: (1) el grado de cohesi&oacute;n del equipo y (2) el grado de conformidad de los miembros. </p>     <p>Robbins (1998) se&ntilde;ala que estos dos factores facilitan la existencia de la <i>mente de grupo</i> o <i>groupthink</i>, al eliminar el sentido cr&iacute;tico y, por lo tanto, de desaprendizaje de los individuos que los forman. Janis (1982) sugiere una serie de l&iacute;neas de actuaci&oacute;n que de manera especial el coordinador del equipo deber&iacute;a tener en cuenta para contrarrestar los posibles efectos negativos del <i>groupthink</i>. Estas actividades son: </p>     <p>Primero, crear subgrupos con diferentes l&iacute;deres que trabajen sobre un mismo problema. El desarrollo de equipos interfuncionales o interdepartamentales, donde los individuos trabajen juntos en un producto o proyecto nuevo, en una divisi&oacute;n borrosa o solapada de trabajo, forjar&aacute; alianzas coordinadas entre distintos grupos y los llevar&aacute; intencionada o desintencionadamente a negociar. En definitiva, se trata de establecer problemas de inter&eacute;s para cada departamento, pero vistos y usados de manera diferente por cada uno de ellos. Estos problemas pueden ser objetos f&iacute;sicos, tecnolog&iacute;as o t&eacute;cnicas compartidas por diferentes comunidades, y a trav&eacute;s de ellos un grupo puede entender lo que tiene en com&uacute;n o lo que tiene diferente respecto a otra comunidad. Estas t&eacute;cnicas no solamente ayudan a clarificar las actitudes de otras comunidades, sino que tambi&eacute;n pueden llevar a la reflexi&oacute;n del propio grupo. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Segundo, pedir a cada individuo que sea un evaluador cr&iacute;tico. Janis (1982) propone para este fin estrategias de rotaci&oacute;n del personal entre diferentes &aacute;reas funcionales, as&iacute; como permitir la presencia de diferentes individuos en cada reuni&oacute;n, a fin de favorecer la perspectiva multidisciplinar, la fluidez de conocimiento y, por lo tanto, una mayor facilidad para la creaci&oacute;n de conflicto. En definitiva, se busca que los miembros de los equipos critiquen otros puntos de vista y que, tras haber tomado una decisi&oacute;n, dispongan de una segunda oportunidad para plantearse la decisi&oacute;n en cuesti&oacute;n. </p>     <p>Tercero, invitar a expertos de afuera a observar e intervenir en las discusiones del equipo. Esto es, invitar personas con la capacidad para poner un marco a los intereses de una comunidad en t&eacute;rminos de la perspectiva de otra comunidad, que faciliten el sentido cr&iacute;tico entre diferentes comunidades, y para ello estas personas deben conocer suficientemente ambas comunidades. Se trata, sin embargo, de un papel bastante dif&iacute;cil para el que frecuentemente se suele hacer uso de mediadores externos como consultores, centros de investigaci&oacute;n universitaria, asociaciones industriales o incluso consumidores y proveedores (Brown y Duguid, 1998). </p>     <p><b>3. Hip&oacute;tesis que se van a contrastar</b></p>     <p>Existe en la actualidad un creciente consenso sobre la idea de que aquellas organizaciones que se esfuercen por implantar una cultura que potencie abiertamente la comunicaci&oacute;n entre sus miembros, la experimentaci&oacute;n y el riesgo y motive a los trabajadores a compartir conocimientos conseguir&aacute;n crear un clima laboral m&aacute;s propicio para el desarrollo de capital intelectual. Sin embargo, al igual que una persona no es capaz de leer en castellano y pensar en ingl&eacute;s al mismo tiempo (son dos actividades mentales que no se pueden compaginar), una organizaci&oacute;n no puede establecer una nueva rutina si sus miembros previamente no dejan de utilizar la antigua. </p>     <p>Por lo tanto, en el proceso de creaci&oacute;n de capital intelectual es recomendable lograr una atm&oacute;sfera que propicie que los individuos y grupos suspendan sus supuestos y abran su mente hacia lo que ha de desarrollarse, para que obtengan de esta manera las bases para que el mensaje que se desea transmitir sea comprendido, retenido y aprehendido. Sobre la base de estas consideraciones se puede afirmar que el contexto individual de desaprendizaje, el papel desarrollado por la direcci&oacute;n y los grupos de trabajo influyen positivamente sobre el desaprendizaje individual, el cual, a su vez, evidencian diversos estudios (Argyris, 1977a y 1977b; Schumpeter, 1949, y Hedberg, 1981), en reiteradas ocasiones, y permite la obtenci&oacute;n de capital intelectual. </p>     <p>A partir de estas argumentaciones, y bas&aacute;ndose en el modelo planteado en el <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02g1.gif">Gr&aacute;fico 1</a>, se plantean las siguientes hip&oacute;tesis: </p>     <p><i>H<sub>1</sub>: </i>El contexto individual de desaprendizaje influye significativamente sobre el desaprendizaje individual. </p>     <p><i>H<sub>2</sub>: </i>El papel desarrollado por la direcci&oacute;n influye significativamente sobre el desaprendizaje individual. </p>     <p><i>H<sub>3</sub>: </i>El papel desarrollado por los grupos de trabajo influye significativamente sobre el desaprendizaje individual. <i>H<sub>4</sub>: </i>El desaprendizaje individual influye positivamente sobre el capital relacional. </p>     <p><b>4. Estudio emp&iacute;rico</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con el objetivo de contrastar las cuatro hip&oacute;tesis anteriores se ha realizado un estudio emp&iacute;rico en el &aacute;mbito del sector &oacute;ptico espa&ntilde;ol. La elecci&oacute;n de la mencionada industria se justifica por diversos motivos: la gran presencia de pymes sobre el total de su poblaci&oacute;n; las propias caracter&iacute;sticas de los productos y servicios ofertados, donde el acercamiento al cliente es un factor clave, y el ser uno de los sectores con mayor expansi&oacute;n y m&aacute;s competencia de la econom&iacute;a murciana (Espa&ntilde;a), ya que se enfrenta a incesantes cambios en su entorno respecto a otros sectores (aparici&oacute;n de cl&iacute;nicas oftalmol&oacute;gicas, venta de productos &oacute;pticos en grandes almacenes, etc.). Todos estos factores hacen a las empresas del sector m&aacute;s proclives a introducir pr&aacute;cticas de creaci&oacute;n de capital relacional y formalizar la eliminaci&oacute;n de conocimientos obsoletos (Osland y Yaprak, 1995). La poblaci&oacute;n objetivo del estudio est&aacute; configurada por las 220 empresas, que en el ejercicio 2001, fecha de inicio del estudio, ten&iacute;an m&aacute;s de dos trabajadores. </p>     <p>Un paso previo al estudio consisti&oacute; en sensibilizar al sector &oacute;ptico sobre la importancia del capital intelectual. Para dicho fin se public&oacute; en la <i>Revista del Colegio Nacional de &Oacute;pticos</i> un art&iacute;culo de informaci&oacute;n (Cegarra y S&aacute;nchez, 2001) y, adem&aacute;s, en el XVII Congreso Internacional de &Oacute;ptica, celebrado en Madrid, en marzo del 2002, se comunic&oacute; a los asistentes que de forma inmediata se proceder&iacute;a a la recogida de datos y se les invit&oacute; a su colaboraci&oacute;n. </p>     <p>La metodolog&iacute;a empleada para el contraste de las hip&oacute;tesis, tal como muestra el <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02g2.gif">Gr&aacute;fico 2</a>, consisti&oacute; en dise&ntilde;ar dos modelos de ecuaciones estructurales: (1) el modelo te&oacute;rico, que analizaba la presencia del desaprendizaje individual como paso previo para la creaci&oacute;n de capital relacional, y (2) el modelo alternativo, que consideraba, por un lado, que el contexto individual y el papel desarrollado por la direcci&oacute;n y los grupos de trabajo se centran con mayor insistencia en la creaci&oacute;n de capital relacional, y que contemplaba, por el otro, el desaprendizaje individual como un proceso paralelo que puede ocurrir o no. </p>     <p>Para comprobar la viabilidad del cuestionario, con car&aacute;cter previo se someti&oacute;, en el &aacute;mbito acad&eacute;mico, a la opini&oacute;n de varios doctores en direcci&oacute;n de empresas, la mayor parte de ellos especialistas en gesti&oacute;n del conocimiento. Y, desde el punto de vista profesional, se llevaron a cabo entrevistas personales con los responsables de una muestra de diez empresas l&iacute;der en el sector &oacute;ptico. De esta manera, durante mayo de 2002 se comenz&oacute; con la realizaci&oacute;n del cuestionario a los gerentes de todas las &oacute;pticas de Murcia, de lo cual se obtuvieron 139 respuestas (un 63,18% del total). </p>     <p>El tama&ntilde;o de la muestra es considerado suficiente, dado que es superior a diez veces al numero de conceptos predictores (Cfr. Sekaran, 1992; Barclay, Higgins y Thompson, 1995, y Hair, Anderson, Tatham y Black, 1999). El error es del 5,1% para p=q=50% y tiene un nivel de confianza del 95,5%. El per&iacute;odo de recogida de la informaci&oacute;n dur&oacute; aproximadamente mes y medio, desde principios de mayo hasta mediados de junio de 2002. </p>     <p>La evaluaci&oacute;n de las propiedades psicom&eacute;tricas de las distintas escalas de medida se efectu&oacute; de acuerdo con las sugerencias metodol&oacute;gicas de Churchill (1979) y de Anderson y Gerging (1988). El paso de un modelo a otro es consecuencia de la eliminaci&oacute;n secuencial de aquellos &iacute;tems que se han identificado como causantes de la falta de ajuste del modelo inicialmente propuesto. Esto es, el equipo investigador propone un modelo inicial de forma que si no se ajusta bien a los datos, se modifica sucesivamente hasta que se alcance un buen ajuste. El paso de un modelo a otro se lleva a cabo eliminando aquellos &iacute;tems que no convergen sustancialmente con su respectiva variable latente (Anderson y Gerging, 1988). Este procedimiento se encuentra justificado, dado que en muchos casos la teor&iacute;a s&oacute;lo proporciona un punto inicial para el desarrollo del modelo que posteriormente ser&aacute; apoyado emp&iacute;ricamente. </p>     <p>La evaluaci&oacute;n de la validez de concepto de las escalas se realiz&oacute; tanto en su perspectiva convergente como en la discriminante, en aquellos casos en los que se precisaba esta &uacute;ltima prueba. Para contrastar la validez convergente se analiz&oacute; la convergencia sustancial de los &iacute;tems en sus respectivas variables latentes (Lehmann, Gupta y Steckel, 1999), y para determinar el car&aacute;cter discriminante de estas dimensiones se comprob&oacute; que el intervalo de confianza de la correlaci&oacute;n entre cada par de dimensiones cr&iacute;ticas no incluyera el valor uno (Anderson y Gerging, 1988). Por su parte, el an&aacute;lisis de fiabilidad se efectu&oacute; calculando el coeficiente de fiabilidad propuesto por Bagozzi y Yi (1988). </p>     <p>Se pasa a continuaci&oacute;n a detallar los pasos seguidos para cada variable: se comienza con las end&oacute;genas (desaprendizaje individual y capital relacional) para posteriormente seguir con las ex&oacute;genas (contexto individual, papel de la direcci&oacute;n, funci&oacute;n de grupos). La medida del desaprendizaje individual se realiz&oacute; mediante las cuestiones (una a tres) recogidas en el <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02c1.gif">Cuadro 1</a>. El gerente o director general de la pyme deb&iacute;a indicar su grado de acuerdo o desacuerdo sobre una escala Likert de siete puntos (1= fuerte desacuerdo y 7= fuerte acuerdo). </p>     <p>Una de las limitaciones de los modelos de medida del capital intelectual (<i>intelect, intelectus</i>, <i>strategi</i>, <i>capytic,</i> entre otros) es que cada empresa tiene sus propios facto-res de &eacute;xito, por ello no son modelos que se puedan generalizar. Para plantear los &iacute;tems del capital relacional (cuestiones cuatro a seis recogidas en el <a href="/img/revistas/v17n27/a02c1.gif">Cuadro 1</a>), el presente trabajo ha considerado las sugerencias de Rockart (1981), quien afirma que los facto-res clave oscilan entre tres y cinco, seg&uacute;n el sector. En concreto, atendiendo a los trabajos previos realizados tanto por Sabater, Cegarra, Ruiz y Mero&ntilde;o (2001) como por Cegarra y Rodrigo (2004), los factores planteados han sido la calidad, la buena reputaci&oacute;n y prestigio y la satisfacci&oacute;n de los clientes. Por consiguiente, para medir el capital relacional el director general de la pyme deb&iacute;a indicar, en comparaci&oacute;n con los datos medios de sus competidores, c&oacute;mo situar&iacute;a su empresa: 1=muy bajo y 7=muy alto, respecto a los mencionados factores. </center> </p>     <p>Referente al contexto individual de desaprendizaje, el gerente deb&iacute;a indicar su grado de acuerdo o desacuerdo con el grado de libertad permitido, la tolerancia al fallo y la satisfacci&oacute;n del personal. Para dicho fin se establecieron las cuestiones (siete a nueve) recogidas en una escala Likert de siete puntos (1=fuerte desacuerdo y 7=fuerte acuerdo). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Respecto al papel de la direcci&oacute;n en el proceso de desaprendizaje, el gerente deb&iacute;a indicar su grado de acuerdo o desacuerdo sobre una escala Likert de siete puntos (1=fuerte desacuerdo y 7=fuerte acuerdo). Para ello las cuestiones (diez a doce) recogidas en el <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02c1.gif">Cuadro 1</a> hac&iacute;an referencia al lenguaje com&uacute;n, comunicaci&oacute;n lateral y la adaptaci&oacute;n mutua dentro de su organizaci&oacute;n. </p>     <p>La funci&oacute;n desempe&ntilde;ada por los grupos en el proceso de desaprendizaje se recoge en las cuestiones (trece a quince) del <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02c1.gif">Cuadro 1</a>. El gerente deb&iacute;a indicar su grado de acuerdo o desacuerdo, sobre una escala Likert de siete puntos (1=fuerte desacuerdo y 7=fuerte acuerdo), respecto a la presencia de diferentes equipos interdepartamentales, el sentimiento cr&iacute;tico y la existencia de personas de diferentes antecedentes. </p>     <p><b>5. An&aacute;lisis de los resultados </b></p>     <p>Los resultados del an&aacute;lisis factorial confirmatorio y fiabilidad de la escala se recogen en el <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02c1.gif">Cuadro 1</a>. En &eacute;ste puede observarse que los coeficientes de regresi&oacute;n estandarizados entre el conjunto de variables explicativas de la escala y su correspondiente variable de saturaci&oacute;n son significativos, lo que corrobora la existencia de las tres dimensiones inherentes planteadas para medir el contexto individual, el papel de la direcci&oacute;n, la funci&oacute;n de los grupos, el desaprendizaje individual y el capital relacional. Los par&aacute;metros de bondad de ajuste de cada uno de los modelos muestran, en general, su adecuaci&oacute;n a los valores cr&iacute;ticos recomendados para cada uno de ellos. </p>     <p>Por otra parte, los coeficientes de fiabilidad compuesta superan en todos los casos el nivel m&iacute;nimo de 0,6 recomendado por Bagozzi y Yi (1988), y contrastan as&iacute; la fiabilidad de los conceptos. Adem&aacute;s, examinando los par&aacute;metros estandarizados, se verifica la existencia de validez convergente ya que todos ellos son superiores a 0,5 y significativos a un nivel de confianza del 99%. Finalmente, se garantiza la validez discriminante entre cada par de dimensiones, ya que el intervalo de confianza de su correlaci&oacute;n no incluye en ning&uacute;n caso el valor uno (Anderson y Gerging, 1988). </p>     <p>En cuanto a los resultados de los modelos estructurales, el <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02c2.gif">Cuadro 2</a> recoge el grado de significaci&oacute;n de las variables independientes, as&iacute; como los coeficientes estandarizados obtenidos de la confirmaci&oacute;n estad&iacute;stica de las hip&oacute;tesis en el modelo te&oacute;rico y alternativo. </p>     <p><b>5.1<i> Modelo te&oacute;rico </i></b> </center> </p>     <p>En las tres primeras hip&oacute;tesis se contrast&oacute; la relaci&oacute;n entre los factores facilitadores del desaprendizaje y el desaprendizaje individual. El <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02c2.gif">Cuadro 2</a> recoge que aun cuando el contexto individual ten&iacute;a una influencia positiva, no resultaba significativo con una <i>t</i> de Student de 0,34. Por su parte, el papel de la direcci&oacute;n alcanz&oacute; un coeficiente estandarizado de 0,61, que ejerce una influencia positiva y significativa (p<0,05) respecto al desaprendizaje individual. El papel de los grupos sobre el desaprendizaje individual result&oacute; significativo a un nivel de p><0,05 y con un coeficiente estandarizado de 0,38 respecto al desaprendizaje individual. De estos datos se desprende que el contexto individual, el papel de la direcci&oacute;n y la funci&oacute;n de los grupos son buenos predictores del desaprendizaje individual. >(p&lt;0,05) respecto al desaprendizaje individual. El papel de los grupos sobre el desaprendizaje individual result&oacute; significativo a un nivel de p&lt;0,05 y con un coeficiente estandarizado de 0,38 respecto al desaprendizaje individual. De estos datos se desprende que el contexto individual, el papel de la direcci&oacute;n y la funci&oacute;n de los grupos son buenos predoctores del desaprendizaje individual.</p>     <p>Respecto a la influencia del desaprendizaje individual en el capital relacional, el <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02c2.gif">Cuadro 2</a> recoge que la variable desaprendizaje individual alcanz&oacute; un coeficiente estandarizado de 0,47 y, por consiguiente, resulta significativa a un nivel de p<0,01, circunstancia que justifica lo importante que es eliminar el conocimiento obsoleto en cuanto a la creaci&oacute;n de capital relacional. Por lo tanto, la organizaci&oacute;n debe tener conciencia del desaprendizaje individual y de la importancia de &eacute;ste como paso previo a la adquisici&oacute;n, distribuci&oacute;n y utilizaci&oacute;n del conocimiento de cara a crear capital relacional. </p>     <p><b>5.2<i> Modelo alternativo </i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a la relaci&oacute;n entre los factores dise&ntilde;ados para eliminar el conocimiento obsoleto y el desaprendizaje individual. El <a href="/img/revistas/cadm/v17n27/a02c2.gif">Cuadro 2</a> recoge que, al igual que en el modelo te&oacute;rico, los tres facilitadores resultaron tener una influencia positiva, aunque s&oacute;lo resultaron significativas el papel de la direcci&oacute;n y el papel de los grupos sobre el desaprendizaje individual a un nivel de p <0,05. Del modelo alternativo tambi&eacute;n se desprende una influencia positiva y significativa del contexto individual y del papel de los grupos sobre la creaci&oacute;n de capital relacional, con unos coeficientes estandarizados de 0,32 y 0,33, respectivamente, a un nivel de significancia de p<0,1. Por &uacute;ltimo, el desaprendizaje individual, en caso de plantearse como ejercicio paralelo y no previo a la creaci&oacute;n de capital relacional, ejerc&iacute;a una influencia negativa sobre y no positiva como en el modelo te&oacute;rico con un coeficiente estandarizado de -0,69.  </p>     <p><b>6. Conclusiones</b></p>     <p>En este trabajo, de acuerdo con los postulados de la teor&iacute;a de los recursos y la visi&oacute;n de la empresa basada en el conocimiento, se ha analizado la influencia que el contexto individual, el papel de la direcci&oacute;n y la funci&oacute;n de grupos ejerce sobre el desaprendizaje individual, as&iacute; como la capacidad que &eacute;ste tiene para generar capital relacional. Se consideran dos posibilidades: (1) el modelo te&oacute;rico, donde el desaprendizaje individual es el paso previo a la creaci&oacute;n de capital relacional, y (2) el desaprendizaje individual, donde &eacute;ste es un paso paralelo que puede o no ocurrir respecto a la creaci&oacute;n del capital relacional. </p>     <p>Los resultados aportan indicios emp&iacute;ricos acerca de la contribuci&oacute;n del desaprendizaje individual a la generaci&oacute;n de capital relacional como paso previo. De esta forma, la habilidad de la empresa para suprimir conocimiento obsoleto se convierte en una capacidad fundamental para el logro de una ventaja competitiva sostenible, tal como se ha manifestado en la bibliograf&iacute;a estrat&eacute;gica en numerosas ocasiones. </p>     <p>Dado que el desaprendizaje tiene como principales actores a los individuos, los resultados muestran que es necesario que &eacute;stos adopten una visi&oacute;n compartida y se sientan comprometidos con el objetivo de desaprender. Para ello, la empresa debe favorecer una cultura participativa cuyos valores predominantes son visi&oacute;n a largo plazo, fomento de la comunicaci&oacute;n y el di&aacute;logo, confianza y respeto por los individuos, superaci&oacute;n del rendimiento individual por la eficacia colectiva, tolerancia a la ambig&uuml;edad y asunci&oacute;n de riesgos. </p>     <p>El signo negativo del desaprendizaje individual respecto al capital relacional en el modelo alternativo justifica que en la organizaci&oacute;n tener m&aacute;s informaci&oacute;n (no estructurada) de la que los directivos necesitan para tomar decisiones es una circunstancia que supone un di&aacute;logo in&uacute;til entre los individuos en los diferentes &aacute;mbitos jer&aacute;rquicos, por ejemplo, en tiempo, en esfuerzo y en dinero. El anterior es un elemento que dificulta el aprendizaje colectivo, ya que si, por el contrario, en la empresa no se tolera la redundancia de informaci&oacute;n, es decir, tal como propone el modelo te&oacute;rico se desaprende previamente, los individuos no van a dialogar y compartir sus ideas sobre aspectos inciertos para la propia estrategia de la organizaci&oacute;n, porque son reacios a entrar en discusiones que no les aportan unos conocimientos de inmediata utilidad. </p>     <p>Somos conscientes de que esta investigaci&oacute;n tiene limitaciones importantes, pues generalizar los resultados, considerando que el an&aacute;lisis se realiza para un solo sector, puede ser dif&iacute;cil, sobre todo, si tenemos presente el hecho de que algunos de los resultados alcanzados se ven directamente influenciados por caracter&iacute;sticas de las empresas de nuestra poblaci&oacute;n, principalmente el hecho de que todas son pymes y el tipo de producto y servicio que venden. Adem&aacute;s, aunque los autores han tratado de indagar en la bibliograf&iacute;a existente el trabajo refleja solamente una aproximaci&oacute;n para medir el desaprendizaje individual, concepto que en opini&oacute;n de muchos autores no es totalmente cuantificable. </p>     <p>Por &uacute;ltimo, de cara a compensar estas limitaciones, es posible se&ntilde;alar l&iacute;neas de investigaci&oacute;n futuras. As&iacute;, ser&iacute;a deseable analizar la influencia que otras variables como la estructura organizativa, el estilo de liderazgo y la estrategia corporativa ejercen sobre el desaprendizaje en diferentes sectores localizados en zonas geogr&aacute;ficas distintas. De igual forma, atendiendo a las consideraciones de uno de los revisores, ser&iacute;a interesante comprobar si tras lo que ha sido medido desde el concepto de desaprendizaje individual ha habido o no desaprendizaje real en los individuos, y para ello pretendemos llevar a cabo un estudio con preguntas adicionales a los empleados y a la direcci&oacute;n, y de esta manera, la identificaci&oacute;n de los conocimientos, las im&aacute;genes o los esquemas mentales obsoletos se establecer&iacute;a de manera paralela. </p>     <p><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas </b></p>     <!-- ref --><p>Anderson, J. C. y Gerging, D. W. &#8220;An Updated Paradigm for Scale Development Incorporating Unidimensionality and its Assessment&#8221;, en: <i>Journal of Marketing Research</i>, 1988. n. 25, mayo, pp. 186-192. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-3592200400010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Argyris, C. &#8220;Double-Loop Learning in Organizations&#8221;, en: <i>Harvard Business Review</i>, 1977a. v. 55, n. 5, pp. 115-125. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-3592200400010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#8220;Organizational Learning and Management Information Systems&#8221;, en: <i>Accounting, Organizations, and Society</i>, 1977b. v. 2, n. 2, pp. 113123. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-3592200400010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sch&ouml;n, D. <i>Organizational Learning</i>, Reading, Addison &amp; Wesley. 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-3592200400010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Babakus, E. y Glynn Mangold, W. &#8220;Adapting the Servqual Scale to Hospital Services: An Empirical Investigation&#8221;, en: <i>Health Service Research</i>, 1992. v. 6, pp. 26-36. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-3592200400010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Badaracco, J. L. <i>The Knowledge Link: How Firms Compete through Strategic Alliances</i>, Boston, Harvard University Press. 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-3592200400010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bagozzi, R. P. y Yi, Y. &#8220;On the Evaluation of Structural Equation Models&#8221;, en: <i>Journal of the Academy of Marketing Science, </i>1988. v. 16, n. 1, pp. 74-94. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-3592200400010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barclay, D.; Higgins, C., y Thompson, R. &#8220;The Partial Least Squares (PLS) Approach to Causal Modeling&#8221;, en: <i>Technology Studies</i>, 1995. v. 2, n. 2, pp. 285-309.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-3592200400010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brown, J. y Duguid, P. &#8220;Organizing Knowledge&#8221;, en: <i>California Management Review</i>, 1998. v. 40, n. 3, pp. 90-111. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-3592200400010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bueno, E. <i>Medici&oacute;n del capital intelectual: modelo Intelect</i>, Madrid, Instituto Universitario Euroforum Escorial. 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-3592200400010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Camis&oacute;n, C.; Palacios, D., y Devece, C. 2000. <i>Un nuevo modelo para la medici&oacute;n del capital intelectual: el modelo Nova</i>. Congreso en Oviedo de ACDE, septiembre de 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-3592200400010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cegarra, J. G. y Dewhurst, F. W. <i>Unlearning as a Prior Step in the Creation of Intellectual Capital in the Organizational Context: An Empirical Investigation</i>, 4th European Conference on Knowledge Management, 18th-19th september, Oxford University. 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-3592200400010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rodrigo, B. &#8220;Una perspectiva din&aacute;mica del capital intelectual en Pyme&#8217;s de Murcia&#8221;, en: <i>Revista de Econom&iacute;a y Empresa</i>, 2004. v. 10, n. 50, en prensa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-3592200400010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&nbsp;&#8220;Relational Learning Process as a Bridge between Human and Customer Capital&#8221;, en: <i>Journal Universal Computer Science</i>, 2003. v. 9, n. 12, pp. 1469-1486.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-3592200400010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cegarra, J. G. y S&aacute;nchez, M&ordf;.&nbsp; &#8220;La calidad del servicio como elemento para fidelizar al paciente&#8221;, en <i>Gaceta &Oacute;ptica</i>, 2001. septiembre, pp. 16-22. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-3592200400010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Churchill, G. A. &#8220;A Paradigm for Developing better Measures for Marketing Constructs&#8221;, en: <i>Journal of Marketing Research</i>, 1979. v. 16, n. 1, pp. 64-73. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-3592200400010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Daft, R. L. y Weick, K. E. &#8220;Toward a Model of Organizations as Interpretation Systems&#8221;, en: <i>Academy of Management Review,</i> 1984.<i> </i>v. 9, pp. 284-295. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-3592200400010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Day, G. <i>Comprender, captar y fidelizar los mejores clientes</i>, Barcelona Gesti&oacute;n 2000. 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-3592200400010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&nbsp;&#8220;Continuous Learning about Markets&#8221;, en: <i>California Management Review</i>, 1994. v. 36, verano, pp. 9-31. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-3592200400010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dewhurst, F. W. y Cegarra, J. G. &#8220;External Communities of Practice and Relational Capital&#8221;, en: <i>The Learning Organization: An International Journal</i>, 2004. n. 11, en prensa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-3592200400010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dogson, M. &#8220;Organizational Learning: A Review of Some Literature&#8221;, en: <i>Organizations Studies</i>, 1993.v. 14, n. 3, pp. 21-34. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-3592200400010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Eigliuer, P. y Langeard, E. <i>Servucci&oacute;n. El marketing de servicios</i>, Madrid, McGraw Hill. 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-3592200400010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fahey, L. y Prusak, L. &#8220;The Eleven Deadliest Sins of Knowledge Management&#8221;, en: <i>California Management Review</i>, 1998. v. 40, n. 3, pp. 265-277. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-3592200400010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fiol, C. M. y Lyles, M. A. &#8220;Organizational Learning&#8221;, en: <i>Academy of Management Review</i>, 1985. v. 10, n. 4, pp. 803-813.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-3592200400010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Flipo, J. &#8220;Service Firms: Interdependence of External an Internal Marketing Strategies&#8221;, en: <i>European Journal of Marketing</i>, 1986.v. 20, n. 8, pp. 5-14. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-3592200400010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fornell, C. 2000. <i>Customer Asset Management, Capital Efficiency, and Shareholder Value: Performance Measurement, Past, Present and Future</i>. Conferencia en la Universidad de Cambridge, 20 Julio de 2000 Inglaterra. Disponible en: http://www.cranfield.ac.uk/som/cbp/ claeskeynote.htm. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-3592200400010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garud, R. y Nayyar, P. &#8220;Transformative Capacity: Continual Structuring by Intermporal Technology Transfer&#8221;, en: <i>Strategic Management Journal</i>, 1994. v. 15, n. 5, pp. 365-385. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-3592200400010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garvin, D. A. &#8220;Competir en las ocho dimensiones de la calidad&#8221;, en: <i>Harvard Deusto Business Review</i>, 1988. n. 34, pp. 37-48. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-3592200400010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grant, R. &#8220;Prospering in Dynamically-Competitive Environments. Organizational Capability as Knowledge Integration&#8221;, en: <i>Organization Science</i>, 1996a.v. 7, n. 4, pp. 375-388.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-3592200400010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>Direcci&oacute;n estrat&eacute;gica. Conceptos, t&eacute;cnicas y aplicaciones</i>, Madrid, Civitas. 1996b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-3592200400010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#8220;The Resource Based Theory of Competitive Advantage&#8221;, en: <i>California Management Review</i>, 1991. v. 33, pp. 114-135. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-3592200400010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grantham, C. E. &#8220;Visualization of Information Flows: Virtual Reality as an Organizational Modelling Technique&#8221;, en: Wexelblat, Alan (edit.), <i>Softwhere: Applications of Virtual Reality</i>, New York, Academic Press. 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-3592200400010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hair, Jr.; Anderson, R.; Tatham, R., y Black, W. <i>An&aacute;lisis multivariante</i>, Madrid, Prentince Hall Iberia. 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-3592200400010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hedberg, B. &#8220;How Organizations Learn and Unlearn&#8221;, en: Nystrom P. C. y Starbuck, W. H. (edits.), <i>Handbook of Organizational Design</i>, Oxford, Oxford University Press, 1981. pp. 3-27. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-3592200400010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hedlund, G. &#8220;A Model of Knowledge Management and the N-Form Corporation&#8221;, en: <i>Strategic Management Journal</i>, 1994. v. 15, pp. 73-90. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-3592200400010000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Huber, G. 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(edits.). <i>Organization Science</i>, v. 2, Thousand Oaks, Organizational Learning, 1991. pp. 124-162. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-3592200400010000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hutchins, E. &#8220;Organizing Work by Adaptation&#8221;, en: <i>Organization Science</i>, 1991. v. 2, n. 1, pp. 14-39. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-3592200400010000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Janis, I. <i>Victims of Groupthink</i>, Boston, Houghton Mifflin. 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-3592200400010000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jelinek, M. <i>Institutionalizing Innovation: A Study of Organizational Learning</i>, New York, Praeger. 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-3592200400010000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kaplan, R. S. y Norton, D. P. &#8220;The Balance Scorecard Measures that Drive Performance&#8221;, en: <i>Harvard Business Review</i>, 1992. enero y febrero, pp. 134-147. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-3592200400010000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kohli, A. y Jaworski, B. J. &#8220;Market Orientation: The Construct, Research Propositions, and Managerial Implications&#8221;, en: <i>Journal of Marketing</i>, 1990. n. 54, April, pp. 1-18. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-3592200400010000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lehmann, D. R.; Gupta, S., Steckel, J. H. <i>Marketing Research</i>, New York, Addison &amp; Wesley. 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-3592200400010000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Miles, G.; Miles, R. E.; Perrone, V., y Edvinsson, L. &#8220;Some Conceptual and Research Barriers to the Utilization of Knowledge&#8221;, en: <i>California Management Review</i>, 1998. v. 40, n. 3, pp. 281-288. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-3592200400010000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nevis, E. C.; DiBella, A.; Gould, J., y Janet, M. &#8220;Understanding Organizations as Learning Systems&#8221;, en: <i>Sloan Management Review</i>, 1995. v. 36, n. 2, pp. 73-85. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-3592200400010000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nonaka, L. &#8220;A Dynamic Theory of Organizational Knowledge&#8221;, en: <i>Organizational Science</i>, 1994. v. 5, febrero, pp. 14-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-3592200400010000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Konno, N. &#8220;The Concept of Ba: Building a Foundation for Knowledge creation&#8221;, en: <i>California Management Review</i>, 1998. v. 40, n. 3, pp. 40-54. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-3592200400010000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nonaka, I. y Takeuchi, H. <i>The Knowledge-Creating Company. How Japanese Companies Create the Dynamics of Innovation</i>, New York, Oxford University Press. 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-3592200400010000200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nord, W. y Tucker, S. <i>Implementing Routine and Radical Innovations</i>, Lexington, D. C. Heath. 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-3592200400010000200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Onge, H. &#8220;Tacit Knowledge: The Key to the Strategic Alignment of Intellectual Capital&#8221;, en <i>Strategy &amp; Leadership</i>, 1996. v. 24, n. 2, pp. 10-14. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-3592200400010000200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Osland, G. E. y Yaprak, A. &#8220;Learning through Strategic Alliances. Processes and Factors that Enhance Marketing Effectiveness&#8221;, en: <i>European Journal of Marketing</i>, 1995. v. 29, n. 3, pp. 52-66. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-3592200400010000200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Robbins, S. P. <i>Comportamiento organizacional</i>, M&eacute;xico, Prentice Hall. 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-3592200400010000200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rockart, J. &#8220;Un nuevo sistema de informaci&oacute;n: los factores cr&iacute;ticos para el &eacute;xito&#8221;, en: <i>Harvard Deusto Business Review</i>, 1981.2&ordm; trimestre, pp. 76-96. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-3592200400010000200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sabater, S. R.; Cegarra, J. G.; Ruiz, M. J., y Mero&ntilde;o, C. A.. <i>Sectores: &iquest;existen factores de &eacute;xito comunes?</i>, XI Congreso de la Asociaci&oacute;n Cient&iacute;fica de Econom&iacute;a y Direcci&oacute;n de la Empresa (ACEDE), Zaragoza, Espa&ntilde;a, 2001 septiembre. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-3592200400010000200053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Schein, E. &#8220;How can Organizations Learn Faster? The Challenge of Entering the Green Room&#8221;, en <i>Sloan Management Review</i>, 1993. n. 34, pp. 85-92. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-3592200400010000200054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Schumpeter, J. 1949. &#8220;Economic Theory and Entrepreneurial History&#8221;, en: <i>Change and the Entrepreneur</i>, pp. 63-84, reimpreso en Schumpeter, J. 1989. <i>Essays on Entrepreneurs, Innovations, Business Cycles and the Evolution of Capitalism</i>, edited by Richard V. Clemence, New Brunswick, Transaction Publishers, pp. 253-231. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-3592200400010000200055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Schwandt, D. y Marquardt, M. <i>Organizational Learning: From World Class Theories to Global Bestpractices, </i>Boca Rat&oacute;n, St. Lucie. 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-3592200400010000200056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sekaran, V. <i>Research Methods for Business</i>, New York, Wiley. 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-3592200400010000200057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Senge, P. M. <i>The Fifth Discipline: The Art and Practice of the Learning Organization</i>, New York, Doubleday/Currency [1992. <i>La quinta disciplina: c&oacute;mo impulsar el aprendizaje en la organizaci&oacute;n inteligente</i>, Barcelona, Granica]. 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-3592200400010000200058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sitkin, S. 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Theory and evidence&#8221;, en: <i>Journal of Economic Behaviour and Organization,</i> 1994.<i> </i>v. 23, pp. 1-30. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-3592200400010000200062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Von Krogh, G. &#8220;Care in Knowledge Creation&#8221;, en: <i>California Management Review</i>, 1998. v. 40, n. 3, pp. 133-153. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-3592200400010000200063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Watzlawick, P.; Weakland, J. H., y Fisch, R. <i>Change: Principles of Problem Formation and Problem Resolution</i>, New York, W. W. Norton. 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-3592200400010000200064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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