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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Contabilidad nacional, full cost accounting y resultado contable empresarial ambientalmente sostenible]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper analyzes some national accounting and full cost accounting proposals for designing a sustainable income account to evaluate a company's environmental (and social) performance. Such an account implies including external elements and events into the company's accounting system, which may be controversial as it decreases company benefits and negatively affects the shareholders' dividends at a short term. The paper argues that, in spite of its methodological limitations, using methods to calculate external elements and events and implementing them into the accounting information system enables better knowledge of company operations and a change in manners of doing business, which have always been taken for granted.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="4">    <center><b>Contabilidad nacional, <i>full cost accounting</i> y resultado contable empresarial ambientalmente sostenible<sup>*</sup></b></center></font>     <p>    <center>Jos&eacute; Juan D&eacute;niz Mayor<sup>**</sup></center></p>     <p><sup>*</sup> Plan Nacional de Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica, Desarrollo e Innovaci&oacute;n Tecnol&oacute;gica. Entidades financiadoras: Ministerio de Educaci&oacute;n y Ciencia y FEDER. Proyecto: SEC2003-04438. El art&iacute;culo se recibi&oacute; el 27-07-2006 y se aprob&oacute; el 05-12-2006. </p>     <p><sup>**</sup> Doctor en Ciencias Econ&oacute;micas y Empresariales, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Espa&ntilde;a, 2001. Licenciado en Ciencias Econ&oacute;micas y Empresariales, Universidad de La Laguna, Espa&ntilde;a, 1989. Profesor titular de Universidad en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:jdeniz@defc.ulpgc.es">jdeniz@defc.ulpgc.es</a></p>     <p><b>RESUMEN </b></p>     <p>En este trabajo se analizan algunas propuestas de la contabilidad nacional y de la <i>full cost accounting</i> para el dise&ntilde;o de una cuenta de resultados sostenible que eval&uacute;e el desempe&ntilde;o medioambiental (y social) de la empresa. Esta cuenta implica la inclusi&oacute;n de las <i>externalidades</i> en el sistema contable de la empresa, lo cual puede ser objeto de controversia, pues disminuye los beneficios empresariales y afecta negativamente al dividendo de los accionistas a corto plazo. El art&iacute;culo argumenta que, a pesar de sus limitaciones metodol&oacute;gicas, el uso de m&eacute;todos para calcular las <i>externalidades</i> y experimentar c&oacute;mo implementarlas en el sistema de informaci&oacute;n contable permite conocer mejor las operaciones de la empresa y cambiar formas de conducir los negocios que se daban por supuestas. </p>     <p><b>Palabras clave</b>: desarrollo sostenible, contabilidad nacional, <i>full cost accounting</i>, contabilidad medioambiental. </p> <font size="4">    <center><b>National accounting, full cost accounting, and environmentally sustainable company income accounts </b></center></font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b> </p>     <p>This paper analyzes some national accounting and full cost accounting proposals for designing a sustainable income account to evaluate a company's environmental (and social) performance. Such an account implies including <i>external elements and events </i>into the company's accounting system, which may be controversial as it decreases company benefits and negatively affects the shareholders' dividends at a short term. The paper argues that, in spite of its methodological limitations, using methods to calculate <i>external elements and events </i>and implementing them into the accounting information system enables better knowledge of company operations and a change in manners of doing business, which have always been taken for granted. </p>     <p><b>Key words</b>: Sustainable development, national accounting, full cost accounting, environmental accounting. </p>     <p><b>Introducci&oacute;n </b></p>     <p>Es usual aproximarse a la informaci&oacute;n medioambiental de la empresa pensando que su campo de aplicaci&oacute;n est&aacute; constre&ntilde;ido a aspectos estrictamente monetarios, m&aacute;s concretamente a los flujos y fondos convencionalmente reconocidos por la contabilidad, y espec&iacute;ficamente vinculados con la protecci&oacute;n, la correcci&oacute;n o la minimizaci&oacute;n del da&ntilde;o ambiental causado por la propia entidad contable. De esta forma, la informaci&oacute;n ambiental puede presentarse adecuadamente referenciada, aunque respetando los formalismos establecidos al respecto, dentro de los modelos de estados contables convencionales. </p>     <p>Se ha se&ntilde;alado que este enfoque es muy limitado, debido, entre otras razones, al no reconocimiento de las corrientes de bienes y servicios medioambientales sin mercado, cuya correcta gesti&oacute;n, en determinados casos, puede ser esencial no s&oacute;lo para la empresa, sino tambi&eacute;n para la sociedad en su conjunto. As&iacute; mismo, diferentes autores han manifestado sus reticencias ante los intentos de modificar los estados contables convencionales como medio para explicitar la informaci&oacute;n sobre la actuaci&oacute;n medioambiental global de la empresa, entre otras razones, seg&uacute;n Stephan (1992), porque los estados financieros actuales no se han desarrollado para incluir &ldquo;hechos&rdquo; externos a la propia entidad contable, por el tiempo que ser&iacute;a requerido para redise&ntilde;ar estos modelos financieros y contables, lo que podr&iacute;a originar retrasos demasiado largos, al igual que por la necesidad de incluir informaci&oacute;n cient&iacute;fica y estad&iacute;stica, dif&iacute;cil de integrar en las estructuras de los actuales sistemas. El Serafi se&ntilde;ala que: </p>     <p>Aunque la Contabilidad verde fue concebida inicialmente, incluso por economistas de renombre, como una posible avenida que conduc&iacute;a a la sostenibilidad, en la actualidad algunos cr&iacute;ticos la consideran una fuerza agotada, y es posible afirmar que, en estos momentos, predomina la que podr&iacute;a denominarse &ldquo;cansancio de la contabilidad verde&rdquo;. (2002, p. 16) </p>     <p>A pesar de lo expuesto, todav&iacute;a no est&aacute; cerrada la v&iacute;a de la contabilidad de empresa convencional, mejor dicho, de una contabilidad convencional &ldquo;adaptada&rdquo; o &ldquo;modificada&rdquo;, si se tienen presentes las experiencias recogidas en el &aacute;mbito de la contabilidad nacional, en sus intentos por alcanzar un indicador macroecon&oacute;mico que incluya las corrientes de bienes y servicios ambientales &ldquo;apropiados&rdquo; gratuitamente por las econom&iacute;as nacionales; as&iacute; como las aportaciones de la <i>full cost accounting</i> (FCA), que aboga por la incorporaci&oacute;n de los costes externos o societales a la contabilidad empresarial, a fin de &ldquo;fijar correctamente los precios&rdquo; (Comisi&oacute;n Europea, 1997). Las propuestas ofrecidas desde estos campos pueden sugerir ideas que contribuyan a determinar un resultado contable empresarial ajustado por las corrientes de bienes y servicios ambientales sin mercado. </p>     <p>El objetivo de este trabajo es presentar, a t&iacute;tulo introductorio, un conjunto de aportaciones procedentes de la contabilidad nacional y de la FCA, que pueden ser objeto de consideraci&oacute;n en el dise&ntilde;o de un estado con-table de resultado que muestre los progresos realizados por la empresa a favor del desarrollo sostenible. A tal objeto, en la Secci&oacute;n 1 se muestran algunas de las experiencias provenientes de la contabilidad nacional, mientras que en la Secci&oacute;n 2 se comentan las principales caracter&iacute;sticas, ventajas y limitaciones de la FCA. En la Secci&oacute;n 3 se acomete una aproximaci&oacute;n al resultado ambientalmente sostenible, para dedicar la Secci&oacute;n 4 a exponer algunas propuestas de implementaci&oacute;n. El trabajo finaliza con una discusi&oacute;n en torno a la viabilidad del resultado sostenible y con la bibliograf&iacute;a citada. </p>     <p><b>1. La experiencia de la contabilidadnacional </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La<i> contabilidad nacional</i> es aquella rama de la contabilidad que muestra de forma sint&eacute;tica los flujos de servicios, materiales y productos que caracterizan la actividad econ&oacute;mica de una naci&oacute;n o regi&oacute;n. Si bien el objetivo primario de esta disciplina es registrar la actividad econ&oacute;mica y no la calidad de vida, las cuentas nacionales son muy usadas para evaluar el grado de bienestar de un pa&iacute;s, mientras que las <i>ratios</i> de cambios en agregados, como el producto interno bruto (PIB), son interpretadas como medidas del &ldquo;desarrollo&rdquo; (Pearce, 1993). </p>     <p>A menudo se argumenta que el PIB &ndash;magnitud que mide el valor de la producci&oacute;n de bienes y servicios finales generados en una econom&iacute;a&ndash; es un indicador del bienestar material relacionado positivamente con el concepto de <i>desarrollo sostenible</i>. La hip&oacute;tesis subyacente es que entre mayor sea el bienestar de una sociedad, mayores ser&aacute;n tambi&eacute;n los recursos disponibles para realizar inversiones en materia de gesti&oacute;n medioambiental. Sin embargo, como indica Aranda Mart&iacute;n, dicha correlaci&oacute;n ni es correcta, ni se presenta de manera autom&aacute;tica, ya que &ldquo;[d]esde una perspectiva medioambiental, lo que cuenta es el efecto neto de la actividad econ&oacute;mica normal en relaci&oacute;n con las presiones ambientales y los impactos curativos de las medidas de pol&iacute;tica ambiental&rdquo; (1992, p. 80)<i>. </i>Aunque en el mejor de los casos se acepte que el crecimiento es condici&oacute;n necesaria para una mejor conservaci&oacute;n del medio ambiente, no se considera que sea suficiente. Una discusi&oacute;n en torno a las limitaciones de esta idea puede verse en Stern (2004). </p>     <p>Adicionalmente, se han formulado diversas cr&iacute;ticas acerca del uso de la magnitud PIB como medida del bienestar social, y se han destacado, entre otras, el reconocimiento exclusivo de las transacciones monetarias, el inadecuado registro de los gastos defensivos, la omisi&oacute;n de las <i>externalidades</i> o el tratamiento asim&eacute;trico de la depreciaci&oacute;n. </p>     <p>Para poder ser incluidas en el c&aacute;lculo del PIB, las magnitudes deben estar expresadas en valores monetarios, los cuales se calculan con la ayuda de mecanismos de asignaci&oacute;n de precios, como es el caso del mercado. Ello supone excluir todas aquellas transacciones que, a pesar de generar valor, no son susceptibles de comercializaci&oacute;n, como es el caso del trabajo dom&eacute;stico o los servicios prestados por el medio ambiente (Repetto, Magrath, Wells, Beer y Rossini, 1989). </p>     <p>Por lo que respecta a los denominados <i>gastos defensivos</i>, destinados a reducir el da&ntilde;o medioambiental, se ha se&ntilde;alado la carencia de un tratamiento diferenciado de &eacute;stos en las cuentas nacionales que permita su identificaci&oacute;n. Existen opiniones, como la de Pearce, Markandya y Barbier que sostienen que tales partidas &ldquo;son err&oacute;neamente consideradas como factores de incremento de la producci&oacute;n nacional&rdquo; (1993, p. 35), cuando en realidad deber&iacute;an ser descontados del PIB<sup><a href="#Nota1">1</a> </sup>, dado su car&aacute;cter de costes de prevenci&oacute;n o de recuperaci&oacute;n de p&eacute;rdidas de bienestar (Aranda Mart&iacute;n, 1992; Peskin, 1991). </p>     <p>As&iacute;, son considerados una contribuci&oacute;n positiva al PIB conceptos como las actividades de recogida, tratamiento y eliminaci&oacute;n de residuos (pi&eacute;nsese en el caso del buque petrolero <i>Prestige</i>); el saneamiento y depuraci&oacute;n de aguas; el incremento de los gastos en servicios m&eacute;dicos o la limpieza de las viviendas, resultantes ambos de la contaminaci&oacute;n; etc. En nuestra opini&oacute;n, si bien esta cr&iacute;tica pare-ce razonable, no debe olvidarse qu&eacute; es lo que mide la magnitud PIB: el valor de todos los bienes y servicios producidos en la econom&iacute;a nacional durante un per&iacute;odo. </p>     <p>El hecho de que se haya llevado a cabo una actividad productiva cualquiera supondr&aacute; la creaci&oacute;n de un valor econ&oacute;mico que formar&aacute; parte del c&oacute;mputo del PIB, al igual que sucede con el repintado de la fachada de una vivienda, las operaciones de reparaci&oacute;n y conservaci&oacute;n de una instalaci&oacute;n industrial o el tratamiento m&eacute;dico de los heridos en un accidente de circulaci&oacute;n. Si se trata de res-tar los gastos defensivos, &iquest;por qu&eacute; actuar s&oacute;lo sobre los gastos medioambientales?, &iquest;por qu&eacute; no sobre todos? </p>     <p>La cuesti&oacute;n de fondo es &iquest;<i>qu&eacute; se pretende que mida la magnitud PIB</i>? Si es una variable cualitativa, como es el &ldquo;bienestar&rdquo; de la naci&oacute;n, evidentemente, a la luz de la cr&iacute;tica expuesta, quiz&aacute;s no sea la magnitud m&aacute;s adecuada, am&eacute;n de obviar en los c&aacute;lculos el valor de la causa originaria de la actividad medioambiental realizada, como es la depreciaci&oacute;n sufrida por el da&ntilde;o medioambiental causado. El Serafi (2002) se&ntilde;ala como una de las fuentes del fracaso de las diferentes propuestas de &ldquo;reverdecimiento&rdquo; de los sistemas de contabilidad nacional (SCN) el pretender asignarles objetivos distintos, fundamentalmente de car&aacute;cter normativo, a los que ya poseen como instrumentos de medida. </p>     <p>La depreciaci&oacute;n de los recursos naturales es otra cuesti&oacute;n pendiente para la contabilidad nacional. Una de las magnitudes derivadas, el producto interno neto (PIN), se calcula aminorando del valor del PIB la depreciaci&oacute;n de los bienes de inversi&oacute;n. Seg&uacute;n M&auml;ler (1991), mientras las variaciones en el valor de las existencias de recursos medioambientales no se incluyen en las cuentas nacionales, s&iacute; se registra la depreciaci&oacute;n de los activos econ&oacute;micos valorados en dinero. Peskin afirma que &ldquo;[c]omo el capital de los recursos naturales y medioambientales es crucial para la producci&oacute;n de bienes y servicios, el no valorar su agotamiento significa necesariamente que el ingreso neto o mantenible est&aacute; exagerado&rdquo; (1991, p. 178)<i>.</i> Tambi&eacute;n Pearce, Markandya y Barbier indican que el uso o abuso de la tierra y los ecosistemas: </p>     <p>&hellip; pueden actuar como l&iacute;mites de la capacidad productiva &uacute;ltima de la econom&iacute;a. Las implicaciones de la degradaci&oacute;n del ecosistema sobre el PNB [producto nacional bruto] como una medida del largo plazo no ha sido trabajada completamente pero hay una fuerte presunci&oacute;n de que si est&aacute; siendo degradado, entonces el PNB actual es una sobreestimaci&oacute;n del PNB futuro. (1989, p. 107) </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Quiz&aacute;s uno de los efectos m&aacute;s preocupantes del uso inadecuado de la magnitud PIB consista en su funci&oacute;n legitimadora de algunas conductas pol&iacute;ticas poco amigables con el entorno. Diversas instituciones financieras deciden los cr&eacute;ditos que se van a otorgar a los diferentes pa&iacute;ses bas&aacute;ndose, sobre todo, en las posibilidades de mejorar el rendimiento econ&oacute;mico del receptor. &ldquo;Para todas estas instituciones, el indicador fundamental de rendimiento econ&oacute;mico de un pa&iacute;s es el crecimiento de su PNB. As&iacute; pues, a efectos pr&aacute;cticos, el PNB considera la destrucci&oacute;n r&aacute;pida y despiadada del medio ambiente como algo aconsejable&rdquo; (Gore, 1993, p. 173), porque, a diferencia de los activos econ&oacute;micos convencionales, no se tiene en cuenta la reducci&oacute;n en las existencias de recursos naturales. </p>     <p>&Eacute;stas y otras observaciones han contribuido a una creciente preocupaci&oacute;n por las limitaciones de los SCN para reflejar la contaminaci&oacute;n y el deterioro medioambiental general, tanto que se ha llegado al extremo de afirmar que: </p>     <p>&hellip; como las contabilidades econ&oacute;micas convencionales ignoran tambi&eacute;n el deterioro medioambiental de la naci&oacute;n y la base de recursos econ&oacute;micos, muestran una situaci&oacute;n falsamente optimista de las posibilidades de la naci&oacute;n para un crecimiento econ&oacute;mico sostenido. (Peskin, 1991, p. 177) </p>     <p>De acuerdo con lo anterior, parece razonable considerar el dise&ntilde;o de nuevos marcos conceptuales que permitan el an&aacute;lisis conjunto de los procesos econ&oacute;micos y medioambientales y sus interacciones, a fin de que las diferentes magnitudes asociadas con la actividad econ&oacute;mica se puedan calcular con mayor precisi&oacute;n. </p>     <p>De los tres enfoques b&aacute;sicos existentes en torno a la inclusi&oacute;n de los asuntos medioambientales en la contabilidad nacional (ajuste del SCN, elaboraci&oacute;n de cuentas sat&eacute;lite y dise&ntilde;o de cuentas de recursos naturales)<sup><a href="#Nota2">2</a></sup>, cabe destacar el primero de ellos, en atenci&oacute;n a los objetivos perseguidos en el pre-sente trabajo. </p>     <p>Una de las v&iacute;as sugeridas usualmente para adaptar las contabilidades nacionales e incorporar las ideas medioambientales consiste en la modificaci&oacute;n directa de los SCN y la correcci&oacute;n del PIB, mediante la consideraci&oacute;n de ciertas variables, como los gastos defensivos (a pesar de los matices expuestos anteriormente); el valor de los da&ntilde;os medioambientales sufridos (mediante estimaciones del deseo de la gente a pagar para prevenir p&eacute;rdidas de capital medioambiental o a cobrar por sufrir dichas p&eacute;rdidas, por ejemplo), o las estimaciones de los recur-sos financieros necesarios para alcanzar ciertos est&aacute;ndares f&iacute;sicos de desarrollo ambiental sostenible.</p>     <p>Aunque no se ha producido un avance decisivo al respecto, se han acometido numerosos intentos para incluir las magnitudes ambientales en los agregados macroecon&oacute;micos<sup><a href="#Nota3">3</a></sup>. Algunos de los principales aportes en este campo se hallan en la esfera institucional, como es el caso del Sistema de Cuentas Integradas del Medio Ambiente y la Econom&iacute;a (SEEA) (United Nations, 1993, 1999 y 2003) o el Proyecto de Contabilidad Ambiental y Recursos Econ&oacute;micos (ENRAP), vigente en Filipinas desde los a&ntilde;os noventa con el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) (Peskin y Angeles, 2001). </p>     <p>A t&iacute;tulo ilustrativo, cabe mencionar la propuesta de Pearce et al., quienes se&ntilde;alan que &ldquo;la medida del bienestar presente requiere una estimaci&oacute;n de la contaminaci&oacute;n actual que es generada pero no mitigada &ndash;por ejemplo, el da&ntilde;o de la poluci&oacute;n residual&ndash;. Esto tiene claramente un impacto sobre el bienestar de la sociedad pero no est&aacute; contabilizado en las cuentas tradicionales&rdquo; (1989, p. 106). Los ajustes que proponen realizar en las cuentas de ingreso nacional para obtener el valor del bienestar presente se muestran en la siguiente expresi&oacute;n: </p>     <p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f1.gif"></p>     <p>Otras sugerencias alternativas son el denominado producto interno neto ecol&oacute;gico (PINE) (Comisi&oacute;n Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad [Conabio], 1998), definido como: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f2.gif"></p>     <p>As&iacute; mismo, el &iacute;ndice de bienestar econ&oacute;mico sostenible (ISEW, por su sigla en ingl&eacute;s), de Daly y Cobb (1989), pretende incluir el sector informal, adem&aacute;s de las <i>externalidades</i> ambientales, los recursos naturales y la biosfera: </p>     <p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f3.gif"></p>     <p>Por su parte, Peskin (1991) propone las siguientes opciones de modificaci&oacute;n del SCN: </p>     <p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f4.gif"></p>     <p>A pesar de tales esfuerzos, persisten diver-sos problemas asociados con el proceso de c&oacute;mputo de las magnitudes ambientales, entre los que cabe rese&ntilde;ar la determinaci&oacute;n de unidades de medida apropiadas, el establecimiento de m&eacute;todos de valoraci&oacute;n aceptables, as&iacute; como la capacidad t&eacute;cnica para capturar los datos requeridos, teniendo pre-sente la irregularidad y falta de sistem&aacute;tica en la recogida de datos o el hecho de que &eacute;sta se produce en diferentes niveles espaciales (con los consiguientes problemas de comparaci&oacute;n y agregaci&oacute;n). </p>     <p>Entonces, &iquest;qu&eacute; aportes puede brindar la contabilidad nacional a la contabilidad de empresa en el c&aacute;lculo de un resultado empresarial ambientalmente sostenible? Obviando sus evidentes diferencias en cuanto a m&eacute;todo y fines, quiz&aacute;s sea la idea de que, a pesar de sus limitaciones (por lo menos a corto plazo), la contabilidad de empresa puede erigirse como un concepto organizador, cuyo cometido sea presentar un conjunto de datos en t&eacute;rminos homog&eacute;neos (hasta donde sea posible) en los que no se puedan pasar por alto los lazos econ&oacute;micos y medioambientales. </p>     <p><b>2. La <i>full cost accounting </i></b></p>     <p>Desde hace varios a&ntilde;os, las empresas vienen divulgando, bien de forma voluntaria o por imperativo legal, cierta informaci&oacute;n en sus estados contables acerca de la gesti&oacute;n llevada a cabo para prevenir, corregir o minimizar el impacto ambiental causado por sus operaciones. En general, el procedimiento seguido consiste en presentar, bien en las notas a los estados financieros (o memoria), o bien en el informe de gesti&oacute;n, determinados activos, pasivos, gastos e ingresos asociados con la gesti&oacute;n medioambiental corporativa, acompa&ntilde;ados de los correspondientes comentarios aclaratorios. Tales magnitudes, por lo general, ya estaban reconocidas convencionalmente por el sistema de informaci&oacute;n contable de la entidad, si bien de forma indiferenciada. Esto es lo que constituye la denominada <i>informaci&oacute;n contable medioambiental. </i></p>     <p>Debe aclararse que el t&eacute;rmino <i>medioambiental</i> es profusamente utilizado en los pronunciamientos en materia contable para referirse al reconocimiento, medida y valoraci&oacute;n de las actuaciones llevadas a cabo por la empresa para prevenir, corregir o minimizar los posibles efectos ocasionados por sus operaciones sobre el entorno, no teniendo por qu&eacute; ser equivalente al termino <i>sostenible</i>, pues s&oacute;lo cabr&iacute;a hablar de sostenibilidad si se da el salto hacia la inclusi&oacute;n de los costes de las <i>externalidades</i><sup><a href="#Nota4">4</a></sup> en el c&oacute;mputo del resultado contable. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como se&ntilde;ala Atkinson, &ldquo;definir y medir la sostenibilidad corporativa es m&aacute;s que un asunto acad&eacute;mico. Las corporaciones est&aacute;n cada vez m&aacute;s bajo presi&oacute;n para que demuestren c&oacute;mo contribuyen a los objetivos de sostenibilidad ambiental establecidos por el gobierno&rdquo; (2000, p. 235)<i>. </i>En este sentido, uno de los posibles objetivos instrumentales perseguidos en el campo de la contabilidad medioambiental ser&iacute;a calcular un <i>resultado empresarial medioambiental sostenible</i><sup><a href="#Nota5">5</a></sup>, el cual puede entenderse como la renta residual tras la retribuci&oacute;n de los diferentes factores (humanos, t&eacute;cnicos, financieros y medioambientales) que han contribuido a su obtenci&oacute;n en una cuant&iacute;a que garantice, como m&iacute;nimo, la puesta en disposici&oacute;n de dichos recursos en las condiciones previas a su aplicaci&oacute;n. </p>     <p>Esta idea ha sido objeto de desarrollo a trav&eacute;s de la denominada <i>full cost accounting </i>(FCA), que Bebbington, Gray, Hibbitt y Kirk han definido como &ldquo;un sistema que permite a las cifras econ&oacute;micas y a la contabilidad actual incorporar todos los costes y beneficios actuales y potenciales en la ecuaci&oacute;n, incluyendo externalidades medioambientales y (quiz&aacute;s) sociales para obtener los &lsquo;precios correctos&rsquo;&rdquo; (2001, pp. 7-8)<i>. </i></p>     <p>Una de las presuposiciones de la FCA es que el coste de venta de los bienes y servicios ofrecidos por las empresas no est&aacute; reflejando los costes que le habr&iacute;an supuesto a la naturaleza la creaci&oacute;n de los recursos utilizados para producir tales bienes y servicios o el tratamiento de los residuos resultantes. Las empresas y sus grupos de inter&eacute;s adoptan sus decisiones de inversi&oacute;n y financiaci&oacute;n teniendo en cuenta, entre otros factores, el valor de los activos y pasivos implicados; sin embargo, &ldquo;los precios no son todav&iacute;a &lsquo;correctos&rsquo;, porque los costes medioambientales generalmente no est&aacute;n integrados en ellos. Esto significa que el comportamiento l&oacute;gico (econ&oacute;mico) tiende a la sobreexplotaci&oacute;n de los recursos naturales&rdquo; (Comisi&oacute;n Europea, 1997, p. 117).</p>     <p>La FCA no est&aacute; exenta de limitaciones, de las que cabe citar las siguientes: riesgo de monetarizar (y, por lo tanto, privatizar) el medio ambiente (Cooper, 1992; Hines, 1991; Lehman, 1996; Maunders y Burritt, 1991); aversi&oacute;n por parte de las empresas a hacer visibles comportamientos insostenibles o m&aacute;s gen&eacute;ricamente &ldquo;a divulgar malas noticias&rdquo; (Bebbington y Gray, 2001; Bennett y James, 1998; Gray, Bebbington y Walters, 1993); miedo a que sus estimaciones puedan ser utilizadas como pruebas ante reclamaciones judiciales (Canadian Institute of Chartered Accountants [CICA], 1997); riesgo de ser utilizada de forma obstruccionista (intentando demostrar que no es una opci&oacute;n t&eacute;cnicamente viable) contra la posible promulgaci&oacute;n de tributos ecol&oacute;gicos (Antheaume, 2004); problemas pr&aacute;cticos para valorar costes externos (Mathews, 1993; Gray, 1994; Pearce y Turner, 1990), o riesgos con el uso selectivo de aquellos modelos que favorezcan los intereses de la empresa (Antheaume, 2004). </p>     <p>Algunos autores, adscritos a lo que ha venido en denominarse <i>ecolog&iacute;a profunda</i>, han llegado incluso a calificar de inmoral cualquier intento de medici&oacute;n, arguyendo que la naturaleza en s&iacute; posee un valor infinito (Naess, 1973; Callicott, 1984). Frente a este argumento, cabe coincidir con Cross (1989), quien se&ntilde;ala que posiciones que, impl&iacute;cita y arbitrariamente, asignan valores econ&oacute;micos cero o infinito al medio natural, pueden suponer un retraso para el necesario desarrollo de habilidades y metodolog&iacute;as para incorporar lo intangible al proceso de toma de decisiones. </p>     <p>No obstante sus inconvenientes, se puede afirmar que la divulgaci&oacute;n de datos en un lenguaje comprensible para los grupos de inter&eacute;s relevantes, tal y como propone la FCA (es razonablemente m&aacute;s f&aacute;cil hablar en euros que en t&eacute;rminos de <i>biodiversidad</i>, <i>gesti&oacute;n de ecosistemas</i>, <i>especies invasivas</i> o <i>coevoluci&oacute;n</i>), puede contribuir en cierta medida a facilitar a corto plazo el proceso de toma de decisiones. Adem&aacute;s, la propia Comisi&oacute;n Europea (European Commission, 1992) ha sugerido la conveniencia de incorporar los costes completos (<i>full cost</i>) en las cuentas anuales. </p>     <p>La FCA puede ayudar a la organizaci&oacute;n a tener un mejor conocimiento de sus operaciones y a cambiar formas de conducir los negocios que se daban por supuestos; adem&aacute;s de hacer visible el hecho de que una vez sustra&iacute;dos los costes externos del resultado, &eacute;stos pueden tener un impacto significativo en la cuenta de p&eacute;rdidas y ganancias y convertir beneficios en p&eacute;rdidas, lo que sugiere que los actuales sistemas de mercado no est&aacute;n transmitiendo los precios correctos (Antheaume, 2004; Bebbington <i>et al.</i>, 2001; CICA, 1997; Epstein, 1996). Incluso, Bebbington y Gray (2001) sugieren que el proceso de trabajar con una organizaci&oacute;n para intentar calcular sus externalidades puede tener m&aacute;s valor que el dato financiero obtenido. </p>     <p><b>3. Una aproximaci&oacute;n al resultadoempresarial ambientalmente sostenible </b></p>     <p>Como se indic&oacute; en la Secci&oacute;n 1, en el marco de los trabajos realizados en torno a una contabilidad nacional orientada al desarrollo sostenible, diversos autores se han centrado en el problema de establecer el denominado <i>ingreso sostenible</i>, entendido como &ldquo;el flujo de bienes y servicios que la econom&iacute;a podr&iacute;a generar sin reducir su capacidad productiva &ndash;por ejemplo el ingreso que podr&iacute;a producirse indefinidamente&ndash;&rdquo; (Pearce et al., 1989, p. 108). Tal magnitud contable presenta un cierto paralelismo con la noci&oacute;n de<i> beneficio empresarial</i> en la acepci&oacute;n de excedente, que se apoya a su vez en la necesidad de garantizar la sostenibilidad econ&oacute;mica y financiera del ente econ&oacute;mico considerado, a fin de evitar comprometer su desenvolvimiento ulterior, lo que, a juicio de Fern&aacute;ndez Pirla (1983), es posible si se verifican las siguientes restricciones: </p>     <li>Mantenimiento de la posibilidad de obtener beneficios reales an&aacute;logos en ejercicios siguientes.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Mantenimiento de la capacidad de servicio de la empresa.</li>     <li>Mantenimiento del valor de liquidaci&oacute;n del capital de la empresa en t&eacute;rminos reales.</li>     <p>Como es sabido, las empresas se apoyan en una acepci&oacute;n financiera del capital para formular sus estados contables (International Accounting Standards Committee [IASC], 1989), al considerar dicha magnitud como sin&oacute;nimo de los activos netos o patrimonio neto de la empresa. De esta forma, cabr&iacute;a hablar de beneficio si el importe de los activos netos al final del ejercicio sobrepasa el importe de los activos netos al principio, excluidas las distribuciones a los propietarios y sus aportaciones. </p>     <p>Sin embargo, si se adopta una concepci&oacute;n f&iacute;sica del capital, &eacute;ste podr&iacute;a definirse como sin&oacute;nimo de la capacidad productiva de la empresa, de forma tal que ser&iacute;a posible afirmar que existe un beneficio si dicha capacidad f&iacute;sica u operativa al final del ejercicio sobrepasa la capacidad productiva f&iacute;sica al comienzo, excluidas las distribuciones a los propietarios y sus aportaciones (IASC, 1989). </p>     <p>El requisito de mantenimiento o conservaci&oacute;n del capital debe ser tenido en cuenta en toda su amplitud si se vincula con el concepto de <i>desarrollo sostenible</i>, en el sentido de que, cumpliendo dicha premisa, es factible suponer que, salvo situaciones de car&aacute;cter extraordinario, el resultado obtenido por la empresa, como consecuencia de su gesti&oacute;n, no s&oacute;lo deber&iacute;a ser econ&oacute;mica y financieramente sostenible, sino adem&aacute;s social y ecol&oacute;gicamente, a fin de permitir a la empresa no solamente su supervivencia futura, sino que la sociedad en general no resulte, al menos, perjudicada por las actividades desarrolladas por aqu&eacute;lla. </p>     <p>Dado que el presente trabajo se centra precisamente en el aspecto ambiental, una cuesti&oacute;n que se debe analizar, derivada de todo lo anterior, ser&iacute;a la determinaci&oacute;n de un <i>resultado ambientalmente sostenible</i>, que tuviera en consideraci&oacute;n los efectos o impactos, tanto efectivos como potenciales, sobre el medio ambiente, consecuencia de las operaciones realizadas por la empresa, as&iacute; como la repercusi&oacute;n que ello supondr&iacute;a para la situaci&oacute;n y evoluci&oacute;n futura de la unidad econ&oacute;mica objeto de estudio. </p>     <p>Su determinaci&oacute;n requerir&iacute;a, ineludiblemente, considerar las consecuencias presentes y futuras que, sobre el patrimonio, situaci&oacute;n financiera y resultados de la empresa, pueden acarrear los impactos en el entorno provocados por la actividad econ&oacute;mica realizada, ya que puede ser necesario realizar importantes esfuerzos tanto humanos como materiales y financieros, para prevenir, corregir o reparar los da&ntilde;os ambientales que se ocasionen, aunque la empresa carezca, en el momento pre-sente, de la obligaci&oacute;n legal o contractual de hacerlo. La cambiante legislaci&oacute;n ambiental, as&iacute; como la existencia de compromisos contra&iacute;dos por la empresa, puede llevar a su reconocimiento y registro, con los consiguientes efectos sobre el resultado contable. </p>     <p>La idea de un resultado ambientalmente sostenible, a la luz de lo expresado por Fern&aacute;ndez Pirla (1983) con respecto a las condiciones limitativas que han de caracterizar el resultado de la empresa como excedente y lo indicado por Pearce et al. (1989), implicar&iacute;a, por lo tanto: </p>     <li>El mantenimiento de las existencias de recursos tanto f&iacute;sicos como econ&oacute;micos, por lo que de dicho resultado deber&aacute; haberse detra&iacute;do previamente los fondos necesarios para reponer las existencias de los bienes y servicios consumidos no s&oacute;lo econ&oacute;micos (como sucede con la amortizaci&oacute;n acumulada, en su acepci&oacute;n financiera), sino adem&aacute;s ambientales (a trav&eacute;s del correspondiente fondo de reposici&oacute;n).</li>     <li>La identificaci&oacute;n y consiguiente penalizaci&oacute;n de aquellas empresas que est&aacute;n consumiendo recursos naturales cr&iacute;ticos o no renovables o, en caso de operar con recursos renovables, no creando los antes citados fondos de reposici&oacute;n.</li>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al igual que la empresa realiza una contribuci&oacute;n a la sociedad a trav&eacute;s de su capaci-dad generadora de rentas, sean del trabajo o del capital, tambi&eacute;n ejerce una funci&oacute;n de suministro de bienes y servicios, cuyo precio de coste deber&iacute;a ser incrementado, entre otros conceptos, por el valor de los da&ntilde;os no reparados que se causen al entorno, que son soportados por la sociedad en general sin contraprestaci&oacute;n alguna (salvo que dicha <i>internalizaci&oacute;n</i> se hubiera producido en fases previas de la cadena de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n). </p>     <p>La transposici&oacute;n de tales planteamientos a la contabilidad empresarial consistir&iacute;a en una noci&oacute;n de beneficio econ&oacute;mico corregido, que aqu&iacute; se denominar&aacute; <i>resultado ambientalmente sostenible</i> (RAS) (D&eacute;niz Mayor, 2001), cuyos componentes ser&iacute;an los siguientes: </p>     <p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f5.gif"></p>     <p>En la literatura sobre econom&iacute;a ambiental, la noci&oacute;n de <i>valor ambiental</i> presenta diversas acepciones, como son las de valor de uso, valor ecol&oacute;gico y valor de existencia<sup><a href="#Nota6">6</a></sup>, aun cuando existen diversos m&eacute;todos para acometer su valoraci&oacute;n, como el m&eacute;todo de respuesta a la dosis (Turner y Bateman, 1990), el del coste de desplazamiento (Knetsch y Davis, 1966; Pearce, 1993), el de los precios hed&oacute;nicos (Rosen, 1974) o el de la valoraci&oacute;n contingente (Ciriacy-Wantrup, 1952; National Oceanic and Atmospheric Administration [NOAA], 1993; Randall, Ives y Eastman, 1974; Ward y Duffield, 1992). En el campo de la contabilidad medioambiental los m&eacute;todos m&aacute;s utilizados (algunos variantes de los anteriores) son los siguientes: el coste de sostenimiento o abatimiento (Antheaume, 2004; Gray, 1992 y 1994; United Nations, 1993), la predisposici&oacute;n marginal a pagar (Atkinson, 2000; Antheaume, 2004), el coste del da&ntilde;o (Antheaume, 2004) o el consentimiento colectivo que se va a pagar (Antheaume, 2004). </p>     <p>No obstante su disparidad metodol&oacute;gica, tales m&eacute;todos tienen un fundamento com&uacute;n: el valor de todos los bienes y servicios ambientales puede expresarse en t&eacute;rminos monetarios equivalentes y dicho valor est&aacute; basado en la utilidad (cremat&iacute;stica o est&eacute;tica) de dichos bienes y servicios para los seres humanos, si bien pueden existir discrepancias en torno a cu&aacute;l debe ser el valor resultante. Por ejemplo, a trav&eacute;s del <i>coste de sostenimiento </i>medioambiental o <i>coste de sostenibilidad</i> se pretende establecer el gasto en el que la empresa podr&iacute;a incurrir para reducir o minimizar el da&ntilde;o medioambiental a un nivel determinado (un est&aacute;ndar legal o convenido), de manera que el coste externo se corresponder&iacute;a con el coste no incurrido para prevenir o evitar el da&ntilde;o. </p>     <p>Por su parte, el m&eacute;todo del coste del da&ntilde;o se concentra en valorar los perjuicios causados a la salud humana y al medio ambiente (principalmente el calentamiento global, debido a la limitaci&oacute;n de los estudios disponibles). En el trabajo de Antheaume (2004) se constata la factibilidad de implementar modelos para valorar los costes externos de una empresa, si bien se reconoce la dificultad de comparar costes externos de diferentes organizaciones debido a la falta de est&aacute;ndares y las actuales limitaciones del conocimiento cient&iacute;fico, sumado todo ello al riesgo del uso selectivo de aquellos m&eacute;todos que favorezcan los intereses de determinados sectores econ&oacute;micos y empresas. </p>     <p><b>4. Algunas propuestas de c&aacute;lculo del resultado ambientalmente sostenible </b></p>     <p>Desde la perspectiva de la conservaci&oacute;n del capital, el RAS ser&iacute;a el que se obtendr&iacute;a tras atender el mantenimiento de los tres tipos de capital reconocidos bajo la filosof&iacute;a de la sostenibilidad, es decir, el capital natural cr&iacute;tico (CNC), el capital natural sostenible (CNS) y el capital manufacturado o humano (CM), una de cuyas posibles representaciones ser&iacute;a la siguiente:</p>     <p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f6.gif"></p>     <p>Al partir de la idea de que las actividades realizadas por una empresa son ambientalmente sostenibles si protegen expl&iacute;citamente todo el capital natural cr&iacute;tico <i>bajo su responsabilidad</i>, si renuevan algunos elementos del resto del capital natural o si emplean recursos del capital manufacturado para sustituir aquellas &aacute;reas del capital natural que se ha deteriorado, cabr&iacute;a establecer como condici&oacute;n necesaria que la variaci&oacute;n experimentada en el capital natural cr&iacute;tico fuera, como m&iacute;nimo, igual a cero. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En caso de arrojar un valor negativo, se deber&aacute;n adoptar las medidas oportunas para corregir dicha situaci&oacute;n o, en el peor de los casos, clausurar la actividad causante de la reducci&oacute;n del capital cr&iacute;tico. Puede suceder que el valor final del capital cr&iacute;tico sea superior al inicial, gracias a las medidas adoptadas para corregir aminoraciones acaecidas en ejercicios precedentes<sup><a href="#Nota7">7</a></sup>. Por otra parte, para determinados elementos del capital sostenible puede existir un valor umbral tal que si es rebasado, pase a formar parte del capital cr&iacute;tico. Las interacciones entre las tres clases de capital derivadas de la gesti&oacute;n medioambiental de la empresa podr&iacute;an ser representadas en un cuadro de doble entrada como el que ejemplifica el <a href="#Cuadro1">Cuadro 1</a>:      <p>    <center><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07c1.jpg"><a name="Cuadro1"></a></center></p>     <p>La adopci&oacute;n de este enfoque por parte de la empresa se traducir&iacute;a en considerar las magnitudes reflejadas capital manufacturado propio al principio y al final del per&iacute;odo, cuya mera confrontaci&oacute;n dar&iacute;a el resultado contable convencional (R), as&iacute; como las <i>exter</i><i>nalidades</i> positivas y negativas (E) generadas en el resto del capital, consecuencia de la gesti&oacute;n llevada a cabo por la compa&ntilde;&iacute;a durante el ejercicio (D&eacute;niz Mayor, 2001). Es decir: </p>     <p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f7.gif"></p>     <p>Tal y como est&aacute; planteada, la expresi&oacute;n propuesta cae dentro de lo que ha venido en denominarse <i>sostenibilidad fuerte</i> (Daly, 1994; Daly y Cobb, 1989), por contraposici&oacute;n a la llamada <i>sostenibilidad d&eacute;bil </i>(Hartwick, 1977). Mientras el primer enfoque requiere que todas las formas de capital se mantengan intactas, el segundo es esencialmente econ&oacute;mico por naturaleza y se centra en el mantenimiento de la renta. El Serafi indica que: </p>     <p>Los partidarios de la sostenibilidad en sentido fuerte no permiten ninguna erosi&oacute;n de la base de recursos naturales y sostienen que la extracci&oacute;n deber&iacute;a ser compensada mediante la sustituci&oacute;n del activo disminuido por otro de la misma naturaleza. Los defensores de la sostenibilidad en sentido d&eacute;bil admitir&iacute;an el agotamiento de los recursos naturales con la condici&oacute;n de que los ingresos procedentes de su explotaci&oacute;n se reinvirtieran de tal forma que la renta se mantuviese. (2002, p. 20) </p>     <p>Aunque interesante desde la perspectiva de la sostenibilidad fuerte, la determinaci&oacute;n de las magnitudes <i>R</i> y <i>E</i> a partir de las variaciones experimentadas en el capital presenta el inconveniente de ser poco &uacute;til como herramienta de gesti&oacute;n para la direcci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a. Adem&aacute;s, plantea el problema, nada desde&ntilde;able, de tener que identificar y valorar todos los activos implicados al principio y al final de cada ejercicio para, a continuaci&oacute;n, determinar si han experimentado alguna alteraci&oacute;n cuantitativa debido a las actividades realizadas por la empresa. </p>     <p>Por esta raz&oacute;n, desde una perspectiva operativa, parece m&aacute;s adecuado centrarse en los flujos f&iacute;sicos y econ&oacute;micos asociados con la gesti&oacute;n llevada a cabo por la entidad. En este caso, y con car&aacute;cter general, los enfoques propuestos se sustentan en la filosof&iacute;a de la sostenibilidad d&eacute;bil, pues suponen que el valor del da&ntilde;o causado ser&iacute;a equivalente a la cantidad que, al menos nocionalmente, deber&iacute;a ser entregada a las partes afectadas para compensarles por el da&ntilde;o sufrido<sup><a href="#Nota8">8</a></sup>. </p>     <p>Una forma de abordar esta cuesti&oacute;n es el concepto de <i>valor perdido</i> (VP), propuesto por BSO/Origin<sup><a href="#Nota9">9</a></sup>, entendido como el &ldquo;coste de los efectos ambientales causados por las operaciones de la compa&ntilde;&iacute;a menos los gastos incurridos para mitigar estos efectos&rdquo; (1991, p. 58). El c&aacute;lculo de la primera magnitud se obtendr&iacute;a sumando los costes medioambientales relativos al procesamiento o tratamiento de los agentes contaminantes &ndash;emisiones, vertidos, residuos&ndash; (GA) al coste de los efectos residuales &ndash;efectos medioambientales remanentes despu&eacute;s de que todas las actividades de procesamiento y tratamiento han sido llevadas a cabo&ndash; (CER), mientras que la segunda ser&iacute;a igual a los pagos a terceros &ndash;actividades medioambientales subcontratadas relacionadas con las emisiones de la empresa&ndash; (PT) m&aacute;s impuestos medioambientales (IM) menos subvenciones medioambientales (SM). Es decir: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f8.gif"></p>     <p>El monto ser&iacute;a deducido del valor a&ntilde;adido contable de la empresa (VA) para obtener, de esta forma, el denominado valor a&ntilde;adido neto (VAN): </p>     <p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f9.gif"></p>     <p>En el trabajo de Atkinson (2000) se utiliza una variante de esta expresi&oacute;n, donde el concepto de VP es sustituido por el de <i>valor del da&ntilde;o ambiental</i>, cuya cuant&iacute;a se obtiene multiplicando la cifra de emisiones del sector industrial estudiado por el valor marginal del da&ntilde;o, calculado de acuerdo con estudios disponibles p&uacute;blicamente. Se observa c&oacute;mo el VAN resultante var&iacute;a considerablemente entre los sectores estudiados y que el valor del da&ntilde;o ambiental va disminuyendo con el paso del tiempo. </p>     <p>Figge y Hahn (2004) tambi&eacute;n proponen una versi&oacute;n del modelo BSO/Origin, denominada <i>valor a&ntilde;adido sostenible absoluto</i>, que representa, en t&eacute;rminos monetarios, el valor extra creado por una compa&ntilde;&iacute;a, ajustado por todos los cambios producidos en su eficiencia social y ecol&oacute;gica, con respecto a un nivel de referencia (<i>benchmark</i>). Esto presenta como particularidad, seg&uacute;n sus autores, que si bien no informa acerca de si la empresa es sostenible o no, s&iacute; muestra en qu&eacute; cuant&iacute;a ha contribuido a una mayor sostenibilidad. </p>     <p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f10.gif"></p>     <p>Otra alternativa parte del denominado <i>ahorro genuino</i>, un indicador que muestra si una econom&iacute;a est&aacute; en equilibrio al crear o liquidar su riqueza o sus activos (World Bank, 1997). De acuerdo con esta idea, Atkinson (2000) propone el <i>ahorro genuino corporativo</i> (CGS, por su sigla en ingl&eacute;s), calculado de acuerdo con la siguiente expresi&oacute;n: </p>     <p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f11.gif"></p>     <p>De acuerdo con lo expuesto, una empresa incurre en costes que se corresponden con el valor de los recursos consumidos. Si a los ingresos obtenidos se le deducen tales costes, la cifra resultante constituye el valor de los recursos, potencialmente disponibles, para invertir y ahorrar. Como se deduce de la expresi&oacute;n, si el CGS es positivo, la empresa ser&iacute;a considerada, al menos nocionalmente, <i>sostenible</i>. </p>     <p>Una propuesta similar a la del CGS consiste en la denominada <i>externalidad ambiental neta</i> (EAN) (D&eacute;niz Mayor, 2001). Su cuant&iacute;a ser&iacute;a equivalente a la diferencia entre el importe de las medidas adoptadas para prevenir, corregir o mitigar los da&ntilde;os causados al entorno natural, a las personas y sus propiedades, durante el ejercicio econ&oacute;mico, y el valor actual de las <i>externalidades </i>genera-das en el ejercicio<sup><a href="#Nota10">10</a></sup>, con independencia del momento de su manifestaci&oacute;n efectiva. Un desarrollo anal&iacute;tico de la EAN, que incluyera los ajustes que se van a realizar en el resultado contable derivados de la degradaci&oacute;n ambiental y los costes de mitigaci&oacute;n presentes y futuros, es el propuesto a continuaci&oacute;n; se diferencian, por una parte, las posibles clases de medidas que va a adoptar la empresa en el marco de su pol&iacute;tica ambiental, y, por la otra, los posibles efectos ambientales<sup><a href="#Nota11">11</a></sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><img src="/img/revistas/cadm/v19n32/a07f12.gif"></p>     <p>Donde: <i>GA:</i> valor monetario de los gastos defensivos medioambientales incurridos. <i>GERA</i>: valor monetario del impacto ambiental negativo ocasionado por las medidas correctoras, preventivas o reductoras del da&ntilde;o ambiental ocasionado por la empresa<sup><a href="#Nota12">12</a></sup>. </p>     <p><i>GECA</i>: valor monetario del resto de impactos ambientales negativos (entre ellos los corregidos) sobre el capital natural cr&iacute;tico. <i>GESA</i>: valor monetario del resto de impactos ambientales negativos (incluidos los corregidos) sobre el capital natural sostenible. </p>     <p><i>GEMA</i>: valor monetario del resto de impactos ambientales negativos (entre ellos los corregidos) sobre el resto del capital manufacturado. </p>     <p>Si el saldo resultante de dicha sustracci&oacute;n fuera negativo, implicar&iacute;a la necesidad de ejercitar medidas adicionales de protecci&oacute;n o correcci&oacute;n, o bien de dotar un fondo destinado a prevenir, corregir o mitigar tales impactos negativos, cuya constituci&oacute;n podr&iacute;a derivarse de un imperativo legal o contractual o del compromiso libremente asumido por la empresa de contraprestar al medio natural, las personas y sus propiedades, por los efectos derivados de la apropiaci&oacute;n gratuita de los diferentes bienes y servicios suministrados por el medio ambiente. Si, por el contrario, el valor de la EAN fuera positivo, ello podr&iacute;a significar que la empresa estar&iacute;a anticip&aacute;ndose a da&ntilde;os ambientales futuros mediante una pol&iacute;tica preventiva. Un caso l&iacute;mite es que la EAN alcance un valor de &ndash; &infin;, lo que se traducir&iacute;a en la insostenibilidad absoluta de la actividad realizada por la empresa. </p>     <p>La consideraci&oacute;n de la EAN como diferencia entre el valor monetario de los efectos ambientales negativos ocasionados por la actividad de la empresa y los esfuerzos hechos para mitigarlos tiene la clara implicaci&oacute;n de que, al igual que la empresa, realiza un conjunto de actividades que se traducen en una creaci&oacute;n de valor para la sociedad, tambi&eacute;n ejecuta otras que provocan el efecto contrario, reduci&eacute;ndose as&iacute; su eficiencia. </p>     <p>Si bien es obvio que los gastos defensivos se hallan impl&iacute;citos en la magnitud alusiva al resultado del ejercicio, su doble contabilizaci&oacute;n obedece al hecho de presentar, en t&eacute;rminos netos, el valor del da&ntilde;o ambiental causado, lo cual permite, adem&aacute;s, identificar los esfuerzos realizados por la empresa en favor de la protecci&oacute;n del medio ambiente, en el caso de que no aparecieran diferenciados como tales en el estado de resultados convencional. </p>     <p>Tal distinci&oacute;n permitir&iacute;a un conocimiento m&aacute;s ajustado de los da&ntilde;os causados y los esfuerzos realizados para su correcci&oacute;n. Incluso siguiendo un modelo tipo presi&oacute;n-Estado-res-puesta (Organisation for Economic Cooperation and Development [OECD], 1993 y 1997; United States Environmental Protection Agency [USEPA], 1995; United Nations, 1995) se podr&iacute;a vincular el valor monetario de las <i>externalidades</i> a variables de presi&oacute;n y Estado, de tal forma que a cada impacto se le asignara un valor; por ello es necesario acometer una discriminaci&oacute;n del resultado generado por la empresa, con el objeto de poder identificar todas y cada una de las transacciones potencial o efectivamente significativas por su relaci&oacute;n con los impactos ambientales ocasionados por la empresa considerada. </p>     <p><b>5. Discusi&oacute;n: viabilidad de la noci&oacute;n deresultado ambientalmente sostenible </b></p>     <p>Llegados a este punto, procede una breve reflexi&oacute;n acerca de lo expuesto a lo largo del presente trabajo, no s&oacute;lo desde el punto de vista conceptual, sino desde la factibilidad de su implementaci&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una hip&oacute;tesis impl&iacute;cita que subyace en &eacute;ste y otros modelos de corte monetario que puedan proponerse para su implementaci&oacute;n en la contabilidad empresarial consiste en suponer que todas las variables medioambientales relevantes son susceptibles de valoraci&oacute;n econ&oacute;mica, cuando de la propia naturaleza de estos estados contables se deriva la exclusi&oacute;n de determinadas transacciones significativas con el entorno, caracterizadas por su escasa susceptibilidad de ser valoradas econ&oacute;micamente. Es obvio reconocer que las propuestas realizadas poseen importantes limitaciones derivadas, por una parte, del problema de c&oacute;mo valorar econ&oacute;micamente una <i>externalidad</i>; por la otra, de la ilusoria pretensi&oacute;n de que las compa&ntilde;&iacute;as adoptaran una pol&iacute;tica de revelaci&oacute;n total. </p>     <p>En este sentido, cabr&iacute;a cuestionar el concepto de<i> valor monetario </i>de la externalidad ambiental. Si bien los datos manejados para calcular dicho valor deber&iacute;an tener su origen en los dict&aacute;menes y conclusiones de los diferentes expertos y organismos que la empresa va a consultar, podr&iacute;a plantearse la duda acerca de qu&eacute; organismos o expertos tienen el poder legitimador para fijar los est&aacute;ndares y, en caso de conflicto, qu&eacute; est&aacute;ndar ser&iacute;a el v&aacute;lido<sup><a href="#Nota13">13</a></sup>. </p>     <p>&Iacute;tem m&aacute;s, la existencia de diversos m&eacute;todos de valoraci&oacute;n que &ndash;partiendo de presupuestos diferentes&ndash; llegan a resultados, a veces, contradictorios entre s&iacute; podr&iacute;a suscitar la sospecha entre los grupos de inter&eacute;s relevantes sobre la fiabilidad y comparabilidad de los c&aacute;lculos presentados. As&iacute;, no necesariamente el <i>valor</i> econ&oacute;mico y ambiental del da&ntilde;o causado ha de ser igual al coste marginal de los recursos humanos, materiales y financieros necesarios para su prevenci&oacute;n, correcci&oacute;n o minimizaci&oacute;n. En determinados ca-sos, puede ser, incluso, m&aacute;s rentable para la empresa pagar las correspondientes sanciones e indemnizaciones legales antes que establecer medidas de protecci&oacute;n ambiental, dada la escasa percepci&oacute;n de los valores (no s&oacute;lo econ&oacute;micos) asociados con el bien da&ntilde;ado.</p>     <p>A este respecto, en el contexto de la contabilidad nacional, disciplina que posee un desarrollo m&aacute;s avanzado en el estudio de la problem&aacute;tica contable ambiental, voces cr&iacute;ticas han cuestionado la validez de las aproximaciones monetarias, debido a su discrepancia con las t&eacute;cnicas de valoraci&oacute;n recomendadas, as&iacute; como con la capacidad para implementarlas en aquellos pa&iacute;ses que posean bases de datos limitadas. Por esta raz&oacute;n recomiendan que todas las variables medioambientales se mi-dan en unidades f&iacute;sicas, aun cuando reconocen que la completa integraci&oacute;n con las contabilidades econ&oacute;micas quiz&aacute;s no sea posible (Peskin, 1991). </p>     <p>Por otra parte, en los diferentes modelos expuestos parece observarse una legitimaci&oacute;n impl&iacute;cita a las empresas m&aacute;s rentables para continuar contaminando, siempre que sus beneficios excedan del coste de la <i>externalidad</i> ocasionada. Todo ello sin olvidar que la empresa puede incurrir en unos desembolsos espectaculares en favor del medio ambiente como consecuencia, precisamente, de la naturaleza altamente contaminante de la actividad desarrollada, sin que ello implique una actuaci&oacute;n medioambientalmente eficiente. Ello implicar&iacute;a recurrir a instrumentos de representaci&oacute;n alternativos, como los indicadores de gesti&oacute;n ambiental, en el marco de, por ejemplo, un modelo causal como el pre-si&oacute;n-Estado-respuesta, a fin de calibrar adecuadamente la importancia que sobre el medio ambiente tienen los impactos originados por la realizaci&oacute;n de la actividad considerada. </p>     <p>A pesar de las limitaciones expuestas, no debe obviarse el hecho de que la incorporaci&oacute;n de las <i>externalidades</i> a la contabilidad empresarial puede ayudar a la organizaci&oacute;n a obtener un mejor conocimiento de sus operaciones y a cambiar formas de conducir los negocios que se daban por hechos. As&iacute; mismo, cabe estatuir el argumento de que utilizar m&eacute;todos para calcular las <i>externalidades</i> y experimentar c&oacute;mo implementarlas en el sistema con-table de la empresa es mejor que no hacer nada (v&eacute;ase Costanza et al<i>.</i>, 1997). </p>     <p>No cabe duda de que la inclusi&oacute;n de las <i>externalidades</i> en el sistema contable de la empresa y, lo que es m&aacute;s importante, en el coste del producto puede ser objeto de controversia, dado que implica una minoraci&oacute;n de los beneficios empresariales y, por lo tanto, una menor rentabilidad, que afecta negativamente el dividendo a corto plazo de los accionistas, sin que, adem&aacute;s, pueda ser objeto de reconocimiento a efectos fiscales. </p>     <p>Ahora bien, ya existen casos de <i>internalizaci&oacute;n</i> reflejados en la literatura contable. Antes de los a&ntilde;os setenta, los fabricantes de autom&oacute;viles desde&ntilde;aban la problem&aacute;tica de la contaminaci&oacute;n en el dise&ntilde;o y los costes de los veh&iacute;culos, que era soportada por la sociedad y el medio ambiente como una <i>externalidad</i>. Hoy en d&iacute;a, los costes derivados del control de la contaminaci&oacute;n son asumidos por los fabricantes y repercutidos a los consumidores para poder seguir en el negocio. Por ello, como indica Feltmate: &ldquo;la pregunta que deber&iacute;a plantearse la profesi&oacute;n contable no es &lsquo;&iquest;podemos internalizar las externalidades?&rsquo;. Esto ya se ha hecho y se seguir&aacute; haciendo. La pregunta m&aacute;s relevante es &lsquo;&iquest;qu&eacute; externalidades deber&iacute;an ser estrat&eacute;gicamente internalizadas, tanto a nivel dom&eacute;stico como internacionalmente&rsquo;?&rdquo; (1997, p. 16). </p>     <p><b>Notas al pie de p&aacute;gina </b></p>     <p><a name="Nota1"></a>1. La idea de corregir el PIB eliminando los gastos defensivos o gastos instrumentales fue propuesta inicialmente por Nordhaus y Tobin (1972) y desarrollada posteriormente por Daly y Cobb (1989).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="Nota2"></a>2. La opci&oacute;n de ajuste del SCN se basa en: (a) la incorporaci&oacute;n de la depreciaci&oacute;n de los recursos naturales; (b) la consideraci&oacute;n de los gastos defensivos del medio ambiente, o (c) la inclusi&oacute;n del da&ntilde;o ambiental residual. Por su parte, las cuentas sat&eacute;lite se configuran como un complemento de la informaci&oacute;n contenida en el SCN, que recoge aspectos como la medida de fuentes f&iacute;sicas, su valoraci&oacute;n y depreciaci&oacute;n; la medida de la incidencia de impuestos y regulaciones, modelos de cambios estructurales; etc. Finalmente, las cuentas de recursos naturales y de patrimonio natural incorporan informaci&oacute;n tanto cualitativa como cuantitativa acerca de las existencias y los flujos de recursos naturales (Rey Mej&iacute;as, 2002). </p>     <p><a name="Nota3"></a>3. Una revisi&oacute;n de los m&eacute;todos utilizados para corregir las magnitudes macroecon&oacute;micas, teniendo pre-sente la variable ambiental, adem&aacute;s de analizar el problema de la valoraci&oacute;n del medio ambiente, puede hallarse, entre otros, en Neumayer (2000) y Simon y Proops (2000). </p>     <p><a name="Nota4"></a>4. Los costes de las <i>externalidades</i> se producen cuando una actividad ocasiona un impacto sobre el medio ambiente, los seres humanos, sus propiedades y su bienestar, sin existir una obligaci&oacute;n legal o contractual por parte del causante de resarcir o compensar a las partes afectadas.  </p>     <p><a name="Nota5"></a>5. Si bien el concepto convencional de sostenibilidad tiene atribuidas tres facetas, la social, la econ&oacute;mica y la medioambiental, el presente trabajo se ha centrado en la componente medioambiental. </p>     <p><a name="Nota6"></a>6. Una revisi&oacute;n de tales conceptos puede verse, entre otros, en Milne (1991). </p>     <p><a name="Nota7"></a>7. Se debe ser cuidadoso con actitudes focalizadas en lo que podr&iacute;a denominarse <i>conservacionismo ingenuo</i>, dado que los equilibrios medioambientales que mantienen la biosfera, tal y como se conocen actualmente, son muy complejos, por lo que pueden romperse no s&oacute;lo por reducciones en los valores de las magnitudes clave, sino tambi&eacute;n por excesos en ellos. </p>     <p><a name="Nota8"></a>8. Cuesti&oacute;n aparte ser&iacute;a determinar qui&eacute;nes son los &ldquo;verdaderos&rdquo; responsables del da&ntilde;o causado sobre los que recaer&iacute;an los costes, si se considera el ciclo de vida completo del producto (Atkinson, 2000). </p>     <p><a name="Nota9"></a>9. En Huizing y Dekker (1992) se recoge un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de esta propuesta, en el que se cuestionan algunos aspectos como la no inclusi&oacute;n de los efectos indirectos de las actividades de la empresa en el c&oacute;mputo, ya que existe el riesgo de que algunos efectos ecol&oacute;gicos se trasladen al proveedor o al cliente, as&iacute; como los m&eacute;todos de c&aacute;lculo utilizados; adem&aacute;s, los autores se&ntilde;alan que los gastos medioambientales, tal y como aparecen registrados en el modelo propuesto, no ofrecen una indicaci&oacute;n de la eficiencia de la gesti&oacute;n ambiental de la entidad o los beneficios aportados a la sociedad. </p>     <p><a name="Nota10"></a>10. A efectos de c&aacute;lculo, en el caso de que se originaran <i>externalidades</i> positivas, su signo ser&iacute;a el opuesto al de las <i>externalidades</i> negativas. </p>     <p><a name="Nota11"></a>11. Se han excluido los gastos de imagen y relaciones por la dificultad de vincular las actividades asociadas a tales conceptos con efectos concretos sobre el medio ambiente, as&iacute; como las transferencias de fondos por multas y sanciones ambientales, salvo que su prop&oacute;sito sea la reparaci&oacute;n del da&ntilde;o causado. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="Nota12"></a>12. La propia actividad correctora implica sus propios impactos ambientales. Su discriminaci&oacute;n per-mite realizar un an&aacute;lisis coste-eficiencia de las acciones de protecci&oacute;n medioambiental. </p>     <p><a name="Nota13"></a>13. Seguramente, el valor alcanzado ser&aacute; el derivado de acuerdos de tipo econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, m&aacute;s que de criterios cient&iacute;ficos. V&eacute;ase Sagoff (2006). </p>     <p><b>Lista de referencias </b></p>     <!-- ref --><p>1. Antheaume, N. (2004). Valuing external costs, from theory to practice: implications for full cost environmental accounting. <i>European Accounting Review,</i> 13 (3), 443-464. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-3592200600020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Aranda Mart&iacute;n, D. (1992). La informaci&oacute;n estad&iacute;stica econ&oacute;mica sobre medio ambiente y recursos naturales. <i>Informaci&oacute;n Comercial Espa&ntilde;ola </i>(711), 79-85. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-3592200600020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Atkinson, G. (2000). Measuring corporate sustainability. <i>Journal of Environmental Planning and Management</i>, 43 (2), 232-252. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-3592200600020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bebbington, J. y Gray, R. (2001). An account of sustainability: failure, success and a reconceptualization. <i>Critical Perspectives on Accounting,</i> 12 (5), 557-587. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-3592200600020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Bebbington, J., Gray, R., Hibbitt, C. y Kirk, E. (2001). <i>Full cost accounting: an agenda for action</i>. London: Certified Accountant Educational Trust (ACCA). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-3592200600020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Bennett, M. y James, P. (1998). The green bottom line. En: M. Bennett y P. James (Eds.), <i>The green bottom line: Environmental accounting for management</i> (pp. 30-60). Sheffield: Greenleaf Publishing. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-3592200600020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. BSO/Origin. (1991). <i>Annual report 1990</i>. Utrecht: BSO/Origin. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-3592200600020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Callicott, J. B. (1984). Non anthropocentric value theory and environmental ethics. <i>American Philosophical Quaterly</i>, 21 (4), 299-309. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-3592200600020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Canadian Institute of Chartered Accountants (CICA), (1997). <i>Full cost accounting from an environmental perspective.</i> Toronto: CICA. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-3592200600020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Ciriacy-Wantrup, S. V. (1952). <i>Resource conservation: economics and agricultural experiment station.</i> Berkeley: University of California Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-3592200600020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Comisi&oacute;n Europea (1997). <i>Hacia un desarrollo sostenible: informe de aplicaci&oacute;n y plan de actuaci&oacute;n de la Comisi&oacute;n Europea sobre el quinto programa de pol&iacute;tica y actuaci&oacute;n en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible.</i> Luxemburgo: Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-3592200600020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Comisi&oacute;n Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), (1998). <i>La diversidad biol&oacute;gica de M&eacute;xico: estudio de pa&iacute;s 1998. </i>M&eacute;xico: Conabio. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-3592200600020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Cooper, C. (1992). The non and nom of accounting for (m)other nature. <i>Accounting, Auditing and Accountability Journal,</i> 5 (3), 16-39. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-3592200600020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Costanza, R., D'Are, R., De Groot, R., Farber, S.,    Grasso, M., Hammon, B. et al. (1997). The value of the world's ecosystem services and natural  capital. <i>Nature</i> (387), 253-259.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-3592200600020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Cross, F. B. (1989). Natural resource damage valuation. <i>Vanderbilt Law Review</i>, 42 (2), 269-340. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-3592200600020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Daly, H. (1994). Operationalizing sustainable development by investing in natural capital. En: A. Jansson, M. Hammer, C. Folke y R. Costanza(Eds.), <i>Investing in natural capital: the ecological economics approach to sustainability </i>(pp. 22-27). Washington: Island Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-3592200600020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Daly, H. y Cobb, J. B. (1989). <i>Para el bien com&uacute;n: reorientando la econom&iacute;a hacia la comunidad, el ambiente y un futuro sostenible.</i> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. Boston: Beacon Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-3592200600020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. D&eacute;niz Mayor, J. J. (2001). <i>El sistema informativo contable y los flujos de intercambio entre el medio natural y las unidades econ&oacute;micas.</i> Disertaci&oacute;n doctoral no publicada, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, Espa&ntilde;a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-3592200600020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19.   Los modelos presi&oacute;n-Estado-respuesta como instrumento de apoyo a la contabilidad medioambiental. <i>Revista Interdisciplinar de Gesti&oacute;n Ambiental</i>, 4 (38), 1-15. (2002).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-3592200600020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. El Serafi, S. (2002). La contabilidad verde y la sostenibilidad. <i>Informaci&oacute;n Comercial Espa&ntilde;ola </i>(800), 15-30. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-3592200600020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Epstein, M. J. (1996). <i>Measuring corporate environmental performance: best practices for costing and management an effective environmental strategy.</i> Chicago: Irwin Professional. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-3592200600020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. European Commission (1992). <i>The fifth action programme</i> [Folleto]. Brussels: European Commission. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-3592200600020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Feltmate, B. W. (1997). Making sustainable development reality. <i>CMA Magazine</i>, 71 (2), 9-16. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-3592200600020000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Fern&aacute;ndez Pirla, J. M. (1983). <i>Teor&iacute;a econ&oacute;mica de la contabilidad</i>. Madrid: ICE. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-3592200600020000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Figge, F. y Hahn, T. (2004). Sustainable value added-measuring corporate contributions to sustainability beyond eco-efficiency. <i>Ecological Economics </i>(48), 173-187. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-3592200600020000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Gore, A. (1993). <i>La Tierra en juego: ecolog&iacute;a y conciencia humana</i>. Barcelona: Emec&eacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-3592200600020000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Gray, R. (1992). Accounting and environmentalism: an explanation of gently accounting for accountability, transparency and sustainability. <i>Accounting, Organizations and Society</i>, 17 (5), 339-426. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-3592200600020000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28.  Corporate reporting for sustainable de-velopment: accounting for sustainability in 2000 AD. <i>Environmental Values,</i> 3 (1), 17-45. (1994). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-3592200600020000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Bebbington, J. y Walters, D. (1993). <i>Accounting for the environment.</i> London: Paul Chapman. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-3592200600020000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Hartwick, J. M. (1977). Intergenerational equity and the investing of rents from exhaustible resources. <i>American Economic Review</i> (66), 972-974. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-3592200600020000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Hines, R. (1991). On valuing nature. <i>Accounting, Auditing and Accountability Journal,</i> 4 (3), 27-29. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-3592200600020000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Huizing, A. y Dekker, H. C. (1992). Helping to pull our planet out of the red: an environmental report of BSO/Origin. <i>Accounting, Organizations and Society</i>, 17 (5), 449-458. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-3592200600020000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. International Accounting Standards Committee (IASC), (1989). <i>Framework for the preparation and presentation of financial statements. </i>London: IASC. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-3592200600020000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Knetsch, J. L. y Davis, R. K. (1966). Comparisons of methods for recreation evaluation. En: R. Dorfman y N. S. Dorfman (Eds.), (1977), <i>Economics of the Environment,</i> (pp. 450-468). London: W.W. Norton & Company Inc. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-3592200600020000700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Lehman, G. (1996). Environmental accounting: pollution permits or selling the environment. C<i>ritical Perspectives on Accounting</i>, 7 (6), 667-676. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-3592200600020000700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. M&auml;ler, K. G. (1991). Contabilidad nacional y recursos medioambientales. En: A. Mu&ntilde;oz Mart&iacute;nez y C. Carrillo Vargas (Coords.), <i>La contabilidad </i><i>de los recursos naturales</i> (pp. 143-160). Sevilla: Agencia de Medio Ambiente, Junta de Andaluc&iacute;a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-3592200600020000700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Mathews, M. R. (1993). <i>Socially responsible accounting.</i> London: Chapman & Hall. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-3592200600020000700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Maunders, K. y Burritt, R. (1991). Accounting and ecological crisis. <i>Accounting, Auditing and Accountability Journal,</i> 4 (3), 9-26. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-3592200600020000700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Milne, M. J. (1991). Accounting, environmental resource values, and non-market valuation techniques for environmental resources: a review. <i>Accounting, Auditing and Accountability Journal</i>, 4 (3), 81-109. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-3592200600020000700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Naess, A. (1973). The shallow and the deep, long-range ecology movement: a summary. <i>Inquiry</i>, 16, 95-100. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0120-3592200600020000700040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), (1993). Natural resource damage assessments under the oil production act of 1990. <i>Federal Register,</i> 58 (10), 4601-4614. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-3592200600020000700041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Neumayer, E. (2000). Resource accounting in measures of unsustainability: challenging the World Bank's conclusions. <i>Environmental and Resource Economics</i> (15), 257-278. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0120-3592200600020000700042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Nordhaus, W. y Tobin, J. (1972). <i>Is growth obsolete? </i>New York: Columbia University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-3592200600020000700043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD), (1993). OECD core set of indicators for environmental performance reviews. <i>Environment Monographs</i> (83), 1-39. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-3592200600020000700044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45.  Environmental performance reviews: a practical introduction. <i>Monographs OECD/GD </i>(97) 35-60.(1997).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-3592200600020000700045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Pearce, D. (1993). <i>Economic values and the natural world</i>. London: Earthscan Publications. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0120-3592200600020000700046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47.  Markandya, A. y Barbier, E. B. (1989). <i>Blueprint for a green economy</i>. London: Earthscan Publications. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0120-3592200600020000700047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48.  El significado del desarrollo sostenible.<i>Alfoz</i> (96), 35-45.  (1993).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0120-3592200600020000700048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Pearce, D. y Turner, K. (1990). <i>Economics of natural resources and the environment.</i> Baltimore: Johns Hopkins Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0120-3592200600020000700049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Peskin, H. (1991). Alternativa medioambiental y enfoques a la contabilidad de los recursos. En: A. Mu&ntilde;oz Mart&iacute;nez y C. Carrillo Vargas (Coords.), <i>La contabilidad de los recursos naturales</i> (pp. 11-38). Sevilla: Agencia de Medio Ambiente, Junta de Andaluc&iacute;a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0120-3592200600020000700050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Angeles, M. S. (2001). Accounting for environmental services: contrasting the SEEA and the ENRAP approaches. <i>Review of Income and Wealth, </i>47 (2), 203-219. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0120-3592200600020000700051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Randall, A., Ives, B. C. y Eastman, C. (1974). Bidding games for valuation of aesthetic environmental improvements. <i>Journal of Environmental Economics and Management </i>(1), 132-149. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0120-3592200600020000700052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Repetto, R., Magrath, W., Wells, M., Beer, C. y Rossini, F. (1989). <i>Wasting assets: natural resources in the national income accounts.</i> Washington: World Resources Institute. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0120-3592200600020000700053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. Rey Mej&iacute;as, C. (2002). Indicadores de sostenibilidad ambiental. <i>Observatorio Medioambiental </i>(5), 79-99. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0120-3592200600020000700054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. Rosen, S. (1974). Hedonic prices and implicit market: product differentiation in pure competition. <i>Journal of Political Economy</i> (82), 34-55. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0120-3592200600020000700055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. Sagoff, M. (2006). Sobre la muerte del medioambientalismo en Estados Unidos. En: A. Guerra y J. F. Tezanos (Eds.), <i>Las pol&iacute;ticas de la Tierra: memorias del IV Encuentro Salamanca</i> (pp. 211236). Madrid: Sistema. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0120-3592200600020000700056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. Simon, S. y Proops, J. (Eds.), (2000). <i>Greening the accounts.</i> Cheltenham: Edward Elgar Publishing. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0120-3592200600020000700057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. Stephan, C. (1992). Marco para el &quot;reporting&quot; corporativo sobre desarrollo sostenido. En: <i>Memoria de Ponencias y Comunicaciones del IV Congreso Nacional de Econom&iacute;a</i> (pp. 594-599). Sevilla: Consejo General de Colegios de Economistas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0120-3592200600020000700058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. Stern, D. I. (2004). The rise and fall of the Environmental Kuznets Curve. <i>World Development</i>, 32 (8), 1419-1439. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0120-3592200600020000700059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. Turner, R. K. y Bateman, I. J. (1990). <i>A critical review of monetary assessment methods and techniques.</i> Bracknell: Department of Transport. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0120-3592200600020000700060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>61. United Nations (1993). <i>Integrated environmental and economic accounting (interim version): Handbook of national accounting</i>. New York: United Nations. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0120-3592200600020000700061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>62. <i>General discussion of progress in the implementation of Agenda 21, focusing on the cross-sectorial components of Agenda 21 and the critical elements of sustainability.</i> New York: United Nations Commission on Sustainable Development.  (1995).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0120-3592200600020000700062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>63. <i>Integrated environmental and economic accounting-an operational manual: handbook of national accounting</i>. New York: United Nations. (1999).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0120-3592200600020000700063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>64. European Commission, International Monetary Fund, Organisation for Economic Cooperation and Development and World Bank (2003).<i> Integrated Environmental and Economic Accounting-An operational manual: handbook of national accounting</i>. New York: United Nations. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0120-3592200600020000700064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>65. United States Environmental Protection Agency (USEPA), (1995). <i>A conceptual framework to support development and use of environmental information in decision-making</i>. 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