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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>La constituci&oacute;n del ser humano como sujeto: teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n y pensamiento cr&iacute;tico    <br> </b></font>Carlos Enrique Angarita. Bogot&aacute;: Facultad de Teolog&iacute;a, Pontificia Universidad Javeriana, 2016. 425 pp.</p>     <p align="center">Camilo Castellanos<sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup>Abogado, Universidad Nacional de Colombia (Bogot&aacute;); activista de derechos humanos e investigador.</p> <hr>     <p><b>Descripci&oacute;n de la tem&aacute;tica, estructura y contenidos</b></p>     <p>En un primer gran cap&iacute;tulo, Angarita pone de presente la necesidad de una teolog&iacute;a hist&oacute;rica que, con la ayuda de la revelaci&oacute;n, descubra desde la experiencia del creyente los designios trascendentales en materia de conservaci&oacute;n y acrecentamiento de la vida.</p>     <p>En el segundo cap&iacute;tulo profundiza el estado actual de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n en el campo eclesial y en la percepci&oacute;n que de ella se tiene desde el pensamiento social. Es de destacar la preocupaci&oacute;n por que el cristianismo liberador no pierda identidad, por que mantenga su impronta cr&iacute;tica de las idolatr&iacute;as y asegure as&iacute; relativizar los logros y profundizar lo conquistado.</p>     <p>En este sentido, cabe toda la raz&oacute;n a Carlos Enrique Angarita, quien &mdash;junto con Helio Gallardo&mdash; reclama que los cristianos, en el amplio frente por la justicia, mantengan su propio perfil, denunciando sin piedad las idolatr&iacute;as y los fetichismos. En el cuadro de una alternativa construida desde la diversidad, los cristianos pueden ser el componente que hace que el conjunto de la sociedad crezca en autonom&iacute;a, conciencia y responsabilidad, como la levadura en la masa.</p>     <p>El tercer cap&iacute;tulo propone un camino para superar el abatimiento por el aparente cierre de los proyectos alternativos y la desesperanza, cuando el poder de los dominadores es tan abrumador que impele a respuestas suicidas. Apoyado en Walter Benjamin y Franz Hinkelammert, Angarita postula que la reflexi&oacute;n de fe aporte a la reconfiguraci&oacute;n de las fuerzas para la transformaci&oacute;n, recurriendo a la raz&oacute;n m&iacute;tica y a la memoria mesi&aacute;nica. Es la forma de hacer teolog&iacute;a que nuestro autor denomina "m&eacute;todo hist&oacute;rico trascendental".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo se centra en la constituci&oacute;n de los pobres como sujeto, la opci&oacute;n m&aacute;s propia del cristianismo liberador. En un mundo en el que los seres humanos son estructuralmente reemplazados por las m&aacute;quinas y cada vez mayor cantidad de personas pasa a la condici&oacute;n de poblaci&oacute;n redundante, de desechables, la propuesta es retornar al sujeto, a los pobres convertidos en pueblo.</p>     <p><b>Breve presentaci&oacute;n del autor</b></p>     <p>Carlos Angarita es Doctor en Teolog&iacute;a, Magister en Estudios Pol&iacute;ticos, Te&oacute;logo y Licenciado en Filolog&iacute;a y Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana. Desde 1996 ha sido profesor e investigador de Facultad de Teolog&iacute;a de esta misma universidad y actualmente est&aacute; adscrito al Centro de Formaci&oacute;n Teol&oacute;gica de la misma. Su campo de reflexi&oacute;n es la teolog&iacute;a pol&iacute;tica. En sus investigaciones enfatiza en el an&aacute;lisis teol&oacute;gico de la realidad y en su car&aacute;cter pr&aacute;ctico en terreno. Es miembro del Grupo Pensamiento Cr&iacute;tico con sede en Costa Rica.</p>     <p><b>Cr&iacute;tica del trabajo</b></p>     <p>Desde una perspectiva program&aacute;tica, Angarita se propone contribuir a que el cristianismo liberador recupere el lugar eminente que ocup&oacute; en la Iglesia durante una &eacute;poca en la que nuestra Am&eacute;rica dio lo mejor de s&iacute; para el desarrollo del pensamiento y de la acci&oacute;n social transformadora. Con este prop&oacute;sito establece un di&aacute;logo entre la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n y las corrientes provenientes de Europa, entre la teolog&iacute;a y el pensamiento social cr&iacute;tico, entre la reflexi&oacute;n desde la fe y las din&aacute;micas de las comunidades y de los movimientos sociales.</p>     <p>Tras un rastreo de los principales acontecimientos ocurridos desde el nacimiento de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n hasta hoy, Angarita percibe un relativo debilitamiento de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, tanto en el &aacute;mbito eclesial como en el social. En su opini&oacute;n, "su fuerza aut&oacute;noma y su capacidad novedosa de diferenciaci&oacute;n han entrado en declive", sin que por ello se pueda declarar su disoluci&oacute;n. Se viven tiempos de intemperie, de emergencia de nuevos factores estructurales y de nuevas subjetividades que desaf&iacute;an al cristianismo liberador y para cuyo esclarecimiento dedica su trabajo Carlos Enrique Angarita.</p>     <p>Toda la reflexi&oacute;n del profesor Angarita apunta a fundamentar el protagonismo de los pobres como sujetos. Dice con propiedad que esta condici&oacute;n de sujeto es una contribuci&oacute;n de la Modernidad. Privado el orden pol&iacute;tico de toda fundamentaci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la sociedad misma, el Estado termina siendo una creaci&oacute;n social producto del acuerdo entre los asociados. Este enfoque se sustenta en el mito del contrato social, un pacto que se pierde en las penumbras de la prehistoria, pero que sirvi&oacute; para descabalgar a los monarcas de su condici&oacute;n cuasidivina.</p>     <p>Nuestro autor coincide con John Holloway y Franz Hinkelammert en considerar el rechazo al orden injusto, devenido en ley injusta, como el momento constitutivo del sujeto. Es el momento de la negatividad, del principio del disenso de que habla Javier Muguerza. Es el grito de la v&iacute;ctima, cuando el orden afrenta su dignidad y pone en riesgo inminente su propia existencia. En el grito se conjugan la ira, la desesperaci&oacute;n y la esperanza. Es la negatividad que abre nuevas posibilidades.</p>     <p>De aqu&iacute; se deriva que aun desde el primer momento existe la conciencia, as&iacute; sea embrionaria, de la situaci&oacute;n insoportable, de la indignidad vivida y de la esperanza de poder superar el orden y la ley injustas. De este modo, el momento de la negatividad da paso a la configuraci&oacute;n de una inteligencia colectiva, de la uni&oacute;n de voluntades, de la forja de capacidades que se configuran como poder en posibilidad de contender con &eacute;xito con los detentadores del privilegio. No bast&oacute; rebelarse contra el Fara&oacute;n y pasar el Mar Rojo: se necesitaron cuarenta a&ntilde;os de deambular por el desierto para que el pueblo hebreo tuviera las condiciones para conquistar la tierra prometida.</p>     <p>Con todo, en la constituci&oacute;n de los pobres como pueblo es fundamental ir m&aacute;s all&aacute; del grito primordial y entender que se requiere poder para transformar la sociedad y que este poder se construye de abajo a arriba, de lo menos a lo m&aacute;s, de las periferias al centro, a partir de un esfuerzo sostenido de autoorganizaci&oacute;n de las mayor&iacute;as, en el que ser&aacute;n frecuentes los saltos en calidad, las rupturas y hasta las p&eacute;rdidas de rumbo. En este proceso se requieren clarividencia y sentido autocr&iacute;tico en todos los &aacute;mbitos del campo popular.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Reconoce el profesor Angarita que las relaciones sociales han cambiado porque algunos factores estructurales, las mentalidades y las formas de organizaci&oacute;n y de movilizaci&oacute;n se han transformado. Por ello es necesario tener un cuadro construido con mayor detalle de la econom&iacute;a de los pobres, de sus estrategias actuales de supervivencia, de su horizonte vital, de sus expectativas frente a la pol&iacute;tica, de sus vivencias del afecto y de la familia, de los usos del tiempo libre, en lo que consideran de valor, entre otros &iacute;tems, de manera que los pobres de nuestros d&iacute;as tengan cuerpo concreto. En esto estriba la importancia de que el pobre se piense como sujeto.</p>     <p><b>Contribuci&oacute;n o aporte de la obra</b></p>     <p>El libro de Carlos Enrique Angarita es rico en sugerir nociones a retomar y posibles iniciativas a promover. Ernesto Laclau planteaba que un texto es m&aacute;s v&aacute;lido, no tanto por la verdad que pueda contener, cuanto por la creatividad que pueda desatar. Quiz&aacute;s este sea el mayor m&eacute;rito de  <i>La constituci&oacute;n del ser humano como sujeto</i>. Franz Hinkelammert dice, en su pr&oacute;logo, que Angarita no nos entrega una reflexi&oacute;n terminada. Finalizarla ser&aacute; tarea de los lectores que recurran a este trabajo como pie forzado para otros desarrollos.</p>     <p>Una glosa final: las primeras comunidades que viv&iacute;an la memoria de Jes&uacute;s elaboraban, ellas mismas, la comprensi&oacute;n de c&oacute;mo deb&iacute;an testimoniar la vivencia de su fe. No hab&iacute;a nada prescrito al respecto y los evangelios y buena parte de las cartas de los primeros ap&oacute;stoles y el relato de sus hechos son actas de las reflexiones de estas comunidades iniciales. Los redactores eran escribanos de esa experiencia de fe vivida de manera comunitaria.</p>     <p>Tengo la sospecha de que, en los tiempos de conversi&oacute;n de la Iglesia, en esos periodos de reencuentro con las verdades fundamentales, la gente sencilla ha tomado la iniciativa y ha reinterpretado estas nociones conforme a las exigencias de la &eacute;poca y a sus propias vivencias. Los impulsos reformadores provenientes de lo alto de las jerarqu&iacute;as del poder o del saber se tornan ineficaces si no encuentran en la base un eco que los amplifique y los haga hist&oacute;ricamente viables. Si arriba est&aacute; la formalidad de las normas y los protocolos, abajo esta la fuerza viva de quienes solo tienen la satisfacci&oacute;n de vivir su fe. Se dice que el Esp&iacute;ritu act&uacute;a donde quiere, a veces tambi&eacute;n inspira por abajo.</p>     <p>Creo coincidir con Carlos Enrique Angarita en que, en nuestro tiempo, la experiencia de fe vivida comunitariamente se ha venido elaborando desde las mismas comunidades. Acaso los te&oacute;logos sistem&aacute;ticos debieran convertirse en amplificadores y sistematizadores de lo que ellas expresan, poniendo a su servicio el saber erudito, siendo veh&iacute;culo para compartir las vivencias y proyectar a otros &aacute;mbitos las conquistas en materia de reproducir la vida y destruir los falsos &iacute;dolos.</p>     <p>Me anima la convicci&oacute;n de que la riqueza primordial de La constituci&oacute;n del ser humano como sujeto estriba en la capacidad de suscitar nuevos conceptos e iniciativas. En consecuencia, le auguro gran fuerza expansiva, pues si bien no est&aacute;n todas las respuestas, s&iacute; ubica los problemas de fondo. Lo dem&aacute;s vendr&aacute; por a&ntilde;adidura y ser&aacute; obra de quienes lean este libro.</p> </font>      ]]></body>
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