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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana"> <font size="2">     <p align=right><b>EDITORIAL</b></p>     <p align="right"><i>San Pedro: Tu factor de impacto. Es lo &uacute;nico que tenemos en cuenta hoy en d&iacute;a. Si tu f.i. est&aacute; por encima de 10, entonces entras (al cielo). Si est&aacute; por debajo, entonces...  BG: &#191;Mi factor de impacto&#63; &#191;Qu&eacute; demonios &#8211;oops, perd&oacute;n&#8211;, qu&eacute; es eso&#63; </i></p>        <p><b>Una propuesta por la calidad editorial</b></p>     <p> La gesti&oacute;n editorial de las revistas cient&iacute;ficas se ha transformado desde aquellos tiempos en los cuales la preocupaci&oacute;n principal estaba centrada en que los trabajos de los investigadores, con frecuencia cercanos a su c&iacute;rculo universitario o acad&eacute;mico, tuviesen una vitrina que pudiese mostrarse a un p&uacute;blico tan amplio como lo permitiera la circulaci&oacute;n f&iacute;sica de las revistas impresas. Para que un estudioso de alg&uacute;n tema pudiese llegar a un art&iacute;culo considerado &uacute;til en su trabajo, era imprescindible que la ruta de localizaci&oacute;n estuviese dentro de su &aacute;mbito de cercan&iacute;a f&iacute;sica o en el mejor de los casos que alg&uacute;n par acad&eacute;mico lo pusiese al tanto de la existencia del escrito mediante citaciones o recomendaci&oacute;n directa. De verdad, la divulgaci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico era una tarea a la vez dispendiosa y gratificante. Lo primero por el esfuerzo de ganar lectores en un entorno cerrado, limitado a las colecciones en hemerotecas y pocas veces se ten&iacute;a la posibilidad de verificar el camino que los art&iacute;culos segu&iacute;an luego de que un lector avezado lo encontraba, le&iacute;a, criticada, citaba y pon&iacute;a en pr&aacute;ctica. Lo segundo, la gratificaci&oacute;n que percib&iacute;a el editor al sentirse curador del saber cient&iacute;fico y v&iacute;nculo entre generadores de conocimiento y lectores.</p>      <p>Los tiempos han cambiado de manera ostensible, y si bien en lo misional se conserva el papel del editor, el entorno de las revistas cient&iacute;ficas se hace cada d&iacute;a m&aacute;s competitivo en un medio en donde los desarrollos tecnol&oacute;gicos de la inform&aacute;tica, la acelerada expansi&oacute;n del acceso a la Internet, que se pensaba iba a convertirse en un catalizador de la visibilidad, se ha convertido en una espada de Damocles en donde los art&iacute;culos se integran en bases bibliogr&aacute;ficas de tal magnitud, que la producci&oacute;n de revistas provenientes de pa&iacute;ses de mediano o bajo desarrollo se ven mimetizadas y eclipsadas por la presencia de publicaciones originarias del primer mundo; las cuales adem&aacute;s del aporte de investigadores dotados de mejores recursos, cuentan con pr&aacute;cticas editoriales y de divulgaci&oacute;n que se incrementan de manera exponencial. </p>      <p>Es en este escenario en donde se institucionalizan los procesos de gesti&oacute;n de la calidad editorial que de manera gradual y permanente han posibilitado a la revistas asumir sus caracter&iacute;sticas, identidad corporativa, focalizar contenidos tem&aacute;ticos, delinear el p&uacute;blico lector que se constituye en la audiencia esperada, ganar en visibilidad y aceptaci&oacute;n en los espacios acad&eacute;micos de inter&eacute;s y en &uacute;ltima instancia consolidar su presencia en el medio acad&eacute;mico. Pero esta labor no es f&aacute;cil, pues vivimos un acelerado crecimiento de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en una espiral de nunca acabar, en donde la oportunidad y velocidad se pueden llevar por delante la calidad, en donde vale m&aacute;s el prestigio y los indicadores que el valor intr&iacute;nseco de los contenidos acad&eacute;micos, en donde las citaciones valen m&aacute;s por su cantidad que pertinencia, en donde se incrementa el riesgo de pr&aacute;cticas de dudoso valor &eacute;tico. Los mecanismos de indexaci&oacute;n y los indicadores de visibilidad corren el riesgo de convertirse en oropel que ilumina un dudoso prestigio que  en ocasionas han llevado a que profesores universitarios toquen las puertas a revistas cient&iacute;ficas, m&aacute;s orientados por el brillo de los indicadores y los eventuales est&iacute;mulos econ&oacute;micos que de all&iacute; se derivan, que por los valores cient&iacute;ficos, &eacute;ticos y editoriales que caracterizan las publicaciones. </p>      <p>Es el momento de rescatar los valores propios de la revistas para no caer en la l&oacute;gica de los indicadores bibliom&eacute;tricos como el m&aacute;ximo criterio de reconocimiento acad&eacute;mico de las publicaciones. No se trata solo de desconocer el valor anal&iacute;tico de los &iacute;ndices, como el denominado factor de impacto, el cual se fundamenta en el reconocimiento del n&uacute;mero de citaciones que en revistas cient&iacute;ficas se hacen para decirnos de que un art&iacute;culo ha sido exitoso. Podemos aceptar este argumento como una se&#241;al de acogida de los art&iacute;culos por la comunidad acad&eacute;mica, pero no por ello puede asumirse de forma acr&iacute;tica que las citaciones por s&iacute; mismas hace mejor una revista. &#191;Acaso una publicaci&oacute;n puede considerarse de mayor calidad acad&eacute;mica por registrar un mayor n&uacute;mero de lectores$#63; </p>      <p>Hoy m&aacute;s que antes, y frente a los efectos perversos que podr&iacute;an derivarse de una gesti&oacute;n editorial fundamentada en indicadores estad&iacute;sticos, los investigadores y editores debemos apostarle a la integridad del trabajo cient&iacute;fico, criterio que si bien adolece de de mediciones objetivas, precisamente por su car&aacute;cter m&aacute;s doctrinario que formal, configura un imaginario axiol&oacute;gico hacia el cual se debe orientar el trabajo cient&iacute;fico en el mundo. Los elementos que configuran este abordaje hacia la integralidad propuesta por el National Research Council of the National Academies &#91;1&#93; tienen como fin la generaci&oacute;n de confianza en la sociedad, respaldada por el deber de ejemplificar y transmitir los valores asociados con una conducta &eacute;tica cient&iacute;fica, honestidad intelectual, justicia e imparcialidad en la revisi&oacute;n cr&iacute;tica de los art&iacute;culos, visibilidad y transparencia en los procesos editoriales, protecci&oacute;n a las personas que participan en estudios, compromiso con el entorno ecol&oacute;gico, independencia del investigador, divulgaci&oacute;n de los conflictos de inter&eacute;s y un predominio de los acad&eacute;mico sobre cualquiera otra consideraci&oacute;n deben ser los pilares que sustenten el devenir de las publicaciones.</p>      <p>Sigamos en la tarea de un continuo crecimiento cuantitativo y la ampliaci&oacute;n de la presencia activa en el amplio mundo de las bases bibliogr&aacute;ficas, pero que la meta de mayor envergadura sea que los futuros colaboradores  consideren como  algo meritorio la publicaci&oacute;n de sus trabajos y que para el lector signifique un espacio en donde pueda confiar en la integridad &eacute;tica, el rigor cient&iacute;fico y la pertinencia social de las publicaciones.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ese es el reto.</p>      <p>&Aacute;lvaro Olaya Pel&aacute;ez<br /> Director</p>      <p>1 Committee on Assessing Integrity in Research Environments, National Research Council, Institute of Medicine. Integrity in Scientific Research: Creating an Environment That Promotes Responsible Conduct. Washington: The National Academies Press; 2002.</p>  </font> </font>        ]]></body>
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