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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El legado de Piaget a la didáctica de la Geometría]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[As a contribution to the tribute of Jean Piaget's work 30 years after his decease, we offer a brief review of some of his ideas and how they have been the origin of later studies related to Geometry and learning-and-teaching processes. Two main Piaget hypotheses about development of space concept adopted by children are presented. Piaget´s point of view on children's competence for discriminating and representing geometric shapes, building two-and three-dimensional reference systems, and justifying statements about geometrical facts are also shown. For each task a reference is made regarding further studies, most of them in a school environment, which validate Piaget's ideas or suggest their review.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[    <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>El legado de Piaget a la did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Piaget's Legacy for Geometry Teaching</b></font></p>      <p align="center">Leonor Camargo Uribe<sup><a name="nu*"></a><a href="#num*">*</a></sup></p>      <p><sup><a name="num*"></a><a href="#nu*">*</a></sup>Docente Universidad Pedag&oacute;gica Nacional. Correo electr&oacute;nico: <a href= mailto:"lcamargo@pedagogica.edu.co">lcamargo@pedagogica.edu.co</a></p>        <p>Recibido: 19-mar-11. Arbitrado: 20/06/11</p><hr>        <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>Como contribuci&oacute;n al homenaje que se le rinde a Jean Piaget, a los treinta a&ntilde;os de su fallecimiento, presentamos una revisi&oacute;n, que no pretende ser exhaustiva, de algunas de sus ideas y de c&oacute;mo estas han sido germen de estudios posteriores relacionados con la ense&ntilde;anza y el aprendizaje de la Geometr&iacute;a. Exponemos dos hip&oacute;tesis centrales de los estudios de Piaget sobre el desarrollo de la concepci&oacute;n del espacio en los ni&ntilde;os. Mostramos el punto de vista de Piaget acerca de la competencia que tienen los ni&ntilde;os en tareas de: discriminar figuras geom&eacute;tricas, representar figuras geom&eacute;tricas, construir sistemas de referencia bi o tridimensionales y justificar afirmaciones sobre hechos geom&eacute;tricos. Al respecto de cada tarea, hacemos referencia a estudios posteriores, la mayor&iacute;a hechos en el contexto escolar, que confirman las ideas de Piaget o sugieren una revisi&oacute;n de las mismas.</p>      <p align="center"><b>Palabras Clave:</b> Piaget, did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a, discriminaci&oacute;n de formas geom&eacute;tricas, representaci&oacute;n bi y tridimensional.</p><hr>      <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As a contribution to the tribute of Jean Piaget's work 30 years after his decease, we offer a brief review of some of his ideas and how they have been the origin of later studies related to Geometry and  learning-and-teaching processes. Two main Piaget hypotheses about development of space concept adopted by children are presented. Piaget&acute;s point of view on children's competence for discriminating and representing geometric shapes, building two-and three-dimensional reference systems, and justifying statements about geometrical facts are also shown. For each task a reference is made regarding further studies, most of them in a school environment, which validate Piaget's ideas or suggest their review.</p>      <p align="center"><b>Keywords:</b> Piaget, Geometry teaching, discrimination of geometric shapes, two-and three-dimensional representation.</p><hr>       <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>La Did&aacute;ctica de la Matem&aacute;tica es una disciplina joven. Su estatus cient&iacute;fico se alcanz&oacute; a mediados de la d&eacute;cada de los sesenta cuando empezaron a surgir departamentos de Did&aacute;ctica de las Matem&aacute;ticas en las universidades europeas y norteamericanas, publicaciones especializadas, encuentros entre profesionales del campo, etc. En particular, los albores de la Did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a se ubican por la misma &eacute;poca y los trabajos de Jean Piaget marcan buena parte de su comienzo. Sus ideas acerca del desarrollo de la representaci&oacute;n del espacio en los ni&ntilde;os y de la manera como progresivamente organizan las ideas geom&eacute;tricas delinearon estudios investigativos encaminados a desarrollar el sentido espacial y el razonamiento de los estudiantes y condujeron trayectorias curriculares a partir de la &eacute;poca del setenta. La influencia es tan marcada que la Geometr&iacute;a escolar actualmente tiene que ver, en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses, con el estudio de los objetos del espacio, sus relaciones y sus transformaciones, que eventualmente han sido matematizados, y con los sistemas axiom&aacute;ticos que se han construido para representarlos (Clements y Battista, 1992). Esto hace que el desarrollo del sentido espacial y del razonamiento sean aspectos determinantes de los fen&oacute;menos did&aacute;cticos que interesan a los estudiosos de la did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a.</p>      <p>En este escrito pretendemos contribuir al homenaje que se le rinde a Jean P&iacute;aget, a los treinta a&ntilde;os de su fallecimiento, presentando una revisi&oacute;n que no pretende ser exhaustiva, aunque s&iacute; ilustrativa, de algunas de sus ideas y de c&oacute;mo estas han sido germen de estudios posteriores realizados por investigadores interesados en comprender fen&oacute;menos relacionados con la ense&ntilde;anza y el aprendizaje de la Geometr&iacute;a. Para organizar la revisi&oacute;n, en primer lugar presentamos dos hip&oacute;tesis centrales de los estudios de Piaget sobre el desarrollo de la concepci&oacute;n del espacio en los ni&ntilde;os. A continuaci&oacute;n, mostramos el punto de vista de Piaget acerca de la competencia que tienen los ni&ntilde;os en tareas de: discriminar figuras geom&eacute;tricas, representar figuras geom&eacute;tricas, construir sistemas de referencia bi o tridimensionales y justificar afirmaciones sobre hechos geom&eacute;tricos. Al respecto de cada tarea, hacemos referencia a estudios posteriores, la mayor&iacute;a hechos en el contexto escolar, que confirman las ideas de Piaget o sugieren una revisi&oacute;n de las mismas. En todo caso, estos estudios son precursores de la investigaci&oacute;n en did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a, entre otros, sobre procesos de visualizaci&oacute;n (Krutetstkii, 1976; Bishop, 1980; Del Grande,1990; Presmeg, 1986; Gal y Linchevski, 2010), construcci&oacute;n y uso de definiciones (Vinner y Hershkowitz, 1980), razonamiento (van Hiele, 1986; Saads, y Davis, 1997) y demostraci&oacute;n (de Villiers, 1986; Boero et al., 1996; Pedemonte, 2007; Mariotti, 1997, 2005, 2006; Douek, 2007 y Camargo, 2010).</p>      <p><font size="3"><b>Hip&oacute;tesis centrales del trabajo de Piaget sobre la concepci&oacute;n del espacio</b></font></p>      <p>Uno de los asuntos que investig&oacute; Piaget, es la habilidad que tienen los ni&ntilde;os para representar el espacio. En colaboraci&oacute;n con Inhelder llev&oacute; a cabo diversos experimentos, muchos de los cuales propon&iacute;a a los ni&ntilde;os tareas geom&eacute;tricas. Ambos investigadores sosten&iacute;an que, a pesar de que los ni&ntilde;os desarrollan una percepci&oacute;n del espacio circundante desde muy temprana edad, en el periodo sensoriomotor, esto no significa que simult&aacute;neamente desarrollen una conceptualizaci&oacute;n del espacio tal que les permita construir una representaci&oacute;n mental del mismo. M&aacute;s a&uacute;n, seg&uacute;n ellos, la construcci&oacute;n conceptual del espacio se construye en oposici&oacute;n a la percepci&oacute;n. Sugirieron dos hip&oacute;tesis relacionadas con las posibilidades de los ni&ntilde;os de desarrollar una representaci&oacute;n del espacio.</p>  <ul>      <li> Hip&oacute;tesis constructivista</I>: la representaci&oacute;n del espacio depende de una organizaci&oacute;n progresiva de las acciones motoras y mentales que permiten el desarrollo de sistemas operacionales.    </ul>  <ul>      <li> Hip&oacute;tesis de la primac&iacute;a topol&oacute;gica:</I> la organizaci&oacute;n progresiva de ideas geom&eacute;tricas sigue un orden definido que es m&aacute;s l&oacute;gico que hist&oacute;rico; inicialmente se desarrollan ideas topol&oacute;gicas, luego se construyen relaciones proyectivas y despu&eacute;s, surgen las relaciones euclideas.    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>      <p>Los experimentos de Piaget e Inhelder (1967) les permitieron corroborar sus hip&oacute;tesis. Algunos de ellos se han replicado con un inter&eacute;s puesto en la did&aacute;ctica de la geometr&iacute;a, se consideran ilustrativos de los posibles desempe&ntilde;os que pueden tener los estudiantes al aprender Geometr&iacute;a. A ellos nos referimos a continuaci&oacute;n.</p>      <p><font size="3"><b>Diferenciaci&oacute;n de figuras geom&eacute;tricas</b></font></p>      <p>En uno de los experimentos, Piaget e Inhelder (1967) ped&iacute;an a los ni&ntilde;os palpar, con los ojos cerrados (percepci&oacute;n h&aacute;ptica), algunos s&oacute;lidos geom&eacute;tricos y luego escoger, entre un conjunto de s&oacute;lidos, aquel que fuera igual al que exploraban manualmente. Seg&uacute;n estos investigadores, los ni&ntilde;os diferenciaban los objetos inicialmente con base en propiedades que Piaget e Inhelder denominaban topol&oacute;gicas, tales como: cerradura, continuidad o conectividad. Despu&eacute;s, pod&iacute;an diferenciar los objetos con base en propiedades de sus caras o lados, que los investigadores calificaban como proyectivas, como la rectilinealidad o curvilinealidad. Finalmente, la diferenciaci&oacute;n se hac&iacute;a teniendo en cuenta propiedades que denominaron euclideas, como el paralelismo o perpendicularidad de los lados y la congruencia de los lados o los &aacute;ngulos.</p>      <p>La hip&oacute;tesis de la primac&iacute;a topol&oacute;gica en la diferenciaci&oacute;n de formas ten&iacute;a que ver con la hip&oacute;tesis constructivista, pues Piaget e Inhelder (1967) encontraron que el orden l&oacute;gico de diferenciaci&oacute;n depend&iacute;a de un incremento sistem&aacute;tico de la coordinaci&oacute;n de las acciones que realizaban. Como lo explican Clements y Battista (1992), Piaget e Inhelder (1967) afirmaban que en los primeros estadios del desarrollo los ni&ntilde;os eran pasivos en sus exploraciones. Tocaban solo una parte del s&oacute;lido y generaban una percepci&oacute;n t&aacute;ctil; despu&eacute;s, tocaban otra parte y generaban una nueva percepci&oacute;n, no necesariamente ligada a la primera. Una vez lograban establecer relaciones entre ambas percepciones t&aacute;ctiles pod&iacute;an construir una primera representaci&oacute;n del s&oacute;lido. Esto se hac&iacute;a evidente cuando los ni&ntilde;os hac&iacute;an movimientos repetitivos de manera sistem&aacute;tica y reproduc&iacute;an los movimientos desde el punto inicial en el que comenzaban a palpar el s&oacute;lido. Por ejemplo, para identificar un lado recto, los ni&ntilde;os mov&iacute;an la mano sin cambiar de direcci&oacute;n de manera repetida. Estas observaciones llevaron a Piaget a afirmar que la representaci&oacute;n mental de una forma geom&eacute;trica no era un asunto de retener en la memoria una figura que se observaba pasivamente, sino el resultado de acciones coordinadas. Este es un resultado vigente en did&aacute;ctica, pues probablemente ning&uacute;n investigador afirmar&iacute;a lo contrario respecto a los primeros acercamientos de los estudiantes a la discriminaci&oacute;n de s&oacute;lidos geom&eacute;tricos.</p>      <p>Estudios posteriores a los realizados por Piaget e Inhelder (1967) corroboraron la hip&oacute;tesis constructivista, pero la hip&oacute;tesis de la supremac&iacute;a topol&oacute;gica se puso en duda, ya que los resultados investigativos no son concluyentes. Por ejemplo, Lovell (1959; citado en Clements y Battista, 1992), a partir de una r&eacute;plica de los experimentos de Piaget e Inhelder, report&oacute; que, al contrario a lo que dec&iacute;an Piaget e Inhelder (1967), ni&ntilde;os de preescolar, de dos o tres a&ntilde;os, eran capaces de diferenciar caras curvil&iacute;neas de rectil&iacute;neas en algunos s&oacute;lidos. En cambio, una r&eacute;plica del experimento realizada por Laurendeau y Pinard (1970), tambi&eacute;n con estudiantes de preescolar, mostr&oacute; que s&iacute; era posible concluir una predisposici&oacute;n de los alumnos a diferenciar formas con propiedades topol&oacute;gicas primero que aquellas con propiedades euclideas.</p>      <p>Adem&aacute;s de ponerse en duda la hip&oacute;tesis de la primac&iacute;a topol&oacute;gica, algunos investigadores cuestionaron el uso dado por Piaget e Inhelder a los t&eacute;rminos topol&oacute;gico, proyectivo y euclideo en la discriminaci&oacute;n de propiedades geom&eacute;tricas de s&oacute;lidos y figuras planas. Por ejemplo, Martin (1976) y Darke (1982) sugirieron que el uso de dichos t&eacute;rminos no era correcto de acuerdo a las Matem&aacute;ticas. En ese sentido, los t&eacute;rminos quiz&aacute;s estaban haciendo referencia a nociones psicol&oacute;gicas m&aacute;s que matem&aacute;ticas y no se hab&iacute;an definido con suficiente claridad.</p>      <p>Por ejemplo, en uno de los experimentos llevados a cabo por Piaget e Inhelder (1967), en los que ped&iacute;an a los ni&ntilde;os se&ntilde;alar, entre un conjunto de figuras planas, la que m&aacute;s se pareciera a la forma geom&eacute;trica que les ped&iacute;an palpar con los ojos cerrados, los investigadores consideraban las figuras a, b y c como formas euclideas y d, e y f como formas topol&oacute;gicas <a href="fg1">(Figura 1)</a>. Como los ni&ntilde;os reconoc&iacute;an m&aacute;s f&aacute;cilmente el parecido que ten&iacute;an las formas topol&oacute;gicas, Piaget e Inhelder corroboraban con ello la hip&oacute;tesis de la primac&iacute;a topol&oacute;gica. Pero Martin (1976) y Darke (1982) se&ntilde;alaron que no era posible hacer una clasificaci&oacute;n exclusiva de las figuras usadas, pues algunas de ellas (como las figuras a y d) eran topol&oacute;gicamente equivalentes, desde el punto de vista matem&aacute;tico. En ese sentido, no era posible afirmar que los ni&ntilde;os se basaban principalmente en las propiedades topol&oacute;gicas de las figuras en su diferenciaci&oacute;n.</p>      <p align="center"><a name="fg1"></a><img src="img/revistas/rcde/n60/n60a3fg1.jpg"></p>     <p align="center"><a name="fg1a"></a><img src="img/revistas/rcde/n60/n60a3fg1a.jpg"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para tratar de aminorar el problema de la falta de claridad en la clasificaci&oacute;n de las figuras usadas en los experimentos, algunos investigadores se dieron a la tarea de construir conjuntos de figuras geom&eacute;tricas planas estableciendo criterios espec&iacute;ficos para determinar su equivalencia topol&oacute;gica o euclidea con relaci&oacute;n a un modelo que se le ped&iacute;a palpar a los estudiantes. Por ejemplo, Martin (1976) us&oacute; tres conjuntos diferentes de figuras: el primer conjunto incluy&oacute; figuras topol&oacute;gicamente equivalentes al modelo, pero que no preservaban propiedades euclideas tales como la longitud de los lados o la abertura de los &aacute;ngulos; en el segundo conjunto incluy&oacute; figuras equivalentes al modelo desde el punto de vista euclideo pero que no ten&iacute;an la misma conectividad entre los lados; y en el tercer conjunto, incluy&oacute; figuras equivalentes al modelo desde el punto de vista euclideo pero que no preservaban la misma conectividad entre los lados ni la propiedad de clausura. Al usar el material en sus experimentos con estudiantes de preescolar y primaria, pidiendo a los ni&ntilde;os se&ntilde;alar cu&aacute;les eran las mejores o peores copias del modelo, Martin (1976) concluy&oacute; que la hip&oacute;tesis de la primac&iacute;a topol&oacute;gica no se sosten&iacute;a, pues estudiantes de cuatro a&ntilde;os tend&iacute;an a se&ntilde;alar las copias topol&oacute;gicamente equivalentes como las peores copias del modelo, adem&aacute;s de sacrificar la equivalencia de propiedades topol&oacute;gicas en pro de las euclideas m&aacute;s frecuentemente que estudiantes de ocho a&ntilde;os.</p>      <p>Otros investigadores se dieron a la tarea de establecer criterios para diferenciar el grado de distorsi&oacute;n de una figura topol&oacute;gicamente equivalente a un modelo, pues parec&iacute;a ser que los estudiantes de preescolar, de cuatro a&ntilde;os, pod&iacute;an reconocer como equivalentes formas muy parecidas al modelo pero no aquellas con grandes distorsiones. Por ejemplo, Geerslin y Shar (1979) construyeron modelos de figuras usando como v&eacute;rtices puntos de una hoja cuadriculada y establecieron el grado de distorsi&oacute;n topol&oacute;gica seg&uacute;n el n&uacute;mero de movimientos r&iacute;gidos y dilataciones que se deb&iacute;an realizar mentalmente para superponer el modelo sobre la figura e identificar as&iacute; la equivalencia. El uso de ese material confirm&oacute; que los ni&ntilde;os reconoc&iacute;an m&aacute;s f&aacute;cilmente como equivalentes al modelo aquellas figuras con menos distorsiones. Sin embargo, como lo se&ntilde;alan Clements y Battista (1992), la distorsi&oacute;n es un concepto m&eacute;trico que envuelve la medida, lo cual no tiene que ver con propiedades topol&oacute;gicas. En ese sentido, la diferenciaci&oacute;n de figuras geom&eacute;tricas parece ser un asunto que combina propiedades topol&oacute;gicas, proyectivas y euclideas, m&aacute;s que una evoluci&oacute;n en el reconocimiento de cada tipo de propiedades.</p>      <p>La hip&oacute;tesis de la supremac&iacute;a topol&oacute;gica no se sostuvo, pero los intentos de confirmarla dieron lugar a la creaci&oacute;n de diversos materiales que se han introducido en las clases de Geometr&iacute;a para enriquecer las experiencias de los estudiantes con las formas bi y tridimensionales.</p>      <p>Como lo se&ntilde;ala Fisher (1965, citado en Clements y Battista, 1992), los intentos de demostrar la supremac&iacute;a topol&oacute;gica condujeron a prestar atenci&oacute;n a la identificaci&oacute;n de una serie de propiedades de las figuras, tales como la existencia de esquinas y curvas, la simplicidad y la familiaridad de los estudiantes con ellas, que sirvieron de base para la creaci&oacute;n de material educativo.</p>      <p><font size="3"><b>Representaci&oacute;n de figuras geom&eacute;tricas</b></font></p>      <p>En otros experimentos llevados a cabo por Piaget en colaboraci&oacute;n con Inhelder (1967) con el objetivo de confirmar sus hip&oacute;tesis (constructivista y de supremac&iacute;a topol&oacute;gica) les ped&iacute;an a los ni&ntilde;os dibujar figuras geom&eacute;tricas planas copiando un modelo que los investigadores les mostraban. Seg&uacute;n ellos, la inexactitud de los dibujos realizados por los ni&ntilde;os -que simult&aacute;neamente mostraban habilidad motora para pintar casas con esquinas rectas y &aacute;rboles con troncos rectil&iacute;neos-, era un reflejo de la falta de herramientas de pensamiento adecuadas para poder representar el espacio.</p>      <p>Piaget e Inhelder aseguraban que al dibujar, los ni&ntilde;os privilegiaban primero las caracter&iacute;sticas topol&oacute;gicas, de la misma manera que en las tareas de discriminaci&oacute;n. Por ejemplo, al pedirles dibujar un c&iacute;rculo, un cuadrado o un tri&aacute;ngulo, los ni&ntilde;os de tres a&ntilde;os generalmente dibujaban una curva irregular en la que se notaba el esfuerzo por obtener una figura cerrada, pero sin tener en cuenta las caracter&iacute;sticas de los lados. M&aacute;s adelante, hacia los cuatro a&ntilde;os, era posible observar en los dibujos el esfuerzo por hacer una distinci&oacute;n entre cuadrados y rect&aacute;ngulos de otras figuras, centrando la atenci&oacute;n en el paralelismo de los lados. Y posteriormente, hacia los seis o siete a&ntilde;os, los dibujos reflejaban la atenci&oacute;n que los ni&ntilde;os prestaban a relaciones euclideas, tales como la abertura de los &aacute;ngulos o la congruencia de los lados.</p>      <p>Estudios posteriores en donde se replic&oacute; el experimento de pedir a estudiantes de preescolar dibujar figuras con base en un modelo, no permitieron confirmar la hip&oacute;tesis de la supremac&iacute;a topol&oacute;gica. Por ejemplo, los estudios realizados por Martin (1976) mostraron que no siempre los ni&ntilde;os peque&ntilde;os privilegiaban las propiedades topol&oacute;gicas. Por el contrario, este autor sugiere que la posibilidad de dibujar figuras parecidas a modelos depende de un incremento en la coordinaci&oacute;n de la atenci&oacute;n puesta a las propiedades proyectivas y euclideas y que la conservaci&oacute;n de estas conduce a preservar las propiedades topol&oacute;gicas.</p>      <p>A partir de los resultados de Martin (1976), Rosser, Lane y Mazzeo, (1988, citados en Clements y Battista, 1992) propusieron una secuencia de ense&ntilde;anza para favorecer la coordinaci&oacute;n de las propiedades euclideas y proyectivas en los ni&ntilde;os de preescolar.</p>      <p>La secuencia implica pedirles:</p>   <ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Reproducir figuras a partir de un modelo que siempre tienen a la vista.    </ul> <ul>     <li> Reproducir figuras a partir de un modelo que se esconde.    </ul> <ul>     <li> Reproducir una figura despu&eacute;s de que esta es objeto de una transformaci&oacute;n r&iacute;gida o un cambio en la perspectiva visual.    </ul>      <p><font size="3"><b>Construcci&oacute;n de sistemas de referencia para comparar figuras</b></font></p>      <p>Piaget e Inhelder (1967) ten&iacute;an una explicaci&oacute;n sobre el privilegio que, seg&uacute;n ellos, ten&iacute;an los ni&ntilde;os por las propiedades topol&oacute;gicas. Como lo explican Clements y Battista (1992), seg&uacute;n estos autores, las propiedades topol&oacute;gicas eran m&aacute;s f&aacute;ciles de percibir que las proyectivas o euclideas pues se hac&iacute;an evidentes en las figuras aisladas. En cambio, las relaciones proyectivas implicaban el establecimiento de relaciones entre una figura y el punto de vista de un sujeto observador y las relaciones euclideas implicaban la comparaci&oacute;n de propiedades entre figuras. A diferencia de las relaciones topol&oacute;gicas, el reconocimiento de relaciones proyectivas o euclideas depend&iacute;a de la evoluci&oacute;n de un marco de referencia que permitiera ubicar las figuras para observarlas desde un punto de vista espec&iacute;fico o en comparaci&oacute;n con otras en un sistema coordenado. En ese sentido, propiedades como la continuidad o la cerradura, pod&iacute;an detectarse sin necesidad de tener un sistema de referencia como base de la identificaci&oacute;n, mientras que la rectilinialidad (relaci&oacute;n proyectiva) o la congruencia (relaci&oacute;n euclidea) requer&iacute;an no solo de un sistema de referencia, sino de inhibir distractores preceptuales en la identificaci&oacute;n de las relaciones.</p>      <p>Por ejemplo, en uno de los experimentos realizados por Piaget e Inhelder (1967), ped&iacute;an a los ni&ntilde;os organizar un conjunto de objetos, que inicialmente estaban dispuestos aleatoriamente sobre una mesa, a lo largo de un camino recto, no paralelo a ninguno de los lados. Los ni&ntilde;os de tres a siete a&ntilde;os, aproximadamente, fracasaban en la tarea pues, o bien alineaban los objetos seg&uacute;n una direcci&oacute;n paralela a alguno de los lados de la mesa, o colocaban los objetos tratando de seguir el camino indicado pero formando una l&iacute;nea curva que tend&iacute;a hacia un camino paralelo a alguno de los lados de la mesa. La influencia del distractor externo, lado de la mesa, les imped&iacute;a lograr con &eacute;xito la tarea.</p>      <p>Piaget e Inhelder (1967) concluyeron que el &eacute;xito en el establecimiento de relaciones proyectivas y euclideas depend&iacute;a de la construcci&oacute;n de un complejo sistema de puntos de vista lo suficientemente fuerte como para inhibir los distractores. En particular, algunas propiedades que ellos consideraban como proyectivas y euclideas, tales como la semejanza de figuras, requer&iacute;an que los ni&ntilde;os desarrollaran un marco de referencia bidimensional que les permitiera, por ejemplo, comparar la direcci&oacute;n de las l&iacute;neas o el tama&ntilde;o de lados y &aacute;ngulos. Pero Piaget e Inhelder (1967) consideraban que los ni&ntilde;os no ten&iacute;an una tendencia innata a organizar los objetos o figuras en relaci&oacute;n a un marco de referencia tri o bidimensional. Por el contrario, esto se lograba a partir del establecimiento de relaciones entre las diferentes posiciones de los objetos y la coordinaci&oacute;n de sus orientaciones e inclinaciones. En algunos experimentos en los que ped&iacute;an a ni&ntilde;os de cinco a&ntilde;os indicar la localizaci&oacute;n de ciertos objetos tridimensionales en relaci&oacute;n a otros, los investigadores encontraron que los ni&ntilde;os ten&iacute;an m&aacute;s &eacute;xito en la tarea si se les permit&iacute;a moverse alrededor de los objetos o se les daba un modelo f&iacute;sico del lugar en donde estaba el objeto, pues de esa manera pod&iacute;an establecer varios puntos de referencia a partir de los cuales codificar la localizaci&oacute;n de los objetos. Esta idea fue corroborada por Newcombe (1989) al se&ntilde;alar que el desarrollo de varios sistemas de referencia coordinados, permite el &eacute;xito en tareas que tienen que ver con el establecimiento de organizaciones espaciales. Por su parte, Clements y Battista (1992) interpretaron el desarrollo de tales sistemas proponiendo que el marco de referencia euclideo tridimensional es an&aacute;logo a una rejilla hecha de una red de posiciones en el espacio. En dicha red, los objetos pueden moverse y es a partir de la organizaci&oacute;n simult&aacute;nea de todas sus posiciones que emerge el sistema euclideo cuando las relaciones de orden, distancia y cercan&iacute;a de los objetos son reemplazadas por relaciones del mismo tipo entre las diversas posiciones de la red. Tal como lo se&ntilde;ala Piaget, la generaci&oacute;n de un sistema de referencia euclideo tridimensional es la culminaci&oacute;n de un proceso de reconocimiento de relaciones euclideas que no se corresponde con una aprehensi&oacute;n innata de las propiedades de los objetos y sus relaciones, sino de las acciones que se llevan a cabo entre ellos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las investigaciones posteriores a los trabajos de Piaget e Inhelder (1967) no corroboraron del todo sus conclusiones sobre el desarrollo de la construcci&oacute;n de un sistema de referencia espacial. Por ejemplo, Liben, (1978, citado en Clements y Battista, 1992) encontr&oacute; que estudiantes de primaria eran m&aacute;s competentes para establecer sistemas de referencia que lo que la teor&iacute;a de Piaget parec&iacute;a suponer, mientras que estudiantes de bachillerato, con quienes se replicaron algunos experimentos, eran menos competentes. Por su parte, Somerville y Bryant (1985) encontraron que algunos estudiantes de preescolar y primaria (4 - 6 a&ntilde;os) pod&iacute;an extrapolar pares de l&iacute;neas m&aacute;s all&aacute; de los extremos de ejes coordenados y determinar d&oacute;nde se intersecaban, hecho que permit&iacute;a suponer que hab&iacute;an construido un sistema de referencia espacial. De otro lado, Clements y Battista (1992) encontraron que aunque los estudiantes no estaban predispuestos a construir espont&aacute;neamente un sistema de referencia para organizar relaciones espaciales, los usaban sin mayores dificultades cuando se les ped&iacute;a que lo hicieran y se les proporcionaba el sistema. Este hecho pone en entredicho las conclusiones obtenidas por Piaget.</p>      <p>En estudios posteriores a los realizados por Piaget e Inhelder (1967) se han identificado una variedad de factores que influyen en el desempe&ntilde;o en tareas que tienen que ver con el uso de sistema de referencia, pero que no est&aacute;n directamente relacionados con el reconocimiento de relaciones topol&oacute;gicas, proyectivas y euclideas. Por ejemplo, Ibbotson y Bryant (1976) estudiaron el efecto de la percepci&oacute;n de la verticalidad y la horizontalidad, propias de nuestra posici&oacute;n erguida, en tareas de dibujar l&iacute;neas perpendiculares o paralelas. Los resultados indicaron una tendencia general a privilegiar posiciones est&aacute;ndar en el trazo, con las l&iacute;neas en las direcciones arriba-debajo e izquierda-derecha de la hoja, hecho que no se relaciona directamente con las explicaciones dadas por Piaget acerca de la construcci&oacute;n de sistemas de referencia.</p>      <p><font size="3"><b>El desarrollo de la habilidad de justificar</b></font></p>      <p>En algunos de sus trabajos, Piaget (1987) indag&oacute; por la habilidad de los ni&ntilde;os para hacer predicciones y producir justificaciones. Sus estudios lo llevaron a proponer niveles en el desarrollo de dicha habilidad, que son descritos por Clements y Battista (1992) de la siguiente manera:</p>      <p>Primer nivel (7-8 a&ntilde;os): los ni&ntilde;os proceden en sus exploraciones de manera desordenada y sin un plan definido. Las observaciones o los datos que examinan en diferentes ejemplos y las conclusiones locales que sacan no se integran y por eso pueden incluso llegar a ser contradictorias. Los ni&ntilde;os no son conscientes de sus pensamientos y por lo tanto, no tienen mecanismos para sistematizarlos o dirigirlos a juicios sucesivos. Adem&aacute;s, como son egoc&eacute;ntricos, no intentan justificar sus conclusiones ni hacerlos entendibles a los dem&aacute;s. Sin embargo, al finalizar este nivel, es posible observar un cierto grado de integraci&oacute;n en las exploraciones lo que conduce a formular algunas conclusiones de manera emp&iacute;rica, aunque no intentan entender ni explicar por qu&eacute; ocurren los hechos detectados. Por ejemplo, al pedirles juntar tres sectores angulares cuyos lados corresponden a los &aacute;ngulos de un tri&aacute;ngulo o cuatro sectores angulares cuyos lados corresponden a los &aacute;ngulos de un cuadril&aacute;tero, los estudiantes pueden predecir que tres sectores pueden formar un semic&iacute;rculo y que cuatro sectores pueden conformar un c&iacute;rculo. Dicen lo que ven pero no intentan determinar por qu&eacute; ocurren los patrones midiendo los &aacute;ngulos para sumar las cantidades. Simplemente constatan un hecho y pueden prever qu&eacute; suceder&aacute; en situaciones similares.</p>      <p>Segundo nivel (7-8 a&ntilde;os a 11-12 a&ntilde;os): los ni&ntilde;os hacen exploraciones y sacan conclusiones con base en una inducci&oacute;n emp&iacute;rica pues el car&aacute;cter de sus exploraciones es anticipatorio y propositivo. Suelen usar la informaci&oacute;n encontrada para presuponer qu&eacute; puede suceder y qu&eacute; no como resultado de una exploraci&oacute;n, pero no establecen una formulaci&oacute;n general. Adicionalmente, intentan justificar sus predicciones, aunque los intentos de hacer deducciones frecuentemente entran en conflicto con las inducciones. En la tarea de explorar las configuraciones que se producen a partir de sectores angulares, cuyos lados correspondan a &aacute;ngulos de tri&aacute;ngulos o cuadril&aacute;teros, intentan analizar las relaciones entre los &aacute;ngulos pero se basan m&aacute;s en la apariencia de los &aacute;ngulos que en las relaciones entre las medidas de todos ellos y por eso no establecen un hecho geom&eacute;trico general y pueden considerar que hay situaciones particulares en donde la inducci&oacute;n no se verifica. Al finalizar el nivel, las inducciones emp&iacute;ricas se realizan de manera m&aacute;s eficaz y r&aacute;pida. Los ni&ntilde;os captan que la suma de las medidas de los &aacute;ngulos de un tri&aacute;ngulo o un cuadril&aacute;tero es un hecho geom&eacute;trico general que se cumple para todos los tri&aacute;ngulos y cuadril&aacute;teros. Sin embargo, no establecen su necesidad l&oacute;gica pues el razonamiento est&aacute; basado en creencias, fruto de la exploraci&oacute;n, y no en presupuestos geom&eacute;tricos. En ese sentido, solo buscan la justificaci&oacute;n de aquellos hechos en los que creen, pues aunque el pensamiento es l&oacute;gico, es de naturaleza emp&iacute;rica.</p>      <p>Tercer nivel (11 -12 a&ntilde;os en adelante): los ni&ntilde;os realizan inducciones emp&iacute;ricas, establecen hechos geom&eacute;tricos y buscan justificarlos por v&iacute;a deductiva, aunque tambi&eacute;n razonan deductivamente sobre afirmaciones de las cuales no tienen evidencias emp&iacute;ricas s&oacute;lidas. Reconocen la exhaustividad de los razonamientos basados en el establecimiento de la necesidad l&oacute;gica. Por ejemplo, en la tarea de explorar las configuraciones que se producen a partir de tres sectores angulares cuyos lados corresponden a &aacute;ngulos de un tri&aacute;ngulo, los estudiantes avanzan desde la creencia de que los sectores formar&aacute;n un semic&iacute;rculo a establecer que es necesario que esto sea as&iacute;, gracias al razonamiento deductivo que desarrollan. Sin embargo, este razonamiento m&aacute;s que basado en esquemas matem&aacute;ticos formales, est&aacute; basado en el m&eacute;todo empleado para constituir el semic&iacute;rculo. </p>      <p>En s&iacute;ntesis, seg&uacute;n Piaget, en el nivel uno el pensamiento no es sistem&aacute;tico ni reflexivo y por lo tanto, no es l&oacute;gico. En el nivel dos el pensamiento es l&oacute;gico pero restringido al mundo emp&iacute;rico. En el nivel tres los estudiantes hacen deducciones l&oacute;gicas y tienen conciencia de que su razonamiento se debe ajustar a un sistema matem&aacute;tico. Para Piaget, la evoluci&oacute;n en la forma de justificar afirmaciones es el resultado de los ejercicios de argumentaci&oacute;n que realizan al estar en contacto con otros ni&ntilde;os y confrontar sus razonamientos con los de los dem&aacute;s. Las actividades sociales de argumentaci&oacute;n hacen que los ni&ntilde;os sean m&aacute;s concientes de sus propios pensamientos, asuman actitudes de introspecci&oacute;n y puedan asumir con m&aacute;s facilidad la perspectiva de los otros. En este proceso evolutivo, las exploraciones emp&iacute;ricas dan paso a los experimentos mentales, en los cuales la realidad se reconstruye mediante secuencias de eventos, y posteriormente estos son reemplazados por experimentos l&oacute;gicos en los cuales los mecanismos de construcci&oacute;n se reflejan.</p>      <p>A partir del trabajo de Piaget han surgido diversos trabajos de investigaci&oacute;n que intentan caracterizar el desempe&ntilde;o de los estudiantes en actividades de predicci&oacute;n de hechos y de justificaci&oacute;n de los mismos. Pero quiz&aacute;s la teor&iacute;a m&aacute;s extendida y que ha impactado los curr&iacute;culos de Geometr&iacute;a de diversos pa&iacute;ses, incluido Colombia, es el modelo de razonamiento de los esposos Pierre y Dina van Hiele, inspirado en el trabajo de Piaget. A grosso modo, los van Hiele (1986) proponen cinco niveles de pensamiento en Geometr&iacute;a: (i) de visualizaci&oacute;n o reconocimiento, (ii) de descripci&oacute;n o an&aacute;lisis, (iii) de clasificaci&oacute;n, (iv) de deducci&oacute;n formal, (v) de rigor matem&aacute;tico. Cada nivel muestra un grado de sofisticaci&oacute;n en el acercamiento conceptual y la justificaci&oacute;n de hechos geom&eacute;tricos, desde acercamientos basadas en hechos perceptivos, hasta aquellos acercamientos formales realizados en cualquier sistema te&oacute;rico.</p>      <p>Clements y Battista (1992) han analizado qu&eacute; caracter&iacute;sticas de la teor&iacute;a de Piaget son retomadas en la teor&iacute;a de los van Hiele. Mencionan que en su teor&iacute;a, adoptan la hip&oacute;tesis constructivista y, en ese sentido, enfatizan en el rol del estudiante como constructor activo de su propio conocimiento. De acuerdo con Clements y Battista (1992), ambas teor&iacute;as comparten algunos presupuestos tales como:</p>  <ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li> El conocimiento no se organiza linealmente como un listado de t&eacute;rminos, hechos y reglas, sino que se organiza en un sistema de relaciones que vinculan conceptos geom&eacute;tricos y procesos en esquemas conceptuales.    </ul>  <ul>     <li> Los estudiantes logran abstraer las matem&aacute;ticas a partir de la reflexi&oacute;n sobre sus propios patrones de actividad.    </ul>  <ul>     <li> Los conflictos a los que se enfrentan los estudiantes o las crisis por las que transitan son fundamentales en la transici&oacute;n de un nivel de pensamiento al otro.    </ul>  <ul>     <li> Los profesores no pueden esperar que los estudiantes aprendan por imitaci&oacute;n o mediante claras explicaciones, sino a partir de lo que han encontrado por ellos mismos.    </ul>      <p>A pesar de las semejanzas entre las teor&iacute;as, Clements y Battista (1992) identifican importantes diferencias entre ellas:</p>  <ul>     <li> Piaget considera que el desarrollo del razonamiento permite el avance en el proceso de aprendizaje, mientras que los van Hiele consideran que gracias a los procesos de ense&ntilde;anza y aprendizaje se promueve el desarrollo del razonamiento. En ese sentido, los van Hiele asumen una perspectiva constructivista m&aacute;s cercana al acercamiento sociocultural de Vigotsky que de Piaget.    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>  <ul>     <li> A diferencia de Piaget, los van Hiele no establecen una conexi&oacute;n directa entre el nivel de razonamiento y la edad. Por el contrario, cada vez que los estudiantes se aproximan a un nuevo objeto de conocimiento, pasan por cada uno de los niveles de razonamiento, independientemente de la edad, aunque el tr&aacute;nsito de un nivel a otro si puede ser m&aacute;s veloz en estudiantes con mayor edad y experiencia.    </ul>  <ul>     <li> Los van Hiele objetaron la tipolog&iacute;a establecida por Piaget pues consideraban que esta se basa en comparar la manera de razonar en cada nivel con relaci&oacute;n a la l&oacute;gica matem&aacute;tica, centrando la atenci&oacute;n en lo que no pueden, o pueden hacer los estudiantes con respecto a ella. Desde su punto de vista, Piaget no parec&iacute;a admitir que los objetos de conocimiento eran diferentes en cada nivel, por lo que no ten&iacute;a sentido preguntarse s&iacute; en el primer nivel los estudiantes lograban cierta destreza en el razonamiento deductivo. Sin embargo, Clements y Battista (1992) se&ntilde;alan que la cr&iacute;tica hecha a Piaget por los van Hiele no es del todo justa, puesto que Piaget s&iacute; ten&iacute;a la hip&oacute;tesis de que los objetos de pensamiento no eran los mismos en diferentes niveles de pensamiento aunque la tipificaci&oacute;n hecha no mencionara expl&iacute;citamente este hecho. Quiz&aacute;s los van Hiele daban al t&eacute;rmino "l&oacute;gico" una connotaci&oacute;n m&aacute;s restringida que la que le daba Piaget.    </ul>      <p><font size="3"><b>Procesos matem&aacute;ticos propios de la actividad en Geometr&iacute;a</b></font></p>      <p>En algunos estudios en el &aacute;rea de did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a se ha asumido la tarea de correlacionar los niveles de van Hiele con la tipolog&iacute;a de niveles de pensamiento de Piaget contribuyendo de ese modo a caracterizar el pensamiento de los aprendices en diferentes niveles educativos y alertando sobre lo que ellos est&aacute;n en posibilidad de aprender. Por ejemplo, Denis (1987, citada en Clements y Battista, 1982) realiz&oacute; una investigaci&oacute;n con estudiantes de educaci&oacute;n media inscritos en un curso de Geometr&iacute;a en la que encontr&oacute; que el 64% estaban en el segundo nivel y el resto en el tercero de los establecidos por Piaget. Sin embargo, de estos &uacute;ltimos, solo unos pocos superaban el nivel tres sugerido por los van Hiele.</p>      <p>Pero m&aacute;s all&aacute; de su comparaci&oacute;n, las teor&iacute;as de Piaget y de los van Hiele han servido de punto de partida para la identificaci&oacute;n y caracterizaci&oacute;n de procesos matem&aacute;ticos propios de la actividad geom&eacute;trica, estrechamente relacionados unos con otros, tales como la visualizaci&oacute;n, la representaci&oacute;n, la conceptualizaci&oacute;n y la demostraci&oacute;n. Cada uno de ellos ha sido objeto de numerosas investigaciones, hecho que ha generado programas de investigaci&oacute;n particulares y ha contribuido al crecimiento de la did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a. A continuaci&oacute;n mencionamos brevemente algunas l&iacute;neas de investigaci&oacute;n que muestran la huella dejada por Piaget.</p>      <p>Con respecto a la visualizaci&oacute;n, la caracterizaci&oacute;n hecha por los van Hiele para el razonamiento en los niveles uno y dos (de reconocimiento y an&aacute;lisis) depende de lo que Piaget denomin&oacute; "imaginer&iacute;a mental articulada" (Piaget e Inhelder, 1967) que descansa sobre procesos de visualizaci&oacute;n y est&aacute; en concordancia con la hip&oacute;tesis constructivista. En ese sentido, la conceptualizaci&oacute;n geom&eacute;trica se construye primero en el plano perceptual y luego se reconstruye en el plano representacional. Investigaciones posteriores centraron la atenci&oacute;n en la manera como el pensamiento visual se manifiesta cuando se alcanzan niveles superiores de pensamiento. Por ejemplo, Clements y Battista (1992) encontraron que el pensamiento visual se transforma y sirve de tel&oacute;n de fondo al surgir formas m&aacute;s sofisticadas de pensar. Sugieren que el pensamiento visual obedece a un conjunto de leyes de la percepci&oacute;n y que est&aacute; conectado con otras formas de pensamiento, cada una de las cuales juega un rol dependiendo de la ley que se active. Aunque inicialmente las habilidades de visualizaci&oacute;n se ve&iacute;an como algo innato y propio de la manera de pensar de algunos estudiantes (Krutetstkii, 1976), poco a poco el desarrollo de las habilidades de visualizaci&oacute;n se introdujo como una responsabilidad curricular y se ha constituido en objeto de an&aacute;lisis de diversos investigadores en la did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a (Bishop, 1980; Hoffer, 1981; Presmeg, 1986; Del Grande, 1990; Gal y Linchevski, 2010).</p>      <p>Con respecto a la construcci&oacute;n y uso de definiciones, los van Hiele se&ntilde;alaron que en el nivel dos, los estudiantes son capaces de plantear definiciones proponiendo una lista de propiedades de los objetos geom&eacute;tricos a los que acceden perceptualmente gracias a sus representaciones. Esta caracterizaci&oacute;n est&aacute; en consonancia con la hip&oacute;tesis constructivista propuesta por Piaget e Inhelder (1967), quienes se&ntilde;alan que, gracias a las acciones que realizan sobre las representaciones, los ni&ntilde;os son capaces de identificar propiedades y formarse una representaci&oacute;n de los objetos geom&eacute;tricos, en un proceso activo de establecimiento de relaciones entre las cualidades preceptuales de     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>los objetos. Una idea similar a esta es retomada en el trabajo de Vinner y Hershkowitz (1980) quienes se&ntilde;alan que al pensar, los estudiantes no usan las definiciones de los conceptos, sino las im&aacute;genes conceptuales; es decir, combinaciones de todas las im&aacute;genes mentales y las propiedades que han asociado con el concepto. El trabajo de estos autores, particularmente, sus nociones de concepto-imagen y concepto-definici&oacute;n han sugerido una v&iacute;a efectiva de acceso al aprendizaje de algunos conceptos geom&eacute;tricos, a partir de ejemplos y contraejemplos. Esta l&iacute;nea de trabajo est&aacute; aun vigente con trabajos sobre el espacio de ejemplos, tales como el llevado a cabo por Zazkis y Leikin (2008).</p>      <p>Con respecto a la demostraci&oacute;n, los estudios investigativos han generado otra importante l&iacute;nea de investigaci&oacute;n en did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a. Uno de los asuntos que ha sido objeto de diversas pol&eacute;micas es el de la relaci&oacute;n entre la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica y la te&oacute;rica, asunto considerado por Piaget (1987) en la tipificaci&oacute;n que hizo sobre la forma como justifican los ni&ntilde;os. Algunos investigadores, quiz&aacute;s bajo la influencia de la caracterizaci&oacute;n hecha por Piaget, se refieren a una necesaria ruptura en la forma de pensar entre la Geometr&iacute;a intuitiva y la Geometr&iacute;a deductiva (Balacheff, 1999; Duval, 1991). Seg&uacute;n ellos, en el segundo caso, el an&aacute;lisis de las relaciones deductivas entre los enunciados se vuelve el modo dominante de pensamiento y ya no las interpretaciones intuitivas que inicialmente pueden haber sido adheridas a ellas. Otros investigadores, por el contrario, han mostrado que en Geometr&iacute;a, m&aacute;s que en otras &aacute;reas de la Matem&aacute;tica, los m&eacute;todos emp&iacute;ricos y deductivos interact&uacute;an y se refuerzan mutuamente. Diversos estudios han reconocido el v&iacute;nculo entre las acciones matem&aacute;ticas de obtener y verificar resultados mediante la experimentaci&oacute;n y las acciones que llevan a la organizaci&oacute;n deductiva de dichos resultados (de Villiers, 1986; Boero et al., 1996; Mariotti, 1997, 2005, 2006; Pedemonte, 2007; Douek, 2007, Camargo, 2010). Los investigadores sustentan este planteamiento se&ntilde;alando que la v&iacute;a de acceso a la demostraci&oacute;n, a partir de la geometr&iacute;a intuitiva, ha sido parte de la naturaleza de la actividad matem&aacute;tica. Por ejemplo, se hace evidente en el libro Los Elementos de Euclides en donde los m&eacute;todos de construcci&oacute;n que presenta el autor, van precedidos de esquemas de "invenci&oacute;n" que Euclides denomin&oacute; "an&aacute;lisis". Incluso, seg&uacute;n Enriques (1920, citado por Mariotti, 2005), en la elecci&oacute;n de los elementos fundamentales de la Geometr&iacute;a euclidiana se escogieron las entidades m&aacute;s simples respecto a la intuici&oacute;n psicol&oacute;gica, como las ideas de punto, recta y plano y algunos principios, a manera de postulados, comprensibles por s&iacute; mismos de acuerdo a las im&aacute;genes espaciales que se forman en nuestra mente. Las dem&aacute;s propiedades geom&eacute;tricas son deducciones de las anteriores. Por tal raz&oacute;n, los conceptos y propiedades de la Geometr&iacute;a euclidiana conservan desde su mismo origen una propiedad com&uacute;n, la espacialidad. Desde ese punto de vista, la experiencia concreta funda intuiciones correctas y facilita el paso de la Geometr&iacute;a de la intuici&oacute;n a la Geometr&iacute;a de la deducci&oacute;n. Adicionalmente, la estructura deductiva subyacente est&aacute; ligada a aspectos relevantes de la cultura matem&aacute;tica como la necesidad de comprender, asimilar y aceptar el significado de los conceptos cuyas propiedades se analizan. Por esa raz&oacute;n, Mariotti (1997) se refiere a las justificaciones hechas en el libro de Euclides como "argumentos deductivos" porque son un medio para validar enunciados al relacionar nuevas propiedades a hechos indubitables, pero a la vez necesarios para comprender dichos enunciados. De acuerdo a lo anterior, un hecho crucial en el aprendizaje de la demostraci&oacute;n es la articulaci&oacute;n entre la fase exploratoria y la subsiguiente fase de justificaci&oacute;n en la cual los elementos descubiertos informalmente son reorganizados en enunciados v&aacute;lidos.</p>      <p><font size="3"><b>Consideraciones finales</b></font></p>      <p>En las l&iacute;neas anteriores hemos presentado, muy sint&eacute;ticamente, algunos ejemplos de los trabajos de Piaget que se constituyeron en precursores del desarrollo de programas de investigaci&oacute;n en did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a. A&uacute;n corriendo el riesgo de dejar de lado estudios importantes realizados por Piaget, como el de la intuici&oacute;n, considerada como efectiva y fundamental en todos los estadios del desarrollo, hemos seleccionado algunas ideas que fueron centrales en sus trabajos y que revelan que los ni&ntilde;os y j&oacute;venes pueden desarrollar habilidades espaciales y de razonamiento de la clase de Geometr&iacute;a.</p>      <p>La hip&oacute;tesis constructivista est&aacute; vigente y debe ser una referencia a tener en cuenta en el dise&ntilde;o curricular. Aunque la hip&oacute;tesis topol&oacute;gica no se sostuvo, tambi&eacute;n puede ser aprovechada en did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a procurando que los estudiantes experimenten procesos matem&aacute;ticos, en los que las relaciones topol&oacute;gicas, proyectivas y euclideas, sugeridas por Piaget e Inhelder (1967) se desarrollen al tiempo y de manera coordinada.</p>      <p>En s&iacute;ntesis, la did&aacute;ctica de la Geometr&iacute;a est&aacute; en deuda con Piaget y sus colaboradores pues sus trabajos delinearon el campo de indagaci&oacute;n acerca de la ense&ntilde;anza, el aprendizaje y la evaluaci&oacute;n en Geometr&iacute;a en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. No solo aportaron fundamentos te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos para profundizar en aspectos de la pr&aacute;ctica profesional de ense&ntilde;ar Geometr&iacute;a, sino para abordar problemas de investigaci&oacute;n en este campo, generalmente centrados en procesos de visualizar, conceptualizar, representar, justificar y resolver problemas.</p><hr>       <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>Balacheff, N. (1999).<I> Is argumentation an obstacle? Invitation to a debate... Newsletter on proof, Mai/Juin.</I> <a href="http://www.lettredelapreuve.it/" target="_blank"> http://www.lettredelapreuve.it/</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-3916201100010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bishop, A (1980). Spatial abilities and mathematics achievement- a review. <I>Educational Studies in Mathematics,</I> 11, 257-269.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-3916201100010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Boero, P., Garuti, R., Lemut, E., y Mariotti, A. (1996). Challenging the traditional school approach to the theorems: a hypothesis about the cognitive unity of theorems. <I>Proceedings of the 20th PME International Conference,2</I>, 113 - 120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-3916201100010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Camargo, L. (2010). <I>Descripci&oacute;n y an&aacute;lisis de un caso de ense&ntilde;anza y aprendizaje de la demostraci&oacute;n en una comunidad de pr&aacute;ctica de futuros profesores de matem&aacute;ticas de educaci&oacute;n secundaria. Disertaci&oacute;n doctoral.</I> Espa&ntilde;a: Universidad de Valencia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-3916201100010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Clements, D.H y Battista, M.T. (1992). G<I>eometry and spatial reasoning. </I>En D.A. Grouws (ed). Handbook of research on mathematics teaching and learning. New York: MacMillan 420-464.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-3916201100010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Darke, I. (1982). <I>A review of research related to the topological primacy thesis. Educational Studies in Mathematics</I>. 13, 119-142.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-3916201100010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>de Villiers, M. (1986). <I>The role of axiomatization in mathematics and mathematics teaching.</I> <a href="http://mzone.mweb.co.za/residents/profmd/axiom.pdf." target="_blank"> http://mzone.mweb.co.za/residents/profmd/axiom.pdf.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-3916201100010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Del Grande, J. (1990) Spatial Sense. <I>Arithmetic Teacher.</I> 14-20&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-3916201100010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Douek, N. (2007).<I> Some remarks about argumentation and proof. En P. Boero (Ed.), Theorems in school. From history, epistemology and cognition to classroom practice. </I>Rotterdam: Sense Publishers. (pp. 249 - 264).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-3916201100010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Duval, R. (1991). <I>Structure du raisonnement deductif et apprentissage de la demonstration. </I>Educational Studies in Mathematics<I>. 22</I>, 233 - 261.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-3916201100010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gal, H. y Linchevski, L. (2010). <I>To see or not to see: analyzing difficulties in geometry.</I> Educational Studies in Mathematics, 74(2), 163 - 183.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-3916201100010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Geeslin, W. E. y Shar, A.O. (1979). An alternative model describing children's spatial preferences. Journal for research in mathematics education. 10, 57-68.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-3916201100010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hoffer, A. (1981).<I> Geometry is more than proof. </I>Mathematics Teacher. 74, 11-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-3916201100010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ibbotson, A. y Bryant. P.E. (1976). T<I>he perpendicular error and the vertical effect in children's drawing.</I> Perception. 5, 319 - 326.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-3916201100010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Krutetstkii, V. A. (1976). <I>The psychology of mathematical abilities in schoolchildren</I>. Chicago: University of Chicaago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-3916201100010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Laurendeau, M. y Pinard. A. (1970). <I>The development of the concept of space in the child. </I>New York: International Iniversity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-3916201100010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mariotti, M. A. (1997). <I>Justifying and proving in geometry: the mediation of a microworld. </I>Proceedings of the European Conference on Mathematical Education. 21 - 26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-3916201100010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mariotti, M. A. (2005). <I>La geometria in classe. Riflessioni sull'insegnamento e apprendimiento della geometr&iacute;a</I> (primera ed.). Bologna: Pitagora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-3916201100010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mariotti, M. A. (2006). <I>Proof and proving in Mathematics Education. In A. Guti&eacute;rrez y P. Boero (Eds.)</I>. Handbook of Research on the Psychology of Mathematics Education. Rotterdam: Sense Publishers. (pp. 173 - 204).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-3916201100010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Martin, J. L. (1976). <I>An analysis of some of Piaget's topological task from a mathematical point of view. </I>Journal for research in mathematics education<I>. </I>7, 8-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-3916201100010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Newcombe, N. (1989). <I>The development of spatial perspective taking. </I>En H.W. Advances in child development and behavior. New York: Academic Press. Reese (Ed.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-3916201100010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->)</p>      <!-- ref --><p>Parzysz, B (1988) "<I>Knowing" vs "Seeing". Problems of the plane representation of space geometry figures.</I> Educational Studies on mathematics. 19, 79-92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-3916201100010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Pedemonte, B. (2007). <I>How can the relationship between argumentation and proof be analysed? </I>Educational Studies in Mathematics. 66, 23 - 41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-3916201100010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Piaget, J. y Inhelder, B. (1967). <I>The child's conception of space. Norton y Co.</I> New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-3916201100010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Piaget, J. (1987). <I>Possibility and necessity. Vol. 2. The role of necessity in cognitive development.</I> Minneapolis: University of Minnesota Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-3916201100010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Presmeg, N. (1986). <I>Visualization in high school mathematics.</I> For the learning of mathemtics. 6(3), 42-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-3916201100010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Saads, S, y Davis, G. (1997). <I>Spatial abilities, van Hiele levels &amp; language use in three dimensional geometry. </I>U.K.: University of Southampton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-3916201100010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Somerville, S.C. y Bryant, P.E. (1985). <I>Young children's use of spatial coordinates.</I> Child Development. 56, 604-613.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-3916201100010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>van Hiele, P.M. (1986). <I>Structure and insight.</I> Orlando: Academic Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-3916201100010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Vinner, S. y Hershkowitz, R. (1980). <I>Concept images and common cognitive paths in the development of some simple geometrical concepts. Proceedings of the fourth International. </I>Concerence for the Psychology of Mathematics Education. 177-184.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-3916201100010000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Zazkis, R; Leikin, R. (2008). <I>Exemplifying definitions: a case of a square.</I> Educational Studies in Mathematics. vol 69, 131-148.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-3916201100010000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </FONT>      ]]></body><back>
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